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6 ago. 2009

¿Es legal el boicot contra los productos israelíes?

J Kalvellido Entrevista con Jean-Claude Willem Jean-Claude Willem, de 75 años, cuenta en esta entrevista como, siendo alcalde (PCF) de Seclin, un pueblo francés de 12 000 habitantes, se vio envuelto en una tormenta jurídica de 7 años y fue condenado a pagar una multa de 1 000 euros por haber expresado su intención de eliminar de los comedores de la escuela comunal los jugos de fruta provenientes de las colonias israelíes ilegalemente implantadas en Palestina. Finalmente, la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo (CEDH) acaba de rechazar la acción jurídica que había emprendido Jean-Claude Willem. 
Aunque reconoció como legítima la intención de Jean-Claude Willem de luchar contra el apartheid, la justicia francesa consideró por su parte que la acción de boicot contra cualquier producto del apartheid israelí representaba una forma de discriminación económica contra los productores israelíes. Así que la justicia francesa condenó a Jean-Claude Willem, al mismo tiempo como ciudadano que estaba llamando a ejercer una forma de discriminación basada en la nacionalidad y como autoridad local electa que estaba violando la neutralidad en el ejercicio de su función. 
En cuanto a la Corte Europea, ésta última acusó además a Willem de querer tomarse la justicia por su mano al asumir, en lugar de las autoridades gubernamentales, la responsabilidad de establecer un boicot. En momentos en que los partidarios del apartheid ejercen todo tipo de presiones para lograr que la ley francesa considere el antisionismo como antisemitismo, la Corte Europea acaba de publicar un veredicto traído por los pelos que presenta el antisionismo como una forma odio a los israelíes. 
 A pesar de lo anterior, la Corte reconoció la supremacia de la libertad de expresión sobre la prohibición del boicot. La Corte indicó también que el llamado al boicot contra los productos del apartheid es legal cuando se produce en el marco de una «discusión libre sobre un tema de interés general». Silvia Cattori: ¿Pudiera usted resumir brevemente lo sucedido desde el día que usted anunció, durante una reunión del consejo municipal de la comuna de Seclin, su intención de boicotear los productos israelíes provenientes de las colonias judías que explotan tierras pertenecientes al pueblo palestino? Jean-Claude Willem: Todo comenzó en octubre de 2002. Yo era, en aquel entonces, alcalde de Seclin. Una noche tuve una reacción de cólera cuando vi en la televisión como las tropas israelíes intervenían en Nablus ejerciendo la violencia, tanto sobre los habitantes como sobre sus casas. Aquella misma noche teníamos una reunión del Consejo Municipal. Teníamos que discutir una serie de medidas vinculadas a la crisis de las vacas locas en Gran Bretaña. Al término de la discusión, en la que habíamos decidido mantener el rechazo gubernamental a la entrada de carne inglesa en Francia, en el marco de esa medida de boicot, yo agregué, como reacción a los actos israelíes de violencia contra el pueblo palestino, que yo había decidido que la cocina municipal de Seclin dejara de comprar productos provenientes de Israel, específicamente los jugos de frutas, que sabíamos que venían de las colonias implantadas en tierras palestinas. El boicot era una forma de protesta contra los actos de violencia, protesta a la que ya habíamos recurrido anteriormente, en otras circunstancias. Como consecuencia hubo muchas reacciones positivas o negativas en el sitio de la alcaldía. Después de recibir un aviso de la asociación «Action Culturelle Israélite du Nord» [1], el fiscal decidió emprender una acción legal contra mí. En marzo de 2003 tuve que comparecer ante el tribunal correccional que, al cabo de 8 días, me declaró inocente señalando que yo no había cometido ningún delito al expresar la intención de emprender un boicot, que eso formaba parte de mi libertad de expresión. En pocas horas, después de ese veredicto, el ministro de Justicia, Dominique Prevén, le ordenó a la Fiscalía que apelara. En junio de 2003 comparecí ante el Tribunal de Apelación, que me condenó en septiembre de 2003 a pagar una multa de 1 000 euros. En septiembre de 2004, la Cámara Criminal del Tribunal de Casación rechazó mi apelación [2]. Llevé entonces el caso a la Corte Europea por violación de la libertad de expresión y ésta última rechazó mi demanda el 16 de julio de 2009. Silvia Cattori: ¿Le sorprendió el veredicto de la CEDH? [3] Jean-Claude Willem: No, porque no me había echo ilusiones al respecto. Usted sabe, la Unión Europea es cómplice de Israel. Incluso después de la agresión israelí contra Gaza (en diciembre de 2008 y enero de 2009), la posición de la Unión Europea sigue siendo la misma, la UE nunca ha condenado a Israel. Todo hacía pensar que la Corte Europea no iba a contradecir a los 27 países de la Unión Europea [4]. De los 7 jueces, sólo me apoyó el juez checo Karen Jungwiert. Este juez estimó que las declaraciones utilizadas para incriminarme reflejaban la expresión de una «opinión o de una posición política de un [responsable local] electo sobre una cuestión de actualidad internacional». Silvia Cattori: La Corte europea no lo condenó a usted como ciudadano sino como [responsable] local electo cuya función lo obliga a «mantener cierta neutralidad». ¿Es así? Jean-Claude Willem: Yo fui enviado a los tribunales como alcalde, y también como ciudadano. En la argumentación presentada a la Corte Europea como respuesta a mi demanda, el gobierno francés afirmó que mi libertad de expresión como ciudadano y mi libertad de expresión complementaria como [responsable] electo no se había visto disminuida. La Corte Europea retomó esos mismos argumentos para rechazar mi demanda, y me condenó al mismo tiempo como [responsable local] electo y como ciudadano. Silvia Cattori: ¿Entonces, no se trata solamente de prohibir la práctica del boicot en el marco de una colectividad pública sino de un juicio que prohíbe, de forma general, el llamado al boicot contra productos israelíes? Jean-Claude Willem: Eso es lo chocante en la decisión de la Corte Europea. Es realmente escandaloso que ese órgano se pronuncie contra la libertad de expresión, no sólo de un ciudadano de la Unión Europea sino de un [responsable local] electo por el pueblo de un país miembro de la Unión Europea. Quiero recalcar que, en lo que me concierne, no he hecho nada que esté en contradicción ni con la ley francesa ni con la ley de la Unión Europea ya que la misma Unión Europea se opone a la importación de frutas, de legumbres, de materiales provenientes de las colonias [5]. Si la Unión Europea respetara sus propias decisiones, tendría que suspender inmediatamente el comercio con Israel. Pero nadie lo hace. Es importante recordar aquí que, cuando este caso fue llevado a los tribunales, yo no había hecho más que expresar la intención de boicotear productos provenientes de las colonias ilegales que violan el derecho internacional, o sea [boicotear] cultivos que los colonos israelíes obtienen de las tierras palestinas. Silvia Cattori: ¿En su opinión, ese veredicto de la Corte Europea es entonces un veredicto político? Jean-Claude Willem: Sí, es una condena política porque no apunta solamente contra mi persona sino contra todo el que se decida a anunciar su intención de boicotear a Israel. Es la confirmación de una violación de la libertad de expresión y de la libertad en general. Se trata de un juicio político porque no soy yo el único que está en la mirilla. Yo soy el pretexto para esta sentencia, pero detrás de todo eso se les está diciendo a todos los franceses y, por ende, a todos los ciudadanos de la Unión Europea que si quieren condenar a Israel por sus violaciones, van a tener problemas. Silvia Cattori: ¡Es el mundo al revés! ¡Se castiga al ciudadano que no acepta la impunidad en la que se mantiene el Estado colonial de Israel! ¿Le resulta a usted chocante que ningún medio de prensa europeo haya comentado ese sorprendente veredicto? Jean-Claude Willem: Claro que sí. Pero, sabe usted, esto no se mencionó ni siquiera en el diario comunista L’Humanité, siendo yo miembro del Partido Comunista. ¡Desde 2002, L’Humanité no hablado nunca este caso! ¡Incluso yo escribí [a L’Humanité] expresándole mi asombro! Silvia Cattori: El argumento de los tribunales franceses, avalado por la Corte Europea,es que un [responsable local] electo no puede reemplazar a las autoridades gubernamentales para declarar un boicot contra un Estado. ¿Puede servir ese punto de vista como justificación al veredicto de la Corte que afirma que la libertad de expresión de usted no fue violada? Jean-Claude Willem: No, no lo justifica. Primeramente, es cierto que mediante mi llamado al boicot yo estaba implicando a la colectividad. Pero no hubo desaprobación por parte de los habitantes de Seclin. Por el contrario, la mayoría me dio su aprobación. En segundo lugar, un alcalde es una figura política. En una ciudad industrial como Seclin, el alcalde ocupa un lugar político importante. Yo era también vicepresidente de la comunidad urbana de Lille. Es por eso que yo estaba llamado a tomar posiciones políticas. Otros también lo hicieron. Tomaron conmigo decisiones que quizás no estén en conformidad con la ley tal y como se la concibe ahora. Poco antes de este asunto del boicot, yo había tenido que comparecer ante el tribunal correccional con otros cuatro alcaldes de la región Nord Pas-de-Calais porque nos negábamos a convocar a las empresas a que nos hicieran ofertas para la organización de las vacaciones de los niños. Nosotros estimábamos que no era posible organizar las vacaciones infantiles con el mismo método que se utiliza para determinar qué empresa va a realizar un trabajo de construcción, y que en ese caso no debíamos llamar a las empresas a presentarnos ofertas. Y fuimos declarados inocentes. Ese ejemplo demuestra que no hay que plegarse enteramente a la ley cuando el buen sentido y la justicia están de nuestro lado. Silvia Cattori: El veredicto de la Corte Europea ayuda a proteger a Israel de algo que constituye el mayor temor de ese país: un boicot que siga el ejemplo del que se aplicó a Sudáfrica en otra época. ¡Usted actuó honorablemente cuando llamó al boicot contra un Estado que se cree por encima de las leyes –lo que sucede, desgraciadamente, con la complicidad de nuestras democracias! Hay que plantearse la siguiente interrogante: ¿No subestimó usted la fuerza aplastante del adversario? Jean-Claude Willem: No lo creo. En primer lugar, porque no me considero derrotado. Mi posición recogió un amplio apoyo, no sólo en Francia [6], sino a través del mundo. Y recibí mucho apoyo en el momento de mi primera condena en la corte de apelación [7]. De todas partes me están llegando numerosos mensajes de gente que se moviliza a favor de la justicia en Palestina. Es posible que mi posición de alcalde, en aquel momento, haya contribuido a hacer que las reacciones fueran tan numerosas. Por otra parte, yo siempre repito que esta posición de la Corte Europea no me hará abandonar la lucha que he emprendido. Tengo cada vez más gente que me rodea y que está dispuesta a proseguirla esa lucha. Silvia Cattori: ¿El objetivo de los proisraelíes que lo llevaron a usted ante los tribunales no era quizás lanzar una advertencia a cualquier colectividad local que pudiera sentir la tentación de seguir su ejemplo? ¿Y hacerle pagar caro a usted mismo esta intención de boicot que usted había expresado? Jean-Claude Willem: Por supuesto. Hace 14 años que yo soy Caballero del Honor Académico. Se trata de una condecoración que se otorga a las personas que se destacan por su actividad con la infancia y en el sector de la educación. Normalmente, ya tendrían que haberme promovido a la categoría de Oficial. Cuando un inspector de la Academia propuso que me promovieran a esa categoría, el ministerio se negó a hacerlo porque me habían condenado por este asunto del boicot. Peor aún, normalmente al cabo de 30 años de actividad como autoridad local electa uno tiene derecho a una medalla de honor que conceden las autoridades departamentales y regionales. En el pasado mes de abril, el prefecto se negó a concederme esa medalla argumentando que yo tenía antecedentes penales. Esto no tiene para cuando acabar. Ese veredicto afirma que, debido a ese gesto de boicot, yo estaba perjudicando –como alcalde– la actividad comercial de los agricultores israelíes. El elemento principal que justificaba mi posición hacia Israel era que los frutos y legumbres provienen de las colonias ilegalmente implantadas en las tierras de los palestinos y que, conforme a la ley de la Unión Europea, [esos productos] están prohibidos en los Estados [miembros] de la UE. Lo queda claramente demostrado es que todo esto se hace para evitar que se toque el fondo del problema: la cuestión política. Por eso se enfatiza en la defensa de la actividad comercial de Israel. Silvia Cattori: ¿Tenía ese prefecto una posición previa a favor de Israel? Jean-Claude Willem: Sí. Ese prefecto es conocido como amigo de Nicolas Sarkozy. Cuando el actual alcalde de Seclin anunció que no podía entregarme la medalla por la oposición del prefecto, yo fui ovacionado por todo el personal presente –300 trabajadores de los servicios de la alcaldía. Eso vale más que la medalla que me negó el prefecto. Silvia Cattori: Es indudable que ese veredicto no podrá evitar que la gente que está en desacuerdo con los crímenes del Estado israelí siga implicándose individualmente en acciones de boicot. Pero, ¿no es posible que evite que las autoridades locales electas, que no han querido implicarse hasta ahora, respondan eficazmente a la campaña «Boicot, Retiro de Inversiones, Sanciones» convocada por la sociedad civil palestina desde el año 2004 [8]? Jean-Claude Willem: Yo creo que soy el primer [responsable local] electo que ha sido condenado. Pero hay mucha gente que practica el boicot, gente que cuando compra un producto mira de dónde viene y no lo compra si viene de Israel. Silvia Cattori: Mediante este valeroso gesto, usted ha puesto a las autoridades de la Unión Europea ante sus propias responsabilidades. Teniendo en cuenta el veredicto de la Corte Europea, ¿no exhortaría usted a las autoridades electas locales a presentar a sus consejos municipales mociones que comprometan a la ciudadanía a practicar el boicot y a intervenir en nombre de esa libertad de expresión que usted quiso ejercer? Jean-Claude Willem: En este momento son más bien las asociaciones implicadas en la lucha por la paz y la justicia en el Medio Oriente las que pudieran hacer eso. Yo no dispongo ya de esa posibilidad. Existen Consejos Municipales que han tomado claramente posición en cuanto a la injusticia contra los palestinos, que han exigido que la Unión Europea aplique a Israel las sanciones previstas por la ley. Hay responsables de las autoridades locales electas que viajan periódicamente a Palestina para expresar su apoyo a los palestinos. Como ya le dije anteriormente, a veces hay que saber no respetar la ley cuando ésta contradice nuestra moral, cuando se opone a nuestros ideales de justicia y de fraternidad. Y sobre todo, cuando no queda espacio para el optimismo. Las cosas no han hecho más que empeorar desde la llegada de Sarkozy. Francia no marcha por el camino correcto. Silvia Cattori: Muchas gracias. Silvia Cattori Periodista suiza. Tomado de Red Voltaire [1] La «Association culturelle israélite» es una asociación presente en numerosas ciudades y regiones de Francia. Fue el presidente de la «Association culturelle israélite du Nord», Jean-Claude Komar, quien presentó junto con un particular, el señor Guy Bwensoussan, la demanda contra Jean-Claude Willem por su llamado al boicot contra la política ilegal de Israel. Pero fue la fiscalía de Lille la que tomó la iniciativa de las acusaciones mientras que Bensoussan y Komar se presentaban como demandantes. [2] En su veredicto del 28 de septiembre de 2004, la Corte de Casación considera que el señor Willem «al anunciar su intención de pedir a los servicios de elaboración de alimentos de la comuna que no siguieran comprando productos provenientes del Estado de Israel, incitó a éstos a tener en cuenta el origen de dichos productos y, por consiguiente, a poner trabas al ejercicio de la actividad económica de los productores israelíes, haciendo en realidad este llamado al boicot debido a su proveniencia de la nación israelí». Ver el texto íntegro del veredicto (en francés). [3] Ver además una excelente cronología y análisis del caso en el blog Combatsdroitshomme (en francés). [4] La Corte Europea no es un órgano de la Unión Europea (que se compone de 27 países) sino del Consejo de Europa (que cuenta 47 miembros). A pesar de ello, la Corte Europea nunca ha entrado en conflicto con la Unión Europea, teniendo ambas orígenes comunes. [5] Ver el análisis –muy bien documentado– del jurista Gilles Devers. En él se señala, sobre la actividad de las empresas instaladas en los territorios ocupados: «Leamos el artículo 55 de la 4ª Convención de La Haya sobre las leyes y costumbres de la guerra: «El Estado ocupante no se considera más que como administrador y usufructuario de los edificios públicos, inmuebles, bosques y explotaciones agrícolas pertenecientes al Estado enemigo que se encuentren dentro del país ocupado. Tendrá que salvaguardar el fondo de esas propiedades y administrarlas conforme a las reglas del usufructo». Y recuerdo la resolución 446 del 22 de marzo de 1979 del Consejo de Seguridad: «La política y las prácticas israelíes que consisten en establecer colonias poblacionales en los territorios palestinos y en otros territorios árabes ocupados desde 1967 no tienen ninguna validez en lo tocante al derecho y obstaculizan gravemente la instauración de una paz general, justa y duradera en el Medio Oriente.» Ahí no se trata de organizar medidas discriminatorias, sino de aplicar las bases del derecho de la guerra, en cuanto a las obligaciones del ocupante. ¿Con qué objetivo? Se vuelve imposible la realización de objetivos ilegales, como la construcción del tranvía que destruiría el futuro de Jerusalén-este o las ventas de armas que serían utilizadas en violación del derecho internacional. [Las empresas] Veolia y Alsthom tuvieron que renunciar a la construcción del tranvía y acaban de ser anulados importantes pedidos británicos de armas. ¿Las condiciones de realización? Ahí reside todo el problema de las implantaciones industriales en los territorios ocupados. La potencia ocupante no puede sacar provecho de las tierras que tiene bajo su control. Una transacción pactada entre una empresa dependiente de uno de los 47 países del Consejo de Europa y una empresa que tiene uno de sus talleres instalado en los territorios ocupados puede ser objeto de una acción legal de anulación, por violación de las convenciones de Ginebra. Y, en ese sentido, la CEDH no podría hacer otra cosa que estimular a los alcaldes que actúan a favor de una mejor aplicación del derecho.» [6] En lo tocante al veredicto de la CEDH, ver específicamente el comunicado de apoyo de la AFPS a Jean-Claude Willem publicado el 19 de julio de 2009. [7] Ver: «Appel de la Société Civile Palestinienne au Boycott, aux Sanctions et aux Retraits des Investissements contre Israël jusqu’à ce qu’il applique le Droit International et les Principes Universels des Droits de l’Homme», 9 de julio de 2005.

26 jun. 2009

La necesidad del boicot cultural a Israel

Es desconcertante que, este cambio en la opinión pública no haya tenido impacto en la política, pero de nuevo tenemos que recordar los caminos que tuvo que recorrer la campaña contra el apartheid Si hay algo nuevo en la interminable historia de Palestina es el claro cambio que se han producido en la opinión pública en el Reino Unido. Recuerdo que vine a estas islas en 1980, cuando el apoyo a la causa palestina estaba confinado al izquierda y, dentro de ella, a una sección y a una corriente ideológica muy particular. El trauma post-Holocausto y el complejo de culpabilidad, los intereses económicos y militares, y la farsa de Israel como la única democracia en Oriente Medio contribuyó todo ello a proporcionar inmunidad al Estado de Israel. Muy pocas personas cambiaron de idea, según parece, ante un Estado que había desposeído a la mitad de la población palestina originaria, demolido la mitad de sus ciudades y pueblos, discriminado a la minoría de esta población originaria que vivía dentro de los límites de sus fronteras por medio de un sistema de apartheid y dividido en enclaves a dos millones y medio de ellos en una dura y opresiva ocupación militar. Casi 30 años después parece que se han eliminado todos estos filtros y cataratas en los ojos. La magnitud de la limpieza étnica de 1948 es bien conocida, se deja constancia del sufrimiento de los palestinos en los territorios ocupados e incluso el presidente de Estados Unidos lo describe como insoportable e inhumano. De forma similar, se observa diariamente la destrucción y despoblación de la zona del gran Jerusalén y se reprende y condena frecuentemente la naturaleza racista de las políticas respecto a los palestinos en Israel. Naciones Unidas describe la realidad de hoy, en 2009, como una “catástrofe humana”. Los sectores conscientes y concienciados de la sociedad británica saben muy bien quién causa y quién produce esta catástrofe. Ya no se relaciona con circunstancias ambiguas o con el “conflicto”, sino que es claramente considera el resultado de las políticas israelíes a los largo de los años. Cuando se le preguntó al Arzobispo Desmond Tutu qué reacción había tenido cuando visitó los territorios ocupados, señaló con tristeza que era peor que la de la del apartheid. Sabía de qué hablaba. Como en el caso de Sudáfrica, estas personas decentes, ya sea individualmente o como miembros de organizaciones, expresan su indignación ante la opresión, colonización, limpieza étnica y hambruna continuas en Palestina. Buscan maneras de demostrar su protesta y algunos incluso esperan convencer a su gobierno de que cambie su vieja política de indiferencia e inacción ante la continua destrucción de Palestina y de los y las palestinas. Muchos de ellos son judíos, ya que muchas de estas atrocidades se han hecho en su nombre de acuerdo con la lógica de la ideología sionista, y unos pocos de ellos son veteranos de luchas civiles anteriores en su país por causas similares a lo largo y ancho de este mundo. Ya no están confinados a un partido político y provienen de todos los ámbitos de la vida. Por el momento, el gobierno británico no ha cambiado. También fue pasivo cuando el movimiento anti-apartheid en este país le pidió que impusiera sanciones a Sudáfrica. Fueron necesarias varias décadas para que este activismo desde abajo llegara al más alto nivel político. En el caso de Palestina cuesta más tiempo: la culpa por el Holocausto, los relatos históricos y las distorsiones contemporáneas de Israel como una democracia que busca la paz y de los palestinos como los eternos terroristas islámicos bloquearon el flujo del impulso popular. Pero está empezando a encontrar su lugar y su presencia, a pesar de la acusación hecha a toda demanda de este tipo de ser anti-semítica y a pesar de la demonización del Islam y de los árabes. El tercer sector, este vínculo importante entre los civiles y las agencias gubernamentales, nos ha mostrado el camino: un sindicato tras otro, un grupo profesional tras otro han enviado todos ellos recientemente un mensaje claro: ya está bien. Se ha hecho en nombre de la decencia, de la moralidad humana y del compromiso civil básico de no permanecer de brazos cruzados ante las atrocidades del tipo de las que Israel ha cometido y sigue cometiendo contra el pueblo palestino. En los últimos ocho años la política criminal israelí se intensificó y los activistas palestinos buscaban nuevas maneras de hacerle frente. Las probaron todas, la lucha armada, la guerra de guerrilla, el terrorismo y la diplomacia: no funcionó ninguna. Y, sin embargo, no se rinden y ahora proponen una estrategia no violenta, la del boicot, desinversión y sanciones. Con estos medios quieren persuadir a los gobiernos occidentales de salvar de una catástrofe y de un baño de sangre inminentes no sólo a ellos sino, irónicamente, también a los judíos en Israel. Esta estrategia generó el llamamiento al boicot cultural a Israel. Cualquier ámbito de la existencia palestina expresa esta petición: la sociedad civil bajo la ocupación y los palestinos bajo Israel. La apoyan los refugiados palestinos y la encabezan miembros de las comunidades de los palestinos en el exilio. Llega en el momento preciso y ofrece a individuos y organizaciones en el Reino Unido una manera de expresar su indignación ante las políticas israelíes y, al mismo tiempo, una vía de participación en la presión global al gobierno para que cambie su política de proporcionar inmunidad a la impunidad. Es desconcertante que, por el momento, este cambio en la opinión pública no haya tenido impacto en la política, pero de nuevo tenemos que recordar los tortuosos caminos que tuvo que recorrer la campaña contra el apartheid [sudafricano] antes de convertirse en política. También merece la pena recordar que dos valientes mujeres de Dublín, que tenían el duro trabajo de cajeras de supermercado, fueron las únicas que se negaron a vender productos sudafricanos. Veintinueve años después, los británicos se unieron a los demás en la imposición de sanciones a Sudáfrica. Así, mientras los gobiernos dudan por razones cínicas, por temor a ser acusados de anti-semitismo o quizá debido a inhibiciones islamofóbicas, los ciudadanos y los activistas hace cuanto está en su mano, simbólica y físicamente, para informar, protestar y denunciar. Tienen una campaña más organizada, la del boicot cultural, o pueden unirse a sus sindicatos en la política coordinada de presión. También puede utilizar su nombre o su prestigio para indicarnos a todos nosotros que las personas decentes de este mundo no pueden apoyar lo que hace y significa Israel. No saben si su acción producirá un cambio inmediato ni si tendrán la suerte de ver el cambio en el lapso de sus vidas. Pero en su propio libro personal de quiénes son y de qué hicieron en sus vidas, y ante el severo ojo de la valoración histórica se les incluirá junto con todos aquellos que no permanecieron indiferentes cuando la inhumanidad bramaba disfrazada de democracia en sus propios países o en cualquier otro lugar. Por otra parte, los ciudadanos de este país, especialmente los famosos, que continúan difundiendo, con bastante frecuencia por ignorancia o por razones bastante más siniestras, la fábula de Israel como una sociedad culta occidental o como “la única democracia en Oriente Medio” no sólo están equivocados en relación a los hechos. Proporcionan inmunidad a una de las mayores atrocidades de nuestro tiempo. Algunos de ellos nos piden que dejemos la cultura fuera de nuestras acciones políticas. Este enfoque de la cultura y la vida académica israelí como entidades diferentes del ejército, la ocupación y la destrucción es moralmente corrupta y lógicamente caduca. Un día, finalmente, la indignación desde abajo, incluyendo en el propio Israel, producirá una nueva política; la actual administración estadounidense ya está dando las primeras muestras de ello. La historia no vio con buenos ojos a los directores de cine que colaboraron con el senador estadounidense Joseph McCarthy en los años cincuenta o apoyaron el apartheid. Adoptará una actitud similar con aquellos que ahora callan acerca de Palestina. Un excelente caso al respecto se reveló el mes pasado en Edimburgo. El director de cine Ken Loach dirigió una campaña contra las relaciones oficiales y financieras que tenía el festival de cine de la ciudad con la embajada israelí. El sentido de esta postura era transmitir el mensaje de que esta embajada no sólo representa a los directores de cine de Israel, sino también a sus generales que habían masacrado al pueblo de Gaza, a sus torturadores que torturaran a los palestinos y las palestinas en las cárceles, a sus jueces que envían sin juicio a la cárcel a 10.000 palestinos (la mitad de los cuales son menores), a sus racistas alcaldes que quieren expulsar a los árabes de sus ciudades, a sus arquitectos que construyen uros para encerrar a las personas e impedirles que acudan a sus campos, escuelas, cines y oficinas, y a sus políticos que crean una y otra vez estrategias para completar la limpieza étnica de Palestina que iniciaron en 1948. Ken Loach consideró que la única manera de boicotear el festival en su conjunto sería situar a sus directores en un sentido y perspectiva moral. Tenía razón, así que lo hizo porque el caso está nítidamente definido y la acción es tan simple y tan pura. No es sorprendente que se oyeran voces en contra. Ésta es una batalla que está en curso y no se ganará fácilmente. Mientras escribo estas líneas conmemoramos 42 años de ocupación israelí, la más larga y una de las más crueles de los tiempos modernos. Pero el tiempo también ha generado la lucidez necesaria para tomar estas decisiones. Esta es la razón por la que la acción de Ken Loach fue efectiva inmediatamente; la próxima vez ni siquiera será necesaria. Uno de sus críticos trató de señalar el hecho de que hay personas en Israel a las que les gustan las películas de Ken Loach, por lo tanto, lo que él hacía era un tanto ingrato. Puedo asegurar que aquellos de nosotros en Israel que vemos las película de Loach también somos quienes aplaudimos su valentía y, a diferencia de este crítico, no creemos que esto sea un acto similar a pedir la destrucción de Israel sino, más bien, la única manera de salvar a los judíos y a los árabes que viven ahí. Pero, en todo caso, es difícil tomar estas críticas en serio cuando van acompañadas de la descripción de Palestina como una entidad terrorista y de Israel como una democracia como Gran Bretaña. La mayoría de nosotros en el Reino Unido estamos lejos de esta necedad propagandísticas y estamos preparados para el cambio. Ahora estamos esperando a que el gobierno de estas islas haga lo mismo. Ilan Pappe es [un historiador israelí exilado en Reino Unido y] director del Departamento de Historia de la Universidad de Exeter. Este artículo se publicó originalmente en pulsemedia.org y se publica con permiso del autor. Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos

Tomado de Kaos en la Red

21 abr. 2009

Conferencia de la ONU contra el Racismo

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, acudió a la cita para condenar la política represiva y la brutalidad del gobierno de Israel contra los palestinos. Los delegados europeos abandonaron la sala cuando calificó al gobierno de ese país como "racista", pero los latinoamericanos permanecieron. Estados Unidos y otros ocho países boicotearon el evento.
La actitud del gobierno de Israel contra el pueblo palestino, y el apoyo incondicional que mantiene dicho gobierno de parte de Estados Unidos y algunos gobiernos europeos, ha sido el principal objeto de controversias este lunes en la Conferencia Mundial sobre el Racismo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que se celebra en Ginebra, Suiza.
Ya desde antes del comienzo de la conferencia, los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelandia, Alemania, Australia, Holanda, Italia, Polonia e Israel, boicotearon la conferencia, por considerar que podía servir como tribuna contra este último país. Israel llamó a consultas a su embajador en ese país, debido a la visita del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, y a la reunión que iba a sostener con el jefe de estado suizo, Hanz Rudolf Mertz.
Israel es racista
Pero el presidente iraní fue muy contundente cuando denunció este lunes la existencia de un "gobierno racista" en Israel, durante su intervención en la Conferencia. El mandatario iraní afimó "que los racistas más duros han sido llevados a Palestina", atacando a los Estados Unidos por defender "los crimenes del sionismo". Ahmadinejad fustigó igualmente el "ataque de los Estados Unidos a Irak" y "el envio de tropas a Afganistan". "El sionismo personifica el racismo", concluyó Ahmadinejad.
Las críticas contra Israel se fundamentan en el trato que el gobierno de esa nación da al pueblo palestino. Además de las más de 1.400 personas muertas en la reciente invasión a la franja de Gaza, Israel mantiene desde hace años una política discriminatoria a menudo calificada de "apartheid" contra los habitantes de este territorio y de Cisjordania, a quienes se les confina a vivir detrás de un muro, se les trata como ciudadanos de segunda categoría a través de un amplio aparataje legal, y se les desocupa a la fuerza de sus propios hogares.
Estados Unidos, sin embargo, se ha convertido en el más fiero defensor de Israel, y ha usado su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para evitar sanciones contra ese gobierno. Ahmadineyad criticó la actitud del Consejo de Seguridad, pues considera que siempre "ha acogido con el silencio los crímenes de Israel, como los recientes bombardeos contra civiles en Gaza". También dijo que la intervención internacional en Afganistán no ha traído la paz ni la prosperidad a ese país, y que la invasión estadounidense de Iraq ha causado "un millón de muertos y heridos" y pérdidas millonarias para la economía de ese país.
Europeos abadonaron sala, latinoamericanos permanecieron
Tras haber iniciado su discurso, representantes de la Unión Europea abandonaron la sala en protesta por las palabras de Ahmadineyad, pero numerosos delegados también aplaudieron sus palabras. Los delegados de América Latina permanecieron en la sala durante el discurso del presidente iraní. "No tenemos ninguna instrucción de boicotear la conferencia", indicó a la AFP un embajador sudamericano, interrogado sobre la decisión de nueve países de no asistir.
El discurso de Ahmadinejad fue interrumpido por militantes de una organizacion francesa de estudiantes pro-israelíes, disfrazados de payasos, que lo trataron de "racista", pero fueron rápidamente neutralizados y expulsados de la sala por el cuerpo de seguridad de la ONU.
En el conclave participan 103 Estados de los 192 que componen la ONU, incluidos todos los de América Latina y el Caribe, junto a unos 2.000 militantes de Organizaciones No Gubernamentales (ONG), con el propósito de sentar las bases de un plan internacional para mejorar la lucha contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia.
La Unión Europea -a excepción de Italia, Holanda, Polonia y Alemania, que bloquean la cita- decidió a última hora de ayer participar en la Conferencia, pero no aceptar lo que ellos llaman "abusos". Para la Unión, existen ciertas "líneas rojas" que no pueden ser traspasadas y llamar racista al Estado de Israel es una de ellas. El ministro francés de exteriores, Bernard Kouchner, alertó esta mañana de que la Unión Europea había pactado que no se permitiría ningún "derrape" o "provocación", en particular de Ahmadineyad.
Temores ante resultados de cumbre de 2001
Washington anunció el sábado que iba a boicotear la cumbre por preocupaciones ante una declaración que reafirmaba el lenguaje adoptado en la última gran conferencia de la ONU sobre el racismo en Durban, Sudáfrica, en el 2001. En aquella ocasión, Estados Unidos e Israel abandonaron esa reunión cuando los estados árabes buscaron definir al sionismo como racista.
Aunque esa propuesta no fue incluida en la declaración final y el programa de acción de la conferencia del 2001, el Estado israelí fue criticado con una referencia que señaló: "Estamos preocupados por la difícil situación del pueblo palestino bajo la ocupación extranjera".
Para superar la polémica de la conferencia de 2001 de Durban, a la conferencia de este año se le hizo coincidir con el Día de Recuerdo del Holocausto, fecha dedicada en Israel a recordar el asesinato de judíos por parte del régimen nazi alemán.
Lamenta boicot
Por su parte, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, "lamentó profundamente" el sabotaje de 9 países a la Conferencia Mundial sobre el Racismo además de predominar el aspecto político sobre la discriminación. "Lamento profundamente que muchos (países) hayan decidido mantenerse fuera (del proceso)", afirmó el secretario general, y agregó: "estoy profundamente decepcionado".
"Soñamos con ir en una nueva dirección, pero muchos se aferran al pasado. Hablamos de buscar una nueva unidad, como los tiempos demandan, pero seguimos débiles y divididos; Hablamos de tolerancia y respeto mutuo, pero señalamos con el dedo y realizamos las mismas acusaciones hoy que hace años, sino décadas", añadió el secretario general.
Texto de la declaración
El texto que servirá de columna vertebral para la declaración oficial, y que será aprobado durante la Conferencia, no menciona el concepto de "difamación de religiones" que algunos países musulmanes defendían. Reafirma las conclusiones del cónclave precedente, celebrado en el 2001 en Durban, que alientan una solución política y negociada para el conflicto del Medio Oriente, con el reconocimiento mutuo de dos Estados, Israel y Palestina.
El texto a su vez condena de forma genérica a la ocupación extranjera como uno de los motivos que favorecen el racismo, exhalta la memoria de la víctimas de la esclavitud y el colonialismo, y recuerda las obligaciones de los gobiernos para cooperar con los tribunales que investigan el genocidio.
"Hemos conseguido que el texto recoja una advertencia contra la criminalización de los migrantes, vapuleados por algunas directivas de la Unión Europea, que se reserva la prerrogativa de encarcelar a los sin papeles durante 180 días antes de expulsarlos, y sanciona a quienes les den trabajo", señaló a AFP un diplomático latinoamericano que negoció el proyecto de declaración.
"También obtuvimos que la declaración reitere los derechos humanos que protegen a las poblaciones indígenas, maltratadas en múltiples latitudes del mundo, particularmente en América Latina", agregó otro diplomático latinoamericano. "El documento es muy equilibrado y establece un marco concreto de acción en una campaña global en busca de la justicia para las víctimas del racismo en el mundo", dijo Ban, y aclaró que reconoce "la flexibilidad y el esfuerzo de las delegaciones para encontrar un marco común a pesar de las considerables dificultades".
YVKE
Tomado de Red Voltaire
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