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26 dic 2010

Pasar la antorcha. Personificaciones de la realeza y soberanía popular


George III

En octubre de 1795, mientras se dirigía al Parlamento en un carruaje real acristalado,el rey Jorge III se convirtió en blanco de una multitud que protestaba contra la guerra y pedía pan. Como Carlos, Príncipe de Gales y heredero del trono del Reino Unido, y su consorte, Camila, Duquesa de Cornualles, camino del teatro en su Rolls-Royce acristalado, la realeza encarna la soberanía que llevó a la pobreza y la penuria. El pobre Kyd Wake, encuadernador, abucheó e hizo muecas al rey gritando "Sin Jorge no habría guerra", mientras la carroza se veía sometida a una descarga de chinas y palos de una muchedumbre hambrienta y protestona. Wake fue condenado a cinco años de trabajos forzados y expiró pocos meses más tarde a causa de los rigores de la penitenciaria de Gloucester. Hoy en Inglaterra, mientras se triplican las tasas universitarias y en Norteamérica se eleva un bramido contra Julian Assange, de Wikileaks, el precio del conocimiento va quedando fuera del alcance de todos, salvo de los aristócratas de la opulencia o de quienes son guardianes de los secretos, y menos gente que nunca se acordará de Kyd Wake, porque negar el movimiento popular significa negar la historia del pueblo, algo de lo que son bien conscientes nuestros gobernantes.
Hay otras concepciones de la soberanía aparte de la que personifica la realeza, y este era el tema, presente ya en el título de A People's History of the United States, de Howard Zinn. Es la razón por la que recordamos a Kyd Wake, que formaba parte de un movimiento internacional de liberación humana de la guerra, la esclavitud y el hambreamiento y es la razón por la cual el lema de "el poder para el pueblo" es perdurable. Mientras Kyd Wake se congelaba entre rejas en su celda de granito, carteles y pancartas se alzaron y pegaron una sobre los muros, o en las famosas farolas de la ciudad y de día los sans-culottes de París pudieron hacer una pausa en su inquieto deambular por las calles para leer y debatir quince propuestas. Entre ellas sobresalía la de educación y conocimiento.
"No podrá nadie, mediante la acumulación de todos los recursos, privar a otro de la educación necesaria para su felicidad: la educación ha de ser común".
Gracchus Babeuf escribió el Manifiesto de los Plebeyos un año después, en el que expone las ideas de dichas propuestas. "Puesto que el conocimiento es propiedad de todos, debe compartirse de modo igual entre todos", explicaba. Las universidades, las escuelas y el conocimiento son parte de nuestros bienes comunes. Y afirmar lo contrario, de acuerdo con esta línea de razonamiento, significa comprometerse en conspirar, privatizar y, como decimos ahora, rebajar deliberadamente el nivel de la gente. Dice también Babeuf que "la superioridad de talentos e industria es sólo una ilusión y una engañosa artimaña, que ha ayudado siempre demasiado en las tramas de los conspiradores contra la igualdad".
Los carteles incluían propuestas afines. Comenzaba afirmando: "La naturaleza ha otorgado a todos los hombres igual derecho a disfrutar de todos los bienes". Otra propuesta explicaba que "el objeto de la sociedad consiste en defender esta igualdad, con frecuencia atacada por los fuertes y perversos en estado de naturaleza, y aumentar el disfrute común por medio de la cooperación de todos". "En una verdadera sociedad no ha de haber ricos ni pobres". "El trabajo y el disfrute han de compartirse". "Nadie puede, sin cometer un crimen, apropiarse para su exclusiva posesión de los frutos de la tierra o de la industria". "Los ricos que se niegan a renunciar a su superfluidad en favor de los pobres son enemigos del pueblo".
¿Enemigos del pueblo? Si, así era la guerra de clases à la 1796. "Todo lo que poseen quienes tienen más de lo que les corresponde individualmente de los bienes de la sociedad es robo y usurpación. Es por tanto justo volver a recobrarlo de ellos".
El cartel es informativo, sirve de anuncio. Mira tanto hacia el pasado como hacia el futuro; es discutidor y así convierte la información en conocimiento y el conocimiento en acción. Lo principal es que es público. Lo público donde se ve mejor es como calle, ubicación del movimiento, el tráfico, la gente y las mercancías.
Acaban de publicarse dos libros que son continuación directa de estos temas, de cómo el cartel puede convertir los muros, calles y aceras en un provocativo espacio de debate y discusión gracias al cual puede encontrar forma y expresión la soberanía popular. Uno de los libros, en edición de Josh MacPhee y con una estupenda introducción de Rebecca Solnit, Celebrate People's History: The Poster Book of Resistance and Revolution (Nueva York, Feminist Press, 2010). El otro libro, con edición de Dara Greenwald y Josh MacPhee en colaboración con Exit Art, se llama Signs of Change: Social Movement Cultures 1960s to Now (Oakland, California, AK Press, 2010).
Signs of Change es explosivo en su impacto educativo gracias al diseño pleno, entusiasta, colorido, apasionado. Proceden de la exposición en donde se muestran centenares de carteles (el libro es catálogo de la muestra). Cualquier profesor, abuelo, padre, amigo, camarada lo querrá para regalar. Es una obra enorme y hermosa, que ilustra las luchas por la libertad y da razón de las mismas. Siete colores señalan el borde de las páginas de las siete secciones: la Lucha por la Tierra figura en rojo, ¡Agitación! ¡Educación! ¡Organización! en azul, Adelante a por el Poder del Pueblo en malva, en oro, Libertad e Independencia Ya, y así sucesivamente a lo largo de las demás secciones principales: Que pase todo, Reivindicar lo común y Globalización desde Abajo.
Cada una de estas secciones contiene una serie de ejemplos del tema reproduciendo los carteles que formaban parte de su lucha. Así pues, Globalización desde abajo contiene desplegables sobre los zapatistas, Argentina y el movimiento Sin Fronteras. Se abre la página de los zapatistas, pongamos por caso, y te dan la bienvenida quince imágenes de carteles, murales y arte sobre pavimento, cada uno de las cuales se describe y traduce detalladamente. O bien, en los bordes en morado obscuro de las páginas de Reivindicar lo común, se encontrarán los siguientes temas: la lucha contra la "gentrification" (¡aquí con una cabeza de hidra!), el People's Park de Berkeley, el aeropuerto de Narita en Japón, los "kabouters" o gnomos holandeses, los campos de Mujeres, los Defensores de los Bosques, los cicloactivistas, los movimientos antinucleares, o los ambientalistas de Larzac, en el centro sur de Francia, de donde procede el queso Roquefort, cada uno de ellos canta en fortissimo sus señales de cambio. Cada una de estas secciones comienza con una introducción breve, inteligente y clara que proporciona el contexto mientras los carteles mismos nos proporcionan el conocimiento. El efecto conjunto constituye la épica de nuestros tiempos radicales.
¡Son cuatrocientas imágenes! Son legibles. Algunas son familiares y algunas raras. Son internacionales: de África, Asia, Sudamérica, Europa y Norteamérica. Se puede ver aquí la historia de nuestro tiempo. Los encargados de su conservación, edición y publicación han hecho una labor fantástica. Los mayores se acordarán de cuándo, los jóvenes se verán movidos a tomar su propia iniciativa. No hay siquiera pizca de nostalgia en estas emocionantes páginas. Son todas movimiento impulsado hacia adelante. ¡Avante toda!
Aunque no haya un cartel que festeje a Kyd Wake en Celebrate People's History: The Poster Book of Resistance and Revolution, podríamos conmemorarlo indirectamente adoptando el enfoque del encuadernador. Celebrate People's History mide unos 17 x 25 centímeros, lo que se aproxima a la proporción del encendedor Zippo, el "jeep" de la II Guerra Mundial o el paquete de cigarrillos Lucky Strike. Tal vez esté en consonancia con la divina proporción o la regla de oro cuyo descubrimiento se atribuye con frecuencia a Pitágoras. Lo que es más pertinente, resulta fácil de fotocopiar, y el profesor de historia popular abrumado de trabajo encontrará en los ciento diez carteles ciento diez esquemas para clase.
Eso por lo que toca al tamaño. Su apariencia es la del pan integral ligero y el papel tiene el roce no del satinado sino del cartel listo para la pegada en las paredes. El tacto es estupendo. Las páginas dan una sensación orgánica. Es integral e ingerirlo aporta una sistemática sensación de bienestar general. La encuadernación también es de un tipo en que al cerrarse las páginas se comprimen y curvan de un modo que pueden hojearse o abrirse en abanico muy a la manera del jugador con el mazo de cartas, dejando que las hojas caigan con la rapidez que dicte el pulgar. No hay, sin embargo, tanta tensión en las páginas como para que el lomo de las hojas no impida que las hojas caigan de golpe. Dos personas podrían compartirlo fácilmente en un sofá o sobre una mesa. Tiene el tamaño, el aspecto y la sensación de las galletas Graham, integrales, sin adulterantes, cordiales. Los colores son sutiles y suaves. Son un regalo para estudiantes escolares y de instituto, y para estudiantes de cualquier grado superior. Estos libros son en si mismos sociales.
Hay una estrecha relación, lógica y política entre el público y la doctrina de la soberanía popular. Este pensamiento es el que pone de relieve Rebecca Solnit en su briosa introducción. Es la razón por la que Thomas Spence se convirtió en la época de Kyd Wake en artista del pavimento, escribiendo con tiza las demandas de la época en las aceras mismas. La ciudad, el peatón y la pared en blanco componen 'el público'. La lucha en favor del cartel debe superar la vigilancia policial, tiene que atraer al trabajador apresurado y hostigado ajeno a lo que le rodea, y superar después de algún modo al automovilismo que resulta de forma efectiva una continuación de la sala de estar y la cocina, salvo por el hecho de ir sobre ruedas llevándonos de forma individualista de casa al trabajo o al centro comercial, y que exige que los ojos no se despeguen de la carretera, del apagado asfalto, de las infinitas divisiones de las calles. El cartel presupone un ojo dispuesto a vagar, unos pies dispuestos a detenerse, una mente hambrienta de conocimiento.
Josh MacPhee comenzó en 1998 en Chicago a armar los carteles de Celebrate People's History y se dio cuenta al reunirse una multitud de que había conseguido que el diálogo volviese a las calles. El primero fue Malcolm X, "Armado con el conocimiento de nuestro pasado, trazaremos el rumbo de nuestro futuro". Él y casi un centenar de artistas más han realizado estos carteles que empezaron como proyectos de hágalo-usted-mismo. Hay noventa y tres artistas distintos en este volumen, que han confeccionado carteles siguiendo una variada serie de tradiciones: anarquista, comunista, liberal, autonomista, liberacionista, nacionalista de izquierda, pero todas ellas sin duda en la tradición de esos carteles que llenaban las calles de París en 1796.
Conservan la sensación táctil y artesanal. Aunque hay muchos carteles de figuras individuales (Malcolm, John Brown, Aunt Molly Jackson, Elizabeth Gurley Flynn, Fred Hampton) su énfasis se ha centrado en "momentos de triunfo" en la lucha por la justicia social más que en la promoción del culto al héroe. Así, Haymarket, el primero de Mayo, la batalla de Homestead, la batalla de Blair Mountain, la huelga de Lawrence de 1912, la sentada de Flint, la batalla de Tompkins Square Park en 1988 son tema de hermosos y claros carteles.
Es un libro elegante, clásico en su simplicidad, más que romántico en su extravagancia.
El título nos invita a compararlo con A People's History of the United States (1980) de Howard Zinn, con el que comparte un espíritu optimista, su escepticismo frente a las ideas convencionales, una obstinada búsqueda de hombres y mujeres olvidados, y una denuncia a la vez clásica y novedosa de esa clase de gente, los poseedores, que controlan el dinero, la tierra, las armas, las imágenes, el conocimiento y el capital de los EE. UU. También hay diferencias. La historia popular que muestran estos carteles es más internacional, y la composición del "pueblo" difiere asimismo en cierto modo. Pero estos dos libros son compañeros muy a mano el uno del otro, Howard Zinn y Josh MacPhee. Lloramos la muerte del historiador, y damos la bienvenida a la obra de estos artistas. La antorcha ha pasado de manos.
En realidad, el libro empieza con un cartel de los Diggers de Inglaterra y el despojamiento de tierras. Avanza un siglo e introduce un nuevo tema con la esclavitud (las guerras de los cimarrones jamaicanos, la rebelión de), luego otro siglo con John Brown. Está la revolución haitiana. Frederick Douglass ("La educación hace a un hombre incapaz de ser esclavo"), y Sequoyah y el sistema de escritura cherokee de 1821 introduce el tema del progreso y la educación. (Salto adelante a las mujeres de la Guerra Civil española, "esclavas de la ignorancia, esclavas como productoras, esclavas como mujeres"). Se entiende por qué muchos profesores piden estos carteles para las paredes de clase. Pues se conmemora al Dill Pickle Club de Chicago y lo mismo a la Highlander Folk School de Tennessee, retratando la paciencia y atención vigilante de estudiantes de todas las épocas ayudándose unos a otros con el café antes del comienzo del 'taller de desegregación'.
Las luchas indígenas aparecen bien retratadas. La conquista de América del Norte es un proyecto interminable gracias a la resistencia que se inicia con los pueblos indígenas, de manera que tenemos aquí un cartel que conmemora la batalla de Little Bighorn (1876), Gabriel Dumont y la resistencia de los Métis a la expropiación de tierras de los Grandes Lagos superiores y las praderas occidentales del Canadá, y hete aquí un cartel de la ocupación por parte de una alianza de nativos norteamericanos de la isla de Alcatraz, en la bahía de San Francisco, entre 1969 y 1971.
Las luchas hispanas también están bien descritas. El segundo cartel, la "revuelta Pueblo" de Dylan Miner " marca la decisiva separación en el libro de las historias anglocéntricas del América del Norte. En 1680, Popyn ("calabacín maduro") desafió la presencia colonial española en el valle del Río Grande y comunicándose por medio de pieles de ciervo anudadas condujo a los guerreros indígenas a una ofensiva de diez días que forzó al conjunto de los colonos a reubicarse en otra zona. Conmemoran de Primo Tapia de la Cruz a la Nueva Canción of Argentina, de las Brown Berets de Los Angeles, los Young Lords, Augusto César Sandino de Nicaragua a Chico Mendes de la Amazonia, la Lucha por el Agua de Cochabamba, la desobediencia civil de Vieques Libre en Puerto Rico, la lucha de Tierra y Libertad del EZLN, la lucha de 2006 de las floristas contra Wal-Mart y el aeropuerto de Atenco, en México, ("el pueblo se levanta") la resistencia de las mujeres a la represión policial durante la comuna de Oaxaca en 2006, y por último la resistencia de 2008 encabezada por los jóvenes contra las incursiones del ICE y las deportaciones en los EE.UU. Me han interesado especialmente las Gorras Blancas de Nuevo México, que rompían cercas y luchaban por conservar las aguas y pastos comunales en contra de la privatización en la década de 1890. La Guerra Civil española inspira dos carteles, uno de las Mujeres Libres de la CNT, el sindicato anarquista, y un segundo de la Columna Durruti, en la que los soldados elegían a sus propios oficiales.
También aparecen bien representadas las luchas de Asia, en la lucha contra el desahucio del International Hotel de San Francisco en el que vivía gente mayor de las Filipinas y China, en la Aung SanSuu Kyi de Birmania, en el teatro popular, o bien en Jana Sanskriti, de la India, y en la lucha de los indígenas (adivasi) contra la presa de Narmada y el Banco Mundial, y en la Liga Campesina coreana, uno de cuyos dirigentes, sacrificó su vida en lo alto de una barricada durante la reunión de la OMC en Cancún en el año 2003. ¿Y quién sabía que los Wobblies sacaron su preámbulo de la New Zealand Federation of Labor?: "La clase obrera y la clase patronal nada tienen en común. No habrá paz mientras sigamos encontrando hambre y necesidad entre millones de trabajadores y los pocos que componen la clase patronal disfruten de todas las cosas buenas que ofrece la vida". En abril de 1921, las mujeres antiimperialistas japonesas formaron la Seki Ran Kai o Sociedad de Olas Rojas que trabajaba entre soldados y antimilitaristas.
Se conmemora a Harriet Tubman por dirigir en 1863 la acción guerrillera del río Combahee, en Carolina del Sur, la primera y única acción militar concebida y encabezada por una mujer en la historia norteamericana, que consiguió la liberación de más de setecientos cincuenta esclavos. El profesor concienciado puede guiar a sus alumnos hasta el Combahee River Collective (1974) y su notable Statement (1978) que recuerda "los sentimientos de locura antes de hacerse conscientes" sugiriendo que el conocimiento es la terapia contra la endémica y debilitadora dolencia del DHP (desorden de historia popular) acompañada de delirios oportunistas de Bossifilia y sus letales efectos secundarios de "clio-amnesia". La Combahee River Statement lleva un paso más allá la declaración de Malcolm X al vincular salud mental y consciencia histórica. Esta misma declaración recurría a la ingeniería como metáfora de integraciójn social: allí donde los marxistas se referían a base y superestructura (la sociedad como una construcción), las feministas negras se referían al "interlocking" [entrelazamiento, enlace de seguridad automático] (la sociedad como un banco privatizado, dotado de seguridad) de la opresión racial, sexual, heterosexual y de clase. En su declaración sonaban ecos incluso de los Levellers y Diggers, "Rechazamos los pedestales, la realeza de reinas y el caminar diez pasos por detrás. Basta con ser reconocidas como humanas, niveladamente humanas".
Importantes acontecimientos de la historia (history/herstorys) de gays y lesbianas se conmemoran en carteles sobre Henry Hay, que redactó el primer manifiesto gay en 1948, Sylvia Ray Rivera de quien se dice fue la primera en lanzar una botella e en Stonewall en 1969, los Lesbian Herstory Archives de 1974 con un lema para todo el volumen: "Tenemos tu pasado, ¿quién tiene tu futuro?", y sobre la Aids Coalition to Unleash Power (ACT UP), de Filadelfia, un cartel que lucha por la justicia y por encontrar una cura.
Entre algunas nociones inusual se ha incluido un cartel dedicado a "La Mayoría Silenciosa", entendiendo por ello a quienes no se chivan, a quienes se mantienen firmes contra la tortura, a quienes resisten al gran jurado, a quienes mantienen la boca cerrada frente a la vigilancia federal. Otro cartel celebra a los marginados sociales que son en realidad recicladores informales contra la privatización del a gestión de residuos.
El antibelicismo está representado por un cartel sobre la tentativa de marzo de 2003 de bloquear y parar San Francisco, y por otro cartel de los Shannon Airport Plowshares, el único cartel de una lucha irlandesa, una acción directa contra las armas de destrucción masiva en 2003. Estos activistas católicos por la paz fueron absueltos por un jurado de Dublín.
La cuestión de la reforma penal o la abolición de las prisiones queda bien representada por carteles que conmemoran el día canadiense de justicia en las prisiones (10 de agosto), la fuga de 1979 de la cárcel de Assata Shakur, las actividades del grupo autónomo europeo Os Cangaceiros en 1985, y el asalto de la prisión de Weiterstadt, en la Alemania Federal, por parte de la Fracción del Ejército Rojo. Me alegra que esté la NPRA, o National Prisoners Reform Association, representada por un cartel que acentúa naturaleza multiétnica, colectiva, decidida y meditada de la toma ("todo salvo armas de fuego y llaves", como solían decir) de la prisión de máxima seguridad de Walpole, en el estado de Massachusetts. Los presos se autogobernaron, el medio era la educación y el fin la rehabilitación.

Figuran aquí huelgas interesantes, como la de los pescadores de siluro del Delta del Mississippi en 1991, de los recolectores de cacahuete de Missouri en 1933, de los animadores de Disney en 1941, de los trabajadores de corsetería de Kalamazoo en 1912, y se conmemoran sindicatos magníficos como la Brotherhood of Sleeping Car Porters (and Maids) o el Local 8 (de nuevo Filadelfia) de los Industrial Workers of the World. Hay un cartel estupendo de DRUM, el Dodge Revolutionary Union Movement, de 1968, que llevó la lucha por la libertad a los peligrosos y grasientos talleres sindicales de las plantas de automoción. Todo el mundo tendrá su preferido y todo el mundo tendrá su lista de ausentes. A mi me gustaría conmemorar a Frank Little, Mary Inman, Helen y Scott Nearing, Thomas Devyr, y a Thomas Spence. Entre mis favoritos se cuentan el "Underground Railroad" de Sam Kerson, una obra maestra de doble sentido, con ramas de pino que se acercan a un espeso bosque, sugiriendo la línea férrea, mientras se ve en la nieve a un fugitivo descalzo oteando entre los copos la estrella del norte que le llevará hasta la libertad. Otro de mis favoritos es el cartel de "Jane", de Meredith Stern, para el servicio de abortos clandestinos que operó en Chicago entre 1969 y 1973, por lo bien que expresa la soledad y dignidad de un servicio que transformó una experiencia sórdida en algo que, en palabras de Laura Kaplan, "era vital y poderosamente afirmativo". También me encanta el cartel de Janet Attard dedicado al Mayor Taylor, el ciclista más rápido del mundo, que logró vencer en 1890 la exclusión deportiva de los negros. El diseño rosa y azul marino expresa ambición, determinación y poder en esa lucha empinada cuesta arriba.
Por lo que respecta al Príncipe Carlos, sí, apoya la agricultura orgánica. Pero recordemos que a Jorge III también le gustaba entretenerse en el corral y el granero.

Peter Linebaugh:Enseña historia en la Universidad de Toledo (Ohio) y es autor de The London Hanged y (junto a Marcus Rediker) de The Many-Headed Hydra: the Hidden History of the Revolutionary Atlantic. Su ensayo sobre el Primero de Mayo aparece en Serpents in the Garden. Su último libro es el Magna Carta Manifesto.
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Tomado:sinpermiso.info

25 nov 2010

Revueltas en Reino Unido e Italia: estudiantes europeos contra los recortes


En Londres miles de estudiantes universitarios y de bachillerato volvían a las calles para protestar contra los recortes.
En la foto estamos en Roma. Peligrosos activistas armados con escudos de corcho con los títulos de clásicos de la literatura universal van camino del Senado para "asediarlo", según los medios de comunicación más importantes. Que la manifestación de 3.000 estudiantes de las universidades romanas se dirigiera al Senado, contra el que lanzaron huevos, ha sido calificado por el Presidente del Senado como una "vil agresión" o como un "acto de violencia". Según se ve, tres minutos -tres- de asedio espectacular causan mucho miedo en las altas esferas.

Los estudiantes han comprendido que para que alguien les escuche, o dan espectáculo, o dan espectáculo. De no hacerlo, la trágica situación que vive la Universidad italiana no es noticia. Gennaro Carotenuto, que enseña en la Universidad pública, explica que la oferta formativa de las universidades italianas se ha sostenido en todos estos años en gran parte (más de un tercio) gracias al trabajo de una masa de investigadores integrados (24.000) o no integrados (se habla de al menos 40.000 personas de entre 30 y 40 años). Sobre sus espaldas se ha apoyado la actividad didáctica. Gratis o con pagas simbólicas. 10.000 investigadores se negaron este año a seguir desempeñando tareas didácticas para acabar con la hipocresía que mantiene un sistema que pretende acabar con las esperanzas no ya de una sino de dos generaciones.

En Roma, Pisa, Palermo, Turín, Perugia los estudiantes que pelean contra el decreto ley de la ministra de Educación, Mariastella Gelmini, demostraron haber aprendido la lección de los trabajadores y los inmigrantes: se subieron a los tejados y ocuparon edificios para que se les viera en las noticias. Se pretenden recortar los fondos para la Universidad pública para aumentar los destinados a la Universidad privada. Ayer el Parlamento no aprobó el decreto ley: una prueba más de la fractura de la aplastante mayoría parlamentaria de la que gozaba Berlusconi. Uno de los eslóganes de los manifestantes de ayer retrataba bien la realidad: "Nosotros seremos precarios: el gobierno lo es más". La propaganda de Palacio le dice a una generación con un oscuro futuro que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades precisamente cuando se las están quitando. El 17 de noviembre protestó el mundo de los institutos y las escuelas. Salieron 200.000 personas a la calle. Ayer eran menos pero dieron espectáculo. Irrumpieron en el territorio del poder intocable: el Senado, Palazzo Grazioli (residencia de Berlusconi) o Piazza Montecitorio (plaza del Parlamento). Y el líder del Partido Democrático tuvo que subir a sacarse esta foto de la izquierda en un tejado ocupado por investigadores de la Universidad de Roma "La Sapienza".

Mientras tanto, en Londres miles de estudiantes universitarios y de bachillerato volvían a las calles para protestar contra los recortes. Las tasas universitarias han subido a 9.000 libras esterlinas (10.658€). Los esperaba la Policía, que no debía permitir otro asalto espectacular a otro centro de poder, como ocurrió cuando su protesta tocó físicamente la sede del Partido Conservador. La Policía acorraló una manifestación pacífica. Grupos especiales de Inteligencia de las fuerzas de seguridad detuvieron a "extremistas domésticos". Desde el gobierno criminalizan la protesta, aconsejan a los medios que no la alimenten con "el oxígeno de la publicidad". Sin embargo, los activistas reaccionan en consecuencia: levantó escándalo que en el sitio Fitwatch se dieran consejos sobre cómo actuar durante la protesta: ponte una máscara, no saques fotos que luego puedan ser empleadas contra ti; no lleves documentación ni agendas que puedan identificarte... En Sheffield, Bristol, Liverpool o Manchester chicos de 13 o 14 años salieron a la calle para apropiarse del presente y arrancar el futuro de la manos del Estado. Un Estado depredador que en Letonia como en Irlanda, Francia, Islandia, Rumania o Portugal da a entender a sus ciudadanos que se acabó el Estado social. Poco pueden hacer los ciudadanos contra una decisión que les cae de arriba e hipoteca su futuro si demuestran su disconformidad por separado. Pero los estudiantes europeos están demostrando tener clarísimo que el futuro está aquí, que es suyo y se decide ahora: por eso hoy, en Roma como en Londres, liberan a la Política secuestrada, la sacan fuera de los Palacios y siguen luchando.

Gorka Larrabeiti

Tomado:kaosenlared.net

27 mar 2009

Un ejército industrioso de reserva

JACQUES BRODA, PROFESOR DE SOCIOLOGÍA (*)
¿Cuál es la condición social del estudiante en la actualidad ?
Según una encuesta realizada por el CROUS (Centro Regional de Obras Universitarias y Escolares) de Marsella, un 25 % de los estudiantes no posee 100 euros mensuales para comer, más de 100.000 viven por debajo del umbral de la pobreza en Francia, el Socorro Popular acude a los restaurantes universitarios, distribuye paquetes de alimentos,… Desde hace diez años, asistimos a creciente una pauperización, proletarización de los estudiantes. Un auténtico « ejército industrioso de reserva » que sufre la crisis de lleno. Su futuro incierto no justifica en modo alguno los sacrificios inauditos que aceptan. Proponerles que se endeuden para salir del apuro, según el modelo subprime, resulta escandaloso.
Constituyen una mano de obra juvenil, con frecuencia sumisa, que se pliega a las condiciones de prácticas no remuneradas, trabajillos mal pagados, incluyendo el trabajo en negro. Desde el mes de noviembre de 2008, en Marsella, los trabajos provisionales se dividen por dos, los trabajadores precarios entre ellos numerosos estudiantes que ya no disponen de recursos para vivir. ¿Supone esto un desarrollo de la conciencia de clase ? Ya se sabe que la precariedad constituye un obstáculo para la lucha y la consciencia. El trabajador pobre o el estudiante pobre, marginado, debilitado, se lo piensa dos veces antes de comprometerse. La conquista de sus derechos se percibe con frecuencia como opuesta a la supervivencia cuando el mañana es totalmente incierto. Cualquier paso en falso y todo pende de un hilo, se cuenta el billete de autobús, de metro, de restaurante universitario, y a veces se duda, se tiene miedo, se deja de ser solidario. Otras veces, se da el paso, se abraza el compromiso, se olvida el miedo de perder el semestre y, por ende, la beca.
La mitad de ellos conocen el trabajo, el trabajo asalariado desde muy jóvenes, Algunas chicas ayudan en las tareas domésticas desde los seis años ; auténticas madres de reemplazo que se hacen cargo de la familia. Con ocho años, hay niños que acompañan a sus madres a limpiar y a los padres al tajo. Por apenas nada, sacrifican una adolescencia robada,…
Después llega la época de la explotación legal en hamburgueserías, peajes de autopistas, trabajos provisionales limpiando las calas de los barcos,… Paradójicamente, aunque los estudiantes denuncien las condiciones de trabajo, no cuestionan la explotación como forma general y genérica. Tienen la sensación de que es sólo una etapa : sufren, encadenan, no tienen elección. Rara vez se ponen en contacto con los sindicatos, en caso de que éstos existan. Muy pocos de ellos están afiliados a las organizaciones estudiantiles (UNEF, UEC, SUD).
Profunda brecha, el individualismo y el fatalismo han hecho estragos en varias generaciones, dejando en la actualidad a numerosos jóvenes con una carencia de inventiva revolucionaria. No basta oponerse (CPE, LRU) para ser una fuerza transformadora, creadora de nuevas relaciones sociales, de un radicalidad que se echa ampliamente en falta, para cuestionar la omnipotencia financiera, la que os transforma precisamente en un ejército industrioso de reserva. La situación es aún más compleja en las relaciones sociales que vinculan a la universidad y en las que los estudiantes están atrapados con la esperanza de que un título conduzca a un empleo. Aquí está igualmente oculta la responsabilidad de los poderes, la incapacidad interiorizada en términos de orientación, de incompetencia, de demasiada poca experiencia, ¡como si el objetivo de la acumulación capitalista fuese la creación de empleos estables, duraderos !
La universidad vive esta contradicción de una manera paradójica : al querer interiorizar la norma capitalista, también en el pensamiento del trabajo universitario, no todo el mundo ve que los estudiantes están atrapados en una doble conminación de someterse mientras esperan. El nuevo ejército industrioso de reserva, del que se utilizan músculos, nervios, cerebros, esperanza, debe tomar conciencia de su papel y su poder. El poder de pensar, inventar, rebelarse, organizarse, unirse. En este caso, la conciencia de clase podría surgir desde el interior : cada estudiante se permite reanudar los vínculos con su origen, su origen de clase, social, popular. ¡Todos somos hijos de inmigrantes que deberían luchar junto a los sin papeles !
Ha llegado el momento de crear convergencias alrededor de un proyecto político fuerte. La juventud, los estudiantes desempeñan un papel capital ; no son una fuerza de apoyo, son la energía del futuro. No basta con desfilar, proclamar a voz en grito la rebeldía, sino que es urgente darle una forma, un contenido, un proyecto sobre el carácter gratuito de los estudios, el subsidio de autonomía, la democracia económica. La convergencia de los intelectuales, de las capas denominadas populares, de los ejércitos industriales e industriosos de reserva, podría entonces acometer de lleno la eclosión de la primavera.
(*) Universidad del Mediterráneo.
Traducido por Ana Ibáñez
Tomado de L'Humanité

20 mar 2009

Bolonia: un análisis de clase

Imagen: Juan Kalvellido
En estos últimos meses ha cobrado fuerza en diversas Universidades españolas la movilización, fundamentalmente estudiantil, frente a la reforma de las titulaciones universitarias para su convergencia en un Espacio Europeo de Educación Superior, el llamado "proceso de Bolonia". Esta movilización, no obstante, tiene distintas dimensiones, que se corresponden con la complejidad de la situación de clase del estudiantado universitario.
Sabemos que la Universidad hace años que dejó de ser un reducto elitista de los hijos de la burguesía. Pero sabemos también que los hijos de obreros siguen siendo una minoría en ella. En su mayor parte, su procedencia de clase es de trabajadores "intelectuales" y de capas medias, incluyendo profesionales liberales
A su vez, su "destino de clase" es diverso: en unos casos, pasar a dirigir el negocio familiar; en otros, ejercer una profesión bien remunerada, ya como "profesionales liberales", ya como asalariados con una retribución netamente superior a la renta media; y en otros casos, el paro o el subempleo, realizando tareas para las que no necesitan su formación académica o, en todo caso, con una retribución netamente inferior a la renta media, como los llamados "milieuristas"; a ello se añade también un porcentaje significativo que no llegan a obtener una titulación universitaria, cayendo así dentro de lo que llamamos "fracaso escolar".
Dada esta complejidad de situaciones, hay que analizar en detalle el contenido de las reivindicaciones del movimiento estudiantil, para deslindar aquéllas congruentes con los intereses generales de la clase trabajadora de aquéllas que corresponden a otros intereses particulares.
En el caso del movimiento frente a la aplicación del llamado "proceso de Bolonia", hay componentes que se corresponden plenamente con los intereses generales de la clase trabajadora y son congruentes con los objetivos socialistas, como la oposición a la privatización y mercantilización de la Universidad Pública, entendiendo tal "mercantilización" como la subordinación al mercado. Dicha subordinación, además, sería escasamente funcional a la Universidad, donde los ritmos de la formación educativa y de la investigación requieren una perspectiva a medio y largo plazo que no puede regularse de forma adecuada por el mercado. Y es un mérito del movimiento estudiantil haber forzado a diversos actores a pronunciarse en contra de la mercantilización de la Universidad Püblica, contribuyendo así al movimiento contra el neoliberalismo que cabalga en todo el mundo a lomos de la bancarrota de las políticas neoliberales expresada en la actual crisis global del sistema capitalista.
Hay que señalar, no obstante, que tal mercantilización puede corresponder a las políticas neoliberales de una serie de Gobiernos y de la misma Unión Europea, pero no se deduce de las Declaraciones de Ministros Europeos que jalonan el "proceso de Bolonia", y que incluyen a casi todos los Estados europeos, de dentro y de fuera de la Unión Europea. Por ello no puede pasarse sin más de la crítica al mercantilismo al rechazo global del "proceso de Bolonia".
Para ello es necesario pasar de la crítica al mercantilismo a la crítica de lo que sí es uno de los principios centrales de dicho proceso: la "empleabilidad". Se entiende por tal el hecho de que la obtención de una titulación universitaria capacite para el ejercicio de una profesión y permita encontrar trabajo en la misma. Naturalmente, dicho trabajo podrá encontrarse en la función pública, en un ejercicio independiente como profesional liberal, o como asalariado, es decir, en lo que se llama el "mercado laboral". La proporción en la que se den esas tres formas de trabajo dependerá de la estructura económica de la sociedad, pero en la medida en que una parte importante de ésta corresponda al modo de producción capitalista la "empleabilidad" supone que la Universidad prepare en buena parte a sus estudiantes para la incorporación al mercado laboral.
No obstante, es importante distinguir entre el hecho de que los estudios universitarios preparen para la incorporación al mercado laboral, y por tanto que la Universidad eduque en buena medida para el mercado laboral, y la pretensión de que el contenido de dichos estudios se determine por una adaptación al mercado laboral. Lo primero es una necesidad para que la Universidad cumpla su función social en el marco de un sistema capitalista. Lo segundo sería profundamente disfuncional, como hemos señalado antes: dada la rápida evolución y variabilidad del mercado laboral, en el marco además de un desarrollo tecnológico acelerado, determinar los contenidos específicos de los estudios por las demandas actuales del mercado laboral no garantizaría su adaptación a las demandas de dicho mercado a la finalización de los estudios, 4 o 6 años más tarde. Por sus propios ritmos y naturaleza, los estudios universitarios requieren de una programación a medio y largo plazo, y no pueden regularse por el mercado, sino por una planificación del desarrollo socioeconómico y cultural.
Y precisamente la planificación de un desarrollo sostenible requiere de la formación de profesionales creativos con capacidad investigadora e innovadora, cuya incorporación al mercado laboral (en la medida en que subsista el modo de producción capitalista) supondría una transformación del mismo. Es decir, en vez de "adaptarse" al mercado laboral, la Universidad impulsaría la transformación del mismo en el marco de una renovación tecnológica. Hay que señalar, además, que en este modelo de desarrollo el protagonismo principal corresponde a la creatividad del trabajo y no a las inversiones más o menos especulativas de capital privado, lo que precisamente crea condiciones adecuadas para la superación del capitalismo y el desarrollo del Socialismo (naturalmente, del siglo XXI) como un proceso de transformación democrática hacia una humanidad sin clases ni Estados, es decir, hacia lo que Marx llamó el comunismo.
Ojo: no estamos diciendo que la "empleabilidad" conduzca necesariamente al comunismo. Pero sí que la perspectiva comunista, la vía socialista para la transformación de la sociedad, requiere de la "empleabilidad" de los titulados universitarios.
En este marco, ¿qué sentido tiene el rechazo a la "empleabilidad" vinculado a la consigna del "No a Bolonia"?
Hay que subrayar que no tiene sentido contraponer "formación profesional" con "formación humanística": también hacen falta, y cada vez más, profesionales formados en ciencias humanas, como la psicología, la pedagogía o la sociología, tanto en el sistema educativo como en las empresas (públicas o privadas), y la misma formación artística es un instrumento relevante para el fomento de la creatividad necesaria para lo que se llama el "I+D+i" (Investigación+Desarrollo+innovación). También, naturalmente, hacen falta historiadores, bien para la docencia bien para la investigación en el ámbito público. Otro problema distinto es el lugar de la filosofía en los estudios superiores, sobre el que debatieron Manuel Sacristán y Gustavo Bueno en 1970, pero ese es un debate específico que no debe confundirse con el debate global sobre el "proceso de Bolonia".
De hecho, la oposición a que la Universidad prepare a sus estudiantes para trabajar, postulando una formación cultural al margen del ejercicio de cualquier profesión, sólo es consistente con los intereses de aquellos estudiantes cuyos medios de vida futuros no dependan de su formación académica, sino que están eventualmente garantizados por su origen familiar.
Más allá de sus intenciones, éste el significado profundo de la consigna "No a Bolonia", consigna que se apoya también sobre el equívoco de su confusión con la justa consigna del "No a la mercantilización de la Universidad".
Rafael Plá López
Tomado de Mundo Obrero
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