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30 abr 2012

Suecia: Un Primero de Mayo que exige una reflexión!!


Caricatura: J.Kalvellido
Europa atraviesa una profunda crisis económica y política, a la cual no escapan las organizaciones sindicales.
Grandes movimientos de masas como puede ser el 15-M en España, manifiestan y exigen soluciones. Irlanda, Inglaterra, Italia, para no hablar de Grecia.
De lo que si no se habla es de la Revolución Silenciada, Islandia. Después de haber puesto al ministro responsable de la quiebra bancaria ante la justicia y haber salido de la UE, tiene una economía estable.
Pacto tras pacto van marcando el devenir de Europa que Suecia no puede eludir: Pacto de Estabilidad, Flexibilidad, Fiscal, de Europa imponen su sello deshumanizador.
Reinfeldt volvió muy satisfecho de su reunión en enero, dispuesto a aplicar las medidas que el pacto impone de control del déficit presupuestario, aún mas bajo, solo el 0,5 %, el que no lo cumpla será sancionado. Con esto se justifica la necesidad de privatizarlo todo. Aunque Suecia por no estar en la unidad monetaria, no tendría que aplicarlo por ahora. Con la “esperanza” de tener mayor influencia en las decisiones que se tomen.
Las decisiones se toman a otro nivel Sr. ministro, en donde Ud es solo invitado.
Hablo del Grupo Bilderberg, FMI, El Presidente de la UE, La Comisión Europea, su BCE. El parlamento es solo la fachada simpática y digerible.
Pero además esta “crisis” pergeñada por los bancos y las empresas de calificación, ha logrado retrotraer al siglo pasado todas las conquistas sociales y laborales obtenidas con la lucha y la sangre de la clase trabajadora.
Han ganado millares de millares, y nunca ha habido tanto dinero en las arcas de los estados como ahora.
Mientras tanto su gobierno no ha cumplido con ninguna de sus promesas, ni la desocupación ha disminuido es de un 8-9%, y entre los jóvenes hasta 29 años es de un 24% sobre todo entre los extranjeros. Pero se plantean aumentar la edad de jubilación a los 75 años.
La segregación aumenta, 71% de niños en las zonas mas pobres viven en la miseria, 248.000 según SCB. No me argumenten que es peor en otros lugares. Una sola persona sin techo, trabajo, salud, educación, ya es un acto violento, que agrede a toda la sociedad, nuestra integridad y dignidad.
Hay una carencia de viviendas enorme y las que se construyen son para la especulación, después que se sanciono la abolición de la ley que prohibía la venta con fines de lucro de lo estatal ( Stopp lagen ) la privatización de todo no tiene freno y la construcción de viviendas ha caído, se necesitaría construir 35-40 mil viviendas para solucionar la carencia de ellas, sobre todo para los jóvenes.

El empleo disminuye, y las cifras de seguros por enfermedad aumentan.
2/3 desocupados no reciben su seguro de desocupación.
Nuestro ministro de finanzas, volvió muy satisfecho de su encuentro de ministros, aplaudiendo las medidas de Rajoy, paga puntualmente la deuda externa, y se aprontan a fortalecer el FMI con un” préstamo” de 100 millares para “salvar” a los países en quiebra, con una renta del 0,1%. Que generosidad!! Con los delincuentes.
La solución es clara, es fortalecer nuevamente el rol del estado, en lo que es la redistribución de la riqueza, regular el sector bancario, recuperar su función social de créditos. El estado de bienestar social, con todo lo que implica.
Esto permitiría crear por lo menos 600.000 puestos de trabajos reales.

Pero ante el 1º. De Mayo, que panorama tenemos aquí para confrontar esta situación y exigir nuestros derechos: En este momento los sindicatos son incapaces de defender los intereses económicos, sociales de los trabajadores. Pierden sus afiliados, que no se sienten representados. Lo que fue a nivel mundial un gran movimiento poderoso e influyente, con una orientación clara política e ideológica que le dio toda su fuerza e influencia, hoy esto es una carga pesada que le ha hecho perder su perfil.
Movilizar a la clase trabajadora, con aquellos principios no es el objetivo hoy, se insiste en la colaboración de clases, para no alterar la relación equivocada con las patronales y gobiernos. Hoy tenemos sindicatos despolitizados, desradicalizados, burocratizados.
Las mismas dificultades enfrenta la socialdemocracia.
Nuevas relaciones de clase y poder la atribuyen no a la globalización, sino a las nuevas tecnologías.
Hay una necesidad imperiosa de retomar la discusión política-ideológica y no repetir o tomar los términos del mercado, movilizar a los trabajadores para lograr los cambios sociales impostergables y necesarios.
Pero desgraciadamente tendremos un 1o. de Mayo divididos, bajo banderas de partidos que han defraudado sus principios, sobre todo el Vänster. Una izquierda que no acaba de comprender la necesidad de encontrar los puntos que nos unen y marchar juntos.
Pero también aquí comienzan a llegar los ecos de movimientos que sacuden al resto del mundo. Occupy es uno de ellos.

Mi corazón que late en la izquierda, llamará siempre a tomar nuestro lugar. El compromiso de ciudadanos responsables, capaces de defender, recuperar los derechos que nos han conculcado, usurpado.

Mientras haya un obrero desocupado, explotado, habrá lucha de clases

Juntos podemos, no olvidar la fuerza y el poder que tenemos!!
No perder de vista el enemigo real, ni la lucha mundial contra un sistema económico que no en vano se lo denomina, El nuevo orden criminal del Mundo.

Por un Primero de Mayo Unidos, Solidarios



                                                       Gloria

6 nov 2010

Es hora de volver a llamar a la lucha de clases por su nombre


Imagén: Hannat  Kut_Knife
Las grandes palabras no pronunciadas del discurso político norteamericano son "lucha de clases". La premisa moral y política del moderno "Siglo Norteamericano" surgido de la II Guerra Mundial es que los EEUU habrían superado las divisiones de clase y la lucha de clases. Todos, o casi todos, salvo los muy pobres y los muy, muy ricos, fueron absorbidos por una vastísima e indiferenciada clase media.

La ficción, según la cual Norteamérica es una nación sin clases, una leyenda mentirosa desde su nacimiento hace medio siglo, resulta cada vez más insostenible, a medida que se intensifica día tras día la lucha de clases. Ha llegado la hora de aceptar el sencillo pero profundo hecho de que Norteamérica se halla en medio de una guerra de clases: y los archiricos, la sección norteamericana de la oligarquía global, la están ganando.

En Francia y en Gran Bretaña, la lucha de clases se libra explícitamente. En Francia se expresa en forma de resistencia masiva y a menudo violenta, con sangre en las calles. En el Reino Unido se impone en forma de exigencia de austeridad por parte de la clase dominante a través despidos en masa en el sector publico, recortes ciclópeos en los servicios públicos y escasa resistencia abierta. En Alemania y en los EEUU, los lubricantes mediadores constituidos por las sutilezas leguleyas y los partidos políticos siguen conteniendo y amortiguando el conflicto directo de clases.

La extrema derecha es en todo el Occidente la única tendencia política explícitamente comprometida con la guerra de clases. Sin embargo, en la extrema derecha no se ve a la política como un mero fin en si mismo (la conquista del poder del estado), sino como medio para un fin de mayor alcance: la utilización del poder del Estado para imponer al cuerpo político disciplina legislativa, económica y moral.

El Tea Party es un movimiento popular comprometido la guerra de clases, normalmente no violenta. Es la voz de los cristianos vulnerables de las clases baja y medias. Su mundo está en crisis, y asisten a su colapso. Sus otrora envidiables privilegios sociales dimanantes de su raza ya no les protegen de los vicisitudes del capitalismo granempresarial. Como reacción a eso, se reatrincheran en la segura fortaleza del odio y se alinean con el absolutismo ideológico y moral promovido por algunas facciones de los archiricos, precisamente los mayores responsables de sus miserias.

La lucha de clases ha sido un rasgo inveterado de la cultura política norteamericana. Batallas de clase marcaron el primer período de formación de la nación, incluidas las insurrecciones de los aparceros de Nueva York en 1766, la Rebelión de Shay en 1786 y la Rebelión del Whisky en la década de 1790. Batallas de clase atravesaron el siglo XIX, incluyendo el Movimiento de los Hombres Trabajadores de la década de 1830 y la Revuelta de Nat Turner en 1831, así como las luchas populistas posteriores a la Guerra Civil en Haymarkey y en Homestead en el último trecho del XIX y el Ejército Coxey de trabajadores desempleados en 1894. Las batallas de clase cruzaron también el primer tercio del siglo XX, culminando en la Marcha de Veteranos de la I Guerra Mundial, la resistencia de los campesinos y granjeros a a las ejecuciones hipotecarias y las huelgas de los sindicalistas de la CIO en la década de los 30.

Las clases y la guerra de clases se hicieron desaparecer oficialmente durante la II Guerra Mundial, y efectivamente desaparecieron con la integración del sindicalismo y la legislación Taft-Hartley después de la guerra. El programa nacional de prosperidad y el anticomunismo de impronta maccarthysta, combinados con la campaña exterior de intervención militar de la Guerra Fría y la renovación económica del Plan Marshall, sentaron las bases de una revitalización del orden capitalista.

Este sistema de valores del nuevo orden mundial, que absorbía la lucha de clases, fue articulado por un grupo de intelectuales liberales "post-marxistas" entre los que se hallaban Daniel Bell, Sidney Hook, James Burnham e Irving Kristol. Respaldados por el Congreso para la Libertad Cultural de la CIA, fueron ellos que forjaron la ideología del "Siglo Norteamericano". Como escribió Bell: "La abundancia… fue el substituto norteamericano del socialismo".

Y desde luego, Norteamérica logró la abundancia en las primeras décadas de posguerra. Con la crisis del petróleo y la recesión de los 70, el Siglo Norteamericano comenzó a declinar. A mediados de los 80, la abundancia era ya cosa del pasado. Como David Bloom, un economista de Harvard, advirtió en 1986: "Se ha producido un encogimiento de la clase media. (…) A medida que la sociedad se polariza más, hay más 'poseedores" y más 'desposeídos', y menos gente en medio." [Time, 3 noviembre 1986.]

Desde la Revolución de Reagan, la abundancia de la clase media ha sido crecientemente substituida por deuda. Con Reagan desaparecieron los guantes de seda que durante tanto tiempo amortiguaron la guerra de clases. La promesa del Siglo Norteamericano languidece, y los ricos son cada vez más ricos y las clases medias trabajadoras están cada vez más esquilmadas.

En un poema escrito en 1894, el autor inglés Lord Alfred Douglas se refirió a la homosexualidad como al "amor que no osa decir su nombre". En 1895, Oscar Wilde fue juzgado y condenado por sodomía; durante el proceso, se le requirió para que se definiera en relación con el poema de Douglas, lo que contribuyó a popularizar la expresión. Un siglo después, en la homosexualidad en Occidente es ya, en general, un amor que no teme decir su nombre.

Hace un siglo, la guerra de clases se reconocía comúnmente como un rasgo distintivo de la modernización norteamericana. Grandes conglomerados industriales, encabezados por Standard Oil, dominaban el sistema económico y político norteamericano; y a los magnates que los dirigían se los conocían con el jocosamente despectivo sobrenombre de "barones ladrones". Dada esa situación de opresión, la guerra de clases era un concepto político aceptado de consuno por el periodismo de denuncia, el radicalismo, el sindicalismo y el pueblo trabajador común y corriente. Todo el mundo sabía que la única forma de luchar contra los conglomerados monopólicos y los barones ladrones era a través de la guerra de clases.

Hoy, la lucha de clases no osa ya decir su nombre. El capital financiero ha venido a sustituir al capital industrial como factor determinante de la economía global. Y uno de los progenitores de la Standard Oil, Citibank, influye de manera determinante en las decisiones federal de política económica. Desgraciadamente, los actuales archiricos, ya sean miembros de clubs exclusivos de ricachones, financiadores del Partido Republicano, mecenas de think tanks de extrema derecha o subsidiadotes del movimiento "populista" del Tea Party, raramente son despreciados y ridiculizados como barones ladrones.

Los actuales barones ladrones conocen la importancia de los medios de comunicación, y han sobornado a los formadores de la opinión popular. Bien trajeados ejecutivos empresariales y financieros, no moralmente mejores que arteros robacarteras, han sido convertidos en celebridades. Son lisonjeados hasta la náusea en reality shows televisivos, alabados a diario en programas y noticiarios económicos y sensacionalistamente ensalzados día sí y otro también en la prensa rosa. Los grandes medios de comunicación norteamericanos, obvio es decirlo, no quieren morder la mano que les da de comer.

El de clase, y particularmente el de clase media, es un concepto que se ha hecho vagaroso en el discurso político norteamericano. Se refiere a todos y a ninguno. La Oficina del Censo norteamericana no define, ni usa, la noción de "clase media", pero ha fijado el ingreso mediano de una familia de cuatro en 2008-2009 en 70.000 dólares anuales. Una investigación del instituto Pew en 2008 mostró que la mitad de los norteamericanos se definen a sí mismos como de clase media.

El grueso de los norteamericanos reconocen la realidad de la lucha de clases, por un lado, en las incesantes informaciones referidas a los elevados niveles de desempleo, al número cada vez mayor de ejecuciones hipotecarias y a la creciente morosidad, y, por el otro, en los disparados mercados de valores y los indecibles bonos pagados a los ejecutivos financieros. Eso pone ante la rotunda evidencia de las diferencias de clase, pero resulta un tanto confundente respecto del conflicto, más profundo, dimanante de la acrecida polarización de la riqueza en Norteamérica.

De acuerdo con Edward Wolff, un economista de la Universidad de Nueva York, la riqueza cada vez está más concentrada. En los 15 años que median entre 1983 y 2007, la participación en la riqueza nacional del 1% más rico creció de un 33,8% a un 34,6%; y el 20% más rico de los hogares norteamericanos en 2007 controlaba el 85% de la riqueza nacional, mientras que en 1983 sólo controlaba el 81,3%. El destino de la vasta "clase media" norteamericana, el restante 80%, no ha hecho sino empeorar: en 2007 controlaba un 15%, contra un 18,7% en 1983.

Es hora de que Norteamérica vuelva a llamar a la lucha de clases por su nombre. Por dos razones. Primero, para poder combatir el expolio que está arruinando las vidas de millones de norteamericanos enfrentados a la catástrofe financiera. Y segundo, para poner fin a la campaña de los archiricos (mancomunada con las políticas públicas de desfravación fiscal, subsidios y otros regalos) y de los medios de comunicación para mantener viva la ficción de que los EEUU son una sociedad sin clases y libre de guerra de clases.

David Rosen: Analista político norteamericano. Su libro más reciente: Sex Scandals America: Politics & the Ritual of Public Shaming (Key, 2009).

Tomado: Revista Sin Permiso
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