30 jul. 2011

La guerra es un latrocinio



-"La guerra es un latrocinio", escribió en 1935 el Mayor Smedley D. Butler poco después de retirarse del Cuerpo de Marines de Estados Unidos. Esa afirmación, que además es el título de su breve libro sobre el negocio de la guerra, suena igual de cierta hoy en día....



Amy Goodman.

Tomado: Democracy Now.org/es

28 jul. 2011

La ideología Facebook



Internet es una tecnología y Facebook un programa que la usa. Las tecnologías surgen de equis necesidad, y los programas, de equis propósito. Si de veras necesitamos de muchos” amigos, si realmente nos resulta indispensable localizar a la novia de ayer o al compañerito de primaria, adelante… ¡Facebook!

Cuando siendo adolescente pateaba las calles de una gran ciudad y ejercitaba la concentración mental para asesinar al director de mi escuela, solía detenerme en los escaparates de las librerías. Un libro que estaba en todas llamaba mi atención: Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie.

A pesar del exultante cintillo que lo recomendaba (¡millones de copias vendidas!), nunca lo compré. Me bastó abrirlo y leer la primera recomendación para constatar que la obra iba contra mis ideales: “No critique, ni condene, ni se queje”.

En el “ciberespacio” hay redes y… telarañas. Internet es una red (de redes), y Facebook una telaraña (de personas). Internet vincula, Facebook captura. Ambos sistemas enlazan. Sólo que Internet fue diseñada con fines públicos y Facebook, así como el libro de Carnegie, manipula lo público con fines privados.

¿Qué ideología profesaban los jóvenes de la Universidad de Stanford que a finales de los sesenta exploraban las potencialidades de la red? Digamos que el proverbial pragmatismo de la elitista democracia yanqui los invitó a responder una puntual petición del Pentágono: crear un sistema de comunicación descentralizado, capaz de resistir un ataque nuclear.

Como el proyecto no mencionaba que el sistema evitara la censura (o que se inspirara en la igualdad de derechos entre las fuentes de información), el Estado no reparó si los investigadores apoyaban la guerra de Vietnam o acudían a recitales para cantarle We shall overcome a Ronald Reagan, gobernador de California. Licencias del american way, que no volverán.

Internet fue concebida con el espíritu desinteresado de una comunidad de científicos, y Facebook surgió de la traición de Mark Zuckerberg a los amigos que, junto con él, diseñaron el programa para “hacer amigos”. Una historia que Ben Mezrich contó en Multimillonarios por accidente (Planeta, 2010) y que los reacios a la lectura pueden apreciar en La red social, la buena y simplona película de David Fincher (2010).

Zuckerberg es el dueño de Facebook (el “hombre del año” según la cavernícola revista Time), y Peter Thiel (inventor del sistema de pago electrónico PayPal) opera como piedra angular de su ideología. Por motivos de espacio, remito a Google el perfil de este ciberdinosaurio del mal. De mi lado, me detengo en René Girard (1925), filósofo y antropólogo francés, y alter ego de Peter Thiel.
En julio de 2008, en una revista de la derecha mexicana que presume de “libre” (y no menos manipuladora que Time), se dijo que “…la teoría antropológica de René Girard empieza a ser considerada la única (sic) explicación convincente sobre los orígenes de la cultura”. ¿Cuál sería esta ignota teoría? Nada menos que la vapuleada “mímesis” del deseo que, según Girard, configuramos gracias a los deseos de los demás.

Las piruetas intelectuales de Girard rinden tributo a sicólogos racistas, como Gustave Le Bon (1841-1931), y encajan en la mentalidad de tipos como Thiel: la gente es esencialmente borrega y se copia una a otra sin mucha reflexión. El sitio Resistencia Digital (RD) puso el ejemplo de la burbuja financiera: cuando Bill Gates compró parte de las acciones de Facebook, los tigres de Wall Street dedujeron que valía 15 veces más.

El segundo inversionista de Facebook se llama Jim Breyer (miembro de la junta de Walmart) y el tercero es Howard Cox, de In-Q-Tel, ala de inversión en capital de riesgo de la CIA. El Proyecto Censurado (iniciativa de la Universidad de Sonoma State, California, que ventila los temas que ocultan los medios) dice que la FBI recurre a Facebook en remplazo de los “Infragard” creados durante el primer gobierno de W. Bush: 23 mil microcomunidades o células de pequeños comerciantes “patrióticos”, que ofrecen los perfiles sicopolíticos de su clientela.

Facebook y su experimento de manipulación global acabaron con las teorías conspirativas. Por izquierda y derecha, millones de personas, que en principio estiman la democracia y la libertad (valores que para Thiel son “incompatibles”), parecen no reparar en que la privacidad es un derecho humano básico.

Atrapados en la cultura neoliberal (auténtica “red de redes”), gobiernos, instituciones y usuarios le entregan a Facebook redes de contacto, relaciones, nombres, apellidos y fotografías que se prestan al reconocimiento facial, la geolocalización móvil, la estadistica ideológica y los perfiles de mercado y sicológicos.

En ese sentido, Facebook es un subproducto ideológico de la imparable metástasis totalitaria que se expande en Estados Unidos. En lugar de las ambidextras obsesiones del púdico George Orwell, Facebook se nutre de la profecía que Jack London describió en El talón de hierro (1908): la instauración de un Estado policiaco, plagado de alcahuetes anónimos.

José Steinsleger.

Tomado: La Jornada.unam.mx

Obama y el gran chantaje de la deuda


Caricatura:  Matador
La coerción es el arma política preferida en Washington. Frente a la necesidad legal de incrementar el techo del endeudamiento del gobierno federal, el partido republicano y todas las fuerzas de la derecha conservadora han amenazado al titular del ejecutivo: o se encara realmente el problema del déficit con fuertes recortes en el gasto público, o se negará la autorización para elevar el techo de endeudamiento.
La derecha en Estados Unidos ha logrado ya entronizar como verdad absoluta la idea falaz de que la mayoría de la población quiere meter en cintura los gastos excesivos de un gobierno dispendioso. Obama se ha prestado a este triunfo y ha entregado su presidencia a los conservadores en bandeja de plata.

En realidad, la Casa Blanca capituló hace tiempo. Sabía que el estímulo fiscal aprobado al principio de la administración era insuficiente y su duración demasiado corta. Al renunciar a lanzar un nuevo paquete fiscal, Obama se echó la soga al cuello. Cuando el efecto del primer estímulo se agotó, Obama fue blanco de las críticas por el fracaso de su plan. De pronto, por arte de magia, la crisis fue percibida como estando más relacionada con los malos manejos de la economía bajo Obama que con 20 años de desregulación y abusos en el sector financiero. Y la discusión pasó de la necesidad de meter en cintura al sector financiero a la urgencia de recortar el déficit.

La realidad es que es absurdo tratar de resolver el problema del déficit fiscal en medio de una recesión. Hay en la actualidad un altísimo nivel de desempleo en Estados Unidos (alrededor de 20 millones de personas con desempleo total o parcial) y los salarios se encuentran deprimidos. Lo que en su momento permitió a los consumidores mantener su demanda fue el valor de sus casas, pero ahora el precio de esos activos sigue cayendo. La demanda agregada se ha desplomado y las empresas no están contratando más trabajadores, lo que conduce a un círculo vicioso que sólo se puede cerrar con un estímulo fiscal. Eso permitiría incrementar la recaudación fiscal y reducir el déficit. El congreso y Obama han escogido otro camino: de lo único que se habla en Washington es de reducir el gasto para abatir el déficit.

En realidad, un gobierno puede reducir el déficit de dos maneras: puede aumentar sus ingresos fiscales o puede reducir el gasto público. Las encuestas revelan que la mayoría de los estadunidenses están en favor de aumentar los impuestos a los estratos más ricos, los que se han beneficiado del modelo neoliberal durante décadas. Pero la clase política en Washington (es decir, ambos partidos) ya ha aceptado que incrementar la recaudación no es el camino para reducir el déficit. Aquí ha demostrado quién detenta el poder real en la democracia estadounidense. En cambio, los políticos en Washington prefieren reducir el gasto público, lo que necesariamente traerá consigo una mayor contracción de la economía de ese país. A los conservadores no parece importarles mucho porque el desgaste político será para Barack Obama.

En lugar de presentar opciones con liderazgo, Obama prefirió acomodarse a las prioridades de los conservadores. En vez de enfrentar con otras opciones el problema de las finanzas públicas, escogió doblegarse. La verdad es que no es necesario incrementar el endeudamiento porque existen muchas alternativas. Además de aumentar la recaudación, un recorte en el gasto militar es una opción evidente, pero el presupuesto del Pentágono se ha incrementado todos los años bajo la administración Obama.

Lo más importante hubiera sido una verdadera reforma en el sistema de salud. Hoy en día ese sistema está integrado por la seguridad social y los programas Medicare y Medicaid. El gasto en estos componentes es el factor más importante en el crecimiento del déficit. Pero el costo del sistema de salud se debe al control de los monopolios en la industria farmacéutica y en la de las aseguradoras. Los datos de la OECD revelan que el gasto en el sistema social de salud en Estados Unidos es superior al de países como Alemania o Suiza. Pero en términos de calidad, el servicio en los establecimientos estadounidenses está muy por debajo de esos países. La realidad es que el complejo farmacéutico-asegurador es tanto o más poderoso que el complejo militar-industrial cuando consideramos su impacto en la cuenta pública. La propuesta en Washington para reducir el gasto en el sistema de salud pública no pasa por controlar a los oligopolios. La reducción se llevará a cabo recortando el número de personas elegibles para estos servicios y empeorando la calidad de los mismos.

El chantaje ha funcionado. Se dice que si no se acepta el plan de los conservadores (en ambos partidos), sobrevendría una hecatombe. Eso habría que analizarlo con cuidado. Por el momento la clase política en Washington se encuentra bien con esta argumentación porque lo que le interesa es desmantelar los últimos vestigios del estado de bienestar en Estados Unidos.

Alejandro Nadal / La Jornada
Tomado: Rebelión.org

Confirman condenas


Fotografía de archivo del 14 de agosto de 2006 en la que se observa al coronel retirado Jorge Silveira (c) en Montevideo (Uruguay). EFE/Archivo

La Suprema Corte de Justicia de Uruguay rechazó un recurso interpuesto por un grupo de ex militares y ex policías condenados a penas de entre 20 y 25 años de prisión por crímenes cometidos durante la dictadura militar. El máximo tribunal uruguayo confirmó las penas impuestas por los cargos de homicidio especialmente agravado y rechazó el pedido de anular la condena al no haber prescripto los delitos juzgados, como lo había pedido la defensa de los condenados. De este modo, la Corte rechazó el argumento que sostiene que la Justicia no había juzgado esos crímenes “porque no quiso” y no “porque no pudo”. Por lo tanto, la fecha para la prescripción de los delitos debe contarse a partir del retorno de la democracia y no antes. Los ex militares Jorge Silveira (foto), Ernesto Ramas, Gilberto Vázquez y Luis Maurente y los ex policías Ricardo Medina y José Sande deberán cumplir la condena impuesta en 2009 por su responsabilidad en la muerte de 28 personas en el marco del Plan Cóndor, orquestado por las dictaduras del Cono Sur en los setenta. Esta fue la primera sentencia dictada en Uruguay en un caso de violación de derechos humanos derivado de la represión en los tiempos de la dictadura uruguaya.

Tomado: Página 12.com.ar

La avivada de los indignados


Los policías desalojan ayer a grupos de indignados del Paseo del Prado, en Madrid.
Imagen EFE 
En Madrid, con picardía y sin utilizar la fuerza, cinco indignados vestidos con camisas, corbatas y vestidos largos burlaron la seguridad del Congreso para entregar un manifiesto con las demandas de las asambleas del interior.
Las autoridades españolas acusaron recibo de la protesta que regresó a Madrid el fin de semana. Con picardía y sin utilizar la fuerza, cinco indignados vestidos con camisas, corbatas y vestidos largos burlaron la seguridad del Congreso de los Diputados para entregar un manifiesto donde se incluyeron las demandas de las asambleas del interior del país. Luego de sortear el cordón policial, los manifestantes dejaron un petitorio de diecisiete páginas en el interior del recinto. “Lo que queríamos era hacer llegar la voz de los pueblos. Este trabajo está hecho, nos vamos a casa”, dijo Borena, una joven que arribó el viernes a Madrid, desde Barcelona, para participar de la movilización que culminó el domingo en Puerta del Sol. Setenta personas alojadas en tres tiendas y rodeadas de policías celebraron con gritos y abrazos el regreso de los infiltrados, que minutos antes fueron recibidos por un vocero de Izquierda Unida.

Los indignados volvieron a copar la capital española durante el fin de semana, convirtiendo espacios públicos como el Paseo de las Cortes en improvisados campamentos. Con sus compañeros de regreso, explicaron que la intención no fue impedir la entrada de los diputados al Congreso –tal como sucedió en el Parlamento catalán hace algunas semanas–, sino hacerles llegar una serie de peticiones. Una vez que el campamento fue levantado, los jóvenes que eludieron el vallado aseguraron que los legisladores de IU los habían invitado al edificio de los grupos, frente al Congreso. Sin embargo, fuentes de ese partido desestimaron esa versión al afirmar que fueron los indignados quienes se contactaron con ellos. El portavoz de IU que recibió el documento dijo que le haría llegar el escrito a Gaspar Llamazares, vocero en el Congreso. Más tarde, el mismo Llamazares admitió que el texto estaba en manos del presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Mientras se negociaba la entrega del manifiesto, cien indignados eran desalojados con violencia por la policía madrileña del Paseo del Prado, donde realizaban una sentada pacífica en tres de los cuatro carriles de la calle. Por la noche, las protestas volvieron con cortes en la Gran Vía. Desde Twitter, @acampadasol informó que esa marcha comenzó en el boulevard central del Paseo del Prado y se dirigió hacia Cibeles. Acompañados por un fuerte dispositivo policial, los manifestantes continuaron por Alcalá al grito de “nos tocan a una, nos tocan a todas” o “ninguna agresión sin respuesta”. Un gran cartel con la leyenda “no es una crisis, es el sistema” encabezaba la columna que, a la altura de la Gran Vía, cortaba todos los carriles de la calzada.

A minutos de finalizada la movilización, un militante del 15-M confirma el desalojo de las fuerzas de seguridad. “Esta mañana se produjo una carga policial sobre la calle Carrera de San Jerónimo, donde desalojaron y arrastraron a los compañeros que se encontraban acampando”, denuncia Chema Ruiz Loza, miembro de Democracia Real YA (DRY) Madrid, en diálogo con Página/12. El activista señala que, durante toda la tarde, se produjeron cortes y acampadas en Neptuno, Cibeles, la Castellana y Gran Vía, pero que no hubo detenidos durante las refriegas con la policía.

Los indignados españoles esperan organizar una gran movilización en toda España para el 25 de septiembre: será la previa de una futura convocatoria a nivel mundial. “Estamos trabajando de cara a una gran manifestación para el 15 de octubre, incluso, queremos extenderla fuera de Europa”, adelanta Ruiz Loza. Asegura, además, que la organización ya hizo contactos con otros indignados en Egipto, Inglaterra, Portugal y Grecia. “Se ha creado un grupo internacional, si bien estamos todavía decidiendo el lema, tenemos pensado seguir con las reivindicaciones del 15-M”, apunta el integrante de DRY-Madrid.

“Acá hay asambleas casi todos los días”, asegura Ignacio Murgui, de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid. “En la marcha que partió hacia Bruselas se anunció la convocatoria para el 25 de septiembre”, agrega, movilización que entre sus principales demandas se opondrá a la ley hipotecaria (que actualmente prevé un serie de desalojos compulsivos) y por el derecho a la vivienda. Murgui estima que, posiblemente, el lema de la movilización del 15 de octubre condense el espíritu que dio nacimiento al 15-M: “Europa para los ciudadanos y no para los mercados. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”.

Adrián Pérez.

Tomado: Página 12.com.ar
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27 jul. 2011

La xenofobia se asienta en los parlamentos de Europa


Siv Jensen, líder de uno de los partidos populistas de derechas con más éxito de Europa, el noruego Partido del Progreso, vota en Olso en 2009.
En estas elecciones, su formación obtuvo el 23% de los votos. (AP/ Scanpix, Erlend Aas)


 “Cuando el descontento no encuentra a quién dirigirse, se busca sus propios representantes”
“Los populistas daneses combinan el discurso anti-inmigración con el chovinismo caritativo”
Demandas como “la liquidación de los gitanos” no son poco frecuentes en Europa del este
Difícilmente van a poner 50 policías adicionales la libre circulación dentro de la UE en verdadero peligro. Seguramente, a ningún ciudadano europeo se le niegue la entrada en Dinamarca. Y, realmente, nadie cree que los puestos aduaneros que Copenhague mandó reabrir a principios de julio sirvan para combatir el crimen transfronterizo.

Pero todo eso no importa. El medio centenar de agentes daneses tiene otro valor, uno simbólico: le dice a Bruselas que los acuerdos comunitarios pueden cumplirse, o no. Y a los ciudadanos que el gobierno actúa. El efecto colateral es un golpe al Estado de derecho, porque el acto viene a demostrar lo que los expertos constatan desde hace ya algún tiempo: la capacidad en aumento de los partidos de extrema derecha europeos de posicionar sus temas en la agenda política.

El 13,3% de los votos logró el Partido Popular Danés (DF) -antieuropeo, xenófobo y según algunas apreciaciones incluso racista- en las elecciones de 2007. Este resultado le otorgaba 24 cómodos asientos en el Folketing, el Parlamento, y la posibilidad de imponerle exigencias a un Ejecutivo necesitado de su apoyo. La lucha contra la delincuencia que penetra desde el exterior es una de ellas. Si pudieran, obligarían a frenar completamente la inmigración, porque permitir que se asiente en el país “un somalí que no sabe hacer nada, no puede ser”, decía Pia Kjaersgaad.

“Cuando Pia Kjaersgaad rompió con el Partido del Progreso y fundó el DF, se llevó consigo parte del programa de su antigua formación. Pero pronto sustituyó el neoliberalismo y la hostilidad a los impuestos por principios clásicos de la socialdemocracia, a los que les unió los sentimientos contrarios a la llegada de inmigrantes”, describe el politólogo Jørgen Goul Andersen la receta del éxito: “Los populistas daneses han sido capaces de combinar el discurso anti-inmigración con el chovinismo caritativo”.

Hoy, el electorado del DF es más obrero que el del propio Partido Socialdemócrata. Y éste caso no es único en el Viejo Continente. La globalización, el miedo al descenso social, el individualismo traído por las políticas neoliberales, los resentimientos hacia las minorías o los extranjeros… para estos avatares del siglo XXI parece no recibir parte de la sociedad repuesta satisfactoria de la política tradicional, y “cuando el descontento no encuentra a quién dirigirse en el sistema de partidos”, advierte el profesor alemán Richard Stöss, “se busca sus propios representantes”.

Por sus manifestaciones sobre el islam ha tenido Geert Wilders que responder ante los tribunales en más de una ocasión. La última en 2010-2011: se le acusaba de incitación al odio y quedó libre de todos los cargos. (AP/ Pool Koen van Weel)
Representantes como el holandés Geert Wilders. Un “hombre del pueblo” lejos de esos políticos que tan distanciados están ya de la calle; alguien a quien la corrección no le impide “llamar a las cosas por su nombre”; un personaje carismático que conoce los temores de la gente y sabe darles explicaciones sencillas, comprensibles, que acaban casi siempre en un culpable o enemigo, como pueda ser el islam.

List Pim Fortuyn fue el primero en descubrir y explotar para sí la religión musulmana en los Países Bajos, a la que calificaba de “cultura retrasada” y “amenaza para la sociedad liberal”. “Antes de 2001/2002, el islam era un tema del que no hablaba ningún partido; eso hizo que Fortuyn ganara seguidores”, comenta Paul Lucardie, politólogo de la Universidad de Groninga, la misma en la que en su día impartiera clases el sociólogo Fortuyn.

En enero de 2002, las encuestas le pronosticaban Fortuyn un 15% de los votos. Tres meses después, moría asesinado por un ecologista. El resultado final para el partido que portaba su nombre, el LPF, fue del 17%: el mejor jamás logrado por una formación nueva en Holanda. A esto le siguió la participación en el gobierno, y la debacle: la coalición aguantó sólo 87 días.

El LPF nunca se recuperó y el espacio vacante en el espectro de lo que Lucardie llama el “nacional populismo” vino a ocuparlo Wilders: predicando la prohibición del Corán -libro que compara con Mein Kampf, de Adolf Hitler- su Partido por La Libertad (PVV) recaudó en las elecciones anticipadas de 2010 el 15,5% de las papeletas, fue encumbrado a tercera fuerza y, como el DF danés, a agrupación que “tolera” la acción gubernamental, e influye en ella proporcionalmente.

El 16 de enero de 2011, la abogada Marine Le Pen, hija de Jean-Marie Le Pen, fue elegida para suceder a su padre en la dirección del Frente Nacional francés. (AP/ Lionel Cironneau)
“Los índices de mortalidad entre los partidos de nueva creación son enormes”, dice Goul Andersen. “Muchos fallecen antes de llegar a entrar en un Parlamento”, indica Lucardie. A otros los mata la asunción de responsabilidades políticas, cuando se trata de populistas de derechas que de pronto han de llevar a la práctica promesas imposibles. Sin embargo, en la última década un viento parece soplar a su favor.

Según las encuestas, el Frente Nacional que ahora dirige la hija de Jean-Marie Le Pen supera en apoyos al UPM de Nicolas Sarkozy. Las duras acciones del gobierno galo contra la población gitana del pasado verano se interpretan como un intento de los conservadores de acortar distancias con la derecha: otra marcada del ritmo de los extremistas. El pasado abril, los Verdaderos Finlandeses se alzaron con el 19,1% de los votos a tercer partido del país; del Ejecutivo no forman parte porque su antieuropeísmo es incompatible con el visto bueno dado por Helsinki al rescate de Portugal. En los comicios regionales de 2010, la Liga Norte de Umberto Bossi (12,8%) se convirtió en pieza clave de la convulsa política italiana.

También en 2010, los Demócratas Suecos, autodesignados “defensores de la cultura sueca” frente a la inmigración, la islamización y la globalización, obtuvieron por primera vez representación en el Riksdag (5,7%). En 2009, el noruego Partido del Progreso –autoritario, etnocéntrico, antisistema y antisemita- se hizo con el mejor resultado de su historia en unas elecciones parlamentarias, el 23%. En 2007, los suizos de la Unión Democrática de Centro fueron con el 29% la fuerza más votada en los comicios federales, y el año pasado su propuesta de prohibir la construcción de minaretes y acelerar la expulsión de extranjeros que cometan delitos se aprobó vía referéndum.

Y todo esto sin pararse a hacer recuento de las elecciones municipales, regionales o europeas. Por su carácter de “partidos protesta”, estas agrupaciones suelen cosechar a gusto en las citas con las urnas que los votantes consideran “poco importantes”. Así se llegó en 2009 a la paradoja de que en el Parlamento Europeo aumentó el número de asientos ocupados por antieuropeístas.

Un seguidor de Ataka protesta contra la visita del primer ministro turco a Bulgaria. Este grupo se opone al ingreso de Turquía en la UE y es fuertemente antiislamista. (AP/ Valentina Petrova)
La parte oriental del continente tampoco se escapa a la tendencia. Formaciones xenófobas, homófobas, nacionalistas y religiosamente intransigentes superan los porcentajes a partir de los cuales se reciben escaños, empujan hacia la derecha a los conservadores, radicalizan sociedades. Se llamen Ataka en Bulgaria, Jobbik en Hungría o el Partido de la Gran Rumania, están cortados por un patrón similar y no se diferencian tanto como pudiera pensarse de sus hermanos occidentales. La palabrería contra el inmigrante “se sustituye aquí este por los ataques a romaníes u otras minorías”, explica Kai Arzheimer, profesor en el Instituto de Ciencias Políticas de Maguncia. Así, demandas como “la liquidación de los gitanos” no son poco frecuentes.

¿Y España y Alemania? “Siguiendo criterios puramente objetivos, también en estos países deberían de tener éxito los partidos de extrema derecha”, dice Arzheimer. La Sociedad Austriaca para el Asesoramiento y el Desarrollo Políticos analiza que en España -pero también en Gran Bretaña- los partidos conservadores tradicionales cubren suficientemente el ámbito a la derecha, de manera que el votante no necesita buscar por otros lares. “Y por supuesto, en el caso alemán pesa la herencia del nazismo, como seguramente también en el español la sombra del franquismo”, añade Lucardie.

“Es probable que sí”, contesta Arzheimer a la pregunta de si en lo sucesivo veremos a más populistas de derechas sentarse en los parlamentos. Las consecuencias para la democracia dependerán de la capacidad de respuesta del sistema, de los partidos establecidos, de la posibilidad que encuentren las minorías y los excluidos de organizarse y hacer valer sus derechos. Pero, en cualquier caso, los expertos tranquilizan: “no hay que olvidar que el potencial de voto también es limitado”, recuerda Goul Andersen, “como lo son las posibilidades de crecimiento estructural del nacional populismo”, continúa Lucardie, “que yo no creo que tenga muchas opciones de superar la barrera del 25%”.
Luna Bolívar
Tomado: PeriodismoHumano.com
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26 jul. 2011

Reflexiones políticas sobre la tragedia noruega


Imagen:  Revista Sin Permiso
Como cualquier otro ciudadano de Oslo, vagué por las calles y los edificios atacados. He visitado incluso la isla en la que fueron masacrados los jóvenes activistas políticos. Comparto el sentimiento de miedo y de dolor de mi país. Pero la cuestión sigue siendo por qué: esa violencia no fue ciega.

El terror en Noruega no ha venido de extremistas islámicos. Tampoco de la extrema izquierda, aunque ambos han sido acusados una y otra vez de constituir una amenaza interna para "nuestro modo de vida". Hasta ahora, incluyendo las terribles horas de la tarde del 22 de julio, el poco terrorismo que ha conocido mi país ha venido siempre de la extrema derecha.

Durante décadas, la violencia política en este país ha sido privilegio prácticamente exclusivo de los neonazis y otros grupos racistas. En los 70 atentaron con explosivos contra librerías de izquierda y contra una manifestación del Primero de Mayo. En los 80, dos neonazis fueron ejecutados bajo sospecha de haber traicionado a su grupúsculo. En las dos últimas décadas, dos jóvenes noruegos no-blancos murieron a causa de ataques racistas. Ningún grupo extranjero ha matado o herido a personas en territorio noruego, excepción hecha del servicio secreto de Israel, el Mosad, que asesinó por error a un inocente en Lillehammer en 1973.

Sin embargo, y a pesar de esos elocuentes antecedentes, cuando ahora nos golpeó este devastador terrorismo, las sospechas recayeron inmediatamente en el mundo islámico. Eran los jihadistas. Tenían que ser ellos.

Se denunció sin tardanza un ataque a Noruega, a nuestro modo de vida. Tan pronto se conoció la noticia, muchachas vestidas con hijabs y de apariencia árabe fueron acosadas por las calles de Oslo.

Natural. Durante al menos 10 años se nos ha contado que el terror viene del Este. Que un árabe es, por serlo, sospechoso; que todos los musulmanes están marcados. Regularmente, vemos cómo la seguridad aeroportuaria examina a gente de color en cuartos aparte; hay infinitos debates sobre los límites de "nuestra" tolerancia. En la medida en que el mundo islámico se ha convertido en "el Otro", hemos empezado a pensar que lo que les distingue a "ellos" de "nosotros" es la capacidad para matar civiles a sangre fría.

Hay, huelga decirlo, otra razón para que todo el mundo esté pendiente de al-Qaeda. Noruega ha sido parte en la Guerra de Afganistán durante 10 años, durante algún tiempo intervinimos también en la Guerra de Irak y ahora tiramos bombas sobre Trípoli. Cuando participas durante tanto tiempo en guerras foráneas, puede llegar un momento en que la guerra te visite a domicilio.

Mas, aun cuando todos sabíamos eso, apenas se mencionó la guerra cuando sufrimos el ataque terrorista. Nuestra primera respuesta arraigaba en la irracionalidad: tenían que ser "ellos". Yo temía que la guerra que librábamos en el exterior pudiera llegar a Noruega. ¿Y entonces, qué? ¿Qué pasaría con nuestra sociedad? ¿Con nuestra tolerancia, con nuestro debate público, y sobre todo, con nuestros inmigrantes y sus hijos nacidos en Noruega?

Pero no fue así. Una vez más, el corazón de las tinieblas anida en lo más hondo de nosotros mismos. El terrorista era un varón blanco nórdico. No un musulmán, sino un musulmanófobo.

Tan pronto quedó eso claro, la carnicería comenzó a ser discutida como obra de un loco; dejó de verse como un ataque a nuestra sociedad. Cambió la retórica; los titulares de los periódicos desplazaron el foco. Nadie habla ya de guerra. Se habla de un "terrorista", en singular, no en plural: un individuo particular, no un indefinido grupo fácilmente generalizable para incluir a simpatizantes o a cualquiera que caiga bajo una fantasía arbitraria. El terrible acto es ahora oficialmente una tragedia nacional. La cuestión es: ¿habría ocurrido igual de ser el autor un loco, pero de origen islámico?

Yo también estoy convencido de que el asesino está loco. Para cazar y ejecutar a adolescentes en una isla durante una hora, tienes que haber perdido la chaveta. Pero, lo mismo que en el caso del 11 de septiembre de 2001 o en el caso de las bombas en el metro de Londres, se trata de locura con causa, una causa que es tanto clínica como política.

Cualquiera que haya echado un vistazo a las páginas Web de los grupos racistas, o seguido los debates online de los periódicos noruegos, se habrá percatado de la furia con que se difunde la islamofobia; del odio venenoso con que escritores anónimos escupen contra los "pijoprogres" antirracistas y contra toda la izquierda política. El terrorista del 22 de julio participaba en esos debates. Ha sido un miembro activo de uno de los grandes partidos políticos noruegos, el partido populista de derecha Partido de Progreso noruego. Lo abandonó en 2006 y buscó su ideología en la comunidad de grupos antiislamistas de Internet.

Cuando el mundo creía que esto era obra del terrorismo islamista internacional, todos los hombres de Estado, desde Obama hasta Cameron, dijeron que estaban al lado de Noruega en nuestra lucha contra el terrorismo. Y ahora, ¿en qué consiste la lucha? Todos los dirigentes occidentales tienen el mismo problema dentro de sus fronteras. ¿Librarán una guerra contra el creciente extremismo de derecha, contra la islamofobia y el racismo?

Unas horas después de estallar la bomba, el primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, dijo que nuestra respuesta al ataque debería de ser más democracia y más apertura. Si se compara con la respuesta de Bush a los ataques del 11 de septiembre, hay razones para sentirse orgullosos. Pero tras la más terrible experiencia que haya conocido Noruega desde el final de la II Guerra Mundial, a mí me gustaría ir más lejos. Es necesario tomar pie en este trágico incidente para lanzar una ofensiva contra la intolerancia, el racismo y el odio, crecientes no sólo en Noruega, no sólo en Escandinavia, sino en toda Europa.

Aslak Sira Myhre: Es un escritor noruego, director de la Casa de Literatura en Oslo y exdirigente de la Alianza Electoral Roja noruega.

Tomado: Revista Sin Permiso.info
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