Mostrando entradas con la etiqueta Internet. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Internet. Mostrar todas las entradas

19 dic 2010

Los ciberactivistas pro-Wikileaks tumban la web de la Fiscalía de Suecia


El Gobierno británico también puso sus sitios oficiales en alerta roja, ante el temor de ser blanco de una "ciber-guerra"

Un grupo de piratas informáticos hizo colapsar el sitio oficial de la Procaduría General de Suecia, momentos después de conocerse que las autoridades suecas planeaban apelar la decisión de un juez de primera instancia británica de dejar en libertad condicional a Julian Assange, fundador de Wikileaks.

La red de "hackers" que se hace llamar "Anonymous", y que dice luchar contra los intentos de censura en Internet como los que afronta Wikileaks, logró sabotear el sitio web de la Autoridad de la Procaduría sueca, Aklagare.se, y llevó al cierre de la página durante 11 horas.

El ataque se suma a otros realizados recientemente por el grupo contra organismos y multinacionales que percibe actúan contra Wikileaks y su fundador.

Al menos tres piratas informáticos vinculados con los ataques de "Anonymous", dos de ellos ciudadanos holandeses, fueron arrestados esta semana en el marco de una investigación contra la piratería on line a las páginas de Visa, Mastercard y Paypal.

Esta semana, Assange lanzó un pedido a sus simpatizantes para que protejan a su portal informativo de los "instrumentos de la política exterior estadounidense", citando a Visa, Mastercard y Paypal.

El Gobierno británico también puso sus sitios oficiales en alerta roja, ante el temor de ser blanco de una "ciber-guerra" por parte de "hackers" informáticos simpatizantes de Wikileaks y Assange.

Tomado: La República.es

7 oct 2010

El gran sistema


“El mundo será Tlön”, auguraba melancólica y resignadamente el narrador de una célebre cosmogonía borgiana. Eran los tiempos de las victorias imperiales e imparables del nazismo; el temor y la alegoría se justificaban. Más de medio siglo después, en los comienzos del pomposamente ungido tercer milenario, constatamos que lo que nosotros mismos hemos forjado y permitido forjar, en medio de una aparente libertad, es poco menos que asfixiante, tan opresivo e irrespirable como el planeta imaginario.

Georges Balandier, quien pronto va a cumplir noventa años, etnólogo y sociólogo, profesor emérito de La Sorbona, autor de numerosos trabajos ya clásicos (Africa ambigua, Antropología política, El poder en escena) aporta el fruto de largo tiempo de estudio y reflexión en un libro que se querría largamente leer y consultar. Le grand système es una alarmada meditación sobre el presente, sobre el universo que construimos y habitamos. Es quizá la primera vez que se efectúa un análisis tan minucioso y detallado, y a la vez tan vasto y orgánico del mundo actual. En la más pura vertiente cartesiana, Balandier desmonta los mecanismos que han ido conformando el mundo globalizado y, con el bisturí de un entomólogo, sin concesiones ni facilidades, los avances y las invasiones del poder sobre el modesto individuo; también las debilidades e inconsistencias que los permitieron.

Se trata de una acabada descripción de la vida de hoy, sumida en la TV y en Internet, donde la primera “ubica sobre todo al individuo en situación de consumidor-espectador” y el segundo “le confiere el sentimiento de ser activo, de poder contribuir, por su libre participación, a una cooperación y a un intercambio total sin fronteras”. A este “Gran Sistema”, que rige ahora nuestra vida, no escapa (tal vez lo conforme) el lenguaje: “Los vocabularios de uso corriente se componen y se difunden mediante el recurso de los reempleos, con deslizamiento del sentido de los vocablos –real, del tiempo inmediato; memoria e inteligencia de las máquinas; sitios separados de la territorialidad; portales o puertas que abren el acceso a redes; motores o navegadores que guían su exploración; mercadería inmaterial transportada por las autopistas de la información– y simulación de equivalencia de lo virtual con la realidad. Es un lenguaje en expansión, donde la analogía, la metáfora prosperan”.

Esta irrupción en la vida cotidiana de un totalitarismo larvado, consentido, que rige las costuras de caras y de cuerpos, los trasplantes de órganos, la clonización animal y la (por ahora retenida) clonización humana, las modificaciones de alimentos, del territorio, de la atmósfera, las de nuestra realidad toda en aras de una superchería virtual, ha sido aceptada, reclamada y golosamente recibida en nombre del progreso científico y técnico, de los combates contra el envejecimiento y la muerte, de las acciones por acortar las distancias y realizar las más caras fantasías de la especie. Por primera vez, el hombre siente que hoy, no en un improbable mañana, puede dominar la naturaleza, eliminar la distancia y el tiempo, demorar la muerte, quizá vencerla.

Ya no habitamos una tierra con espacios y seres distintos, sino un lugar del que somos “indígenas” y, a la vez, “extranjeros”: “aunque lo vivimos, estamos aquí comúnmente como gente de otro lado. /.../ El resultado es un Gran Sistema planetario para el que todas las lógicas y todas las fuerzas transformadoras se conjugan, contribuyendo a la potencia de una economía mundial enteramente competitiva y discriminante”. En los “nuevos Nuevos Mundos” que él genera se multiplican sitios de dominación inéditos, nuevos poderes que imponen “colonizaciones internas”, las que poco a poco van sustituyendo a las territoriales.

Lo interesante es que este sistema, a diferencia de los totalitarismos que hicieron del siglo XX “un siglo catastrófico”, no procede “de una visión previa fuertemente constituida /.../ sino que acompaña un curso de las cosas sometido a la sola impulsión de las fuerzas económicas y tecnológicas conjugadas y dominantes”. Es, casi, una civilización inconsciente.

Este mundo en el que la materialidad “no es ya lo que era” reemplaza nuestro ámbito tradicional por múltiples no lugares, sustituye los espacios precisos donde el hombre se asentaba y vivía por sitios impersonales y vehiculares, adaptados a las nuevas formas de movilidad humana: “los aeropuertos internacionales, las áreas de servicio o de reposo de las autopistas, los hoteles de corta estadía, los complejos de gran distribución comercial o de juegos, las zonas de actividad construidas de modo idéntico en la periferia de las grandes ciudades...”.


Paradójicamente, si los lazos con el espacio se debilitan, aquellos relacionados con el ser resisten más. El cuerpo “impone siempre su debilidad, sus caídas, su precariedad, lo cual revela su propia naturaleza, y ni el arte médico ni el arte de las máscaras y de las apariencias pueden lograr su total dominio”. Pero esta estrecha vinculación, estos cuidados de la salud y del aspecto están llevando a una riesgosa operación de reemplazo de lo humano por lo tecnológico, dentro del cual “la última frontera a transgredir es la del clonaje /.../ Sería la ruptura con la historia natural de la reproducción, con la historia del tratamiento social y cultural de la producción de hombres, una ruptura que entrañaría la desvalorización de la diferencia sexual y abriría en cada uno la turbadora perspectiva de un porvenir infinito por la repetición de sí mismo en la sucesión de sus clones”. Drama y paradoja de la supermodernidad: “hacer retroceder la enfermedad, la dolencia, la muerte”, pero el benéfico designio contribuye “a una metamorfosis de lo humano, que se cumple más que nunca por la metamorfosis del cuerpo”. Los dobles biológicos, los múltiples inmateriales salidos del mundo virtual eliminarían la única manifestación de una presencia humana y humanizante sobre la Tierra.

Son pocas, pero poderosas, las resistencias al Gran Sistema. Ya que no fuertemente sociales ni políticas, al menos naturales, ambientales, y producto de sus propias e inevitables fallas. A la nuclearización en gran escala de lo cotidiano se oponen Chernobyl y sus temibles repeticiones; al tratamiento genético o falsificado de los alimentos, la deformación y el envenenamiento: animales y plantas y frutos se vuelven sospechosos. Fenómenos oceánicos o climatológicos son atribuidos a las modificaciones que se han efectuado al planeta: “La potencia perturbadora de la técnica se vuelve responsable de sus enfermedades”.

La salida, ciertamente, no es fácil ni prometedora ni eufórica ni segura. Para evitar la total derrota de lo humano sería necesario hallar e indicar “un sentido a nuestro devenir”. Y claro, entender que es “la idea misma de realización absoluta, de avance hacia la perfección, la que alberga todos los peligros./.../Esta idea conduce a ignorar que lo inacabado ha sido no solamente el motor de la Historia, sino también la condición del ejercicio de la libertad y de las capacidades creadoras. En tal sentido, la proclamación de un “fin de la Historia”, y de una próxima realización del “más allá de lo humano”/.../es tan nefasta como engañosa”.

Así, “la necesidad de una recomposición de lo político parece manifiesta”; de lo político, se entiende, en el sentido primordial del concepto, es decir, capaz de iluminar el porvenir, de luchar contra la fuerza de las cosas, de alentar el debate sobre las grandes decisiones y de fortalecer el sentido de vivir en comunidad aportándole equidad.

Sólo así –parece decirnos Balandier– podremos salir del inquietante laberinto propuesto por Don DeLillo: “El cibermundo ¿es algo en el interior del mundo o es lo contrario? ¿Cuál contiene al otro y cómo se puede estar seguro de saberlo?”. Salir –agregaría– y respirar la realidad.

Mario Goloboff

Tomado: Página 12

9 may 2010

“La ciberguerra ha comenzado”

NICOLAS ARPAGIAN, ESPECIALISTA EN CIBERSEGURIDAD Y CIBERCRIMINALIDAD Las redes informáticas provocaron una suerte de extensión de los campos de batallas hacia un mundo virtual en plena interacción con la realidad, dice el autor del ensayo “La Ciberguerra, la guerra numérica ha comenzado”. Sabotajes, espionajes, ataques contra sistemas de comando, centrales eléctricas, represas hidroeléctricas, sistemas de control de aeropuertos o bancos, la panoplia de la guerra moderna, invisible y a veces incruenta, ha dejado las pantallas de las grandes producciones cinematográficas para trasladarse a la realidad bajo una denominación por demás explícita: la ciberguerra. Los guerreros modernos no visten uniformes sofisticados ni se mueven con armas de ciencia ficción. Son hombres y mujeres simples, que trabajan detrás de una computadora y cuyas competencias pueden infiltrar un banco, el sistema de una agencia de seguridad, dejar en tierra una flotilla de aviones militares, recuperar las imágenes de los dromes norteamericanos o, más comúnmente, clonar la carta de crédito del presidente francés y hasta violar los protocolos de seguridad de Twitter e ingresar a la cuenta de Barack Obama. La ciberguerra irrumpió en nuestras sociedades para incrustarse en todos los campos, desde el militar hasta el civil. Las redes informáticas provocaron una suerte de extensión de los campos de batallas hacia un mundo virtual en plena interacción con la realidad. Nicolas Arpagian es uno de los grandes expertos europeos en temas de seguridad y, sobre todo, en esas guerras cuyo escenario es el mundo virtual. Especialista en ciberseguridad y cibercriminalidad, redactor en jefe de la revista Prospective Stratégique y autor de un brillante ensayo sobre los ciberconflictos, “La Ciberguerra, la guerra numérica ha comenzado”, Arpagian desarrolla en esta entrevista con Página/12 los elementos estratégicos de esa guerra que no provoca explosiones visibles pero que no por ello es menos real. –Para mucha gente la ciberguerra es sólo una película, pero no es el caso. Se trata de una realidad bien concreta. –Sí, es una realidad que reposa sobre dos zócalos. El primero es la posibilidad de tomar el control, sea para espiar, sea para interferir, de las comunicaciones por Internet. Esa parte corresponde a lo que se llama “el tubo”. Luego está el aspecto del contenido. Podemos intervenir en él y manipular la información, tanto en una empresa o una administración: cuentas bancarias, archivos, resultados financieros, en fin, un montón de datos que podremos manipular a nuestro antojo con objetivos distintos. El problema reside precisamente en eso: todos usamos Internet, le confiamos a la red nuestros datos personales y bancarios. Las redes numéricas contienen un suma impresionante de informaciones y ello fragiliza a los usuarios, sin excepción. Los militares pueden ver manipulados los sistemas informáticos que usan para coordinar los dispositivos de tiro y los bancos se exponen a todo tipo de manipulaciones. La particularidad de la ciberguerra es la utilización de esa tecnología con fines ofensivos. –Ello conduce a una reformulación de las estrategias. Toda guerra en el terreno está precedida o acompañada por una guerra en la red. –Efectivamente, es un elemento de fragilización suplementaria. Ya hay ejemplos concretos de esa práctica. Uno de los más notorios es lo que ocurrió con Estonia, uno de los Estados más numerizados del mundo. En 2007, las tensiones entre la comunidad rusófona, que representa el 30% de la población, condujeron a una ciberguerra. El gobierno de Estonia decidió desplazar a los suburbios una estatua en homenaje al Ejército Rojo. Inmediatamente después, los portales de Internet del gobierno, de los bancos y de la prensa fueron atacados masivamente. La fuerza de esos ciberataques radica en que el asaltante se lleva una victoria completa: desestabiliza su blanco sin pagar las consecuencias. El otro ejemplo se dio en 2008, durante la guerra en Georgia. El asaltante, presumiblemente Rusia, porque el conflicto con Georgia se plasmó en torno de Osetia del Sur, atacó los centros de comando de la Fuerza Aérea de Georgia y con ello impidió que los aviones militares pudieran volar. El ciberataque dejó en la pista a los 18 aviones de combate de Georgia. El cambio es gigantesco: antes, en una guerra convencional, si los aviones hubiesen podido despegar habrían sido derivados en vuelo. Ahora bastó con impedir que salieran de la pista. El mensaje es muy fuerte. Nuestro enemigo nos dice: “Soy capaz de impedirte combatir”. El impacto estratégico y moral es muy profundo porque se fuerza al adversario a que ni siquiera pueda combatir. –Ese ejemplo abre hacia otros. Como todo está en la red, puede ser desactivada. –Así es. Ya vimos otro ejemplo en los Estados Unidos con una central nuclear que fue controlada a distancia por un pirata. Lo mismo se puede hacer con las represas hidroeléctricas o con los sistemas de regulación de los semáforos. Alguien podría cometer un atentado clásico y, al bloquear luego el sistema de semáforos, con ello dejaría fuera de juego el plan de evacuación de las víctimas. Es una forma de decir: “su casa es mi casa”. Y hay más ejemplos de ese tipo. En los Estados Unidos un muchacho tomó el control de los sistemas de climatización para hacer un chantaje. Si no le pagaban, amenazaba con cambiar la temperatura en los quirófanos. ¡Imagínese los muertos que eso puede provocar! La omnipresencia de los sistemas de información en todas las organizaciones es un riesgo. La cultura tecnológica no debe abordarse a la ligera o simplemente de forma teórica. Sus incidencias son importantes y concretas en la manera en que hacemos la guerra o gestionamos la economía. A fuerza de desmaterializar nos hemos fragilizado. –La ciberguerra cambiaría entonces la misma definición de conflicto. El poder de sembrar el caos deja de ser proporcional a la potencia de uno u otro adversario. –Efectivamente. Es por esa razón que se habla de conflicto asimétrico. Antes, un Estado atacaba a otro Estado, mientras que ahora un individuo solo es capaz de llevar a cabo un ataque contra algo mayor que él. Y no es todo. Una empresa puede igualmente atacar a un Estado y este, a su vez, tiene la posibilidad de dirigir sus ataques contra un banco. Estamos en la desproporción, en la valorización del judo, donde el más pequeño puede atacar al más grande. El orden de la guerra fue trastornado. Internet es el único modelo que no nació con una cultura de servicio público. La gran dificultad radica en que los Estados tienen que tener la capacidad de tratar con las empresas del campo tecnológico para lograr que se integren al concepto de soberanía nacional. Los Estados dejaron de tener el monopolio de la seguridad y del ejercicio de la potencia. –¿Qué ocurre con un Estado pequeño y mal preparado como el de la Argentina? Frente a Gran Bretaña, una nueva guerra de las Malvinas se jugaría en la red, donde el poderío británico es mayor. –Todo depende del grado de numerización del país. La dependencia numérica es clave, así como la capacidad de tener actores nacionales. Pero la potencia es un dato relativo. Los ataques más recientes demuestran que la imaginación y el conocimiento del sistema son más decisivos que el presupuesto. Un país pequeño no está menos favorecido que uno más grande porque lo que está en juego es la materia gris. La dificultad de los Estados se sitúa en ese nivel, es decir, en su capacidad de atraer la materia gris antes de que migre al sector privado. La ciberguerra pone en tela de juicio los fundamentos mismos de la forma de hacer la guerra. La ciberguerra obtiene resultados importantes a bajo costo. Es más barato movilizar 10 mil computadoras que 10 mil soldados. La tecnología de las redes reequilibra la geopolítica. Eduardo Febbro Desde París Tomado de Página 12

9 abr 2009

Obama podría controlar Internet

Una nueva ley podría otorgarle al Presidente la facultad de frenar el tráfico en La Red y de acceder a datos privados en caso de emergencia
¿Podría, el Presidente, cortar el tráfico cibernético en caso de emergencia?
Los senadores John Rockefeller (Demócrata, de Virginia Occidental) y Olympia Snowe (Republicana, de Maine) así lo creen. El miércoles [pasado: día 1 de abril, ambos] introdujeron una [propuesta de] ley encaminada a la creación de un Consejo Nacional de Ciberseguridad [NCA, de sus siglas en inglés] que formaría parte del poder ejecutivo y tendría amplios poderes de observación y control sobre el tráfico de Internet, con vistas a hacer frente a eventuales amenazas a la infraestructura informática sensible. Dichos amplios poderes podrían afectar a diversas libertades civiles.
La Ley de Seguridad Cibernética [CSA, de sus siglas en inglés: ver archivo adjunto] otorga al Presidente la facultad de “declarar emergencias de seguridad cibernética” y frenar o ralentizar –en nombre de la seguridad nacional- el tráfico [de datos] en las redes de información “sensibles”. La CSA no define [lo que quiere decir] ni [con] “redes de información sensible” ni [con] “emergencia de seguridad cibernética”. Le correspondería hacerlo al Presidentee.
Además, la CSA, también le otorga plenos poderes al Secretario de Comercio, al que le proporciona “acceso –sin necesidad de respaldo jurídico alguno- a todo dato relevante (y sensible) que incumba a redes sensibles”. Ello quiere decir libre acceso a datos privados y redes públicas sin necesidad de observación de las leyes de protección a la intimidad.
Rockefeller –como miembro de la Comisión de Inteligencia del Senado, que presidió hasta el año pasado- está convirtiendo la ciberseguridad en un asunto estratégico. Actualmente preside la Comisión de Comercio, Ciencia y Transporte, [áreas que también] se verán afectadas por la CSA.
“Tenemos que proteger nuestra infraestructura sensible cueste lo que cueste: del agua a la electricidad, pasando por la banca, la transmisión de datos y las bases de datos… y me quedo corto”, aseveró Rockefeller en un comunicado. Snowe secunda a su colega “si no actuamos rápido, se nos puede venir un ciber-Katrina encima” [NDT: en referencia al huracán que devastó, en 2005, Nueva Orleans].
Pese a las justificaciones [esgrimidas] los amplios poderes delineados por la CSA preocupan. “Las amenazas a la seguridad informática son reales”, reconoce Leslie Harris, Presidenta del Centro para la Democracia y la Tecnología (CDT), “sin embargo, una rápida y drástica intervención gubernamental en las comunicaciones privadas y en las redes públicas pudiera representar una amenaza, tanto para la propia seguridad como para la privacidad”.
[De hecho] –según el consultor del CDT, Greg Nojeim- la CSA pudiera pervertir la Ley de [protección a la] Intimidad de las Comunicaciones Electrónicas (ECPA, de sus siglas en inglés). Dicha ley, promulgada a mediados de la década de los años 1980, exige autorizaciones legales previas a la observación y al control de las comunicaciones informáticas.
“Se trata de poderes increíblemente amplios” apunta Nojeim, quien puntualiza que existen leyes que podrían “poner en tesitura tanta discrecionalidad”.
Jennifer Granick, especialista en libertades civiles de la Fundación de la Frontera Electrónica (Electronic Frontier Foudation, EFF) afirma que la concesión de tales poderes al secretario de Comercio pudiera convertir Internet en una red mucho menos segura [de lo que lo es actualmente]. Cuando una persona tiene acceso a toda la información de un red, esta última, “aumenta los términos de su vulnerabilidad, básicamente, porque [mediante dicha decisión] se establece, para los malos, un camino [seguro] hacia la vulneración”.
El objetivo de la CSA, añade Granick, es “contrario a las garantías constitucionales” y lo es “por el impacto [negativo] que puede tener en los derechos de intimidad de los usuarios de La Red. Si el Departamento de Comercio detectara pruebas de actividades ilegales en áreas sensibles, podría utilizar judicialmente dicha información, a pesar de que esa no constituyera la intención inicial del acto de observación. Ello violaría la garantía constitucional que protege contra investigaciones aleatorias”.
“Una vez que se tiene una información, esta podría ser usada con cualquier objeto, incluso diferente al que provoca el acto inicial de observación” remarca Granick. ¿A quién le interesa esta ley? se pregunta, “a la industria de la seguridad, que quieren garantizarse una [especie de] subvención pública” [NDT: insinúa una especie de necesidad creada].
Nojeim piensa que pese a todo, en última instancia, tanta amplitud de poder pudiera ser recortada [antes de la aprobación de la ley] por vía legislativa. Por eso se muestra dispuesto a trabajar con los legisladores “para clarificar lo que sea necesario y hacer las cosas de la mejor manera”.
Steve Aquino
Traducido para Rebelión por Juan Agulló
Tomado de Rebelión

4 feb 2009

Intento de terminar con la neutralidad de Internet: un golpe para los escritores de blogs

Sherwood Ross Global Research
Traducción de: Mar Rodríguez
Una prominente autoridad legal advierte de que, si se permite a las empresas de cable y telefónicas que transmiten datos por Internet cargar tarifas más elevadas a algunos productores por un servicio más rápido, el resultado sería un «golpe pleno contra la libertad política».
Esto se debe a que el cambio permitiría a los ricos «hacerse rápidamente con las transmisiones a gran velocidad (para su contenido comercial de ínfima calidad) igual que lo hicieron con la radio y la TV, e igual que cuando su comportamiento de increíble búsqueda de beneficios afectó de forma extremadamente dañina al periodismo escrito», escribe Lawrence Velvel, decano de la Facultad de Derecho de Massachusetts (Andover).
El ruego de Velvel pidiendo «neutralidad para internet» se incluye en su nuevo libro, An Enemy of The People (un enemigo del pueblo), subtitulado The Unending Battle Against Conventional Wisdom(Doukathsan). En esencial, escribe, el cambio propuesto es un «intento por parte de los ricos para convertir Internet en otro almacén más de su poder…».
Según escribe Velvel, con el programa que intentan hacer realidad las empresas de transmisión, «las grandes empresas pagarían más, sin duda mucho más, para que sus mensajes, vídeos, audios y cualquier otro contenido se transmitiera a gran velocidad. El resto de nosotros, campesinos, que no podríamos permitirnos el movimiento rápido de nuestro contenido, pagaríamos menos y lo moveríamos con más lentitud».
«Podemos estar seguros de que cualquier persona media con algo que decir se verá relegada a unas transmisiones de menor velocidad», escribe Velvel. «El mundo de los blogs y el uso de internet por los ciudadanos medios para propósitos políticos estaría rápidamente muerto».
Según Save The Internet.com(STI), «las mayores empresas de teléfonos y cable del país, entre ellas AT&T, Verizon, Comcast y Time Warner, quieren ser los guardianes de internet y decidir qué sitios web van rápido, cuáles van despacio y cuáles ni siquiera podrán cargarse».
«De lo que se trata», explica Velvel, «es de un grupo de capitalistas irredentos que piensan que no hay nada más importante que hacerse con todo el dinero que se les permita. Igual que con las empresas petroleras y los bancos de inversión, no les basta con los grandes márgenes de beneficios y los cientos de millones anuales que reciben sus presidentes y directores generales. Quieren más. Siempre quieren más. Nada les importa. Las empresas de transmisión no son distintas».
Velvel señaló: «El tipo medio no puede publicar en un periódico y no puede permitirse pagar para aparecer en la radio en la televisión. Su voz es limitada. El gran beneficio de internet, la razón por la que es justo afirmar que es la nueva versión de la imprenta de los pobres (que es cómo se llamaba antes a los piquetes y las manifestaciones), es que dio a todos la oportunidad de decir lo que querían de forma inmediatamente disponible para cualquiera que lo encontrara o que supiera y quisiera leerlo».
«Esa es la razón por la que aparecieron decenas de millones de blogs», continúa Velvel, «de los cuales (al menos) algunos miles trataban sobre temas políticos, algunos con gran impacto político».
Además de Velvel, otros han hablado también de los intentos por destruir la neutralidad de la red. Como consecuencia de una decisión de 2005 de la Comisión de Comunicaciones Federal de Bush, la neutralidad de internet, «la base de una internet abierta y libre, quedó en peligro», afirma STI. «Ahora los grupos de presión de las empresas telefónicas y de cable están luchando por bloquear una legislación que volvería a instaurarla».
«Sin ella, las empresas emergentes y los emprendedores se verán expulsados del mercado por las grandes empresas que pueden pagar por obtener un lugar destacado en la red», afirma STI.
«Si el Congreso deja internet en manos de los gigantes del cable y de teléfono, todos los que usamos internet nos veremos afectados», continúa. «La conexión a la oficina tardará más tiempo si no se compran las aplicaciones preferidas del proveedor. La velocidad de envío de fotos y vídeos familiares se verá reducida al mínimo. Las páginas web que siempre se usan para la banca electrónica, el acceso a la información sanitaria, la planificación de un viaje o la comunicación con amigos y familiares podrían caer víctimas de los programas de velocidad de pago».
STI advirtió de que las consecuencias del abandono de la neutralidad de internet serían «devastadoras». «La innovación sufriría, la competencia se vería limitada y el acceso a la información, restringido. La libre opción y el libre mercado se verían sacrificados ante los intereses de unos pocos ejecutivos corporativos».
Para entrevistas con Dean Velvel, pueden ponerse en contacto con Sherwood Ross en sherwoodr1@yahoo.com. Dirección electrónica de Dean Velvel: velvel@mslaw.edu
Dirección URL de este artículo: www.globalresearch.ca/PrintArticle.php?articleId=12016
Tomado de Rebelión
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...