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21 ene 2012

Nuevos estereotipos para promover el ajuste


Los indignados acampados frente a la catedral
 de San Pablo, en Londres, una cara del problema.
Imagen: EFE
Detrás de la demonización de los chavs se esconde un forma de culpar a los pobres por ser pobres.


Las tres décadas de neoliberalismo marcaron el triunfo de un individualismo que hundió el sistema de valores solidarios de la clase trabajadora. En 1979 había siete millones de obreros británicos. Hoy hay dos millones y medio.

La demonización de la clase trabajadora británica tiene un acrónimo indescifrable: “Chavs”. Nadie sabe qué significa, pero en páginas webs, en programas televisivos y en análisis mediáticos populares o “serios” sirve para estigmatizar a jóvenes que viven en viviendas municipales y tienen un tipo específico de acento y aspecto físico. “En realidad es una manera oblicua de definir al conjunto de la clase trabajadora y responsabilizar a los pobres de ser pobres”, escribe Owen Jones, autor de Chavs, un libro clave sobre el tema. En medio de la actual crisis, la justificación cae al dedillo. La pobreza no se debe a los problemas de la economía sino a las fallas del propio individuo o de su familia: a los hogares dislocados, a la falta de ambición o inteligencia.

Las tres décadas de neoliberalismo, inauguradas por Margaret Thatcher con una drástica desindustrialización en los ’80, marcaron el triunfo de un individualismo que hundió el sistema de valores solidarios de la clase trabajadora. En 1979 había 7 millones de obreros con un fuerte peso de los mineros, portuarios y automotrices. Hoy, hay dos millones y medio, las minas han desaparecido y solo la empresa automotriz, en manos extranjeras, está creciendo.

En este vacío de identidad de una clase obrera en retirada surgen los “chavs”. Objeto de escarnio en la prensa o de burla en programas televisivos y cenas de clase media, los “chavs” son presentados como parásitos enquistados en el tejido social. Según el estereotipo son desempleados crónicos, adolescentes que se embarazan para acceder a los beneficios sociales por hijo, responsables del déficit fiscal y moral, virtuales delincuentes con un coeficiente de inteligencia por el suelo y una familia disfuncional. “Lo que llamábamos la respetable clase trabajadora prácticamente ha desaparecido. Hoy la clase trabajadora en realidad no trabaja para nada y está sostenida por el Estado de bienestar”, señala el comentarista conservador Simon Heffer.

El estereotipo ha ayudado a justificar el draconiano ajuste fiscal de la coalición conservadora-liberal demócrata que encabeza el primer ministro David Cameron, pero también ha servido de base para propuestas decimonónicas de limpieza social. En 2008 un concejal conservador, John Ward, llamó a la esterilización obligatoria de las personas que tuvieran un segundo o tercer hijo mientras cobraban beneficios sociales, medida apoyada con entusiasmo por los lectores del conservador Daily Mail escandalizados por “estos aprovechadores y sinvergüenzas que están hundiendo el país”.

La obsesión clasista y el estereotipo han llevado a confusiones cuasicómicas. En un panfleto para las elecciones de 2010, los conservadores aseguraron que en algunas zonas pobres, “el embarazo adolescente de menores de 18 años es de un 54 por ciento”. En realidad era un 5,4 por ciento, cifra que representaba una caída respecto a lo que sucedía durante el thatcherismo. En el departamento de prensa conservador nadie se percató del error tipográfico. A pesar de que estaba hablando de más de la mitad de las menores de 18 años de esas zonas, el fenómeno ya había sido naturalizado por el prejuicio.

Una de las curiosidades es que se usa el término “chavs” con certeza de concepto sociológico, a pesar de que nadie puede decir a ciencia cierta qué significa el acrónimo. El diccionario de Oxford por Internet define al “chav” como “un joven de clase baja, de conducta estridente y patoteril que usa ropas de marca, reales o imitadas”. Otro diccionario de 2005 los define como “joven de clase trabajadora que se viste con ropa deportiva”. Un mito popular lo hace pasar como “Council Housed and Violent” (violento que vive en casas municipales)

Esta vaguedad permite englobar a amplios sectores sociales. En un libro que va por la novena edición y vendió más de 100 mil ejemplares, The Little book of Chavs, se identifican los típicos trabajos “chavs”. La “chavette” –mujer chav– es una aprendiz de peluquería, limpiadora o camarera mientras que los hombres son guardias de seguridad o mecánicos y plomeros “cowboys” (chantas). Según el libro, “chavs” de ambos sexos suelen ser cajeros en los supermercados o empleados de hamburgueserías.

Esta tipificación laboral corre paralela a los cambios que ha vivido la clase trabajadora británica en los últimos 30 años. Hoy una cuarta parte de la fuerza laboral trabaja part time y más de un millón y medio se encuentra en empleos temporarios. El salario medio de unas 170 mil peluqueras (“chavettes”) está apenas por encima de la mitad del promedio salarial de la población, medida que define la línea de la pobreza en el Reino Unido. En ciudades que alguna vez giraron en torno de la actividad fabril o minera, los escasos trabajos que hay son en supermercados o farmacias. “No solo son trabajos más inseguros. Están mucho peor pagos. Cuando Rover quebró en Birmingham con la pérdida de 6500 puestos, el ingreso promedio que cobraron los que consiguieron trabajo era una quinta parte menos que lo que ganaban en la automotriz”, apunta Owen Jones.

La paradoja es que en una sociedad tan clasista como la británica, en la que el acento y la universidad (Oxford, Cambridge) define el futuro de una persona, conservadores y nuevos laboristas propagan el mito de que hoy todos los británicos son “clase media”, salvo esa pequeña subclase disfuncional y patológica a la que le falta ambición o fibra moral: los “chavs”. En 1910 Winston Churchill, entonces ministro del Interior del Partido Laborista, propuso la esterilización de más de 100 mil personas a las que consideraba “débiles mentales y degenerados morales” para salvar al país de la decadencia. Un siglo más tarde la decadencia sigue amenazando al Reino Unido, pero la fórmula es más “civilizada”: un estigma que niega la existencia y el significado social de la clase trabajadora.

Marcelo Justo / Desde Londres

Tomado: Página 12.com.ar

8 ene 2011

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Brevísima historia de 40 años de imposición de políticas económicas neoliberales



Un asiduo lector de New Deal 2.0 plantea una aguda cuestión:

"Hay una cuestión que no consigo responder nunca. Muchos expertos dicen que la ideología neoliberal se abrió paso en los 80 con Reagan, Thatcher y la escuela de Chicago. Pero sigo in entender qué hizo posible tal giro en la economía política. ¿Qué elementos, qué nuevas fuerzas en los 80 pueden explicar ese cambio ideológico y las desigualdades que le siguieron?"

Asuntos, todos, muy dignos de exploración, y yo desde luego no puedo hacerles justicia en una respuesta de dos líneas más que recomendando el soberbio libro de Yves Smith Econned. El libro proporciona una excelente explicación histórica del modo en que unas teorías de todo punto infundadas pero ampliamente aceptadas llevaron a la práctica de políticas que generaron el actual estado de cosas. También ilumina la capacidad de esas filosofías para resucitar incluso cuando se acumulan pruebas concluyentes contra ellas. Documenta no sólo la creciente degradación de los economistas profesionales neoclásicos (y su concomitante tendencia a reducir la suma de la experiencia humana a una serie de ecuaciones matemáticas), sino también la manera en que fundaciones muy bien financiadas subvencionaron a universidades y think tanks que, a su vez, legitimaron y validaron esas filosofías charlatanescas. La idea de que los gobiernos democráticamente elegidos deben servirse de políticas fiscales discrecionales para contraestabilizar las fluctuaciones del ciclo del gasto no-público llegó a ser vista como algo muy cercano al socialismo. Los poderes que toman decisiones políticas fueron puestos gradualmente en manos de un cuerpo políticamente incareable de tecnócratas neoliberales que pontificaban sobre las limitaciones de los gobiernos y reforzaban las posiciones fiscalmente procíclicas, es decir: reforzaban la contracción discrecional cuando los estabilizadores automáticos llevaban a grandes déficits presupuestarios como resultado de la débil demanda no-pública.

Ese cambio en nuestras políticas públicas fue acompañado por toda una toma de control de los juristas en una larga marcha a través del poder judicial. Fue un esfuerzo, patrocinado por las grandes empresas, centrado exclusivamente en el asunto de la desregulación, y culminó con un esfuerzo titánico para abrogar las reformas del New Deal, yugular el poder de los sindicatos y atar corto al gobierno (salvo en materia de defensa, huelga decirlo, que desplegó su propio y formidable ejército de lobistas).

Responder a la cuestión planteada por nuestro lector pasa por reconocer que este ha sido un proceso que ha durado décadas y que ha venido acompañado de enormes sumas de dinero y un vasto ejército de fuerzas empresariales, jurídicas y políticas empeñado en frustrar cualquier alternativa progresista. Ha acontecido en un trecho de tiempo de 40 años. Regulación y supervisión laxas; una creciente desigualdad que llevó a las familias a endeudarse para mantener el nivel de gasto; codicia y exhuberancia irracional y liquidez global excesiva: todos esos son síntomas del problema.

¿Pero cómo empezó todo? El análisis que realizó al final de su vida el gran economista Hyman Minsky es particularmente potente, porque permite ver esos cambios desde una vasta perspectiva histórica. Minsky llamó a la situación salida de la II Guerra Mundial "capitalismo paternalista". Se caracterizaba por un "Tesoro público enorme" (cuyo gasto equivalía al 5% del PIB) dotado de un presupuesto que oscilaba contracíclicamente a fin de estabilizar el ingreso, el empleo y los flujos de beneficios; una Reserva federal a modo de "enorme banco" que mantenía bajos los tipos de interés e intervenía como prestador de último recurso; una amplia variedad de garantías estatales (seguro de depósitos, respaldo público implícito al grueso de las hipotecas); programas de bienestar social (Seguridad Social, Ayuda a las familias con hijos dependientes, Medicaid y Medicare); estrecha supervisión y regulación de las instituciones financieras; y un abanico de programas públicos para promover la mejora de los ingresos y la igualdad de riqueza (fiscalidad progresiva, leyes de salario mínimo, protección para el trabajo sindicalmente organizado, mayor acceso a la educación y a la vivienda para las personas de bajos ingresos). Además, el Estado jugaba un papel importante en materia de financiación y refinanciación (por ejemplo, la Corporación pública para financiar la reconstrucción y la Corporación pública para el crédito y la compra de vivienda) y en la creación de un mercado hipotecario moderno para la compra de vivienda (basado en un préstamo de tipo fijo amortizable en 30 años) sostenido por empresas patrocinadas por el Estado.

Minsky reconoció el papel jugado por la Gran Depresión y la II Guerra Mundial en la creación de unas bases para la estabilidad financiera. En palabras de Randy Wray:

"La Depresión pulverizó y aventó el grueso de los activos y los pasivos financieros: eso permitió a las empresas y a los hogares salir con poca deuda privada. El ciclópeo gasto público durante la II Guerra Mundial creó ahorró y beneficio en el sector privado, llenando los libro de contabilidad con saneada deuda del Tesoro (60% del PIB, inmediatamente después de la Guerra). La creación de una clase media, así como el baby boom, mantuvieron alta la demanda de consumo y alimentaron un rápido crecimiento del gasto público de los estados federados y de los municipios en infraestructura y en servicios públicos deseados por los consumidores metropolitanos. La elevada demanda de los entes públicos y de los consumidores trajo a su vez consigo el que pudiera cubrirse el grueso de las necesidades de las empresas en punto a financiar el gasto interno, incluida la inversión. Así, durante las primeras décadas que siguieron a la II Guerra Mundial, el 'capital financiero' desempeñó un papel inusualmente menor. El recuerdo de la Gran Depresión generó reluctancia al endeudamiento. Los sindicatos presionaban, y a menudo obtenían más y más compensaciones, lo que permitió el crecimiento de los niveles de vida, financiados en su mayor parte sólo con los ingresos."

En la década de 1970 todo eso empezó a cambiar, como bien se explica en Econned. El gasto público comenzó a crecer más lentamente que el PIB; los salarios ajustados a la inflación se estancaron a medida que los sindicatos perdían poder; la desigualdad arrancó a crecer y las tasas de pobreza dejaron de caer; las tasas de desempleo se dispararon; y el crecimiento económico se ralentizó.

En los 70 asistimos también a los primeros esfuerzos sostenidos para escapar a las restricciones puestas por el New Deal a medida que las finanzas respondían para aprovechar las oportunidades. Tras el desastroso experimento monetarista de Volcker (1979-82), muchos de los viejos vestigios del sistema bancario establecido por el New Deal fueron arrasados. El ritmo de innovaciones se aceleró a medida que fueron adoptándose muchas prácticas financieras nuevas para proteger a las instituciones del riesgo de la tasa de interés. A despecho de todas las apologías hechas de los años de Volcker al frente de la Reserva federal, lo cierto es que sus políticas de tipos de interés altos sentaron las bases del actual sistema financiero basado en el mercado, incluidas la titulización hipotecaria, la innovación financiera en forma de derivados para cubrir el riesgo de los tipos de interés, así como muchos de los vehículos financieros "extracontables" que han proliferado en las dos últimas décadas. Se legisló para crear un tratamiento fiscal mucho más favorable a los intereses, lo cual, a su vez, estimuló las compras apalancadas para substituir activos por deuda (con la toma de control empresarial financiada con deuda que sería servida por los futuros flujos de ingresos de la empresa así controlada).

Los excedentes presupuestarios de los años de Clinton –otro ejemplo de ascendencia de una filosofía neoliberal que huyó de la política fiscal y determinó la primacía de la política monetaria— restringieron la demanda agregada, encogieron los ingresos y crearon una mayor dependencia respecto de la deuda privada como medio de sostener el crecimiento y los ingresos. Eso se vio claramente facilitado por innovaciones que ampliaron el acceso al crédito y cambiaron las criterios de las empresas y de los hogares respecto al nivel del endeudamiento prudente. El consumo llevaba la batuta, y la economía volvió finalmente a los rendimientos de los años 60. Regresó el crecimiento robusto, ahora alimentado por el déficit del gasto privado, no por el crecimiento del gasto público y el ingreso privado. Todo eso llevó a lo que Minsky llamó el capitalismo de los gestores del dinero.

Tal es el contexto histórico básico. Pero ha venido desarrollándose desde hace cerca de 40 años. Y esa es probablemente una respuesta que va más allá de lo que nuestro amable lector quería, pero su cuestión no es de las que se deja responder lacónicamente.

Marshall Auerback. Reconocido analista económico norteamericano. Investigador veterano del prestigioso Roosevelt Institute, colabora regularmente con New Economic Perspectives y con NewDeal2.0.

Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench

Tomado:Revista Sin Permiso

17 dic 2010

Mario Vargas Llosa: egocentrismo y exabruptos de la intelectualidad neoliberal


A Mario sólo le interesan los espantos y fanatismos de un signo, a los que “hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos”, pues esos pocos terroristas “quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización” ¿A qué libertad y civilización se refiere? ¿Quiénes somos “nosotros”?

En memorable discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa volvió sobre sus pasos trillados en los ámbitos de la política y la reiteración autobiográfica, que con prosa impecable demuestra que fue y sigue siendo un hombre elegido para trascender su medio y enseñar al mundo que el sino del intelectual latinoamericano es ser marxista de joven y reaccionario de viejo, eso sí, laureado y adulado por la derecha cosmopolita y neoliberal a la que defiende y admira.

Del universo infantil y juvenil, en el que todo ayuda para forjar su destino literario y superar haber nacido en un país de “pobres y analfabetos”, Vargas Llosa pasa pronto en el corpus del discurso al mensaje de la ideología y la política. Así, se horroriza de que vivamos –según él— en una época en la que los espantos son los fanáticos, los terroristas suicidas que se sienten “poseedores de verdades absolutas”, sin mencionar, claro está, a esos otros terroristas de Estado, también convencidos de su verdad absoluta, que por su poder inconmensurable poseen una capacidad infinita de destrucción que puede aniquilar un país, como Irak, con sus millones de muertos, lisiados y desplazados. No, a Mario sólo le interesan los espantos y fanatismos de un signo, a los que “hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos”, pues esos pocos terroristas “quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización” ¿A qué libertad y civilización se refiere? ¿Quiénes somos “nosotros”?, la respuesta viene enseguida:

“Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando a la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla—a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y hacer nuestros sueños realidad”. (Mario Vargas Llosa. Elogio de la lectura y la Ficción, Discurso Nobel, 7 de diciembre de 2010, Fundación Nobel 2010).

Curiosamente, como uno de los ejemplos de “democracia liberal” que pone nuestro insigne escritor, se encuentra México, país que en menos de dos décadas ha sufrido dos grandes fraudes electorales que han imposibilitado la llegada a la presidencia de la izquierda institucionalizada; con un 50 % de la población viviendo en pobreza alimentaria, patrimonial y extrema; con 30 mil muertos en los cuatro años de la presidencia usurpada por Calderón, otro demócrata liberal, quien con la cobertura de una “guerra contra el narcotráfico” ha llevado a cabo una limpieza social de jóvenes y pobres, como en Colombia, otro de los ejemplos de Mario; con cientos de desapariciones forzadas, presos políticos y criminalización de la protesta social; un país sumido en la vorágine de la violencia del crimen organizado y del Estado, que no son sino las dos caras del terrorismo neoliberal. ¿Pluralismo político? ¿Convivencia y tolerancia? ¿Derechos humanos? ¿Legalidad, elecciones libres, alternancia en el poder? Sí, claro, sólo en la literatura…de Vargas Llosa.

Después de hacer el necesario recorrido de su vida como marxista decepcionado por la variante estatista y burocrática del socialismo soviético, atacar a la Revolución Cubana y describir su tránsito al demócrata y liberal que es; una vez que nuestro escribano –en la Francia deslumbrante-- pasa del aldeanismo utópico literario al cosmopolitismo científico, Mario vuelve a la carga de su misión como apóstol de la democracia liberal, reiterando que Cuba es una dictadura y “su candidata a secundarla, Venezuela”, donde por cierto en viaje no hace poco pudo expresar libremente todo su odio antichavista, sin sufrir cárcel o deportación; califica a Bolivia y Nicaragua de “seudodemocracias populistas y payasas”, ah, pero eso sí, “en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares”.

En sendos párrafos explica de por qué siendo peruano de origen se acoge a otra nacionalidad, elogia a las “damas de blanco” en Cuba, los “resistentes venezolanos”, se queja de los gobiernos que son complacientes con los verdugos de estos “luchadores por la libertad” y, en su papel de criollo, ahora en misión indigenista, se autocritica por que la “emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido”, olvidando convenientemente que esas “victimas” que esperan la nueva salvación del liberalismo democrático, sin pedir permiso, están transitando por los caminos de la autonomía y la libre determinación.

En el ámbito de lo privado y para complacencia de las diversas corrientes del feminismo, es de antología la descripción de su esposa como la persona que “hace todo” para que el genio escriba, sin molestias engorrosas de la vida cotidiana que sufren de los demás mortales.
Vargas Llosa, ahora con el blasón del Nobel, con sus fieles escuderos, su vástago de mismo nombre, más otros intelectuales, que sin su talento literario le acompañan frecuentemente en estas lides, seguirá embistiendo desde los innumerables pulpitos a su disposición, a los molinos de viento del “totalitarismo de izquierda”, como moderno Quijote neoliberal en lucha permanente contra los demonios de la democracia.

Gilberto López y Rivas/Rebelión

Tomado: Con Nuestra América

14 may 2010

La expansión de la UE en América Latina y el Caribe.

La expansión de las políticas neoliberales durante la última década ha traído consigo un crecimiento sin igual de las desigualdades sociales. Enric Rodrigo analiza las políticas neoliberales de la UE en América Latina y el Caribe. Las privatizaciones de los servicios públicos, la desregulación del mercado laboral y la reducción del gasto público han supuesto un importante retroceso en las condiciones de vida para la mayoría de habitantes del planeta y enormes ganancias para un puñado de empresas transnacionales. En este proceso la Unión Europea (UE) ha jugado un rol esencial tanto en su interior como más allá de sus fronteras. A nivel interno, Irlanda representa un caso paradigmático. Durante muchos años el crecimiento de la economía irlandesa ha generado grandes beneficios. Sin embargo, este proceso ha provocado un notable incremento del número de horas trabajadas por persona al mismo tiempo que aumentaban la temporalidad y el paro. Este ejemplo es extrapolable a muchos otros países de la UE, entre ellos el Estado español. Ante la actual crisis global, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento aprobado por el Consejo Europeo representa un nuevo ataque a los más desfavorecidos. Mientras unánimemente los Estados miembros corrieron a rescatar los bancos con dinero público, en la nueva Estrategia 2020, la UE se ha declarado no competente para rescatar a los más de 20 millones de ciudadanos que viven bajo el umbral de la pobreza en Europa. A nivel externo, la UE ha exportado este modelo neoliberal. La UE es, junto a Estados Unidos (EEUU), la principal impulsora de negociaciones multilaterales para la liberalización del comercio y los servicios en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Como se afirma en los Tratados de Maastricht (1994) y Lisboa (2009) sus objetivos pasan por “fomentar la integración de todos los países en la economía mundial, incluyendo la supresión progresiva de los obstáculos al comercio internacional”. Con esta declaración de intenciones, y los hechos consumados en los últimos años, la UE se destapa como instrumento político del gran capital europeo. Su política comercial busca constantemente garantizar el acceso a nuevos y provechosos mercados para las empresas transnacionales europeas. Más allá de los organismos internacionales como la OMC, los intereses económicos de la UE se extienden también a otro nivel a través de sus propios acuerdos bilaterales con otros países y regiones del planeta. Estos acuerdos tienen especial fuerza en América Latina y el Caribe (ALC) donde la UE es ya el principal inversor y su segundo socio comercial. Dominar el gran mercado latinoamericano, estimado en 628 millones de personas para 2015, y acceder a él sin restricciones es un objetivo estratégico prioritario. Con motivo de la presidencia española de la UE, Madrid acogerá entre el 15 y el 19 de Mayo una nueva cumbre birregional entre la UE y ALC . Las propuestas europeas para continuar extendiendo su liderazgo comercial en la región estarán en primer plano. Pero ¿qué implicaciones tiene ese mal llamado liderazgo comercial? Más neoliberalismo, más sometimiento Una obsesión permanente ha recorrido la UE desde que puso en marcha sus primeros acuerdos comerciales en ALC: distanciarse de las prácticas comerciales de EEUU para mostrarse como una alternativa a la hegemonía estadounidense. Mientras las distintas administraciones estadounidenses han apostado abiertamente por los tratados de libre comercio, como el Área de Libre Comercio de las Américas, la UE ha encubierto tratados similares con frases pomposas que hablaban de cooperación, ayuda al desarrollo e integración regional. Pero existe una gran distancia entre los discursos solidarios que lanza la UE y sus prácticas reales. Los primeros Acuerdos de Asociación -así se llaman los acuerdos comerciales firmados por la UE- se firmaron con México (2000) y Chile (2002). El tercero debió ser con MERCOSUR (Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil y Venezuela), pero las negociaciones están bloqueadas desde 2004. Ahora todos los esfuerzos se centran en un próximo acuerdo con Centroamérica (Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá). Revestir los acuerdos comerciales de cierta lógica social no ha evitado que las empresas transnacionales actúen impunemente agrediendo el territorio y las comunidades locales. Y es que los Acuerdos de Asociación tienen un único objetivo: defender los intereses de las grandes empresas de capital europeo para competir con ventaja en el mercado mundial. La UE, con una población que sobrepasa los 450 millones de habitantes, se ha convertido en la mayor potencia comercial del mundo y utiliza ese poder comercial para obtener aquello que no puede obtener con la fuerza. Una forma de dominación y sometimiento menos visible pero igualmente arrolladora. Las transnacionales en ALC La entrada de las empresas multinacionales en ALC se remonta a la década de los 90 cuando la doctrina neoliberal insistió en la retirada del Estado de la gestión de la economía. En teoría, la mano invisible del mercado iba a garantizar una regulación justa y equilibrada del comercio y los servicios. Pero para ello era necesario privatizar las empresas estatales y liberalizar el comercio con el fin de garantizar el acceso de las compañías extranjeras a cualquier mercado. En la práctica ha tenido unos efectos devastadores. Los países latinoamericanos, empobrecidos y amenazados por la deuda externa, sometidos al Consenso de Washington y a los planes de ajuste estructural impuestos por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) iniciaron una primera gran ola de privatizaciones en beneficio de las grandes corporaciones. En este periodo destacan la adquisición de la petrolera estatal argentina YPF por parte de Repsol en 1999, convirtiéndose así en una de las mayores petroleras del mundo. O la entrada de Telefónica al mercado latinoamericano hasta ser a día de hoy la mayor operadora del continente con el 30% de la cuota de mercado. En el sector financiero, BBVA y Santander son hoy los dos mayores bancos de la región. El desembarco masivo de empresas transnacionales en ALC ha dejado tras de sí innumerables impactos ambientales, sociales y culturales. Impactos como la deforestación de bosques y la expulsión de comunidades indígenas derivadas de la extensión de cultivos para el negocio de los agrocombustibles o las nuevas perforaciones para la explotación de los recursos naturales podrían ser irreversibles si no se detienen a corto plazo. En el plano económico han contribuido a aumentar las desigualdades sociales en una región ya bastante castigada. Cabe recordar cómo en Bolivia tras la privatización del agua en Cochabamba en el año 2000, la facturación mensual aumentó en un 35% de media. La “Batalla del Agua” logró echar atrás la privatización. Pero por desgracia no corrieron la misma suerte quienes vieron privatizados sus suministros de electricidad, gas o agua en muchos otros países. Al mismo tiempo, la apertura de los mercados latinoamericanos ha provocado que las empresas multinacionales españolas y europeas tengan una creciente dependencia de sus resultados comerciales en ALC . Así por ejemplo, en 2006, el resultado operativo de Gas Natural – Unión Fenosa dependía en un 25% de sus filiales latinoamericanas. Para Repsol YPF esta cuantía es mucho mayor, el 50% de su ganancia en 2004 provenía de Argentina y se elevaba al 63% en todo el continente. Teniendo en cuenta estas cifras no puede extrañarnos que las empresas multinacionales estén dispuestas a permitir, convivir y encubrir violaciones sistemáticas de los derechos humanos con tal de defender las ganancias generadas en el mercado latinoamericano. En repetidas ocasiones organizaciones sociales latinoamericanas han denunciado como las multinacionales europeas actúan con impunidad en ALC destruyendo el medio ambiente y mermando la soberanía de los pueblos, siendo cómplices en la violación de los derechos humanos y no respetando los derechos sociales y laborales en países como Colombia, Argentina, Perú, Guatemala, Nicaragua o Bolivia entre otros. La responsabilidad de la UE es clara. La impunidad con la que actúan las transnacionales es el resultado de las políticas neoliberales impulsadas en ALC a través de sus órganos diplomáticos. La diplomacia europea ha impuesto la economía neoliberal desde organizaciones internacionales como la OMC , el BM o el FMI y a través de sus propios tratados bilaterales. La doble moral europea Con motivo de la presidencia española de la UE, desenmascarar la doble moral de la Europa del capital es una tarea indispensable para la izquierda anticapitalista. Denunciar a las empresas transnacionales que operan en ALC es un primer paso. Pero es igualmente necesario ir más allá, denunciar la propia esencia de la Europa neoliberal y romper con ella. La IV Cumbre de los Pueblos – Enlazando Alternativas que se celebrará en Madrid en oposición a la cumbre oficial entre la UE y ALC será una excelente ocasión para visibilizar las resistencias que genera el neoliberalismo a uno y otro lado del Atlántico. En la última década, ALC se ha sumergido en un proceso de cambio importante. La emergencia de importantes movimientos de base contrarios a la lógica hegemónica neoliberal ha impulsado un giro a la izquierda en numerosos países. Bolivia y Venezuela, con todas sus contradicciones, representan genuinos “laboratorios de transformación social” para investigadores sociales, activistas y gentes de izquierda. Ambos procesos han generado importantes debates sobre la nacionalización de los recursos naturales, la soberanía de los pueblos o las nuevas formas de organización social. Ecuador también ha seguido la estela del cambio abriendo su propio camino para la transformación. Un camino vetado para el pueblo hondureño tras el golpe de Estado de Roberto Micheletti durante el pasado verano contra el gobierno legítimo de Manuel Zelaya. Ante estos procesos la UE ha demostrado nuevamente qué intereses defiende en ALC. ¿Cooperación, desarrollo, integración? Por supuesto que no. La UE, protegiendo los intereses de las transnacionales, ha respaldado las posiciones políticas de la oposición neoliberal. Aunque esto supusiera aliarse políticamente con las fuerzas golpistas en Bolivia, Venezuela u Honduras. A su vez, las transnacionales de la comunicación, como PRISA , con una amplia presencia en ALC ha trasladado a Europa los argumentos que torpedean los procesos de cambio en el cono sur. Es importante reseñar que mientras la diplomacia europea establece Acuerdos de Asociación encubiertos de retórica social, las políticas adoptadas por sus países miembros apuntan a direcciones opuestas. Por ejemplo en relación al fenómeno de las migraciones, un tema especialmente importante para ALC. La Europa Fortaleza, lejos de garantizar el derecho universal a las migraciones, se orienta a la selección de personas según su capacidad profesional. Para criminalizar a quienes no se benefician de esos flujos migratorios selectivos existen en Europa más de 250 Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), cárceles para inmigrantes que actualmente retienen a más de 30.000 personas en condiciones extremas. En países como Alemania o Irlanda son directamente centros penitenciarios quienes asumen esta función. La Directiva del Retorno aprobada en 2008 amplía a 18 meses el tiempo de detención en los CIEs, posibilita la deportación de menores e incluso la deportación a terceros países. Es así como la UE exporta e importa, pese a su retórica, políticas antisociales. Tejiendo resistencias La globalización neoliberal globalizó también las resistencias. Durante la última década, cada cumbre oficial se ha visto confrontada por contracumbres de los movimientos sociales. La UE, como agente globalizador, no se ha librado de ellas. Recordemos las movilizaciones en el Estado español durante la última presidencia española de la UE en 2002. Sevilla, Madrid o Barcelona, entre otras ciudades, acogieron multitudinarias protestas contra la UE del Capital y la Guerra. Aquellas movilizaciones fueron un gran impulso para el movimiento anticapitalista. Ahora 9 años más tarde, el Estado español ha vuelto a asumir la presidencia europea. La situación política es muy distinta, sin embargo más de 100 organizaciones sociales y políticas de todo el Estado se han lanzado a construir una respuesta desde abajo a la cumbre oficial. La campaña que organiza las protestas contra la cumbre de Madrid entre UE y ALC tiene mucho potencial, pero también algunas debilidades. Entre el 14 y 18 de Mayo la IV Cumbre de los Pueblos – Enlazando Alternativas organizará varias actividades paralelas a la cumbre oficial entre las que destacan: Tribunal Permanente de los Pueblos: Desde 2006, este tribunal no gubernamental ha expuesto las violaciones a los derechos humanos y ambientales perpetrados por más de 25 empresas transnacionales con base en la UE. En esta ocasión, el TPP se centrará también en las instituciones, políticas y actores de la UE que incrementan el poder e impunidad de las mismas. Cumbre de los Pueblos: Paralelamente a las reuniones ministeriales de la UE y ALC , los movimientos sociales y organizaciones políticas que componen la red birregional Enlazando Alternativas y la campaña Contra la Europa del Capital y la Guerra han organizado un gran foro de debate. Cerca de un centenar de talleres y mesas redondas expondrán sus alternativas al capitalismo. Para concluir una gran manifestación final recorrerá las calles de Madrid para mostrar el rechazo al proyecto capitalista y neoliberal de la UE. La Cumbre de los Pueblos puede ser un escenario magnífico para desarrollar la unidad desde abajo de las luchas sociales y la convergencia de distintos sectores sociales opuestos al neoliberalismo. El trabajo conjunto de organizaciones y movimientos sociales es más necesario que nunca ahora que la crisis global desemboca en nuevos ataques como el Pacto de Estabilidad y Crecimiento aprobado recientemente. Como hemos visto en las calles de Atenas o Tessalonika, la respuesta al neoliberalismo únicamente puede surgir con la unidad y la movilización desde abajo. Sin embargo sería necesario que la Cumbre de los Pueblos también apostara por actos de confrontación a la cumbre oficial. Bloquear las reuniones ministeriales e impedir que la UE pueda avanzar en sus negociaciones para extender sus acuerdos comerciales. La semana de acciones convocada por Rompamos el Silencio debería servir para recuperar ese espíritu combativo que tanto necesitamos para romper con la lógica neoliberal de la Europa del capital. Tomado En Lucha http://www.enlucha.org

2 abr 2009

“Un evidente fracaso neoliberal”

La presidenta argentina adelantó que se limaron asperezas entre países centrales. Fuerte apoyo al rol del Estado.
Los presidentes de los países del Grupo de los 20 ya no tienen tiempo para mostrar sus diferencias en público. Lo hicieron hasta minutos antes del inicio de la cumbre en esta ciudad, marcado por una recepción que la reina Isabel II ofreció ayer por la tarde en el Palacio de Buckingham. Hoy están obligados a mostrar que el encuentro fue valioso para empezar a poner orden a una economía mundial desencajada. Ninguno está en posición de arriesgarse a un paso fallido en Londres que podría actuar como efecto boomerang, agravando la crisis. Los mandatarios tuvieron su primera reunión de trabajo luego del saludo a la reina. Fue una cena en Downing Street, en la residencia del primer ministro británico, Gordon Brown. Tras ello, Cristina Fernández de Kirchner contó a la prensa que se habían limado diferencias y que Estados Unidos e Inglaterra, por un lado, Francia, Alemania y el resto de Europa, por el otro, ya no lucían tan antagónicas como antes. La posición argentina es cómoda en ese debate porque impulsa tanto el activismo fiscal de los primeros para sacar a la economía del pozo como el reclamo de nuevas y contundentes regulaciones de los mercados financieros de los segundos. Su mayor interés pasa por otro lado: la reforma del FMI, y según dejó trascender la delegación argentina, la versión final del documento del G-20 habría corregido aspectos que anteayer llevaron al Gobierno a anticipar que así como estaba redactada, la declaración de la cumbre sería rechazada.
“Las medidas que adoptará el G-20 significarán un evidente fracaso del neoliberalismo”, adelantó la Presidenta luego de la cena con sus pares. Reconoció que el documento final no lo expondrá de esa forma, pero lo dejará en evidencia con las acciones que llama a encarar. “Hablar de la expansión del gasto público es hablar del Estado aunque no se lo mencione, hablar de los planes del estímulo es hablar del Estado aunque no se lo mencione, hablar de la necesidad de regulación del sistema financiero mundial es admitir el fracaso de la supremacía del capitalismo financiero, criticar a los paraísos (fiscales) es admitir el fracaso de ese no control”, detalló Cristina el contenido de la declaración.
En el discurso, el G-20 irá más allá de lo que se había animado a plantear en la cumbre anterior de mediados de noviembre en Washington. En aquel momento la crisis lucía muy grave, pero no había alcanzado la profundidad que exhibe ahora y que tiene a los gobiernos centrales muy preocupados por sus consecuencias. Uno de los temores que viene creciendo –según relataron a este diario funcionarios argentinos que participan activamente de las reuniones de trabajo a muy alto nivel– es que Estados Unidos entre en una fase de estancamiento al estilo japonés. Es decir, que demore todo este año en estabilizar el barco –empezando por el sistema financiero– y a partir de 2010 no consiga más que tasas de crecimiento mínimas o cercanas a nulas. Así le ocurrió al país asiático durante una década, y en las deliberaciones del G-20 se empezó a recordar aquella experiencia con escozor. Estados Unidos representa nada menos que el 25 por ciento del PIB mundial, con sólo el 5 por ciento de la población. Si la mayor potencia queda en un pantano, los efectos de la crisis pueden extenderse por varios años.
Los negociadores estadounidenses advirtieron que no podrán superar la aguda situación actual si el resto del mundo no colabora. Necesita que las economías más poderosas se reactiven con fuerza y velocidad para que todos juntos puedan tirar para arriba. De allí que el gobierno de Barack Obama reclama una acción coordinada de estímulo fiscal: que Alemania, Inglaterra, Japón, Francia, Italia y Canadá, todos en declive, vuelquen en sus economías millonarias sumas de dinero para hacerlas reaccionar. Inglaterra acompaña a Estados Unidos en esa posición. Alemania, Francia e Italia –el gobierno de Berlusconi con una posición muy ortodoxa– la rechaza, con el argumento de que ya pusieron demasiado dinero y que si siguen inyectando liquidez sin antes cambiar el sistema financiero de las últimas décadas, lo único que se logrará es caer en un estado de estanflación: la combinación más temida, de estancamiento con inflación. Además, Angela Merkel afirma que su país ya ha alcanzado niveles de endeudamiento demasiado elevadas y que seguir emitiendo títulos bajo estas circunstancias para cubrir mayores gastos no sería sustentable.
El primer ministro japonés, Taro Aso, se sumó al debate acercándose a la posición anglosajona. “Creo que hay países que comprenden la importancia de la movilización fiscal y otros que no”, reprochó. Del otro lado, alemanes y franceses acusan a Estados Unidos e Inglaterra de querer eludir la tarea de construcción de una nueva arquitectura financiera internacional, defendiendo los intereses de Wall Street y el desarrollado circuito financiero londinense.
Bajo ese clima de tensión empezó la cumbre que finalizará hoy. Sin embargo, tras la cena de los presidentes, Cristina Fernández describió un escenario menos alarmante. Dijo que en el encuentro de los mandatarios se reflejaron acuerdos que se habrían alcanzado sobre el tramo final de las negociaciones. “No hubo tanta antinomia entre estímulo fiscal y regulación como había trascendido en los medios”, reveló. “Todos plantean el financiamiento y la demanda global y el cuidado del empleo”, agregó. También reveló que el documento final de la cumbre incluirá un capítulo dedicado a los paraísos fiscales –se espera la publicación de una lista condenatoria de países que no colaboran en materia fiscal–, se impulsará la financiación del comercio exterior para reactivar las economías y habría un compromiso de reactivar la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que fijen nuevas reglas para el comercio internacional.
Con la mirada puesta en Argentina, Cristina adelantó que se capitalizará al FMI y se avanzaría con la emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG) para elevar las cuotas de los miembros. Eso favorecería al país de manera directa porque le permitiría elevar su nivel de reservas internacionales, ya que el Banco Central contabiliza las tenencias en DEG. Otros funcionarios argentinos dejaron trascender que los capítulos referidos a las reformas del FMI y de nueva regulación de las calificadoras de riesgo tendrían ahora una redacción más a gusto con la posición del gobierno. “No es lo ideal, pero en relación a cómo estábamos es un avance”, indicaron.
Más allá de que el peso de las decisiones recaiga sobre las grandes potencias y que los emergentes más escuchados sean Brasil, Rusia, India y China (los BRIC), la participación de Argentina en la cumbre del G-20 es para el Gobierno “un éxito en sí mismo”. Es la posibilidad de recuperar prestigio después de haberse visto arrastrado por la crisis de 2001. Cristina relató que expuso ante los presidentes que la situación internacional le recuerda a la del país en aquel momento. Y dijo que así como Argentina a partir de aquella crisis empezó a recorrer un camino distinto al del discurso único neoliberal, ahora a los países centrales les tocaría hacer lo mismo.
Por David Cufré Desde Londres
Tomado de Página 12

25 oct 2008

El fin o la continuación del neoliberalismo

Vicenç Navarro*
La creciente intervención de los estados en la resolución de la crisis financiera (que ha incluido, en varios países como EE.UU., una parcial nacionalización de centros bancarios), ha sido interpretada como el fin de la época neoliberal iniciada en EE.UU. por el Presidente Reagan (y por la Sra. Thatcher en Gran Bretaña), hace treinta años. En esta lectura de la realidad se asume que el neoliberalismo se caracterizó por la reducción del papel del estado en las esferas financieras y económicas, reducción que terminó ahora con las medidas claramente intervencionistas del estado en la resolución de la recesión (y posiblemente depresión) que existe a nivel mundial.
Esta supuesta reducción del estado durante la época neoliberal (1980-2008), sin embargo, no ocurrió en realidad. En EE.UU., país considerado como la máxima expresión del neoliberalismo, las intervenciones estatales crecieron durante aquella época liberal 1980-2008. El gasto público, por ejemplo, se incrementó notablemente en EE.UU., pasando de representar el 34% del PIB en 1980 al 38% en 2007. El gasto público per capita también subió de 4.148 US $ en 1980 a 18.750 en 2007. Y los impuestos subieron de un 35% en 1980 a un 39% en 2007. En realidad el Presidente Reagan fue el Presidente de EE.UU. que subió más los impuestos en tiempo de paz en toda la historia de aquel país. Los recortó muy notablemente para el 20% de renta superior de las familias, pero los incrementó para todo lo demás. En resumidas cuentas, no hubo una disminución del papel del estado en la sociedad estadounidense sino un cambio muy significativo de sus prioridades como lo demuestran los cambios que han tenido lugar en el presupuesto federal durante el periodo neoliberal. Así, mientras al principio de tal periodo, en 1980, el gasto federal que iba destinado a personas (a través de transferencias y servicios públicos a personas) representaba el 38% de todo el gasto, el gasto militar representaba el 41% de todo el gasto y el gasto de apoyo a las empresas (incluido las financieras) representaba el 21% del total, a finales de tal periodo en 2007 el gasto a las personas había descendido al 32% mientras que el gasto militar había subido al 45% y a las empresas el 23%. Este último porcentaje ha subido de una manera espectacular a raíz de la compra de activos y apoyos a la banca por parte del gobierno federal.
Estos datos muestran como el discurso liberal (supuestamente antiestado) sólo aplica a cierto tipo de intervenciones: aquellas relacionadas con el bienestar de las personas, primordialmente de las clases populares. No así a la mayoría del gasto e intervenciones públicas. Hay pues que señalar que durante el periodo liberal hubo un desfase entre el discurso retórico neoliberal y la realidad. Como bien dijo John Williamson, el intelectual más influyente dentro del consenso neoliberal de Washington “Tenemos que darnos cuenta de que lo que el gobierno federal de EE.UU. predica en el extranjero y lo que hace en casa no son lo mismo”.
Estas observaciones son relevantes pues lo que estamos viendo estos días no es un cambio sino una expansión de lo que ha ido ocurriendo durante aquel periodo. El establecimiento de la nueva autoridad del gobierno federal (que gastará más de 700.000 millones de dólares, además de los que ya ha gastado, representando en total un 17% del PIB estadounidense) está dirigido por el mismo equipo y las mismas personas que dirigieron la banca Goldman Sachs y otros centros financieros de Wall Street. Como dijo el Senador Sanders (el único senador que pertenece a la Internacional Socialista en el Congreso de EE.UU.) la creación y modus operandi de tal agencia es “la instrumentalización más abusiva del estado por parte de la banca en la historia de EE.UU.” El gobierno federal compra las hipotecas basura de la banca y otras acciones, a la vez que renuncia al voto que tal compra le permitiría en la toma de decisiones de la banca intervenida. Lo que estamos viendo no es pues el fin, sino la continuación del neoliberalismo. Es más. La banca y el mundo empresarial quieren aprovechar esta crisis para continuar resolverla a través de medidas neoliberales tales como la reducción de salarios, el aumento de la precariedad, la reducción del gasto a las personas, la privatización de la seguridad social (sí, sí, lo ha leído bien, la privatización de la seguridad social), el aseguramiento privado de la sanidad y otros servicios del estado del bienestar. Hemos visto, incluso en España, como portavoces del mundo empresarial y financiero han pedido inmediatamente una expansión de muchas de tales políticas públicas como manera de resolver la crisis financiera actual. Si ello ocurriera, sería ya la victoria final del neoliberalismo.
*Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra
Tomado de Rebelión
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