Mostrando entradas con la etiqueta Naciones Àrabes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Naciones Àrabes. Mostrar todas las entradas

17 feb 2011

Las mismas cachiporras


Caricatura: Juan Kalvellido
Luego de tres semanas de observar a la más poblada de las naciones árabes arrojar del poder a un anciano ridículo, caigo en cuenta de un hecho extraño. Hemos estado informando al mundo que la infección de la revolución de Túnez se propagó a Egipto, y que en Yemen, Bahrein y Argelia han surgido protestas democráticas casi idénticas, pero hemos pasado por alto la contaminación más destacada de todas: que la policía de seguridad del Estado, puntal del poder de los autócratas árabes, recurre en Saná, Bahrein y Argel a las mismas tácticas desesperadas de salvajismo que los dictadores de Túnez y Egipto intentaron en vano contra sus ciudadanos en pie de lucha.

Así como los millones de manifestantes no violentos en El Cairo aprendieron de Al Jazeera y de sus pares en Túnez –hasta en esos mensajes de correo electrónico en que los tunecinos aconsejaban a los egipcios partir limones a la mitad y comerlos para evitar los efectos del gas lacrimógeno–, así también los esbirros de seguridad del Estado en Egipto, que presumiblemente veían los mismos programas, ejercieron precisamente la misma brutalidad que sus colegas en Túnez. Increíble, si uno se pone a pensar en ello.

Los policías de El Cairo vieron a los tunecinos apalear a los opositores hasta dejarlos como masas sanguinolentas y –pasando del todo por alto que eso precipitó la caída de Ben Alí– copiaron fielmente la táctica.

Habiendo tenido el placer de estar junto a estos guerreros del Estado en las calles de El Cairo, puedo dar fe de sus tácticas por experiencia personal. Primero, la policía uniformada confrontó con los manifestantes. Luego abrió filas para permitir que los baltagi –ex policías, drogadictos y ex presidiarios– avanzaran y golpearan a los manifestantes con palos, cachiporras y barretas de hierro. Luego los criminales se replegaron hacia las filas de la policía, mientras los uniformados bañaban a los manifestantes con miles de latas de gas lacrimógeno (de nuevo, hechas en Estados Unidos). Al final, según observé con considerable satisfacción, los manifestantes sencillamente avasallaron a los hombres del Estado y sus mafiosos.

Pero, ¿qué ocurre cuando sintonizo Al Jazeera para ver hacia dónde debemos viajar ahora? En las calles de Yemen hay policías de seguridad del Estado cargando con cachiporras contra las multitudes de manifestantes en Saná y luego abriendo filas para permitir que esbirros sin uniforme ataquen con garrotes, cachiporras, barras de hierro y pistolas. Y en el momento en que estos criminales se repliegan, la policía yemení baña de gas lacrimógeno a las multitudes. Luego las imágenes son de Bahrein, donde –no necesito decirlo, ¿o sí?– los policías aporrean a hombres y mujeres y arrojan miles de cargas de gas lacrimógeno con tal promiscuidad que los propios uniformados acaban vomitando en el pavimento. Extraño, ¿no?

Pero no, sospecho que no. Durante años, los servicios secretos de estos países han imitando a sus iguales por una sencilla razón: porque sus capos de inteligencia han estado pasándose tips durante años. También para torturar. Los egipcios aprendieron a usar electricidad con mucha mayor fuerza en sus prisiones del desierto luego de una amistosa visita de los muchachos de la estación de policía de Chateauneuf, en Argel (que se especializan en bombear agua en el cuerpo de los hombres hasta hacerlos estallar literalmente en pedazos). Cuando estuve en Argel, el pasado diciembre, el jefe de seguridad del Estado tunecino llegó en visita fraternal. Fue como cuando los argelinos visitaron Siria en 1994 para averiguar cómo Hafez Assad enfrentó el levantamiento musulmán de 1982 en Hama. Simple: masacrar a la gente, volar la ciudad, dejar a la intemperie los cuerpos de culpables e inocentes por igual para que los sobrevivientes los vieran. Y eso mismo hizo el poder después, tanto con los desalmados islamitas armados como con su propio pueblo.

Fue algo infernal, esa universidad abierta de la tortura, una constante ronda de conferencias y recuentos de primera mano de “interrogatorios” hechos por sádicos del mundo árabe, con el constante apoyo del Pentágono y sus escandalosos manuales de “cooperación estratégica”, para no mencionar el entusiasmo de Israel.

Pero había una falla vital en esas lecciones. Si alguna vez –sólo una vez– la gente perdiera el miedo y se levantara para aplastar a sus opresores, el mismo sistema de dolor y horror se volvería su enemigo, y su ferocidad sería precisamente la razón de su derrumbe. Eso es lo que ocurrió en Túnez. Y en Egipto.

Es una lección instructiva. Bahrein, Argelia y Yemen aplican políticas de brutalidad idénticas a las que les fallaron a Ben Alí y Mubarak. No es ése el único extraño paralelismo entre el derrocamiento de los dos titanes. Mubarak en verdad creía la noche del jueves que el pueblo sufriría otros cinco meses de su dictadura. Ben Alí al parecer creía lo mismo.

Lo que esto demuestra es que los dictadores de Medio Oriente son infinitamente más estúpidos, desalmados, vanidosos, arrogantes y ridículos de lo que sus propios pueblos creían. Gengis Kan y lord Blair de Isfaján fundidos en uno.

Robert Fisk
De The Independent, de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Tomado: Página 12.com.ar
Artículos relacionados:
Dispersan un funeral en Teherán
Disparan a quemarropa
Revueltas en Irán, Irak, Libia, Yemen y Bahrein

10 feb 2011

"La verdadera tragedia de las naciones árabes es la desaparición de una izquierda fuerte y laica"


En una entrevista concedida a Al Jazira, el gran filósofo esloveno Slavoj Zizek fustiga la hipocresía occidental, manifestada desde el comienzo de los movimientos revolucionarios en Egipto. Un punto de vista demasiado poco defendido en los medios internacionales. Reproducimos algunos extractos.

“Lo que ocurre en Egipto es la prueba última de que la idea cínica según la cual los pueblos musulmanes preferirían la dictadura y el fundamentalismo religioso a la democracia es completamente falsa. Lo que ha ocurrido en Túnez, y lo que ocurre en estos momentos en Egipto, es justamente la revolución universal por la dignidad, los derechos humanos, la justicia económica. ¡Es el universalismo en marcha! (…)

“Un manifestante ha dicho: 'Estoy orgulloso de ser egipcio'. Yo, por mi parte, estoy orgulloso de ellos. Nos han dado una lección. Los pueblos árabes prueban de forma brillante que comprenden lo que es la democracia. Haciendo lo que hacen, prueban que la comprenden mucho mejor que el Oeste y sus políticas antiinmigración. Es el mejor argumento jamás visto en la tele contra toda esa tontería sobre el choque de las civilizaciones. A partir del momento en que la gente lucha contra la tiranía, todos debemos ser solidarios.

“El miedo del extremismo religioso es absurdo. He leído en alguna parte que más del 30% de la población americana creía en el diablo y en los fantasmas. (…) Todos esos asuntos sobre el Islam, es pura ideología occidental. No hay que elegir entre el Islam fundamentalista y la democracia liberal. Hay muchas cosas maravillosas en el Islam. Hace dos semanas, mientras visitaba el museo de las artes islámicas de Qatar, he leído la cita de un antiguo filósofo iraní. 'Solo un tonto evoca el destino cuando desaprovecha una oportunidad'. Esto quiere decir que se es libre de elegir. Si la única alternativa que existe es la teocracia islamista o el liberalismo occidental, estamos fastidiados. La verdadera tragedia de las naciones árabes es la desaparición de una izquierda fuerte y laica.

“Mirad Afganistán, por ejemplo. Se le presenta hoy como un país de fundamentalistas chiflados. Ya lo siento, pero soy lo bastante viejo como para acordarme de cómo era Afganistán hace 40 años. Era un país muy laico, muy abierto, con un monarca prooccidental. Ya sabemos la continuación de la historia. (…) Es crucial formar una izquierda fuerte. Es lo único que podrá salvarnos, tanto a los países árabes como a los occidentales.

“Hay un gran caos en el cielo, la situación es excelente”, dijo Mao. Por supuesto, no hago apología del caos. Pero sin esta apertura momentánea, durante la cual no se sabe ya verdaderamente quien está en el poder… nada sería posible. Voy a hacer una comparación indecente: en los dibujos animados de Tom&Jerry, siempre hay un momento en el que el gato camina por encima del vacío. Y mientras no mira hacia abajo, no ve que está encima del precipicio. Lo mismo ocurre con Mubarak. Para hacerle caer, es necesario que mire hacia abajo, y vea que está ya encima del precipicio”.

Fuente

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR

Tomado: Rebelión.org
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...