3 sept 2011
Chile: una revolución en marcha
Resulta difícil para muchos aceptar que en Chile estamos viviendo una verdadera revolución, en este caso un proceso de profundos cambios que llevarán a término la democratización que dejó a medio camino la hoy agonizante Concertación de Partidos por la Democracia. Como toda revolución verdadera, es diferente y sorprende incluso a sus propios actores, pero sobre todo, a las fuerzas conservadoras encargadas de mantener incólume, a sangre y fuego, el orden heredado. Así ocurrió en Chile en 1970, y vuelve a suceder hoy en condiciones bien diferentes. Esta revolución -con un sello juvenil e imaginativo- no pretende derrocar al gobierno ni tomar el poder, ni reemplazar el sistema capitalista por otro más justo que no se sustente en la propiedad privada de los medios de producción. Aún no es hora.
La palabra “revolución” para definir al bullente movimiento de estudiantes que desde hace tres meses conmueve al país, no es excesiva. Los jóvenes han tomado las banderas de la protesta social de amplios sectores -incluyendo las usualmente pasivas capas medias-, y las han proyectado al futuro, libres de todo reduccionismo dogmático y del cálculo pequeño que ha envilecido la política nacional. Basta observar el cambio producido en el plano de las conciencias. El pensamiento revolucionario ha ganado su primer y más importante enfrentamiento: nadie hoy se atreve a poner en duda la legitimidad de las demandas estudiantiles y ciudadanas.
Un avezado revolucionario como Fidel Castro, sostiene que la “batalla de las ideas” es el principal desafío al que están convocados los rebeldes de nuestro tiempo. Allí fue, en efecto, donde sufrimos nuestras derrotas más importantes. El caso de Chile es muy aleccionador. La generación de los 70, cuyos sobrevivientes -partidos, grupos y personas- sólo pueden aspirar hoy al honroso papel de ponerse a disposición incondicionalmente de los nuevos liderazgos político-sociales, sufrió la pérdida de miles de compañeros y compañeras muy valiosos. Pero fue en lo ideológico donde la derrota fue aún peor. Son los nietos de aquella generación los que han tomado en sus manos el testimonio actual de la eterna lucha por la justicia, la solidaridad y la igualdad de derechos de los ciudadanos. La protesta social que encabezan los estudiantes -a la espera que los trabajadores asuman su rol histórico-, ha logrado instalar la necesidad de un cambio profundo en Chile. Se ha producido lo que hasta hace pocos meses se consideraba imposible: que una clara mayoría comparta la idea de que el modelo económico, social, institucional y cultural que instauró la dictadura de generales, almirantes y grandes empresarios tiene que ser modificado hasta en sus raíces para abrir paso a la justicia social. Esta demanda por el cambio, a partir de la exigencia de igualdad de derechos en la educación, basada en una vigorosa denuncia de la desigualdad y discriminación que padece nuestro pueblo en educación, salud, vivienda, salarios, etc., se ha producido en un país de América Latina alabado como ejemplo por su modelo de economía de mercado. Por eso el cambio que tiene lugar en Chile en estos días, como fruto de una sostenida protesta social que se dimensiona como una revolución, ha sorprendido al mundo. Pero también a muchos chilenos privilegiados por el sistema que no percibieron la indignación que estaba fermentando en las entrañas de la sociedad. Hoy, después de tres meses de movilizaciones estudiantiles pacíficas -pero agredidas por el atropello policial- es difícil encontrar defensores a ultranza del modelo o que nieguen lo justo del reclamo de poner fin al lucro en la educación. Hasta el presidente de la República, el connotado empresario Sebastián Piñera, cuya fortuna asciende -dicen- a 2.400 millones de dólares, admite los “grados excesivos de desigualdad” social que existen en este país y que a él le correspondería intentar corregir. Lo mismo opinan políticos, empresarios y autoridades eclesiásticas que desde la derecha y la Concertación intentan apagar el incendio y salvar sus privilegios. Ellos balbucean su miedo ofreciendo mediaciones, reformas constitucionales y -quizás- hasta tributarias si los apretan un poco.
El temor y desorganización de las clases dirigentes revelan cómo la batalla de las ideas se está resolviendo a favor del cambio. La institucionalidad ha entrado en una etapa en que algunos de sus usufructuarios alertan sobre el peligro de la ingobernabilidad, y otros -en franco estado de pánico- invocan como de costumbre a las fuerzas armadas para encargarse del trabajo sucio que creen inevitable. Los administradores del sistema saben que la revolución democrática y desarmada -que rescata los valores y derechos del ciudadano- pondrá fin al modelo neoliberal y sus huellas se prolongarán en el tiempo. Con esta revolución juvenil y creadora ocurrirá lo que sucedió con el cambio cultural de los años 60, con el movimiento hippie, las repercusiones de la revolución cubana y de la guerra de Vietnam, la independencia de los países africanos y asiáticos, las jornadas de mayo del 68, en Francia, y la “primavera de Praga”. Porque esta revolución en Chile ha dejado al descubierto las tripas del sistema neoliberal, sumando evidencias lacerantes a la crisis global que experimenta el sistema. La revolución encabezada por los jóvenes chilenos es creativa, plural y sorprendentemente ideológica en el más limpio sentido de la palabra. No obstante su fuerza, no tiene un destino asegurado. Puede sufrir considerables dificultades si termina atrapada en una institucionalidad hábil en hacer trampas y en cooptar al movimiento social. Sin embargo, las demandas de hoy en educación, salud, derechos sociales y políticos, no tienen solución en el marco de la actual Constitución. Hay que volcar esfuerzos en avanzar hacia una Asamblea Constituyente que elabore y plebiscite la nueva Constitución democrática de Chile. Ese camino se puede ver hoy con más optimismo, ha nacido un espíritu que lucha por ideales que parecían perdidos. Se están trazando las líneas de un nuevo Chile que recoge, sin decirlo y hasta olvidándolo, el sedimento de muchas luchas victoriosas y derrotas terribles, de ejemplos buenos y malos que no están -felizmente- en el primer lugar de las preocupaciones de los jóvenes que se vuelcan al futuro y a la esperanza de un cambio. Hay en nuestra dispersa Izquierda un agotamiento de lenguaje, de ritos y exterioridades que debe ser asumido conforme a los ejemplos que están dando los jóvenes. Ideas nuevas para problemas viejos y criterios novísimos para los fenómenos emergentes.
Algunas demandas pueden resolverse ahora mismo, si se mantiene la presión para lograrlo. Otras tomarán más tiempo, como la Asamblea Constituyente. Hay demandas más complejas, como la renacionalización del cobre, entrabada tanto por la Constitución actual como por las leyes orgánico-constitucionales y hasta por los tratados de libre comercio suscritos por los gobiernos de la Concertación. Lo importante es que lo central está conseguido: se ha puesto en cuestión un modelo de dominación que se creía inamovible. El rechazo al lucro en todas aquellas cuestiones fundamentales para el individuo y su familia, el respeto pleno al medioambiente, la vigencia absoluta de los derechos humanos, la representatividad efectiva del sistema democrático y de los mecanismos de consulta directa a la ciudadanía, el derecho a la participación, se han instalado como objetivos legítimos en la conciencia ciudadana. La “clase política” no podrá seguir rehuyendo su responsabilidad de ayudar a abrir paso pacíficamente a la nueva época que quiere vivir Chile. El cambio sólo asusta a la derecha económica y política y a las cúpulas concertacionistas que validaron los remiendos de la Constitución dictatorial, y que cifraron sus esperanzas de estabilidad y ascenso social en éxitos macroeconómicos, olvidando que su precio era la desigualdad y la marginación de grandes sectores que ahora hacen oír su potente voz y que exhiben su enorme fuerza.
Manuel Cabieses:Editor de la revista chilena de izquierda Punto Final.
Tomado: Revista Sin Permiso.info
Los indignados israelíes y la justicia a medias
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| Rafael Barradas. Ilustración: Revista Sin Permiso |
Pero una brisa no es más que una brisa; nos acaricia plácidamente y continúa su camino. No logró convertirse en tormenta, de esas que necesita este país para cambiar sus estructuras, y no por falta de energías, sino debido a la falta del combustible esencial para producir la reacción que se precisa para remover las estructuras estatales: faltaba una pancarta que proclamara abiertamente: "Stop the Occupation" .
Los jóvenes manifestantes exigen acceso a la vivienda, y reparto equitativo de las riquezas estatales. Protestan contra los banqueros y los grandes monopolios capitalistas que amasan fortunas a costa del pueblo trabajador. Pero para entender la razón de que este levantamiento no haya llegado lejos hay que prestar atención a lo que permanece oculto, más que a lo que sale a la superficie de las eivindicaciones. En ningún momento ha surgido de aquellas carpas una demanda de cambio estructural en el orden de prioridades nacionales que implique replegarse de los territorios palestinos ocupados y poner fin a inversiones astronómicas en asentamientos e infraestructuras militares al servicio de colonos derechistas. Al evadirse premeditadamente del tema palestino, bajo la suposición de que de esa manera lograrán movilizar a más simpatizantes, y al desentenderse del tema central por el cual los fondos estatales no llegan a sus legítimos destinatarios, vaciaron la protesta de contenido convirtiéndola en un festival juvenil más que en un levantamiento social. Estos jóvenes no han captado que justicia social y lucha contra la ocupación son dos caras de la misma moneda. Ocupación y justicia social son dos conceptos contrapuestos, que se acoplan a otras tantas contradicciones que caracterizan al Estado de Israel, como aquella pretensión de ser un país "democrático" y " judío" a la vez o la intención de mantener la ocupación y seguir siendo democrático al mismo tiempo. Israel está atrapado en una encrucijada, debe elegir entre dos alternativas: gastar su presupuesto en los territorios ocupados a cuenta de las clases sociales más estragadas, o hacer un giro de 180 grados, evacuar la tierra palestina y destinar esos fondos a las capas más frágiles y vulnerables de la sociedad israelí. Ambas cosas no pueden convivir juntas; ocupación o justicia social: estas son las alternativas. Una disyuntiva que lamentablemente brilló por su ausencia en las manifestaciones y protestas.
El perfil a-político o "pluralista" –como prefieren denominarlo— que estos jóvenes se esfuerzan por mantener no es solo producto de una elección estratégica, sino de una incapacidad intrínseca para comprender la patología nacional. La ausencia del tema palestino en el discurso de los indignados es producto de la hegemonía del paradigma nacionalista, y reflejo de una sociedad que ya no se reconoce fuera del conflicto, que ha perdido toda esperanza de solucionarlo. y por lo tanto, lo excluye de todo proceso de cambio social. Al excluir el conflicto palestino, estos jóvenes cometen un error táctico y moral, dado que es imposible abordar el tema de la justicia social al margen del conflicto palestino, salvo que su intención sea conformarse con migajas. Sin una retirada de los territorios ocupados, la economía israelí seguirá su rumbo hacia el precipicio que nos espera al final de la pendiente. Si los estudiantes no alzan la bandera anti-ocupación, el sistema terminará desgastándolos y el país seguirá enterrándose cada vez más en un pantano sin salida. Durante el levantamiento de mayo del 68 en el barrio latino de Paris, Jacques Lacan agredió a los jóvenes manifestantes acusándolos de que lo único que pretendían era "cambiar de amo". De los indignados de Tel Aviv tal vez sería más justo decir eso mismo. Por momentos, parecería que lo que piden no es un cambio de sistema, sino tan solo recibir una porción de la tarta nacional para poder disfrutar ellos también de la gran orgia estatal.
La sociedad israelí se ha despertado, pero todavía no sabe qué camino tomar. Frente a demandas tan reduccionistas, nada mas fácil para el gobierno que manipular a las masas con algunos arreglos cosméticos. El israelí demostró ser demasiado sumiso para cambiar el patrón de votación, y las capas más deterioradas seguirán apoyando a aquellos partidos de derecha que paradójicamente son los que más atacan a la clase media.
Es prematuro resumir este periodo. Parte de mis compañeros sostienen que se está gestando un cambio que tarde o temprano acabará con el sistema. La prestigiosa periodista Amira Hass sostiene que un pueblo que comienza a reflexionar sobre justicia indefectiblemente llegará a la conclusión de que justicia y ocupación no pueden convivir juntos , y hasta que ese momento llegue, el deber de la izquierda israelí consiste en tomar parte activa en la protesta y canalizarla en la debida dirección. Ojala tengan razón, y sea yo quien se equivoca.
Meir Margalit es un dirigente político de la izquierda muncipal israelí en Jerusalén, miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.
Tomado: Revista Sin Permiso
Como llegó AlQaida a gobernar en Trípoli
El Relator Especial de Naciones Unidas sobre el Terrorismo nos había advertido ya en 2007 que el terrorismo estaba siendo utilizado por ciertas países como un espantapájaros para concretizar sus intereses geopolíticos. Otros investigadores señalaban que ciertos grupos como Al Qaida eran en realidad piloteados por los servicios de inteligencia de ciertas potencias. Historiadores nos demostraban con hechos fehacientes como los terroristas han sido manipulados y utilizados por poderosos intereses en un pasado reciente. Lo que está ocurriendo en Trípoli es una fase más de este gran engaño.
Se llama Abdelhakim Belhaj. Puede que algunos hayan oído hablar de él en Medio Oriente, pero pocos en Occidente y en el resto del mundo habrán tenido la ocasión.
Es hora de ponerse al día. Porque la historia de cómo un hombre muy valioso para al-Qaida se ha convertido en el máximo comandante militar libio en Trípoli, todavía desgarrada por la guerra, seguramente hará añicos –una vez más– esa selva de espejos que es la “guerra contra el terror”, y al mismo tiempo comprometerá profundamente la propaganda, cuidadosamente construida, de la intervención “humanitaria” de la OTAN en Libia.
La fortaleza de Muamar Gadafi de Bab-al-Aziziyah fue esencialmente invadida y conquistada la semana pasada por los hombres de Belhaj –quienes estaban a la vanguardia de una milicia de bereberes de las montañas al sudoeste de Trípoli-. La milicia es la llamada Brigada Trípoli, entrenada en secreto durante dos meses por Fuerzas Especiales de EE.UU. Resultó ser la milicia más efectiva de los rebeldes en seis meses de guerra tribal/civil. El martes pasado Belhaj ya mostraba un regocijo maligno por la victoria en la batalla, diciendo que las fuerzas de Gadafi escaparon “como ratas” (nótese que es la misma metáfora utilizada por el propio Gadafi para describir a los rebeldes).
Abdelhakim Belhaj,alias Abu Abdallah al-Sadek, es un yihadista libio. Nacido en mayo de 1966, afinó sus habilidades en la yihad antisoviética en Afganistán.
Es el fundador del Grupo de Combate Islámico Libio (LIFG por sus siglas en inglés) y su emir de facto –con Khaled Chrif y Sami Saadi como sus reemplazos-. Después de que los talibanes llegaron al poder en Kabul en 1996, el LIFG mantuvo dos campos de entrenamiento en Afganistán; uno de ellos a 30 kilómetros de Kabul –dirigido por Abu Yahya– limitado estrictamente a yihadistas vinculados a al-Qaida.
Después del 11-S, Belhaj fue a Pakistán y también a Irak, donde se hizo amigo ni más ni menos que del ultra peligroso Abu Musab al-Zarqaui, todo esto antes de que al-Qaida en Irak declarara su fidelidad a Osama bin Laden y a Ayman al-Zawahiri y potenciara sus horripilantes tácticas.
En Iraq, sucedió que los libios eran el mayor contingente suní yihadista extranjero, solo después de los saudíes. Además, los yihadistas libios siempre han sido superestrellas en los máximos niveles de al-Qaida “histórico”, desde Abu Faraj al-Libi (comandante militar hasta su arresto en 2005, y que ahora sufre lentamente como uno de los 16 detenidos de alto valor en el centro de detención estadounidense en Guantánamo) a Abu al-Laith al-Libi (otro comandante militar, muerto en Pakistán a principios de 2008).
El momento de un «entrega extraordinaria»
El LIFG había estado en los monitores de la CIA desde el 11-S. En 2003, Belhaj fue finalmente arrestado en Malasia, y luego transferido, al estilo de una ‘entrega extraordinaria’ a una prisión secreta en Bangkok, y torturado a su debido tiempo.
En 2004, los estadounidenses decidieron enviarlo como obsequio a la inteligencia libia –hasta que fue liberado por el régimen de Gadafi en marzo de 2010, junto con otros 211 “terroristas”, en un acto de relaciones públicas publicitado con gran fanfarria.
El orquestador no fue otro que Saif Islam al-Gadafi , la ‘cara modernizadora/ London School of Economics’ del régimen. Los dirigentes del LIFG -Belhaj y sus asistentes Chrif y Saadi– hicieron antes de ser finalmente liberados una confesión de 417 páginas llamada “estudios correctivos” en la que declararon por terminada (e ilegal) la yihad contra Gadafi.
Un relato fascinante de todo el proceso se puede ver en un informe titulado “Combatiendo el terrorismo en Libia mediante el diálogo y la reintegración” [1] Nótese que los autores, “expertos” en terrorismo basados en Singapur que fueron agasajados por el régimen, expresan su “profundo aprecio a Saif al-Islam Gadafi y a la Fundación Gadafi de Caridad y Desarrollo Internacional por posibilitar esta visita”.
Crucialmente, todavía en 2007, el entonces número dos de al-Qaida, Zawahiri, anunció oficialmente la fusión entre el LIFG y al-Qaida del Magreb Islámico (AQIM). Por lo tanto, a todos los efectos, LIFG/AQIM han sido desde entonces, uno y lo mismo, y Belhaj fue/es su emir.
En 2007, LIFG llamó a una yihad contra Gadafi, pero también contra EE.UU. y una serie de “infieles” occidentales.
Lleguemos rápidamente a febrero pasado cuando, como hombre libre, Belhaj decidió volver al modo yihadista y alinear sus fuerzas con el levantamiento amañado en Cirenaica.
Toda agencia de inteligencia en EE.UU. y el mundo árabe conocen su origen. Ya ha asegurado en Libia que él y su milicia solo aceptarán la Sharía.
No hay nada “pro democracia” en el asunto, bajo ningún concepto. Y, sin embargo, no se podía excluir de la guerra de la OTAN a un hombre tan valisoso solo porque no le gustan mucho los “infieles”.
El asesinato a finales de julio del comandante militar rebelde Abdel Fattah Younis –por los propios rebeldes– parece apuntar a Belhaj o por lo menos a gente muy próxima a su persona.
Es esencial saber que Younis –antes de desertar del régimen– había estado a cargo de las fuerzas especiales de Libia que combatieron ferozmente al LIFG en Cirenaica de 1990 a 1995.
El Consejo Nacional de Transición (CNT) según uno de sus miembros, Ali Tarhouni, ha estado propagando que Younis fue eliminado por una sospechosa brigada conocida como Obaida ibn Jarrah (uno de los compañeros del Profeta Muhammad). Sin embargo ahora la brigada parece haberse disuelto sin dejar rastro.
Cállate o te corto la cabeza
No es precisamente por accidente, pero todos los máximos comandantes militares rebeldes son del LIFG, de Belhaj en Trípoli a un cierto Ismael as-Salabi en Bengasi y un cierto Abdelhakim al-Assadi en Derna, para no mencionar a un activo clave, Ali Salabi, ubicado en el centro del CNT. Fue Salabi quien negoció con Saif al-Islam Gadafi el “fin” de la yihad del LIFG, asegurando así el brillante futuro de esos “combatientes por la libertad” vueltos a nacer.
No hace falta una bola de cristal para imaginar las consecuencias de que LIFG/AQIM –después de conquistar el poder militar y de estar entre los “vencedores” de la guerra– no estén ni remotamente interesados en renunciar al control solo para complacer los caprichos de la OTAN.
Mientras tanto, en medio de la niebla de la guerra, no está claro si Gadafi planifica atrapar a la brigada Trípoli en la guerra urbana u obligar a la masa de las milicias rebeldes a que penetren en las inmensas áreas tribales de la tribu Warfallah.
La esposa de Gadafi pertenece a la Warfallah, la mayor tribu de Libia, con hasta 1 millón de personas y 54 sub-tribus. En Bruselas se dice confidencialmente que la OTAN espera que Gadafi combatirá durante meses si no años; de ahí la recompensa por su cabeza al estilo de George W. Bush y el desesperado retorno al Plan A de la OTAN, que siempre fue su eliminación.
Libia puede estar enfrentando el espectro de una Hidra guerrillera de dos cabezas; las fuerzas de Gadafi contra un débil gobierno central del CNT y de soldados de la OTAN en el terreno; y la nebulosa LIFG/AQIM en una yihad contra la OTAN (si los excluyen del poder).
Gadafi podrá ser una reliquia dictatorial del pasado, pero no se monopoliza el poder durante cuatro décadas para nada, y sin que tus servicios de inteligencia sepan una cosa o dos.
Desde el principio, Gadafi dijo que se trataba de una operación con respaldo extranjero y de al-Qaida; tenía razón (aunque se le olvidó decir que se trataba sobre todo de la guerra del neo-napoleónico presidente francés Nicolas Sarkozy, pero ésa es otra historia).
También dijo que era el preludio de una una ocupación extranjera cuyo objetivo era privatizar y apoderarse de los recursos naturales de Libia. Puede ser que –otra vez– tenga razón.
Los “expertos” de Singapur que elogiaron la decisión del régimen de Gadafi de liberar a los yihadistas del LIFG la calificaron de “una estrategia necesaria para mitigar la amenaza planteada a Libia”.
Ahora, LIFG/AQIM están finalmente abocados a poner en práctica sus opciones como una “fuerza política indígena”.
Diez años después del 11-S, cuesta no imaginar una cierta calavera descompuesta al fondo del Mar Arábigo que ríe burlonamente hasta el fin de los tiempos.
Pepe Escobar: Es periodista y autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su último libro es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Es también corresponsal para el diario Asia Times y analista político para the Real News.
Tomado: Red Voltairenet.org
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Dulce crudo mío
“Los medios fomentan el desprestigio de los movimientos sociales”
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A tres meses de tomar las calles, el movimiento estudiantil tiene el 80 por ciento de apoyo y una “transversalidad” pocas veces vista. Su líder explica sus objetivos y razones. |
Hoy Vallejo y los demás líderes secundarios y universitarios se sentarán a la mesa junto a Piñera y varios de sus ministros a intentar destrabar un conflicto que se extiende ya por más de tres meses. La Moneda será el marco para una jornada que puede marcar el inicio del fin. O tal vez no, dado que el presidente ya descartó la gratuidad de la educación, uno de los puntos centrales del petitorio de los universitarios y secundarios.
–Muchos chilenos se van a Argentina a estudiar porque les sale más barato pagar una pensión allá que una carrera en Chile. Según la Asamblea de Estudiantes Chilenos Exiliados por la Educación, son entre 4500 y 5000, repartidos en la UBA, La Plata y el IUNA.
–Es un hecho claro que ejemplifica el porqué hoy nos encontramos en medio de una lucha tan masiva y transversal. Vivimos en un país donde la educación, junto a otros servicios básicos, como la salud y la vivienda, son tremendamente caros y, por ende, su provisión de calidad está restringida sólo a quienes pueden pagar. De este modo, una de nuestras principales consignas es la defensa de una Educación digna gratuita y de calidad para todos y todas.
–¿Cuán consistente es este movimiento para resistir al espectro político, no sólo en la derecha y el gobierno?
–El movimiento cuenta con una serie de fortalezas tales como la amplitud que sobrepasa lo meramente estudiantil y lo transforma en un movimiento social; la unidad de los diferentes actores ligados al mundo educacional, quienes tras un largo proceso han podido aunar esfuerzos en pos de generar petitorios unificados; la representatividad del sentir de la ciudadanía, en tanto ha habido procesos democráticos a través de los cuales las discusiones definen las mejores estrategias a utilizar; y, finalmente, cuenta con la experiencia histórica de los diferentes movimientos que nos han precedido, como lo fue el movimiento pingüino del 2006 (la cuna del moviendo actual que tuvo en las cuerdas a Michelle Bachelet, pero que no dio los frutos prometidos). De todas estas herramientas el movimiento se vale para hacer frente a las diferentes artimañas que pueden surgir de la misma articulación de la derecha como del gobierno, de las que, hasta el momento, nos hemos sabido defender.
–¿Qué le parece la actuación del gobierno en el tema? No ha dado respuesta a sus demandas, hace declaraciones desafortunadas e intenta darles un perfil violento a las marchas.
–El gobierno no está escuchando a la ciudadanía, lo que evidencia que está tan dispuesto a seguir defendiendo intransigentemente su modelo educativo que incluso asume el costo de omitir lo que el pueblo ha demandado masivamente durante más de tres meses. Han explotado al máximo las herramientas con las que cuenta junto a la derecha chilena –medios de comunicación, fuerza policial y militar, respaldo de los grandes grupos económicos– para deslegitimar el movimiento, basándose en la mentira tras estrategias populistas. La presión social que este movimiento ha logrado acumular ha obligado a Piñera a mostrar de qué está hecho este gobierno, cuáles son los límites democráticos que está dispuesto a cruzar y a quiénes representa realmente, lo que constituye un enorme desprestigio y desaprobación de su gestión, lo que ya se manifestó en las últimas encuestas, que históricamente ellos mismos han validado. El cuestionamiento a la incapacidad de manejar la demanda social por una educación pública gratuita y de calidad para todos alcanza nuevos niveles en tanto el grado de represión ha sobrepasado cualquier límite de tolerancia de un Estado de Derecho. Durante estos meses de protesta, hemos sido testigos de aberrantes abusos por parte del cuerpo policial, bajo órdenes del Ejecutivo, a través del ministro del Interior y Seguridad Pública, Rodrigo Hinzpeter, lo que llega a su punto más crítico con la muerte de un estudiante la semana pasada.
–¿A qué atribuye el apoyo de la gente?
–Este movimiento ha alcanzado una masividad y transversalidad que nunca antes se había visto desde el retorno a la democracia (1990). Un enorme porcentaje de quienes en su momento apoyaron a Piñera hoy se dan cuenta de que éste no es un ataque directo a su posición sino a un modelo de educación que concibe a la educación como un bien de mercado y no como un derecho, y a un sistema democrático que hoy se reconoce que no da el ancho. El cuestionamiento de la conducta del gobierno por parte de ciudadanos que incluso pertenecen a sectores que en su momento apoyaron al actual presidente deja de manifiesto que sí existe el entendimiento de que la lucha que hoy tenemos es por un derecho a la Educación y un cambio de sistema que va en beneficio de toda la sociedad y el desarrollo de Chile, y no se limita al beneficio de un sector político particular.
–¿Se polarizó el movimiento?
–Para entender este conflicto hay que analizarlo desde dos aristas, por un lado tenemos que en la población la problemática educacional se ha transversalizado, lo que ha generado un apoyo masivo al movimiento desde diversos sectores y actores ligados a la educación. Sin embargo, por otro tenemos a un sector mucho más minoritario e ideológico representado en las clases dominantes, a quienes no les conviene un cambio en la educación, tanto porque el actual sistema beneficia directamente sus bolsillos como porque los mantiene en su posición de privilegiados frente a una población mal educada. Es producto de la intransigente postura de este último sector que las dos grandes alternativas educativas hoy se hayan polarizado. Es decir que la polarización no se encuentra al interior del movimiento estudiantil –el que ha sabido priorizar la unidad actuando en forma conjunta–, sino que representa una enorme contradicción entre los cambios que hoy la ciudadanía está exigiendo frente a una minoría conservadora cuyos intereses el Ejecutivo representa.
–Ha sufrido críticas y ataques. ¿Qué siente cuando dicen que está manejada por el PC?
–Efectivamente, yo soy militante de las Juventudes Comunistas de Chile y eso es algo que nunca he ocultado. Muy por el contrario, algo de lo que me siento totalmente orgullosa, pues es una gran escuela que me ha permitido crecer y de-sarrollarme políticamente. Por lo demás, es de esperar que en la actual situación quienes no estén a la altura del conflicto busquen argumentos como éstos para atacar, no sólo a mi persona, sino también al resto de los dirigentes. Pero lo cierto es que hoy yo represento no sólo a los estudiantes de la Universidad de Chile, sino que también me toca ser la voz de todos los estudiantes del país, en tanto vocera de la Confederación Nacional de Estudiantes de Chile (Confech), y la legitimidad que tanto los estudiantes como la ciudadanía ha efectuado a mi desempeño creo que deja de manifiesto que esas acusaciones no son más que sucias estrategias desesperadas de quienes, como dije anteriormente, no han sido capaces de ganar el debate de las ideas.
–¿Se plantea seguir siendo dirigente a futuro, más en un país carente de líderes jóvenes?
–En países como Chile, donde los medios de comunicación están dirigidos principalmente por los poderosos, ocurre que los medios fomentan un desprestigio de los movimientos sociales y a sus mismos dirigentes, como ocurrió en México. Sin embargo, el movimiento por la educación (en Chile) ha sido tan transversal que, independiente de los desprestigios de la prensa, la ciudadanía sigue apoyando la causa y cada vez con más intensidad. Respecto de mi futuro, he planteado en diversos medios que tengo una proyección personal de carácter académico, es decir, me gustaría terminar mi carrera y continuar esa senda. Sin embargo, concibo los cargos de representación como una responsabilidad y en ningún caso un privilegio, por lo que a priori no puedo decir que no continuaré teniendo cargos de representación popular.
–¿Cómo toma esa responsabilidad?
–Creo que la esperanza en que los logros de este movimiento no se pierdan, así como la responsabilidad tras ella, es compartida por la totalidad de los involucrados. Si bien a veces suele iconizarse el movimiento en mi persona, tenemos muy claro que los logros, como la construcción de éstos, nos pertenecen a todos. Confío, sin embargo, en que hemos hecho las cosas bien, lo que se demuestra por el increíble apoyo ciudadano que, a más de tres meses de iniciada esta movilización, aún tenemos. Bajo estas condiciones de juego, si el movimiento no logra ver satisfechas sus demandas, será responsabilidad de la intransigencia del gobierno y de la traición de la ciudadanía por parte de la derecha chilena, lo que no estaremos dispuestos a tolerar.
–¿Qué opina del rol de la Concertación en todo esto?
–La Concertación ha jugado un rol bastante oportunista tratando de obtener réditos políticos respecto de lo que ocurre hoy en el país. En ese sentido vemos cómo hoy personeros de dicha colectividad salen a criticar el modelo educacional, como por ejemplo el ex presidente Ricardo Lagos, quien hoy señala “que el modelo ya no aguanta más”, y pareciera que olvidan que ellos mismos fueron quienes administraron y profundizaron la mercantilización de la educación y que, por otro lado, un importante sector de dicha colectividad hoy son sostenedores de colegios e invierten en el negocio de la Educación Superior. A pesar de esto, dado el nivel de participación que tiene la Concertación en el Parlamento, le corresponde responder a la altura de lo que sus declaraciones a favor del movimiento han indicado. Es decir, deben asegurar que los proyectos de ley que han surgido de estas movilizaciones representen íntegramente lo que la demanda social ha establecido, y por ningún motivo vuelvan a negociar a espaldas del movimiento, como terminó ocurriendo con el proceso cúlmine de la Revolución Pingüina del 2006.
Christian Palma / Desde Santiago
Tomado: Página 12.com.ar
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Exiliados por el modelo educativo chileno
1 sept 2011
Uruguay publica un listado con más de 400 víctimas de la dictadura militar
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| El documento recoge todas las denuncias presentadas ante los tribunales uruguayos sobre desapariciones y asesinatos |
El listado recoge todas las denuncias presentadas ante los tribunales uruguayos sobre desapariciones y asesinatos, tanto las que siguieron el trámite judicial habitual como las que fueron archivadas al amparo de la Ley de Caducidad, que impide investigar crímenes relacionados con la dictadura sin autorización presidencial.
Así, el listado incluye 88 casos que dicha norma había impedido investigar y que fueron desbloqueados el pasado mes de junio por un decreto del presidente, José Mujica.
No obstante, Presidencia ha advertido de que este listado puede no contener los nombres de todas las víctimas de la dictadura, "debido a la "dispersión de la información existente al respecto", ya que "no existe un índice específico de estas causas en dependencias del Poder Judicial".
El pasado mes de mayo el bloque oficialista del Parlamento fracasó en su intento de derogar la Ley de Caducidad, lo que llevó a Mujica a revocar vía decreto las decisiones de los ex presidentes Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000), Luis Alberto Lacalle (1990-1995) y Jorge Batlle (2000-2005), que supeditaron a esta norma todos los casos que llegaron a sus manos.
Con este decreto, Mujica también ha intentado evitar que prescriban los crímenes de la dictadura, algo que ocurrirá el próximo 1 de noviembre, de acuerdo a lo establecido por la Corte Suprema.
Montevideo (Uruguay) (Europa Press).-
Tomado:La Vanguardia.com./internacional
Stéphane Hessel cree que hay motivos para votar en contra del PP
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| José Blanco coincidió con Hessel en los pasillos de la cadena Ser. Kiko Huesca/EFE El autor de '¡Indignaos!' visita España por primera vez tras el estallido del 15-M |
Hessel, que visita España para hablar de sus popularísimas obras, instó en una entrevista en la cadena Ser a los pueblos europeos a imponer a sus gobiernos una acción más valiente contra las fuerzas económicas y financieras.
"Los pueblos europeos deben tener la inteligencia y la fuerza necesaria para imponer a sus gobiernos una acción más valiente contra las fuerzas que quieren mantener su poder y sus intereses, y que no quieren tener en cuenta los intereses de los pueblos. Pueblos que, en todas partes, están actuando para intentar imponerles a sus gobiernos una actitud más valiente", señaló en la entrevista.
Subrayó Hessel que "todos deberían indignarse". "La situación en la que estamos no es una situación de progreso social suficiente. Nos dominan demasiado las fuerzas económicas y financieras que sólo buscan su propio interés egoísta".
"La democracia debe permitir a todos llevar una vida digna y si los gobiernos no escuchan al 'demos' (pueblo) falla algo"
En este sentido, apuntó que es necesario una Europa más aseverada y capaz de actuar con todo su peso en la política internacional. A su juicio, "todos somos miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y esta organización conlleva los valores más importantes para el siglo que viene".
"Trabajemos juntos para que las diferentes culturas, que están juntas y cada vez más cercanas unas a otras, puedan construir juntas un mundo armónico. Esto no es imposible, hace falta valentía y convicción", afirmó.
Por último, anunció que se encuentra trabajando en un nuevo libro que se publicará dentro de un mes. El nuevo libro se llamará El Camino de la Esperanza, puesto que considera que "más allá de las dificultades actuales, que el gobierno español no es el único que sufre, puede existir un camino constructivo y positivo que todos podrán emprender". "Cuando digo emprender hablo de comprometerse".
Posteriormente el autor de ¡Indignaos! ofreción una rueda de prensa multitudinaria en la que ahondó en sus críticas al actual sistema. "La democracia debe permitir a todos llevar una vida digna y si los gobiernos no escuchan al 'demos' (pueblo) falla algo". Hessel insistió en que para sustituir la oligarquía por la democracia "hace falta que el poder escuche al pueblo. Es fácil de decir pero no fácil de hacer".
Este pensador francés de casi 94 años, que se ha convertido en un referente para los jóvenes de muchos países, entre ellos los "indignados" españoles, mostró su simpatía por el 15-M, al que augura que seguirá teniendo influencia en España.
Rubalcaba, "otro gran español"
Algunos representantes de este movimiento, como Olmo Vázquez, de Democracia Real Ya, estaban presentes en la sala, y le agradecieron públicamente su apoyo y la publicación de sus libros. Hessel se mostró "sorprendido" de que su "pequeño libro" haya sido utilizado por el movimiento español para "reclamar una sincera y verdadera democracia".
"No vale decir yo me abstengo porque todos son los partidos son iguales; no es cierto"
Tras advertir de que "el camino no será fácil", el pensador recordó que hará falta "paciencia, confianza y valor" porque "las fuerzas económicas son muy listas y al final terminan enredándote". Ante la pregunta de cuál sería el camino que debe seguir este movimiento o si debe constituirse en una formación política, Hessel, miembro de la Resistencia francesa y superviviente de varios campos de concentración, ha abogado por seguir dos vías. "Hay que empezar por usar los partidos más democráticos, hay que apoyarlos en las próximas elecciones . No vale decir yo me abstengo porque todos son iguales; no es cierto", a la vez que se ha mostrado a favor de apoyar los movimientos que están surgiendo y que reclaman una sociedad menos violenta y más consensuada.
Respecto a la posibilidad de que el PP gane las próximas elecciones en España, Hessel, que participó en la Declaración de Derechos Humanos en 1948, dijo que si existe un partido que está en contra de los valores que defienden los "indignados" no hay que apoyarlo.
Es más, dijo que sería una razón de más para movilizar a todos para que voten en contra de ese partido, si bien dejó muy claro que él no dice a quién hay que votar. A pesar de ello, este humanista, candidato al Premio Nobel de la Paz, ha asegurado que él vota al Partido Socialista francés y se ha manifestado "admirador" de José Luis Rodríguez Zapatero, al tiempo que ha señalado que "tal vez Rubalcaba sea otro gran español".
Público.es / Europa Press / Madrid
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