
Gloria
Por un Mundo más Justo y Solidario


"Este año, Estados Unidos hace una elección. Nosotros en el movimiento trabajador sabemos que nuestro país va en la dirección incorrecta. Nada lo muestra más claro que la atención médica. El movimiento pelea por un plan único de seguros, de atención médica de alta calidad para todos"
Por Jonathan Springston y Matthew Cardinale
Una coalición de más de 100 organizaciones representando a trabajadores, médicos, enfermeros, mujeres, empresarios, religiosos, minorías raciales y centros de investigación lanzaron una campaña en 53 ciudades de Estados Unidos para exigir atención médica de calidad y asequible para todos.
Más de 47 millones de ciudadanos estadounidenses carecen de seguro de salud, y millones más están subasegurados.
Pero no todos están plenamente de acuerdo con esta cruzada. Defensores en el Congreso legislativo del seguro universal de salud conocido como "de único pagador" –de financiación pública-- criticaron la campaña, denominada Atención Médica para Estados Unidos Ya (HCAN, por sus siglas en inglés), por incluir en su plan a las compañías privadas de seguros.
La atención médica "de único pagador" es aplicada en países como Canadá y Francia, donde el gobierno sostiene directamente el sistema. En Estados Unidos, toda la atención tiene que pagarse, ya sea personalmente o a través de un seguro. Hay programas financiados con fondos públicos, como Medicare y Medicaid, pero sólo cubren a mayores de 65 años, a minusválidos y a los más pobres.
En el Congreso se debate actualmente un proyecto de ley para un seguro de cobertura universal, propuesto por el representante John Conyers, del opositor Partido Demócrata, y ya cuenta con el respaldo de 92 legisladores. Cientos de sindicatos nacionales y estaduales apoyan la iniciativa.
Como alternativa, la campaña HCAN ofrece un plan de 10 puntos basado en la idea de darle opciones a los ciudadanos: mantener su actual plan de seguro si están satisfechos con él, cambiar a un nuevo plan de seguro privado o elegir un plan de cobertura pública.
Básicamente, HCAN aboga por un sistema de múltiples pagadores, incluyendo al sector público y al privado.
"Ofrecemos una nueva solución que le da a las personas una verdadera opción y garantía de cobertura de calidad que pueden pagar", sostuvo el director ejecutivo de la Cumbre Rural Urbana de Georgia, Larry Pellegrini.
La campaña también llama al gobierno a adoptar y hacer cumplir reglas para la industria de seguros, que según críticos fija los precios que quiere, establece altos deducibles y niega cobertura en ciertas condiciones.
HCAN es una organización sin fines de lucro, inicialmente fundada con por lo menos 500.000 dólares de parte de cada uno de los 13 grupos que integran su comité de dirección, y un subsidio de 10 millones de dólares provisto por The Atlantic Philanthropies, con sede en Nueva York. Ya se ha gastado millones en avisos televisivos.
"El problema es que, y esto ha sido estudiado una y otra vez, el obstáculo a la atención universal es la industria privada de seguros y un sistema de financiación fracturado, un sistema de seguro de múltiples pagadores. Mientras tengamos esto, no podremos controlar los costos", dijo a IPS Rita Valenti, representante del sudoriental estado Georgia para el grupo Health Care-Now.
"Lo que permite un plan de único pagador y no el de múltiples pagadores es una economía de escala. Permite comprar equipos, fármacos y suministros al por mayor. También reduce la burocracia de millones de facturas. Si vamos a la oficina de un médico, veremos más recepcionistas que doctores", afirmó.
"No estoy criticando a nuestros amigos locales. Sólo pienso que tenemos que ser inteligentes sobre esto", señaló Valenti.
Mientras, Pellegrini dijo a IPS que su grupo decidió no concentrarse en un sistema de pagador único debido que considera preferible que los ciudadanos tengan opciones.
"La campaña no excluye un plan de único pagador. La idea es hacer que la campaña sea algo a lo que todos puedan apelar", afirmó.
También sostuvo que la financiación pública de la atención de salud hará que las compañías privadas de seguros se vuelvan más competitivas.
En una movilización el martes en Atlanta, Charlie Fleming, presidente del Consejo del Trabajo de esa ciudad, dijo que el seguro de salud es siempre el tema número en uno en cada negociación entre empleadores y empleados.
"Este año, Estados Unidos hace una elección. Nosotros en el movimiento trabajador sabemos que nuestro país va en la dirección incorrecta. Nada lo muestra más claro que la atención médica. El movimiento pelea por un plan único de seguros, de atención médica de alta calidad para todos", añadió.
Por su parte, Arista Brewer, presidenta del capítulo en Atlanta de la organización Acción de Mujeres para Nuevas Direcciones, dijo que el dinero que se gasta en Iraq podría ser mejor usado en darle atención médica a todos los ciudadanos estadounidenses.
"Un Estados Unidos seguro incluye cosas como una fuerza laboral educada, puentes y diques que no colapsen, y, quizás lo más importante, una población saludable. Nuestro sistema de atención médica está roto y debe ser arreglado", dijo Brewer.
En tanto, Leola Reis, vicepresidenta de la organización Asuntos Exteriores para una Paternidad Planificada de Georgia, habló sobre la importancia de la atención médica preventiva.
"La prevención funciona, y sin embargo 47 millones de estadounidenses carecen de seguros y de acceso a la atención preventiva básica", afirmó Reis. "Más de 17 millones de mujeres necesitan servicios de planificación familiar subsidiados, y no hay suficiente fondos para atender esta necesidad", indicó.
Fuente: Cubadebate




Eric Toussaint
Traducido por Raul Quiroz
Crisis de legitimidad del Banco Mundial y del FMI
El Banco Mundial y el FMI viven una grave crisis de legitimidad. Paul Wolfowitz, presidente del Banco desde junio de 2005, se vio obligado a dimitir en junio de 2007 tras el escándalo relacionado con el caso de nepotismo que protagonizó. Mientras que varios países miembros del Banco afirmaban que ya era tiempo de poner al frente de la institución un ciudadano o ciudadana del Sur, el presidente de Estados Unidos impuso por undécima vez un estadounidense para presidirla, Robert Zoellick. A principios de julio de 2007 fue el turno del director general del FMI, Rodrigo Rato, de comunicar de improviso su dimisión.1 Los Estados europeos se pusieron de acuerdo para reemplazarlo por un francés, Dominique Satrauss-Kahn. Estos hechos recientes han puesto en evidencia ante la población de los PED cómo los gobiernos de Europa y de Estados Unidos quieren mantener el control, sin fisuras, de las dos principales instituciones financieras multilaterales, mientras otro europeo, Pascal Lamy, preside la OMC. Resumiendo, tanto las circunstancias de la dimisión de Paul Wolfowitz como la designación de nuevos directivos de las principales instituciones que orientan la globalización demuestran que la buena gobernanza adquiere un sentido muy relativo cuando se trata del reparto del poder a escala internacional.
La dimisión forzada de Paul Wolfowitz
Acorralado en sus últimos reductos, Paul Wolfowitz comunicó en mayo de 2007 su renuncia como presidente del Banco Mundial. El caso de nepotismo y de aumento desmesurado del sueldo de su compañera sentimental ¿era en realidad nada más que un simple «error» cometido por alguien que actuaba de «buena fe»? Bagatelas... Conocer a Wolfowitz permite comprender mejor cómo se ha llegado hasta ahí. En marzo de 2005, la decisión de colocar en la presidencia del Banco Mundial al subsecretario de Estado de Defensa, y uno de los principales arquitectos de la invasión militar de Afganistán en el 2001 y de Iraq en 2003, hizo correr mucha tinta. Wolfowitz es un auténtico producto del aparato de Estado de Estados Unidos. Muy pronto, se interesó en cuestiones de estrategia militar. En 1969, trabajó para una comisión del Congreso con el objetivo de convencer al Senado de la necesidad de que Estados Unidos se dotara de un paraguas antimisiles frente a la Unión Soviética.2 Lo logró. Un hilo conductor en su pensamiento estratégico: identificar los adversarios (URSS, China, Iraq...) y demostrar que son más peligrosos de lo uno se imagina, con el fin de justificar un esfuerzo suplementario de defensa (aumento de presupuesto, fabricación de nuevas armas, despliegue masivo de tropas en el exterior...), llegando hasta el inicio de ofensivas o de guerras preventivas. Ya conocemos la continuación.
Dos palabras sobre la trayectoria asiática de Wolfowitz: De 1983 a 1986, dirigió el sector Asia del Este y el Pacífico del departamento de Estado con Ronald Reagan, antes de ser embajador de Estados Unidos en Indonesia entre 1986 y 1989. Durante este período apoyó activamente a regímenes dictatoriales, tales como el de Ferdinand Marcos en Filipinas, de Chun Doo Hwan en Corea del Sur o de Suharto en Indonesia.
Tras la movilización popular que expulsó a Ferdinand Marcos en 1986, Wolfowitz organizó la fuga del dictador, que encontró refugio en Hawai, el 50º estado de Estados Unidos.
Sin embargo, no hay que pensar que Wolfowitz sea el chico malo a la cabeza de una institución generosa e inmaculada. Ya es hora de descorrer el velo y exigir al Banco Mundial que rinda cuentas de sus acciones desde hace más de 60 años, en particular con respecto a los puntos siguientes:
— Durante la guerra fría, el Banco Mundial utilizó el endeudamiento con fines geopolíticos y apoyó sistemáticamente a los aliados del bloque occidental, sobre todo regímenes dictatoriales (Pinochet en Chile, Mobutu en el Zaire, Suharto en Indonesia, Videla en Argentina, el régimen de apartheid en Sudáfrica, etc.) que violaban los derechos humanos, y desvió sumas considerables, y continúa apoyando a regímenes de la misma naturaleza (Déby en el Chad, Sassou Nguesso en el Congo, Biya en Camerún, Musharraf en Pakistán, la dictadura en Pekín, etc.);
— En el giro de los años 60, el Banco Mundial transfirió a diversos países africanos de reciente independencia (Mauritania, Congo-Kinshasa, Nigeria, Kenia, Zambia, etc.) las deudas que habían contraído las respectivas metrópolis para colonizarlos, en total violación del derecho internacional;
— Una gran parte de los préstamos concedidos por el Banco Mundial sirvió para llevar a cabo políticas que causaron considerables daños sociales y ambientales, con el fin de facilitar el acceso con el menor coste a las riquezas naturales del Sur;
— Después de la crisis de la deuda de 1982, el Banco Mundial apoyó las políticas de ajuste estructural promovidas por las grandes potencias y el FMI, que implicaron una drástica reducción de los presupuestos sociales, la supresión de las subvenciones a los productos básicos, las privatizaciones masivas, una fiscalidad que agravó las desigualdades, una liberalización demencial de la economía que expuso a los productores locales a la competencia desleal de las multinacionales. Unas medidas que deterioraron gravemente las condiciones de vida de las poblaciones conducentes a una verdadera colonización económica;
— El Banco Mundial ha seguido una política que reproduce la pobreza y la exclusión en vez de combatirlas, y los países que la aplicaron al pie de la letra se hundieron en la miseria; en África, el número de personas que sobreviven con menos de un dólar por día se duplicó desde 1981, más de 200 millones de personas padecen hambre y en 20 países africanos la esperanza de vida está por debajo de los 45 años.
— A pesar de las proclamas grandilocuentes, el problema de la deuda de los países del Tercer Mundo se mantiene en su totalidad, pues las condonaciones por parte del Banco Mundial están reservadas a un pequeño número de países dóciles, en vez de representar el fin de una dominación implacable, la reducción de la deuda no es más que una cortina de humo que oculta la contrapartida de reformas económicas draconianas, que van en el sentido del ajuste estructural.
El pasivo del Banco Mundial es demasiado abultado para que se limitar a la dimisión de Paul Wolfowitz. Su reemplazo por Robert Zoellick no constituye ninguna mejora.
Robert Zoellick, representante comercial de Estados Unidos
Zoellick no tiene ninguna cualificación en materia de desarrollo. Bajo el precedente mandato de Bush fue el principal representante de Estados Unidos en el seno de la OMC, y privilegió sistemáticamente los intereses comerciales de la mayor potencia económica mundial con menosprecio de los intereses de los países en desarrollo. En el curso de los preparativos de la reunión de la OMC en Doha, en noviembre de 2001, había visitad a los gobiernos africano con la finalidad de comprar su voto. Se trataba de que aceptaran la agenda de Doha, que felizmente permanecía descarrilada a finales del 2007. Después se especializó en la negociación de los tratados bilaterales de libre comercio3 firmados por Estados Unidos con diferentes PED (Chile, Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, Honduras, Jordania, Marruecos, Nicaragua, El Salvador, etc.), que favorecen los intereses de las multinacionales estadounidenses y limitan el ejercicio de la soberanía de los países en desarrollo, antes de llegar a ser secretario de Estado adjunto, junto a Condoleezza Rice. A partir de julio de 2006, Robert Zoellick fue vicepresidente del consejo de administración del banco Morgan Stanley, encargado de las cuestiones internacionales. Es importante recordar que éste es uno de principales bancos de negocios de Wall Street, claramente implicado en la crisis de la deuda privada que estalló en agosto de 2007 en Estados Unidos. Así mismo, Morgan Stanley participó activamente en la creación de un montaje colosal de deudas privadas a partir de la burbuja especulativa del sector inmobiliario. Robert Zoellick se fue de Wall Street para ocupar la plaza de Paul Wolfowitz en la presidencia del Banco Mundial en julio de 2007, justo a tiempo para no verse implicado directamente en la crisis.
La encantadora divisa del Banco Mundial («nuestro sueño, un mundo sin pobreza») no debe hacer olvidar que fundamentalmente la institución adolece de un grave vicio de forma: está al servicio de los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, de sus grandes empresas y de sus aliados, y es indiferente ante la suerte de la población pobre del Tercer Mundo. Por consiguiente, hay una única solución a la vista: la eliminación del Banco Mundial y su reemplazo en el marco de una nueva arquitectura institucional internacional. Un fondo mundial de desarrollo, en el marco de la Naciones Unidas, podría estar vinculado con unos bancos regionales de desarrollo del Sur, bajo el control directo de los gobiernos del Sur, funcionando democrática y transparentemente.
Dominique Strauss-Kahn, nuevo director del FMI
El 1º de noviembre de 2007, Dominique Strauss-Kahn asumió sus funciones al frente del FMI, después de un largo proceso sabiamente orquestado: opción por su candidatura por Nicolas Sarkozy a fin de debilitar aún más la oposición política en Francia; acuerdo muy rápido sobre su nombre por los 27 países de la Unión Europea, a fin de salir al paso de las críticas sobre la regla tácita de atribuir a un europeo la presidencia del FMI (a cambio de la dirección del Banco Mundial a un estadounidense); campaña en numerosos países apoyada por una costosa agencia de propaganda, basada en el tema de la «reforma» del FMI y de su ayuda a los países pobres; aparición sorpresiva de otro candidato (el checo Josef Tosovky), sin ninguna posibilidad de ser elegido, pero que dio al proceso una apariencia democrática; y por último, la designación por unanimidad de Dominique Strauss-Kahn.
El fin de esta maniobra de prestidigitación mediática era disimular la realidad del FMI, también en grave crisis de legitimidad. Los países del Sur ya no quieren recurrir a éste para no tener que someterse a continuación a su feroz dominación. Muchos de ellos (Brasil, Argentina, Indonesia, etc.) llegaron incluso a saldar anticipadamente su deuda para desembarazarse de su enojosa tutela. Con lo cual, actualmente el FMI no logra cubrir sus gastos de funcionamiento y hasta su propia existencia está amenazada. Por ello la necesaria «reforma», no para insuflarle un cambio democrático que tenga en cuenta el interés de la población más pobre, sino para asegurar nada menos que su supervivencia y afrontar una fuerte contestación a todo lo ancho del planeta. El FMI es una institución que exige desde hace más de 60 años, con la mayor prepotencia, que los gobiernos de los PED apliquen medidas económicas que benefician a los ricos a los opulentos acreedores y a las grandes empresas. A tal efecto, durante las últimas décadas el FMI contribuyó con un soporte esencial a tantos regímenes dictatoriales y corruptos, de Pinochet en Chile a Suharto en Indonesia, de Mobutu en el Zaire a Videla en Argentina, y actualmente a Sassou Nguesso en el Congo Brazzaville, a Déby en el Chad, entre muchos otros.
Después de la crisis de la deuda de principios de los años 80, el FMI impuso sin contemplaciones unos programas de ajuste estructural que tuvieron las desastrosas consecuencias para los pueblos del Sur que conocemos: recortes de los presupuestos sociales, apertura de los mercados a las multinacionales que arruinan a los pequeños productores locales, producción enfocada a la exportación abandonando el principio de soberanía alimentaria, privatizaciones, un régimen fiscal que agudiza las diferencias...
Ninguna institución puede situarse por encima de los textos y tratados internacionales, pero el FMI se arroga en sus estatutos una inmunidad jurídica absoluta. Por otra parte, no se le podrá hacer ninguna reforma sin el consentimiento de Estados Unidos, que detenta una minoría de bloqueo, algo absolutamente inaceptable. Cualquier proyecto de reforma que modifique las relaciones de fuerza internacionales puede ser bloqueado por los representantes de los grandes acreedores. Estos elementos hacen imposible cualquier cambio aceptable del FMI.
Por consiguiente, dado que el FMI ha demostrado ampliamente de su fracaso en términos de desarrollo humano y que es imposible exigirle que rinda cuentas de su actividad desde hace 60 años, hay que exigir su disolución y su reemplazo por una institución con una gestión transparente y democrática, cuya misión esté centrada en garantizar el cumplimiento de los derechos fundamentales.
Es por esto por lo que las principales campañas para la anulación de la deuda a escala mundial han comenzado a llevar a cabo una auditoría completa de las instituciones financieras internacionales, con el FMI y el Banco Mundial a la cabeza.
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1 Rodrigo Rato abandonó el Banco para ser uno de los directores generales de Lazard, un gran banco de negocios de Wall Street; desde entonces trabaja entre París y Londres. Tiene a su cargo las fusiones/adquisiciones de empresas. Según el diario El País, del l 5 de diciembre de 2007, su renta anual (sueldo + bonificaciones) no sería inferior a 3 millones de euros. Hay que recordar que antes de ser director general del FMI, en 2004, Rodrigo Rato había sido vicepresidente del gobierno español con José María Aznar (1996-2004).
2 Ver la historia de tallada del Banco Mundial y Paul Wolfowitz en Eric Toussaint, Banco Mundial, el golpe de Estado permanente, El Viejo Topo, Mataró, 2007.
3 Para Robert Zoellick, «los acuerdo de libre comercio son un medio para eliminar completamente las barreras comerciales, mercado por mercado, y de acrecentar las ocasiones para Estados Unidos de hacer negocios, estimulando al mismo tiempo el crecimiento y el desarrollo».
Fuente: Rebelión

Marcos Roitman
Pekín 2008 continúa la saga inaugurada en los años 80 del siglo XX. Si recordar es un ejercicio intelectual de mal gusto para los pragmáticos del deporte de competición, las Olimpiadas constituyen el mejor ejemplo del abandono de los referentes éticos y la llegada del deporte mercancía en su más alta expresión. Celebrar Olimpiadas constituye una orgía para el comercio de las grandes marcas deportivas y un escaparate de los deportistas profesionales atiborrados de dinero cuyos domicilios fiscales están en Andorra, Suiza, Mónaco o Islas Caimán. Los mismos que gozan de becas de alto rendimiento y se preparan a costa del erario mostrando su patriotismo en momentos de las Olimpiadas o la Copa Davis. Todo cambia de sitio. Rafael Nadal, Federer, Messi, Sastre, Contador, Gasol, Ronaldinho, son profesionales sin espíritu olímpico, salvo el atribuido simbólicamente para cuantificar el medallero de sus respectivas delegaciones nacionales. Los principios abandonan las causas. Ello sucede en todo los órdenes de la vida. Por ejemplo, el camino de Santiago Matamoros. En sus orígenes buscó contrarrestar la fuerza de El Corán y el peregrinaje a La Meca. Santiago desenfundó su espada, cortó cabezas y degolló infieles. Una reconquista para la Iglesia. Hoy, el camino de Santiago lo realizan agnósticos, ateos, católicos, cristianos, protestantes, judíos, incluso algunos musulmanes. Se puede iniciar desde cualquier parte del mundo. Es un viaje turístico que transita entre hoteles, paisajes, comidas, buenos vinos, sexo, fotos y recuerdos de viaje. La ruta se hace en función de la Xunta de Galicia y el papado anunciándose en los medios de comunicación social como tours en función del número, edad, del tiempo disponible, el país, el acercamiento a la fe, lo que otorga prioridad en alberges y rango compostelano. Eso sí, hay que llegar, besar el santo y entrar en la Catedral.
En las Olimpiadas de 2008 ocurre algo parecido, todo está decidido de antemano. Los patrocinadores sacan sus cuentas para rentabilizar sus inversiones. Los fabricantes de estampitas están pensando en su agosto. No pueden fallar. Los atletas tienen que cumplir con las expectativas. Incluso deberán producirse descalificaciones por dopaje y alguna que otra anomalía. Las luchas por los derechos humanos y la crítica a China entran en lo previsto, nada está fuera del guión. Incluso algún deportista podrá ser increpado por declaraciones sobre el Tíbet. Para las grandes marcas deportivas, los atletas son un portaestandarte de sus últimas creaciones. En definitiva, un pie, una mano, un torso, una cabeza o un muslo. Constituyen un maniquí donde exhibir la moda. Incluso algunos irán firmados por alta costura. Jugadores tendrán su propia línea. Gorra, camisa, sudadera, muñequera, calzoncillo, pantalón. Ellos se presentan como un producto. Se venden, ganen o pierdan. En las Olimpiadas se mide el caché, del cual obtienen y se reparten beneficios. Para todos aquellos que pululan a su alrededor, cada uno de ellos desea llevarse una parte. Pero el maniquí, en medio de esta vorágine, se siente un profesional de los pies a la cabeza. Un ser con talento natural, dotado físicamente, cuyo trabajo y constancia lo llevan a transformar su cuerpo en un objeto de deseo del cual sacar provecho. Ha sido su sacrificio la razón del éxito. Horas y horas de pegarle a la pelota, lanzar la jabalina o saltar vallas. Pero en la actualidad, su actividad, su disciplina, se desnaturaliza. Sólo tiene valor de cambio, un precio, y lo pone el mercado. Él debe ser un buen negociante. Su carrera es corta. Se prepara para llegar a las Olimpiadas y ser poseedor de medalla. Las marcas deportivas deben apostar por él. Si hay suerte y su formación es adecuada, el resultado será optimo. La complicidad con los medios de comunicación asegura la audiencia en los momentos estelares. El corte publicitario preciso justo antes de iniciar la carrera de los 100 metros, tirar el penalti, etcétera. Si el deporte que practica el maniquí elegido es de masas, la pugna por conseguir la exclusiva puede ser de órdago, llamese como se llame. Las Olimpiadas son escaparates de ventas, sus participantes un producto. En esta lógica se diseña una estrategia de mercadotecnia para lograr objetivos. ¿Y el espíritu olímpico? El mercado lo engulle y lo copa todo. Un agujero negro cuyo centro de gravedad, el dinero, está en todas y ninguna parte.
Las Olimpiadas del amateurismo, creadas para mostrar facultades de los atletas, no perviven en China 2008 ni estarán presentes en Londres ni cualquiera que sea su afincamiento futuro. En los actuales juegos hay tenistas, futbolistas, yudokas, baloncestistas, nadadores profesionales, con cuentas de millones de dólares. Objetos de veneración y culto por las casas comerciales de artículos tan variados como prendas de vestir, condones, coches, bancos, empresas turísticas. Ellas se disputan sus servicios. Cuando los gobiernos de los países imperialistas deciden enviar como emisarios a los Juegos Olímpicos a profesionales cuyas ganancias superan los dos dígitos en millones de euros no hacen sino mostrar su avaricia y dejar patente cuál es su condición en el orden mundial. Y al revés, cuando otros gobiernos crápulas de países pobres los emulan y despilfarran cientos de miles de dólares en delegaciones para obtener una medalla de oro por la vía de atletas profesionales de dudosa reputación y no invierten en deporte de base es chovinismo lo que aflora. Obtener una mayor cantidad de oro en medallas es sinónimo de codicia. Pan y circo.
Bajo el espíritu de negar el carácter económico de las Olimpiadas modernas se esconde la hipocresía del Comité Olímpico Internacional. Su realidad sería diferente si se celebraran manteniendo como referente el amateurismo y se pusiese en entredicho la política neoliberal y la falta de democracia que son la base de la actual organización del olimpismo internacional. Pero pensar de esta forma es proponer otra manera de entender el deporte. Volver a competir sobre la base de mejorar la condición humana y no buscando el egoísmo individual del éxito asentado en el dinero.
Fuente: Rebelión