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15 feb 2011

Alianzas¿De quién es el mérito de las revoluciones?


Un manifestante egipcio da las gracias a los jóvenes de Egipto y a Facebook
A veces los medios sociales no dejan ver el bosque, y esa es la preocupación de muchos activistas por los derechos humanos ante la tendencia a bautizar las revoluciones con el nombre de los medios que se usan en el siglo XXI para convocarlas: “Revolución Twitter”, “Revolución Facebook”, “Revolución Youtube”… Herramientas que a menudo restan protagonismo a quienes realmente lo merecen: las personas que salen a la calle, donde siempre se hacen las revoluciones, para reclamar sus derechos.

Hace unos meses el escritor canadiense Malcolm Gladwell publicó un artículo que generó mucha polémica, “Small change: Why the revolution will not be tweeted”, en el que cuestionaba el poder de plataformas y medios sociales para provocar cambios en el mundo físico. El título del artículo hacía referencia a lo que se conoció a través de los medios como la “Revolución iraní en Twitter”, que reflejaba la euforia occidental ante el potencial de Internet y las redes sociales para cambiar el mundo. Según Gladwell, los vínculos necesarios para hacer las revoluciones no se dan a través de medios y plataformas sociales, donde las jerarquías son sustituidas por redes descentralizadas:

Las plataformas sociales están construidas sobre vínculos débiles. (…) Estas redes no tienen una estructura centralizada y líneas claras de autoridad y para hablar de un sistema firme y bien organizado hace falta una jerarquía.
En el extremo opuesto está la tendencia a vincular cualquier movimiento social con la tecnología de la que se sirven ciudadanos y activistas para comunicarse y contar al mundo en primera persona lo que está sucediendo. Escritores como Clay Shirky y Cory Doctorow centran sus enfoques en el “poder especial de Internet para conectar y liberar.”

¿Por qué este enfoque centrado en las herramientas? Según Ulises A. Mejías, profesor de la State University College de Oswego, centrarse en Twitter, Facebook o Youtube ayuda a despolitizar la comprensión de los conflictos y lava el papel de las potencias occidentales en la represión de la democracia en la región.

Esta foto de un manifestante en Egipto muestra hasta qué punto medios sociales como Facebook han ganado protagonismo, y una imagen positiva, durante las revueltas en la región:

Un manifestante egipcio da las gracias a los jóvenes de Egipto y a Facebook
¿Merecen realmente las herramientas un agradecimiento? En un artículo titulado “Why Facebook should do more to help Egypt´s protesters”, Adrian Chen cuestiona el compromiso de esta red en el apoyo a las legítimas reivindicaciones de pueblos como el egipcio.

Facebook no sólo no ha apoyado a los manifestantes, sino que les ha puesto obstáculos. Hace unos meses, un grupo llamado “Todos somos Khaled Said” (en honor al bloguero asesinado por policías en Egipto) fue cerrado repentinamente porque sus administradores se habían registrado bajo pseudónimos. Según Facebook, el anonimato va en contra de su política, lo que supone muchos problemas para los activistas que lo utilizan en contextos represivos en los que expresarse en estas redes implica enormes riesgos. También es común la desactivación de cuentas con una actividad superior a lo habitual, como la del administrador del grupo Movimiento de la Juventud del 6 de abril en 2007.

Tampoco las declaraciones públicas desde esta red han demostrado un gran compromiso con las reivindicaciones por el derecho a la libertad de expresión:

Aunque las revueltas en Egipto son algo que deben resolver entre el pueblo egipcio y su Gobierno, limitar el acceso a Internet de millones de personas es un asunto que afecta a la comunidad global

Twitter, por otro lado, se ha posicionado con los manifestantes, ofreciendo con Google un servicio de mensajes de voz que se comparten automáticamente a través de Twitter tras el bloqueo del acceso a Internet en el país. Esta muestra de compromiso con la libertad de expresión fue muy bien acogida en un momento en que se cuestionaba el papel de ambos y su vinculación con las agendas políticas de los gobiernos occidentales. Hablamos sobre esta vinculación en Periodismo Humano en una entrevista al activista iraquí Raed Jarrar: “Es inquietante la relación entre gobiernos y gigantes como Google y Facebook”.

Los medios sociales son sin duda herramientas enormemente útiles que han permitido un cambio en el enfoque de la comunicación tal y como tradicionalmente se ha entendido. A través de estas herramientas los ciudadanos construyen su propia narrativa sin necesidad de intermediarios, en contextos en los que no siempre se centra la atención de los medios de comunicación tradicionales. De esas fuentes, que nos acercan en primera persona a realidades a las que de otro modo no tendríamos acceso, beben ahora también los medios de comunicación. Al-Jazeera, el medio de comunicación basado en Qatar que se ha convertido en la principal cobertura mediática de las protestas en Egipto, Túnez y el resto de la región de Oriente Medio y Norte de África, ha entendido la lógica de la Red y cómo aliarse con las plataformas y medios sociales de Internet para complementar el trabajo de sus periodistas sobre el terreno. El medio, que emite en directo a través de su canal de streaming, cita constantemente mensajes en Twitter y Facebook y comparte material que publican los usuarios en Youtube, Flickr y otras plataformas. Material como este vídeo de “La canción de la revolución egipcia”, uno de los más vistos de estos días:



Es precisamente esa combinación del trabajo de sus reporteros sobre el terreno con las fuentes que proporcionan a tiempo real los participantes en las protestas lo que ha hecho que Al-Jazeera se convierta en el medio al que más usuarios recurren para conocer la última hora de la región. Pero los medios y plataformas sociales son también empresas que tienen sus propios intereses y entre valorar en su justa medida el uso que hacen los ciudadanos de la tecnología a mitificar las herramientas hay un trecho. Como dice Jillian C York, del Berkman Center de Harvard:

Me alegra que los tunecinos hayan podido utilizar los medios sociales para llamar la atención hacia sus reinvidicaciones. Pero no deshonraré la memoria de Mohamed Bouazizi (su muerte desencadenó las revueltas en Túnez) o de los otros 65 que murieron en la calle por la misma causa, etiquetando lo que está sucediendo de ningún otro modo que como una “revolución humana”

Leila Nachawati

Tomado: Alianzas.PeriodismoHumano.com

1 may 2009

Control social total

"Siempre esos ojos que miraban, vigilantes, en el trabajo o comiendo, en casa o en la calle, en el baño o en la habitación, en vigilia o en el sueño: no había privacidad posible". George Orwell, 1984 .
Ya nadie duda de que estamos todos vigilados, observados y fichados. En el paseo, en el mercado, en el autobús, en el banco, en el metro, en el estadio, en el aparcamiento, en las carreteras... alguien nos está mirando por el ojo de las nuevas cerraduras digitales. Múltiples mallas de vigilancia nos acosan por todo el planeta, la mirada penetrante de los satélites nos persigue desde el espacio, las pupilas silenciosas de las cámaras nos controlan por las calles, el sistema Echelon (1) inspecciona nuestras comunicaciones, y los chips RFID (2) revelan nuestro perfil de consumidor. Cada uso del ordenador, de Internet (Google, YouTube, MySpace...) o de la tarjeta de crédito deja huellas imborrables que delatan nuestra identidad, nuestra personalidad, nuestras inclinaciones. Se ha cumplido el viejo recelo de George Orwell que nos pareció, durante tanto tiempo, utópico o excesivamente paranoico (3).
Se ha roto el necesario equilibrio entre libertad y seguridad. Con la intención de proteger al conjunto de la sociedad, las autoridades, en nuestras modernas democracias, tienden hoy a ver en cada ciudadano a un virtual maleante. La guerra sin cuartel contra el terrorismo -preocupación dominante en el último decenio- ha procurado una impecable coartada moral y favorecido la acumulación de un impresionante arsenal legal (4) que está permitiendo llevar a cabo el proyecto de control social integral. Los "progresos" tecnológicos (informático y digital) también han ayudado y las autoridades tienen cada vez mejores herramientas para la vigilancia electrónica.
"Habrá menos privacidad, menos intimidad, pero mayor seguridad", nos dicen. Y en nombre de ese nuevo imperativo categórico, se ha instalado de modo progresivo e indoloro, un régimen de dominación que podemos calificar de "sociedad de control". Con la particularidad de que -a diferencia de las precedentes "sociedades disciplinarias" que confinaban a los rebeldes o descarriados en lugares cerrados (cárcel, reformatorio, manicomio)-, la sociedad de control encierra a los sospechosos (o sea, a casi todos los ciudadanos) al aire libre y los mantiene bajo acecho constante. A veces, mediante los aparatos-chivatos que libremente ellos mismos han adquirido: ordenadores, teléfonos móviles y otros dispositivos informáticos (tarjeta de crédito, agenda electrónica tipo Palm, billetes de transporte, GPS, etc.). Y otras veces, gracias al uso de sistemas discretos y emboscados que atisban los movimientos de cada persona, como los radares de carreteras o las cámaras de videovigilancia (5).
Éstas se han multiplicado hasta tal punto que, en el Reino Unido, por ejemplo, donde se han instalado más de cuatro millones de ellas (una por cada quince habitantes), una persona puede ser filmada hasta 300 veces al día... Las nuevas cámaras Gigapan, de ultra alta resolución (más de mil millones de píxeles) permiten, en una sola imagen y por un vertiginoso efecto de zoom, el fichaje biométrico del rostro de cada uno de los miles de espectadores presentes en un estadio, en una manifestación o en un mitin político (6). Aunque los estudios serios demuestran la poca eficacia de la videovigilancia, la confianza en esta tecnología sigue en aumento. Aprovechando la paranoia antiterrorista que ellos mismos han creado, algunos gobiernos han constituido batallones de confidentes voluntarios civiles que informan de lo que oyen y ven a las autoridades. El Departamento de Justicia de Estados Unidos lanzó en 2002, bajo la presidencia de George W. Bush, la Operation Tips (Operación Soplos) para convertir en confidentes a más de un millón de trabajadores cuya particularidad era la de entrar en los hogares de la gente (fontaneros, antenistas, albañiles, electricistas, jardineros), que debían llamar a un número de teléfono de la policía si notaban algo sospechoso.
Pasar de una sociedad informada a una de informantes es el proyecto que acaba de lanzar la Asociación de Sherifs de frontera de Texas ( Texas Border Sheriff ‘s Coalition ) que ha colocado quince cámaras de videovigilancia a lo largo de la frontera con México en puntos aislados y estratégicos. Las cámaras están conectadas a Internet (www.blueservo.net) y cada ciudadano, a través del mundo, instalado en su casa frente a su ordenador, puede espiar las áreas desérticas texanas o las riberas del Río Grande. Si ve pasar a algún emigrante clandestino puede denunciarlo con un simple correo electrónico. Cerca de treinta millones de individuos, de diversos países, ya han aceptado la función de confidente voluntario de la policía de Texas para luchar contra la inmigración clandestina. Es fácil de imaginar que, con la agravación de la crisis económica actual y el brutal aumento de la xenofobia, si se instalase en Europa, a lo largo de las costas del Mediterráneo, un sistema semejante de cámaras de vigilancia, el número de espías civiles voluntarios sería sin duda importante.
Es una de las perversiones de la actual sociedad de control: desea convertir a los ciudadanos, a la vez, en vigilados y en vigilantes. Cada uno debe espiar a los demás, al tiempo que es él mismo espiado. O sea, en un marco democrático en el que cada individuo está convencido de vivir en la mayor libertad, la realización del objetivo represivo máximo de las sociedades totalitarias.
Notas: (1) Sistema de espionaje planetario de las llamadas telefónicas y del correo electrónico, dependiente de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA, por sus siglas en inglés). (2) Identificación por radiofrecuencia. (3) Orwell lo concibió, en 1948, para denunciar a la sociedad estalinista, en contraste con el Occidente "de democracia y libertad". (4) La Ley de Videovigilancia aprobada en 1997 permitió, en España, la instalación en lugares públicos de cámaras de vigilancia "para velar por la seguridad ciudadana". Uno de los aspectos más criticados de esta Ley es que la mayoría de los ciudadanos ignora que están siendo filmados, algo que vulnera la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) de 1999. (5) Léase Armand Mattelart, Un Mundo vigilado , Paidós, Barcelona, 2009. (6) Véase, por ejemplo, la imagen de la toma de posesión del Presidente Barack H. Obama: http://gigapan.org/viewGigapanFullscreen.php?auth=033ef14483ee899496648c2b4b06233c Léase también, Carlos Martínez, "Todos fichados", Rebelión , 30 de marzo de 2009.
Ignacio Ramonet
Tomado: Le Monde Diplomatique
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