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2 dic 2010

La caída de los estudiantes del 83


Hugo Rodríguez Almada  Docente en Medicina Legal
Por primera vez, uno de los estudiantes detenidos, torturados y procesados por la Justicia militar en julio de 1983 cuenta aquella dramática historia, que implicó uno de los últimos zarpazos de la dictadura. En 1983, junto a la fiesta que significó el acto del primero de mayo, la marcha de los estudiantes y el acto del Obelisco, tres mojones en la lucha contra la dictadura militar, también ocurrieron otros hechos que significaron reveses para el movimiento popular que entonces desafiaba al régimen autoritario... Una de ellas fue la salvaje represión y tortura a una veintena de estudiantes que militaban en la clandestinidad. Por primera vez, una de aquellas víctimas cuenta una historia dolorosa y heroica que no siempre es recordada en su real magnitud... "La caída del 83' fue un golpe de Inteligencia Policial con una finalidad política precisa. Se trataba de generar un hecho político, dando visibilidad a la "sedición", de modo de justificar más dictadura, en momentos en que se estaba abriendo la escena política", cuenta el hoy médico Hugo Rodríguez Almada. En junio de aquel 1983 el Departamento 4 de la Dirección Nacional de Inteligencia Policial (DNII) efectuó tres operaciones por separado que en total implicó la captura de 25 jóvenes (11 mujeres y 14 hombres), casi todos del movimiento estudiantil y algunos de organizaciones barriales del Frente Amplio, quienes fueron brutalmente torturados y finalmente procesados por la Justicia Militar. "Casi todos éramos militantes de la UJC, uno era socialista y 3 o 4 eran frenteamplistas independientes. Un par de compañeros fueron liberados sin ser procesados... Fue una operación tosca, de brocha gorda, que tuvo la "liga" de apresar algunos militantes clandestinos con importantes responsabilidades en la UJC. Uno de ellos era yo...", recuerda Hugo Rodríguez.

La "subversiva democracia"

"En realidad, mi principal papel en la resistencia al caer preso era en el plano gremial, ejerciendo la coordinación central de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) en la clandestinidad, desde mi rol de delegado de la Asociación de los Estudiantes de Medicina (AEM), aunque esto no lo supo entonces la DNII, que en los interrogatorios y en el comunicado que libró a la población hizo hincapié en la filiación comunista de los detenidos", agrega. Significativamente; los mismos roles de dirección que asumió en la AEM y en la FEUU clandestinas por decisión de estructuras relativamente pequeñas, los termino ejerciendo, luego de su salida de la cárcel, cuando se produjo la legalización de los gremios, por el voto masivo de los estudiantes. "En mi caso, el procesamiento fue por el delito de "asociaciones subversivas" del Código Militar, que previa una pena de 3 a 18 años de penitenciaría... No estaba tan errada la Justicia Militar: cuando me apresaron estaba contribuyendo a organizar una protesta por el aniversario del golpe de Estado; y para los fascistas no hay nada más subversivo que la democracia", ironiza. Luego de una estadía en la DNII, varios días en que los torturaron ("en mi caso se usó mucho la electricidad con dos variedades de picana y el "gancho", sólo o combinado con electricidad"), los pasaron al 4º piso de Jefatura de Policia, hasta que en julio los trasladaron súbitamente, en un espectacular operativo del Grupo GEO, a los penales de Libertad y Punta de Rieles.

Los jóvenes "otorgueses"

"Llegados a Libertad, nos raparon y nos enviaron a unas nada recomendables celdas de castigo de "la isla" durante doce días. Despues, nos enviaron al 4º piso, pero aislados de los otros presos. Cada piso tenía un color, que se correspondía con el distintivo cosido en el mameluco arriba del número (en el penal se perdía el nombre, que se cambiaba por un número, yo fui "el 2857"): 1º negro, 2º rojo, 3º azul, 4º verde y 5º amarillo. A nosotros nos inventaron un distintivo especial (rojo y azul), por lo que los otros presos nos apodaron "los otorgueses"...", cuenta Hugo: "Si bien nos aislaron de los otros presos, progresivamente nos fuimos "integrando". El primer grupo de presos proveniente de otra "tanda" con que se nos permitió hablar fueron los rusos de San Javier, un "producto" de un golpe represivo de objetivo mediática (se suponía que la URSS mandaba armas en un submarino por el río Uruguay)", narra. La arquitectura del Penal de Libertad era algo muy fuerte. No podré olvidar la imagen del Ing. José Luis Massera, con el número 2117 sobre su distintivo negro, apoyado en un bastón, erguido frente a una reja en la entrada del celdario, bajo un cartel que rezaba: "Aquí se viene a cumplir". Luego conocí, o me reencontré, con los estudiantes que habían dirigido la AEM y la FEUU en la década de clandestinidad que precedió mi captura.", agrega en su relato.

La primavera de 1983

Para Hugo Rodriguez; aquel año 83 fue, justificadamente, un símbolo de la lucha democrática, pero "no lo puedo concebir como "un rayo en el cielo sereno", porque hacía un año y medio que yo vivía en la clandestinidad, bajo un nombre falso y alejada de mi familia y mis amigos, para poder seguir participando de la lucha por la democracia en el país, que me parecía la mejor inversión posible de mis días... hoy no sé si fue una buena inversión, pero es mi principal motivo de orgullo", puntualiza. "Tampoco puedo ver ese año como el del nacimiento del movimiento estudiantil, porque incluso desde antes de ingresar a la Facultad (1977) participé de acciones de protesta organizadas desde la AEM, contra el examen de ingreso que impuso la dictadura, y luego contra la limitación de los cursos de posgrado en la Facultad (1979), por el "No" en el plebiscito (1980), la movilización contra el examen de ingreso con las 40.000 firmas, las concentraciones en el Rectorado y los actos públicos (1982)...", explica. "Además, agrega, cada año tiene para mi el nombre de compañeras y compañeros que habían caído presos, y cumplían sentencia, tras las sesiones de tortura de rigor... En el 83 eclosionó mucha resistencia acumulada, se editaron revistas "legales" en todas las Facultades y la ASCEPP se llenó de gente, tras un trascendente acuerdo programático con la FEUU y la Coordinadora que agrupaba a las revistas", revela. "La "caída" del 83 cumplió un objetivo de retraer en algo la unidad del movimiento estudiantil, pero ya era tarde para detener la transformación de la resistencia en ofensiva democrática. Y la primavera estudiantil fue una de sus expresiones más puras y genuinas. Tanto, que hoy nos mantiene juntos y unidos en lo fundamental...", concluye.

Casarse "en libertad"

"Anécdotas debe haber mil. Capaz que la que más vende es que me casé preso, por poder. Lucía salió del Penal tres meses antes que yo y me la aseguré. Fue un complejo trámite ante la Justicia Militar, cartas mediante a mi Defensor de Oficio, que en ese entonces era un Teniente Primero (me lo encontré 20 años más tarde en una actividad académica, me presenté como su "defendido" de esa época, y me recordó que había hecho todo lo que podía hacer). Eso fue antes que lo cambiara por la Dra. Azucena Berrutti, a quien recién la volví a ver de cerca el día que la Universidad de la República le otorgó el título de Doctor Honoris Causa a un ciudadano llamado José D'Elía. Otra ­más trágica- puede ser el día que volví a ser "interrogado". Me preguntaban por el apartamento de la calle San José. Yo había tratado de hacerle maldades a la dictadura, pero nunca en un apartamento de la calle San José. Meses más tarde, un querido amigo de esa caída, que no conocía desde antes, me contó que había adjudicado muchas de las cosas que le incautaron a un tal "Alberto" (uno de mis nombres de batalla), a quien describió como "un flaco, morocho de bigotes"...y yo lo era".

Hugo

Hugo Rodríguez Almada, 48 años ("cuando caí preso tenía la mitad de la vida vivida que tengo ahora"). Hijo de dos maestros (Nora y Hugo), casado con Lucía Arzuaga, con quien tiene dos hiljas: Mariana y Cecilia ("todos somos hinchas de Aguada, pero sólo yo llegué a Presidente del club, lo que ocurrió el pasado 7 de mayo"). Es Médico, especializado en Medicina Legal, Profesor Agregado de la Cáterda de Medicina Legal (Facultad de Medicina de la Universidad de la República). Publicó varios artículos en revistas científicas sobre temas de la especialidad, en especial: responsabilidad médica, muerte de lactantes, y suicidio de niños y adolescentes. Describió junto al Maestro y amigo Prof. Dr. Fernando Verdú (Universidad de Valencia) el método de la "autopsia histórica", que se empleó para el estudio académico de los hechos ocurridos en la la Seccional 20ª del PCU en abril de 1972 y la muerte del Gral. Eugenio Garzón; este método fue admitido como prueba judicial para investigar las muertes de Nibia Sabalsagaray y Cecilia Fontana de Heber ocurridas durante la dictadura. Publicó en España el libro "Maltrato y abuso sexual de menores" (2006) y en Montevideo el primer libro de texto de "Medicina legal de la mujer y del niño" para estudiantes de Medicina (2007). El 29 de febrero de este año bisiesto renunció a su cargo de Médico Forense del Poder Judicial, para dedicarse a tiempo completo a la docencia de la Medicina Legal y en la Unidad Académica de Bioética de la Facultad. "Me considero amigo de Eduardo Darnauchas, fan de Charly García y apasionado lector de Hemnigway. Y creo que el Uruguay no se dio cuenta lo que significó la muerte de Juan Carlos Macedo", subraya.

Memoria Viva

La Repúblioca

Tomado: Qué Hacer.com.uy

30 nov 2010

1980: la resistencia, la memoria y el presente


30 de noviembre - 19 horas
Escalinata de la Universidad de la República
Actuarán:
Diablos Verdes
Larbanois - Carrero
Agarrate Catalina
4 pesos de propina
Mauricio Ubal
Estamos objetivamente lejos de
los años 80 y de aquel plebiscito
en que se votó contra de la
dictadura. Fue una gran victoria.
Se recoge en el Museo de la Memoria, en
la sala que refiere a la salida democrática,
materializado por la reproducción de las
boletas de votación celeste –por el Sí– y
amarilla –por el No– con montoncitos
desiguales siendo mayor las amarillas: es
decir el NO.
Testimoniar es resistir el olvido. En las recorridas
con estudiantes me he dado cuenta
de que ese lugarcito del Museo encierra el
Museo mismo. Estuve en esto y me convoca
a desatar a través del testimonio aquel
tiempo y mi convencimiento de sostener la
lucha clandestina.
Integraba la Juventud Comunista, legal
hasta el golpe de estado aunque reprimida,
como todo el movimiento popular desde el
gobierno de Pacheco Areco. Todas las organizaciones
políticas, sindicales, estudiantiles
sufrieron aquella represión y los mártires
fueron muchos.
A esta altura necesito explicarme. No se
trata de decisiones heroicas sino de un largo
proceso de compromiso desde lo familiar,
emigrantes gallegos, trabajadores que encontraron
aquí la voz en el sindicato porque
no concebían salvarse solos. El Instituto de
Profesores Artigas (IPA) del año 68 juntó el
amor por la literatura con el interés por la docencia
y la defensa de la enseñanza pública.
Entonces tomamos la calle: la defensa del
IPA, el boleto estudiantil, los liceos populares,
la solidaridad con Viet-Nam, el Che, los
ecos de la ilustrativa Segunda Declaración
de la Habana.
Luego se nos hizo imprescindible hacer
retroceder el Golpe de Estado, comprendimos
el valor de la Central única y la
unidad de trabajadores y estudiantes, estaba
en el aire. Lo experimentamos en la
huelga general, una batalla preciosa que
mostró nuestra fuerza y mostró también la
fuerza que tendrían que oponerle a este
pueblo. El avasallamiento de libertades, la
destitución, la cárcel, la muerte. Porque
el país iba a ser otro y para imponerlo la
barrida tenía que ser grande. Y con el
diario del lunes, como se dice, sabemos
que fue así
Hago pie. Fueron varios años de vida, que
intento expresar en esta recorrida Algunos
estudiantes miran algo en mí, tal vez sea el
gesto que no condice con lo que digo. Sospecho
que como vivencia tan fuerte, todo
el cuerpo habla y tal vez ahí se comparta
algo esencial.
Pero, cómo explicar que la resistencia en el
país se reconstruyó muchas veces y siempre
tuvo presencia activa. Suena genérico.
Resistir era más que la definición del diccionario,
seguramente el sentimiento democrático
de las organizaciones populares estaba
muy extendido porque resistir era mantener
la lucha y de mil maneras.
Cada vez, ante las sucesivas oleadas
represivas, había que restablecer el tejido
de organizaciones, pegados a la gente.
Esto significaba decenas de encuentros,
algunos disimulados bajo las más diversas
formas. Una pareja que simplemente caminaba
por la calle y que tenía que mantener
la mayor serenidad a veces discutiendo
los asuntos más duros. Por ejemplo: él no
podía volver a la casa con su pareja y su
hijo. No podía arriesgarse y arriesgar que
detrás de él cayeran otros compañeros.
Conseguir otro lugar, no comunicárselo ni
a la familia, dejar para más adelante otras
posibilidades. Abandonar el centro de
estudio, o el trabajo, cambiar de aspecto,
posponer los sueños.
Y después ese cambio te hará mirar con
nostalgia las ventanas iluminadas donde
viven otros uruguayos y añorar el pan con
manteca de la mesa familiar. Claro, de vos
está dependiendo el volante que tenés
Antonia Yañez
20
que recoger de un “buzón”. Recogerlo y
entregarlo en un pasamano en la parada
establecida y con contraseña convenida.
El compromiso y los compañeros te van
ganando y la pasión por la libertad se te
instala.
Pienso cómo acercarme a las circunstancias
que permitieron ganar ese plebiscito.
Unos meses antes Pinochet había hecho
uno similar en Chile y lo había “ganado” él,
lógicamente. Tengo presente la explicación
de Vignar, si sobre veinte personas “castigables”,
hay una sola efectivamente castigada
pero de manera terrible, a las otras diecinueve
el terror las amenaza y se impone a las
diecinueve que hay sólo una verdad que es
la del régimen. Así funcionó.
Parece imposible trasmitir cómo la
dictadura había sembrado el terror sin
abrumar a estos jóvenes con mil historias.
Me viene a la mente el intento de
desde la marina de crear una central
de trabajadores adicta al régimen, parte
de su “cronograma” previo al plebiscito.
Mientras pensaba esto, desde la otra sala
del Museo se escucha la marcha militar
que acompaña el documental, –la cadena
diaria de las Fuerzas Conjuntas en la tele–
y una docente más joven que yo pero más
vieja que los estudiantes comenta que se
estremece de sólo recordarla y pensar
con qué silencio se escuchaba en su
casa al ver a trabajadores o estudiantes
requeridos o presos. Esto era más elocuente
que mil palabras, escuchábamos
aún la marcha militar pero el recuerdo
había dejado resonancias. No había
espacio para una central “nacionalista”
seguramente porque desde la huelga
general, el país se dividió en dos.
La “cadena” tenía su misión, agregó una
maestra, porque su madre le había contado
que votó de guantes y ante nuestro
asombro general –hoy nos parece una exageración–
habló del miedo a ser identificada,
la posibilidad de perder el trabajo, recuerden
las destituciones masivas y el poder absoluto
en el aparato del estado, los certificados de
fe democrática.
La campaña publicitaria unívoca pretendía
llegar a la población por el miedo pero
también jugaba a consolidar instrumentos
permanentes que les permitiera hacer frente
a la “ subversión” y que los legitimara
dentro y fuera del país. Esto fue lo que
se impidió
Aunque era de difícil pronóstico pensar
que el NO fuera mayoritario dada las condiciones,
a medida que nos acercábamos a
la fecha se potenciaba la complicidad del
gesto, la mirada y la referencia a un:…”NO…
se olvide” o “NO …me mientas”. Contábamos
esto y un estudiante recuerda haber
oído de los limpia-parabrisas que aún con
sol decían NO. Otro, futbolero, oyó hablar
estos días de una película y recordaba el:
“Métale un gol a la dictadura”. Ah, si, la del
“Mundialito del 80”.
Miles de acciones echaron por tierra la
soberbia militar, también nuevos sectores
políticos ensancharon la oposición a la dictadura
y todo esto impidió cualquier tipo de
fraude en los resultados. Los días siguientes
permitieron tomar plena conciencia del logro
obtenido. A 30 años, grande debe ser la
celebración.
Los estudiantes y sus docentes estaban
tocados por el sol de la ventana de la Sala
del Museo llamada: “La recuperación democrática”,
casi terminando su recorrido, es la
sala más iluminada.
Muchos de los que nos tocó vivir aquél
momento fuimos detenidos en el correr del
siguiente año. Una operación represiva importante
en número, dilatada en el tiempo,
cruel, que cuenta con tres compañeros trabajadores
desaparecidos Félix Ortiz, Omar
Paita y Miguel Mato

Antonia Yañez

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