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7 feb. 2012

Internet en estado de sitio


Tras el cierre de Megaupload, se produce un efecto cáscada sobre otras webs.

Ayer cerró motu proprio BTjunkie, sitio de búsqueda de archivos de intercambio, luego de la presión del FBI sobre Megaupload y The Pirate Bay. El ataque a los bienes culturales y los datos de 150 millones de usuarios, a la deriva.

Los efectos “colaterales” del cierre de Megaupload un día después de la protesta contra la ley SOPA anticipan hasta dónde piensa llegar el gobierno estadounidense en defensa de la propiedad intelectual. El hondazo que le dio el FBI al sitio creado por el exuberante alemán Kim Dotcom Schmitz, que tenía el 4 por ciento del tráfico de Internet, ya tuvo la primera bandera blanca, en señal de retirada: ayer el sitio inglés BTjunkie, un buscador de archivos de intercambio, anunció que se bajaban “voluntariamente” de la red debido a las presiones, luego de ver cómo detenían a los creadores de Megaupload y a los tres fundadores de The Pirate Bay, el sitio de BitTorrent más usado del mundo, asentado en Suecia. “Este es el fin de la línea, mis amigos”, escribieron en su web de manera lapidaria los creadores de este sitio que permitía buscar películas, canciones, programas a través del protocolo peer to peer creado por Bram Cohen hace una década.

En términos de política internacional, podría decirse que el cierre motu proprio de BTjunkie es algo así como el triunfo “diplomático” de las armas digitales norteamericanas. Es decir, la capacidad de resistencia de los sitios de intercambio de archivos quedó trunca ante la fuerza de los últimos acontecimientos. También decidieron suspender servicios de intercambio sitios como FileSonic o Uploaded.to (que cerró en Estados Unidos), y unos cuantos más caerán por la fuerza de los hechos. Megaupload tenía 50 millones de usuarios diarios activos y 150 millones registrados, el 4 por ciento del tráfico mundial de Internet y estaba intentando reconvertir su imagen con una campaña pegadiza, cuyos videos están en YouTube. Entre otras cosas, habían nombrado como CEO a Swizz Beats, el esposo de la cantante y compositora de rock & blues Alicia Keys. Pero no alcanzó. Como se sabe, Megaupload fue bajado el 19 de enero acusado de formar parte de una “mega” conspiración que les habría hecho perder 500 millones de dólares a las empresas defensoras de la propiedad intelectual, básicamente la industria de Hollywood y la de la música, acusados además de haber ganado 150 millones de dólares por suscripciones y 25 millones en publicidad en un período de cinco años.

La propiedad o ¿la propiedad intelectual?

Pero qué ironía: en nombre de la defensa de la “propiedad intelectual”, el cierre de Megaupload podría considerarse el ataque más flagrante a la propiedad privada en la historia de Internet. Por poner uno de los 150 millones de casos: Verónica Malamfant es una de las creadoras de Las Pornógrafas, un sitio de “periodistas algo eróticas” que se juntan a escribir sobre sexo una vez por semana y realizan desde hace dos años programas. En este tiempo pasaron de tener 200 descargas en el primer programa a seis mil en el último antes del cierre de Megaupload, lugar donde tenían una cuenta premium. “Nunca violamos ninguna propiedad intelectual. Subimos nuestros propios contenidos, y –si bien tenemos un backup en nuestras máquinas– nos mató el hecho de perder los registros de las visualizaciones, la información contextual que fuimos agregando”, además de un trabajo de carga de dos años.

Músicos, artistas, diseñadores, periodistas, realizadores audiovisuales, cineastas, en fin, millones de personas de todo el mundo se vieron afectadas por la decisión del FBI de cerrar Megaupload. El sitio del fastuoso Dotcom, estaba asentado legalmente en Nueva Zelanda y Hong Kong, pero los servidores estaban en Estados Unidos. Ergo, la repercusión es planetaria. Y el FBI una fuerza sin fronteras. Qué novedad. La semana pasada, el FBI anunció que ya habían recabado la información necesaria de los servidores de Megaupload para construir su caso por cibercrimen. Como las cuentas de la empresa habían sido congeladas, nadie había podido pagar la factura a nombre de Carpathia y Cogent, dos de las empresas que les daban los servidores a Megaupload dentro de Estados Unidos, éstos podían ser borrados. El dato lo dio Ira Rothken, la abogada del sitio que ofrecía la posibilidad de compartir archivos de gran tamaño, sobre todo cuando los usuarios compraban cuentas premium, y se anunció que los datos de millones de usuarios en todo el mundo estaban a punto de desaparecer. El asunto es que en los términos y condiciones de Megaupload –eso que uno firma cuando acepta ingresar a un servicio sin darle demasiada importancia– dice que “Megaupload puede terminar sus operaciones sin previo aviso”. O sea.

Internet con Fronteras

Y entonces llegó la Electronic Frontier Foundation, fundada por John Perry Barlowe (alguna vez letrista de los Grateful Dead), organización no gubernamental que defiende los derechos digitales de los ciudadanos, a realizar un acuerdo con Carpathia –unos del hosting de Megaupload– para intentar recuperar los archivos de 150 millones de usuarios repartidos por el mundo... Bueno, por lo pronto sólo defenderán aquellos asentados dentro de territorio norteamericano. Todo no se puede. El acuerdo de la EFF con Carpathia incluye la creación de un sitio web llamado Megaretrieval.com para instrumentar la recuperación de la información “retenida” en la nube de Megaupload, luego de la decisión del FBI. Aunque no se sabe muy bien cómo se instrumentará la recuperación. Por lo pronto, la posibilidad de que esos datos se pierdan para siempre –lo cual sería la mayor pérdida de memoria colectiva de la historia de Internet, una especie de nueva quema de la biblioteca de Alejandría– ha disminuido sensiblemente.

Es decir, la decisión de un gobierno afectó unilateralmente a 150 millones de usuarios (que todavía no son lo mismo que personas, pero es cuestión de esperar), y una organización no gubernamental tuvo que pedirle a una empresa privada que resguarde la información de los usuarios. Además, una decena de ejecutivos que no eran estadounidenses fueron detenidos por el FBI fuera de los Estados Unidos. La EFF estaría pensando en organizar una demanda colectiva contra el gobierno de los Estados Unidos por una larga serie de violaciones a los derechos de los ciudadanos... de los Estados Unidos. Comenzaron por pedirle a la Justicia estadounidense a través de un procedimiento formal la salvaguarda de los datos de los “usuarios inocentes”, que probablemente sean mayoría. La carta fue firmada por Cindy Cohn, directora legal de la Fundación.

El problema es que fuera de los Estados Unidos la sensación es de desamparo. Quienes llevan la delantera en iniciar acciones colectivas contra el gobierno de los Estados Unidos son los fundadores del Partido Pirata Catalán. “Los daños por el cierre de Megaupload están totalmente injustificados y son inadmisibles”, escribieron. Luego se sumaron los partidos piratas del resto de Europa. Se prenden lentamente en la demanda colectiva los partidos piratas de Galicia, Alemania, Inglaterra, República Checa, Francia, Canadá, y obviamente el de Suecia, que tiene representación parlamentaria. El sitio catalán anunció haber recibido al menos 1500 demandas en las primeras horas de convocatoria. En Argentina, el Partido Pirata local intentaba encontrar un abogado para sumarse a la causa. “Los costos de pagar un abogado en Estados Unidos y pelearse con el FBI sería una causa que me moriría de amor, me sentiría el Che Guevara por unos microsegundos, pero se nos va de presupuesto”, cuenta la periodista Malamfant, de Las Pornógrafas.

La agrupación de hacktivistas Anonymous no se conformó sólo con tirar rápidamente una serie de páginas desde el FBI hasta la industria de Hollywood o los sellos discográficos, sino que revelaron una conversación que podría haber ocurrido el 17 de enero (antes del cierre de Megaupload) entre el FBI y la Scotland Yard, en donde los servicios de inteligencia se referían al apoyo de algunos hackers para realizar sus acciones.

Tráfico legal, tráfico ilegal

El impacto del cierre de Megaupload en el tráfico mundial ha sido espectacular. Ese 4 por ciento de Internet (una increíble concentración del tráfico, quién lo duda) que tenía al sitio de Dotcom como origen, pero decenas de sitios que lo usaban como fuente de streaming se distribuyó rápidamente entre los servicios de descarga digital y la televisión tradicional. Según Nicolás de Tavernost, del grupo francés M6, que ofrece un servicio legal de streaming, en la última semana recibieron “un aumento considerable de tráfico” y lo vinculó directamente con el cierre del sitio, para el placer de Marcelo Birmajer, que el domingo salió a apoyar la ley SOPA en Clarín. Pero con o sin SOPA o PIPA (las dos leyes insignias de la propiedad intelectual que parecen haber quedado en stand by luego del “apagón” de Wikipedia y otros cientos de sitios el 18 de enero pasado), Internet se debate no sólo sobre la propiedad intelectual, sino por el atropello de los derechos individuales, la libertad de expresión, la neutralidad de Internet y el libre flujo de información.

Desde el auge y caída de Napster, la industria ha buscado métodos para recuperar la escacez del acceso a los bienes culturales existentes. Las condiciones tecnológicas y culturales del protocolo de Internet (¡ay Vint Cerf!) generaron nuevas leyes de mercado y de tráfico cultural. Por poner un ejemplo vale recorrer los libros Long Tail y Free, de Chris Anderson, y una gran red de producción dedicada a la cultura libre. El problema para el FBI es que todavía existe Internet, y a esta altura es irremplazable en la vida cotidiana de dos mil millones de personas. En los últimos tres o cuatro años, las corporaciones más duras, dedicadas a fibras y cables, ofrecen servicios denominados “en la nube”. Es decir, la oportunidad de empresas, gobiernos, usuarios de subir los datos a Internet, de tener la posibilidad del desplazamiento permanente, la inexistencia del servicio técnico y un largo etcétera. Todavía existen sitios como RapidShare, SoundCloud, DropBox, GrooveShark, Google (que ya tiene computadora para la nube ChromeBook), iCloud de Apple, Amazon o los servicios de Global Crossing, por nombrar apenas algunos, son espacios donde los usuarios suben sus datos amparados por la fascinación del fin del formato físico.

Así, el Departamento de Estado camina en dos frentes: trata de endurecer las leyes de propiedad intelectual dentro de Estados Unidos y de aprobar leyes para cortar el acceso a sitios que puedan violarlos fuera. Luego intenta acomodar las leyes de otros países a sus propias leyes de propiedad intelectual y escarmienta con el FBI para generar el efecto terror. Un efecto no deseado por el gobierno estadounidense es que una copia exacta de Megaupload podría instalarse fuera de ese país y la Justicia norteamericana no podría interceder: lo dijo la propia Justicia esta semana. Pero qué pasaría si los usuarios empezaran a subir índices de películas para bajar por BitTorrent en archivos compartidos de Google Docs, ¿estaría dispuesto el FBI a cerrar Google? ¿En qué país está Google? O, como bien escribió el emprendedor argentino Santiago Bilinkis en su blog: “La lucha para evitar el atropello de las libertades será difícil y desigual. Pero hay una buena noticia: no hay ley que pueda de manera efectiva y sostenida detener el avance de la tecnología. Y será nuestro ingenio, aprovechando las posibilidades que Internet misma ofrece, el que nos brinde herramientas ideales para resistir”.

Mariano Blejman / @blejman

Tomado: Página 12.com.ar

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Dedos

1 oct. 2010

El FBI y la criminalización de la disidencia



(Foto AP/Jim Mone)
La militante pacifista Meredith Aby, al centro, cuya casa en Minneápolis fue cateada por agentes del FBI, es rodeada por simpatizantes mientras habla con la prensa, el viernes 24 de septiembre de 2010El FBI y la criminalización de la disidencia


La madrugada del viernes 24 de septiembre, en las ciudades de Chicago, Minneapolis y St. Paul, agentes del FBI irrumpieron violentamente a punta de pistola en varios hogares de activistas contra la guerra, y pasaron horas requisándolos. El FBI confiscó computadoras personales y portátiles, fotografías y otros efectos personales. Los activistas recibieron citaciones para comparecer ante un gran jurado en Chicago. Se trata del más reciente incidente en la actual ofensiva contra la disidencia en Estados Unidos, que persigue a activistas por la paz acusándolos de apoyar a “organizaciones terroristas extranjeras”.

Coleen Rowley conoce bien al FBI. Fue la agente especial de carrera del FBI que reveló las fallas de la Oficina en la etapa previa a los atentados del 11 de septiembre. La revista Time la nombró “Persona del Año 2002”. Días después de los allanamientos en su ciudad natal, Minneápolis, me dijo: “No es la primera vez que se ve esta escena orwelliana de orientar la guerra contra el terrorismo hacia grupos pacifistas y de justicia social de Estados Unidos. De hecho esto comenzó inmediatamente después del 11 de septiembre y hubo dictámenes jurídicos y de la Oficina del Consejero Jurídico que decían que la Primera Enmienda ya no controla la guerra contra el terrorismo. Pero aún así, es alarmante que, en este momento, nuestros grupos humanitarios estén siendo tratados como de algún modo defensores de terroristas”.

La casa de Jess Sundin fue una de las allanadas. Jess fue la principal organizadora de la marcha contra la guerra en St. Paul, Minnesota el Día del Trabajador de 2008, que tuvo lugar cuando comenzaba la Convención Nacional Republicana. Describió el allanamiento: “El viernes por la mañana me desperté al escuchar que golpeaban fuertemente mi puerta. Cuando bajé las escaleras, había seis o siete agentes federales dentro de mi casa, donde mi pareja y mi hija de seis años ya estaban despiertos. Nos dieron la orden de allanamiento y revisaron toda la casa. Pasaron probablemente cuatro horas revisando todos nuestros efectos personales, cada libro, papel, nuestra ropa. Llenaron varias cajas y cajones con nuestras computadoras, teléfonos, nuestros pasaportes. Y cuando terminaron, como dije, tenían muchas cajas llenas con mis objetos personales y se los llevaron”.

Cuando ingresaron por la fuerza en el hogar del activista Mick Kelly el fin de semana pasado, los agentes del FBI destrozaron la pecera que tenía en la entrada. El blanco del FBI esa mañana incluyó no solo a activistas contra la guerra, sino también a quienes apoyan activamente una política exterior diferente hacia Israel-Palestina y Colombia. En el allanamiento de Kelly, el FBI buscó todos los registros de sus viajes, no solo a esos países, sino también de todos sus viajes dentro de Estados Unidos desde 2000, y todos sus contactos personales.

Nadie fue arrestado luego de estos allanamientos. Nadie fue acusado de ningún delito. Días más tarde, cientos de manifestantes protestaron frente a las oficinas del FBI en todo el país.

Los allanamientos sucedieron apenas días después de que el inspector general del Departamento de Justicia de Estados Unidos publicara un informe titulado “Revisión de las investigaciones del FBI sobre grupos nacionales de apoyo a diversas causas”. El inspector general investigó la vigilancia e investigación del FBI de, entre otros, el grupo ambientalista Greenpeace, People for the Ethical Treatment of Animals (Gente por un Trato Ético a los Animales), y el Centro Thomas Merton de Pittsburgh.

El Centro Merton fue fundado en 1972 con el objetivo de apoyar la oposición a la guerra de Vietnam, y continúa siendo un centro focal del activismo contra la guerra en Pittsburgh. En 2002, el FBI espió una manifestación organizada por el Centro, afirmando que “personas vinculadas al terrorismo internacional estarían presentes”. Como informa el inspector general, esta afirmación fue un invento, que luego fue transmitida al Director del FBI Robert Mueller, quien la repitió bajo juramento ante el Comité Judicial del Senado.

La vigilancia ilegal habitualmente está a cargo de los llamados “centros de fusión”, los misteriosos centros de inteligencia transjurisdiccional de las “Fuerzas de Tarea Conjuntas contra el Terrorismo”, que reúne a los cuerpos de policía federal, estatal y local, los organismos de seguridad nacional y agencias militares. Allí parece que es común colocar la etiqueta de “terrorismo interno” a los activistas.

Recientemente, el gobernador de Pennsylvania, Ed Rendell, tuvo que disculparse públicamente cuando se reveló que su Director Estatal de Seguridad Nacional, James Powers, había contratado a una empresa privada para investigar y distribuir información sobre grupos de ciudadanos involucrados en actividades lícitas. Los grupos, que se oponían a la extracción de gas natural mediante el método conocido como “fracturación hidráulica”, ambientalmente muy destructivo, fueron descritos como “extremistas ambientales”.

Su delito: proyectar el documental “Gasland”, ganador de un premio en el festival de Sundance.


El gobernador Rendell dijo: “Pido disculpas a los manifestantes contra la planta Marcellus Shale, pido disculpas a los contribuyentes que participaron en las protestas, pido disculpas al Festival del Orgullo Gay. Pido disculpas a todos los nombres que figuraban en esta lista”.


Volviendo a la situación en Minnesota, el estado ha sido obligado a liberar a otros ocho activistas, denominadados los “8 de la Convención Nacional Republicana”, que participaron en la organización de las protestas durante la Convención. Todos fueron arrestados en forma preventiva, antes de que comenzara la convención, y acusados de terroristas en virtud de la ley estatal de Minnesota. Desde entonces se retiraron todas las acusaciones de terrorismo en su contra (cuatro de ellos irán a juicio por otros cargos).

Todo esto sucede mientras el gobierno de Obama utiliza el miedo al terrorismo para procurar tener mayor autoridad para espiar a los usuarios de Internet y al mismo tiempo que sucede otro escándalo: El Departamento de Justicia también reveló esta semana que agentes del FBI hicieron trampa sistemáticamente en un examen que evaluaba el conocimiento de las reglas y procedimientos adecuados que rigen la vigilancia interna. Esto es más que tan solo un escándalo por hacer trampa. Se trata de las libertades fundamentales que son la base de nuestra democracia, el abuso de poder y la erosión de las libertades civiles.

Amy Goodman

Tomado: Democracy Now

13 mar. 2010

El FBI otorga licencias para «tirar a matar»

La seguridad pública o seguridad nacional se transforma poco a poco en los Estados Unidos en un negocio más, donde las fuerzas del orden estatales trabajan y obedecen a una lógica de empresa comercial, reclutando informadodores a sueldo provenientes de la industria privada de seguridad. Más de 23.000 representantes de la industria privada trabajan silenciosamente con el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en inglés) para recolectar y proporcionar información sobre sus compatriotas estadounidenses. A su vez, los miembros de este grupo que crece con rapidez, llamado InfraGard1, reciben advertencias secretas de amenazas terroristas antes que el público y, a veces, antes que ciertos funcionarios. «Hay pruebas de que InfraGard puede estar más cerca de un ‘Programa Corporativo de Concienciación Total de la Información’ (TIPS, en inglés) que convertiría a las corporaciones del sector privado -algunas de las cuales pueden observar las actividades de millones de clientes individuales- en ojos y oídos sustitutos del FBI», según un informe de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, en inglés) titulado “«Complejo industrial de vigilancia: Cómo el gobierno estadounidense recluta negocios e individuos en la construcción de una sociedad de vigilancia». InfraGard, con miembros de 350 compañías de Fortune 5002, comenzó en Cleveland en 1996, cuando el sector privado local cooperó con el FBI para investigar las ciber-amenazas. «Entonces, el FBI lo reprodujo», señala Phyllis Schneck, presidente de la junta directiva de la Alianza Nacional de Miembros de InfraGard, y principal motor del crecimiento de InfraGard durante los últimos años. El director del FBI, Roberto Mueller, pronunció un discurso en una convención de InfraGard el 9 de agosto de 2005. «Hasta la fecha, hay más de 11.000 miembros de InfraGard»…desde nuestra perspectiva, suman 11.000 contactos,…11.000 socios en nuestra misión de proteger a EEUU”. Luego agregó: « los que se encuentran en el sector privado constituyen la primera línea de defensa». El 9 de mayo de 2007, George Bush proclamó la Directiva Presidencial Nº 51 de Seguridad Nacional titulada «Política de Continuidad Nacional». En ella, instruyó al Secretario de Seguridad de la Patria para coordinar con los «dueños del sector privado y compañías de infraestructura de importancia fundamental, según corresponda, con el fin de asegurar la entrega de servicios esenciales durante una emergencia.» «Ellos están muy ligados a nuestra capacidad de preparación», apunta Amy Kudwa, vocera del DHS. «Proporcionamos oradores, así como presentaciones conjuntas [con el FBI]. También entrenamos junto con ellos y han participado (a veces cientos cada vez) en ejercicios nacionales de preparación.» Según varios miembros entrevistados, un beneficio adicional de ser de miembro de InfraGard es el permiso de tirar a matar en caso de ley marcial, sin miedo a acciones judiciales. «Tenemos muy fácil acceso a información segura que sólo llega a los miembros de InfraGard», explica Schneck. «Si usted tuviera que llamar al 1-800- FBI, probablemente no se molestaría en hacerlo», dijo la dirigente. «Pero si usted conoció a Joe durante la reunión local que tuvo con él y se comieron una rosquilla, puede ser que usted llame, bien para darla o para obtenerla [información]. Queremos que todos tengan un pequeño libro negro.» Jay Stanley, director de educación pública del programa de libertad y tecnología de ACLU, advirtió: «El FBI no debe crear una clase privilegiada de estadounidenses que reciben tratamiento especial. No existe una «clase comercial» en el cumplimiento de la ley. Si existe información que el FBI puede compartir con 22.000 peces gordos corporativos, ¿por qué razón no la comparte con el público?, que es justo con quién se supone que debe mantener una verdadera relación especial. El secreto no es un regalo de fiesta para dárselo sólo a los amigos... Esto guarda un inquietante parecido con el reparto de “cosas ricas para comer” a las corporaciones por parte del FBI en pago por incorporarlos a su maquinaria nacional de vigilancia». InfraGard no es de fácil acceso para el público en general. Sus comunicaciones con el FBI y el DHS están fuera del alcance de la Ley de Libertad de la Información bajo la exención de “secretos comerciales”, y cualquier conversación con el público o con los medios se debe ensayar cuidadosamente, según su sitio Web. Actualización de Matt Rothschild The Progressive emitió un comunicado de prensa sobre la historia de InfraGard y he sido entrevistado por Air America, Democracy Now! y muchos otros programas de radios alternativas. Pero los principales medios de información han ignorado esta historia, con excepción de un informe de un pequeño servicio por cable, aunque el FBI no lo ha ignorado. El 15 de febrero, el FBI emitió un comunicado de prensa denunciando nuestro artículo. «Las afirmaciones del artículo son claramente falsas», dijo Shawn Henry, Director Adjunto de la División Cibernética del FBI. «Los miembros de InfraGard no tienen ningún poder extraordinario, ni un mayor derecho de ‘disparar a matar’ comparados con otros civiles.» « ¿Un mayor derecho ?» ¿Es ése el lenguaje apropiado? Me recordó una cita en mi artículo de Curt Haugen, Director Ejecutivo del S’Curo Group y miembro orgulloso de InfraGard. Cuando le pregunté si los agentes del FBI o de Seguridad de la Patria le habían dicho a los miembros de InfraGard que podían utilizar a discreción la fuerza mortal en una emergencia, respondió: «No puedo comentar mucho sobre esto, pero como individuo, usted tiene derecho a utilizar la fuerza si se siente amenazado.» Obsérvese que el FBI no negó si les dijo a los miembros de InfraGard que podían «tirar a matar.» Todo lo que dijo Henry fue que los miembros de InfraGard «no tienen un mayor derecho». Eso no exactamente hace un agujero en mi artículo. El FBI parecía molesto porque no di bastante información acerca de la reunión en la que participó el denunciante. «Desafortunadamente, el autor del artículo de Progressive rehusó incluso identificar cuándo o dónde tuvo lugar la pretendida «pequeña reunión» en que se discutieron temas de la ley marcial», dijo el comunicado de prensa de Henry. «Si conseguimos esa información, el FBI con seguridad le dará seguimiento y aclarará cualquier malentendido posible.» La razón por la que no identifiqué dónde o cuándo ocurrió la reunión es obvia: No quise revelar nada que pudiera exponer a mi fuente. Casualmente, el comunicado de prensa omite mencionar que recibí confirmación sobre las discusiones acerca de la “fuerza letal” de otro miembro de InfraGard, a quien sí nombré. Mantengo cada una de las palabras de mi artículo, e invito al Congreso a investigar a InfraGard y a examinar los planes que el FBI pueda tener de reserva para épocas de emergencia, no sólo para InfraGard sino para todos nosotros. Una nota final: Desde que apareció el artículo, he recibido varias pistas nuevas, incluyendo una que confirma que le han dado «poderes letales» a una compañía privada. Notas: 1. InfraGard es el fruto de una colaboración entre los sectores público y privado, en este caso, entre el FBI, una dependencia estatal de seguridad, y sectores comerciales privados que le brindan tecnología y programas informáticos. 2. Fortune 500 es la lista de las 500 empresas comerciales más importantes en los EEUU y las que tienen los mayores ingresos o ganancias. Fuente: The Progressive, February 7, 2008. Título: “Exclusive! The FBI Deputizes Business”. Autor: Matthew Rothschild. Estudiantes investigadores: Chris Armanino y Sarah Maddox. Evaluador académico: Josh Meisel, Ph.D. Matthew Rothschild Tomado de Red Voltaire
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