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6 feb 2012

Dan a conocer nuevos casos de esclavitud en Europa


Funcionarios de la Comisión Europea dieron a conocer que fueron descubiertos nuevos casos de esclavitud moderna llevados acabo por una red de delincuentes dedicada a captar personas para enviarlas a otros países europeos y hacerlos trabajar largas horas a cambio de un pago muy bajo.

La comisionada europea para Asuntos Internos, Cecilia Malmstron, dijo que se trata de “un crimen horrible y es esclavitud moderna”, al tiempo que expresó temor por considerar que estos casos puedan ser sólo una parte de una gran mafia se oculte tras esas redes delincuenciales.

“Están utilizando a gente muy vulnerable y especialmente durante tiempos económicos duros, gente que ha perdido sus empleos, que no tienen dónde vivir, que han sido expulsados de casa por sus familiares. Tenemos que actuar con más fuerza de lo que lo hemos hecho. Es sólo recientemente que nos hemos dado cuenta de la magnitud del problema”, apuntó Malmstron.

La mayor parte de las víctimas de estas organizaciones ilegales son personas que viven en las calles con problemas de alcohol y drogas, a quienes bajo falsas promesas, se les envía al extranjero para cumplir trabajos forzados por muchas horas como el asfaltado y pavimentado de carreteras.

Hasta la fecha se han confirmado casos de tráfico de personas para tratarlos como “esclavos” en seis países de Europa, entre ellos, Suecia, Noruega y Bélgica.

Por su parte, el gerente responsable sobre tráfico humano en la Oficina Europea de Policía (Europol), David Ellery, asegura que esas pandillas han cometido tales actos criminales durante mucho tiempo.

“Han estado atacando a los vulnerables en la sociedad, obligándolos a trabajar, pero los casos no están categorizados como tráfico humano. El trabajo se hace normalmente en el norte de Europa donde trabajan en zonas rurales, concentrándose en conseguir víctimas locales de edad avanzada” señaló.

De acuerdo a una investigación de la cadena de noticias británica Bbc Mundo, que halló a unas 32 víctimas de esa situación, los criminales ubican a indigentes y los recogen bajo falsas promesas de ayudarlos a conseguir una vida mejor.

El medio de comunicación conversó con uno de los hombres que llegó al puerto sueco de Malmo junto a otros dos británicos que no tenían techo cuando fueron recogidos.

Los hombres trabajaron 14 horas al día con muy poca remuneración o sin pago y viviendo en condiciones terribles y hacinados. Estaban demasiado asustados para escapar hasta que la policía sueca les ofreció ayuda.

“He visto a personas amenazadas con hachas”, señaló. “He visto como los han pateado y golpeado. A mí casi me lanzan desde un vehículo en movimiento. Es una situación muy tensa. Uno espera lo que pueda pasar después”.

En 2010, un informe sobre tráfico humano en Suecia dio cuenta de unas 26 personas entre británicos e irlandeses forzados a trabajos de asfaltado y pavimentado.

“Las víctimas no suelen denunciar personalmente que han sido víctimas de tráfico humano porque muchas veces no tienen confianza en las autoridades que administran justicia y tienen miedo de sufrir represalias”, afirma la comisionada europea Cecilia Malmstron.

Un informe policial confidencial recogido por la Bbc, señala que esa red delictiva trae grandes ingresos para las mafias que, según cálculos, puede llegar a 5 millones de dólares al año.

En 2007 la policía noruega calculó que las pandillas nómadas que operaban en el país escandinavo hicieron más de 17 millones de dólares en un año.

teleSUR – Bbc Mundo / dg – FC / LR

Tomado: La República.es

15 feb 2011

Productividad, salarios e inflación en el Pacto de Competitividad Europeo



Caricatura: Manuel F.
La actualidad va dejando obsoletos temas, como el Pacto social y económico, sobre los que hace todavía 10 días se concentraban todos los análisis y comentarios. Ahora se ha situado en el primer plano de la actualidad, especialmente coincidiendo con la visita de la Canciller alemana a España, el Pacto de Competitividad europeo y, en especial, la propuesta de desvincular la negociación de los salarios de los incrementos de los precios, demandada, entre otras cosas, por la Sra. Merkel como condición para ampliar el Fondo de rescate de la Unión Europea.
Como ya hemos comentado en anteriores ocasiones, las orientaciones de la nueva gobernanza europea exigen reformas sociales radicales en el campo de las pensiones, del mercado de trabajo, de la protección por desempleo. Y también de los salarios. En relación con este último punto, se quiere establecer un control preventivo de los incrementos salariales, estableciendo un indicador al respecto. Y se prevé que la Comisaría de Economía y Hacienda pueda dictar orientaciones correctoras al tiempo que se propugna privilegiar los convenios en el ámbito de la empresa.

Ahora, con el proyecto del Pacto de competitividad se concretan dos nuevas medidas. De un lado, la desvinculación de las subidas salariales de la referencia del índice de precios, proponiendo que los salarios evolucionen (aumenten, se congelen o se contraigan) conforme al incremento de la productividad. Y la segunda propuesta que ha emergido – dentro de un conjunto más amplio de medidas – es la de establecer un tope al déficit público en las Constituciones nacionales.

Digamos de pasada que en tal Pacto de competitividad también se plantea aumentar la edad de jubilación de acuerdo con la evolución demográfica. Una demanda que ya se recoge en el pacto de pensiones español con la denominada “cláusula de sostenibilidad”, cuyo contenido supone el establecimiento de un mecanismo de reforma permanente para adecuar/ reformar los parámetros del sistema (edad de jubilación, período de cálculo, etc) conforme aumente la esperanza de vida a los 67 años, de tal manera que la proporcionalidad entre cotizaciones y prestaciones se mantenga en permanente equilibrio. Casi como si fuera un sistema de capitalización.

En términos políticos generales, el Secretario General de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), John Monks, es quien ha dicho más alto y claro lo que le parece el modelo de gobierno económico que se quiere imponer en la UE. En carta dirigida al Comisario Olli Rehn, en relación con la intervención de los representantes de la Comisión Europea en temas de incrementos salariales en Irlanda, con motivo de su plan de rescate, dice Monks que “las propuestas sobre la gobernanza económica de la Unión recuerdan en cierta forma a las disposiciones sobre las reparaciones o castigos del Tratado de Versalles, y reducen a los Estados a un estatuto cuasi colonial”. Monks señala, así mismo, en un comunicado del pasado 4 de febrero, que “en lugar de establecer un tope al endeudamiento en las Constituciones nacionales, sería mejor que los países se inspiraran en el reconocimiento de las negociaciones colectivas y de los interlocutores sociales como sucede en la propia Alemania”. Europa, termina Monks, “corre el riesgo de colisionar con su modelo social y con el principio fundamental de la autonomía de la negociación colectiva”.

Es evidente que la propuesta de no vincular los salarios con la inflación, mediante cláusulas de revisión salarial, pretende rebajar los salarios y aumentar las diferencias salariales.

De entrada, y en términos agregados, la idea de que los salarios aumenten tanto como la productividad suena positiva. En los últimos 25 años los salarios en Europa han crecido la mitad que la productividad y han perdido más de 11 puntos de participación en la distribución funcional de la renta. La propuesta de vincular los salarios a la productividad sería beneficiosa para los trabajadores si, en realidad, se estuviera hablando de salarios reales. El aumento del valor sobre el PIB es la suma de los precios más la productividad. Lo que es importante es saber como evolucionan los costes laborales unitarios reales. De tal manera que si estos crecen es que los salarios reales crecen más que la productividad y por lo tanto la nueva distribución de la renta es favorable a los trabajadores.

Pero la propuesta no está hablando de salarios reales sino de salarios nominales y, por eso, tiene trampa. No está pensada para que los salarios crezcan tanto, o más, que la productividad - que es la única manera de que no pierdan participación en la distribución funcional de la renta - sino para que crezcan menos que el excedente empresarial y pierdan posiciones en el reparto de la tarta nacional.

El resultado concreto que se pretende con la propuesta, como explícitamente lo manifiesta el Banco de España, es que se eliminen las cláusulas de revisión.

El que los salarios crezcan, al menos, tanto como los precios – precios que establecen los empresarios, precios que son los que realmente marcan la competitividad, y de los que los salarios son uno de sus componentes - asegura a los salarios no perder poder adquisitivo. Pese a que luego el excedente se viene distribuyendo en los últimos treinta años a favor de los beneficios y en contra de los salarios.

Desde el Acuerdo Marco Interconfederal de 1980, cuya filosofía emanó en este punto de los Pactos de la Moncloa, en España se produjo un cambio radical en el enfoque de la negociación de los salarios. Con anterioridad al Acuerdo, las reivindicaciones salariales se establecían sumando a la inflación pasada la previsión del incremento de la productividad del sistema. Tras el Acuerdo, los salarios se han venido negociando sobre una previsión de inflación pactada o aceptada, con una cláusula de revisión – que no es automática, sino que tiene que ser pactada en los convenios – y que actúa en el supuesto de que los precios sobrepasen la previsión. Además, se deja abierta la posibilidad de negociar los incrementos de productividad, es decir la diferencia entre lo producido y los costes para producirlo.

Tal sistema ha contribuido a reducir fuertemente la inflación, a mantener la demanda agregada, a pactar vigencias de los convenios más largas y a no individualizar la negociación colectiva. Un cambio de sistema implicaría, en la práctica, volver a negociar sobre inflación pasada y a hacer mucho más ingobernables las relaciones laborales y los incrementos salariales. Una posible consecuencia de ello es que las reivindicaciones salariales se dispararan, arrastradas por los sectores y empresas con mayor capacidad de presión. Otra, de signo contrario, es que nuestros salarios, que ya figuran, en términos reales, entre los más bajos de la UE, se redujeran aún más, como consecuencia de que, al final, todo quedara como ahora pero sin cláusulas de garantía salarial.

Como ya he señalado anteriormente, bajo todo este discurso lo que, en realidad, se pretende es pura y simplemente eliminar las cláusulas de revisión de los salarios.

Hay que decir, de pasada, que no es cierto que España sea un residuo ni el único reducto donde existan cláusulas de garantía salarial. Y menos aún que el nuestro sea una isla entre los países en los que se negocian los salarios en función del índice de precios. Lo que pasa es que en muchos países lo hacen en función de la inflación pasada, con lo que no necesitan cláusula de garantía salarial. Quizá el Banco de España prefiera ese modelo.

Por otra parte, la experiencia demuestra que en nuestro país las empresas son absolutamente reticentes a negociar la productividad. Por la sencilla razón de que ello implica dos cosas: transparencia, es decir, enseñar las tripas de la empresa y, dos, dar un gran poder a los trabajadores en la definición de los factores que influyen en la productividad del trabajo. En el Acuerdo Marco Interconfederal que UGT y CEOE firmaron en 1980, se incluyó un capítulo sobre Productividad en el que se decía que las partes consideran que los principales factores que inciden sobre la productividad son: La política de inversiones; la racionalización de la organización productiva; la mejora tecnológica; La programación empresarial de la producción y la productividad; El clima y la situación de las relaciones laborales; Las condiciones y la calidad de la vida en el trabajo; La política salarial y de incentivación material.

En realidad no se produjo ningún acuerdo sobre productividad, por la sencilla razón de que a las empresas no les interesaba en absoluto que los sindicatos entraran a saber y a debatir sobre tales cuestiones.

Una consideración final. Resulta extremadamente paradójico que, actualmente, la Comisión y el Consejo Europeo pretendan dictar las posiciones de los Estados miembros en materias que, como las pensiones, la política laboral o salarial, no son de la competencia de la UE. Todo ello, sin que, al menos, hubiera una negociación, y si fuera posible un acuerdo, previos con los interlocutores sociales europeos.

José María Zufiaur: Es un reconocido analista político español, activamente vinculado desde siempre al movimiento obrero y al mundo sindical.

Tomado: Revista Sin Permiso.info

19 mar 2009

Sarkozy, testigo de la mayor protesta desde que llegó al Elíseo

Los sindicatos logran sacar a la calle a tres millones de manifestantes contrarios a la política del presidente galo frente a la crisis
La protesta contra la política económica de Nicolas Sarkozy creció en Francia y cobró la forma de una marea humana impresionante, reconocida por la Policía y marcada por fuertes señales de sentido del humor, alegría y sarcasmo contra el presidente. El paro en el sector público tuvo menos eco del esperado, pero aún así la movilización ciudadana no hace sino ganar adeptos en las calles francesas.

Como suele ser costumbre, la guerra de cifras entre la Administración y los sindicatos ha hecho, de momento, muy difícil estimar el número real exacto de manifestantes, que oscila entre 1,2 y tres millones de personas, en casi 230 manifestaciones en todo el país.

Pero de ambas fuentes opuestas salía una coincidencia irrefutable: el número de manifestantes ha crecido en proporciones considerables desde la precedente jornada de huelga, el 29 de enero pasado, señal del respaldo de la opinión a la plataforma sindical conjunta, la primera desde 1966 y alternativa a la política económica de Sarkozy.
Bernard Thibault, líder del sindicato CGT, estimó que la participación en las manifestaciones había crecido "entre un 20% y un 30%" respecto a las marchas, ya masivas, del 29 de enero, convocadas también contra los planes anticrisis de Sarkozy, juzgados favorables a las clases altas y severos con las clases populares.
Indirectamente, la Prefectura de Policía de París confirmó esa subida con los datos que proporcionó de la manifestación parisiense: los agentes dijeron haber contabilizado 85.000 manifestantes, allí mismo donde, el pasado 29 de enero, dijeron haber visto sólo a 65.000. La cifra real del cortejo en la capital, que llenó a reventar los boulevares entre la Plaza de la República y la Plaza de la Nación, parece estar más cerca de los 350.000 manifestantes anunciados por la CGT, que de los 85.000 vistos por los agentes.
El paro convocado unitariamente por las ocho centrales sindicales del país tuvo menos eco de lo esperado en el sector público y en los transportes. En los trenes y en los metros, sólo uno de cada dos convoyes, como promedio, fue anulado. En todos los sectores de la enseñanza hubo algo menos de cierres de establecimientos que el 29 de enero.
Cansancio de los funcionarios
Los funcionarios y asalariados de estos sectores, muy solicitados en las jornadas de movilización desde septiembre pasado, mostraron algo de cansancio. Para los profesores, por ejemplo, éste podría haber sido el cuarto día sin salario a causa de una huelga.
La decisión de no parar demasiados metros y trenes regionales revestía también, para los sindicatos, un carácter estratégico: no provocar una vez más el divorcio entre el sector público en huelga y los empleados del privado atrapados, y facilitar además la llegada a los cortejos de los manifestantes. Esa doble apuesta parecía ganada.
Imposible reducir el impresionante cortejo arcoiris parisiense a una guerra de cifras. En un bonito día primaveral, en medio de efluvios de cerveza, vino y bocadillos de salchichas merguez carburante tradicional de las manifestaciones en Francia los manifestantes lucieron en todo momento un sentido del humor sin fallas en su combate contra la austeridad económica que Sarkozy quiere imponer a los asalariados.
Jóvenes de la asociación Jueves Negro, que militan por su derecho a la vivienda, escalaron la inmensa estatua de la Plaza de la República para colgar una pancarta, que hizo reír a mucha abuela, protestando contra las pensiones de miseria: "Sarkozy: tú sólo pones cachondos a fachas y proxenetas". Una alusión al intento de Sarkozy de aparecer como un galán y a su propensión a refugiarse en temas policiales para no abordar cuestiones sociales.
De la jornada quedará que es el primer encuentro con éxito entre jóvenes neorebeldes, movimiento creciente en Francia, y manifestantes clásicos encuadrados por sus sindicatos. Cosa que sienta las bases para una movilización larga, al filo de una primavera que se anuncia caliente. Aunque también podría dar a Nicolas Sarkozy la idea de seguir haciendo oídos sordos.
Tomado de Público
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