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10 mar. 2012

Recorrido fugaz por la geografía literaria uruguaya


Horacio Quiroga, Mario Benedetti o Eduardo Galeano son escritores que regularmente se mencionan por sus cuentos, poesías o reflexiones y también para nombrar a su “paisito”, como sue­len llamar sus habitantes a Uruguay. País que en idioma guaraní puede sig­nificar “río de los pájaros” o “río de los caracoles”, pero que estaba habitado por indígenas charrúas, exterminados por los invasores españoles durante la colonización.

Oficialmente es la República Orien­tal del Uruguay y en el siglo XX se le conocía como “La Suiza de América” por sus logros en educación, salud e infra­estructura. La instrucción pública de Uruguay fue uno de los modelos que tomó el magisterio venezolano. De he­cho, con la llegada al país del pedagogo uruguayo Sabas Olaysola, se funda la Escuela José Gervasio Artigas, en Ca­tia, en homenaje al máximo prócer de esa nación. Poco después, bajo su guía, se crearía la Escuela Experimental de Venezuela, al final de los años 30.

Ariel

Que la educación haya sido una pre­ocupación en la Banda Oriental en los albores del siglo XX, se denota en Ariel, libro que José Enrique Rodó publicó en 1900, cuando apenas tenía 28 años, y que dedicó “a la juventud de América”.

Rodó postula “una concepción de la personalidad y, partiendo de ella, una visión del mundo, de la cultura, de la sociedad”, afirma Carlos Real de Azúa, para “alzarse frente al mundo y frente a los Estados Unidos, como símbolo ex­haustivo de todo sentido de cultura”, es­cribió el crítico Alberto Zum Felde.

“Teniendo yo la pasión, el culto de la confraternidad intelectual entre los hombres de América, le envío un ejem­plar de un libro mío que acaba de salir de la imprenta. Es, como Ud. verá, algo parecido a un manifiesto dirigido a la juventud de nuestra América sobre ideas morales y sociológicas. Me refiero en la última parte a la norteamericana. Yo quisiera que este trabajo mío fue­ra el punto inicial de una propaganda que cundiera entre los intelectuales de América. Defiendo aquí todo lo que debe sernos querido como latino-americanos y como intelectuales…”, escribió Rodó al ensayista venezolano César Zumeta.

Los escritores españoles Leopoldo Alas (“Clarín”) y Miguel de Unamu­no, aprobaron las reflexiones de Rodó. “Ariel, en su único ejemplar conocido por nosotros, andaba de mano en mano sorprendiéndonos”, expresó alguna vez el Premio Nobel de Literatura Juan Ra­món Jiménez, también español.

Ariel y Motivos de Proteo, de José En­rique Rodó fueron publicados en 1976 por la entonces recién fundada Biblio­teca Ayacucho, precedidos por Doctrina del Libertador, de Simón Bolívar, y del Canto General, de Pablo Neruda.

Rama

Ángel Rama fue un intelectual uru­guayo que se destacó por sus ensayos sobre cultura y literatura. Prácticamente fue confinado a Venezuela tras la negativa de la dictadura uruguaya de entregarle pasaporte. El 15 de septiem­bre de 1974 escribe en su diario: “No sé si paso a la categoría de ‘apátrida’ y deberé pedir a las Naciones Unidas que me reconozca como tal”. En 1977 se na­turaliza venezolano.

Fue uno de los directores fundadores de la Biblioteca Ayacucho, a la que le dio el impulso inicial porque sabía que no iba a durar mucho en ese cargo debido a sus discusiones con los demás direc­tores. Su obra La ciudad letrada; Gar­cía Márquez, edificación de una cultura nacional y popular, entre otros ensayos, merecen atención en las aulas universi­tarias latinoamericanas.

“Citando a Marx expresamente, Rama concibe la imaginación como fuerza transformadora, y todo discurso estético como portador de ideología”, es­cribió Tomás Eloy Martínez en el prólo­go de La crítica de la cultura en América Latina.

En 1959 formó parte del diario uru­guayo Marcha en la dirección de las páginas literarias hasta 1968. También vivió y trabajó en Estados Unidos –en las universidades de Maryland y de Princenton–, hasta 1983. Un año antes le negaron la visa de residente bajo el argumento de la vieja ley de McCarthy de considerarlo “comunista”.

La poetisa uruguaya Alicia Migdal lo consideró un “renacentista”: “Pocos en­sayistas como este uruguayo tuvieron tan cabal y detallado conocimiento de todas las literaturas y todos los procesos históricos de cada país de esta América. No se trataba sólo de información, ya que sólo con información no se piensa, se organiza y se concreta la Biblioteca Ayacucho […], un trabajo de equipo edi­torial que implicaba el conocimiento de quién es quién para cada trabajo, cada prólogo, cada edición. En esos años, que no superaron una década, se unificaron todos los intereses y saberes de Rama: el lector omnívoro, el crítico, el investi­gador, el editor, el docente, el hombre de empresa”.

Angel Rama murió en 1983, en Ma­drid, tras un accidente aéreo, en el que también perecieron su esposa, la escri­tora Marta Traba, y los escritores Jorge Ibargüengoitia y Manuel Scorza.

Quiroga

Horacio Quiroga nació en 1878 en Sal­to, Uruguay, “ciudad apacible de escasos miles de habitantes, distantes unos 500 kilómetros, tanto de Montevideo como de Buenos Aires, ciudades a las que se acostumbraba viajar descendiendo por el río Uruguay”, detalla Alberto Oreg­gioni, quien hace un repaso cronológico para la edición Cuentos, de Quiroga, de la Biblioteca Ayacucho.

Autor de Cuentos de amor de locura y de muerte (1917) propone en “El decálogo del perfecto cuentista” que se debe creer “en un maestro –Poe, Maupassant, Ki­pling, Chejov– como en Dios mismo”, es­critores que marcaron notable influen­cia en su narrativa.

La brevedad de los muchos cuentos de Quiroga tiene una explicación. “Luis Pardo, entonces jefe de redacción de Ca­ras y Caretas, fue quien exigió el cuento breve hasta un grado inaudito de severi­dad. El cuento no debía pasar entonces de una página, incluyendo la ilustración correspondiente. Todo lo que quedaba al cuentista para caracterizar a los per­sonajes, colocarlos en ambiente, arran­car al lector de su desgano habitual, interesarlo, impresionarlo y sacudirlo, era una sola y estrecha página. Mejor aún: 1.256 palabras”, rememora el autor de Cuentos de la selva en el artículo “La crisis del cuento nacional”.

Publicado en La Nación de Buenos Aires el 11 de marzo de 1928, Quiroga advierte: “El que estas líneas escribe, también cuentista, debe a Luis Pardo el destrozo de muchos cuentos, por falta de extensión; pero le debe también en gran parte el mérito de los que han re­sistido”.

Su vida estuvo marcada por la trage­dia. Su final no pudo ser de otro modo; al ser notificado que sufría de cáncer, ingirió cianuro el 18 de febrero de 1937 y murió al día siguiente en el Hospital de Clínicas en Buenos Aires.

Onetti

“El jurado del Premio Cervantes ha tenido en esta ocasión la quijotesca ocu­rrencia de otorgar esa gran distinción a alguien que desde su juventud estaba acostumbrado a ser un perdedor siste­mático, a un permanente segundón que hasta entonces sólo había pagado a pla­cé –o a colocado, como se dice en España– y que no tenía ninguna victoria en su palmarés”, dijo Juan Carlos Onetti en la recepción del Premio en 1980.

A pesar de sus palabras, “el perdedor sistemático” obtuvo el Premio Nacio­nal de Literatura de Uruguay 1959-1960 cuando solo había publicado media do­cena de novelas, y en 1972 escritores de diferentes generaciones, encuestados por el semanario Marcha, lo distinguie­ron como el mayor narrador uruguayo de los últimos 50 años.

Gracias al manuscrito de su primera novela, Tiempo de abrazar, conoció a Roberto Arlt en la sala de redacción del diario El Mundo. Allí, leyó el escrito de Onetti, frente a él y su amigo Italo Cons­tantini (Kostia). El siguiente diálogo lo relató en el prólogo de la reedición de El juguete rabioso, de Arlt:

“–Dessime vos, Kostia –preguntó [Arlt]–, ¿yo publiqué una novela este año?

–Ninguna. Anunciaste pero no pasó nada.

–[…] Entonces, si estás seguro que no publiqué ningún libro este año, lo que acabo de leer es la mejor novela que se escribió en Buenos Aires este año. Tene­mos que publicarla.”

Onetti no precisa la fecha de este en­cuentro, pero solo se conoce que Tiempo de abrazar apareció en 1974, 35 años des­pués de que se publicara su primera no­vela: El pozo. “En aquel tiempo Buenos Aires no tenía, prácticamente, editoria­les. Por desgracia. Hoy tiene demasia­das, también por desgracia”, escribió.

En Venezuela, la editorial Monte Avi­la reunió El pozo, Los adioses, La cara de la desgracia, Tan triste como ella y Para una tumba sin nombre y la publicó bajo el título de Cinco novelas cortas, en 1968.

Onetti respondía a cortapisas, como un credo: “Cuando yo me pongo a escri­bir es la hora de la verdad, y con la ver­dad no hay cuentos chinos. Acepto que mi literatura sea de esa manera, como la describen [sombría e impiadosa], pero no hay ninguna contradicción. Es aquel famoso ‘distanciamient’ del que hablaba Brecht. […] Pienso que la vida es así; si hay ternura, sale, si hay posi­ción política, sale, quiera o no lo quiera el autor. Pero esas cosas no hay que pro­ponérselas, van a aparecer solas, siem­pre y cuando estén en la vida.”

Marcha

En el mismo año que apareció El pozo, 1939, comenzó a circular el sema­nario político cultural más importante de Uruguay: Marcha. Su director, Car­los Quijano, logró reunir a la intelec­tualidad nacional, escritores y poetas que hacían de periodistas y viceversa: Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Onetti como secretario de redacción, Rama dirigiendo las páginas cultura­les, María Esther Guilio, Carlos Martí­nez Moreno, Alfredo Zitarrosa –que se destacaría como cantautor en el exilio en la década de los 70–, Hugo Alfaro, en­tre una larga lista.

Marcha fue cerrada por la dictadura cívico militar uruguaya en 1974. Qui­jano prosiguió su vida en el exilio, en México, y culminó una década después.

Finalizada la dictadura, en 1985 se crea el semanario Brecha con buena parte del antiguo equipo que acompañó a Qui­jano.

Benedetti

La poesía de Mario Benedetti está en las bocas de las recientes parejas, como si fuera escrita para ellos o por ellos. Y quizá no recuerden el nombre del bardo, ni cómo llegaron a sus versos, pero se­guro increparán con el mismo derecho que el personaje de El cartero de Neru­da, de Antonio Skármeta, cuando le dijo al poeta: “¡La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la usa!”

En sus cuentos y novelas, también en su poesía y su dramaturgia, se pasean las voces de las uruguayas y uruguayos, sus cotidianidades y nostalgias, exilios y desexilios. “Cuando uno llega a per­cibir que una calle no le es extranjera, solo entonces la calle deja de mirarlo a uno como extranjero”, escribió en Pri­mavera con una esquina rota.

Defensor inquebrantable de la revolu­ción cubana, también dedicó parte de su obra escrita para discutir sobre el papel del escritor y la revolución en Latinoa­mericana.

Sus primeras novelas, Quien de noso­tros y La tregua, así como los libros de cuentos Montevideanos y La muerte y otras sorpresas, entre otros, aparecie­ron bajo el sello editorial Alfa, de Benito Milla, quien llevó a cuestas su editorial a Buenos Aires en la década de los 60 y luego a Venezuela en los 70, donde está radicada actualmente.

“Cada vez que salía un libro de Bene­detti, Montevideo era un rebullicio. Las gentes hacían fila a las afueras de las librerías, antes de que abrieran, cuan­do sabían que llegaba un nuevo libro de Mario”, confesó hace un lustro de años, en Caracas, el editor sucesor de Alfa, Leonardo Milla.

Galeano

Primero fue dibujante y firmaba Gius, en vez de Hughes, lo que publicaba en el semanario socialista El Sol. Un automó­vil se fue contra su cuerpo de 19 años e hizo que lo dejara en coma. Al retomar conciencia y poder escribir, Eduardo comenzó a firmar con su segundo ape­llido: Galeano.

Las venas abiertas de América Latina desde el epígrafe tomado de la procla­ma insurreccional de la Junta Tuitiva en La Paz, 16 de julio de 1809: “…Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez…”, Galeano con una in­vestigación rigurosa advierte al lector que la historia oficial ha ocultado el cri­men y despojo al que fue sometido nues­tro pueblo americano.

“Yo fui un pésimo estudiante de histo­ria”, confiesa Galeano en Memorias del fuego, libro que no es una antología, ni testimonio, ni crónicas, pero sí es una contribución “al rescate de la memoria secuestra de toda América.”

Autor de textos literarios y de perio­dismo en sus inicios, consiguió un es­tilo personal a partir de su libro Días y noches de amor y de guerra, por el que obtuvo el premio Casa de las Américas, en 1978.

Uruguay

Nombrar Uruguay, es también decir Poemas de amor de Idea Vilariño, “con­siderado un clásico del género, pero cu­riosamente ninguno de los poemas fue incluido en la antología Poesía Amoro­sa Latinoamericana editada por Biblio­teca Ayacucho”, reclama con justeza la poeta venezolana Blanca Elena Pantin; la narrativa y poesía de Mauricio Ros­sencoff, rehén de la dictadura junto con Raúl Sendic, Pepe Mujica, entre otros militantes Tupamaros; el ahora novelista Ugo Ulive, pero que también es dramaturgo y cineasta; escritores emergentes o con recorrido, como Fer­nanda Trías o Tomás de Mattos, res­pectivamente.

Uruguay es la editorial Trilce ha­ciendo malabarismos para no dejarse torcer el brazo por el mercado; y es el ganador de Casa de las Américas Na­poleón Baccino Ponce de León, por su novela Maluco, que también “debió ganar el Rómulo Gallegos”, en 1991, llegó a decir en las aulas de la UCV Adriano González León. La lista es extensa, pero es mejor pasear por la Feria del Libro para ver qué nos trae Uruguay.

Raúl Cazal / AVN

Tomado: AVN.info.ve

15 sept. 2010

Como si estuviera

Foto:  Sandro Pereyra

En el 90º aniversario de Mario Benedetti, la Fundación que lleva su nombre anunció publicaciones y concursos.

Ayer Mario Benedetti hubiera cumplido 90 años. La Fundación Benedetti, que funciona desde la muerte del escritor, en mayo del año pasado, convocó a una conferencia de prensa en AGADU para anunciar varias novedades.

Para empezar, se lanzaron formalmente dos concursos. Uno de ellos, que inaugura el Premio Internacional Mario Benedetti, tendrá como objeto la distinción de ensayos sobre la obra del autor uruguayo. La elección del tema obedece a la intención de difundir la lectura profunda y novedosa de Benedetti, según Ariel Silva, ex secretario del escritor y actual gerente de la Fundación. Las próximas ediciones del premio no tendrán por objeto al autor de La tregua y se concentrarán en otros géneros (poesía, narrativa). El premio constará de 10.000 dólares y la publicación de la obra. El único jurado confirmado es la escritora y docente Sylvia Lago (también directiva de la Fundación), en tanto se están por confirmar algunos nombres extranjeros.

Además, Ricardo Casas, realizador del documental Palabras verdaderas, sobre la vida de Benedetti, consiguió promover desde la fundación un concurso de documentales sobre el mismo tema. Los proyectos seleccionados deberán pasar por un nuevo examen durante el festival Atlantidoc, donde se decidirá a cuál de ellos financiar con 30.000 dólares para que sea finalizado.

Las bases de ambos concursos se encuentran en www.fundacionmariobenedetti.org.uy.

Paralelamente, los escritores e investigadores Helena Corbellini y Alfredo Fonticelli están preparando una Guía Benedetti de Montevideo, que identificará con fotografías y mapas aquellos lugares clave en la biografía del autor, así como aquellos que integró a su ficción. Según Silva, el interés turístico del proyecto es evidente, ya que la Fundación recibe con frecuencia consultas de visitantes extranjeros que desean conocer cómo llegar a calles y edificios que Benedetti nombra en sus libros. “Todo dato que sea de interés para una lectura benedettiana de Montevideo nos  parece bueno”, dijo Corbellini a la diaria, y agregó que aún se está relevando la información para completar la guía.

Entre esos sitios benedettianos no podrá estar, todavía, la sede de la Fundación, que sigue sin encontrar casa definitiva. La idea es establecerse en el Cordón, en la zona de las facultades, para facilitar el trabajo con los jóvenes.

El Ministerio de Educación y Cultura, por su parte, se plegó al homenaje realizando el ploteado del poema “Pausa” en las ventanas del bar San Rafael. El escritor solía almorzar allí con su esposa y también concurría con amigos. “Incluso en los últimos días pedíamos comida de allí”, puntualiza Silva.

Póstumo
Asimismo, ya están en la calle dos “nuevos” libros de Benedetti. Biografía para encontrarme es un poemario que el escritor dejó terminado, aunque no llegó a hacer la revisión final de los 62 textos que integran la obra. “Él era muy riguroso. Tal vez podía haber cambiado algo, pero en todos los poemas que están ahí está el espíritu de lo que es el libro”, dijo Silva, que también es narrador.

La misma editorial, Planeta, publicó A imagen y semejanza, una selección de 80 cuentos de toda la carrera de Benedetti. En este caso, Silva actuó como antólogo (mandatado por Benedetti), para lo que utilizó como herramienta la experiencia acumulada como asistente del escritor. Basado en los autores más citados por su maestro y atendiendo a los consejos que daba a jóvenes escritores, Silva llegó a una definición benedettiana del cuento que aplicó luego a los más de trescientos relatos breves que produjo Benedetti. La idea fue que el resultado se acercara lo más posible a una selección hecha por el propio Benedetti. En el proceso, Silva percibió que el ordenamiento no debía obedecer a una cronología sino a nueve núcleos temáticos (“La oficina”, “La pareja”, “La muerte”, “Los niños”, “El tiempo”, “La verdad”, “La ironía”, “Los militantes de la vida”, “La vida de los militantes”), dentro de los cuales detectó evoluciones y variaciones.

Tomado: La Diaria

21 oct. 2009

´Siempre hay que defender la alegría en voz alta y con todos los medios´

Cantautor uruguayo. Mario Benedetti y Daniel Viglietti unieron sus voces allá por el año 1978 y desde entonces ya nunca se separaron. Tiempo después, el músico sigue unido al poeta a través de sus textos y de su legado humano. Las dos voces, ahora fundidas en una sola, regresarán esta noche, a las 20 horas, al Paraninfo y el jueves a la Sede de Cocentaina con un concierto organizado por el Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti. MARÍA POMARES ? Aunque parezca una paradoja, Benedetti estará más presente que nunca esta noche en el Paraninfo... Sí, es una situación impar en el sentido de que este concierto ya no será a dos voces como titulábamos nuestro recital y nuestro disco, sino a una voz, pero Mario estará presente a través de sus textos. A nivel personal, me sucede algo parecido, me siento sin Mario, pero también con Mario. La fuerza expresiva de su poesía, su ejemplo humano, su lealtad con los principios del humanismo hacen que, ausente su cuerpo, su obra siga trabajando y que, en mi caso, de algún modo, me siga acompañando como ocurrirá esta noche o como ya pasó anteriormente en México, Uruguay o Argentina. Al margen del trabajo "A dos voces" y el exilio, ¿qué más compartió con Mario Benedetti? La amistad sobre todo. Nos conocíamos desde finales de los años cincuenta, cuando él trabajaba en sus primeras obras literarias y yo, en mis primeras canciones, y ambos escribíamos en el semanario "Marcha". Luego, en 1978 nos encontramos en La Habana en medio del exilio, y descubrimos todo lo que teníamos en común. Poco después, nacía la idea de crear "A dos voces". Cuál es el retrato de Mario Benedetti que va a trazar esta noche en Alicante? Voy a recorrer diferentes trazos de los encuentros y los trabajos con él, y de las diferentes etapas de nuestra relación. También voy a acercar el recuerdo de gente que Mario admiró, y voy a incluir algún pasaje de amor porque él siempre luchó por defender la alegría como dice en uno de sus poemas. ¿La música siempre es el mejor aliado en esa defensa de la alegría? No sé si es la mejor, pero sí es cierto que la alegría siempre necesita que se la defienda en voz alta y con todos los instrumentos, y la música es uno de ellos, como la poesía. ¿Qué tiene Daniel Viglietti de trovador? El trovador es lo esencial en mí porque a través de la letra y de la música voy irradiando mensajes, pero no son mensajes informativos, sino cargados de emoción, aunque parece que ahora está fuera de moda. Siempre trato de decir ciertas verdades y reclamos pasados por la emoción de hacer un producto hermoso. No obstante, a veces al trovador le toca el hombre y le pide tiempo prestado, y otras veces es el comunicador el que pide ese tiempo. ¿Cómo se llega a esa fusión de música culta y popular que define su obra? Ése es un fenómeno del que no he sido demasiado consciente, pero yo lo definiría como una especie de mestizaje cultural. Quizás me venga de mis raíces. Mi madre, Lyda Indart, era pianista clásica y mi padre, Cédar Viglietti, era guitarrista y folclorólogo. Esas dos vertientes se me vinieron desde niño, de modo que es difícil separar todo eso. Su música siempre ha caminado de la mano de causas que ha considerado justas. ¿Hay algo más allá del compromiso? Todos estamos comprometidos, incluso Bush. El compromiso siempre está presente, lo malo es que, en ocasiones, es con el vacío, con la mentira, con la desigualdad o con el racismo. Ojalá todos estuviéramos comprometidos con la vida, con el cambio social, con la igualdad o con el camino hacia el socialismo verdadero. No obstante, la gran mayoría es gente linda y solidaria. Decía en una de sus canciones que "nunca oiremos tangos como los del tiempo aquél, pero hay que seguir cantando aunque ya no esté Gardel". ¿También aunque ya no esté Benedetti? Por supuesto. Es tal la miseria imperante en millones y millones de personas que la pregunta se contesta sola. Da vergüenza saber por cifras oficiales cómo se ha acrecentado la pobreza, y el abismo de desigualdad que existe, pero en América Latina no hay reservas para oponerse a eso, y de ahí se explica que haya gobiernos progresistas de diferentes estilos intentando hacer las cosas de otro modo. ¿Cómo se traducirá esa oposición en las elecciones del domingo en su país? Éstas son unas elecciones muy importantes porque, por un lado, votamos para que estos últimos cinco años de Gobierno progresista continúen y, por otro lado, hay dos plebiscitos, uno para que en las próximas elecciones los uruguayos residentes fuera del país puedan votar, y otro para anular la Ley de Caducidad y que así se pueda hacer justicia en este país con una ley que abarque a todos los terroristas de Estado de la dictadura. En "Canción para mi América" instaba a dar "tu mano al indio". ¿Sigue en vigor esa reivindicación en la actualidad? Por supuesto. Aunque esa canción es de 1961, sigue siendo necesario, como también lo es que seamos conscientes de que los pueblos indígenas nos sólo nos han dado la mano desde su lucha por la identidad o con experiencias como la zapatista en México o el Gobierno de Evo Morales, sino que nos han un abrazo de esperanza que está formando un tejido muy importante en América Latina. Tomado de Informacion.es

18 may. 2009

Muere el escritor uruguayo Mario Benedetti

El escritor uruguayo, Mario Benedetti, falleció este domingo en Montevideo a la edad de 88 años, tras padecer de una patología intestinal crónica que los últimos meses agravó su estado de salud.
"Falleció mientras dormía en su domicilio y en profunda paz. De a poquito dejó de respirar", dijo su secretario Ariel Silva, minutos antes que los medicos firmaran el acta que certificaba su muerte.
Luego de concerse la muerte del célebre escritor, el gobierno uruguayo decretó duelo nacional y dispuso que su velatorio se desarrolle con honores patrios desde las 12H00 GMT del lunes en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, sede del Congreso, señaló el vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa.El pasado 6 de mayo, luego de 12 días de hospitalización, el escritor fue dado de alta, ya que según informaron sus familiares, había "respondido excelentemente al tratamiento médico instituido, lo que determinó que se otorgara el alta a domicilio".
En aquel momento, se informó que el escritor se retiraba "estable, lúcido y que no requería otras medidas médicas salvo a las que era sometido antes de ser internado".
El escritor estuvo hospitalizado cuatro veces el año pasado en Montevideo debido a diversos problemas físicos.
En su última aparición pública, en diciembre de 2007, Benedetti fue condecorado con la Orden Francisco de Miranda por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en un acto que se celebró en la Universidad de la República, en Montevideo.
Ese día Benedetti, que ya presentaba un estado físico deteriorado, fue saludado con una ovación de varios minutos en una abarrotada sala de actos de la universidad.
Benedetti fue autor de más de ochenta libros de poesía, novelas, cuentos y ensayos, así como de guiones de cine, fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005).
Su última obra publicada, el poemario "Testigo de uno mismo", fue presentada en agosto del año pasado.
Antes de su último ingreso, Benedetti estaba trabajando en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es "Biografía para encontrarme".
Al conocerse de la noticia de su muerte medios internacionales resumieron la noticia con estas palabras: "El escritor Mario Benedetti murió hoy en Montevideo y dejó huérfana a la literatura uruguaya y latinoamericana de uno de sus poetas y narradores más prolíficos, venerado por generaciones por su ética social y su melancólico canto a la vida".
Benedetti abordó todos los géneros literarios, en los que reflejó una mirada crítica de izquierda que le llevaría al exilio y a ser, hasta sus últimos días, un firme detractor de la política exterior de Estados Unidos.
Sus poesías fueron cantadas por autores como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, Luis Pastor o Pedro Guerra, y sus novelas más famosas llevadas al cine, como "La tregua" (1974) o "Gracias por el fuego" (1985), a cargo del director argentino Sergio Renán.
Este exponente por antonomasia de la llamada generación uruguaya de 1945, la "generación crítica", nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, en el Departamento de Tacuarembo.
En 1928 comenzó sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo, donde, según contaba el propio Benedetti, gustaba de escribir en verso las lecciones e incluso sorprendió a sus maestros con un primer poema en ese idioma.
Antes de dedicarse a la escritura, Benedetti hizo de taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial, oficios que supusieron un contacto con la realidad social de Uruguay que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su escritura.
Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires y en 1945 ingresó en el semanario Marcha como redactor y publicó su primer libro, "La víspera indeleble", de poesía.
Residió en París entre 1966 y 1967, donde trabajó como traductor y locutor para la Radio y Televisión Francesa, y luego de taquígrafo y traductor para la UNESCO.
En 1968 fundó en La Habana el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, que dirigió hasta 1971, y encabezó el Departamento de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo, entre 1971 y 1973.
En los setenta desarrolló una intensa actividad política, como dirigente del Movimiento 26 de Marzo, del que fue cofundador en 1971 y al que representó en el Frente Amplio, coalición izquierdista que alcanzó el poder en 2005.
Su obra
En una época trepidante, el escritor uruguayo publicó obras como "Esta mañana y otros cuentos" (1949), "Poemas de oficina" (1956), "Ida y vuelta" (1958) y "La tregua" (1960).
En 1949 Benedetti avanzó en su carrera periodística con su labor en la destacada revista literaria Número, compaginando al tiempo sus tareas de crítico con una carrera imparable como escritor.
Con el golpe militar de 1973 renunció a su cargo universitario y se exilió, primero en Argentina y después en Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado.
Benedetti se instaló en Cuba en 1976 y un año más tarde se trasladó a Madrid, donde permaneció hasta 1985, cuando, con el fin de la dictadura uruguaya, puso fin a doce años de exilio.
Entre las obras de esta época aparecen "Letras del continente mestizo" (1967), "Inventario 70" (1970), "El escritor latinoamericano y la revolución posible" (1974) y "Con y sin nostalgia" (1977).
Su obra teatral "Pedro y el capitán" (1979) fue representada en Madrid en 1981 y un año después aparecieron sus "Cuentos" y la novela "Primavera con una esquina rota".
En 1984 publicó "Geografías" y "El desexilio y otras conjeturas" y tres años después, tras volver a Uruguay, se convirtió en miembro del Consejo Editor de la revista de izquierdas Brecha.
De 1985 data su colaboración con Joan Manuel Serrat en el disco "El sur también existe". A partir de entonces su producción es imparable, con títulos como "Despiste y franquezas" (1991), "La borra del café" (1993), "Andamios" (1996) y los poemarios "Mas acá del horizonte" (1997) y "La vida, ese paréntesis" (1998).
En la década siguiente aparecieron "El porvenir de mi pasado" (2003), "Memoria y esperanza, un mensaje para los jóvenes" (2004) y los poemarios "El mundo que respira" (2001), "Existir todavía" (2004) y "Vivir adrede" (2007), entre otros.
Numerosas distinciones
Benedetti recibió numerosas distinciones, entre ellas la Medalla Haydee Santamaría del 30 aniversario de la Casa de las Américas en La Habana (1989) y la Medalla Gabriela Mistral del Gobierno chileno (1996).
Además, el premio León Felipe de España a los valores cívicos (1997), el Iberoamericano José Martí y el Internacional italiano de Literatura La Cultura del Mar, ambos en 2001, año en que también fue nombrado "Ciudadano Ilustre de Montevideo".
El escritor, doctor Honoris Causa por universidades de España, Uruguay y Argentina, quedó viudo en 2006 de Luz López Alegre, con quien se había casado en 1946.
En 2007 fue condecorado con la Orden Francisco de Miranda en grado de 'generalísimo' por el Gobierno venezolano y en 2008 obtuvo el I Premio ALBA del Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para las Américas en la categoría de Letras.
TeleSUR - Efe- Afp
Tomado: Rebelión
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