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19 feb 2011

Lo que no se conoce sobre Egipto


Ilustración de Mikel Jaso
La caída del dictador Mubarak como resultado de la movilización popular es un motivo de alegría para toda persona con sensibilidad democrática. Pero esta misma sensibilidad democrática debiera concienciarnos de que la versión de lo ocurrido que ha aparecido en los medios de información de mayor difusión internacional (desde Al Yazira a The New York Times y CNN) es incompleta o sesgada, pues responde a los intereses que los financian. Así, la imagen general promovida por aquellos medios es que tal evento se debe a la movilización de los jóvenes, predominantemente estudiantes y profesionales de las clases medias, que han utilizado muy exitosamente las nuevas técnicas de comunicación (Facebook y Twitter, entre otros) para organizarse y liderar tal proceso, iniciado, por cierto, por la indignación popular en contra de la muerte en prisión, consecuencia de las torturas sufridas, de uno de estos jóvenes.

Esta explicación es enormemente incompleta. En realidad, la supuesta revolución no se inició hace tres semanas y no fue iniciada por estudiantes y jóvenes profesionales. El pasado reciente de Egipto se caracteriza por luchas obreras brutalmente reprimidas que se han incrementado estos últimos años. Según el Egypt’s Center of Economic and Labor Studies, sólo en 2009 existieron 478 huelgas claramente políticas, no autorizadas, que causaron el despido de 126.000 trabajadores, 58 de los cuales se suicidaron. Como también ocurrió en España durante la dictadura, la resistencia obrera democrática se infiltró en los sindicatos oficiales (cuyos dirigentes eran nombrados por el partido gobernante, que sorprendentemente había sido aceptado en el seno de la Internacional Socialista), jugando un papel clave en aquellas movilizaciones. Miles y miles de trabajadores dejaron de trabajar, incluidos los de la poderosa industria del armamento, propiedad del Ejército. Se añadieron también los trabajadores del Canal de Suez (6.000 trabajadores) y, por fin, los empleados de la Administración pública, incluyendo médicos y enfermeras (que desfilaron con sus uniformes blancos) y los abogados del Estado (que desfilaron con sus togas negras). Uno de los sectores que tuvo mayor impacto en la movilización fue el de los trabajadores de comunicaciones y correos, y del transporte público.

Los centros industriales de Asyut y Sohag, centros de la industria farmacéutica, energía y gas, también dejaron de trabajar. Las empresas en Sharm El-Sheikh, El-Mahalla Al Kubra, Dumyat y Damanhour, centros de la industria textil, muebles y madera y alimentación también pararon su producción. El punto álgido de la movilización obrera fue cuando la dirección clandestina del movimiento obrero convocó una huelga general.

Los medios de información internacionales se centraron en lo que ocurría en la plaza Tahrir de El Cairo, ignorando que tal concentración era la cúspide de un témpano esparcido por todo el país y centrado en los lugares de trabajo –claves para la continuación de la actividad económica– y en las calles de las mayores ciudades de Egipto.

El Ejército, que era, y es, el Ejército de Mubarak, no las tenía todas consigo. En realidad, además de la paralización de la economía, tenían temor a una rebelión interna, pues la mayoría de soldados procedían de familias muy pobres de barrios obreros cuyos vecinos estaban en la calle. Mandos intermedios del Ejército simpatizaban también con la movilización popular, y la cúpula del Ejército (próxima a Mubarak) sintió la necesidad de separarse de él para salvarse a ellos mismos. Es más, la Administración Obama, que al principio había estado en contra de la dimisión de Mubarak, cambió y presionó para que este se fuera. El Gobierno federal ha

subvencionado con una cantidad de 1.300 millones de dólares al año al Ejército de aquel país y este no podía desoír lo que el secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates, estaba exigiendo. De ahí que el director de la CIA anunciase que Mubarak dimitiría y, aunque se retrasó unas horas, Mubarak dimitió.

Ni que decir tiene que los jóvenes profesionales que hicieron uso de las nuevas técnicas de comunicación (sólo un 22% de la población tiene acceso a internet) jugaron un papel importante, pero es un error presentar aquellas movilizaciones como consecuencia de un determinismo tecnológico que considera la utilización de tecnología como el factor determinante. En realidad, la desaparición de dictaduras en un periodo de tiempo relativamente corto, como resultado de las movilizaciones populares, ha ocurrido constantemente. Irán (con la caída del sha), el Muro de Berlín, la caída de las dictaduras del Este de Europa, entre otros casos, han caído, una detrás de otra, por movilizaciones populares sin que existiera internet. Y lo mismo ocurrió en Túnez, donde, por cierto, la resistencia de la clase trabajadora también jugó un papel fundamental en la caída del dictador, cuyo partido fue también sorprendentemente admitido en la Internacional Socialista.

El futuro, sin embargo, comienza ahora. Es improbable que el Ejército permita una transición democrática. Permitirá establecer un sistema multipartidista, muy limitado y supervisado por el Ejército, para el cual el enemigo número uno no es el fundamentalismo islámico (aunque así lo presenta, a fin de conseguir el apoyo del Gobierno federal de EEUU y de la Unión Europea), sino la clase trabajadora y las izquierdas, que son las únicas que eliminarían sus privilegios. No olvidemos que las clases dominantes de Irán, Irak y Afganistán apoyaron el radicalismo musulmán (con el apoyo del Gobierno federal de EEUU y de Arabia Saudí) como una manera de parar a las izquierdas. Una de las primeras medidas que ha tomado la Junta Militar ha sido prohibir las huelgas y las
reuniones de los sindicalistas. Sin embargo, esta movilización obrera apenas apareció en los mayores medios de información.

Vicenç Navarro. Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University

Tomado: http://blogs.publico.es/dominiopublico/

23 sept 2010

Tragedia griega, el ejército se sumo a la protesta callejera

Los militares también protestaran

La economía griega ha entrado en crisis, la Unión Europea a la que Grecia pertenece le proporciono un préstamo de recuperación de 110.000 millones de euro. Pero esto se realizo bajo indicación de que Grecia llevara adelante un plan de austeridad sin precedente que contempla duros ajustes sociales, incluyendo una importante disminución del gasto público, la privatización de empresas públicas, la congelación del sueldo de los funcionarios, recortes en el sistema de pensiones, subidas de impuestos, según el "primer ministro, Giorgos Papandreu- deben elegir entre la catástrofe o el sacrificio".

La respuesta de los sindicatos y de buena parte de la población incluyendo los militares no se hizo esperar y el país se ha visto sacudido por numerosas protestas y varias huelgas donde tres personas murieron y una resultó gravemente herida en el centro de Atenas, cuando un grupo de manifestantes arrojó cócteles molotov contra una oficina bancaria en la que había varios empleados. Papandreu dijo que "ni la violencia ni las piedras nos sacarán de la recesión".

Al integrar la Unión Europea, Grecia solo puede recibir ayuda de la Unión ya que los países miembros no pueden darse dinero entre sí de forma bilateral. Algunos miembros se muestran reticentes a aprobar el rescate. En cualquier caso, los analistas coinciden en que se trata de un problema político, ya que la UE no puede permitirse dejar caer a un país miembro, algo que pondría en duda su fortaleza como unión. El pasado 2 de mayo luego de casi tres meses de reticencias, los líderes europeos aprobaron un préstamo a Grecia de hasta 110.000 millones de euros para el periodo 2010-2012. El FMI aportará 30.000 millones, cada país del Euro grupo contribuirá con una cantidad proporcional en función de su peso económico. Alemania, el Estado que más aporta, participa con 22.000 millones euros. Los desembolsos se empezarán a hacer efectivos antes del próximo día 19 de mayo, cuando Grecia deberá hacer frente a sus primeras obligaciones de pagos.

En medio de varias jornadas de protestas y manifestaciones, el Parlamento griego aprobó el pasado día 6/5/10, por mayoría absoluta, el Plan de ajuste de tres años que le permite acceder a la ayuda financiera de 110.000 millones de euros de la UE y el FMI. No son pocos los analistas que presumen que el rescate entraña riesgos muy grades para el conjunto de la UE. La canciller alemana, Ángela Merkel, ha reiterado por estos días que "Europa debe sacar las lecciones necesarias de la crisis griega y crear mecanismos de regulación del sector financiero que pongan freno a los especuladores, además de desarrollar herramientas de control que garanticen el cumplimiento del Pacto de Estabilidad".

Tanto la propia Merkel como el presidente francés, Nicolas Sarkozy, han anunciado su intención de hacer más duras las normas del Pacto de Estabilidad, unas normas que fueron suavizadas en 2003 por las propias Alemania y Francia cuando estos dos países tuvieron problemas a la hora de cumplirlas. En concreto, Berlín apuesta por habilitar un mecanismo para que un Estado pueda entrar en suspensión de pagos, así como sanciones (pérdida de votos y de fondos europeos) para los países que no cumplan las normas.

Si bien diversos observadores del panorama griego manifestaron que esta muy lejos el peligro de un golpe militar al estilo de los años sesenta, llamo poderosamente la atención que sectores del ejército griego se sumaran al descontento popular por el draconiano plan de austeridad. Varias representaciones de los tres cuerpos de las Fuerzas Armadas recorrieron las calles de Atenas en el distrito turístico para mostrar su oposición a los recortes presupuestarios del plan de austeridad presentado por el gobierno para afrontar la crisis de credibilidad que atraviesa la economía helena.

La movilización del ejército no tiene precedentes en la historia moderna de Grecia: “Lo haremos por nuestro país, claro que lo haremos”, afirmaba un oficial. “Pero si nos van a quitar las primas, que también se las quiten a los parlamentarios. Si nos van a quitar el 50 por ciento, que hagan lo mismo con los diputados. Todos nos alimentamos con la misma boca”.

Decenas de miles de griegos han vuelto una y otra vez a las calles realizando por estos días el cuarto paro general en lo que va de año y el más multitudinario, secundado por funcionarios y trabajadores del sector privado. Comercios y bancos se han cerrado, los colegios también y los hospitales funcionaron sólo a medias.

Tomado: LA ONDA® DIGITAL
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