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21 feb 2011

“Tengo una debilidad por Pepe Mujica, lo amo con toda mi alma”


China Zorrilla es una de las actrices más queridas por el público uruguayo y argentino. Con 89 años, realiza giras para hacer teatro leído. Amiga de la presidenta Cristina Fernández, asegura que está enamorada de Pepe Mujica, aunque no lo conoce personalmente.
Vive con Ana Luisa, una de sus sobrinas, y con Flor, su amada perrita. Juana, su asistente, abre la puerta del coqueto departamento con su hijita Camila de un mes y medio en brazos. La beba es la debilidad de China, que cada tanto le pide a Juana que se la deje tener un rato a upa para mirarla a los ojos, para reírse con ella y para hablarle en un tono absolutamente cariñoso hasta que la niña estira las piernitas y le sonríe. La perra se acomoda al lado de su dueña para marcar territorio y China nos cuenta que gracias a Flor nunca está sola. La pone muy contenta que al llegar a su casa la perrita raspe con sus uñitas la madera del otro lado de la puerta: “Flor sabe que soy yo y me está esperando”. Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz nació en Montevideo, Uruguay, el 14 de marzo de 1922. Falta muy poco para que cumpla 89 años y tiene tanta vitalidad que parece una niña traviesa. Nos muestra las obras de su padre, el escultor José Luis Zorrilla de San Martín. Y por bajar un par de cuadros se caen unos bastidores. Juana se preocupa, pide que China deje de estar de pie, pero cuesta llevarla hasta un sillón para que se quede sentada y quieta. La actriz y directora teatral rioplatense exhibe con orgullo una foto sobre su piano. Se la ve abrazada con Néstor Kirchner y dice: “¡Esa foto es de dos días antes de su muerte! Me mata cada vez que pasa algo definitivo, que se muere alguien. ¡No podía creer que se había muerto! A Kirchner lo había visto diez veces pero lo lloré como si fuera un amigo del colegio. Yo soy más amiga de ella. Me dolió tanto la muerte de Néstor, lloré muchísimo. Yo la defiendo a ella cada vez que hay que defenderla. Me encariñé con la pareja”.

–¿Cómo la conoció a Cristina?

–De la manera más insólita. Una sobrina mía estaba acá en casa y me preguntó si yo la conocía a la Presidenta y le dije que sí. Nunca había hablado con ella y le quise hacer una broma a mi sobrina. Para que me creyera llamé por teléfono a la Casa Rosada y pedí hablar con Cristina y me atendió ella... ¿Podés creerlo?

–¿Y qué le dijo a la Presidenta?

–Me quedé sin palabras. ¡Me moría de vergüenza! Le pedí que me disculpe y le conté la verdad, que yo me quería dar corte con una sobrina que tiene 10 años y que por eso había llamado, le dije que son cosas de señora mayor. ¡Y desde esa vez nos hemos visto algunas veces! Pero si yo lo cuento parece inventado.

–Imagino la carita de su sobrina...

–¡Le contó a todo el mundo que yo era amiga de la Presidenta y se lucía con eso! Vamos a hacer una cosa: la llamo ahora a Cristina. Haceme un favor –le dice a Sandra, la reportera gráfica–. Alcanzame la agenda negra y el teléfono.

China busca el número entre decenas de páginas con los apellidos de gran parte de la historia del cine y del teatro rioplatenses. Y cada vez que menciona los nombres en voz alta evoca algún bello recuerdo. Finalmente, encuentra el número buscado y llama: “Soy China Zorrilla y quiero hablar dos palabras con Cristina”. Del otro lado le dicen: “¡Sí, cómo no!” y le piden que aguarde. La comunicarán con la privada de Presidencia. Pronto dirá una y otra vez que ella es China Zorrilla y que llama para hablar dos palabras con Cristina. Hasta los embajadores, diputados, senadores, saben que si la llaman es probable que hablen con un secretario de Estado u otro funcionario... Pero China es China, y la sola mención de su nombre abre todas las puertas. Cinco minutos después atiende la Presidenta: “¡¡Chinita!! ¿Cómo estás?” El diálogo es muy cariñoso. La Presidenta le dice que esa tarde recibirá en su despacho a Leonardo Favio y la semana próxima la llamará para que vaya a la Rosada a tomar un cafecito con ella. Dialogan un buen rato. Se despiden con mucho afecto y cuando cortan, China suspira mirando a Flor. Sonríe, feliz...

–Se la ve muy contenta, le brillan los ojos...

–Me siento aliviada porque tenía que hablar con ella. Hace tiempo que quería llamarla y me alegra haberlo hecho. Me dijo que me quiere ver en la Rosada.

–¿Qué hará en el 2011?

–Voy a seguir con lo que estoy haciendo desde el año pasado: teatro leído. Nos llevan en un micro a pueblos del interior y en una plaza, en clubes o en teatros, nos sentamos a leer una obra frente al público. Cuando me lo ofrecieron pensé que sería muy aburrido. Y ahora que lo hago me encanta. Somos ocho actores y hacemos la obra Las de enfrente. Y vos te das cuenta de que lo único que importa en el teatro son las voces, lo que decimos, la palabra. ¡Una maravilla!

–¿Y tiene algún proyecto nuevo, algo en el tintero para este año?

–Yo soy de la guardia vieja. A mí me gusta un telón que se levanta, la gente que aplaude y hacemos la obra. Quisiera hacer un clásico. ¡La gente cree que los clásicos son aburridos, pero no hay nada más divertido que un clásico!

–¿Como Lady Macbeth o el Mercader de Venecia, de Shakespeare?

–Me gustaría hacer el Mercader de Venecia porque es divertido, porque es tramposo, porque es malo. Yo creo que uno envejece el día que no tenés más proyectos. Me gustaría hacer un gran papel ahora que estoy por cumplir 89.

–Nació el 14 de marzo, falta poco para que cumpla años. A lo mejor celebra su día en Casa Rosada con la Presidenta.

–(Risas) ¡Sería bueno! ¡O a lo mejor puedo festejar ahí cuando cumpla 100 años!

–¿Qué tipo de género teatral prefiere hacer como actriz?

–Yo soy cómica. Puedo hacer cualquier papel pero lo que mejor me sale son los papeles cómicos, sé hacer reír al público. Y eso es algo que no se enseña en ningún lado. El que te diga que te puede enseñar a hacer reír, miente. Eso se sabe o no se sabe. Hay una décima de segundo en la que tenés que decir la frase para que se rían. Si la decís después, es tarde. ¡Es una cuestión química!

–¿Cuánto hace que no va a Uruguay, su tierra natal?

–Voy siempre que puedo. Por suerte estoy cerquita. A veces voy a la mañana y vuelvo a la noche. Igual tengo diez mil sobrinas que vienen siempre para acá. A Gumita, mi hermana mayor, la extraño mucho... murió y recuerdo cuando me hacía los vestuarios para mis obras... era una excelente vestuarista y esos cuadritos que están ahí me los regaló ella, son sus dibujos de sombreros para las obras de teatro... Fuimos cinco hermanas, ahora quedamos vivas tres. En mi niñez yo tenía muchas muñecas y a la noche les ponía los camisones y por la mañana les sacaba el camisón y le ponía ropita a cada una. Mi madre decía: “¡Esta se va a llenar de hijos!”. Yo vivía para esas muñecas. Y al final, soy la única que no se casó. Mis hermanas sí se casaron y tuvieron hijos...

–¿Estuvo alguna vez a punto de casarse o vio cerca la posibilidad?

–Sí (China cierra los ojos). Era más que un novio. Era el hombre... yo sabía que me iba a casar con él. Era muy lindo. Tengo una foto suya en mi cuarto pero no me gusta mostrarlo. Se llamaba Juan. Ellos eran cuatro hermanos varones y nosotras éramos cinco hermanas mujeres. Estábamos siempre juntos en Montevideo. Papá y mamá eran muy amigos de los padres de él.

–¿Se daban algún beso, había palabras de amor?

–No nos dábamos un beso ni nada pero estábamos todo el día juntos... Todos sabían que yo le gustaba a él y que yo lo amaba a Juan. Eran otras épocas...

–¿Alguna vez estuvo comprometida?


–Sí, con Enrique, en Montevideo. Le decían el Bebe. Tuve un noviazgo formal, estábamos comprometidos y de novios totalmente. Pero eso fue hace mucho...

–¿Y qué pasó?

–Yo en el fondo tenía la obsesión del teatro. Yo lo quería mucho al Bebe pero si me casaba pensaba que iba a tener que dejar el teatro porque la familia de él era muy a la antigua y no veían bien que yo quisiera ser actriz y hacer teatro.

–¿Cómo siguió su vida después de este noviazgo?

–Me fui a vivir dos años a Londres sola. Para estudiar teatro e inglés. Viajé en barco y viví allá sola. Fue inmediatamente después de la guerra... Tendría 24 años más o menos y no sé por qué me dio la locura de irme a Londres y trabajé allá... Nunca fui más feliz que en Londres. A veces en alguna película inglesa reconozco a algunos de mis compañeros de teatro de hace tantos años. Nunca tuve miedo. Yo vivía sola en una especie de casa estudiantil que había. Estaba toda la ciudad bombardeada porque recién había terminado la guerra...

–¿Se arrepiente de no haberse casado?

–Sí.

–¿Con quién se hubiera querido casar: con Juan o con el Bebe?

–Con Juan. Pero de eso no quiero hablar...

–¿Y el tema de la maternidad, más allá del casamiento?

–Como dicen mis hermanas, yo soy como la madre de todos mis sobrinos. Yo soy muy maternal, siempre lo fui. Veo un bebé por la calle y paro a la madre para que me lo deje tener cargado un ratito...

–¿Alguna vez pensó en adoptar un bebé?

–Así como soltera y armar el escandalete, no. Pero mamá, que decía que nunca se había equivocado, decía: “De mis cinco hijas, la primera que se va a casar y se va a llenar de hijos es China”. Y soy la única que no se casó... Y todas se llenaron de hijos. La que está viviendo acá conmigo es una de ellas. Pero lo que yo quería hacer, y aunque parezca mentira, sigo queriendo hacer, es teatro.

–¿Cómo empezó a actuar?

–Mis abuelos tenían una casa grande en Montevideo y cada vez que había un cumpleaños, mi mamá ponía: “Festival de China”. Venían mis abuelos, tíos, primos, la familia entera a verme. Tenía 12 o 13 años. Mi mamá me ayudaba con esos trajes. Ensayaba mucho para que saliera bien. A las monjas del colegio nos les gustaba nada que yo hiciera eso en el living de la casa de mis abuelos.

–En ese mismo Montevideo más tarde fue amiga de Mario Benedetti.

–¡Ay, Mario! Qué tristeza me dio cuando murió... Nos veíamos siempre. Es que en Uruguay todo es distinto... es más chiquito, nos conocemos todos. Y a los argentinos les cuesta imaginar eso. Vas al bar, está Galeano, y lo saludás...

–¿Qué siente que le falta hacer? Hoy mencionó su deseo de actuar en una obra de teatro clásica este año...

–Yo quiero hacer una obra de teatro clásica porque los jóvenes no saben lo que es... están acostumbrados a las cosas livianitas, divertidas, con muchas malas palabras. No tiene nada que ver eso con el teatro. Y yo quiero hacer uno de los grandes títulos. Me gustaría hacer eso que es lo más difícil de hacer. Quiero que se levante el telón, que se oiga el aplauso, todo...

–Las obras de Shakespeare ya están... ¿iría en busca de un director?

–O la dirigiría yo. Aunque si estás actuando es un poco complicado. Veremos.

–China, como uruguaya, ¿qué piensa de Pepe Mujica?

–Bueno, yo tengo una debilidad por Pepe Mujica. Yo lo amo con toda mi alma. Es lo que nunca he visto. Es un ser que frente a una cámara y a diez mil personas que lo escuchan es igual que hablando contigo en el café... ¿te das cuenta? El es la verdad. Si te dice algo es porque es verdad. Hace poco, en un reportaje, le preguntaban qué tenía y él dijo: “Tengo un departamentito que es mío y de mi mujer y tengo un auto...”. Y le pregunta el periodista: “¿Y qué más?”. Y él le responde: “¿Para qué más?”. Y no está jugando un personaje. El es así. Creo en esta persona que asombra porque es verdad. No está actuando.

–¿Lo conoció personalmente?

–No, ¡no lo conozco personalmente! Y estoy enamorada de él. Estoy esperando ir a Montevideo para llegar a la casa de gobierno... O me lo presentan o me presento yo sola. Voy a decir: “Soy China Zorrilla y quiero hablar con Pepe”.

Marcela Stieben

Tomado: Página 12.com.ar
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12 jun 2009

Catherine Deneuve: "No vivo en una burbuja"

Comprometida con el cine de autor, la actriz protagoniza 'Je veux voir', film sobre la guerra en el Líbano a medio camino entre documental y ficción Cuando Catherine Deneuve tenía seis años, su hermana pequeña se perdió en una playa de Normandía. El socorrista que estaba de servicio durante aquella tarde de verano dio un consejo a su madre: "Camine hacia el sol. Los niños siempre se dirigen hacia el sol". La frase, igual que la angustia que experimentó durante aquellas horas, ha permanecido en la memoria de Deneuve toda su vida. En términos artísticos, la gran dama del cine francés parece haber tomado el camino contrario, alejándose de las zonas de luz para explorar los rincones más oscuros. "Cuando miramos fijamente al sol no vemos bien el resto de las cosas. Y a mí siempre me ha interesado lo que queda a media sombra y a contraluz", explica la actriz. Este atípico proyecto surge de la voluntad de dos artistas libaneses, Joana Hadjithomas y Khalil Joreige, que indagan en el conflicto bélico a través de la mirada virgen de Deneuve, presencia altamente improbable en medio de este paisaje en plena descomposición. Pero la película también puede ser entendida como una metáfora de la propia carrera de Deneuve, repleta de decisiones de alto riesgo para una actriz de su categoría, que podría haberse dormido fácilmente en los laureles. "Soy una persona bastante intrépida. No es que no le tema al peligro, pero si las ganas son más fuertes que el miedo, siempre me acabo lanzando. Si tomo una decisión que obedece a mi curiosidad, nunca siento que esté corriendo ningún riesgo", cuenta Deneuve. La actriz recibe en en el café del Cinéma du Panthéon, un agradable rincón a dos minutos de la Sorbonne, que ella misma ha decorado con muebles vintage, estanterías cargadas de libros de cine y fotografías de los rodajes de Ingmar Bergman. Dice que fue el interés por lo desconocido lo que la impulsó a participar en Je veux voir: "Nunca había visto imágenes de guerra más que en la televisión y quería experimentar el conflicto en primera persona. La experiencia me hundió y me conmocionó", confiesa. ¿No era esa la catarsis que estaba buscando? "En parte sí, aunque estoy muy en contacto con la realidad del mundo y no es algo que me resulte ajeno. Pese a la imagen que se tiene de mí, yo no vivo en una burbuja". Entre la realidad y la ficción La película parte del viaje por carretera de Deneuve junto al actor Rabih Mroué, convertido en una especie de guía de la desoladora geografía libanesa a través del campo de batalla. Entre ambos surgirá una extraña alquimia, situada en algún punto entre la realidad y la impostura. De hecho, Deneuve habla de Je veux voir como de "una semificción". ¿Interpreta entonces una versión semificticia de sí misma? "Hay mucho de mí en el personaje, pero no puedo decir que sea yo en términos absolutos. Se trata de un personaje simbólico, construido a partir de momentos escogidos y en un contexto muy preciso". Con todo, no existió ningún guión con diálogos predeterminados, por lo que todo lo que Deneuve hace y dice surgió en el momento de rodarlo. Por ejemplo, el momento de pánico vivido durante una explosión. A lo largo de su carrera, la actriz no ha tenido miedo a entrar en otro tipo de terrenos minados, ni a ponerse en cuestión a sí misma para permanecer moderna. Una capacidad de reinvención constante que ha llevado al director Arnaud Desplechin que la dirigió en la reciente Un cuento de Navidad junto a su hija Chiara Mastroianni a calificarla como "el Bob Dylan francés". La definición hace reír a carcajadas a la actriz, menos glacial y altiva de lo que rezan los tópicos. Las cosas claras Como Dylan, Deneuve se considera "una insumisa" que siempre se ha negado a que los demás decidieran por ella. "Desde muy joven supe lo que no quería hacer con mi carrera", dice la actriz. Después, obró en consecuencia. Evitó lo banal y se esforzó para que su belleza, que a sus 65 años sigue siendo impresionante, no consiguiera eclipsar sus calidades más preciadas: la inteligencia y el espíritu crítico. "De hecho, las entrevistas con actores resultan innecesarias. La personalidad de un intérprete se define a través de las decisiones que toma". Como dijo un conocido periodista de Le Figaro, su currículo dibuja "una filmografía impertinente", otro adjetivo que parece gustarle. En ella aparecen nombres como Demy, Truffaut, Buñuel, Polanski, Garrel, Carax, Ozon y Von Trier (de quien guarda pésimos recuerdos y dice "no haber aprendido nada"). En la lista abundan los autores jóvenes y los proyectos incómodos. "Lo que me motiva es hacer cosas que me sorprendan. Pese a no querer convertirme en una actriz marginal, siento la necesidad de trabajar en proyectos personales y sobre todo originales", dice. A la reina no le gusta hablar de tronos, ni de trayectorias consolidadas. "Para ser una leyenda tendría que desaparecer. Y yo estoy muy viva. Lo último que querría hacer es sentarme sobre una montaña formada por mis películas y contentarme con echar la vista abajo". ALEX VICENTE - PARÍS Tomado de Público

7 abr 2009

Entrega del primer premio de literatura dramática “Autores con Margarita Xirgu”

El pasado jueves 26 de marzo, a las siete de la tarde, la sala Margarita Xirgu de CCOO de Alcalá de Henares abría sus puertas para celebrar en su interior la entrega del I premio de literatura dramática “Autores con Margarita Xirgu”. El acto, presentado por Rosa Prádanos y Santiago Clemente, fue precedido por la actuación musical del grupo Armónicos Sonoros, un dueto que con el acompañamiento de una guitarra, un yambé y otros instrumentos de percusión y de viento exóticos, pone en el primer plano musical la voz como el instrumento más rico en armónicos. Tras la actuación musical, de apenas dos temas, se proyectó un diaporama con fotografías de Margarita Xirgu mientras que Rosa Prádanos, secretaría de cultura, leía sobre las imágenes algunos episodios relevantes sobre la biografía de la actriz que da nombre al premio y a la sala. La actriz, catalana de nacimiento y uruguaya de fallecimiento exilado, fue una de las actrices de moda en la España republicana y actuó para dramaturgos de éxito en la época como Alejandro Casona y protagonizó, asimismo, algunas de las obras de la etapa populista de Federico García Lorca como Yerma o Bodas de sangre.
Después de los preámbulos, se procedió a la entrega de premios. En esta primera edición de “Autores con Margarita Xirgu”, el fallo del jurado, encabezado por Francisco Peña y Ernesto Filardi, decidió que el primer premio fuera compartido por la dramaturga Juana Escabias, con la obra presentada Tierra convexa, y por el profesor y escritor Matías Escalera Cordero, con su pieza teatral El refugio, dada la calidad de ambas obras. La convocatoria del premio, al que se presentaron un total de 34 obras, tiene como finalidad, en palabras de Prádanos, “apoyar a los escritores contemporáneos, publicando su obra, y participar activamente en la creación de una colección de literatura dramática comprometida con nuestro tiempo y de excelente calidad”. En efecto, el premio tiene como galardón la publicación y distribución de 1000 ejemplares de la obra, que en palabras de Escalera Cordero “en un país donde apenas se publica teatro, es un lujo poder ver plasmada tu creación en un libro. Yo creo que es el mejor premio posible para una pieza teatral”, pues le da la posibilidad de tener una vida y recorrido que de otro modo no tendría.
En el acto participaron dos miembros destacados del jurado, Francisco Peña y Ernesto Filardi, que presentaron –como autores del prólogo de las obras premiadas– a Matías Escalera Cordero y Juana Escabias, respectivamente. A continuación se les dio voz a los verdaderos protagonistas del acto, a los autores premiados, que dijeron unas palabas sobre sus obras. El refugio, de Matías Escalera Cordero, pone sobre las tablas a unos personajes sin nombre, muy saramagianos, se dijo, que de repente se quedan encerrados en una “Gran Superficie” a consecuencia de algo acaecido fuera: explosiones, agitación violenta, carreras, etc. provocadas por unos “bárbaros” innominados, que pretenden asaltar el recinto. Los personajes, desde el comienzo mismo de la acción, se debaten entre la claustrofobia de estar encerrados y la seguridad que les otorga estar dentro, protegidos por las puertas cerradas y con las paredes de por medio, y no afuera compartiendo espacio con “los bárbaros”. Entre Los invasores de Egon Wolff y Ángel exterminador de Luis Buñuel, Matías Escalera Cordero crea, como él mismo afirma, “un espacio cerrado en el que cada personaje tuviera su propia identidad, pero al mismo tiempo fuera un símbolo del mundo contemporáneo, liberándose todas las tensiones” del mismo. Por su lado, Tierra convexa, de Juana Escabias, su trama dramática se sitúa en los Estados Unidos de los años 50. La obra, protagonizada por un directivo de televisión, plantea la problemática de los límites de los derechos de informarse; como se cuestiona Ernesto Filardi, en el prólogo de la obra, “¿dónde está la frontera entre la información y el morbo? Y en ese caso, ¿es lícito que la sociedad traspase esa frontera para alimentar nuestro morbo, a sabiendas del daño moral?”.
La entrega de premios terminó y los autores firmaron ejemplares, improvisaron dedicatorias, mientras degustaban el aperitivo que los organizadores amablemente habían preparado para los asistentes al acto. Ahora tenemos que esperar un año para que la sala Margarita Xirgu de CCOO de Alcalá de Henares abra de nuevo sus puertas para celebrar la segunda edición del premio de literatura dramática “Autores con Margarita Xirgu”, pues, como apuntó Matías Escalera Cordero, “esta sala nos conecta con lo mejor de nuestra memoria”.
David Becerra Mayor
Tomado de Rebelión
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