2 jun. 2011
Sr. Policía
Usted no puede golpear con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos, Sr. Policía, sea Policía Nacional, Autonómico, Municipal, Ertzaina o Mosso d’Esquadra. En ningún caso. Sí puede físicamente hacer uso de su fuerza bruta de forma delictiva, pero, legal y moralmente, usted no puede golpear con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos. No puede. No puede tampoco pegar patadas a un ciudadano que está en el suelo porque usted y sus compañeros de Cuerpo lo han derribado.
Haga lo que haga él, usted no puede golpear con la porra a un ciudadano que está sentado pacíficamente y no lleva armas. Nos habían horrorizado casos anteriores similares, como cuando creímos ver hace unos años a sus compañeros de la Policía Municipal de Madrid pateando a ciudadanos derribados en la plaza del Dos de Mayo, pero éramos pocos los que creímos verlo, uno no puede estar en todo, y siempre se negaba por la autoridad competente, militarizada por supuesto, lo que habíamos creído ver. Pero ayer lo de la Plaça de Catalunya lo vio todo el mundo en todas las televisiones y nadie podrá negarlo. Usted golpeó con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos.
Parece que ustedes llaman ‘defensa’ a la porra. No entiendo mucho de su jerga, pero recuerdo que eso es lo que decía el jefe de sus jefes, Martín Villa, cuando justificaba los apaleamientos masivos de las fuerzas de represión sobre los obreros en huelga. Eran otros tiempos, ahora ya no caen los trabajadores abatidos por ‘disparos al aire’. Vivimos en democracia y, sin embargo, usted no utilizó ayer la ‘defensa’ para defenderse de nadie en la Plaça de Catalunya. Usted golpeó con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos.
No puede usted alegar órdenes recibidas, obediencia debida, porque nadie puede darle la orden de golpear con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos. Nadie puede ordenarle, aquí, en un país democrático, lo que no se atrevieron a ordenar Mubarak o Ben Ali. Si su jefe tuviera la osadía de ordenárselo, usted, Sr. Policía, ciudadano de un país democrático, lo pondría en conocimiento de la autoridad competente -en la que confía sin reserva alguna- para que se sancionara ese abuso contra los ciudadanos y también contra usted, también ciudadano de un país democrático que no tiene por qué ejecutar órdenes ilegales y golpear con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos.
Si el jefe de sus jefes, el Sr. Felip Puig, dice que usted ‘calibró bien’, usted, Sr. Policía, debe decirle que no, que usted golpeó con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos y les produjo heridas y lesiones de diversa consideración. Y que eso es una vergüenza para usted, sus jefes, su Cuerpo y su país.
Es posible que usted sea demócrata y considere que los ciudadanos desarmados y pacíficos a los que golpeó con la porra cuestionaban la legitimación democrática de los jefes de sus jefes, los que se presentaron a elecciones. Se pueden discutir las opiniones, pero eso no le permite a usted golpear con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos. Ni siquiera era admisible cuando a sus jefes los legitimaba la gracia de Dios.
No se crea que se lo vayan a agradecer los beneficiarios de sus desmanes. Usted puede ver en las películas, como en la vida misma, cómo los sicarios son siempre despreciados por los poderosos que los usan y los tratan como a sus perros de presa. Y usted no es un perro, es un ciudadano de un país democrático, que no puede golpear con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos.
Usted será sancionado, Sr. Policía, pero en la democracia sanción no es venganza. Es mejor que usted reciba la sanción, reflexione y se reinserte que no que siga la degradación y podredumbre en que está inmersa la sociedad española con su Banca a la cabeza. Si hay algo de decencia en el Govern y si el Síndic de Greuges cumple su función, su jefe será también sancionado, y el Conseller, Felip Puig, será destituido con ignominia. Si no, muchos nos ocuparemos de recordarlo mientras nos queden fuerzas.
Sr. Policía, mientras usted no entienda que es un trabajador y un ciudadano, y que no puede golpear con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos, no vamos a ser amigos.
El mundo de la insolidaridad se está acabando, apúntese al nuevo. Usted posiblemente es joven y llega a tiempo. Pero entretanto, recuerde que no puede golpear con la porra a ciudadanos desarmados y pacíficos. No puede, Sr. Policía.
Manuel Martínez Llaneza
Tomado: Rebelión.org
1 jun. 2011
Delito de silencio
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La moderna tecnología de la información permite hoy la participación no presencial. Y, por tanto, facilita la transición de una economía de especulación y guerra a una economía de desarrollo global sostenible.
El tiempo del silencio ha concluido. De ahora en adelante, delito de silencio.
Los poderosos, que han ahuyentado desde siempre a los ciudadanos que, con mayor atrevimiento, ocupaban el estrado, no contaban con la "revolución virtual". La capacidad de participación no presencial (por telefonía móvil, SMS, Internet...) modificará los actuales procedimientos de consulta y elecciones. En síntesis, la democracia.
Ha llegado el momento de la movilización ciudadana frente al "gran dominio" (económico, energético, militar, mediático), de tal modo que se inicie sin demora la gran transición desde una economía de especulación y guerra (4.000 millones de dólares al día en armas y gastos militares al tiempo -no me cansaré en insistir en ello que mueren de hambre más de 70.000 personas) a una economía de desarrollo global sostenible, que reduzca rápidamente los enormes desgarros y asimetrías sociales y el deterioro progresivo (que puede alcanzar límites irreversibles) del entorno ecológico.
Ha llegado el momento de impedir y sancionar el acoso que el "mercado", a través de conspicuas agencias de "calificación", ejerce sobre los políticos, "rescatadores" empobrecidos que deben aplicarse, a riesgo de hundimiento financiero, a recortar sus presupuestos. Los que preconizaban "menos Estado y más mercado", asegurando que se autorregularía y que se eliminarían los paraísos fiscales, deben rectificar públicamente y corregir los graves desperfectos ocasionados.
Ha llegado el momento de sustituir los grupos "plutocráticos" que iniciaron el presidente Reagan y la primera ministra Thatcher, que han demostrado su total inoperancia, por unas Naciones Unidas fuertes dotadas de los recursos personales, técnicos y financieros que le permitan cumplir su alta misión (de seguridad internacional; de garante de los principios democráticos; de la libertad de expresión y de acceso a una información veraz; de acción coordinada para reducir el impacto de catástrofes naturales o provocadas; de atención medioambiental; de pautas de desarrollo social y económico oportunamente aplicadas)...
Todos deberíamos leer y releer la Declaración Universal de los Derechos Humanos, para sentirnos confortados, para llenar nuestro amanecer con el convencimiento de que vale la pena seguir luchando en favor de los grandes valores éticos que deben inspirar nuestro comportamiento cotidiano. Para que nos apercibamos de que "estamos dotados de razón" para remediar la tentación de la fuerza.
Es apremiante esta "lectura activa" porque no se están rectificando los rumbos. No se está yendo decididamente de la plutocracia al multilateralismo. No se está acabando de una vez con los paraísos fiscales, que hacen posibles los tráficos de toda índole (drogas, armas, ¡personas!...). No se está regulando la especulación ni la economía irresponsable. No se está contrarrestando la excesiva concentración del poder mediático. No se están iniciando los pasos conducentes a un nuevo modelo productivo de desarrollo global sostenible. Como antes de la crisis, lo único importante es negociar, vender...producir lo más barato posible, mediante una deslocalización hacia el Este que no tiene en cuenta cómo viven los "productores" de estos países ni si se observan sus derechos humanos... Más de lo mismo...y la sociedad todavía callada, silenciosa, mirando hacia otro lado.
Las instituciones "públicas" como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como instituciones privadas de dudosa imparcialidad están -cuando no supieron prever ni prevenir la crisis actuando de forma interesada en favor de los mismos que originaron la grave situación presente.
¿Y qué hacen las comunidades científica, académica, artística...? Siguen observando. En general, son espectadores distraídos, que no reflexionan suficientemente sobre los grandes problemas ni actúan en consecuencia. No se aperciben todavía del enorme poder ciudadano.
Hasta que un día, después de años y años de democracias frágiles y maniobreras, llega, con la moderna tecnología de la comunicación, la posibilidad de construir en el ciberespacio lo que hasta ahora se ha podido evitar en la "vida real". Hoy es ya posible modificar con la telefonía móvil, Internet, etcétera, la realidad tercamente acuñada, siempre imperturbable; movilizar a los millones de seres humanos que pueden, por fin, unir sus voces y anhelos; y llevar a cabo la revuelta, pacífica pero firme, que los guardianes de la inercia y de los privilegios, de las alacenas del pasado, no nos dejaban ni siquiera esbozar.
El porvenir está por hacer. El futuro debe inventarse venciendo la inercia de quienes se obstinan en querer resolver los problemas del mañana con las recetas de ayer. Muchas cosas deben conservarse. Pero otras deben cambiarse. Y hay que atreverse.
¡Ahora es el momento de la sociedad civil! De la fuerza a la palabra, al encuentro, a la conciliación. De súbditos a ciudadanos, la gran transición.
Federico Mayor Zaragoza.
Ex director general de la Unesco, presidente de la Fundación Cultura de Paz y presidente de la agencia IPS.
Tomado: La República.com.uy
Conozco a un hombre…
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| Los inmigrantes |
Los colonos italianos venían organizados en caravanas, traían su professor, su animador de rezos y una inmensa voluntad de trabajar y de construir la vida a partir de nada. Él había estudiado varios años con los jesuitas de São Leopoldo y había acumulado un amplio saber humanístico. Sabía latín y griego y leía en lenguas extranjeras. Vino para animar la vida de aquella povera gente. Era maestro de escuela, figura de referencia, respetadísimo. Daba clases por la mañana y por la tarde. Por la noche enseñaba portugués a los colonos que sólo hablaban italiano y alemán en casa. Además de esto, abrió una escuelita para los más avanzados, para formarlos como tenedores de libros, para hacer la contabilidad de las bodegas y ventas de la región.
Como los adultos tenían especial dificultad para aprender, usó un método creativo. Se hizo representante de una distribuidora de radios y obligaba a cada familia a tener una radio en casa, así aprendían «brasilian» oyendo programas en portugués. Montaba catavientos y pequeños dínamos allí donde había una cascada para que pudiesen recargar las baterías. Como maestro de escuela era un Paulo Freireavant la lettre. Consiguió montar una biblioteca de dos mil libros. Cada familia se llevaba un libro a casa, lo leía y el domingo, después del rezo del rosario en latín, se formaba un corro donde cada uno contaba en portugués lo que había leído y entendido. Nosotros los niños, nos reíamos a más no poder del mal portugués que hablaban. No enseñaba solamente lo básico, sino todo lo que un colono debía saber: medir tierras, tejar el tejado del depósito para las municiones, calcular los intereses, cuidar del bosque ciliar y tratar los terrenos con gran pendiente. Nos introducía en los rudimentos de la filología, enseñándonos las palabras latinas y griegas. De pequeños, sentados junto al fogón por causa del frío helador, debíamos recitar todo el alfabeto griego, alfa, beta, gamma, delta… y más tarde en el colegio, nos llenábamos de orgullo al mostrar a los compañeros y a los profesores de dónde venían las palabras. A sus once hijos los incitaba a leer mucho. Yo decía de memoria frases de Hegel y de Darwin, sin entenderlas, para impresionar a los otros.
Era un maestro en todo el sentido de la palabra porque no se restringía a las cuatro paredes del aula. Salía con los alumnos a contemplar la naturaleza, a explicarles los nombres de las plantas, la importancia de las aguas y de los árboles frutales. En aquellos lugares del interior, distantes de todo, actuaba como farmacéutico. Salvó decenas de vidas usando la penicilina cuando le llamaban, frecuentemente en plena noche. Estudiaba en libros técnicos los síntomas de las enfermedades y cómo tratarlas.
En aquellas tierras ignotas de nuestro país había una persona angustiada por problemas políticos y metafísicos. Creó hasta una pequeña tertulia de amigos que se reunían para discutir de «cosas serias», pero más que todo para oírlo. Sin interlocutores, leía a los clásicos del pensamiento como Espinoza, Hegel, Darwin, Ortega y Gasset. Por la noche pasaba muchas horas pegado a la radio para escuchar programas extranjeros e informarse de la segunda guerra mundial.
Era crítico con la Iglesia de los curas, porque éstos no respetaban a los vecinos, todos protestantes alemanes, condenados ya al fuego del infierno por no ser católicos. Se oponía con dureza a quienes discriminaban a los «negriti» y los «spuzzetti» (los que olían mal). A nosotros, sus hijos, nos obligaba a sentarnos en la escuela al lado de ellos para aprender a respetarlos y a convivir con los diferentes.
Su piedad era interiorizada. Nos transmitió un sentido espiritual y ético de la vida: ser siempre honesto, nunca engañar y confiar incondicionalmente en la Providencia divina. Para que sus once hijos pudiesen estudiar y llegar a la universidad iba vendiendo, a trozos, todas las tierras que tenía o heredara. Al final llegó a vender su casa. Su alegría no tenía límites cuando veníamos de vacaciones pues así podía discutir horas y horas con nosotros. Y nos ganaba a todos. Murió joven, a los 54 años, extenuado de tanto trabajo y servicio en función de todos. Sabía que iba a morir. Soñaba conversar con Platón, discutir con San Agustín y estar entre los sabios. A la misma hora y el mismo día en que me embarqué para estudiar en Europa su corazón dejó de latir. Sólo lo supe una vez en Múnich. Mis hermanos y hermanas escribieron sobre su tumba su lema de vida: «De su boca oímos, de su vida aprendimos: quien no vive para servir no sirve para vivir».
El 25 de mayo de 2011 habría cumplido cien años. Este maestro de escuela, sabio e interiorano, era Mansueto Boff, mi querido y añorado padre.
Leonardo Boff
Tomado: CubaDebate.cu
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Leonard Cohen, Príncipe de Asturias de las Letras
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| Leonard Cohen |
La poesía cantada, esas novelas de seis minutos y pico, la prosa mecida por inconfundibles melodías folk le han valido al músico Leonard Cohen (Montreal, 1934) el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Por sus canciones de marcado carácter literario, sí, pero también por su obra no cantada, libros como Flores para Hitler, Los hermosos vencidos, Comparemos mitologías, o la obra El juego favorito.
Con esta decisión, el jurado de los galardones hace realidad una vieja amenaza de la Academia Sueca: conceder su máxima distinción literaria a un simple cantante de rock. A lo mejor el Nobel nunca acaba por recaer en Bob Dylan, pero sí ha merecido un Príncipe de Asturias el cantautor canadiense cuyas letras (Suzanne, Last year’s man, So long Marianne, Joan of Arc. Famous Blue Raincoat o I’m your man) son leídas con la reverencia debida a las grandes obras de la literatura por generaciones de oyentes.
Posiblemente ahora cobre todo su sentido el hecho de que la carrera de Cohen, fenomenal recitador de voz grave y ascendencia lituana, comenzase en los cenáculos literarios en aquellos años 60 en los que la generación que revisó las tradiciones del folk introdujo la sensibilidad poética de autores estadounidenses como Walt Whitman o Henry David Thoreau. Su novela de debú, El juego favorito, tomó la forma de un libro de aprendizaje.
Después vendría el fichaje por Columbia Records, auspiciado por John Hammond. Y su estreno discográfico, Songs of Leonard Cohen, acaso uno de los mejores álbumes de la historia del rock. Se abría con Suzanne, una letra dedicada platónicamente auna bailarina canadiense que ya daba idea de unas inquietudes poéticas nada común en la industria de la música: “Y cuando tratas de decirle / que careces de amor para ofrecer / te coge y te mece entre sus brazos / dejando que el río conteste / que siempre fuiste su amante”.
La pulsión estilística de Cohen nunca desapareció desde entonces, en discos comoSongs from a Room (1969), Songs of Love and Hate (1971), Death of a Ladies’ Man(1977, con producción de Phil Spector), I’m Your Man (1988) o su último álbum de estudio Dear Heather(2004).
Cohen visitó España por última vez en 2010 en una gira enmarcada en un tour monumental, espoleado por la pertinaz ruina en la que se quedó tras el último divorcio. El tour le llevó por todo el mundo desde 2009 (en realidad, eran dos giras enlazadas). Una prueba de lo que se pudo ver en aquellos conciertos está contenida enLive in London (2009). Cohen firmó un brillante capítulo en su relación con España cuando colaboró con sus composiciones para un disco de Enrique Morente, Omega(1996). El Festival Internacional de Benicàssim fue testigo del reencuentro entre ambas leyendas de la música.
El galardón, que el año pasado recayó en el escritor libanés Amin Maalouf, reconoce a las personas cuya labor creadora o de investigación represente una contribución relevante a la cultura universal en los campos de la literatura o de la lingüística.De los ocho galardones que convoca la Fundación Príncipe de Asturias, el de las Letras ha sido el quinto en fallarse en la presente edición. La entrega de los premios será en otoño en el teatro ovetense Campoamor, presidida por Don Felipe de Borbón. Cada premio está dotado con 50.000 euros y la escultura creada expresamente por Joan Miró
Tomado: CubaDebate.cu
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Cuando las instituciones violan a las naciones
Dos mundos colisionan en una suite de lujo. Algunas reflexiones sobre el FMI, la injusticia mundial, y un extraño en un tren
¿Cómo puedo contar una historia que ya conocemos demasiado bien? Ella se llamaba África. Él, Francia. Él la colonizó, la explotó, la calló, e incluso, décadas después de que se suponía que habían terminado, él aún se entrometía en la resolución de los asuntos de ella en lugares como Costa de Marfil, un nombre que le habían dado por sus productos de exportación, no por su propia identidad.
Su nombre era Asia. El suyo, Europa. Ella se llamaba Silencio. Él, Poder. El nombre de ella era Pobreza. El de él, Riqueza. Su nombre era Ella, pero ¿qué era suyo? El nombre de él era suyo, y presumía de que todo era suyo, incluyendo Ella, y pensaba que podía poseerla sin preguntar y sin consecuencias. Era una historia muy antigua, aunque sus resultados han ido cambiando un poco en las últimas décadas. Y esta vez las consecuencias están remeciendo una gran cantidad de cimientos, que claramente debían ser sacudidos.
¿Quién escribiría una fábula tan obvia, tan torpe como la historia que acabamos de presentar? La cabeza extraordinariamente poderosa del Fondo Monetario Internacional (FMI), una organización global que ha creado pobreza masiva e injusticia económica, supuestamente asaltó a una camarera de hotel, inmigrante africana, en la lujosa suite de un hotel en Nueva York.
Dos mundos colisionaron. En otra época, la palabra de ella habría sido nula en contra de la de él y ella no habría podido ni presentar cargos, y la policía no habría investigado y habría escoltado a Dominique Strauss-Kahn hasta su avión a París. Pero lo hizo, y lo hicieron, y ahora él está bajo custodia, y la economía de Europa ha recibido un fuerte golpe, y la política francesa está patas arriba, y esa nación se tambalea mientras hace un examen de conciencia.
¿En qué estaban pensando, quienes decidieron darle esta posición singular de poder [a DSK], a pesar de todas las historias y las pruebas de tanta perversidad? ¿Qué estaba pensando él cuando decidió que podía salirse con la suya? ¿Acaso pensó que estaba en Francia, donde al parecer lo hizo, salirse con la suya? Ahora, una joven dice que él la asaltó en 2002 y que presentó cargos, pero su madre la convenció de retirarlos, y ella estaba preocupada por el impacto que podría tener en su carrera periodística (mientras que su propia madre aparentemente estaba más preocupada por la carrera de él).
Y el periódico The Guardian informa que estas historias, "han añadido peso a las acusaciones de Piroska Nagy, una economista de origen húngaro, quien acusa que el director del fondo la sometió a un acoso sostenido cuando ella trabajaba en el FMI, y que la dejó con la sensación de que no tenía más remedio que aceptar dormir con él en el Foro Económico Mundial de Davos en enero de 2008. Ella alegó que él la llamaba y le escribía persistentemente con el pretexto de hacerle preguntas sobre [su área de especialidad,] la economía de Ghana, pero que pasaba a un lenguaje sexual y la invitaba a salir".
En algunas versiones, la mujer que acusó a Strauss-Kahn en Nueva York es de Ghana, en otras es una musulmana de la vecina Guinea. Un titular de la generalmente afable BBC decía: "Ghana - Prisionera del FMI", en un informe que documenta la manera en la que las políticas del FMI habían destruido la seguridad alimentaria de esa nación productora de arroz, al forzarla a abrir su mercado al arroz barato de los Estados Unidos, lo que mandó a la mayor parte del país a la pobreza extrema: todo se había convirtido en productos por los que había que pagar, desde el uso de un baño hasta conseguir un balde de agua, y muchos no podían pagar. Tal vez hubiera sudo demasiado perfecto, si ella fuera una refugiada de las políticas del FMI en Ghana. Guinea, en cambio, se liberó de la garra del FMI gracias al descubrimiento de grandes reservas de petróleo, pero sigue siendo un país sumamente corrupto y de gran disparidad económica.
Proxenetas del Norte
A los biólogos evolucionistas solía gustarles el axioma: "la ontogenia recapitula la filogenia", o que el desarrollo del individuo embriónico repite el desarrollo de la evolución de su especie. ¿La ontogenia de este supuesto asalto refleja la filogenia del Fondo Monetario Internacional? Después de todo, la organización fue fundada a finales de la Segunda Guerra Mundial como parte de la famosa conferencia de Bretton Woods, que impondría las visiones económicas de los Estados Unidos al resto del mundo.
El FMI estaba destinado a ser una institución de préstamos para ayudar a los países en desarrollo, pero para la década de 1980 se había convertido en una organización con una ideología: el libre comercio y el fundamentalismo del libre mercado. Sus préstamos se utilizarían para obtener un enorme poder sobre las economías y las políticas de las naciones de todo el sur global.
Sin embargo, si el FMI ganó poder a lo largo de la década de 1990, ha empezado a perder ese poder en el siglo XXI, gracias a una fuerte resistencia popular a las políticas económicas que encarna y el colapso económico que ocasionan esas políticas. Strauss-Kahn fue contratado para rescatar los restos de una organización que, en 2008, tuvo que vender sus reservas de oro y reinventar su misión.
Ella se llamaba África. Él, FMI. Él la preparó para ser saqueada, para no recibir atención de salud, para morir de hambre. Él la arrasó para enriquecer a sus amigos. Ella se llamaba Sur Global. Él, Consenso de Washington. Pero la racha de victorias de él se estaba acabando y la estrella de ella empezaba a vislumbrarse.
Fue el FMI quien creó las condiciones económicas que destruyeron la economía de Argentina en 2001, y fue la revuelta contra el FMI (entre otras fuerzas neoliberales) lo que impulsó el renacimiento de América Latina en la última década. Se piense lo que se piense de Hugo Chávez, fueron los préstamos de Venezuela lo que le permitió a Argentina pagar sus préstamos al FMI para que pudiera establecer sus propias políticas económicas.
El FMI es una fuerza depredadora, abriendo las economías de los países en desarrollo a las agresiones económicas de las corporaciones transnacionales del rico y poderoso Norte. Es su chulo. Tal vez lo sigue siendo. Sin embargo, desde que las manifestaciones anticorporaciones de Seattle de 1999 encendieran el movimiento global, ha habido una rebelión en contra del Fondo, y esas fuerzas han ganado en América Latina, han cambiado el marco lógico de todos los debates económicos para venir a enriquecer nuestra imaginación cuando se trata de economías y posibilidades.
Hoy, el FMI es un desastre, la Organización Mundial del Comercio está opacada, el TLCAN casi universalmente vilipendiado, el Área de Libre Comercio de las Américas cancelado (aunque los acuerdos bilaterales de libre comercio siguen), y gran parte del mundo ha aprendido mucho del curso intensivo en Política Económica de la década [de 1990].
Extraños en un tren
El New York Times informó así: "A medida que entendemos el impacto de la situación del Sr. Strauss-Kahn, los medios de comunicación comenzaron a revelar historias durante mucho tiempo reprimidas o anónimas, de lo que llamaron el comportamiento previo depredador del Sr. Strauss-Kahn hacia las mujeres y su persecución sexual de ellas, desde estudiantes y periodistas hasta subordinadas".
En otras palabras, él había creado una atmósfera que era incómoda o peligrosa para las mujeres, lo que hubiera sido algo distinto de haberse tratado de una pequeña oficina. Pero que un hombre que controla una parte de la suerte del mundo, aparentemente se dedicara de forma activa a generar miedo, miseria e injusticia a su alrededor, dice algo sobre nuestra especie y los valores de las naciones e instituciones que toleraron su comportamiento y el de hombres como él.
En los Estados Unidos tampoco escasean los escándalos sexuales y el olor de la arrogancia; pero por lo menos son consensuados (por lo que sabemos). El director del FMI es acusado de asalto sexual. Si este término lo confunde a usted, olvídese de la palabra "sexual" y concéntrese en "asalto", en la violencia, en la negativa a tratar a alguien como ser humano, en la negación de los más básicos derechos humanos, el derecho a la integridad corporal y la seguridad personal. "Los derechos del hombre" era una de las grandes frases de la Revolución Francesa, pero siempre ha sido cuestionable si incluye los derechos de las mujeres.
Los Estados Unidos tienen cien millones de defectos, pero me siento orgullosa de que la policía le haya creído a esta mujer y de que ella tendrá su día en la corte. Me complace no estar esta vez en un país que decide que la carrera de un hombre poderoso o el destino de una institución internacional sean más importantes que esta mujer y sus derechos y su bienestar. Esto es lo que entendemos por democracia: que todos tienen una voz, que nadie se sale con las suyas sólo por su riqueza, su poder, su raza o su género.
Dos días antes de su arresto, Strauss-Kahn, al parecer, salió desnudo de su cuarto de baño de hotel; había una gran manifestación en la ciudad de Nueva York. "Hagamos que Wall Street pague" era el tema y los trabajadores sindicalizados, los radicales, los parados, y otros –20.000 personas– se reunieron para protestar por el asalto económico en este país, que está creando tanto sufrimiento y privación para muchos, y riqueza obscena para unos pocos.
Yo estaba ahí. En el vagón de regreso a Brooklyn, un hombre de la edad de Strauss-Kahn le había metido mano a la más joven de mis tres compañeras. Al principio, ella pensó que se habían golpeado accidentalmente. Eso fue antes de que ella sintiera la mano de él en las nalgas, y me dijo algo, como lo hacen las mujeres jóvenes a menudo, tentativamente, en silencio, como si tal vez no estuviera sucediendo eso o que no fuera del todo un problema.
Finalmente, ella lo miró con rabia y le dijo que se detuviera. Por un momento, recordé mis años de joven de diecisiete años en París y cuando algún imbécil me agarró el culo. Tal vez fue mi momento más americano en Francia, cuando era un país de agarraculos; y digo americano porque llevaba tres toronjas, una compra preciosa si tomamos en cuenta la pequeñez de mis fondos, y se las arrojé, una tras otra, al sinvergüenza, como pelotas de béisbol, por la satisfacción de verlo escabullirse en la noche.
Su acción, como tanta violencia sexual contra la mujer, estaba destinada sin duda a ser un recordatorio de que este mundo no era mío, que mis derechos –mi Libertad, mi Igualdad y mi Fraternidad, si se quiere– no importaban. Excepto que yo lo había hecho correr bajo un aluvión de fruta. Y a Dominique Strauss-Kahn lo bajaron de un avión para hacerlo responder a la justicia. Sin embargo, que una amiga mía fuera manoseada de camino a casa después de una marcha por la justicia deja en claro lo mucho que todavía hay por hacer.
Los pobres mueren de hambre mientras los ricos se tragan sus palabras
Lo que hace tan resonante el escándalo sexual que estallara la semana pasada es la forma en que el presunto agresor y la víctima representan relaciones mayores alrededor del mundo, comenzando con el asalto del FMI sobre los pobres. Ese asalto es parte de la lucha de clases de nuestra era, en la que los ricos, y sus representantes en los gobiernos, han tratado de engrandecer sus propiedades a expensas del resto de nosotros. Los países pobres y en desarrollo del mundo pagaron primero, pero el resto de nosotros estamos pagando ahora, a medida que las políticas y el sufrimiento que imponen llegan a nosotros a través de medidas económicas de derecha que avasallan a los sindicatos, los sistemas de educación, el medio ambiente y los programas sociales para discapacitados y adultos mayores, en el nombre de la privatización, el libre mercado y los recortes de impuestos.
En una de las apologías más notables de nuestra época, Bill Clinton –quien tuvo su propio escándalo sexual alguna vez– dijo ante las Naciones Unidas en el Día Mundial de la Alimentación en octubre de 2008, cuando la economía mundial se desmoronaba: "Necesitamos que el Banco Mundial, el FMI, todas las grandes fundaciones y todos los gobiernos admitan que, desde hace 30 años hemos estado metiendo la pata, incluyéndome a mí cuando yo era presidente. Nos equivocamos al creer que los alimentos eran otro producto para el comercio internacional, y todos tenemos que volver a una forma más responsable y sostenible de agricultura".
Y lo dijo aún más duramente el año pasado: "Desde 1981, los Estados Unidos han seguido una política, hasta el año pasado, más o menos, cuando empezamos a repensarlo, por la que los países ricos que producimos una gran cantidad de alimentos debemos vendérselos a los países pobres y liberarlos de la carga de producir sus propios alimentos, para que, gracias a la bondad, puedan saltar directamente a la era industrial. No ha funcionado. Puede que haya sido bueno para algunos de mis agricultores de Arkansas, pero no ha funcionado. Fue un error. Fue un error en el que yo participé. No estoy señalando con el dedo a nadie. Lo hice. Tengo que vivir cada día con las consecuencias de la pérdida de capacidad de los agricultores en Haití de producir una cosecha de arroz para alimentar a sus familias, a causa de lo que hice".
La admisión de Clinton estaba a la altura de la que hiciera en 2008 el ex presidente del Banco Reserva Federal [porque hay que recordar que el "Federal Reserve Bank" no es ni federal, ni es reserva. NdT], Alan Greenspan, en el sentido de que la premisa de su política económica estaba equivocada. Las mencionadas políticas y las del FMI, del Banco Mundial, y las de los fundamentalistas del libre comercio han creado pobreza, sufrimiento, hambre y muerte. Hemos aprendido, la mayoría de nosotros; y el mundo ha cambiado notablemente desde los días en que los que se oponían el fundamentalismo del libre mercado eran etiquetados como "retrógradas analfabetos, sindicatos proteccionistas o yuppies queriendo volver a 1960", en las mortales palabras de Thomas Friedman, que después debieron comerse.
Algo notable ocurrió luego del devastador terremoto de Haití el año pasado: el FMI bajo Strauss-Kahn intentó utilizar la vulnerabilidad de ese país para obligarlo a aceptar nuevos préstamos con las condiciones habituales. Los activistas reaccionaron a un plan que estaba garantizado que aumentaría el endeudamiento de un país ya en crisis por el tipo de políticas neoliberales por las que Clinton se disculpó tardíamente. El FMI parpadeó, dio un paso atrás, y accedió a cancelar la deuda existente de Haití con la organización. Fue una victoria extraordinaria para el activismo informado.
Poderes de los sin poder
Parece como si una camarera de hotel podría acabar con la carrera de uno de los hombres más poderosos del mundo, o mejor dicho, que podría acabarla él mismo por dar por descontados los derechos y la humanidad de esa trabajadora. Más o menos lo mismo le pasó a Meg Whitman, la multimillonaria de E-Bay que se postuló para gobernadora de California el año pasado. Ella se subió al tren de los conservadores atacando a los inmigrantes indocumentados, hasta que se descubrió que ella misma había empleado a una, Nicky Díaz, como ama de llaves.
Cuando, después de nueve años, tener a una imigrante se había convertido en algo políticamente inconveniente, despidió a la mujer abruptamente, afirmando que ella no sabía que su empleada fuera indocumentada, y se negó a pagarle su salario final. En otras palabras, Whitman estaba dispuesta a gastar 140 millones de dólares en su campaña, ¡pero tiró por la borda su carrera política, en parte, por una deuda de 6.210 dólares en salarios no pagados!
Díaz dijo: "Sentí que me estaba tirando como un pedazo de basura". La basura tenía una voz, y el Sindicato de Enfermeras de California se encargó de amplificarla, y California se libró de la dominación de una multimillonaria, cuyas políticas han brutalizado aún más a los pobres y a la empobrecida clase media.
La búsqueda de la justicia para un ama de llaves indocumentada y una camarera de hotel inmigrante son los microcosmos de la guerra mundial de nuestro tiempo. Si Nickie Díaz y la batalla sobre los préstamos del FMI del año pasado a Haití demuestran algo, es que el resultado es aún incierto. Podremos haber ganado algunas escaramuzas, pero la guerra continúa. Todavía queda mucho por saber acerca de lo que sucedió en esa suite de hotel en Manhattan la semana pasada, pero lo que sí sabemos es esto: se está librando una verdadera guerra de clases en nuestro tiempo, y la semana pasada, un así llamado socialista se puso en el lado equivocado de la misma.
Él se llamaba
Privilegio, pero ella era Posibilidad. La de él era la misma historia de siempre, pero la de ella era nueva, y hablaba de la posibilidad de cambiar una historia aún inconclusa, que nos incluye a todos nosotros, que es sumamente importante, y que vamos a ver, a hacer y a comentar por muchos años.
Rebecca Solnit: Es la autora de 13 libros, incluyendo de A Paradise Built in Hell: The Extraordinary Communities that Arise Disaster y coautora, con su hermano David, de The Battle of the Story of the Battle of Seattle, una breve antología sobre cómo ese evento que cambió la historia ha sido tergiversado, con reproducciones de algunos de los documentos originales.
Traducción para http://www.sinpermiso.info/: Antonio Zighelboim
Tomado: Revista Sin Permiso.info
Partido Comunista de Chile demanda indagar muerte de Pablo Neruda
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| Chofer del poeta recién denunció que éste fue asesinado un día antes de exiliarse en México. |
El Partido Comunista chileno pidió investigar la muerte del premio Nobel Pablo Neruda en 1973, ocurrida días después del golpe de Estado que instaló la dictadura de Augusto Pinochet, tras la denuncia de un asesor de que se trató de un asesinato y no el cáncer que se dio como versión oficial.
La querella del Partido Comunista (PC) fue planteada al juez Mario Carroza -mismo que investiga además las causas de la muerte del ex presidente Salvador Allende- por considerar que existen elementos que lo ameritan por recientes declaraciones de un colaborador de Neruda y de un diplomático.
Neruda murió el 23 de septiembre de 1973 en una clínica de Santiago por un cáncer de próstata -según la versión oficial-, 12 días después del golpe de Estado que derrocó y provocó la muerte de Allende, uno de los grandes amigos del poeta.
El chofer de Neruda, Manuel Araya, denunció recientemente que éste fue asesinado a través de una inyección en el estómago un día antes de que se concretara un viaje al exilio a México, donde pensaba convertirse un relevante opositor a la dictadura de Pinochet.
Al testimonio de Araya se suma la declaración dada este fin de semana a un medio de México por el ex embajador de ese país en Chile, Gonzálo Martínez, que estuvo con Neruda el día anterior a su muerte.
El abogado Eduardo Contreras, quien presentó la querella en nombre del PC, destaca este martes las declaraciones de Martínez.
Según Contreras, el diplomático señala que el poeta -ganador del premio Nobel en 1971- "podía conversar tranquilamente, caminó por la pieza, intercambiaron opiniones políticas, describió qué objetos personales quería llevar en su viaje a México, expresó dudas de irse del país pues dijo que quería compartir la suerte de su pueblo".
"Estas conjeturas, argumentaciones y testimonios, obligan ética, moral y judicialmente a presentar esta querella, porque sin duda Neruda en el exilio habría sido algo muy difícil para la dictadura", explicó Contreras.
Recientemente la Fundación Pablo Neruda, que administra la obra del poeta, señaló que "no existe evidencia alguna ni pruebas de ninguna naturaleza que indiquen que Pablo Neruda haya muerto por una causa distinta del cáncer avanzado que lo aquejaba".
AFP
Tomado: La Jornada.unam.mx
“Hay un personaje que sale a escena, pero soy otra mujer”
Canciones como flechas, dice Martirio que fue lo que buscó en estos años, que ya son 27, de carrera. No halagos por su capacidad vocal, por su técnica o por la corrección de la interpretación: flechas de música y poesía. En esas canciones que ha apuntado con cada uno de sus proyectos –con todo lo disímiles que han sido entre sí– está lo que esta mujer nacida en Huelva, de imagen tan fuerte y definida en escena, ha buscado, dice, explícitamente. Martirio habla de comunicar, participar, compartir, buscar, encontrar, más que de cantar bien. Habla también de los conciertos como la posibilidad de tomar contacto con una ceremonia casi religiosa. “Aunque haya mucha risa también, ¡no vaya a creer que yo solamente soy dramática! ¡Le puedo asegurar que la gente se ríe mucho en mis shows!”, aclara enseguida, quizás adivinando que el peso dramático de la figura de grandes peinetas y lentes oscuros va empezando a hacer sentir su efecto.
De lo más amable y verborrágica, precisa y descriptiva ante cada pregunta, Martirio conversa con Página/12 telefónicamente. En pocos días volverá a cantar en la Argentina después de doce años, en un concierto que es un repaso por su carrera, y que no anuncia como espectacular en su despliegue, sino todo lo contrario: propone, dice, un viaje íntimo. Será este domingo 5 en Rosario, y el próximo martes 7 en el Teatro Gran Rex (hoy actuará también en Montevideo), acompañada por Raúl Rodríguez (su hijo) en guitarra y Jesús Lavilla en piano. En Buenos Aires, la espera además la declaración de Huésped de Honor de una ciudad en la que dice haber encontrado “amigos y admirados”, en una lista que abarca a María Graña, Susana Rinaldi, Amelita Baltar, Fito Páez y Luis Salinas, pero que la lleva también a recordar a Mercedes Sosa, Astor Piazzolla, Edmundo Rivero y al Polaco Goyeneche.
–Propone celebrar en forma íntima su carrera. ¿Es una declaración de situación?
–Es simplemente la invitación a una especie de biografía sonora. Es un placer para mí poder contar de dónde vengo y todos los sitios por los que he pasado a nivel musical, presentar todos los caminos que he ido eligiendo a través de mi carrera, y hacer una recopilación donde se ve claramente quién soy y lo que me gusta. Con mi voz sólo acompañada por la guitarra y el piano, claro que con dos músicos excepcionales, capaces de pasar por cualquier estilo musical. En ese formato iremos recorriendo mis versiones de música latinoamericana, las cosas del flamenco, las coplas en jazz, las canciones de mi primera época de composición propia. Todo eso va conformando el entramado de todos los sitios por los que he andado.
–“En el aroma de lo desnudo, existe lo primordial a flor de piel”, dice usted en la presentación. Llegar a mostrar eso primordial en forma desnuda debe ser mucho más difícil que poner al canto vestiditos y colores.
–A mí me interesa esa flecha que sale del corazón y llega al corazón y al estómago de la gente. Me interesa que cuando yo cante al público le pasen cosas. Me interesa ser espejo de sentires, me interesa la conmoción sentimental y emocional que se produce cuando la interpretación intenta ser de verdad. Eso me interesa mucho más que buscar que digan que mí: “¡Esta señora sí que es una magnífica cantante!”. Me interesa llegar a comunicar una serie de sentimientos, que la gente pase por los distintos géneros y temas que voy mostrando, de la sonrisa más amplia, e incluso la risa, hasta llegar a llorar. Es muy hermoso poder plasmar en un escenario todo ese caleidoscopio de sentimientos humanos.
–¿Qué es lo más difícil que le planteó la carrera que está recorriendo, el desafío más grande que tuvo que enfrentar?
–Me he enfrentado a muchísimos retos, cuando empecé no podía pensar la cantidad de cosas que me esperaban. He pensado siempre en hacer las cosas con libertad, eso quizás ha sido lo que más me ha gustado y lo que más trabajo me ha costado conseguir. Hacer las cosas de manera independiente, libre. Hacer exactamente lo que sentía en cada momento, pasando completamente de cualquier otro interés, y sin importarme el costo personal y económico. He cambiado bastantes veces de casa de disco, he estado dando muchas vueltas, pero sigo fiel a hacer lo que quiero. Eso me parece un grandísimo logro.
–¿Y le sigue costando esa libertad, hoy?
–Claro que sí, ¡siempre cuesta! Con la diferencia de que hoy cuento con la complicidad, el apoyo del público. Tenga en cuenta que yo tengo un personaje que es el que sale a escena, y después soy otra mujer, muy normal. Entonces el apoyo que siento no es el del artista que va por la calle y es saludado o tratado de forma especial. Es que la gente me diga que una canción mía le ha servido: eso es lo más grande para continuar. Y sobre todo que no se me quitan son las ganas de tirar pa’lante, eso es lo que más le agradezco a la vida: que las ganas siempre están ahí, por hacer algo distinto, por investigar, el vértigo de crecer, atreverme a cosas difíciles de asumir como mías.
–¿Por ejemplo?
–Buscar la auténtica fusión a partir de las raíces, la revisión de canciones antiguas, y darles mi impuso y mi personalidad. Investigar cómo se puede sacar esas canciones y ponérselas a la gente hoy al día. Cómo se puede recuperar la copla, que hoy es un género reconocido en España pero que cuando yo empecé no lo era. O la música latinoamericana fusionada con el aire flamenco. Y lo último que he hecho, un disco de poesía iberoamericana, otro eslabón de esa escalera que me he propuesto y que estoy tan feliz de subir. Son cosas nuevas, preciosas, que me exigen otro tipo de lenguaje. El camino sigue siendo de búsqueda.
–Es notable lo que dijo antes: su personaje es tan fuerte, que cuesta imaginarla como una mujer muy normal cuando baja de escena...
–Es una dualidad maravillosa que me permite vivir una vida muy tranquila, porque yo no soy nada star. Soy una mujer a la que le gusta la música por encima de todo: me he dejado la vida en la música y por la música, es lo que me ha hecho crecer y enriquecerme como ninguna otra cosa. Me gusta que la gente flipe con mi imagen, que Martirio sea una mujer fuerte y poderosa dentro de la interpretación. Pero después, yo quiero vivir fuera del escaparate, no soy de alfombra roja y grandes estrellatos. Soy mucho más artesana.
–Se define como “una arqueóloga musical”. ¿En qué sentido?
–Es una imagen, no lo digo en sentido estricto, porque hay mucha gente que tanto más conocimiento del tema que yo. Pero sí tengo verdadera afición a buscar canciones escondidas, y ver si, pasado el filtro del tiempo, tienen que ver conmigo, si se pueden pasar a mi estilo, si lo que están diciendo es algo que he sentido o que conozco bien. Repasar, releer esas canciones para que nueva gente las conozca; recordarlas, volver a pasarlas por el corazón. Ese es el sentido de mi arqueología musical.
–Y esa actitud de recuperación, ¿es algo que lo toma como un compromiso o le sale naturalmente?
–Me sale naturalmente. El gran maestro que tengo es la intuición, intento echarle muchísima cuenta, tenerla limpita, porque creo que ahí es donde está todo. Es una especie de maestro que tenemos en la barriga y nos dice las cosas que nos sientan bien y las que no. Y yo, cuando escucho que me llama, le hago caso. Aquella libertad que tanto me ha costado también es lo más maravilloso, porque tanto en el repertorio como en la imagen, la elección de los músicos, en todo, he hecho siempre lo que he querido. Ha sido algo sentido y ya está, y muchas veces el tiempo me ha dado la razón. Otras veces es difícil explorar, abrir caminos. Lo cierto es que, cuando sigo la intuición, finalmente siempre es para mejor.
–Usted es actriz además de cantante...
–¡Pero no me considero yo una gran actriz, para nada! He hecho algunas cosas en cine y en teatro, pero ser actriz es una cosa muy seria.
–¿No se define entonces como actriz?
–Interpreto mis canciones, eso sí. Pero tengo tanto respeto por los actores, que me cuesta trabajo considerarme como tal.
–¿Y en cuánto influye esa capacidad de interpretación al momento de buscar la forma a una canción?
–Diría que no “actúo” mis canciones. Suelo coger el repertorio y pasarlo por dentro con la más absoluta sinceridad. Después lo represento y lo cuento, pero a la hora de interiorizarlo, grabarlo y cantarlo, estoy conectada todo lo más que puedo con mis sentimientos. Y creo que eso se nota al momento de cantar. La gente está buscando verdad por encima de todo, creo que ésa es la única forma de modificar las cosas desde el arte. Intento conectarme con la verdad, que una canción que he elegido porque tiene que ver conmigo pase por mí y que le llegue a la gente y le pasen cosas a la gente.
–Usted es, en su documento, María Isabel Quiñones Gutiérrez. Ya se lo deben haber preguntado mil veces, pero, ¿por qué Martirio?
–Me ha fascinado siempre la gente que es capaz de dar la vida por lo que cree. Al principio fue muy difícil y me he sentido como que tenía que dar fe de lo que estaba haciendo. Martirio significa en griego “testigo”, y soy bastante testigo de las mujeres de mi tiempo. Es un nombre que me cuadra porque además soy una persona muy inquieta, le doy muchas vueltas a la cabeza, me cuestiono todo mucho. Tiene que ver con muchas de esas cosas, pero no con el masoquismo, ni con el sufrimiento. El sufrimiento del amor no se puede evitar, claro, pero no es que me recree en eso.
–¿Y en su casa también es Martirio?
–¡Soy Maribel, para todos! Martirio es el personaje completamente equipado. Martirio saca afuera lo que Maribel piensa, es mucho menos tímida. Pero Maribel tiene una profundidad que es la que ha criado a Martirio. Por suerte, están las dos.
Karina Micheletto
Tomado: Página 12.com.ar
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