28 feb. 2011

Las rebeliones populares frente al neoliberalismo: desde Egipto a Wisconsin, EEUU


Caricatura: pacogarabato
Este artículo analiza las movilizaciones populares que se están extendiendo (desde Egipto a Wisconsin, EEUU) como protesta a las políticas neoliberales llevadas a cabo por sus gobiernos. El artículo señala que la interpretación dominante que intenta explicar tales movilizaciones como resultado de movimientos juveniles como Internet es profundamente limitada cuando no errónea.
Una de las causas de las movilizaciones en el mundo árabe fue la aplicación, por parte de las élites gobernantes, de políticas neoliberales que afectaron negativamente a las clases populares. Estas movilizaciones se habían ya iniciado meses y años antes, resultado de las medidas de austeridad (que incluyeron reducción de programas de protección social y disminución de salarios, eliminación de subsidios a los alimentos y desregulación de los precios de productos básicos), que crearon un gran malestar y que fueron las causas de que en estos países (en Túnez primero y en Egipto después) fuera la clase trabajadora, junto con sectores de las clases medias la que protagonizaran tales movilizaciones. Estas movilizaciones en protesta frente al neoliberalismo imperante están ocurriendo no sólo en países árabes, sino también en muchos otros países, incluyendo EEUU.
El último caso de estas protestas obreras ha ocurrido en el estado de Wisconsin, EEUU. El nuevo gobernador de tal estado, el republicano Scott Walker (de la corriente Tea Party) intentó aprobar una ley en el parlamento del estado que reduciría el sueldo de los funcionarios públicos un 7%, disminuyendo también sus pensiones, y obstaculizando además la sindicalización de los trabajadores en el sector público. Tal como indicó la Federación de los Sindicatos Estadounidenses (AFL-CIO) esta ley –de ser aprobada- sería un ataque frontal a los sindicatos de aquel país. La justificación que el gobernador Scott Walker dio para tomar tales medidas era que el presupuesto del estado tenía 137 millones de dólares de déficit.
La respuesta de los sindicatos en Wisconsin fue inmediata. A los pocos días, Madison, la ciudad más importante de aquel estado vio la manifestación más grande que nunca existiera en aquella ciudad. Los sindicatos se manifestaron frente al Parlamento (y frente al domicilio particular del gobernador Walker), exigiendo la retirada de la propuesta de ley. Lo que es interesante es que los manifestantes no eran sólo sindicalistas, sino también usuarios de los servicios públicos conscientes de que estos recortes iban a afectar a la calidad de sus servicios. Muy llamativa fue la cantidad de niños y sus padres que acompañaron a los maestros en su protesta, hecho remarcado por los medios de información. Las encuestas mostraban también que la mayoría de la ciudadanía de Wisconsin se oponía a las propuestas del gobernador Walker y apoyaban las movilizaciones en contra de ellas. Entre los que apoyan tales movilizaciones, adhiriéndose a ellas, estaban, por cierto, los policías y bomberos que el gobernador Walker había excluido de sus medidas de recortes salariales, dándoles un trato favorable. Los policías y bomberos expresaron, sin embargo, su solidaridad con los otros empleados públicos saliendo a la calle con ellos. Estos hechos están siendo seguidos por todo EEUU.
Las derechas, lideradas por el Tea Party, están deseando que el gobernador Walker pueda llevar a cabo tales medidas, una vez hayan sido aprobadas por el Parlamento del Estado de Wisconsin, donde el Partido Republicano tiene mayoría. Aunque el argumento que se utiliza para defender estas medidas es la necesidad de cubrir el déficit del Estado de Wisconsin, la causa real de que se esté presionando, por parte del Partido Republicano, para que tales medidas se aprueben en el parlamento de Wisconsin es una causa política: la de debilitar a los sindicatos, los mayores adversarios que tiene el Partido Republicano, que consideran a AFL-CIO como uno de los mayores pilares del Partido Demócrata.
En realidad, el déficit del presupuesto del Estado podría resolverse fácilmente aumentando los impuestos sobre la propiedad (entre otros), que el parlamento de Wisconsin, controlado por los republicanos, había reducido considerablemente durante los años de bonanza económica. Como siempre ocurre, el discurso económico, oculta en realidad, los argumentos políticos. El establishment económico y financiero del estado de Wisconsin, que se benefició enormemente de las políticas neoliberales de reducción de impuestos a las rentas superiores se resiste a que se reduzcan sus enormes ingresos (el 1% de la población estadounidense que tenía el 7% de la renta de todo el país en 1997, al principio de la “revolución neoliberal”, ha pasado a tener el 20% de tal renta) mediante el incremento de estos impuestos. De ahí que prefieran resolver el problema del déficit del estado de Wisconsin a base de reducir los servicios públicos a las clases populares en lugar de que suban sus impuestos. Los republicanos tienen a su lado a gran parte de los medios de información que intentan desacreditar al sector público indicando que los empleados públicos son unos “privilegiados”, que son unos “ineficaces”, y otro tipo de acusaciones previsibles a fin de conseguir el apoyo popular a aquellas medidas represivas. Hasta ahora tal campaña no ha sido exitosa y el 62% de la población estadounidense apoya a los empleados públicos.

¿QUIÉNES SON LOS JÓVENES?
Una última observación. Gran número de articulistas como Josep Ramoneda en EL PAÍS (“Un nuevo sujeto político”. EL PAÍS, 20.02.11) están enfatizando mucho el rol de los jóvenes en estas movilizaciones (desde Egipto, hasta Wisconsin), presentándolos como los nuevos agentes de cambio, sustituyendo con ello a otros agentes, como a la clase trabajadora a la cual, por lo visto, consideran inexistente o desaparecida. Ignoran o desconocen que la mayoría de estos jóvenes son y pertenecen a la clase trabajadora. Si se analizan las revoluciones que han existido en el siglo XX, se verá que en su mayoría, fueron los jóvenes los que lideraron estas rebeliones. No es, pues, una situación nueva. Lo que es nuevo es que se vea como una cosa nueva y ello es consecuencia del olvido de las categorías de análisis como clase social y lucha de clases, categorías que se consideran transcendidas y “anticuadas”, redefiniendo estas movilizaciones populares como movimientos estudiantiles con Internet y Facebook, categorías que son enormemente insuficientes para entender la realidad de los tiempos en que vivimos. La pregunta que no se hacen es a qué clase pertenece la mayoría de estos jóvenes. Ni que decir tiene que tanto la composición como la dinámica de clases varía con el tiempo. Pero de esta realidad no se puede ignorar su existencia, pues continúa siendo fundamental para entender nuestro entorno.

Vicenç Navarro

Tomado: VNavarro.org

Confirman inicio de interrogatorios por muerte de Salvador Allende



Allende fue víctima de complot con participación de la derecha y apoyo y financiamiento de Washington.
"Todo indica que el presidente Allende fue asesinado", afirma cineasta chileno Miguel Littin
La justicia chilena acogió a trámite la querella presentada por la muerte del ex presidente Salvador Allende y confirmó el inicio de interrogatorios a testigos del hecho a partir de la próxima semana.

El juez a cargo de la causa, Mario Carroza, anunció el comienzo de recogida de testimonios entre lunes y martes y dijo estar a la espera de un informe del Servicio Médico Legal, alusivo al protocolo de autopsia practicada al ex mandatario el 11 de septiembre de 1973, reseña Prensa Latina.

La decisión del sistema judicial de investigar las circunstancias del deceso de Allende surgió tras la presentación por la fiscal de la Corte de Apelaciones de Santiago Beatriz Pedrals de una lista de 726 querellas relacionadas con víctimas del régimen militar de Augusto Pinochet (1973-1990) y entre las que se encontraba el nombre del ex jefe de Estado.

"Todo indica que el presidente Allende fue asesinado, porque las tropas que entraron a La Moneda no entraron a saludarlo, entraron a matar a su enemigo, que en ese minuto era Allende", opina el reconocido cineasta chileno Miguel Littin.

En declaraciones a la radio local Littin destacó que el escenario del fallecimiento del ex mandatario fue cambiado en el transcurso de las horas y surgió la tesis de suicidio rápidamente aprobada, "porque le convenía a todos los sectores involucrados, porque la presencia de un héroe no era conveniente".

Para los partidos Comunista y del Socialismo Allendista hay que tomar en cuenta el contexto histórico, ideológico y político en el cual se perpetró el golpe militar por parte de Pinochet, con la participación de la derecha y el apoyo y financiamiento de Washington.

La acción militar por tierra y aire que se desató el 11 de septiembre de 1973 sobre el Palacio de la Moneda tenía como objetivo asesinar a Allende y a sus colaboradores, remarcó Esteban Silva, máximo líder de los socialistas allendistas.

Detalló que durante años la versión del suicidio se instaló como una verdad única, como si se tratara de un suicidio como cualquier otro, desprovisto del análisis de las circunstancias históricas y de la responsabilidad de la agresión militar contra el gobierno de la Unidad Popular.

Comentó cómo se consolidó de ese modo "en la justicia, en los medios de comunicación y en el sentido común popular una versión dominante que pavimentaba la interpretación que infería que por tratarse de un suicidio no cabía perseguir responsabilidades individuales ni colectivas de terceros."

"Aún si aceptáramos la versión del suicidio es indispensable establecer que quienes lo atacaron buscaban asesinarlo y que el presidente Allende luego de ser bombardeado y de responder al ataque militar decidió no entregarse vivo ante sus agresores que buscaban eliminarlo físicamente", añadió Silva.

Con ese punto de vista concordaron agrupaciones de derechos humanos. “Aquí se cometió un magnicidio contra Allende”, consideró Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (Afep).

“En el momento del terrorismo de Estado, el momento del golpe de Estado, (Allende) no tenía ninguna salida y ninguna seguridad”, recalcó la principal dirigente de la Afep.

Lira opinó que los responsables de los crímenes cometidos durante la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990) deben responder ante la justicia.

Unas 3.000 personas fueron asesinadas o desaparecidas durante la dictadura militar de Pinochet en Chile y otras 50.000 sufrieron torturas, cárcel o persecución.

Tomado: La República.es

27 feb. 2011

Gaddafi resiste cruelmente, pero esta revolución árabe democrática dista de haber concluido


Pintura: Paul Klee

El mundo tiene aún que fijar un término convenido para los grandes acontecimientos que se desarrollan por todo Oriente Medio. Andaba yo en lo profundo de la campiña francesa, perdido y con el Servicio Internacional de la BBC que se iba y venía en la radio tarde por la noche y temprano por la mañana durante su ultimísima e impresionante fase egipcia. Pero pronto me persuadí de que la designación que le adjudicó en un artículo de Le Monde Gilles Kepel, el conocido especialista en fundamentalismo islámico, se demostraría tan capaz de compendiarla con precisión como la mejor. Él la denominó la "revolución democrática árabe".

Es indudablemente, globalmente árabe. En el momento en que en un país árabe, Túnez, prendió la chispa, se encendió un fuego, un contagio, en el que todos los árabes al instante depositaron su esperanza –y sus engendradores misteriosos en su origen parecen haberlo comprendido o incluso planeado- de que se extendiera a toda la "nación árabe". Todos se reconocieron en las aspiraciones del pueblo tunecino, y la mayoría parecían verse poseídos por la creencia de que si un pueblo árabe podía alcanzar lo que todos habían ansiado durante largo tiempo, también podrían los demás.

Va de suyo que es evidentemente democrática. A buen seguro, otros factores, sobre todo los socioeconómicos, la han avivado enormemente, pero la concentración en este aspecto singular, la práctica ausencia de otros lemas de facción o ideológicos ha sido llamativa. Ciertamente, tan llamativa que dicen ahora algunos, este surgimiento de la democracia como ideal y fuerza políticamente movilizadota equivale nada menos que a una "tercera vía" en la historia árabe moderna. La primera fue la del nacionalismo, nutrida por la experiencia del dominio colonial europeo y todo su legado, desde el desgüazamiento de la "nación árabe" a la creación de Israel, y la continuada voluntad posterior de Occidente de dominar y configurar la región. La segunda, que consiguió verdadero poder sólo en el Irán no árabe, fue el "Islam político", nutrido por el fracaso del nacionalismo.

Y es doblemente revolucionaria. Primero, en la conducta misma de la propia revolución y la absoluta novedad y creatividad de una juventud apolítica y con estudios, la cual, merced a disponer de la Red como herramienta, la encendió. En segundo lugar, y más convencionalmente, en la profundidad, la escala y lo repentino de la transformación dentro de un vasto orden existente que parece manifiestamente destinado a quebrarse.

Árabe, sí, pero no el sentido de que los árabes vayan otra vez por su lado. Todo lo contrario. Ningún otro conjunto político ha hecho alarde durante tanto tiempo de una colección tal de dinosaurios, esos empedernidos supervivientes de una era anterior, totalitaria, ningún otro se perdió las oleadas de "poder del pueblo" que barrieron el imperio soviético y los despotismos de América Latina, Asia y África. Al congregarse por fin en torno a este valor hoy universal pero esencialmente occidental llamado democracia, se reincorporan de hecho al mundo, poniéndose al día con la historia que les había dejado atrás.

Si fue en Túnez donde la celebrada "calle árabe" se movió primero, el país que -aparte del que a cada uno le es propio- esperaban los árabes de todas partes que se moviera a continuación fue Egipto. Eso sería equivalente a una garantía virtual de que terminaría por llegarles a ellos. Pues, siendo el más fundamental, populoso y prestigioso de los estados árabes, Egipto fue siempre un modelo, a veces un gran agente del cambio, para toda la región. Durante la época nacionalista, después de que el presidente Nasser derribara la monarquía en 1952, fue cuando desempeñó de un modo más espectacular ese papel. Pero en un plazo más largo y tranquilo, fue también progenitor principal, gracias a la creación de los Hermanos Musulmanes, del "Islam político" que hoy conocemos, incluida – tanto en su base teórica como substancialmente en su personal– la yijad global y Al Qaeda que iban a convertirse en sus descendientes pervertidos y fanáticos.

Pero en tercer lugar, y con la máxima actualidad, fue también el primer y más influyente ejemplo de aquello de lo que, casi sesenta años más tarde, trata la revolución democrática árabe. Nasser buscaba la "auténtica democracia", que juzgaba la más indicada para las metas de su revolución. Pero, a despecho de todos sus arreos democráticos, la suya fue en realidad una autocracia dirigida por los militares, si bien populista, desde sus mismos inicios; con los años sufrió enormes cambios de ideología, política y reputación, pero reteniendo siempre sus estructuras básicas, degeneró a un ritmo constante en esa versión empeorada, artrítica, profundamente opresiva e inmensamente corrupta de su yo original que presidía Hosni Mubarak. Con variantes locales, el sistema se repetía en la mayoría de las autocracias árabes, especialmente en aquellas antaño revolucionarias como la suya, pero también en las monarquías tradicionales más antiguas.

Y efectivamente, la "calle" de Egipto se movió con presteza y de un modo en nada parecido a la forma salvaje y violenta que siempre tienden a imaginar las mentes preocupadas. Como expresión amplia y manifiestamente auténtica de la voluntad popular, cumplió un primer estadio crucial de lo que seguramente figura como uno de los alzamientos más ejemplares y civilizados de la historia. Los egipcios se sienten renacidos, el mundo árabe tiene de nuevo a Egipto, "madre del mundo", en la más alta estima. Y finalmente – después de muchas astutas evasivas mientras esperaban a ver si el faraón, pilar máximo durante treinta años de su Oriente Medio, había caído de verdad – el presidente Obama y otros les otorgaron el tributo oficial de Occidente.

Estos aplausos suscitan la gran pregunta: si los árabes se reincorporan ahora al mundo, ¿qué significa esto para el mundo? La adopción de un valor fundamentalmente occidental, ¿los hará naturalmente receptivos a las políticas o recomendaciones occidentales? Probablemente no. La democracia misma, por no hablar del resentimiento árabe por el prolongado historial de sostén de Occidente al viejo orden despótico, influirán en su contra.

Hablando en términos prácticos, la "tercera vía" de los árabes sólo significa que la democracia, un concepto político neutral en si mismo, servirá a partir de ahora de entrada para la conducción de su política. No significa suplantar a las primeras dos vías. Pues las políticas de estas dos no pueden sino persistir en la tercera. El islamismo, gran pesadilla de Occidente, seguirá ahí. Un orden democrático encontrará que es imposible, por si mismo o en nombre de otros, hacer lo que hizo Nasser en el orden despótico: ejecutar a algunos dirigentes de los Hermanos Musulmanes y reprimir severamente a sus partidarios. Está destinado a darles acomodo, cediéndoles abierta y electoralmente su verdadero peso en los asuntos árabes, junto al de otros movimientos que compitan con ellos.

El nacionalismo, antaño la otra pesadilla de Occidente, será uno de ellos, y muy probablemente, dado el papel no precisamente glorioso de los Hermanos Musulmanesen la rebelión, ganará algo del terreno que comenzó a perder seriamente frente a los islamistas tras la demoledora derrota árabe de 1967.

Un elemento clave, quizás el elemento clave de las estrategias norteamericanas en Oriente Medio, profundamente dañadas, se ha centrado siempre en el conflicto árabe-israelí. Disponiendo islamismo y nacionalismo, por no mencionar a otras fuerzas políticas, de libertad de expresión, la democracia egipcia no querrá, no puede seguir desempeñando el papel, –absolutamente servil, si no francamente propio de traición, para muchos ojos árabes – que Mubarak llevó a cabo en nombre de EE.UU. e Israel. Queda por ver todavía qué importancia tendrá esta particular divergencia egipcio-norteamericana. Pero la mayoría de los israelíes lo consideran ya una calamidad en proceso de formación, con la irónica consecuencia de que "la "única democracia de Oriente Medio" a su manera es ahora la que encabeza alos que proclaman que nunca debería haber habido democracias para los árabes,

Pero todo esto es mirar al futuro. De momento, las cuestiones candentes se centrarán en dónde va a brotar la siguiente revolución árabe. Aunque la Europa de 1989 es el precedente más obvio, puede que los reyes y presidentes no caigan como el dominó que acabó con los Honecker y Ceausescu. Y tras Ben Ali y Mubarak, puede que no caigan otros de un modo tan fácil o tan bonito. Eso resulta ya patente en los dos últimos episodios, los más dramáticos, de la incesante turbulencia prodemocrática que ya agita a una buena media docena de países árabes. La monarquía de Bahrein, de doscientos años de antigüedad, puede que haya dado marcha atrás en un intento de diálogo y reconciliación, pero este régimen de minoría suní, que forma una piña, ya ha demostrado de qué tenacidad y dureza puede hacer gala frente a un levantamiento de su mayoría chií. Por lo que respecta a Libia, no puede haber muchas dudas de que, enfrentado a un levantamiento en su contra, el coronel Gadafi, el más cruel y caprichoso de los dictadores árabes, intentara hacer, a lo grande, lo que ha proclamado siempre que haría con cualquier opositor a su Gran Estado de las Masas Árabe Libio Socialista del Pueblo, (que ha durado 42 años) que consiste en "cortarlos en pedazos".

Pero la mayoría de los regímenes son candidatos. Entre las pocas excepciones probables, quizás la más importante, y desde luego la más apta, se cuenta el Líbano, al que ahora he regresado. Siempre turbulento, siempre el más expuesto de los árabes a las consecuencias de lo que hacen otros árabes, podría parecer que está lógicamente destinado a ser el primero en desaparecer. Pero no es el caso: sobre todo porque, ejemplo único en la región, ha sido siempre una suerte de democracia.


David Hirst ha sido uno de los grandes corresponsales británicos y europeos en Oriente Medio, al estilo de Robert Fisk para The Independent de Londres o Tomás Alcoverro para La Vanguardia de Barcelona. Jubilado en la actualidad, trabajó en la región para The Guardian entre 1963 y 1997. Es autor de varios libros sobre el mundo árabe, como The Gun and the Olive Branch y Beware of Small States: Lebanon, Battleground of the Middle East.

David Hirst. Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Tomado: Revista Sin Permiso.info

«Hermano» Gadafi, te estás cayendo




La población libia se ha sublevado, manifestantes ocupando un tanque abandonado por el ejército.

Se sabe que el (espantoso) show se podría estar acabando cuando el Jeque Yousef al-Qaradawi, una de las autoridades suníes más populares del mundo, no sólo por su show semanal en [televisión árabe] al-Yazira, emite una fatua:
«Ahora estoy emitiendo una fatua para matar a [Muammar] Gadafi. A todo soldado, a todo hombre que pueda apretar el gatillo y matar a ese hombre, que lo haga”, y luego ora en directo en al-Yazira, por el fin del dictador libio («Oh Dios, salva a los libios de este faraón». Cuando termina, el presentador de al-Yazira dice «Amén»).

Sabes que las campanas están doblando cuando tu «Brigada Abu Omar», responsable de tu protección, sigue desatando una violencia asesina; pero tus embajadores de todo el mundo desertan en masa; tu propio embajador adjunto en las Naciones Unidas, Ibrahim Omar al-Dabashi, dice que tu gobierno está perpetrando un genocidio; tus pilotos de cazabombarderos se niegan a bombardear tus ciudades; tus oficiales militares, en una declaración, llaman a todos los miembros del ejército a dirigirse a Trípoli para deponerte; una coalición de dirigentes islámicos dice a todos los musulmanes que su deber es rebelarse contra ti debido a tus «sanguinarios crímenes contra la humanidad»; y para rematar, la gente llama a una «marcha de un millón», siguiendo el modelo egipcio.

¿Y qué pasa con los Halcones Malteses? En un día de volcánica actividad, cuesta superar la espectacular deserción de dos coroneles de la Fuerza Aérea Libia, que volaron en sus Mirages a Malta. Se habían negado a bombardear a los manifestantes en Bengasi y dijeron a las autoridades maltesas que habían llegado tan cerca de cumplir con su misión que pudieron ver a la multitud en tierra. También entregaron información «clasificada» sobre lo que han estado haciendo los militares libios.

Y todo esto en un solo día, lunes.


No bastó con enviar a mercenarios «africanos negros» a disparar a matar en Bengasi. Ya el domingo, el Jeque Faraj al-Zuway, líder de la crucial tribu al-Zuwayya en el este de Libia, había amenazado con cortar las exportaciones de petróleo a Occidente en 24 horas a menos de que se detuviera lo que llamó «opresión de manifestantes» en Bengasi.

Akram Al-Warfalli, líder de la tribu al-Warfalla, una de las mayores de Libia, en el sur de Trípoli, había dicho a al-Yazira que Gadafi «ya no es un hermano, le decimos que abandone el país».
Los 500.000 bereberes, tuaregs, del desierto meridional, también están contra él. Cuando cuatro tribus cruciales –la espina dorsal de tu sistema– marchan sobre Trípoli para librarse de tu persona, más vale que pongas cuidado.

Es posible que la historia termine por registrar cómo el horrible régimen de 41 años de Gadafi en Libia (ya estaba en el poder cuando «Truculento» Richard Nixon era presidente de EE.UU.) se derrumbó virtualmente en sólo 24 horas. Habrá sangre –mucha sangre-; pero el «hermano» va a caer.

«Ríos de sangre correrán por Libia»
El comienzo del fin fue típico de un dictador árabe; Saif al-Islam al-Gadafi, que parecía un gorila elegante con traje y corbata, apareció en la televisión estatal libia el domingo por la noche en lugar de su padre para pronunciar un discurso amenazador/repelente/patético que sólo enfureció aún más a las masas libias después de seis días de protestas en la histórica región Cirenaica.

Después de amenazar con «erradicar los focos de sedición» (ecos de dirigentes iraníes erradicando protestas la semana pasada), el hijo «modernizador» de Gadafi dijo que los libios corren el riesgo de poner en marcha una guerra civil en la que «se quemará» la riqueza petrolera de Libia.

En 2009 Said recibió un doctorado en la Escuela de Economía de Londres (LSE) con una tesis titulada «El papel de la sociedad civil en la democratización de instituciones de gobierno global: del ‘poder blando’ a la toma colectiva de decisiones». El año pasado pronunció una conferencia al respecto en la LSE.

¿No es maravilloso que los dictadores más horrendos del mundo puedan enviar a sus vástagos a las mejores escuelas del mundo donde pueden apaciguar la falsa conciencia de Occidente, mientras en casa amenazan abiertamente a su propio pueblo y utilizan disparos de francotiradores, armas automáticas y artillería pesada contra sus compatriotas desarmados?

Es dudoso que la LSE haya enseñado a Saif cómo iniciar una guerra civil relámpago con sólo una diatriba. Pero es lo que logró.

El escritor libio Faouzi Abdelhamid –comparando el nombre Saif al-Islam («espada del Islam») con Saif al-I’dam («espada de ejecución»)- surgió a toda máquina, calificando a todo el clan Gadafi de criminales y ladrones: «Ni siquiera tenéis derecho a vivir entre nosotros como ciudadanos comunes, porque sois culpables de alta traición».

Para cuando Saif estaba lanzando sus amenazas, la ciudad oriental de Bengasi ya había caído en manos de los manifestantes. Trípoli era la siguiente, el lunes. Mientras el régimen bloqueaba todas las líneas telefónicas, ocasionales twits frenéticos transmitieron el lunes toda clase de rumores y hechos aterradores –inevitablemente eclipsados por el sonido aciago de munición de guerra-. Los helicópteros descargaban balas sobre la gente en las calles. Los cazabombarderos lanzaban ataques. Los francotiradores disparaban desde los tejados.

Escuelas, oficinas gubernamentales y la mayoría de los negocios de Trípoli estaban cerrados, y «Comités Revolucionarios», es decir matones del régimen, patrullaban las calles a la caza de manifestantes en la ciudad vieja de Trípoli. Según Salem Gnan, portavoz basado en Londres del Frente Nacional por la Salvación de Libia, 80 personas pueden haber muerto cuando los manifestantes rodearon la residencia de Gadafi y les dispararon desde el interior del complejo.

Mientras la Sala del Pueblo –donde el parlamento se reúne cuando sesiona en Trípoli– era incendiada y todas las ciudades al sur de Trípoli iban siendo progresivamente «liberadas», al-Yazira logró rastrear la fuente del bloqueo de la frecuencia de su satélite Arabsat hasta un edificio de los servicios de inteligencia libios al sur de la capital.

Ahmed Elgazir, investigador de derechos humanos del Centro Noticioso Libio (LNC) en Ginebra, dijo posteriormente a al-Yazira que recibió un pedido de ayuda por teléfono satelital de una mujer que presenciaba una matanza. Testigos presenciales informaron a Agence France-Presse de otra «masacre» en los distritos Fashloum y Tajoura de Trípoli. La noche del lunes la cantidad (no confirmada) de muertos sólo en Trípoli había llegado por lo menos a 250.

Entre los libios toda la información del país se transmitía y se sigue transmitiendo, virtualmente, de boca en boca. Pero los twits que llegaron a al-Yazira o a la BBC también subrayaron un profundo disgusto por el silencio ensordecedor de la «comunidad internacional» («¿Sólo vale la pena mencionarnos cuando tiene que ver con petróleo o terrorismo?»)

Resumen de las condenas motivadas por el petróleo
Ciertamente, la denominada «comunidad internacional» comenzó a darse cuenta de la situación cuando el periódico The Libyan Quryna informó de que habían comenzado protestas en la ciudad norteña de Ras Lanuf, cuya refinería de petróleo procesa 220.000 barriles de petróleo diarios.

Sí, aparte de las bufonadas de Gadafi, Libia influye en Occidente porque exporta 1,7 millones de barriles de petróleo al día. Su producto interno bruto es de 77.000 millones de dólares –número 62 en el ranking mundial-; en teoría eso implica un ingreso per cápita de más de 12.000 dólares al año, más, por ejemplo, que Brasil, miembro del BRIC. Pero la norma es una profunda desigualdad: aproximadamente un 35% de los libios vive bajo la línea de pobreza y el desempleo asciende a un insoportable 30%. La riqueza petrolera se queda en Tripolitania. Libia este -Cirenaica– donde comenzó la revolución contra Gadafi, es terriblemente pobre.

En el frente del alto riesgo, la Autoridad Libia de Inversión (LIA) –también propietaria de un fondo de alto riesgo basado en Londres– ha invertido más de 70.000 millones de dólares en todo el mundo. Es un importante accionista, por ejemplo, del Financial Times, Fiat y de uno de los principales equipos de fútbol italianos, Juventus. LIA invierte –y tiene intención de invertir– miles de millones en Gran Bretaña.

Pasemos a los ministros de exteriores de la Unión Europea (UE), que emiten la usual condena insulsa y burocrática. Por lo menos el primer ministro italiano, ídolo del «bunga bunga» y estrecho compinche de Gadafi, Silvio Berlusconi, quien primero había dicho que no quería «molestar» a su amigo, tuvo que calificar de “inaceptable” la masacre de civiles y afirmar que estaba «alarmado». Para ver a Berlusconi besando literalmente las manos de Gadafi, haga clic aquí. Como mínimo el 32% de las exportaciones de petróleo de Libia va a Italia.

Y luego tenemos otro ejemplo clásico, el silencio ensordecedor de Washington. La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, emitió la acostumbrada condena insípida. El científico y activista libio-estadounidense Naeem Gheriany dijo al Institute for Public Accuracy que el gobierno de Barack Obama «dice que está ‘preocupado’ por la situación, pero no hay una verdadera condena a pesar de la terrible situación. Están masacrando a centenares de personas. Se informa de que Gadafi utiliza cañones antiaéreos para disparar a la gente. Aparentemente, en unos pocos días han matado a más gente en Libia que en semanas en Irán, Túnez, Bahréin, Yemen, e incluso Egipto (que tiene una población mucho mayor)… Ni siquiera el petróleo puede justificar este silencio.»

Sobra mencionar que Washington y Gadafi han sido los mejores compinches en la «guerra contra el terror». El agente capturado de al-Qaida, Ibn al-Sheikh al-Libi, objeto de una «entrega» de la CIA al ex presidente egipcio Hosni Mubarak y a Omar «Jeque al-Tortura» Suleimán, quienes lo torturaron debidamente para que confesara una conexión inexistente entre Sadam y al-Qaida con las armas de destrucción masiva y que utilizó el entonces secretario de Estado Colin Powell como «inteligencia» en su discurso en las Naciones Unidas en febrero de 2003, fue posteriormente rastreado en Libia por Human Rights Watch antes de terminar su vida en un supuesto «suicidio».

¿Villa en Milán o en La Haya?
El escritor opositor libio Ashour Shamis ha señalado: «Para Gadafi es una cuestión de matar o morir». La familia dijo al periódico saudí al-Sharq al-Awsat: ¡Todos moriremos en suelo libio! Eso significa Gadafi y una serie de vástagos odiados.

Su hijo Khamis –comandante de una unidad de elite de fuerzas especiales, entrenado en Rusia– es el cerebro de la represión en Bengasi. Su hijo Saadi, también está, o estaba, allí, junto con el jefe de la inteligencia militar Abdullah al-Senussi.

Su hijo Muatassim es el consejero de seguridad nacional de Gadafi y, hasta ahora, su posible sucesor. En 2009 trató de establecer su propia unidad de fuerzas especiales para debilitar el poder de Khamis.

Su hijo Said, el «modernizador» con un diploma de la LSE, no se lleva bien con la vieja guardia del régimen y los temidos «Comités Revolucionarios».

Su hijo Saadi es básicamente un matón al que le gusta formar escándalos en los clubes nocturnos en Europa. Lo mismo vale para su hijo Hannibal.

Todo parece y suena como una película barata de gángsteres salpicada de sangre. ¿Y qué pensar de la extraña aparición de 20 segundos de Gadafi en la televisión estatal el martes («Estoy en Trípoli, no en Venezuela»), empuñando un paraguas, sentado dentro de furgón color crema y llevando un sombrero de invierno con orejeras, sin la menor idea de lo que estaba sucediendo? (Después de todo apoyó hasta el final a sus amigos, Zine el-Abidine Ben Alí, de Túnez, y Mubarak). Calificó de «perros» a los canales de televisión –como al-Yazira- (En los años ochenta ya utilizó grupos de sicarios para matar a «perros callejeros» exiliados que cuestionaban su revolución).

A pesar de todo no hay que subestimar a Gadafi. Controla toda la infraestructura –defensa, seguridad, asuntos exteriores-. Más a todos esos mercenarios/exterminadores «africanos negros» pagados con oro. Ali Abdullah Saleh de Yemen dijo que su país no es Egipto o Túnez. Gadafi dijo que Libia no es Egipto o Túnez. Mubarak dijo que Egipto no es Túnez.

Todos se equivocaban: todo el mundo árabe es ahora Túnez. Las masas libias odian a «su» líder. Incluso otros dictadores árabes –con la excepción de la Casa de Saud– lo odian. Tiene pocas opciones para expatriarse. Hugo Chávez de Venezuela tendría que estar loco para ofrecerle asilo y así destruir para siempre su credibilidad de «campeón de los pobres».

Bueno, todavía queda Berlusconi. Una hermosa villa cerca de Milán, excelente pasta y puede colocar su carpa de beduino en los lujuriosos jardines. Y si a Berlusconi lo mandan a la cárcel en abril en su juicio por el «Rubygate», Gadafi incluso podría mudarse a la residencia principal. Pero después de bombardear desde el aire a sus propios ciudadanos, de contratar a mercenarios para que los maten, sólo queda un destino de primera calidad: el Tribunal Penal Internacional en La Haya.

Pepe Escobar
Correspondent for Asia Times and an analyst for the Real News.

Tomado: Red Voltaire.org

Ruídos de guerra imperialista: OTAN anuncia que está "preparada" para atacar Libia


El F-117 un sofisticado y secreto avión de combate estadounidense, que se utilizó en La Guerra del Golfo para efectuar bombardeos. Es invisible a los radares.

El secretario general de la Organización del Tratado del Átlantico Norte (OTAN), Anders Fogh Rasmussen, aseguró que la alianza está "preparada" para invadir Libia.

La OTAN está lista para emprender una intervención militar en Libia, país gobernado por el presidente Muammar al-Gaddafi.

Hoy, el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Anders Fogh Rasmussen, aseguró que la alianza está “preparada” para invadir el país africano.

“El Consejo del Atlántico Norte se reunió esta tarde para analizar la grave situación en Libia, que afecta la seguridad e integridad de miles de ciudadanos, entre ellos de países aliados de la OTAN”, comentó el danés al finalizar la reunión.

Rasmussen señaló que la OTAN actuará en estrecha colaboración con la comunidad internacional, en especial de las Naciones Unidas y mantendrá consultas para monitorear la crisis.

En ese sentido, el funcionario no excluyó que la alianza pueda, previa autorización de la o­nU, establecer un bloqueo en el espacio aéreo de Libia lo que impediría el vuelo de aviones militares y de esa manera apuntalar a los mercenarios de Washington.

La OTAN tiene un largo historial de asesinatos de ciudadanos de que no son integrantes de su organización, en tiempos recientes se recuerdan los bombardeos a Serbia y las invasiónes de Irák y Afganistán que han arrojado un saldo de casi dos millones de muertos.

Los imanes advierten en Bengasi que no aceptarán la intervención de otros países en la guerra contra Gadafi
El nuevo orden empieza a dibujarse en Bengasi, en el este del país. La revolución ha consolidado el control de la segunda ciudad libia y sus protagonistas intentan afianzar la nueva situación. Mientras los disparos todavía son los protagonistas en la capital, Trípoli, en Bengasi los imanes han tomado la palabra. En un acto celebrado en la plaza de los Mártires, decenas de miles de personas han escuchado el mensaje y la línea a seguir en el futuro. "No aceptaremos ninguna intervención del exterior, ningún país árabe, ningún país occidental debe entrar en nuestro país", ha dicho el imán a los congregados. "I Alá", ha terminado (por Alá). El funeral de tres personas fallecidas durante los enfrentamientos de los últimos días se ha incluido en el acto, tres mártires más en un cambio que parece imparable.

La sede del Libro verde de Gadafi de Bengasi ha sido quemada durante la revuelta. El manual de política de tres volúmenes escrito por el dictador Muamar el Gaddafi entre 1975 y 1979 expone las ideas del pensamiento político del régimen, de un modo similar a como lo hizo Mao Tse Tung con su Libro rojo. Las cenizas del edificio son ahora el símbolo de una revolución que pretende acabar con la forma de gobierno actual, la Yamahiriya, la república de comités populares de Gadafi. Lo que vendrá después todavía es una incógnita. Una pancarta colgada en las ruinas del edificio del Libro verde es clara: "El sistema tiene que caer desde Gadafi".

Volver para luchar

Muchas esperanzas se han abierto para los libios que apoyan ahora la revolución. Suleimán es uno de ellos. Asegura que estudió Ingeniería en la universidad en 1996, pero que tuvo que abandonar la carrera obligado por el régimen. Ahora está dispuesto a todo para conseguir un cambio para su país. Ayman Naas ha llegado desde Alemania dispuesto a participar en primera línea de la revolución. No es el único. Mientras algunos huyen del país, otros han decidido volver desde otros países para luchar por el nuevo orden y contribuir a la reconstrucción del país.

La labor de los periodistas internacionales ha cambiado radicalmente en la zona controlada por los revolucionarios. El número de enviados especiales ha aumentado y la gente en general ayuda en todo lo que puede a los recién llegados. Una de las consignas de la revolución es que el mundo debe conocer lo que sucede y el triunfo que supone que la mitad del país (la población se concentra en la zona costera) haya conseguido alzarse contra Gadafi y sentar las bases para facilitar la salida del dictador del país.

Kaos. Internacional | Prensa |Bruselas

Tomado: Kaos en la Red.net

25 feb. 2011

Entrevista a Eduardo Galeano en Méjico



Eduardo Galeano recibe en Méjico la " Medalla del Bicentenario "




Publicado: Esta Voz

La revolución sigue activa: Tunecinos y egipcios se echan a las calles pidiendo nuevos gobiernos


Foto: Urban Andersson

Túnez y Egipto están viviendo una jornada de manifestaciones a través de las cuales exigen la formación de nuevos gobiernos que pongan definitivamente fin a los regímenes anteriores.
Túnez y Egipto están viviendo una jornada de manifestaciones a través de las cuales exigen la formación de nuevos gobiernos que pongan definitivamente fin a los regímenes anteriores de Mubarak y Ben Ali.

En Túnez, miles de personas permanecen concentradas este viernes ante el Palacio de Gobierno, en la medina del centro del país para pedir la dimisión del Ejecutivo de transicióntunecino y del primer ministro, Mohamed Ghanuchi.

Por otro lado, decenas de miles de personas están concentradas desde el mediodía de este viernes en la plaza Tahrir de El Cairo para exigir la formación de un nuevo gobierno y que el expresidente Hosni Mubarak sea llevado ante los tribunales.

La manifestación, convocada por los mismos grupos que organizaron las protestas que acabaron con el régimen de Mubarak, el pasado 11 de febrero, se desarrolla en medio de especiales medidas de seguridad.

El acceso a la plaza Tahrir, que fue epicentro de la reciente revuelta popular egipcia, está custodiado por soldados, apoyados por tanques y tanquetas, y por un cordón de civiles que exigían documentos de identidad a quienes ingresaban a la plaza.


"No necesitamos este Gobierno,queremos uno nuevo que elijamos nosotros", afirmaba uno de los jóvenes manifestantes, Omar el Guendi.

Egipto vive un período de transición política que se abrió tras la renuncia de Mubarak, pero la mayoría de los ministros y el jefe del gabinete, Ahmed Shafiq, proceden del régimen anterior.

En muchos carteles de los manifestantes se pueden ver fotos de algunos de los 300 fallecidos durante las protestas políticas que acabaron con el régimen de Mubarak.

Los lemas de la concentración incluían la formación de un nuevo gobierno y un juicio contra el expresidente, que se retiró a la ciudad egipcia de Sharm el Sheij, en la península del Sinaí, después de anunciar su renuncia.

Tomado: Kaos en la Red.net
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