NO a una Guerra contra Irán, basta ya de genocidios
Hace 8 horas
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El Gobierno francés desmantelará 150 campamentos en tres meses
Después de los sin papeles, los alterglobalistas y los jóvenes de la Banlieue, el presidente francés Nicolas Sarkozy ha puesto su mirada en los gitanos. El líder conservador, confrontado a graves problemas a causa de su implicación en el caso Bettencourt de fraude fiscal, tráfico de influencias y financiación política irregular, prometió ayer redadas contra los gitanos de Francia.
Tras una reunión de alto nivel en el Palacio del Elíseo, se anunció el desmantelamiento de campamentos y expulsiones expeditivas de familias enteras. La cita fue convocada con mucha prisa a raíz de la muerte de un joven gitano la semana pasada en Saint Aignan, en el centro de Francia, que provocó fuertes enfrentamientos entre esa comunidad y la policía.
La ironía del momento que atraviesa el clan Sarkozy quiso que el encargado de anunciar las medidas adoptadas tras la reunión en la sede de la presidencia fuera el ministro de Interior, Brice Hortefeux, un hombre condenado por la Justicia el 4 de junio pasado por "injurias raciales" contra jóvenes árabes musulmanes, pese a lo cual sigue en el Gobierno de la República Francesa.
Hortefeux, en salidas ante la prensa en medio de una reunión teatralizada al máximo, anunció básicamente dos medidas. Por un lado, dijo que la policía se propone desmantelar "en tres meses" la mitad de los campamentos de los gitanos itinerantes que, según cálculos que dijo poseer, existen en Francia. Se trataría de unos 150 poblados. Por otro lado, el ministro aseguró que a partir de ahora se expulsará de manera "casi inmediata" a los gitanos de origen búlgaro o rumano que sean acusados de haber cometido delitos. El argumento de Sarkozy es que "las leyes de la República se aplican al conjunto de las personas presentes en el territorio nacional, incluidas las poblaciones nómadas", según un comunicado.
Nacionales y extranjeros
La precisión entre gitanos nacionales franceses desmantelamiento de sus campamentos y gitanos extranjeros expulsables de inmediato era importante, después del patinazo revelador cometido el lunes por el portavoz del Gobierno, Luc Chatel quien afirmó que había delitos cometidos "incluso por gitanos franceses".
Olvidaba así que la práctica totalidad de los gitanos residentes en este país son franceses desde hace dos siglos. Según las cifras disponibles, hay en Francia 400.000 gitanos. El 95% son franceses y un tercio son nómadas. Los romaníes de Rumanía y Bulgaria son una minoría y, ya en 2009, unos 10.000 gitanos habían sido expulsados.
La izquierda, las asociaciones gitanas y las organizaciones de derechos civiles denuncian la "estigmatización" y la "amalgama" contra los gitanos desde el incidente en Saint-Aignan para acusar a esta comunidad. Ayer, varias asociaciones calificaron de "declaración de guerra" la iniciativa de Sarkozy.
Las asociaciones de defensa de derechos civiles y de defensa de los Sin Papeles tenían ya preparados ayer sus dispositivos legales de defensa para proteger a la población que está en el punto de mira de los conservadores.
Andrés Pérez
Tomado: Público.es
Un 19 de mayo, hace 120 años, en algún sitio de la selva del Vietnam colonial francés, en una familia de escasos recursos, nació Nguyen Tat Than, conocido histórica y mundialmente como Ho Chi Minh.
No se sabe qué hizo en su niñez, salvo que al terminar la escuela trabajó de maestro. Posteriormente se trasladó a Saigón en busca de una nueva profesión. Su espíritu aventurero y romántico no le permitía asentarse en un solo lugar; por eso, a los 21 años se embarcó en una nave francesa en calidad de marinero y, así como pasaban los años, cambiaba de barco.
La vida de marinero le permitió visitar, en dos ocasiones, Estados Unidos y para 1914 trabajaba de cocinero en Londres. En eso estalla la Primera Guerra Mundial y en vez de dirigirse al campo de batalla se va a Francia, donde se adhiere a los grupos de izquierda que comenzaban a manifestarse en contra de la guerra con el lema: “¡ La Paz a las cabañas! –¡La guerra a los palacios! ¡Vietnam a los vietnamitas!” .
Durante ese periodo Ho trabajó de conductor, jardinero, aseador, ascensorista, ayudante de fotógrafo y al terminar la guerra en 1919, cuando los delegados de las potencias se reunieron en Versalles para firmar el acuerdo de paz, este vietnamita pobre, desconocido y que no representaba oficialmente a nadie, se dirigió a los representantes de las potencias victoriosas exigiéndoles hacer efectiva la libertad de los pueblos de Indochina, donde se incluía Vietnam.
Desde ese momento se convirtió en un organizador de masas y pasa a ser fundador del Partido Comunista Francés. En las dos décadas siguientes vive entre Moscú y China, con intervalos cortos en algunos países asiáticos.
En 1930 funda el Partido Comunista Indochino y por su actividad político–ideológica fue condenado a muerte por las autoridades coloniales francesas, refugiándose en la Unión Soviética.
La vida de Ho Chi Minh es abundante en actividad revolucionaria. Su máxima expresión la encontramos al fundar y encabezar, a mediados de los años 40, el Vietminh (Liga para la Independencia de Vietnam), con el objetivo de formar un frente amplio tanto contra los japoneses como contra Francia.
En 1943, tomó la dirección de la insurrección nacional vietnamita contra los franceses, adoptando el nombre de guerra de Ho Chi Minh (“el que ilumina”) y dos años más tarde logró la independencia fundando la República Democrática de Vietnam; pero al retornar los colonialistas franceses en 1946, se desató una nueva y cruenta guerra que se prolongó nueve años, finalizando con el triunfo del Vietminh, tras la batalla de Dien Bien Phu, que hizo reconocer a Francia la independencia de los países de Indochina (Vietnam, Laos y Camboya). Vietnam, según los acuerdos de Ginebra, fue dividido en Norte y Sur, pendiente de elecciones generales.
Desde la Presidencia , Ho Chi Minh estableció un sistema socialista de producción, impulsó una profunda reforma agraria y se esforzó por impedir la corrupción y el abuso del poder, manteniendo un liderazgo carismático basado en compartir las decisiones políticas y en mantener un estilo de vida austero y popular.
Este vietnamita de aproximadamente 1.70 metro de estatura se enfrentó, en condiciones desiguales, a un ejército despiadado que contaba con todos los adelantos tecnológicos y militares de exterminio masivo. El tío Ho falleció antes del fin de la guerra, a los 79 años, sin llegar a ver la retirada estadounidense en 1973, el hundimiento militar de Vietnam del Sur, en 1975 y la reunificación del país.
José Antonio Ardila Acuña
Tomado: opinion@prensa.com
La críticas desde el oficialismo contra su estrategia y su gestión empezaron mucho antes del voto.
El gabinete de Nicolas Sarkozy pagó ayer el tributo de la derrota sufrida en las elecciones regionales del domingo. El presidente francés procedió a un cambio de bajo perfil de cuatro ministros, al tiempo que el Partido Socialista y los ecologistas seguían disfrutando de una victoria amplísima para cuya realización funcionaron todos los esquemas sonados: 21 de las 22 regiones metropolitanas ganadas, transferencia sin falla de los votos a las listas comunes, negociaciones sin demasiados tropiezos para concretar la fusión y una perspectiva positiva que queda flotando en el horizonte. Noël Mamère, diputado verde de la región de Gironda, admitió el lunes que se acababa de abrir “una etapa nueva para la izquierda”. Por su parte, el presidente francés tuvo que apagar el fuego en su propio campo. Las corrientes que integran el partido UMP ya habían empezado a lanzar duras críticas contra su estrategia y su gestión mucho antes de la derrota del domingo. Un controvertido impuesto a las emanaciones de CO2, el ritmo de las reformas llevadas a cabo por el Ejecutivo y la política de apertura hacia personalidades de la izquierda socialista que pasaron a integrar el gobierno habían sido las flechas más contundentes.
Para calmar a todo el mundo, Nicolas Sarkozy abrió su gobierno a los sectores más críticos de la derecha, incluido un allegado de quien es hoy su peor enemigo, el ex primer ministro Dominique de Villepin. La remodelación fue modesta y dirigida exclusivamente a aplacar los ánimos de sus aliados. Los cambios introducidos abrieron así el juego hacia quienes venían fustigando al gobierno en el seno mismo de la mayoría parlamentaria. El ministro de Trabajo, Xavier Darcos, fue el primero en pagar los platos rotos. Lo arrastró en parte su estrepitosa derrota como cabeza de lista de la región de Aquitania, donde apenas sacó un 28 por ciento frente al 56,3 por ciento de las izquierdas unidas. Ese cambio es una clara señal de que la reforma más controvertida, la del sistema de pensiones, seguirá su curso. Los sindicatos y la izquierda impugnan este proyecto, pero Nicolas Sarkozy tiene previsto presentarlo a partir de septiembre. El encargado de llevarla a cabo será el actual ministro del Presupuesto Eric Woerth. Este será sustituido por François Baroin, un diputado que pertenece al círculo del ex presidente Jacques Chirac. Martín Hirsch, uno de los emblemas de la apertura a la izquierda y gran especialista en materia de sanidad y trabajo, deja el equipo gubernamental para ser reemplazado por un centrista ortodoxo Marc-Philippe Daubresse. La incorporación más vistosa como secretario de Estado de la Función Pública es la del diputado George Tron, un allegado al ex primer ministro Dominique de Villepin. La entrada de Tron al gobierno se interpreta como una manera de cortar las alas de De Villepin.
El futuro es promisorio en rupturas y zancadillas. Nicolas Sarkozy vio crecer de pronto dos oposiciones manifiestas: la de las urnas y la de su propio campo. Así, Jean-François Copé, presidente del grupo de la UMP en la Asamblea Nacional y uno de los hombres políticos con más crédito y ambición para reemplazar a Sarkozy, declaró que de ahora en más se imponía “un retorno a los fundamentos de 2007” (la victoria presidencial de Sarkozy). Y no es todo. El propio Dominique de Villepin se apresta a salir a la arena con la creación de “un nuevo partido político” que aspira a ser una “alternativa” a Sarkozy en 2012.
Nada indica que el mensaje de las urnas haya sido integrado en la política futura del presidente. El jefe de gobierno ya había anunciado que se mantendría “la dirección” emprendida. Los nombramientos de ayer apuntan hacia esa dirección: los hombres nombrados representan un paso más hacia la derecha y tendrán a su cargo la reforma del sistema de jubilación, de los territorios y la de la Justicia, que eliminará a los jueces de instrucción. La primera secretaria del PS, Martine Aubry, cuya influencia salió apuntalada con los resultados, insistió el lunes en que Sarkozy “tiene que cambiar de política”. Se avecinan tiempos de confrontación con un dato nuevo: la desilusión ante el sistema Sarkozy que llenó las urnas de la coalición rosa-verde-roja. Luego de que cinco sindicatos convocaran para este martes varias huelgas y protestas contra la política socioeconómica del gobierno, la CGT sacó las uñas. Esta organización, que es mayoritaria en Francia, advirtió al gobierno contra “una actitud que acentúe aún más” la tensión social.
La izquierda se frota las manos con la perspectiva de ver, por primera vez en muchos años, cómo la disputa intestina se muda de partido. “Lo esencial es tener un proyecto”, afirmó Martine Aubry respondiendo al “llamamiento del 22 de marzo” lanzado por el eurodiputado ecologista Daniel Cohn-Bendit para formar una “cooperativa política” que consolide los resultados del domingo en la línea del 2012. Nicolas Sarkozy conduce hoy un barco paradójico. No sólo está en la mira telescópica de su mayoría sino que también es víctima de su propia velocidad. No hay sondeo que no le sea desfavorable. Tal vez, el más cruel sea el que pone al primer ministro François Fillon muchos puntos por encima del presidente. Fillon, flemático y casi ausente, tapado por la sombra de Sarkozy, emerge con lentitud entre el sonido y la furia del golpeado presidente.
Eduardo Febbro París
Tomado de Página 12
La abstención masiva, como en la primera vuelta, es el signo final de las elecciones regionales en la que de 35 millones de electores registrados para votar sólo el 51% asistió a las urnas y un 49% lo hizo con los pies, en expresión del cansancio popular hacia las políticas gubernamentales.
El abstencionismo récord de esta elección mostró la indiferencia de los franceses hacia la política, los partidos y sus instituciones representativas, una tendencia que, como reflejaron las urnas en ambas vueltas del escrutinio, se ha acentuado durante el período del gobierno de Nicolás Sarkozy. Se confirmó, una vez más, que las elecciones regionales de 2010 pasaron a la historia en calidad de un voto de castigo hacia el actual ejecutivo en el Elíseo.
Si de apego a la teoría política se trata, se debe explicar ante el fenómeno de la abstención que la democracia francesa ha puesto en cuestión lo más preciado de la mencionada palabra de origen griego: el demo, que significa pueblo en castellano, pero, ¿podría el sistema político galo soportar por mucho tiempo el divorcio existente entre su demo (pueblo) y la cracia (poder)? Reconozco que es una pregunta que me resulta difícil de responder. Tendría que dedicar muchas horas de estudio a un problema complejo que debería tratarse con un enfoque multidisciplinario de las ciencias sociales para encontrar una respuesta precisa, justa e integral.
Lo que sí se observa en la superficie es que, en buena medida, el abstencionismo significa la renuncia de amplios sectores sociales a su condición de lo más elemental: la categoría de ciudadano y al derecho cívico de expresarse en las urnas. La abstención podría simbolizar un rechazo generalizado al sistema social imperante y a la clase política en su conjunto. A esta problemática el líder del Partido de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon, la denominó “la insurrección por las urnas”, en un país donde a juzgar por las encuestas en el contexto actual de crisis económica capitalista, una (1) de cada cinco (5) personas estaría dispuesta a la revuelta popular en las calles para la defensa de sus legítimas reivindicaciones.
Otro notable político, pero de derecha, Dominique de Villepin, adelantó un escenario no menos preocupante cuando hizo sonar las campanas de los abrumadores medios de prensa al avizorar, en abril de 2009, “el riesgo de una revolución social en Francia, resultante del profundo sentimiento de injusticia y dificultades que agobian a una parte considerable de la población”, lo que también fue corroborado en el lenguaje de las cifras por el Centro de Ciencias Políticas de Paris, una institución científica a la que no deberíamos adjudicarle veleidades izquierdistas. Según la academia, la situación social del país es delicada si se reflexiona en torno a los siguientes datos:
· La juventud francesa es la más pesimista de Europa.
· El 67% de los franceses desconfían de los partidos de derecha y de las denominadas fuerzas políticas de izquierda para el ejercicio gubernamental.
· El 79% de la población piensa que la situación socioeconómica no cesa de empeorar.
· Una (1) persona de cada diez (10) está desempleada y el resto tienen miedo de perder su trabajo.
El inventario puede ser mayor, pero no es mi objetivo impresionar al lector con excesivos ejemplos. Sólo estimo que las dificultades de Francia, expuestas más arriba, pueden encontrarse, en mayor o menor escala, en todos los países europeos, incluso del mundo, pero devienen alarmantes en una potencia que ostenta el quinto rango en la economía mundial y que por obra de la historia ha sido considerada la cuna y vanguardia de la libertad, la igualdad y la fraternidad, en alusión a su “sacrosanta” determinación por el respeto a esos derechos del ser humano en cualquier sitio del planeta. Pudiera pensarse, en esta ocasión, que los electores franceses han hecho un urgente llamado al cuidado y atención de sus derechos fundamentales.
Pero, sin interés de extraviarme en esta digresión, por los guarismos arrojados en el escrutinio final de la elección regional, también se puede deducir que el sistema político francés reafirmó el bipartidismo centrado en la Unión por un Movimiento Popular (UMP) y el Partido Socialista (PS), principales maquinarias electorales que comparten los roles esenciales en la defensa de los preciosos intereses de la clase dominante en la gran nación europea.
Es evidente que después de ocho (8) años, el PS gana todas elecciones municipales y regionales, mientras la derecha gana todas las elecciones legislativas y presidenciales. Para observadores intrépidos, la elección regional de 2010 pasó a los anales como si los electores hubieran escogido una especie de “nueva cohabitación”: en el poder local decidieron mantener al PS y sus aliados de izquierda; quedando en el poder central, nacional, al menos hasta 2012, la derecha de la UMP.
Pero el hecho de que haya sido ratificada la confianza a los socialistas para dirigir a los franceses a nivel local, instancia predilecta del elector galo para la realización de las políticas sociales y su control, no quiere decir que se ha operado un cambio real en la política francesa, porque en rigor el PS carece de un proyecto social diferente al de la UMP, y atraviesa una grave crisis ideológica que le impide la transformación revolucionaria de la sociedad. Además, la llamada izquierda solidaria -en progresión- compuesta por socialistas, verdes y comunistas parece todavia un poco alejada del movimiento popular, por lo que para mantener su credibilidad deberá trabajar en un proyecto de sociedad que responda a los intereses y esperanzas de las clases populares. Este es el mayor desafío de la “izquierda solidaria” francesa hasta las elecciones presidenciales de 2012, otro momento de prueba para la “izquierda”, los anticapitalistas y el sistema político galo.
En suma, ni las regiones, ni los departamentos en manos de los socialistas tendrán los medios y la capacidad efectiva para desplegar un real contrapoder frente al ejecutivo y al legislativo nacional, donde se continuará decidiendo la alta política francesa, pese a los votos de sanción recibidos en estos comicios.
Y así las cosas, concluyo aquí algunas de las lecciones aprendidas de las elecciones regionales de 2010, una cita que constituyó un importante referendo antes de la próxima elección presidencial. Más allá de las emociones suscitadas, creo que los resultados de estos sufragios tendrán un inevitable influjo en la recomposición –acción y reacción- de la dinámica política francesa.
Leyde E. Rodríguez Hernández
Tomado de Rebelión
3ª ola de austeridad con la bendición de la U.E. y 2ª ola de huelgas en Atenas.
Es la gota que ha colmado el vaso. El 3 de marzo de 2010, el gobierno griego conducido por el socialdemócrata Georges Papandreu anunció una tercera ola de medidas de austeridad : reducción de los salarios de los funcionarios, subida de impuestos (incluido el IVA), recortes en los gastos públicos (especialmente en educación). La población protesta casi todos los días en las calles contra estos planes de austeridad a los que se oponen el 60% de los griegos.
Y aunque los medios helenos muestren algunos actos de violencia que salpican las manifestaciones para intentar desacreditarlas, no sirve para nada : los griegos rechazan pagar para reembolsar una deuda (275 miles de millones de euros a fines de 2009) agrandada esencialmente al tapar los agujeros provocados por los especuladores. Georges Papandreu, elegido en octubre, ha comprendido claramente que su periodo de gracia tocaba inexorablemente a su fin. Ha realizado una gira europea para conseguir el apoyo de la canciller alemana, Ángela Merkel, y del presidente francés Nicolás Sarkozy. En Grecia, dos convocatorias a la huelga han sido lanzadas por los sindicatos los días 11 y 16 de marzo.
Fabien Perrier, enviado especial en Grecia
Traducción J.A. Pina
Tomado de L`Humanité
“Financial Times” : “Lo que será crucial en los años venideros, no es la simple amplitud de la deuda, sino saber si los gobiernos están en posición de encontrar un medio eficaz de reducirla (…) sin provocar (en el mejor de los casos) una inestabilidad política o (en el peor) una verdadera revolución.” ¿Por qué será “el peor de los casos” ?
Tras haber soltado miles de miles de millones de euros para salvar un sistema financiero responsable de la mayor “crisis desde los años 1930”, reaparecen los discursos dogmáticos denunciando las “deudas abismales” que deben ser subsanadas a golpes de recortes sociales. En este tiempo, los que han sido reflotados con dinero público se lo pasan en grande y hacen dinero sobre las espaldas de los Estados, especulando con la deuda que ellos mismos han contribuido a crear. Y a los pueblos se les exige pagar, como siempre. Pagar para reflotar los bancos y las empresas, pagar para reembolsar la deuda, pagar para amortizar la especulación.
Ya que la catástrofe bancaria ha podido ser evitada, para qué cambiar las reglas del juego, dicen los banqueros, los fondos especulativos y los dirigentes políticos que lo consienten. Seguidores disciplinados del buen doctor Milton Friedman, aplican al pie de la letra su credo : “Sólo una crisis, real o supuesta, puede producir cambios. Cuando ésta se produce, las medidas a tomar dependen de las ideas en vigor en ese momento. Ésta es, pienso, nuestra auténtica función : encontrar soluciones de recambio a las políticas existentes y mantenerlas hasta que las nociones políticas imposibles, lleguen a ser inevitables.”
¿Cómo transformar una crisis que refrenda el fracaso del capitalismo en un momento de aceleración de la transformación neoliberal de nuestras sociedades ? ¡Agitando el trapo rojo de la deuda ! El “Financial Times” británico llega a afirmar que “el espectro de las bancarrotas de los Estados ha resurgido en el mundo rico”. Una buena excusa para justificar que los dirigentes liberales y social-liberales de la zona euro se arrodillen ante las exigencias de los especuladores, e impongan la austeridad, al mismo tiempo que cuentan ya con 15,8 millones de parados, el 10% de su población activa. Prueba de que la “moralización del capitalismo” sólo era un señuelo agitado para hacer tragarse la píldora a los pueblos.
Peor, si los bancos han sido reflotados sin ninguna contrapartida, los gobiernos actualmente en dificultades debidas a la financiación de este reflotamiento y de sus consecuencias, recibirán una ayuda financiera de los bancos internacionales y europeos únicamente si demuestran, en contrapartida, una voluntad real de aplicar las medidas de austeridad. Todavía peor, mientras los países de la UE y La UE tienen el derecho de salvar a los bancos comprando los “títulos tóxicos”, los Tratados de la Unión Europea prohíben toda solidaridad entre Estados frente a problemas de financiación del déficit y de la deuda pública, en nombre del rechazo al falseamiento de la competencia. Los mismos Tratados que instituyen la independencia del Banco Central Europeo (BCE)., independencia que hace valer el BCE para negarse a comprar títulos de deuda pública que favorecen los gastos útiles al desarrollo y al crecimiento. Lo que guía a los jefes de Estado y de gobierno reunidos en Bruselas alienta a proseguir esta cura de rigor y sólo les interesa la estabilidad de la zona euro para los financieros.
Grecia deberá por tanto contentarse con declaraciones tranquilizadoras. Los griegos van a pagar : profundos recortes en el sistema sanitario, aumento de impuestos indirectos. Los funcionarios helenos tendrán derecho a una congelación de salarios, a la bajada del 10% de las primas, al cese de las contrataciones. A los españoles se promete el aplazamiento de la edad de jubilación a los 67 años. En Francia, el seguro de enfermedad, las pensiones y las administraciones locales están ya en el punto de mira.
¿Permitirán los pueblos hacer todo esto ? En un artículo publicado a primeros de enero y titulado “La financiación y el test de patriotismo”, Gillian Tett, periodista del “Financial Times”, escribe, una pizca preocupado : “Lo que será crucial en los años venideros, no es la simple amplitud de la deuda, sino saber si los gobiernos están en posición de encontrar un medio eficaz de reducirla (…) sin provocar (en el mejor de los casos) una inestabilidad política o (en el peor) una verdadera revolución.” ¿Por qué será “el peor de los casos” ?
Stéphane Sahuc
Traducción J.A. Pina
Tomado texto e imagen de L`Humanité
“Ha llegado el momento de actuar”. En estos términos anunció el sueco Lars Olofsson, director general de Carrefour, antiguo número dos de Nestlé, la liquidación de miles de empleos en Bélgica. Dicho y hecho.
La multinacional francesa ha decidido el cierre de 14 hipermercados y 7 supermercados, además otros siete supermercados situados en Flandes serán concedidos en franquicia, mientras que en Valonia, 3 híper y 17 supermercados deberán ser vendidos al mejor postor. Se ejercerán nuevas presiones sobre los proveedores y subcontratas. Carrefour además ha anunciado que la sede central iba a ser convertida en filial. En claro, el personal deberá cambiar de comisión paritaria con el bloqueo salarial al final.
Primer grupo europeo del sector, segundo a nivel mundial y noveno empleador privado del planeta, gestionado por financieros norteamericanos y franceses, para Carrefour no es éste su primer tsunami social, ni en Francia ni en los cinco continentes. Carrefour Bélgica ya había procedido a una reestructuración en 2007, suprimiendo 900 empleos y cerrando 16 almacenes GB… en ese mismo momento, el distribuidor anunciaba que se iban a implantar en varios países de los Balcanes.
Son las etapas del gran plan iniciado desde la toma de posesión el 1º de enero de 2009 de Lars Olofsson. Se trataría, se dijo en aquel momento, de realizar de aquí a 2012 del orden de 4,5 miles de millones de euros de economías de los cuales 3,1 serían de “gastos de funcionamiento”.
La dirección ha hecho recaer escandalosamente la responsabilidad de este enorme desastre social sobre el personal, demasiado ¡“costoso” !, y sobre los sindicatos demasiado ¡”intransigentes” ! Todo esto, mientras la multinacional es conocida como empresa poco cuidadosa de las condiciones de trabajo, los salarios y el estatuto de sus empleados, llegando incluso a ejercer una vigilancia próxima al espionaje sobre ellos.
El Partido Comunistas comparte la fuerte conmoción sufrida por los trabajadores de Carrefour y les expresa su total solidaridas en su combate. Es inaceptable que los trabajadores sean las víctimas de una situación económica de la que en absoluto son responsables. Es totalmente inadmisible que la crisis sea un pretexto para una reestructuración, que esconde, según numerosos observadores, “errores de gestión” vinculados a las gigantescas fusiones-adquisiciones llevadas a cabo desde hace décadas, a operaciones financieras arriesgadas y a la avidez de beneficios de los accionistas.
B.P
Traducción J.A. Pina
Tomado de L`Humanité
El acuerdo firmado el 7 de septiembre por Lula y Sarkozy completa el viraje estratégico producido en la región con la decadencia de la hegemonía de EE UU y el ascenso de Brasil como potencia global.
El acuerdo firmado el 7 de septiembre por Luiz Inacio Lula da Silva y Nicolas Sarkozy completa el viraje estratégico producido en la región con la decadencia de la hegemonía de Estados Unidos y el ascenso de Brasil como potencia global. Nace un complejo militar-industrial autónomo en el que alguna vez fuera el patio trasero del imperio, que consigue blindar la Amazonia y las reservas de hidrocarburos descubiertas en el litoral marítimo brasileño. Por si fuera poco, se informó que Brasil está en condiciones de fabricar armas atómicas.
El 5 de septiembre, el general Luiz Eduardo Rocha Paiva, profesor de la Escuela del Estado Mayor del Ejército, firmó un artículo de análisis en el sitio militar Defesanet: La miopía estratégica y la indigencia militar son las mayores amenazas a la soberanía de Brasil. Desde una perspectiva conservadora, critica de modo frontal la reacción de su país a la instalación de siete bases estadunidenses en territorio colombiano. Dice: no serían un problema si Brasil dispusiese de poder militar a la altura de la posición que pretende adoptar en el escenario internacional. Lo que nos amenaza es nuestra debilidad.
El artículo refleja el estado de ánimo de los militares brasileños, que temen una intervención de potencias occidentales que desde 1990 buscan imponernos una soberanía compartida en la Amazonia. La sensación de debilidad creció desde que un año atrás fueron descubiertos 50 mil millones de barriles de petróleo en el mar de Brasil, a siete kilómetros de profundidad. Esos recursos serán explotados por el Estado y no por empresas privadas, según propone Lula, con lo que Brasil se coloca como una de las principales estrellas del emergente BRIC, combinando una potente industria con autonomía energética que no todos poseen.
Faltaba la autonomía militar. El acuerdo con Francia le permite comprar cinco submarinos, uno nuclear, y 50 helicópteros de transporte militar por un valor de 12 mil millones de dólares. Con la anunciada adquisición de 36 cazabombarderos Rafale de la francesa Dassault, la cifra se elevaría a 18 mil millones de dólares, pero la prensa gala estima que la compra puede ascender a 120 aviones. Si se confirma la preferencia de Lula por el aparato francés, habrá quedado por el camino el F-18 Hornet de Boeing, en una decisión política que se ha interpretado como una declaración de guerra a Washington.
El negocio incluye la adquisición por Francia de 10 aviones de transporte militar KC-390 brasileños para sustituir los Hércules C-130 estadunidenses. Con ser importante, el negocio es apenas un detalle menor al lado de la masiva transferencia de tecnología que conlleva la alianza.
El acuerdo contempla la construcción de astilleros en Río de Janeiro, donde serán construidos los submarinos Scorpene; en tanto, los helicópteros serán armados en Minas Gerais por la empresa binacional Helibras, filial de la europea EADS.
Con los aviones de combate la cuestión es más ambiciosa. La adquisición de los Rafale no será una mera compra, porque se construirán en Brasil y existirá la posibilidad de que sean vendidos en América Latina, dijo el canciller Celso Amorim. Las seis primeras aeronaves las entregará Francia, pero las 30 restantes serán ensambladas por la brasileña Embraer, que ya es la tercera empresa aeronáutica del mundo detrás de Airbus y Boeing, y fabrica aviones de combate, aunque no cazabombarderos de última generación. El contrato a estudio considera que Brasil podrá vender los cazas Rafale en Sudamérica, lo que da idea de la trascendencia de una alianza que, en los hechos, lo convierte en un avión de combate franco-brasileño.
De ese modo, Brasil pasa a ostentar la mayor flota naval de América Latina y una industria capaz de abastecer a sus fuerzas armadas de modo permanente según la evolución de los acontecimientos en la región. Brasil estará entre los once países del mundo capaces de fabricar cazabombarderos. El monto de los acuerdos, si se incluyen los Rafale, sería cuatro veces superior al costo del Plan Colombia. Así Brasil completa un giro radical: hace siete décadas, durante la Segunda Guerra Mundial, Getulio Vargas alineó a su país con Estados Unidos. Ahora Lula proclama la segunda independencia, como dijo cuando propuso la creación de Petrosal, la empresa estatal encargada de monitorear la explotación de yacimientos que ahora protegerá la marina.
Quien crea que es una política del gobierno de Lula está equivocado. Es una opción del Estado brasileño, largamente planificada –los acuerdos con Francia fueron negociados más de un año–, pero acelerada por la decisión del Comando Sur de convertir a Colombia en una gigantesca base militar. El parlamento de Brasilia aprobó en tiempo récord de 48 horas los fondos para la compra de los cinco submarinos y los 50 helicópteros.
Más claro fue el comandante de la marina, Julio Soares de Moura Neto, quien respondió a un cuestionamiento del conservador Folha de Sao Paulo sobre el elevado gasto militar: Los brasileños precisan tener conciencia de que tenemos riquezas inconmensurables en el mar, y la marina debe estar preparada para defender nuestra soberanía sobre ellas. Agregó que la reactivación de la Cuarta Flota no fue ni política ni diplomáticamente informada a Brasil, con lo que la pretendida alianza entre la Casa Blanca y Planalto se disolvió en las nieblas del militarismo.
La alianza entre Francia y Brasil echa luz sobre los verdaderos acontecimientos del continente; las cosas se han invertido: ya no son los gobiernos díscolos del sur los que pretenden poner palos en la rueda de la hegemonía estadunidense. Es la Casa Blanca la que intenta frenar el ascenso de Brasil al rango de potencia global, lo que inevitablemente
Raúl Zibechi
Tomado de Kaos en la Red
Comprometida con el cine de autor, la actriz protagoniza 'Je veux voir', film sobre la guerra en el Líbano a medio camino entre documental y ficción
Cuando Catherine Deneuve tenía seis años, su hermana pequeña se perdió en una playa de Normandía. El socorrista que estaba de servicio durante aquella tarde de verano dio un consejo a su madre: "Camine hacia el sol. Los niños siempre se dirigen hacia el sol". La frase, igual que la angustia que experimentó durante aquellas horas, ha permanecido en la memoria de Deneuve toda su vida.
En términos artísticos, la gran dama del cine francés parece haber tomado el camino contrario, alejándose de las zonas de luz para explorar los rincones más oscuros. "Cuando miramos fijamente al sol no vemos bien el resto de las cosas. Y a mí siempre me ha interesado lo que queda a media sombra y a contraluz", explica la actriz.
Este atípico proyecto surge de la voluntad de dos artistas libaneses, Joana Hadjithomas y Khalil Joreige, que indagan en el conflicto bélico a través de la mirada virgen de Deneuve, presencia altamente improbable en medio de este paisaje en plena descomposición.
Pero la película también puede ser entendida como una metáfora de la propia carrera de Deneuve, repleta de decisiones de alto riesgo para una actriz de su categoría, que podría haberse dormido fácilmente en los laureles. "Soy una persona bastante intrépida. No es que no le tema al peligro, pero si las ganas son más fuertes que el miedo, siempre me acabo lanzando. Si tomo una decisión que obedece a mi curiosidad, nunca siento que esté corriendo ningún riesgo", cuenta Deneuve.
La actriz recibe en en el café del Cinéma du Panthéon, un agradable rincón a dos minutos de la Sorbonne, que ella misma ha decorado con muebles vintage, estanterías cargadas de libros de cine y fotografías de los rodajes de Ingmar Bergman. Dice que fue el interés por lo desconocido lo que la impulsó a participar en Je veux voir: "Nunca había visto imágenes de guerra más que en la televisión y quería experimentar el conflicto en primera persona. La experiencia me hundió y me conmocionó", confiesa.
¿No era esa la catarsis que estaba buscando? "En parte sí, aunque estoy muy en contacto con la realidad del mundo y no es algo que me resulte ajeno. Pese a la imagen que se tiene de mí, yo no vivo en una burbuja".
Entre la realidad y la ficción
La película parte del viaje por carretera de Deneuve junto al actor Rabih Mroué, convertido en una especie de guía de la desoladora geografía libanesa a través del campo de batalla. Entre ambos surgirá una extraña alquimia, situada en algún punto entre la realidad y la impostura. De hecho, Deneuve habla de Je veux voir como de "una semificción". ¿Interpreta entonces una versión semificticia de sí misma? "Hay mucho de mí en el personaje, pero no puedo decir que sea yo en términos absolutos. Se trata de un personaje simbólico, construido a partir de momentos escogidos y en un contexto muy preciso".
Con todo, no existió ningún guión con diálogos predeterminados, por lo que todo lo que Deneuve hace y dice surgió en el momento de rodarlo. Por ejemplo, el momento de pánico vivido durante una explosión.
A lo largo de su carrera, la actriz no ha tenido miedo a entrar en otro tipo de terrenos minados, ni a ponerse en cuestión a sí misma para permanecer moderna. Una capacidad de reinvención constante que ha llevado al director Arnaud Desplechin que la dirigió en la reciente Un cuento de Navidad junto a su hija Chiara Mastroianni a calificarla como "el Bob Dylan francés". La definición hace reír a carcajadas a la actriz, menos glacial y altiva de lo que rezan los tópicos.
Las cosas claras
Como Dylan, Deneuve se considera "una insumisa" que siempre se ha negado a que los demás decidieran por ella. "Desde muy joven supe lo que no quería hacer con mi carrera", dice la actriz. Después, obró en consecuencia. Evitó lo banal y se esforzó para que su belleza, que a sus 65 años sigue siendo impresionante, no consiguiera eclipsar sus calidades más preciadas: la inteligencia y el espíritu crítico. "De hecho, las entrevistas con actores resultan innecesarias. La personalidad de un intérprete se define a través de las decisiones que toma".
Como dijo un conocido periodista de Le Figaro, su currículo dibuja "una filmografía impertinente", otro adjetivo que parece gustarle. En ella aparecen nombres como Demy, Truffaut, Buñuel, Polanski, Garrel, Carax, Ozon y Von Trier (de quien guarda pésimos recuerdos y dice "no haber aprendido nada"). En la lista abundan los autores jóvenes y los proyectos incómodos. "Lo que me motiva es hacer cosas que me sorprendan. Pese a no querer convertirme en una actriz marginal, siento la necesidad de trabajar en proyectos personales y sobre todo originales", dice.
A la reina no le gusta hablar de tronos, ni de trayectorias consolidadas. "Para ser una leyenda tendría que desaparecer. Y yo estoy muy viva. Lo último que querría hacer es sentarme sobre una montaña formada por mis películas y contentarme con echar la vista abajo".
ALEX VICENTE - PARÍS
Tomado de Público
Fue acusado de terrorista y se ha convertido en un mito
Julien Coupat, el intelectual post-situacionista acusado de "terrorista" en Francia, está ganándose el estrellato y una difusión mundial de sus obras porque, en su día, renunció a la carrera de yuppie y optó por la de comunero. Quién iba decir a mediados de los años noventa que el joven y brillante estudiante de una de las más elitistas escuelas de comercio francesas, la ESSEC, hijo de una más que normal familia de clase media-alta, iba a convertirse en todo un símbolo. Y, sin embargo, eso es exactamente lo que le ocurrió cuando, tras abandonar números y leyes a mediados de los noventa, se adentró en la filosofía y el pensamiento situacionista en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHSS).
Ahora, con sólo 35 años recién cumplidos, Julien Coupat ya tiene audiencia mundial. La acusación de "terrorista" formulada por una fiscalía con gatillo fácil, las declaraciones precipitadas y bravuconas de la ministra de Interior, Michelle Alliot-Marie, y la detención injustificada del intelectual durante seis meses y medio, han provocado una oleada de solidaridad en círculos poco acostumbrados a brindar apoyo a un presunto terrorista.
Toda la atención
Tras ganarse una reputación de escritor y lector compulsivo, genial y algo sombrío, Julien Coupat cofundó la efímera revista de pensamiento, llamada Tiqqun. En los pocos números publicados y por su radicalidad con mala baba se ganó la hostilidad de la celebérrima revista Multitudes, de Toni Negri, pero también la atención y el respeto de pensadores confirmados como Luc Boltanski y Alain Badiou.
Coupat, al igual que todos sus amigos fundadores de la comuna que restaura servicios públicos por vía autogestionaria en una zona rural del centro de Francia, rehúsan la noción de autor. Por eso es obligatorio citar sus obras colectivas como "atribuidas a". Es el caso del ya histórico La insurrección que viene y del menos conocido Contribuciones a la guerra en curso.
En todas ellas rezuma el deseo de acabar con el orden occidental, considerado forma de dictadura totalitaria envuelta en libertad aparente. También rezuma la admiración profunda hacia la violencia juvenil que sacudió Francia en 2005 frente a los excesos de la policía de Nicolas Sarkozy.
Ahora, al salir de la cárcel y cuando se encuentra bajo arresto domiciliario, el intelectual sombrío y tozudo persiste en su chulería. Interrogado por el diario Le Monde sobre su estancia en prisión, se limitó a afirmar que le había sentado bien y que no había sufrido nada que no se pudiera curar con "un poco de footing, ejercicio y lectura".
Y, eso sí, dejó claro para la opinión el auténtico sentido de su detención y de la amenaza de cárcel que el poder sarkozyano sigue proyectando sobre su persona : "No os engañéis. Lo que me está ocurriendo a mí, os ocurre a vosotros también". Vasto programa.
ANDRÉS PÉREZ
Tomado de Público
Una ley francesa prevé hasta cinco años de cárcel y 30.000 euros de multa a quien ayude a un indocumentado
La izquierda y las redes de protección de los inmigrantes sin papeles organizan hoy en toda Francia una jornada de protesta ante los tribunales, con cacerolada incluida. El motivo de esta sonora reprobación es la reciente decisión de Nicolas Sarkozy de instituir un delito tipificado de solidaridad con los extranjeros indocumentados y de fijar a la Policía un objetivo cifrado de al menos 5.500 detenciones anuales por esta supuesta infracción.
Tras las diferentes "reformas" sobre inmigración del Gobierno conservador galo, el código de entrada y estancia de extranjeros en Francia prevé en uno de sus artículos hasta cinco años de cárcel y 30.000 euros de multa a "cualquier persona que, directa o indirectamente", ayude a un indocumentado.
Las asociaciones han subrayado que esa norma criminaliza simplemente la solidaridad, y no sirve para nada contra los traficantes de seres humanos y su ánimo de lucro, no citado en el artículo como constitutivo de delito.
Lejos de dar marcha atrás, Sarkozy ha endurecido la norma. Varios partidos de izquierda recordaron ayer que asistir a una persona para proteger su salud, su integridad o su dignidad, lejos de ser un delito, "es un deber".
ANDRÉS PÉREZ - CORRESPONSAL EN PARÍS
Tomado de Público
Francáfrica. A propósito del viaje del jefe del Estado francés a África, entrevistamos a Elikia M’Bokolo*, historiador y director de la Escuela Superior de Estudios de Ciencias Sociales (EHESS).
Nuevo viaje de Nicolas Sarkozy a África y, una vez más, las polémicas declaraciones de hace algunas semanas sobre el reparto de las riquezas en África. ¿Qué opina usted de este viaje ?
Primera constatación : no está clara la coherencia de todos esos viajes y la lógica que los une. Con mayor razón porque esta última visita es demasiado breve en los países donde hay muchos y muy graves problemas, como la República Democrática del Congo (RDC) que apenas acaba de salir –y no se sabe en qué estado- de una serie sucesiva de guerras civiles. En ese país existen cuestiones fundamentales sobre el reparto de las riquezas, pero también sobre la reactivación del sistema económico. Una RDC cuyas relaciones con Francia en la actualidad son más bien frágiles. En cambio, Ruanda mantiene con Francia relaciones litigiosas porque existen obligaciones que no se han solventado del todo. Esto viene después de los anteriores viajes del presidente francés sin que éste tenga una agenda precisa ni con relación a esos Estados ni con relación a África en general, especialmente en lo que se refiere al peso que la crisis financiera y económica carga sobre el continente africano.
En la RDC, Sarkozy ha dado consejos, ha sugerido a varios países de la región que trabajen en conjunto. ¿El tono que emplea no recuerda al del colonialismo y el paternalismo ?
En efecto. Ese tono es la postura fundamental de Sarkozy con relación a África : impartir lecciones sin que, por otra parte, nadie se las pida. Son lecciones que no valen gran cosa como la idea, por ejemplo, de pedir a Ruanda, Burundi y la RDC que trabajen en conjunto. Es a los propios pueblos a quienes corresponde decidir lo que quieren hacer. En las sociedades civiles de los diferentes países ya hay movimientos en ese sentido. Hay grupos y actividades transfronterizas entre la RDC por un lado y Ruanda y Burundi por otro, que no han esperado a Nicolas Sarkozy para empezar a existir. Lo que no ve el presidente es que algunas de sus declaraciones sobre el Congo, la RDC, han dado la impresión de que toma partido por Ruanda (pidiendo a la RDC que revise su rigidez con respecto al espacio que ocupa) en una región donde el conflicto entre ambos países aún no se ha resuelto con claridad.
Recientemente he impartido conferencias en la RDC para explicar a los congoleños de qué va Nicolas Sarkozy. Tanto por los discursos que ha hecho sobre los africanos, especialmente en Dakar, como por la política que lleva a cabo en Francia con respecto a la inmigración y la política global que practica, que beneficia a un puñado de multimillonarios a expensas del pueblo en general. Todo lo que la clase política congoleña ignora, bombardeada por una información en un solo sentido procedente de Francia.
Con respecto a las tensiones y los problemas económicos y sociales que enfrentan los pueblos de la región, ¿cómo puede (o debe) ayudar la comunidad internacional ?
Un país como el ex Zaire tiene recursos, minerales y otros, extremadamente importantes. Los conflictos tienen una relación directa con la explotación mafiosa de dichos recursos, lo que se ha denunciado varias veces en los informes de las Naciones Unidas. La RDC está integrada en la economía globalizada por medio de las empresas mafiosas de saqueo. Esas empresas son bien conocidas, ya que trabajan mano a mano con las sociedades solventes y « honorables » de los países occidentales. ¿Cómo conseguir que el Congo-Kinshasa recupere una economía más o menos normal ? Nosotros, que trabajamos por una alternativa real en el Congo, no estamos a favor de reproducir pura y simplemente la economía minera que ha funcionado desde la colonización hasta la época de Mobutu, porque es el sistema más obvio del neocolonialismo. En cambio, es posible diversificar esa economía hacia actividades relacionadas especialmente con la selva, el agua y los objetivos internacionales sobre el medio ambiente. Éste es un apartado muy interesante en el que los actores congoleños y los socios extranjeros pueden trabajar mano a mano. En segundo lugar, nosotros pensamos (Brasil lo ha hecho) que en un país como el Congo, que dispone de los mercados, el espacio y los recursos, hay que fomentar el desarrollo de una economía de producción y no una economía de extracción, que en África siempre rima con el saqueo puro y simple.
Pierre Barbancey
El escritor e historiador Elikia M’Bokolo, nacido el 23 de diciembre de 1944 en Kinshasa (República Democrática del Congo), es director de la École des hautes études en sciencies sociales y profesor del Institut des sciences et techniques humaines. Entre otras obras, es coautor del libro colectivo Petit précis de remise a niveau sur l’histoire africaine à l’usage du président Sarkozy (Pequeño resumen de la historia africana según el presidente Sarkozy).
Tomado de L`Humanité
Los sindicatos logran sacar a la calle a tres millones de manifestantes contrarios a la política del presidente galo frente a la crisis
La protesta contra la política económica de Nicolas Sarkozy creció en Francia y cobró la forma de una marea humana impresionante, reconocida por la Policía y marcada por fuertes señales de sentido del humor, alegría y sarcasmo contra el presidente. El paro en el sector público tuvo menos eco del esperado, pero aún así la movilización ciudadana no hace sino ganar adeptos en las calles francesas.Como suele ser costumbre, la guerra de cifras entre la Administración y los sindicatos ha hecho, de momento, muy difícil estimar el número real exacto de manifestantes, que oscila entre 1,2 y tres millones de personas, en casi 230 manifestaciones en todo el país.
Pero de ambas fuentes opuestas salía una coincidencia irrefutable: el número de manifestantes ha crecido en proporciones considerables desde la precedente jornada de huelga, el 29 de enero pasado, señal del respaldo de la opinión a la plataforma sindical conjunta, la primera desde 1966 y alternativa a la política económica de Sarkozy. Bernard Thibault, líder del sindicato CGT, estimó que la participación en las manifestaciones había crecido "entre un 20% y un 30%" respecto a las marchas, ya masivas, del 29 de enero, convocadas también contra los planes anticrisis de Sarkozy, juzgados favorables a las clases altas y severos con las clases populares. Indirectamente, la Prefectura de Policía de París confirmó esa subida con los datos que proporcionó de la manifestación parisiense: los agentes dijeron haber contabilizado 85.000 manifestantes, allí mismo donde, el pasado 29 de enero, dijeron haber visto sólo a 65.000. La cifra real del cortejo en la capital, que llenó a reventar los boulevares entre la Plaza de la República y la Plaza de la Nación, parece estar más cerca de los 350.000 manifestantes anunciados por la CGT, que de los 85.000 vistos por los agentes. El paro convocado unitariamente por las ocho centrales sindicales del país tuvo menos eco de lo esperado en el sector público y en los transportes. En los trenes y en los metros, sólo uno de cada dos convoyes, como promedio, fue anulado. En todos los sectores de la enseñanza hubo algo menos de cierres de establecimientos que el 29 de enero. Cansancio de los funcionarios Los funcionarios y asalariados de estos sectores, muy solicitados en las jornadas de movilización desde septiembre pasado, mostraron algo de cansancio. Para los profesores, por ejemplo, éste podría haber sido el cuarto día sin salario a causa de una huelga. La decisión de no parar demasiados metros y trenes regionales revestía también, para los sindicatos, un carácter estratégico: no provocar una vez más el divorcio entre el sector público en huelga y los empleados del privado atrapados, y facilitar además la llegada a los cortejos de los manifestantes. Esa doble apuesta parecía ganada. Imposible reducir el impresionante cortejo arcoiris parisiense a una guerra de cifras. En un bonito día primaveral, en medio de efluvios de cerveza, vino y bocadillos de salchichas merguez carburante tradicional de las manifestaciones en Francia los manifestantes lucieron en todo momento un sentido del humor sin fallas en su combate contra la austeridad económica que Sarkozy quiere imponer a los asalariados. Jóvenes de la asociación Jueves Negro, que militan por su derecho a la vivienda, escalaron la inmensa estatua de la Plaza de la República para colgar una pancarta, que hizo reír a mucha abuela, protestando contra las pensiones de miseria: "Sarkozy: tú sólo pones cachondos a fachas y proxenetas". Una alusión al intento de Sarkozy de aparecer como un galán y a su propensión a refugiarse en temas policiales para no abordar cuestiones sociales. De la jornada quedará que es el primer encuentro con éxito entre jóvenes neorebeldes, movimiento creciente en Francia, y manifestantes clásicos encuadrados por sus sindicatos. Cosa que sienta las bases para una movilización larga, al filo de una primavera que se anuncia caliente. Aunque también podría dar a Nicolas Sarkozy la idea de seguir haciendo oídos sordos. Tomado de Público
Stéphane Sahuc
Traducción: J.A.Pina
¿Quién dijo : “En adelante, cuando haya una huelga en Francia, nadie lo notará” ? La respuesta es evidente : Nicolás Sarkozy. Una provocativa declaración, hecha hace unos meses cuando el presidente de la República se fanfarroneaba delante de los caciques de la UMP. Una frase que podría muy bien recibir un duro revés el 29 de enero. Más aún, cuando el 19 de enero, en sus palabras a los sindicalistas, el jefe del Estado defendiéndose, proporcionó una serie de razones suplementarias para ir a manifestarse.
¿Y si detrás de “los numeritos y las palabrerías habituales” de Nicolás Sarkozy, durante sus promesas a los sindicalistas el 19 de enero, detrás de las baladronadas conocidas, de las provocaciones diversas, se escondiese el miedo ? El miedo a que los franceses digan que ya basta de la política de regalos a los más ricos, del desguace de los servicios públicos, del estancamiento salarial. El miedo a que la exasperación y la ira, que crecen en todas las capas de la sociedad, hagan del día de huelga del 29 de enero, no sólo una poderosa jornada de respuesta, sino, también el desencadenante de algo más profundo. Sin quererlo, Nicolás Sarkozy ha desvelado sus miedos y descubierto su estrategia cuando afirma : lo más importante es “el sentimiento que tendrán los franceses de la justicia”, que permitirá evitar males mayores.
Luego, el jefe del Estado da cifras : “550 miles de millones de euros, es lo que representa la protección social”, “17 mil millones de euros, es lo que añadiremos en 2009”. Inútil tentativa para hacer olvidar los 428 mil millones de euros, desbloqueados en nombre del relanzamiento, entregados a los bancos y grandes empresas, sin contrapartida alguna en cuanto a la utilización de este dinero. Para hacer olvidar que son más de 65 mil millones de euros anuales que faltan del presupuesto del Estado, por las exoneraciones fiscales y las ayudas públicas, sin ningún control, a empresas.
El presidente de la República puede fingir que riñe a patronos y banqueros para que éstos hagan un esfuerzo y eviten distribuir dividendos y bonificaciones demasiado ostentosas e indecentes, mientras los franceses se aprietan el cinturón. Los banqueros ya le han respondido : “haremos lo que queramos con el dinero que el Estado nos ha dado”. El dinero de los franceses va a servir, no solo para reflotar el sistema que ha conducido a la crisis, sino que irá también directamente a los bolsillos de los responsables de la misma, en forma de dividendos y de bonificaciones. Porque, en 2008, los tres mayores bancos franceses (BNP Paribas, Societé générale y Crédit agricole) dispondrán de alrededor de 9 mil millones de euros de beneficio y quieren pagar entre un tercio y la mitad en forma de dividendos. En 2008, las empresas del CAC 40 * han anunciado más de 90 mil millones de euros de beneficios (frente a los 99 mil millones en 2007) y los dividendos pagados en 2009, referidos a ese ejercicio 2008, rondan los 40 mil millones de euros. Mientras tanto, los salarios se estancan, el poder de compra retrocede y el paro crece brutalmente. La Comisión Europea anuncia que la tasa de paro podría pasar en Francia de 7,8% en 2008 a 9,8 % en 2009 y al 10,6% en 2010. Una respuesta a las palabras del presidente de la República, cuando llama a los sindicatos a ser razonables, e intenta culpabilizarles pidiéndoles que piensen en los parados, para hacerles aceptar su proyecto de acuerdo sobre el seguro de paro.
Nicolás Sarkozy es mucho menos prolijo en cifras, cuando se trata de hablar concretamente de la revalorización de las pensiones. En cuanto a la palabra “salario”, parece haber desaparecido de su vocabulario. ¿Pero quién ha dicho que Sarkozy no hacía nada por el poder de compra ? Él se ocupa del de los ricos. Para garantizarlo, no vacila. Según la Comisión Europea, el déficit en Francia, debería sobrepasar, en el 2008, del límite del 3% autorizado por la Unión Europea, al 3,2 % ; para pasar enseguida al 5,4 % en 2009 y mejorar ligeramente al 5% en 2010. El respeto al sacrosanto 3%, intocable para financiar los servicios públicos, el empleo y los salarios, no es un dogma cuando se trata de reflotar a los capitalistas. La injusticia y la ineficacia “del plan de relanzamiento” Sarkozysta son patentes.
En estas circunstancias, se comprende que el secretario general de la CGT, Bernard Thibault, afirme a propósito del 29 de enero : “la movilización va a ser muy fuerte, por descontado. ¡Los que pensaban que no habría ya en adelante un movimiento social visible, van a sufrir una decepción !” Y no serán los franceses que hemos reunido (en el dossier de HD), los que vayan a contrariarle. Son enseñantes, obreros, profesionales de la sanidad, cuadros de la empresa privada, funcionarios, estudiantes de secundaria que, como decenas de miles más, estarán en huelga y en la calle el 29 de enero respondiendo a la llamada del conjunto de las organizaciones sindicales.
Una irritación creciente, que la palabrería del jefe del Estado ante los sindicalistas, no va a poder detener, los franceses rechazan ser los paganos de la crisis económica. Y ya se preguntan : “¿qué hacemos el 30 ?”. Una pregunta planteada a los sindicalistas pero igualmente al conjunto de la izquierda. Los comunistas proponen un plan de urgencia contra la crisis (ver HD nº 144), el Partido Socialista presenta sus soluciones. ¿Y si la próxima batalla fuesen los criterios sobre el uso del dinero del plan de relanzamiento ?. Una gran batalla política entre “sociales” y “liberales”, que sacudirá la cita del G20 del 2 de abril próximo, en Londres, sobre la “refundación del capitalismo”
• UMP : partido de Sarkozy
• CAC-40 : es un índice bursátil francés : una medida ponderada según la capitalización de los 40 valores más significativos entre las 100 mayores empresas negociadas en la Bolsa de París.
• HD : L´Humanité Dimanche
Tomado de L'Humanité