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5 abr 2009

G20 : 172 naciones ausentes de la foto oficial

El G20 deja fuera a la mayoría de los países obligados a pagar la factura de la crisis.
Los ausentes son más numerosos que los presentes. Mientras se abre la cumbre de los jefes de Estado y de gobierno de las 20 principales economías mundiales, a excepción de un puñado de representantes simbólicos, la inmensa mayoría de las naciones no están invitadas a Londres. « Los países en desarrollo y emergentes (…) no han contribuido a crear esta crisis, y sin embargo sus pueblos la están pagando como el resto del mundo », dijo hace unos días en la BBC la coordinadora de la ONG Ayuda en Acción, Claire Melamed. Según el Banco Mundial, 44 millones de personas están amenazadas de malnutrición. La Organización Mundial del Trabajo estima que « más de 200 millones de trabajadores podrían caer en la miseria absoluta, principalmente en los países en desarrollo y emergentes, en los que el sistema de protección social no existe », indica la declaración sindical internacional de Londres. El número de trabajadores pobres –que ganan menos de dos dólares (…) podría elevarse a 1.400 millones », prosigue el documento.
Mientras se rechaza a los Estados en los cuadros de honor, se condena a sus poblaciones a pagar la cuenta. Y se desprecia el principio « un país, un voto » con el pretexto de que las economías de 172 Estados estarían obsoletas. Una situación de hecho que tiene la virtud de enfurecer a Nicolas Sersiron, vicepresidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo en Francia : « Si se toman las cifras de análisis tipo del PNB, África no tiene influencia económica, dice, pero si nos paramos a observar lo que produce el continente en materia de minerales, metales o uranio, es decir, recursos imprescindibles para la viabilidad de las tecnologías del norte, sin esos recursos no existiría el desarrollo de los países ricos ». E insiste en la responsabilidad de las potencias económicas en el sometimiento del sur. « En la República Democrática del Congo (RDC), los países desarrollados imponen contratos leoninos que les permiten explotar los recursos naturales por cuatro duros. El gobierno de la RDC no aprovecha más que el 5% de las exportaciones de sus minerales que, por otra parte, se venden a los paraísos fiscales por debajo de su precio y después se revenden mucho más caros ».
Realmente, los « 20 » se van a limitar a dar un toque a algunos paraísos fiscales. En cambio, ni una palabra con respecto a la deuda de los países del sur que, sin embargo, es el corsé que hipoteca el desarrollo de esas naciones. La anulación de la deuda también sería un balón de oxígeno y un colchón para amortiguar los efectos del terremoto de la crisis, especialmente en la región subsahariana de África. En cuanto al papel del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, « desde siempre, esas instituciones están dominadas por Estados Unidos, que tiene derecho de veto », explica Nicolas Sersiron. Son las herramientas de dominación de los países ricos para su provecho ». Pero no se contempla ninguna reforma de esos instrumentos de chantaje económico. En cuanto a los objetivos del milenio inventariados por las Naciones Unidas para erradicar « las tragedias » humanas y sociales que sufren tres cuartas partes del planeta, es muy probable que acaben en la cuneta.
Frente a este sistema unilateral, « América del Sur traza un camino original », avanza Nicolas Sersiron. « La Alternativa Bolivariana para las Américas, que también va a crear un banco, es una transformación del paradigma ultraliberal, ya que sustituye la competitividad por la cooperación », analiza el vicepresidente del CADTM. El sur vela por el sur.
Cathy Ceibe
Tomado de L´Humanité

4 abr 2009

El doble discurso de un FMI deslegitimado

Los guardianes de la mafia financiera
Con la crisis internacional desatada en el verano de 2008, quedaron demolidos todos los dogmas neoliberales, saliendo a luz la superchería que representaban. No pudiendo negar sus fracasos, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (el FMI) pretenden haber abandonado las políticas neoliberales conocidas bajo el nombre de “consenso de Washington”. Aunque desacreditadas, estas dos instituciones aprovechan sin embargo la crisis internacional para volver a ubicarse en el frente de la escena.
Durante décadas, estas instituciones han impuesto por la fuerza medidas de desregulación y programas de ajuste estructural que han conducido invariablemente al impasse actual. Se trata de un real fiasco para el Banco Mundial y el FMI que hoy deben responder por sus actos ante la opinión pública mundial.
Por añadidura, sus previsiones económicas no son fiables: en noviembre de 2008, el FMI pronosticó un crecimiento mundial al 2,2% para 2009, luego lo corrigió al 0,5% en enero, y finalmente estimó, en marzo, que será negativo. En realidad, sus expertos defienden los intereses de los grandes acreedores ante los ciudadanos, cuyos derechos fundamentales cada vez son menos garantizados.
Mientras que la situación económica se deteriora rápidamente, los grandes banqueros del mundo se esfuerzan en dar al FMI desacreditado y deslegitimado el papel del caballero blanco 1 que va a ayudar a los pobres a hacer frente a las devastaciones de esta crisis. Ahora bien lo que sucede es lo contrario. Los principios defendidos por el FMI desde los años ochenta y combatidos por el CADTM desde su creación están todavía vigentes. Los Gobiernos que firman un acuerdo con el FMI para recibir fondos deben aplicar siempre las mismas recetas adulteradas, que degradan aún más las condiciones de vida de las poblaciones.
Bajo la presión del FMI dirigido por Dominique Strauss-Kahn, varios países enfrentados a los efectos de la crisis eligieron como factores de ajuste las rentas de los asalariados y las de los ciudadanos que reciben subsidios sociales. Letonia impuso una reducción del 15% en las rentas de los funcionarios, Hungría les suprimió el 13º mes (después de haber reducido las jubilaciones en el marco de un acuerdo previo) y Rumania está a punto de encaminarse también por esta vía. La poción es tan amarga que algunos Gobiernos vacilan. Por ello Ucrania juzgó recientemente como “inaceptables” las condiciones impuestas por el FMI, en particular, el aumento progresivo de la edad de jubilación y el aumento de las tarifas del alojamiento.
Es hora de denunciar el doble discurso del FMI y de Dominique Strauss-Kahn, que, por una parte, piden a la comunidad internacional aumentar los esfuerzos para lograr objetivos de desarrollo del milenio –ya transformados en objetivos bien poco ambiciosos- y, por otra parte, fuerzan a los Gobiernos a bajar los salarios de sus funcionarios públicos. Se trata de propugnar exactamente lo contrario de una verdadera política destinada a hacer frente a la crisis defendiendo el interés de los que son víctimas.
Para responder a la crisis de los años treinta, el Presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt había sido empujado por la movilización social a reducir el tiempo de trabajo aumentando al mismo tiempo los salarios, las asignaciones sociales y los derechos de los trabajadores, en particular, garantizando el derecho de sindicalización. Con el New Deal, Roosevelt había establecido una reforma fiscal que aumentaba los impuestos sobre el capital. El “socialista” Dominique Strauss-Kahn está bien lejos tener la grandeza de Franklin Roosevelt y sigue, cueste lo que cueste, defendiendo los intereses de los grandes acreedores que lo nombraron para ocupar ese lucrativo puesto 2.
Una vez más el FMI demuestra que es un dócil instrumento al servicio de los mismos que han provocado la actual crisis financiera. En este período de gran inestabilidad monetaria (como lo muestran las enormes variaciones en la paridad entre el dólar y el euro desde hace un año), el FMI se muestra incapaz de proponer la puesta en marcha de una tasa (o impuesto) del tipo Tobin-Spahn que reduciría las variaciones de las cotizaciones combatiendo la especulación y permitiendo juntar los fondos necesarios para erradicar la pobreza y liberar el desarrollo.
Además, desde su creación en 1944, la obligación de favorecer el pleno empleo figura explícitamente en la Misión del FMI que actúa entonces violando sus propios estatutos.
La crisis financiera y económica mundial destaca el fiasco de la desregulación de los mercados financieros así como también el fracaso del abandono del control sobre los movimientos de capitales, ambos predicados por el FMI. Eso hace indispensable la búsqueda de una nueva arquitectura internacional basada en el Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966) y sobre la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Desarrollo (1986). Pero tal lógica no podrá imponerse sin una inversión de las relaciones de fuerza. Si, bajo el empuje de las movilizaciones populares, un número suficiente grande de Gobiernos no establece tal alternativa, el Banco Mundial y el FMI estarán en condiciones de superar su crisis aprovechando la caída de los precios de los productos básicos, para llevar a los países débiles hacia una nueva dependencia de sus créditos, acción cuyo meollo será el objetivo de salvar al sistema en vez de satisfacer criterios humanos y ecológicos.
Por todas las razones mencionadas la única solución aceptable es la abolición del FMI y del Banco Mundial, y su reemplazo por instituciones radicalmente diferentes, centradas en la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales.
Notas al pie de la páginas:
1 En economía, empresa que acude en ayuda de otra que está sufriendo un intento de adquisición hostil (Nota del Traductor). 2 El salario anual de Dominique Strauss-Kahn alcanza 500.000 dólares (exonerados de impuestos)
Damien Millet Presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), (http://www.cadtm.org/), coautor con Eric Toussaint del libro “50 preguntas, 50 respuestas sobre la deuda, el FMI y el BM”.
Tomado Red Voltaire
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