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1 may 2011
La elite del uno por ciento
Así lo advierte el Premio Nobel de Economía 2001, profesor y muy difundido analista económico estadounidense Joseph E. Stiglitz en un artículo que tituló “Desigualdad del 1%, por el 1%, para el 1%” publicado en la revista Vanity Fair el 13 de abril en curso. En nuestro país, el 1% de la población obtiene el 25% de los ingresos y controla el 40% de la riqueza del país. Ese 1% disfruta de lo mejor en viviendas, educación y estilo de vida, ignorando que su suerte está ligada a cómo vive el otro 99%, dice Stiglitz.
Hace 25 años, ese 1% percibía el 12% de los ingresos y controlaba el 33% de la riqueza. Esta elite ha incrementado sus ingresos en un 18% durante la pasada década y en igual medida se ha deteriorado la situación de las personas con un nivel medio de ingresos.
Según Stiglitz, mientras más dividida esté una sociedad en términos de riqueza, más rechazan los ricos gastar dinero en necesidades comunes.
Los ricos no necesitan depender del gobierno para parques, educación, atención médica o seguridad personal. Ellos pueden comprar todas estas cosas para sí. Y en este proceso, se distancian de la gente común y se pierde cualquier empatía si alguna vez existiera. Los ricos rechazan la idea de que haya un gobierno fuerte, capaz de usar sus poderes para redistribuir la riqueza y hacer las inversiones requeridas para el bienestar de todos.
Los economistas no logran explicar coherentemente el motivo del crecimiento de las desigualdades en Estados Unidos. Notan que la globalización crea un mercado laboral mundial que perjudica a los obreros no calificados del país frente a los peor pagados de otros países. A juicio de Stiglitz, la dinámica oferta-demanda influye en ello porque las tecnologías que ahorran mano de obra reducen la demanda de trabajadores de clase media, de cuello y corbata. Pero así mismo contribuye al problema la reducción del papel de los sindicatos, que alguna vez representaron a un tercio de los obreros de la nación y ahora apenas incluyen al 12% de éstos.
En última instancia, la razón básica es que tal es la voluntad de la elite, deduce el destacado economista quien cita el ejemplo de la política impositiva, en la que la reducción de impuestos sobre los beneficios del capital, vía por la que los ricos reciben la mayor parte de sus ingresos, es una manera de privilegiar a los más adinerados.
Los monopolios y los casi monopolios han sido siempre fuente de poder económico, desde John D. Rockefeller hasta Bill Gates, asegura Stiglitz. El pobre ejercicio de las leyes anti-trust, en especial durante las administraciones republicanas, ha sido una bendición para la elite.
Muchas de las desigualdades de hoy nacen de la manipulación del sistema financiero propiciada por cambios en sus reglas que han sido comprados y pagados por la industria financiera, que en ello ha hecho sus inversiones más efectivas de todos los tiempos. El gobierno presta dinero a las instituciones financieras casi al 0 % de interés y cuando fracasan les facilita generosos salvamentos.
Nadie se sorprende porque una ley de impuestos no pueda pasar por el Congreso sin que incluya recortes para los ricos si se conoce que las compañías farmacéuticas recientemente recibieron un regalo billonario por medio de una legislación que prohíbe al gobierno, principal comprador de medicamentos, discutir siquiera los precios de éstos.
Dice Stiglitz que virtualmente todos los Senadores y la mayoría de los Representantes en el Congreso integran el 1% al comenzar, se mantienen con los aportes del 1%, y saben que si sirven bien a la elite serán recompensados por el 1% cuando dejen sus escaños.
En la rama ejecutiva, los principales diseñadores de políticas comerciales y económicas son igualmente miembros de la elite. Las desigualdades en Estados Unidos distorsionan la sociedad en todas las formas concebibles: Provocan que las personas fuera de la elite practiquen un estilo de vida que sobrepasa sus medios; los miembros de la elite y sus familias rara vez sirven en el ejército porque es “voluntario” y lo que paga no atrae a los hijos del 1%.
A la elite no le preocupan las aventuras de guerra ya que, para las corporaciones y los contratistas, éstas solo significan ganancias.
Según Stiglitz, de los males que a la sociedad estadounidense le son impuestos por el 1%, quizás sea el mayor la erosión que provoca en el sentido de identidad en un país que ha presumido de ser una sociedad justa, con iguales oportunidades de desarrollo para todos y las estadísticas actuales revelan lo contrario.
Es esta percepción de que se vive en un sistema injusto y sin oportunidades, donde la riqueza crea poder y el poder crea más riqueza, la misma que ha provocado las conflagraciones en el Medio Oriente y puede provocarlas en otras partes del mundo.
Manuel E. Yepe
Tomado: CubaDebate.cu
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Joseph Stiglitz
8 ene 2011
¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Brevísima historia de 40 años de imposición de políticas económicas neoliberales
Un asiduo lector de New Deal 2.0 plantea una aguda cuestión:
"Hay una cuestión que no consigo responder nunca. Muchos expertos dicen que la ideología neoliberal se abrió paso en los 80 con Reagan, Thatcher y la escuela de Chicago. Pero sigo in entender qué hizo posible tal giro en la economía política. ¿Qué elementos, qué nuevas fuerzas en los 80 pueden explicar ese cambio ideológico y las desigualdades que le siguieron?"
Asuntos, todos, muy dignos de exploración, y yo desde luego no puedo hacerles justicia en una respuesta de dos líneas más que recomendando el soberbio libro de Yves Smith Econned. El libro proporciona una excelente explicación histórica del modo en que unas teorías de todo punto infundadas pero ampliamente aceptadas llevaron a la práctica de políticas que generaron el actual estado de cosas. También ilumina la capacidad de esas filosofías para resucitar incluso cuando se acumulan pruebas concluyentes contra ellas. Documenta no sólo la creciente degradación de los economistas profesionales neoclásicos (y su concomitante tendencia a reducir la suma de la experiencia humana a una serie de ecuaciones matemáticas), sino también la manera en que fundaciones muy bien financiadas subvencionaron a universidades y think tanks que, a su vez, legitimaron y validaron esas filosofías charlatanescas. La idea de que los gobiernos democráticamente elegidos deben servirse de políticas fiscales discrecionales para contraestabilizar las fluctuaciones del ciclo del gasto no-público llegó a ser vista como algo muy cercano al socialismo. Los poderes que toman decisiones políticas fueron puestos gradualmente en manos de un cuerpo políticamente incareable de tecnócratas neoliberales que pontificaban sobre las limitaciones de los gobiernos y reforzaban las posiciones fiscalmente procíclicas, es decir: reforzaban la contracción discrecional cuando los estabilizadores automáticos llevaban a grandes déficits presupuestarios como resultado de la débil demanda no-pública.
Ese cambio en nuestras políticas públicas fue acompañado por toda una toma de control de los juristas en una larga marcha a través del poder judicial. Fue un esfuerzo, patrocinado por las grandes empresas, centrado exclusivamente en el asunto de la desregulación, y culminó con un esfuerzo titánico para abrogar las reformas del New Deal, yugular el poder de los sindicatos y atar corto al gobierno (salvo en materia de defensa, huelga decirlo, que desplegó su propio y formidable ejército de lobistas).
Responder a la cuestión planteada por nuestro lector pasa por reconocer que este ha sido un proceso que ha durado décadas y que ha venido acompañado de enormes sumas de dinero y un vasto ejército de fuerzas empresariales, jurídicas y políticas empeñado en frustrar cualquier alternativa progresista. Ha acontecido en un trecho de tiempo de 40 años. Regulación y supervisión laxas; una creciente desigualdad que llevó a las familias a endeudarse para mantener el nivel de gasto; codicia y exhuberancia irracional y liquidez global excesiva: todos esos son síntomas del problema.
¿Pero cómo empezó todo? El análisis que realizó al final de su vida el gran economista Hyman Minsky es particularmente potente, porque permite ver esos cambios desde una vasta perspectiva histórica. Minsky llamó a la situación salida de la II Guerra Mundial "capitalismo paternalista". Se caracterizaba por un "Tesoro público enorme" (cuyo gasto equivalía al 5% del PIB) dotado de un presupuesto que oscilaba contracíclicamente a fin de estabilizar el ingreso, el empleo y los flujos de beneficios; una Reserva federal a modo de "enorme banco" que mantenía bajos los tipos de interés e intervenía como prestador de último recurso; una amplia variedad de garantías estatales (seguro de depósitos, respaldo público implícito al grueso de las hipotecas); programas de bienestar social (Seguridad Social, Ayuda a las familias con hijos dependientes, Medicaid y Medicare); estrecha supervisión y regulación de las instituciones financieras; y un abanico de programas públicos para promover la mejora de los ingresos y la igualdad de riqueza (fiscalidad progresiva, leyes de salario mínimo, protección para el trabajo sindicalmente organizado, mayor acceso a la educación y a la vivienda para las personas de bajos ingresos). Además, el Estado jugaba un papel importante en materia de financiación y refinanciación (por ejemplo, la Corporación pública para financiar la reconstrucción y la Corporación pública para el crédito y la compra de vivienda) y en la creación de un mercado hipotecario moderno para la compra de vivienda (basado en un préstamo de tipo fijo amortizable en 30 años) sostenido por empresas patrocinadas por el Estado.
Minsky reconoció el papel jugado por la Gran Depresión y la II Guerra Mundial en la creación de unas bases para la estabilidad financiera. En palabras de Randy Wray:
"La Depresión pulverizó y aventó el grueso de los activos y los pasivos financieros: eso permitió a las empresas y a los hogares salir con poca deuda privada. El ciclópeo gasto público durante la II Guerra Mundial creó ahorró y beneficio en el sector privado, llenando los libro de contabilidad con saneada deuda del Tesoro (60% del PIB, inmediatamente después de la Guerra). La creación de una clase media, así como el baby boom, mantuvieron alta la demanda de consumo y alimentaron un rápido crecimiento del gasto público de los estados federados y de los municipios en infraestructura y en servicios públicos deseados por los consumidores metropolitanos. La elevada demanda de los entes públicos y de los consumidores trajo a su vez consigo el que pudiera cubrirse el grueso de las necesidades de las empresas en punto a financiar el gasto interno, incluida la inversión. Así, durante las primeras décadas que siguieron a la II Guerra Mundial, el 'capital financiero' desempeñó un papel inusualmente menor. El recuerdo de la Gran Depresión generó reluctancia al endeudamiento. Los sindicatos presionaban, y a menudo obtenían más y más compensaciones, lo que permitió el crecimiento de los niveles de vida, financiados en su mayor parte sólo con los ingresos."
En la década de 1970 todo eso empezó a cambiar, como bien se explica en Econned. El gasto público comenzó a crecer más lentamente que el PIB; los salarios ajustados a la inflación se estancaron a medida que los sindicatos perdían poder; la desigualdad arrancó a crecer y las tasas de pobreza dejaron de caer; las tasas de desempleo se dispararon; y el crecimiento económico se ralentizó.
En los 70 asistimos también a los primeros esfuerzos sostenidos para escapar a las restricciones puestas por el New Deal a medida que las finanzas respondían para aprovechar las oportunidades. Tras el desastroso experimento monetarista de Volcker (1979-82), muchos de los viejos vestigios del sistema bancario establecido por el New Deal fueron arrasados. El ritmo de innovaciones se aceleró a medida que fueron adoptándose muchas prácticas financieras nuevas para proteger a las instituciones del riesgo de la tasa de interés. A despecho de todas las apologías hechas de los años de Volcker al frente de la Reserva federal, lo cierto es que sus políticas de tipos de interés altos sentaron las bases del actual sistema financiero basado en el mercado, incluidas la titulización hipotecaria, la innovación financiera en forma de derivados para cubrir el riesgo de los tipos de interés, así como muchos de los vehículos financieros "extracontables" que han proliferado en las dos últimas décadas. Se legisló para crear un tratamiento fiscal mucho más favorable a los intereses, lo cual, a su vez, estimuló las compras apalancadas para substituir activos por deuda (con la toma de control empresarial financiada con deuda que sería servida por los futuros flujos de ingresos de la empresa así controlada).
Los excedentes presupuestarios de los años de Clinton –otro ejemplo de ascendencia de una filosofía neoliberal que huyó de la política fiscal y determinó la primacía de la política monetaria— restringieron la demanda agregada, encogieron los ingresos y crearon una mayor dependencia respecto de la deuda privada como medio de sostener el crecimiento y los ingresos. Eso se vio claramente facilitado por innovaciones que ampliaron el acceso al crédito y cambiaron las criterios de las empresas y de los hogares respecto al nivel del endeudamiento prudente. El consumo llevaba la batuta, y la economía volvió finalmente a los rendimientos de los años 60. Regresó el crecimiento robusto, ahora alimentado por el déficit del gasto privado, no por el crecimiento del gasto público y el ingreso privado. Todo eso llevó a lo que Minsky llamó el capitalismo de los gestores del dinero.
Tal es el contexto histórico básico. Pero ha venido desarrollándose desde hace cerca de 40 años. Y esa es probablemente una respuesta que va más allá de lo que nuestro amable lector quería, pero su cuestión no es de las que se deja responder lacónicamente.
Marshall Auerback. Reconocido analista económico norteamericano. Investigador veterano del prestigioso Roosevelt Institute, colabora regularmente con New Economic Perspectives y con NewDeal2.0.
Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench
Tomado:Revista Sin Permiso
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10 dic 2010
“Los gobiernos europeos se arrodillan frente al gran capital financiero”
Fueron varios los temas que abordó el Comandante. No por casualidad comenzó por dos de ellos: el primero, Haití, la terrible situación que vive ese país, la amenaza de la epidemia del cólera, la actuación de los médicos cubanos, la presencia de marines estadounidenses combinada con la ausencia de médicos y enfermeros de ese país, la necedad de los veedores europeos que llegan a un país devastado como pocos en la Tierra y declaran que no hay nada que aconseje postergar las elecciones presidenciales que tendrían lugar el domingo siguiente. Y luego su preocupación por Corea, por la posibilidad de que alguien apele a un armamento nuclear “táctico” que, de todos modos, sería más letal todavía que las bombas que se arrojaron en Hiroshima y Nagasaki. Y que tal cosa podría ser la señal de partida para una crisis militar global, habida cuenta de los muchos pleitos pendientes de resolución entre países que ya disponen de armamento nuclear. También habló de su preocupación por la virulenta aparición en la escena política de expresiones de la derecha radical y reaccionaria, como la representada en el Tea Party, y la ostensible debilidad del presidente Barack Obama frente al complejo militar-industrial que impone sus políticas sin prestar atención a lo que piensa el ocupante de la Casa Blanca. En el plano doméstico Fidel subrayó la importancia de los cambios que se están proponiendo en el modelo económico cubano y señaló que la revolución debía actualizar su modelo económico socialista si quería sobrevivir. Reiteró que no le temía tanto a una agresión externa dirigida por EEUU como a los procesos de descomposición interna resultantes de la incapacidad de la economía cubana para satisfacer las necesidades de su población. Aseguró, además, que el próximo congreso del Partido Comunista de Cuba, aprobaría un paquete de reformas que profundizaran el socialismo, actualizado a las épocas actuales, y de ninguna manera algo que pudiera significar un ataque a lo que denominó “las conquistas históricas de la revolución.” Tal cosa, dijo el Comandante, no tendría ninguna posibilidad de ser implementada en este país.
En base a documentos del Pentágono, de la CIA y del Departamento de estado en cuales EE.UU. definen su posición beligerante para los próximos 30-40 anos, usted demostró en su exposición de la Habana, que “el imperio está dispuesto a defender con uñas y dientes los privilegios de los que ha gozado desde, por lo menos, mediados del siglo XX.”¿ Cuáles son algunos de estos aspectos relevantes?
Ahí me refería a una serie de documentos en donde todos ellos señalan las dificultades del imperio norteamericano para sobrevivir sin renunciar a los privilegios de que ha gozado en los últimos cincuenta años. Todos indican que ese mundo ya desapareció y que el actual está plagado de rivales y competidores que pueden interferir en los planes de EEUU y que, en consecuencia, el país debe prepararse para un largo período de guerras tan sólo para preservar algo, no toda, la influencia que supo tener desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Por eso no sorprende la renovada presión, fuertísima, sobre América Latina y el Caribe manifestada por una veintena de bases militares que van desde el extremo norte del Mar Caribe hasta las Islas Malvinas, en el Sur, pasando por las 7 bases en Colombia, 4 en Panamá, 2 en Paraguay y tantas otras. De hecho, Venezuela está rodeada de bases porque aparte de las colombianas tiene dos a pocos kilómetros de sus playas: las bases en Aruba y Curaçao, dos colonias de una antigua potencia europea, Holanda, que le facilitó sus instalaciones a la Casa Blanca para poder agredir a Venezuela de manera más efectiva y menos costosa. Súmele a todo lo anterior la reactivación de la poderosa IV Flota de EEUU, compuesta por navíos de todo tipo aptos para navegar en las “aguas azules”, del litoral marítimo latinoamericano, tanto como en las “aguas marrones” de nuestros grandes ríos interiores. Por último, EEUU ha vuelto a promover golpes militares en la región con el objeto de instituir “gobiernos amigos” que favorezcan sus planes de control total de la región, algo que ha sido señalado desde hace varios años por Noam Chomsky.
A pesar de que la jefa del Departamento de estado Hillary Clinton pedía a sus embajadores de espiar a importantes políticos de los países residentes, EE.UU. y sus aliados europeos acusan a Wikileaks por haber entregado unos 250.000 documentos a cinco diarios neoliberales, de “poner en peligro la diplomacia internacional.” ¿De qué tipo de diplomacia se trata?
La queja de EEUU y su clientela política en Europa carece de toda sustancia. Lo que hasta ahora ha revelado Wikileaks es de poca importancia, salvo: (a) la corroboración de que Washington tiene sometido a un espionaje ilegal a la sede de la ONU en Nueva York y, supuestamente, al propio domicilio de su Secretario General, lo cual constituye un atropello gravísimo a la seguridad y a la legalidad internacionales que sólo fue denunciada por algunos gobiernos de América Latina, y para deshonor de Europa, por ninguno de sus gobiernos, traicionando su condición de heredera de las enseñanzas de Immanuel Kant sobre el orden legal que debería regir al planeta. Hay que recordar que por mucho menos que esto Richard Nixon tuvo que renunciar a la presidencia de Estados Unidos. El escándalo de Watergate es juego de niños comparado a lo que hace el premio Nobel de la Paz Obama en la ONU. (b) la comprobación de que la Sra. Clinton sabía muy bien que en Honduras se había producido lo que su propio embajador llama un “golpe de estado”, pero ella desestimó esa información y mintió a todo el mundo diciendo que lo que allí había ocurrido había sido un cambio en la jefatura de estado en concordancia con los preceptos constitucionales, todo lo cual deja a su oficina y a la Casa Blanca manchada con el pecado de la mendacidad . (c) la obstinación de Washington en impedir el fortalecimiento de los procesos de integración nacional en América Latina, diseminando intrigas y creando falsos enfrentamientos entre los países del área. De ese modo EEUU demostró su fidelidad al mandato propio del imperio romano: “divide y vencerás.” Pero ahora sus planes se han tornado visibles y generado una reacción contraria. Se pone en evidencia que la diplomacia de EEUU es muy poco más que una perversa combinación de mentiras, sobornos, extorsiones y agresiones.
En la cumbre “ Peligro en los Andres” que tuvo lugar el 17.11. en el Capitolio de Washington, congresistas republicanos y demócratas se reunieron con terroristas latinoamericanos y cubanos que financiaron y promovieron golpes de Estado en Venezuela, Bolivia, Honduras, Ecuador y atentados contra Cuba. ¿ Qué significado tiene esta cumbre para los países del ALBA?
No sólo para los países del ALBA sino también para todos los hombres y mujeres de buena voluntad esa cumbre expone con claridad la gravísima amenaza que se cierne sobre América Latina y el Caribe cuando terroristas probados y confesos y sus representantes políticos y económicos (como la ultraderechistas National Endowment for Democracy, International Republican Institue, Hudson Institute, etc.) se reúnen en la misma sede del Congreso de EEUU para intercambiar opiniones y experiencias relativas a la mejor forma de poner fin a los gobiernos democráticos de la región. Si hubiera justicia en EEUU buena parte de sus asistentes deberían estar en la cárcel por cómplices o apologistas de la violencia y, en algunos casos, del magnicidio. Ante esta degradación moral del imperio los países del ALBA y todos los de América Latina y el Caribe deben estar sumamente alertas ante intentos golpistas, desestabilizadores o separatistas alentados por Washington y los sectores de la derecha más reaccionaria de nuestros países. Atentos también a la complicidad de algunos países europeos, que desvían su mirada ante hechos que repugnan a la conciencia humanista universal que, en el pasado, tuviera tan brillantes exponentes en la cultura europea.
Mientras la “plaga neoliberal” de cual nos hace un mordante análisis en su estudio “Socialismo Siglo XXI”, impuesta por la Unión Europea desde la caída del Muro de Berlin, empobrece a millones de europeos, los gobiernos revolucionarios de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua implementan junto a sus pueblos reformas políticas inéditas en la historia. ¿Cuál es su “ruta de escape”?
Creo que la clave está en el hecho de que estos gobiernos decidieron apartarse por completo de las recetas económicas neoliberales que sembraron de tragedias y miserias a los países de América Latina y el Caribe. Un síntesis extraordinaria de esas políticas, y su devastadora crítica, se encuentra en el libro que escribiera el presidente del Ecuador Rafael Correa, cuya tercera edición se abre con un prólogo mío (a pedido del propio Correa). Esas políticas destruyeron nuestras economías, saquearon nuestros recursos, transfirieron al gran capital financiero y sus aliados las riquezas de nuestros países y empobrecieron a la clase media, mientras que los sectores populares fueron reducidos a la indigencia. Los líderes "bolivarianos" tuvieron la inteligencia y la audacia de luchar contra los intereses establecidos, colocar la economía al servicio de la sociedad, recortar meticulosamente los privilegios del mercado y, sobre todo, desoír los consejos de las grandes burocracias internacionales, autoras intelectuales del saqueo de nuestros países. Además, estos grandes líderes potenciaron el protagonismo de las masas en lugar de desmovilizarlas y desmoralizarlas, como se hace en Europa. Les confirieron un sentido de pertenencia, identidad y las empoderaron, en lugar de mandarlas a su casa, como se hace en Europa. Y también perfeccionaron las instituciones democráticas mediante frecuentes consultas populares bajo la forma de plebiscitos, referendos, elecciones revocatorias de mandato. De ese modo un residente como Rafael Correa convocó, y ganó, ¡6 elecciones nacionales en cuatro años! Chávez convocó a 16 elecciones generales en 11 años, ganando 15 de ellas. El record de Evo Morales es semejante al de Correa. ¿Cuál gobernante europeo ostenta un grado semejante de legitimidad política? Pese a ello, la gran prensa califica a estos gobernantes como "dictadores" o, en el mejor de los casos, "autoritarios." Hemos visto con sorpresa y desazón como el FMI, que hacía décadas no se entrometía en las políticas públicas europeas, aparece ahora dictando lo que los gobiernos deben hacer. Eso ya lo experimentamos en América Latina y el Caribe y los resultados fueron catastróficos. Nos cuesta creen que los pueblos de Europa acepten colocarse bajo el mandato del FMI, pero sus gobiernos han abdicado de toda pretensión de soberanía y lo único que están dispuestos a hacer es arrodillarse ante las exigencias del gran capital financiero.
Manola Romalo
Tomado: Rebelión
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7 dic 2010
O mandamos a los banqueros a la cárcel o la economía no se recuperará
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| Imagen: Revista Sin Permiso |
Es un asunto realmente importante y nuestra sociedad debe comprender cabalmente. Se supone que el sistema jurídico es la codificación de nuestras normas y de nuestras creencias, de lo que tenemos que hacer para que nuestro sistema funcione. Si se percibe un carácter explotador en nuestro sistema jurídico, entonces la confianza en todo nuestro sistema comienza a erosionarse. Y ese es realmente el problema que tenemos ahora.
Una muchedumbre de prácticas predatorias están en vías de continuar como si nada en los créditos para la compra de automóviles. ¿Por qué están bien los malos préstamos en el sector automovilístico y no en el mercado hipotecario? ¿Hay alguna razón de principio? Todos sabemos la respuesta: no. No hay razones de principio, hay razones de dinero. Son las contribuciones a las campañas electorales, el cabildeo, las puertas giratorias entre la ñpolítica y los negocios, todas esas cosas.
El sistema está ahora mismo diseñado para estimular ese tipo de prácticas, aun a pesar de las multas [en referencia al antiguo ejecutivo de Countrywide, Angelo Mozillo, que acaba de pagar 10 millones de dólares de multa, una ínfima parte de lo que ganó fraudulentamente, porque ganó centenares de millones de dólares].
Conozco mucha gente que dice: es un escándalo que tuviéramos más supervisión, control y rendición de cuentas en los 80, cuando se dio la crisis de las cajas de crédito y ahorro, que ahora. Sí, les multamos, ¿y cuál es la gran lección que se saca de eso? Compórtate mal, y el gobierno de quitará un 5% o un 10% de los beneficios malhabidos, que estarás muy tranquilo en casita con varios centenares de millones de dólares que aún te quedarán luego de pagar unas multas que parecen enormes, pero que son en realidad muy pequeñas en relación con la cantidad de dinero que has conseguido embolsarte.
El sistema está configurado de tal modo, que aun si te pillan, el castigo es sólo una infima parte de lo que te llevas a casita. La multa es sólo un coste más del negocio. Es como una multa de estacionamiento. A veces decides estacionar mal sabiendo que te caerá una multa, porque empezar a dar vueltas en busca de estacionamiento lleva mucho tiempo.
Yo creo que deberíamos hacer lo que hicimos en los 80 con la crisis de las cajas de crédito y ahorro, y meter en la cárcel a un buen número de estos tipos. Lo creo absolutamente. No son sólo delitos de guante blanco o pequeños incidentes. Hay víctimas reales. Ese es el asunto. Hubo víctimas en el mundo entero.
¿O es que confiamos en que estos tipos que nos metieron en el lío actual han cambiado realmente de actitud? Todo lo contrario. He oído alguno discursos que decían: "En realidad, no se hizo nada realmente mal. No hicimos las cosas demasiado bien. Pero nuestra comprensión de estos asuntos es bastante razonable". Si de verdad piensan eso, estamos en un lío verdaderamente tremendo.
[En la disuasión del delito] hay distintos aspectos. Los economistas se centran por entero en la idea de los incentivos. A veces, la gente tiene incentivos para comportarse mal, porque pueden ganar más dinero si estafan o se meten en actividades fraudulentas. Si queremos que nuestro sistema económico funcione, tenemos que asegurarnos de que lo ganan cuando defraudan quede anulado por el sistema de castigos y multas.
Por eso, pongamos por caso, en nuestra legislación anti-oligopólica a menudo no detenemos a la gente cuando se comporta mal, sino cuando lo hace y podemos decir que hay daños constatables. Entonces pagan tres veces el daño que han causado. Es una forma muy radical de disuasión. Desgraciadamente, lo que estamos haciendo ahora en el caso de estos delitos financieros recientes son multas por fracciones --¡fracciones!— del daño directo causado, y una fracción aún más pequeña del daño social total. Es decir: el sector financiero llevó realmente al desplome de la economía global, y si incluyes todos los daños colaterales, estamos hablando ya realmente de billones de dólares.
Pero se puede hablar en un sentido aún más amplio de daño colateral y al que no se le ha prestado atención. Y es la confianza en nuestro sistema jurídico, en el imperio de la ley y el Estado de Derecho, en nuestro sistema de justicia. Cuando se hace el Juramento de Lealtad [constitucional en EEUU], se dice "justicia para todos". Pues bien; la gente no está segura de que tengamos justicia para todos. Algunos son detenidos por algún delito menor de droga, y dan con sus huesos en la cárcel por mucho tiempo; pero cuando se trata de esos llamados delitos de guante blanco, que no dejan de tener víctimas, casi ninguno de los gachós que los perpetran acaba entre rejas.
Se me permitirá otro ejemplo que ilustra hasta qué punto nuestro sistema jurídico ha descarrilado, contribuyendo a la crisis financiera.
En 2005 aprobamos una reforma del proceso de quiebra. Fue una reforma pretendida por los bancos. Estaba concebida para permitir legalmente el préstamo –el mal préstamo— a gentes que no entendían de qué iba el asunto, y básicamente destinada a estrangularlas. A expoliarlas. Y podríamos haberla llamado con justicia "la nueva ley de servidumbre permanente". Porque es lo que en realidad era.
Se me permitirá que cuente brevemente lo mala que era. No creo que los norteamericanos entiendan hsta qué punto era mala. Hace realmente muy difícil que las personas puedan librarse de la deuda. El principio básico en los EEUU del pasado era la gente tenía derecho a comenzar bien. La gente comete errores. Especialmente cuando son presa de expolio. Y entonces tienes derecho a volver a empezar bien. Borrón y cuenta nueva. Paga lo que puedas, y vuelve a empezar. Ahora, si lo haces una y otra vez, entonces es distinto. Pero al menos, cuando andan sueltos estos prestamistas predadores, deberías conservar el derecho a volver a empezar sin cargas.
Pero los bancos dicen: "No, no y no; no puedes librarte de la deuda", o no puedes librarte de ella tan fácilmente.
Eso es servidumbre permanente. Y criticamos a otros países por permitir ese tipo de servidumbre duradera, trabajo esclavo. Pero en Norteamérica lo hemos instituido en 2005 sin apenas debate público sobre las consecuencias. Lo que hizo esa ley fue animar a los bancos a realizar préstamos todavía peores.
Los bancos pretenden que creamos que no hicieron malos préstamos. Se niegan a aceptar la realidad. Es un hecho de alteraron los criterios contables, de modo que los préstamos dañados por la incapacidad de los prestatarios para devolver lo que deben se contabilizan igual que las hipotecas que se pagan a buen ritmo y sin mora.
De modo que toda la estrategia de los bancos ha consistido en esconder las pérdidas, seguir enredando y conseguir que el gobierno mantenga los tipos de interés realmente bajos.
Resultado: si toleramos esa estrategia, tendrá que pasar mucho tiempo antes de que la economía se recupere.
Joseph Stiglitz fue Premio Nobel de Economía en 2001
Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella
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Tomado: Revista Sin Permiso
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Cuba, tiempos de cambio
En Cuba se está generando un gran debate sobre el futuro económico de la isla. Entre los cubanos se ha hecho carne la convicción de que el actual ordenamiento económico, inspirado en el modelo soviético de planificación ultracentralizada, se encuentra agotado. Tal como lo advirtieron Fidel y Raúl, su permanencia pone en entredicho la supervivencia misma de la Revolución. Si se la quiere salvar será preciso abandonar un esquema de gestión macroeconómica que, a todas luces, ya pasó a mejor vida.
La experiencia histórica ha enseñado que la irracionalidad y el derroche de los mercados pueden reaparecer en una economía totalmente controlada por planificadores estatales, los que no están a salvo de cometer gruesos errores que producen irracionalidades y derroches que afectan al bienestar de la población. Ejemplos: en un país con un déficit habitacional tan grave como Cuba, el ente estatal a cargo de las construcciones registra 8000 albañiles y 12.000 personas dedicadas a la seguridad y a custodiar los depósitos de las empresas constructoras del Estado. O que los informes oficiales del gobierno consignen que el 50 por ciento de la superficie agrícola de la isla está sin cultivar, en un país que debe importar entre el 70 y el 80 por ciento de los alimentos que consume. O que casi la tercera parte de la cosecha se pierda debido a problemas de coordinación entre los productores (sean éstos organismos estatales, cooperativas agrícolas o empresas de otro tipo), las empresas de almacenaje y acopio y los servicios estatales de transporte, que deben llevar la cosecha hasta los grandes centros de consumo. O que actividades tales como la peluquería y los salones de belleza sean empresas estatales –¿en qué página de El Capital recomendó Marx tal cosa?– en las cuales los trabajadores reciben todos los implementos y materiales para realizar su labor y cobran un sueldo, pese a lo cual cobran a sus clientes diez veces más que el precio oficialmente establecido, fijado décadas atrás, y sin pagar un centavo de impuestos.
Estos son unos pocos ejemplos, que conversando con los amigos cubanos se multiplican “ad infinitum”. Pero plantean una cuestión de importancia práctica y también teórica: el proyecto socialista, ¿se realiza al lograrse la total estatización de la economía? La respuesta es un terminante no. Si a la Unión Soviética (que sólo tuvo como precursora a la heroica Comuna de París) las condiciones específicas de su tiempo no le dejaron más alternativa que fomentar la estatización integral de la economía, nada indica que en las condiciones actuales se deba obrar de la misma manera. Tal como con perspicacia lo anotara Rosa Luxemburgo a propósito precisamente del caso soviético, no hay razón alguna para hacer de necesidad virtud. Y si la estatización total y la planificación ultracentralizada pudo haber sido necesaria –y aun virtuosa– en su momento, al hacer posible que en un lapso de cuarenta años Rusia, el país más atrasado de Europa, pudiera derrotar al ejército nazi y tomar la delantera en la carrera espacial, hoy ya no lo es. Dicho en términos del marxismo clásico, el desa-rrollo de las fuerzas productivas decretó la obsolescencia de formas e intervenciones estatales que, siendo eficaces en el pasado, ya no tienen posibilidad alguna de controlar la dinámica de los procesos productivos contemporáneos, decisivamente modelados por la tercera revolución industrial.
Cuba se interna en un proceso de cambios y de actualización del socialismo. El primer borrador del proyecto, un documento de una veintena de páginas aparecido como suplemento especial del Granma y Juventud Rebelde, fue distribuido masivamente en la población. Se tiraron 500.000 ejemplares que fueron inmediatamente adquiridos por la población, invitada reiteradamente a leerlo, discutirlo y hacer llegar sus propuestas. Van a hacer otra gigantesca tirada más, porque el ansia de participación es enorme. El documento será examinado críticamente por todas las organizaciones sociales, sin distinción alguna: desde el Partido Comunista hasta los sindicatos y el enjambre de asociaciones de todo tipo que existen en la isla. Por eso se equivocan quienes se ilusionan con que la introducción de las reformas dé inicio a un indecoroso –¡y suicida!–- retorno al capitalismo. Nada de eso: lo que se intentará hacer es nada más y nada menos que llevar adelante “reformas socialistas” que potencien el control social, es decir, el control popular de los procesos de producción y distribución de la riqueza. El socialismo, correctamente entendido, es la socialización de la economía y del poder, más no su estatización. Pero para socializar es necesario primero producir, pues en caso contrario no habrá nada que socializar.
Por lo tanto, se trata de reformas que profundizarán el socialismo. Va de suyo que el camino a recorrer por la Revolución Cubana se encuentra erizado de peligros: el infame bloqueo impuesto por Estados Unidos (y mantenido por el Premio Nobel de la Paz Barack Obama), el permanente bombardeo mediático y las presiones a que se ve sometida la isla procurarán por todos los medios hacer que las reformas socialistas que quieren los cubanos degeneren en una reforma económica capitalista. El quid de la cuestión está en la brújula política, la orientación que tendrán estos procesos de cambio. Y el pueblo y el gobierno cubanos tienen una muy buena brújula, probada por más de medio siglo, y saben muy bien qué es lo que deben hacer para salvar al socialismo de las mortales amenazas que le plantea el agotamiento de su actual modelo económico. Y saben también que si hay algo que liquidaría las conquistas históricas de la Revolución, que las barrería de un plumazo, sería la remercantilización de sus derechos y su conversión en mercancías. Es decir, la reintroducción del capitalismo. Y no quieren que tal cosa ocurra.
Atilio A.Boron
Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales.
Tomado: Página 12
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25 nov 2010
Cuba, tiempos de cambio
En Cuba se está generando un gran debate sobre el futuro económico de la Isla. Entre los cubanos se ha hecho carne la convicción de que el actual ordenamiento económico, inspirado en el modelo soviético de planificación ultra-centralizada, se encuentra agotado. Tal como lo advirtieron Fidel y Raúl, su permanencia pone en entredicho la supervivencia misma de la revolución. Si se la quiere salvar será preciso abandonar un esquema de gestión macroeconómica que, a todas luces, ya pasó a mejor vida.
La experiencia histórica ha enseñado que la irracionalidad y el derroche de los mercados pueden reaparecer en una economía totalmente controlada por planificadores estatales, los que no están a salvo de cometer gruesos errores que producen irracionalidades y derroches que afectan al bienestar de la población. Ejemplos: en un país con un déficit habitacional tan grave como Cuba el ente estatal a cargo de las construcciones registra 8.000 albañiles y 12.000 personas dedicadas a la seguridad y a custodiar los depósitos de las empresas constructoras del estado. O que los informes oficiales del gobierno consignen que el 50 % de la superficie agrícola de la isla está sin cultivar, en un país que debe importar entre el 70 y el 80 % de los alimentos que consume. O que casi la tercera parte de la cosecha se pierda debido a problemas de coordinación entre los productores (sean éstos organismos estatales, cooperativas agrícolas o empresas de otro tipo), las empresas de almacenaje y acopio y los servicios estatales de transporte que deben llevar la cosecha hasta los grandes centros de consumo. O que actividades tales como la peluquería y los salones de belleza sean empresas estatales -¿en qué página de El Capital recomendó Marx tal cosa?- en las cuales los trabajadores reciben todos los implementos y materiales para realizar su labor y cobran un sueldo, pese a lo cual cobran a sus clientes diez veces más que el precio oficialmente establecido, fijado décadas atrás, y sin pagar un centavo de impuestos.
Estos son unos pocos ejemplos que conversando con los amigos cubanos se multiplican ad infinitum. Pero plantean una cuestión de importancia práctica y también teórica: el proyecto socialista, ¿se realiza al lograrse la total estatización de la economía? La respuesta es un terminante NO. Si en la Unión Soviética (que sólo tuvo como precursora a la heroica Comuna de París) las condiciones específicas de su tiempo no le dejaron otra alternativa que fomentar la estatización integral de la economía, nada indica que en las condiciones actuales se deba obrar de la misma manera. Tal como con perspicacia lo anotara Rosa Luxemburgo a propósito precisamente del caso soviético, no hay razón alguna para hacer de necesidad virtud. Y si la estatización total y la planificación ultracentralizada pudo haber sido necesaria -y aún virtuosa- en su momento, al hacer posible que en un lapso de cuarenta años Rusia, el país más atrasado de Europa, pudiera derrotar al ejército Nazi y tomar la delantera en la carrera espacial, hoy ya no lo es. Dicho en términos del marxismo clásico, el desarrollo de las fuerzas productivas decretó la obsolescencia de formas e intervenciones estatales que siendo eficaces en el pasado ya no tienen posibilidad alguna de controlar la dinámica de los procesos productivos contemporáneos, decisivamente modelados por la tercera revolución industrial.
Cuba se interna en un proceso de cambios y de actualización del socialismo. Los primeros borradores del proyecto, un documento de una veintena de páginas aparecido como suplemento especial del Granma y Juventud Rebelde, fue distribuido masivamente en la población. Se tiraron 500.000 ejemplares que fueron inmediatamente adquiridos por la población, invitada reiteradamente a leerlo, discutirlo y hacer llegar sus propuestas. Van a hacer otra gigantesca tirada más, porque el ansia de participación es enorme. El documento será examinado críticamente por todas las organizaciones sociales, sin distinción alguna: desde el Partido Comunista hasta los sindicatos y el enjambre de asociaciones de todo tipo que existen en la isla. Por eso se equivocan quienes se ilusionan con que la introducción de las reformas de inicio a un indecoroso -¡y suicida!- retorno al capitalismo. Nada de eso: lo que se intentará hacer es nada más y nada menos que llevar adelante reformas socialistas que potencien el control social, es decir, el control popular de los procesos de producción y distribución de la riqueza. El socialismo, correctamente entendido, es la socialización de la economía y del poder, más no su estatización. Pero para socializar es necesario primero producir, pues en caso contrario no habrá nada que socializar. Por lo tanto, se trata de reformas que profundizarán el socialismo, y que no tienen absolutamente nada que ver con las que plagaron América Latina desde los años ochentas.
Va de suyo que el camino a recorrer por la Revolución Cubana no será nada fácil y se encuentra erizado de peligros. A las dificultades propias de toda transición se le agregan los derivados del infame bloqueo impuesto por Estados Unidos (y mantenido por el Premio Nóbel de la Paz Barack Obama), el permanente bombardeo mediático y las presiones a que se ve sometida la isla procurarán por todos los medios hacer que las reformas socialistas degeneren en una reforma económica capitalista. El quid de la cuestión está en la brújula política, la orientación que tendrán estos procesos de cambio. Y el pueblo y el gobierno cubanos disponen de una muy buena brújula, probada por más de medio siglo, y saben muy bien que es lo que deben hacer para salvar al socialismo de las mortales amenazas que le plantea el agotamiento de su actual modelo económico. Y saben también que si hay algo que liquidaría las conquistas históricas de la revolución, que las barrería de un plumazo, sería la re-mercantilización de sus derechos y su conversión en mercancías. Es decir, la reintroducción del capitalismo. Y nadie quiere que tal cosa ocurra.
Atilio A. Boron
Tomado: Rebelión.org
23 nov 2010
Cuando la cura es peor que la enfermedad: el pacto suicida de Irlanda con la Unión Europea
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| Los dirigentes irlandeses prefieren aceptar una década de medidas de austeridad impuestas por la UE y la consiguiente pérdida de soberanía, antes que abandonar el euro y empezar de cero. |
Irlanda podría ser el próximo Lehman Brothers. Eso es lo que ha inquietado a los mercados. Si los dirigentes irlandeses se niegan a aceptar el rescate del nuevo instituto de estabilidad financiera (EFSF, por sus siglas en inglés) de la Unión Europea, entonces los tenedores de bonos no se verán obligados a aceptar recortes en los rendimientos de sus inversiones, lo que llevará a los bancos alemanes y franceses a quedarse cortos de capital. Los réditos de los bonos crecerán rápidamente, lo que ralentizará la actividad en los mercados crediticios. Una quiebra irlandesa movería centenares de miles de millones de dólares en los mercados de derivados financieros de impagos crediticios (CDS, por sus siglas en inglés), lo que llevaría a sus contrapartes a la quiebra y a un efecto dominó a través del sistema financiero. El contagio se difundiría por Portugal, Grecia, España e Italia, ampliando el diferencial de réditos de los bonos y obligando a los gobiernos a incrementar el volumen de sus empréstitos solicitados al Banco Central Europeo (BCE). La actividad empresarial estornudaría, el desempleo crecería y encogería el crecimiento. Estaríamos en puertas de un segundo desplome financiero.
Pero nadie cree que eso vaya a ocurrir. La mayoría cree que Irlanda se "tragará el medicamento", ahorrando toda pérdida a los tenedores de bonos. Los dirigentes irlandeses prefieren aceptar una década de medidas austeridad impuestas por la UE y la consiguiente pérdida de soberanía, antes que abandonar el euro y empezar de cero y sin imposiciones. Resulta decepcionante. El euro no está concebido para subvenir a las necesidades de los países más pequeños y menos industrializados, como Irlanda. Esos países necesitan su propia moneda, más flexible y capaz de mitigar los efectos de los ciclos bajos. Pero los dirigentes irlandeses son prisioneros de la idea de una Europa unida. Así que trocarán la independencia por la que lucharon durante siglos por un castillo en el aire y la elusiva promesa de prosperidad.
El Estado irlandés ha hecho suyas las deudas tóxicas de sus principales bancos privados. Desgraciadamente, esas deudas sobrepasan holgadamente los ingresos del Estado. De acuerdo con Robert Preston, de la BBC, los pasivos son "equivalentes a un opresivo 700% del PIB, si sumamos la deuda del sector privado y la del sector público". Hasta ahora, el BCE ha contribuido a mantener operativos los bancos irlandeses suministrando 130 mil millones de euros de liquidez de emergencia. Pero los mercados mayoristas ya no aceptan la deuda irlandesa como colateral, y los réditos de los bonos se disparan. Los políticos irlandeses dicen tener todavía fondos suficientes hasta mediados del próximo año, pero eso no incluye la financiación de los bancos. Lo cierto es que, si el BCE dejara hoy mismo de prestar a los bancos, el sistema se vendría debajo de la noche a la mañana.
De modo que la situación se hace más tensa a cada día que pasa. Aun así, todo el mundo espera que el ministro de finanzas, Brian Lenihan, ceda y acepte un rescate. Eso significa trasladar todas las pérdidas al contribuyente irlandés.
Pero ¿qué ocurriría si Lenihan se plantara y decidiera reestructurar la deuda, en vez de tomar dinero prestado del EFSF?
El periodista de la BBC antes mencionado, Rober Preston, fantasea con esa posibilidad en un artículo recientemente publicado por la cadena británica. He aquí un extracto:
"La banca angloirlandesa y los bancos irlandeses a ella asociados tendrían probablemente que declararse insolventes. Y (…) muchos miles de millones de euros que los contribuyentes irlandeses han inyectado ya en esos bancos quedarían de todo punto depreciados…
"Eso movería entonces enormes cantidades dinero cobradero por los suscriptores de los derivados financieros de impagos crediticios (CDS), los contratos de seguro contra deudas hechos por prestamistas y especuladores. Esos dineros generarían ingentes pérdidas en las instituciones financieras, incluidos los bancos, que suministran la cobertura de los CDS…
"Incluso sin el multiplicador de pérdidas que son los mercados CDS, el impacto de los recortes en la deuda resultarían dolorosos para la banca británica e internacional. De acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales, el préstamo total de los bancos no irlandeses a los bancos irlandeses ronda los 170 mil millones de dólares, de los cuales los bancos británicos proporcionaron 42 mil, los bancos alemanes, 46 mil, los bancos estadounidenses, 25 mil y los bancos franceses, 21 mil." ["Ireland: How much punishment for British and international banks?", Robert Peston, BBC.]
Si Irlanda abandona el euro, se abrirán las puertas del infierno. El Estado irlandés tendrá que emitir una nueva moneda, a sabiendas de que sus deudas seguirán denominadas en euros de valor mucho más alto. Eso aumentará su carga deudora. Y se verá bloqueado en la captación de capital por los mercados de bonos hasta que se haya puesto al corriente con las viejas deudas. En el mejor de los casos, le tomaría una década o más salir del pozo y restaurar su credibilidad ante los mercados. Por otra parte, se habría librado de la camisa de fuerza del euro y habría logrado reestablecer su soberanía. Eso no es moco de pavo, ¿pero vale realmente la pena?
El periodista Peter Osborne echa un vistazo al asunto de la soberanía en un artículo recientemente publicado en el Telegraph. Va un extracto:
"No puede negarse que Irlanda ha perdido su estatuto de nación soberana. Gracias a su desastroso enmarañamiento en el euro, ha perdido toda independencia en política interior, exterior y, sobre todo, económica. La nación irlandesa es la criatura de Bruselas y del Banco Central Europeo. El primer ministro irlandés se ha convertido en un procónsul destinado por Bruselas en Dublín. Brian Lenihan, el ministro de finanzas, es como el gestor ultramarino de una filial de Bruselas. Para quienes amamos Irlanda, esto es miserable y deprimente, pero hay que recordar que análogo destino aguarda a muchos otros países europeos. Grecia ya está haciendo lo que le dictan el FMI y el BCE; pronto ocurrirá lo mismo en Portugal y, a su debido tiempo, en España." ["Ireland has lost its sovereignty and is now the creature of Brussels – thanks to the euro", Peter Oborne, Telegraph.]
No está solo Osborne en la idea de que Irlanda comete un error permaneciendo en la Unión Europea. El columnista del Telegraph Ed West ve las cosas de la misma manera, pero describe la alianza UE/Irlanda en términos todavía más sombríos, como un "pacto suicida":
"Irlanda siente una atracción histórica hacia Europa continental como liberadora del yugo británico, pero el vínculo es tal vez aún más profundo, remontándose a los monjes que preservaron la civilización occidental durante las épocas obscuras. Irlanda, más que la mayoría de países, se siente profundamente europea, y su catolicismo fue siempre una parte de eso. No es pura coincidencia que cuando el catolicismo comenzó a declinar, Irlanda adoptara una ideología substitutiva, el sueño de Bruselas. O el pacto suicida más enorme del mundo, como creo yo…
"¿A qué empeñarse durante 800 años en sacudirse el yugo británico para terminar bajo la espada de la UE? Dicho esto, nadie en Irlanda va tan lejos en la oposición a la UE como el UKIP [Partido por la Independencia del Reino Unido] o muchos conservadores tories…
"El proyecto europeo era una idea utópica fundada, no en la lógica práctica, sino en una visión idealista, y tenía un solo propósito en mente: la unión política total. En el camino hacia ella, sus arquitectos han mentido repetidamente a la opinión publica, particularmente en el proceso de creación de una sola moneda, cosa para la que la lógica más elemental sugiere la necesidad de una unificación política previa." ["Ireland's smug, Euro-loving elite has led their country to ruins – 'Little Englanders' saved ours", Ed West, Telegraph.]
La crisis financiera se ha llevado por delante buena parte del simulacro que rodeaba a la UE de los 16 países. Ninguno de ellos sigue ya chachareando sobre el final de las guerras y sobre un presente y un futuro de prosperidad compartida. El foco se ha desplazado hacia la necesidad de que los trabajadores se aprieten el cinturón y hacia la habilitación de paracaídas de oro para banqueros y tenedores de bonos. En otras palabras, las elites están librando la implacable guerra de clases de siempre, sólo que, esta vez, parapetados tras la fachada de la unidad europea. ¿De verdad quiere Irlanda ser parte en esa farsa?
Es hora de que Irlanda abandone la UE y dé plantón al Superestado mal nacido. Debería haberlo hecho hace muchos años.
Mike Whitney. Analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.
Tomado: KAOSENLARED.NET
La mayor traición de Obama: su inminente rendición ante los archirricos y lo que eso significa para el resto
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| Ilustración: Revista Sin Permiso |
Ahora que el presidente Obama está casi celebrando sus renovadas ganas bipartidistas de reeditar los recortes de impuestos a los super-ricos que puso en marcha George Bush hace diez años, es la hora de que los Demócratas se planteen hasta qué punto van a oponerse a una administración que parece más bien algo del estilo Bush-Cheney 3ª Parte. ¿Es esto lo que esperaban de la promesa de Obama de estar por encima de la política de partidos, cuando ahora gobierna en nombre de Wall Street – quien es además el principal contribuyente a las campañas de ambos partidos?
Se trata de un ejemplo de cómo la actual guerra de clases llevada a cabo por sólo una de las partes se ha convertido precisamente en esa ocurrencia de Warren Buffet de que su "bando" está ganando sin que se libre una verdadera lucha. Nadie ha lanzado realmente el guante cuando el presidente y su asesor David Axelrod han soltado un globo sonda las dos últimas semanas, insinuando que los recortes de impuestos de Bush al 2% de los más ricos van a prolongarse "solamente" durante los próximos dos años. A todos los efectos, el eufemismo "durante los próximos dos años" significa en realidad para siempre – o al menos lo suficiente para que los super-ricos tengan tiempo de movilizar los recursos necesarios, y financiar a los Republicanos suficientes, para que éstos una vez elegidos hagan de los recortes algo permanente.
¡Es como si Obama estuviese haciendo campaña para su propia derrota! Gracias en gran parte al rescate de Wall Street de 13 billones de dólares – mientras la deuda de los EEUU seguía creciendo para el resto del "98% más pobre" del país – este agraciado 2% de la población recibe ahora aproximadamente tres cuartos de todos los dividendos que produce la riqueza nacional (entre intereses, rentas y ganancias del capital). Ello es casi el doble de lo que recibían una generación atrás. Y mientras al resto de la población le toca apretarse el cinturón, con montones de hipotecas ejecutándose y gente perdiendo sus viviendas.
Baudelaire bromeaba con que el diablo gana justo en el momento en el que consigue convencer a todo el mundo de que no existe. Las elites financieras de hoy van a ganar la guerra de clases en el momento en que consigan hacer creer al votante que no existe tal guerra – y crea que Obama está tratando de ayudarle, en lugar de conducirle a un señoraje de la deuda a medida que la economía se asienta en una deflación crediticia, como realmente estáhaciendo.
Se trata de la vieja demagogia desvergonzada. Ha llegado el momento en que se deberían acabar las vacaciones fiscales para el sector financiero. Pero Obama va y con su buen rollo pretende convencernos de que "dos años más" nos van a servir para salir de esta crisis crediticia. Pero los planes de los Republicanos son avanzar en el Congreso y en el Senado en 2012 a medida que los votantes iniciales de Obama van optando por quedarse en casa, como hicieron a principios de este mes. Así que "dos años" significa, en términos políticos, para siempre. ¿Por qué votar a un político que promete "cambios" pero luego se trata de una mera exclamación que en realidad sigue con las políticas Bush-Cheney, desde Afganistán e Irak hasta el Wall Street's Democratic Leadership Council del ala derecha de su partido? Después de todo, uno de los líderes de ese Consejo fue precisamente Joe Lieberman, el mentor de Obama en el Senado.
El segundo pretexto es que recortar los impuestos a los ultra ricos es necesario para conseguir el apoyo republicano suficiente para incluir también a la clase media en esos mismos recortes fiscales. Es como si los Demócratas no hubiesen ganado nunca una votación con minoría (uno se acuerda de George W. Bush con su mero 50%, sacando adelante políticas extremistas bajo la lógica de "tengo capital electoral, y voy a usarlo". Lo que tenía, claro, era el apoyo del Democratic Leadership Committee). Y todo ello es para "crear puestos de trabajo", empezando por los empleos de los trabajadores de los astilleros que van a hacer los yates para los nuevos ricos, y terminando con los diez millones de estadounidenses que no consiguen cumplir con los plazos de sus hipotecas. Suena muy keynesiano – o como mínimo reminiscente de Thomas Robert Malthus quien, como vocero de la aristocracia terrateniente inglesa, argumentaba que los propietarios de tierras iban a usar sus rentas para adquirir peones, hacerse construir carros o contratar mayordomos, y así mantener a la economía funcionando.
Pero es aún peor. Los recortes fiscales á la Bush de Obama son sólo la primera parte de un asalto en dos tiempos para desplazar el peso recaudatorio del sistema hacia los asalariados. Los economistas del Congreso estiman que prolongar esos recortes de impuestos al 2% más rico de la población va a costar a la hacienda pública entre 700 y 750 mil millones de dólares a lo largo de aproximadamente los siguientes diez años. "¿Y cómo vamos a salir adelante y recortar esos 700 mil millones?" preguntaba el mismo Obama a Steve Kroft durante su entrevista de la semana pasada en el programa Sesenta Minutos de la CBS.
Era, claro, una pregunta retórica. El presidente ha puesto en marcha una comisión bipartidista (gente del ala derecha de ambos partidos) para "sanar" la situación presupuestaria federal a través de recortes en el gasto social – para así poder pagar aún más rescates financieros a quiénes hundieron la economía. La National Commission on Fiscal Responsibility and Reform (Comisión Nacional para la Responsabilidad y la Reforma Fiscal) podría muy bien llamarse la "Comisión de la Nueva Guerra de Clases para Cargar de Nuevo el Coste de la Seguridad Social y Medicare sobre los Asalariados y así Dejar más Recaudación Fiscal para Regalar a los Super-Ricos". Sin duda un nombre más largo que el que le han puesto sus amiguetes de los medios de comunicación, la Comisión para Reducir el Déficit, pero a veces hacen falta bastantes más palabras para llegar al centro del meollo.
El axioma político que está aquí operando es "el pez grande se come al pequeño". Con la llegada de las vacas flacas no hay ya suficiente recaudación para seguir hinchando las fortunas de los super-ricos y a la vez pretender ahorrar lo suficiente para pagar las pensiones y las ayudas sociales que se les ha prometido tanto a los ciudadanos estadounidenses como a los europeos. Alguien tiene que ceder – y los ricos han demostrado ser lo bastante espabilados como para tomar la iniciativa. Para ver un avance de lo que va a ocurrir en EEUU, fíjense en la lucha de la Europa neoliberal que se ha desencadenado contra la clase media y trabajadora en Grecia, Irlanda o Letonia; o mejor aún, el Chile de Pinochet, donde las cuentas de la seguridad social recién privatizadas fueron rápidamente saqueadas al final de los 70 por una cleptocracia bien asesorada por los Chicago boys, cuyo doble rasero monetarista acaba de abrazar de nuevo Ben Bernanke, la persona que Obama puso al frente de la FED.
En lo que hay que fijarse para poner en perspectiva la bajada de pantalones de Obama es en los consejeros pro-Wall Street de los que se ha rodeado – no solamente Larry Summers, Tim Geithner y Ben Bernanke, sino también al constituir su Comisión para Reducir el Déficit con declarados defensores de los recortes en pensiones, en Medicare y en cualquier otro gasto social. Su jugada consiste en aterrorizar al público pintando una pesadilla de un déficit de 1 billón (con B) de dólares en el sistema de pensiones a lo largo de los siguientes 50 años – como si el Tesoro y la FED no acabasen de soltar 13 billones (también con B) en rescates para Wall Street sin ni siquiera pestañear. El regalo de 750 mil millones del presidente Obama al 2% más rico de la población va a ser el azúcar glasé del enorme pastel que se van a zampar los ricos cuando las cosas empiecen a ponerse feas de verdad para la clase trabajadora.
Para ver las cosas en su conjunto, téngase en mente que el interés pagado sobre la deuda pública (que se cuadruplicó en la era Reagan-Bush y que luego se duplicó de nuevo en el periodo Bush-Obama) va a llegar pronto al billón de dólares anuales. Ello no es más que un impuesto sobre el trabajo – ya que aumenta el coste de la vida y los costes de la actividad económica en general – que se está pagando por haber perdido la lucha por la reforma económica y debido a haber reemplazado un sistema fiscal progresivo por políticas neoliberales regresivas. Y así mientras el gasto militar en Oriente Medio, Asia y otras regiones del planeta es el responsable de la mayor parte del déficit de EEUU, el Congreso va a seguir aprovechando cualquier ocasión para conjurar no sé que nueva amenaza exterior que justifique seguir aumentando el poderío del ejército.
Todo ello material de la peor ciencia económica. Manteniendo un déficit público es como los actuales gobiernos inyectan el crédito y la capacidad adquisitiva necesarios para que las economías crezcan. Cuando los gobiernos disponen de superávit, como ocurrió con Bill Clinton (1993-2000), el crédito lo crean los bancos. Y el problema con el crédito bancario es que gran parte de él se presta, con interés, sobre un principal que es a su vez crédito. El resultado es que tarde o temprano se crean burbujas sobre bienes raíces o sobre los títulos del mercado de valores. Ello genera ganancias de capital – que el sistema impositivo "original" de 1913 trataba como cualquier otra fuente de renta, pero que hoy en día se graban solamente al 15% (y solamente cuando se materializan esas ganancias, lo que es muy raro en el caso de bienes inmuebles). Así que el actual sistema tributario subsidia el crecimiento de las burbujas inmobiliarias o basadas en el exceso de crédito.
La auténtica traición: la posición de la Comisión sobre las deducciones fiscales a los intereses hipotecarios
La Comisión de "Impuestos Regresivos" de Obama ha empezado a preparar el terreno con su propuesta de retirar las deducciones fiscales a las hipotecas de viviendas cuyo precio estaba ya muy encarecido. La propuesta ataca solamente a los propietarios individuales de viviendas – "la clase media" – y no a especuladores inmobiliarios, inversores en bienes raíces, corredores de bolsa u otros agentes del sector bancario o financiero.
El IRS [Internal Revenue Service, la administración tributaria federal en los EEUU;T.] permite que los intereses hipotecarios sean deducibles fiscalmente bajo la premisa de que se trata de un coste necesario para poder desarrollar un negocio. Pero en realidad es un subsidio al apalancamiento financiero (la expansión del crédito partiendo de un principal limitado). Este sesgo fiscal a favor del endeudamiento en lugar de la inversión real (usando los fondos de que dispone uno mismo) es en gran medida el responsable de haber inundado la economía de los EEUU con deuda. Anima al casino financiero con la compra-venta de bonos basura, lo que de hecho aumenta el interés que hay que pagar para hacer negocios. Este subsidio al endeudamiento es también la mayor concesión que ha hecho el gobierno a los bancos, a la vez que está en el origen de la deflación crediticia que ha encerrado a la economía en esta depresión – violando todo precepto clásico a favor del "libre mercado" enunciado a lo largo del siglo XIX (un "libre mercado" significaba libre del parasitismo de los rentistas, encaminándose a lo que Keynes felizmente llamó "la eutanasia del rentista". Sin embargo la Comisión de Obama mantiene a los rentistas en lo más alto del sistema económico mediante un sistema fiscal que refuerza su poder en lugar de limitarlo – mientras se aprieta las tuercas al resto de los agentes económicos que están debajo).
La Tabla 7.11 de las Cuentas Nacionales (NIPA, National Income and Product Accounts) muestra que el interés monetario total pagado en EEUU suma unos 3,24 billones de dólares en 2009. Los propietarios de viviendas pagaron solamente alrededor de 1/6 de dicha cantidad (572 mil millones) por las casas que ocupan. La Comisión de Obama estima que eliminar las deducciones fiscales sobre esos intereses reportaría alrededor de 131 mil millones al Tesoro en 2012.
Hay de hecho una cierta lógica en eliminar estas exenciones. Las deducciones por intereses hipotecarios no suponen un auténtico ahorro a los propietarios. Es una mera ilusión miope. Lo que el gobierno da al "propietario" por un lado, acaba pasando al banquero a través del mecanismo "de mercado" por el cual quienes quieren comprar una casa acaban teniendo que ceder todo margen neto de beneficio al banco si quieren que éste realmente les conceda el préstamo (o al promotor, a la constructora, etc.). El "equilibrio" se alcanza cuando cualquier posible renta neta a la que renuncia hacienda acaba yendo a parar a las manos de los bancos y posteriormente se convierte en futuros préstamos.
Eso significa que lo que en principio parece que sea "ayudar a los propietarios" a poder pagara sus hipotecas, se convierte simplemente en que les permite poder pagar unos intereses bancarios más altos. Esa exención fiscal utiliza pues a los propietarios de viviendas como "mecanismo" para hacer llegar el favoritismo tributario a los bancos.
Y es aún peor. Al quitar el tradicional impuesto sobre bienes raíces, los gobiernos estatales, locales y el federal necesitan subir la fiscalidad del trabajo y de la industria, transformando el impuesto sobre la propiedad en impuestos sobre la renta o sobre el consumo. Para los bancos, ello implica transmutar recaudación fiscal en oro – es decir, en interés. Y para la clase media de propietarios de viviendas, ahora tienen que pagar el antiguo impuesto de la propiedad a los bancos en forma de intereses, pero además pagar también la mayor imposición sobre la renta y el consumo que es necesaria para contrarrestar la menor recaudación fiscal.
Yo estoy de acuerdo en eliminar el favoritismo tributario para el endeudamiento hipotecario. El problema es que la Comisión para el Déficit no lo hace extensivo al resto de la economía: el sector corporativo de bienes raíces y el sector empresarial e inversor en general.
Y de nuevo el argumento vuelve a ser que "los ricos crean empleo". Al fin y al cabo, alguien tiene que construir los yates. Pero lo que queda atrás es un principio más fundamental: la desigualdad de renta y riqueza destruye puestos de trabajo. Ello es así porqué los muy ricos alcanzan pronto un límite sobre lo que pueden llegar a consumir. Y ahí empiezan a gastar su dinero comprando activos financieros – básicamente bonos, lo que acaba endeudando a la economía. Ese exceso de deuda es lo que está llevando a la economía hacia una depresión cada vez más profunda.
Desde los años 80, los corredores de bolsa han estado endeudándose con bonos basura de alto interés para lanzarse sobre empresas con problemas y ganar dinero desmantelando sus activos, recortando las inversiones a largo plazo y el I+D, y repagando a sus acreedores con créditos depreciados. Compañías que operan como parásitos financieros utilizan los ingresos comerciales normales para recomprarse sus propias acciones y así mantener el precio de cotización de las mismas – y de paso, el valor de las stock options que los altos ejecutivos se pagan a si mismos – endeudándose todavía más para seguir recomprando acciones propias o directamente para pagar dividendos. Cuando todo el proceso llega a su fin, amenazan a la plantilla con el riesgo de una quiebra que se llevará por delante sus fondos de pensiones si no se avienen a "reducir" sus demandas laborales, y reemplazar planes de jubilación en base a beneficios por planes en base a contribuciones (en los que lo único que saben los trabajadores es cuanto pagan cada mes, pero no lo que van a recibir una vez se jubilen). Llegados a este punto, los altos ejecutivos se han pagado a sí mismos unos salarios y unas primas de escándalo, y hecho efectivas sus stock options – todo ello subsidiado por el trato de favor fiscal que el gobierno confiere al endeudamiento.
Los intentos de asalto a McDonalds y otras empresas durante los últimos años ofrecen importantes lecciones sobre cómo funciona esta política de destrucción financiera mediante "activistas bursátiles". Y sin embargo la Comisión para Reducir el Déficit de Obama restringe la supresión de estas exenciones fiscales al endeudamiento solamente a la clase media propietaria, ignorando el resto del sector financiero implicado. Y lo que hace de esta situación algo particularmente absurdo es que dos tercios de los propietarios de vivienda ni siquiera se acogen a esas deducciones. Lo que deja de ingresar hacienda por esas deducciones proviene principalmente del sector de la gran inversión.
Si es correcto (y yo creo que lo es) el razonamiento de que permitir que los intereses sean deducibles fiscalmente solamente "libera" recaudación para que se transforme en mayores intereses pagados a los bancos – que luego se capitalizan en forma de préstamos aún mayores – entonces, ¿porqué no aplicar todavía con más énfasis esa supresión de las deducciones a los Donald Trumps y otros grandes inversores en vivienda que operan tratando de usar "el dinero de otra gente" en lugar del suyo? En la práctica, ese "dinero" resulta que es crédito bancario que actualmente les cuesta a los propios bancos menos de un 1% de interés. El sistema fiscal-financiero está desviando los recursos de las inversiones comerciales en bienes raíces, aumentando de paso el precio de los alquileres, de las viviendas y a la larga de toda la actividad empresarial en la industria y la agricultura.
Por desgracia, la administración Obama ha dado su apoyo a la política de Geithner-Bernanke basada en que "la economía" no puede recuperarse sin "salvar" al exceso de deuda. Pero la realidad es que el exceso de deuda es el que está destruyendo a la economía. Así que estamos ante el hecho irreconciliable de que la posición adoptada por Obama amenaza con reducir los estándares de vida entre un 10 y un 20% durante los próximos años – haciendo que los EEUU se parezcan más a Grecia, Irlanda o Letonia que no a lo que se prometió en las pasadas elecciones presidenciales.
Algo debe hacerse políticamente si se quiere que la economía cambie su curso. Más en concreto, lo que debe cambiar es el actual favoritismo a Wall Street a expensas del resto de la economía productiva. Lo que ha hecho que la economía estadounidense perdiese competitividad es principalmente el grado en que el servicio de la deuda ha ido erosionando el coste de la vida y la capacidad para hacer negocios. La "economía basura" de la era post-clásica considera el interés y las primas como precios que se pagan por el "servicio" de ofrecer crédito. Pero el interés (como las rentas sobre la propiedad o la extracción de beneficios monopolísticos) es una transferencia de recursos a los bancos por el mero privilegio que tienen de poder emitir crédito. Quienes se benefician del favoritismo tributario con el endeudamiento son los archirricos de lo más alto de la pirámide económica – el 2% al que la renuncia fiscal de Obama va a beneficiar con otros 700 mil millones de dólares.
Si el actual curso de las "reformas" fiscales no se revierte, Obama estará enseñando sus dientes de cocodrilo a la clase media cuando apoye el programa de la Comisión para Reducir el Déficit, basado en recortes en la Seguridad Social para evitar que los estados y los municipios no puedan hacer frente a los pagos de las pensiones. Todavía parece que 1/3 del total de bienes raíces de los EEUU se encuentra en una situación de quiebra contable, minando seriamente la recaudación fiscal estatal y local, forzando una situación en la que haya que elegir entre la quiebra, el impago de la deuda, o cargar las pérdidas a las espaldas de los asalariados, pero eso sí sacándoles las castañas del fuego a los ricos acreedores que son precisamente los responsables de haber inundado la economía con deuda.
Los críticos con la agenda económica de Obama-Bush insisten en que la Edad Dorada de América de finales del siglo XIX fue de hecho una era de polarización económica y guerra de clases. En ese momento el líder Demócrata William Jennings Bryan acusó a Wall Street y a los acreedores del este de crucificar a la economía estadounidense en una cruz de oro. La vuelta del precio del oro a su valor de antes de la Guerra Civil llevó a una guerra financiera que tomó la forma de una deflación crediticia, a medida que la caída de los precios y las rentas de agricultores y asalariados impidió que éstos pudiesen hacer frente a sus cada vez más caras hipotecas. La Ley de Impuestos sobre la Renta de 1913 trataba de rectificar esto, concentrando el esfuerzo fiscal en el 1% más rico de la población – los únicos que estaban obligados a hacer declaración de la renta y pagar impuestos. Las ganancias de capital se trataban como cualquier otra. De ese modo la mayor parte de la carga fiscal recaía sobre el sector de las finanzas, los seguros y los bienes raíces [FIRE sector, por sus siglas en inglés para Finance, Insurance and Real Estate; T.].
Pero los intereses privados han estado todo un siglo batallando en contra. Y ahora tienen la victoria al alcance de la mano, perpetuando los recortes fiscales de Bush al 2% más rico de la población, desactivando la imposición estatal sobre la riqueza, trasladando la presión fiscal sobre la propiedad hacia la renta del trabajo y el consumo, y atacando cualquier gasto público que no sea para rescates financieros y subsidios a la emergente oligarquía financiera en que se ha convertido el nuevo "bipartidismo" de Obama.
Lo que necesitamos es una Comisión para el Futuro que nos anticipe lo que van a hacer los ricos ahora que habrán logrado la victoria total. Tal como la están administrando Obama y los altos cargos designados por él como Tim Geithner y Ben Bernanke, su actual política es fiscal y financieramente insostenible. Mantener los incentivos fiscales al endeudamiento – para que la mayoría de la población acabe endeudada frente a los ricos, para quienes además desaparece virtualmente toda imposición – es sencillamente debilitar a la economía. Ello llevará a crisis financieras cada vez peores, que los asalariados no puedan hacer frente a sus pagos y que los estados, los municipios e incluso el gobierno federal entren en riesgo de quiebra fiscal. Los siguientes presidentes tendrán que poner en marcha más rescates financieros, usando cada vez más estrategias parecidas a las de las emergencias militares. Una guerra financiera requiere que el Congreso actúe de emergencia, como ocurrió en 2008-09. Los asesores de Obama están transformando la economía de EEUU en un Permanente Estado de Sitio, un Juego de Ponzi Perpetuo que va a requerir más y más inyecciones de Facilidades de Crédito para "rescatar" a la economía (el eufemismo que usa Obama para hablar de los acreedores en la cima de la pirámide económica) del peligro de caer en la insolvencia. El helicóptero de Bernanke sólo vuela sobre Wall Street. Su auxilio monetario no alcanza al resto de la población.
Michael Hudson
Tomado: Revista Sin Permiso
Michael Hudson trabajó como economista en Wall Street y actualmente es Distinguished Professor en la University of Misoury, Kansas City, y presidente del Institute for the Study of Long-Term Economic Trends (ISLET). Su dedicación a los problemas de las economías postsoviéticas, y especialmente la letona, le ha llevado a ser comisionado recientemente, por parte de la coalición de izquierda letona Centro de la Armonía, como economista jefe de la Reform Task Force Latvia, un think tank encargado de elaborar una política económica alternativa para ese país báltico. Es autor de varios libros, entre los que destacan: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva ed., Pluto Press, 2003) y Trade, Development and Foreign Debt: How Trade and Development Concentrate Economic Power in the Hands of Dominant Nations (ISLET, 2009).
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15 nov 2010
Colosal olla de grillos
En eso se ha convertido la reunión del G-20 iniciada ayer en Seúl, capital de la República de Corea.
¿Qué es el G-20?, se preguntarán muchos lectores saturados de siglas. Un engendro más del poderoso imperio y sus aliados más ricos que crearon el G-7: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá. Más adelante decidieron admitir a Rusia en el club que se llamó entonces G-8.
Con posterioridad se dignaron admitir a 5 importantes países emergentes: China, India, Brasil, México y Sudáfrica. El grupo se incrementó después con la admisión de varios países de la OCDE, otra sigla, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico: Australia, República de Corea y Turquía. Al grupo añadieron Arabia Saudita, Argentina e Indonesia, y sumaron 19. El vigésimo miembro del G-20 fue nada menos que la Unión Europea. Un país, España, ostenta desde este año 2010 la singular denominación de “invitado permanente”.
Otra importante reunión de alto nivel internacional tiene lugar casi simultáneamente en Japón, la de APEC. Si los pacientes lectores suman al grupo anterior los siguientes países: Malasia, Brunei, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia, Hong Kong, Taipei de China, Papúa-Nueva Guinea, Chile, Perú y Vietnam; con importantes intercambios comerciales y todos bañados por las aguas del Pacífico, tienen lo que se llama APEC: Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, el rompecabezas completo. Les faltaría solo el mapa; una laptop lo puede suministrar perfectamente.
En tales eventos internacionales se discuten los aspectos fundamentales de la economía y las finanzas del mundo. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, con poder decisivo en los asuntos financieros, tienen su dueño: Estados Unidos.
Es importante recordar que al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la industria y la agricultura de Estados Unidos estaban intactas; las de Europa Occidental, totalmente destruidas salvo excepciones como Suiza y Suecia; la URSS, materialmente arrasada y enormes pérdidas humanas que rebasaban los 25 millones de personas; Japón vencido, arruinado y ocupado. Alrededor del 80% de las reservas en oro del mundo habían pasado a Estados Unidos.
Entre el 1º y el 22 de julio de 1944, en un aislado aunque amplio y confortable hotel de Bretton Woods, pequeña localidad del estado de New Hampshire al noreste de Estados Unidos, se produjo la Conferencia Monetaria y Financiera de la recién creada Organización de Naciones Unidas.
Estados Unidos obtuvo el excepcional privilegio de convertir su papel moneda en divisa internacional, convertible en oro a la tasa fija de 35 dólares la onza Troy. Como la inmensa mayoría de los países depositan sus reservas de divisa en los propios bancos de Estados Unidos, lo cual equivale a un considerable préstamo al país más rico del mundo, la convertibilidad al menos establecía un tope a la impresión sin límites de papel moneda. Y al menos significaba una garantía para el valor de las reservas de los países depositadas en sus bancos.
Partiendo de ese enorme privilegio, y en tanto la emisión de billetes tenía el limitante de su convertibilidad en oro, el poderoso país acrecentaba su control sobre las riquezas del planeta.
Las aventuras militares de Estados Unidos en alianza con las antiguas potencias coloniales, en especial el Reino Unido, Francia, España, Bélgica, Holanda y la recién creada Alemania Occidental, lo condujeron a guerras y aventuras militares que pusieron en crisis el sistema monetario nacido en Bretton Woods.
En la época de la guerra genocida contra Vietnam, país en el que Estados Unidos estuvo a punto de emplear las armas nucleares, el Presidente norteamericano tomó la desvergonzada decisión unilateral de suspender la convertibilidad del dólar. Desde entonces la emisión del papel moneda no tuvo límites. De tal forma abusó de ese privilegio que el valor de la onza Troy de oro pasó de 35 dólares a cifras que han rebasado ya los 1 400 dólares, es decir, no menos de 40 veces el valor que mantuvo durante 27 años, hasta 1971 en que Richard Nixon adoptó la funesta decisión.
Lo peor de la actual crisis económica que hoy golpea a la sociedad norteamericana es que las medidas anti crisis de otros momentos de la historia del sistema capitalista imperialista de Estados Unidos no han logrado reanudar su marcha normal. Sumido en una deuda del Estado que se aproxima a los 14 millones de millones, es decir, tanto como el PIB de Estados Unidos, el déficit fiscal se mantiene; los enormes gastos para salvar los bancos y la reducción casi a cero de las tasas de interés apenas reducen por debajo de 10% el nivel de desempleo, ni el número de familias cuyas viviendas están siendo rematadas. Crecen los gigantescos presupuestos destinados a la defensa que superan a los del resto del mundo, y más grave todavía: los destinados a la guerra.
El Presidente de Estados Unidos, electo hace apenas dos años por uno de los partidos tradicionales, ha sufrido la mayor derrota que se recuerda en los últimos tres cuartos de siglo. En tal reacción se mezclan la frustración y el racismo.
El economista y escritor norteamericano William K. Black estampó una frase memorable: “La mejor forma de robar a un banco es ser su dueño”. Los sectores más reaccionarios de Estados Unidos se afilan los dientes haciendo suya una idea que sería la antítesis de la de los bolcheviques en octubre de 1917: “Todo el poder para la extrema derecha de Estados Unidos”.
Al parecer, el Gobierno de Estados Unidos con sus medidas tradicionales anti crisis, acudió a otra decisión desesperada: la Reserva Federal anunció que compraría 600 mil millones de dólares norteamericanos antes de la reunión del G-20.
El miércoles 10 de noviembre, una de las más importantes agencias de prensa de Estados Unidos informó: “El presidente Barack Obama llegó a Corea del Sur para participar en reuniones de los 20 principales poderes económicos del mundo.
“Las tensiones sobre políticas monetarias e intereses comerciales se han hecho notar antes de la cumbre del Grupo de los 20. El ambiente ha quedado caldeado debido a una decisión de Estados Unidos de inundar su débil economía con 600.000 millones de dólares en efectivo. La maniobra ha enfurecido a líderes de alrededor del mundo.
“Obama, sin embargo, ha defendido la medida tomada por la Reserva Federal.”
La misma agencia comunicó a la opinión mundial el 11 de noviembre:
“Un fuerte sentimiento de pesimismo envolvió el inicio de una cumbre económica de los principales países ricos y en desarrollo el jueves, a la que arribaron los líderes mundiales profundamente divididos sobre sus políticas monetarias y comerciales.
“Fundado en 1999 y elevado a nivel de cumbre hace dos años, el Grupo de los 20 (G-20, un foro que abarca a países desarrollados como Estados Unidos y Alemania, al igual que a gigantes emergentes como China y Brasil) se ha convertido en la pieza central de los esfuerzos gubernamentales para reactivar la economía global y evitar otro colapso financiero mundial…”
“Un fracaso de la Cumbre de Seúl tendría consecuencias graves. El riesgo es que los países procuren mantener sus divisas artificialmente bajas para darles a sus exportaciones una ventaja competitiva en los mercados mundiales y eso llevaría a una destructiva guerra comercial.
“Además, los países se verían tentados a colocar aranceles a las importaciones, una repetición de las políticas que agravaron la Gran Depresión de la década de 1930.”
“Algunos países, como por ejemplo Estados Unidos, creen que la prioridad máxima es presionar a China para que permita la reevaluación de su moneda frente a otras divisas, de modo que se reduzcan los enormes superávit comerciales del gigante asiático con Washington al encarecer las exportaciones chinas y abaratar las importaciones estadounidenses.
“Otros países están furiosos por los planes de la Reserva Federal estadounidense de inyectar 600.000 millones de dólares frescos a la débil economía del país. Ven esa acción como una medida egoísta para llenar los mercados con dólares, disminuyendo así el valor del billete verde y dándoles a los exportadores estadounidenses una ventaja de precios injusta.
“Los países del G-20 [...] encuentran poco terreno común en el tema más molesto: qué se puede hacer con una economía mundial que depende de los enormes déficit comerciales de Estados Unidos con China, Alemania y Japón.”
“El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió el jueves que el mundo iría a la bancarrota si los países ricos recortan su consumo y tratan de obtener prosperidad sólo en base a las exportaciones.”
“‘Si los países más ricos no están consumiendo y todos quieren propagar su economía con base en las exportaciones, el mundo irá a la quiebra porque no existe alguien que compre. Todo el mundo quiere vender’…”
“La cumbre comenzó con cierto pesimismo para Obama y el presidente surcoreano, Li Myung-bak, cuyos ministros no lograron llegar a un acuerdo sobre un tratado de libre de comercio, estancado desde hace tiempo y del que había esperanzas para que se resolviera esta semana.”
“Los mandatarios del G-20 se reunieron el jueves por la noche en el Museo Nacional de Corea en Seúl para la cena que marcó el inicio oficial de la cumbre.”
“En las calles aledañas, varios miles de manifestantes protestaron contra el G-20 y el gobierno de Corea del Sur.”
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| Protestas en Seul |
Como es de suponer el mundo no está constituido solo por 32 países en total que integran el G-20 o solo la APEC. Los 187 que votaron a favor de eliminar el bloqueo a Cuba frente a los dos que votaron por mantenerlo y los tres que se abstuvieron, suman 192. Para 160 de ellos no existe tribuna alguna donde hablar una palabra sobre el saqueo imperial de sus recursos y sus urgentes necesidades económicas. En Seúl la Organización de Naciones Unidas ni siquiera existe. ¿Esa benemérita institución no dirá siquiera una palabra?
En estos mismos días llegaron noticias verdaderamente dramáticas de Haití -donde un sismo mató en cuestión de minutos alrededor de 250 mil personas en enero de este año- a través de agencias europeas de noticias:
“Las autoridades haitianas advierten de la rapidez con que la epidemia de cólera se está extendiendo por la ciudad de Gonaives, en el norte de la isla. El alcalde de esta localidad costera, Pierreleus Saint-Justin, asegura haber enterrado personalmente a 31 personas el martes, a la espera de dar sepultura a otros 15 cadáveres.
“‘Otros podrían estar muriendo mientras hablamos’, ha declarado. [...] desde el 5 de noviembre se han inhumado 70 cuerpos solo en el núcleo urbano de Gonaives, pero ‘hay más gente que murió en áreas rurales’ cercanas a la ciudad.”
“…la situación ‘se está volviendo catastrófica’ en Gonaives [...] las inundaciones causadas por el huracán ‘Tomás’ pueden hacer que empeore la situación.”
“Las autoridades sanitarias de Haití elevaron el miércoles a 643 el balance de víctimas por la enfermedad en todo el país hasta el 8 de noviembre. El número de contagiados de cólera en el mismo período es de 9 971. Las emisoras de radio informan de que las cifras que se darán a conocer el viernes podrían hablar de incluso más de 700 muertos.”
“…el Gobierno afirma ahora que la enfermedad está incidiendo gravemente en la población de Puerto Príncipe y amenaza los suburbios de la capital, donde más de un millón de personas continúan viviendo en tiendas de campaña desde el terremoto del 12 de enero.”
Hoy los despachos cablegráficos hablaban de 796 muertos y 12 303 personas afectadas.
Más de 3 millones de habitantes están amenazados, muchos de ellos viviendo en tiendas de campaña y en las ruinas que dejó el terremoto, sin agua potable.
La principal agencia norteamericana informó ayer:
“La primera parte del Fondo Estadounidense de Reconstrucción para Haití está en camino, más de siete meses después de haber sido prometido para ayudar a la reconstrucción del país luego del devastador terremoto de enero.”
“…transferirá en los próximos días 120 millones de dólares -aproximadamente una décima parte de la cantidad total prometida- al Fondo de Reconstrucción de Haití manejado por el Banco Mundial, dijo P. J. Crowley, vocero del Departamento de Estado.”
“Un asistente del Departamento de Estado dijo que el dinero destinado al fondo será utilizado en retiro de escombros, vivienda, crédito, apoyo al plan de reforma educativa del Banco Interamericano de Desarrollo y para apoyar el presupuesto del gobierno haitiano.”
De la epidemia de cólera, una enfermedad que ya afectó durante años a muchos países de Suramérica, y puede extenderse por el Caribe y otras partes de nuestro hemisferio, no se dice una palabra.
Fidel Castro Ruz
CubaDebate
Tomado: Rebelión
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