13 nov. 2009

Reivindicando la figura de Pasionaria

Los comunistas nos reunimos en torno a la tumba de «Pasionaria» para decirle que estamos todos dispuestos a defender la dignidad democrática y combatir el revisionismo histórico. En un acto emotivo, de recuerdo y a la vez como mecanismo de fortaleza para afianzar nuestras ideas, un amplio grupo de comunistas acudió a la cita de hoy con «Pasionaria» en el vigésimo aniversario de su fallecimiento. Abrió el acto Javier Moreno, del Foro por la memoria, recordando que la memoria es un hecho reivindicativo. Hemos venido a decirle a Dolores que estamos aquí con ella, pero que nos falta mucho por hacer, que sigue habiendo muchas tumbas anónimas, que nos mantenemos en lucha porque las condenas del franquismo sean declaradas ilegales, que suenan hoy tambores de anticomunismo que debemos combatir, pero que estamos aquí dispuestos por dignidad democrática y peleando contra el revisionismo histórico. Maite Mola, emocionada, leyó el llamamiento pronunciado por Dolores Ibárrruri el 19 de julio de 1936 y que figura en todas las hemerotecas con el nombre de «No pasarán». Sobre dicho discurso ha realizado una actualización para centrarlo en este momento de hoy, sin que por ello haya perdido su vigencia, porque el capitalismo no pasará si todos unidos avanzamos hacial el socialismo y el comunismo. Tras ellas dos jóvenes madrileñas, Noemí y Carmen, se encargaron de leer el texto con el que Dolores abrió el XI Congreso del PCE en 1983 camino de la unidad, así como el poema que Miguel Hernández dedicó a «Pasionaria». Por su parte José Luis Centella se mostró orgulloso de que su primer acto oficial como Secretario General del PCE haya sido precisamente éste. Se preguntó de qué tenía que pedir perdón Dolores, tal vez por dedicar su vida a las trabajadoras y los trabajadores, por su entrega en la lucha por la libertad, por ser antifascista o por ser comunista. Son los que masacraron a la sociedad española durante la dictadura, los que se han enriquecido con el franquismo, quienes tienen que pedirle a ella perdón. No hay ningún motivo por el que los comunistas debamos avergonzarnos. Centella expresó el sentido entrañable e importante de este acto, con el que reivindicar la memoria de Dolores y también la de los y las camaradas que han dado la vida por el Partido. «Pasionaria» nos enseñó coherencia, nos llevó a la calle donde ella estaba siempre, con el pueblo, se mostró tierna para dar cariño a los que sufren sin perder su sobriedad. La sentimos cerca de nosotros, viva, como parte de la historia de la democracia de este país, porque no van a conseguir que las víctimas seamos consideradas como los verdugos, ni a dejar que los verdugos se conviertan en las víctimas. Tras el XVIII Congreso nos han tomado en serio porque nuestra ideas son fuertes y con futuro, porque somos el PCE vivo que puede construir el socialismo, mirando hacia la revolución y pensando en la defensa de los trabajadores, implicado en la lucha social como el Partido que Dolores y Pepe Díaz hicieron, en la guerra y durante la dictadura. Ésos son el esplendor, fuerza, orgullo y dignidad a recuperar. Centella habló de auto crítica sobre los errores cometidos. Pidió que no nos avergoncemos ni nos dejemos intimidar desde la prensa, como han intentado con la camarada Esther López Barceló. Avisó que el año que viene, con el 90 aniversario del Partido volveremos aquí, más fuertes, por el año de lucha y trabajo a nuestras espaldas, porque este capitalismo no trae soluciones bajo el brazo. Sólo el socialismo y el comunismo ofrecen compromiso de futuro, de lucha y de trabajo. Cerró el acto el Secretario General del Partido Comunista de Madrid, Juan Ramón Sanz, pidiendo simplemente que cantásemos «La Internacional» y que la recuperemos en todos y cada uno de los actos. Tomado de Partido Comunista de España

7 nov. 2009

El bondadoso ajusticiador

Pintura de Antonio Berni El próximo lunes 9 se cumplirán cien años de un suceso que conmocionó a Buenos Aires. Un joven ruso, de 18 años, había hecho volar por el aire con una bomba nada menos que al todopoderoso jefe de policía de Buenos Aires, coronel Ramón L. Falcón. El ejecutor era un anarquista llamado Simón Radowitzky y con su acción quiso vengar a sus compañeros asesinados el 1º de mayo de ese 1909, en la represión encabezada por el militar contra la manifestación de los obreros que recordaban las figuras de los cinco anarquistas condenados a muerte por la Justicia de Estados Unidos, por su lucha a favor de las ocho horas de trabajo. Un muchacho recién salido de la adolescencia, nacido en Rusia, y “además judío”, como señalaban las crónicas de nuestros diarios, se atrevía contra quien aparecía como el hombre de más poder en todo el país. El coronel Falcón había sido el mejor oficial del general Roca en el exterminio de los pueblos originarios en la denominada Campaña del Desierto. Además, había llegado a la fama en aquella Argentina conservadora como el represor de las huelgas de conventillos, llevadas a cabo por las mujeres inmigrantes que se negaban a pagar los aumentos constantes del alquiler por parte de los propietarios. El coronel Falcón demostró su hombría de bien y su título de coronel entrando a palo limpio en esos palomares de la miseria y del hacinamiento que eran los miserables domicilios de 140 habitantes por conventillo, que poseían un solo excusado como se llamaba a los retretes de aquel tiempo. Ya como Roca lo había llevado a cabo el 1º de mayo de 1904, Falcón imitó a su jefe ese Día del Trabajador y atacó a los setenta mil obreros que llenaban la Plaza Lorea. Las crónicas dirán luego que quedaron “36 charcos de sangre”. Fue un ataque feroz de total cobardía porque, sin aviso previo, el militar ordenó a la fusilería de la policía abrir fuego contra las columnas obreras. Pero los anarquistas no eran hombres de arrugar y guardar silencio. Desde ese momento dijeron que el tirano iba a pagar con su vida tamaña cobardía. Y fue así como ese joven ruso, Simón, se ofreció a no dejar impune el crimen del poder. Le arrojó la bomba a la salida de un acto en el cementerio de la Recoleta y tanto el coronel como su secretario fallecieron por efectos del explosivo. Cómo lloraron los diarios al dar la noticia, en especial La Nación. Había sido muerto uno de los pilares del sistema. La historia continuará con el destino de Simón. Lo apresarán. Le iniciarán juicio y lo condenarán a muerte, aunque él siempre sostuvo que era menor de edad. Para esos menores de edad y para las mujeres no había pena de muerte. Lo demostrará con una partida de nacimiento llegada de Rusia y será condenado a prisión perpetua. Como no tuvo éxito una huida preparada por sus compañeros anarquistas fue trasladado a Ushuaia, la Siberia argentina, donde todo preso iba indefectiblemente a morir. Más todavía, que cuando llegaba el aniversario de su atentado contra Falcón, se lo condenaba a estar una semana en un calabozo al aire libre, sin calefacción. Pero el “ruso” Simón se fue convirtiendo en el alma del presidio. El siempre daba un paso al frente en la protesta cuando a algún otro preso se lo castigaba o se cometían injusticias en el trato general. Fue durante toda su estada el verdadero “delegado” defensor de esos presos comunes. Y políticos. Por eso mismo se lo sometía a un tratamiento de terror. Pero el “ángel de Ushuaia”, como se lo llamaba, no daba su brazo a torcer sin temor a las represalias de los guardiacárceles. Los que lean La casa de los muertos o El sepulcro de los vivos, del gran escritor Fedor Dostoievsky, que describe las cárceles de Siberia, y sufren con los padecimientos de los condenados, no sospechan que en territorio argentino existió un lugar exactamente igual construido por Roca, de donde son muy pocos los que salieron con vida o retornaron a la sociedad con sus facultades mentales normales. Los anarquistas de todo el país siempre lo recordaron a Simón y lucharon en grandes jornadas de manifestaciones por su libertad. E intentaron un operativo como sólo los anarquistas sabían prepararlos. Lograron liberarlo y embarcarlo en un pequeño velero rumbo a Chile pero, cerca de Punta Arenas, guardias chilenos lo sorprenden y lo entregan nuevamente a las autoridades argentinas. La venganza será tremenda: Simón será encerrado durante más de dos años en una celda, aislado, sin ver la luz del sol y sólo a media ración. Pero en los círculos obreros y políticos, Simón gana cada vez más popularidad. Las calles de Buenos Aires y de otras ciudades tendrán pintadas con “Libertad a Simón” y su retrato aparece en las ediciones de todas las publicaciones libertarias. Mientras tanto, le envían dinero que se recauda en las fábricas. Pero Simón no lo aprovecha para su persona sino que lo reparte entre los enfermos del penal y la compra de libros para la escasa biblioteca de la cárcel. Los pedidos de indulto para el preso le llueven al presidente Yrigoyen, quien finalmente se lo otorgará en el 13 de abril de 1930. Simón había padecido veintiún años de prisión. Pero la reacción de los militares y de la prensa es muy grande contra la decisión del primer mandatario. De manera que el preso es traído por un barco de la marina de guerra hasta el Río de la Plata. Allí es obligado a trasladarse al buque de la carrera que une a Buenos Aires con Montevideo y de esa manera es expulsado del país hacia Uruguay. Allí, en la otra orilla, es recibido por manifestaciones obreras que le dan lugar en sus sedes y lo saludan como al mejor compañero. Al quedar libre, Simón recuerda a sus compañeros presos en Ushuaia y dirá: “La separación de mis compañeros de infortunio fue muy dolorosa”. Comenzará a trabajar días después como mecánico y más tarde se prestará a ser mensajero entre los anarquistas del Uruguay y de Brasil. Hasta que se acaba la democracia en la Banda Oriental y comienza la dictadura de Terra, quien ordena su detención. El anarquista es confinado en la isla de Flores. Allí las condiciones son pésimas. Debe dormir en un sótano. Permanecerá más de tres años en esas condiciones hasta que sus compañeros de ideas logran su libertad. Pero al llegar a Montevideo es apresado nuevamente y llevado a la cárcel. Hasta que, liberado de nuevo, decide marchar a España donde ha estallado la guerra civil con el levantamiento de los militares de Franco contra la República. Allá Simón formará parte de los grupos que lucharán contra los militares alzados. Pero no usará armas, oficiará de transportador de alimentos para las tropas del frente, principalmente para los soldados que están en trincheras. Hasta que llega la derrota del pueblo y Simón será uno de los tantos que marchará a Francia a refugiarse y de allí podrá embarcarse hacia México. En México pedirá trabajar en una fábrica de juguetes para niños. Así transcurrirán los últimos dieciséis años de su vida entre el trabajo y las charlas y conferencias que daba a sus compañeros de ideas. Siempre sostuvo, hasta el fin, que la gran revolución humana sólo la podía hacer el socialismo libertario, hasta lograr la paz eterna y la igualdad entre los pueblos. En la Argentina, los dueños del poder siempre trataron de ignorar esta figura que parecía salida de una novela de Dostoievsky. El que había alzado la mano para eliminar a un tirano y que en su vida posterior se comportó como un ser de bondad extrema y de espíritu de solidaridad con los que sufren. En la década del sesenta publiqué un estudio sobre este ser humano que titulé: “Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?”, en la revista Todo es Historia, que dirigía Félix Luna, fallecido hace unas horas. Siempre le agradeceré a Falucho Luna ese gesto, de permitirme publicar en sus páginas investigaciones sobre los héroes libertarios que actuaron en nuestro país en las primeras décadas del siglo pasado. Osvaldo Bayer Tomado de Página 12

6 nov. 2009

La lógica de la tortura sigue en pie

“Rendición extraordinaria”, o entrega extrajudicial, es el eufemismo que utiliza la Casa Blanca para referirse a un secuestro. Si no lo cree, pregúntele a Maher Arar, un ciudadano canadiense que fue “extraditado” por Estados Unidos a Siria, donde fue sometido a torturas durante casi un año. Esta semana, el Tribunal Federal de Apelaciones de Estados Unidos del Segundo Circuito Judicial, en la Ciudad de Nueva York, desestimó una causa entablada por Arar contra las autoridades gubernamentales (incluido el Director del FBI, Robert Mueller, el ex Secretario de Seguridad Nacional, Tom Ridge, y el ex Fiscal General, John Ashcroft) que presuntamente habrían conspirado para secuestrarlo y someterlo a torturas. Arar se encuentra hoy a salvo en Canadá, recuperándose junto a su familia. Pero con esta decisión el Poder Judicial está enviando una señal al gobierno de Obama de que no intervendrá para detener los brutales excesos de la “Guerra Mundial contra el Terrorismo” iniciada en la era Bush. Deja así intactas prácticas tales como la entrega extrajudicial, la tortura y el empleo del ‘privilegio del secreto de Estado’ para ocultar estos crímenes. La trágica odisea que protagonizó Maher Arar es uno de los casos más conocidos y el que más a fondo se ha investigado de las víctimas de la “rendición extraordinaria” practicada por Estados Unidos. En el año 2002, Arar fue de vacaciones a Túnez junto a su familia. El 26 de septiembre, cuando viajaban de regreso a Canadá, al hacer escala en el aeropuerto internacional JFK, en la ciudad de Nueva York, Arar fue interceptado antes de que pudiera abordar su avión y quedó detenido por averiguaciones. Le tomaron las huellas digitales y fue registrado tanto por oficiales del FBI como del Departamento de Policía de Nueva York. Cuando solicitó un abogado, le dijeron que no tenía ningún derecho. Luego fue trasladado a otro lugar, donde se lo mantuvo incomunicado, sin comida ni asesoramiento jurídico, y se lo sometió durante dos días a interrogatorios agresivos. En los interrogatorios se le preguntó sobre su supuesta afiliación a diversos grupos terroristas, y sobre Osama bin Laden, Irak y Palestina, entre otras cuestiones. Al cabo de esos dos días fue llevado encadenado a un centro de detención federal de máxima seguridad de Brooklyn, ciudad de Nueva York, donde fue sometido a un cacheo al desnudo y amenazado con ser deportado a Siria. Arar pidió que no lo deportaran a Siria, su país de origen, porque allí seguramente sería torturado. Pero, tal como argumentarían posteriormente los abogados de Arar, eso era precisamente lo que sus captores esperaban que pasara. Finalmente se le permitió a Arar hacer una llamada y pudo comunicarse con su suegra, que le consiguió una abogada y la visita de un funcionario del Consulado canadiense. Durante casi dos semanas las autoridades estadounidenses lo amenazaron con la expulsión a Siria si no confesaba sus vínculos con el terrorismo. Pero no lograron obtener la confesión que buscaban. Arar negó una y otra vez tener algún tipo de relación con el terrorismo. Hasta que un fin de semana, en medio de la noche fue llevado a la fuerza y encadenado a un jet privado contratado por la CIA y, sin ningún tipo de trámite migratorio ni una llamada a su abogada o al Consulado canadiense, fue trasladado a Jordania, donde fue entregado a las autoridades sirias. Durante 10 meses y 10 días, Arar permaneció encerrado en una oscura, húmeda y fría celda del tamaño de una tumba. Fue azotado con gruesos cables eléctricos y golpeado reiteradamente; lo obligaron a escuchar las torturas a otros prisioneros; lo mantuvieron sin comida; y lo amenazaron con choques eléctricos y otras atrocidades. Cuando ya no aguantó más la tortura, mintió y confesó que había sido entrenado como terrorista en Afganistán. Un buen día, después de casi un año, fue liberado de repente y entregado a Canadá, con casi 20 kilos menos y emocionalmente quebrado. El gobierno canadiense, bajo la conducción del Primer Ministro conservador Stephen Harper, realizó una investigación, en la que determinó su propia culpabilidad por haber entregado información inexacta al FBI, y llegó a un acuerdo con Arar, que consistió en una disculpa y una compensación de 10 millones de dólares. El gobierno estadounidense, por su parte, no ofreció disculpa alguna. Ni siquiera eliminó a Arar de la lista de sospechosos de terrorismo. Arar tiene prohibido el ingreso a Estados Unidos y hace dos años tuvo que prestar un testimonio ante el Congreso a través de una videoconferencia. Arar dijo: “Estos últimos años han sido una pesadilla. Poco a poco, desde que volví a Canadá, mis heridas físicas han ido sanando; pero sigo sufriendo a diario las secuelas mentales y psicológicas que me dejó esa terrible experiencia. Sigo sufriendo de pesadillas y revivo constantemente lo que padecí. No soy la misma persona que era antes. Mi deseo es poder trasmitir al mundo lo frágil que se han vuelto nuestros derechos humanos y cuán fácilmente los mismos gobiernos que han jurado protegerlos nos los pueden usurpar.” Dados los excesos del gobierno de Bush y las promesas de cambio de Barack Obama, muchos se han sorprendido de que estas políticas continúen en pie y que el Congreso y el Poder Judicial no hayan cerrado este capítulo de la historia estadounidense. El Presidente Obama no ha condenado en ninguna oportunidad la práctica de rendición extraordinaria. La abogada de Arar, Maria LaHood, del Centro por los Derechos Constitucionales, calificó de “escándalo” la decisión judicial contra Arar: “Esta decisión es de una amplitud tal que nos afecta a todos. Básicamente, lo que implica es que si el gobierno federal decide tomar acciones con el argumento de proteger la seguridad nacional, podría torturarnos y hasta matarnos y los tribunales federales no nos ampararían.” En su opinión disidente, el juez Guido Calabresi afirmó: “Cuando se escriban los anales de este distinguido tribunal, la decisión mayoritaria adoptada hoy será evaluada con pesar.” Considerando los tormentos que sufrió Arar, es admirable la calma con la que ha recibido la decisión. “Por sobre todo, esta decisión significa una pérdida para todos los ciudadanos y para el estado de derecho,” dijo Arar. Amy Goodman Traducción Laura Pérez Carrara Tomado de Democracy Now

Honduras: La victoria del «Smart Power»

La doctrina de la administración Obama El control de la América Latina por parte de los Estados Unidos no ha cesado. Sólo han cambiado los métodos. Hoy se emplea el «Smart Power». ¿Qué es lo inteligente de ésta concepción? Es una forma de política dificil de clasificar, dificil de detectar y dificil de desmontar. El caso de Honduras es ejemplar. Por un lado, el Presidente Obama condenaba al golpe contra el Presidente Zelaya, y por otro lado, su embajador en Tegucigalpa se reunía constantemente con los golpistas.

Lo ilegal lo hacemos de inmediato. Lo inconstitucional tarda más tiempo.» Henry Kissinger. Henry Kissinger decía que la diplomacia es «el arte de refrenar el poder». Obviamente, el ideólogo más influyente de la política exterior estadounidense del siglo XX estaba haciendo referencia a la necesidad de «refrenar el poder» de otros países y gobernantes para poder mantener la posición dominante de Estados Unidos ante el mundo. Presidentes como George W. Bush, empleaban el «poder duro» (Hard Power) para lograr este fin: armas, bombas, amenazas e invasiones militares. Otros como Bill Clinton, utilizaban el «poder suave» (Soft Power): la guerra cultural, Hollywood, ideales, diplomacia, autoridad moral y campañas para ganar «las mentes y corazones» de las poblaciones civiles en países adversarios. Pero la administración de Barack Obama ha optado por una mutación de estos dos conceptos, fusionando el poder militar con la diplomacia, la influencia política y económica con la cultural y legal, y llamándolo el «poder inteligente» (Smart Power [1]). Su primera aplicación ha sido en el caso de Honduras, con el golpe de estado, y hasta hoy, ha funcionado a la perfección. Decía la Secretaria de Estado Hillary Clinton en su audiencia de confirmación ante el Senado de Estados Unidos, que «debemos utilizar lo que se ha llamado el «smart power», el rango completo de herramientas que están a nuestra disposición – diplomáticas, económicas, militares, políticas, legales y culturales – escogiendo la herramienta correcta, o combinación de herramientas, para cada situación. Con el «smart power», la diplomacia sería la vanguardia de nuestra política exterior.» Luego, Clinton reforzaba este concepto afirmando que «el camino más sabio es primero utilizar la persuasión.» [2] ¿Qué es lo inteligente de ésta concepción? Es una forma de política dificil de clasificar, dificil de detectar y dificil de desmontar. El caso de Honduras es ejemplar. Por un lado, el Presidente Obama condenaba al golpe contra el Presidente Zelaya, y por otro lado, su embajador en Tegucigalpa se reunía constantemente con los golpistas. La Secretaria de Estado Clinton repetía muchas veces durante los últimos cuatro meses, desde el primer día del golpe, que Washington no quería meterse ni influir sobre la situación en Honduras – que eran los hondureños que tenían que resolver su crisis, sin alguna injerencia externa. No obstante, fue Washington que impuso la mediación de Oscar Arías, presidente de Costa Rica, era Washington que seguía financiando al régimen golpista a través de la USAID, y era Washington que comandaba y controlaba las fuerzas armadas hondureñas, a través de la base militar Soto Cano (Palmerola). También fue el lobby de Washington que redactó el «acuerdo» de San José, y en el final, fueron los altos funcionarios de la Casa Blanca y el Departamento de Estado que tuvieron que «persuadir» a los hondureños para que aceptaran ese acuerdo. A pesar de la constante injerencia de Estados Unidos en el golpe de estado en Honduras – desde su financiación, diseño y apoyo político hasta el apoyo militar – el «smart power» logró distorcionar la realidad ante la opinión pública, convertiendo al duo Obama/Clinton en los «grandes ganadores del multilateralismo». Lo que hizo el «smart power» fue disfrazar el unilateralismo estadounidense de multilateralismo. Del primer día, la agenda de Washington se impuso. El 1 de julio, los voceros del Departamento de Estado admitieron en una rueda de prensa que tenían conocimiento previo del golpe. También admitieron que dos altos funcionarios de la diplomacia estadounidense, Thomas Shannon y James Steinberg, estuvieron en Honduras la semana anterior al golpe para mantener reuniones con los grupos civiles y militares que lo llevaron a cabo. Decían que su propósito era «frenar el golpe», pero ¿cómo se explica entonces el hecho de que el avión llevando al presidente Zelaya ilegalmente fuera del país salió de la base militar de Soto Cano, en la presencia de los militares estadounidenses? [3] Los hechos demuestran la verdad sobre el papel de Washington en el golpe de estado, y su posterior experimento exitoso con la aplicación del «smart power». Sabían del golpe, financiaban a los involucrados, ayudaron sacar al Presidente Zelaya del país y luego, utilizaron a la Organización de Estados Americanos (OEA) – en un momento incluso en que estaba en peligro de extinción – como fachada para imponer su agenda. En su discurso, el Departamento de Estado siempre legitimaba a los golpistas, llamando a «todas las partes…a resolver las disputas políticas de manera pacífica a través del diálogo». ¿Desde cuando un usurpador ilegal del poder es considerado «una parte» légitima dispuesta a dialogar? Obviamente es un actor criminal que no estaba dispuesto a dialogar en primer lugar. Basada en esa lógica de Washington, el mundo debería hacer un llamado al gobierno de Obama para que «resuelva su disputa política con Al Qaeda de manera pacífica a través del diálogo». El «smart power» de Obama/Clinton logró su primera victoria durante los primeros días del golpe cuando los estados miembros de la OEA aceptaron la solicitud de esperar 72 horas para «darles tiempo» en Honduras para resolver su crisis. Luego vino la imposición de la mediación de Arías, y ya, de haber cedido tanto espacio a Washington, el imperio tomó el reino y lo llevó hasta el final. Cuando el presidente Zelaya se fue a Washington para reunirse con la Secretaria de Estado Clinton, fue obvio quien estaba en control. Y asi lo jugaron, alargando el tiempo hasta el último momento para no permitir un regreso de Zelaya que tuviera el espacio de revertir lo que ya se habían logrado. El pueblo se quedó fuera, los meses de represión, violencia, persecución, violaciones, toques de queda, cierres de medios de comunicación y torturas y asesinatos, se han olvidado. Menos mal, como dijo el Subsecretario de Estado Thomas Shannon, luego de lograr hacer firmar el «acuerdo» entre Micheletti y Zelaya, que la situación en Honduras se pudo resolver «sin violencia». Al firmar el acuerdo el pasado 30 de octubre, Washington «levantó» las pocas restricciones que habían impuesto para presionar al régimen golpista. Ya pueden sacar sus visas y viajar al norte, no se tienen que preocupar por los millones de la USAID que ni siquiera se habían suspendidos. Los militares estadounidenses en Soto Cano pueden reiniciar todas sus actividades – bueno, realmente nunca las habían dejado de hacer, como confirmó el Comando Sur del Pentágono, días después del golpe: «todo está normal con nuestras fuerzas armadas en Honduras, están haciendo sus actividades y maniobras conjuntas con los hondureños como siempre». Washington está preparando su delegación de observadores para las elecciones en Honduras el próximo 29 de noviembre – ya están en camino. Olvídanse del torturador Billy Joya y los paramilitares colombianos enviados para ayudar al régimen golpista «controlar» la población. No se preocupan por el arma sónica LRAD utilizado para torturar a los habitantes en la embajada de Brasil, durante la estadía de Zelaya. No pasó nada. Como dijo Thomas Shannon, «felicito a dos grandes hombres por haber logrado este acuerdo histórico». Y la Secretaria de Estado Hillary Clinton comentó que «este acuerdo es un logro tremendo para los hondureños». ¿Disculpa, para quién? En el final el celebrado «acuerdo» impuesto por Washington sólo llama al congreso de Honduras – el mismo que falsificó la renuncia de Zelaya para justificar el golpe, y el mismo que apoyó la instalación ilegal de Micheletti en la presidencia – de determinar si quieren o no restituir a Zelaya en la presidencia. Y sólo después de recibir una opinión de la Corte Suprema de Honduras – la misma que opinó que Zelaya era un traidor por promover una encuesta no vinculante sobre una posible reforma constitucional y la misma que ordenó su captura violenta. En caso de ser positiva la respuesta del congreso, Zelaya no tendrá ningun poder. Su gabinete sería impuesto por los partidos que apoyaron el golpe, las fuerzas armadas golpistas estarían bajo el control de la Corte Suprema golpista, y además, Zelaya podría ser enjuiciado por su supuesto «crimen», por haber promovido una encuesta no vinculante sobre una potencial reforma constitucional. Según el «acuerdo», una comisión de la verdad supervisará la implementación de los términos acordados. Hoy anunciaron que la comisión será liderada por una ficha de Washington, el ex presidente chileno, Ricardo Lagos. Promotor de las políticas neoliberales de Washington, Lagos es co-director de la Junta Directiva del Diálogo Interamericano, un centro de pensamiento estadounidense de la derecha que analiza los temas relacionados con América Latina. También fue encargado por la National Endowment for Democracy (NED) para crear una versión chilena, la Fundación Democracia y Desarrollo, para «promover la democracia», al estilo estadounidense en la región. Al salir de la presidencia en Chile, Lagos fue Presidente del Club de Madrid – un club exclusivo de expresidentes dedicados a «promover la democracia» por el mundo. En ese «club», también figuran personajes vinculados con la desestabilización de los gobiernos de izquierda en América Latina como Jorge Quiroga y Gonzalo Sánchez de Lozada (ex presidentes de Bolivia), Felipe González (ex primer ministro de España), Václav Havel (ex presidente de la República Checa) y José María Aznar (ex primer ministro de España), entre muchos otros. En el final, el «smart power» fue suficientemente inteligente para engañar a los que hoy se abrazan y celebran «el fin de la crisis» en Honduras. Pero para la mayoría del pueblo latinoamericano la victoria del «smart power» de Obama/Clinton en Honduras significa una sombra muy oscura y peligrosa que nos acerca. Apenás, iniciativas como el ALBA estaban logrando la independencia en América Latina del poder estadounidense. Por primera vez, los países y pueblos se levantaban en colectivo con dignidad y soberanía para determinar sus propios futuros. Y llegó Obama con su «smart power» y golpeó al ALBA, debilitó la integración latinoamericana y aplastó cualquier pensamiento sobre independencia y soberanía en el patio trasero de Washington. Arrodillados y entregados ante Washington, «fue resuelta» la crisis en Honduras, la misma que se había fomentado en el norte. Ahora, se habla de Paraguay, Nicaragua, Ecuador y Venezuela, donde cada día aumenta la subversión, la contrainsurgencia y la desestabilización. El pueblo de Honduras sigue en resistencia, a pesar del «acuerdo» entre sus gobernantes. Su insurrección y compromiso con la reivindicación de sus derechos es el símbolo de la dignidad. La única manera de derrotar a la agresión imperial – que sea inteligente o que sea bruta – es a través de la unión e integración de los pueblos, a todo nivel. Eva Golinger Tomado de Red Voltaire Eva Golinger es una abogada, escritora e investigadora venezolano-estadounidense, esta dedicada en la actualidad a la investigación sobre la injerencia de Estados Unidos de Norteamerica en la República Bolivariana de Venezuela y otros países de América Latina. Autora de El código Chávez (2005) y "Bush vs. Chávez: la guerra de Washington contra Venezuela, sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán e italiano. Nacida en Nueva York pero de familia venezolana, vivió varios años en Mérida (Venezuela) antes de la llegada al poder del Presidente Hugo Chávez. Actualmente vive en Caracas, siendo una destacada defensora de la Revolución Bolivariana basada en sus investigaciones. Ver su sitio web. [1] Smart Power, que se traduce como el «Poder Inteligente» es el término utilizado para designar en las relaciones internacionales la «capacidad de combinar una posición o postura [política] dura y otra suave, que conduzca a la victoria». Smart Power es entonces la estrategia política que utiliza la diplomacia, la persuasión, la capacidad de construir y la amenaza. Es la manera de proyectar su poder [intereses] gracias a las influencias ejercidas. Busca también la obtención de una legitimación social y política, que emplea a la vez la utilización de la fuerza militar [o chantaje militar] y otras formas de diplomacia. Este término fue definido por Joseph Nye (1937) quien fue Sub-Secretario de Estado en la administración Carter y ocupó el puesto de Secretario Adjunto a la Defensa en la administración Clinton. Se le considera en los EEUU como uno de los más grandes pensadores liberales en política extranjera, es decir el equivalente liberal de su homólogo conservador, el politólogo Samuel Huntington. Concerniendo al origen de este concepto, leer: « Washington decreta un año de tregua global », por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 10 de diciembre de 2007. [2] Leer tambien : « Discurso de Hillary Clinton en el Consejo de Relaciones Exteriores », Red Voltaire, 15 de Julio de 2009. [3] « El caso de Honduras: Washington en la cuerda floja », por Arnold August, Red Voltaire, 16 de Agosto de 2009.

4 nov. 2009

La última Barricada contra Franco

La banda navarra publica un disco-libro dedicado íntegramente a la Guerra Civil y la represión franquista Enrique Villarreal, conocido por todos como El Drogas, sintió vergüenza. De su propia ignorancia. Lo reconoce sin ambages y con una sonrisa humilde, mientras pasea por un angosto camino de tierra que sube al monte Ezkaba. Debajo se ve Pamplona, cubierta por una transparente capa de neblina. Una txapela blanca. "Este monte fue la parte de atrás de mi casa toda la vida. Ahí detrás está mi barrio, la Txantrea. Nunca supe lo que había pasado aquí, en estas laderas. Imagínate cómo me sentí cuando empecé a hurgar un poco en todo aquello. Si he hecho este disco no ha sido por recuperar la memoria, sino para resarcirme de mi ignorancia", explica. El 22 de mayo de 1938, en plena Guerra Civil, los presos del bando republicano en el fuerte de San Cristóbal, situado en lo alto del monte Ezkaba, se sublevaron y lograron escapar. Eran más de 2.000 y el objetivo era llegar a Francia. El desconcierto era tal que la mitad decidió volver a sus celdas. 207 fugitivos fueron asesinados en los alrededores de Pamplona. El resto, más de 500, apresados de nuevo. Sólo tres lograron cruzar la frontera. Hoy el fuerte está abandonado, en ruinas. Hasta allí sólo suben los vecinos de la zona para pasear, andar en bici o hacer footing. En el antiguo foso de seguridad se ven restos de botellones, también una pintada: "La libertad herida por el fascismo". Desde niños, El Drogas y sus tres compañeros de grupo (Alfredo, Ibi y Boni) habían escuchado mil y una historias sobre el fuerte, leyendas exageradas que cumplieron su objetivo: tapar lo que verdaderamente había ocurrido en su interior, que era, como ocurre habitualmente, peor que cualquier desmesurada leyenda urbana. Tirando del hilo El Drogas conoció esta historia gracias al libro Fuerte de San Cristóbal, de Iñaki Alforja y Félix Sierra. El impacto que le produjo la lectura de los acontecimientos de aquel 22 de agosto le llevó a componer una trilogía de canciones que conforma el corazón de La tierra está sorda, el nuevo libro-disco del grupo navarro, dedicado íntegramente a la Guerra Civil y la represión franquista. Poco antes había devorado otra obra relacionada con la guerra fraticida española, La voz dormida, de Dulce Chacón, un libro que le afectó profundamente. "Unos capítulos los terminaba de leer con rabia, otros con lágrimas", confiesa el músico. A los pocos meses, El Drogas ya había leído medio centenar de libros sobre la Guerra Civil. El guitarrista Alfredo Piedrafita recuerda así el día en que decidieron hacer un disco conceptual: "El Drogas nos enseñó dos canciones, Por la libertad y Hasta siempre, Tensi, y propuso seguir tirando del hilo. Lo vimos como un reto, conseguir poner música a todo ese tipo de sensaciones y sentimientos que le había despertado la lectura de tantos libros". Luego llegaron las casualidades. El año pasado, en diversas entrevistas con motivo del lanzamiento de un recopilatorio por el 25 aniversario de la banda, El Drogas ya hablaba del proyecto, todavía embrionario, de hacer un disco sobre la Guerra Civil. "Semanas después, estaba paseando con mi hija por Pamplona y recibí una llamada de teléfono. Era Iñaki Alforja, autor de Fuerte de San Cristóbal". El investigador había oído una entrevista con Barricada por la radio y se ofreció a ayudarles. "Si quieres quedamos mañana, entramos dentro del fuerte y te explico in situ cómo fue la historia", le dijo al Drogas. Y allí fueron. Se colaron por un agujero de la parte trasera, "bastante difícil de escalar", y penetraron en las galerías donde se hacinaban los presos republicanos, enfermos de avitaminosis y tuberculosis, llenos de chinches y piojos, con raciones diarias de palizas. "No es lo mismo leer sobre un sitio que verlo con tus propios ojos. Después de haber leído el libro, estar en el lugar fue muy emocionante e ilustrativo". E inspirador. Allí mismo, El Drogas garabateó los versos de La estancia, dedicada al fuerte de san Cristóbal: "En este suelo me gusta soñar despierto / y romper las nubes que cierran hermético el techo. / Así corren los días y las noches miserables, yo sólo pienso en ti / acurrucado entre el frío y el hambre". Y más casualidades. Esa vieja que cada mañana pasaba por delante de la casa del Drogas, arrastrando su bastón y sin casi fuerzas para saludar, fue testigo en primera persona de otro siniestro episodio de la guerra: "Una cosa es lo que cuentan los historiadores y otra lo que te cuentan las personas. Esta señora, a la que llevo viendo toda la vida, era de Larraga, el pueblo de Maravillas Gamerco, una moceta de 15 años que fue violada y asesinada por soldados franquistas después de presenciar el fusilamiento de su padre". En La tierra está sorda, las mujeres y los maestros ocupan un lugar central. "Son dos colectivos que adquieren mucho protagonismo con la Segunda República y, por ello, fueron especialmente castigados con la llegada del franquismo". En Los maestros, El Drogas canta: "Dieron su vida y su sangre por dar al pueblo conocimiento". ¿Sirvió de algo el sacrificio? "Sirvió", concluye la voz de Barricada. JESÚS MIGUEL MARCOS - ARTIKA (NAVARRA) - Tomado de Público

Lectores eternos

El invierno los había ahuyentado de los parques. La piel helada de la nieve que cubrió el pasto y los senderos del jardín de Luxemburgo les cerró el acceso a esa zona apacible en donde, desde el fin del invierno hasta ya avanzado el siguiente otoño, se sientan en las sillas de metal durante largas horas al día. Este año resistieron más que los anteriores. Enfundados en gruesos pullóveres y gabardinas soportaron el frío de los primeros abrazos del otoño hasta que llegaron los duros días invernales y la invasión romántica de la nieve. Ya no estaban allí, pero no habían desaparecido de la ciudad. París es su morada, su territorio, su espacio, su reino irrepetible, su mundo persistente. Sólo aquí circula, múltiple y masiva, una silueta que ha logrado preservarse intacta a pesar de todas las tentaciones de la híper modernidad. Las pantallas que lo invaden todo, los teléfonos móviles con 3G+, wifi y televisión incluida, la prensa gratuita, los Mp3, Internet o los dvd no lograron desterrar a esa figura y a esa práctica cuya desaparición fue tantas veces anunciada por los voraces portavoces de las nuevas tecnologías: el libro y el lector. Anónimo, plural, visible, siempre está ahí, cruzando la calle, sentado en un bar, abandonado a la lectura en los parques de París o en los bancos de madera que aún se encuentran a lo largo de avenidas y boulevares. No hay otra ciudad en el mundo con tantos lectores en la calle. No son un puñado entre miles, sino miles entre otros miles. A ciertas horas, en el Métro de París hay tanta gente con un libro en la mano como personas con un diario abierto. Seguido, uno se los cruza en la calle mientras leen. Absortos en el impacto revelador de las palabras, ajenos al tráfico, a los llamados del mundo que sigue su curso en las fronteras del libro, esos lectores desafían la oferta espectacular de la modernidad. El lector de París resistió a todos los oráculos y a los cambios que, en los últimos 20 años, fueron trastornando la fisonomía de París y la cultura del mundo. Las boutiques de ropa y la burbuja fashion se comieron primero decenas de restaurantes, de librerías y cafés. Con ellos se esfumaron los legendarios mostradores de zinc y las mesas donde posaron sus manos pintores, músicos y escritores que forjaron la cultura de los últimos dos siglos. En su lugar, como una plaga de termitas, surgieron las marcas internacionales. En los opulentos estómagos de Armani, Hugo Boss, Ralph Laurent o Kenzo yacen los restos de reliquias parisinas. Luego, a finales de los años ’80, la especulación inmobiliaria barrió los negocios de proximidad: queserías, fiambrerías y carnicerías de barrio, librerías pequeñas, verdulerías y mercerías fueron desplazadas por agencias inmobiliarias. Después le llegó el turno a los negocios de telefonía móvil, que aspiraron en sus ondas algo más de los rincones autóctonos de los barrios populares. Los supermercados y los fast-food vinieron más tarde para instalar sus imperios y hacer de París una repetida figurita de neones. Se esfumó casi todo, menos un par de cosas: el mal humor de los parisinos, su recurrente hábito metafísico a no estar nunca contentos con nada, a ofrecer como primera respuesta ante una demanda una frase que bien hubiese podido decir Bartleby, el personaje de Melville: “Lo siento, no puedo hacer nada por usted” (Bartleby decía “preferiría no hacerlo”). Quedaron en pie las panaderías y, deambulando por la ciudad a todas las horas posibles, el lector. Es una multitud de expresión beata, de todas las edades y las condiciones sociales que desafía con su constancia y su lealtad las leyes y las modas. París los protege en su seno. Al final de un célebre poema de Las flores del mal, Charles Baudelaire escribió: “hipócrita lector, mi semejante, mi hermano”. Habría que cambiar hoy el adjetivo y, en vez de “hipócrita”, poner “insólito lector”. Insólito, único y muchos, dueño de ese placer casi clandestino que es la lectura, liberado de todo para concentrarse en esa voz que le habla desde una página mientras circula en la ciudad. París es la capital de la lectura pública, la morada a cielo abierto de ese “monstruo delicado” que evocaba Baudelaire. A la irrealidad del ocio electrónico en los espacios virtuales, al mundo persistente de los juegos en línea, el lector de París le opone el viaje a través de las líneas de un libro en los espacios reales de la ciudad. Sin teclas, ni píxeles, ni guerreros temerarios, los lectores animan los infinitos mutantes de las palabras, los canales de la imaginación y el sentido original de la mayor invención humana: el lenguaje. Allí están ellos atravesando la ciudad, auténticos y a salvo de todas las revoluciones, moradores recónditos de los mundos persistentes porque han persistido en un contexto que hace todo lo posible para que la lectura y el libro no existan más. El lector de París consume los objetos de la modernidad pero parece haber desplazado el espacio de la lectura a las regiones públicas. La ciudad y el viaje entre un punto y otro son sus franjas de lectura. Las imágenes de los lectores en los escenarios urbanos de París se suceden sin interrupción. Uno de ellos iba a las diez de la mañana por el Boulevard de Port Royal, vestido con impecable traje claro y un portafolio de cuero en una mano, caminando en zigzag con un libro abierto, devorando las páginas de un libro de Thomas Harris. Un joven de 20 años leía apoyado en un árbol de la Rue de Navarre las Confesiones de San Agustín. Una mujer minúscula, con gorro de marinero y anteojos de monja, se disolvía de placer mientras leía en el Métro un libro de la serie de Harry Po-tter y una joven con un jean roto en la rodilla se ahogaba de risa leyendo un libro de tapas negras en un banco del Square des Explorateurs. Esta ciudad ha consumido muchas vidas, engrandecido otras, dejado en el olvido o el desencanto a muchos de quienes, a lo largo de los siglos, vinieron a París a realizar una ilusión. Esta ciudad ha atraído a sus orillas un flujo constante de escritores y soñadores para vivir una bohemia creativa. En sus cinco letras, París escondía un código, una promesa. París era una condición para acceder a la forma final de arte, una etapa iniciática, un viaje al corazón de la palabra y de la forma. El flujo y el embrujo han mermado. París se normalizó, se encareció, perdió su imán atractor de artistas. París se tornó una vitrina de sí misma, bella y única, pero demasiado cara, demasiado policial, demasiado hostil y oficial como para volver a suscitar un sueño colectivo de artistas. El París de Cortázar o de Hemingway es ya una leyenda de la que, a veces, surgen reminiscencias reales. Se pueden recorrer las calles y los hoteles donde se escribió buena parte de la literatura de los siglos XIX y XX. El vagabundeo histórico deslumbra por la cantidad, la calidad de los autores y las obras escritas en buhardillas u hoteles para economías estrechas. París permitía vivir con poca plata y muchos sueños. Pero la romántica buhardilla se llama hoy “petit studio”, es un espacio escueto de 9 metros cuadrados, sin ducha, con baño en el pasillo, por el que se pagan 700 dólares y cuyos propietarios exigen garantías dignas de un ejecutivo. Los bohemios de aquellos años no conseguirían ni una visa para entrar a Francia. Los lectores, sin embargo, preservaron algo de aquella geografía bohemia y creadora. No se plegaron por completo a la inmediatez útil y breve de la modernidad. Ocuparon la ciudad. El poder alucinante de las nuevas tecnologías no empañó aquí al poder inmaterial de las palabras. París no inventó la lectura ni restauró su preeminencia. Con libros electrónicos (e-book) o de papel, hay lectores en todos los rincones de la tierra. Pero sólo en esta ciudad de escritores y de arte el acto de leer es a tal punto un acto público, una demostración sensual del placer de la palabra escrita, de la narración lineal. París les supo abrir sus buhardillas y sus calles a quienes buscaron en el arte la elevación del ocioso espíritu humano. Los lectores que rondan por la ciudad amplifican esas voces y otras posteriores, continúan, en nombre propio, ofreciendo el refugio más genuino para la palabra hecha historia. La estética contemporánea destruye todo lo que la lectura construye: la extensión, la profundidad, la complejidad. Los lectores del mundo lo rehabilitan todo. Aquí, caminantes o inmóviles, los lectores hacen de París la geografía más extensa de la lectura, y de la lectura la más fiel relación humana. Desde París Eduardo Febbro Tomado de Página 12

Obama: “Sólo gestos simbólicos”...

Reforma del sistema financiero, de la sanidad, Afganistán, Irán… ¿Qué queda de las promesas de cambio de Obama un año después de su elección ? “Sólo gestos simbólicos”, explica Jhon R. MacArthur (1), director de “Harper´s Magazine”. Balance. HD.- Un año después de la elección de Barack Obama, ¿cómo ve los inicios de la presidencia ? Jhon R. McArthur.- Ha habido un cambio de tono, pero ante todo es una victoria de lo simbólico. Hasta el momento todos los gestos de Obama han sido simbólicos. Revisa la política de Bush pero sin cambios de fondo. En el asunto de las dos guerras, Afganistán e Iraq, la situación empeora. No va a retirar las tropas de Afganistán, al contrario, las va a reforzar. Y todavía no ha habido reducción de tropas en Iraq. Incluso los contratos con la terrible sociedad de seguridad privada Blackwater han sido renovados. En el tema de la reforma de la sanidad, la cuestión todavía no está decidida, pero la opción pública está ya completamente debilitada. Es probable que no haya una verdadera cobertura sanitaria pública capaz de competir con el sector privado.Por tanto todavía habrá niños, pobres, mayores que estarán mal asegurados con una póliza de seguro privado pero subvencionada por el Estado. En cuanto a la reforma del sistema financiero, sigue siendo lo simbólico lo que domina. Obama anunció que ellos iban a limitar los salarios y los bonus para los 25 cuadros dirigentes de grandes bancos y compañías de seguros, pero los miles de las otras están tranquilos. Toda esta casta de cuadros que casi ha llevado a nuestra economía a la ruina no ha sido castigada. Obama hace periódicamente grandes discursos, denunciando la avaricia de Wall Street, pero sus principales consejeros son todavía Lawrence Summers y Timothy Geithner, que estuvieron entre los arquitectos de la desregulación de la economía norteamericana en los años 90. HD.- Aunque simbólico, ¿este cambio de tono no ha tenido un efecto positivo en el mundo ? J.R.M.- Si hablamos de Irán, sí. Al no amenazar a Ahmadinejad, al tratarle como jefe de Estado, Obama le retira algunos de sus argumentos de propaganda. Dicho esto, cuando vi en el G20 de Pittsburgh enseñar el mapa de los laboratorios secretos de Irán, no pude evitar pensar en Bush y en Colin Powell en la ONU, esgrimiendo las pretendidas pruebas de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Creo que Obama va a continuar insistiendo en el peligro que representa Irán, pero no creo que desencadene una nueva guerra. HD.- Entonces , ¿es algo más que un cambio simbólico ? J.R.M.- Sí y no, porque al mismo tiempo, su política ha incrementado su apuesta en Afganistán, lo que favorece el reclutamiento de terroristas por Al Qaida y constituye un regalo a Ahmadinejad para su propaganda, como a toda política que se nutre de la agresividad de EE.UU. HD.- Para usted, ¿Cuál ha sido el principal fracaso en el año transcurrido ? J.R.M.- La falta de reforma del sistema financiero. Obama tuvo la ocasión en febrero y marzo de cambiar el sistema : la gente estaba totalmente asustada y habría podido empujar a su partido, pero no lo hizo. Y mucho me temo que haya un relanzamiento de la locura especulativa de los años 90 precisamente porque las gentes de Wall Street y de la City no han sido castigadas. Saben que no tienen nada que temer. HD.- ¿Qué piensa del Premio Nobel de la Paz ? J.R.M.- Aquí también, estamos en un simbolismo, pero positivo. Es una manera de enviar un mensaje a Obama : no ataque Irán, no desencadene una nueva guerra. HD.- ¿Cuáles son los principales desafíos inmediatos ? J.R.M.- Por un parte Afganistán, la economía y el paro por otra. En los Estados Unidos, el consumo permanece muy débil. Todos los indicadores muestran que la recuperación es muy limitada. El paro continúa aumentando y va a superar el 10%. La cuestión es saber si Obama va a multiplicar las intervenciones públicas y gastar más dinero para luchar contra los efectos de la crisis o va a ceder ante los halcones anti-déficit. Cuando los republicanos provocaron un agujero enorme en el presupuesto (Bush era el campeón del déficit), no cesaban de acusar a Obama de ser demasiado derrochador, y es posible que al acercarse las elecciones de 2010, a mitad de su mandato, éste ceda. HD.- ¿Obama sigue siendo popular en los EE.UU. ? J.R.M.- Su popularidad ha bajado un poco, pero sigue siendo popular. Está muy dotado en términos de comunicación. Además, la memoria de Bush está todavía cercana. Muchos dicen también que hay que darle más tiempo. Es verdad, es mejor que tener a Bush en el poder pero eso no significa que Obama haga un buen trabajo. (1) Autor de “Une caste américaine” Editions des Arènes. 2008. Entrevista realizada por Charlotte Bozonnet Traducción J.A. Pina Tomado de L´Humanité
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