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10 mar 2012
Recorrido fugaz por la geografía literaria uruguaya
Horacio Quiroga, Mario Benedetti o Eduardo Galeano son escritores que regularmente se mencionan por sus cuentos, poesías o reflexiones y también para nombrar a su “paisito”, como suelen llamar sus habitantes a Uruguay. País que en idioma guaraní puede significar “río de los pájaros” o “río de los caracoles”, pero que estaba habitado por indígenas charrúas, exterminados por los invasores españoles durante la colonización.
Oficialmente es la República Oriental del Uruguay y en el siglo XX se le conocía como “La Suiza de América” por sus logros en educación, salud e infraestructura. La instrucción pública de Uruguay fue uno de los modelos que tomó el magisterio venezolano. De hecho, con la llegada al país del pedagogo uruguayo Sabas Olaysola, se funda la Escuela José Gervasio Artigas, en Catia, en homenaje al máximo prócer de esa nación. Poco después, bajo su guía, se crearía la Escuela Experimental de Venezuela, al final de los años 30.
Ariel
Que la educación haya sido una preocupación en la Banda Oriental en los albores del siglo XX, se denota en Ariel, libro que José Enrique Rodó publicó en 1900, cuando apenas tenía 28 años, y que dedicó “a la juventud de América”.
Rodó postula “una concepción de la personalidad y, partiendo de ella, una visión del mundo, de la cultura, de la sociedad”, afirma Carlos Real de Azúa, para “alzarse frente al mundo y frente a los Estados Unidos, como símbolo exhaustivo de todo sentido de cultura”, escribió el crítico Alberto Zum Felde.
“Teniendo yo la pasión, el culto de la confraternidad intelectual entre los hombres de América, le envío un ejemplar de un libro mío que acaba de salir de la imprenta. Es, como Ud. verá, algo parecido a un manifiesto dirigido a la juventud de nuestra América sobre ideas morales y sociológicas. Me refiero en la última parte a la norteamericana. Yo quisiera que este trabajo mío fuera el punto inicial de una propaganda que cundiera entre los intelectuales de América. Defiendo aquí todo lo que debe sernos querido como latino-americanos y como intelectuales…”, escribió Rodó al ensayista venezolano César Zumeta.
Los escritores españoles Leopoldo Alas (“Clarín”) y Miguel de Unamuno, aprobaron las reflexiones de Rodó. “Ariel, en su único ejemplar conocido por nosotros, andaba de mano en mano sorprendiéndonos”, expresó alguna vez el Premio Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez, también español.
Ariel y Motivos de Proteo, de José Enrique Rodó fueron publicados en 1976 por la entonces recién fundada Biblioteca Ayacucho, precedidos por Doctrina del Libertador, de Simón Bolívar, y del Canto General, de Pablo Neruda.
Rama
Ángel Rama fue un intelectual uruguayo que se destacó por sus ensayos sobre cultura y literatura. Prácticamente fue confinado a Venezuela tras la negativa de la dictadura uruguaya de entregarle pasaporte. El 15 de septiembre de 1974 escribe en su diario: “No sé si paso a la categoría de ‘apátrida’ y deberé pedir a las Naciones Unidas que me reconozca como tal”. En 1977 se naturaliza venezolano.
Fue uno de los directores fundadores de la Biblioteca Ayacucho, a la que le dio el impulso inicial porque sabía que no iba a durar mucho en ese cargo debido a sus discusiones con los demás directores. Su obra La ciudad letrada; García Márquez, edificación de una cultura nacional y popular, entre otros ensayos, merecen atención en las aulas universitarias latinoamericanas.
“Citando a Marx expresamente, Rama concibe la imaginación como fuerza transformadora, y todo discurso estético como portador de ideología”, escribió Tomás Eloy Martínez en el prólogo de La crítica de la cultura en América Latina.
En 1959 formó parte del diario uruguayo Marcha en la dirección de las páginas literarias hasta 1968. También vivió y trabajó en Estados Unidos –en las universidades de Maryland y de Princenton–, hasta 1983. Un año antes le negaron la visa de residente bajo el argumento de la vieja ley de McCarthy de considerarlo “comunista”.
La poetisa uruguaya Alicia Migdal lo consideró un “renacentista”: “Pocos ensayistas como este uruguayo tuvieron tan cabal y detallado conocimiento de todas las literaturas y todos los procesos históricos de cada país de esta América. No se trataba sólo de información, ya que sólo con información no se piensa, se organiza y se concreta la Biblioteca Ayacucho […], un trabajo de equipo editorial que implicaba el conocimiento de quién es quién para cada trabajo, cada prólogo, cada edición. En esos años, que no superaron una década, se unificaron todos los intereses y saberes de Rama: el lector omnívoro, el crítico, el investigador, el editor, el docente, el hombre de empresa”.
Angel Rama murió en 1983, en Madrid, tras un accidente aéreo, en el que también perecieron su esposa, la escritora Marta Traba, y los escritores Jorge Ibargüengoitia y Manuel Scorza.
Quiroga
Horacio Quiroga nació en 1878 en Salto, Uruguay, “ciudad apacible de escasos miles de habitantes, distantes unos 500 kilómetros, tanto de Montevideo como de Buenos Aires, ciudades a las que se acostumbraba viajar descendiendo por el río Uruguay”, detalla Alberto Oreggioni, quien hace un repaso cronológico para la edición Cuentos, de Quiroga, de la Biblioteca Ayacucho.
Autor de Cuentos de amor de locura y de muerte (1917) propone en “El decálogo del perfecto cuentista” que se debe creer “en un maestro –Poe, Maupassant, Kipling, Chejov– como en Dios mismo”, escritores que marcaron notable influencia en su narrativa.
La brevedad de los muchos cuentos de Quiroga tiene una explicación. “Luis Pardo, entonces jefe de redacción de Caras y Caretas, fue quien exigió el cuento breve hasta un grado inaudito de severidad. El cuento no debía pasar entonces de una página, incluyendo la ilustración correspondiente. Todo lo que quedaba al cuentista para caracterizar a los personajes, colocarlos en ambiente, arrancar al lector de su desgano habitual, interesarlo, impresionarlo y sacudirlo, era una sola y estrecha página. Mejor aún: 1.256 palabras”, rememora el autor de Cuentos de la selva en el artículo “La crisis del cuento nacional”.
Publicado en La Nación de Buenos Aires el 11 de marzo de 1928, Quiroga advierte: “El que estas líneas escribe, también cuentista, debe a Luis Pardo el destrozo de muchos cuentos, por falta de extensión; pero le debe también en gran parte el mérito de los que han resistido”.
Su vida estuvo marcada por la tragedia. Su final no pudo ser de otro modo; al ser notificado que sufría de cáncer, ingirió cianuro el 18 de febrero de 1937 y murió al día siguiente en el Hospital de Clínicas en Buenos Aires.
Onetti
“El jurado del Premio Cervantes ha tenido en esta ocasión la quijotesca ocurrencia de otorgar esa gran distinción a alguien que desde su juventud estaba acostumbrado a ser un perdedor sistemático, a un permanente segundón que hasta entonces sólo había pagado a placé –o a colocado, como se dice en España– y que no tenía ninguna victoria en su palmarés”, dijo Juan Carlos Onetti en la recepción del Premio en 1980.
A pesar de sus palabras, “el perdedor sistemático” obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Uruguay 1959-1960 cuando solo había publicado media docena de novelas, y en 1972 escritores de diferentes generaciones, encuestados por el semanario Marcha, lo distinguieron como el mayor narrador uruguayo de los últimos 50 años.
Gracias al manuscrito de su primera novela, Tiempo de abrazar, conoció a Roberto Arlt en la sala de redacción del diario El Mundo. Allí, leyó el escrito de Onetti, frente a él y su amigo Italo Constantini (Kostia). El siguiente diálogo lo relató en el prólogo de la reedición de El juguete rabioso, de Arlt:
“–Dessime vos, Kostia –preguntó [Arlt]–, ¿yo publiqué una novela este año?
–Ninguna. Anunciaste pero no pasó nada.
–[…] Entonces, si estás seguro que no publiqué ningún libro este año, lo que acabo de leer es la mejor novela que se escribió en Buenos Aires este año. Tenemos que publicarla.”
Onetti no precisa la fecha de este encuentro, pero solo se conoce que Tiempo de abrazar apareció en 1974, 35 años después de que se publicara su primera novela: El pozo. “En aquel tiempo Buenos Aires no tenía, prácticamente, editoriales. Por desgracia. Hoy tiene demasiadas, también por desgracia”, escribió.
En Venezuela, la editorial Monte Avila reunió El pozo, Los adioses, La cara de la desgracia, Tan triste como ella y Para una tumba sin nombre y la publicó bajo el título de Cinco novelas cortas, en 1968.
Onetti respondía a cortapisas, como un credo: “Cuando yo me pongo a escribir es la hora de la verdad, y con la verdad no hay cuentos chinos. Acepto que mi literatura sea de esa manera, como la describen [sombría e impiadosa], pero no hay ninguna contradicción. Es aquel famoso ‘distanciamient’ del que hablaba Brecht. […] Pienso que la vida es así; si hay ternura, sale, si hay posición política, sale, quiera o no lo quiera el autor. Pero esas cosas no hay que proponérselas, van a aparecer solas, siempre y cuando estén en la vida.”
Marcha
En el mismo año que apareció El pozo, 1939, comenzó a circular el semanario político cultural más importante de Uruguay: Marcha. Su director, Carlos Quijano, logró reunir a la intelectualidad nacional, escritores y poetas que hacían de periodistas y viceversa: Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Onetti como secretario de redacción, Rama dirigiendo las páginas culturales, María Esther Guilio, Carlos Martínez Moreno, Alfredo Zitarrosa –que se destacaría como cantautor en el exilio en la década de los 70–, Hugo Alfaro, entre una larga lista.
Marcha fue cerrada por la dictadura cívico militar uruguaya en 1974. Quijano prosiguió su vida en el exilio, en México, y culminó una década después.
Finalizada la dictadura, en 1985 se crea el semanario Brecha con buena parte del antiguo equipo que acompañó a Quijano.
Benedetti
La poesía de Mario Benedetti está en las bocas de las recientes parejas, como si fuera escrita para ellos o por ellos. Y quizá no recuerden el nombre del bardo, ni cómo llegaron a sus versos, pero seguro increparán con el mismo derecho que el personaje de El cartero de Neruda, de Antonio Skármeta, cuando le dijo al poeta: “¡La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la usa!”
En sus cuentos y novelas, también en su poesía y su dramaturgia, se pasean las voces de las uruguayas y uruguayos, sus cotidianidades y nostalgias, exilios y desexilios. “Cuando uno llega a percibir que una calle no le es extranjera, solo entonces la calle deja de mirarlo a uno como extranjero”, escribió en Primavera con una esquina rota.
Defensor inquebrantable de la revolución cubana, también dedicó parte de su obra escrita para discutir sobre el papel del escritor y la revolución en Latinoamericana.
Sus primeras novelas, Quien de nosotros y La tregua, así como los libros de cuentos Montevideanos y La muerte y otras sorpresas, entre otros, aparecieron bajo el sello editorial Alfa, de Benito Milla, quien llevó a cuestas su editorial a Buenos Aires en la década de los 60 y luego a Venezuela en los 70, donde está radicada actualmente.
“Cada vez que salía un libro de Benedetti, Montevideo era un rebullicio. Las gentes hacían fila a las afueras de las librerías, antes de que abrieran, cuando sabían que llegaba un nuevo libro de Mario”, confesó hace un lustro de años, en Caracas, el editor sucesor de Alfa, Leonardo Milla.
Galeano
Primero fue dibujante y firmaba Gius, en vez de Hughes, lo que publicaba en el semanario socialista El Sol. Un automóvil se fue contra su cuerpo de 19 años e hizo que lo dejara en coma. Al retomar conciencia y poder escribir, Eduardo comenzó a firmar con su segundo apellido: Galeano.
Las venas abiertas de América Latina desde el epígrafe tomado de la proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en La Paz, 16 de julio de 1809: “…Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez…”, Galeano con una investigación rigurosa advierte al lector que la historia oficial ha ocultado el crimen y despojo al que fue sometido nuestro pueblo americano.
“Yo fui un pésimo estudiante de historia”, confiesa Galeano en Memorias del fuego, libro que no es una antología, ni testimonio, ni crónicas, pero sí es una contribución “al rescate de la memoria secuestra de toda América.”
Autor de textos literarios y de periodismo en sus inicios, consiguió un estilo personal a partir de su libro Días y noches de amor y de guerra, por el que obtuvo el premio Casa de las Américas, en 1978.
Uruguay
Nombrar Uruguay, es también decir Poemas de amor de Idea Vilariño, “considerado un clásico del género, pero curiosamente ninguno de los poemas fue incluido en la antología Poesía Amorosa Latinoamericana editada por Biblioteca Ayacucho”, reclama con justeza la poeta venezolana Blanca Elena Pantin; la narrativa y poesía de Mauricio Rossencoff, rehén de la dictadura junto con Raúl Sendic, Pepe Mujica, entre otros militantes Tupamaros; el ahora novelista Ugo Ulive, pero que también es dramaturgo y cineasta; escritores emergentes o con recorrido, como Fernanda Trías o Tomás de Mattos, respectivamente.
Uruguay es la editorial Trilce haciendo malabarismos para no dejarse torcer el brazo por el mercado; y es el ganador de Casa de las Américas Napoleón Baccino Ponce de León, por su novela Maluco, que también “debió ganar el Rómulo Gallegos”, en 1991, llegó a decir en las aulas de la UCV Adriano González León. La lista es extensa, pero es mejor pasear por la Feria del Libro para ver qué nos trae Uruguay.
Raúl Cazal / AVN
Tomado: AVN.info.ve
13 ene 2012
Galeano en Cuba y en Casa: “Ninguna Revolución tan ofrecida a los demás como la cubana”
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Galeano junto al presidente de Casa de las Américas, el escritor Roberto Fernández Retamar este 12 de enero. |
Cuando restan apenas unos días del encuentro de esa obra y sus lectores cubanos, el portal informativo de la Casa de las Américas, La Ventana, recogió algunos momentos del primer encuentro de Eduardo Galeano con la prensa.
De vuelta a Cuba y a la Casa, sin haberme ido
«Estoy muy contento de volver a la Casa y a Cuba. A la Casa de las Américas, que es mi casa, y a Cuba porque, aunque hace años que no vengo, siento como que vuelvo sin haberme ido. Cuba siguió siempre viva dentro de mí, en mis palabras, en mis actos y en mi memoria: todo lo que de aquí recibí, en una relación en la que yo jamás oculté ninguna de mis discrepancias o mis dudas; pero tampoco oculté mi admiración por esta Revolución que es un ejemplo de dignidad nacional, en un mundo donde el patriotismo es el obligado privilegio de los países ricos y poderosos, pero negado a los pequeños y pobres.
«No conocí en mi vida otro país tan solidario como este, ninguna Revolución tan ofrecida a los demás como ha sido y es la Revolución cubana. Todo el resto son espacios de debate, de dudas que están siendo en alguna medida respondidas por este proceso de cambios que la Revolución está viviendo ahora y a los cuales, quienes la queremos, damos la bienvenida».
Las venas abiertas de un autor de cabecera
«Con Las venas abiertas de América Latina tengo una relación como la de Quino con Mafalda. A Quino le identifican con ella y él la reconoce como una criatura suya, pero a veces le irrita Mafalda porque el resto de su obra queda opacada por el prestigio de esa niña terrible. Con Las venas… me pasa lo mismo. Se ha convertido en un libro de enorme difusión al cabo de los años, lo que ha conspirado contra la repercusión que me habría gustado ver en obras posteriores. Es una relación contradictoria, pero comparto con Hegel, Marx y los indios precolombinos que la contradicción es el motor de la historia, así que no me sorprende que la habite yo mismo.
«Escribí el libro para poder llegar a tiempo al concurso Casa. Recoge cuatro años de viajes y andares, que cristalizaron en ese libro escrito en noventa noches. Trabajaba en la universidad y en editoriales privadas, ocupándome de corregir textos sobre la vida sexual de los ratones, y solo por la noche escribía en máquina (aún no había conocido el placer enorme de escribir a mano). Noventa noches sin dormir hicieron posible que entregara a la embajada de Cuba el original de Las venas… que perdió el concurso. ¡Mi amor por la Casa de las Américas no empezó siendo correspondido [ríe], era como una pasión inútil!
«Aquel jurado de prestigiosas figuras de la izquierda, según supe después, consideró que el libro no era lo suficientemente serio como para recibir el Premio. Era un periodo en el que todavía la izquierda confundía la seriedad con el aburrimiento. Por suerte, eso fue cambiando y en nuestros días se sabe que el mejor aliado de la izquierda es la risa».
Espejos para una historia universal
«Es un libro que anda por unas cuantas ediciones. Es el penúltimo, porque acabo de publicar Los hijos de los días.
«Espejos. Una historia casi universal se ha traducido a varias lenguas. Es una tentativa de colaborar a la recuperación del arcoíris terrestre. No es que tenga la certeza, pero sí la sospecha, de que el arcoíris terrestre contiene más fulgores que el celeste. Es más hermoso el nuestro que el de los dioses de arriba. Quería ayudar a recuperar esos colores perdidos porque estamos ciegos, mutilados por una larguísima tradición de racismo, de machismo, de elitismo, de militarismo y de otros “ismos” que nos impiden descubrirnos en toda la plenitud de nuestra belleza posible.
«Espejos es un libro que recoge esas voces que nos ayudan a sabernos bastante mejores de lo que creemos que somos».
Indignos o indignados: no se puede ser neutral
«Las esperanzas andan por todas partes, no solamente donde salen a la luz pública o convocan la atención publica. Eso va creciendo como el moho en la piedra, como decía Violeta Parra, muy lentamente, como crece el amor. Sería injusto que mencionara como ejemplos a un país u otro, porque además no creo en esas cosas. Creo que los procesos de cambio que de veras se dan, crecen de abajo hacia arriba y de adentro hacia afuera, de modo que a veces son silenciosos, casi secretos, pero existen en todas partes y a veces nos sorprenden.
«Por ejemplo, este fenómeno mundial de los indignados estalló de golpe y no hay quien lo pare, porque la indignación tiene una capacidad de contagio sorprendente. Es una de las buenas noticias que el mundo tiene, más allá de las etiquetas que le quieran poner a las cosas, si de izquierda o de centroizquierda. Lo que importa es confirmar que el planeta está dividido entre los indignos y los indignados, en un mundo que obliga a la indignidad. Neutral no se puede ser».
Otra vez, nos duele Roque
El pasado 9 de enero, un tribunal salvadoreño declaró que el caso que condena a los principales acusados del asesinato de Roque Dalton ha prescrito. Galeano, quien se ha declarado más de una vez «uno de sus principales dolientes», dijo a La Ventana que la decisión «es una infamia»:
«Borges escribió una historia universal de la infamia, pero se quedó corto. La capacidad de infamia no cabe en tomos: se fecunda todo el tiempo como la capacidad de alegría. Roque fue condenado por tener un indoblegable sentido del amor y del humor, lo mataron por discrepar. Fuimos muy amigos, me devolvía la alegría cada vez que nos encontrábamos. Nada que ver con otros intelectuales de izquierda que cometen el pecado de la solemnidad, uno siente que habla con una estatua. Roque era muy de carne y hueso. Quienes lo mataron son unos criminales. En uno de los escritos que integran este libro nuevo yo digo que lo mataron por desobediente. Lo leeré el martes 17 en la Casa, cuando lea también algunos fragmentos de Espejos».
La Ventana
Tomado: Lapupilainsomne.wordpress.com
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7 may 2011
Eduardo Galeano: “La independencia en América Latina es una tarea por hacer”
El escritor uruguayo Eduardo Galeano afirmó en Montevideo que la independencia es todavía una tarea por hacer y criticó las celebraciones del bicentenario que se realizan este año en varios países del continente.
Durante una conferencia que dictó la noche de este miércoles en un auditorio del centro de Montevideo, Galeano centró sus críticas en las cartas magnas de algunos países, incluida la del suyo.
Las constituciones fueron la prueba más evidente de que lo conquistado fue una libertad de comercio. En realidad, la independencia sigue siendo para nosotros una tarea por hacer.
Explicó que aquellas constituciones de comienzos y mediados del siglo XIX consagraron injusticias y desigualdades siempre en perjuicio de los más pobres, débiles y desamparados de estas tierras.
En Uruguay la primera Constitución, que data de 1830, “negaba la ciudadanía a mujeres, analfabetos y esclavos, entre otros. Sólo uno de cada diez uruguayos tuvo derecho a ser ciudadano del nuevo país. Y 95 por ciento no pudo votar en las primeras elecciones.
Y así fue en toda América, de norte a sur. Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes peleando por ella se habían jugado la vida. Y las mujeres, los jóvenes, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Las constituciones dieron prestigio legal a esa mutilación.
Al citar algunos de los textos de su libro Espejos y otros anteriores, Galeano recordó que Bolivia tardó 181 años en enterarse de que era un país de amplia mayoría indígena. La revelación ocurrió en 2006 cuando Evo Morales, un indio aymara, pudo consagrarse presidente por avalancha de votos. Y ese año Chile se enteró de que la mitad de la población son mujeres y Michelle Bachelet fue presidenta.
Durante su conferencia, organizada por el sistema de radios públicas del Estado uruguayo, en un ciclo denominado celebrar la palabra, Galeano rindió homenaje a lo que consideró héroes de la historia, pero que no son recordados, como el caso de Solano López, en Paraguay, o Simón Rodríguez, en Venezuela, recién ahora reivindicados por los actuales gobiernos.
También rindió tributo a Haití, el primer país verdaderamente independiente de América Latina y por eso duramente castigado durante todos estos años. Nunca le perdonaron que un grupo de negros esclavos le haya propinado una brutal paliza al poderoso ejército de Napoleón, recordó el escritor.
Y reservó un capítulo especial de su disertación para referirse al prócer nacional José Artigas (1764-1850) a quien atribuyó la primera reforma agraria, un siglo antes que (Emiliano) Zapata y medio siglo antes que Abraham Lincoln. El que vivió peleando para que la independencia no fuera una emboscada contra los más pobres de América, dijo.
Tantas estatuas que sobran… pero las que faltan son casi tantas como las que sobran, agregó el autor de Las venas abiertas de América Latina.
Al citar a Simón Rodríguez remarcó: Somos independientes pero no somos libres. Este maestro venezolano advertía que instruir no es educar. Enseñar logra que alguien sepa, pero si se educa se logrará que alguien haga. A quien no sabe cualquiera lo engaña y a quien no tiene cualquiera lo compra.
Galeano instó a empezar a pensar con las propias cabezas, a sentir con los propios corazones y caminar con sus propias piernas como una forma de ir avanzando hacia la definitiva independencia, individual y colectiva. Porque una nación no es otra cosa que una suma de personas, concluyó.
(Con información de La Jornada, de México)
Eduardo Galeano
Tomado: CubaDebate.cu
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La independencia es otro nombre de la dignidad
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2 mar 2011
“La independencia es otro nombre de la dignidad”
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| Fragmento del mural Muerte al invasor de Siqueiros, en la Escuela México, en Chillán, Chile. (Archivo Notimex). |
Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.
Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía del narcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.
Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.
Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día.
En la ciudad de Quito, al día siguiente de la independencia, una mano anónima escribió en una pared: Último día del despotismo y primero de lo mismo.
Y en Bogotá, poco después, Antonio Nariño advertía que el alzamiento patriótico se estaba convirtiendo en baile de máscaras, y que la independencia estaba en manos de caballeros de mucho almidón y mucho botón, y escribía: Hemos mudado de amos.
Y el chileno Santiago Arcos comprobaba, desde la cárcel:
–Los pobres han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron contra las tropas del rey.
Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.
Simón Rodríguez tenía fama de loco, y así lo llamaban: El loco. Decía locuras, como éstas:
–Somos independientes, pero no somos libres. La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en nuestra América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nuestra América no debe imitar servilmente, sino ser original.
Y también:
–Enseñemos a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.
Don Simón decía locuras, y hacía locuras. Allá por mil ochocientos veinte y pico, sus escuelas mezclaban a los niños y a las niñas, a los pobres y a los ricos, a los indios y a los blancos, y también unían la cabeza y las manos, porque enseñaban a leer y a sumar, y también a trabajar la madera y la tierra. En sus aulas no se escuchaban los latines de sacristía y se desafiaba la tradición del desprecio por el trabajo manual. Poco duró la experiencia. Un clamor de indignadas voces exigía la expulsión de este sátiro que ha venido a corromper a la juventud, y el mariscal Sucre, presidente del país que ahora llamamos Bolivia, le exigió la renuncia.
A partir de entonces, anduvo a lomo de mula, peregrinando por las costas del Pacífico y las montañas de los Andes, fundando escuelas y formulando preguntas insoportables a los nuevos dueños del poder:
–Ustedes, que imitan todo lo que viene de Europa y de los Estados Unidos, ¿por qué no les imitan la originalidad, que es lo más importante?
Este viejo vagabundo, calvo, feo y barrigón, el más audaz y el más querible de los pensadores de América, estaba cada día más solo, y solo murió.
A los ochenta años, escribió:
–Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mí.
Simón Rodríguez fue un perdedor. Según la escala de valores de este mundo, que sacraliza el éxito y no perdona el fracaso, los hombres como él no merecen memoria.
Pero, ¿acaso no está vivo don Simón en la energía de dignidad que hoy recorre nuestra América de norte a sur? ¿Cuántos hablan por su boca, aunque no lo sepan, como hablaba en prosa aquel personaje de Molière que no sabía que hablaba en prosa?
¿Acaso don Simón no nos sigue enseñando, un siglo y medio después de su muerte, que la independencia es otro nombre de la dignidad? Es verdad que todavía pesa, y mucho, la herencia colonial, que aplaude la copia y maldice la creación y admira, como denunciaba don Simón, las virtudes del mono y del papagayo. Pero también es verdad que son cada vez más los jóvenes que sienten que el miedo es una cárcel humillante y aburrida, y libremente se atreven a pensar con sus propias cabezas, sentir con sus propios corazones y caminar con sus propias piernas.
Eduardo Galeano
Tomado: La Jornada.unam.mx
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25 feb 2011
Entrevista a Eduardo Galeano en Méjico
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Recibe- Medalla del Bicentenario
10 feb 2011
El Orden Criminal del Mundo
"El orden criminal del mundo"
"En portada" programa dirigido por Juan Antonio Sacaluga, ofrece el jueves 14 de septiembre a las doce de la noche "El orden criminal del mundo", un reportaje en el que dos figuras internacionales analizan el orden del mundo.
El ensayista suizo Jean Ziegler, relator de la ONU, y el escritor uruguayo Eduardo Galeano, coinciden en calificar el orden del mundo de "criminal". Ambos ahondarán en todos y cada uno de los extremos de ese "orden criminal": el debilitamiento del estado nacional, el surgimiento de un nuevo tipo de capitalismo y la seducción drástica de derechos en todo el mundo, desmenuzando las causas del miedo cotidiano y la inseguridad global.
Junto a sus voces se escuchan también en el reportaje, como contrapunto, las de la ex ministra de cultura de Malí, Aminata Taoré; el juez Baltasar Garzón; el dirigente campesino colombiano Hector Mondragón, el jurista norteamericano William Goodman o los españoles en África JoséCollada y Ángel Olarán.
"El orden criminal del mundo" cuenta con guión de Vicente Romero, imagen de Jesús Mata y Miguel del Hoyo y sonido de Carlos Días Oliván y Francisco Rueda.
EL ORDEN CRIMINAL DEL MUNDO
Uploaded by klaudia_daniela. - News videos hot off the press.
TVE ha publicado en Internet el documental: "EL ORDEN CRIMINAL DEL MUNDO", interesante ya que nos entrega una mirada critica del modelo económico y la sociedad en la que sólo algunos se ven beneficiados.
"En portada" programa dirigido por Juan Antonio Sacaluga, ofrece el jueves 14 de septiembre a las doce de la noche "El orden criminal del mundo", un reportaje en el que dos figuras internacionales analizan el orden del mundo.
El ensayista suizo Jean Ziegler, relator de la ONU, y el escritor uruguayo Eduardo Galeano, coinciden en calificar el orden del mundo de "criminal". Ambos ahondarán en todos y cada uno de los extremos de ese "orden criminal": el debilitamiento del estado nacional, el surgimiento de un nuevo tipo de capitalismo y la seducción drástica de derechos en todo el mundo, desmenuzando las causas del miedo cotidiano y la inseguridad global.
Junto a sus voces se escuchan también en el reportaje, como contrapunto, las de la ex ministra de cultura de Malí, Aminata Taoré; el juez Baltasar Garzón; el dirigente campesino colombiano Hector Mondragón, el jurista norteamericano William Goodman o los españoles en África JoséCollada y Ángel Olarán.
"El orden criminal del mundo" cuenta con guión de Vicente Romero, imagen de Jesús Mata y Miguel del Hoyo y sonido de Carlos Días Oliván y Francisco Rueda.
EL ORDEN CRIMINAL DEL MUNDO
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TVE ha publicado en Internet el documental: "EL ORDEN CRIMINAL DEL MUNDO", interesante ya que nos entrega una mirada critica del modelo económico y la sociedad en la que sólo algunos se ven beneficiados.
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Nuevo Orden Mundial
4 ene 2011
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