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23 ene. 2011

"Me transmite mucho más Marcos Ana que cualquier político"


Marcos y Antonio
'Público.es' estrena en exclusiva el documental 'Dorando las olas', un homenaje del grupo castellano manchego, Yeska, al poeta antifranquista
Marcos Ana, poeta y militante antifranquista, lucha con la palabra contra la injusticia que le llevó, como a tantos otros, a dar con sus huesos en la cárcel por motivos políticos. Tras ser detenido cuando tenía 19 años, no volvió a la libertad, "a la vida" como dice él, hasta noviembre de 1961. Fueron 23 años que lo convierten en el recluso que más tiempo permaneció en cárceles de la dictadura. Ayer, el poeta comunista alcanzaba los 91 y recibió un homenaje singular.

Los jóvenes integrantes del grupo Yeska le han rendido un tributo para agradecerle el ejemplo de lucha pacífica que encarna. Tienen 23 años, los mismos que Fernando Macarro Castillo (el alias de Marcos Ana es un homenaje a sus padres) pasó encarcelado.

El homenaje reviste forma de canción: Dorando las olas (Zoombidos films), un single del que se desprende la profusa admiración que sienten los jóvenes hacia el veterano poeta y que forma parte del documental con el mismo nombre que hoy estrena Público.es.

Estos jóvenes, curtidos en el rock nacional y con un disco editado, tienen muy presente la importancia de adquirir un compromiso social con el que llegar a sus coetáneos: "Queremos contribuir a hacer memoria las veces que haga falta", declara Antonio Abengoza (voz y guitara). "Muchos jóvenes de hoy en día no creen en los políticos porque no dicen nada. Por eso es importante fijarse en gente como Marcos Ana, que con sus ideales transmite mucho más".

Para Marcos Ana la venganza no es ni un ideal político ni un fin revolucionario. "Somos diferentes", subraya
La canción pretende recordar uno de los episodios más oscuros de la historia reciente, como fue la vida en las cárceles franquistas. "Hay mucha ignorancia en gente de mi edad pero también en los mayores, incluso en aquellos que defienden una determinada ideología sin conocer la tragedia por la que pasaron los que perdieron la Guerra", aclara Antonio.

Ni venganza ni rencor


El poeta comunista habla en el documental de su presidio con el sosiego que le da carecer por completo de rencor. Esta circunstancia es la que más ha calado entre los integrantes del grupo de Herencia (Ciudad Real), a quienes incluso les cuesta entenderlo: "Es complicado definir a una persona que pasó lo que pasó y que no guarde rencor", indica Jesús, batería y hermano de Antonio. "Siento admiración por él", remarca.

Para Marcos Ana la venganza no es un ideal político ni un "fin revolucionario" y deja claro que su marca es la distinción. "Somos diferentes", y para ilustrarlo evoca un episodio de su vida en prisión, cuando durante un interrogatorio un guardia le interpeló: "Vosotros, ¿por qué cojones lucháis?"; la respuesta: "Por una sociedad donde a usted no le puedan hacer lo que me está haciendo ahora a mi".

Por lo que lucha hoy en día el merecedor de la Medalla al Mérito en el Trabajo en 2010 es "porque salga el sol y caliente a todos por igual", confiesa Marcos Ana a la vez que pone en evidencia la falta de "memoria histórica de los vencidos", como consecuencia de la herencia que dejó la Transición. "Hay libertad, pero si no va ligada con la justicia es un fracaso. La transición dejó pendientes muchas cosas".

Para Julio A. Gallego (bajo y coros) el poeta "es un ejemplo a seguir"; "como el de otras tantas víctimas del franquismo", razona.

La letra del homenaje
La esencia del rock como música de revolución y de lucha unida a la poesía da como resultado "letras sencillas que llegan a más gente", considera Antonio. La clave, en palabras del productor, Fernando Madina, reside en que se ha compuesto "desde el corazón".

Javier, el guitarra, concluye llamando a la militancia: "Espero que luchéis como él"
"Rompías el silencio en servilletas pintadas". Yeska conoce bien la historia de Marcos Ana. La música les condujo al personaje y también por la música descubrieron a la persona. "Escuché unos versos de Marcos Ana en una canción de Extremoduro -Caballero Andante, de Rock Transgresivo -y a partir de ahí comencé a preguntar y a leer". La información que recabó la voz de Yeska le llevó a casa del protagonista. "Le llamé para decirle que iba a escribirle una canción y que quería saber más de su vida".

"Que quede claro que estos son hechos reales", arengan con aplomo desde otro de los versos del homenaje. Antonio ya conoce la historia trágica de la Guerra y la dictadura gracias a su familia y su pasión por la lectura —los planes oficiales de enseñanza nada le mostraron al respecto—. Por ello, cree importante destacar la autenticidad de la historia que narran en la canción.

"Quiero reflejar lo que se vivió en las cárceles con aquellos que no tenían culpa de nada más que de pensar". También por ello recuerdan el nombre de Ana Faucha, la mujer que cruzó España a pie hasta el penal de Valdenoceda (Burgos) para visitar a su hijo allí preso, y murió a las puertas de la cárcel sin llegar a verle.

En general, los versos se desencadenan entre su particular poesía y la militancia en derechos humanos. "La juventud respira todos tus colores. Aguante de lobo sediento de hambre. Libre como el árbol, que tanto dibujaste". Un arrebato lírico que no se puede entender sin el acercamiento que Yeska ha experimentado hacia la poesía del autor de Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida (Umbriel).

"Espero que luchéis, como él", reclama Javier Rubio (guitarra) para despedirse.

                                                                 La canción

Dorando las olas, a tu temperatura

hablan de una estrella que aún no tiene figura

mirando hacia el suelo, apagas un cigarrillo

Esta noche en la trena huele duro a castigo

Ha caído una saca cuando empezaba el día

Las suelas separan a los muertos de los vivos

La diferencia, no la marca el físico

Yo creo que a tí te conocí en Porlier

Y yo en el puerto de Alicante

Ya no me acuerdo... la última vez

Creo que intentabas escaparte

Rompías el silencio en servilletas pintadas

Y la musa no solo se tocaba

Recuerda amigo que el percal está muy duro

El respeto al verde siempre le quita orgullo

Que quede claro que estos son hechos reales

La juventud respira todos tus colores

Aguante de lobo sediento de hambre

Libre como el árbol que tanto dibujaste
Yo creo que a tí te conocí en Porlier

Traigo recuerdos de Ana Faucha

Ya no me acuerdo... la última vez

Creo que intentabas suicidarte
Yo creo que a tí te conocí en Porlier

Y yo en el puerto de Alicante

Toda tu vida fue una lucha fiel

Y sobre todo... aguantaste



Patricia Campelo  Madrid

Tomado: Público.es

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18 oct. 2009

Marcos Ana ya tiene una calle en Sevilla

Tras el acto oficial de su inclusión en el nomenclator, fue homenajeado por el PCA de Sevilla El Ayuntamiento de Sevilla aprobó en sesión plenaria a instancias de la Junta Municipal del Distrito Bellavista- Palmera, la rotulación de una calle a nombre del escritor comunista Marcos Ana. La propuesta nace del Grupo Municipal de IU y su inclusión en el nomenclátor se llevó a cabo en una calle del Distrito Bellavista – Palmera, cuya Presidenta de su Junta Municipal es Josefa Medrano. Fue ayer, 15 de octubre a las 19:00 h, donde Marcos Ana estuvo rodeado de amigos, compañeros y camaradas. Para el Grupo Municipal de IU "es un acto de justicia para con este luchador incansable que ha dedicado toda su vida a la defensa de las libertades, frente al fascismo y el franquismo, siendo el preso político desde el golpe de estado del 36 que más tiempo ha pasado en las cárceles de la dictadura". Posteriormente, su partido en Sevilla, el PCA, le rindió un homenaje tras el acto institucional en el Centro Cívico de Bellavista. Marcos Ana, poeta comunista (o comunista poeta) pasó 23 años de su vida en las cárceles franquistas por su compromiso inalienable con la causa de la II República y por conseguir la libertad en nuestro país. Tomado de La República

19 mar. 2009

“No confundir la amnistía con la amnesia”

Entrevista con Marcos Ana en el antiguo campo de concentración de Albatera, Alicante, España. Fernando Macarro Castillo, más conocido como Marcos Ana, nació en 1920 en Alconada, Salamanca. Su vibrante biografía inacabada le convirtió en ícono de la lucha antifranquista. Este poeta que se reivindica comunista, habla sin miedo ni rencores a pesar de los 23 años de prisión que purgó durante la dictadura de Franco por haber sido un joven comprometido con la República y la justicia social. Hoy su biografía publicada “Decidme cómo es un árbol”, con prólogo de José Saramago, le ha valido el interés de Pedro Almodóvar en llevar su historia a la pantalla. A sus 89 años, Marcos Ana sorprende por su humildad, temple y excelente condiciones físicas y mentales.
¿Su formación intelectual mayormente la hizo en la cárcel?
Marcos Ana: Yo era básicamente un analfabeto porque a los doce años me puse a trabajar, y fue através de la guerra (guerra civil española 1936-1939) y especialmente en la cárcel donde me formé culturalmente y políticamente. Llegó un momento en que las cárceles las convertimos en universidades, a pesar del terror y la situación en que vivíamos. Fue ya en la década del '50 en que comencé a escribir mis primeros poemas, primero lo hice quizás por llenar el vacío que había en la cárcel y después me di cuenta que era un arma más para luchar por la libertad mía y de mis compañeros. Sacaba mis poemas clandestinamente al exterior, como el náufrago que manda una botella al mar. Para mí fue una gran sorpresa cuando llegó un grupo de poemas míos editados en México.
¿Los poemas llevaban su nombre?
Marcos Ana: No podían llevar mi nombre verdadero, tenía que sacar mis escritos políticos y mis poemas con un nombre ficticio de la cárcel, como un homenaje a mis padres. A mi padre lo mató la aviación alemana durante la guerra civil en el año ´37; y mi madre murió de cárcel en cárcel siguiendo el calvario que sufrieron tantas mujeres y madres de los presos políticos españoles. Como un homenaje a ellos me puse Marcos Ana, el nombre de mi padre, Marcos, y el de mi madre, Ana; y ya ni mi familia me llama Fernando, ya todo el mundo Marcos Ana, Marcos Ana. Empecé a escribir en la cárcel con el apoyo de compañeros que me enseñaron la carpintería del poema.
¿Recuerda algún maestro de los que le transmitieron estos conocimientos?
MA: Si, por ejemplo Manuel de la Escalera, que era un hombre del Renacimiento, porque era escultor, pintor, poeta y al calor de él y otros como José Luis Gallego, un poeta conocido aquí en España, pues yo comencé a escribir. Hice un centenar de poemas que recorrieron el mundo y contribuyeron a mi libertad y la de mis compañeros.
¿Usted también conoció poetas latinoamericanos?
MA: Pues si, por ejemplo Neruda fue uno de los que encabezó mi campaña por América Latina, extendió mi nombre y defendió mi vida durante los años más inciertos; y Alberti también que estaba entonces en Buenos Aires.
¿Ellos colaboraban con el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE)?
MA: Si con el CISE, un centro que fundé en París y que lo presidía Pablo Picasso, y con él coordinamos la solidaridad en el mundo.
¿Cómo era Picasso?
MA: A Picasso no lo llegué a conocer personalmente, nos escribimos mucho; recuerdo que todos los meses me mandaba dinero con su barbero, quien era un personaje muy singular, Eugenio Arias. A Picasso le gustaba que le afeitaran todos los días, y este hombre tiene una fortuna, porque mientras lo estaba afeitando (a Picasso) dibujaba en el periódico o donde fuere. En Buitrago de Lozoya hay una exposición interesantísima con lo que le regaló Picasso al barbero; porque Eugenio Arias era de Buitrago. No llegué a conocerle personalmente y luego me he arrepentido, porque recuerdo que el barbero venía todos los meses a traernos dinero para el CISE, y siempre me decía: “dice el maestro que cuando le vas a ir a ver”, yo andaba siempre metido en una vorágine, en América Latina y otros sitios. Y luego me ha pesado mucho, porque a los demás si les he conocido. He conocido a (Louis) Althusser, a (Jean Paul) Sartre, a Louis Aragón y toda la gente más importante de la época del mundo cultural.
¿Qué nos puede contar de Jean Paul Sartre?
MA: Era un hombre que estaba comprometido, su mujer más aún (Simone de Beauvoir). Sartre era un hombre que su filosofía de la libertad y la transgresión estaba muy ligada a España. La causa de España fue como un hijo muy querido de Europa y del mundo. Por ejemplo una de las cosas que hice cuando salí en libertad, para dar una idea de la dimensión que había de la solidaridad con España, fue visitar la reina Isabel de Bélgica, porque ella firmó por la amnistía de los presos políticos, en mi libro (Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida) lo explico muy bien. En la entrevista con ella me preguntó y “que pasó cuando en la cárcel ustedes tuvieron noticias que yo había firmado por vuestra amnistía”; pues mire majestad, esa noche mil republicanos brindamos por una reina.
¿Cuál es la visión que tiene Marcos Ana hoy sobre la monarquía?
MA: Recuerdo cuando se produjo la muerte de Franco, escribí unas palabras que me las han refregado muchas veces, porque dije había que recurrir a un milagro de la genética política para admitir que una creatura de Franco naciera con vocación democrática. Bueno la monarquía no es nuestro régimen, nosotros queremos la república y luchamos por ella, pero hay que reconocer que la monarquía ha jugado un papel en la transición y ahora todavía... No es la forma de Estado que nosotros queremos, hay que luchar por la restauración de la República, por la III República. Pero los Borbones han procurado adaptarse siempre a las sitauciones. No soy monárquico, soy republicano y comunista.
Hoy vemos un resurgir del socialismo, el Socialismo del Siglo XXI se denomina en Latinoamérica, a partir de lo que ocurre en Venezuela, Bolivia, Ecuador. ¿Qué opina de estos movimientos?
MA: He estado ahora en nueve países latinoamericanos, creo que es algo que tiene una gran fuerza. Es una marcha que se está produciendo a ritmos diferentes, no es igual lo de Venezuela que lo de Brasil por ejemplo. Hay ritmos distintos pero una dirección única, hacia una verdadera independencia. Es muy interesante porque si las cosas cambiaran en aquel continente también la balanza mundial cambiaría de signo y de peso. Además esto se conjuga en estos últimos tiempos con la vuelta al marxismo, después de la debacle del sistema neoliberal capitalista, pues se ha demostrado el caos del sistema; la codicia que les ha llevado a inflar el globo, sin tener en cuenta la resistencia de la goma hasta que les ha explotado en las narices. Ahora se vuelve a Marx porque essas cosas ya las había previsto. He vuelto muy contento de América Latina, porque veo que es una corriente muy profunda, no es una cosa superficial.
¿Se puede hacer un paralelismo histórico entre lo que acontece en Venezuela y lo que vivió España en los ´30 durante la II República, con la diferencia que las FFAA en Venezuela apoya los cambios sociales?
MA: Claro, allí el golpismo no sería posible, el ejército mayormente está junto a Chávez y el pueblo. Yo he estado allí tres veces y ahora tengo que ir nuevamente porque hay un festival internacional de poesía en junio; y allí la lucha contra la pobreza ha sido lo principal y eso se ve. La gente que vive en las colinas y que no podía ni bajar al centro, empieza a tener luz eléctrica, sanidad, en fin la batalla contra pobreza es la principal que se está librando ahí, en medio de muchas dificultades porque la oposición tiene muchos medios y recursos y tratan de presentar a Chávez como un medio loco, un populista y tal, pero yo creo que no es así. Chávez ha sido capaz de recoger el sentimiento del pueblo.
Tomado de Rebelión

20 feb. 2009

“No sé si mis versos eran buenos o malos, sé que eran versos necesarios”

ENTREVISTA A MARCOS ANA, POETA
IGOR DEL BARRIO / ENCARNI IRUSTA
La vida de Marcos Ana es un poema colectivo de hombres y mujeres que, según Saramago, “cerrando los labios y los dientes bajo los extremos de la tortura, reinventaron la dignidad humana en los lugares donde, según el catón de los criminales, deberían acabar perdiéndola”.
Fernando Macarro Castillo nació en 1920 en una aldea salmantina, al regazo de una familia de jornaleros “pobrísimos”. Con seis años, de la mano de su hermana Margarita, viaja a Alcalá de Henares, donde se pone a trabajar, y a los 15 participa en el congreso que funda las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). La Guerra Civil marca su adolescencia: el 8 de enero de 1937 los junkers alemanes bombardean Alcalá y él recoge de entre los escombros el cadáver de su padre. Aunque aún es menor, decide enrolarse en la defensa de Madrid “como una manera de comprometerme más por la muerte de mi padre”. Y en 1939, tras escaparse del campo de concentración de Albatera, que retratara Max Aub en su Laberinto mágico, es detenido en Madrid, acusado de dirigir la JSU. No saldría de prisión hasta 1961, después de unas campañas internacionales clamando por su libertad, siendo el preso de la guerra civil que más años pasó entre rejas. Sus años de cautiverio, con dos sentencias de muerte a cuestas y sufriendo tras los muros la muerte de su madre a los pies de la prisión, nada más conocer la segunda de ellas (dictada tras presentarse como responsable de una publicación en la cárcel para festejar el Primero de Mayo de 1943), fueron siempre una demostración de dignidad.
En la cárcel fue el aliento constante de los demás presos, a quienes incitaba a levantar la cabeza y no bajar los brazos. Estuvo 22 años encarcelado, mientras sus versos salían como pájaros libres de la prisión, en boca de compañeros o escondidos entre papeles, hasta conseguir liberarle a él. Así se fue forjando este poeta –cuyo nombre es un homenaje a sus padres–, uno de los más humanos e íntegros que vio el siglo XX. Él recuerda: “El día en que salí en libertad, los compañeros se amontonaron a la puerta del patio y recuerdo que me decían: ¡no nos olvides! Eso que para ellos era una esperanza, para mí es un compromiso que yo cumpliré toda la vida. Porque allá donde voy, ellos vienen conmigo. Y por eso me siento un hijo de la solidaridad y dedico a ella todo mi tiempo”.
América Latina en el corazón
Al salir de prisión, cruza el charco para agradecer la solidaridad que le brindaron los pueblos latinoamericanos. Allí le espera un recibimiento multitudinario y conoce a Neruda, a buena parte del exilio español y a tantas otras figuras políticas y culturales que le hacen estrechar unos lazos inquebrantables.
“En las cárceles chilenas, uruguayas y argentinas –nos cuenta– pasaban mis poemas clandestinamente a sus prisiones y decían “¡como Marcos Ana hay que resistir!”, y no puede haber nada más gratificante que te digan esas cosas, que te dieras cuenta de que un papel que tú habías escrito en una prisión servía para alentar el corazón de otros, en circunstancias semejantes”. Y concluye: “No sé si mis versos eran buenos o eran malos, lo que sé es que eran versos necesarios, porque contribuyeron a movilizar al mundo por mis compañeros”.
La vida en la cárcel
Para Marcos Ana hubo dos partes en su vida en prisión. “La primera duró hasta el ‘44, que fue un periodo de supervivencia, donde no sólo morías en paredones de eje cución, sino que te encontrabas por la mañana cuando despertabas con compañeros al lado que habían muerto de hambre, o de frío, o producto de las torturas, o de infecciones... Fue una época terrible en la que te comías la hierba que salía entre las baldosas del patio. Y la segunda época es a partir de que el ejército soviético rompe el espinazo del ejército alemán en Stalingrado. Entonces los guardianes estaban desmoralizados, porque comprendían que la guerra no la iban a ganar ellos. Se acercaban a nosotros justificándose, y hablándonos mal de otros guardianes... Y así hicimos de la cárcel una universidad”.
En la cárcel vivían en comuna, perfectamente organizados entre compañeros, y se daba la paradoja de que “a veces, al salir a la calle, había quien quedaba completamente hundido en la soledad”. En Burgos, el poeta funda una tertulia, La Aldaba, de la que pronto nace su propia revista. “Allí empecé a escribir mis poemas”, apunta, “que luego los sacábamos por esos caminos milagrosos que abríamos en la noche de nuestras cárceles. Nunca publiqué en ninguna editorial; los que los sacaban a la luz eran los comités de solidaridad”. Con el tiempo, la ilusión y el esfuerzo, los reclusos consiguieron montar una obra de teatro sobre la vida de Miguel Hernández. “En la prisión luché mucho contra esa división entre presos políticos y comunes. Había entre los presos políticos una tendencia a menospreciarlos. Y ellos eran presos sociales, gente joven que estaba presa por haber robado un poco de pan.
Cambiamos la política allí y empezamos a incorporarlos en nuestras clases de cultura. Cuando comenzaron a dejarnos jugar al fútbol, yo creé el equipo de Los Aguilillas, que eran todo presos comunes, y nos llevábamos todos los campeonatos. Son presos sociales, producto de una situación como la que vivimos hoy”, apunta. “Y luego ocurrió el fenómeno de que muchos de ellos volvían a la cárcel al año, o a los seis meses, por trabajo clandestino”.
El árbol y sus frutos
“Yo sólo con una noche condenado a muerte podría escribir un libro (los ruidos, los pensamientos que tienes, una mosca, una hormiga… las gotas de agua cayendo en el silencio). La fuerza de las ideas era lo que me hacía sobrevivir”. Su libro Decidme cómo es un árbol recopila estremecedoras anécdotas sobre su vida. Manuel Vázquez Montalbán quería ser quien escribiera sus memorias.
Pero el destino quiso que el barcelonés encontrara la muerte antes de poder realizarlas. Y Marcos Ana se decidió a escribir el libro con la intención de que “el mensaje llegue. Es un libro que he hecho, no pensando en mis camaradas ideológicos, sino pensando en esa inmensa mayoría de gente que no nos conoce y que tiene de nosotros una imagen prefabricada durante años y años, y que algunas veces resulta infame. Y luego también pensando en la juventud, algo que a mí me obsesiona, porque si no logramos que las nuevas generaciones estén en contacto con nuestras ideas y recojan la bandera...”. Dice que cada día le escriben muchos jóvenes, muchos de ellos despolitizados, lo que para él es su pequeña recompensa. “Son más bien jóvenes asombrados”, dice. “Yo había vivido en el subsuelo de este país y ellos no conocían la historia”. Advierte con humildad que “la experiencia puede llegar a ser contrarrevolucionaria. Por eso tengo discusiones con compañeros de mi generación, porque pienso que no se ha encontrado un lenguaje para llegar a la juventud. Y si no actualizas tu experiencia, se convierte en un estorbo para los impulsos y la iniciativa de quien viene detrás. Además, les quieren hablar desde arriba, y enseñándoles los caminos…”.
Cuando salió de prisión tenía 41 años y, a pesar de haber sufrido una experiencia tan dura, mantenía intacto su corazón de niño. Una entrañable y estremecedora historia con una prostituta al salir a la vida ha dado pie para que Pedro Almodóvar se comprometa a hacer una película sobre su historia.
Tomado de Periódico Diagonal
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