14 mar. 2012

129 aniversario de la muerte de Karl Marx, con sus ideas más vigentes que nunca


El 14 de marzo de 1883 murió Karl Marx, a la edad de 65 años, mientras descansaba en un sillón, segun recoge su compañero F. Engels.

Karl Marx nació en 1818 en Tréveris y murió en Londres mientras escribía su obra El Capital y trabajaba en La Internacional Comunista, lo que le produjo un tremendo desgaste físico y le condujo a la muerte.

Entre sus obras más destacables encontramos el sempiterno Manifiesto Comunista; La ideología alemana; Salario, precio y ganancia; Contribución a la crítica de la economía política, El Capital amén de innumerables artículos escritos en la Gaceta del Rhin, periódico del que fue redactor jefe hasta 1943, cuando el periódico fue definitivamente cerrado.

Marx y su ingente obra política, económica y social ha inspirado las ansias de emancipación de la explotación de todo el mundo, desde la Rusia bajo el pie de los zares hasta el giro a la izquierda de Latinoamérica de nuestro último siglo. Pero de igual modo ha recibido las calumnias, las mentiras, la reacción de sus detractores que ha conducido a guerras, golpes de estado y demás atrocidades por el mero hecho de legitimar el sistema que Marx buscaba superar como superación de la misma humanidad.

Marx se encuentra sepultado en el cementerio de Highgate en Londres junto a su mujer y varios de sus hijos muertos debido a las penurias del Londres decimonónico.

Hoy día, en medio de la mayor crisis del capitalismo a lo largo de su criminal historia, las ideas de Marx siguen estando más vigentes que nunca.

Tomado: La República.es

13 mar. 2012

Afganistan manifiesta contra Barack Obama


Manifestaciones contra Estados Unidos en
 Afganistan. (Foto: Archivo Efe
Más de 600 estudiantes se manifestaron este martes en Jalalabad, en el este de Afganistán, en protesta por la matanza de 16 civiles perpetrada el domingo por un soldado de EE. UU. en Kandahar, en el sur del país, informó una fuente policial.

Este es el primer acto de protesta en una ciudad del país tras la matanza de 16 civiles afganos el domingo pasado.Los manifestantes corearon consignas en contra del presidente norteamericano, Barak Obama, y pidieron que el militar sea entregado a las justicia afgana.

Este baño de sangre se produce unas pocas semanas después de la incineración de ejemplares del Corán por soldados norteamericanos en la base estadounidense de Bagram, al norte de Kabul, acto considerado como una blasfemia que había desencadenado una ola de violentas manifestaciones antinorteamericanas con más de 40 muertos, en todo el país.

Los manifestantes gritaban "¡Muerte a Estados Unidos, muerte a Obama!", reclamando que el culpable de la matanza sea juzgado en público en Afganistán.

"El Jihad (guerra santa) es la única forma de echar a los invasores norteamericanos fuera de Afganistán", se leía en uno de los carteles que llevaban los manifestantes, así como divisas hostiles a Estados Unidos y a su presidente Barack Obama. La manifestación bloqueó además la ruta principal entre Jalalabad y la capital Kabul.

teleSUR - Efe-Afp/KMM

Tomado: Telesurtv.net

11 mar. 2012

El socialismo se suma a la huelga


"Es una reforma que retrotrae los derechos de
 los trabajadores”, dijo el líder del PSOE.
Ni lerdo ni perezoso, el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, se encolumnó detrás de las Comisiones Obreras (CC.OO.) y la Unión General de Trabajadores (UGT), que hicieron el anuncio de la huelga general para el 24 de marzo.

El anuncio de la sexta huelga general en la historia de España contra la reforma laboral del Partido Popular se convirtió rápidamente en una caja de resonancia para los opositores al gobierno liderado por Mariano Rajoy. Por su parte, el presidente se mostró sumamente despectivo hacia el movimiento sindical español ayer, durante un mitin conservador en Málaga. “Es una reforma que retrotrae los derechos de los trabajadores a la época de la transición”, dijo en Cádiz el flamante secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. “No se puede imponer sin siquiera sentarse un minuto a dialogar”, se quejó. “El PP trata de utilizar la crisis para vendernos la mercancía conservadora de siempre”, concluyó el ex candidato a presidente en 2011. Ni lerdo ni perezoso, Rubalcaba se encolumnó detrás de las Comisiones Obreras (CC.OO.) y la Unión General de Trabajadores (UGT) que hicieron el anuncio de la huelga general para el 24 de marzo.

“No estamos para pensar en grupos ni organizaciones”, las despreció el presidente ayer en Málaga. Rajoy sí defendió su reforma laboral, que prevé una generalización del despido con indemnización de 33 días frente al de 45 días en caso de improcedente, simplificando los motivos económicos por los que las empresas pueden prescindir de sus empleados. “Esta reforma está hecha para crear empleo y que no haya tres millones de despidos como los que se produjeron con el anterior gobierno socialista”, azuzó Rajoy.

Según el presidente, con esta reforma volverá la ilusión de la gente. “Queremos que los jóvenes tengan un horizonte de futuro”, dijo Rajoy. “Tras siete años de parálisis España se puso en marcha, los gobernantes están para resolver los problemas, que son gigantescos. El PP no llegó al gobierno para buscar problemas, sino para resolverlos. No para pelearnos”, dijo con aires samaritanos.

Rajoy adelantó que habrá más ajuste, explícitamente en las administraciones, para que éstas no gasten lo que no tienen. “El año pasado se gastaron 90.000 millones más de lo que ingresó.” El mandatario recurrió al ejemplo del mundo en constante cambio y modernización para justificar las medidas que tomará. “Hay que tomar decisiones, tener coraje, ser valiente y prudente”, afirmó.

Otro de los barones del PSOE que aprovecharon los actos de campaña en Andalucía y Asturias para mostrar su apoyo a los sindicatos fue Patxi López. “Además de reducir los derechos de los trabajadores, lo que busca esta reforma es aniquilar la fuerza sindical porque nunca le ha gustado a la derecha”, dijo. “Se presenta como un modo en que los empresarios puedan contratar y resulta que lo que hacen es dejar sus manos los despidos más baratos y más arbitrarios”, dijo echando luz sobre los verdaderos propósitos detrás de la iniciativa del PP.

El presidente de la Junta de Andalucía y candidato a la reelección por el PSOE en las elecciones del 25 de marzo, José Antonio Griñán, también se puso del lado de los sindicatos y descartaron que estén contra España por rechazar una reforma laboral que se aprobó sin consultarlos.

“No es posible que se puedan tomar decisiones sin contar con los sindicatos. Que el gobierno de Rajoy no haya contado con ellos para aprobar una reforma laboral demuestra que no va en la buena dirección”, aseveró. “No es posible que se puedan tomar decisiones sin contar con los sindicatos que afecten al mundo del trabajo y lo que ya no es posible es que encima se culpe a los sindicatos porque han convocado una huelga general de ser los responsables y que se llegue a decir que están contra España”, se quejó. Griñán detalló que esta reforma abarata el despido, elimina los convenios colectivos, deteriora la convivencia en las empresas y no va a crear empleo. “Lo más preocupante es que se ha hecho y se ha llevado al Boletín Oficial del Estado sin previamente haberse reunido el gobierno ni en un minuto ni en dos con los sindicatos”, acusó. En ese sentido, dijo que esto nunca antes había ocurrido porque cuando existían conflictos con los sindicatos había procesos de negociación que se rompían y que a lo mejor hubo otras huelgas. “Pero al día siguiente los gobiernos socialistas estaban negociando”, se congració.

Al día siguiente del sonado anuncio, el secretario general de la UGT, Cándido Méndez, reiteró que nunca hubo tantas razones para una huelga general, ya que la reforma laboral aprobada por el gobierno es lesiva, tal como la definió, para los trabajadores y, por lo tanto, no había otra alternativa que convocar el paro. “Todos los trabajadores pierden, nadie gana en el ámbito de las clases obreras”, agregó Méndez. “Está en juego el futuro de la sociedad española”, concluyó.

Tomado: Página 12.com.ar

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Panorama desde la cornisa


Sentado sobre un barril nuclear (ya no sobre un “barril de pólvora” según solía decirse en tiempos de menor poder destructivo), nada asegura que exista en el mapa mundial un solo centro de poder con deseos y capacidad de actuar racionalmente. La situación de Estados Unidos es conocida. Atacado por su persistente “complejo de Ahab” está dispuesto –como el personaje de Melville– a perseguir hasta el más remoto lugar del mundo a sus odiados enemigos, por sus medios o por medio de sus aliados, tan entregados a la locura de una lucha “decisiva” o “final” como ellos. “Melville conocía bien a su país y a sus compatriotas. Y a través del capitán Ahab que persigue sin piedad a la ballena blanca hasta los confines más alejados del Pacífico Sur y los mares asiáticos, retrató el modo en que los estadounidenses experimentaban el imperio” (Thomas Bender, Historia de los Estados Unidos, Siglo XXI, Buenos Aires, 2011, p. 199/200. Edición impecablemente cosida. El profesional de las ideas puede dejarla sobre su escritorio y no se cierra. Puede abrirla hasta donde lo necesite y no se rompe. Puede ponerle un pisapapeles de cuero con pesas en cada extremo y será sólo para asegurarse, nunca desesperadamente necesario). Si Ahab perseguía a la ballena por venganza, porque le había devorado una pierna infligiéndole una humillación que no podía perdonar y cuyo precio era la vida de quien la había provocado, Moby Dick, la “ballena blanca”, “el imperio estadounidense muchas veces ha obrado motivado por una irrefutable motivación por la seguridad” (Ob. cit., p. 200. De la novela de Melville y su compleja simbología –¡de la que Melville abominaba!– nos ocuparemos próximamente. El tema es tan hondo que merece un tratamiento autónomo). Dentro del mapa actual del mundo, Estados Unidos –en su núcleo más profundo– actúa porque busca en todas partes lo que necesita y porque (he aquí la causa más compleja de su núcleo destructivo y autodestructivo) cree que debe defenderse del “mundo” para vivir seguro. El modo que ha encontrado para hacerlo es apropiarse de él. Resultado de esta certeza es su pathos expansionista, la concepción de un imperio que debe estar materialmente en todas partes. Los británicos (que no tenían esa neurosis) se daban el lujo de tener colonias “libres”. “Que tengan su bandera, su Himno, sus héroes, lo que quieran. Pero que hagan negocios sólo con nosotros y que produzcan lo que nosotros necesitemos. Siempre materias primas. El ‘taller del mundo’ queda en nuestras manos”, se escuchó decir varias veces en el Parlamento británico, en las voces de sus pomposos representantes: Disraeli, Gladstone, Cobden y otros. El imperio norteamericano tiene dos aliados incondicionales: Gran Bretaña e Israel. Y va creando otros. En nuestro continente, Colombia. Y ha demonizado a Venezuela. Porque América latina no vive la siesta a-histórica que muchos creen. Es cierto que no tenemos guerras por aquí, pero no nos hemos caído del mundo. Argentina tiene conflictos más serios, más dramáticos que los subtes de Macri. Hay algo que late detrás de ese conflicto porque hay algo que late detrás de Macri y de quienes lo apoyan. Hay algo que se agita detrás de la llamada “oposición” a la que se cree tan incapaz y posiblemente lo sea, pero no lo es el monstruo que digitará las acciones si llegan a producirse. No hay que ser inteligente para obedecer, hay que serlo para crear. Cristina Fernández tiene que crear porque –hay que decirlo– está fuera de los planes del mapa mundial que Estados Unidos busca. Acaso no se note en las fotos y en los gestos que la diplomacia (que es el arte de mentir con elegancia hasta quitarse la careta y mostrar la verdadera cara, tarea que ya no corresponde a los diplomáticos), pero Argentina está entre el Mal y un Bien poco confiable para la binaria concepción del mundo de los norteamericanos.

“El Departamento de Estado (escribe Matías Ruiz en el Instituto de americano de servicios de información prioritaria, bajo la figura de un águila temible, furiosa) “se ha ocupado especialmente de comprometer apoyos de cara a lo que podría suceder en Oriente Medio, y no resulta extraño que mucha de esa presión comience a tener lugar en América latina. Ahmadinejad administra el factor tiempo en su favor, aunque hoy comprende a la perfección que el tiempo invertido en la Venezuela de Hugo Chávez para utilizar a aquella nación como punto de triangulación nuclear se ha esfumado. Irán no dispone ya de los años necesarios para contar con el aporte tecnológico que podían proveerle ingenieros argentinos vía Caracas –con luz verde desde la Administración Fernández de Kirchner–”. Aquí estamos: en el ojo de la tormenta. En el ojo del águila. Sólo hay que agregarle la Triple Frontera, la IV Flota que siempre anda cerca y la cuasi invasión a Malvinas por parte de los ingleses. Ese no fue un gesto desmedido. Lo del principito menos aún. Queda claro que tuvo por finalidad recordar a “ese país” del lejano Sur la figura triunfal del “otro” principito, del que coronó una victoria. Qué hará o qué ya hizo Inglaterra en Malvinas no lo sabemos. Pero lo que sea que haya hecho, lo hizo acordando con los planes norteamericanos de “seguridad mundial”. Y esos planes pasan siempre por la agresividad nuclear, superioridad en la que basa el imperio su poder de amedrentamiento sobre sus enemigos. Los “enemigos” de Estados Unidos no deben tener poder nuclear. Quien lo tenga, quien busque tenerlo ingresa en el ya muy abarcante Eje del Mal. Que ya no es un eje. Es un círculo tan redondo como la vastedad de la Tierra. Hay que añadir a los elementos que nos hacen “peligrosos” al establishment la abominada línea estatal venezolana Conviasa, cuyas buenas relaciones con el Aeropuerto Pistarini, lejos de serenar, alteran malamente los nervios del imperio. Seamos claros, ése es el establishment. Ese, el verdadero poder. El que quiere convertirnos en otra cosa de lo que duramente hemos llegado a ser. Que será mucho o poco, pero no es lo que ellos quieren.

José Pablo Feinmann

Tomado: Página 12.com.ar

La escritura como centro de la existencia


La de Bachmann y Celan quizá sea la novela epistolar
 más desgarradora escrita a cuatro manos
Editan el conmovedor epistolario entre Ingeborg Bachman y Paul Celan

Tiempo del corazón, la correspondencia entre los dos poetas en lengua alemana más importantes de la segunda mitad del siglo XX, va más allá de la intimidad de los amantes para reflexionar sobre Auschwitz, Heidegger y la lucha por el lenguaje.

El epistolario amoroso condensa el mapa de una pasión trágica, un muestrario de intemperies, ausencias, encuentros y desencuentros. Hay silencios demasiado obstinados y palabras que se escriben al pie de una página que jamás llegará a destino. No puede faltar el tópico de los enamorados cuyas penas magnifican la puñalada trapera. Las cartas, esos objetos que iluminan las vacilaciones del instante, construyen un vasto espacio abierto donde las figuras deambulan, pasan del sol a la sombra, se pierden de vista y reaparecen, pero sin adoptar jamás posiciones fijas. La relación intelectual y sentimental entre Ingeborg Bachmann y Paul Celan constituye uno de los capítulos más dramáticos de la historia de la literatura posterior a 1945. Tiempo del corazón (Fondo de Cultura Económica), la correspondencia entre los dos poetas en lengua alemana más importantes de la segunda mitad del siglo XX, no es un manojo de notas resecas que cualquiera podría publicar movido por el afán de desnudar la intimidad de los amantes. Las casi doscientas cartas, reunidas en una cuidada edición –traducida por Griselda Mársico y comentada por Bertrand Badiou, Hans Höller, Andrea Stoll y Barbara Wiedemann– esquivan esa premisa del sentimentalismo que consiste sólo en recordar el recuerdo. En las más delicadas vísceras del pasado, un puñado de textos potencia las reflexiones sobre los problemas de la escritura y la autoría después de Auschwitz, la cuestión respecto de Heidegger y su “error político” y el antisemitismo “enmascarado” con el ropaje de la crítica literaria. La lucha por el lenguaje, la disputa con la palabra, es la médula ósea del intercambio entre Bachmann y Celan. Quizá sea la novela epistolar más desgarradora, escrita a cuatro manos.
“Encontremos las palabras”

El primer encuentro fue en Viena, la ciudad a orillas del Danubio, en mayo de 1948. Bachmann, una joven austríaca de 21 años que estudiaba filosofía, logró liberarse de la pesada herencia que implicaba la temprana afiliación de su padre el nazismo. Celan, nacido en 1920 en el seno de una familia judía de Czernowitz (Rumania), sobreviviente de un campo de trabajo rumano, tenía entonces 27 años. Sus padres habían sido asesinados en un campo de concentración alemán. La correspondencia comienza con “En Egipto”, un poema de Celan dedicado a Bachmann, la joven poeta en cierne, en junio del ’48. En una carta posterior a ese poema fundacional, Celan postula el imperativo categórico de esa pasión: “Cuando te encontré fuiste ambas cosas para mí: lo sensual y lo intelectual”. Las señales de vida de la poeta llegarán recién en la Navidad de ese año, casi seis meses después de un incómodo silencio: “Hoy te quiero, y te tengo tan presente. Quiero decírtelo sin falta (entonces muchas veces no lo hice)”. La escritura ocupa el centro de la existencia. Pero para ninguno de los dos escribir es algo sencillo; las cartas no están exentas de esta desgarradora dificultad. “Dos o tres veces te escribí una carta que después no envié –le cuenta Bachmann en enero de 1949–. Pero qué importa eso si cada uno piensa en el otro y tal vez sigamos haciéndolo mucho tiempo más (...). En el otoño unos amigos me regalaron tus poemas. Fue un momento triste porque vinieron de otros y sin una palabra tuya. Pero cada uno de los versos fue un resarcimiento.”

El más bello amor

Una carta de junio de 1949 “anticipa” el futuro, veinte años antes de tiempo. “Llévame al Sena, vamos a mirar y mirar bien adentro hasta que nos hayamos vuelto pececitos y nos reconozcamos”, le dice Bachmann. El autor de Amapola y memoria, Reja de lenguaje y La arena en las urnas, entre otros títulos, se suicidó arrojándose al río Sena en abril de 1970. En el primer tramo despuntan las dudas sobre la importancia del encuentro entre ambos. La sucesión de cartas, bastante escasas entre 1948 y 1952, está marcada por la tentativa desesperada de repensar lo que fue. Y por volver a recuperar una forma practicable para la relación, aun después de separaciones entendidas como definitivas. Las pocas semanas de Viena son un punto de referencia, incluso cuando ya no sean repetibles y finalmente sólo la amistad siga siendo lo que queda en pie. “¿Sabes, Ingeborg, por qué te escribí tan poco durante este último año? No sólo porque París me empujó a un silencio terrible del que no podía salir, sino también porque no sabía qué piensas sobre aquellas pocas semanas en Viena. (...) ¿Cuán lejos o cuán cerca estás, Ingeborg? Dímelo, para que yo sepa si cierras los ojos si ahora te beso.”

El lector se desplazará por las orillas de un enigma. Nunca sabrá las razones concretas de los silencios y las recriminaciones mutuas; pertenecen, más bien, al terreno de las conjeturas. Casi tres meses después, Bachmann le responde: “Veo con mucho miedo que te alejas a la deriva por un gran mar, pero yo voy a construirme un barco y recogerte del desamparo. Sólo que tú también tienes que aportar algo y no hacérmelo demasiado difícil. Tenemos el tiempo y muchas cosas en contra, pero el tiempo no debe poder destruir lo que nosotros queremos rescatar de él”. Y le adjunta una carta que no supo enviar en su momento, de una sinceridad implacable. “No sé qué quieres saber ahora y qué no, pero te imaginarás que el tiempo que va de ti a ahora no ha transcurrido para mí sin relaciones con hombres. Hay un deseo que tenía entonces en ese aspecto que he satisfecho; eso tampoco te lo había dicho todavía –confiesa la poeta–. Pero nada se convirtió en un vínculo, no me quedo mucho tiempo en ningún lado, estoy más inquieta que nunca y no puedo prometerle nada a nadie (...). Sólo puedo decirte una cosa, por improbable que parezca hasta para mí misma: estoy muy cerca de ti. Es un bello amor el amor en el que vivo contigo, y sólo porque tengo miedo de decir mucho es que no digo que es el más bello.”

El intercambio poético no es recíproco. Celan no contempla aún la producción de la autora de El tiempo postergado. “Me resulta completamente nuevo y sorprendente, me parece como si se hubiera logrado quebrar una compulsión de asociaciones y se hubiera abierto una nueva puerta. Es tal vez tu poema más bello, y no tengo miedo de que sea ‘el último de todos’ –comenta Bachmann el poema ‘Agua y fuego’–. Me ha dado una felicidad indecible y llena de esperanza por ti me meto en tu período oscuro. Un reproche que me has hecho a menudo es que no tenga un vínculo con tus poemas. Te ruego que dejes de lado esa idea, y no lo digo por este poema, sino también por los demás. A veces sólo vivo y respiro a través de ellos.” Tal vez el miedo enorme de estar lejos o la burla de la realidad laceró esa pasión superior. De repente podrían reproducir fragmentos del tango “Como dos extraños” en clave alemana. “No hablemos más de cosas que son irrecuperables, Inge. Lo único que consiguen es que la herida vuelva a abrirse, provocan en mí ira y disgusto, reavivan lo pasado”, le pide Celan en 1952, cuando el poeta ya había iniciado su relación con Gisèle Celan-Lestrange, que pronto sería su esposa y la madre de su hijo Eric.

Mudo contigo

El lector apreciará uno de los tramos más ricos de la correspondencia luego del reencuentro en 1957. Los roles se modifican. Ahora es Celan el que compone unas cartas de una intensidad abismal y piensa por primera vez en la obra de Bachmann. La desmesura de la avanzada de él podría explicar la reticencia de la poeta. Acaso necesita silencio, distancia, un escudo de protección. “Entiendo, Ingeborg, que no me escribas, que no puedas escribirme, que no vayas a escribirme: sé que te lo hago difícil con mis cartas y poemas, más difícil aun que hasta ahora”, admite el poeta. “Debes entender: no podía actuar de otra manera. Actuar de otra manera hubiera significado negarte. No puedo hacerlo.” Ella demora, pero responde. “Te agradezco que le hayas dicho todo a tu mujer, ya que ‘ahorrárselo’ sería agrandar la culpa y disminuir a tu mujer. Porque ella es como es y porque tú la amas. ¿Pero tienes una idea de lo que significan para mí su aceptación y su comprensión? ¿Y para ti? No puedes abandonarlos, a ella y a vuestro hijo. Me contestarás que ya está, que en el fondo ya ha sido abandonada. Pero por favor no la abandones. ¿Tengo que darte las razones?”

Celan insiste, le exige a Bachmann que le escriba al menos una vez por mes. “Piensa ‘En Egipto’. Cuantas veces lo leo, te veo ingresar a ese poema: eres la razón de mi vida, también porque eres y seguirás siendo lo que justifica mi palabra... Pero no es solamente la palabra. También quería estar mudo contigo.” Tiempo del corazón incluye además documentos complementarios de la relación, como las cartas entre Bachmann y Celan-Lestrange, y entre Celan y el escritor suizo Max Frisch, que convivió con la poeta y narradora alemana. El título del epistolario procede del primer verso de “Colonia, Am Hof”, de Celan, suerte de pasadizo secreto entre los amantes: “Tiempo del corazón, los/ soñados representan/ la cifra de medianoche./ Alguno habló en el silencio, alguno calló,/ alguno se fue por su camino/”. El diálogo se interrumpe otra vez después de una reyerta con Frisch por una crítica adversa de Reja del lenguaje de Celan. Sobrevuela el antisemitismo en esa discusión. Sólo quedan las ruinas de ese amor. En una de las últimas cartas, el poeta da en el nervio de este doloroso epistolario cuando le cuenta a Bachmann sobre su nuevo libro de poemas. “Hay diversas cosas entretejidas allí, por momentos seguí un camino –estaba prácticamente escrito– bastante ‘ajeno al arte’. El documento de una crisis, si quieres. ¿Pero qué sería la literatura si no fuera también eso, y si no lo fuera radicalmente?”

Silvina Friera

Tomado: Página 12.com.ar

10 mar. 2012

Perder el hogar, perder la esperanza


Una mujer descansa sobre los restos de la que fue su casa en
 Fayasil Al Wusta, demolida junto a 13 más el 20 de diciembre
de 2011. Seis familias quedaron sin vivienda. / Activestills
En el último año, Israel ha demolido 622 estructuras de palestinos en zona C. Ha causado el desplazamiento de 1.094 personas, el 60% niños

El Gobierno insiste en que no tenían permiso; los palestinos, en que la "asfixia" y la burocracia los llevan a buscar salidas al hacinamiento

El último plan de Defensa consiste en trasladar a más de 2.000 beduinos junto a un vertedero de Jerusalén y tirar su emblemática "escuela de las 3.000 ruedas"

Camino del Mar Muerto, Jerusalén olvida que es ciudad y se transforma. Comienza el desierto rocoso, la carretera se llena de camiones camino del gran puerto de Eilat y al frente, en una meseta enorme rodeada de verde, domina la colonia de Ma´ale Adumim (40.000 habitantes). A la izquierda, en mitad del desarrollado, hermoso paisaje, la estampa es otra: ahí está el muro de hormigón que aísla Cisjordania y, al pie, pequeñas chabolas destrozadas que un día guardaron vida, que un día fueron un hogar, y hoy son chatarra apilada. Ahí, en Anata, Israel acometió su última demolición en la capital, casas de palestinos que fueron destrozadas entre el 23 y en 25 de enero. En todo 2011, 622 estructuras fueron derribadas por el Gobierno israelí, de las que el 36% (222) eran viviendas particulares y el resto, infraestructuras esenciales para la subsistencia como depósitos de agua, granjas de animales o vallados agrícolas. 1.094 palestinos tuvieron que desplazarse al ver destrozado su hogar o sus medios de vida, una cifra que prácticamente duplica la de 2010. Entre ellos, además, había 609 niños, arrancados de su rutina, su escuela, su centro de salud. La estadística procede del Comité Israelí contra la Demolición de Casas (ICAHD) y está contrastada con los informes de Naciones Unidas.

¿Pero por qué se tiran esas casas? Ann Harrison, directora adjunta del programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y Norte de África, lo explica. “Cisjordania está dividida en zona A, B y C. En esta última, Israel tiene plena autoridad en asuntos civiles y en el control de la seguridad. Eso supone que casi el 62% de la tierra palestina la controlan ellos. En esas zonas, en la que viven unas 200.000 personas (entre Cisjordania y Jerusalén Este), las restricciones de movimiento y de construcción son muy elevadas. El 94% de las peticiones de licencia de obras son rechazadas, esa es la tendencia en la última década, mientras la población sigue creciendo con una media de cinco hijos por familia. Los palestinos se ven abocados a construir donde no pueden pero donde lo necesitan”, relata.

Según la tasa actual de crecimiento demográfico, la ONU afirma que en Jerusalén Oriental la diferencia entre la necesidad de vivienda entre los palestinos y las construidas legalmente era de al menos 1.100 al año (según su balance de 2010; el de 2011 aún no está cerrado). El problema también toca a la franja de Gaza, pese al plan de desconexión de 2005 que sacó de allá a los últimos colonos. “Eso no impide que el Ejército entre de cuando en cuando para demoler algo”, denuncia Raji Sourani, al frente del Centro Palestino por los Derechos Humanos (PCHR).

Israel insiste en que está aplicando la ley y las particiones de los Acuerdos de Oslo, que no puede consentir que se levanten “estructuras ilegales”, explican desde la portavocía del primer ministro, Benjamín Netanyahu. El argumento de los palestinos es que lograr un permiso es un “caro, largo y a menudo infructuoso proceso” que no les resuelve su perentoria necesidad de espacio y que no caerían en la ilegalidad si no fuera por la “asfixia” a que los somete Israel, abundan los informes de la Sociedad para el Desarrollo Al Maqdese. Un ejemplo: sólo el 13% de la superficie de Jerusalén Oriental está catalogada como edificable, por lo que la zona “legal” se encuentra hiperpoblada y son cada vez más habituales los casos de exilio o de intento de expansión en zonas vetadas. El 35% de las tierras de la zona palestina de Jerusalén han sido expropiadas “para hacer asentamientos ilegales con 195.000 israelíes” y el 18% de Cisjordania ha sido declarado “zona militar cerrada”, lo que veta las edificaciones palestinas y limita la circulación de personas, especialmente en el Valle del Jordán y en los montes del sur de Hebrón, denuncia el informe “¿Seguros en casa?”, editado por Amnistía.

Las demoliciones se llevan a cabo habitualmente sin aviso previo, según los afectados, y con la notificación correspondiente, según Israel. El enviado humanitario de Naciones Unidas en los Territorios, Maxwell Gaylard, avala la versión de los palestinos. “No hay posibilidad casi de que recojan sus pertenencias antes de que la maquinaria comience a tirarlo todo”, denuncia. Cuando todo ha quedado destrozado, no hay un refugio ni una indemnización, y toca buscar acomodo en casas de familiares (sobre todo del marido, lo que somete aún más a la mujer al clan patriarcal), amigos o espacios cedidos por ONG. Gaylard entiende que, según la jurisdicción internacional, “la potencia ocupante tiene la responsabilidad de proteger a la población civil palestina bajo su control y garantizar su dignidad y bienestar. La destrucción de sus viviendas y medios de subsistencia no es compatible con esa responsabilidad ni con los ideales humanitarios”, expuso mientras visitaba las casas tiradas en Anata, una orden que desplazó a 52 personas, 29 de ellas menores de edad. “Los palestinos requieren de un sistema de planificación justo y no discriminatorio que satisfaga sus necesidades de crecimiento y desarrollo”, abundó.

Afirma la ONU, en sucesivos comunicados, que las demoliciones violan la Cuarta Convención de Ginebra, sobre protección de civiles en tiempo de guerra, cuyo artículo 53 “veta la destrucción de una propiedad si no está militarmente justificado” e impide igualmente “la transferencia de población” (artículo 49). Al primer punto, Israel responde que todos los palestinos están sujetos “por seguridad” a la ley militar. Al segundo, simplemente desoye los reproches de Occidente sobre sus “provocadoras ampliaciones de colonias”.

En septiembre pasado, tres relatores de Naciones Unidas pidieron formalmente a Israel que frene las demoliciones que, “por su naturaleza discriminatoria”, son “completamente inaceptables”. “Los israelíes no desearían ser sometidos a semejantes prácticas”, señalaron. No eran funcionarios de clase media, sino voces muy respetadas en el organismo: Raquel Rolkin, relatora especial sobre derecho a una vivienda adecuada; Catarina de Alburquerque, relatora sobre derecho al agua potable y a los servicios sanitarios; y Olivier de Shutter, del derecho a la alimentación. Todos ellos, de la oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU. Rolkin acaba de comenzar una visita de dos semanas a la zona, ante el llamamiento de las ONG que trabajan en la zona para que conozca de primera mano la situación.

Itay Epstein, co-director del ICAHD, explica que Israel no sólo trata de imponer una división del terreno que le es favorable, ni busca la legalidad por encima de todo, sino que hay un importante motor, menos claro, tras las demoliciones: el empeño en “judaizar” Palestina. El 90% del valle del Jordán (preciado por el agua y los cultivos) está en manos de Israel, agujereado por 37 colonias, con casi 10.000 residentes (12% del suelo, 119 kilómetros cuadrados), con 26 reservas naturales (20%, 318 kilómetros cuadrados) y con 736 kilómetros cuadrados (46% del total) cerrados, por ser zona militar.

Bajo sus palabras laten casos como el de Arabiya y Salim, propietarios de una de las casas tiradas a finales de enero. Era la quinta vez que las palas mecánicas de Israel destruían su vivienda, Beit Arabiya, la casa de Arabiya. La vivienda era un símbolo de resistencia, levantada cuatro veces con la ayuda de voluntarios internacionales (muchos de ellos, españoles), el ICHD y ONG locales como Rabinos por los Derechos Humanos. En la residencia, levantada en recuerdo de la activista Rachel Corrie (muerta al intentar frenar demoliciones), se encontraban en el momento del desalojo el matrimonio y sus siete hijos. Los operarios se presentaron a las 11 de la noche del 23 de enero, un bulldozer con potente refuerzo militar que acabó con esta casa y varias estructuras residenciales y agrícolas cercanas en la zona de Jahalin, una comunidad beduina vecina. Otras 20 personas expulsadas del hogar en mitad del desierto, helador en invierno.

Al día siguiente, tiraron la casa de los Abu Omar, levantada en 1990 en terrenos de su propiedad, en Anata. ¿Dónde estaba entonces el problema, si la tierra era suya? En que Israel sostiene que está “reservada para uso agrícola”. Por eso fue ya demolida en 2005. Tardaron todos estos años en recuperarla, ladrillo a ladrillo, y el 24 de julio pasado la acabaron. Seis meses después, vuelven a estar al raso. Un grupo de 17 personas, entre ellos varios niños. Y menos de 12 horas después de este suceso, otras dos casas fueron eliminadas en la aldea beduina de Umm Al Kheir, al pie de la colonia de Karmel, en plena expansión. En una residía una pareja de ancianos; en la otra, una viuda con nueve hijos. Los soldados se quedaron además el tractor con el que la mujer labraba la tierra.

Todos los afectados se quedaron pululando por la zona, sin saber bien qué camino tomar, dónde rehacer su vida. Durante los primeros días, recogieron tablones, bolsas y colchones, lo poco que podían seguir usando. Un pequeño tesoro. La red de cooperación tejida en torno a las demoliciones les está ayudando, pero cuesta en borrarse esta estampa de desolación total, de esperanza perdida con el techo que rompieron las máquinas.

Esa historia se repite en una de las zonas más afectadas por estas demoliciones, Jiftlik, en el Jordán, donde se concentró el pasado año el 32% del total de actuaciones de Israel (109 estructuras demolidas, de ellas 89 residenciales, y 401 desplazados, según el ICAHD). La población, de algo más de 5.000 habitantes, tenía “extensas tierras de labranza” antes de 1967 y su guerra. Ahora, ese espacio es zona militar protegida. En 2005, denuncia Al-Maqdese, el Ministerio de Defensa de Israel elaboró un “plan de delineamiento” que determinaba dónde podían vivir los palestinos. Lo hicieron ”sin avisar a los vecinos ni abrir periodo de alegaciones”. El 40% de las viviendas quedaron fuera de ese límite permitido, por lo que 30 edificios han sido tumbados en estos últimos años y hay 10 órdenes de demolición más pendientes. Las casas que han quedado dentro del perímetro legal también necesitan sacar licencia previa si hacen obras, un papeleo que se demora no menos de año y medio, explican en la ONG.

La última gran pelea contra los desplazamientos forzosos es la amenaza de demolición de un grupo potente de familias en Khan al Ahmar. Defensa planea que los 2.300 residentes beduinos que ahora están en ese rincón de Cisjordania vayan a vivir a menos de 300 metros del vertedero municipal de Jerusalén, una zona insufrible por orografía y por condiciones sanitarias (recibe 1.100 toneladas de basura cada día). La campaña de AI está siendo muy potente para evitar el traslado de estas 20 comunidades. El ministerio, que tiene el plan redactado desde verano, ha dicho que no va a ejecutarlo por completo, pero no aclara su posición. Incluso ha prometido que, una vez reasentados, los beduinos tendrán acceso a las conexiones de agua y electricidad. Se ha creado un comité para protegerlos y plantear sus exigencias; por este orden: regresar al desierto del Neguev, de donde los echaron en los 50; quedarse donde están con mejores servicios o pactar un traslado con garantías.

Es emblemática en esta zona la llamada “escuela de las 3.000 ruedas“, que también corre riesgo de ser derribada, junto con las viviendas. Casi un centenar de pequeños se benefician del edificio; hasta hace poco carecían de educación, porque tenían que trasladarse 30 kilómetros hastas los colegios más cercanos de la UNRWA, cruzando carreteras, buscando alguien que los llevara, a pocos metros de Kfar Adumim, una colonia, de donde provino la denuncia ante el Gobierno israelí que, ya en 2009, dio la primera orden de demolición. La ONG italiana Vento di Terra, junto a Manos Unidas y varias misioneras combonianas, levantaron el edificio en 2008 usando neumáticos rellenos de arena. Ahora tienen cuatro aulas, un despacho de administración, un baño, un patio… Reconocidos por el Ministerio de Educación palestino, las maestras son chicas del poblado formadas como profesoras, cerrando el círculo de dignidad y oportunidades. Pero nadie sabe cuánto le queda en pie. El Ejecutivo italiano y su Conferencia Episcopal están presionando para evitar el fin. Sería importante, pero apenas el comienzo. Según la ONU, hoy hay cerca de 4.000 órdenes de demolición pendientes de ejecución.

Carmen Rengel / (Jerusalén)

Tomado: PeriodismoHumano.com

Recorrido fugaz por la geografía literaria uruguaya


Horacio Quiroga, Mario Benedetti o Eduardo Galeano son escritores que regularmente se mencionan por sus cuentos, poesías o reflexiones y también para nombrar a su “paisito”, como sue­len llamar sus habitantes a Uruguay. País que en idioma guaraní puede sig­nificar “río de los pájaros” o “río de los caracoles”, pero que estaba habitado por indígenas charrúas, exterminados por los invasores españoles durante la colonización.

Oficialmente es la República Orien­tal del Uruguay y en el siglo XX se le conocía como “La Suiza de América” por sus logros en educación, salud e infra­estructura. La instrucción pública de Uruguay fue uno de los modelos que tomó el magisterio venezolano. De he­cho, con la llegada al país del pedagogo uruguayo Sabas Olaysola, se funda la Escuela José Gervasio Artigas, en Ca­tia, en homenaje al máximo prócer de esa nación. Poco después, bajo su guía, se crearía la Escuela Experimental de Venezuela, al final de los años 30.

Ariel

Que la educación haya sido una pre­ocupación en la Banda Oriental en los albores del siglo XX, se denota en Ariel, libro que José Enrique Rodó publicó en 1900, cuando apenas tenía 28 años, y que dedicó “a la juventud de América”.

Rodó postula “una concepción de la personalidad y, partiendo de ella, una visión del mundo, de la cultura, de la sociedad”, afirma Carlos Real de Azúa, para “alzarse frente al mundo y frente a los Estados Unidos, como símbolo ex­haustivo de todo sentido de cultura”, es­cribió el crítico Alberto Zum Felde.

“Teniendo yo la pasión, el culto de la confraternidad intelectual entre los hombres de América, le envío un ejem­plar de un libro mío que acaba de salir de la imprenta. Es, como Ud. verá, algo parecido a un manifiesto dirigido a la juventud de nuestra América sobre ideas morales y sociológicas. Me refiero en la última parte a la norteamericana. Yo quisiera que este trabajo mío fue­ra el punto inicial de una propaganda que cundiera entre los intelectuales de América. Defiendo aquí todo lo que debe sernos querido como latino-americanos y como intelectuales…”, escribió Rodó al ensayista venezolano César Zumeta.

Los escritores españoles Leopoldo Alas (“Clarín”) y Miguel de Unamu­no, aprobaron las reflexiones de Rodó. “Ariel, en su único ejemplar conocido por nosotros, andaba de mano en mano sorprendiéndonos”, expresó alguna vez el Premio Nobel de Literatura Juan Ra­món Jiménez, también español.

Ariel y Motivos de Proteo, de José En­rique Rodó fueron publicados en 1976 por la entonces recién fundada Biblio­teca Ayacucho, precedidos por Doctrina del Libertador, de Simón Bolívar, y del Canto General, de Pablo Neruda.

Rama

Ángel Rama fue un intelectual uru­guayo que se destacó por sus ensayos sobre cultura y literatura. Prácticamente fue confinado a Venezuela tras la negativa de la dictadura uruguaya de entregarle pasaporte. El 15 de septiem­bre de 1974 escribe en su diario: “No sé si paso a la categoría de ‘apátrida’ y deberé pedir a las Naciones Unidas que me reconozca como tal”. En 1977 se na­turaliza venezolano.

Fue uno de los directores fundadores de la Biblioteca Ayacucho, a la que le dio el impulso inicial porque sabía que no iba a durar mucho en ese cargo debido a sus discusiones con los demás direc­tores. Su obra La ciudad letrada; Gar­cía Márquez, edificación de una cultura nacional y popular, entre otros ensayos, merecen atención en las aulas universi­tarias latinoamericanas.

“Citando a Marx expresamente, Rama concibe la imaginación como fuerza transformadora, y todo discurso estético como portador de ideología”, es­cribió Tomás Eloy Martínez en el prólo­go de La crítica de la cultura en América Latina.

En 1959 formó parte del diario uru­guayo Marcha en la dirección de las páginas literarias hasta 1968. También vivió y trabajó en Estados Unidos –en las universidades de Maryland y de Princenton–, hasta 1983. Un año antes le negaron la visa de residente bajo el argumento de la vieja ley de McCarthy de considerarlo “comunista”.

La poetisa uruguaya Alicia Migdal lo consideró un “renacentista”: “Pocos en­sayistas como este uruguayo tuvieron tan cabal y detallado conocimiento de todas las literaturas y todos los procesos históricos de cada país de esta América. No se trataba sólo de información, ya que sólo con información no se piensa, se organiza y se concreta la Biblioteca Ayacucho […], un trabajo de equipo edi­torial que implicaba el conocimiento de quién es quién para cada trabajo, cada prólogo, cada edición. En esos años, que no superaron una década, se unificaron todos los intereses y saberes de Rama: el lector omnívoro, el crítico, el investi­gador, el editor, el docente, el hombre de empresa”.

Angel Rama murió en 1983, en Ma­drid, tras un accidente aéreo, en el que también perecieron su esposa, la escri­tora Marta Traba, y los escritores Jorge Ibargüengoitia y Manuel Scorza.

Quiroga

Horacio Quiroga nació en 1878 en Sal­to, Uruguay, “ciudad apacible de escasos miles de habitantes, distantes unos 500 kilómetros, tanto de Montevideo como de Buenos Aires, ciudades a las que se acostumbraba viajar descendiendo por el río Uruguay”, detalla Alberto Oreg­gioni, quien hace un repaso cronológico para la edición Cuentos, de Quiroga, de la Biblioteca Ayacucho.

Autor de Cuentos de amor de locura y de muerte (1917) propone en “El decálogo del perfecto cuentista” que se debe creer “en un maestro –Poe, Maupassant, Ki­pling, Chejov– como en Dios mismo”, es­critores que marcaron notable influen­cia en su narrativa.

La brevedad de los muchos cuentos de Quiroga tiene una explicación. “Luis Pardo, entonces jefe de redacción de Ca­ras y Caretas, fue quien exigió el cuento breve hasta un grado inaudito de severi­dad. El cuento no debía pasar entonces de una página, incluyendo la ilustración correspondiente. Todo lo que quedaba al cuentista para caracterizar a los per­sonajes, colocarlos en ambiente, arran­car al lector de su desgano habitual, interesarlo, impresionarlo y sacudirlo, era una sola y estrecha página. Mejor aún: 1.256 palabras”, rememora el autor de Cuentos de la selva en el artículo “La crisis del cuento nacional”.

Publicado en La Nación de Buenos Aires el 11 de marzo de 1928, Quiroga advierte: “El que estas líneas escribe, también cuentista, debe a Luis Pardo el destrozo de muchos cuentos, por falta de extensión; pero le debe también en gran parte el mérito de los que han re­sistido”.

Su vida estuvo marcada por la trage­dia. Su final no pudo ser de otro modo; al ser notificado que sufría de cáncer, ingirió cianuro el 18 de febrero de 1937 y murió al día siguiente en el Hospital de Clínicas en Buenos Aires.

Onetti

“El jurado del Premio Cervantes ha tenido en esta ocasión la quijotesca ocu­rrencia de otorgar esa gran distinción a alguien que desde su juventud estaba acostumbrado a ser un perdedor siste­mático, a un permanente segundón que hasta entonces sólo había pagado a pla­cé –o a colocado, como se dice en España– y que no tenía ninguna victoria en su palmarés”, dijo Juan Carlos Onetti en la recepción del Premio en 1980.

A pesar de sus palabras, “el perdedor sistemático” obtuvo el Premio Nacio­nal de Literatura de Uruguay 1959-1960 cuando solo había publicado media do­cena de novelas, y en 1972 escritores de diferentes generaciones, encuestados por el semanario Marcha, lo distinguie­ron como el mayor narrador uruguayo de los últimos 50 años.

Gracias al manuscrito de su primera novela, Tiempo de abrazar, conoció a Roberto Arlt en la sala de redacción del diario El Mundo. Allí, leyó el escrito de Onetti, frente a él y su amigo Italo Cons­tantini (Kostia). El siguiente diálogo lo relató en el prólogo de la reedición de El juguete rabioso, de Arlt:

“–Dessime vos, Kostia –preguntó [Arlt]–, ¿yo publiqué una novela este año?

–Ninguna. Anunciaste pero no pasó nada.

–[…] Entonces, si estás seguro que no publiqué ningún libro este año, lo que acabo de leer es la mejor novela que se escribió en Buenos Aires este año. Tene­mos que publicarla.”

Onetti no precisa la fecha de este en­cuentro, pero solo se conoce que Tiempo de abrazar apareció en 1974, 35 años des­pués de que se publicara su primera no­vela: El pozo. “En aquel tiempo Buenos Aires no tenía, prácticamente, editoria­les. Por desgracia. Hoy tiene demasia­das, también por desgracia”, escribió.

En Venezuela, la editorial Monte Avi­la reunió El pozo, Los adioses, La cara de la desgracia, Tan triste como ella y Para una tumba sin nombre y la publicó bajo el título de Cinco novelas cortas, en 1968.

Onetti respondía a cortapisas, como un credo: “Cuando yo me pongo a escri­bir es la hora de la verdad, y con la ver­dad no hay cuentos chinos. Acepto que mi literatura sea de esa manera, como la describen [sombría e impiadosa], pero no hay ninguna contradicción. Es aquel famoso ‘distanciamient’ del que hablaba Brecht. […] Pienso que la vida es así; si hay ternura, sale, si hay posi­ción política, sale, quiera o no lo quiera el autor. Pero esas cosas no hay que pro­ponérselas, van a aparecer solas, siem­pre y cuando estén en la vida.”

Marcha

En el mismo año que apareció El pozo, 1939, comenzó a circular el sema­nario político cultural más importante de Uruguay: Marcha. Su director, Car­los Quijano, logró reunir a la intelec­tualidad nacional, escritores y poetas que hacían de periodistas y viceversa: Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Onetti como secretario de redacción, Rama dirigiendo las páginas cultura­les, María Esther Guilio, Carlos Martí­nez Moreno, Alfredo Zitarrosa –que se destacaría como cantautor en el exilio en la década de los 70–, Hugo Alfaro, en­tre una larga lista.

Marcha fue cerrada por la dictadura cívico militar uruguaya en 1974. Qui­jano prosiguió su vida en el exilio, en México, y culminó una década después.

Finalizada la dictadura, en 1985 se crea el semanario Brecha con buena parte del antiguo equipo que acompañó a Qui­jano.

Benedetti

La poesía de Mario Benedetti está en las bocas de las recientes parejas, como si fuera escrita para ellos o por ellos. Y quizá no recuerden el nombre del bardo, ni cómo llegaron a sus versos, pero se­guro increparán con el mismo derecho que el personaje de El cartero de Neru­da, de Antonio Skármeta, cuando le dijo al poeta: “¡La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la usa!”

En sus cuentos y novelas, también en su poesía y su dramaturgia, se pasean las voces de las uruguayas y uruguayos, sus cotidianidades y nostalgias, exilios y desexilios. “Cuando uno llega a per­cibir que una calle no le es extranjera, solo entonces la calle deja de mirarlo a uno como extranjero”, escribió en Pri­mavera con una esquina rota.

Defensor inquebrantable de la revolu­ción cubana, también dedicó parte de su obra escrita para discutir sobre el papel del escritor y la revolución en Latinoa­mericana.

Sus primeras novelas, Quien de noso­tros y La tregua, así como los libros de cuentos Montevideanos y La muerte y otras sorpresas, entre otros, aparecie­ron bajo el sello editorial Alfa, de Benito Milla, quien llevó a cuestas su editorial a Buenos Aires en la década de los 60 y luego a Venezuela en los 70, donde está radicada actualmente.

“Cada vez que salía un libro de Bene­detti, Montevideo era un rebullicio. Las gentes hacían fila a las afueras de las librerías, antes de que abrieran, cuan­do sabían que llegaba un nuevo libro de Mario”, confesó hace un lustro de años, en Caracas, el editor sucesor de Alfa, Leonardo Milla.

Galeano

Primero fue dibujante y firmaba Gius, en vez de Hughes, lo que publicaba en el semanario socialista El Sol. Un automó­vil se fue contra su cuerpo de 19 años e hizo que lo dejara en coma. Al retomar conciencia y poder escribir, Eduardo comenzó a firmar con su segundo ape­llido: Galeano.

Las venas abiertas de América Latina desde el epígrafe tomado de la procla­ma insurreccional de la Junta Tuitiva en La Paz, 16 de julio de 1809: “…Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez…”, Galeano con una in­vestigación rigurosa advierte al lector que la historia oficial ha ocultado el cri­men y despojo al que fue sometido nues­tro pueblo americano.

“Yo fui un pésimo estudiante de histo­ria”, confiesa Galeano en Memorias del fuego, libro que no es una antología, ni testimonio, ni crónicas, pero sí es una contribución “al rescate de la memoria secuestra de toda América.”

Autor de textos literarios y de perio­dismo en sus inicios, consiguió un es­tilo personal a partir de su libro Días y noches de amor y de guerra, por el que obtuvo el premio Casa de las Américas, en 1978.

Uruguay

Nombrar Uruguay, es también decir Poemas de amor de Idea Vilariño, “con­siderado un clásico del género, pero cu­riosamente ninguno de los poemas fue incluido en la antología Poesía Amoro­sa Latinoamericana editada por Biblio­teca Ayacucho”, reclama con justeza la poeta venezolana Blanca Elena Pantin; la narrativa y poesía de Mauricio Ros­sencoff, rehén de la dictadura junto con Raúl Sendic, Pepe Mujica, entre otros militantes Tupamaros; el ahora novelista Ugo Ulive, pero que también es dramaturgo y cineasta; escritores emergentes o con recorrido, como Fer­nanda Trías o Tomás de Mattos, res­pectivamente.

Uruguay es la editorial Trilce ha­ciendo malabarismos para no dejarse torcer el brazo por el mercado; y es el ganador de Casa de las Américas Na­poleón Baccino Ponce de León, por su novela Maluco, que también “debió ganar el Rómulo Gallegos”, en 1991, llegó a decir en las aulas de la UCV Adriano González León. La lista es extensa, pero es mejor pasear por la Feria del Libro para ver qué nos trae Uruguay.

Raúl Cazal / AVN

Tomado: AVN.info.ve
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