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13 feb 2012

Frei Betto en encuentro con Fidel: “La Revolución cubana es una obra Evangélica”


Frei Betto en el encuentro con
 Fidel Castro, en La Habana.
Foto: Alex Castro/ Cubadebate
Comandante, con profunda tristeza para los enemigos de este país -y enorme alegría para nosotros, los amigos de este país- se constata su excelente estado de salud y brillante lucidez. Usted ha dicho que Chávez se preocupa de cada detalle y a mí me gusta el sistema cubano de división social de trabajo: el pueblo cuida de la producción económica, Raúl de la política y Fidel de la ideología, como todos (hemos apreciado) esta tarde que pasamos aquí. Dos temas quizás no son tratados aquí todavía o no se han tocado. Voy a empezar por el primero, que se tocó brevemente por Pérez Esquivel:

Cuando me preguntan cómo logré conocer bien la Revolución cubana, yo digo: No basta conocer la Historia de Cuba, no basta conocer el Marxismo, hay que conocer la vida y la obra de Jose Marti. Para entender a Fidel como lo ha hecho Katiuska (Blanco) hay que conocer la pedagogía de los Jesuitas.

Muchos aquí, como Santiago Alba, el compañero de Túnez, ha experimentado lo que significa una prueba oral en una escuela de Jesuitas. Es duro. De ahí viene Fidel. Yo no soy Jesuita, no estoy haciendo ninguna propaganda. Soy Dominico, pero como soy amigo de Fidel, nos pusimos de acuerdo Dominicos y Jesuitas. En la tradición Jesuita hay una costumbre que se llama examen de conciencia, que se hace en este país, con otros nombres.

Hubo un tiempo -aquí vengo hace más de 30 años-, que se hablaba de Emulación, después de Rectificación, ahora de Lineamientos. Si Stalin estuviese vigente, la gente de aquí de Cuba iba a ser llamada “rectificacionista”. Pero mucha gente no se da cuenta que aquí no se hace cambios en la línea de Lampedusa -cambiar para dejar que quede todo como está-, se hacen los cambios para mejorar esta obra social de la Revolución, que es una obra desde mi punto de vista, no solamente política o ideológica, es una obra Evangélica.

¿Qué significa evangelismo de Jesús? Significa dar comida a quien pasa hambre, salud a quien está enfermo, amparo a quien está desamparado, ocupación a quien está desocupado. Eso está en la letra del Evangelio. Por eso digo que esta es una obra trascendente.

Muchas veces nosotros, en los movimientos progresistas, no estamos haciendo lo que hace la Revolución cubana, nuestro examen de conciencia o nuestra autocrítica. ¿Por qué no hay movimientos progresistas en el mundo, con excepción de los de América Latina? Ante la crisis financiera en Europa, ¿qué propuesta tenemos? Se habla de ocupación de Wall Street, que es un movimiento de indignación, pero mucha gente no se da cuenta de que Wall Street significa “La calle del muro”, y mientras este muro no venga abajo, nuestra indignación no va a resultar en nada. Va a ser buena para nosotros, no para el pueblo.

Dos cosas son fundamentales, y esas dos cosas se han practicado en la historia de la Revolución cubana. Primero: tener un proyecto, no solamente la indignación. Tener una propuesta, metas. Y, segundo, raíces populares, contacto con el pueblo. Gramsci decía: “El pueblo tienen las vivencias, pero muchas veces no comprende su situación”. Nosotros, intelectuales, comprendemos la realidad pero no la vivenciamos.

Se habló mucho aquí de internet, y creo que hay allí una trinchera de lucha muy importante, pero yo tengo 13 000 seguidores en Twitter, y confieso que me siento mucho más feliz trabajando con 13 campesinos, 13 desocupados, 13 obreros. Muchas veces nuestros movimientos hablan por el pueblo, quieren ser vanguardia del pueblo, escriben para el pueblo, pero no se comprometen con el pueblo. Deberíamos hacer una cierta higienización política. El pueblo no tiene buen olor para nosotros los intelectuales, los artistas, los inteligentes, los cultos. Si el pueblo no va a nosotros, no vamos a ninguna parte.

Cuba es el único país de America Latina que tuvo una revolución exitosa, pues hubo hace poco otras revoluciones en Nicaragua, y otras, pero la más exitosa es esta. Pues no es una revolución como la que hubo en Europa, que era un socialismos peluca, que venía de arriba para abajo. Aquí no, aquí es pelo, de abajo para arriba -yo iba a seguir un poco la ecuación del pelo, porque Zuleica (Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro) tiene un pelo breve, Abel tiene un pelo largo y Fidel tiene equilibrio-. Y la virtud está en el medio.

La hora va avanzando y yo sé que el Comandante tiene todavía esta noche tres delegaciones, hacer ocho llamadas internacionales, leer tres libros y más o menos 200 cables, porque la receta de esta capacidad de trabajo es un secreto de Estado de Cuba. No esperen saber, porque no vamos a saber nunca.

Llamo la atención sobre esto: hay que hacer una autocrítica, preguntarnos cómo está nuestra inserción social para la movilización política y qué proyecto de sociedad estamos elaborando junto con este pueblo, junto con los indignados, campesinos, desocupados.

El segundo tema del que no se habló:

Por evocación del presidente Lula Da Silva y ahora por acogida de la presidenta Dilma, del 20 al 22 de junio de este año se va a reunir en Rio de Janeiro la (reunión) Río +20, donde estuvo el Comandante en el 92 e hizo su más breve discurso, siete minutos, una sorpresa internacional porque todos pensaban que iba a hablar demasiado, pero dijo una frase que se quedó consagrada: Hay que salvar la principal especie en extinción, el ser humano.

¿Qué tenemos que hacer nosotros de ahora en adelante? Convencer a nuestros gobiernos a estar presentes en Río de Janeiro. No podemos permitir que todos esos jefes de Estado den la espaldas a la cuestión ambiental, porque no se trata de salvar el medio ambiente, se trata de salvar el ambiente todo. La gente del G-8 no tiene ningún interés en eso. Obama ha ido a Copenhagen porque había recibido equivocadamente el premio Nobel de la Paz -para vergüenza de Esquivel-, y tenía que pasar por Copenhagen para llegar a Oslo, tenía que hacer una escala técnica. Fue a la conferencia para hacer una demagogia, mas no está comprometido con eso.

Entonces nosotros tenemos dos tareas: movilizar a los jefes de Estado de nuestros países, convencerlos de estar presente en Rio de Janeiro, porque estar presente allí es apoyar todo un proyecto de preservación ambiental efectivo, de salvación de la humanidad, de salvación de este planeta que ha perdido el 30 por ciento de su capacidad de autogeneración. O hay una intervención humana o vamos una apocalipsis.

Ahí se va a realizar la Cumbre de los pueblos y la presidenta Dilma nos ha dicho en Porto Alegre, en el Foro Social temático, que esta reunión es más importante que la reunión de los Jefes de Estado. Entonces nuestros movimientos tienen que estar presentes para que esta cumbre pueda sonar muy alto en todo el mundo y cada vez concientizar más gente en este proyecto ambiental que por su urgencia tiene también una dimensión política muy curiosa. El tema de la ecología, de todos los temas curiosos, es el único que no hace distinción de clases. La ecología es como los aviones comerciales, que tienen dos clases, ejecutiva y económica, pero, cuando viene abajo, todos mueren igualito. No hay privilegios.

Y termino, Comandante, agradeciéndole por su paciencia, su diálogo con todo este grupo, su capacidad de escuchar. Agradezco, también, a Abel, a Zuleica, a todos los compañeros y compañeras de Cuba, al pueblo que nos escucha, que se interesa por nuestro debate, por nuestra conversación. Pido que Dios bendiga a este país y que cuide la vida de Fidel y su salud.


Transcripción: Cubadebate

Tomado: CubaDebate.cu

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23 may 2010

La trascendencia histórica de la muerte de Martí

Haciendo abstracción de los problemas que hoy angustian a la especie humana, nuestra Patria tuvo el privilegio de ser cuna de uno de los más extraordinarios pensadores que han nacido en este hemisferio: José Martí. Mañana, 19 de mayo, se cumplirá el 115 Aniversario de su gloriosa muerte. La magnitud de su grandeza no sería posible valorarla sin tener en cuenta que aquellos con los cuales escribió el drama de su vida fueron también figuras tan extraordinarias como Antonio Maceo, símbolo perenne de la firmeza revolucionaria que protagonizó la Protesta de Baraguá, y Máximo Gómez, internacionalista dominicano, maestro de los combatientes cubanos en las dos guerras por la independencia en las que participaron. La Revolución Cubana, que a lo largo de más de medio siglo ha resistido los embates del imperio más poderoso que ha existido, fue fruto de las enseñanzas de aquellos predecesores. A pesar de que cuatro páginas del diario de Martí han estado ausentes de los materiales al alcance de los historiadores, lo que en el resto de aquel diario personal minuciosamente escrito y otros documentos suyos de aquellos días consta, es más que suficiente para conocer los detalles de lo ocurrido. Como en las tragedias griegas, fue una discrepancia entre gigantes. La víspera de su muerte en combate escribió a su íntimo amigo Manuel Mercado: "¼ ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin." Cuando Martí escribió esas palabras lapidarias, Marx ya había escrito El Manifiesto Comunista en 1848, es decir, 47 años antes de la muerte de Martí, y Darwin había publicado El origen de las especies en 1859, para citar sólo las dos obras que, a mi juicio, más han influido en la historia de la humanidad. Marx era un hombre tan extraordinariamente desinteresado, que su trabajo científico más importante, El Capital, tal vez no se habría publicado nunca si Federico Engels no se hubiese ocupado de reunir y ordenar los materiales a los que su autor consagró toda su vida. Engels no sólo se ocupó de esa tarea, sino que fue autor de una obra titulada Introducción a la dialéctica de la naturaleza, en la que habló ya del momento en que la energía de nuestro sol se agotaría. El hombre no conocía todavía cómo liberar la energía contenida en la materia, descrita por Einstein en su famosa fórmula, ni disponía de computadoras que pueden realizar miles de millones de operaciones por segundo, capaces de recoger y transmitir, a su vez, los miles de millones de reacciones por segundo que tienen lugar en las células de las decenas de pares de cromosomas que aportan la madre y el padre a partes iguales, un fenómeno genético y reproductivo del que tuve noción después del triunfo de la Revolución, buscando las mejores características para la producción de alimentos de origen animal en las condiciones de nuestro clima, que se extiende a través de sus propias leyes hereditarias a las plantas. Con la educación incompleta que los ciudadanos de más recursos recibíamos en las escuelas, por lo general privadas, que eran consideradas como los mejores centros de enseñanza, nos convertíamos en analfabetos, con un poco de más nivel que los que no sabían leer y escribir o asistían a las escuelas públicas. Por otro lado, el primer país del mundo donde se intentó aplicar las ideas de Marx fue Rusia, que era el menos industrializado de los países de Europa. Lenin, creador de la Tercera Internacional, consideraba que no había en el mundo organización más leal a las ideas de Marx que la fracción Bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Aunque buena parte de aquel inmenso país vivía en condiciones semifeudales, su clase obrera era muy activa y sumamente combativa. En los libros que escribió Lenin después de 1915, fue incansable crítico del chovinismo. En su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrita en abril de 1917, meses antes de la toma del poder como líder de la fracción Bolchevique de aquel Partido frente a la fracción Menchevique, demostró igualmente que fue el primero en comprender el papel que estaban llamados a jugar los países sometidos al colonialismo, como China y otros de gran peso en diversas regiones del mundo. A su vez, la valentía y audacia de que Lenin era capaz se demostró en su aceptación del tren blindado que el ejército alemán, por conveniencia táctica, le proporcionó para trasladarse desde Suiza hasta los accesos de Petrogrado, por lo cual los enemigos dentro y fuera de la fracción Menchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia no tardaron en acusarlo de espía alemán. De no haber utilizado el famoso tren, el final de la guerra lo habría sorprendido en la distante y neutral Suiza, con lo cual el minuto óptimo y adecuado se habría perdido. De alguna forma, por puro azar, dos hijos de España, gracias a sus cualidades personales, pasaron a jugar un papel relevante en la Guerra Hispano-Norteamericana: el jefe de las tropas españolas en la fortificación de El Viso, que defendía el acceso a Santiago desde la altura de El Caney, un oficial que combatió hasta ser mortalmente herido, causándoles a los famosos Rough Riders —jinetes duros, norteamericanos organizados por el entonces Teniente Coronel Theodore Roosevelt, que el precipitado desembarco lo tuvieron que hacer sin sus fogosos caballos— más de trescientas bajas, y el Almirante que, cumpliendo la estúpida orden del Gobierno español, zarpó de la bahía de Santiago de Cuba con la infantería de marina a bordo, una fuerza selecta, y salió con la escuadra de la única forma posible, que fue desfilar con cada barco, uno por uno, saliendo por el estrecho acceso frente a la poderosa flota yanki, que con sus acorazados en línea disparaban sus potentes cañones sobre los barcos españoles de mucho menor velocidad y blindaje. Como era lógico, los buques españoles, sus dotaciones de combate y la infantería de marina fueron hundidos en las profundas aguas de la fosa de Bartlett. Sólo uno llegó a pocos metros de la orilla del abismo. Los sobrevivientes de aquella fuerza fueron hechos prisioneros por la escuadra de Estados Unidos. La conducta de Martínez Campos fue arrogante y vengativa. Lleno de rencor por su fracaso en el intento de pacificar la Isla como en 1871, apoyó la política ruin y rencorosa del Gobierno español. Valeriano Weyler lo sustituyó en el mando de Cuba; éste, con la cooperación de los que enviaron el acorazado Maine a buscar justificaciones para la intervención en Cuba, decretó la concentración de la población, que ocasionó enormes sufrimientos al pueblo de Cuba y sirvió de pretexto a Estados Unidos para establecer su primer bloqueo económico, lo cual dio lugar a una enorme escasez de alimentos y provocó la muerte de incontables personas. Así se viabilizaron las negociaciones de París, en la que España renunció a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba, después de más de 400 años de su ocupación en nombre del Rey de España a mediados de octubre de 1492, tras afirmar Cristóbal Colón: "esta es la tierra más hermosa que ojos humanos vieron." La versión española de la batalla que decidió la suerte de Santiago de Cuba es la más conocida, y sin duda hubo heroísmo si se analiza el número y los grados de los oficiales y soldados, que en la más desventajosa de las situaciones defendieron la ciudad, haciendo honor a la tradición de lucha de los españoles, que defendieron su país contra los aguerridos soldados de Napoleón Bonaparte en 1808, o la República española contra la embestida nazifascista en 1936. Una ignominia adicional cayó sobre el comité noruego que otorga los premios Nóbel, al buscar ridículos pretextos para conceder ese honor en el año 1906 a Theodore Roosevelt, que fue electo dos veces Presidente de Estados Unidos en 1901 y 1905. Ni siquiera había quedado clara su verdadera participación en los combates de Santiago de Cuba al frente de los Rough Riders, y pudo haber mucho de leyenda en la publicidad que recibió con posterioridad. Yo sólo puedo dar testimonio de la forma en que la heroica ciudad cayó en manos de las fuerzas del Ejército Rebelde el Primero de Enero de 1959. ¡Entonces las ideas de Martí triunfaron en nuestra Patria! Fidel Castro "Reflexiones de Fidel" Tomado: Cuba Debate

2 ago 2009

El Che vuelve a tener color

Hace cerca de 50 años, la fotógrafa británica Nicola Seyd inmortalizaba al Che Guevara en color. Ahora acaba de encontrar por casualidad estas fotografías inéditas del líder argentino Revisando una vieja caja, la fotógrafa británica Nicola Seyd encontró dos fotografías inéditas en color del líder revolucionario argentino Ernesto “Che” Guevara, tomadas hace cerca de medio siglo y publicadas el miércoles (29 de julio )en el diario español El País La fotógrafa, que hoy tiene 73 años encontró los negativos de estas fotografías que había tomado en un centro educativo cubano 49 años antes, cuando trabajaba para la ONG Cuba Solidarity Campaign, para la cual trabaja todavía. Para ella, estas fotografías muestran “la impresionante faceta humana del “Che”, a diferencia del retrato mundialmente conocido del Che en blanco y negro. Cinco meses después de que el fotógrafo cubano Alberto “Korda” tomase la famosísima foto del revolucionario con su boina, Nicola Seyd desembarcaba en Cuba en 1960, con 24 años, sin ninguna experiencia en fotografía y en absoluto segura de saber quién era este hombre vestido de militar. La fotógrafa recuerda al Che rodeado de gente que reclamaba su atención y en medio de esta agitación, el guerrillero que intentaba responder a todos, sin soltar su puro, bien sujeto a la comisura de los labios. El periodista francés Roger Pic también había realizado retratos en color del “Che” en 1963, recuerda El País. El cadáver de Ernesto Guevara, ejecutado en Bolivia en 1967, fue inmortalizado en color, aunque algunas copias fueron tratadas a partir de clichés en blanco y negro. Tomado de L´Humanité Traducción J.A. Pina

26 jul 2009

26 de Julio de 1953, mucho más que una fecha

A principios de los cincuenta, el panorama político de la sociedad cubana vivía un vacío ético alarmante. El 10 de marzo de 1952 y mediante un golpe de Estado apoyado por la CIA, Fulgencio Batista se hizo con el poder derrocando a Carlos Prío Socarrás. Para justificar su golpista intervención, Batista alegó que Prío tenía sumido al país en la bancarrota, donde las drogas y el juego eran elementos habituales en el diario acontecer de la Isla –en realidad, Prío fue eliminado de la escena política cubana porque se estaba distanciando de los intereses del gobierno yanqui, no a favor del pueblo sino de su propio bolsillo-. Aunque aquella afirmación era cierta, el nuevo lacayo del imperio norteamericano –nuevo relativamente, porque entre 1940 y 1944 presidió por primera vez la República- no hizo otra cosa que agravar la ya caótica situación de la población cubana que, de manera ilegal, gobernó hasta el primero de enero de 1959, día en que, junto a sus más estrechos colaboradores, huyó del país cargado de dinero público. Cabe recordar que Batista derogó la Constitución de 1940 e intentó, en vano, legalizar la situación política creando unos “Estatutos Constitucionales”. Con estos antecedentes, el año del centenario del natalicio de José Martí -1953- se presentaba nada halagüeño. Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! –expresó Fidel en su alegato “La historia me absolverá-. Pero ese mismo año sucedió algo de suma importancia en Cuba que frenó la caída en picado, produciéndose, a partir de entonces, un ascenso moral y cultural de amplio alcance social; me estoy refiriendo al asalto a los cuarteles Moncada de Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo. El asalto al Moncada –segunda fortaleza militar del país por aquel entonces- supuso la respuesta necesaria al golpe de Estado, y, además, la heroicidad de los combatientes repercutió de manera decisiva en la situación política y social de toda la Isla. Los asaltantes no obtuvieron la victoria militar, pero sí, sin duda, una victoria política muy importante, ya que con la gesta había surgido un movimiento cuya trascendencia ética y política era incuestionable. Sin embargo, la victoria política no llegó exenta de grandes sacrificios. Era domingo de carnaval aquel 26 de Julio de 1953 en Santiago de Cuba cuando, de madrugada – a las 5 y 15 a.m.-, un grupo de ciento setenta y cinco jóvenes de la llamada Generación del Centenario, a las órdenes de Fidel Castro, inició el asalto. El objetivo del mismo era requisar el armamento para, posteriormente, convocar a la huelga general en todo el país y leer el último discurso de Eduardo Chibás. Raúl Castro y su grupo llegaron a tomar el Palacio de Justicia, como estaba previsto, y Abel Santamaría, con el suyo, hizo lo propio con el Hospital Civil, sitos los dos edificios junto al cuartel. Pero un accidente imprevisible hizo que el grupo de Fidel no pudiera tomar la fortaleza. Aquella calurosa mañana, la fatalidad quiso que la mejor arma que poseían los revolucionarios –el factor sorpresa- quedara neutralizada al toparse con una pareja de la llamada “guardia cosaca”. A pesar de ello, la supremacía correspondió a los asaltantes, quienes causaron al ejército treinta bajas, de ellas once muertos y diecisiete heridos. Pero el Moncada acogía en su interior a más de mil soldados de la tiranía, contra los que, eliminado el mencionado factor sorpresa, poco o nada se podía hacer. De modo que los revolucionarios optaron por retirarse, luego de combatir durante dos horas y cuarenta y cinco minutos, aproximadamente. En caso de no poder tomar el cuartel, la consigna era retirarse a Siboney para, desde allí, procurar llegar a las montañas de la Sierra Maestra y proseguir la lucha. Pero tampoco la retirada resultó de manera satisfactoria. Muchos fueron detenidos y posteriormente asesinados, unos pocos lograron escapar y salir al extranjero, otros, perseguidos por las fuerzas represivas, fueron detenidos días después, sometidos a juicio y condenados a prisión. Fidel fue capturado el primero de agosto en las estribaciones de la Gran Piedra por una patrulla militar al mando del teniente Sarría que, siendo una excepción en aquel ejército, se negó a entregarlo al comandante Pérez Chaumont, conduciéndolo al Vivac santiaguero para presentarlo ante los tribunales. El comportamiento del teniente Sarría salvó, sin duda, la vida del jefe del asalto. Anteriormente, en el momento de la detención, Sarría tuvo que poner freno a los guardias de su patrulla, ya que estos querían asesinar a todo el grupo de detenidos, a Fidel entre ellos. ¡Las ideas no se matan!, hubo de expresar repetidas veces el teniente para persuadir a sus agresivos subordinados. La represión desatada por los tiranos contra los asaltantes fue de lo más salvaje que uno puede imaginar; para probar esta afirmación sobran los ejemplos. Apresados tras el asalto, a Abel Santamaría le sacaron los ojos y a Boris Luis Santa Coloma –hermano y novio de Haydée Santamaría respectivamente- le arrancaron los testículos. Una veintena de combatientes –entre los que ellos se encontraban- fueron sacados con vida del Hospital Saturnino Lora y trasladados por los soldados de la tiranía al asaltado cuartel, donde por orden de Batista –éste ordenó matar a diez prisioneros por cada soldado muerto- fueron salvajemente torturados y asesinados. En ese mismo hospital cumplieron su misión Haydée Santamaría y Melba Hernández, quienes igualmente fueron detenidas y llevadas al Moncada. Estas dos mujeres fueron testigos de excepción de la masacre allí cometida. Si no las ultimaron a ellas también fue porque un fotógrafo, que acompañaba a la periodista Marta Rojas, simuló hacerles una fotografía -no tenía película en la cámara- y, regándose la noticia de que en el cuartel había dos mujeres detenidas, los soldados ya no podían presentarlas como muertas en combate. A otros compañeros los asesinaron en el Hospital inyectándole en las venas aire y alcanfor. Pedro Miret sobrevivió y, en el transcurso del juicio, denunció el hecho. Después, los cadáveres de algunos combatientes fueron dispersos por diferentes lugares del cuartel. A otros los arrojaron en las proximidades de El Caney y Siboney... también de Songo y La Maya, para simular su muerte en combate. Los participantes en el asalto al cuartel de Bayamo no tuvieron mejor suerte. Basta citar un solo ejemplo para mostrar la masacre allí cometida: Tras ser detenidos, Hugo Camejo y Pedro Véliz fueron ahorcados atados con una cuerda al cuello y arrastrados por un vehículo en el Callejón de Sofía, cerca del cementerio de Veguitas. Al igual que a sus compañeros, a Andrés García Díaz le aplicaron el mismo método asesino. Dado por muerto, éste sin embargo, sobrevivió y pudo denunciar el hecho. Nadie duda de los horrendos crímenes cometidos por los subordinados de Chaviano y Pérez Chaumont –siendo estos, a su vez, ordenados por Batista-. Existe, además, una prueba irrefutable que los certifica: De las 70 personas que murieron el 26 de julio y en días posteriores a manos de la tiranía, sólo ocho cayeron en combate; el resto de los cadáveres, sin excepción alguna, presentaban signos de evidentes mutilaciones y salvajes torturas. Dante dividió su infierno en 9 círculos: puso en el séptimo a los criminales, puso en el octavo a los ladrones y puso en el noveno a los traidores. ¡Duro dilema el que tendrían los demonios para buscar un sitio adecuado al alma de este hombre... si este hombre tuviera alma! Quien alentó los hechos atroces de Santiago de Cuba, no tiene entrañas siquiera -la cursiva es de Fidel refiriéndose a Fulgencio Batista y Zaldivar. Fidel fue separado del resto de sus compañeros y juzgado en una pequeña sala del Hospital Saturnino Lora, habilitada para la ocasión. Era 16 de octubre de 1953 y, en su autodefensa, pronunció su alegato final ya mencionado en estas líneas y conocido como “La historia me absolverá”. Igual que a todos sus compañeros, un día después fue trasladado al reclusorio nacional de Isla de Pinos –hoy Isla de la Juventud-. Los meses de prisión no mermaron un ápice las ansias libertadoras de los revolucionarios, todo lo contrario; entre sus rejas fueron definiendo su condición ideológica –Martí fue el autor intelectual del asalto al Moncada- y maduraron el reinicio de una guerra popular contra la tiranía, trazando estrategias de futuro. Los moncadistas nunca aceptaron la libertad a cambio de condiciones previas y deshonrosas propuestas en algún momento por sus adversarios. Fue la presión de la opinión pública la que, finalmente, consiguió la amnistía de 1955 para todos los presos políticos, incluidos los participantes del asalto al cuartel Moncada, materializándose ésta el 15 de mayo. Ya en la calle –mientras estuvo preso nunca perdió contacto con el exterior-, Fidel aceleró el proceso organizativo del Movimiento, y se creó una dirección nacional. Fue el 12 de junio cuando se confeccionó la estructura de su aparato dirigente y se adoptó el nombre de Movimiento Revolucionario 26 de Julio. La situación política estaba cada día más tensa. Fidel era vigilado de cerca por las fuerzas represivas, de modo que, aun habiendo anunciado al salir de prisión que seguiría en Cuba, decidió marcharse fuera de la Isla para preparar la insurrección armada. El 7 de julio de 1955, antes de partir hacia México redactó esta carta: Me marcho de Cuba, porque me han cerrado todas las puertas para la lucha cívica. Después de seis semanas en la calle estoy convencido más que nunca de que la dictadura tiene la intención de permanecer veinte años en el poder disfrazada de distintas formas, gobernando como hasta ahora sobre el terror y sobre el crimen, ignorando que la paciencia del pueblo cubano tiene límites. Como martiano pienso que ha llegado la hora de tomar los derechos y no pedirlos, de arrancarlos en vez de mendigarlos. Residiré en un lugar del Caribe. De viajes como este no se regresa o se regresa con la tiranía descabezada a los pies.Como todo el mundo sabe, de México regresó el 2 de diciembre de 1956 en el yate Granma, junto a otros ochenta y un expedicionarios. Cumplió con el contenido de su histórica frase: En el año 1956 seremos libres o seremos mártires. Tras un desembarco accidentado, parte de ellos lograron llegar a la Sierra Maestra. Con el paso del tiempo el Ejército Rebelde fue aumentando en efectivos y en aceptación por parte del pueblo. Sus acciones fueron cada vez más osadas y eficaces, a pesar de estar en clara desventaja con respecto al ejército del tirano, que era abastecido y entrenado por los yanquis. Finalmente, cinco años, cinco meses y cinco días después de los asaltos a los cuarteles Moncada de Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo se proclamó el triunfo de la Revolución. No es extraño que en Cuba, pues, el 26 de Julio de 1953 sea mucho más que una fecha y que, coincidiendo con ésta, cada año se celebre el Día de la Rebeldía Nacional. En Cuba saben muy bien a que se tradujo aquel heroico suceso del Moncada. Por eso en la Isla irredenta, desde entonces, siempre es 26 de Julio. Azanza Telletxiki Alai-amlatina Tomado de Rebelión
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