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16 feb 2011

La revolución árabe no ha hecho más que empezar


La revolución árabe no ha hecho más que empezar.

Cuando Barack Obama proclamó desde la Casa Blanca que “este no es el final de la transición, sino el principio”, se refería sólo a Egipto tras la caída del dictador Hosni Mubarak, hasta muy poco antes el más fiel y valioso aliado de Occidente en Oriente Próximo. Pero sus palabras son sin duda premonitorias de un fenómeno mucho más amplio que la histórica victoria del pueblo, en sólo 18 días de revuelta callejera, sobre la colosal maquinaria represiva que el rais levantó en 30 años de despotismo.

La rebelión de los jóvenes ha prendido en todo el mundo árabe y se ha transformado en una revolución imparable que amenaza con barrer a los tiranos instalados durante decenios en la opresión de sus ciudadanos. Recién desencadenada esa convulsión mundial, las cancillerías occidentales, los especialistas y hasta los servicios secretos se preguntan hoy, estupefactos: ¿por qué ha estallado la juventud árabe? ¿Cómo pudo cogernos por sorpresa? ¿Hasta dónde llegará esta revolución?

“¡Qué equivocados estábamos!”, admite Roger Hardy, analista sobre Oriente Próximo del Woodrow Wilson Center de Washington. “Cuando los disturbios comenzaron en Túnez, la mayor parte de los expertos (incluido yo mismo) dijimos que el presidente Ben Alí aplastaría la revuelta y sobreviviría. Cuando salió huyendo del país, la mayoría de los expertos (incluido yo) argumentamos que Egipto no era Túnez y que Mubarak aplastaría la rebelión y sobreviviría”.

Pocos gobernantes están tan dispuestos a reconocer semejante error de cálculo, pero los militares y jefes del espionaje que tan estrechas relaciones mantenían con los regímenes que hoy se desmoronan no pueden ocultar que fueron incapaces de prever el tsunami revolucionario que va derribando a sus socios y amigos.

Al comienzo de las manifestaciones en la plaza Tahrir de El Cairo, la cúpula del Ejército egipcio no estaba en su país, sino en Virginia, a las afueras de la capital estadounidense, participando en el Comité de Cooperación Militar conjunto, la reunión que cada año reúne a los altos mandos de Egipto y de EEUU. El jefe del Estado Mayor, el general Sami Enan encabezaba una delegación de 25 oficiales para esos encuentros con sus homólogos estadounidenses, entre ellos el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto norteamericano. El 28 de enero, los generales egipcios interrumpieron su visita y regresaron urgentemente a El Cairo.

Ni ellos ni sus mentores estadounidenses tenían la más remota idea de que la tempestad del cambio iba a derribar en poco más de dos semanas el régimen árabe más poderoso, que desde 1981 ha recibido 60.000 millones de dólares de Washington. En estas tres décadas, EEUU ha formado y financiado el Ejército egipcio, en una relación estratégica tan estrecha que los árboles de la cúpula militar de Mubarak impedían a los norteamericanos ver el inmenso bosque del descontento popular.

“Hemos entrenado a cientos, por no decir miles” de militares egipcios, subrayó el almirante Mullen en televisión hace algo más de una semana. “Han vivido con nosotros también sus familias y mi principal objetivo ha sido mantener el contacto con ellos”. Pero Mullen admitió en esa misma entrevista que los acontecimientos le habían “pillado por sorpresa” a pesar, o quizás a causa, de sus intensas relaciones con el Ejército del mayor país árabe.

A lo largo de los años, la proporción de ayuda militar de Washington a El Cairo fue creciendo, en relación a la económica, hasta ser cinco veces superior al monto de todas las otras aportaciones de EEUU a Egipto, a pesar de que ese país no participaba en ningún conflicto bélico. Y haciendo la vista gorda a la evidente corrupción en el seno de las Fuerzas Armadas egipcias.

Ahora, “el éxito del poder del pueblo en Egipto tendrá una repercusión en el mundo árabe mucho mayor que su triunfo en Túnez”, afirma Hardy, el analista del Woodrow Wilson. “El ejemplo egipcio ha electrizado a la opinión pública a lo largo de toda la región, en la que prevalecen males idénticos: autocracia, corrupción, desempleo, déficit de dignidad ciudadana… Los autócratas cuyos servicios de seguridad son más pequeños y débiles que los de Egipto son los más vulnerables al gélido viento de la ira popular. Los que cuentan con dinero están tratando de comprar la paz social, pero los estados más pobres, como Jordania y Yemen, tendrán que endeudarse para aplacar a la población”.

El problema es que hasta ahora las potencias occidentales despreciaban la capacidad de movilización de esas poblaciones y extendieron cheques en blanco a los déspotas, que se autoproclamaban baluartes contra el supuesto avance islamista para mantener durante decenios un estado de emergencia totalitario. Como en Argelia, donde ya se han producido graves disturbios en la capital al actuar con extrema contundencia la policía antidisturbios. Es, precisamente, en el tan cercano Magreb donde está llegando antes el virus revolucionario.

Palestino exiliado en Bélgica desde hace más de 40 años, Bichara Khader, director del Centro de Estudios e Investigación sobre el Mundo Árabe de la Universidad de Louvain, lo tiene claro: “Túnez ha sido la golondrina que anunció la revuelta árabe. El efecto de contagio en los demás países es evidente”. El Magreb cuenta con todos los ingredientes para que la sublevación popular estalle en las calles de Rabat, Casablanca, Argel y Trípoli: una población en su mayoría joven que se siente excluida, paro, represión política y social, y corrupción rampante de las autoridades.

“En Argelia y Libia, que cuentan con grandes recursos energéticos, las autoridades pueden decir: Consume y cállate’. Pero el dinero sólo sirve de somnífero y aplaza el despertar de la población”, explica Khader. Los analistas y diplomáticos occidentales aún ignoran qué está pasando en el país de Muamar al Gadafi. “No lo sabemos porque es un régimen cerrado y muy represivo”, se justifica Michael Willis, especialista en asuntos magrebíes del Middle East Centre de la Universidad de Oxford.

Pero sí vemos cómo los argelinos muestran su desesperación con intentos de suicidio a lo bonzo, gritando “¡basta!” a la hogra, el desprecio, en argelino. Argelia, un gigante económico con importantes reservas de petróleo y gas, mantiene a su población en estado de emergencia desde 1992 bajo el férreo control del Ejército.

“Argelia fue, en 1988, el precursor de las revueltas en el mundo árabe, pero su lucha fue secuestrada por el poder”, explica Aomar Baghzouz, profesor en la Universidad de Tizi Ouzou, al noreste del país. Y el sector en el que más ha invertido el Gobierno desde entonces ha sido el militar, mientras la población crecía más del 200% en medio siglo, hasta los 36 millones de habitantes, con una edad media de sólo 26 años.

Willis considera que en países como Argelia y Marruecos “hay una opresión económica y civil; es decir, la vida diaria es muy difícil, porque hay una falta de oportunidades, de visión para el futuro. Si no hay trabajo, no hay dinero; si no hay dinero, uno no puede casarse y no tendrá familia”. Pero desde las protestas que condujeron a la caída del tunecino Ben Alí, las poblaciones de los demás países de la zona “entendieron que era posible acabar con un dictador”.

“Sí, es posible” fue precisamente el titular de portada de la revista marroquí Tel Quel. En el reino alauí, consumido por la corrupción según Transparency International, y con una renta per cápita de unos 2.000 euros, la más baja de la región después de Mauritania, los sindicatos y la oposición islamista han convocado una manifestación el próximo día 20 para pedir más democracia.

“Marruecos es un caso complicado”, reconoce Bernabé López García, de la Universidad Autónoma de Madrid, “porque no es lo mismo echar a un tirano que se aferra al poder desde hace 30 años que a una monarquía que lleva ahí siglos, respetada hasta en las zonas más aisladas”.

Las autoridades de Rabat se han orientado hacia las reformas desde la muerte de Hasán II, en 1999, aunque muchos intelectuales marroquíes denuncian el autismo y autoritarismo del actual monarca, aún todopoderoso en su reino. “La corrupción endémica debería obligar a la Unión Europea a reaccionar y pedir reformas al Palacio Real. La primera de ellas debería ser un haraquiri del rey: que deje el poder absoluto e instaure una monarquía parlamentaria. Pero el problema es que los partidos políticos no están a la altura, se mantienen demasiado al margen”, considera el investigador español.

Los marroquíes tienen al menos a una figura central que encarna al poder, contra la que pueden gritar su malestar, “algo que falta a los argelinos”, según Willis. Abdelaziz Buteflika es presidente desde 1999, pero son los militares los que dirigen el país desde el golpe de Estado que abolió la victoria electoral islamista en enero de 1992. “El régimen contó con el maná petrolero para enfrentarse a las reivindicaciones sociales y sabe ahora que simples medidas económicas ya no son suficientes. Por eso ha anunciado el fin [en un futuro próximo] del estado de emergencia. Pero los argelinos seguirán reclamando cada vez más libertades y democracia”, dice el argelino Baghzouz.

Además, en Argelia “las desigualdades sociales son muy grandes”, subraya Amel Boubekeur, especialista del Magreb en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, quien teme “una represión brutal”. Porque, a diferencia de Túnez, el Ejército en Argelia “no ha sido marginalizado por las autoridades, sino que participa en el proceso de decisión política” y no dudará en usar la fuerza.

Pero las armas no bastan para acallar un volcán de indignación que se ha alimentado en el magma de internet y aprovecha las nuevas tecnologías para entrar en erupción. Porque las nuevas generaciones ya no pueden ser aisladas de la realidad por la censura.

Decenas de millones de árabes están enganchados a la serie Bab al hara (La puerta del barrio), que empezó a emitirse en 2006 y ha arrasado en casi todo Oriente Próximo. Ambientada en la ciudad vieja de Damasco en los años treinta, durante la colonización francesa de Siria y Líbano, y de la colonización inglesa de Palestina y Transjordania, debe su éxito, sobre todo entre los jóvenes, al enfoque moderno, hasta progresista, con que aborda las cuestiones sociales, incluida la situación de la mujer.

Bab al hara ha desplazado el foco de atención de Egipto a Siria, donde a pesar del régimen autoritario de Bashar al Asad, existe un margen para plantear cuestiones de más interés para la audiencia juvenil, ante la cual la sociedad tradicional de sus mayores se está resquebrajando rápidamente.

La penetración de la televisión por satélite en 22 países que comparten el conocimiento de un mismo idioma, el árabe clásico, también está siendo decisiva para internacionalizar la revolución de los jóvenes. Los planteamientos progresistas de la cadena de información Al Yazira, que ha estado en primera fila durante las revueltas, y que ha convertido su programación en una monografía sobre Egipto, están descubriendo una realidad distinta a millones de ciudadanos que durante toda su vida fueron sometidos al lavado de cerebro de medios de comunicación serviles con el poder.

El mundo árabe empieza a formar parte de la aldea global. Lo que ocurre en Túnez y Egipto se ve en directo en todos los demás países. Las redes sociales permiten que las protestas se convoquen de un día para otro, o en el mismo día. Los teléfonos móviles hacen que los manifestantes se organicen y reaccionen en segundos a los movimientos de la Policía o el Ejército.

Occidente siempre dio prioridad a la estabilidad de los regímenes árabes, por encima de la democracia y de los derechos humanos. Financiando y armando a los dictadores, dándoles manga ancha para oprimir y robar, confiando ciegamente en que las fuerzas represivas mantendrían a los ciudadanos a raya indefinidamente, EEUU y Francia han creado ese monstruo que ahora tanto temen: el poder revolucionario de un pueblo que ha perdido el miedo.

Los parias se han levantado, y nada les detendrá.

[CON INFORMACIÓN DE ISABEL PIQUER, GUILLAUME FOURMONT Y EUGENIO GARCÍA GASCÓN]

Tomado: El tablero global

7 dic 2010

Francia juzga a la cúpula militar de Pinochet


Natalia Chanfreau, hija del desaparecido Alphonse Chanfreau, y Yanine Claudet, hermana de Jean Yves Claudet, hablaron con la prensa.
 Los abogados y familiares de las víctimas de la dictadura chilena presentaron el contexto del proceso contra trece militares chilenos y un argentino –José Osvaldo Riveiro–, acusados por la desaparición de cuatro franceses.
Natalia Chanfreau esperó cerca de 40 años para que la Justicia osara enjuiciar a quienes secuestraron y asesinaron a su padre bajo la dictadura chilena. “Hemos esperado casi toda nuestra vida para obtener justicia”, dijo ayer en París la hija de Alphonse Chanfreau, el líder estudiantil del MIR chileno (Movimiento de Izquierda Revolucionario), secuestrado en Santiago el 30 de julio de 1974. Los abogados y familiares de las víctimas de desapariciones forzadas presentaron ayer en París el contexto del juicio en ausencia contra 13 militares chilenos y un argentino, responsables de la desaparición de cuatro ciudadanos franceses en pleno pinochetismo.

Georges Klein, consejero de Salvador Allende; el sacerdote Etienne Pesle, Alphonse Chanfreau y Jean Yves Claudet Fernández, otro militante del MIR, fueron secuestrados entre 1973 y 1975 en Santiago de Chile, Temico y Buenos Aires. Ayer les llegó la hora a los responsables de estos crímenes de ver la acción de la Justicia producir una forma de verdad. Los juicios que se inician este 8 de diciembre son a la vez simbólicos y reales. Simbólicos porque los acusados no están presentes, reales porque, como lo resaltó el abogado William Bourdon, defensor de las familias de Yves Klein, Alphonse Chanfreau y Etienne Pesle, hay en este proceso “un valor histórico porque será el único que permitirá hacer una fotografía judicial, precisa, global y casi exhaustiva del aparato represor de Pinochet”.

Juicio doble también: el de los culpables y el de una Justicia chilena que, y así lo señaló la abogada de Jean Yves Claudet Fernández, Sophie Thonon, “es olvidadiza y con lagunas”. Los juicios que se inician mañana por secuestro y tortura seguida de desaparición se prolongarán hasta el 17 de diciembre en el Tribunal en lo Criminal de París. A menos que los acusados salgan de Chile –sobre todos pesa una orden de captura internacional– ninguna de las penas pronunciadas se hará efectiva. Ello no desalienta a los familiares, muy por el contrario. Jeanine Claudet, hermana del militante del MIR secuestrado en Buenos Aires por la DINA el 1º de noviembre de 1975, Jean Yves Claudet, dijo ayer que los familiares no esperaban “un milagro”, pero agregó que “será un primer paso de justicia, ya que hay muchas familias en Chile y en América latina que ni siquiera tendrán esta primera justicia”.

Sin la perseverancia de los familiares y de los abogados William Bourdon y Sophie Thonon, los responsables de los secuestros habrían evitado que se hurgara en ese pasado. El juez Le Loire inició la instrucción de los casos aceptados por la Justicia en octubre de 1988 y la jueza Sophie Clément terminó por ordenar la acusación ante la Corte en febrero de 2007.

Los acusados son Manuel Contreras Sepúlveda, ex jefe de la DINA y ex general del ejército; Hernán Julio Brady Roche, ex comandante en jefe de la región de Santiago; Petro Octavio Espinoza Bravo, ex coronel del ejército, director de operaciones y jefe de la brigada de Intervención Metropolitana –BIM– de la DINA; el argentino José Osvaldo Riveiro, ex teniente afectado a la DINA; Miguel Krasnoff Martchenko, ex capitán del ejército afectado a la DINA; Rafael Francisco Ahumada Valderrama, ex oficial del regimiento de Tacna; Gerardo Ernesto Godoy García, ex teniente afectado a la DINA; Basclay Humberto Zapata Reyes, suboficial del ejército afectado a la DINA; Enrique Lautaro Arranciaba Clavel, ex representante de la DINA en la Argentina; Raúl Eduardo Iturrriaga Neuman, ex responsable del departamento exterior de la DINA; Luis Joaquín Ramírez Pineda, ex comisario del campo de Tacna; José Octavio Zara Holger, ex oficial del ejército con puesto en la DINA; Emilio Sandoval Poo, ex militar de reserva de la Fuerza Aérea, hoy empresario en Temuco. Otros cuatro sospechosos figuran en los legajos de la acusación así como un ausente, Augusto Pinochet, cuya muerte en 2006 puso fin a cualquier intento judicial.

Al igual que en otros países, una buena parte de los militares chilenos implicados en estos crímenes están libres y hasta sin acusación judicial en su contra. En este sentido, el abogado William Bourdon destacó: “No basta con una Corte Penal Internacional. Necesitamos un texto internacional que obligue a los Estados a entregar a sus propios ciudadanos cuando se trata de crímenes contra la humanidad”. El Estado chileno reconoció hasta ahora 3197 desapariciones y 28.461 víctimas de torturas. Según datos de la Federación Internacional de Derechos Humanos, 171 personas fueron condenadas en Chile por esos crímenes, de las cuales sólo 53 están hoy presas.

Eduardo Febbro Desde París

Tomado: Página 12

24 nov 2010

Argelia, los años de sangre y las complicidades de Francia



La independencia no permitió a Argelia salir de la violencia, lejos de eso. No se devolvió el poder al pueblo, sino que un grupo inicialmente elegido por Francia para proteger sus intereses lo acaparó. Para mantenerse, este grupo no dudó en manipular a unos islamistas y en sumir al país en un nuevo ciclo de violencia. En una documentada obra, «Argelia, colonia francesa. 200 años de algo inconfesable», Lounis Aggoun denuncia un sistema elaborado por unos argelinos con el apoyo de Francia y después de Estados Unidos en detrimento de todo un pueblo.

Silvia Cattori: Su obra «La colonie française en Algérie. 200 ans d’inavouable» (en castellano: Argelia, colonia francesa. 200 años de algo inconfesable) [1] es impresionante. 600 páginas densas y cautivantes que se basan en una amplia documentación y que hablan con empatía de un pueblo maltratado, al que se ha puesto de rodilllas. Se comprende que es el relato de un hombre herido por el sufrimiento de su pueblo y decidido a enfrentarse a esta realidad brutal, a la realidad. ¿Es así como lo vive usted?

Lounis Aggoun [2]: No quiero mezclar mis escritos con el desbordante raudal de contrasentidos y controversias en los que consisten las obras sobre Argelia. ¿Cómo no sentirse herido cuando se es testigo permanente del espectáculo de su pueblo martirizado? ¿Cómo no sentirse indignado después de ver al tirano investirse de virtud y presentarse como el garante de la libertad, de ver al violador, al ladrón, al canalla, en suma, todo lo que hace el Estado argelino, venir cotidianamente a asestarnos lecciones de moral? En el drama argelino no hay término medio. Por una parte está el territorio de los colonos (los nuevos, se entiende) y por otro el de los colonizados, que viven una realidad espantosa. ¿Podemos dedicarnos simplemente a nuestras obligaciones una vez que se ha tomado conciencia de esto? Por más que lo intento no lo logro.

Silvia Cattori : Usted afirma en el libro que la historia reciente de Argelia, de sus relaciones con Francia, es muestra de una permanente mentira. Al querer preservar a cualquier precio sus intereses estratégicos en Argelia, ¿verdaderamente obró Francia de manera que después de 1962 Argelia no pudiera acceder a la plena posesión de su soberanía? ¿Para Francia, Argelia valía más que otras ex-colonias?

Lounis Aggoun : Las cosas no se presentan de una manera tan maniquea. Dicho esto, es conocida la obra falsamente liberadora del general de Gaulle en África. ¿Cómo creer que haya concebido en Argelia el proyecto contrario al que era el suyo en el resto del continente? Esto no quiere decir que les deseara el mal a los argelinos, lejos de eso. Pero entre su proyecto de una Argelia independiente pero en manos de un poder garante de los intereses franceses (sus propias palabras dan testimonio de ello) y la concretización de ello (una abominable dictadura que exacerbó todas las ignominias de la ex-colonia) hay un margen y un río de sangre. Los argelinos son responsables de los abusos del gobierno tras el alto el fuego del 19 de marzo de 1962 (sean cuales sean las influencias externas, que son reales). Pero la mentira original (que difunden los mismos que pretenden militar por la verdad y la historia) consiste, medio siglo después, en negar que en el punto de partida está la voluntad por parte del poder francés de infiltrarse en la administración argelina. Después es trivial afirmar que el aprendiz de brujo perdió el control de su diabólica criatura.

Todo esto es lo que he querido documentar en mi obra basándome no en chismes sino en las declaraciones de los más altos responsables concernidos en el seno del Estado francés y del poder argelino. La verdad está ahí, escrita a fragmentos. Lo único que he hecho es reunir los fragmentos y la verdad ha emergido, irrefutable. Basta con querer mirarla de frente para tratar de reconstruir el futuro sobre unas bases sanas; o mirar para otro lado y seguir basando las relaciones entre ambos países en arenas movedizas. Los creadores de opinión podrán seguir pretendiendo (no me hago ilusiones) que Francia no tienen nada que ver en el desastre argelino tras la independencia y que quienes afirman lo contrario no son sino unos excitados inmaduros; los hechos son abrumadores y prevalecerá la demostración.

Silvia Cattori : ¿ La afirmación de que la Independencia vino seguida «de una primera década de eliminación de las elites y de infiltración» deja en mal lugar la visión romántica que vigente durante las décadas de 1960 y 1970 de una Argelia socialista triunfante, admirable, completamente comprometida con los movimientos de liberación, dotada de brillantes diplomáticos, avalada por una destacable política exterior? ¿Era una visión completamente equivocada?¿Puede explicitarlo?

Lounis Aggoun : Entre las venas líricas de Huari Bumédiène [3] en la escena internacional y la realidad que se imponía al pueblo argelino hay una diferencia como de la noche al día. Y como en toda ilusión, la desilusión es tanto más dolorosa cuanto más hermoso es el sueño. Por lo que se refiere a los brillantes diplomáticos (y no se trata de decir que no los hubo), sólo sirvieron de apoyo a unos políticos que estarían implicados en crímenes contra la humanidad si la justicia internacional pudiera estudiar la cuestión. Por lo demás, la respuesta a su pregunta es simple: se puede medir fácilmente la calidad de esta administración con el hecho de que uno de sus miembros más eminentes, Abdelaziz Buteflika, se convirtió en presidente en 1999, casi cuarenta años después de abonar el terreno para la dictadura argelina y que en este mismo momento prosigue si obra devastadora. Siempre hay que desconfiar de las historias románticas. La vocación de la elite es no sumirse en ellas. Ahora bien, observadores y comentaristas de todo tipo siguen propalando las sandeces que justifican el mantenimiento en el poder del que pretende ser la oposición.


Silvia Cattori : Sin duda usted tiene razones que le permiten asociar a Ahmed Ben Bella con Boumédiène y Bouteflika. Ben Bella, invitado a la tribuna principal y muy aplaudido, como pude constatar en el Foro Social Europeo (FSE) en Florencia, Italia, en noviembre de 2002, sigue siendo muy apreciado. ¿Qué tiene en común con ellos?

Lounis Aggoun : Ben Bella es el hombre que confiscó a los argelinos la libertad. A ese título, asume la mayor responsabilidad en la desgracia de su pueblo. No recuerdo haber oído de su boca un inicio de autocrítica desde que fue destituido, al contrario, cada vez que interviene es para agobiar a los mejores cuadros políticos de la revolución y para justificar la suerte que les ha sido reservada (con frecuencia sus asesinatos). Que dé el pego en los foros mundiales es significativo de la eficacia del trabajo de los historiadores y de los periodistas. Por lo que se refiere a los organizadores de estos foros, con frecuencia son las mismas personas que han sido acunadas por la aventura romántica que usted mencionaba y no desean más que los demás que se destruya a sus ídolos. Son muchos en la esfera de influencia comunista quienes tras haber sido engañados en 1938 apoyando a Stalin (antes de resituarse en la Resistencia -una vez al año no hace daño), después en 1956 votando a favor de otorgar poderes especiales al ejército [para actuar en Argelia] (de la misma manera apoyarán otra guerra sucia en 1992 pretendiendo querer salvar a los argelinos de sí mismos y tomando el relevo de una política completamente genocida, llamada sin complejos «erradicación»), creyeron rehacerse una virginidad apoyando al poder totalitario que se instalaba en Argelia. Convirtieron este apoyo en la obra positiva de sus vidas. Por mucho que ahora se les ponga en evidencia, prefieren mirar a otra parte.

Pero su pregunta merece ser ampliada. Cuando se descubren los horrores del actual poder, en comparación los crímenes del anterior parecen veniales (los 200.000 muertos de la década de 1990 son un crimen de masas imborrable, pero las vías destructivas en funcionamiento en aquel momento tendrán a largo plazo las más graves consecuencias). A fin de cuentas, viendo la década de 1990, considerada en perspectiva la de 1980 con Chadli parece bastante suave. Y si se tienen en cuenta los horrores de la década de 1980 de Chadli, el reino de Bumedian parece ser muestra de la edad de oro de la independencia argelina. Por lo tanto, conociendo las abominaciones del régimen de Bumedian, la era de Ben Bella (en la que, sin embargo, se fundó la dictadura) parece ser muestra de una época de ensueño. Además de que el tiempo calma los horrores engendrados por los sucesivos poderes, esto traduce el inexorable descenso a los infiernos de los argelinos. Es también esta realidad la que he querido repasar en el libro. Por lo que se refiere a los organizadores de foros sociales, nunca es demasiado tarde para salir del universo onírico en el que se encuentran y es de esperar que dejen de mezclar sus energías con las de los extremos que pretenden combatir…

Silvia Cattori : Todos los capítulos de su libro son apasionantes y merecen ser debatidos. En particular me gustaría hablar con usted de estos acontecimientos que usted describe con precisión y que desde 1988 preparan lo peor. Creo que pocas personas saben lo que ocurrió verdaderamente durante estos «años de sangre». Todo esto es extremadamente abrumador. ¿Hasta qué punto el rosto de Argelia ha quedado trastornado para siempre? ¿Cuando se podrá decir que todo esto pertenece al pasado?

Lounis Aggoun : Un pueblo enjaulado, eso es lo que son los argelinos hoy. Para escapar, hombres y mujeres liquidan todos sus bienes para poder comprar un hipotético pasaje a Europa en barcos destartalados que se hunden en alta mar o en barcos en los que corren el riesgo de ser arrojados por la borda por unas tripulaciones que no desean tener problemas con los servicios de inmigración de los países en los que atracan. Si el alma del pueblo argelino se desvive por escapar de la furia, el paisaje en el que evoluciona la población ha sido totalmente destruido.

Los argelinos deseaban la libertad, se les ha sumido en la dictadura. Quisieron imponer la democracia en 1988 y se les sumió en el horror. Hoy sólo conocen enemigos: quienes se pelean a las puertas de su casa para acaparar las riquezas (petróleo, gas, minerales …) que oculta su subsuelo. Hay también quienes venden armas al régimen que los asesina. Quienes querrían salvarles de su supuesta propensión a la barbarie y que experimentan con ellos el arsenal del terror. Quienes les acusan de todas las desgracias del mundo y que en nombre de ello se arrogan el derecho a machacarlos. No olvidemos a los medios de comunicación y a las elites occidentales que desinforman al respecto cuando hablan sobre ellos y que se volatilizan cuando se vuelve imperativo defenderles.

En diez años se descubrirá que las operaciones que se llevan a cabo hoy (por parte de un gobierno al que se recibe con gran pompa en los salones occidentales) son muestra de crímenes contra la humanidad. Y entonces se asistirá no a la condena de estos crímenes sino a la elaboración de nuevos crímenes aún más abominables que impedirán a la opinión pública occidental abordar en detalle los de hoy. Y, por consiguiente, hoy en día, naturalmente, para evitar que se traten los crímenes de la década de 1990, el poder está tratando de corromper a la población en lo que ésta tiene de más íntimo, sus engranajes sociales. Y en las columnas de los medios de comunicación franceses se retrata a este país que le estoy describiendo como Eldorado económico, un ejemplo de democracia.

Silvia Cattori : Hoy ha quedado claro que el Grupo Islámico Armado (GIA) era una emanación de los servicios de seguridad argelinos, una «organización tapadera». ¿Estaba claro para usted en la década de 1990?

Lounis Aggoun : Estaba claro para quienes habían escapado de las masacres desde el mismo momento en que enterraban a sus allegados. Pero, ¿qué vale la palabra de un torturado cuando nadie consiente en escucharlo, ni siquiera en entenderlo? Basta con no perder lo que es propio del ser humano, la facultad de razonar, para saber que si ciertos atentados eran, efectivamente, obra de islamistas radicales, los más emblemáticos, los que tuvieron mayor repercusión en Occidente, eran demasiado beneficiosos para el régimen y sólo para él como para no ser sospechosos: era esencial que no se hicieran preguntas sobre la identidad de quienes verdaderamente los habían ordenado. Pero, para qué sirve saber, para qué sirve incluso que todo el mundo lo sepa si las únicas palabras que se oyen en los medios de comunicación franceses hoy, diez o veinte años después de los hechos, repiten la misma cantinela falsa. Quienes hace quince años afirmaban ya que los emires más sanguinarios, por ejemplo, Djamel Zitouni y Ali Touchent, eran agentes del DRS (siglas en francés de Departamento de Información y de Seguridad) son algunos de los grandes responsables de los servicios de seguridad franceses. Es un secreto a voces. Esto no impide a los medios de comunicación hacer como si nadie lo supiera y soltar contrasentidos en todo el periódico.

Silvia Cattori : Quienes están al corriente de estas prácticas secretas que son muestra de la «estrategia de la tensión» que utilizan los Estados a espaldas de sus ciudadanos [4] saben o pueden comprender inmediatamente que todo lo que usted describe y que parece pertenecer a lo inimaginable, por desgracia es muy real, a saber, que un puñado de generales argelinos sumieron deliberadamente a su propio país en el caos con el objetivo de acusar al Frente Islámico de Salvación (FIS) [5] y que la «guerra de erradicación» contra los islamistas tenía unos móviles ocultos. Pero, ¿cómo podría imaginar el gran público, que está desinformado e ignora todo de estas maquivélicas estrategias, que los culpables no son islamistas sino los generales que los manipulan? ¿Sabe el pueblo argelino lo que verdaderamente se trama?

Lounis Aggoun : En primer lugar, para que una gran mentira sea viable debe basarse en una parte de verdad. En Argelia siempre ha habido y hay islamistas radicales. Hay islamistas que desean sumir al país en el terror. Hay islamistas que desearían reeditar las «hazañas» de la generación de 1954 contra el colono interior. Pero, como en toda sociedad, son una ínfima minoría a la que los resortes democráticos existentes habrían podido confinar en esta dimensión marginal. El poder, cuyas detestables intenciones se han confirmado, planificó (se trata de una premeditación y no de algo descontrolado) injertarse en esta minoría, a la que hizo crecer con sus propios efectivos, para empujar a los islamistas no a la moderación sino al radicalismo. A título de ejemplo, el « majliss echoura » del FIS, su instancia dirigente, pasó a estar en un momento dado bajo el control absoluto del DRS; algunos de sus dirigentes son hoy ministros de Buteflika o diputados y ofrecen el país al saqueo internacional. De todos los dirigentes de primera fila sólo Ali Benhadj era sin lugar a dudas un hombre sincero.

¿Cómo escapar a esta desinformación? Los argelinos lo saben y no se dejan engañar. Evidentemente, no hablo de los argelinos que frecuentan los periodistas u hombres de negocios franceses en los bares de Alleti o Aurassi y para los que la vida es bella. Hablo de la Argelia profunda, de la Argelia de tercera fila. Por lo que se refiere a los europeos que desean librarse de la ceguera saben que hay que leer y escuchar. Yo añadiría que «los franceses de la Francia profunda» padecen hoy los mismos ataques por parte del Estado francés y son víctimas al mismo título que los argelinos. Por ello, decir la verdad, toda la verdad, cuando se la conoce y siempre que se presente la ocasión es una operación de higiene pública que supera el marco de Argelia. Porque el mundo entero sigue un camino muy malo y lo que se ha convertido en la vida cotidiana de los argelinos corre un grave riesgo de «globalizarse». Y a continuación se acusará a los franceses de no haber sido lo bastante valientes para esquivar las ofensivas contra las que entonces se habrán vuelto impotentes…

Pero hay que examinar su pregunta con más perspectiva. En una manipulación no haya que confundir manipulador y manipulado(s), lo mismo que hay que distinguir al desinformador de las personas a las que engaña. No hay que caer en este defecto argelino que consiste en acusar a la víctima de ser víctima. Una sociedad sigue siendo compleja. Y si la gran mayoría dedica la poca energía de la que dispone para salir de ella, para librarse de la trampa en la que se le ha atrapado, no se la puede acusar de estar mal informada, de que le haya advertido mal. El daño se vuelve sobre aquellos cuya vocación es informarlo, advertirlo. No creo que al pueblo le guste que le mientan. De todos modos, todas las personas con las que me he cruzado después de la presentaciones del libro me han pedido en cuanto han acabado leerlo que les dijera más e incluso me han sermoneado por haber atenuado la amargura de una información. Ninguna de estas personas me ha acusado nunca de haber dicho demasiado. En cambio, la mayoría de los «guardianes de las líneas editoriales» que me han llamado para escribir se han apresurado a ponerme salvaguardas. Me han reprochado decir demasiado, describir una verdad demasiado cruda. En definitiva, me piden maquillar la verdad para, según creen ellos, no asustar al lector. ¿Acaso ignoran que la menor brecha en una verdad la envenena y mata?

Silvia Cattori : Durante estos años de represión salvaje François Mitterrand estaba en el poder en Francia. No parece que usted haya apreciado las implicaciones de su gobierno en este asunto. ¿Favoreció este gobierno la política de estos generales argelinos que multiplicaban las operaciones sangrientas contra su pueblo? ¿Las consideró realmente «la muralla defensiva contra el islamismo radical del FIS»?

Lounis Aggoun : La coartada de la «muralla defensiva contra el terrorismo» es cómoda. Es una burda artimaña para enmascarar secuestros a gran escala. La responsabilidad de François Mitterrand es monumental. Lo he demostrado. Pero Mitterrand es un hombre y la política es obra colegiada. Presidió gobiernos de izquierda y de derecha: de todos los políticos que le han rodeado no son muchos los que pueden jactarse de haber mostrado un sentido del honor concerniente a las relaciones con Argelia. Si la responsabilidad es compartida, la de François Mitterrand rebasa todos los límites en el sentido de que él tenía el poder de actuar en un sentido noble y sistemáticamente actuó de forma detestable. Se podrían escribir libros y libros sobre este asunto…

Dicho esto, no hay que minimizar los peligros del islamismo radical. Y muchos de los ex-dirigentes del FIS (aquellos que aspiraban a devolver al pueblo argelino su dignidad, incluso a costa de discutibles contorsiones culturales) tienen una enorme responsabilidad por haber contribuido, por descuido, a sumir al país en el caos. Pero, veinte años después de los hechos se siguen parapetando en el silencio y se niegan a aportar el testimonio que podría ayudar a los observadores a comprender mejor la historia reciente de su país. En otras palabras, se niegan deliberadamente a ayudar a su pueblo a conocer la verdad que les permitiría librarse de los tiranos que padece. Ejemplo entre otros, es más que evidente que su jefe, Abassi Madani, trabajaba hombro con hombro con el DRS. Hay muchas personas que pueden aportar su testimonio. No lo hacen. Esta falta es aún más mortal que las consecuencias de su amateurismo de hace veinte años.

Silvia Cattori : El Eliseo no podía ignorar que los atentados que causaban miles de muertos estaban controlados por los servicios secretos argelinos. ¿Qué interés tenía Francia en acabar con el proceso de democratización en Argelia y en utilizar la instrumentalización de la amenaza islamista?

Lounis Aggoun : La respuesta a su pregunta daría para escribir un libro, es el que acabo de publicar. El interés de Francia y de François Mitterrand no es algo a lo que se pueda responder puntualmente por medio de una afirmación o una negación. Es cuestión de dinámicas, de engranajes, de realpolitik, de depredaciones económicas, de chantajes, de prejuicios, de un espíritu de revancha mal consumido, a veces de miedo, etc. Además, no hay que confundir el interés de Francia con el de sus gobernantes. Cada día que pasa se demuestra que son incluso antinómicos.

Silvia Cattori : Por consiguiente, ¿las potencias occidentales permitieron a los generales argelinos abrir las puertas del infierno por no haber aceptado que prosiguiera el proceso democrático en Argelia y haber aprobado la irrupción por la fuerza del acceso al poder del Frente Islámico de Salvación (FIS)?

Lounis Aggoun : Una vez más, las dinámicas y los engranajes en funcionamiento se extienden durante años, durante décadas. Si se hubiera explicado a los dirigentes franceses que la interrupción de la democracia en Argelia en 1991 engendraría la década mórbida que se produjo después, sin lugar a dudas se lo habrían pensado dos veces. Pero el arte de un manipulador es hacer que las decisiones y los actos que pide ratificar o apoyar oculten las consecuencias que se desprenderían de ellos. Una vez que se revelan las consecuencias es demasiado tarde, hay que arreglárselas con la realidad y evitar que las cosas empeoren y, por consiguiente, apoyar a una dictadura a la que basta con presentar como una muralla defensiva contra lo peor.

Pero antes de ir más lejos, quisiera restablecer un hecho. Desde hace 20 años se pretende que la democracia en Argelia va a llevar a los islamistas al poder. Nada es más falso. Cuando su movilización era más fuerte, es decir, en el momento en que el régimen neutralizó a todas las fuerzas democráticas y ayudó al FIS a estructurarse, la popularidad que gozaban los islamistas no superaba el 30 %. En junio de 1991 unas elecciones legislativas deberían haber llevado al poder a una coalición democrática. Los generales argelinos simularon una guerra civil que duró una noche para acabar con el proceso democrático y eliminar al único gobierno que había actuado en interés del pueblo argelino, el gobierno Hamrouche. En cuanto se interrumpió el proceso democrático (con la aprobación del poder francés), el DRS designó un gobierno que tenía el objetivo de lanzar otro proceso electoral con el fin de que ganara el FIS y justificar el final de la democracia que no merecía el pueblo. Después de seis meses de una manipulación gigantesca el general Larbi Belkheir, artífice de esta operación, anuncia esta victoria cuidadosamente planificada de los islamistas. Sabemos lo que ocurrió después.

Silvia Cattori : Después de la desaparición de Larbi Belkheir y Smaïn Lamari, ¿qué ocurrió con las relaciones entre el régimen de Buteflika y el Eliseo? ¿Y con las actas que se han atribuido a Al-Qaeda en el Magreb islámico (AQMI)? ¿Qué se oculta tras este nombre?

Lounis Aggoun : La respuesta a su pregunta se reduce a una frase: el AQMI y el DRS son una misma organización y todo lo demás es literatura. Los sinsabores de Francia con el poder argelino provienen de que sus agentes más fieles (Larbi Belkheir y Smaïn Lamari) murieran respectivamente en 2010 y en 2007. Por lo tanto, Francia se encuentra con un interlocutor que no tiene la misma disposición respecto a ella. El actual amo del régimen, Tufik Mediene, prefiere jugar otras bazas, estadounidense, china, etc. Esta guerra subterránea es lo que en el terreno se traduce en secuestros y en las continuas humillaciones infligidas por el AQMI (el DRS) a Francia. Lo peor es que ni los políticos ni los periodistas, que han practicado permanentemente la mentira, pueden explicar los verdaderos entresijos. Y lo que encontramos en todos los platós de televisión es a los expertos-impostores de siempre, manipuladores para los que la vida de los rehenes tiene un valor ínfimo.

Silvia Cattori : En muchas ocasiones usted vuelve sobre el papel de Jack Lang, Hubert Védrine, Jean-Louis Bianco, Jacques Attali. ¿Por qué son particularmente censurables estos personajes, tan presentes todavía hoy en los medios de comunicación?

Lounis Aggoun : Algunos de estos hombres son buenos consejeros del poder en la sombra en Argelia, en torno a Larbi Belkheir. Por lo tanto, en diferentes grados son los arquitectos de la obra de este hombre: la destrucción de Argelia y de que se haya devuelto a su pueblo a los tormentos de una colonización peor que la colonización y que no osa decir lo que es…


Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI), es un seudo grupo islámico controlado por el DRS argelino, es decir los servicios de inteligencia de Argelia y que sirve a justificar la guerra al terrorismo y conceder una razón de existir y ejercer plenos poderes al régimen militar argelino.



Véase la segunda parte de la entrevista bajo el título:
Argelia, los años de sangre y el papel de los agentes de influencia


Tomado: voltairenet.org

22 nov 2010

Sarkozy, salpicado por los submarinos


Edouard Balladur y Nicolás Sarkozy
Esta densa trama empieza con una venta de submarinos y desemboca en pedidos ante la Justicia para que Nicolas Sarkozy preste testimonio en demandas judiciales contra Chirac y el ex primer ministro Dominique de Villepin.

El británico John Le Carré hubiese sentido un dejo de celos al leer la trama que hoy hace temblar a la clase política francesa. En su ojo más profundo se agitan las sombras de la venta de tres submarinos a Pakistán, el pago de comisiones a terceros, la financiación de campañas electorales, la rivalidad política secular entre dos candidatos presidenciales de la derecha, el ex presidente Jacques Chirac y el ex jefe de gobierno Edouard Balladur, y un atentado contra intereses franceses que dejó 15 muertos.

En esta densa historia que desembocó en pedidos ante la Justicia para que Nicolas Sarkozy preste testimonio y en demandas judiciales contra Chirac y el entonces secretario general de la presidencia, el ex primer ministro Dominique de Villepin. Participan dos intermediarios, uno de los cuales es el traficante de armas libanés Abdul Rahman El Assir, quien supo tener lazos con los círculos menemistas, con Monzer al Kazar y negocios nada claros en España. Todos los ingredientes de una novela palpitante se reúnen en un cuadro que nada tiene de ficción. El 8 de mayo de 2002, un atentado perpetrado por un kamikaze contra un bus que transportaba ingenieros franceses que trabajaban en la construcción de un submarino en el astillero naval de Karachi, Pakistán, dejó un saldo de 15 muertos, once de ellos franceses.

Testimonios, investigaciones de la prensa y el paciente trabajo de la Justicia esbozan un esquema típico de los negocios de venta de armas: el atentado fue cometido en represalias por la suspensión del pago de las comisiones, parte de las cuales volvían a Francia entre sombras para financiar la campaña electoral del entonces jefe de gobierno Edouard Balladur. Bajo la presión de las familias de las víctimas, la Justicia busca ahora esclarecer la responsabilidad de los políticos implicados con el contrato de las armas, varios de ellos, como el presidente Nicolas Sarkozy, ejercen hoy altos cargos.

El punto de partida es la venta, en 1994, de tres submarinos a Pakistán por un monto de más de mil millones de dólares. El Estado pagó una comisión de 6,25 por ciento a la empresa Sofma, encargada de exportar los productos militares franceses. Esa empresa, a su vez, hizo entrar en el juego a dos hombres de negocios libaneses, Ziad Takieddine et Abdul Rahman El Assir. Estos dos mediadores, a través de la empresa off-shore Mercor, cobraron poco más de unos 40 millones de dólares. Parte de esa suma estaba destinada a pagar a los intermediarios paquistaníes.

Sin embargo, se sospecha que un segmento de las comisiones regresó a Francia para alimentar las cuentas de la campaña electoral de 1995, cuyos dos protagonistas centrales, a la derecha, fueron el futuro presidente Jacques Chirac y el entonces primer ministro Edouard Balladur, en cuyo gabinete estaba Nicolas Sarkozy, a cargo de la cartera de Presupuesto y, luego, de la campaña electoral de Balladur. Chirac ganó las presidencia y, una vez en el poder, ordenó que no se pagara más lo pactado. El reembolso se detuvo en 1996, o al menos parte de él.

Seis años después, el 8 de mayo de 2002, un kamikaze hizo explotar una bomba contra el bus que transportaba a los ingenieros franceses que trabajaban en Karachi para la Dirección de las Construcciones navales, DCM. El atentado nunca fue reivindicado. Bin Laden se refirió a él en un mensaje y ello le valió que se le atribuyera la responsabilidad.

En 2008, un informe llamado Nautilus y elaborado por un ex integrante del contraespionaje francés estableció otra hipótesis: los responsables del atentado no fueron terroristas de Al Qaida sino una venganza de los sectores militares paquistaníes que no cobraron las comisiones. Uno de los agentes del contraespionaje que intervino en el informe Nautilus dice: “Las personalidades militares que instrumentalizaron el grupo islamista tenían una meta financiera: obtener el cobro de las comisiones no pagadas y prometidas por la red” –se trata de los dos intermediarios libaneses–. Hace apenas unos días, el ex ministro de Defensa Charles Millon confirmó ante un juez la validez de esa pista. Según Millon, la venta de los submarinos se realizó gracias a las comisiones que se pagaron, parte de las cuales, y así lo confirmó Millon, volvieron a Francia por caminos encubiertos.

En 1994, Nicolas Sarkozy, en su calidad de ministro de Presupuesto, portavoz y mano derecha de Balladur durante la campaña electoral, estaba en el camino de esa trama. Ello incitó a los familiares de los ingenieros asesinados a pedir a la Justicia el testimonio de Sarkozy y a presentar una querella judicial contra Chirac y el ex primer ministro Dominique de Villepin, quien, en los años del contrato, era secretario general de la presidencia. Ambos están acusados de “poner en peligro la vida del prójimo” y de “homicidio involuntario”.

Los abogados de los familiares acusan a Chirac de haber cortado el pago de las comisiones por “venganza” contra Balladur. Muchos telones oscuros tapan aún los vericuetos de esta historia, empezando por el tiempo transcurrido entre el momento en que Chirac ordena cortar el pago y el atentado, ocurrido casi siete años después.

En realidad, según reveló el diario Libération, las comisiones se siguieron pagando hasta 2001. El mismo diario descubrió ingresos irregulares en las cuentas de campaña de Edouard Balladur por un monto de casi dos millones de dólares (1995). Las pruebas fehacientes aún no existen pero sí una red de indicios y detalles que terminan por corroborar las sospechas que circulan desde hace varios años.

La investigación sobre este megaasunto dio lugar a inenarrables trabas. El informe Nautilus, que data de 2002, nunca llegó a manos de la Justicia. Los obstáculos puestos intencionalmente en el camino de la investigación son incontables. Entre el viernes y el sábado, este oscuro caso se trasladó al terreno de la confrontación política entre Sarkozy y De Villepin.

El ex primer ministro, enemigo acérrimo de Sarkozy, reconoció que existían “fuertes sospechas de retrocomisiones” y pidió expresamente ser interrogado por la Justicia. Sarkozy contraatacó de inmediato. El presidente denunció comentarios “de politiquería” y prometió entregar todos los documentos que están en su poder sobre el ya famoso legajo Karachi. Tal vez, con la mecánica del enfrentamiento político entre dos bandos de la derecha, la verdad salga a la superficie sin que lo esencial se disuelva en el secreto.

Desde París Eduardo Febbro

Tomado: Página 12

28 oct 2010

¿El primer gran conflicto social del siglo XXI ?




¿Y si éste fuera el primer gran conflicto social francés del siglo XXI ? Por su contexto, su importancia, sus formas y las aspiraciones que pone de relieve, el movimiento contra la reforma de las pensiones escapa a todos los antiguos clichés. Las formas inéditas del movimiento de las pensiones. Decodificación en diez puntos.

1. El gobierno ha perdido la batalla de las ideas.


El gobierno no ha llegado a convencer. El desacuerdo principal atañe el corazón mismo de su reforma : el aplazamiento de la edad legal de jubilación a los 62 años y hasta los 67 para una pensión plena. Esta opinión viene acompañada por un fuerte apoyo al movimiento social, hasta un 71% de opiniones favorables. La última encuesta BVA, realizada el 20 y 21 de octubre, habla de “un apoyo todavía masivo”, del 69%. “La Francia en edad de trabajar se muestra favorable al movimiento social en todas sus dimensiones (74%). Los jóvenes lo apoyan de forma aplastante (73%)”, analiza Gaël Sliman, director adjunto del instituto de opinión. Ayer, una encuesta Ifop para Ouest-France, mostraba que la continuación de la movilización está justificada para el 63% incluso después de la aprobación de dicha ley por el Senado.

2. Un sentimiento de injusticia que se desborda.

Los asalariados han hecho las cuentas rápidamente : el incremento brutal de la edad de jubilación a 62 y 67 años es una apuesta perdedora en cualquier caso. Además la reforma penaliza a los que comenzaron a trabajar jóvenes o a los que suspendieron sus carreras, o sea a los más frágiles. Mientras el gobierno ha encontrado billones de euros para salvar a los bancos durante la crisis, hace pesar la carga del 80% de financiamiento de su reforma de pensiones sobre los asalariados. La contestación social se afianza en este sentimiento de injusticia y se añade a una toma de consciencia de que sí hay dinero. “La guita está en L’Oréal” forma parte de los eslóganes favoritos en las manifestaciones. Un cerrojo ha saltado.

3. Asalariados que hablan de las condiciones y del sentido del trabajo…



“Ganas de reposar antes de palmar”, este eslogan coreado en las manifestaciones resume la cuestión : detrás del rechazo a trabajar más allá de los 60 años los trabajadores cuestionan el sentido del trabajo. La carrera por la rentabilidad y el dogma del “corto plazo” han desarrollado nuevas penalidades, físicas y morales. La semana laboral de 35 horas ha llevado a espacios de libertad pero muchas veces ha sido necesario hacer la misma tarea en menos tiempo. Nicolás Sarkozy no ha cesado de fustigar este “error”, pero olvida precisar que Francia mantiene una de las tasas de productividad horaria más altas del mundo. Sin contar con que, desde hace 20 años, la flexibilización de los horarios, la explosión de la precariedad, los tiempos parciales impuestos, se van comiendo poco a poco el dominio del “tiempo para uno mismo”. En este marco, la jubilación significa para muchos un espacio de libertad desligado de la relación salarial, un tiempo donde uno puede hacer lo que antes no pudo.

4. Las mujeres y la jubilación, ¡todo un símbolo !

A menudo invisibles, ahí están en primera fila. La reforma de las pensiones se revela como particularmente regresiva para las mujeres. Esta es sin duda una de las razones que hace de las desigualdades hombre/mujer un punto de crispación contra el texto gubernamental. Hoy en día, menos de la mitad de las mujeres validan una carrera completa a los 65 años. Para no sufrir la “rebaja” de su pensión, muchas no tendrán otra alternativa que continuar hasta los 67 años, mucho más allá de la esperanza de vida con buena salud, calculada para ellas en los 64 años. La reforma las penaliza en primer lugar, ellas que ocupan el 83% de los empleos a tiempo parcial. Peor todavía, esto se añade a reformas precedentes (1993 y 2003) que ya ampliaron la diferencia en las pensiones (826 euros de promedio para ellas contra 1 455 euros para los hombres). En este sentido, el derecho a la jubilación muestra que mantener el statu quo para las mujeres acarrearía un ahondamiento de las desigualdades de género. Abordar la cuestión a partir de estas lleva inevitablemente a la necesidad de “otra reforma de las pensiones”.

5. Un movimiento de solidaridad intergeneracional.

Después del contrato de inserción profesional (CIP) del que Edouard Balladour debió dar marcha atrás en 1993, hasta el contrato de primer empleo de Dominique de Villepin en 2006, que también éste tuvo que aparcar, los jóvenes se movilizan por los temas que tocan su futuro inmediato, en términos de estudios (reforma escolar) o de inserción profesional. Por primera vez los estudiantes han entrado al movimiento trayendo la idea del reparto del trabajo entre las generaciones. La unión con los trabajadores muestra una gran ansiedad acerca de su porvenir profesional. Mientras el desempleo alcanza al 25% de los jóvenes y la edad del primero empleo estable está alrededor de los 28 años, el aplazamiento de la edad de jubilación “bloquea” los puestos de trabajo. El desdén con el que el gobierno trata su compromiso, considerando que están siendo manipulados por los adultos, no hace más que atizar su cólera. Además los estudiantes manifiestan cada vez más su oposición a Nicolás Sarkozy. La ruptura con los jóvenes de 15 a 24 años es profunda. Entre un 70 y un 80% desaprueba la reforma de las pensiones y, en la misma proporción, la acción del jefe de Estado.

6. Los asalariados del sector privado se han incorporado masivamente al movimiento.


Ciertos comentaristas continúan sin verlo pero los trabajadores del sector privado están tan fuertemente movilizados como los del sector público. La locomotora del movimiento se encarna incluso en la figura del obrero ya que son los asalariados de las refinerías francesas los que encabezan la huelga. A diferencia del conflicto contra la reforma Juppé de 1995, los trabajadores del sector privado no hacen la huelga por procuración. Deciden un paro de trabajo cuando pueden, como pueden, a menudo por periodos de entre una a cuatro horas para salir a manifestar o a participar en una iniciativa. Se manifiestan masivamente, utilizando las jornadas programadas los sábados para hacer sentir su voz. Los obreros apoyan con firmeza el movimiento social : el 84% dice aprobar las huelgas y las manifestaciones, según un sondeo BVA para canal Plus publicado el viernes pasado.

7. Las fronteras de lo público y lo privado se desdibujan.


Se va haciendo cada vez mayor el número de manifestaciones, hasta 260 durante las jornadas de acción nacional. Se manifiestan en las grandes ciudades pero también, por ejemplo, en la isla de Ouessant o en Belle-Île, frente a las costas bretonas. Desde principios de octubre, el conflicto arraiga en las ciudades, los departamentos, donde cada día se llevan a cabo múltiples manifestaciones de carácter interprofesional. Personal ferroviario, funcionarios y trabajadores de refinerías y de la metalurgia se encuentran en la entrada de los depósitos de petróleo, en las estaciones, en las plazas públicas. Las horas de huelga se aprovechan para salir, exteriorizar la lucha, darle visibilidad. El viernes por ejemplo, 200 metalurgistas de Bas-Rhin fueron a ocupar la sede de la UIMM, patronal del sector, mientras que los de STX Lorient se daban un “paseo nocturno” al amanecer hasta el lugar de trabajo.

8. Un movimiento que se organiza para durar.

Desde el 7 de septiembre, cada jornada de movilización cuenta entre 2 y 3 millones de manifestantes, ¡algo nunca visto ! Se tiene consciencia de que hará falta más para hacer ceder al gobierno. Son muchos los que dicen “¡iremos hasta el final !”. Pero es necesario aprender a durar con unas nuevas condiciones ya que la crisis hace más difícil una huelga larga mientras el poder del estado juega la baza de la tensión para intentar convertir el movimiento en minoritario. Se trata pues de conseguir agarrotar la maquinaria económica sin perder el apoyo popular. De ahí vienen las operaciones de bloqueo de “puntos estratégicos” de la economía a menudo vacilantes, que no resisten frente a la intervención de la policía, nunca duran demasiado tiempo y siempre echan la culpa de la radicalización del movimiento al gobierno. En las empresas, el debate continúa para convencer a los indecisos. Se organiza para estar en un movimiento que sea permanente sin perder demasiado dinero.

9. La unidad sindical, un elemento de confianza.

Pilar del movimiento, la Intersindical no se doblega, aunque muchos le predigan divisiones cada vez que se reúnen. De entrada, las ocho organizaciones han trabajado juntas. Unidas por el carácter injusto de la reforma, se guardan las diferencias de enfoque sobre la cuestión de las pensiones partiendo de lo que les es común. Aunque la reforma de la representatividad sindical continúa al acecho, sus relaciones han madurado. Mientras que, durante decenios, los grandes movimientos sociales han sido esencialmente defensivos, esta vez han logrado imponer la idea de que existen alternativas y que es necesario negociar otra reforma.

10. La democracia, es escuchar lo que se expresa en la calle.

Desde su llegada al Elíseo, Nicolás Sarkozy considera que su legitimidad política surgida de las urnas le permite imponer un conjunto de reformas socialmente regresivas. Salvo que la reforma de las pensiones no estaba inscrita en el programa del presidente. No ha sido, por lo tanto, “mandatado” para liquidar la jubilación a los 60 años. Que él se atribuya esa autoridad, obstinándose a apelar la misma legitimidad electoral, acelera la crisis de confianza. La salida de tono del jefe de Estado, durante el consejo nacional del UMP en julio de 2008, declarando que “ahora, cuando hay una huelga, nadie lo advierte”, ha quedado en la memoria de todos. Desde entonces, no deja de aceptar a regañadientes la convicción, muy arraigada en Francia, de que la expresión de la calle es también un ejercicio de la democracia. El Gobierno ha impuesto un calendario apretado. Ha rechazado tomarse el tiempo necesario para negociar. Los asalariados vienen a recordarle que el derecho de huelga y de manifestación expresan la opinión mayoritaria de que su reforma no es la buena.

Paule Masson
Traducción: Toni Chumillas

Tomado: http://humanite-en-espanol.com/spip.php?article756

26 oct 2010

Trabajad más duro para ganar menos: la furia francesa en la jaula de la Unión Europea



Imagen: Sin Permiso


Ahí están de nuevo los franceses: de huelga, bloqueando el transporte, armando una buena por las calles, y todo simplemente porque el gobierno quiere elevar la edad de jubilación de los 60 años a los 62. Tienen que estar locos.
Supongo que esa es la forma en que se ve el actual movimiento de masas – o se muestra, por lo menos – en buena parte del mundo, y sobre todo en el mundo anglosajón.

Acaso lo primero que haya que decir respecto a las actuales huelgas masivas en Francia es que en realidad no tienen que ver realmente con "elevar la edad de jubilación de los 60 a los 62 años". Esto equivale a describir el libre mercado capitalista como una especie de puesto de limonada. Una simplificación propagandística de cuestiones muy complejas.

Les permite a los comentaristas arremeter contra puertas de par en par abiertas. Al fin y al cabo, observan sagazmente, la gente de otros países trabaja hasta los 65 años, de modo que ¿por qué van a librarse los franceses a los 62? La población envejece, y si no se eleva la edad de jubilación, el sistema de pensiones irá a la bancarrota teniendo que pagar las pensiones de tantos ancianos.

Sin embargo, el actual movimiento de protesta no tiene que ver con "elevar la edad de jubilación de los 60 a los 62". Se trata de mucho más.

Para empezar, este movimiento expresa la exasperación con el gobierno de Nicolas Sarkozy, que de forma descarada favorece a los superricos sobre la mayoría de la clase trabajadora de este país. Fue elegido con el lema, "Trabajar más para ganar más", y la realidad ha terminado siendo que se trabaja más para ganar menos. El ministro de Trabajo que introdujo la reforma, Eric Woerth, le consiguió a su mujer un empleo entre el personal de oficina de la mujer más rica de Francia, Liliane Bettencourt, heredera de L´Oréal, el gigante de los cosméticos, al mismo tiempo que como ministro a cargo del presupuesto hacía la vista gorda a sus abultadas evasiones fiscales.

Mientras las deducciones fiscales a los ricos ayudan a vaciar las arcas públicas, este gobierno hace lo que puede por echar abajo el conjunto del sistema de seguridad social surgido tras la Segunda Guerra Mundial con el pretexto de que "no nos lo podemos permitir".

La cuestión de las jubilaciones resulta bastante más compleja que la "edad de jubilación". La edad legal de jubilación significa la edad a la que puede uno jubilarse. Pero la pensión depende del número de años trabajados, o para ser más precisos, del número de cotisations del plan conjunto de pensiones. Con la excusa de "salvar al sistema de la bancarrota", el gobierno va elevando gradualmente el número de años de cotización de 40 a 43 años, dando indicios de que se ampliará aún más en el futuro.

A medida que se prolonga la educación y se empieza a trabajar más tarde, para tener una pensión completa la mayoría de la gente tendrá que trabajar hasta los 65 o los 67. Una "pensión completa" viene a estar en torno al 40% del salario en el momento de la jubilación.

Pero aun así, puede que no sea posible. Cada vez es más difícil encontrar empleos a tiempo completo y los patronos no necesariamente desean conservar empleados mayores. O bien la empresa desaparece y el trabajador de 58 años se encuentra permanentemente desempleado. Cada vez se vuelve más difícil trabajar a tiempo completo en un empleo asalariado durante más de cuarenta años, por mucho que uno quiera. De modo que en la práctica la reforma de Sarkozy-Woerth significa sencillamente reducir las pensiones.

Eso es, de hecho, lo que la Unión Europea ha recomendado a todos los estados miembros como medida económica, con la intención, como en el caso de la mayor parte de las actuales reformas, de reducir costes sociales en nombre de la "competitividad", queriendo decir competencia para atraer la inversión de capital.

Los trabajadores menos cualificados, que en lugar de proseguir sus estudios, hayan podido entrar en la población activa jóvenes, digamos a los dieciocho años, habrán estado inscritos en un plan durante cuarenta y dos años a la edad de 60 si consiguen, desde luego, seguir con empleo durante todo ese periodo. Las estadísticas muestran que su esperanza de vida es relativamente breve, de modo que necesitan dejar de trabajar pronto si quieren disfrutar de alguna clase de jubilación.

El sistema francés se basa en la solidaridad entre generaciones, en el sentido de que las cotizaciones de los trabajadores de hoy se destinan a pagar las pensiones de la gente hoy jubilada. El gobierno ha intentado sutilmente enfrentar a una generación contra otra, arguyendo que es necesario proteger el futuro de la juventud de hoy, que paga por los pensionistas del baby boom. Por lo tanto resulta extremadamente significativo que esta semana los estudiantes universitarios y de instituto se unieran al movimiento huelguístico de protesta. Esta solidaridad intergeneracional es un serio golpe al gobierno.

Los jóvenes son mucho más radicales incluso que los viejos sindicalistas. Son muy conscientes de la creciente dificultad de hacerse una carrera. La tendencia es que el personal cualificado entre en el mercado de trabajo cada vez más tarde, después de haber pasado por años de enseñanza. Con la dificultad de encontrar un puesto de trabajo estable, a tiempo completo, muchos dependen de sus padres hasta los 30 años. Es cuestión de simple aritmética darse cuenta de que en este caso no habrá jubilación plena hasta la edad de 70 años.

Productividad y desindustrialización

Como es ya práctica habitual, los autores de las reformas neoliberales las presentan no como elección sino como necesidad. No hay alternativa. Debemos competir en el mercado global. O seguís nuestra vía o vamos a la quiebra. Y esta reforma la dictó esencialmente la Unión Europea, en un informe de 2003, al concluir que hacer trabajar más a la gente era necesario para recortar los costes de las pensiones.

Estos dictados impiden cualquier discusión de los dos factores básicos que subyacen al problema de las pensiones: productividad y desindustrialización.

Jean-Luc Mélenchon, antiguo miembro del Partido Socialista que encabeza el Partido de la Izquierda [Parti de Gauche] relativamente nuevo, es casi el único dirigente político en apuntar que aun cuando haya menos trabajadores que contribuyan a los planes de pensiones, la diferencia puede compensarse con un aumento de la productividad. Desde luego, la productividad del trabajador francés está entre las más altas del mundo (es mayor que la de Alemania, por ejemplo). Además, aunque Francia tenga la segunda esperanza de vida más alta de Europa, también tiene la tasa de natalidad es más elevada. Y aunque sean menos los que tienen empleo, debido al paro, la riqueza que producen debería ser suficiente para mantener los niveles de las pensiones.

Ajá, pero he aquí el truco: durante décadas, conforme la productividad sube, los salarios se estancan. Los beneficios del aumento de la productividad se desvían al sector financiero. La hinchazón del sector financiero y el estancamiento del poder adquisitivo ha conducido a la crisis financiera, y el gobierno ha conservado el desequilibrio rescatando a los despilfarradores financieros.

Así que, lógicamente, conservar el sistema de pensiones exige básicamente elevar los salarios para que reflejen la mayor productividad: un cambio de política de verdadera envergadura.

Pero existe otro problema crucial ligado a la cuestión de las pensiones: la desindustrialización. Con el fin de mantener los elevados beneficios drenados por el sector financiero y evitar pagar salaros más altos, una industria tras otra ha desplazado su producción a países de trabajo barato. Las empresas rentables cierran mientras el capital sigue buscando beneficios aún mayores.

¿Es esto simplemente resultado inevitable del ascenso de las nuevas potencias industriales de Asia? ¿Es inevitable una rebaja de los niveles de vida de Occidente debido a su ascenso en Oriente?

Tal vez. Sin embargo, si desplazar la producción industrial termina por hacer bajar el poder adquisitivo de Occidente, eso lo sufrirán entonces las exportaciones chinas. La misma China está dando los primeros pasos para fortalecer su mercado interior. El "crecimiento orientado a la exportación" no puede ser la estrategia de todos. La prosperidad mundial depende en realidad de fortalecer tanto la producción interna como los mercados interiores. Pero esto exige la clase de política industrial deliberada que prohíben las burocracias de la globalización: la Organización Mundial del Trabajo y la Unión Europea. Operan con el dogma de la "ventaja comparativa" y la "libre competencia". Sobre la base del libre comercio, China se enfrenta actualmente a sanciones por promover su propia industria de energía solar, vitalmente necesaria para acabar con la mortal contaminación del aire que asola a ese país. Se trata la economía como un gran juego en el que seguir las "reglas del libre mercado" es más importante que el medio ambiente o las necesidades básicas de los seres humanos.

Sólo los financieros pueden salir ganando en este juego. Y si pierden, pues, bueno, consiguen de los gobiernos serviles más fichas para otro juego.

¿Punto muerto?

¿En qué acabara todo?

Debería acabar en algo así como una revolución democrática: una completa puesta a punto de la política económica. Pero hay razones muy poderosas para que esto no suceda.

Para empezar, no hay dirección política en Francia dispuesta y capacitada para dirigir un movimiento verdaderamente radical. Mélenchon es el que más se acerca, pero su partido es nuevo y su base aún es reducida. La izquierda radical se ve maniatada por su sectarismo crónico. Y hay una gran confusión entre la gente que se rebela sin programas ni líderes claros.

Los dirigentes sindicales son bien conscientes de que los empleados pierden un día de salario cada vez que van a la huelga, y lo cierto es que andan siempre inquietos tratando de encontrar modos de terminar una huelga. Los estudiantes son los únicos que no sufren esa limitación. Los sindicalistas y los dirigentes del Partido Socialista no piden nada más drástico que la apertura de negociaciones con el gobierno sobre los detalles de la reforma. Si Sarkozy no fuera tan tozudo, es una concesión que podría hacer el gobierno y que podría devolver la tranquilidad sin cambiar tantísimo.

Sería necesaria la milagrosa aparición de nuevos dirigentes para llevar adelante el movimiento.

Pero aunque esto sucediera, hay un obstáculo aún más formidable para un cambio básico: la Unión Europea. La UE, edificada sobre los sueños populares de una pacífica y próspera Europa unida, se ha convertido en un mecanismo de control social y económico en nombre del capital y especialmente del capital financiero. Además, está ligada a una poderosa alianza militar, la OTAN.

Abandonada a sus propios medios, Francia podría experimentar con un sistema económico más socialmente justo. Pero la UE está ahí precisamente para impedir esos experimentos.

Actitudes anglosajonas

El 19 de octubre, el canal de la televisión internacional francesa France 24 programó un debate sobre las huelgas entre cuatro observadores no franceses. Una mujer portuguesa y un hombre de la India parecían tratar de comprender, con moderado éxito, lo que está sucediendo. Por contraposición, los dos anglo-norteamericanos (el corresponsal en París de la revista Time y Stephen Clarke, autor de 1000 Years of Annoying the French) se divirtieron demostrando su autosatisfecha incapacidad para entender el país sobre el que se ganan la vida escribiendo.

Su rauda y feliz explicación: "Los franceses están siempre de huelga por diversión, porque lo disfrutan".

Un poco más tarde, el moderador mostró una breve entrevista con un estudiante de instituto que ofrecía comentarios serios sobre la cuestión de las pensiones. ¿Hizo esto vacilar a los anglosajones?

La respuesta fue instantánea. ¡Qué triste ver a un joven de dieciocho años pensando en las pensiones cuando debería estar pensando en chicas!

De modo que ya sea por divertirse, ya sea en lugar de divertirse, los franceses resultan absurdos para los anglo-norteamericanos acostumbrados a decirle a todo el mundo lo que ha de hacer.

Diana Johnstone: Miembro del Consejo Editorial de SinPermiso,es autora de Fools' Crusade: Yugoslavia, NATO and Western Delusions.

Tomado: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3665

18 oct 2010

Obreros y estudiantes franceses prosiguen su pulso con el Eliseo



Cada vez más estudiantes se suman a las protestas. Han bloqueado centenares de institutos, formado concentraciones espontáneas y protagonizado enfrentamientos con la policía.

Francia salió ayer de nuevo a la calle y cuando esto sucede, el Eliseo tiembla: no sería la primera vez que la presión popular logra frenar proyectos gubernamentales. Los poderosos sindicatos galos han llamado a la rebeldía ante la reforma del sistema de pensiones que planea el Ejecutivo de Nicolas Sarkozy, y que pretende elevar la edad de jubilación de los 60 a los 62 años.

Varios días llevan sucediéndose multitudinarias protestas en cientos de ciudades francesas. Ayer más de tres millones de personas volvieron a tomar las calles de Francia para mostrar su descontento con el alargamiento de la vida laboral.

A los trabajadores, que no quieren tener que pagar por las arcas sociales vacías, se les han sumados los estudiantes, que prevén un futuro en el que encontrar un empleo sea mucho más difícil, al permanecer estos ocupados por la generación anterior. La partida se ha iniciado y el pulso será duro. Que la cosa puede ir para largo lo saben los franceses bien: las acciones de protesta están convocadas por tiempo indefinido.

La mitad de los ferrocarriles de Francia ha dejado de circular. Las refinerías están bloqueadas y, aunque el Gobierno galo eche mano de sus reservas de combustible, no tendrá quién las transporte: los camineros también participan en la huelga. El queroseno en el aeropuerto de Charles de Gaulle podrá mantener activo el tráfico aéreo como mucho hasta el próximo lunes o martes. Y tampoco en los aeródromos trabaja gran parte del personal. Cuando los franceses emprenden la batalla, lo hacen en serio. “Es simplemente una cuestión de solidaridad. Sobre los motivos de la huelga se puede discutir, pero hay que ser solidario”, opinaba un hombre en la vacía Gare Nord de París.

Al paquete de reformas presentado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, ya le dio el visto bueno el Parlamento. Este miércoles se vota en el Senado y después tendrá que ser aprobado en la Asamblea General, la unión de las dos Cámaras. Austeridad y ahorro son las máximas del mismo: el déficit de las arcas públicas galas, de 32.000 millones de euros anuales, se encuentra en continuo crecimiento y en 2020 alcanzará los 50.000 millones de euros si no se frena. La ley propuesta es el único camino para lograr tal cosa, asegura el Eliseo. Pero que la senda pase por aumentar la edad de jubilación despierta las iras de los ciudadanos que, al contrario que sus gobernantes, no consideran que se trate de la medida acertada.

Tomado:  http://www.larepublica.es/spip.php?article21694

17 oct 2010

Francia: el gallo gálico despierta de nuevo a los trabajadores europeos.



Imagén: Revista Sin Permiso

La contrarreforma neoliberal sólo capitulará ante la fuerza del número y la pertinencia de las ideas.




Han bastado unos pocos meses para que los asaltos propagandísticos que presentaban la abolición de la jubilación a los 60 años como una consecuencia inevitable del aumento de la esperanza de vida se deshicieran, estrellados contra la lucidez de la opinión pública.

En el momento en que el conflicto que enfrenta a Nicolas Sarkozy con la mayoría del pueblo francés se agudiza, se ha recorrido ya un largo camino desde que el gobierno detallara su plan para retrasar dos años la edad de jubilación. Han bastado unos pocos meses para que los asaltos propagandísticos que presentaban la abolición de la jubilación a los 60 años como una consecuencia inevitable del aumento de la esperanza de vida se deshicieran estrelladas contra la lucidez de la opinión pública. Desde el arranque mismo de la empresa manipulatoria, los portavoces de la UMP [el partido de Sarkozy] y los ministros buscaron la falsaria "despolitización" de la contrarreforma, so capa de pretender salvar el sistema por solidaridad. Precisaban disimular como fuera, bajo el camuflaje del "pragmatismo", una ofensiva regresiva alcance civilizatorio. El sistema de jubilaciones fundado en la solidaridad intergeneracional expresa una manera de vivir juntos incompatible con el imperio del cada quién para sí, un imperio en el que los ricos vivirían al abrigo de su escudo fiscal mientas la masa de los asalariados tendría que trabajar durante más tiempo para no ver disminuida su pensión y caer en el sumidero de la pobreza.

Todo se había concebido para hurtarse a un verdadero debate: una discusión parlamentaria por vía de urgencia comenzada a comienzos del verano, la odiosa diversión de que fueron víctimas algunos miles de gitanos rumanos instalados en nuestro país… De nada sirvió. La derecha asiste a su derrota ideológica a cuenta del asunto de las jubilaciones. Una amplia mayoría de franceses consideran el proyecto injusto e ineficaz. El apoyo a popular a las huelgas, la amplia participación en ellas y en las manifestaciones que vienen encadenándose desde comienzos de septiembre van in crescendo, como reflejan dos encuestas de opinión encargadas por L'Humanité: más del 70% de los franceses apoyan al movimiento para la defensa de la jubilación plena a los 60 años, dice la primera (CSA, 10 de octubre de 2010); y la segunda, realizada por IFOP, precisa que el 56% de los ciudadanos exige al presidente de la república que abra ya un diálogo con los sindicatos…

"Sarkozy está jodido, la juventud ha salido" (Sarkozy, t'est foutu, la jeunesse est dans la rue): esta consigna, repetida mil veces en las manifestaciones, despierta pésimos recuerdos en las esferas dirigentes de la derecha. La solidaridad intergeneracional se ha puesto en macha, como hace cuatro años, durante las luchas que rumbaron el proyecto de primer contrato de empleo, aquel contrato de baja estofa que pretendía precarizar todavía más a los jóvenes en busca de empleo. Esos jóvenes que se manifiestan ahora junto a sus padres han sido insultados por la gente que rodea al jefe de estado y expuestos al riesgo de una explosión de violencia con intervenciones policiales a las puertas de varios establecimientos escolares. ¿Dónde está la voluntad de evitar los desórdenes? ¿Dónde se agazapan las tentaciones de provocación? Resultaría gravísimo que este poder buscara la realización de sus objetivos y la imposición de su programa de contrarreforma –rechazada por todos los sindicatos y por una gran mayoría de los franceses— poniendo por obra una estrategia de tensión. ¿Dónde quedaría entonces el sentido de Estado? El recurso a la fuerza contra los adolescentes y contra los trabajadores de las refinerías no es un buen augurio. En un enfrentamiento de tal magnitud, que revela a las claras el carácter regresivo y antihumanista del capitalismo y de las políticas neoliberales, un gobierno tan vinculado a los círculos empresariales como el señor Woerth [ministro de trabajo de Sarkozy; T.] lo está a la señora Bettencourt [propietaria de l'Oreal, y una de las primeras fortunas de Francia; T.], no renunciará fácilmente a su embestida contra las jubilaciones, si no es capitulando ante la fuerza del número y ante la pertinencia de las ideas. Una y otra están del lado del mundo del trabajo y de la juventud.

Jean-Paul Piérot
Editorialista del veterano periódico del movimiento obrero francés L'Humanité, fundado antes de la I Guerra Mundial por Jean Jaurès.

Tomado: http://www.sinpermiso.info/

24 sept 2010

Francia: Quinta jornada de huelga general contra el recorte de pensiones de Sarkozy


Nueva jornada de protestas y paros contra la reforma de pensiones de Sarkozy

La reforma de las pensiones impulsada por Nicolas Sarkozy ha sido respondida nuevamente con movilizaciones y paros en el Estado francés. Ha sido la quinta jornada de protestas convocada por los sindicatos en lo que va de año y la segunda en sólo 15 días, y será seguida, con independencia de su resultado, de otras dos ya convocadas para el próximo octubre.

Los líderes sindicales han asegurado haber igualado el número de manifestantes del pasado día 7 en el que, según sus cálculos, se movilizaron cerca de tres millones de personas.

Desde el Ejecutivo francés, sin embargo, afirman que ha habido un descenso tanto en el número de huelguistas como de manifestantes y aseguran qeu seguirán adelante con la controvertida reforma.

Las movilizaciones se han desarrollado en más de 200 ciudades y los transportes públicos han funcionado con muchas perturbaciones a causa de la huelga.

Los franceses vuelven a protestar contra el tijeretazo de Sarkozy

Acosado por varios frentes (crisis con Europa a causa de la deportación de gitanos, secuestro de cinco franceses en Níger por terroristas islamistas y tres en Nigeria por vulgares piratas), Nicolas Sarkozy ha vivido una nueva jornada convulsa. Los sindicatos franceses han llevado a cabo su quinta jornada de huelgas y protestas callejeras en lo que va de año (la segunda en menos de quince días) para forzar al Gobierno a que retire su polémica reforma de las pensiones, que prevé retrasar la edad legal de jubilación de los franceses de 60 a 62 años y de 65 a 67 años la edad a la que deberán pasar al retiro los asalariados que, no habiendo cotizado todo el tiempo preceptivo, quieran jubilarse con la pensión completa.

No se ha paralizado el país (ni siquiera París) pero a juicio de los sindicatos, las manifestaciones han reunido, en toda Francia, casi tres millones de personas, 300.000 más que en la anterior protesta, celebrada el 7 de septiembre. El ministerio del Interior ha rebajado mucho esa cifra, hasta los 997.000. Y lo que es más importante, menos que los 1.120.000 manifestantes que este ministerio contó el 7 de septiembre. Hasta ahora, había reconocido que cada manifestación crecía con relación a la anterior. Hasta ahora. Es decir, a ojos del Gobierno, el movimiento de protesta tocó techo hace dos semanas, comienza a desgastarse y a desfallecer. A su favor se cuenta el ligero menor seguimiento de la huelga en los trenes, por ejemplo.

Los sindicatos, sin embargo, consideran que la jornada ha sido un éxito completo. Bernard Thibault, secretario general del sindicato mayoritario CGT, ha avisado: "Si Sarkozy no escucha, habrá nuevas movilizaciones".

La manifestación de París ha reunido a muchos sindicalistas a muchos funcionarios (profesores de instituto, de colegios, de universidad, médicos y trabajadores de los hospitales...), a muchos jóvenes, casi adolescentes, que, con una pegatina que rezaba 60 años, mi libertad, expresaban ya su temor por su jubilación futura. También ha acudido otra mucha gente: Jérôme Sagoin, un empleado de una empresa textil, aseguraba al paso de la manifestación parisina por el boulevard Saint-Michel: "No soy sindicalista, ni siquiera muy político. Pero esta es mi tercera manifestación este año. No vengo solo por lo de las jubilaciones: vengo porque no me gusta la injusticia y el racismo que propugna este Gobierno".

Los sindicatos decidirán mañana cómo continuar. El calendario corre en su contra: el próximo 5 de octubre, el Senado comenzará a debatir la nueva ley, que ya ha sido aprobada por la Asamblea Nacional. Será muy difícil que Sarkozy ceda: hundido en los sondeos, vapuleado dentro y fuera de Francia, el presidente francés ha hecho de la reforma de las jubilaciones una cuestión de principios. Los ocho sindicatos convocantes lo saben. Algunos de ellos, por eso, esperan contraprestaciones que no resulten puramente cosméticas. Una de ellas, citada estos días en la prensa francesa, consiste en que las mujeres, grandes perjudicadas de esta ley según las centrales sindicales debido a que muchas encadenan contratos poco duraderos y pasan años sin cotizar, queden exentas de tener que jubilarse a los 67 años para cobrar la pensión máxima.

Tomado: Kaos en la Red

16 sept 2010

La infinita hipocresía de Occidente


Aunque hubo artículos sobre el tema antes y después del 1º de septiembre de 2010, ese día, el diario La Jornada, de México, publicó uno de gran impacto, titulado "El holocausto gitano: ayer y hoy", que recuerda una historia verdaderamente dramática. Sin añadir ni quitar una sola palabra de la información que ofrece, seleccioné los renglones textuales de su contenido que reflejan hechos realmente conmovedores, de los cuales, Occidente y, sobre todo, su colosal aparato mediático, no dice una palabra.

"En 1496: auge del pensamiento humanista. Los pueblos rom (gitanos) de Alemania, son declarados traidores a los países cristianos, espías a sueldo de los turcos, portadores de la peste, brujos, bandidos y secuestradores de niños.

"1710: siglo de las luces y de la razón. Un edicto ordena que los gitanos adultos de Praga sean ahorcados sin juicio. Los jóvenes y las mujeres son mutilados. En Bohemia, se les corta la oreja izquierda. En Moravia, la oreja derecha.

"1899: clímax de la modernidad y el progreso. La policía de Baviera crea la Sección Especial de asuntos gitanos. En 1929, la sección fue elevada a la categoría de Central Nacional, y trasladada a Munich. En 1937, se instala en Berlín. Cuatro años después, medio millón de gitanos mueren en los campos de concentración de Europa central y del Este."

"En su tesis de doctorado Eva Justin (asistente del doctor Robert Ritter, de la sección de investigaciones raciales del Ministerio de Salud alemán), afirmaba que la sangre gitana era sobremanera peligrosa para la pureza de la raza alemana. Y un tal doctor Portschy envió un memorándum a Hitler sugiriéndole que se los sometiera a trabajos forzados y a esterilización en masa, porque ponían en peligro la sangre pura del campesinado alemán.

"Calificados de criminales inveterados, los gitanos empezaron a ser detenidos en masa, y a partir de 1938 se los internó en bloques especiales en los campos de Buchenwald, Mauthausen, Gusen, Dautmergen, Natzweiler y Flossenburg.

"En un campo de su propiedad de Ravensbruck, Heinrich Himmler, jefe de la Gestapo (SS), creó un espacio para sacrificar a las mujeres gitanas que eran sometidas a experimentos médicos. Se esterilizó a 120 niñas cíngaras. En el hospital de Dusseldorf-Lierenfeld se esterilizó a gitanas casadas con no gitanos.

"Millares de gitanos más fueron deportados de Bélgica, Holanda y Francia al campo polaco de Auschwitz. En sus Memorias, Rudolf Hoess (comandante de Auschwitz), cuenta que entre los deportados gitanos había viejos casi centenarios, mujeres embarazadas y gran número de niños.

"En el gueto de Lodz (Polonia) [... ] ninguno de los 5 000 gitanos sobrevivió."

"En Yugoslavia, se ejecutaba por igual a gitanos y judíos en el bosque de Jajnice. Los campesinos recuerdan todavía los gritos de los niños gitanos llevados a los lugares de ejecución."

"En los campos de exterminio, sólo el amor de los gitanos por la música fue a veces un consuelo. En Auschwitz, hambrientos y llenos de piojos, se juntaban para tocar y alentaban a los niños a bailar. Pero también era legendario el coraje de los guerrilleros gitanos que militaban en la resistencia polaca, en la región de Nieswiez."

La música fue el factor que mantuvo en ellos la unidad que los ayudó a sobrevivir, como en los cristianos, los judíos y los musulmanes lo fue la religión.

La Jornada, en sucesivos artículos desde fines de agosto, refrescó los acontecimientos casi olvidados de lo que ocurrió con los gitanos en Europa, que afectados por el nazismo, fueron olvidados después del juicio de Nuremberg en 1945-1946.

El gobierno alemán de Konrad Adenauer declaró que el exterminio de los gitanos antes de 1943, obedecía a políticas legales de Estado; los afectados ese año no recibieron indemnización alguna. Robert Ritter, experto nazi en el exterminio de los gitanos, fue puesto en libertad; 39 años después, en 1982, cuando la mayoría de los afectados habían muerto, fue que se reconoció su derecho a la indemnización.

Más del 75 por ciento de los gitanos, que se calculan entre 12 y 14 millones, viven en Europa Central y del Este. Sólo en la Yugoslavia socialista de Tito los gitanos fueron reconocidos con los mismos derechos que las minorías croatas, albanesas y macedonias.

El órgano de prensa mexicano califica de "particularmente perversa" la deportación masiva de gitanos a Rumania y Bulgaria, ordenada por el gobierno de Sarkozy —judío de origen húngaro—; son las palabras textuales con que la califica. No se tome como una irreverencia mía.

En Rumania, el número de gitanos se calcula en dos millones de personas.



El Presidente de ese país, Traian Basescu, aliado de Estados Unidos y miembro ilustre de la OTAN, calificó de "gitana asquerosa" a una periodista. Como puede observarse, una persona sumamente delicada, y de cortés lenguaje.

El sitio web Univisión.com, comentó las manifestaciones contra la expulsión de gitanos y "xenofobia" en Francia. Alrededor de "130 manifestaciones debían tener lugar en Francia y frente a embajadas francesas de varios países de la Unión Europea, con el apoyo de decenas de organizaciones de derechos humanos, sindicatos y partidos de izquierda y ecologistas", informó la agencia noticiosa AFP. El extenso despacho habla de la participación de conocidas personalidades del mundo de la cultura como Jane Birkin y la cineasta Agnes Jaoui, recordando que la primera "formó parte, junto con el ex resistente contra la ocupación nazi de Francia (1940-1944) Stephane Hessel, del grupo que se entrevistó posteriormente con asesores del ministro de Inmigración Eric Besson.

"‘Fue un diálogo de sordos, pero es bueno que haya tenido lugar para mostrarles que gran parte de la población monta en cólera ante esta política nauseabunda’, indicó el portavoz de la Red de Educación sin Fronteras¼ "

Otras noticias sobre el espinoso tema, llegan de Europa: "El Parlamento Europeo colocó ayer en la picota [pública] a Francia y Nicolas Sarkozy por la repatriación de miles de gitanos rumanos y búlgaros en un tenso debate en el que se calificó de escandalosa y ridícula la actitud de José Manuel Durão Barroso y de la Comisión por su aparente pusilanimidad y por no condenar por ilegales y contrarias a derecho comunitario las decisiones de París", informa El País.com en un artículo de Ricardo Martínez de Rituerto.

El diario La Jornada publicó en otro de sus artículos, el impresionante dato social de que la mortalidad neonatal de la población gitana es nueve veces mayor a la media europea y la esperanza de vida apenas rebasa los 50 años.

Con anterioridad, el 29 de agosto, había informado que "aunque las críticas no hayan faltado —tanto por parte de las instituciones de la Unión Europea (UE) como por la Iglesia católica, la ONU y el amplio abanico de organizaciones pro migrantes—, Sarkozy insiste en expulsar y deportar cientos de ciudadanos de Bulgaria y Rumania —y por ende ciudadanos europeos— bajo la excusa del supuesto carácter ‘criminal’ de estos ciudadanos".

"Es difícil de creer que en 2010 —concluye La Jornada—, tras el terrible pasado de Europa en el terreno del racismo y la intolerancia, es todavía posible criminalizar a una etnia entera a través de su señalamiento en cuanto problema social."

"La indiferencia o inclusive el beneplácito frente a las acciones de la policía francesa hoy, italiana ayer, mas europea en general, deja sin palabras al más optimista de los analistas."

De repente, mientras escribía esta Reflexión, recordé que Francia es la tercera potencia nuclear del planeta, y que Sarkozy tenía también un maletín con las claves para lanzar una de las más de 300 bombas que posee. ¿Acaso tiene algún sentido moral y ético lanzar un ataque sobre Irán, al que condenan por la supuesta intención de fabricar un arma de este tipo? ¿Dónde está la cordura y la lógica de esa política?

Supongamos que Sarkozy de repente se vuelve loco, como parece ser que está sucediendo. ¿Qué haría en ese caso el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con Sarkozy y su maletín?

¿Qué ocurrirá si la extrema derecha francesa decide obligar a Sarkozy a mantener una política racista en contradicción con las normas de la Comunidad Europea?

¿Podría contestar el Consejo de Seguridad de la ONU esas dos preguntas?

La ausencia de la verdad y la prevalencia de la mentira es la mayor tragedia en nuestra peligrosa era nuclear.

Reflexiones de Fidel

Tomado: Cuba Debate
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