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18 oct 2010

Mujeres de talento y coraje



Trinidad Guevara


En el Día del Patrimonio dedicado al Teatro Nacional, entre las personalidades homenajeadas estuvieron dos mujeres que aportaron al desarrollo de nuestro teatro: la actriz pionera Trinidad Guevara (1798-1873) y la actriz, directora y docente Margarita Xirgu (1888-1969).
Ambas tienen algunos puntos en común entre sí. Además de su talento reconocido en su época también se destacaron por su fuerte personalidad, que en el caso de la Xirgu marcó un estilo de hacer teatro basado en la disciplina y la entrega: «El teatro no es diversión, es sacrificio», solía decir a sus alumnos.
Ambas desarrollaron su carrera fuera de su lugar de origen, Xirgu nació en Cataluña y actuó y vivió en Uruguay, Argentina y Chile; Guevara nació en nuestro país, en Soriano, pero luego se trasladó a Argentina, hecho que era común para los actores de la época.
Asimismo ambas fueron transgresoras. En el caso de Xirgu por los textos que representó, llevando por ejemplo a escena a García Lorca, que en ese entonces era un teatro de vanguardia, considerado demasiado poético para el gusto promedio. Es así que estrena en 1927 «Mariana Pineda», con decorados de Salvador Dalí. En otras oportunidades enfrentó a las autoridades, como al presentar en Buenos Aires, en 1947, «El malentendido» de Albert Camus, prohibida por el gobierno de la época. Por su parte, Guevara fue muy atacada por los conservadores de su tiempo, entre otros aspectos por sus romances. Recordemos que la profesión de «farsanta», como le decían despectivamente, no era bien considerada. Fue muy comentada su actitud de salir a escena con un prendedor luciendo el retrato de su amante, con quien llegó a tener hijos aunque se trataba de un hombre casado, por lo que su gesto tenía un sentido de reivindicación y desafío. Otro suceso olvidado en parte por la historiografía oficial es que fue pareja de Manuel Oribe, luego Presidente y fundador del Partido Nacional, con quien tuvo una hija en 1816 y junto a quien se refugió en Buenos Aires. Años después Oribe se casó por Iglesia con otra mujer, que era nada menos que su sobrina, Agustina Contucci.

TEATRO Y POLíTICA SIEMPRE


Federico García Lorca  Margarita  Xirgu

Por último señalemos que ambas estuvieron desde su arte comprometidas con las posiciones políticas de su tiempo. Trinidad Guevara adhiere al partido revolucionario de la Independencia y realiza numerosas obras patrióticas y de exaltación americanista, como la famosa «Siripo, cacique de los Timbúes». Margarita Xirgu apoya a la izquierda republicana en la guerra civil española y esa actitud le vale el exilio, sus palabras de dolor quedaron registradas: «Qué sabios eran los griegos, no te mataban, te exila-ban».
Pero también desde lo específi-camente técnico de su arte interpretativo, ambas fueron singulares y renovadoras, recordadas por sus voces potentes. Guevara, hija de un actor, rompió con moldes del viejo teatro español, caracterizado por su interpretación exagerada, y avanzó en el ejercicio de la naturalidad escénica. Señalaba un autor de la época que fue «la primera en comprender que el actor genial no es el que recita versos, sino aquel que interpreta el personaje o lo crea de acuerdo con lo que el autor ha hecho de él». En el mismo sentido, la Xirgu, además de preocuparse especialmente por la dicción y el matiz en la expresión sonora de los textos dramáticos, fue una directora con audacia, ya que ésa era una función reservada en su tiempo a los hombres.
Para completar esta nota recordemos algunos sucesos de la vida de estas dos pujantes actrices.
En su excelente libro sobre mujeres de principios del Siglo XIX, «De Ninfas a Capitanas», la investigadora argentina Beatriz Seibel recuerda que la belleza mestiza de Trinidad Guevara inspiró en 1821 al poeta Juan Cruz Varela los siguientes versos: «Miel, ardor y muerte / tu labio derrama, / quien te oye y no te ama / corazón no ha...». Sin embargo, señala Seibel, en junio de ese año el padre Castañeda publica un artículo apocalíptico contra Trinidad, donde la califica de «mujer prostituida» y de «cloaca de vicios e inmundicias», por su romance con un hombre casado.
Trinidad responde escribiendo: «Así se me ha calumniado en un papel que bien podría servir de tumba a la libertad de imprenta en el país más fanático de ella. Según el autor yo pertenezco a las furias, no a las mujeres... Y aunque fuera justo vengarse en mí, ¿sería preciso que un sacerdote periodista fuera el sacrificador y la gran Buenos Aires el templo donde yo fuera sacrificada? Yo soy acusada, más bien diré calumniada: hambre rabiosa con que despedazan a una mujer que nunca los ofendió. El pueblo ilustrado la reputará, no como una mujer criminal, sino infeliz». El público se vuelca a su favor y cuando vuelve al teatro es recibida con grandes ovaciones de apoyo.

LA PROFESIÓN INFAME
En un párrafo más que interesante, Seibel dice: «Es la primera y única vez que se atribuye a una actriz la capacidad de innovar las técnicas de escena y tener influencia sobre otros actores, aunque las protagonistas femeninas sean minoría en las obras de la época».
En ese mismo año de 1821, el general San Martín, como Protector del Perú, firma la histórica declaración donde decreta que «el arte escénico no irroga infamia al que lo profesa». Levanta así la «nota de infamia» contra los cómicos, aunque las actrices, al decir del peruano Ricardo Palma, eran «plato de ricos, como el pavo trufado y las costillas de conejo».

Sobre la Xirgu cerremos esta nota contando una historia que recuerdo haber leído por primera vez escrita por Ángel Curotto, en aquellos suplementos dominicales de páginas amarillas del diario «El Día».
Allí se contaba que el escritor estanciero y comunista, el salteño Enrique Amorim, le hizo un homenaje a Lorca, inaugurando una estela que recuerda su muerte a manos franquistas en sus campos frente al río Uruguay. Llevó a Xirgu para realizar una representación de «Bodas de sangre». Cuando la actriz decía el famoso monólogo de la madre frente a su hijo muerto, pasaban unos trabajadores rurales de una fábrica de ladrillos a cielo abierto, quienes se detuvieron y asistieron a la actuación de Xirgu. Luego, conmovidos, fueron a saludarla y a darle el pésame por su tragedia, ya que como le expresó una pareja: «Ellos sabían lo que se siente, pues también habían perdido un hijo.»
El mejor homenaje que recibió la Xirgu fueron esas palabras pronunciadas por un público del pueblo envuelto en su magia escénica. Así, teatro y vida se unieron por el arte de esta actriz de inolvidable fuerza.

Tomado: http://www.socioespectacular.com.uy/

17 sept 2010

Florencio y Atahualpa


 Encuentro en un Uruguay Barranca Abajo 1973

En el presente año 2010, cuando la Comisión Nacional del Patrimonio decide homenajear al Teatro del Uruguay y a sus diferentes personalidades, entre ellas Florencio Sánchez y Atahualpa del Cioppo, es pertinente recordar que estos dos nombres se unieron artísticamente más allá del tiempo, en 1973, año significativo en la historia de nuestro pasado reciente, con la puesta en escena de la obra «Barranca Abajo».

Atahualpa un innovador
Nada es casual, diría Atahualpa, que en el programa de la obra afirmaba:
«...es un homenaje que El Galpón le debía a Florencio Sánchez, cuya permanencia en nuestra dramaturgia está avalada, entre otros méritos, por su acertada concepción humana y social. A ello debe agregarse la alusión verdaderamente aguda al ‘juicio de reivindicación’ que, según la autorizada opinión de recientes investigadores, es el factor desencadenante de esta tragedia... Don Zoilo Carabajal, protagonista de esta obra, como tantos otros perdió su hacienda por uno de esos juicios que le hizo un descendiente de aquellos que el Protector De los Pueblos Libres calificara como ‘malos europeos y peores americanos’... Todo ello en razón del Reglamento de tierras que nuestro prócer dictara en 1815... ‘los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres podrán ser agraciados con suertes de estancia si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de su Provincia’.
«Don Zoilo, como auténtico héroe trágico ignora la verdadera causa de su caída. La atribuye a la mala suerte, equivalente al destino trágico de los griegos. El derrumbe no se debe a ninguna deidad implacable sino a la gran propiedad rural dedicada a la ganadería extensiva.
«Es bajo la advocación de estos dos ilustres orientales, Artigas y Sánchez, inspirándonos en su conducta, su pensamiento y sus actitud que hemos realizado esta exposición escénica de Barranca Abajo.»

Atahualpa del Cioppo

Algo para recordar
Claro que no fue casualidad la decisión de hacer esta obra en ese momento, cuando las tensiones sociales y políticas que venían desarrollándose desde los comienzos de los años 60, pasando por el pachecato, culminarían en el golpe de Estado de 1973. Bien lo fundamenta Atahualpa en el programa; pero si sólo quedara en esa intención no habría excepcionalidad; la «exposición escénica» de la obra potencia y descubre un camino absolutamente renovador de nuestro Florencio Sánchez, que produjo impacto en el público y en la crítica especializada.
Alberto Mediza, reconocida personalidad de la cultura de la época, escritor, teatrista, expresaba en el diario uruguayo «El Popular» del 17 del octubre de 1973 su opinión especializada sobre la puesta en escena:
«Sánchez Reencontrado
BARRANCA ABAJO, de Florencio Sánchez, por el elenco estable de El Galpón. Actúan Rebecca Franco, Lilián Olhagaray, Raquel Seoane, Mary Vázquez, Blas Braidot, Sara Larocca, Carlos Peña, Juan Carlos Moretti, Duilio Borsch, Raúl Pazos y Walter Besada. Ambientación escenográfica: Mario Galup, Diseño de Vestuario: Guma Zorrilla, Luces: Ruben Yáñez. Teatro FLORENCIO SÁNCHEZ del Cerro, domingo 14.
«(...) Creemos ver en el trabajo de Atahualpa una propuesta, tal vez la más desmitificadora y audaz, que nos devuelve a Sánchez en su auténtica raíz de cuestionador iconoclasta y lúcido rebelde. Pero a su vez nos devuelve al mismo Atahualpa en la cumbre de su madurez reflexiva, efectuando un trabajo de verdadera síntesis artístico - dialéctica. Porque ya desde un principio, conviene aclarar que su plan escénico nada tiene que ver con algunos enfáticos esquematismos que -aprovechando un lineamiento temático del texto- han procedido a reducciones estériles. Por el contrario, si algo resulta inconfundible en este caso, ello es precisamente la voluntad por ofrecernos una lectura orgánica y coherente sin necesidad de sacrificar la complejidad virtual y la riqueza significativa de la obra... En esta unidad de sentido radica también uno de los secretos de la lectura que propone Atahualpa. La coherencia expresiva, el rigor formal, los inmejorables niveles de sus presupuestos escénicos y la contemporaneidad de su denuncia, hacen pues de este espectáculo un lugar obligado de esta temporada y de Atahualpa del Cioppo un merecido triunfador. A ambos agasajó entusiastamente el nutrido público que se dio cita en la sala FLORENCIO SÁNCHEZ del Cerro.»
Por su parte, Washington Roldán destacó desde su columna crítica en «El País», bajo el título «Sánchez sensibilizado y permanente»: «Este reencuentro con ‘Barranca Abajo’, en una versión despojada del pintoresquismo costumbrista y elevada a su más esencial objetividad trágica, es toda una puesta al día de los valores permanentes de Florencio Sánchez. (...) En los momentos de gracia costumbrista, nada queda de aquella estereotipada chuscada rioplatense heredada del principio de siglo, y se la sustituye con un juego mucho más subrayado y menos naturalista de picaresca primitiva».

Florencio Sánchez

Florencio y Atahualpa
Florencio Sánchez plantea en «Barranca Abajo» un conflicto no resuelto al día de hoy sobre la legitimidad de la propiedad de la tierra, y Atahualpa del Cioppo lo rastrea en las raíces del pensamiento artiguista, y su «exposición escénica» apeló a los orígenes del teatro occidental: la tragedia griega. Evitó costumbrismos, pintoresquismos manidos, desde lo plástico hasta lo interpretativo.
La escenografía de Mario Galup con elementos mínimos, una rampa, palos atravesados que simulaban tranqueras, una horqueta con el imprescindible nido de hornero, creaban los espacios escénicos necesarios; las luces de Ruben Yánez dimensionaban, envolvían, ocultaban y descubrían los ritmos en que se pauta la acción; el vestuario de Guma Zorrilla estilizaba los ponchos y vestidos con pliegues que remitían a la imagen de túnicas griegas. Apenas en la utilería aparecían algunos de los objetos como una caldera, un mate, un rebenque que no permitían al espectador escapar al lugar y tiempo de la anécdota.
En el conflicto de los personajes femeninos se subrayaba sus características de heroínas trágicas, atrapadas en un conflicto económico que no comprendían, que escapaba de sus posibilidades de decisión.
El texto de Sánchez, sin ninguna modificación, se revelaba en un decir sin exageraciones costumbristas, y en los momentos en que el director propone una técnica de extrañamiento o distanciamiento, en el monólogo de Martiniana, cuando la actriz abandona el personaje y se lo dice al espectador, o cuando nos sorprende en una acción cotidiana de Don Zoilo de beber agua en el instante previo al suicidio.
En el programa de «Barranca Abajo» escribe Don Atahualpa del Cioppo que El Galpón le debía un homenaje a Florencio Sánchez; pretendemos que estos recuerdos de aquella «exposición escénica» sean un homenaje a un creador excepcional de nuestra Institución.

Graciela Escuder

Tomado: http://www.socioespectacular.com.uy
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