7 sept. 2009

La OTAN bombardea la estrategia de Obama

Imágen AFP La muerte de cerca de cien personas, muchas de ellas civiles, en un ataque aéreo de la OTAN en Afganistán supone un nuevo revés para la estrategia que la Administración Obama quiere implantar en la zona. En un momento crítico para las fuerzas ocupantes, cada soldado o cada civil muerto tiene un efecto mucho mayor que cada combatiente enemigo aniquilado. Ese efecto se mide sobre todo en base a cómo oscila la balanza de apoyos de unos y otros. Así ha aparecido reflejado en diferentes encuestas. Por un lado, una vasta mayoría de los afganos y los paquistaníes consideran ahora mismo a las Fuerzas Armadas norteamericanas como el mayor riesgo para sus vidas y sus países. Por otro lado, la ocupación cada vez tiene menos apoyo dentro de la sociedad norteamericana, que empieza a encontrar cierto aire de familia entre esta guerra y otras anteriores en las que tuvieron que capitular, especialmente Vietnam. Desde esa perspectiva, el nuevo jefe militar norteamericano para la zona, el general Stanley McChrystal, informó recientemente a sus superiores en Washington de la estrategia que pensaba adoptar para reconducir la situación. A pesar de que su informe no se ha hecho público, sí transcendió que, según él, la muerte de civiles en ataques aliados suponía un grave perjuicio para esa estrategia, sobre todo porque vuelve a la población contra las tropas y les empuja a ayudar a la resistencia. Y es que durante el último año se ha repetido demasiadas veces la escena de ayer, con el agravante de que los ataques se han dado a uno y otro lado de la frontera entre Afganistán y Pakistán. McChrystal asumía que son este tipo de hechos los que les están haciendo perder la guerra. Otro problema añadido es que la espantada en Afganistán parece aún más complicada que en Irak. Y que los otros ejes de la estrategia de Obama, el político y el económico, están hipotecados por la decisiones de su antecesor. Sólo cabe revertir la situación abandonando la perspectiva imperial y escuchando propuestas que en este momento sólo defiende la izquierda local, sobre todo los grupos progresistas paquistaníes. Tomado de Gara

6 sept. 2009

El Muro

La palabra Muro se escucha con mayúscula por el que dividió a Berlín durante 28 años. Se lo llamó y llama todavía El Muro de la vergüenza, pero quedó muy atrás del que Israel construye en el territorio palestino ocupado: el alemán que erigió la ex URSS tuvo 155 kilómetros de largo, el israelí tendrá más de 700. La altura media del primero fue de 3,6 metros, la del segundo un máximo de 8 y su anchura podrá ampliarse ya que a uno y otro lado se cavan fosas de varios metros de profundidad, hay vallas electrificadas de alambre de púa, sensores térmicos, cámaras de video, torres de francotirador y carreteras para los vehículos israelíes de patrullaje, más una franja colchón de ancho variable. El 85 por ciento de este Muro se construye dentro de Cisjordania, a la que despoja del 9,5 por ciento de su territorio. “Es una locura”, calificó Roger Waters. El 19 de agosto pasado Naciones Unidas presentó en Jerusalén Este un corto narrado por quien fuera compositor, guitarrista, bajista, vocalista y fundador de Pink Floyd: se titula Walled Horizons (Horizontes vallados), dura 15 minutos y documenta los efectos que la construcción produce en cientos de miles de palestinos. “Me llena de horror la idea de vivir en una prisión gigantesca”, dijo Waters. Y escribió sobre el muro: “No al control del pensamiento” (www.fran ce24.com, 20-8-09). Puede verse en YouTube. La ONU promovió este acto para sacudir la memoria dormida de la comunidad internacional acerca de un hecho trascendente: el 9 de julio del 2004, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) –el tribunal supremo del mundo–- emitió una opinión consultiva en la que señala: “La construcción del muro que Israel, la potencia ocupante, está levantando en el territorio palestino ocupado, incluso en Jerusalén Oriental y alrededores, y el régimen asociado, se oponen al derecho internacional”. La CIJ señala que Tel Aviv debe desmantelar un muro que para el pueblo palestino entraña, entre otras cosas, “la destrucción o incautación de propiedad privada, restricciones a la libertad de circulación, confiscación de tierras de cultivo, corte del acceso a las fuentes de agua primarias” y constituye “una anexión de facto de territorio palestino” (www.icj.cij.org, 9-7-04). La resolución 62/181 de la Asamblea General de la ONU del 19 de diciembre de 2007 –entre otras– demanda a Israel “que cumpla plenamente las obligaciones legales mencionadas en la opinión consultiva” de la CIJ, es decir, la demolición del muro que “priva seriamente al pueblo palestino de sus recursos naturales”. Esta resolución fue aprobada por 166 países a favor –incluidos muchos que mantienen excelentes relaciones con Israel–, 7 en contra y 6 abstenciones (www.un.org, 31-1-08). Porque cabe preguntarse si esta construcción es para evitar atentados terroristas, como aduce Tel Aviv, o persigue otros fines. La CIJ subraya que “Israel no puede invocar el derecho de legítima defensa o un estado de necesidad a fin de eludir la ilegalidad del muro”. La idea del Muro es, en realidad, muy anterior a la primera intifada palestina, de 1987, y a la segunda, del 2000: ya en 1950 el parlamento israelí promulgó la llamada Ley del Ausente, que permite al Estado apoderarse de toda propiedad palestina que no ha sido utilizada durante un determinado período. Israel se ha quedado así con la tierra de miles de palestinos en razón de los retenes y las dificultades de circulación que el Muro acentúa gravemente. Y luego: Ron Nahman, alcalde del amplio asentamiento de Ariel, ubicado 22 kilómetros adentro de Cisjordania, declaró a la prensa israelí que “el mapa de la valla es el mismo mapa que vi en cada visita que Arik (Ariel Sharon) nos hizo desde 1978” (www.americanfreepress.net, 19-12-03). Tel Aviv no esperó a que se produjeran los atentados terroristas contra civiles israelíes que acompañaron a las intifadas y el objetivo final del muro es la anexión de hecho del territorio palestino ocupado desde 1967. “Los que intentan confundir y dicen que la valla no representa una línea política, no saben de qué están hablando”, declaró sin vueltas David Levy, presidente del consejo de colonos del valle del Jordán, al periódico israelí Yedioth Ahronoth (www.gush-shalom.org, 23-5-03). “Cada quien juega este doble juego –agregó– y es conveniente para todos. Por eso estoy a favor de la valla, es obvio que nos ubicará adentro (de Israel).” El valle del río Jordán corre a lo largo de toda la frontera de Cisjordania con Israel y está poblado de asentamientos israelíes ilegales. El corto del que participa Roger Waters recoge el testimonio de un palestino que vive a un lado del Muro y perdió su tierra porque está del otro. También el de una palestina cuyos niños no pueden ir a la escuela por idéntica razón. El Muro separa a matrimonios y a padres de sus hijos. Entre otras cosas que violan los derechos humanos del pueblo palestino y los pactos internacionales de los que Israel es Estado Parte. La palabra Muro se escucha con mayúscula por el que dividió a Berlín durante 28 años. Se lo llamó y llama todavía El Muro de la vergüenza, pero quedó muy atrás del que Israel construye en el territorio palestino ocupado: el alemán que erigió la ex URSS tuvo 155 kilómetros de largo, el israelí tendrá más de 700. La altura media del primero fue de 3,6 metros, la del segundo un máximo de 8 y su anchura podrá ampliarse ya que a uno y otro lado se cavan fosas de varios metros de profundidad, hay vallas electrificadas de alambre de púa, sensores térmicos, cámaras de video, torres de francotirador y carreteras para los vehículos israelíes de patrullaje, más una franja colchón de ancho variable. El 85 por ciento de este Muro se construye dentro de Cisjordania, a la que despoja del 9,5 por ciento de su territorio. “Es una locura”, calificó Roger Waters. El 19 de agosto pasado Naciones Unidas presentó en Jerusalén Este un corto narrado por quien fuera compositor, guitarrista, bajista, vocalista y fundador de Pink Floyd: se titula Walled Horizons (Horizontes vallados), dura 15 minutos y documenta los efectos que la construcción produce en cientos de miles de palestinos. “Me llena de horror la idea de vivir en una prisión gigantesca”, dijo Waters. Y escribió sobre el muro: “No al control del pensamiento” (www.fran ce24.com, 20-8-09). Puede verse en YouTube. La ONU promovió este acto para sacudir la memoria dormida de la comunidad internacional acerca de un hecho trascendente: el 9 de julio del 2004, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) –el tribunal supremo del mundo–- emitió una opinión consultiva en la que señala: “La construcción del muro que Israel, la potencia ocupante, está levantando en el territorio palestino ocupado, incluso en Jerusalén Oriental y alrededores, y el régimen asociado, se oponen al derecho internacional”. La CIJ señala que Tel Aviv debe desmantelar un muro que para el pueblo palestino entraña, entre otras cosas, “la destrucción o incautación de propiedad privada, restricciones a la libertad de circulación, confiscación de tierras de cultivo, corte del acceso a las fuentes de agua primarias” y constituye “una anexión de facto de territorio palestino” (www.icj.cij.org, 9-7-04). La resolución 62/181 de la Asamblea General de la ONU del 19 de diciembre de 2007 –entre otras– demanda a Israel “que cumpla plenamente las obligaciones legales mencionadas en la opinión consultiva” de la CIJ, es decir, la demolición del muro que “priva seriamente al pueblo palestino de sus recursos naturales”. Esta resolución fue aprobada por 166 países a favor –incluidos muchos que mantienen excelentes relaciones con Israel–, 7 en contra y 6 abstenciones (www.un.org, 31-1-08). Porque cabe preguntarse si esta construcción es para evitar atentados terroristas, como aduce Tel Aviv, o persigue otros fines. La CIJ subraya que “Israel no puede invocar el derecho de legítima defensa o un estado de necesidad a fin de eludir la ilegalidad del muro”. La idea del Muro es, en realidad, muy anterior a la primera intifada palestina, de 1987, y a la segunda, del 2000: ya en 1950 el parlamento israelí promulgó la llamada Ley del Ausente, que permite al Estado apoderarse de toda propiedad palestina que no ha sido utilizada durante un determinado período. Israel se ha quedado así con la tierra de miles de palestinos en razón de los retenes y las dificultades de circulación que el Muro acentúa gravemente. Y luego: Ron Nahman, alcalde del amplio asentamiento de Ariel, ubicado 22 kilómetros adentro de Cisjordania, declaró a la prensa israelí que “el mapa de la valla es el mismo mapa que vi en cada visita que Arik (Ariel Sharon) nos hizo desde 1978” (www.americanfreepress.net, 19-12-03). Tel Aviv no esperó a que se produjeran los atentados terroristas contra civiles israelíes que acompañaron a las intifadas y el objetivo final del muro es la anexión de hecho del territorio palestino ocupado desde 1967. “Los que intentan confundir y dicen que la valla no representa una línea política, no saben de qué están hablando”, declaró sin vueltas David Levy, presidente del consejo de colonos del valle del Jordán, al periódico israelí Yedioth Ahronoth (www.gush-shalom.org, 23-5-03). “Cada quien juega este doble juego –agregó– y es conveniente para todos. Por eso estoy a favor de la valla, es obvio que nos ubicará adentro (de Israel).” El valle del río Jordán corre a lo largo de toda la frontera de Cisjordania con Israel y está poblado de asentamientos israelíes ilegales. El corto del que participa Roger Waters recoge el testimonio de un palestino que vive a un lado del Muro y perdió su tierra porque está del otro. También el de una palestina cuyos niños no pueden ir a la escuela por idéntica razón. El Muro separa a matrimonios y a padres de sus hijos. Entre otras cosas que violan los derechos humanos del pueblo palestino y los pactos internacionales de los que Israel es Estado Parte. Juan Gelman Tomado de Página 12

4 sept. 2009

EE.UU. Odio y racismo contra la reforma de la sanidad

Retratos de Barack Obama como un Hitler, un proyecto de reforma asimilado al nazismo. Al otro lado del Atlántico el debate en torno a la reforma de la sanidad planteada por el presidente norteamericano ha tomado un giro surrealista y nauseabundo. En varios días, los actos de intimidación contra los cargos electos demócratas y los sindicalistas que apoyan el proyecto se han multiplicado en todo el país. En Georgia, el diputado demócrata afroamericano David Scott ha descubierto su nombre recubierto de una cruz gamada en el cartel de acogida de uno de sus despachos. En el Estado de Washington, el parlamentario Brian Baird ha recibido un fax mostrando a Obama caracterizado de “joker”, el enemigo de Batman. En la frente del presidente : una hoz y un martillo y la inscripción “Muerte a todos los marxistas. En el extranjero y en los Estados Unidos”. Detrás de estos actos racistas y esta retórica anticomunista, están los grupos de extrema derecha – en gran aumento- pero también la derecha republicana, Sarah Palin, la candidata junto a John McCain, ha acusado igualmente a Obama de querer instaurar “tribunales” donde los “burócratas” decidirían quién tiene derecho a ser curado y quién no. Semejante disparate parece delirante : la reforma plantea hacer obligatorio un seguro de enfermedad para todos los norteamericanos, de los que 46 millones (el 16% de la población) está privado. Pero para los opositores cuestiona los “valores americanos”, en particular la sacrosanta no-intervención del Estado. El proyecto es también ferozmente combatido por las compañías de seguros privados que se reparten el filón de las cotizaciones y fijan sus propias reglas de contratación. Redacción de L´Humanité Dimanche Traducción J.A. Pina Tomado de L´Humanité

Cayo Lara y su encuentro con el Rey Juan Carlos

Cayo Lara: "Si el rey me hubiera pedido el pin republicano se lo hubiera dado" El coordinador general de IU confiesa que Juan Carlos comprendió su petición de realizar un referéndum sobre la monarquía. El coordinador general de IU de Cayo Lara ha hablado sobre su visita a la Zarzuela y su encuentro con el rey. "El jefe del Estado nos invitó para conocernos, para hablar de los problemas de los trabajadores, de la crisis, de la banca, y sobretodo de la actitud del Gobierno que no está tratando bien la crisis y de la actitud del PP", asegura. Lara, como ya reconoció tras el encuentro con Juan Carlos de Borbón, le transmitió la posibilidad de modificar la Constitución y de realizar un referéndum para que el pueblo elija a su jefe de Estado, "con total normalidad", aclaró. Sobre la posibilidad de que llegue la III República Lara confesó: "él me dijo que comprendía la posición que defendíamos perfectamente pero no le hizo cambiar su concepción monárquica, como él tampoco cambió la mía republicana. Yo quiero que mis hijos puedan elegir a su jefe de Estado". Lara explicó que no le regaló el pin de la República que portaba pero "que si me lo hubiera pedido se lo hubiera regalado. ¿Sabéis cuanta gente agradece que un pin republicano haya estado en la Zarzuela?". Lara aseguró no estar rompiendo ninguna norma dando a conocer el contenido de la conversación con el rey. "Entra dentro de la normalidad". Subir los impuestos Además de hablar de un posible referéndum, también trataron la crisis económica. "Yo le dije que Zapatero no ha acertado con las medidas económicas y que está a favor de la banca, como la actitud del PP de que no se pueden subir los impuestos. Eso es demagogia". Lara cree necesaria una revisión fiscal al alza pero para las rentas más altas. El coordinar de IU matiza al respecto que "mucha gente se siente clase media cuando no son clase media". Hay que subir el IRPF a la rentas de más de 60.000 euros y eliminar privilegios como la Ley Beckham que tienen una importancia cualitativa más que cuantitativa. Sobre la ayuda de los 420 euros, cree que "son la gota de agua en el desierto que necesitan las familias para sobrevivir". Desde Izquierda Unida se propone que la gente reciba la prestación pero que trabaje en los ayuntamientos para que no se algo caritativo. "Así el Estado recibiría dinero a las arcas de la seguridad", explica. Estado federal, republicano y solidario Otro de los puntos fundamentales en el programa del partido es el concepto de Izquierda Unida sobre las autonomías, el del Estado federal, republicano y solidario. "Así le transmitimos el concepto que tenemos de las autonomías". Lara, cree que si el Estatut no cumple la Constitución, es que "quizás había que cambiarla". Para Lara, existe un desequilibrio en la ley electoral que perjudica claramente a su partido aunque reconoce que los partidos nacionalistas no están sobrerrepresentados en el Congreso. "Las fuerzas de ámbito federal somos los perjudicados y por el interés de la democracia, por interés general del Estado". Sobre uno de los temas que está de actualidad, la presencia española en Afganistán, el coordinador de IU se muestra partidario de la retirada de la tropas en la región. Muy brevemente, Lara culminó su intervención en los Desayunos de la 1 recordando "los culebrones del verano", en referencia al PP. Sobre Dolores De Cospedal y su boda dijo que en su opinión los políticos tienen "adaptar la vida personal a la agenda política y no al revés", por el debate no celebrado en Castilla La Mancha debido a su enlace. Tomado de Público

Somos los piratas

Curioso el asunto de los piratas somalíes. Si nos guiamos por los diarios, vienen a ser algo así como el nuevo azote de la humanidad, después de la mafia rusa y las maras centroamericanas: durante el último año, han atacado o secuestrado un centenar de barcos y llevan cobrados casi doscientos millones de dólares en rescates. Se los tilda de sanguinarios e implacables, incluso de tener su propia agenda terrorista, aunque los pocos testimonios de rehenes de esos secuestros señalen lo contrario. El asunto no es nuevo. Según el libro canónico sobre los filibusteros, A General History of Piracy, atribuido durante mucho tiempo a Daniel Defoe (el autor de Robinson Crusoe), pero en realidad escrito por el marino Nathaniel Mist basándose en testimonios directos, los piratas se regían por un código que combinaba el honor y lo comercial, cuyo creador fue el famoso filibustero Morgan (premiado por la corona británica, cuando por fin se entregó, con la gobernación de Jamaica). Tanto Edward Teach, más conocido como Barbanegra, como las mujeres piratas Anne Bonny y Mary Read (quien se hizo embarazar cuando fue capturada para salvarse de la horca) se regían a rajatabla por ese código, en muchos aspectos menos despótico, económicamente más equitativo y de mayor tolerancia racial que el de las navieras esclavistas. Sostiene el historiador marxista Marcus Rediker que en todas las tripulaciones piratas había hasta un tercio de negros, quienes tenían derecho a usar armas, a votar y a cobrar su parte del botín. El capitán de un barco invadido salvaba su vida si todos los miembros de su tripulación aseguraban a los piratas que no era abusivo. Y, cuando los piratas tomaban un barco, elegían por votación al nuevo capitán, que representaba los intereses de la tripulación. Rediker sostiene que la piratería crece cuando el capitalismo avanza y el Estado retrocede y que los actuales piratas somalíes se parecen mucho a los de hace tres siglos: son violentos y peligrosos, pero no hacen daño a los rehenes que cooperan; se hicieron piratas para salir de pobres (recientemente, un pirata somalí declaró a Associated Press: “No nos consideramos ni la mitad de delincuentes que los que pescan ilegalmente en nuestras aguas, los que descargan desechos tóxicos en nuestras costas, los que venden armas y estimulan las guerras civiles en nuestro territorio”) y seguramente serán erradicados cuando un poder mayor decida que eliminarlos es más barato que tolerarlos, tal como lo demuestra sin proponérselo el capitán francés Patrick Marchesseau en su libro Prise d’otages sur le Ponant (“Toma de rehenes en el ‘Ponant’”). Me explico: Marchesseau es el capitán del “Ponant”, un velero de lujo del consorcio multinacional CMA-CGM con capacidad para setenta pasajeros, que hacía cruceros por el Mediterráneo durante el verano y por las islas Seychelles durante el invierno europeo. En marzo del año pasado, luego de reparar una avería en Madagascar, llevaba su nave sin pasajeros por el Golfo de Adén, rumbo al canal de Suez, cuando fueron secuestrados por piratas somalíes. A bordo del “Ponant” iban sus treinta tripulantes (la mayoría de ellos no eran marineros, sino personal de hotel, incluyendo a siete mujeres) y fueron presa fácil de los piratas que los abordaron desde un bote Zodiac, a punta de Kalashnikov. Marchesseau alcanzó a enviar una señal de socorro a los buques de la marina francesa que patrullan las aguas de la zona (parte del operativo antiterrorista internacional Enduring Freedom, que incluye desde cruceros de guerra hasta portaaviones con misiles, helicópteros y comandos paracaidistas, de banderas norteamericana, canadiense, inglesa y francesa). Luego de revisar el barco en busca de armas y reunir a la tripulación en cubierta, el jefe pirata explicó en rudimentario inglés que no harían daño a nadie y que se irían en cuanto cobraran el rescate de tres millones de dólares. Ordenó poner proa a Ras Asir, en la costa de Somalia, hizo fondear el “Ponant” y procedió al inicio de las negociaciones, por radio, con la sede central de CMA-CGM en Marsella, mientras sus hombres desangraban dos ovejas en cubierta y asaban la carne para alimentar a los rehenes (aunque el “Ponant” tenía dos chefs a bordo y una bodega provista de todo tipo de exquisiteces). Las negociaciones duraron cinco días y el mismísimo Rodolphe Saadé, director ejecutivo de la CMA-CGM, estuvo a cargo desde Marsella, mientras se mantenía comunicado por línea directa con el presidente Sarkozy (Saadé fue uno de los mayores contribuyentes a su campaña). Durante esos cinco días, el “Ponant” fue vigilado de cerca por una fragata de guerra francesa y un portaaviones canadiense, cosa que no inmutó a los piratas. Marchesseau explica en su libro que el dinero del rescate lo iba a pagar la aseguradora de CMA-CGM y que, si bien la extorsión es ilegal para la legislación francesa, si el pago se realiza con dinero privado, no infringe la ley. Cuando por fin se autorizó el pago del rescate y una lancha a motor llevó el efectivo hasta el “Ponant”, los piratas liberaron su presa y partieron en su Zodiac rumbo a la costa, seguido por un helicóptero del portaaviones canadiense. Marchesseau y su tripulación fueron fletados en un avión de guerra directo a París: el propio Sarkozy los recibió en el aeropuerto, delante de las cámaras de TV, y anunció que los piratas habían sido atrapados por los canadienses, “con autorización del gobierno somalí” (que opera desde Kenia “debido a la falta de seguridad”). Marchesseau se tomó una licencia para escribir su libro y luego lo presentó por toda Francia. Cosa curiosa, la prensa lo trató como un simpático libro de aventuras, y así lo ve el propio Marchesseau, aunque en sus páginas explica como al pasar que, aunque los cuatrocientos barcos de la CMA-CGM (entre cruceros y cargueros) usen bandera francesa, están radicados en un paraíso fiscal del Pacífico Sur llamado Mata-Utu, donde no sólo no hay puerto de aguas profundas sino que la CMA-CGM mantiene allí únicamente una casilla de correos y una dirección de e-mail. La gran ironía de todo el asunto es que las compañías navieras que hoy piden protección son las mismas que durante años buscaron cualquier resquicio legal para evadir los impuestos y exigencias sindicales de su país de origen. Y precisamente por haber logrado una existencia más allá de las regulaciones y leyes nacionales, no podrían contar con ayuda de ningún Estado, si no fuera por la guerra sin fronteras contra el terrorismo iniciada por Bush. De todas maneras, como señala cándidamente Marchesseau en su libro, los consorcios navieros son por naturaleza muy adaptables: si los barcos que hoy las defienden se fueran mañana del Golfo de Adén, contratarían ellos mismos su servicio de vigilancia. Y si eso les resulta muy caro, les ofrecerán a los propios piratas somalíes que se encarguen de protegerlos (como hizo la corona británica con el pirata Morgan en 1675). De manera que la próxima vez que oigamos la canción de Los Auténticos Decadentes, ya sabemos a quiénes se están refiriendo. Juan Forn Tomado de Página 12

2 sept. 2009

Los obreros argentinos de Zanón expulsan definitivamente al patrón.

“Después de 9 años de combate, los empleados de la fábrica “recuperada” Zanón, en Argentina, han conseguido el reconocimiento legal de la gestión obrera de su fábrica. Una victoria ejemplar en plena crisis mundial” Se había convertido en uno de los símbolos de la resistencia a la fatalidad capitalista. En Argentina, los obreros de la fábrica de cerámica Zanón, rebautizada FaSinPat por “fábrica sin patrón”, acaban de ganar una batalla ejemplar : la asamblea provincial de Neuquen, en Patagonia, ha ordenado la expropiación de su antiguo patrón y declarado la fábrica “bajo control obrero”, lo que pedían los obreros desde hace años. El “sueño juvenil”, como explicaba Luis Díaz, uno de los obreros de la fábrica, el pasado junio, en el retrato que le dedicó nuestra revista (“HD nº 164, de 4 de junio de 2009), se ha convertido en realidad. Luis forma parte de la aventura desde el principio, en 2001 : mientras en el país, en bancarrota, se despide por todas partes, la solidaridad se organiza alrededor de los obreros de la fábrica Zanón, que había cerrado sus puertas a pesar de las importantes ayudas del gobierno argentino. Movimientos de parados, de sindicatos de la región acuden en su apoyo. Después de seis meses de movilización, los empleados deciden tomar el control de “su fábrica”, que vuelven a poner en marcha. En el país, centenares de fábricas son “recuperadas” de la misma manera. Zanón se mantiene. En ocho años, más de 200 puestos de trabajo se crearán, pero la fábrica debe afrontar regularmente las tentativas de expulsión como la de abril de 2003. Más de 3000 personas, venidas en solidaridad- de los sindicatos, movimientos sociales, universidades de la región y de otros lugares- impedirán el acceso a la fábrica. Hoy, “la utopía se ha convertido en realidad gracias a nueve años de lucha”, explica Pablo, uno de los obreros de la fábrica, aunque sabiendo que otros combates están a la vista. La decisión no arregla todo. Las modalidades de su aplicación serán igualmente cruciales porque los que se oponen a la expropiación no dejarán de utilizarlas para minimizar el alcance del “control obrero”. Chalotte Bozonnet Traducción J.A. Pina Tomado de L´Humanité

1 sept. 2009

Los costes humanos de la II Guerra Mundial

Se nos suele ofrecer una visión de la II Guerra Mundial que se compone sobre todo de escenas de batallas terrestres y navalesStalingrado, El Alamein, Normandía, Midway, protagonizadas por tanques, aviones, acorazados o submarinos. Pero si tomamos en cuenta lo que la guerra significó en términos de su coste en vidas humanas, que se cifra en torno a los 70 millones, su historia se transforma por completo . Lo primero que sorprende es descubrir que la supuesta contienda mundial fue, sobre todo, una guerra entre alemanes y rusos: de los 20 millones de militares muertos, 16 eran de los ejércitos soviético y alemán, mientras que las de los ejércitos de Francia, Reino Unido y EEUU, sumadas, pasan muy poco de un millón. De los 20 millones de militares muertos,16 eran de los ejércitos soviético y alemán Más importante aún es percatarse de que una de las características que distinguen esta guerra de las que se produjeron anteriormente en la Historia es el hecho de que hubo muchas más muertes civiles que militares: por lo menos dos de cada tres de los fallecidos en la guerra fueron hombres, mujeres y niños asesinados al margen de cualquier proceso legal, aniquilados en campos de internamiento o de trabajo, o víctimas del hambre causada por la contienda. Las batallas nos ofrecen espectáculos terribles: los 60.000 soldados alemanes muertos en Stalingrado y la destrucción producida en Kursk, la mayor batalla de todos los tiempos, en la que participaron millones de hombres, 13.000 tanques y 12.000 aviones. Jrushchov, que recorrió aquel campo días más tarde, recordaría toda su vida los centenares de tanques que empezaban a oxidarse bajo el sol del verano, después de haber ardido con sus tripulaciones dentro, y el olor a muerte que se extendía por todos lados. O la última gran batalla de la guerra, la de Okinawa , donde murieron 70.000 soldados japoneses y 12.000 norteamericanos y donde perecieron también más de 100.000 de los habitantes de la isla, atrapados entre el fuego de ambos bandos. Dos grandes carnicerías Y, sin embargo, estos no son más que episodios menores en comparación con las dos mayores carnicerías de la guerra, que fueron el holocausto nazi y el más olvidado, pero no menos atroz, de los japoneses en su intento de conquista del continente asiático . En el caso de los nazis, se habla siempre de los cerca de seis millones de judíos exterminados, pero se suele olvidar que no fueron las únicas víctimas, sino que hay que incluir, entre otros, a más de tres millones de prisioneros de guerra soviéticos que fueron internados en reductos vigilados, sin alimentos para sobrevivir. La Guía del Holocausto de la Universidad de Columbia admite que, en una definición amplia, se puede considerar que las víctimas del holocausto nazi fueron unos 17 millones. Mientras los crímenes nazis recibieron amplia publicidad al término de la guerra, no sucedió lo mismo con los de Japón, a quien se atribuyen de 20 a 30 millones de víctimas civiles, en especial de etnia china, pero que se benefició de una ocultación que favorecieron los norteamericanos, interesados en conseguir su colaboración en la Guerra Fría. En comparación con la amplia difusión de lo sucedido en campos como el de Auschwitz, se habló mucho menos de las atrocidades cometidas por los japoneses con los prisioneros de guerra y los civiles en los cruceros de la muerte y en unos campos de concentración en que se les obligaba a trabajos agotadores. O se habló mucho más de Mengele que del general Ishii Shiro, que dirigía el centro de investigación de armas bacteriológicas de Pingfan , cerca de Harbin (en Manchuria), conocido como "unidad secreta 731", donde un millar de investigadores japoneses experimentaron armas bacteriológicas con los presos chinos y practicaron la vivisección sin anestesia en seres humanos. Se decidió echar tierra sobre las responsabilidades de quienes habían participado en esta infamia y se les ofreció inmunidad a cambio de los resultados de sus investigaciones. Para satisfacer las demandas de venganza, se escenificó en Alemania una representación de castigo en el proceso de Núremberg, que dictó 12 sentencias de muerte, al igual que se hizo en otro proceso similar en Tokio. Pero la realidad fue que hubo poco empeño en castigar a los que habían cometido estos crímenes. Muchas sentencias de muerte a miembros de la Gestapo o de las SS fueron conmutadas al poco tiempo, de modo que algunos estaban a los pocos años en cargos directivos de las grandes empresas alemanas. Y los industriales, que se habían beneficiado explotando inhumanamente a los trabajadores esclavos, salieron bien librados. En especial los japoneses, que se niegan todavía hoy a pagar ninguna indemnización, alegando, como hace Mitsubishi, que es discutible afirmar que los japoneses invadieran China y que esta compleja cuestión debe dejarse para que la aclaren en el futuro los historiadores (en 2008 el general Tamogami, jefe de la fuerza aérea japonesa, sostuvo públicamente que la ocupación de territorios asiáticos la habían hecho para liberarlos del imperialismo occidental). Millones de expulsados Pero la existencia de estos casos de impunidad, de los que se beneficiaron sobre todo las clases dirigentes, no implica que la derrota no causara numerosas víctimas, de las que no se suele hablar y que no se agregan a las listas de las de guerra, como en estricta justicia debería hacerse. El mayor de los daños sufridos por los derrotados fue, en Europa, el del desplazamiento de civiles, en especial de alemanes, no sólo de las tierras ocupadas después de la conquista nazi, sino de regiones en que sus familias vivían desde hacía mucho tiempo. Todo comenzó con la despavorida marcha hacia el oeste de los que habitaban en la Prusia oriental, en Pomerania y en Silesia, ante el avance de los ejércitos rusos. En el verano de 1945, apenas acabada la guerra, cinco millones de alemanes habían participado en esta fuga. Y ése era tan sólo el comienzo. Lo peor fue la expulsión, en los tres años siguientes y de acuerdo con medidas aprobadas en Potsdam por las potencias vencedoras, de otros siete millones de hombres y mujeres que habitaban en Polonia , Checoslovaquia, Rumanía o Hungría. El coste total en términos de vidas humanas de esta sangrienta posguerra europea, como consecuencia de los malos tratos, violaciones, linchamientos y suicidios que sufrieron los expulsados, en especial los que vivían en Polonia y Checoslovaquia, puede haber sido de unos dos millones de civiles, sin contar otros tantos, o tal vez más, entre los soldados presos en manos de los vencedores. Japón se vio igualmente obligado a repatriar a cerca de siete millones, que no eran sólo los soldados, sino los numerosos civiles que se habían instalado en Corea, Manchuria y Taiwán. Esta mirada hacia atrás sobre los costes humanos de la II Guerra Mundial debería no sólo cambiar nuestra percepción del drama de esta guerra, sino hacernos más sensibles a los costes humanos de la violencia que reina hoy en un orden mundial desquiciado, que sigue cobrándose vidas humanas en los últimos 10 años, por ejemplo, unos cinco millones en el Congo ante la indiferencia general. Josep Fontana Tomado de Rebelión
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