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28 feb 2010

URUGUAY: La muerte al acecho

Detrás de la expansión arrolladora de los últimos años de la agricultura y la forestación en Uruguay aparecen evidencias incontrastables del uso indiscriminado de químicos, con el consecuente deterioro ambiental y el riesgo de contaminación en alimentos y el agua. Macario, un joven peón rural de la zona de Isla de Zapata, ubicada 30 kilómetros al este de la nororiental ciudad de Melo, comentó a IPS que en los últimos meses le ha llamado la atención encontrar grandes cantidades de mulitas (armadillo), tortugas, pájaros y peces muertos, para lo cual admite no tener explicación. La explicación para la inquietud de Macario viene de la mano del meteorólogo y especialista en gestión ambiental Juan Carlos Corona, quien atribuye esta situación y otras al uso sin control de agrotóxicos. En Uruguay se ha habilitado el uso de unos 300 herbicidas, muchos de ellos cancerígenos. Entrevistado por IPS, el técnico no descartó la vinculación también con los altos índices de mortalidad por cáncer que presenta Uruguay, la segunda causa después de las enfermedades cardíacas, con la aplicación de productos químicos y la exposición ante los mismos. Corona recordó que el glifosato es el herbicida más utilizado en el país, con 5.000 toneladas importadas en 2008, pero también mencionó los fungicidas mancozeb, kresoxín y epoxiconazol, todos productos con características cancerígenas. Ampliamente usado en cultivos de soja, el glifosato es el principio activo del herbicida Roundup, fabricado por la corporación estadounidense Monsanto, que desarrolló las semillas de soja genéticamente modificadas para resistir altas dosis de ese producto que combate las malezas y toda otra especie verde que no sea esa variedad genéticamente modificada. Según el ambientalista, en 2008 se aplicaron más de 6.000 toneladas de químicos en cultivos de arroz, soja, maíz, sorgo, caña de azúcar, girasol, tomate, cebolla, remolacha, acelga, poroto, lechuga, papa, vides, manzana, frutilla y otros. Corona se pregunta, ¿puede existir una relación entre la utilización de plaguicidas, insecticidas, herbicidas y fungicidas con los índices de mortalidad por enfermedades oncológicas que presenta Uruguay? Recordó que tiempo atrás un avión que fumigaba en la zona de Guichón, en el oeste de Uruguay, al sufrir una avería tuvo que verter la carga que transportaba sobre un campo ganadero. La consecuencia fue que en un día murieron 50 terneros de más de 250 kilogramos cada uno, a raíz de la contaminación de las aguas y el suelo del predio. Por otra parte un estudio de la brasileña Universidad Unicamp considera que "está más que comprobado que la mayoría de los agricultores desconoce los efectos nocivos de los agrotóxicos, no usa equipos de protección adecuados y no se les proporciona asistencia técnica". Por su parte, el investigador Sergio Koiffmann, de la también brasileña Fundación Oswaldo Cruz, sostiene que entre las consecuencias generadas para la salud humana por los agrotóxicos se encuentran la infertilidad y el cáncer. Al resumir las consecuencias que podría estar originando el uso indiscriminado y sin control de éstos químicos en el país, Corona puso en duda la condición de "Uruguay, país natural", eslogan con el cual se promociona en el mundo la oferta turística y de alimentos varios, principales componentes de la economía de este pequeño país con 3,3 millones de habitantes. La proliferación del uso de agrotóxicos está asociada directamente al notable desarrollo agrícola de Uruguay. El impacto de la forestación con fines industriales en este país, de 176.000 kilómetros cuadrados, es de tal importancia que pasó de 100.000 hectáreas plantadas en 1987, cuando se aprobó una ley de promoción, a casi un millón en la actualidad y aún quedan 2,2 millones habilitadas para ese cultivo. El salto cualitativo y cuantitativo para esta actividad fue la instalación en 2006 en la oriental ciudad de Fray Bentos de la planta de celulosa de la firma finlandesa Botnia, motivo de controversia con Argentina por razones ambientales. Con las promesas de nuevas inversiones extranjeras multimillonarias, este sector puja por alcanzar el primer lugar en la economía agroexportadora uruguaya que ostenta desde lejanos tiempo la ganadería (carnes y lácteos), seguida en tiempos más cercanos por el arroz y la soja desde hace un lustro. La superficie sembrada con arroz en la zafra 2008-2009 fue de 160.000 hectáreas, un sector de grandes inversiones brasileñas, y la de soja superó las 600.000 hectáreas, gracias a la llegada de capitales argentinos, según datos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. LA FRONTERA EN ALERTA El departamento nororiental departamento de Cerro Largo, cuya capital es Melo, viene cambiado radicalmente su cultura productiva, con el desplazamiento a un segundo plano de su centenaria economía ganadera extensiva. Las condiciones naturales de los suelos y su situación geográfica privilegiada, en la frontera con Brasil, han seducido a productores extranjeros y grandes grupos económicos. La inusitada demanda ha elevado el valor de la tierra y las tentadoras ofertas empujan a productores de pequeña y mediana escala, con explotaciones familiares y tradicionales, a abandonar la campaña y trasladarse a las periferias de las ciudades, provocando un nuevo fenómeno social que también genera preocupación. Para lograr la máxima rentabilidad en sus emprendimientos agrícolas, los nuevos ocupantes de las fértiles tierras del departamento parecen no medir consecuencias ambientales. En los últimos años se han presentado múltiples denuncias y testimonios sobre la muerte de peces, aves y otra amplia gama de especies de la fauna autóctona, que sería provocada por la aplicación de agrotóxicos y productos químicos en diversos cultivos. El productor Florencio Lezica, de la zona de Campamento, en el sudeste de Cerro Largo denunció el 12 de septiembre de 2008 ante la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) la contaminación de un curso de agua en su establecimiento. Pidió la intervención de inspectores a efectos de realizar los análisis pertinentes, los cual no habrían arrojado resultados positivos. Sin embargo, Lezica cuestionó el lugar de extracción de la citada muestra y sostuvo que la aplicación de herbicidas e insecticidas por parte de una empresa forestadora en plantaciones de eucaliptos (Eucaliptus grandis y Eucaliptus globulus) que lindan con su campo, vendría causando un enorme daño al ecosistema. "Mientras ellos protegen sus árboles, mueren miles de animales por día al tomar agua de cañadas y arroyos o al comer insectos contaminados", dijo Lezica a IPS. También narró que un perro de su propiedad murió en 2008 luego de beber agua de una cañada, ocurriendo masivamente lo mismo con mulitas, aves, peces y otras especies de la zona. Ante lo que calificó de "delicada situación", Lezica aportó el testimonio de otros vecinos cuyos animales también habrían sido afectados. Para verificar el problema extrajo personalmente una muestra del agua presuntamente contaminada, la que fue enviada al Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), donde se habría comprobado su alta letalidad. El resultado del análisis del LATU, la entidad estatal encargada del control de calidad de todos los productos comercializados en el país, fue elevado el 22 de septiembre de 2008 a la Dirección de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. En otras zonas rurales de Cerro Largo también surgen testimonios sobre la muerte masiva de muchas especies, particularmente de peces, en arroyos y cañadas cuyos cauces tienen contacto con cultivos de arroz, soja y plantaciones forestales. También es visible el deterioro de la calidad del agua, la que presenta una inexplicable capa viscosa. Eduardo Silveira Tomado de IPS

13 abr 2009

El tóxico de los campos

El agrotóxico básico de la industria sojera produce malformaciones neuronales, intestinales y cardíacas, aun en dosis muy inferiores a las utilizadas en agricultura. El estudio, realizado en embriones, es el primero en su tipo y refuta la supuesta inocuidad del herbicida.
Las comunidades indígenas y los movimientos campesinos denuncian desde hace una década los efectos sanitarios de los agrotóxicos sojeros. Pero siempre chocaron con las desmentidas de tres actores de peso, productores (representados en gran parte por la Mesa de Enlace), las grandes empresas del sector y los ámbitos gubernamentales que impulsan el modelo agropecuario. El argumento recurrente es la ausencia de “estudios serios” que demuestren los efectos negativos del herbicida. A trece años de fiebre sojera, por primera vez una investigación científica de laboratorio confirma que el glifosato (químico fundamental de la industria sojera) es altamente tóxico y provoca efectos devastadores en embriones. Así lo determinó el Laboratorio de Embriología Molecular del Conicet-UBA (Facultad de Medicina) que, con dosis hasta 1500 veces inferiores a las utilizadas en las fumigaciones sojeras, comprobó trastornos intestinales y cardíacos, malformaciones y alteraciones neuronales. “Concentraciones ínfimas de glifosato, respecto de las usadas en agricultura, son capaces de producir efectos negativos en la morfología del embrión, sugiriendo la posibilidad de que se estén interfiriendo mecanismos normales del desarrollo embrionario”, subraya el trabajo, que también hace hincapié en la urgente necesidad de limitar el uso del agrotóxico e investigar sus consecuencias en el largo plazo. El herbicida más utilizado a base de glifosato se comercializa bajo el nombre de Roundup, de la compañía Monsanto, líder mundial de los agronegocios.
El Laboratorio de Embriología Molecular cuenta con veinte años de trabajo en investigaciones académicas. Funciona en el ámbito de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Es un espacio referente en el estudio científico, conformado por licenciados en bioquímica, genética y biología. Durante los últimos quince meses estudió el efecto del glifosato en embriones anfibios, desde la fecundación hasta que el organismo adquiere las características morfológicas de la especie.
“Se utilizaron embriones anfibios, un modelo tradicional de estudio, ideal para determinar concentraciones que pueden alterar mecanismos fisiológicos que produzcan perjuicio celular y/o trastornos durante el desarrollo. Y debido a la conservación de los mecanismos que regulan el desarrollo embrionario de los vertebrados, los resultados son totalmente comparables con lo que sucedería con el desarrollo del embrión humano”, explica Andrés Carrasco, profesor de embriología, investigador principal del Conicet y director del Laboratorio de Embriología.
El equipo de investigadores dice que las diluciones recomendadas para la fumigación por la industria agroquímica oscilan entre el uno y el dos por ciento de la solución comercial (cada un litro de agua, se recomienda 10/20 mililitros). Pero en el campo es sabido –incluso reconocido por los medios del sector– que las malezas a eliminar se han vuelto resistentes al agrotóxico, por lo cual los productores sojeros utilizan concentraciones mayores. El estudio afirma que en la práctica cotidiana las diluciones varían entre el diez y el treinta por ciento (100/300 mililitros por litro de agua).
Utilizando como parámetros de comparación los rangos teóricos (los recomendados por las compañías) y los reales (los usados por los sojeros), los resultados de laboratorio son igualmente alarmantes. “Los embriones fueron incubados por inmersión en diluciones con un mililitro de herbicida en 5000 de solución de cultivo embrionario, que representan cantidades de glifosato entre 50 y 1540 veces inferiores a las usadas en los campos con soja. Se produjo disminución de tamaño embrionario, serias alteraciones cefálicas con reducción de ojos y oído, alteraciones en la diferenciación neuronal temprana con pérdida de células neuronales primarias”, afirma el trabajo, que se dividió en dos tipos de experimentación: inmersión en solución salina y por inyección de glifosato en células embrionarias. En ambos casos, y en concentraciones variables, los resultados fueron rotundos.
“Disminución del largo del embrión, alteraciones que sugieren defectos en la formación del eje embrionario. Alteración del tamaño de la cabeza con compromiso en la formación del cerebro y reducción de ojos y de la zona del sistema auditivo, que podrían indicar causas de malformaciones y deficiencias en la etapa adulta”, alerta la investigación, que también avanza sobre efectos neurológicos graves: “(Se comprobaron) Alteraciones en los mecanismos de formación de neuronas tempranas, por una disminución de neuronas primarias comprometiendo el correcto desarrollo del cerebro, compatibles con alteraciones con el cierre normal del tubo neural u otras deficiencias del sistema nervioso”.
Cuando los embriones fueron inyectados con dosis de glifosato muy diluido (hasta 300.000 veces inferiores a las utilizadas en las fumigaciones), los resultados fueron igualmente devastadores. “Malformaciones intestinales y malformaciones cardíacas. Alteraciones en la formación y/o especificación de la cresta neural. Alteraciones en la formación de los cartílagos y huesos de cráneo y cara, compatible con un incremento de la muerte celular programada.” Estos resultados implican, traducido, que el glifosato afecta un conjunto de células que tienen como función la formación de los cartílagos y luego huesos de la cara.
“Cualquier alteración de forma por fallas de división celular o de muerte celular programada conduce a malformaciones faciales serias. En el caso de los embriones, comprobamos la existencia de menor cantidad de células en los cartílagos faciales embrionarios”, detalla Carrasco, que también destaca la existencia de “malformaciones intestinales, principalmente en el aparato digestivo, que muestra alteraciones en su rotación y tamaño”.
La soja sembrada en el país ocupa 17 millones de hectáreas de diez provincias y es comercializada por la empresa Monsanto, que vende las semillas y el agrotóxico Roundup (a base de glifosato), que tiene la propiedad de permanecer extensos períodos en el ambiente y viajar largas distancias arrastrados por el viento y el agua. Se aplica en forma líquida sobre la planta, que absorbe el veneno y muere en pocos días. Lo único que crece en la tierra rociada es soja transgénica, modificada en laboratorio. La publicidad de la empresa clasifica al glifosato como inofensivo para al hombre.
Como todo herbicida, está conformado a partir de un ingrediente “activo” (en este caso el glifosato) y otras sustancias (llamadas coadyuvantes o surfactantes, que por secreto comercial no se especifican en detalle), cuya función es mejorar su manejo y aumentar el poder destructivo del ingrediente activo. “El POEA (sustancia derivada de ácidos sintetizados de grasas animales) es uno de los aditivos más comunes y más tóxicos, se degrada lentamente y se acumula en las células”, acusa la investigación, que describe el POEA como un detergente que facilita la penetración del glifosato en las células vegetales y mejora su eficacia. Investigadores de diversos países han centrado sus estudios en los coadyuvantes (ver aparte) y confirmado sus consecuencias.
En el estudio experimental del Conicet-UBA (según sus autores, el primero en investigar los efectos del herbicida y el glifosato puro en el desarrollo embrionario de vertebrados), se focaliza en el elemento menos estudiado y denunciado del Roundup. “El glifosato puro introducido por inyección en embriones a dosis equivalentes de las usadas en el campo entre 10.000 y 300.000 veces menores, tiene una actividad específica para dañar las células. Es el responsable de anomalías durante el desarrollo del embrión y permite sostener que no sólo los aditivos son tóxicos y, por otro lado, permite afirmar que el glifosato es causante de malformaciones por interferir en mecanismos normales de desarrollo embrionario, interfiriendo los procesos biológicos normales.”
Carrasco rescata las decenas de denuncias –y cuadros clínicos agudos– de campesinos, indígenas y barrios fumigados. “Las anomalías mostradas por nuestra investigación sugieren la necesidad de asumir una relación causal directa con la enorme variedad de observaciones clínicas conocidas, tanto oncológicas como de malformaciones reportadas en la casuística popular o médica”, advierte el profesor de embriología.
La investigación recuerda que el uso de agrotóxicos sojeros obedeció a una decisión política que no fue basada en un estudio científico-sanitario (“es inevitable admitir la imperiosa necesidad de haber estudiado éstos, u otros, efectos antes de permitir su uso”), denuncia el papel complaciente del mundo científico (“la ciencia está urgida por los grandes intereses económicos, y no por la verdad y el bienestar de los pueblos”) y hace un llamado urgente a realizar “estudios responsables que provengan mayores daños colaterales del glifosato”.
Por Darío Aranda
Tomado de Página 12
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