13 ago. 2011

Sociales



Las manifestaciones sociales en Londres y Santiago, Chile, esta semana, corrieron un velo. Las dos, tan diferentes, expresiones de idiosincrasias y de historias tan distantes, mostraron algo descompuesto. Es lo mismo que en Estados Unidos provocó un tembladeral al que Obama quiso emparchar con la reafirmación del liderazgo mundial, diciendo que su país fue y será siempre triple A. El presidente norteamericano le dejó a la retórica lo que no puede lograr con sus políticas.
Lo que dejaron al desnudo las dramáticas manifestaciones sociales en un punto y en otro del planeta es precisamente la impotencia, la ineficacia, la capitulación de la política frente esa absurda naturaleza de las cosas a la que sigue aferrado el centro del mundo. La naturaleza neoliberal de las cosas indica que lo social no existe. Indica que las decisiones se toman pensando en otra cosa. No en la gente. En otra cosa. En números, en papeles, en pantallas, en porcentajes.

El presidente chileno lo puso en palabras: “Nada es gratis en la vida”, dijo, con la brutalidad del inconsciente. ¿De dónde ha sacado eso Piñera? ¿Quién que no esté hechizado, obnubilado por su propia manera –neoliberal– de ver las cosas puede sostener esa oración corta, tremenda y categórica, esa frase acuñada al calor de la falacia neoliberal por excelencia y que indica que el esfuerzo personal tiene su premio? En los países neoliberales el esfuerzo personal no sirve para nada.

Para el pensamiento dominante en el mundo, lo social, y esto es, la sociedad, los seres humanos que la integran, las personas con nombre y apellido, son apenas algo para recortar. Recortaron siempre ahí. Ajustaron siempre en los cuerpos, nunca en las abstracciones numéricas de las finanzas. La lógica que los mueve es tan ilógica, tan dramáticamente disparatada, que ahora lo social les estalla en la mano, como un petardo mal encendido.

Este sistema llegó hace décadas para dejar caer su cuchillo sobre lo social. La salud, la educación, los derechos laborales, las jubilaciones, todo lo que esos gobiernos privatizaron tenía por destino lo social, el desarrollo social, el ascenso social, la movilidad social. Privatizar es des-socializar.

Lo que hubo fueron manifestaciones sociales en el más técnico de los sentidos. Fue lo social que habló. Las dos protestas fueron protagonizadas por la misma generación. Más del 60 por ciento de los detenidos en Londres tenía entre 15 y 25 años. Son o deberían ser esos chicos británicos estudiantes secundarios o universitarios. Pero no incendiaron varias ciudades de Gran Bretaña pidiendo por su derecho a tener un proyecto de vida. Eso lo hicieron los jóvenes chilenos. Otra prueba fehaciente, una más y van muchas, del cambio de paradigma. Los jóvenes chilenos están mejor parados. Tienen más conciencia de sí. Más camino hecho. Tienen más ideas, tienen delegados, tienen historia y símbolos. Los jóvenes británicos por ahora sólo comparten la rabia.

Los chicos británicos emiten sus ladridos desde el lugar de los excluidos de la sociedad de mercado. Son europeos y aspiran a plasmas, no a latas de tomates y paquetes de yerba, como los que envolvían con sus brazos los saqueadores argentinos de los finales de los mandatos de Alfonsín y De la Rúa. Aquí sabemos de saqueos fogoneados, de saqueos como el golpe de gracia de gobiernos que a los poderes fácticos les convenía arrasar. No por casualidad esos dos gobiernos democráticos cayeron en el medio del humo de neumáticos. Pero qué curioso. Londres ardiendo y nadie preguntándose por la gobernabilidad de Cameron. Esa parte del mundo no ha pasado todavía a la fase de la ingobernabilidad, pero al ritmo en que van las cosas, ya llegará. Por ahora, lo que se ha visto es que los jóvenes británicos son profundamente infelices, que no tienen fe, que no aspiran a conseguir un buen trabajo porque no consiguen ninguno, y encima tampoco pueden comprarse las zapatillas nuevas que valen doscientos euros y sin las que sus identidades se diluyen. Si no tienen esas zapatillas no saben quiénes son. Han sido reducidos a consumidores impotentes.

Los chicos británicos ladran porque no tienen futuro, como los punks de los ’90. El de Margaret Thatcher fue el primer gobierno democrático que aplicó de lleno un programa neoliberal. El de Augusto Pinochet fue, en Chile, el primer globo de ensayo en dictadura. Le siguió la Argentina.

Los ’90 fueron hechizantes. Tal fue la conmoción mundial por la caída del Muro de Berlín y por un solo pensamiento triunfal flameando en Occidente, que no hubo resistencia posible. Fueron los años en los que se puso en marcha lo que algunos llamaron “la nueva Edad Media”. Torretas y bárbaros. Countries y villas. Nobles y descastados.

Lo que iba a morir en media parte del mundo en esa década era la aspiración al progreso. Los sectores populares dejaron de soñar con llegar a vivir como los sectores medios. Los sectores medios, políticamente seducidos para identificarse con los sectores altos, fueron disciplinados culturalmente para mantener a raya a los sectores populares. Los piqueteros, los trapitos, los cartoneros definen un universo que mucha clase media, alentada por los medios masivos de derecha, identifican con el peligro, la amenaza, el delito, la falta de valores morales. Pero mientras unos dejaban de tener derecho a soñar con vivir mejor, los que los despreciaban vivían cada vez peor.

El politólogo español Juan Carlos Monedero escribió esta semana en relación con la situación británica que “el reclamo de la época es la igualdad, aunque, como siempre, el verdadero fin es la libertad (la que busca ese ser consciente que lo único que sabe con certeza es que se va a morir)”. La frase interpela el falso eje sobre el que se han hecho girar nuestras ideas sobre la igualdad y la libertad, toda vez que quienes vienen serruchando lo social desde hace décadas lo hacen en nombre de la libertad. Pero nunca hablaron de la libertad de las personas reales, las que penan, aman y no duermen por el hambre o las preocupaciones.

“El auge del mercado, los cientos de canales de televisión, Internet, los teléfonos móviles, el desarrollo en transportes y comunicaciones –escribió Monedero–, poder elegir entre Coca-Cola y Pepsi Cola, viajar, el alargamiento de la adolescencia, el sensacionalismo de una información supuestamente infinita servida en tiempo real, la soberanía de los consumidores son todos elementos que hacen pensar que nunca tanta gente fue tan libre en la historia de la humanidad. Pero esa libertad se ve coartada por la falta de acceso real a esa promesa de vivir como monarca absoluto. Se les había olvidado que sin súbditos no hay reyes. Es entonces cuando surge el enojo: ser feliz es tener acceso a todo lo que me da felicidad, pero no llego. Y no voy a llegar mañana tampoco. Así que lo quiero todo y ahora. Como sea.”

En todo el mundo hay una generación que pregunta a los gritos qué le han hecho a su futuro, cómo es posible que se pretenda de ellos que renuncien a sus ilusiones personales, que sean extras en una larga y terrible película protagonizada por las pantallas de la Bolsa.

Sandra Russo.

Tomado: Página 12.com.ar

Washington declara la guerra a su pueblo


Ilustración: Revista Sin Permiso.  Gato. Picasso
En 1961 el presidente saliente Dwight Eisenhower pronunció un discurso de despedida y una famosa advertencia. En aquella ocasión previno sobre el poder desmedido del complejo militar-industrial. Según uno de sus más importantes biógrafos, Geoffrey Perret, el borrador del discurso preparado por Eisenhower contenía la frase complejo militar-industrial-congresional para marcar el papel negativo que desempeñaba el Congreso como correa de transmisión del poder de la industria militar. En el último momento, el presidente prefirió eliminar la referencia al Poder Legislativo para no irritar demasiado.

Hoy Eisenhower habría dejado la referencia al Congreso en su discurso. Y es que por fin el Congreso estadunidense ha declarado abiertamente una guerra contra el pueblo de ese país, obedeciendo los designios del 5 por ciento más rico de su población. Aunque, pensándolo bien, la guerra comenzó hace mucho.

El fetichismo reaccionario ha logrado imponer como verdad la idea de que la causa del descalabro fiscal en Estados Unidos está en los programas sociales, en especial el sistema de seguridad social. Ha conseguido que el pueblo estadunidense considere que los derechohabientes del seguro social sean considerados parásitos sociales, a pesar de que una parte importante de sus prestaciones está cubierta con sus contribuciones a lo largo de su vida laboral. Eso no importa: la ideología reaccionaria insiste en que los pensionados son como sanguijuelas que consumieron más de lo que podían pagar y dejaron de ahorrar para enfrentar su vejez. Ésa es la más grande mentira que el pueblo estadunidense ha terminado por aceptar.

La realidad es que el sistema de seguridad social en Estados Unidos siempre se ha mantenido con superávit. El seguro social se alimenta con recursos provenientes del impuesto FICA que es pagado directamente por los trabajadores estadunidenses. Si se consultan las cifras oficiales (www.socialsecurity.gov) se puede comprobar que entre 1984 y 2009 los derechohabientes pagaron dos billones (castellanos) de dólares al seguro social y al programa Medicare por arriba de lo que recibieron como prestaciones. Dependiendo de los supuestos sobre evolución demográfica, empleo y crecimiento del PIB, así como el nivel del impuesto sobre nómina (15.3 por ciento en la actualidad), el seguro social estadunidense permanecerá con números negros hasta 2025 o 2035.

¿De dónde provenían esos recursos? En 1983 Reagan nombró a Greenspan presidente de una comisión para la reforma del seguro social. Esa comisión recomendó un incremento del impuesto sobre nómina que generó enorme superávit. Pero esos recursos no se mantuvieron en el fideicomiso especial del seguro social, sino que fueron desviados al fondo de ingresos generales. A cambio sólo quedaron pagarés inservibles del tesoro. Atención: no son bonos del Tesoro, son simples pagarés carentes de valor.

Es decir, el seguro social no contribuye al déficit, sino que ha subsidiado constantemente al gobierno federal y ese subsidio ha sido superior a los dos billones de dólares antes mencionados. Si el gobierno no hubiera usado esos recursos habría tenido que aumentar su endeudamiento, lo que habría implicado mayor carga financiera. El cálculo oficial indica que se habrían erogado otros 800 mil millones de dólares por el peso de la deuda si el gobierno no hubiera usado los recursos del fondo del seguro social.

En pleno debate sobre el techo de endeudamiento, el presidente Obama indicó que si no se llegaba a un acuerdo sería imposible garantizar que los cheques del seguro social fueran pagados a los derechohabientes. ¿Cómo es que no había dinero para pagar esos cheques si el seguro social tiene en teoría un superávit? La realidad es que ese fondo sólo contiene los pagarés que el Tesoro estadunidense ha entregado al seguro social a cambio de los recursos que se han captado por las cotizaciones individuales retenidas como impuesto.

En otras palabras, el superávit del fondo del seguro social ha sido saqueado para cubrir el costo de mantener bajos los impuestos a los ricos, para pagar el costo creciente de las aventuras militares imperiales y, más recientemente, para pagar los astronómicos rescates para el sector financiero.

En otras palabras, los recursos del seguro social fueron objeto de un desfalco, de una gigantesca malversación de fondos mientras el pueblo de Estados Unidos veía televisión y rendía homenaje a sus héroes caídos en guerras sobre las provincias más lejanas del imperio. A Obama le tocó la explosión de esta bomba de tiempo sembrada en 1983. En lugar de denunciarla, ha preferido abrazarla. La reacción en el congreso no ha titubeado y aprovechó bien la oportunidad para comenzar a desmantelar el seguro social. Es una forma de enterrar el problema.

Dicen que las guerras tienen la ventaja de quitar las máscaras. Así se conoce al enemigo, porque en la batalla lo que importa son las acciones, no las palabras. Ahora el saqueo del siglo ha quedado al descubierto.

Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso
La Jornada, 3 agosto 2011

Tomado: Revista Sin Permiso.info

12 ago. 2011

La crisis como coartada y la emboscada de Obama a los derechos sociales


Ilustración: Revista sin Permiso
"En vez de disfrutar de lo que la Era Progresista anticipaba –una evolución hacia el socialismo, con un Estado capaz de suministrar las infraestructuras básicas y de satisfacer otras necesidades mediante subsidios—, a lo que estamos asistiendo en nuestro tiempo es a una recaída en un neofeudalismo. La diferencia, evidentemente, es que esta vez la sociedad no está controlada por militares terratenientes. Las finanzas cumplen hoy el papel que antaño cumplió la fuerza militar. En vez de estar atadas a la tierra como en el feudalismo, las familias de nuestros días pueden donde les da la gana, siempre que contraigan una deuda de por vida para pagar la hipoteca de cualquier vivienda que compren. Nuestra sociedad no paga una renta de la tierra ni tributa a los conquistadores; nosotros pagamos a los banqueros. Así como el acceso a la tierra era la condición necesaria para que las familias pudieran comer bajo el feudalismo, ahora se necesita acceso al crédito, al agua, a la asistencia médica, a las pensiones o a la seguridad Social y otras necesidades básicas, y hay que pagar intereses, peajes y rentas monopólicas a una oligarquía neofeudal que se desplaza con desparpajo de los EEUU a Irlanda y Grecia"

"Es verdad que el Presidente Clinton consiguió un superávit presupuestario. La economía sobrevivió porque el sistema bancario comercial proporcionó –cobrando intereses— el crédito necesario para crecer. Para forzar de nuevo a la economía a apoyarse en Wall Street, y no en el Estado, el gobierno necesita dejar de incurrir en déficits presupuestarios. La economía se enfrenta entonces a un dilema: o bien se contrae virulentamente, o bien deriva prácticamente todo su excedente a los bancos en concepto de renta económica dimanante del privilegio de poder crear crédito."

Ya saben ustedes que el cara a cara a cuenta de la deuda está tan melodramáticamente escenificado como una exhibición de la Federación mundial de lucha libre cuando Obama blande la manifiestamente huera amenaza de que si el Congreso "no aborda los duros desafíos de los derechos sociales y la reforma fiscal", no habrá dinero para pagar los cheques de la Seguridad Social del próximo mes. En su discurso sobre la deuda del pasado 25 de julio, Obama amenazó: si suspendemos pagos, no tendremos suficiente dinero para pagar todas nuestras facturas, incluidos los cheques de la Seguridad Social, las ayudas a los veteranos y los contratos del Estado con miles de empresas privadas."

Eso no es, ni por asomo, cierto. Pero se ha convertido en tema de amedrentamiento durante una semana, precisamente desde que el Presidente pronunció palabras casi idénticas en su entrevista con el conductor del programa Evening News de la CBS, Scott Pelley.

Huelga decir que el gobierno dispondrá de suficiente dinero para pagar los cheques mensuales de la Seguridad Social. La administración de la Seguridad Social tiene sus propios ahorros (en bonos del Tesoro). Ya sé que los juristas –como Obama y prácticamente todos los presidentes norteamericanos— raramente entienden los problemas de la teoría económica. Pero este es un asunto jurídico. Obama no puede ignorar que la Seguridad Social es solvente, con garantías líquidas para pagar durante muchas décadas. Sin embargo, Obama ha puesto a la Seguridad Social en un destacadísimo lugar de su lista de blancos.

La explicación más razonable de esta amenaza vacía es que Obama, generando pánico entre las personas mayores, busca generarles la esperanza de que, de uno u otro modo, el acuerdo presupuestario que trata de forjar para ganar su mano pueda salvarlas a ellas también. La verdad, ni que decir tiene, es que están siendo conducidas al matadero económico. (Y ni una palabra correctiva –para recordar al Presidente la realidad financiera— por parte del Secretario del Tesoro, Geithner –ese sectario de la rubineconomía [1]—, ni del neoliberal presidente de la Fed, Bernanke, ni de nadie de la administración demócrata de Wallstreet.)

Es un timo. Obama ha venido para enterrar la Seguridad Social, Medicare y Medicaid, no para salvarlas, sino para matarlas. Eso estuvo claro desde el comienzo mismo de su administración, cuando nombró su Comisión para la Reducción del Déficit, encabezada por el enemigo confeso de la Seguridad Social que es el Senador republicano Alan Simpson (Wyoming) y el jefe de personal de la rubineconomía bajo Clinton, Erskine Bowles. Los últimos nombramientos de Obama, republicanos y demócratas conservadores delegados por el Congreso para reformular el código fiscal de manera bipartidista –para evitar su rechazo—, no es sino un ardid para aprobar una "reforma" fiscal imposible de aprobar por unos representantes democráticamente elegidos.

El demonio anda siempre entre los detalles. Y los cabilderos de Wall Street siempre han sabido poner esos detalles en manos de sus congresistas favoritos y de sus senadores de cámara. Y en esta caso, cuentan además con el Presidente, que les pidió consejo a la hora de formar su gabinete sobre los mejores nombres para actuar de factótums del secuestro del gobierno por los intereses de Wall Street y crear un "socialismo para los ricos".

No existe tal cosa, huelga decirlo. Cuando los gobiernos son dirigidos por los ricos, eso se llama oligarquía. Los diálogos de Platón ilustran: en vez de ver a las sociedades como democracias u oligarquías, lo mejor era verlas en movimiento. Las democracias tendían a la polarización económica (singularmente, entre acreedores y deudores), degenerando en oligarquías. Éstas, a su vez, tendían a convertirse en aristocracias hereditarias. Con el tiempo, las familias de viso terminarían luchando entre sí, y un grupo –como el de Clístenes en la Atenas del 507 antes de nuestra Era— "reclutaría al pueblo para su partido" y crearía la democracia. Y así proseguiría el eterno triángulo.

Eso es lo que está pasando en nuestro días. En vez de disfrutar de lo que la Era Progresista anticipaba –una evolución hacia el socialismo, con un Estado capaz de suministrar las infraestructuras básicas y de satisfacer otras necesidades mediante subsidios—, a lo que estamos asistiendo en nuestro tiempo es a una recaída en un neofeudalismo. La diferencia, evidentemente, es que esta vez la sociedad no está controlada por militares terratenientes. Las finanzas cumplen hoy el papel que antaño cumplió la fuerza militar. En vez de estar atadas a la tierra como en el feudalismo, las familias de nuestros días pueden donde les da la gana, siempre que contraigan una deuda de por vida para pagar la hipoteca de cualquier vivienda que compren.

Nuestra sociedad no paga una renta de la tierra ni tributa a los conquistadores; nosotros pagamos a los banqueros. Así como el acceso a la tierra era la condición necesaria para que las familias pudieran comer bajo el feudalismo, ahora se necesita acceso al crédito, al agua, a la asistencia médica, a las pensiones o a la seguridad Social y otras necesidades básicas, y hay que pagar intereses, peajes y rentas monopólicas a una oligarquía neofeudal que se desplaza con desparpajo de los EEUU a Irlanda y Grecia.

El gobierno de los EEUU ha gastado 13 billones de dólares en rescates financieros desde la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008. Pero Obama alerta de que, de aquí a treinta años, la financiación de la Seguridad Social puede llegar a tener 1 billón de dólares de déficit. Hay que evitar que urja ahora a desmantelar los planes para esos pagos.

Diríase que los 13 billones usados es todo el dinero que realmente tiene el gobierno. Las empresas de Wall Street cogieron el dinero y echaron a correr. No hay bastante para pagar la Seguridad Social, Medicare y otros gastos sociales que los Demócratas conservadores y los Republicanos planean ahora cortar.

No inmediatamente. El plan consiste en "empapelar" la actual crisis delegando los planes a una segunda Comisión de Reducción del Déficit formada por miembros del Congreso.

Aquí tenemos, finalmente, el "Cambio en que poder creer". Después de todo, los cambios reales resultan siempre sorprendentes.

La crisis falsificada

Normalmente, se necesita una crisis para crear un vacío en el que inyectar esos detalles tóxicos. A Wall Street no le gustan las crisis reales, claro está, salvo para lograr ganancias especulativas instantáneamente operadas por computadora en la cotidiana fibrilación de los actuales mercados zigzaguenates. Pero cuando se trata de dinero en serio, se prefiere la ilusión de una crisis melodramáticamente escenificada para proporcionar el máximo de emoción a la audiencia, un poco al estilo de un buen montador de películas al montar una secuencia. ¿Atropellará el veloz tren a la chica atrapada en los raíles? ¿Escapará a tiempo?

El tren es la deuda; la chica, supuestamente, la economía norteamericana. Pero resulta que, en realidad, es Wall Street disfrazado. Y la cosa es una comedia nada divina. Obama ofrece un plan que parece muy Republicano. Pero los Republicanos dicen que nanay. Se genera la ilusión de una batalla real. Dicen que Obama es socialista.

Los Demócratas manifiestan su desconcierto ante la amenaza de tamaño obsequio. "¿Dónde está el Obama real?", se preguntan. Pero parece que el Obama real ha resultado ser un impostor Republicano de Wall Street disfrazado de Demócrata. Eso es lo que es el Comité de Dirección Demócrata: una panda de Demócratas de Wall Street.

Los Demócratas clintonianos constituyen el partido natural para deshacer lo construido por Roosevelt y los antiguos Demócratas. Un Senado genuinamente Demócrata jamás toleraría tamaños obsequios a Wall Street, ni tamaña traición a su electorado urbano, si lo propusiera un presidente Republicano. Obama les está vacilando.

Esto es lo que el próximo presidente Republicano podrá tranquilamente decir: "Ya sabéis que Obama apoyará cualquier cosa que queramos los Republicanos. Si no queréis una política Republicana, tenéis que votar por mí como presidente. Porque un Congreso dominado por los Demócratas se opondrá a una política Republicana, si la proponemos nosotros. Pero si la propone Obama, el Congreso estará desarmado y no se podrá resistir."

Lo mismo ocurre en Gran Bretaña, en donde se llamó al Partido Laborista para culminar la obra que habían empezado los Conservadores, para lo que se necesitaba un Nuevo Laborismo capaz de torcer la oposición popular a la privatización de los ferrocarriles y al obsequio financiero que significó la Asociación Puúblico/Privado en la construcción de líneas subterráneas de metro. Y es la misma historia con Francia, en donde un gobierno socialista apoyó el programa de privatizaciones dictado por el Banco Central Europeo.

Un vistazo a las falacias más comunes.

Dondequiera y cuandoquiera que se encuentre a autoridades públicas y a periodistas repitiendo de consuno como un mantra algo que es un craso error económico, uno puede estar totalmente seguro de que hay intereses creados de por medio. El sector financiero, singularmente, busca inducir a los votantes a la errónea creencia de que la economía entrará en crisis si Wall Street no tiene vía libre: normalmente, vía libre de impuestos y regulaciones.

La primera falacia de Obama consiste en equiparar el presupuesto público y el presupuesto familiar. Pero las familias no pueden firmar pagarés y exigir al resto del mundo que considere esos pagarés como moneda propia. Sólo los Estados pueden hacer eso. Es un privilegio que los bancos están ahora deseosos de conseguir: la capacidad de crear crédito de la nada en sus pantallas de computador y cargar los correspondientes intereses por lo que les resulta prácticamente gratis y lo que los Estados pueden, en efecto, crear gratuitamente de la nada.

"Bueno, cualquier familia sabe que se puede manejar una pequeña tarjeta de crédito. Pero si seguimos por el camino actual, nuestra deuda creciente nos costará puestos de trabajo y dañará gravemente a nuestra economía". Sólo que las economías necesitan dinero público para crecer, y ese dinero sólo se consigue incurriendo en déficits presupuestarios federales. Esa ha sido la esencia del gasto público anticíclico keynesiano durante más de medio siglo. Hasta ahora, había sido política oficial del Partido Demócrata.

Es verdad que el Presidente Clinton consiguió un superávit presupuestario. La economía sobrevivió porque el sistema bancario comercial proporcionó (cobrando intereses) el crédito necesario para crecer. Para forzar de nuevo a la economía a apoyarse en Wall Street, y no en el Estado, el gobierno necesita dejar de incurrir en déficits presupuestarios. La economía se enfrenta entonces a un dilema: o bien se contrae virulentamente, o bien deriva prácticamente todo su excedente a los bancos en concepto de renta económica dimanante del privilegio de poder crear crédito.

Obama pretende también que las agencias de calificación crediticia sean capaces de actuar como mascotas de sus clientes, las grandes entidades financieras, haciendo que toda la economía en su conjunto pague tasas de interés aún más elevadas a sus entidades emisoras de tarjetas de crédito y a sus bancos. "Por vez primera en le historia", teatralizó Obama, "la calificación de triple A de que goza nuestro país podría degradarse, dejando a los inversores de todo el mundo en la duda de si los EEUU siguen siendo una buena apuesta. Las tasas de interés se dispararían, lo que tendría consecuencias en las tarjetas de crédito, en las hipotecas y en los créditos para los automóviles, lo que se traduciría en un enorme incremento de la carga impositiva soportada por los norteamericanos".

La realidad es la contraria: tener superávit fiscal es lo que incrementaría los tipos de interés, arrojando a la economía al cautiverio del sistema bancario. La administración Obama está ahora plenamente inmersa en la fase de retórica orwelliana.

Durante el discurso de Obama, no pude evitar la sensación de que ya había oído todo eso antes. Y entonces, me acordé. Fue en 2008, cuando el entonces Secretario del Tesoro Henry Paulson trataba de replicar al argumento de Sheila Bair de que todos los depositantes asegurados en la FDIC [Corporación Federal de Seguros de Depósitos, por sus siglas en inglés] podrían esquivar la crisis de septiembre, con sólo que los especuladores sin escrúpulos perdieran las ganancias que habían esperado sacar creando crédito de la nada. "Si se permitiera el colapso del sistema financiero", advirtió Paulson en su discurso en la Biblioteca Ronald Reagan, "sería el pueblo norteamericano quien terminaría pagando el precio. Esto nunca ha tenido nada que ver con los bancos; siempre ha tenido que ver con la continuación de la prosperidad y las oportunidades para todos los norteamericanos".

Huelga decir que todo ha tenido y sigue teniendo que ver con los bancos. Wall Street sabe que, para conseguir suficientes votos en el Congreso a fin de deshacer el New Deal, la Seguridad Social, Medicare y Medicaid, hay que contar con un presidente Demócrata en el ejercicio del cargo. Un Congreso Demócrata bloquearía cualquier iniciativa que pudiera tomar un presidente Republicano para proceder al tipo de recortes que Obama está patrocinando. Pero la oposición de los congresistas Demócratas queda paralizada cuando es el propio Presidente Obama –el presidente liberal-progresista por excelencia, el Tony Blair americano— quien oficia como maestro de ceremonias del recorte de derechos sociales y la yugulación del gasto público.

Así como la City londinense apoyó al Partido Laborista británico, a sabiendas de que el Partido Conservador no podría dar pasos tan radicales como la privatización de los ferrocarriles y del sistema de metro subterráneo de Londres; así como los socialdemócratas islandeses hundieron la economía en una servidumbre deudora respecto de Gran Bretaña y Holanda; así como el Partido Socialista griego encabeza ahora la lucha por las privatizaciones y los rescates bancarios; así, en EEUU, el Partido Demócrata entrega a sus bases electorales –trabajadores urbanos, señaladamente las minorías raciales y los pobres, los más perjudicados por el plan de austeridad del Presidente Obama— a Wall Street.

De modo, pues, que Obama está haciendo lo que todo demagogo: entregar a su electorado a quienes le financian las campañas electorales, es decir, a Wall Street. Yves Smith ha dicho acertadamente que Obama "revierte el momento chino de Nixon".

Los Republicanos ayudan absteniéndose de presentar un candidato presidencial propio creíble. Lo que da a Obama un margen para moverse hacia la derecha del espectro político. Tan a la derecha, que son sus propios Demócratas quienes constituyen ahora la avanzadilla hostil a la Seguridad Social, no los Republicanos.

Todo lo cual resulta harto más hacedero bajo la oportuna presión propiciada por un clima de pánico. Ya les funcionó, después de todo, en septiembre de 2008 para el plan de rescates bancarios (TARP). El melodrama del rescate de Wall Street de entonces puede entenderse como un ensayo preparatorio del actual teatro con el tope de la deuda en el marco incomparable de la coartada de la crisis.

NOTA T.: [1] Un neologismo corriente hoy en EEUU, derivado del todopoderoso Rubin, Secretario del Tesoro bajo la administración Clinton, antiguo alto ejecutivo del banco Goldman Sachs y hombre clave en el impulso de las contrarreformas neoliberales en los EEUU de los años 90.

Michael Hudson: Es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

Tomado: Revista Sin Permiso.info
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Revuelta social en Inglaterra: Cameron amenaza con el ejército y la censura


En un arranque de impotencia, Cameron ha confesado que baraja el apagón de Internet como medida para frenar la escalada de violencia y tampoco descarta sacar el Ejército a las calles.
El Gobierno británico no descarta sacar el Ejército a las calles. Anonymous amenaza a David Cameron: “Si cortas las redes sociales, las repercusiones serán muy graves”
En un arranque de impotencia, Cameron ha confesado que baraja el apagón de Internet como medida para frenar la escalada de violencia y saqueos que han puesto en jaque al país, algo que ya utilizaron los gobiernos totalitarios de Egipto o Túnez con escasos resultados. Además, no ha descartado desplegar el ejército en las calles de las principales ciudades.

En la Cámara de los Comunes, el primer ministro británico, James Cameron, ha declarado sobre las medidas que va a tomar para evitar más disturbios en Inglaterra.

“No permitiremos una cultura del miedo en nuestras calles”, ha sentenciado el primer ministro, James Cameron, al comienzo de su comparecencia. La inestable situación que vive Scotland Yard, ha llevado al Gobierno a tener en consideración la opción de sacar a los soldados a las calles de Reino Unido.

“Inicialmente habría pocos policías en la calle”, ha reconocido Cameron. La Policía ha cometido un error al tratar los hechos como un problema de orden público en lugar de una problema de criminalidad, ha afirmado el primer ministro. Después ha asegurado que recurrirá al Ejército como última opción, que es “la mejor actitud. Pero el Gobierno lo tendrá en cuenta”.

"Todo el país está impresionado con las terribles escenas de gente saqueando, violencia, vandalismo y robos", ha indicado Cameron, que ha vuelto a calificar los disturbios de "delincuencia pura y dura". "Os buscaremos, os encontraremos, os procesaremos y os castigaremos", ha sentenciado el dirigente.

Sobre las medidas que el Gobierno ha tomado, el dirigente británico ha afirmado que harán todo lo posible “para que la gente deje de usar sistemas de mensajería instantánea para planear disturbios”. Además, Cameron ha confirmado que la Policía está autorizada para usar balas de goma y cañones de agua contra los violentos.

Otras medida que ha sorprendido es que los agentes de seguridad podrán “ordenar a los ciudadanos a quitarse las máscaras si son sospechosos de haber cometido un crimen”, ha dicho el primer ministro.

El coste de los disturbios

El Gobierno se hará cargo del coste de los disturbios para la aseguradoras del país, que ya es de 200 millones de libras (227 millones de euros), según Cameron. Así mismo, el Estado asegura a las personas que se han quedado sin hogar a raíz de los incendios que se han desarrollado los últimos días en la ciudad.

Cameron también ha hablado sobre la muerte del joven que produjo el comienzo de los actos violentos. “La muerte de Mark Duggan está siendo investigada”, pero el primer ministro se ha mostrado contrario al oportunismo de los matones.

Acerca de la cercanía de los Juegos Olímpicos de Londres, que se inaugurarán el 27 de julio de 2012 y en los que la seguridad es el gran reto, Cameron se ha mostrado tranquilo. "A un año de los Juegos, necesitamos demostrar que el Reino Unido no destruye, sino crea; que no abandona sino resiste, y que no mira atrás, sino hacia delante", ha concluido.

Anonymous amenaza a David Cameron: “Si cortas las redes sociales, las repercusiones serán muy graves”
El primer ministro británico ha anunciado que no le temblará el pulso si tiene que cortar el acceso a redes sociales y servicios de mensajería para frenar las revueltas, coordinadas a través de Facebook, Twitter o el servicio de mensajería de Blackberry. Nuevas detenciones en varios puntos de Reino Unido por alentar la revuelta.

“A la atención del primer ministro británico: si cortas el acceso a redes sociales, las repercusiones será muy graves”. El grupo ciberactivista Anonymous se ha pronunciado con contundencia después de que David Cameron anunciase en su comparecencia ante el Parlamento que está decidido a impedir a los británicos acceder a Facebook, Twitter y el servicio BlackBerry Messenger durante las revueltas.


En un arranque de impotencia, Cameron ha confesado que baraja el apagón de Internet como medida para frenar la escalada de violencia y saqueos que han puesto en jaque al país, algo que ya utilizaron los gobiernos totalitarios de Egipto o Túnez con escasos resultados. Además, no ha descartado desplegar el ejército en las calles de las principales ciudades.

La policía ha denunciado que los disturbios de los pasados cinco días en Londres, Manchester o Birmingham se han visto alimentados, según las autoridades, por el uso de Twitter, Facebook o el chat de Blackberry.

El primer ministro británico ha reconocido ante la Cámara de los Comunes que “estamos trabajando con la policía, los servicios de inteligencia y la industria para ver si frenamos a la gente que usa estas webs y servicios para comunicarse cuando sabemos que están incitando a la violencia, el desorden y la criminalidad”.

Ya el pasado martes David Lammy, diputado por Tottenham –localidad especialmente golpeada por los disturbios–, solicitó que se cortaran los servicios del móvil de nueva generación Blackberry.

“Con medidas como esta conseguirás que las masas rujan. Creenos, ya no volverán a estar en silencio. Estaremos vigilando”, advierten a Cameron desde @AnonymousIRC. “No lo permitiremos”, anuncia el colectivo hacker desde @GroupAnon, una de las cuentas que usan en Twitter, en la que anima a sus seguidores a demostrar su oposición a la medida.

Desde una de las cuentas en Twitter del colectivo Anonymous, @AnonActionUK, ya se ha anunciado la puesta en marcha de la llamada #OpBritain, una operación “en un estado inicial”, pero que “podría ser enorme si conseguimos el apoyo de la gente adecuada”.

Además, el grupo ha aprovechado para mandarle un mensaje a los políticos del parlamento: "¿por qué ninguno se ha preguntado todavía la causa de los disturbios?", antes de recordarle al primer ministro que “somos Anonymous. Somos legión. No perdonamos, no olvidamos, espéranos”.

Tomado: KaosenlaRed.net
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11 ago. 2011

100.000 estudiantes chilenos desafían al gobierno por una educación pública



Miles de estudiantes se manifiestan en Santiago de Chile

Exigen mayor apoyo del Estado a la enseñanza universitaria y la mejora de un sistema impuesto bajo la dictadura de Pinochet.

Miles de estudiantes chilenos salieron un día más a la calle en varias ciudades para hacer una demostración de fuerza ante su gobierno en un pulso que ya se prolonga desde hace más de dos meses.



La marcha más multitudinaria tuvo lugar en Santiago de Chile, donde unos 15.000 manifestantes, según la alcaldía, y 100.000 según los organizadores, protestaron con el objetivo de tumbar un plan anunciado la semana pasada y para exigir mayor participación estatal en la educación. A ésta se sumaron otras manifestaciones en diversas ciudades del país, como Valparaíso, Osorno, Puerto Montt, Concepción, La Serena y Antofagasta.

En Santiago, los jóvenes desafiaron a las autoridades que habían prohibido el recorrido solicitado, e iniciaron la marcha desde la plaza Italia, tal como hicieron el 16 y 30 de junio, días en que reunieron a unas 80.000 personas. Como en cada manifestación celebrada desde mediados de mayo, la protesta tuvo carácter festivo, con pancartas y a ritmo de tambores, pero al final comenzaron algunos disturbios sin que se conozca aún si hay detenidos.

Un sistema educativo impuesto por Pinochet

La manifestación fue convocada por el Colegio de Profesores y los universitarios, que exigen una reforma del sistema impuesto por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y que hoy sigue vigente, que redujo la aportación estatal a los centros públicos y abrió la educación al sector privado. Los gobiernos de la Concertación (1990-2010) introdujeron algunas reformas, pero el núcleo del sistema educativo chileno permanece intacto, que obliga a alumnos de educación superior, un millón en la actualidad, a recurrir a becas y créditos para financiar sus estudios.

Los jóvenes comenzaron hace dos meses a exigir un cambio de sistema y, en respuesta a esas demandas, el presidente Sebastián Piñera anunció la semana pasada un Gran Acuerdo Nacional por la Educación que pretende beneficiar a 720.000 alumnos hasta 2014. Ese plan estará dotado de un fondo de 2.800 millones de euros e incluye aumentar las becas, rebajar los tipos de interés de los créditos de los estudiantes y reprogramar las deudas de unos 110.000 alumnos morosos.

La popularidad de Piñera se ha visto muy mermada en las encuestas después de que comenzaran las protestas. Cayó al 31% en junio, el peor nivel de sus 16 meses de mandato, y también la de su ministro de Educación, Joaquín Lavín, cuya valoración se desplomó del 70 al 46% en un mes. El presidente volvió a pedir hoy que se suspendan las movilizaciones al mostrarse "convencido de que llegó el momento de terminar con la violencia, las tomas (ocupaciones de centros) y los paros que tanta destrucción y daño han alcanzado".

Tras dejar el conflicto en manos de su ministro, Piñera asumió esta semana un mayor protagonismo y se reunió con los rectores de universidades públicas y privadas, que aplaudieron varios aspectos de su plan. En cambio, los estudiantes lo rechazaron al considerar que no fortalece la educación pública y deja abierta la posibilidad de que las universidades privadas puedan lucrarse.

Las universidades, olvidadas por el Estado
Aunque la norma establece que las universidades son corporaciones sin fines de lucro, en la práctica obtienen ventajas tributarias, subsidios y, en ocasiones, beneficios procedentes de negocios montados gracias a subterfugios legales. La propuesta del gobierno chileno "omite cómo vamos a fortalecer una educación pública de calidad financiada por el Estado y deja abierto el camino al lucro", dijo hoy el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, Giorgio Jackson. Este dirigente estudiantil insistió en pedir "un cambio absoluto en el esquema de financiamiento" porque, según dijo, por cada peso que entrega el Estado para pagar la educación superior, las familias aportan seis.

Los estudiantes afirman que el Estado chileno destina solo el 0,4% del Producto Interior Bruto a educación superior, frente a entre el 6 y el 7 por ciento recomendado por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Israel, de 24 años y estudiante de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, dijo que está agobiado por los créditos al tener que pagar unos 12 millones de pesos (17.770 euros) para hacer su carrera. "Son unos 1,5 millones de pesos al año, por lo que debería pagar 5 millones, pero pago 7 millones de más por impuestos y créditos", agregó.

A la marcha también acudieron muchos estudiantes de secundaria, que desde hace semanas mantienen ocupados decenas de colegios para pedir más recursos, una rebaja permanente en el pasaje de transporte público y la reconstrucción de institutos dañados por el terremoto de 2010. Exigen, además, que la administración de los colegios pase de los municipios al Estado para que se repartan mejor los recursos.

Público.es / EFE

Tomado: Público.es

9 de Agosto, 2011. from Jorge Castillo Sepúlveda on Vimeo.

10 ago. 2011

Eduardo Galeano: "Los hombres tienen miedo a la mujer sin miedo"



Foto durante una entrevista al escritor Uruguayo en el Hotel Colón de Barcelona, en 2008. José Colón (Público ) 
El escritor e intelectual uruguayo censura los "pecados capitales" de Occidente

Eduardo Galeano ha denunciado los siete "pecados capitales" de la sociedad actual con la lectura de varias "historias con minúscula" que, como el propio autor reconoció, no pasarán a formar parte de los anales de la Historia.

El autor de Las venas abiertas de América Latina citó, en primer lugar, el racismo, "que produce amnesia". Porque todos somos, según Galeano, africanos emigrados. "De África sólo sabemos lo que nos enseñó el señor Tarzán", pero fue allí donde "empezó el viaje humano en el mundo". Aunque no es sólo una cuestión de piel, explicó: "La guerra de Irak también es racismo".

También censuró la tradición machista, para lo que se valió de una paradójica anécdota de la Revolución Francesa: los símbolos de las victorias por la defensa de los derechos ciudadanos eran femeninos. En cambio, dijo, cuando las mujeres reivindicaron sus derechos como ciudadanas fueron pasadas por la guillotina.

La legalización del matrimonio homosexual en Argentina, pionero en Latinoamérica, le valió para criticar la intolerancia al diferente, un pecado más al que sumó el desprecio al trabajo. En este mundo al revés, "donde las jornadas de trabajo se miden con los relojes derretidos de Salvador Dalí [...], es el precio lo que fija el valor y no al revés".

Los muros contemporáneos

Galeano también se refirió a "la tendencia de los medios de comunicación a mentir", por lo que afirmó que el mundo miente. El escritor uruguayo reflexionó en este sentido sobre la importancia absoluta que se le dio en su momento al muro de Berlín y lo poco que se habla actualmente sobre los muros de la frontera de México, de Ceuta y Melilla, de Cisjordania o del Sáhara Occidental. "Ni se conocen", ironizó Galeano, que se cuestiona quién lanzó las bombas sobre Hiroshima y Nagashaki. "¿Sería Irán?".

Respecto a la actual crisis económica, Galeano comentó con sorna que tenía la impresión de que no había sido responsabilidad de los especuladores de Wall Street, sino que "la culpa la tiene Grecia".

"La culpa de la crisis la tiene Grecia", ironiza Sexto pecado: el mundo mata. "La paz mundial está en manos de aquellos que fabrican más armas". Y hoy en día, afirmó Galeano, se invierte más en gastos militares —"criminales", según él— que en acabar con el hambre. "Se fabrica hambre: hambre de pan, hambre de abrazos".

Finalmente, el mundo fabrica enemigos, y lo hace a través del miedo. "La democracia tiene miedo a recordar, las armas tienen miedo a la falta de guerra y los hombres tienen miedo a la mujer sin miedo", concluyó Galeano, no sin antes recordar un dicho africano que refleja que la mano que da siempre está arriba y la que recibe, abajo. "Hay una relación jerárquica", dijo para matizar dos conceptos clave: "La solidaridad es igualdad, la caridad es un riesgo".

Julia Gas / Madrid

Tomado: Público.es

Fallece el guitarrista flamenco 'Moraíto Chico' a los 55 años Videos


Tras años de lucha contra el cáncer, ha fallecido el músico que acompañó al cante a José Mercé
El guitarrista Manuel Moreno Junquera, más conocido en el mundo del flamenco como 'Moraíto Chico' , ha fallecido este miércoles a los 55 años en el Hospital de Jerez de la Frontera (Cádiz), tras años de lucha contra el cáncer.

Hijo de Juan Morao y sobrino de Manuel Morao, siguió el legado familiar acompañando con sus acordes a la guitarra durante los últimos años al cantaor José Mercé. Ahora, será su hijo, Diego del Morao, el que continúe con la tradición.

El guitarrista jerezano Manuel Moreno Junquera "Moraíto chico" , en una actuación con el cantaor José Mercé.EFE
Conocido por ser el máximo representante en el toque jerezano, hizo único su toque por su forma de entender el compás flamenco. Aunque con sólo 11 años debutó en el festival flamenco que organizaba su tío Manuel Morao, su debut profesional fue con la Paquera de Jerez. Desde entonces, su nombre como guitarrista y compositor ha sido reclamo continuo para acompañar a grandes del flamenco como Niña Pastori, José Mercé, Juncales de Jerez o José Soto. Además, publicó dos discos en solitario ( Morao, Morao y Morao y Oro) y participó en la última película de Carlos Saura dedicada al flamenco, Flamenco, flamenco.

Entre otros galardones, consiguió por dos veces el Primer Premio Nacional de Guitarra Flamenca, la cátedra de Flamencología de Jerez en 1984 y la prestigiosa Copa Jerez. Sus restos mortales van a ser velados en el Tanatorio de Jerez, donde se instalará en las próximas horas la capilla ardiente.

Público.es / Europa Press / Sevilla

Tomado: Público.es






Esta página se solidariza con el dolor del pueblo Andaluz. Ha muerto un grande de la Cultura Flamenca.
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