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22 nov 2010

Sarkozy, salpicado por los submarinos


Edouard Balladur y Nicolás Sarkozy
Esta densa trama empieza con una venta de submarinos y desemboca en pedidos ante la Justicia para que Nicolas Sarkozy preste testimonio en demandas judiciales contra Chirac y el ex primer ministro Dominique de Villepin.

El británico John Le Carré hubiese sentido un dejo de celos al leer la trama que hoy hace temblar a la clase política francesa. En su ojo más profundo se agitan las sombras de la venta de tres submarinos a Pakistán, el pago de comisiones a terceros, la financiación de campañas electorales, la rivalidad política secular entre dos candidatos presidenciales de la derecha, el ex presidente Jacques Chirac y el ex jefe de gobierno Edouard Balladur, y un atentado contra intereses franceses que dejó 15 muertos.

En esta densa historia que desembocó en pedidos ante la Justicia para que Nicolas Sarkozy preste testimonio y en demandas judiciales contra Chirac y el entonces secretario general de la presidencia, el ex primer ministro Dominique de Villepin. Participan dos intermediarios, uno de los cuales es el traficante de armas libanés Abdul Rahman El Assir, quien supo tener lazos con los círculos menemistas, con Monzer al Kazar y negocios nada claros en España. Todos los ingredientes de una novela palpitante se reúnen en un cuadro que nada tiene de ficción. El 8 de mayo de 2002, un atentado perpetrado por un kamikaze contra un bus que transportaba ingenieros franceses que trabajaban en la construcción de un submarino en el astillero naval de Karachi, Pakistán, dejó un saldo de 15 muertos, once de ellos franceses.

Testimonios, investigaciones de la prensa y el paciente trabajo de la Justicia esbozan un esquema típico de los negocios de venta de armas: el atentado fue cometido en represalias por la suspensión del pago de las comisiones, parte de las cuales volvían a Francia entre sombras para financiar la campaña electoral del entonces jefe de gobierno Edouard Balladur. Bajo la presión de las familias de las víctimas, la Justicia busca ahora esclarecer la responsabilidad de los políticos implicados con el contrato de las armas, varios de ellos, como el presidente Nicolas Sarkozy, ejercen hoy altos cargos.

El punto de partida es la venta, en 1994, de tres submarinos a Pakistán por un monto de más de mil millones de dólares. El Estado pagó una comisión de 6,25 por ciento a la empresa Sofma, encargada de exportar los productos militares franceses. Esa empresa, a su vez, hizo entrar en el juego a dos hombres de negocios libaneses, Ziad Takieddine et Abdul Rahman El Assir. Estos dos mediadores, a través de la empresa off-shore Mercor, cobraron poco más de unos 40 millones de dólares. Parte de esa suma estaba destinada a pagar a los intermediarios paquistaníes.

Sin embargo, se sospecha que un segmento de las comisiones regresó a Francia para alimentar las cuentas de la campaña electoral de 1995, cuyos dos protagonistas centrales, a la derecha, fueron el futuro presidente Jacques Chirac y el entonces primer ministro Edouard Balladur, en cuyo gabinete estaba Nicolas Sarkozy, a cargo de la cartera de Presupuesto y, luego, de la campaña electoral de Balladur. Chirac ganó las presidencia y, una vez en el poder, ordenó que no se pagara más lo pactado. El reembolso se detuvo en 1996, o al menos parte de él.

Seis años después, el 8 de mayo de 2002, un kamikaze hizo explotar una bomba contra el bus que transportaba a los ingenieros franceses que trabajaban en Karachi para la Dirección de las Construcciones navales, DCM. El atentado nunca fue reivindicado. Bin Laden se refirió a él en un mensaje y ello le valió que se le atribuyera la responsabilidad.

En 2008, un informe llamado Nautilus y elaborado por un ex integrante del contraespionaje francés estableció otra hipótesis: los responsables del atentado no fueron terroristas de Al Qaida sino una venganza de los sectores militares paquistaníes que no cobraron las comisiones. Uno de los agentes del contraespionaje que intervino en el informe Nautilus dice: “Las personalidades militares que instrumentalizaron el grupo islamista tenían una meta financiera: obtener el cobro de las comisiones no pagadas y prometidas por la red” –se trata de los dos intermediarios libaneses–. Hace apenas unos días, el ex ministro de Defensa Charles Millon confirmó ante un juez la validez de esa pista. Según Millon, la venta de los submarinos se realizó gracias a las comisiones que se pagaron, parte de las cuales, y así lo confirmó Millon, volvieron a Francia por caminos encubiertos.

En 1994, Nicolas Sarkozy, en su calidad de ministro de Presupuesto, portavoz y mano derecha de Balladur durante la campaña electoral, estaba en el camino de esa trama. Ello incitó a los familiares de los ingenieros asesinados a pedir a la Justicia el testimonio de Sarkozy y a presentar una querella judicial contra Chirac y el ex primer ministro Dominique de Villepin, quien, en los años del contrato, era secretario general de la presidencia. Ambos están acusados de “poner en peligro la vida del prójimo” y de “homicidio involuntario”.

Los abogados de los familiares acusan a Chirac de haber cortado el pago de las comisiones por “venganza” contra Balladur. Muchos telones oscuros tapan aún los vericuetos de esta historia, empezando por el tiempo transcurrido entre el momento en que Chirac ordena cortar el pago y el atentado, ocurrido casi siete años después.

En realidad, según reveló el diario Libération, las comisiones se siguieron pagando hasta 2001. El mismo diario descubrió ingresos irregulares en las cuentas de campaña de Edouard Balladur por un monto de casi dos millones de dólares (1995). Las pruebas fehacientes aún no existen pero sí una red de indicios y detalles que terminan por corroborar las sospechas que circulan desde hace varios años.

La investigación sobre este megaasunto dio lugar a inenarrables trabas. El informe Nautilus, que data de 2002, nunca llegó a manos de la Justicia. Los obstáculos puestos intencionalmente en el camino de la investigación son incontables. Entre el viernes y el sábado, este oscuro caso se trasladó al terreno de la confrontación política entre Sarkozy y De Villepin.

El ex primer ministro, enemigo acérrimo de Sarkozy, reconoció que existían “fuertes sospechas de retrocomisiones” y pidió expresamente ser interrogado por la Justicia. Sarkozy contraatacó de inmediato. El presidente denunció comentarios “de politiquería” y prometió entregar todos los documentos que están en su poder sobre el ya famoso legajo Karachi. Tal vez, con la mecánica del enfrentamiento político entre dos bandos de la derecha, la verdad salga a la superficie sin que lo esencial se disuelva en el secreto.

Desde París Eduardo Febbro

Tomado: Página 12

26 oct 2010

Trabajad más duro para ganar menos: la furia francesa en la jaula de la Unión Europea



Imagen: Sin Permiso


Ahí están de nuevo los franceses: de huelga, bloqueando el transporte, armando una buena por las calles, y todo simplemente porque el gobierno quiere elevar la edad de jubilación de los 60 años a los 62. Tienen que estar locos.
Supongo que esa es la forma en que se ve el actual movimiento de masas – o se muestra, por lo menos – en buena parte del mundo, y sobre todo en el mundo anglosajón.

Acaso lo primero que haya que decir respecto a las actuales huelgas masivas en Francia es que en realidad no tienen que ver realmente con "elevar la edad de jubilación de los 60 a los 62 años". Esto equivale a describir el libre mercado capitalista como una especie de puesto de limonada. Una simplificación propagandística de cuestiones muy complejas.

Les permite a los comentaristas arremeter contra puertas de par en par abiertas. Al fin y al cabo, observan sagazmente, la gente de otros países trabaja hasta los 65 años, de modo que ¿por qué van a librarse los franceses a los 62? La población envejece, y si no se eleva la edad de jubilación, el sistema de pensiones irá a la bancarrota teniendo que pagar las pensiones de tantos ancianos.

Sin embargo, el actual movimiento de protesta no tiene que ver con "elevar la edad de jubilación de los 60 a los 62". Se trata de mucho más.

Para empezar, este movimiento expresa la exasperación con el gobierno de Nicolas Sarkozy, que de forma descarada favorece a los superricos sobre la mayoría de la clase trabajadora de este país. Fue elegido con el lema, "Trabajar más para ganar más", y la realidad ha terminado siendo que se trabaja más para ganar menos. El ministro de Trabajo que introdujo la reforma, Eric Woerth, le consiguió a su mujer un empleo entre el personal de oficina de la mujer más rica de Francia, Liliane Bettencourt, heredera de L´Oréal, el gigante de los cosméticos, al mismo tiempo que como ministro a cargo del presupuesto hacía la vista gorda a sus abultadas evasiones fiscales.

Mientras las deducciones fiscales a los ricos ayudan a vaciar las arcas públicas, este gobierno hace lo que puede por echar abajo el conjunto del sistema de seguridad social surgido tras la Segunda Guerra Mundial con el pretexto de que "no nos lo podemos permitir".

La cuestión de las jubilaciones resulta bastante más compleja que la "edad de jubilación". La edad legal de jubilación significa la edad a la que puede uno jubilarse. Pero la pensión depende del número de años trabajados, o para ser más precisos, del número de cotisations del plan conjunto de pensiones. Con la excusa de "salvar al sistema de la bancarrota", el gobierno va elevando gradualmente el número de años de cotización de 40 a 43 años, dando indicios de que se ampliará aún más en el futuro.

A medida que se prolonga la educación y se empieza a trabajar más tarde, para tener una pensión completa la mayoría de la gente tendrá que trabajar hasta los 65 o los 67. Una "pensión completa" viene a estar en torno al 40% del salario en el momento de la jubilación.

Pero aun así, puede que no sea posible. Cada vez es más difícil encontrar empleos a tiempo completo y los patronos no necesariamente desean conservar empleados mayores. O bien la empresa desaparece y el trabajador de 58 años se encuentra permanentemente desempleado. Cada vez se vuelve más difícil trabajar a tiempo completo en un empleo asalariado durante más de cuarenta años, por mucho que uno quiera. De modo que en la práctica la reforma de Sarkozy-Woerth significa sencillamente reducir las pensiones.

Eso es, de hecho, lo que la Unión Europea ha recomendado a todos los estados miembros como medida económica, con la intención, como en el caso de la mayor parte de las actuales reformas, de reducir costes sociales en nombre de la "competitividad", queriendo decir competencia para atraer la inversión de capital.

Los trabajadores menos cualificados, que en lugar de proseguir sus estudios, hayan podido entrar en la población activa jóvenes, digamos a los dieciocho años, habrán estado inscritos en un plan durante cuarenta y dos años a la edad de 60 si consiguen, desde luego, seguir con empleo durante todo ese periodo. Las estadísticas muestran que su esperanza de vida es relativamente breve, de modo que necesitan dejar de trabajar pronto si quieren disfrutar de alguna clase de jubilación.

El sistema francés se basa en la solidaridad entre generaciones, en el sentido de que las cotizaciones de los trabajadores de hoy se destinan a pagar las pensiones de la gente hoy jubilada. El gobierno ha intentado sutilmente enfrentar a una generación contra otra, arguyendo que es necesario proteger el futuro de la juventud de hoy, que paga por los pensionistas del baby boom. Por lo tanto resulta extremadamente significativo que esta semana los estudiantes universitarios y de instituto se unieran al movimiento huelguístico de protesta. Esta solidaridad intergeneracional es un serio golpe al gobierno.

Los jóvenes son mucho más radicales incluso que los viejos sindicalistas. Son muy conscientes de la creciente dificultad de hacerse una carrera. La tendencia es que el personal cualificado entre en el mercado de trabajo cada vez más tarde, después de haber pasado por años de enseñanza. Con la dificultad de encontrar un puesto de trabajo estable, a tiempo completo, muchos dependen de sus padres hasta los 30 años. Es cuestión de simple aritmética darse cuenta de que en este caso no habrá jubilación plena hasta la edad de 70 años.

Productividad y desindustrialización

Como es ya práctica habitual, los autores de las reformas neoliberales las presentan no como elección sino como necesidad. No hay alternativa. Debemos competir en el mercado global. O seguís nuestra vía o vamos a la quiebra. Y esta reforma la dictó esencialmente la Unión Europea, en un informe de 2003, al concluir que hacer trabajar más a la gente era necesario para recortar los costes de las pensiones.

Estos dictados impiden cualquier discusión de los dos factores básicos que subyacen al problema de las pensiones: productividad y desindustrialización.

Jean-Luc Mélenchon, antiguo miembro del Partido Socialista que encabeza el Partido de la Izquierda [Parti de Gauche] relativamente nuevo, es casi el único dirigente político en apuntar que aun cuando haya menos trabajadores que contribuyan a los planes de pensiones, la diferencia puede compensarse con un aumento de la productividad. Desde luego, la productividad del trabajador francés está entre las más altas del mundo (es mayor que la de Alemania, por ejemplo). Además, aunque Francia tenga la segunda esperanza de vida más alta de Europa, también tiene la tasa de natalidad es más elevada. Y aunque sean menos los que tienen empleo, debido al paro, la riqueza que producen debería ser suficiente para mantener los niveles de las pensiones.

Ajá, pero he aquí el truco: durante décadas, conforme la productividad sube, los salarios se estancan. Los beneficios del aumento de la productividad se desvían al sector financiero. La hinchazón del sector financiero y el estancamiento del poder adquisitivo ha conducido a la crisis financiera, y el gobierno ha conservado el desequilibrio rescatando a los despilfarradores financieros.

Así que, lógicamente, conservar el sistema de pensiones exige básicamente elevar los salarios para que reflejen la mayor productividad: un cambio de política de verdadera envergadura.

Pero existe otro problema crucial ligado a la cuestión de las pensiones: la desindustrialización. Con el fin de mantener los elevados beneficios drenados por el sector financiero y evitar pagar salaros más altos, una industria tras otra ha desplazado su producción a países de trabajo barato. Las empresas rentables cierran mientras el capital sigue buscando beneficios aún mayores.

¿Es esto simplemente resultado inevitable del ascenso de las nuevas potencias industriales de Asia? ¿Es inevitable una rebaja de los niveles de vida de Occidente debido a su ascenso en Oriente?

Tal vez. Sin embargo, si desplazar la producción industrial termina por hacer bajar el poder adquisitivo de Occidente, eso lo sufrirán entonces las exportaciones chinas. La misma China está dando los primeros pasos para fortalecer su mercado interior. El "crecimiento orientado a la exportación" no puede ser la estrategia de todos. La prosperidad mundial depende en realidad de fortalecer tanto la producción interna como los mercados interiores. Pero esto exige la clase de política industrial deliberada que prohíben las burocracias de la globalización: la Organización Mundial del Trabajo y la Unión Europea. Operan con el dogma de la "ventaja comparativa" y la "libre competencia". Sobre la base del libre comercio, China se enfrenta actualmente a sanciones por promover su propia industria de energía solar, vitalmente necesaria para acabar con la mortal contaminación del aire que asola a ese país. Se trata la economía como un gran juego en el que seguir las "reglas del libre mercado" es más importante que el medio ambiente o las necesidades básicas de los seres humanos.

Sólo los financieros pueden salir ganando en este juego. Y si pierden, pues, bueno, consiguen de los gobiernos serviles más fichas para otro juego.

¿Punto muerto?

¿En qué acabara todo?

Debería acabar en algo así como una revolución democrática: una completa puesta a punto de la política económica. Pero hay razones muy poderosas para que esto no suceda.

Para empezar, no hay dirección política en Francia dispuesta y capacitada para dirigir un movimiento verdaderamente radical. Mélenchon es el que más se acerca, pero su partido es nuevo y su base aún es reducida. La izquierda radical se ve maniatada por su sectarismo crónico. Y hay una gran confusión entre la gente que se rebela sin programas ni líderes claros.

Los dirigentes sindicales son bien conscientes de que los empleados pierden un día de salario cada vez que van a la huelga, y lo cierto es que andan siempre inquietos tratando de encontrar modos de terminar una huelga. Los estudiantes son los únicos que no sufren esa limitación. Los sindicalistas y los dirigentes del Partido Socialista no piden nada más drástico que la apertura de negociaciones con el gobierno sobre los detalles de la reforma. Si Sarkozy no fuera tan tozudo, es una concesión que podría hacer el gobierno y que podría devolver la tranquilidad sin cambiar tantísimo.

Sería necesaria la milagrosa aparición de nuevos dirigentes para llevar adelante el movimiento.

Pero aunque esto sucediera, hay un obstáculo aún más formidable para un cambio básico: la Unión Europea. La UE, edificada sobre los sueños populares de una pacífica y próspera Europa unida, se ha convertido en un mecanismo de control social y económico en nombre del capital y especialmente del capital financiero. Además, está ligada a una poderosa alianza militar, la OTAN.

Abandonada a sus propios medios, Francia podría experimentar con un sistema económico más socialmente justo. Pero la UE está ahí precisamente para impedir esos experimentos.

Actitudes anglosajonas

El 19 de octubre, el canal de la televisión internacional francesa France 24 programó un debate sobre las huelgas entre cuatro observadores no franceses. Una mujer portuguesa y un hombre de la India parecían tratar de comprender, con moderado éxito, lo que está sucediendo. Por contraposición, los dos anglo-norteamericanos (el corresponsal en París de la revista Time y Stephen Clarke, autor de 1000 Years of Annoying the French) se divirtieron demostrando su autosatisfecha incapacidad para entender el país sobre el que se ganan la vida escribiendo.

Su rauda y feliz explicación: "Los franceses están siempre de huelga por diversión, porque lo disfrutan".

Un poco más tarde, el moderador mostró una breve entrevista con un estudiante de instituto que ofrecía comentarios serios sobre la cuestión de las pensiones. ¿Hizo esto vacilar a los anglosajones?

La respuesta fue instantánea. ¡Qué triste ver a un joven de dieciocho años pensando en las pensiones cuando debería estar pensando en chicas!

De modo que ya sea por divertirse, ya sea en lugar de divertirse, los franceses resultan absurdos para los anglo-norteamericanos acostumbrados a decirle a todo el mundo lo que ha de hacer.

Diana Johnstone: Miembro del Consejo Editorial de SinPermiso,es autora de Fools' Crusade: Yugoslavia, NATO and Western Delusions.

Tomado: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3665

18 oct 2010

Obreros y estudiantes franceses prosiguen su pulso con el Eliseo



Cada vez más estudiantes se suman a las protestas. Han bloqueado centenares de institutos, formado concentraciones espontáneas y protagonizado enfrentamientos con la policía.

Francia salió ayer de nuevo a la calle y cuando esto sucede, el Eliseo tiembla: no sería la primera vez que la presión popular logra frenar proyectos gubernamentales. Los poderosos sindicatos galos han llamado a la rebeldía ante la reforma del sistema de pensiones que planea el Ejecutivo de Nicolas Sarkozy, y que pretende elevar la edad de jubilación de los 60 a los 62 años.

Varios días llevan sucediéndose multitudinarias protestas en cientos de ciudades francesas. Ayer más de tres millones de personas volvieron a tomar las calles de Francia para mostrar su descontento con el alargamiento de la vida laboral.

A los trabajadores, que no quieren tener que pagar por las arcas sociales vacías, se les han sumados los estudiantes, que prevén un futuro en el que encontrar un empleo sea mucho más difícil, al permanecer estos ocupados por la generación anterior. La partida se ha iniciado y el pulso será duro. Que la cosa puede ir para largo lo saben los franceses bien: las acciones de protesta están convocadas por tiempo indefinido.

La mitad de los ferrocarriles de Francia ha dejado de circular. Las refinerías están bloqueadas y, aunque el Gobierno galo eche mano de sus reservas de combustible, no tendrá quién las transporte: los camineros también participan en la huelga. El queroseno en el aeropuerto de Charles de Gaulle podrá mantener activo el tráfico aéreo como mucho hasta el próximo lunes o martes. Y tampoco en los aeródromos trabaja gran parte del personal. Cuando los franceses emprenden la batalla, lo hacen en serio. “Es simplemente una cuestión de solidaridad. Sobre los motivos de la huelga se puede discutir, pero hay que ser solidario”, opinaba un hombre en la vacía Gare Nord de París.

Al paquete de reformas presentado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, ya le dio el visto bueno el Parlamento. Este miércoles se vota en el Senado y después tendrá que ser aprobado en la Asamblea General, la unión de las dos Cámaras. Austeridad y ahorro son las máximas del mismo: el déficit de las arcas públicas galas, de 32.000 millones de euros anuales, se encuentra en continuo crecimiento y en 2020 alcanzará los 50.000 millones de euros si no se frena. La ley propuesta es el único camino para lograr tal cosa, asegura el Eliseo. Pero que la senda pase por aumentar la edad de jubilación despierta las iras de los ciudadanos que, al contrario que sus gobernantes, no consideran que se trate de la medida acertada.

Tomado:  http://www.larepublica.es/spip.php?article21694

24 sept 2010

Francia: Quinta jornada de huelga general contra el recorte de pensiones de Sarkozy


Nueva jornada de protestas y paros contra la reforma de pensiones de Sarkozy

La reforma de las pensiones impulsada por Nicolas Sarkozy ha sido respondida nuevamente con movilizaciones y paros en el Estado francés. Ha sido la quinta jornada de protestas convocada por los sindicatos en lo que va de año y la segunda en sólo 15 días, y será seguida, con independencia de su resultado, de otras dos ya convocadas para el próximo octubre.

Los líderes sindicales han asegurado haber igualado el número de manifestantes del pasado día 7 en el que, según sus cálculos, se movilizaron cerca de tres millones de personas.

Desde el Ejecutivo francés, sin embargo, afirman que ha habido un descenso tanto en el número de huelguistas como de manifestantes y aseguran qeu seguirán adelante con la controvertida reforma.

Las movilizaciones se han desarrollado en más de 200 ciudades y los transportes públicos han funcionado con muchas perturbaciones a causa de la huelga.

Los franceses vuelven a protestar contra el tijeretazo de Sarkozy

Acosado por varios frentes (crisis con Europa a causa de la deportación de gitanos, secuestro de cinco franceses en Níger por terroristas islamistas y tres en Nigeria por vulgares piratas), Nicolas Sarkozy ha vivido una nueva jornada convulsa. Los sindicatos franceses han llevado a cabo su quinta jornada de huelgas y protestas callejeras en lo que va de año (la segunda en menos de quince días) para forzar al Gobierno a que retire su polémica reforma de las pensiones, que prevé retrasar la edad legal de jubilación de los franceses de 60 a 62 años y de 65 a 67 años la edad a la que deberán pasar al retiro los asalariados que, no habiendo cotizado todo el tiempo preceptivo, quieran jubilarse con la pensión completa.

No se ha paralizado el país (ni siquiera París) pero a juicio de los sindicatos, las manifestaciones han reunido, en toda Francia, casi tres millones de personas, 300.000 más que en la anterior protesta, celebrada el 7 de septiembre. El ministerio del Interior ha rebajado mucho esa cifra, hasta los 997.000. Y lo que es más importante, menos que los 1.120.000 manifestantes que este ministerio contó el 7 de septiembre. Hasta ahora, había reconocido que cada manifestación crecía con relación a la anterior. Hasta ahora. Es decir, a ojos del Gobierno, el movimiento de protesta tocó techo hace dos semanas, comienza a desgastarse y a desfallecer. A su favor se cuenta el ligero menor seguimiento de la huelga en los trenes, por ejemplo.

Los sindicatos, sin embargo, consideran que la jornada ha sido un éxito completo. Bernard Thibault, secretario general del sindicato mayoritario CGT, ha avisado: "Si Sarkozy no escucha, habrá nuevas movilizaciones".

La manifestación de París ha reunido a muchos sindicalistas a muchos funcionarios (profesores de instituto, de colegios, de universidad, médicos y trabajadores de los hospitales...), a muchos jóvenes, casi adolescentes, que, con una pegatina que rezaba 60 años, mi libertad, expresaban ya su temor por su jubilación futura. También ha acudido otra mucha gente: Jérôme Sagoin, un empleado de una empresa textil, aseguraba al paso de la manifestación parisina por el boulevard Saint-Michel: "No soy sindicalista, ni siquiera muy político. Pero esta es mi tercera manifestación este año. No vengo solo por lo de las jubilaciones: vengo porque no me gusta la injusticia y el racismo que propugna este Gobierno".

Los sindicatos decidirán mañana cómo continuar. El calendario corre en su contra: el próximo 5 de octubre, el Senado comenzará a debatir la nueva ley, que ya ha sido aprobada por la Asamblea Nacional. Será muy difícil que Sarkozy ceda: hundido en los sondeos, vapuleado dentro y fuera de Francia, el presidente francés ha hecho de la reforma de las jubilaciones una cuestión de principios. Los ocho sindicatos convocantes lo saben. Algunos de ellos, por eso, esperan contraprestaciones que no resulten puramente cosméticas. Una de ellas, citada estos días en la prensa francesa, consiste en que las mujeres, grandes perjudicadas de esta ley según las centrales sindicales debido a que muchas encadenan contratos poco duraderos y pasan años sin cotizar, queden exentas de tener que jubilarse a los 67 años para cobrar la pensión máxima.

Tomado: Kaos en la Red

14 sept 2009

Brasil: El definitivo adiós al patio trasero

El acuerdo firmado el 7 de septiembre por Lula y Sarkozy completa el viraje estratégico producido en la región con la decadencia de la hegemonía de EE UU y el ascenso de Brasil como potencia global. El acuerdo firmado el 7 de septiembre por Luiz Inacio Lula da Silva y Nicolas Sarkozy completa el viraje estratégico producido en la región con la decadencia de la hegemonía de Estados Unidos y el ascenso de Brasil como potencia global. Nace un complejo militar-industrial autónomo en el que alguna vez fuera el patio trasero del imperio, que consigue blindar la Amazonia y las reservas de hidrocarburos descubiertas en el litoral marítimo brasileño. Por si fuera poco, se informó que Brasil está en condiciones de fabricar armas atómicas. El 5 de septiembre, el general Luiz Eduardo Rocha Paiva, profesor de la Escuela del Estado Mayor del Ejército, firmó un artículo de análisis en el sitio militar Defesanet: La miopía estratégica y la indigencia militar son las mayores amenazas a la soberanía de Brasil. Desde una perspectiva conservadora, critica de modo frontal la reacción de su país a la instalación de siete bases estadunidenses en territorio colombiano. Dice: no serían un problema si Brasil dispusiese de poder militar a la altura de la posición que pretende adoptar en el escenario internacional. Lo que nos amenaza es nuestra debilidad. El artículo refleja el estado de ánimo de los militares brasileños, que temen una intervención de potencias occidentales que desde 1990 buscan imponernos una soberanía compartida en la Amazonia. La sensación de debilidad creció desde que un año atrás fueron descubiertos 50 mil millones de barriles de petróleo en el mar de Brasil, a siete kilómetros de profundidad. Esos recursos serán explotados por el Estado y no por empresas privadas, según propone Lula, con lo que Brasil se coloca como una de las principales estrellas del emergente BRIC, combinando una potente industria con autonomía energética que no todos poseen. Faltaba la autonomía militar. El acuerdo con Francia le permite comprar cinco submarinos, uno nuclear, y 50 helicópteros de transporte militar por un valor de 12 mil millones de dólares. Con la anunciada adquisición de 36 cazabombarderos Rafale de la francesa Dassault, la cifra se elevaría a 18 mil millones de dólares, pero la prensa gala estima que la compra puede ascender a 120 aviones. Si se confirma la preferencia de Lula por el aparato francés, habrá quedado por el camino el F-18 Hornet de Boeing, en una decisión política que se ha interpretado como una declaración de guerra a Washington. El negocio incluye la adquisición por Francia de 10 aviones de transporte militar KC-390 brasileños para sustituir los Hércules C-130 estadunidenses. Con ser importante, el negocio es apenas un detalle menor al lado de la masiva transferencia de tecnología que conlleva la alianza. El acuerdo contempla la construcción de astilleros en Río de Janeiro, donde serán construidos los submarinos Scorpene; en tanto, los helicópteros serán armados en Minas Gerais por la empresa binacional Helibras, filial de la europea EADS. Con los aviones de combate la cuestión es más ambiciosa. La adquisición de los Rafale no será una mera compra, porque se construirán en Brasil y existirá la posibilidad de que sean vendidos en América Latina, dijo el canciller Celso Amorim. Las seis primeras aeronaves las entregará Francia, pero las 30 restantes serán ensambladas por la brasileña Embraer, que ya es la tercera empresa aeronáutica del mundo detrás de Airbus y Boeing, y fabrica aviones de combate, aunque no cazabombarderos de última generación. El contrato a estudio considera que Brasil podrá vender los cazas Rafale en Sudamérica, lo que da idea de la trascendencia de una alianza que, en los hechos, lo convierte en un avión de combate franco-brasileño. De ese modo, Brasil pasa a ostentar la mayor flota naval de América Latina y una industria capaz de abastecer a sus fuerzas armadas de modo permanente según la evolución de los acontecimientos en la región. Brasil estará entre los o­nce países del mundo capaces de fabricar cazabombarderos. El monto de los acuerdos, si se incluyen los Rafale, sería cuatro veces superior al costo del Plan Colombia. Así Brasil completa un giro radical: hace siete décadas, durante la Segunda Guerra Mundial, Getulio Vargas alineó a su país con Estados Unidos. Ahora Lula proclama la segunda independencia, como dijo cuando propuso la creación de Petrosal, la empresa estatal encargada de monitorear la explotación de yacimientos que ahora protegerá la marina. Quien crea que es una política del gobierno de Lula está equivocado. Es una opción del Estado brasileño, largamente planificada –los acuerdos con Francia fueron negociados más de un año–, pero acelerada por la decisión del Comando Sur de convertir a Colombia en una gigantesca base militar. El parlamento de Brasilia aprobó en tiempo récord de 48 horas los fondos para la compra de los cinco submarinos y los 50 helicópteros. Más claro fue el comandante de la marina, Julio Soares de Moura Neto, quien respondió a un cuestionamiento del conservador Folha de Sao Paulo sobre el elevado gasto militar: Los brasileños precisan tener conciencia de que tenemos riquezas inconmensurables en el mar, y la marina debe estar preparada para defender nuestra soberanía sobre ellas. Agregó que la reactivación de la Cuarta Flota no fue ni política ni diplomáticamente informada a Brasil, con lo que la pretendida alianza entre la Casa Blanca y Planalto se disolvió en las nieblas del militarismo. La alianza entre Francia y Brasil echa luz sobre los verdaderos acontecimientos del continente; las cosas se han invertido: ya no son los gobiernos díscolos del sur los que pretenden poner palos en la rueda de la hegemonía estadunidense. Es la Casa Blanca la que intenta frenar el ascenso de Brasil al rango de potencia global, lo que inevitablemente Raúl Zibechi Tomado de Kaos en la Red

12 jun 2009

Julien Coupat, un héroe a la fuerza

Fue acusado de terrorista y se ha convertido en un mito Julien Coupat, el intelectual post-situacionista acusado de "terrorista" en Francia, está ganándose el estrellato y una difusión mundial de sus obras porque, en su día, renunció a la carrera de yuppie y optó por la de comunero. Quién iba decir a mediados de los años noventa que el joven y brillante estudiante de una de las más elitistas escuelas de comercio francesas, la ESSEC, hijo de una más que normal familia de clase media-alta, iba a convertirse en todo un símbolo. Y, sin embargo, eso es exactamente lo que le ocurrió cuando, tras abandonar números y leyes a mediados de los noventa, se adentró en la filosofía y el pensamiento situacionista en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHSS). Ahora, con sólo 35 años recién cumplidos, Julien Coupat ya tiene audiencia mundial. La acusación de "terrorista" formulada por una fiscalía con gatillo fácil, las declaraciones precipitadas y bravuconas de la ministra de Interior, Michelle Alliot-Marie, y la detención injustificada del intelectual durante seis meses y medio, han provocado una oleada de solidaridad en círculos poco acostumbrados a brindar apoyo a un presunto terrorista. Toda la atención Tras ganarse una reputación de escritor y lector compulsivo, genial y algo sombrío, Julien Coupat cofundó la efímera revista de pensamiento, llamada Tiqqun. En los pocos números publicados y por su radicalidad con mala baba se ganó la hostilidad de la celebérrima revista Multitudes, de Toni Negri, pero también la atención y el respeto de pensadores confirmados como Luc Boltanski y Alain Badiou. Coupat, al igual que todos sus amigos fundadores de la comuna que restaura servicios públicos por vía autogestionaria en una zona rural del centro de Francia, rehúsan la noción de autor. Por eso es obligatorio citar sus obras colectivas como "atribuidas a". Es el caso del ya histórico La insurrección que viene y del menos conocido Contribuciones a la guerra en curso. En todas ellas rezuma el deseo de acabar con el orden occidental, considerado forma de dictadura totalitaria envuelta en libertad aparente. También rezuma la admiración profunda hacia la violencia juvenil que sacudió Francia en 2005 frente a los excesos de la policía de Nicolas Sarkozy. Ahora, al salir de la cárcel y cuando se encuentra bajo arresto domiciliario, el intelectual sombrío y tozudo persiste en su chulería. Interrogado por el diario Le Monde sobre su estancia en prisión, se limitó a afirmar que le había sentado bien y que no había sufrido nada que no se pudiera curar con "un poco de footing, ejercicio y lectura". Y, eso sí, dejó claro para la opinión el auténtico sentido de su detención y de la amenaza de cárcel que el poder sarkozyano sigue proyectando sobre su persona : "No os engañéis. Lo que me está ocurriendo a mí, os ocurre a vosotros también". Vasto programa. ANDRÉS PÉREZ Tomado de Público

8 abr 2009

Protestas en Francia contra el "delito de solidaridad"

Una ley francesa prevé hasta cinco años de cárcel y 30.000 euros de multa a quien ayude a un indocumentado
La izquierda y las redes de protección de los inmigrantes sin papeles organizan hoy en toda Francia una jornada de protesta ante los tribunales, con cacerolada incluida. El motivo de esta sonora reprobación es la reciente decisión de Nicolas Sarkozy de instituir un delito tipificado de solidaridad con los extranjeros indocumentados y de fijar a la Policía un objetivo cifrado de al menos 5.500 detenciones anuales por esta supuesta infracción.
Tras las diferentes "reformas" sobre inmigración del Gobierno conservador galo, el código de entrada y estancia de extranjeros en Francia prevé en uno de sus artículos hasta cinco años de cárcel y 30.000 euros de multa a "cualquier persona que, directa o indirectamente", ayude a un indocumentado.
Las asociaciones han subrayado que esa norma criminaliza simplemente la solidaridad, y no sirve para nada contra los traficantes de seres humanos y su ánimo de lucro, no citado en el artículo como constitutivo de delito.
Lejos de dar marcha atrás, Sarkozy ha endurecido la norma. Varios partidos de izquierda recordaron ayer que asistir a una persona para proteger su salud, su integridad o su dignidad, lejos de ser un delito, "es un deber".
ANDRÉS PÉREZ - CORRESPONSAL EN PARÍS
Tomado de Público

19 mar 2009

Sarkozy, testigo de la mayor protesta desde que llegó al Elíseo

Los sindicatos logran sacar a la calle a tres millones de manifestantes contrarios a la política del presidente galo frente a la crisis
La protesta contra la política económica de Nicolas Sarkozy creció en Francia y cobró la forma de una marea humana impresionante, reconocida por la Policía y marcada por fuertes señales de sentido del humor, alegría y sarcasmo contra el presidente. El paro en el sector público tuvo menos eco del esperado, pero aún así la movilización ciudadana no hace sino ganar adeptos en las calles francesas.

Como suele ser costumbre, la guerra de cifras entre la Administración y los sindicatos ha hecho, de momento, muy difícil estimar el número real exacto de manifestantes, que oscila entre 1,2 y tres millones de personas, en casi 230 manifestaciones en todo el país.

Pero de ambas fuentes opuestas salía una coincidencia irrefutable: el número de manifestantes ha crecido en proporciones considerables desde la precedente jornada de huelga, el 29 de enero pasado, señal del respaldo de la opinión a la plataforma sindical conjunta, la primera desde 1966 y alternativa a la política económica de Sarkozy.
Bernard Thibault, líder del sindicato CGT, estimó que la participación en las manifestaciones había crecido "entre un 20% y un 30%" respecto a las marchas, ya masivas, del 29 de enero, convocadas también contra los planes anticrisis de Sarkozy, juzgados favorables a las clases altas y severos con las clases populares.
Indirectamente, la Prefectura de Policía de París confirmó esa subida con los datos que proporcionó de la manifestación parisiense: los agentes dijeron haber contabilizado 85.000 manifestantes, allí mismo donde, el pasado 29 de enero, dijeron haber visto sólo a 65.000. La cifra real del cortejo en la capital, que llenó a reventar los boulevares entre la Plaza de la República y la Plaza de la Nación, parece estar más cerca de los 350.000 manifestantes anunciados por la CGT, que de los 85.000 vistos por los agentes.
El paro convocado unitariamente por las ocho centrales sindicales del país tuvo menos eco de lo esperado en el sector público y en los transportes. En los trenes y en los metros, sólo uno de cada dos convoyes, como promedio, fue anulado. En todos los sectores de la enseñanza hubo algo menos de cierres de establecimientos que el 29 de enero.
Cansancio de los funcionarios
Los funcionarios y asalariados de estos sectores, muy solicitados en las jornadas de movilización desde septiembre pasado, mostraron algo de cansancio. Para los profesores, por ejemplo, éste podría haber sido el cuarto día sin salario a causa de una huelga.
La decisión de no parar demasiados metros y trenes regionales revestía también, para los sindicatos, un carácter estratégico: no provocar una vez más el divorcio entre el sector público en huelga y los empleados del privado atrapados, y facilitar además la llegada a los cortejos de los manifestantes. Esa doble apuesta parecía ganada.
Imposible reducir el impresionante cortejo arcoiris parisiense a una guerra de cifras. En un bonito día primaveral, en medio de efluvios de cerveza, vino y bocadillos de salchichas merguez carburante tradicional de las manifestaciones en Francia los manifestantes lucieron en todo momento un sentido del humor sin fallas en su combate contra la austeridad económica que Sarkozy quiere imponer a los asalariados.
Jóvenes de la asociación Jueves Negro, que militan por su derecho a la vivienda, escalaron la inmensa estatua de la Plaza de la República para colgar una pancarta, que hizo reír a mucha abuela, protestando contra las pensiones de miseria: "Sarkozy: tú sólo pones cachondos a fachas y proxenetas". Una alusión al intento de Sarkozy de aparecer como un galán y a su propensión a refugiarse en temas policiales para no abordar cuestiones sociales.
De la jornada quedará que es el primer encuentro con éxito entre jóvenes neorebeldes, movimiento creciente en Francia, y manifestantes clásicos encuadrados por sus sindicatos. Cosa que sienta las bases para una movilización larga, al filo de una primavera que se anuncia caliente. Aunque también podría dar a Nicolas Sarkozy la idea de seguir haciendo oídos sordos.
Tomado de Público
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