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2 mar 2011

El gobernador de Wisconsin no cede ante la revuelta


Scott Walker presentará su plan de recortes, pese a la oleada de protestas que este ha provocado

Scott Walker, el controvertido gobernador republicano de Wisconsin que ha propuesto recortar los salarios de sus funcionarios y quitarles gran parte de su derecho a la negociación colectiva, tenía previsto proponer ayer de nuevo su polémico plan de recortes. Walker ha hecho caso omiso a las protestas que desde hace dos semanas han paralizado la capital, Madison, y causado un auténtico debate nacional en EEUU sobre el papel de los sindicatos.

El gobernador afirma que su propuesta es necesaria para reducir el agujero presupuestario y asegura que los sindicatos utilizan su poder para bloquear las medidas necesarias para salvar al estado de la bancarrota.

El plan lleva paralizado desde el 17 de febrero, cuando sindicatos y senadores demócratas se plantaron y crearon un ola de protestas por todo el país. Walker ha pedido a los 14 senadores que se han "refugiado" en Illinois y sin los cuales no hay quórum suficiente para votar que vuelvan.

El republicano no da su brazo a torcer. Ayer anunció un recorte de unos 1.000 millones de dólares en los próximos dos años a la ayuda estatal a escuelas y gobiernos locales, propuso cambios radicales en la organización de la Universidad de Wisconsin y en el programa gubernamental Medicaid de atención médica para los pobres.

La iniciativa para ahorrar 165 millones de dólares de aquí al 1 de julio debe aprobarse esta semana para cumplir los plazos legales. De ahí el ultimátum de Walker. El gobernador aseguró que si el Senado no aprobaba su plan, con el apoyo de los demócratas, se verán "forzados a ahorrar con despidos".

Los sindicatos tampoco ceden. El lunes recibieron el apoyo del presidente Barack Obama, quien ante los gobernadores de los 50 estados, reunidos en la Casa Blanca, aseguró que "no era bueno, criticar, denigrar o vilipendiar los derechos de los funcionarios". Las escuelas, dijo Obama, "no podrán atraer a los mejores profesores si sólo se les paga una fracción de lo que cobran otros profesionales".

Isabel Piquer Corresponsal en Nueva York

Tomado: Público.es

28 feb 2011

Las rebeliones populares frente al neoliberalismo: desde Egipto a Wisconsin, EEUU


Caricatura: pacogarabato
Este artículo analiza las movilizaciones populares que se están extendiendo (desde Egipto a Wisconsin, EEUU) como protesta a las políticas neoliberales llevadas a cabo por sus gobiernos. El artículo señala que la interpretación dominante que intenta explicar tales movilizaciones como resultado de movimientos juveniles como Internet es profundamente limitada cuando no errónea.
Una de las causas de las movilizaciones en el mundo árabe fue la aplicación, por parte de las élites gobernantes, de políticas neoliberales que afectaron negativamente a las clases populares. Estas movilizaciones se habían ya iniciado meses y años antes, resultado de las medidas de austeridad (que incluyeron reducción de programas de protección social y disminución de salarios, eliminación de subsidios a los alimentos y desregulación de los precios de productos básicos), que crearon un gran malestar y que fueron las causas de que en estos países (en Túnez primero y en Egipto después) fuera la clase trabajadora, junto con sectores de las clases medias la que protagonizaran tales movilizaciones. Estas movilizaciones en protesta frente al neoliberalismo imperante están ocurriendo no sólo en países árabes, sino también en muchos otros países, incluyendo EEUU.
El último caso de estas protestas obreras ha ocurrido en el estado de Wisconsin, EEUU. El nuevo gobernador de tal estado, el republicano Scott Walker (de la corriente Tea Party) intentó aprobar una ley en el parlamento del estado que reduciría el sueldo de los funcionarios públicos un 7%, disminuyendo también sus pensiones, y obstaculizando además la sindicalización de los trabajadores en el sector público. Tal como indicó la Federación de los Sindicatos Estadounidenses (AFL-CIO) esta ley –de ser aprobada- sería un ataque frontal a los sindicatos de aquel país. La justificación que el gobernador Scott Walker dio para tomar tales medidas era que el presupuesto del estado tenía 137 millones de dólares de déficit.
La respuesta de los sindicatos en Wisconsin fue inmediata. A los pocos días, Madison, la ciudad más importante de aquel estado vio la manifestación más grande que nunca existiera en aquella ciudad. Los sindicatos se manifestaron frente al Parlamento (y frente al domicilio particular del gobernador Walker), exigiendo la retirada de la propuesta de ley. Lo que es interesante es que los manifestantes no eran sólo sindicalistas, sino también usuarios de los servicios públicos conscientes de que estos recortes iban a afectar a la calidad de sus servicios. Muy llamativa fue la cantidad de niños y sus padres que acompañaron a los maestros en su protesta, hecho remarcado por los medios de información. Las encuestas mostraban también que la mayoría de la ciudadanía de Wisconsin se oponía a las propuestas del gobernador Walker y apoyaban las movilizaciones en contra de ellas. Entre los que apoyan tales movilizaciones, adhiriéndose a ellas, estaban, por cierto, los policías y bomberos que el gobernador Walker había excluido de sus medidas de recortes salariales, dándoles un trato favorable. Los policías y bomberos expresaron, sin embargo, su solidaridad con los otros empleados públicos saliendo a la calle con ellos. Estos hechos están siendo seguidos por todo EEUU.
Las derechas, lideradas por el Tea Party, están deseando que el gobernador Walker pueda llevar a cabo tales medidas, una vez hayan sido aprobadas por el Parlamento del Estado de Wisconsin, donde el Partido Republicano tiene mayoría. Aunque el argumento que se utiliza para defender estas medidas es la necesidad de cubrir el déficit del Estado de Wisconsin, la causa real de que se esté presionando, por parte del Partido Republicano, para que tales medidas se aprueben en el parlamento de Wisconsin es una causa política: la de debilitar a los sindicatos, los mayores adversarios que tiene el Partido Republicano, que consideran a AFL-CIO como uno de los mayores pilares del Partido Demócrata.
En realidad, el déficit del presupuesto del Estado podría resolverse fácilmente aumentando los impuestos sobre la propiedad (entre otros), que el parlamento de Wisconsin, controlado por los republicanos, había reducido considerablemente durante los años de bonanza económica. Como siempre ocurre, el discurso económico, oculta en realidad, los argumentos políticos. El establishment económico y financiero del estado de Wisconsin, que se benefició enormemente de las políticas neoliberales de reducción de impuestos a las rentas superiores se resiste a que se reduzcan sus enormes ingresos (el 1% de la población estadounidense que tenía el 7% de la renta de todo el país en 1997, al principio de la “revolución neoliberal”, ha pasado a tener el 20% de tal renta) mediante el incremento de estos impuestos. De ahí que prefieran resolver el problema del déficit del estado de Wisconsin a base de reducir los servicios públicos a las clases populares en lugar de que suban sus impuestos. Los republicanos tienen a su lado a gran parte de los medios de información que intentan desacreditar al sector público indicando que los empleados públicos son unos “privilegiados”, que son unos “ineficaces”, y otro tipo de acusaciones previsibles a fin de conseguir el apoyo popular a aquellas medidas represivas. Hasta ahora tal campaña no ha sido exitosa y el 62% de la población estadounidense apoya a los empleados públicos.

¿QUIÉNES SON LOS JÓVENES?
Una última observación. Gran número de articulistas como Josep Ramoneda en EL PAÍS (“Un nuevo sujeto político”. EL PAÍS, 20.02.11) están enfatizando mucho el rol de los jóvenes en estas movilizaciones (desde Egipto, hasta Wisconsin), presentándolos como los nuevos agentes de cambio, sustituyendo con ello a otros agentes, como a la clase trabajadora a la cual, por lo visto, consideran inexistente o desaparecida. Ignoran o desconocen que la mayoría de estos jóvenes son y pertenecen a la clase trabajadora. Si se analizan las revoluciones que han existido en el siglo XX, se verá que en su mayoría, fueron los jóvenes los que lideraron estas rebeliones. No es, pues, una situación nueva. Lo que es nuevo es que se vea como una cosa nueva y ello es consecuencia del olvido de las categorías de análisis como clase social y lucha de clases, categorías que se consideran transcendidas y “anticuadas”, redefiniendo estas movilizaciones populares como movimientos estudiantiles con Internet y Facebook, categorías que son enormemente insuficientes para entender la realidad de los tiempos en que vivimos. La pregunta que no se hacen es a qué clase pertenece la mayoría de estos jóvenes. Ni que decir tiene que tanto la composición como la dinámica de clases varía con el tiempo. Pero de esta realidad no se puede ignorar su existencia, pues continúa siendo fundamental para entender nuestro entorno.

Vicenç Navarro

Tomado: VNavarro.org

27 feb 2011

Ruídos de guerra imperialista: OTAN anuncia que está "preparada" para atacar Libia


El F-117 un sofisticado y secreto avión de combate estadounidense, que se utilizó en La Guerra del Golfo para efectuar bombardeos. Es invisible a los radares.

El secretario general de la Organización del Tratado del Átlantico Norte (OTAN), Anders Fogh Rasmussen, aseguró que la alianza está "preparada" para invadir Libia.

La OTAN está lista para emprender una intervención militar en Libia, país gobernado por el presidente Muammar al-Gaddafi.

Hoy, el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Anders Fogh Rasmussen, aseguró que la alianza está “preparada” para invadir el país africano.

“El Consejo del Atlántico Norte se reunió esta tarde para analizar la grave situación en Libia, que afecta la seguridad e integridad de miles de ciudadanos, entre ellos de países aliados de la OTAN”, comentó el danés al finalizar la reunión.

Rasmussen señaló que la OTAN actuará en estrecha colaboración con la comunidad internacional, en especial de las Naciones Unidas y mantendrá consultas para monitorear la crisis.

En ese sentido, el funcionario no excluyó que la alianza pueda, previa autorización de la o­nU, establecer un bloqueo en el espacio aéreo de Libia lo que impediría el vuelo de aviones militares y de esa manera apuntalar a los mercenarios de Washington.

La OTAN tiene un largo historial de asesinatos de ciudadanos de que no son integrantes de su organización, en tiempos recientes se recuerdan los bombardeos a Serbia y las invasiónes de Irák y Afganistán que han arrojado un saldo de casi dos millones de muertos.

Los imanes advierten en Bengasi que no aceptarán la intervención de otros países en la guerra contra Gadafi
El nuevo orden empieza a dibujarse en Bengasi, en el este del país. La revolución ha consolidado el control de la segunda ciudad libia y sus protagonistas intentan afianzar la nueva situación. Mientras los disparos todavía son los protagonistas en la capital, Trípoli, en Bengasi los imanes han tomado la palabra. En un acto celebrado en la plaza de los Mártires, decenas de miles de personas han escuchado el mensaje y la línea a seguir en el futuro. "No aceptaremos ninguna intervención del exterior, ningún país árabe, ningún país occidental debe entrar en nuestro país", ha dicho el imán a los congregados. "I Alá", ha terminado (por Alá). El funeral de tres personas fallecidas durante los enfrentamientos de los últimos días se ha incluido en el acto, tres mártires más en un cambio que parece imparable.

La sede del Libro verde de Gadafi de Bengasi ha sido quemada durante la revuelta. El manual de política de tres volúmenes escrito por el dictador Muamar el Gaddafi entre 1975 y 1979 expone las ideas del pensamiento político del régimen, de un modo similar a como lo hizo Mao Tse Tung con su Libro rojo. Las cenizas del edificio son ahora el símbolo de una revolución que pretende acabar con la forma de gobierno actual, la Yamahiriya, la república de comités populares de Gadafi. Lo que vendrá después todavía es una incógnita. Una pancarta colgada en las ruinas del edificio del Libro verde es clara: "El sistema tiene que caer desde Gadafi".

Volver para luchar

Muchas esperanzas se han abierto para los libios que apoyan ahora la revolución. Suleimán es uno de ellos. Asegura que estudió Ingeniería en la universidad en 1996, pero que tuvo que abandonar la carrera obligado por el régimen. Ahora está dispuesto a todo para conseguir un cambio para su país. Ayman Naas ha llegado desde Alemania dispuesto a participar en primera línea de la revolución. No es el único. Mientras algunos huyen del país, otros han decidido volver desde otros países para luchar por el nuevo orden y contribuir a la reconstrucción del país.

La labor de los periodistas internacionales ha cambiado radicalmente en la zona controlada por los revolucionarios. El número de enviados especiales ha aumentado y la gente en general ayuda en todo lo que puede a los recién llegados. Una de las consignas de la revolución es que el mundo debe conocer lo que sucede y el triunfo que supone que la mitad del país (la población se concentra en la zona costera) haya conseguido alzarse contra Gadafi y sentar las bases para facilitar la salida del dictador del país.

Kaos. Internacional | Prensa |Bruselas

Tomado: Kaos en la Red.net

24 feb 2011

Michael Moore alienta la insurrección de escolares en Wisconsin: han tomado hace 4 días el Capitolio


Michael Moore, solidario de las protestas de Wisconsin, llama a la rebelión a los estudiantes.

Queridos estudiantes de secundaria:

¿Qué les parece eso de que cientos de estudiantes de secundaria de Wisconsin hayan abandonando las clases hace cuatro días y hayan ocupando ahora el edificio gubernamental del Capitolio y sus jardines en Madison para pedir que el gobernador detenga sus ataques a los profesores y a otros trabajadores estatales?

Yo tengo que decir que es una de las cosas más extraordinarias que he visto en años. Ahora estamos viviendo uno de los momentos más asombrosos de la historia. Y este momento ha llegado porque todos los jóvenes del mundo han decidido que ya han tenido bastante.

La juventud se ha rebelado – y sólo es cuestión de tiempo. Ustedes, los estudiantes y los jóvenes desde El Cairo, Egipto, hasta Madison, Wisconsin, están levantándose, ocupando las calles, organizando protestas y negándose a dispersarse hasta que sus voces sean escuchadas. ¡Bravo, asombroso! Les han dado un buen susto a los poderosos, a los adultos que estaban convencidos de que habían hecho un buen trabajo tratando de estupidizarlos y de distraerlos con tonterías inútiles hasta hacerlos sentir sin fuerzas, como otra pieza más del mecanismo, como un ladrillo más de una pared. Ustedes fueron alimentados con propaganda sobre “cómo funciona el sistema” y muchas otras mentiras sobre como se hace la historia, de modo que estoy sorprendido de que hayan podido liberarse de todo eso y de haber sido capaces de ver la verdad tal cual es.

Todo se hallaba programado con la esperanza de que ustedes mantendrían la boca cerrada, siguiendo la fila y obedeciendo órdenes. Y no se la jueguen, porque, si lo hacen, ¡podrían terminar sin tener un buen trabajo! Ustedes pueden terminar como algo accidental y nada más. Se les ha dicho que la política no es “cool” y que una persona no cambia nada. Y por una hermosa y desconocida razón, se negaron a escuchar. Puede ser porque han visto que nosotros, los adultos, les estamos dejando un mundo cada vez más vacío y miserable, con los polos deshelándose, los trabajos mal pagados, las incesantes máquinas bélicas y este plan para endeudarlos a los 18 años con la estafa que se conoce por el nombre de crédito estudiantil. Y lo que es más, ustedes han escuchado a los adultos decirles que no pueden casarse legalmente con la persona que aman, de que no son dueñas de su útero y que si un muchacho negro llega a la Casa Blanca es porque seguramente habrá entrado ilegalmente desde Kenia.

Ahora, por lo que he visto, la mayoría de ustedes han rechazado toda esa porquería. No se olviden nunca de que han sido ustedes, los jóvenes, los que llevaron a Obama a la presidencia. Primero armaron un ejército de voluntarios para lograr su nominación. Luego en Noviembre de 2008 concurrieron en cantidades record a las elecciones. ¿Saben ustedes que el único grupo de edad en el que Obama ganó el voto blanco fue el de los jóvenes de entre 18 y 29 años? La mayoría de los blancos mayores de 29 años votó por Mac Cain y, sin embargo ¡ganó Obama! ¿Cómo pudo ser? Con los votantes jóvenes de todas las razas, un record de concurrencia que superó a la gran cantidad de adultos blancos temerosos de ver en el salón Oval a alguien cuyo segundo nombre es Hussein. ¡Gracias jóvenes votantes por haber logrado que sucediera! Los jóvenes en otro lugar del mundo, más especialmente en Medio Oriente tomaron las calles y derrocaron a sus dictatoriales gobiernos sin disparar un tiro. Su coraje ha inspirado a otros a adoptar esa actitud.

Este es un gran momento, un brote de empuje juvenil que no se puede, y que no podrán, detener. Aunque yo haya dejado ya hace mucho tiempo vuestro grupo de edad, estoy tan conmocionado por los recientes sucesos que quiero poner mi granito de arena y tenderles una mano. He decidido dedicar una parte de mi página web a los estudiantes de secundaria, de manera que ellos –ustedes – tengan la oportunidad de poder dirigirles la palabra a millones de personas. Durante mucho tiempo me pregunté ¿porqué no escuchábamos las voces de los adolescentes en nuestros medios más importante? ¿Porqué vuestra voz vale menos que la de los adultos? En todas las escuelas secundarias de los EE.UU., los estudiantes tienen grandes ideas para mejorar las cosas o para cuestionar por qué las cosas van como van, pensamientos y opiniones que son ignorados o silenciados. ¿Cuán a menudo las inquietudes del conjunto de los estudiantes son ignoradas?

¿Cuántos estudiantes, hoy en día, tratan de hablar, o de defender algo importante o simplemente modificar algo incorrecto y son rápidamente silenciados por las autoridades o hasta por sus propios compañeros? He visto durante años a estudiantes que querían participar en procesos democráticos y se les ha dicho que la escuela secundaria no es una democracia y que no tienen derechos (hasta el Tribunal Supremo ha dicho que los estudiantes no pierden sus derechos “al cruzar el umbral del colegio”). Siempre me ha pasmado escuchar como los adultos sermoneamos a los jóvenes acerca de la gran “democracia” que tenemos pero que, cuando los estudiantes tratan de participar, se les recuerda que todavía no son ciudadanos plenos y que deben comportarse como simples criados. ¿Hay que asombrarse, entonces, cuando algunos, llegados adultos, no se sienten partícipes de nuestro sistema político porque se les lleva enseñando durante sus últimos doce años de vida que, por ejemplo, no tienen nada que decir sobre las decisiones que los afectan? Nos encanta decir que contamos con una “prensa independiente”, pero ahora ¿que tan libres son los periódicos escolares? ¿Qué tan libres son de escribir o de bloguear sobre lo que quieren? He escuchado historias de adolescentes que no pueden publicar en la escuela. ¿Por qué no? ¿Por qué debemos silenciar o quitar de la vista la voz de los adolescentes? Esto no sucede en otros países.

La edad de voto en Austria, Brasil o Nicaragua son los 16 años. En Francia, los estudiantes pueden parar el país saliendo simplemente de los colegios y ocupando las calles. Pero aquí, en los EE.UU., te dicen que obedezcas y que dejes a los adultos seguir conduciendo el show. ¡Vamos a cambiar esto! Estoy iniciando en mi página web algo llamado “Periódico de secundaria”. Aquí ustedes podrán escribir lo que quieran y yo lo publicaré. También lo haré con aquellos artículos que quisieron publicar en sus escuelas y no se lo permitieron. En mi sitio ustedes tendrán libertad y un foro abierto y la oportunidad de que vuestra voz llegue a millones. He pedido a mi nieta de 17 años, Molly, que se haga cargo de editar esta página durante los seis primeros meses.

Ella les pedirá que le manden sus historias e ideas y las mejores serán publicadas en MichaelMoore.com. Les brindaré la plataforma que merecen. Tendré el honor de tenerlos en mi página y los aliento a que lo aprovechen. A menudo les llaman “nuestro futuro”. Ese futuro es hoy, aquí y ahora. Han demostrado que pueden cambiar el mundo. Háganlo. Y me sentiré honrado de ayudarlos. Vuestro Michael Moore MMFlint@aol.com
 MichaelMoore.com P.D
. ¿Cuando pueden empezar? ¡Ya mismo! Vayan a la página y regístrense (pueden usar un seudónimo si quieren y no tienen que mencionar su colegio). Eso es todo. Ya podrán comenzar enviando blogs, música, videos y más. P.P.D. Si estas leyendo esto y no eres estudiante de secundaria, tómate un minuto y remítelo a los estudiantes de secundaria que conozcas.

Fuente:

Tomado: KaosenlaRed.net

¿Qué pasa en Haití?


Ilustración: Mikel Jaso

La imagen que se está presentando en los mayores medios de información occidentales de lo que está pasando en Haití es la de un país pobrísimo destrozado por desastres naturales al que el mundo occidental –liderado por el Gobierno de EEUU y por la Unión Europea (UE)– ha estado proveyendo ayuda humanitaria (es el país del mundo con mayor número de ONG por habitante) y facilitando, a la vez, el desarrollo de un sistema democrático.
El problema con esta percepción es que es falsa y oculta una realidad distinta: la pobreza en Haití es consecuencia de la continua intervención de los países supuestamente humanitarios. Veamos los datos. La actuación del Gobierno federal de EEUU y la del Gobierno francés (que ha liderado la respuesta de la UE) en Haití ha sido enormemente intervencionista –antes, durante y después del
terremoto–, imponiendo su voluntad a la población de aquel país. El último acto de esta continua interferencia es la llegada de uno de los dictadores haitianos más sangrientos que hayan existido en América Latina: Baby Doc Duvalier. El Departamento de Estado de EEUU ha indicado que no tiene nada que ver con su retorno. Su portavoz,
P. J. Crowley, ha indicado que “el retorno de Duvalier es una materia en la que deciden el Gobierno y el pueblo de Haití”. Es interesante resaltar que esta supuesta neutralidad no se aplica a la oposición expresada por el mismo portavoz a la vuelta del dirigente altamente popular en Haití, Jean-Bertrand Aristide, sobre la cual subrayó que “Haití no necesita su vuelta, pues ya tiene demasiados problemas”. En realidad, la información obtenida por Wikileaks muestra que el Gobierno de Estados Unidos ha sido determinante en la vida política de Haití y que es impensable que el dictador Duvalier hubiera vuelto sin la autorización del Gobierno estadounidense, como también lo es que el continuo veto sobre

Aristide existiera sin su aprobación y su beneplácito.
En un interesante ensayo (Aristide should be allowed to return to Haiti), Mark Weisbrot, uno de los mejores analistas de la realidad Latinoamericana, detalla las continuas maniobras del Gobierno de EEUU para expulsar y mantener fuera de Haití al que fue elegido democráticamente presidente
del Gobierno, Aristide. Según The Washington Post, “Aristide había abolido el odiado Ejército, terminando con las horribles violaciones de los derechos humanos, y permitió el desarrollo democrático de aquel país. Y cuando terminó su mandato, permitió la alternancia. Un récord formidable”. Esto fue escrito en 1996. Aristide continuó siendo la persona más popular de Haití y fue reelegido en el año 2000. Y entonces fue cuando hubo una movilización liderada por el Gobierno de Bush de EEUU y los gobiernos francés y canadiense para hacer fracasar al Gobierno de Aristide, apoyando y financiando un golpe militar (de los servicios de seguridad, infiltrados por la CIA) en febrero de 2004, con el que se expulsó a Aristide del país. Desde entonces no se le ha permitido volver. Los gobiernos de Haití han vetado su vuelta, los mismos que han aprobado, por cierto, el regreso de Duvalier.

Ni que decir tiene que la motivación de los gobiernos estadounidense, francés y canadiense ha sido mantener en el poder a las elites dominantes que han malgobernado aquel país, condenándolo a una enorme pobreza, que se mostró en toda su crudeza durante el terremoto. A fin de legitimar esa estructura profundamente opresiva se convocaron unas elecciones en noviembre de 2010 que fueron una farsa (sólo participó el 25% del electorado) en la cual colaboró la Organización de Estados Americanos (OEA). En realidad, seis de los siete miembros de la comisión nombrada por la OEA para supervisar las elecciones son ciudadanos de EEUU, Francia y Canadá, los tres gobiernos que lideraron la decisión de derrocar por las armas al Gobierno de Duvalier. En tales elecciones no se permitió participar al partido de Aristide. La información proveída por Wikileaks muestra la movilización exitosa del Departamento de Estado de EEUU para presionar a Brasil y otros países miembros del cuerpo especial de Naciones Unidas para impedir la vuelta de Aristide a Haití, que continúa en el exilio en
Suráfrica. Mientras, Baby Doc Duvalier ha vuelto a Haití.
Las movilizaciones populares en Haití (silenciadas en los medios de mayor difusión), en las que se protestaba por la farsa de las elecciones, han forzado a la OEA a descalificar a su comisión electoral y han presionado al Gobierno de Haití para que, por fin, permita la vuelta de Aristide.

Lo que ocurre en Haití es, por desgracia, enormemente previsible. Durante la Guerra Fría se presentaban estos conflictos como resultado de las tensiones derivadas del mundo en dos bloques, el llamado “democrático y libre”, liderado por EEUU, y el dictatorial, liderado por la Unión Soviética. La falsedad de tal interpretación del mundo queda claramente demostrada en lo que ocurre hoy en Haití. La Unión Soviética ha desaparecido y la política del Gobierno federal de EEUU no ha cambiado ni un centímetro en su intervencionismo a favor de las elites gobernantes, mostrando que el mayor problema no es el geopolítico de bloques, sino las alianzas de clases entre las elites dominantes de los países del Norte y del Sur en contra de los intereses de las clases dominadas del Sur y del Norte. La clase trabajadora de EEUU, en contra de lo que asumen algunas voces izquierdistas, no se beneficia ni un ápice de la explotación que se realiza en Haití. En realidad, las mismas fuerzas (lo que en EEUU se llama la Corporate Class) que influencian las políticas del Gobierno federal de EEUU en Haití son las mismas fuerzas que dominan la vida política de EEUU, limitando la democracia y la calidad de vida de las clases populares de ambos países.

Vicenç Navarro: Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University

Tomado: Dominio Público

Danza macabra de cinismo



La política de saqueo impuesta por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en el Oriente Medio entró en crisis. Esta se desató inevitablemente con el alto costo de los cereales, cuyos efectos se hacen sentir con más fuerza en los países árabes donde a pesar de sus enormes recursos petroleros, la escasez de agua, las áreas desérticas y la pobreza generalizada del pueblo contrastan con los enormes recursos derivados del petróleo que poseen los sectores privilegiados.

Mientras los precios de los alimentos se triplican, las fortunas inmobiliarias y los tesoros de la minoría aristocrática se elevan a millones de millones de dólares.

El mundo arábigo, de cultura y creencia musulmana, se ha visto humillado adicionalmente por la imposición a sangre y fuego de un Estado que no fue capaz de cumplir las obligaciones elementales que le dieron origen, a partir del orden colonial existente hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, en virtud del cual las potencias victoriosas crearon la ONU e impusieron el comercio y la economía mundiales.

Gracias a la traición de Mubarak en Camp David el Estado árabe palestino no ha podido existir, pese a los acuerdos de la ONU de noviembre de 1947, e Israel se convirtió en una fuerte potencia nuclear aliada a Estados Unidos y la OTAN.

El Complejo Militar Industrial de Estados Unidos suministró decenas de miles de millones de dólares cada año a Israel y a los propios estados árabes sometidos y humillados por éste.

El genio ha salido de la botella y la OTAN no sabe cómo controlarlo.

Van a tratar de sacarle el máximo provecho a los lamentables sucesos de Libia. Nadie sería capaz de saber en este momento lo que allí está ocurriendo. Todas las cifras y versiones, hasta las más inverosímiles, han sido divulgadas por el imperio a través de los medios masivos, sembrando el caos y la desinformación.

Es evidente que dentro de Libia se desarrolla una guerra civil. ¿Por qué y cómo se desató la misma? ¿Quiénes pagarán las consecuencias? La agencia Reuters, haciéndose eco del criterio de un conocido banco de Japón, el Nomura, expresó que el precio del petróleo podría sobrepasar cualquier límite:

“‘Si Libia y Argelia suspenden la producción petrolera, los precios podrían llegar a un máximo por encima de 220 dólares por barril y la capacidad ociosa de la OPEP sería reducida a 2,1 millones de barriles por día, similar a los niveles vistos durante la guerra del Golfo y cuando los valores tocaron los 147 dólares por barril en el 2008′, aseveró el banco en una nota.”

¿Quiénes podrían pagar hoy ese precio? ¿Cuáles serían las consecuencias en medio de la crisis alimentaria?


Los líderes principales de la OTAN están exaltados. El Primer Ministro británico, David Cameron, informó ANSA, “…admitió en un discurso en Kuwait que los países occidentales se equivocaron en apoyar gobiernos no democráticos en el mundo árabe.” Se le debe felicitar por la franqueza.

Su colega francés Nicolás Sarkozy declaró: “La prolongada represión brutal y sangrienta de la población civil libia es repugnante”.

El canciller italiano Franco Frattini declaró “‘creíble’ la cifra de mil muertos en Trípoli [...] ‘la cifra trágica será un baño de sangre’.”

Hillary Clinton declaró: “…el ‘baño de sangre’ es ‘completamente inaceptable’ y ‘tiene que parar’…”

Ban Ki-moon habló: “‘Es absolutamente inaceptable el uso de la violencia que hay en el país’.”

“…’el Consejo de Seguridad actuará de acuerdo a lo que decida la comunidad internacional’.”

“‘Estamos considerando una serie de opciones’.”

Lo que Ban Ki-moon espera realmente es que Obama diga la última palabra.

El Presidente de Estados Unidos habló en la tarde de este miércoles y expresó que la Secretaria de Estado saldría para Europa a fin de acordar con sus aliados de la OTAN las medidas a tomar. En su cara se apreciaba la oportunidad de lidiar con el senador de la extrema derecha de los republicanos John McCain; el senador pro israelita de Connecticut, Joseph Lieberman y los líderes del Tea Party, para garantizar su postulación por el partido demócrata.

Los medios masivos del imperio han preparado el terreno para actuar. Nada tendría de extraño la intervención militar en Libia, con lo cual, además, garantizaría a Europa los casi dos millones de barriles diarios de petróleo ligero, si antes no ocurren sucesos que pongan fin a la jefatura o la vida de Gaddafi.

De cualquier forma, el papel de Obama es bastante complicado. ¿Cuál será la reacción del mundo árabe y musulmán si la sangre en ese país se derrama en abundancia con esa aventura? ¿Detendrá una intervención de la OTAN en Libia la ola revolucionaria desatada en Egipto?

En Iraq se derramó la sangre inocente de más de un millón de ciudadanos árabes, cuando el país fue invadido con falsos pretextos. ¡Misión cumplida! proclamó George W. Bush.

Nadie en el mundo estará nunca de acuerdo con la muerte de civiles indefensos en Libia o cualquier otra parte. Y me pregunto: ¿aplicarán Estados Unidos y la OTAN ese principio a los civiles indefensos que los aviones sin piloto yankis y los soldados de esa organización matan todos los días en Afganistán y Pakistán?

Es una danza macabra de cinismo.

Fidel Castro Ruz

Tomado:CubaDebate.cu

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El plan de la OTAN es ocupar Libia

21 feb 2011

“Lo más pronto posible”

Armas a granel: Ya en agosto de 2010 otro avión trajo armas no declaradas

Ni Washington se disculpará ni la Argentina devolverá de inmediato lo confiscado. La exigencia se redujo a una entrega “lo más pronto posible”. Frank Mora confirmó en el Senado el intento de vender armas a Brasil y el general Fraser los planes de represión del conflicto social. Resfrío en Miami y estornudo en Montevideo. Stolbizer y Michetti de reunión secreta en el Pentágono. Inteligencia de imágenes y señales. Casal confunde cartoneros con crimen organizado y echa lastre policial.
La disputa por la fallida tentativa de una misión militar estadounidense de introducir de modo subrepticio en la Argentina armas, equipos de comunicaciones encriptadas y drogas se canalizará por carriles diplomáticos sin demasiado estrépito. El viernes, el máximo responsable del Pentágono para la región, Frank Mora, hijo de exiliados cubanos, ya no dijo que la devolución del material incautado debe ser inmediata, sino “lo más pronto posible”. Esta fórmula tan laxa admite su cumplimiento dentro de dos días, de dos meses o de dos años. Ni la Argentina se apurará a enviarlo de vuelta ni el gobierno de Barack Obama pedirá disculpas, aunque la nota entregada por el Departamento de Estado incluye al menos algunas de las explicaciones que hasta ese momento Estados Unidos no había dado. Ninguno de los dos gobiernos tiene una actitud hostil ni se propone escalar un conflicto que refleja distintas concepciones culturales. Estados Unidos cumple su destino manifiesto de actuar como policía del mundo y se asombra cuando alguien pide documentos a sus hombres, les revisa el equipaje y aplica sus propias leyes. Pero afirmaciones como las del presidente venezolano Hugo Chávez de que Estados Unidos hará “todo lo posible para que Cristina no siga al frente del gobierno” no reflejan la línea oficial argentina.

La explicación
En su respuesta, el Departamento de Estado minimizó la diferencia entre lo declarado y lo introducido, que redujo a la categoría de un error burocrático respecto de la numeración de una de las armas, y atribuyó la falta de declaración de seis caños de ametralladora a un diálogo previo con los funcionarios del Registro Nacional de Armas (Renar), posición que la Aduana no habría aceptado. Respecto de los equipos de comunicaciones e informática pretendió que fueron declarados en forma genérica como “radios y computadoras” o “major end ítems”, que según la definición del Pentágono es “una combinación final de productos terminados listos para su uso, por ejemplo, barcos o aviones”. Sobre las drogas narcóticas y estupefacientes, la nota sostuvo que se trataba de “un maletín de primeros auxilios, que contenía morfina y otros materiales para ese fin, incluidas medicinas legales vencidas, ninguna de las cuales iba a ser utilizada por personal no estadounidense”. Como puede verse en esta página no era un maletín sino varios cajones. Según el Departamento de Estado tanto los sistemas de comunicaciones encriptadas como las drogas son de uso rutinario en las misiones de sus tropas, ya que pueden ser necesarios en caso de emergencia real. Estados Unidos “reconoce que hubo una discrepancia en las armas declaradas en la lista oficial suministrada a los funcionarios argentinos” y expresa un “compromiso claro de respetar las leyes argentinas vigentes”. Cita el Acuerdo vigente desde 1999 sobre Medidas de Seguridad para la Protección de Información Militar Clasificada, que responsabiliza a cada parte por la salvaguarda de la información de la otra parte, ya sea que esté en tránsito o almacenada. Pero en este caso el “material confidencial” no fue proporcionado a la Argentina “en forma directa o indirecta”, según contempla aquel acuerdo, sino que se intentó hacerlo pasar bajo una definición genérica que no se ajusta a su índole. Por último, el Departamento de Estado declara su esperanza de que el material sea liberado y devuelto “de inmediato”. La ley argentina permite pero no obliga a su destrucción, por lo cual cuando se determine con exactitud de qué se trata, tampoco habría inconvenientes para su devolución. Apenas dos días después de esta nota, el viernes 18, en una entrevista con el inquisitivo reportero colombiano Juan Carlos López, de CÑÑ, Frank Mora bajó el tono en forma ostensible. Ya no habló de devolución inmediata, sino “lo más pronto posible” e insistió una y otra vez que se estaba trabajando para una solución diplomática, que no pasaba porque ninguna de las partes pidiera disculpas.

“Amedrentados”
Mora también redujo el dramatismo de la primera declaración de su homólogo en el Departamento de Estado, Arturo Valenzuela, según quien los militares de las fuerzas especiales del primer Ejército del mundo se habían sentido “amedrentados” por los funcionarios argentinos (la directora de la Aduana, las médicas del Instituto Nacional de Medicamentos (Iname) y la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), los especialistas de la Aduana, el RENAR y la Policía Aeroportuaria). Con mayor sentido de las proporciones, Mora dijo que las tropas de elite pasaron una situación “desagradable”. Insistió en que los vínculos con la Argentina son muy fuertes y que las relaciones están bien institucionalizadas. Mora se ha reunido varias veces con el canciller Héctor Timerman, a quien trató de convencer sobre la necesidad del empleo de las Fuerzas Armadas para enfrentar al “narcoterrorismo”, ya que la policía es corrupta. Timerman le respondió que era un error mezclar dos fenómenos distintos, como el terrorismo y el narcotráfico, y le recordó que dentro de Estados Unidos sigue vigente la ley que prohíbe el uso de fuerzas militares en cuestiones de seguridad interior. Lo mismo ocurre en la Argentina, efecto colateral de la última dictadura militar, debido a la desprofesionalización que las Fuerzas Armadas padecieron cuando se las usó para la represión de la disidencia política, armada o no, con métodos criminales. Esta restricción disgusta al Pentágono. Dentro de su trabajo de penetración en los medios académicos, el Comando Sur firmó un acuerdo con la Facultad Internacional de Florida, cuyo Centro de Investigación Aplicada está realizando una investigación sobre “Cultura Estratégica”. Su informe sobre la Argentina, de 2010, cuestiona la ausencia de militares y de diplomáticos en el diseño de las políticas de Defensa y de Relaciones Exteriores, a los que en el mejor de los casos se les permite participar en la implementación de las directivas que bajan del Poder Ejecutivo, elaboradas por la presidente y su círculo íntimo, se queja. “Las Fuerzas Armadas están en estado de total abandono y desorganización” y “el uso de la fuerza como una de las herramientas de gobierno parece cosa del pasado”.

Las disculpas de la embajada
En sus comunicaciones informales, los norteamericanos se declararon perplejos por la presencia del propio ministro argentino de Relaciones Exteriores en el aeropuerto y por la difusión del caso. La concurrencia de Timerman se explica porque no es la primera sino la segunda vez que los militares norteamericanos intentan ingresar al país materiales no declarados y la difusión fue obra de los propios norteamericanos, como puede comprobarse con la primera crónica del caso, el sábado 12 en La Nación. Aquel primer avión, con personal y pertrechos para el mismo curso, llegó el 6 de agosto de 2010. Personal del (RENAR), de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y de la Administración Nacional de Aduanas detectó que además del material incluido en el manifiesto de embarque la carga incluía un fusil semiautomático Remington, modelo 700, calibre 300 plg; dos pistolas automáticas Beretta M9. 9x19 mm; dos lanzagranadas M320, calibre 40 mm y veinte cartuchos para ese lanzagranadas. La Aduana rechazó el ingreso de ese material sin declarar. Puesta al tanto de lo ocurrido, la embajadora Vilma Martínez dispuso que la máquina regresara con toda su carga a los Estados Unidos. Luego se comunicó con el ministro Julio Alak, por entonces a cargo de la Seguridad, le solicitó disculpas, le rogó que se las transmitiera a la presidente CFK y que el incidente no trascendiera a la opinión pública. La Argentina lo aceptó y la embajada reprogramó el curso. El 10 de febrero llegó el carguero de la Fuerza Aérea estadounidense desde la 7ª Brigada de Paracaidistas de Fort Bragg, Carolina del Norte (en inglés brag significa jactancia, canchereada). Esta vez aparecieron sin declarar una carabina y seis caños para ametralladoras, diversos aparatos electrónicos y de comunicaciones de tal sofisticación que, según los militares norteamericanos, no podían mostrarse a cielo abierto sin graves riesgos de seguridad. También había cajas con medicamentos en apariencia vencidos, un kit para francotirador, una motosierra capaz de cortar columnas de hormigón y numerosas drogas narcóticas y estupefacientes. La confidencialidad concedida en agosto sólo sirvió para que la tentativa de introducir este tipo de elementos en forma clandestina pudiera repetirse seis meses después. Ahora es más probable que no vuelva a ocurrir. En aquel caso se evidenció la discrepancia entre los ministerios de Defensa (Department of Defense, DOD) y de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos (Department of State, DOS). Mientras DOD realizó el envío, DOS lo devolvió a Estados Unidos. No es un caso excepcional, ya que en las últimas décadas, el Pentágono desplazó a la Cancillería en la fijación y ejecución de la política exterior de su país. Según la Oficina de Washington para América Latina (WOLA), con 1.200 hombres el Comando Sur dispone de mayores recursos y personal especializado en la América Latina que la suma de los del Departamento de Estado, de Defensa, de Agricultura, de Comercio y del Tesoro. En el último presupuesto estadounidense, los recursos que el gobierno de Obama destina para la Defensa son diez veces y medio mayores que los asignados a las relaciones exteriores. Con algunas oscilaciones, esa desproporción se mantiene en los últimos 35 años. Era de ocho veces y media bajo el mando de James Carter, trepó a casi quince veces durante la presidencia de Ronald Reagan, descendió a doce veces y media cuando gobernó George Bush y se mantuvo en trece veces durante las administraciones de Bill Clinton y George W. Bush.

Si ellos lo dicen
Una fuente insustituible para conocer los objetivos del Comando Sur es el informe anual de su jefe ante la Comisión de Fuerzas Armadas del Senado de los Estados Unidos, que debe aprobar su presupuesto. El 11 de marzo del año pasado, el brigadier general Douglas Fraser explicó allí que el mayor mercado para los Estados Unidos es el que va desde Canadá hasta la Patagonia, “con casi el 38 por ciento del comercio”, contra 31 por ciento de la Cuenca del Pacífico y 21 por ciento de Europa. “Importamos más petróleo crudo de esta región (52 por ciento) que del Golfo Pérsico (13 por ciento)”. La inversión extranjera directa de Estados Unidos es igual en la región que en Asia, Medio Oriente y Africa juntas. “En 2011 el intercambio con América Latina será mayor que el de Estados Unidos con Europa y Japón sumados”, dijo Fraser. Estados Unidos ya no puede dar por sentado que el American Way of life “sea la ideología única preferida en la región”. Dada la presencia de jugadores en expansión global como China, Rusia e Irán la democracia “debe competir en forma activa” en la región con el “populismo y el socialismo”. Estados Unidos debe contrarrestar entonces cualquier “mensaje antiestadounidense” y para ello “entrenamos y trabajamos con nuestros socios regionales en el mejoramiento de la seguridad, proveemos asistencia humanitaria y respondemos a desastres”. Agregó que el gasto militar per capita en su área de responsabilidad es el más bajo del mundo, igual que la probabilidad de amenazas militares convencionales. “Pero enfrentamos desafíos no tradicionales”, alimentados “por las endémicas condiciones de pobreza, la desigual distribución del ingreso y la corrupción”. Entiende que “las mismas rutas y redes por las cuales los traficantes contrabandean de 1250 a 1500 toneladas de cocaína por año pueden emplearse en forma deliberada o no para pasar armas, dinero, material fisible o terroristas”. El tráfico ilícito “provee un posible nexo para el terrorismo trasnacional y la potencial proliferación de armas de destrucción masiva”. Esa forzada lógica lo lleva a concluir que “así como esos dos vectores se funden en un nuevo híbrido, el narcoterrorismo, también deben hacerlo nuestros esfuerzos para contrarrestarlo”. De Colombia, esa fusión se traslada ahora al Perú, explicó Fraser. Considera que “el alarmante crecimiento de la violencia criminal” es un “corolario del tráfico ilegal”. Esto a su vez “exacerba las condiciones de pobreza e inequidad, obstruyendo los esfuerzos por el desarrollo”. Como prueba de este fantástico encadenamiento de factores disímiles el informe consigna que en “nuestra región ocurre uno de cada tres homicidios y uno de cada dos secuestros en el mundo” y la tasa de homicidios, de 27 por cada cien mil habitantes, es la más alta del mundo (en la Argentina es de 5/100.000).

Imágenes y señales
Una respuesta que el Comando Sur enfatiza es la de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento. Esto requiere “mejor inteligencia de imágenes y señales, amplia área de cobertura, integración de sensores, indicadores de blancos en movimiento”. También “herramientas de management, biométrica, contrainteligencia y agentes humanos de recolección de información”. Con ese fin “trabajamos con la industria y con la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada en Defensa (Darpa) en busca de soluciones innovativas”. Estos párrafos tal vez expliquen parte de la carga no declarada del avión, y algunos episodios recientes de la política nacional y en especial porteña.

Horacio Verbitsky

Tomado: Página 12.com.ar
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19 feb 2011

¿Quien apoyó la dictadura de Túnez?



Es una lástima que Pontecorvo, en mi opinión, el mejor director de cine que ha existido en el siglo XX, no esté ahora entre nosotros y pueda hacer una película sobre Túnez, la cual podría titularse “la Batalla de Túnez” que completara su excelente “la Batalla de Argel”. Lo de Túnez es un caso paradigmático de lo que ha estado ocurriendo en los países árabes. En realidad, me recuerda mucho a lo que pasó en Irán durante el tremendamente represivo reinado del Sha, establecido con el apoyo de los gobiernos occidentales, liderados por EEUU, a fin de frenar las demandas populares lideradas, en aquel momento, por movimientos laicos de raíces democráticas y socialistas. Presentaban al Sha como el elemento estabilizador (argumento utilizado ampliamente para apoyar dictaduras impresentables). En el día de Año Nuevo de 1977, el Presidente Carter presentó al Sha de Irán como el pilar de estabilidad que el Medio Oriente necesitaba. Dos años más tarde, el 16 de Enero de 1979, el Sha tuvo que huir de Irán, nombrando a un gobierno títere que duró sólo unas semanas.

Algo semejante ha ocurrido en Túnez. El gobierno del Presidente Ben Ali había recibido el apoyo de todos los países de la OTAN y del Fondo Monetario Internacional (FMI), como el eje de estabilidad del Norte de África. Diez días después de que un joven parado de 26 años se intentara suicidar, como protesta frente a la crueldad y dureza existente, Ben Ali tuvo que huir del país, formándose un gobierno títere que duraría solo unos días. Miles y miles de ciudadanos salieron a la calle y forzaron la salida de la camarilla que rodeaba a Ben Ali en Túnez. Lo interesante es ver el cambio fulminante de los gobiernos que le habían apoyado. Ben Ali tuvo que cambiar el rumbo de su avión durante su huída ya que cuando estaba volando hacia París, el gobierno Sarkozy le comunicó que no podía aterrizar en Francia y tuvo que irse a Arabia Saudí, el régimen dictatorial que ha ido recogiendo a los dictadores más impresentables de África y Asia, tales como Idi Amin de Uganda y Pervez Musharraf de Pakistán. El Presidente Sarkozy por cierto, había señalado al gobierno Ben Ali como uno de los regímenes más adelantados del mundo árabe y en los primeros días de la rebelión popular la Ministra de Asuntos Exteriores francesa Michele Alliot-Marie indicó a la Asamblea Nacional que Francia estaba dispuesta a enviar tropas para ayudar al gobierno Ben Ali como parte del convenio de colaboración entre ambos países. Y el Ministro de Cultura del mismo gobierno Sarkozy, Frederic Mitterrand, había indicado que definir al régimen liderado por Ben Ali como una dictadura era claramente “una exageración”. Semanas más tarde, el Presidente Sarkozy le negaba el permiso de exiliarse en Francia.

Pero tres cosas merecen especial mención. Una fue la movilización de grandes sectores de la clase trabajadora exigiendo la dimisión del gobierno, habiendo sido las bases de los sindicatos (infiltrados por los partidos clandestinos de izquierda) los que se constituyeron el centro de los movimientos sociales de rechazo a aquella dictadura. Tal como ha ocurrido en la cobertura mediática de Egipto, este elemento de gran importancia apenas ha tenido visibilidad (ver mi artículo “Lo que no se conoce sobre Egipto” publicado en Público, 17/02/2011). La otra observación fue que el partido en el cual Ben Ali basaba su red de corrupción (el Partido Democrático Constitucional) era miembro de la Internacional Socialista (como lo era el partido del dictador Mubarak de Egipto) mostrando el grado de confusión y complicidad de esta Internacional. Y el otro hecho es que el Director General del FMI, el “socialista” Dominique Strauss-Kahn, candidato preferente entre los socialistas para competir con Sarkozy en las próximas elecciones (mostrando la confusión de los Socialistas franceses) había recientemente visitado a Ben Ali y alabado sus políticas de austeridad de gasto público social, mostrándolo como un ejemplo a seguir, declarándose amigo y consejero de Ben Ali.

Por último, como era previsible, el gobierno estadounidense era uno de los mayores defensores de Ben Ali, debido a su respaldo incondicional a EEUU en su política de apoyo a Israel. Fueron el gobierno estadounidense y sus aliados en la OTAN los que armaron y apoyaron a Ben Ali, tal como subrayó Fulvio Martini, antiguo director de los servicios secretos militares SISMI, en declaraciones al parlamento italiano, “en 1985-1987, la OTAN organizó el golpe militar en Túnez que destruyó a Burguiba y mostró a Ben Ali como su sustituto”. A partir de entonces el gobierno federal de EEUU fue el máximo proveedor de armas en aquel sistema dictatorial, incluyendo 282 millones de dólares en armamento durante la Administración Obama.

Todos estos aliados no pueden alegar ningún tipo de ignorancia del carácter represor de aquel régimen. Amnistía Internacional habían ido documentado la enorme violación de los derechos humanos en aquel país, y el propio Departamento de Estado, en su informe confidencial, publicado en Wikileaks, explicaba con detalle la corrupción y la represión de aquel régimen. La historia se repite.

Una última observación. Este artículo lo escribí el mismo día en que el Presidente de las Cortes Españolas, el Sr. José Bono (miembro destacado del PSOE), visitó Guinea al frente de una delegación parlamentaria española. En Guinea existe una de las dictaduras más brutales que hayan existido en África, dirigida por uno de los dictadores más sangrientos y represivos que se hayan conocido en aquel continente. Y cuál sería mi enorme sorpresa cuando el socialista Bono le saludó indicando que “entre Guinea y España tenemos más cosas que nos unen que las que nos separan”. ¿Se imaginan a Pablo Iglesias diciendo algo semejante a Hitler? Tal comportamiento ofende no sólo a cualquier socialista, sino a cualquier ciudadano con sensibilidad democrática. Lo que José Bono, que no se merece representar al pueblo español, estaba diciendo con aquella frase es que los intereses económicos de Guinea, su riqueza petrolífera, era más importante que la denuncia del comportamiento repugnante de aquel dictador.

Y ésta es la razón de que los gobiernos europeos (incluidos sus partidos socialistas gobernantes) estén apoyando a gobiernos dictatoriales como el de Túnez, frente al rechazo de sus poblaciones.

Vicenç Navarro
Sistema

Tomado: Rebelión.org

16 feb 2011

La revolución árabe no ha hecho más que empezar


La revolución árabe no ha hecho más que empezar.

Cuando Barack Obama proclamó desde la Casa Blanca que “este no es el final de la transición, sino el principio”, se refería sólo a Egipto tras la caída del dictador Hosni Mubarak, hasta muy poco antes el más fiel y valioso aliado de Occidente en Oriente Próximo. Pero sus palabras son sin duda premonitorias de un fenómeno mucho más amplio que la histórica victoria del pueblo, en sólo 18 días de revuelta callejera, sobre la colosal maquinaria represiva que el rais levantó en 30 años de despotismo.

La rebelión de los jóvenes ha prendido en todo el mundo árabe y se ha transformado en una revolución imparable que amenaza con barrer a los tiranos instalados durante decenios en la opresión de sus ciudadanos. Recién desencadenada esa convulsión mundial, las cancillerías occidentales, los especialistas y hasta los servicios secretos se preguntan hoy, estupefactos: ¿por qué ha estallado la juventud árabe? ¿Cómo pudo cogernos por sorpresa? ¿Hasta dónde llegará esta revolución?

“¡Qué equivocados estábamos!”, admite Roger Hardy, analista sobre Oriente Próximo del Woodrow Wilson Center de Washington. “Cuando los disturbios comenzaron en Túnez, la mayor parte de los expertos (incluido yo mismo) dijimos que el presidente Ben Alí aplastaría la revuelta y sobreviviría. Cuando salió huyendo del país, la mayoría de los expertos (incluido yo) argumentamos que Egipto no era Túnez y que Mubarak aplastaría la rebelión y sobreviviría”.

Pocos gobernantes están tan dispuestos a reconocer semejante error de cálculo, pero los militares y jefes del espionaje que tan estrechas relaciones mantenían con los regímenes que hoy se desmoronan no pueden ocultar que fueron incapaces de prever el tsunami revolucionario que va derribando a sus socios y amigos.

Al comienzo de las manifestaciones en la plaza Tahrir de El Cairo, la cúpula del Ejército egipcio no estaba en su país, sino en Virginia, a las afueras de la capital estadounidense, participando en el Comité de Cooperación Militar conjunto, la reunión que cada año reúne a los altos mandos de Egipto y de EEUU. El jefe del Estado Mayor, el general Sami Enan encabezaba una delegación de 25 oficiales para esos encuentros con sus homólogos estadounidenses, entre ellos el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto norteamericano. El 28 de enero, los generales egipcios interrumpieron su visita y regresaron urgentemente a El Cairo.

Ni ellos ni sus mentores estadounidenses tenían la más remota idea de que la tempestad del cambio iba a derribar en poco más de dos semanas el régimen árabe más poderoso, que desde 1981 ha recibido 60.000 millones de dólares de Washington. En estas tres décadas, EEUU ha formado y financiado el Ejército egipcio, en una relación estratégica tan estrecha que los árboles de la cúpula militar de Mubarak impedían a los norteamericanos ver el inmenso bosque del descontento popular.

“Hemos entrenado a cientos, por no decir miles” de militares egipcios, subrayó el almirante Mullen en televisión hace algo más de una semana. “Han vivido con nosotros también sus familias y mi principal objetivo ha sido mantener el contacto con ellos”. Pero Mullen admitió en esa misma entrevista que los acontecimientos le habían “pillado por sorpresa” a pesar, o quizás a causa, de sus intensas relaciones con el Ejército del mayor país árabe.

A lo largo de los años, la proporción de ayuda militar de Washington a El Cairo fue creciendo, en relación a la económica, hasta ser cinco veces superior al monto de todas las otras aportaciones de EEUU a Egipto, a pesar de que ese país no participaba en ningún conflicto bélico. Y haciendo la vista gorda a la evidente corrupción en el seno de las Fuerzas Armadas egipcias.

Ahora, “el éxito del poder del pueblo en Egipto tendrá una repercusión en el mundo árabe mucho mayor que su triunfo en Túnez”, afirma Hardy, el analista del Woodrow Wilson. “El ejemplo egipcio ha electrizado a la opinión pública a lo largo de toda la región, en la que prevalecen males idénticos: autocracia, corrupción, desempleo, déficit de dignidad ciudadana… Los autócratas cuyos servicios de seguridad son más pequeños y débiles que los de Egipto son los más vulnerables al gélido viento de la ira popular. Los que cuentan con dinero están tratando de comprar la paz social, pero los estados más pobres, como Jordania y Yemen, tendrán que endeudarse para aplacar a la población”.

El problema es que hasta ahora las potencias occidentales despreciaban la capacidad de movilización de esas poblaciones y extendieron cheques en blanco a los déspotas, que se autoproclamaban baluartes contra el supuesto avance islamista para mantener durante decenios un estado de emergencia totalitario. Como en Argelia, donde ya se han producido graves disturbios en la capital al actuar con extrema contundencia la policía antidisturbios. Es, precisamente, en el tan cercano Magreb donde está llegando antes el virus revolucionario.

Palestino exiliado en Bélgica desde hace más de 40 años, Bichara Khader, director del Centro de Estudios e Investigación sobre el Mundo Árabe de la Universidad de Louvain, lo tiene claro: “Túnez ha sido la golondrina que anunció la revuelta árabe. El efecto de contagio en los demás países es evidente”. El Magreb cuenta con todos los ingredientes para que la sublevación popular estalle en las calles de Rabat, Casablanca, Argel y Trípoli: una población en su mayoría joven que se siente excluida, paro, represión política y social, y corrupción rampante de las autoridades.

“En Argelia y Libia, que cuentan con grandes recursos energéticos, las autoridades pueden decir: Consume y cállate’. Pero el dinero sólo sirve de somnífero y aplaza el despertar de la población”, explica Khader. Los analistas y diplomáticos occidentales aún ignoran qué está pasando en el país de Muamar al Gadafi. “No lo sabemos porque es un régimen cerrado y muy represivo”, se justifica Michael Willis, especialista en asuntos magrebíes del Middle East Centre de la Universidad de Oxford.

Pero sí vemos cómo los argelinos muestran su desesperación con intentos de suicidio a lo bonzo, gritando “¡basta!” a la hogra, el desprecio, en argelino. Argelia, un gigante económico con importantes reservas de petróleo y gas, mantiene a su población en estado de emergencia desde 1992 bajo el férreo control del Ejército.

“Argelia fue, en 1988, el precursor de las revueltas en el mundo árabe, pero su lucha fue secuestrada por el poder”, explica Aomar Baghzouz, profesor en la Universidad de Tizi Ouzou, al noreste del país. Y el sector en el que más ha invertido el Gobierno desde entonces ha sido el militar, mientras la población crecía más del 200% en medio siglo, hasta los 36 millones de habitantes, con una edad media de sólo 26 años.

Willis considera que en países como Argelia y Marruecos “hay una opresión económica y civil; es decir, la vida diaria es muy difícil, porque hay una falta de oportunidades, de visión para el futuro. Si no hay trabajo, no hay dinero; si no hay dinero, uno no puede casarse y no tendrá familia”. Pero desde las protestas que condujeron a la caída del tunecino Ben Alí, las poblaciones de los demás países de la zona “entendieron que era posible acabar con un dictador”.

“Sí, es posible” fue precisamente el titular de portada de la revista marroquí Tel Quel. En el reino alauí, consumido por la corrupción según Transparency International, y con una renta per cápita de unos 2.000 euros, la más baja de la región después de Mauritania, los sindicatos y la oposición islamista han convocado una manifestación el próximo día 20 para pedir más democracia.

“Marruecos es un caso complicado”, reconoce Bernabé López García, de la Universidad Autónoma de Madrid, “porque no es lo mismo echar a un tirano que se aferra al poder desde hace 30 años que a una monarquía que lleva ahí siglos, respetada hasta en las zonas más aisladas”.

Las autoridades de Rabat se han orientado hacia las reformas desde la muerte de Hasán II, en 1999, aunque muchos intelectuales marroquíes denuncian el autismo y autoritarismo del actual monarca, aún todopoderoso en su reino. “La corrupción endémica debería obligar a la Unión Europea a reaccionar y pedir reformas al Palacio Real. La primera de ellas debería ser un haraquiri del rey: que deje el poder absoluto e instaure una monarquía parlamentaria. Pero el problema es que los partidos políticos no están a la altura, se mantienen demasiado al margen”, considera el investigador español.

Los marroquíes tienen al menos a una figura central que encarna al poder, contra la que pueden gritar su malestar, “algo que falta a los argelinos”, según Willis. Abdelaziz Buteflika es presidente desde 1999, pero son los militares los que dirigen el país desde el golpe de Estado que abolió la victoria electoral islamista en enero de 1992. “El régimen contó con el maná petrolero para enfrentarse a las reivindicaciones sociales y sabe ahora que simples medidas económicas ya no son suficientes. Por eso ha anunciado el fin [en un futuro próximo] del estado de emergencia. Pero los argelinos seguirán reclamando cada vez más libertades y democracia”, dice el argelino Baghzouz.

Además, en Argelia “las desigualdades sociales son muy grandes”, subraya Amel Boubekeur, especialista del Magreb en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, quien teme “una represión brutal”. Porque, a diferencia de Túnez, el Ejército en Argelia “no ha sido marginalizado por las autoridades, sino que participa en el proceso de decisión política” y no dudará en usar la fuerza.

Pero las armas no bastan para acallar un volcán de indignación que se ha alimentado en el magma de internet y aprovecha las nuevas tecnologías para entrar en erupción. Porque las nuevas generaciones ya no pueden ser aisladas de la realidad por la censura.

Decenas de millones de árabes están enganchados a la serie Bab al hara (La puerta del barrio), que empezó a emitirse en 2006 y ha arrasado en casi todo Oriente Próximo. Ambientada en la ciudad vieja de Damasco en los años treinta, durante la colonización francesa de Siria y Líbano, y de la colonización inglesa de Palestina y Transjordania, debe su éxito, sobre todo entre los jóvenes, al enfoque moderno, hasta progresista, con que aborda las cuestiones sociales, incluida la situación de la mujer.

Bab al hara ha desplazado el foco de atención de Egipto a Siria, donde a pesar del régimen autoritario de Bashar al Asad, existe un margen para plantear cuestiones de más interés para la audiencia juvenil, ante la cual la sociedad tradicional de sus mayores se está resquebrajando rápidamente.

La penetración de la televisión por satélite en 22 países que comparten el conocimiento de un mismo idioma, el árabe clásico, también está siendo decisiva para internacionalizar la revolución de los jóvenes. Los planteamientos progresistas de la cadena de información Al Yazira, que ha estado en primera fila durante las revueltas, y que ha convertido su programación en una monografía sobre Egipto, están descubriendo una realidad distinta a millones de ciudadanos que durante toda su vida fueron sometidos al lavado de cerebro de medios de comunicación serviles con el poder.

El mundo árabe empieza a formar parte de la aldea global. Lo que ocurre en Túnez y Egipto se ve en directo en todos los demás países. Las redes sociales permiten que las protestas se convoquen de un día para otro, o en el mismo día. Los teléfonos móviles hacen que los manifestantes se organicen y reaccionen en segundos a los movimientos de la Policía o el Ejército.

Occidente siempre dio prioridad a la estabilidad de los regímenes árabes, por encima de la democracia y de los derechos humanos. Financiando y armando a los dictadores, dándoles manga ancha para oprimir y robar, confiando ciegamente en que las fuerzas represivas mantendrían a los ciudadanos a raya indefinidamente, EEUU y Francia han creado ese monstruo que ahora tanto temen: el poder revolucionario de un pueblo que ha perdido el miedo.

Los parias se han levantado, y nada les detendrá.

[CON INFORMACIÓN DE ISABEL PIQUER, GUILLAUME FOURMONT Y EUGENIO GARCÍA GASCÓN]

Tomado: El tablero global

11 feb 2011

Idas y venidas



Son notorios los vaivenes del Departamento de Estado ante la continuada protesta popular en Egipto: el viernes de la semana pasada, Hillary Clinton se enojó con Frank Wisner, su enviado especial a El Cairo, porque había alentado a Mubarak a seguir en el poder hasta las elecciones de septiembre. Dos días después, con más precisión técnica, declaró lo mismo que había propuesto Wisner, quien –entre paréntesis– funge como ejecutivo de una firma consultora de la que Mubarak es cliente. Tienen más importancia, sin embargo, los “vaivenes” del ejército egipcio: de defender a los manifestantes de los ataques de policías de civil y otros elementos mubarakistas, el domingo se dedicó a detener sin cargos a algunos periodistas y activistas de los derechos humanos.

Las fuerzas armadas de EE.UU. serán parte del complejo militar-industrial que preocupaba al general Eisenhower. Las de Egipto pueden calificarse de complejo militar-industrial-agrario-comercial y durante 30 años sostuvieron al hoy repudiado mandatario, uno de los suyos finalmente. Nunca abandonaron el designio de reducir a los mismos grupos opositores que hoy tienen presencia en la plaza pública: siempre los consideraron “una amenaza para la seguridad nacional”. Dicho de otra manera, contra sus propios intereses.

Un extenso cable de fecha 9 de agosto de 2008 que la embajada estadounidense en El Cairo envió al Departamento de Estado, y que Wikileaks filtró, describe así la situación (//213.251.145.96/cable/2008/09/08CAIRO2091.html: “Aunque los analistas perciben que un escaso número de élites empresariales y del régimen incrementan su control político y económico del país, a la vez reconocen la gran influencia de los militares en la economía de Egipto”. Los contactos nos informan que los militares “poseen compañías, con frecuencia dirigidas por generales retirados, particularmente activas en aceite de oliva, agua, cemento, construcción, hoteles y las industrias gasolineras”. XXX subrayó que los militares son dueños de vastas extensiones de tierras ubicadas en el delta del Nilo y en la costa del Mar Rojo, una suerte de “beneficio adicional” porque ellos aseguran la estabilidad y la seguridad del régimen. Estos beneficiados quieren el statu quo con Mubarak o sin él.

La protesta generalizada ha obligado al mandatario egipcio a producir algunos gestos: anunció que no presentará nuevamente su candidatura en los comicios de septiembre, su hijo tampoco; renunció a la conducción de su partido, disolvió el gabinete y nombró otro igualmente servil, designó vicepresidente a Omar Suleimán, un conocido violador de los derechos humanos muy bien visto por el gobierno estadounidense y hoy encargado de “la transición”, siempre con Mubarak. El vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs, no le teme al ridículo y calificó esos retoques cosméticos de “cambios monumentales”. Las propuestas de Suleimán a la oposición gozan del mismo tipo de monumentalidad.

El régimen imperante en Egipto, incluso más que en Pakistán, es una dictadura militar vestida de civil, con una administración pública repleta de jefes y oficiales. Las fuerzas armadas comenzaron a ganar prestigio popular cuando un grupo al mando de Gamal Abdel Nasser derrocó a la monarquía en 1952. De la humillación que les infligió Israel en la guerra de 1967, algo se recuperaron en el nuevo conflicto de 1973. Los manifestantes bailaron y cantaron con los soldados en la plaza Tahrir y se produjeron algunos actos de confraternización entre los unos y los otros. Pero Mubarak cuenta con la lealtad del ejército y si no lo emplea para lanzar una represión masiva es porque el contexto ya no es el de los últimos 30 años y teme, como el alto mando, que se le dé vuelta.

Los Hermanos Musulmanes, el sector islámico más moderado del mundo árabe, respeta al ejército, elogia su neutralidad y lo considera un factor de decisión honesto. Algunos de sus dirigentes incluso aceptan que Mubarak siga en el cargo hasta las elecciones. Sucede que esa organización viene negociando hace años con el gobierno, que le ha hecho no pocas concesiones en el campo socio-cultural a fin de apaciguarla. Esto recorta la secularización que avanzó con Nasser en los ’50 y los ’60. Otra paradoja de la política exterior de Estados Unidos.

Suleimán fue director del espionaje egipcio, tuvo en consecuencia frecuentes contactos con los servicios norteamericanos y en muchos cables de la embajada estadounidense en El Cairo que dio a conocer Wikileaks se lo considera “el elemento más exitoso” de esa relación. Washington lo apoya y hace años que para Tel Aviv es el sucesor ideal de Mubarak. Pero el flamante vicepresidente no se porta bien: insiste en subrayar que “Egipto no está preparado para la democracia”, una declaración que todo aspirante a dictador inteligente se guardaría para sí, y no acepta las demandas de la oposición, comenzando por la principal: la salida ya de Mubarak. Tal vez confía en el cansancio de los manifestantes, pero el ímpetu con que iniciaron su tercera semana de protesta no ofrece indicios de que pronto suceda.

Juan Gelman

Tomado: Página.com.ar

10 feb 2011

AFRICOM desenmascarado, no querido y vulnerable



Todas las naciones africanas excepto Liberia han rehusado hasta ahora los requerimientos de EEUU para establecer el cuartel general del Mando para África de EEUU en suelo africano. Pero “AFRICOM continuará probablemente socavando la resistencia de África a través de proyectos como el Programa de Colaboración de la Guardia Nacional” con ejércitos africanos. “La resistencia de las masas debe producirse también en EEUU,” si se quiere evitar que vaya más lejos la penetración por parte de EEUU y la militarización de África.

“El compromiso continuado de África para mantenerse firme contra el establecimiento de un cuartel general del AFRICOM en el continente es una victoria minusvalorada”

Cuando la Administración Bush creó el Mando de EEUU para África (AFRICOM) para proteger los intereses estratégicos y del petróleo de EEUU, recibió un portazo en las narices de todos los países africanos excepto Liberia. Afortunadamente, AFRICOM no aceptó nunca el ofrecimiento de Liberia para establecer su cuartel general allí, y el mando militar se ha establecido, por defecto, en Stuttgart, Alemania.

Aunque AFRICOM ha insinuado que podría renovar sus esfuerzos para establecer su base en África, el Washington Post citó las declaraciones de un miembro del Consejo de Asesores de AFRICOM, en las que decía que las posibilidades de que esto ocurra en realidad son muy bajas. Sus palabras fueron: “Yo, personalmente, las pondría entre escasas y ninguna.” No es un misterio el porqué. El Washington Post citó también las palabras del director de inteligencia de Marruecos: “Los países africanos lo ven (al AFRICOM) como un riesgo. Ha quedado bastante claro que nadie quiere la presencia de ningún ejército extranjero, especialmente de los EEUU, en ningún lugar de África.”

El compromiso continuado de África para mantenerse firme contra el establecimiento de un cuartel general del AFRICOM en el continente es una victoria minusvalorada. Si África no ha aprendido de esta experiencia que el imperialismo puede ser derrotado hasta cierto punto simplemente no cooperando con él, debería hacerlo. La lección, ciertamente, no ha sido pasada por alto por otros.

En su libro, La doctrina del shock, Naomi Klein escribió:

“Los gobiernos de Venezuela, Costa Rica, Argentina y Uruguay han anunciado que no volverán a mandar estudiantes a la Escuela de las Américas – el infame centro de entrenamiento policial y militar en Fort Benning, Georgia, donde tantos de los asesinos más notorios del continente aprendieron lo último en técnicas de ‘contraterrorismo’, para luego usarlo contra los campesinos en El Salvador o los trabajadores del automóvil en Argentina. Bolivia está intentando cortar sus lazos con la escuela, así como Ecuador.”

“Los gobiernos africanos deben simplemente no permitir que sus soldados participen en los programas de entrenamiento del AFRICOM”

Programas como el de Asistencia y Entrenamiento en Operaciones de Contingencia de África (ACOTA, por sus siglas en inglés), la Estación de Colaboración de África y el Programa Internacional de Entrenamiento y Educación Militar son todos programas del AFRICOM que proporcionan a los soldados africanos entrenamiento ideológico y militar, y no es descabellado temer que acaben convirtiéndose en una especie de “Escuela de las Américas” para África. Desafortunadamente, bastantes países africanos no han dudado en ofrecer sus tropas, y haciéndolo han ilustrado claramente otra lección que África podría aprender de las fuerzas progresistas en América Central y del Sur. Y es que la resistencia a las iniciativas imperialistas no puede dejarse a los gobiernos.

En su libro, Naomi Klein escribió:

“[Los movimientos de masas en Latinoamérica están] menos centralizados que en los sesenta, haciendo más difícil desmovilizar los movimientos completos con la eliminación de unos pocos líderes. A pesar del abrumador culto a la personalidad que rodea a [Hugo] Chávez, y sus movimientos para centralizar el poder a nivel estatal, las redes progresistas en Venezuela son, al mismo tiempo, fuertemente descentralizadas, con el poder disperso entre las bases y al nivel de la comunidad, a través de miles de consejos vecinales y cooperativas. En Bolivia, los movimientos populares indígenas que han llevado a la presidencia a [Evo] Morales funcionan de manera similar y han dejado claro que Morales no cuenta con su apoyo incondicional…”

“Si los líderes de los gobiernos de África quieren evitar la militarización de su continente deben seguir el ejemplo de sus homólogos progresistas en América Central y del Sur.”

No hay nunca garantías de que un movimiento de masas vaya a tener éxito al ejercer presión sobre un gobierno africano para que tome la arriesgada decisión de decir “no, gracias” a EEUU, en respuesta a una invitación para participar en un proyecto del AFRICOM. De todos modos, un movimiento de masas tiene el potencial para establecer un clima y un consenso entre las bases, en el sentido de que los jóvenes, hombres y mujeres, de un país deben, individualmente, resistirse a realizar el servicio militar si eso significa la participación, directa o indirecta, en proyectos del AFRICOM.

Los movimientos de resistencia de masas tienen que tener también lugar en EEUU porque, hace tan sólo algunos meses, representantes de alto nivel del AFRICOM y otros organismos viajaron a Liberia para establecer una “colaboración” entre el ejército del país del África Occidental y la Guardia Nacional de Michigan. Los afroamericanos y el resto del pueblo de Michigan (y los de los otros siete estados que se han unido a las “colaboraciones” del AFRICOM) tienen no sólo el derecho sino la obligación de resistirse al uso de las tropas de su Guardia Nacional como peones del AFRICOM. En el caso de Michigan esa resistencia no debería ser sólo por el bien de la independencia africana sino también por el gran número de afroamericanos sin trabajo y azotados por la pobreza en Detroit, Flint, Benton Harbor y en todo el estado que necesitan un subsidio, pero que nunca tendrán uno porque tantísimo dinero se usa para alimentar un voraz presupuesto militar.

Es improbable que el AFRICOM pueda montar su campamento pronto. Es más probable que siga socavando la resistencia de África a través de proyectos como el programa de colaboración con la Guardia Nacional y con estrategias diseñadas para poner un rostro más humano a lo que muchos africanos ven ahora como un monstruo militar de EEUU, grande y aterrador. Esto significa que mantenerse fuertes contra el AFRICOM es lo más importante. La incapacidad del AFRICOM para establecer su cuartel general en África ha mostrado vulnerabilidad de éste, y sirve en bandeja de plata las estrategias que deben ser adoptadas para derrotarlo.

Mark P. Fancher. Coordina la Conferencia Nacional de Abogados Negros como fuerza de choque contra el AFRICOM. Es también el autor del libro “Todavía no estoy cansado”. Puede ser contactado en mfancher@comcast.net

Fuente

Tomado: Rebelión.org

1 feb 2011

Egipto, la apuesta al gatopardismo


Foto: Agencia EFE

En el día de ayer Hillary Clinton declaró ante la prensa que lo que había que evitar a toda costa en Egipto era un vacío de poder. Que el objetivo de la Casa Blanca era una transición ordenada hacia la democracia, la reforma social, la justicia económica, que Hosni Mubarak era el presidente de Egipto y que lo importante era el proceso, la transición. A diferencia de lo ocurrido en otra ocasión, el presidente Obama no exigiría la salida del líder caído en desgracia.

Como no podría ser de otro modo, las declaraciones de la secretaria de Estado reflejan la concepción geopolítica que Estados Unidos ha sostenido invariablemente desde la Guerra de los Seis Días, en 1967, y cuya gravitación se acrecentó después del asesinato de Anwar el-Sadat en 1981, y la asunción de su por entonces vicepresidente, Hosni Mubarak. Sadat se había convertido en una pieza clave para Estados Unidos e Israel –y de paso le confirió a Egipto la misma categoría– al ser el primer jefe de estado de un país árabe en reconocer al Estado de Israel y al firmar un tratado de paz entre Egipto y ese país el 26 de marzo de 1979. Las dudas y los rencores que aún abrigaban Sadat y el primer ministro israelí Menájem Begin como consecuencia de cinco guerras y que tornaban en interminables las negociaciones de paz fueron rápidamente dejados de lado cuando tanto ellos como el presidente James Carter se notificaron que el 16 de enero de ese año un estratégico aliado pro-norteamericano en la región, el sha de Irán, había sido derrocado por una revolución popular y buscado refugio en Egipto. La caída del sha fue seguida por el nacimiento de la república islámica bajo la conducción del ayatolá Ruhollah Jomeini, para quien Estados Unidos y la entera “civilización americana” no eran otra cosa que el “Gran Satán”, el enemigo jurado del Islam.

Si la violenta eyección del sha sacudía el tablero de Medio Oriente, no eran mejores las noticias que provenían del convulsionado traspatio centroamericano: el 19 de julio de 1979 el Frente Sandinista entraba a Managua y ponía fin a la dictadura de Anastasio Somoza, complicando aún más el cuadro geopolítico norteamericano. A partir de ese momento, el delicadísimo equilibrio de Medio Oriente tendría en Egipto el ancla estabilizadora que la política exterior norteamericana se encargó de reforzar a cualquier precio, aún a sabiendas de que bajo el reinado de Mubarak la corrupción, el narcotráfico y el lavado de dinero crecían a un ritmo que sólo era superado por el proceso de pauperización y exclusión social que afectaba a sectores crecientes de la población egipcia; y que la feroz represión ante los menores atisbos de disidencia y las torturas eran cosas de todos los días.

Por eso suenan insoportablemente hipócritas y oportunistas las exhortaciones del presidente Obama y su secretaria de Estado para que un régimen corrupto y represivo como pocos en el mundo –y al cual Estados Unidos mantuvo y financió por décadas– se encamine por el sendero de las reformas económicas, sociales y políticas. Un régimen, además, donde Washington podía enviar prisioneros para torturar sin tener que enfrentar molestas restricciones legales y la estación de la CIA en El Cairo podía operar sin ninguna clase de obstáculos para llevar adelante su “guerra contra el terrorismo”. Un régimen, además, que pudo bloquear Internet y la telefonía celular y que apenas si despertó una mesurada protesta por parte de Washington. ¿Habría sido igual de tibia la reacción si quien hubiera cometido tales tropelías hubiese sido Hugo Chávez?

Dado que Mubarak parecería haber cruzado el punto de no retorno, el problema que se le presenta a Obama es el de construir un “mubarakismo” sin Mubarak; es decir, garantizar mediante un oportuno recambio del autócrata la continuidad de la autocracia pro-norteamericana. Como decía el Gatopardo, “algo hay que cambiar para que todo siga como está”. Esa fue la fórmula que sin éxito alguno Washington intentó imponer en los meses anteriores al derrumbe del somocismo en Nicaragua, apelando a la figura de un personaje del régimen, Francisco Urcuyo, presidente del Congreso Nacional, cuya primera y prácticamente última iniciativa como fugaz presidente fue la de solicitar al Frente Sandinista, que venía aplastando a la guardia nacional somocista por los cuatro rincones del país, que depusiera las armas. Lo depusieron a él al cabo de pocos días, y en el habla popular nicaragüense el ex presidente pasó a ser recordado como “Urcuyo, el efímero”.

Lo que ahora está intentando la Casa Blanca es algo similar: presionó a Mubarak para que designara a un vicepresidente en la esperanza de que no reeditase el fiasco de Urcuyo. La designación no pudo haber sido más inapropiada pues recayó en el jefe de los servicios de inteligencia del ejército, Omar Suleimán, un hombre aún más refractario a la apertura democrática que el propio Mubarak y cuyas credenciales no son precisamente los que anhelan las masas que exigen democracia. Cuando éstas ganaron las calles y atacaron numerosos cuarteles de la odiada policía y de los no menos odiados espías, soplones y organismos de la inteligencia estatal, Mubarak designa al jefe de estos servicios nada menos que para liderar las reformas democráticas. Es una broma de mal gusto y así fue recibida por los egipcios, que siguieron tomando las calles convencidos de que el ciclo de Mubarak se había terminado y que había que exigir su renuncia sin más trámite.

En la tradición del socialismo marxista se dice que una situación revolucionaria se constituye cuando los de arriba no pueden dominar como antes y los de abajo ya no quieren ser dominados como antes. Los de arriba no pueden porque la policía fue derrotada en las luchas callejeras, y los oficiales y soldados del ejército confraternizan con los manifestantes en lugar de reprimirlos. No sería de extrañar que alguna otra filtración tipo Wikileaks devele las intensas presiones de la Casa Blanca para que el anciano déspota abandone Egipto cuanto antes para evitar una reedición de la tragedia de Teherán. Las alternativas que se abren para los Estados Unidos son pocas y malas: a) sostener el régimen actual, pagando un fenomenal costo político no sólo en el mundo árabe para defender sus posiciones y privilegios en esa crucial región del planeta; b) una toma del poder por una alianza cívico-militar en donde los opositores de Mubarak estarán destinados a ejercer una gravitación cada vez mayor o, c)la peor de las pesadillas, si se produce el temido vacío del poder que sean los islamistas de la Hermandad Musulmana quienes tomen el gobierno por asalto.

Bajo cualquiera de estas hipótesis las cosas ya no serán como antes, pues aún en la variante más moderada la probabilidad de que un nuevo régimen en Egipto continúe siendo un fiel e incondicional peón de Wa-shington es sumamente baja y, en el mejor de los casos, altamente inestable. Y si el desenlace es el radicalismo islamista la situación de Estados Unidos e Israel en la región se tornará en extremo vulnerable, habida cuenta de que el efecto dominó de la crisis que comenzó en Túnez y siguió en Egipto ya se está dejando sentir en otros importantes aliados de Estados Unidos, como Jordania y Yemen, todo lo cual puede profundizar la derrota militar norteamericana en Irak y precipitar una debacle en Afganistán. De cumplirse estos pronósticos, el conflicto palestino-israelí adquiriría inéditas resonancias cuyos ecos llegarían hasta los suntuosos palacios de los emiratos del Golfo y la propia Arabia Saudita, cambiando dramáticamente y para siempre el tablero de la política y la economía mundiales.

Atilio A.Boron
Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales.

Tomado: Página12.com.ar
Artículo relacionado:
Variadas reacciones del mundo

30 ene 2011

Acusan a la CIA de estar tras las revueltas de Túnez y Egipto


En pos de la reorganización estratégica de EEUU frente a China, Rusia e Irán

Las revueltas y protestas populares que se han escenificado en Egipto, Túnez y Yemen, a juicio del periodista estadounidense Webster Tarpley, tienen una misma raíz, la nueva revolución de los colores de la CIA (Agencia Central de Inteligencia por sus siglas en inglés).

El primero en encender las calles fue el pueblo tunecino, con protestas desde la semana pasada, en las que se exigió la salida del mandatario Ben Alí hasta que éste huyó hacia Arabia Saudí.

Luego fue Egipto, donde ya se contabilizan más de ocho personas fallecidas.

Días atrás, el presidente Barack Obama instó públicamente a seguir el ejemplo de la llamada “revolución jazmín” de Túnez en otros países norafricanos y del Medio Oriente.

Entretanto, el líder libio Muhamar Gadaffi reveló que detrás de los acontecimientos tunecinos estaba EE.UU. y otros gobiernos europeos.

Según el periodista norteamericano Tarpley en su artículo publicado en el portal antiimperialista.blogia y titulado "El peligro es muy grande en Túnez", las fuerzas que derrocaron al presidente Ben Alí no tienen organización política que las representen en la sociedad.

Tarpley indicó que en Túnez la conocida Revolución de los Jazmines busca "instalar en el poder marionetas más agresivas contra Rusia, China e Irán (…)".

Las revueltas en esa región formarían parte de la campaña desplegada por Estados Unidos en Oriente Medio y África en pos de la reorganización estratégica del imperio frente a China, Rusia e Irán.

La actitud de EEUU ante las revueltas de Túnez, Egipto y otros paises, a cuyos dictadores había estado apoyando hasta hace apenas unos días, debería hacernos, cuanto menos, meditar sobre los acontecimientos que se están sucediendo.

Si las revueltas son capitalizadas por trabajadores y estudiantes quizá sería distinto, pero a falta de ninguna organización que canalice el descontento popular en ese sentido, podrían ser unas nuevas élites las que implantaran nuevos régimenes más cercanos a los intereses actuales a EEUU.

Tomado: La República.es
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El régimen de Mubarak y las revueltas de enero
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