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19 dic. 2010

Carta de un ex iluso a Joaquín Sabina


Que desengaño
Hace un par de años, cuando advertí el nombre de Joaquín Sabina entre un grupo de infames arribistas hablando mierda sobre Cuba, pensé que se trataba de un error del responsable de redactar la nómina. Bertold Brech solía decir que quien ignora la verdad es un iluso pero quien conociéndola la llama mentira es un delincuente, y yo no tenía a Sabina ni por iluso ni por delincuente.

Resultó que la inclusión del cantautor no era un error y, dadas las circunstancias, preferí pensar que, simplemente, había tenido un mal día. En atención a ello le escribí una carta pública recordando al Sabina que, años antes, me emocionara con su vigoroso repudio a la invasión de Iraq y que fui construyendo con ayuda de sus propios textos.

La que sigue fue la carta que, con todo el afecto que se guarda a un artista querido, le escribí entonces:

“Si nosotros somos unos ilusos, ustedes son unos canallas”. De esta manera cerraba Joaquín Sabina un formidable artículo en rechazo a la primera invasión estadounidense a Iraq y al apoyo que aquella guerra de golfos había encontrado en el Estado español de principios de los noventa. Los que en la calle o en los medios expresaban su rechazo a la guerra eran acusados por el gobierno socialista de ser unos ilusos.

Joaquín Sabina, ni más listo ni tonto que cualquiera, igual seguía de flaco, igual de calavera, igual que antes de loco por cantar dando el cante hasta el día en que se muera.


Pero los tiempos cambian, el guión exigía cada vez más escenas de cama y, algunos años más tarde ya no era ayer sino mañana. Era la misma guerra, sí, y los mismos canallas pero, por el camino, se le quedaron largos los pantalones al viejo Peter Pan y, al final, hubo un iluso menos. Sé que no hay un canalla más.

Y lo sé porque al lugar donde se ha sido feliz siempre se puede tratar de volver, hacerse mayor con delicadeza y seguir deshojando la margarita que en el pasado fue la verdad primera.

Deja Sabina que esas mariposas que cazan en sueños los niños con granos se busquen otros perros que les ladren aplausos y adhesiones, que nada se te ha perdido a ti en las rebajas de enero. No permitas que labios sin ánima quieran quererte al contado, no te pases un pelo de listo, no inviertas en Cristo, no te hagas el tonto.

Sí, ya sé que, ahora, hasta las floristas te saludan, que has aprendido bailes de salón y te has vuelto un doctor en lencería, que suenan palmas por alegrías y que, tal vez, ya no te importa tanto salir con Simón de Cirene de tour por el monte Calvario, o que sigan ladrando los perros a las puertas del cielo.

Ahora tienes un alma que no tenías, un carné exclusivo de socio del pingüe negocio de la primavera, pero tú mismo, alguna vez, reconociste no saber que la primavera duraba un segundo. Hablo de cuando querías escribir la canción más hermosa del mundo, libre de los tontos por ciento, del cuento del bisnes, gracias a las clases que dabas en una academia de cantos de cisne, cuando no habías arriado tu bandera frente al cabo de poca esperanza, a la vuelta de un coma profundo.


Ahora que está tan lejos el olvido, ahora que te perfumas cada día y has quedado absuelto de la pena de aquellos 19 días y 500 noches, todavía estás a tiempo de volver a ser el pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo, el viejo truhán, capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera.

Es verdad que el corazón, a veces, queda cerrado por derribo, pero no la memoria, amigo mío, y espero me disculpes la confianza y el haber apelado a tus textos en cursiva porque aquí, en la calle melancolía, en una playa sin mar, donde la Magdalena, con tu primo Rosendo, te seguimos queriendo y esperando todos los que siempre estuvimos contigo, tu hispano-olivetti con caries, tu tren con retraso, tu Cantinflas, tu Bola de Nieve, tus tres mosqueteros, tu Tintín, tu yo-yo, tu azulete, tu siete de copas…

Así que vuelve a poblar el zócalo de ojos, vuelve a sembrar de migas el pan caliente, ponle al sordo voz y alas al cojo, bendice nuestro arroz, nuestro minuto como si no fuéramos cómplices del luto que, como bien dijo el poeta: “la belleza es un ramo de nubes que sube de dos en dos las escaleras”.

Desgraciadamente, aquel desbarre sigue teniendo réplicas. La última nos muestra al cantautor abrazado a Esperanza Aguirre, bailando con ella, con una de las más repulsivas expresiones de la inmundicia que gobierna este país. A cualquiera, a ti también, puedo disculparle su silencio, su cómplice neutralidad, su ausentismo, su mirar para otro lado tras de cada vileza… lo que no puedo Sabina perdonarte, ni siquiera en atención a lo mucho que te disfrutara en el pasado, es tu palabra, es que cuando, finalmente, te decidieras a salir del anonimato en el que refugiabas tus rentas, lo hicieras para brindar a un personaje tan siniestro como Aguirre uno de los reconocimientos que, sospecho, más oronda va a dejarla. ¿Qué has hecho Sabina de aquel cantante que quería escribir la canción más hermosa del mundo, libre de los tontos por ciento, del cuento del bisnes… cuando no habías arriado tu bandera frente al cabo de poca Esperanza? ¿Por qué has permitido que esas mariposas que cazan en sueños los niños con granos, a falta de otros perros, encontraran en ti quien les ladre aplausos y adhesiones?


Sé que más de alguno pensará que tiempo me ha costado caerme de la higuera pero tu música se había ganado su espacio en mi cabeza y, no obstante tus desbarres, tus principescos compadreos, seguía confiando en un golpe de timón que rescatara al pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo… de su naufragio. No ha sido posible. Por ello, Sabina, es que no sé si debo agradecerte que hoy haya un iluso menos, pero tampoco voy a felicitarte porque hoy haya un canalla más.

Koldo Campos Sagaseta

Tomado: Cronopiando.com

13 nov. 2009

"En la desesperación florecen las musas que me gusta cortejar"

Joaquín Sabina publica el martes 'Vinagre y rosas', su primer disco en cuatro años Cosas del azar. Camino de la entrevista, el taxista, sorprendentemente, sintoniza Radio 3 (y no la Cope). Es un chaval joven. "Si quieres escuchar buena música, sólo queda Radio 3. Lo demás es la música pastiche de siempre. O viejas glorias como el Sabina, que lleva 30 años haciendo la misma canción y con producciones horrendas. Estos últimos días lo ponen en todas partes", suelta airado el conductor. Porque sí: hay gente a la que no le gusta Sabina, empezando por el grueso de la generación indie, que lo ha ignorado, cuando no demonizado. Aceptando que el sonido de los discos de Sabina es convencional (en su favor hay que decir que en los últimos años tampoco se ha implicado mucho en esas lides) y que evolución, lo que se dice evolución, no ha habido mucha a lo largo de su discografía, es indudable que es un gran composiciones de canciones. Puede pecar de clásico, de monotemático y no pocas veces se le va la mano con los giros poéticos, pero ha escrito temas que están al alcance de pocos músicos."Ya, pero vive en otro tiempo. Se le nota que ya no escucha la música de ahora", continúa el taxista. Pues nada, comprobemos si tiene razón o no y se lo preguntamos al mismo Joaquín Sabina. Y artistas jóvenes, ¿le gusta alguno? "Estoy muy fuera de onda. Para mí los más jóvenes son los Pereza, que ya tienen más de 30. También Quique González, Concha Buika... Pero de ahí para abajo ya me pierdo, no sé lo que hay. No sé, tendré que hacer cola un día de estos para ver a los Jonas Brothers (risas). Pero no puedo opinar, porque por debajo de los 30 años no sé lo que está pasando". Pues premio para el taxista y, seamos justos, premio para la sinceridad de Joaquín Sabina, que recibe a Público en una especie de torreta acristalada con vistas deslumbrantes que corona un edificio del centro de Madrid. ¿El artista en su torre de marfil? Algo así, pero luego Sabina desconcierta en las distancias cortas. Uno se espera alguien seco, serio y distante, una personalidad rocosa y defensiva con tintes de divo. Sin embargo, de buenas a primeras inspira confianza (quién lo iba a decir después de escuchar temas como Mentiras piadosas o Y sin embargo). Es alguien cercano, acogedor, muy cachondo, permeable... Hasta ágil se le ve. Cuando uno se llama Joaquín Sabina, ¿cuesta encontrar a alguien que le lleve la contraria? Bueno, Benjamín Prado [con él ha escrito la mayor parte de canciones de su nuevo disco, Vinagre y rosas ] . "Yo no soy la caricatura del tipo del bombín. Ese es el que sale al escenario. Soy infinitamente más pie a tierra que eso, como sabe toda la gente que me conoce y que me llevan la contraria todo el tiempo. No tienen razón, pero me llevan la contraria (risas)". ¿Cómo ha sido ese matrimonio con Benjamín? "Como todos los matrimonios, sin sexo (risas). No, escribir a cuatro manos ha sido fantástico. Es algo que no había hecho nunca. Nos basamos en sus experiencias, porque atravesaba un bache sentimental gordo. Y tanto su bache como mi seca, porque era una época en la que no me venían canciones, las curamos juntos en Praga tomándonos unas copas y discutiendo cada coma". ¿Por qué no hay inspiración en su "felicidad doméstica"? "Yo casi todas las películas que veo son de un tipo que sale de la cárcel después de matar a no sé cuántos, y los versos que me encantan de César Vallejo suelen ser más vinagre que rosas, y las canciones de amor más hermosas son las más tristes. En la melancolía, en la amargura, en la desesperación florecen mejor el tipo de musas que a mí me gusta cortejar. La felicidad doméstica es cojonudo para vivirla, pero desde luego para contarla es un desastre." ¿Para qué sirve una canción? Bueno, las primeras que haces quieres que sirvan para follar. Y a veces, para qué te voy a engañar, sirven. Lo peor es cuando le sirven a otro. Cuando te dicen: ayer estuve echando un polvo escuchando una canción tuya. Pues no, las hice para follar yo (risas). Hace unos días apoyó un manifiesto en el que se pedía una salida progresista a la crisis. ¿Lo está haciendo mal Zapatero? Esa es una pregunta que no sé si puedo contestar. En su día hice lo de la ceja por miedo a la derecha y por un cierto apoyo a una política de buenismo progresista, pero ahora el momento es mucho más complicado y no sé si lo volvería a hacer. Pero desde luego, no me gustaría que este país lo gobernara la derecha, y menos esta derecha que tenemos. En todo caso, si me dijeran hoy que hiciera lo de la ceja diría que he quedado con una chica (risas). No es mala excusa. ¡La mejor! (más risas). ¿Qué crisis es peor, la económica o la creativa? La educacional. Estoy bastante horrorizado de ver el lenguaje que hablan los jóvenes, los grandes hermanos, los triunfitos y todas esa cosas. Esos programas donde parece que si no hablas con faltas de ortografía y eres analfabeto no te llaman. ¿Por qué ‘Vinagre y rosas'? Pues vinagre es el desamor y las rosas el amor. Me gustan los contrarios porque soy contradictorio. Dudo todo el tiempo. Guti hace coros en el disco. Siendo usted del Atleti, ¿es para que el Madrid siga perdiendo? Yo soy del Alcorcón, que quede claro (risas). Guti vino con los Pereza, que es amigo suyo. Y coincidió con Serrat. Era muy divertido verles hacer coros juntos. ¿Qué tal canta Guti? Mejor que Serrat (carcajadas). ¿El sarcasmo y la ironía no le van a abandonar nunca? Son instrumentos cosméticos para disfrazar que uno es un baboso ternurista. Y ahora se embarca en una gira mastodóntica, y esta vez sin Serrat a su lado. Sí, eso tiene un lado malo y un lado bueno. El bueno es que no tengo que darle la mitad del dinero a un catalán (risas). Y el lado malo es que estoy solo debajo del foco, cuando con Serrat nos apoyábamos uno al otro muchísimo. Jesús Miguel Marcos Tomado de Público
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