La demencial ofensiva por la hegemonía de EE.UU. amenaza la vida en la tierra
El Washington Times es un periódico que mira con benevolencia las guerras de agresión en Oriente Próximo de Bush/Cheney/Obama y los neoconservadores y está a favor de que sean los terroristas los que paguen por el 11-S. Por ello, me sorprendió el 24 de febrero que la historia más popular en el sitio en el Internet del periódico durante los últimos tres días haya sido el informe “Explosive News” de “Inside the Beltway” [Dentro de Washington DC], sobre las 31 conferencias de prensa en ciudades en EE.UU. y en el extranjero realizadas el 19 de febrero por Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11-S, una organización de profesionales que ahora tiene más de 1.000 miembros.
Más aún me sorprendió que la información tratara seriamente las conferencias de prensa.
¿Cómo se desintegraron repentinamente en polvo fino tres rascacielos del World Trade Center (WTC)? ¿Cómo fallaron repentinamente macizas vigas de acero como resultado de incendios breves, aislados y de baja temperatura? Mil arquitectos e ingenieros quieren saberlo y llaman al Congreso a que ordene una nueva investigación sobre la destrucción de las Torres Gemelas y del Edificio 8,” informa el Washington Times.
El periódico informa de que los arquitectos e ingenieros han concluido que la Agencia Federal para Manejo de Emergencias (FEMA) y el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST por sus siglas en inglés), suministraron “informes insuficientes, contradictorios y fraudulentos sobre las circunstancias de la destrucción de las torres” y “llaman a una investigación de gran jurado de los funcionarios del NIST.”
El periódico informa de que Richard Gage, el portavoz de los arquitectos e ingenieros dijo que: “Los funcionarios gubernamentales serán notificados de que el “Encubrimiento de la traición”, Código 18 de EE.UU. (Sección 2382) es un serio delito federal, que requiere que los que tienen evidencia de traición actúen como corresponda. Las implicaciones son enormes y podrían tener profundo impacto en el próximo juicio de Khalid Sheik Mohamed.”
Existe ahora una organización, Bomberos por la Verdad sobre el 11-S. En la principal conferencia de prensa en San Francisco Eric Lawyer, jefe de la organización, anunció el apoyo de los bomberos a las exigencias de los arquitectos e ingenieros. Informó de que no se realizó una investigación forense de los incendios que supuestamente destruyeron los tres edificios y que el que no haya tenido lugar constituye un crimen. No se siguieron los procedimientos especificados, y en lugar de preservar e investigar, la escena del crimen fue destruida. También informó de que existen más de cien miembros de los organismos de emergencia que oyeron y vieron explosiones y que existe evidencia de explosiones en transmisiones de radio, audio y vídeo.
El físico Steven Jones también presentó en la conferencia de prensa la evidencia de nano-termita en los residuos de los edificios del WTC, hallada por un panel internacional de científicos dirigidos por el nano-químico de la Universidad de Copenhague, profesor Niels Harrit. Nano-termita es un explosivo/pirotécnico de alta tecnología capaz de fundir instantáneamente vigas de acero.
Antes de que gritemos “teoría conspirativa” deberíamos saber que los arquitectos, ingenieros, bomberos y científicos no presentan ninguna teoría. Suministran evidencia que disputa la teoría oficial. Esa evidencia no va a desaparecer.
Si el hecho de que exprese dudas o reservas sobre la historia oficial en el Informe de la Comisión del 11-S convierte a una persona en un chiflado por las teorías conspirativas, tenemos que incluir a ambos copresidentes de la Comisión del 11-S y al asesor legal de la Comisión, todos los cuales han escrito libros en los que declaran claramente que funcionarios del gobierno les mintieron cuando realizaron su investigación, o, más bien, cuando presidieron la investigación realizada por el director ejecutivo Philip Zelikow, miembro del equipo de transición del presidente George W. Bush y del Consejo Consultor de Inteligencia Exterior y coautor de la secretaria de Estado de Bush Condi Rice.
Siempre habrá estadounidenses que crean cualquier cosa que les diga el gobierno, sin importar que sepan que el gobierno les ha mentido en numerosas ocasiones. A pesar de costosas guerras que amenazan la Seguridad Social y Medicare, guerras basadas en armas iraquíes de destrucción masiva inexistentes, en conexiones no existentes de Sadam Hussein con al-Qaida, en una participación afgana inexistente en los ataques del 11-S, y en las bombas atómicas iraníes inexistentes que son exageradas como motivo para la próxima guerra de agresión de EE.UU. en Oriente Próximo, más de la mitad de la población estadounidense sigue creyendo la historia fantástica que el gobierno les ha contado sobre el 11-S: una conspiración musulmana que fue más lista que todo el mundo occidental.
Además, a esos estadounidenses no les importa la frecuencia con la que el gobierno cambia su versión. Por ejemplo, los estadounidenses oyeron hablar por primera vez de Osama bin Laden porque el régimen de Bush lo culpó de los ataques del 11-S. Con el pasar de los años se presentó al crédulo público estadounidenses vídeo tras vídeo con declaraciones de bin Laden. Los expertos descartaron los vídeos como falsificaciones, pero los estadounidenses siguieron siendo tan crédulos como siempre. Luego, repentinamente el año pasado, un nuevo “cerebro” del 11-S apareció para tomar el sitio de bin Laden, el cautivo Khalid Sheik Mohamed, el detenido sometido 183 veces a la tortura de asfixia simulada con agua hasta que confesó haber planeado y organizado el ataque del 11-S.
En la Edad Media las confesiones obtenidas mediante la tortura constituían evidencia, pero la autoincriminación ha sido rechazada en el sistema legal de EE.UU. desde su fundación. Con el régimen de Bush y los jueces federales republicanos, quienes habían prometido que defenderían la Constitución de EE.UU., la autoincriminación de Sheik Mohamed representa actualmente la única evidencia que posee el gobierno de ese país de que los terroristas musulmanes llevaron a cabo el 11-S.
Al considerar las proezas atribuidas a Khalid Sheik Mohamed se ve que son simplemente increíbles. Sheik Mohamed es un superhéroe brillante y más capaz que ‘V’ en la película fantástica, “V de venganza.” Sheik Mohamed fue más listo que todas las 16 agencias de inteligencia de EE.UU. junto con aquéllas de todos los aliados o títeres de ese país, incluido el Mosad de Israel. Ningún servicio de inteligencia del mundo, o todos ellos combinados, pudo compararse con Sheik Mohamed.
Sheik Mohamed fue más listo que el Consejo Nacional de Seguridad de EE.UU., Dick Cheney, el Pentágono, el Departamento de Estado, NORAD, la Fuerza Aérea de EE.UU., y el Control de Tráfico Aéreo.
Llevó la Seguridad de Aeropuertos a fracasar cuatro veces en una sola mañana. Llevó al fracaso de las defensas aéreas con tecnología de vanguardia del Pentágono, permitiendo que un avión comercial secuestrado, que estuvo desviado de su rumbo toda la mañana, se estrellara contra el Pentágono, mientras la Fuerza Aérea de EE.UU., por primera vez en la historia, fue incapaz de enviar aviones de intercepción.
Sheik Mohamed fue capaz de realizar esas proezas con pilotos no calificados.
Sheik Mohamed, incluso como detenido torturado, logró impedir que el FBI diera a conocer los numerosos vídeos confiscados que mostraban, según la versión oficial, al avión secuestrado estrellándose contra el Pentágono.
¿Cuán ingenuo hay que ser para creer que algún ser humano, o si se quiere un personaje de fantasía de Hollywood, sea tan poderoso y capaz?
Si Sheik Mohamed tiene esas capacidades sobrehumanas, ¿cómo lo capturaron los incompetentes estadounidenses? Este sujeto es un chivo expiatorio torturado para que confiese a fin de conseguir que los ingenuos estadounidenses crean la teoría conspirativa del gobierno.
Lo que pasa es que el gobierno de EE.UU. tiene que terminar con el misterio del 11-S. El gobierno tiene que juzgar y condenar a un culpable para poder cerrar el caso antes que estalle. Cualquiera, torturado 183 veces, confesaría cualquier cosa.
El gobierno de EE.UU. ha reaccionado ante la evidencia que se acumula contra su descabellada teoría conspirativa del 11-S mediante la redefinición de la guerra contra el terror de enemigos externos a internos. La secretaria de seguridad interior, Janet Napolitano, dijo el 21 de febrero, que extremistas estadounidenses constituyen ahora una preocupación tan grande como los terroristas internacionales. Extremistas, claro está, son los que interfieren en los planes del gobierno, como los 1.000 Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11-S. El grupo lo formaban 100, ahora son 1.000. ¿Y si llegan a ser 10.000?
Cass Sunstein, funcionario del régimen de Obama, tiene una solución para los escépticos respecto al 11-S: Infiltrarlos y provocarlos para que hagan declaraciones y acciones que puedan ser utilizadas para desacreditarlos o arrestarlos. Pero librarse de ellos a toda costa.
¿Por qué emplear medidas tan extremas contra presuntos chiflados si sólo producen entretenimiento y risas? ¿Está preocupado el gobierno por que hayan encontrado algo?
En lugar de proponer semejantes medidas, ¿por qué no enfrenta simplemente el gobierno de EE.UU. la evidencia presentada y responde a ella?
Si los arquitectos, ingenieros, bomberos, y científicos son sólo chiflados, será algo simple reconocer su evidencia y refutarla. ¿Por qué es necesario infiltrarlos con agentes de la policía y tenderles trampas?
Muchos estadounidenses responderían que “su” gobierno no soñaría con matar estadounidenses secuestrando aviones y destruyendo edificios para promover sus planes. Pero el 3 de febrero, el director nacional de inteligencia Dennis Blair dijo al Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes que el gobierno de EE.UU. puede asesinar a sus propios ciudadanos cuando están en el extranjero. No precisa de arresto, juicio o condena por un crimen castigado con la pena capital. Es simplemente un asesinato.
Obviamente, si el gobierno de EE.UU. puede asesinar a sus ciudadanos en el extranjero también puede asesinarlos en el país, y lo ha hecho. Por ejemplo, 100 davidianos fueron asesinados en Waco, Texas, por el gobierno de Clinton sin una razón legítima. El gobierno simplemente decidió utilizar su poder a sabiendas de que podía salirse con la suya, y así lo hizo.
Los estadounidenses que piensan que “su” gobierno es una especie de operación moralmente pura harían bien en familiarizarse con la Operación Northwoods. La Operación Northwoods fue un complot urdido por el Estado Mayor Conjunto de EE.UU. para que la CIA cometiera actos de terrorismo en ciudades estadounidenses y preparara evidencia culpando a Castro para que EE.UU. pudiera conseguir apoyo interno e internacional para un cambio de régimen en Cuba. El plan secreto fue rechazado por el presidente John F. Kennedy y fue desclasificado por el John F. Kennedy Assassination Records Review Board. Se encuentra en línea en el Archivo de Seguridad Nacional. Existen numerosos informes en línea, incluyendo Wikipedia. El libro de James Bamford “Body of Secrets,” también resume el complot:
“La Operación Northwoods, que tenía la aprobación escrita del jefe (general Lemnitzer) y de cada uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto, requería que se matara a tiros a gente inocente en las calles de EE.UU.; que se hundiera en alta mar botes con refugiados que huían de Cuba; que se lanzara una ola de terrorismo violento en Washington, D.C., Miami, y otros sitios; que se acusara a gente de atentados que no habían cometido; que se secuestrara aviones. Utilizando evidencia falsa, se acusaría de todo a Castro, dando así a Lemnitzer y su conciliábulo la excusa, así como el respaldo público e internacional, que necesitaban para lanzar su guerra.”
Antes del 11-S los neoconservadores estadounidenses fueron explícitos en que las guerras de agresión que querían lanzar en Oriente Próximo necesitaban “un nuevo Pearl Harbor.”
Por su propio bien y el del mundo en general, los estadounidenses tienen que prestar atención al creciente grupo de expertos que les dicen que la versión del 11-S del gobierno no pasa su investigación. El 11-S lanzó el plan neoconservador para la hegemonía mundial de EE.UU. Mientras escribo estas líneas el gobierno de EE.UU. está comprando el acuerdo de gobiernos extranjeros fronterizos con Rusia para que acepten bases de intercepción de misiles estadounidenses. EE.UU. quiere cercar a Rusia con sus bases de misiles desde Polonia pasando por Europa central y Kosovo hasta Georgia, Azerbaiyán y Asia Central. [Vea www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=17709] El enviado de EE.UU., Richard Holbrooke declaró el 20 de febrero que al-Qaida está penetrando antiguas partes constituyentes centroasiáticas de la Unión Soviética, como Tayikistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajstán. Holbrooke está solicitando bases en esas antiguas repúblicas soviéticas bajo capa de la “guerra contra el terror” en permanente expansión.
EE.UU. ya ha rodeado Irán con bases militares. El gobierno de EE.UU. se propone neutralizar a China apoderándose de Oriente Próximo y cortándole el acceso al petróleo.
Este plan presupone que Rusia y China, Estados con armas nucleares, serán intimidados por las defensas anti-misiles de EE.UU. y aceptarán su hegemonía y que a China le faltará petróleo para sus industrias y sus fuerzas armadas.
El gobierno de EE.UU. delira. Los dirigentes militares y políticas de Rusia han respondido a la obvia amenaza declarando que la OTAN constituye una amenaza directa para la seguridad de Rusia y anunciando un cambio en la doctrina de guerra rusa hacia el lanzamiento preventivo de armas nucleares. Los chinos son demasiado seguros de sí mismos como para ser intimidados por una “superpotencia” estadounidense acabada.
Los imbéciles en Washington van lejos con la idea de la guerra nuclear. El impulso demencial por la hegemonía estadounidense amenaza la vida en la tierra. El pueblo estadounidense, al aceptar las mentiras y engaños de “su” gobierno, facilita ese resultado.
Paul Craig Roberts
Global Research
Tomado de Rebelión
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3 mar 2010
El camino al Apocalipsis
La demencial ofensiva por la hegemonía de EE.UU. amenaza la vida en la tierra
El Washington Times es un periódico que mira con benevolencia las guerras de agresión en Oriente Próximo de Bush/Cheney/Obama y los neoconservadores y está a favor de que sean los terroristas los que paguen por el 11-S. Por ello, me sorprendió el 24 de febrero que la historia más popular en el sitio en el Internet del periódico durante los últimos tres días haya sido el informe “Explosive News” de “Inside the Beltway” [Dentro de Washington DC], sobre las 31 conferencias de prensa en ciudades en EE.UU. y en el extranjero realizadas el 19 de febrero por Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11-S, una organización de profesionales que ahora tiene más de 1.000 miembros.
Más aún me sorprendió que la información tratara seriamente las conferencias de prensa.
¿Cómo se desintegraron repentinamente en polvo fino tres rascacielos del World Trade Center (WTC)? ¿Cómo fallaron repentinamente macizas vigas de acero como resultado de incendios breves, aislados y de baja temperatura? Mil arquitectos e ingenieros quieren saberlo y llaman al Congreso a que ordene una nueva investigación sobre la destrucción de las Torres Gemelas y del Edificio 8,” informa el Washington Times.
El periódico informa de que los arquitectos e ingenieros han concluido que la Agencia Federal para Manejo de Emergencias (FEMA) y el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST por sus siglas en inglés), suministraron “informes insuficientes, contradictorios y fraudulentos sobre las circunstancias de la destrucción de las torres” y “llaman a una investigación de gran jurado de los funcionarios del NIST.”
El periódico informa de que Richard Gage, el portavoz de los arquitectos e ingenieros dijo que: “Los funcionarios gubernamentales serán notificados de que el “Encubrimiento de la traición”, Código 18 de EE.UU. (Sección 2382) es un serio delito federal, que requiere que los que tienen evidencia de traición actúen como corresponda. Las implicaciones son enormes y podrían tener profundo impacto en el próximo juicio de Khalid Sheik Mohamed.”
Existe ahora una organización, Bomberos por la Verdad sobre el 11-S. En la principal conferencia de prensa en San Francisco Eric Lawyer, jefe de la organización, anunció el apoyo de los bomberos a las exigencias de los arquitectos e ingenieros. Informó de que no se realizó una investigación forense de los incendios que supuestamente destruyeron los tres edificios y que el que no haya tenido lugar constituye un crimen. No se siguieron los procedimientos especificados, y en lugar de preservar e investigar, la escena del crimen fue destruida. También informó de que existen más de cien miembros de los organismos de emergencia que oyeron y vieron explosiones y que existe evidencia de explosiones en transmisiones de radio, audio y vídeo.
El físico Steven Jones también presentó en la conferencia de prensa la evidencia de nano-termita en los residuos de los edificios del WTC, hallada por un panel internacional de científicos dirigidos por el nano-químico de la Universidad de Copenhague, profesor Niels Harrit. Nano-termita es un explosivo/pirotécnico de alta tecnología capaz de fundir instantáneamente vigas de acero.
Antes de que gritemos “teoría conspirativa” deberíamos saber que los arquitectos, ingenieros, bomberos y científicos no presentan ninguna teoría. Suministran evidencia que disputa la teoría oficial. Esa evidencia no va a desaparecer.
Si el hecho de que exprese dudas o reservas sobre la historia oficial en el Informe de la Comisión del 11-S convierte a una persona en un chiflado por las teorías conspirativas, tenemos que incluir a ambos copresidentes de la Comisión del 11-S y al asesor legal de la Comisión, todos los cuales han escrito libros en los que declaran claramente que funcionarios del gobierno les mintieron cuando realizaron su investigación, o, más bien, cuando presidieron la investigación realizada por el director ejecutivo Philip Zelikow, miembro del equipo de transición del presidente George W. Bush y del Consejo Consultor de Inteligencia Exterior y coautor de la secretaria de Estado de Bush Condi Rice.
Siempre habrá estadounidenses que crean cualquier cosa que les diga el gobierno, sin importar que sepan que el gobierno les ha mentido en numerosas ocasiones. A pesar de costosas guerras que amenazan la Seguridad Social y Medicare, guerras basadas en armas iraquíes de destrucción masiva inexistentes, en conexiones no existentes de Sadam Hussein con al-Qaida, en una participación afgana inexistente en los ataques del 11-S, y en las bombas atómicas iraníes inexistentes que son exageradas como motivo para la próxima guerra de agresión de EE.UU. en Oriente Próximo, más de la mitad de la población estadounidense sigue creyendo la historia fantástica que el gobierno les ha contado sobre el 11-S: una conspiración musulmana que fue más lista que todo el mundo occidental.
Además, a esos estadounidenses no les importa la frecuencia con la que el gobierno cambia su versión. Por ejemplo, los estadounidenses oyeron hablar por primera vez de Osama bin Laden porque el régimen de Bush lo culpó de los ataques del 11-S. Con el pasar de los años se presentó al crédulo público estadounidenses vídeo tras vídeo con declaraciones de bin Laden. Los expertos descartaron los vídeos como falsificaciones, pero los estadounidenses siguieron siendo tan crédulos como siempre. Luego, repentinamente el año pasado, un nuevo “cerebro” del 11-S apareció para tomar el sitio de bin Laden, el cautivo Khalid Sheik Mohamed, el detenido sometido 183 veces a la tortura de asfixia simulada con agua hasta que confesó haber planeado y organizado el ataque del 11-S.
En la Edad Media las confesiones obtenidas mediante la tortura constituían evidencia, pero la autoincriminación ha sido rechazada en el sistema legal de EE.UU. desde su fundación. Con el régimen de Bush y los jueces federales republicanos, quienes habían prometido que defenderían la Constitución de EE.UU., la autoincriminación de Sheik Mohamed representa actualmente la única evidencia que posee el gobierno de ese país de que los terroristas musulmanes llevaron a cabo el 11-S.
Al considerar las proezas atribuidas a Khalid Sheik Mohamed se ve que son simplemente increíbles. Sheik Mohamed es un superhéroe brillante y más capaz que ‘V’ en la película fantástica, “V de venganza.” Sheik Mohamed fue más listo que todas las 16 agencias de inteligencia de EE.UU. junto con aquéllas de todos los aliados o títeres de ese país, incluido el Mosad de Israel. Ningún servicio de inteligencia del mundo, o todos ellos combinados, pudo compararse con Sheik Mohamed.
Sheik Mohamed fue más listo que el Consejo Nacional de Seguridad de EE.UU., Dick Cheney, el Pentágono, el Departamento de Estado, NORAD, la Fuerza Aérea de EE.UU., y el Control de Tráfico Aéreo.
Llevó la Seguridad de Aeropuertos a fracasar cuatro veces en una sola mañana. Llevó al fracaso de las defensas aéreas con tecnología de vanguardia del Pentágono, permitiendo que un avión comercial secuestrado, que estuvo desviado de su rumbo toda la mañana, se estrellara contra el Pentágono, mientras la Fuerza Aérea de EE.UU., por primera vez en la historia, fue incapaz de enviar aviones de intercepción.
Sheik Mohamed fue capaz de realizar esas proezas con pilotos no calificados.
Sheik Mohamed, incluso como detenido torturado, logró impedir que el FBI diera a conocer los numerosos vídeos confiscados que mostraban, según la versión oficial, al avión secuestrado estrellándose contra el Pentágono.
¿Cuán ingenuo hay que ser para creer que algún ser humano, o si se quiere un personaje de fantasía de Hollywood, sea tan poderoso y capaz?
Si Sheik Mohamed tiene esas capacidades sobrehumanas, ¿cómo lo capturaron los incompetentes estadounidenses? Este sujeto es un chivo expiatorio torturado para que confiese a fin de conseguir que los ingenuos estadounidenses crean la teoría conspirativa del gobierno.
Lo que pasa es que el gobierno de EE.UU. tiene que terminar con el misterio del 11-S. El gobierno tiene que juzgar y condenar a un culpable para poder cerrar el caso antes que estalle. Cualquiera, torturado 183 veces, confesaría cualquier cosa.
El gobierno de EE.UU. ha reaccionado ante la evidencia que se acumula contra su descabellada teoría conspirativa del 11-S mediante la redefinición de la guerra contra el terror de enemigos externos a internos. La secretaria de seguridad interior, Janet Napolitano, dijo el 21 de febrero, que extremistas estadounidenses constituyen ahora una preocupación tan grande como los terroristas internacionales. Extremistas, claro está, son los que interfieren en los planes del gobierno, como los 1.000 Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11-S. El grupo lo formaban 100, ahora son 1.000. ¿Y si llegan a ser 10.000?
Cass Sunstein, funcionario del régimen de Obama, tiene una solución para los escépticos respecto al 11-S: Infiltrarlos y provocarlos para que hagan declaraciones y acciones que puedan ser utilizadas para desacreditarlos o arrestarlos. Pero librarse de ellos a toda costa.
¿Por qué emplear medidas tan extremas contra presuntos chiflados si sólo producen entretenimiento y risas? ¿Está preocupado el gobierno por que hayan encontrado algo?
En lugar de proponer semejantes medidas, ¿por qué no enfrenta simplemente el gobierno de EE.UU. la evidencia presentada y responde a ella?
Si los arquitectos, ingenieros, bomberos, y científicos son sólo chiflados, será algo simple reconocer su evidencia y refutarla. ¿Por qué es necesario infiltrarlos con agentes de la policía y tenderles trampas?
Muchos estadounidenses responderían que “su” gobierno no soñaría con matar estadounidenses secuestrando aviones y destruyendo edificios para promover sus planes. Pero el 3 de febrero, el director nacional de inteligencia Dennis Blair dijo al Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes que el gobierno de EE.UU. puede asesinar a sus propios ciudadanos cuando están en el extranjero. No precisa de arresto, juicio o condena por un crimen castigado con la pena capital. Es simplemente un asesinato.
Obviamente, si el gobierno de EE.UU. puede asesinar a sus ciudadanos en el extranjero también puede asesinarlos en el país, y lo ha hecho. Por ejemplo, 100 davidianos fueron asesinados en Waco, Texas, por el gobierno de Clinton sin una razón legítima. El gobierno simplemente decidió utilizar su poder a sabiendas de que podía salirse con la suya, y así lo hizo.
Los estadounidenses que piensan que “su” gobierno es una especie de operación moralmente pura harían bien en familiarizarse con la Operación Northwoods. La Operación Northwoods fue un complot urdido por el Estado Mayor Conjunto de EE.UU. para que la CIA cometiera actos de terrorismo en ciudades estadounidenses y preparara evidencia culpando a Castro para que EE.UU. pudiera conseguir apoyo interno e internacional para un cambio de régimen en Cuba. El plan secreto fue rechazado por el presidente John F. Kennedy y fue desclasificado por el John F. Kennedy Assassination Records Review Board. Se encuentra en línea en el Archivo de Seguridad Nacional. Existen numerosos informes en línea, incluyendo Wikipedia. El libro de James Bamford “Body of Secrets,” también resume el complot:
“La Operación Northwoods, que tenía la aprobación escrita del jefe (general Lemnitzer) y de cada uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto, requería que se matara a tiros a gente inocente en las calles de EE.UU.; que se hundiera en alta mar botes con refugiados que huían de Cuba; que se lanzara una ola de terrorismo violento en Washington, D.C., Miami, y otros sitios; que se acusara a gente de atentados que no habían cometido; que se secuestrara aviones. Utilizando evidencia falsa, se acusaría de todo a Castro, dando así a Lemnitzer y su conciliábulo la excusa, así como el respaldo público e internacional, que necesitaban para lanzar su guerra.”
Antes del 11-S los neoconservadores estadounidenses fueron explícitos en que las guerras de agresión que querían lanzar en Oriente Próximo necesitaban “un nuevo Pearl Harbor.”
Por su propio bien y el del mundo en general, los estadounidenses tienen que prestar atención al creciente grupo de expertos que les dicen que la versión del 11-S del gobierno no pasa su investigación. El 11-S lanzó el plan neoconservador para la hegemonía mundial de EE.UU. Mientras escribo estas líneas el gobierno de EE.UU. está comprando el acuerdo de gobiernos extranjeros fronterizos con Rusia para que acepten bases de intercepción de misiles estadounidenses. EE.UU. quiere cercar a Rusia con sus bases de misiles desde Polonia pasando por Europa central y Kosovo hasta Georgia, Azerbaiyán y Asia Central. [Vea www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=17709] El enviado de EE.UU., Richard Holbrooke declaró el 20 de febrero que al-Qaida está penetrando antiguas partes constituyentes centroasiáticas de la Unión Soviética, como Tayikistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajstán. Holbrooke está solicitando bases en esas antiguas repúblicas soviéticas bajo capa de la “guerra contra el terror” en permanente expansión.
EE.UU. ya ha rodeado Irán con bases militares. El gobierno de EE.UU. se propone neutralizar a China apoderándose de Oriente Próximo y cortándole el acceso al petróleo.
Este plan presupone que Rusia y China, Estados con armas nucleares, serán intimidados por las defensas anti-misiles de EE.UU. y aceptarán su hegemonía y que a China le faltará petróleo para sus industrias y sus fuerzas armadas.
El gobierno de EE.UU. delira. Los dirigentes militares y políticas de Rusia han respondido a la obvia amenaza declarando que la OTAN constituye una amenaza directa para la seguridad de Rusia y anunciando un cambio en la doctrina de guerra rusa hacia el lanzamiento preventivo de armas nucleares. Los chinos son demasiado seguros de sí mismos como para ser intimidados por una “superpotencia” estadounidense acabada.
Los imbéciles en Washington van lejos con la idea de la guerra nuclear. El impulso demencial por la hegemonía estadounidense amenaza la vida en la tierra. El pueblo estadounidense, al aceptar las mentiras y engaños de “su” gobierno, facilita ese resultado.
Paul Craig Roberts
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7 may 2009
Bombas estadounidenses provocan una nueva masacre de civiles afganos
Un centenar de afganos, la mayoría civiles, murieron entre el lunes y el martes durante los combates y bombardeos estadounidenses mientras se refugiaban en sus viviendas de los enfrentamientos registrados en Bala Buluk, en la provincia de Farah, entre las tropas regulares con apoyo de la aviación de la OTAN y la insurgencia talibán. Cruz Roja encontró decenas de cadáveres en tumbas recientes y entre los escombros de las casas destruidas por las bombas.
Aviones estadounidenses bombardearon el lunes dos poblaciones del distrito afgano de Bala Buluk, en la provincia de Farah, durante los combates mantenidos en los últimos días por las tropas ocupantes bajo el mando de la OTAN contra los insurgentes talibán. Al menos cien personas, la mayoría de ellas civiles y entre ellas muchas mujeres y niños, murieron como consecuencia del ataque, según un alto responsable de la Policía afgana.
Los habitantes del lugar se refugiaron en sus casas, que fueron destruidas por las bombas. «Más de 100 personas murieron en la operación en el distrito Bala Buluk», anunció Abdul Ghafar Watandar, el comandante de la Policía de la provincia de Farah, quien agregó que la investigación para saber el número exacto de víctimas civiles continúa.
El general estadounidense David McKiernan, al mando de las fuerzas ocupantes de Afganistán, afirmó anoche que en los combates y bombardeos habían muerto 25 talibán y un número indeterminado de civiles.
Jessica Barry, portavoz del Comité Internacional de Cruz Roja (CICR), aseguró a France Presse que decenas de personas, muchas de ellas mujeres y niños, habían muerto en los bombardeos. Afirmó que «nuestros equipos desplazados al vieron el martes in situ los cuerpos de decenas de personas muertas en cada una de las poblaciones bombardeadas. La mayoría de las casas de la zona afectada quedaron reducidas a escombro», y añadió que «uno de nuestros colegas de la Media Luna Roja afgana falleció junto a 13 familiares en esos bombardeos».
Las primeras imágenes difundidas ayer, mostraban a los lugareños cavando tumbas para enterrar a sus muertos y retirando los escombros de las casas de adobe derruidas. Berry indicó que «había cadáveres, había tumbas nuevas -unas doce- y personas enterrando cadáveres cuando llegamos». «Confirmamos que había mujeres y y niños», sostuvo.
El gobernador de Farah, Rohul Amin, no confirmó el número de víctimas, porque, según dijo, «la zona bombardeada está controlada por los talibán y no somos capaces de saber más», aunque antes había informado de la muerte de una treintena de insurgentes y de civiles. Según su versión, los talibán se habían hecho fuertes en los últimos dos días en Bala Buluk, donde atacaron dos poblaciones y mataron a varios civiles acusados de espiar para el Gobierno de Kabul y las fuerzas ocupantes y a tres policías antes de la intervención del Ejército afgano con apoyo de la aviación de la OTAN.
«Refugiados entre civiles»
La versión oficial agrega que la fuerza conjunta invasora atacó a los insurgentes, que se habían «refugiado en las viviendas de civiles», algunas de las cuales quedaron completamente destruidas por las bombas, «causando víctimas civiles». El gobernador señaló que desde esos refugios, los talibán atacaron a las fuerzas regulares afganas.
Las tropas extranjeras en Afganistán matan regularmente civiles en los combates y bombardeos contra la insurgencia, lo que provoca la indignación de la población afgana y de las autoridades. Ayer, el presidente afgano, Hamid Karzai, que ordenó una investigación, volvió a calificar de «inaceptables» las víctimas civiles, pero poco más.
La difusión de la noticia coincidió con su visita y la del presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, con su homólogo de EEUU, Barack Obama, en Washington, a quien Karzai tenía previsto plantear esta cuestión. Antes, se reunieron con Hillary Clinton, secretaria de Estado estadouni- dense, quien expresó su «profundo pesar» por lo sucedido.
EEUU, cuyo Ejército participa en la investigación conjunta sobre lo ocurrido, dijo lamentar «profundamente» cualquier «daño o pérdida de vidas inocentes como consecuencia de operaciones en la que sus tropas están involucradas». El portavoz adjunto del Departamento de Estado, Robert Wood, afirmó que «EEUU toma precauciones para evitar pérdida de vidas entre los civiles, así como las fuerzas afganas e internacionales durante las operaciones contra los insurgentes y terroristas».
2.118 civiles murieron en 2008 en Afganistán a causa de conflicto, según cifras de la misión de la ONU en el país. Las tropas afganas e internacionales fueron responsables de la muerte de 828 de ellas, un 64% de las cuales fallecieron en ataques aéreos.
El bombardeo de la aviación estadounidense con mayor número de víctimas entre la población civil -a falta de confirmarse la cifra de fallecidos en Bala Buluk- es el que tuvo lugar en agosto de 2008 en Aziz Abad (Herat), donde murieron 90 personas, 60 de ellas menores de edad.
Karzai y Zardari se comprometen a cooperar presionados por Obama
EEUU intensificó ayer su presión sobre Afganistán y Pakistán para que unan sus fuerzas en la lucha contra la insurgencia talibán durante el encuentro a tres bandas en Washington, una «minicumbre» sin precedentes que reunió a Barack Obama, Hamid Karzai y Asif Ali Zardari. Durante la reunión, Obama obtuvo de sus homólogos el compromiso de superar sus viejas y mutuas sospechas para combatir juntos.
Obama ha hecho de la lucha contra los talibán en el noroeste de Pakistán una de sus prioridades para la estabilidad de Afganistán. Sus misiles atacan a menudo zonas tribales paquistaníes fronterizas y Pakistán están pagando caro su apoyo a EEUU. El presidente de EEUU expresó el «compromiso duradero» de su Gobierno para derrotar a la Al Qaeda y apoyar a los Gobiernos democráticos de Afganistán y Pakistán. Obama habló así en el atrio de la Casa Blanca tras sendas reuniones por separado con los líderes de ambos países, Hamid Karzai y Asif Zardari, respectivamente, y una cumbre trilateral.
Aseguró que las reuniones, cuyo objetivo era reforzar la cooperación contra los talibán en la frontera, pero también la colaboración en los ámbitos comercial y agrícola, han sido «muy productivas». Según afirmó, «el camino por delante será difícil, habrá más violencia y pasos atrás pero tenemos un compromiso duradero para derrotar a Al Qaeda y apoyar a los gobiernos democráticos de Pakistán y Afganistán». Ese esfuerzo, prometió, será «sostenido».
Tras una encuentro previo de Karzai y Zardari con la secretaria de Estado, Hillary Clinton, ésta declaró «hemos hecho de esto una causa común, porque se enfrentan a un enemigo común».
Tomado: Gara
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9 abr 2009
Obama podría controlar Internet
Una nueva ley podría otorgarle al Presidente la facultad de frenar el tráfico en La Red y de acceder a datos privados en caso de emergencia
¿Podría, el Presidente, cortar el tráfico cibernético en caso de emergencia?
Los senadores John Rockefeller (Demócrata, de Virginia Occidental) y Olympia Snowe (Republicana, de Maine) así lo creen. El miércoles [pasado: día 1 de abril, ambos] introdujeron una [propuesta de] ley encaminada a la creación de un Consejo Nacional de Ciberseguridad [NCA, de sus siglas en inglés] que formaría parte del poder ejecutivo y tendría amplios poderes de observación y control sobre el tráfico de Internet, con vistas a hacer frente a eventuales amenazas a la infraestructura informática sensible. Dichos amplios poderes podrían afectar a diversas libertades civiles.
La Ley de Seguridad Cibernética [CSA, de sus siglas en inglés: ver archivo adjunto] otorga al Presidente la facultad de “declarar emergencias de seguridad cibernética” y frenar o ralentizar –en nombre de la seguridad nacional- el tráfico [de datos] en las redes de información “sensibles”. La CSA no define [lo que quiere decir] ni [con] “redes de información sensible” ni [con] “emergencia de seguridad cibernética”. Le correspondería hacerlo al Presidentee.
Además, la CSA, también le otorga plenos poderes al Secretario de Comercio, al que le proporciona “acceso –sin necesidad de respaldo jurídico alguno- a todo dato relevante (y sensible) que incumba a redes sensibles”. Ello quiere decir libre acceso a datos privados y redes públicas sin necesidad de observación de las leyes de protección a la intimidad.
Rockefeller –como miembro de la Comisión de Inteligencia del Senado, que presidió hasta el año pasado- está convirtiendo la ciberseguridad en un asunto estratégico. Actualmente preside la Comisión de Comercio, Ciencia y Transporte, [áreas que también] se verán afectadas por la CSA.
“Tenemos que proteger nuestra infraestructura sensible cueste lo que cueste: del agua a la electricidad, pasando por la banca, la transmisión de datos y las bases de datos… y me quedo corto”, aseveró Rockefeller en un comunicado. Snowe secunda a su colega “si no actuamos rápido, se nos puede venir un ciber-Katrina encima” [NDT: en referencia al huracán que devastó, en 2005, Nueva Orleans].
Pese a las justificaciones [esgrimidas] los amplios poderes delineados por la CSA preocupan. “Las amenazas a la seguridad informática son reales”, reconoce Leslie Harris, Presidenta del Centro para la Democracia y la Tecnología (CDT), “sin embargo, una rápida y drástica intervención gubernamental en las comunicaciones privadas y en las redes públicas pudiera representar una amenaza, tanto para la propia seguridad como para la privacidad”.
[De hecho] –según el consultor del CDT, Greg Nojeim- la CSA pudiera pervertir la Ley de [protección a la] Intimidad de las Comunicaciones Electrónicas (ECPA, de sus siglas en inglés). Dicha ley, promulgada a mediados de la década de los años 1980, exige autorizaciones legales previas a la observación y al control de las comunicaciones informáticas.
“Se trata de poderes increíblemente amplios” apunta Nojeim, quien puntualiza que existen leyes que podrían “poner en tesitura tanta discrecionalidad”.
Jennifer Granick, especialista en libertades civiles de la Fundación de la Frontera Electrónica (Electronic Frontier Foudation, EFF) afirma que la concesión de tales poderes al secretario de Comercio pudiera convertir Internet en una red mucho menos segura [de lo que lo es actualmente]. Cuando una persona tiene acceso a toda la información de un red, esta última, “aumenta los términos de su vulnerabilidad, básicamente, porque [mediante dicha decisión] se establece, para los malos, un camino [seguro] hacia la vulneración”.
El objetivo de la CSA, añade Granick, es “contrario a las garantías constitucionales” y lo es “por el impacto [negativo] que puede tener en los derechos de intimidad de los usuarios de La Red. Si el Departamento de Comercio detectara pruebas de actividades ilegales en áreas sensibles, podría utilizar judicialmente dicha información, a pesar de que esa no constituyera la intención inicial del acto de observación. Ello violaría la garantía constitucional que protege contra investigaciones aleatorias”.
“Una vez que se tiene una información, esta podría ser usada con cualquier objeto, incluso diferente al que provoca el acto inicial de observación” remarca Granick. ¿A quién le interesa esta ley? se pregunta, “a la industria de la seguridad, que quieren garantizarse una [especie de] subvención pública” [NDT: insinúa una especie de necesidad creada].
Nojeim piensa que pese a todo, en última instancia, tanta amplitud de poder pudiera ser recortada [antes de la aprobación de la ley] por vía legislativa. Por eso se muestra dispuesto a trabajar con los legisladores “para clarificar lo que sea necesario y hacer las cosas de la mejor manera”.
Steve Aquino
Traducido para Rebelión por Juan Agulló
Tomado de Rebelión
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25 mar 2009
“Este plan es un muerto que siempre vuelve”
Según Paul Krugman, Nobel de Economía, Obama propone “una idea zombie”, con el mismo error de diagnóstico que Bush.
En una entrevista, opina que la propuesta anticrisis de Obama repite defectos de las de su antecesor: cree que no hay nada mal en el sistema bancario y sólo es una crisis de confianza. Advierte que no tendrá otra oportunidad si fracasa.
Usted sostiene que “ganaron las ideas zombie”, ¿por qué llama de esta forma al plan presentado por el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, el lunes?
–Una idea zombie es una que matás muchas veces, porque es una mala idea, pero sigue apareciendo. Y eso es lo que es este plan. Estamos con la misma idea para solucionar todos nuestros problemas financieros desde que Henry Paulson (ex secretario del Tesoro de Bush) presentó su plan hace seis meses: nos dicen que el verdadero problema es que el mercado está subvaluando todos los activos tóxicos y que lo que necesitamos hacer es que los contribuyentes entren y los compren a un precio justo. El plan de Geithner es complicado, una variante disfrazada de la misma idea. Es el zombie que matás una y otra vez pero sigue volviendo.
–¿Llamado “dinero por basura”?
–Sí, ésa es la frase que estuvo rondando por ahí hace seis meses y que yo retomé. Básicamente es eso. Es como decir que no hay nada que esté fundamentalmente mal en nuestro sistema bancario, está sólo esta crisis de confianza y por eso nadie quiere comprar cosas que estén respaldadas en última instancia por hipotecas. Si sólo pudiéramos conseguir que la gente vea que éstos son activos lo suficientemente decentes, entonces los bancos estarían en buena forma. Ese es el problema. Algunos sostienen que los activos están tal vez algo subvaluados, pero hacer de este argumento la pieza central de tu plan de rescate me deja con un sentimiento de desesperación.
–Importantes asesores del gobierno de Obama salieron a apoyar el plan “público-privado” para comprar hasta un billón de activos tóxicos y le respondieron sus críticas a los riesgos del proyecto, ¿qué tiene para decir?
–Lo importante no son los activos compartidos. Perdón, pero es difícil no utilizar la jerga en este caso. De acuerdo con los primeros datos, el 85 por ciento del dinero va a ser un préstamo del gobierno, que va a ser respaldado sólo por los activos que estos tipos compren. Esto significa que si pierde más del 15 por ciento de su valor, algo altamente probable dada la incertidumbre sobre el precio de estas cosas, entonces los inversores privados simplemente se van. Es exactamente lo que yo digo, es una invitación a jugar cara y ceca: cara gano yo, ceca perdés vos. Si el activo que compraste a 100 dólares sube hasta los 150, te hiciste 50 dólares. Pero si lo comprás a 100 y cae hasta 50, sólo perdés 15, porque los otros 35 recaen sobre los contribuyentes. Es lo mismo que antes. Es básicamente lo que pasó con las entidades de Ahorro y Préstamos (S&L) en los ochenta. Estaban desreguladas y los depósitos estaban garantizados, pero los dueños de los bancos podían hacer cualquier cosa que quisieran, entonces tomaron muchas posiciones riesgosas y en su mayoría resultaron malas. Y cuando esto sucedió era problema de los contribuyentes, no de los propietarios de las entidades. Lo mismo pasa ahora. Están preparándolo deliberadamente, básicamente la parte de arriba pertenece a los inversores privados, pero la mayor porción de abajo nos pertenece a nosotros.
–Entonces se socializan las deudas y se privatizan las ganancias, ¿por qué?
Sí, es eso. Los que pierden son los contribuyentes y ganan los inversores privados.
–¿Por qué el gobierno no compra todos los activos tóxicos entonces, como hace la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC)?
–Bueno, la verdad es que la FDIC no está haciendo eso. Lo que hace es garantizar la deuda de los bancos para que los depósitos estén seguros. Así, si un banco está en quiebra la FDIC interviene, agarra los activos y vende las cosas tóxicas al mejor precio que se pueda. Eso es lo que yo apoyo, eso es lo que deberíamos estar haciendo. Yo creo que están intimidados por la escala de esto. Normalmente, la FDIC hace eso con 2 o 3 bancos por semana pero son pequeños. Acá estamos hablando muy posiblemente del Citigroup, que equivale a dos billones de activos. Esto es algo muy grande. Yo pienso que la razón por la cual ideas zombies no se quedan muertas es la atracción de una solución fácil, piensan que se puede tener una varita mágica y el problema desaparece. Todavía están buscando la magia.
–¿Cree que el secretario del Tesoro, Timothy Gaithner, debería dar un paso al costado?
–Sabés, no tengo una visión firme sobre eso. Se está convirtiendo en un problema y tiene que pulir sus acciones si se quiere quedar ahí. Pero básicamente éste no es Geithner. Ultimamente, la responsabilidad recae en el Salón Oval (oficina presidencial). La pregunta es por qué el presidente está yendo por el lado débil en este tema. De todos modos, no tengo un fuerte compromiso con Geithner.
–¿Por qué no existen regulaciones estrictas sobre cómo usar el dinero de los rescates? ¿Por qué no hay controles para el pago de bonus?
–Bueno, si fuera a tomar la posición del gobierno diría que es difícil escribir esas regulaciones de forma tal que no tengan consecuencias inesperadas. Hubo una época en la que se intentó limitar el pago de los ejecutivos más altos (CEO), que terminó llevando a una explosión en el mercado de acciones, algo que no es bueno. Pero para mí se reduce a que perdura la visión dominante, aun con este gobierno, de que no hay nada fundamentalmente malo con el sistema. Hubo algunos errores y algo de mala suerte, pero no queremos sacudir mucho al sistema. No queremos reconstruirlo. No queremos romper las relaciones con esas personas que pensamos que eran tan inteligentes y ahora parecen tan tontos, queremos que se queden en su trabajo. Es un problema. En cierto sentido el gobierno de Obama está de fiesta como si todavía estuviéramos en 2006.
–¿Cómo sería un nuevo sistema? ¿Cuáles son sus propuestas?
–Al final, vamos a tener que volver a un sistema parecido al que emergió del New Deal, con ajustadas regulaciones para las instituciones financieras y bancos, límites en la toma de riesgos, altos impuestos para aquellos que ganan mucho. Tasas más bajas crean incentivos, pero son incentivos para arriesgar el dinero de otras personas en juegos peligrosos. Hay que actualizar muchas cosas para este siglo, pero básicamente nuestros abuelos lo habían hecho bien. Ellos entendieron que las finanzas sirven, pero que son peligrosas y que deben estar cercadas y ajustadas con regulaciones.
–Usted escribió que el gobierno de Obama considera que habrá un fuerte enojo si anuncia un plan para comprar los activos en problemas. Y por eso disfrazó con bombos y platillos el hecho de que terminemos pagando más por activos basura.
–Sí. Una vez que se dejan de lado las complejidades, sólo una forma rebuscada de hacer que el gobierno pague, que vos y yo paguemos, por comprar esos activos a un precio mayor al que cualquier inversor privado está dispuesto a hacerlo.
–¿Por qué cree que este es un momento crítico?
–Pienso que esto es una especie de juicio político. Es discutible. Pero me parece que Obama no tiene muchas oportunidades en esto, tal vez una sola. Ya existe una ira pública que no distingue entre las cosas que tenemos que hacer y las que han sido un error. Para Obama, elaborar este plan poniendo tanta plata de los contribuyentes y que no funcione, que es lo que estoy casi seguro que va a pasar, le va a hacer muy difícil volver al Congreso para impulsar un plan que pueda ser exitoso. Hay que hacer esto bien rápidamente porque el clima político se está poniendo feo, por una buena razón, y no hay mucha paciencia para los intentos fallidos, especialmente para aquellos en los que el gobierno parece estar tan cerca de Wall Street.
–La aseguradora AIG recibió miles de millones de dólares del gobierno que luego transfirió a sus “contrapartes”, se lo pasó a entidades como Goldman Sachs y a UBS, que tuvo que pagar una multa significativa al gobierno. Es como si le estuviéramos pagando su multa por violar nuestra ley.
–Para entender a las contrapartes hay que pensar al sistema financiero como una red de conexiones. La razón por la que estamos interviniendo para salvar a estas empresas en primer lugar es que tenemos miedo de que si se rompe la red en un punto, se expanda a un rango más grande. Eso no es sólo una teoría. Cuando se permitió que Lehman Brothers quebrara, se abrió un agujero gigante en el sistema financiero. Por eso los estamos rescatando. Ahora lo único que se puede decir es que si vamos a hacer esto, entonces tenemos que mirar a quiénes más estamos rescatando. Debemos decirles: “Miren, muchachos, ustedes tienen que hacer algunos sacrificios”. Lo que estamos viendo ahora es que les estamos entregando la plata de los contribuyentes sin quid pro quo. Y eso llega al centro de la disputa sobre cuál es nuestra política hoy.
–¿Lo ha llevado esta crisis a revisar su apoyo al Nafta (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y toda la presión para una globalización desregulada?
–La respuesta es no. Que continúe el comercio de mercancías, de bienes físicos, es terriblemente importante para los países más pobres. Cuando me preguntan por qué estoy más o menos a favor del libre comercio, mi respuesta es que estoy pensando en países como Bangladesh que sobreviven por su capacidad para vender cosas intensivas en mano de obra gracias a sus bajos salarios. Nunca fui un fan del movimiento desregulado de capitales. Cuando a finales de los noventa algunos dijimos que había que limitar esa situación, otros decían “no, tienen que confiar en los mercados”. El asunto acá es el dinero caliente, no son las autopartes mexicanas. Es el dinero caliente de todo el mundo el que está en crisis ahora.
–¿Qué opina sobre la recomendación que hará un panel de ONU al mundo para que abandone al dólar como su moneda de reserva en favor de una canasta de monedas?
–Han existido muchos planes en ese sentido. Esa no es una decisión que pueda tomar un organismo internacional. El dólar es la moneda de reserva porque la gente cree que es el lugar más seguro para poner su dinero. El euro es su competidor natural, con la excepción de que los europeos están tanto o más conflictuados en sus políticas que Estados Unidos. Pero la forma de tratar el tema no es que un organismo decida que vamos a hacer algo diferente, sino que los competidores naturales al dólar se vuelvan lo suficientemente valiosos como para pelearle el lugar.
Por Amy Goodman
De Democracy Now. Especial para Página/12.
Tomado de Página 12
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12 mar 2009
El verdadero poder que está detrás de Obama
por Webster G. Tarpley
En esta entrevista realizada por el Deep Journal antes del 4 de noviembre de 2008, es decir antes que el pueblo norteamericano votara para elegir a Barack Obama como nuevo presidente, el historiador estadounidense Webster Tarpley, exponía ya sus principales ideas sobre el nuevo mandatario negro de los EEUU. Su investigación fue publicada en el libro «Obama, The Postmodern Coup, The Making of a Manchurian Candidate» (en castellano: Obama: un golpe post-modernista, la creación de un candidato manchuriano). ¿Representa Obama un verdadero cambio? ¿O se trata del mismo imperialismo con una operación de cirugía estética?
Tarpley sostiene que hay muchas cosas ocultas detrás de la cara carismática de Barack Obama. Ahora que los neo-conservadores se marcharon, el verdadero poder detrás del trono lo está conduciendo Zbigniew Brzezinski, cuya estrategia, según Tarpley, es mucho más peligrosa y demencial que los acólitos neoconservadores de George W. Bush.
Habrá un cambio inmediato en la lista de países-blancos [en la mira de los EEUU], empezando por Pakistán, lo que va a expander considerablemente el teatro de operaciones en función de una agenda geopolítica global que apunta finalmente a Rusia y China como blancos finales, es decir contrarestar o atacar el poderío de estas naciones.
Tarpley prevé un resultado catástrofico para el mundo en general si los planes de Zbigniew Brzezinski logran concretizarse. ¿La visión de Tarpley es acertada o no? -el tiempo nos lo dirá-, pero a nivel del debate público es oportuno tener en cuenta los hechos y argumentos que este historiador avanza.
No obstante, todo parece indicar que su análisis está siendo acertado por los sucesos que se están desarrollando en Asia del Sur-Oeste y que confirman los propósitos del historiador.
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22 feb 2009
El cambio y la esperanza se difuminan
Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)
Frente a los que ingenuamente creían que la elección de Obama suponía una seria transformación del sistema estadounidense -obviando que la mayor parte de los apoyos económicos a su campaña procedían de esas élites-, se oyen con cada vez más fuerza voces críticas con los primeros movimientos de la nueva Administración.
Sin embargo, otros no tienen duda en señalar este nuevo período con calificativos más duros: «La Presidencia de los esteroides», es sólo un ejemplo.
Obama prometió una nueva formar de gobernar, un cambio de las reglas del juego político. Avanzó que su intención era dotar de transparencia a su mandato. Ha apostado por acuerdos con los republicanos en materias clave, todo ello en aras a «unir el país y volver a hacer de América un pueblo».
Las buenas intenciones pronto han quedado en entredicho. La reciente aprobación de la ley «de estímulo económico» ha supuesto un enorme éxito mediático para Obama, pero al mismo tiempo le ha traído serios reveses en su declaración anterior de buenas intenciones. Por un lado, la gran sacrificada ha sido la transparencia y la voluntad de alejarse de los intereses y las presiones de los lobbies.
Éstos han recibido copias del plan antes que los propios representantes políticos. Además, sus más fervientes defensores han sido precisamente esos lobbies bancarios, la Cámara de Comercio de EEUU, e incluso importantes figuras del republi- canismo, aunque no lo han hecho público por evidentes razones políticas.
Al mismo tiempo, el rechazo de los representantes republicanos del Congreso y del Senado ha hecho saltar por los aires las intenciones de un pacto bipartidista, lo que unido a la renuncia de un estrecho colaborador republicano (por motivos políticos) no deja en buen lugar los cantos a la «unidad».
Las prisas, la urgencia y la falta de una profundización de las medidas están condicionando sobremanera la política presidencial. Y a ello cabría unir el abanico de escándalos y corruptelas que está acechando al Partido Demócrata: el gobernador de Illinois, Rod Blagojevich, está acusado de intentar vender el escaño de Obama al mejor postor; Bill Richardson, gobernador de Nuevo México, está siendo investigado por una agencia federal por irregularidades en su gestión. Además, varios alcaldes demócratas tienen problemas con la Justicia: Sam Adams (Portland), inmerso en un escándalo sexual; Eddie Perez (Hartford) está siendo enjuiciado; el ex alcalde de Detroit Kwane Kilpatrick acaba de cumplir tres meses de cárcel por obstrucción a la justicia; y Sheila Dixon (Bellimore) tiene acusaciones por aceptar regalos irregulares.
Los reveses de varios nombramientos, relacionados con problemas de corrupción y diferencias ideológicas de peso han dejado seriamente tocado al proyecto de Obama. Los nombramientos de colaboradores de Bush, o de antiguos miembros de la Administración Clinton y el equipo económico, que reflejan los intereses de las clases dominantes económicas y financieras, son otras pistas que ayudan a clarificar el recorrido que le espera a EEUU bajo el nuevo presidente.
La política exterior de Obama también contiene importantes rastros de continuidad. De cara a Irán, tras el transfondo de declaraciones y pronunciamientos, subyace todavía una clave que Obama no ha desmentido: La existencia de precondiciones como el abandono del programa nuclear o el fin de la ayuda a grupos libaneses o palestinos.
Algo parecido sucede con Rusia. Washington necesita su apoyo ruso para abrir nuevas vías de suministro en Afganistán, pero Moscú no está dispuesto a colaborar a cambio de nada. Washington deberá acabar con su plan expansionista en Europa, sus proyectos de defensa de misiles, y reconocer explícitamente el final de sus maniobras en el antiguo espacio soviético.
Obama exige mayor colaboración militar en Afganistán y un apoyo a sus planes de ampliar la OTAN hacia el este a sus aliados, afectados por la crisis económica, dependientes del gas ruso y con suficientes problemas internos. Algún analista se ha atrevido a apuntar que la política exterior de Obama «será muy parecida a la de su antecesor».
A medio o largo plazo las cosas pueden cambiar. El tsunami populista creado en parte por el terremoto financiero y económico puede volverse contra el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Y más cuando la gente de Main Street (el americano de a pie) vea que más que afrontar sus demandas y necesidades, Obama se ha ocupado de proteger a la gente de Wall Street.
Las clases media y baja norteamericana demandan menos palabras y más hechos. Y la nueva Administración deberá afrontar a corto plazo tres importantes retos que no van a beneficiar a esa mayoría. A finales de primavera, Obama puede buscar un nuevo plan de estimulantes de que los datos de desempleo en verano alcancen cifras mucho más elevadas. Al mismo tiempo buscará acabar con la sangría de embargos inmobiliarios, y finalmente pretenderá hacer funcionar el sistema bancario.
La capacidad o intención de poner en marcha el cambio no se está materializando, y muchos denuncian ya que «éste no es el cambio prometido». Incluso han lanzado una sentencia muy dura contra el nuevo presidente, al afirmar que «Obama podría haber sido ejecutivo de cualquier compañía automovilística, un banquero, un brocker hipotecario y quién sabe qué otra cosa antes de la crisis... pero lo que realmente perseguía desde el inicio era ser presidente».
Tomado de Gara
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7 feb 2009
LAS CONTRADICCIONES ENTRE LA POLÍTICA DE OBAMA Y LA ÉTICA

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23 ene 2009
Las cosas por su nombre

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7 nov 2008
Entre la esperanza y la realidad
Estimado senador Obama:
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