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15 feb. 2012

“La Iglesia del franquismo sigue estando presente”


Hornos y Rico son miembros de Actores Españoles
en Buenos Aires (AEBA).
Imagen: Sandra Cartasso
Susana Hornos y Zaida Rico presentan Granos de uva en el paladar.

El espectáculo, que se presenta los jueves en el Centro Cultural de la Cooperación, parte del presente para remontarse a los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil Española, continuar por ésta y la posguerra, con sus 40 años de franquismo y sus cárceles.

La lírica popular de una canción de verbena da título a Granos de uva en el paladar, espectáculo con dramaturgia y dirección de las españolas Susana Hornos y Zaida Rico que se presenta en el Centro Cultural de la Cooperación. “Cuando yo me muera tengo ya dispuesto/ en el testamento que me han de enterrar/ en una bodega, dentro de una cuba/ con un grano de uva en el paladar.” Consciente de su fragilidad, este fiestero declama su deseo. El rescate de ese verso es simplemente para “aliviar tensiones”, dice Hornos, autora de los tres relatos (“Chusa”, “Adelina” y “Miguel”) que dieron origen a Granos..., donde se enlazan hechos que atañen a los períodos más oscuros de la historia española. Hornos y Rico, también actrices, parten del presente para remontarse a los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil Española, continuar por ésta (1936-1939) y la posguerra, con sus cuarenta años de franquismo y sus cárceles. “En el texto original me refería a un campo de concentración, pero cuando adaptamos los relatos al teatro pasó a ser una cárcel de mujeres”, cuenta Hornos, en diálogo con Página/12, junto a Rico.

Las dos son miembros de Actores Españoles en Buenos Aires (AEBA), lo que explica la inserción en el medio teatral de la ciudad, la formación en varios talleres y la participación en producciones locales. Si bien el elenco está compuesto por actrices que se multiplican en distintos personajes, femeninos y masculinos, jóvenes y mayores, se ha buscado destacar el papel que jugó la mujer en los períodos históricos aquí rescatados. “En las guerras y las dictaduras se producen hechos que tienden a cebarse con el mundo de la mujer, transmisora de vida –apunta Hornos–. Nosotras pretendemos homenajear con este espectáculo no sólo a las mujeres españolas, sino a todas aquellas que han perdido a sus hijos o que estando presas se los quitaron, a las que debieron silenciarse, las que pelearon y resistieron y las que fueron fusiladas.”

–¿A qué se debe el silencio de la mujer española sobre estos temas?

Zaida Rico: –Hemos hablado mucho de esto con Susana, del miedo y el silencio que instauró la guerra y los cuarenta años de dictadura, y pensamos que se relaciona con una característica social común a otros países, como la del machismo. Hasta antes de la Segunda República, la mujer no tenía voz ni voto. Después, durante la guerra y la dictadura se retrocedió. Hay manuales de la época, libros con los que estudiaban nuestros padres que son testimonio de ese retroceso.

Susana Hornos: –Existía un Manual sobre la buena esposa (de 1951), donde inclusive hay dibujos, que aconsejaba a la mujer no hacer ruido cuando el marido estuviera en la casa, ayudarlo a quitarse el calzado cuando regresara del trabajo... Tareas en las que la mujer debía mostrar sumisión. Aquello estaba relacionado con las concepciones clericales de una Iglesia mal concebida, porque entonces había otra Iglesia, la que había surgido durante la República con los “curas rojos”, muchos de ellos asesinados. La Iglesia del franquismo sigue estando presente y es oscura para la mujer.

Z. R.: –Soy optimista y quiero creer que nuestras madres y las generaciones de jóvenes no aceptarán esa sumisión.

S. H.: –No es casual que en Madrid se hayan cerrado cuatro o cinco centros de ayuda a la mujer maltratada. El gobierno y los funcionarios dicen que por falta de presupuesto, pero yo lo veo como un retroceso, aunque ésta sea otra época. Durante el franquismo se eliminaron muchas leyes, incluso algunas no han sido recobradas. La ley de divorcio de 1932 era mucho más avanzada que la promulgada en 1981, en democracia.

Z. R.: –Los países evolucionan y retroceden, pero también tienen ejemplos de mujeres luchadoras, conocidas o anónimas, como pueden serlo nuestras madres, y eso va quedando en nosotras.

–Hablaban del silencio y el miedo durante el franquismo, ¿qué opinan sobre el fenómeno de los “topos”, gente que permaneció escondida durante años?

S. H.: –Mi abuela, que era carnicera, escondió durante cinco años a uno de sus sobrinos. Era maestro y lo perseguían por serlo. Vivió todo ese tiempo en la carnicería, donde se guardaban los chorizos. ¡Cinco años entre filetes! Salía de vez en cuando y sólo la familia conocía el escondite. Esto pasaba en los pueblos, yo soy de La Rioja, de un pueblo que se llama Fuenmayor.

–¿En Granos de uva... optaron por personajes femeninos comunes?

S. H.: –Sí, y tiene que ver con el origen de mis cuentos. Soy de campo, me crié en una granja, y hay algo de rural en esos personajes. Para esas mujeres el cambio llegó más tarde.


Z. R.: –Mis padres agradecieron la recuperación que hemos hecho de un lenguaje que se está perdiendo.


S. H.: –Son palabras con las que he convivido y que alguien criado en la ciudad desconoce.

–¿Quedaron testimonios de las cárceles de mujeres?

Z. R.: –Las mujeres se ayudaban entre ellas y hay pequeñas grandes historias y heroínas. El trato fue cambiando. En la primera época eran torturadas, se les quitaban los hijos y las fusilaban. Eso está en la obra. Nos basamos en hechos de la historia, sobre todo en Irredentas, libro del investigador Ricard Vinyes. Las mujeres eran llevadas a cárceles para 300 internas, que en la dictadura fueron ocupadas por 15 mil. Dormían por turno, unas permanecían de pie y otras se tumbaban, porque no había lugar para más. Les dejaban una lata de conserva para hacer sus necesidades y las mujeres dejaron de usar paños cuando menstruaban. Esto pasaba en las cárceles franquistas, donde se llevaba a una mujer por ser esposa de un republicano o maestra. Cuando el número de presas se multiplicó, comenzó la amnistía.

–¿Cómo es la difusión de éstos y otros hechos?

S. H.: –El Canal La Sexta transmitió el documental Del olvido a la memoria, de Jorge Montes Salguero, sobre las presas en las cárceles de la dictadura. Ese rescate tuvo su origen en una presa (Tomasa Cuevas, militante comunista durante la Guerra Civil) que al salir de la cárcel fue con una grabadora a la casa de cada una de sus compañeras sobrevivientes. Vinyes habló con ella. Presas, de Cuevas (que falleció en 2007), es para nosotras un libro/Biblia. La información está, pero es cierto que a nivel general no se conoce. Nosotras hacemos nuestro trabajo, y es casi seguro que el 29 de febrero tendremos aquí La voz dormida, una película del director Benito Zambrano. Pensamos organizar charlas y videoconferencias con ex presas de acá.

Z. R.: –La película de Benito se basa en un libro de Dulce Chacón, sobre la represión a las mujeres que en la posguerra se mantuvieron fieles a la República. Chacón era de una familia de derecha, del pueblo de Zafra, en Badajoz, Extremadura, una región bastante azotada por la represión. Dulce salió de ese entorno y escribió sobre la vida de las mujeres dentro de las cárceles. Lamentablemente, murió por un cáncer de páncreas. Nosotras intentamos rescatar el pasado hablando con nuestros familiares y amigos. Un día me enteré por mi padre que mi tía había estado en la cárcel. Ella murió cuando yo era pequeña. Supe que las sábanas que mi padre usó de niño habían sido bordadas por la mejor amiga de mi tía en la cárcel. La llamaban Rosa, la bordadora. La memoria oral es fundamental, más allá de la escrita y documentada.

–¿Qué saben los más jóvenes?

S. H.: –Muchos desconocen qué pasó.


Z. R.: –Los gobernantes tienen el deber de informar y subsanar y si no lo hacen lo haremos nosotros.


S. H.: –Que no es venganza ni revanchismo. Me duele cuando la gente dice ¡qué ganas de venganza tenéis! España es un país poblado de fosas comunes. ¿Es venganza que el familiar de un muerto quiera llevarle flores al cementerio? ¿No entienden que es humano y ético?

–¿Qué cambio experimentaron a partir de este trabajo?

Z. R.: –Nosotras hemos estado involucradas desde hace tiempo en estos temas, pero a algunas de las actrices del elenco les ha cambiado la vida. A raíz de las querellas que se vienen dando sobre la represión durante el franquismo, Ruth Palleja se ha enterado de que su abuelo está enterrado en una fosa común, en España. Y se enteró estando en Argentina.


S. H.: –La obra nos llevó más de un año de trabajo, un período que utilizamos también para “darles memoria”. Por eso estas investigaciones sobre los libros de Vinyes, los documentales de Montse Armengou y otros testimonios sirvieron para iniciarlas en una búsqueda personal. El padre de una actriz estuvo en la cárcel, nunca se lo dijo. Ella lo supo después de su búsqueda.


Z. R.: –Tenemos cerca nuestro a gente muy comprometida con lo que sucedió en Argentina que se interesa también por España, como el iluminador Mariano Arrigoni, que es argentino.

S. H.: –En realidad, la obra es una síntesis, una destilación. Lo que aparece en escena puede suceder en cualquier otro país y en cualquier época. La opresión es universal. Hicimos preestrenos para los familiares, amigos y los que nos apoyaron. Ensayábamos cuatro o cinco veces por semana y siempre tuvimos dónde. Nos abrieron la puerta sin tener que pagar en el Casal de Catalunya, el Centro Galicia, el Riojano y el Cultural de España. La Federación de Sociedades Españolas, que aglutina a casi todos los centros, ha sido muy generosa.

–Y estrenan en un momento especial...

Z. R.: –Como si lo hubiéramos planificado, y no es así, porque venimos ensayando en Buenos Aires desde hace dieciséis meses.


S. H.: –Vivimos con mucho dolor lo que está sucediendo. Que la derecha le ponga una querella al juez Baltasar Garzón habla muy mal de nuestro país a nivel institucional.

–¿Qué opinan de la actitud de la gente común ante el juicio?

S. H.: –España está atravesando una crisis profunda y la gente está preocupada por el trabajo y la comida. El interés por lo que pase con el juez Garzón está en otro plano. En Argentina se tiene otro concepto del juez. Cuando vino a presentar el libro El alma de los verdugos, junto a Vicente Romero, abrió un camino. En España no hubo problema hasta que se refirió a los crímenes del franquismo como de lesa humanidad.

Hilda Cabrera

Tomado. Página 12.com.ar

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2 jun. 2010

65 años después de la derrota del nazismo

Mayo de 1945: la Alemania nazi derrotada, su ideología vencida, el fin de la Segunda Guerra Mundial. Fueron seis años de guerra, sesenta millones de muertos. Han pasado 65 años. Mucho se ha escrito sobre la tragedia, el conflicto bélico, las víctimas, la destrucción. Desde esa fecha hasta la actualidad, los conflictos y las guerras en nuestro mundo no cesaron y las víctimas se siguieron multiplicando. ¿Quiénes son las víctimas? Algunos investigadores incluyen en la categoría de “muertes en guerras y conflictos” sólo a los muertos en “campos de batalla”. Algunos excluyen muertes causadas por bombas y muchos no consideran a aquellos seres humanos muertos por hambrunas o enfermedades, resultado de enfrentamientos y otros conflictos armados. Las discusiones son interminables y complejas. Pero lo que no deja de inquietarme es el empecinamiento que tenemos por deshumanizar a estas víctimas. Se habla casi siempre de guerras entre ideologías o en contra de ellas. Se justifican y explican por motivaciones geopolíticas y económicas. Siempre excusas para alejar el fantasma que nos aterra como seres humanos: nuestra propia agresividad, injustificable, siempre. No puedo dejar de remitirme a mi propia experiencia. De niño, oía hablar de la Guerra Civil Española, de la lucha armada entre nacionalistas y republicanos. De la crueldad de los enfrentamientos, de los muertos que éstos provocaban. Pero esos muertos sólo eran franquistas o republicanos. Se trataba de ideologías enfrentadas, no de compatriotas que se aniquilaban, de seres humanos enfrentados de la manera más terrible. No eran españoles contra españoles, campesinos luchando contra campesinos, hombres de ciencia contra hombres de ciencia, vecinos contra vecinos. Sólo ideologías. Este argumento fue utilizado y sigue siéndolo a la hora de explicar lo inexplicable. Yo mismo tardé muchos años en poder deshacerme de todas las excusas y justificaciones y enfrentar el dolor y aceptar que se trató de hombres contra hombres. O más bien en singular: del hombre contra el hombre. Muchas veces pienso que la necesidad de deshumanizar viene de la imposibilidad de aceptar que el ser humano es el peor enemigo de sí mismo. Esta mirada, la que nos lleva a cuestionarnos el origen de las guerras, o más bien las explicaciones que damos para poder digerir estas tragedias que nosotros mismos generamos, me deja en un lugar distinto frente a la tragedia de la cual fui testigo y víctima. A comienzos del nazismo, las víctimas eran aquellos alemanes que se oponían al régimen. Los primeros campos de concentración fueron para terminar con comunistas, socialdemócratas –éstos constituían una fuerza política muy importante en la Alemania de preguerra– y con aquellos integrantes del propio partido nazi que ejercían alguna oposición interna. Las víctimas del nazismo no fueron sólo judías. A ellas se sumaron los gitanos, los testigos de Jehová, pueblos eslavos, aquellos llamados pueblos asiáticos de la Unión Soviética considerados pertenecientes a razas inferiores y las elites política, intelectual y cultural de Polonia y de la Unión Soviética, incluyendo a numerosos miembros de la Iglesia Católica. El nivel de autodestrucción del pueblo alemán no tuvo límites. En 1942 un joven alemán de 17 años, Helmuth Hübener, fue guillotinado por los nazis en la prisión de Berlín. Arrestado por la Gestapo por distribuir panfletos contra el régimen, fue sentenciado a muerte. La corte que lo juzgó tomó esa decisión basada en que el joven “mostraba una inteligencia superior a la promedio para un joven de su edad”. Por esta razón, debía ser castigado como un adulto. El juez que lo envió a la guillotina no fue juzgado, ya que murió unos días antes del final de la guerra, en un bombardeo. Actualmente un Centro Juvenil en la ciudad de Berlín lleva el nombre del joven alemán. Una historia que estremece. Una vez más, a pesar de los años que pasan, siguen siendo muchos los misterios que guardan las conductas humanas. Jack Fuchs Pedagogo y escritor. Sobreviviente de Auschwitz. Tomado: Página 12

13 nov. 2009

Reivindicando la figura de Pasionaria

Los comunistas nos reunimos en torno a la tumba de «Pasionaria» para decirle que estamos todos dispuestos a defender la dignidad democrática y combatir el revisionismo histórico. En un acto emotivo, de recuerdo y a la vez como mecanismo de fortaleza para afianzar nuestras ideas, un amplio grupo de comunistas acudió a la cita de hoy con «Pasionaria» en el vigésimo aniversario de su fallecimiento. Abrió el acto Javier Moreno, del Foro por la memoria, recordando que la memoria es un hecho reivindicativo. Hemos venido a decirle a Dolores que estamos aquí con ella, pero que nos falta mucho por hacer, que sigue habiendo muchas tumbas anónimas, que nos mantenemos en lucha porque las condenas del franquismo sean declaradas ilegales, que suenan hoy tambores de anticomunismo que debemos combatir, pero que estamos aquí dispuestos por dignidad democrática y peleando contra el revisionismo histórico. Maite Mola, emocionada, leyó el llamamiento pronunciado por Dolores Ibárrruri el 19 de julio de 1936 y que figura en todas las hemerotecas con el nombre de «No pasarán». Sobre dicho discurso ha realizado una actualización para centrarlo en este momento de hoy, sin que por ello haya perdido su vigencia, porque el capitalismo no pasará si todos unidos avanzamos hacial el socialismo y el comunismo. Tras ellas dos jóvenes madrileñas, Noemí y Carmen, se encargaron de leer el texto con el que Dolores abrió el XI Congreso del PCE en 1983 camino de la unidad, así como el poema que Miguel Hernández dedicó a «Pasionaria». Por su parte José Luis Centella se mostró orgulloso de que su primer acto oficial como Secretario General del PCE haya sido precisamente éste. Se preguntó de qué tenía que pedir perdón Dolores, tal vez por dedicar su vida a las trabajadoras y los trabajadores, por su entrega en la lucha por la libertad, por ser antifascista o por ser comunista. Son los que masacraron a la sociedad española durante la dictadura, los que se han enriquecido con el franquismo, quienes tienen que pedirle a ella perdón. No hay ningún motivo por el que los comunistas debamos avergonzarnos. Centella expresó el sentido entrañable e importante de este acto, con el que reivindicar la memoria de Dolores y también la de los y las camaradas que han dado la vida por el Partido. «Pasionaria» nos enseñó coherencia, nos llevó a la calle donde ella estaba siempre, con el pueblo, se mostró tierna para dar cariño a los que sufren sin perder su sobriedad. La sentimos cerca de nosotros, viva, como parte de la historia de la democracia de este país, porque no van a conseguir que las víctimas seamos consideradas como los verdugos, ni a dejar que los verdugos se conviertan en las víctimas. Tras el XVIII Congreso nos han tomado en serio porque nuestra ideas son fuertes y con futuro, porque somos el PCE vivo que puede construir el socialismo, mirando hacia la revolución y pensando en la defensa de los trabajadores, implicado en la lucha social como el Partido que Dolores y Pepe Díaz hicieron, en la guerra y durante la dictadura. Ésos son el esplendor, fuerza, orgullo y dignidad a recuperar. Centella habló de auto crítica sobre los errores cometidos. Pidió que no nos avergoncemos ni nos dejemos intimidar desde la prensa, como han intentado con la camarada Esther López Barceló. Avisó que el año que viene, con el 90 aniversario del Partido volveremos aquí, más fuertes, por el año de lucha y trabajo a nuestras espaldas, porque este capitalismo no trae soluciones bajo el brazo. Sólo el socialismo y el comunismo ofrecen compromiso de futuro, de lucha y de trabajo. Cerró el acto el Secretario General del Partido Comunista de Madrid, Juan Ramón Sanz, pidiendo simplemente que cantásemos «La Internacional» y que la recuperemos en todos y cada uno de los actos. Tomado de Partido Comunista de España

4 nov. 2009

La última Barricada contra Franco

La banda navarra publica un disco-libro dedicado íntegramente a la Guerra Civil y la represión franquista Enrique Villarreal, conocido por todos como El Drogas, sintió vergüenza. De su propia ignorancia. Lo reconoce sin ambages y con una sonrisa humilde, mientras pasea por un angosto camino de tierra que sube al monte Ezkaba. Debajo se ve Pamplona, cubierta por una transparente capa de neblina. Una txapela blanca. "Este monte fue la parte de atrás de mi casa toda la vida. Ahí detrás está mi barrio, la Txantrea. Nunca supe lo que había pasado aquí, en estas laderas. Imagínate cómo me sentí cuando empecé a hurgar un poco en todo aquello. Si he hecho este disco no ha sido por recuperar la memoria, sino para resarcirme de mi ignorancia", explica. El 22 de mayo de 1938, en plena Guerra Civil, los presos del bando republicano en el fuerte de San Cristóbal, situado en lo alto del monte Ezkaba, se sublevaron y lograron escapar. Eran más de 2.000 y el objetivo era llegar a Francia. El desconcierto era tal que la mitad decidió volver a sus celdas. 207 fugitivos fueron asesinados en los alrededores de Pamplona. El resto, más de 500, apresados de nuevo. Sólo tres lograron cruzar la frontera. Hoy el fuerte está abandonado, en ruinas. Hasta allí sólo suben los vecinos de la zona para pasear, andar en bici o hacer footing. En el antiguo foso de seguridad se ven restos de botellones, también una pintada: "La libertad herida por el fascismo". Desde niños, El Drogas y sus tres compañeros de grupo (Alfredo, Ibi y Boni) habían escuchado mil y una historias sobre el fuerte, leyendas exageradas que cumplieron su objetivo: tapar lo que verdaderamente había ocurrido en su interior, que era, como ocurre habitualmente, peor que cualquier desmesurada leyenda urbana. Tirando del hilo El Drogas conoció esta historia gracias al libro Fuerte de San Cristóbal, de Iñaki Alforja y Félix Sierra. El impacto que le produjo la lectura de los acontecimientos de aquel 22 de agosto le llevó a componer una trilogía de canciones que conforma el corazón de La tierra está sorda, el nuevo libro-disco del grupo navarro, dedicado íntegramente a la Guerra Civil y la represión franquista. Poco antes había devorado otra obra relacionada con la guerra fraticida española, La voz dormida, de Dulce Chacón, un libro que le afectó profundamente. "Unos capítulos los terminaba de leer con rabia, otros con lágrimas", confiesa el músico. A los pocos meses, El Drogas ya había leído medio centenar de libros sobre la Guerra Civil. El guitarrista Alfredo Piedrafita recuerda así el día en que decidieron hacer un disco conceptual: "El Drogas nos enseñó dos canciones, Por la libertad y Hasta siempre, Tensi, y propuso seguir tirando del hilo. Lo vimos como un reto, conseguir poner música a todo ese tipo de sensaciones y sentimientos que le había despertado la lectura de tantos libros". Luego llegaron las casualidades. El año pasado, en diversas entrevistas con motivo del lanzamiento de un recopilatorio por el 25 aniversario de la banda, El Drogas ya hablaba del proyecto, todavía embrionario, de hacer un disco sobre la Guerra Civil. "Semanas después, estaba paseando con mi hija por Pamplona y recibí una llamada de teléfono. Era Iñaki Alforja, autor de Fuerte de San Cristóbal". El investigador había oído una entrevista con Barricada por la radio y se ofreció a ayudarles. "Si quieres quedamos mañana, entramos dentro del fuerte y te explico in situ cómo fue la historia", le dijo al Drogas. Y allí fueron. Se colaron por un agujero de la parte trasera, "bastante difícil de escalar", y penetraron en las galerías donde se hacinaban los presos republicanos, enfermos de avitaminosis y tuberculosis, llenos de chinches y piojos, con raciones diarias de palizas. "No es lo mismo leer sobre un sitio que verlo con tus propios ojos. Después de haber leído el libro, estar en el lugar fue muy emocionante e ilustrativo". E inspirador. Allí mismo, El Drogas garabateó los versos de La estancia, dedicada al fuerte de san Cristóbal: "En este suelo me gusta soñar despierto / y romper las nubes que cierran hermético el techo. / Así corren los días y las noches miserables, yo sólo pienso en ti / acurrucado entre el frío y el hambre". Y más casualidades. Esa vieja que cada mañana pasaba por delante de la casa del Drogas, arrastrando su bastón y sin casi fuerzas para saludar, fue testigo en primera persona de otro siniestro episodio de la guerra: "Una cosa es lo que cuentan los historiadores y otra lo que te cuentan las personas. Esta señora, a la que llevo viendo toda la vida, era de Larraga, el pueblo de Maravillas Gamerco, una moceta de 15 años que fue violada y asesinada por soldados franquistas después de presenciar el fusilamiento de su padre". En La tierra está sorda, las mujeres y los maestros ocupan un lugar central. "Son dos colectivos que adquieren mucho protagonismo con la Segunda República y, por ello, fueron especialmente castigados con la llegada del franquismo". En Los maestros, El Drogas canta: "Dieron su vida y su sangre por dar al pueblo conocimiento". ¿Sirvió de algo el sacrificio? "Sirvió", concluye la voz de Barricada. JESÚS MIGUEL MARCOS - ARTIKA (NAVARRA) - Tomado de Público

19 oct. 2009

Vivir bajo las bombas

Lecciones para un presente y un futuro La Guerra Civil Española (1935-1939) y su secuela, el exilio, marcaron una etapa de la historia y de la cultura cubanas, con una repercusión que aún convoca al recuento y al estudio. Una cifra significativa de cubanos participó en esa contienda en calidad de voluntarios, integrando las Brigadas Internacionales. Algunas búsquedas documentales recientes permiten arriesgar la afirmación de que fue precisamente Cuba el país que contribuyó con mayor cantidad de combatientes a la defensa de la República. Quizá la figura que ha simbolizado con más claridad este aporte haya sido Pablo de la Torriente Brau, en quien se resume no solo la combatividad, el arrojo y la claridad política ante las implicaciones de aquella guerra, sino también la cualidad del creador que decide su compromiso histórico a favor de la supervivencia de la cultura, de la cual es fruto. En 1937 se celebró el Congreso Internacional de Escritores por la Defensa de la Cultura, que recorrió las ciudades de Madrid, Valencia y Barcelona, y en el cual nuevamente los intelectuales cubanos tuvieron una destacada representación en la presencia de Nicolás Guillén, Juan Marinello, Félix Pita Rodríguez y Alejo Carpentier quien escribiría en la introducción a sus crónicas (España bajo las bombas, Crónicas de España, Editorial Letras Cubanas, 2004): “Trataré, pues, de hacer un historial del Segundo Congreso Internacional de Escritores, llevando paralelamente una especie de cámara fotográfica destinada a fijar lugares y gentes, así como un micrófono para recoger palabras y sonidos. Citaré frases enteras de escritores o de poetas que supieron plasmar, mejor que yo, una frase o una emoción. Trataré de llevaros conmigo al frente de Madrid y a los campos de batalla de Guadalajara; a la sede de las Brigadas Internacionales y a los sótanos de la iglesia de San Francisco el Grande; citaré poemas y contaré anécdotas, porque nada de lo que se refiera a la España de hoy resulta exento de contenido humano.” El exilio provocado por la crueldad de la guerra y la represión de las fuerzas fascistas constituyó, en medio del drama de la destrucción y el desarraigo, otra corriente de rica savia para nuestra cultura. Poetas, filósofos, editores como Juan Ramón Jiménez, María Zambrano, Manuel Altolaguirre, entre muchos otros, dejaron una huella indeleble en la literatura, el arte y el pensamiento cubanos. Motivados por estas razones, y con el interés de regresar periódicamente a un acontecimiento que consideramos no ha agotado sus lecciones para un presente y un futuro signados por una creciente polarización, varias instituciones cubanas (Fundación Alejo Carpentier, Centro Dulce María Loynaz, Festival Internacional de Poesía de La Habana, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y la Sociedad de Beneficencia Andaluza) auspiciaron una jornada que, bajo el título “España bajo las bombas. Guerra civil y exilio. 70 años después” incluyó dos paneles que argumentaron sobre la actualidad de esos eventos, partiendo de la visión de dos creadores que los testimoniaron con relevantes sentido humano y valor artístico: Alejo Carpentier y María Teresa León. En el primer panel, “España bajo las bombas”, la Dra. Margarita Mateo Palmer realizó un análisis literario de las crónicas que, con el mismo título, Alejo Carpentier publicó en 1937 en la revista Carteles, y fueron escritas durante su estancia en España como participante del Congreso por la Libertad de la Cultura. Por su parte, la Dra. Ana Cairo argumentó sobre el vínculo raigal de Alejo Carpentier con la cultura española, y que la Guerra Civil contribuyó a acentuar. Por último, la licenciada María Sánchez dio a conocer algunos resultados de la investigación que realizó recientemente en los archivos del Kuomintern en Moscú, y que han permitido revelar información inédita sobre la presencia de los cubanos en las Brigadas Internacionales. El segundo panel se dedicó a enfatizar el decisivo papel que desempeñó la escritora española María Teresa León en el salvamento, a nombre de la República, de las riquezas artísticas del Museo del Prado, empresa que recogió en el testimonio La Historia tiene la palabra, publicado para la ocasión en los Cuadernillos Fe de Vida. Imagen y Palabra, del Centro Dulce María Loynaz. Se completó este abordaje con la proyección del documental Las cajas españolas sobre el salvamento del tesoro artístico durante la Guerra Civil. Este dossier pretende ofrecer una información general sobre esta jornada, incluyendo la transcripción de algunas de las intervenciones de los panelistas como Ana Cairo y Margarita Mateo, entrevistas con cubanos combatientes en la Guerra Civil Española, las cuatro crónicas que Alejo Carpentier publicó en Carteles, a las que se han sumado otras dos de particular importancia en el tratamiento de estos acontecimientos: “Abajo la inteligencia, viva la muerte”, y “La muerte de Miguel Hernández”. Daniel García Santos • La Habana Foto y artículo tomados de La Jiribilla
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