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11 mar 2012
Panorama desde la cornisa
Sentado sobre un barril nuclear (ya no sobre un “barril de pólvora” según solía decirse en tiempos de menor poder destructivo), nada asegura que exista en el mapa mundial un solo centro de poder con deseos y capacidad de actuar racionalmente. La situación de Estados Unidos es conocida. Atacado por su persistente “complejo de Ahab” está dispuesto –como el personaje de Melville– a perseguir hasta el más remoto lugar del mundo a sus odiados enemigos, por sus medios o por medio de sus aliados, tan entregados a la locura de una lucha “decisiva” o “final” como ellos. “Melville conocía bien a su país y a sus compatriotas. Y a través del capitán Ahab que persigue sin piedad a la ballena blanca hasta los confines más alejados del Pacífico Sur y los mares asiáticos, retrató el modo en que los estadounidenses experimentaban el imperio” (Thomas Bender, Historia de los Estados Unidos, Siglo XXI, Buenos Aires, 2011, p. 199/200. Edición impecablemente cosida. El profesional de las ideas puede dejarla sobre su escritorio y no se cierra. Puede abrirla hasta donde lo necesite y no se rompe. Puede ponerle un pisapapeles de cuero con pesas en cada extremo y será sólo para asegurarse, nunca desesperadamente necesario). Si Ahab perseguía a la ballena por venganza, porque le había devorado una pierna infligiéndole una humillación que no podía perdonar y cuyo precio era la vida de quien la había provocado, Moby Dick, la “ballena blanca”, “el imperio estadounidense muchas veces ha obrado motivado por una irrefutable motivación por la seguridad” (Ob. cit., p. 200. De la novela de Melville y su compleja simbología –¡de la que Melville abominaba!– nos ocuparemos próximamente. El tema es tan hondo que merece un tratamiento autónomo). Dentro del mapa actual del mundo, Estados Unidos –en su núcleo más profundo– actúa porque busca en todas partes lo que necesita y porque (he aquí la causa más compleja de su núcleo destructivo y autodestructivo) cree que debe defenderse del “mundo” para vivir seguro. El modo que ha encontrado para hacerlo es apropiarse de él. Resultado de esta certeza es su pathos expansionista, la concepción de un imperio que debe estar materialmente en todas partes. Los británicos (que no tenían esa neurosis) se daban el lujo de tener colonias “libres”. “Que tengan su bandera, su Himno, sus héroes, lo que quieran. Pero que hagan negocios sólo con nosotros y que produzcan lo que nosotros necesitemos. Siempre materias primas. El ‘taller del mundo’ queda en nuestras manos”, se escuchó decir varias veces en el Parlamento británico, en las voces de sus pomposos representantes: Disraeli, Gladstone, Cobden y otros. El imperio norteamericano tiene dos aliados incondicionales: Gran Bretaña e Israel. Y va creando otros. En nuestro continente, Colombia. Y ha demonizado a Venezuela. Porque América latina no vive la siesta a-histórica que muchos creen. Es cierto que no tenemos guerras por aquí, pero no nos hemos caído del mundo. Argentina tiene conflictos más serios, más dramáticos que los subtes de Macri. Hay algo que late detrás de ese conflicto porque hay algo que late detrás de Macri y de quienes lo apoyan. Hay algo que se agita detrás de la llamada “oposición” a la que se cree tan incapaz y posiblemente lo sea, pero no lo es el monstruo que digitará las acciones si llegan a producirse. No hay que ser inteligente para obedecer, hay que serlo para crear. Cristina Fernández tiene que crear porque –hay que decirlo– está fuera de los planes del mapa mundial que Estados Unidos busca. Acaso no se note en las fotos y en los gestos que la diplomacia (que es el arte de mentir con elegancia hasta quitarse la careta y mostrar la verdadera cara, tarea que ya no corresponde a los diplomáticos), pero Argentina está entre el Mal y un Bien poco confiable para la binaria concepción del mundo de los norteamericanos.
“El Departamento de Estado (escribe Matías Ruiz en el Instituto de americano de servicios de información prioritaria, bajo la figura de un águila temible, furiosa) “se ha ocupado especialmente de comprometer apoyos de cara a lo que podría suceder en Oriente Medio, y no resulta extraño que mucha de esa presión comience a tener lugar en América latina. Ahmadinejad administra el factor tiempo en su favor, aunque hoy comprende a la perfección que el tiempo invertido en la Venezuela de Hugo Chávez para utilizar a aquella nación como punto de triangulación nuclear se ha esfumado. Irán no dispone ya de los años necesarios para contar con el aporte tecnológico que podían proveerle ingenieros argentinos vía Caracas –con luz verde desde la Administración Fernández de Kirchner–”. Aquí estamos: en el ojo de la tormenta. En el ojo del águila. Sólo hay que agregarle la Triple Frontera, la IV Flota que siempre anda cerca y la cuasi invasión a Malvinas por parte de los ingleses. Ese no fue un gesto desmedido. Lo del principito menos aún. Queda claro que tuvo por finalidad recordar a “ese país” del lejano Sur la figura triunfal del “otro” principito, del que coronó una victoria. Qué hará o qué ya hizo Inglaterra en Malvinas no lo sabemos. Pero lo que sea que haya hecho, lo hizo acordando con los planes norteamericanos de “seguridad mundial”. Y esos planes pasan siempre por la agresividad nuclear, superioridad en la que basa el imperio su poder de amedrentamiento sobre sus enemigos. Los “enemigos” de Estados Unidos no deben tener poder nuclear. Quien lo tenga, quien busque tenerlo ingresa en el ya muy abarcante Eje del Mal. Que ya no es un eje. Es un círculo tan redondo como la vastedad de la Tierra. Hay que añadir a los elementos que nos hacen “peligrosos” al establishment la abominada línea estatal venezolana Conviasa, cuyas buenas relaciones con el Aeropuerto Pistarini, lejos de serenar, alteran malamente los nervios del imperio. Seamos claros, ése es el establishment. Ese, el verdadero poder. El que quiere convertirnos en otra cosa de lo que duramente hemos llegado a ser. Que será mucho o poco, pero no es lo que ellos quieren.
José Pablo Feinmann
Tomado: Página 12.com.ar
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21 may 2010
La izquierda se compra muy barata
...estamos hablando del 85 o 90% de la izquierda, de intelectuales que compran con estas invitaciones a conferencias, inauguraciones presidenciales sobre el clima y lo que sea...
Comentarios para CX36 Radio Centenario del sociólogo norteamericano, Prof. James Petras desde Estados Unidos. Lunes 17 de mayo de 2010
“esta situación sigue siendo así pero la izquierda perversa -y digo izquierda perversa porque estamos hablando del 85 o 90% de la izquierda, de intelectuales que compran con estas invitaciones a conferencias, inauguraciones presidenciales sobre el clima y lo que sea, la izquierda se compra muy barata y escribe cosas que circulan, hablando de todo menos de las políticas desiguales que están desarrollando estos gobiernos”
Chury: Oyentes estamos ingresando al panorama internacional y como todos los lunes nos aprestamos a darle los buenos días y la bienvenida a James Petras allí en Estados Unidos.
Petras bienvenido, ¿cómo estás?
Petras: Aquí estamos muy bien, por fin creo que la primavera está tocándonos aquí con unos buenos días de sol y más o menos un tiempo potable de 20, 21 grados. Por esta razón me siento muy contento
Chury: Muy bien. Y aquí también como que la estación anterior no nos quiere olvidar y nos está dando unos días bastante agradables en mayo con unas temperaturas que andan en los 18 y 20 grados, casi que estamos igualando.
Petras, en materia de temas creo que hay muchos en este momento.
¿Cuáles están ocupando tu atención para tus trabajos cotidianos que realizas?.
Petras: Varias cosas. Primero, tenemos el tema del acuerdo con Irán, Turquía y Brasil para arreglar el enriquecimiento de uranio que va a desplazar este esfuerzo de Estados Unidos de imponer sanciones contra Irán. Eso como un tema que podríamos discutir; segundo la confrontación en Tailandia donde los camisas rojas, que representan a los pobres, están confrontando con un gobierno de la derecha y tercer tema que estoy mirando otra vez es el asunto del derrumbe del pozo de petróleo en el Golfo y cómo debemos evaluar estas cosas. Finalmente, un repensamiento de los regímenes en América Latina sobre los últimos cinco años.
Chury: Muy interesante todo eso. Si quieres, arrancamos por el tema de América Latina y después vamos tocando los otros.
Petras:Bueno, en este caso primero quiero anotar varias cosas.
Primero, que no hemos visto ningún gran cambio en los últimos cinco años, un período de estabilidad relativa en relación con lo que típicamente uno piensa en América Latina. Hay un crecimiento con algunas variaciones bastante dinámico, tenemos una estabilidad social relativamente, ningún golpe, ninguna revolución, con excepción de Honduras que es la excepción de lo cotidiano.
Y tenemos que analizar por qué estos cinco o seis años tenemos esta configuración de estabilidad, crecimiento y alternancia entre partidos.
Y yo creo que en primer instancia está el factor externo que son los precios favorables en los mercados mundiales. Segundo, la pérdida de influencia norteamericana en la región por su desplazamiento económico y por las guerras. Y tercero, creo que la dinámica tiene que ver con la política que han adoptado los gobiernos.
Hay mucha gente que ha utilizado varias frases; por ejemplo, hablan de gobiernos de centro-izquierda; hablan de gobiernos progresistas, hablan de gobiernos que han tomado posiciones de independencia.
Pero si uno analiza más allá de las diferencias que hay entre los orígenes indígenas en Bolivia, de trabajadores sindicalistas en Brasil, Kirchner que en su juventud tenía alguna simpatía con los guerrilleros, montoneros, lo que sea, todos estos gobiernos en su conjunto, han adoptado políticas desarrollistas. Y hablan de regímenes que podíamos llamar pos neoliberal. ¿Y qué significa pos neoliberal? Significa que por un lado no rechazan el capitalismo, sólo rechazan una variante del capitalismo, de un capitalismo que tenía como su eje el sector financiero banquero especulativo y ahora este pos neoliberalismo realmente es una variante del capitalismo con enfoques sobre los sectores agro minerales y algunos otros servicios, más orientados al exterior.
Y segundo, es un régimen al que no le importa la composición del capital, si es extranjero o nacional; lo que les interesa es maximizar las inversiones que vienen. De dónde vienen etc. no les importa. En este sentido simplemente quieren, -l meta principal no es el mejoramiento social, bajar la pobreza, etc.- sino que la principal preocupación es ver cómo pueden maximizar el crecimiento, cómo maximizar las inversiones. Y para eso tienen que controlar a los movimientos sociales y los sindicatos para que no perjudiquen las tasas de ganancias y a las empresas que buscan invertir en el país.
En ese sentido tenemos una estabilidad pero con todas las elites de poder presentes ahora funcionando dentro de un marco político que limita la corrupción, limita el pillaje pero que en relación con los grandes temas de la propiedad, de desigualdad, de reforma agraria, está totalmente marginada. Lo que interesa es cuántos capitales podemos atraer, qué tasa de crecimiento podemos alcanzar... Si en el proceso de buscar estas metas principales estratégicas, tratas con multinacionales o tratas con el comercio de China, todo está dirigido a los grupos de poder que pueden convertir las políticas públicas en un crecimiento.
Y por esa razón tenemos ahora emergentes algunos conflictos; por ejemplo hay huelgas fuertes de obreros fabriles,maestros y trabajadores de la salud en Bolivia en estos momentos. Y los regímenes cuando responden a estas protestas y críticas, son muy duros. Por ejemplo el señor García Linera llama a los obreros agentes de la embajada; Lula dice de los trabajadores públicos que buscan aumentar el salario en algo más que lo fijado por el decreto del gobierno, dice "hay que poner mano dura y deducir de los salarios los días de huelga". Castigos bastante duros. Y lo mismo en Ecuador donde hay acuerdos entre Correa y las empresas mineras y hay conflictos con los indígenas a los que Correa llama "delincuentes".
Este lenguaje duro cuando por un lado tenés la imagen del
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14 may 2010
La expansión de la UE en América Latina y el Caribe.
La expansión de las políticas neoliberales durante la última década ha traído consigo un crecimiento sin igual de las desigualdades sociales. Enric Rodrigo analiza las políticas neoliberales de la UE en América Latina y el Caribe.
Las privatizaciones de los servicios públicos, la desregulación del mercado laboral y la reducción del gasto público han supuesto un importante retroceso en las condiciones de vida para la mayoría de habitantes del planeta y enormes ganancias para un puñado de empresas transnacionales.
En este proceso la Unión Europea (UE) ha jugado un rol esencial tanto en su interior como más allá de sus fronteras. A nivel interno, Irlanda representa un caso paradigmático. Durante muchos años el crecimiento de la economía irlandesa ha generado grandes beneficios. Sin embargo, este proceso ha provocado un notable incremento del número de horas trabajadas por persona al mismo tiempo que aumentaban la temporalidad y el paro. Este ejemplo es extrapolable a muchos otros países de la UE, entre ellos el Estado español.
Ante la actual crisis global, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento aprobado por el Consejo Europeo representa un nuevo ataque a los más desfavorecidos. Mientras unánimemente los Estados miembros corrieron a rescatar los bancos con dinero público, en la nueva Estrategia 2020, la UE se ha declarado no competente para rescatar a los más de 20 millones de ciudadanos que viven bajo el umbral de la pobreza en Europa.
A nivel externo, la UE ha exportado este modelo neoliberal. La UE es, junto a Estados Unidos (EEUU), la principal impulsora de negociaciones multilaterales para la liberalización del comercio y los servicios en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Como se afirma en los Tratados de Maastricht (1994) y Lisboa (2009) sus objetivos pasan por “fomentar la integración de todos los países en la economía mundial, incluyendo la supresión progresiva de los obstáculos al comercio internacional”. Con esta declaración de intenciones, y los hechos consumados en los últimos años, la UE se destapa como instrumento político del gran capital europeo.
Su política comercial busca constantemente garantizar el acceso a nuevos y provechosos mercados para las empresas transnacionales europeas. Más allá de los organismos internacionales como la OMC, los intereses económicos de la UE se extienden también a otro nivel a través de sus propios acuerdos bilaterales con otros países y regiones del planeta. Estos acuerdos tienen especial fuerza en América Latina y el Caribe (ALC) donde la UE es ya el principal inversor y su segundo socio comercial.
Dominar el gran mercado latinoamericano, estimado en 628 millones de personas para 2015, y acceder a él sin restricciones es un objetivo estratégico prioritario. Con motivo de la presidencia española de la UE, Madrid acogerá entre el 15 y el 19 de Mayo una nueva cumbre birregional entre la UE y ALC . Las propuestas europeas para continuar extendiendo su liderazgo comercial en la región estarán en primer plano. Pero ¿qué implicaciones tiene ese mal llamado liderazgo comercial?
Más neoliberalismo, más sometimiento
Una obsesión permanente ha recorrido la UE desde que puso en marcha sus primeros acuerdos comerciales en ALC: distanciarse de las prácticas comerciales de EEUU para mostrarse como una alternativa a la hegemonía estadounidense.
Mientras las distintas administraciones estadounidenses han apostado abiertamente por los tratados de libre comercio, como el Área de Libre Comercio de las Américas, la UE ha encubierto tratados similares con frases pomposas que hablaban de cooperación, ayuda al desarrollo e integración regional. Pero existe una gran distancia entre los discursos solidarios que lanza la UE y sus prácticas reales.
Los primeros Acuerdos de Asociación -así se llaman los acuerdos comerciales firmados por la UE- se firmaron con México (2000) y Chile (2002). El tercero debió ser con MERCOSUR (Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil y Venezuela), pero las negociaciones están bloqueadas desde 2004. Ahora todos los esfuerzos se centran en un próximo acuerdo con Centroamérica (Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá).
Revestir los acuerdos comerciales de cierta lógica social no ha evitado que las empresas transnacionales actúen impunemente agrediendo el territorio y las comunidades locales. Y es que los Acuerdos de Asociación tienen un único objetivo: defender los intereses de las grandes empresas de capital europeo para competir con ventaja en el mercado mundial.
La UE, con una población que sobrepasa los 450 millones de habitantes, se ha convertido en la mayor potencia comercial del mundo y utiliza ese poder comercial para obtener aquello que no puede obtener con la fuerza. Una forma de dominación y sometimiento menos visible pero igualmente arrolladora.
Las transnacionales en ALC
La entrada de las empresas multinacionales en ALC se remonta a la década de los 90 cuando la doctrina neoliberal insistió en la retirada del Estado de la gestión de la economía. En teoría, la mano invisible del mercado iba a garantizar una regulación justa y equilibrada del comercio y los servicios. Pero para ello era necesario privatizar las empresas estatales y liberalizar el comercio con el fin de garantizar el acceso de las compañías extranjeras a cualquier mercado. En la práctica ha tenido unos efectos devastadores.
Los países latinoamericanos, empobrecidos y amenazados por la deuda externa, sometidos al Consenso de Washington y a los planes de ajuste estructural impuestos por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) iniciaron una primera gran ola de privatizaciones en beneficio de las grandes corporaciones. En este periodo destacan la adquisición de la petrolera estatal argentina YPF por parte de Repsol en 1999, convirtiéndose así en una de las mayores petroleras del mundo. O la entrada de Telefónica al mercado latinoamericano hasta ser a día de hoy la mayor operadora del continente con el 30% de la cuota de mercado. En el sector financiero, BBVA y Santander son hoy los dos mayores bancos de la región.
El desembarco masivo de empresas transnacionales en ALC ha dejado tras de sí innumerables impactos ambientales, sociales y culturales. Impactos como la deforestación de bosques y la expulsión de comunidades indígenas derivadas de la extensión de cultivos para el negocio de los agrocombustibles o las nuevas perforaciones para la explotación de los recursos naturales podrían ser irreversibles si no se detienen a corto plazo.
En el plano económico han contribuido a aumentar las desigualdades sociales en una región ya bastante castigada. Cabe recordar cómo en Bolivia tras la privatización del agua en Cochabamba en el año 2000, la facturación mensual aumentó en un 35% de media. La “Batalla del Agua” logró echar atrás la privatización. Pero por desgracia no corrieron la misma suerte quienes vieron privatizados sus suministros de electricidad, gas o agua en muchos otros países.
Al mismo tiempo, la apertura de los mercados latinoamericanos ha provocado que las empresas multinacionales españolas y europeas tengan una creciente dependencia de sus resultados comerciales en ALC . Así por ejemplo, en 2006, el resultado operativo de Gas Natural – Unión Fenosa dependía en un 25% de sus filiales latinoamericanas. Para Repsol YPF esta cuantía es mucho mayor, el 50% de su ganancia en 2004 provenía de Argentina y se elevaba al 63% en todo el continente.
Teniendo en cuenta estas cifras no puede extrañarnos que las empresas multinacionales estén dispuestas a permitir, convivir y encubrir violaciones sistemáticas de los derechos humanos con tal de defender las ganancias generadas en el mercado latinoamericano.
En repetidas ocasiones organizaciones sociales latinoamericanas han denunciado como las multinacionales europeas actúan con impunidad en ALC destruyendo el medio ambiente y mermando la soberanía de los pueblos, siendo cómplices en la violación de los derechos humanos y no respetando los derechos sociales y laborales en países como Colombia, Argentina, Perú, Guatemala, Nicaragua o Bolivia entre otros.
La responsabilidad de la UE es clara. La impunidad con la que actúan las transnacionales es el resultado de las políticas neoliberales impulsadas en ALC a través de sus órganos diplomáticos. La diplomacia europea ha impuesto la economía neoliberal desde organizaciones internacionales como la OMC , el BM o el FMI y a través de sus propios tratados bilaterales.
La doble moral europea
Con motivo de la presidencia española de la UE, desenmascarar la doble moral de la Europa del capital es una tarea indispensable para la izquierda anticapitalista. Denunciar a las empresas transnacionales que operan en ALC es un primer paso. Pero es igualmente necesario ir más allá, denunciar la propia esencia de la Europa neoliberal y romper con ella.
La IV Cumbre de los Pueblos – Enlazando Alternativas que se celebrará en Madrid en oposición a la cumbre oficial entre la UE y ALC será una excelente ocasión para visibilizar las resistencias que genera el neoliberalismo a uno y otro lado del Atlántico.
En la última década, ALC se ha sumergido en un proceso de cambio importante. La emergencia de importantes movimientos de base contrarios a la lógica hegemónica neoliberal ha impulsado un giro a la izquierda en numerosos países.
Bolivia y Venezuela, con todas sus contradicciones, representan genuinos “laboratorios de transformación social” para investigadores sociales, activistas y gentes de izquierda. Ambos procesos han generado importantes debates sobre la nacionalización de los recursos naturales, la soberanía de los pueblos o las nuevas formas de organización social.
Ecuador también ha seguido la estela del cambio abriendo su propio camino para la transformación. Un camino vetado para el pueblo hondureño tras el golpe de Estado de Roberto Micheletti durante el pasado verano contra el gobierno legítimo de Manuel Zelaya.
Ante estos procesos la UE ha demostrado nuevamente qué intereses defiende en ALC. ¿Cooperación, desarrollo, integración? Por supuesto que no. La UE, protegiendo los intereses de las transnacionales, ha respaldado las posiciones políticas de la oposición neoliberal. Aunque esto supusiera aliarse políticamente con las fuerzas golpistas en Bolivia, Venezuela u Honduras.
A su vez, las transnacionales de la comunicación, como PRISA , con una amplia presencia en ALC ha trasladado a Europa los argumentos que torpedean los procesos de cambio en el cono sur.
Es importante reseñar que mientras la diplomacia europea establece Acuerdos de Asociación encubiertos de retórica social, las políticas adoptadas por sus países miembros apuntan a direcciones opuestas. Por ejemplo en relación al fenómeno de las migraciones, un tema especialmente importante para ALC.
La Europa Fortaleza, lejos de garantizar el derecho universal a las migraciones, se orienta a la selección de personas según su capacidad profesional. Para criminalizar a quienes no se benefician de esos flujos migratorios selectivos existen en Europa más de 250 Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), cárceles para inmigrantes que actualmente retienen a más de 30.000 personas en condiciones extremas. En países como Alemania o Irlanda son directamente centros penitenciarios quienes asumen esta función.
La Directiva del Retorno aprobada en 2008 amplía a 18 meses el tiempo de detención en los CIEs, posibilita la deportación de menores e incluso la deportación a terceros países. Es así como la UE exporta e importa, pese a su retórica, políticas antisociales.
Tejiendo resistencias
La globalización neoliberal globalizó también las resistencias. Durante la última década, cada cumbre oficial se ha visto confrontada por contracumbres de los movimientos sociales. La UE, como agente globalizador, no se ha librado de ellas.
Recordemos las movilizaciones en el Estado español durante la última presidencia española de la UE en 2002. Sevilla, Madrid o Barcelona, entre otras ciudades, acogieron multitudinarias protestas contra la UE del Capital y la Guerra. Aquellas movilizaciones fueron un gran impulso para el movimiento anticapitalista.
Ahora 9 años más tarde, el Estado español ha vuelto a asumir la presidencia europea. La situación política es muy distinta, sin embargo más de 100 organizaciones sociales y políticas de todo el Estado se han lanzado a construir una respuesta desde abajo a la cumbre oficial.
La campaña que organiza las protestas contra la cumbre de Madrid entre UE y ALC tiene mucho potencial, pero también algunas debilidades.
Entre el 14 y 18 de Mayo la IV Cumbre de los Pueblos – Enlazando Alternativas organizará varias actividades paralelas a la cumbre oficial entre las que destacan:
Tribunal Permanente de los Pueblos: Desde 2006, este tribunal no gubernamental ha expuesto las violaciones a los derechos humanos y ambientales perpetrados por más de 25 empresas transnacionales con base en la UE. En esta ocasión, el TPP se centrará también en las instituciones, políticas y actores de la UE que incrementan el poder e impunidad de las mismas.
Cumbre de los Pueblos: Paralelamente a las reuniones ministeriales de la UE y ALC , los movimientos sociales y organizaciones políticas que componen la red birregional Enlazando Alternativas y la campaña Contra la Europa del Capital y la Guerra han organizado un gran foro de debate. Cerca de un centenar de talleres y mesas redondas expondrán sus alternativas al capitalismo.
Para concluir una gran manifestación final recorrerá las calles de Madrid para mostrar el rechazo al proyecto capitalista y neoliberal de la UE.
La Cumbre de los Pueblos puede ser un escenario magnífico para desarrollar la unidad desde abajo de las luchas sociales y la convergencia de distintos sectores sociales opuestos al neoliberalismo. El trabajo conjunto de organizaciones y movimientos sociales es más necesario que nunca ahora que la crisis global desemboca en nuevos ataques como el Pacto de Estabilidad y Crecimiento aprobado recientemente.
Como hemos visto en las calles de Atenas o Tessalonika, la respuesta al neoliberalismo únicamente puede surgir con la unidad y la movilización desde abajo.
Sin embargo sería necesario que la Cumbre de los Pueblos también apostara por actos de confrontación a la cumbre oficial. Bloquear las reuniones ministeriales e impedir que la UE pueda avanzar en sus negociaciones para extender sus acuerdos comerciales. La semana de acciones convocada por Rompamos el Silencio debería servir para recuperar ese espíritu combativo que tanto necesitamos para romper con la lógica neoliberal de la Europa del capital.
Tomado En Lucha
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23 mar 2010
El nuevo acaparamiento de tierras en América Latina
Las comunidades de todo el mundo —pero también de América Latina— están sufriendo una renovada invasión de sus tierras, que asume ahora un nuevo rostro. No son los terratenientes de antes, herederos de los invasores europeos que abrieron encomiendas, juntaron esclavos y explotaron los dominios coloniales. No son los grandes finqueros de los últimos dos siglos, que expandieron sus dominios a costa de los territorios de los pueblos indios para emprender negocios de exportación con monocultivos básicos como la caña de azúcar, el café, el cacao, el banano, el henequén, el chicle o la madera, y que dependían de los peones acasillados, en el sistema de “servidumbre por deuda” —literalmente presos de sus patrones. No son ya ésos que impusieron y expandieron por vez primera el sistema industrial agrícola, ni quienes saquearon los saberes ancestrales de la gente para irse adaptando a sus nuevos entornos y a desconocidas condiciones climáticas.
Esos personajes, ligados a terrenos y haciendas, estaban ahí, devenían en jefes políticos de la localidad o la región, guerreaban entre ellos con muchos muertos para consolidar sus feudos, se hicieron de enemigos y forjaron alianzas, algunas muy nefastas, para controlar tierras, agua, mano de obra, comercio, elecciones, políticas públicas y derechos de paso y hasta el derecho a la vida. Pero estaban ahí. Vivían ahí o iban con frecuencia a sus propiedades, y como tal estaban sujetos a la resistencia real de los pueblos a los que invadieron, despojaron y explotaron. Las comunidades que luchaban por sus tierras podían hacer algo directamente, sabían contra quién combatían, dónde hacerlo y cuándo.
La historia de América Latina es una historia de conflictos agrarios, en defensa de los territorios ancestrales de los pueblos. Pero hoy, los acaparamientos de tierras traen tras de sí un aura de “neutralidad”. Son debidos, nos explican en los folletos gubernamentales, a la inseguridad alimentaria, a la crisis mundial de alimentos “que nos obliga a cultivar, donde podamos, nuestros propios alimentos y aunque disloquemos la producción, traeremos los alimentos al país para beneficio de nuestra ciudadanía”. Hurgando un poco, asoma la cola el monstruo financiero que impulsa desde grandes consorcios y empresas conjuntas, capitales diversos para invertir en tierras, producción, exportación e importación de productos básicos, en especulación alimentaria.
Estos inversionistas extranjeros han acaparado en pocos años millones de hectáreas de tierras de cultivo en América Latina para producir cultivos alimentarios o agrocombustibles y exportarlos. Gran parte del dinero proviene de fondos de pensión, bancos, grupos de inversión privada de Europa y Estados Unidos, o de individuos acaudalados como George Soros, y fluye a través de mecanismos de inversión en tierras de cultivo puestos a operar mediante compañías extranjeras y locales. Cosan, la compañía más grande de Brasil, cuenta con un fondo de inversiones especializado en tierras de cultivo, Radar Propriedades, que compra tierra agrícola brasileña a nombre de clientes tales como la Teachers’ Insurance and Annuity Association-College Retirement Equities Fund [un fondo de inversiones de retiro y seguridad del profesorado] en Estados Unidos. El grupo Louis Dreyfus, una de las multinacionales más grandes del mundo en el comercio de granos, cuenta con un fondo semejante en el cual el American International Group (AIG) ha invertido 65 millones de dólares.
Mientras la atención de los medios está puesta en negocios agrarios en África, cuando menos la misma cantidad de proyectos (e incluso más) comienzan a funcionar en América Latina, donde los inversionistas proclaman que sus inversiones en tierras agrícolas son más seguras y menos controvertidas —pasando por alto las prolongadas luchas agrarias vigentes en prácticamente todos los países del continente. Así, más y más inversionistas y gobiernos de Asia y del Golfo Pérsico enfocan sus esfuerzos en América Latina, y la consideran un lugar seguro para dislocar su producción alimentaria.
La mayoría de los gobiernos en América Latina están dispuestos a estos nuevos negocios, y las misiones diplomáticas van con frecuencia al extranjero a vender las ventajas de invertir en las tierras agrícolas de sus países. Hace poco, el ministro brasileño de desarrollo, Miguel Jorge, le dijo a los reporteros: “Algunos príncipes saudíes con quienes nos reunimos el año pasado […] le dijeron al presidente Lula que no querían invertir en agricultura en Brasil para vender aquí en el país, sino que quieren fuentes de abastecimiento de alimentos. Necesitan comida. Así que podría mucho más efectivo que invirtieran en la agricultura de Brasil para que nosotros fuéramos los abastecedores directos de esos países”.[1]
Pero Brasil no es sólo un objetivo de los nuevos acaparadores de tierra, es también un promotor de acaparamientos. Los inversionistas brasileños, con respaldo de su gobierno, están comprando tierras para producir alimentos y agrocombustibles en un número creciente de países de América Latina y África. El gobierno brasileño, por ejemplo, está financiando la construcción de caminos, puentes y otras infraestructuras en la vecina Guyana para abrir la sabana Rupununi, muy frágil ecológicamente, a proyectos agrícolas de gran escala de donde se exportarán cultivos a Brasil. La compañía semillera multinacional RiceTec se ha acercado al gobierno de Guyana interesada en 2 mil hectáreas de tierra en la misma región —un ecosistema diverso y frágil que es la casa de varios pueblos indígenas. Algunos productores brasileños de arroz que ahora negocian con el gobierno de Guyana contratos de arrendamiento por 99 años en tierras indígenas de la sabana Rupununi, se habían visto forzados por resoluciones de la Suprema Corte de Brasil a abandonar tierras que le habían arrebatado ilegalmente a comunidades indígenas en el lado brasileño, en Raposa Serra do Sol.[2]
Con esta manera de hacer negocios, los antiguos invasores y terratenientes logran nuevas oportunidades de acaparar tierras, con menos riesgos políticos y económicos, y un nuevo aire “respetable” de “inversionistas extranjeros”.
Evadir responsabilidades
Mucho está en juego en esta nueva ola de acaparamientos de tierras a gran escala. Cualquier país que venda, o arriende a largo plazo, grandes extensiones de tierra de cultivo a otros gobiernos o compañías extranjeras está poniendo en riesgo su propia soberanía nacional. Tales arreglos contribuyen al desmantelamiento general del Estado —se reducen más y más funciones del Estado y sus aparatos, o éstas se privatizan y se transforman para corresponder con los intereses de los grandes negocios— con lo que ocurre una desterritorialización mayor de muchos pueblos y comunidades. Y por ende hay un arreciamiento de la migración, un dislocamiento de mano de obra, y una dislocación de los cultivos, dado que los gobiernos o los inversionistas privados se apoderan de tierra para producir alimentos para exportarlos. Los inversionistas extranjeros llegan al país huésped con sus semillas y sus tractores, incluso con sus trabajadores, aprovechan el agua, le extraen los frutos a la tierra y luego los embarcan a sus países de origen o al mercado global de mercancías de exportación. Esos países “huéspedes” no pueden ser considerados entonces exportadores en el sentido tradicional, dado que tales países, o incluso su gente, realmente no están involucrados en estos proyectos, es sólo la tierra [vista como mercancía] que las corporaciones explotan para sus propias ganancias, sin restricción alguna. Esto implica entonces un desfasamiento general de la economía.
Y no obstante, las ansiadas tierras nunca están vacías, ni están ociosas, y siempre hay gente local que las necesita con urgencia. Entonces el actual acaparamiento agrario nos fuerza una pregunta vital: ¿de quién son las tierras/territorios que están siendo acaparadas, controladas?, ¿mediante qué mecanismos legales es que los gobiernos, o los particulares, ponen a disposición de otros gobiernos o de empresas de todo tipo esas extensiones inmensas de tierras?, ¿tienen dueño o los Estados las expropian para poder realizar los arreglos comerciales ad hoc?
Se dice como excusa que en muchos casos las tierras no se venden sino que se rentan, pero qué propicia más la devastación sin miramientos de las tierras: ¿que se vendan, o que se renten por cincuenta o noventa y nueve años? Al final de tales contratos, los “inquilinos” regresarán una tierra agotada, erosionada, contaminada, a la cual será muy difícil recuperarle su fertilidad, y ellos simplemente se mudan a nuevas tierras “disponibles”. La consecuencia directa es que con estos acaparamientos se expande la agricultura industrial con su modelo destructivo.
Estos nuevos acaparamientos complican también las posibilidades de que los pueblos defiendan sus territorios. El invasor es más difícil de identificar. Los mecanismos jurídicos necesarios y el marco donde se pueden asentar los litigios por despojo, o los litigios por devastación o contaminación directa o aledaña dejan de ser claros. El nuevo corporativismo agrario es anónimo, o casi. Aun cuando identifiquemos a los inversionistas, están protegidos de las comunidades por la distancia y por las enmarañadas y densas estructuras legales. Cualquier “batalla” contra ellos estará situada en otro espacio y en otros tiempos que las comunidades u organizaciones afectadas no tienen potestad de definir.
Los Estados, en lugar de proteger a su gente, protegen las inversiones de los gobiernos o compañías extranjeras —criminalizando y reprimiendo a las comunidades que defienden sus territorios. Las fronteras pierden sentido. Las estructuras del Estado “huésped” sirven a patrones venidos de fuera, pero no como en el sistema colonial de tributación, sino en el esquema mercantil neoliberal cuyas regulaciones están en los Tratados de Libre Comercio y no en las Constituciones nacionales.
Pero el objetivo más profundo de los grandes capitales en esta nueva ola de acaparamiento agrario es controlar totalmente la producción de alimentos. Han estado sentando las bases para ello durante los últimos cincuenta años y ahora intentan cosechar. El acaparamiento de tierras no es simplemente la última oportunidad de hacer inversiones especulativas con ganancias grandes y rápidas: es parte de un largo proceso de toma de control de la agricultura por parte de las corporaciones con intereses agroquímicos, farmacéuticos, de transporte y venta de alimentos. Por eso los autogobiernos comunitarios dispuestos a defender sus territorios, sus regímenes de bienes comunales y sus sistemas propios de manejo territorial, son un freno a todo este esquema.
Las organizaciones que impulsan la soberanía alimentaria desde abajo, desde el nivel comunidad, entienden con mucha claridad que su lucha se vuelve imposible o se dificulta muchísimo en los regímenes o países que permitan el acaparamiento de tierra, porque sin una tierra propia, cualquier producción se mediatiza. Entonces más y más comunidades y organizaciones insisten en que debemos propiciar un anclaje entre cosechas propias, semilla nativas y sus saberes locales libres, autogobiernos y territorios con control de agua, bosque, suelos, patrón de asentamiento y recorridos, e insisten en su autogobierno, y en que las decisiones se toman en asambleas.
En cambio, los nuevos dueños de la tierra buscan volver a confinar los ámbitos comunes, pero ahora en el anonimato “neutro” de extranjeros que desde sus lejanos países controlan a distancia nuestros destinos. Ya no tienen que invadir; hacen tratos comerciales. Ya no tienen la carga de mantener esclavos; tienen peones hiper-precarizados. Ya no se responsabilizan por combatir a los insumisos, que eso lo haga el gobierno huésped o los sicarios a modo, proporcionados por compañías internacionales que prestan ese servicio. El neoliberalismo es la invención de fórmula tras fórmula para evadir responsabilidades. Para remontar la corriente tenemos que basar nuestro futuro en la responsabilidad.
Para seguir leyendo:
• El sitio electrónico que monitorea el acaparamiento de tierras a nivel mundial es http://farmlandgrab.org
• GRAIN, Los nuevos dueños de la tierra, A contrapelo, octubre 2009, http://www.grain.org/articles/?id=57
• GRAIN, ¡Se adueñan de la tierra! El proceso de acaparamiento agrario por seguridad alimentaria y de negocios en 2008, Documentos de análisis, octubre 2008, http://www.grain.org/briefings/?id=214
NOTAS: [1] Alexandre Rocha, “Brazilian Minister: Arabs are great opportunity”, ANBA, 8 de febrero de 2010: http://farmlandgrab.org/11020 . [2] “Expelled Brazil Rice Farmer looking to Shift Operations to Guyana”, Stabroek News, 14 de mayo de 2009: http://www.stabroeknews.com/2009/stories/05/14/expelled-brazil-rice-farmer-looking-to-shift-operations-to-guyana/
GRAIN es una pequeña organización internacional sin fines de lucro que trabaja apoyando a campesinos y agricultores en pequeña escala y a movimientos sociales en sus luchas por lograr sistemas alimentarios basados en la biodiversidad y controlados comunitariamente.
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Tomado de Sin Permiso
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29 ago 2009
¿Qué se dirime en Bariloche?
¿Qué se dirime en Bariloche? EU avanza por el camino de la guerra en América Latina
Los presidentes de las 12 naciones suramericanas se reunirán en pocas horas más en Bariloche. Una porción ínfima de la ciudadanía conoce la trascendencia del tema a debatir en esta reunión de emergencia.Hay motivos para la ignorancia. La historia registrará la conducta en esta coyuntura de políticos, analistas y medios de comunicación, como un caso sobresaliente de irresponsabilidad y enajenación.
Arrastrados por intereses inmediatos, el grueso de ellos o bien ha guardado silencio, o bien se ha prestado a burdas maniobras diversionistas que ocultan la magnitud del problema: Estados Unidos avanza por el camino de la guerra en América Latina y el Caribe.
Ya no es un mandatario brutal quien habita la Casa Blanca. Ya no gobierna en Estados Unidos el partido identificado públicamente con el complejo militar-industrial. Pero Washington amenaza sistemática, inexorablemente, con la guerra en nuestros países. Eso es la reactivación de la IV Flota de la US Navy en las aguas del Caribe. Eso es el golpe de Estado en Honduras. Eso es la instalación de siete bases militares en Colombia. De modo que queda claro: la dinámica belicista en la que Estados Unidos ha embarcado al mundo en los últimos años, con aceleración irracional desde fines de 2001, no tiene como motor a tal o cual presidente, sino a la crisis estructural del sistema, que les estalló en las manos un año atrás. Queda claro que el capitalismo imperialista nos lleva a la guerra.
De esto se discutirá en Bariloche. El resultado dependerá de la posición que adopten gobernantes hasta ahora indefinidos, ambiguos. Los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador ya se han expedido sin rodeos exigiendo que Unasur se pronuncie contra la intalación de las bases en Colombia. Los de Perú y, naturalmente, Colombia, siguen el dictado de Washington. Los restantes navegan en el estrecho espacio de la complicidad, la perplejidad y el temor. Excepto en los tres primeros países mencionados, la ciudadanía no ha sido informada por sus gobernantes; tanto menos convocada a analizar y debatir tamaña encrucijada histórica. Ése ya es un dato por demás elocuente acerca de convicciones y metodologías de quienes ocupan los más altos cargos. Dicho sea de paso, la elección de una pequeña ciudad del extremo austral argentino, repite la táctica de otras cumbres que huyen de lugares poblados y de fácil acceso para impedir la participación ciudadana.
Cabe temer que las sesiones de debate no sean televisadas siquiera para los periodistas acreditados. Si así ocurriera, el escamoteo sería total. Y el crimen perfecto.
Por eso cobra especial relevancia una propuesta lanzada como piedra de David por el presidente boliviano Evo Morales: “¿por qué no ir a un referendo en Suramérica?”, propuso ante una concentración de pobladores de Coipasa, en el sur andino boliviano. El argumento es llano: “que los pueblos digan sí o no; que el pueblo decida y no que el imperio imponga sobre las bases militares”.
Se trata de una reivindicación estrictamente democrática, que nadie comprometido con el republicanismo y los propósitos de Unasur podría negar: ¿cómo en una Unión de Naciones se podría admitir que un gobierno ceda el territorio de su país para la instalación de bases militares extranjeras, tanto menos estadounidenses? ¿cómo oponerse a una resolución democrática de la ciudadanía involucrada?
Una de las incógnitas que quedará aclarada en Bariloche, por tanto, es si los participantes de esa gran conquista histórica que es Unasur conciben efectivamente una unión suramericana. La otra, dirá acerca del compromiso de cada quién con la democracia allí donde ésta cuenta.
Quedará dirimido igualmente, positiva o negativamente, un tercer aspecto clave de la coyuntura histórica: el alineamiento geopolítico y estratégico de cada gobierno. Los tiempos de la demagogia y la prestidigitación se han agotado. Nadie podrá hablar de paz, crecimiento, democracia, soberanía y justicia, si no suma su voz a la de quienes condenan las bases en Colombia, el golpe de Estado en Honduras y la descontrolada agresividad mediática del imperialismo con todo su dispositivo hemisférico, pero además de condenar verbalmente, toma medidas efectivas para impedir esta carrera hacia el abismo.
Los y las presidentes de Unasur deben asumir una responsabilidad que no admite dilación ni subterfugios. Pero allí no acaban las exigencias de la hora: partidos, sindicatos, organizaciones sociales de todo género y dimensión, periodistas, intelectuales, estudiantes, trabajadores, tenemos la obligación de observar con lupa lo que ocurra en Bariloche, transmitirlo a cientos de millones de compatriotas, acompañar a los gobiernos que salgan en defensa de sus pueblos y, desde las raíces mismas de la sociedad, con la participación de todos, llevar a cabo la gran tarea de unión suramericana, con prescindencia de los gobiernos que defeccionen en esta hora crucial.
Luis Bilbao es Director de América XXI.
Tomado de Visiones Alternativas
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12 ago 2009
Ejército estadounidense: después de Iraq, América Latina
Estados Unidos intensifica los planes de guerra en América Latina
Desde el derrocamiento del presiente hondureño Manuel Zelaya en junio de este año, dirigido por comandantes militares adiestrados en la tristemente célebre Escuela norteamericana de las Americas, se han disparado las alarmas en Latinoamérica y por todo el mundo de que el golpe, lejos de ser una aberración o un anacronismo, pueda establecer un precedente para más golpes de Estado en un futuro cercano en la region a fin de impedir una emancipación política y económica de muchos países.
El 29 de junio el presidente estadounidense Barack Obama recibió a su homólogo colombiano Alvaro Uribe en la Casa Blanca y semanas más tarde se anunció que el Pentágono planea desplegar tropas en cinco bases aéreas y navales en Colombia, el principal receptor en América Latina de la asistencia militar estadounidense y tercero mayor del mundo ya que ha recibido más de 5.000 millones de dólares del Pentágono desde que hace nueve años se lanzó el Plan Colombia.
Seis meses antes del encuentro Obama-Uribe el presidente saliente estadounidense George W. Bush concedió el mayor honor civil estadounidense, la Medalla de la Libertad, a Uribe, así como al ex-primer ministro británico Tony Blair y al ex-primer ministro australiano John Howard.
Una nota de prensa de aquel momento expresaba tanto conmoción como indignación ante el hecho de que la Casa Blanca honrara a Uribe: "A pesar de los asesinatos extra-judiciales, de los paramilitares, de los sindicalistas asesinados, el presidente de Colombia Uribe ha obtenido el mayor honor estadounidense por derechos humanos" [1].
La misma fuente corroboraba su preocupación añadiendo: "Colombia es el país más peligroso del mundo para los sindicalistas. En 2006 la mitad de todos los asesinatos de sindicalistas del mundo tuvieron lugar ahí. Desde que Uribe llegó al poder en 2002 han sido asesinados casi 500 [sindicalistas]. En respuesta a la preocupación por los asesinatos, Uribe descalificó a las víctimas a las que llamó ’un panda de criminales vestidos de sindicalistas’. Se están investigando más de 1.000 casos de asesinatos ilegales por parte de los militares. Existen decenas de casos de soldados que capturan a hombres inocentes, los asesinan y los visten como enemigos combatientes. Se cree que cientos de miembros de las fuerzas de seguridad ha participado en estas actividades" [2].
Colombia: una guerra de cuarenta años
Durante más de cuarenta años Colombia, el último de los clientes de Washington "democracia de escuadrón de la muerte" que queda en el hemisferio sur, ha emprendido una implacable guerra de contrainsurgencia contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y una guerra igual de despiadada contra sindicalistas, campesinos, indígenas y otras organizaciones con su ejército adiestrado y equipado por Estados Unidos, y con formaciones paramilitares aliadas. Se calcula que a consecuencia de los enfrentamientos han sido asesinadas 40.000 personas y que hay 2 millones de desplazados.
En 1985 las FARC depusieron las armas y entraron en un proceso de paz con el gobierno de Belisario Betancur.
Esto ayudó a fundar la Unión Patriótica para participar en procesos electorales y en otras actividades pacíficas, pero al cabo de varios años 5.000 altos cargos electos de la Unión Patriótica, candidatos, sindicalistas, dirigentes comunales y otros activistas fueron asesinados por las fuerzas de seguridad de Colombia y los escuadrones de la muerte de extrema derecha vinculados con el gobierno, especialmente las muy mal reputadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y su difunto líder Carlos Castaño. Ocho congresistas, setenta concejales, decenas de diputados y alcaldes, y cientos de sindicalistas y dirigentes campesinos fueron asesinados y en 1989-1990 dos de sus candidatos presidenciales fueron asesinados en el espacio de siete meses.
Enfrentadas con su total exterminio, las FARC se rearmaron y buscaron refugio en el sudeste del país.
En 1998 el presidente colombiano Andrés Pastrana permitió a las FARC tener un refugio seguro de 16.000 millas cuadradas en el departamento de Caqueta.
Entonces Estados Unidos puso la mira en una campaña intensiva de contrainsurgencia para destruir ls infraestructura de las FARC en la región y, a la vez, destruir y arrancar la organización de raíz.
En enero de 2000 STRATFOR, una fuente que no es conocida por oponerse a la guerra, advertía: "El departamento de Estado estadounidense anunció recientemente un paquete de ayuda de dos años por valor de 1.300 millones de dólares para operaciones contra el narcotráfico en Colombia. El plan también está encaminado a ayudar al presidente Andrés Pastrana a negociar la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pero el plan tendrá un efecto negativo. Acabará con las negociaciones de paz entre los rebeldes y el gobierno, y reavivará la guerra. En última instancia, el plan no hace sino preparar el camino para una mayor implicación estadounidense" [3].
Continúa diciendo "la mayor parte del dinero prometido para la campaña para contrarrestar el narcotráfico irá directamente a luchar contra los rebeldes .... En detrimento del gobierno de Bogotá esto inclinará la balanza de poder hacia los militares, que siempre se han opuesto a las negociaciones de paz. En última instancia, se abrirán las puertas de par en par a una mayor implicación estadounidense [4].
Plan Colombia: la “flecha del parto” de Clinton*
Para el año 2000 Colombia ya era el mayor receptor de ayuda militar estadounidense en el hemisferio sur, pero la administración Clinton incrementó el papel del Pentágono en esa nación con lo que se llegó a ser el Plan Colombia.
Tras asumir el poder en enero de 1993 bombardeando Iraq y después matando a cientos, si no miles, de somalíes ese mismo año, Clinton y su equipo de política exterior nunca abandonaron el uso de la agresión militar.
En 1995 suministró planificadores y asesores militares para la brutal y etnocida Operación Tormenta de Croacia y dirigió los bombardeos de la OTAN de objetivos serbios bosnios, incluyendo a las tropas que se retiraban y las columnas de refugiados que las seguían, que dejaron lo que ahora es la República Bosnia Serbia repleta de uranio empobrecido y con una epidemia de casos de cáncer.
Tres años después emprendió ataques con misiles de crucero contra Afganistán y Sudán, y el 16 de diciembre de 1998 empezó la Operación Zorro del Desierto, un ataque mortífero de cuatro días a Iraq con 250 ataques aéreos y más de 400 misiles de crucero Tomahawk, la víspera de las mociones de censura contra Clinton en el Congreso estadounidense.
Al año siguiente el uso de la agresión militar por parte de la administración [Clinton] llegó a su punto culminante con los 78 días de ataques de la OTAN dirigida por Estados Unidos contra Yugoslavia, el primer ataque militar contra una nación europea desde los de Hitler y Mussolini en 1939.
La “flecha del parto” de la administración [Clinton] fue el Plan Colombia en 2000.
El año anterior, 1999, el presidente de Colombia, Pastrana, había concebido un proyecto, que la Casa Blanca rediseñó en su propio interés.
Como escribió el ex-embajador estadounidense en El Salvador Robert White (al que la administración Reagan había echado como parte de los preparativos para soltar a sus escuadrones de la muerte y guerras de la contra en América Central) después de que el Congreso estadounidense aprobara en Plan Colombia en junio de 2000: "Si se lee el Plan Colombia original, no el que se escribió en Washington, sino el Plan Colombia original, no se mencionan ofensivas militares contra los rebeldes de las FARC. Bien al contrario. (El presidente Pastrana) afirma que las FARC son parte de la historia de Colombia y un fenómeno histórico, dice, y que deben ser tratados como colombianos" [5].
Un teletipo alternativo estadounidense informaba que "a principios de 1999 el gobierno de Pastrana inició las conversaciones de paz con las FARC, el mayor grupo rebelde.
El presidente también hizo su primer viaje a Washington en busca de ayuda contra el tráfico de droga. Pero cuando llegó allí, ’le cambiaron el libreto’, según Marco Romero de Iniciativa de Paz Colombia, una coalición creada en septiembre por 60 ONG locales que buscaban una alternativa a al Plan Colombia.
Las conversaciones de Pastrana con líderes del Congreso estadounidense y con el jefe de la oficina de política nacional contra las drogas de la Casa Blanca, Barry McCaffrey, dieron como fruto el Plan Colombia, afirmó Romero" [6].
McCaffrey es un general del ejército retirado que ganó sus galones en la República Dominicana en 1965, en Vietnam de 1966 a 1969 y en la operación Tormenta del Desierto en 1991. También fue jefe del Comando Sur del Pentágono (SOUTHCOM, en sus siglas en inglés) entre 1994 y 1996, y vice-representante de Estados Unidos en la OTAN.
"En apoyo a su petición de ayuda a Colombia, la secretaria de Estado estadounidense Madeleine Albright y el zar de la droga McCaffrey dijeron al Congreso estadounidense que los fondos se usarían para ’restaurar el orden el sudeste de Colombia’" [7].
Con la aprobación del Plan Colombia Estados Unidos aumentó la ayuda militar a este país más de veinte veces en sólo dos años, 1998-2000, de 50 millones de dólares en 1998 a más de 1.000 millones de dólares en 2000, lo que situó a Colombia inmediatamente después de Israel y Egipto en esta categoría. En los diez años a partir de 1998 la ayuda militar estadounidense se multiplicó por cien.
A principios de 2000 una fuente estadounidense de los medios de comunicación dominantes afirmó que "los 1.600 millones de dólares propuestos por la administración Clinton como ayuda de emergencia a Colombia es cuando menos tanto un paquete contra la insurgencia como una medida anti-droga" y mencionó que "un miembro del Congreso se opuso a los esfuerzos de la Casa Blanca por eludir el proceso normal de asignaciones" [8].
Unas semanas después tuvo lugar en El Salado una de las peores masacres recientes de civiles colombianos perpetrada por paramilitares con la complicidad del ejército.
El Plan Colombia estaba empapado en sangre antes incluso de que se formalizara. En enero de 2000 la secretaria de Estado Madeleine Albright visitó Colombia para promocionar la iniciativa y en honor a su llegada el ejército colombiano mató a 50 de sus ciudadanos en un ataque fuera de la capital, Bogotá.
En junio el Congreso y el Senado estadounidenses añadieron a la guerra más de 1.000 millones de dólares, sesenta helicópteros de combate y más fuerzas especiales asesoras en contrainsurgencia. Aproximadamente el 70% de los fondos de 2000 del Plan Colombia se asignaron a financiar, adiestrar y equipar a batallones antinarcóticos del ejército que operaban en el sudeste de Colombia, el antiguo refugio de las FARC.
Progresistas nominales, el difunto Paul Wellstone del Senado y la congresista de Illinois Jan Schakowsky, añadieron un condicionante de derechos humano que ninguna persona seria esperaba que se respetara y sólo dos meses después de que el Congreso autorizara el Plan Colombia Clinton utilizó su derecho presidencial de no aplicación para anular las condiciones referentes a los derechos humanos por razones de "seguridad nacional".
Nueve años después: la farsa de la guerra contra la droga cede el paso a la pura contrainsurgencia
Por supuesto, la escalada de las operaciones de contrainsurgencia se empaquetó bajo la etiqueta de una guerra contra la droga. Nueve años después Colombia sigue siendo el principal suministrador de cocaína y heroína a Estados Unidos.
En abril de 2000 se vio en lo en serio que se debería haber tomado esta farsa cuando el ex-comandante de las operaciones contra la droga del ejército estadounidense en Colombia, el coronel James C. Hiett, se declaró culpable de no haber entregado las pruebas de que su esposa, Laurie, introducía de contrabando en Estados Unidos cocaína y heroína. En enero su esposa se declaró culpable de planear introducir de contrabando en Estados Unidos vía el correo heroína por valor de 700.000 dólares.
Indudablemente, el colonel Hiett cumplió con su deber propagando la historia de que las FARC eran responsables de la mejor parte del cultivo de coca y opio, y del tráfico en el país, y de que el ejército estadounidense era la mejor respuesta a estas supuestas actividades.
Si se tenía alguna duda de la sinceridad de las afirmaciones estadounidenses de que estaban luchando contra el narcotráfico y el terrorismo, a las pocas semanas de aprobarse en Plan Colombia la secretaria de Estado Albright escoltó al jefe del llamado Ejército de Liberación de Kosovo, Hashim Thaci, cuyos colegas y cárteles de la droga aliados controlan la mayoría del tráfico de marihuana, hachís y narcotráficos en Europa, a los lugares que ella solía frecuentar en el cuartel general de Naciones Unidas y en aquella época en el departamento de Estado, preparándolo para convertirse en futuro jefe de Estado (desde el año pasado Hashim Thaci es de hecho el presidente de lo que el ex-presidente serbio Vojislav Kostunica ha llamado acertadamente el primer Estado OTAN del mundo. También es el más reciente narco-Estado).
Tras los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos la casa Blanca elevó a las FARC a la cima de la lista de sus objetivos en la llamada Guerra contra el Terrorismo a pesar de que está más allá de la capacidad de cualquier persona sana para discernir o comprender saber qué papel pudo haber desempeñado las FARC en los ataques de Nueva York y Washington D.C..
Para 2002 la administración Bush había desechado la mayoría de las razones de la guerra contra la droga y "el Congreso aprobó una ley para permitir que la ayuda militar estadounidense a Colombia se utilizara en una ’campaña unificada’ contra las drogas y el terrorismo" y para 2008 "seis años y 5.000 millones de dólares después, el ejército colombiano es la fuerza de combate más cualificada de América Latina" [9].
Las "operaciones especiales de adiestramiento estadounidenses proporcionaron muchas de las destrezas que mostraron ’el camino para abrir la puerta de esas remotas localizaciones en la jungla que en el pasado eran inaccesibles al gobierno colombiano’. Se crearon unidades militares, incluyendo la Brigada Comando. Se establecieron ocho unidades de inteligencia regional con aviones de reconocimiento y punteras comunicaciones cielo-aire. Se creó tanto una Escuela de Inteligencia como un Centro de Contrainteligencia" [10].
Días antes de cesar en su cargo, George W. Bush concedió la Medalla de la Libertad al presidente colombiano Alvaro Uribe, al que los rumores habían vinculado con el antiguo cártel de Medellín y cuyo hermano Santiago está acusado de narcotráfico y de conexiones con los escuadrones de la muerte.
Quizá anticipando este honor y en correspondencia a la persona más responsable del Plan Colombia y a las crecientes operaciones militares tanto en las fronteras de Colombia como dentro del país, Alvaro Uribe anunció que iba a conceder a Bill Clinton el premio "Colombia es Pasión" "en una sesión de gala ...en Nueva York" por "creer en nuestro país y animar a otros a hacer lo mismo".
"Destacados demócratas de la lista de invitados incluyen a los ex-estrategas de Clinton, Dick Morris y Vernon Jordan, a los ex-miembros del gobierno Clinton Lawrence Summers y Madeleine Albright, y a varios congresistas demócratas", la mayoría de los cuales tuvieron la habilidad de supervivencia política de no asistir [11].
Poco antes ese mismo año "la víspera de una visita del presiente estadounidense George W. Bush" y sin fingir ya una guerra contra la droga "soldados estadounidenses y colombianos llegaron en helicóptero a la ciudad sureña de Cartagena del Chaira, una plaza fuerte de las FARC ..." [12].
Como se ha minimizado la cuestión de los narcóticos, el componente de los derechos humanos ha sido relegado al reino de la efímera manipulación de relaciones públicas.
En febrero de 2007 el hermano de la ministra colombiana de Asuntos Exteriores Maria Consuelo Araujo, el senator Alvaro Araujo, fue arrestado por su relación con el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
A Uribe esto no le afectó y afirmó: "Cuando me preguntan por qué mantengo a la ministra de Exteriores respondo: no está implicada en actividades criminales que estén siendo investigadas" [13].
El Plan Colombia ha entrado en su décimo año. En los años transcurridos no han disminuido en lo más mínimo las masacres abiertas y encubiertas del gobierno y de los paramilitares (algunas demasiado espeluznantes para contarlas) y si bien el cultivo y exportación de droga se ha visto parcialmente afectado, no se ha visto afectado sustancialmente por lo que cuando conviene se sigue denominando todavía programa de erradicación de la droga.
A pesar de afirmarse que era una guerra contra la droga, las actividades del Plan Colombia tanto dentro como fuera del país se llevaron a cabo con otros propósitos.
Colombia: la base del Pentágono en la región andina
Desde su inicio tenía el objetivo de ser más que una intensificación de una guerra de contrainsurgencia de décadas de duración en Colombia y ser la primera salva de una campaña estadounidense para intensificar la militarización de la región andina. Los planes de la Casa Blanca y el Pentágono de utilizar a Colombia como fuerza militar regional y base operativa para vigilar América de Sur han ganado una nueva urgencia para Washington con las transformaciones políticas en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y Paraguay que presagian el fin de la dominación política, económica y militar estadounidense del continente.
En su primer año de existencia, 2001, un avión de la Fuerzas Aéreas Peruanas derribó un avión civil divisado por un avión estadounidense pilotado por contratistas de la CIA que llevaba a bordo a la misionera estadounidense Veronica Bowers y su hija, y murieron ambas además del piloto.
Para 2006 Estados Unidos había duplicado la cantidad de adiestradores y asesores militares estacionados en Colombia y ese mismo año aviones colombianos empezaron violando el espacio aéreo del vecino Ecuador. En apariencia estos aviones, a bordo de los cuales no habría sido raro que hubiera personal estadounidense, llevaban a cabo misiones de fumigación.
El gobierno ecuatoriano denunció estas acciones como "poco amistosas y hostiles" y el "ministro de Defensa Marcelo Delgado afirmó...que aviones del ejército sobrevolarían sus fronteras para impedir que los aviones colombianos entraran en el espacio aéreo de Ecuador...." [14].
En diciembre de 2006 no sólo aviones colombianos cruzaron la frontera. A finales del mes "unos 40 colombianos...huyeron hacia Ecuador atravesando la frontera después de haber sido atacados por soldados colombianos", informó la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR, en sus siglas en inglés) en Ecuador [15].
Doce meses antes quince colombianos fueron asesinados y 1.500 desplazados en la provincia de Narilo al sur del país, en la frontera con Ecuador. "Las autoridades permanecieron en silencio en relación a si esto era una operación militar contra luchadores de la guerrilla o una disputa entre grupos paramilitares" [16].
A principios de 2007 el general de marines Peter Pace, entonces presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor, viajó a Colombia y pasó dos días reunido con los dirigentes políticos y militares del país. Poco después, el ministro de Defensa colombiano Juan Manuel Santos (sobre el que se hablará más adelante) devolvió el favor y visitó el Pentágono donde se reunió con el secretario de Defensa estadounidense Robert Gates. Un informe de la visita del departamento de Defensa citaba a altos cargos del Pentágono afirmando que "el apoyo militar estadounidense a Colombia, antes centrado en combatir la droga, se ha ampliado a ayudar al ejército colombiano a enfrentarse a la insurgencia rebelde del país" y que "soldados de las fuerzas especiales estadounidenses en Colombia proporcionan adiestramiento militar a las fuerzas de Colombia...."[17]
Cinco meses después Colombia construyó una tercera base militar en su frontera de 2.219 kilómetros con Venezuela e inicialmente estacionó a 1.000 soldados en ella.
Colombia se ha convertido en el puesto de avanzada de Washington para hacer frente y amenazar tanto las fronteras del sudoeste de Ecuador como la del noreste de Venezuela.
También forma parte de una estrategia cuya naturaleza y alcance supera lo regional e incluso lo continental.
América del Sur: el sexto continente de la OTAN
Desde la implementación del Plan Colombia en 2000 Estados Unidos ha alistado a varios aliados de la OTAN para la guerra de contrainsurgencia y para propósitos más amplios en la región. Personal de las SAS británicas (Servicios Aéreos Especiales) ha sido destinado al ejército colombiano para funciones de adiestramiento y el ejército español también envió personal.
La OTAN tiene miembros en Europa y América del Norte, y socios en Asia (Afganistán, Japón, Kazajastán, Kurgistán, Mongolia, Pakistán, Singapur, Corea del Sur, Tajikistán, Turkmenistán y Uzbekistán) y África (Argelia, Egipto, Mauritania, Marruecos y Túnez) y Australia.
América del Sur es el único continente habitado en el que todavía no ha penetrado.
En enero de 2007 el jefe colombiano de Defensa Santos viajó a Washington, Londres y Bruselas, "para mantener conversaciones con la Unión Europea"en estas última ciudad y, a continuación, a Munich, Alemania, "para una reunión con los ministros de defensa de la OTAN" [18]. Por supuesto, Santos hizo esta gira para cosechar más ayuda militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Se ha informado que la Unión Europea ha concedido154 millones anuales desde aquel año.
En septiembre de 2005 el presidente venezolano Hugo Chávez advirtió que "por medio del trabajo de la inteligencia descubrimos un ejercicio militar de OTAN de una invasión de Venezuela y nos estamos preparando para esta invasión".
Detalló que el plan consistía en un "ejercicio militar ... conocido como Plan Balboa [que] incluye hacer ensayos de ataques simultáneos por aire, mar y tierra en una base militar en España en los que participan soldados estadounidenses y de países de la OTAN" [19]. También participaban en la operación tropas estadounidenses desplegadas en el enclave holandés de Curaçao al noroeste de la costa de Venezuela.
En la primavera del año siguiente se informó de que "se están llevando a cabo maniobras militares en el Caribe por parte de Estados Unidos, miembros de la OTAN y países del hemisferio, excluyendo a Cuba y Venezuela, que son objetivos potenciales de esta demostración de fuerza", y que inmediatamente después "en futuros ejercicios participarán aproximadamente 4.000 soldados de Estados Unidos, Holanda, Bélgica, Canadá y Francia, que está programado que participen en una maniobra llamada León Conjunto del Caribe, que tendrá lugar entre el 23 de mayo y el 15 de junio en Curaçao y Guadalupe" [20].
La guerra de contrainsurgencia colombiana, un modelo para el sur de Asia y Centro América
Durante los últimos siete años Estados Unidos también ha reclutado y desplegado a fuerzas de seguridad y militares colombianas para la guerra de Afganistán, supuestamente para reproducir el componente de la guerra contra la droga del Plan Colombia en el sur de Asia.
En abril de 2007 Washington trasladó a Afganistán a su embajador en Colombia, William Wood, para supervisar la aplicación del modelo colombiano de contrainsurgencia disfrazado de lucha contra el cultivo de droga. Dos años después se calcula que Afganistán representa el 90% de la producción ilegal de opio del mundo.
Un analista de Bangladesh observó que "según cifras de 2003, el tráfico de droga constituye el tercer artículo a nivel mundial en términos de dinero tras el comercio de petróleo y de armas.
Afganistán y Colombia son las principales economías mundiales productoras de droga, que alimenta una floreciente economía criminal. Estos países están fuertemente militarizados y en ellos el tráfico de droga está protegido.
Está ampliamente documentado que la CIA ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de los triángulos de la droga tanto de América Latina como de Asia.
LA OTAN, como entidad, se ha convertido en cómplice de una importante proliferación de narcóticos y de actividad criminal. Realmente no se está reduciendo el opio: de hecho, todas las cifras demuestran que está aumentando. Como han confirmado varios informes, esto está ocurriendo bajo los ojos de la OTAN" [21].
Las estaciones intermedias entre Afganistán y Colombia son Kosovo, no sin razón apodado la Colombia de los Balcanes, y, cada vez más, Iraq.
Es imposible ignorar este modelo.
Irónicamente dada la cita anterior, BBC News informó hace dos años que "Estados Unidos espera que algunas de las lecciones aprendidas en Colombia se puedan aplicar a Afganistán...." [22].
El pasado enero el actual jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor estadounidense, el almirante Michael Mullin, visitó Colombia y declaró: "Nuestra relación ejército a ejército es extraordinariamente fuerte. Necesitamos estar con ellos. Hemos logrado cosas que son extraordinarias" [23].
Este mes de marzo Mullin viajó a Colombia, Brasil, Chile, Perú y México. Al volver sus comentarios se resumían en la afirmación de que "el ejército estadounidense está dispuesto a ayudar a México en su mortífera lucha contra los cárteles de la droga con algunas de las tácticas de contrainsurgencia utilizadas contra redes militantes en Iraq y Afganistán" [24] y que "el paquete de ayuda del Plan Colombia podía ser un modelo ’englobante’ para Pakistán y Afganistán...." [25]
Un artículo sobre los planes para las guerras en Iraq, Afganistán y Pakistán del jefe del comando central estadounidense David Petraeus informaba de que "los oficiales del ejército también están considerando las relaciones estadounidenses con Colombia como un posible modelo para Afganistán y Pakistán, afirmando algo como que la estrategia del Plan Colombia de Washington podría ayudar a ambos países contra los militantes" [26].
El informe del que se ha extraído la cita anterior, "Estados Unidos ve en Colombia lecciones para la guerra afgana", incluye también lo siguiente: "La policía afgana ya se ha estado adiestrando con sus homólogos colombianos y Bogotá está estudiando enviar tropas a Afganistán para ayudar con la erradicación [de la droga] y a quitar las minar" [27].
Lo que se está exportando a Afganistán se hizo asquerosamente evidente el pasado otoño cuando se anunció que Colombia había destituido a tres generales y 22 soldados de diferentes rangos por el asesinato, al parecer gratuito, de jóvenes habitantes de las barriadas de Bogotá: "Los jóvenes fueron llevados a Bogotá engañados con la promesa de trabajo; posteriormente sus cuerpos fueron encontrados en fosas comunes cerca de la frontera con Venezuela. Grupos de derechos humanos afirman que los soldados a veces matan a personas indefensas para poder inflar sus afirmaciones de éxito en la batalla y promocionar" [28].
Entre los tres generales a los que se pidió dimitir estaba el general Mario Montoya Uribe, "el autor de la política de utilizar las cifras de muertos para medir el éxito contra la guerrilla" [29] que "supuestamente fomentó promocionar a oficiales cuyas unidades habían matado a más rebeldes de izquierda" [30].
Un informe posterior proporcionaba detalles horripilantes: "Se están investigando más de 1.000 casos de asesinatos ilegales por parte de los militares. Hay decenas de casos de soldados que apresan a hombres inocentes, los asesinan y los visten como combatientes enemigos. Se cree que cientos de miembros de las fuerzas de seguridad han participado en estas actividades" [31].
En referencia a esto recuerden que el informe anterior afirma que los asesinados fueron enterrados en fosas comunes cerca de la frontera venezolana.
Con el ataque de este año del ejército de Sri Lanka contra las plazas fuertes de los Tigres Tamiles que supuestamente ha acabado con la guerra de 33 años, el gobierno colombiano y sus suministradores militares estadounidenses están emprendiendo la única guerra de contrainsurgencia del mundo de décadas de duración, una guerra que entra ahora en su quinta década.
Ha sido y sigue siendo una guerra contra los pobres, los sin tierra, las personas privadas de derecho de representación, contra cualquiera que se oponga a los privilegios y abusos de los terratenientes, de la elite de los negocios, al ejército adiestrado por Estados Unidos y a las más altas esferas de las narcomafias.
Hace nueve años el Plan Colombia se diseñó para ser la fase terminal de esta guerra.
El modelo de Colombia es ahora el prototipo que Washington ha identificado abiertamente para ser aplicado en Afganistán, Pakistán y México entre otros lugares.
Plan Colombia: frenar a la renaciente América del Sur
Además, ahora el Plan Colombia se revela cada vez más como una estrategia militar para suprimir una creciente oleada de descontento con las secuelas del neoliberalismo posterior a la Guerra Fría que se está suscitando por toda América del Sur y Central, y el Caribe.
Estados Unidos y Occidente en su conjunto han utilizado al régimen colombiano y su formidable máquina militar para intimidar a sus vecinos Ecuador y Venezuela, y a la región andina en su conjunto. Al hacer frontera con Panamá, Colombia también es una potencial plataforma de lanzamiento de ataques a naciones de América Central como Honduras, Nicaragua y El Salvador.
Una breve cronología del pasado año y medio demostrará el destacado papel que sus patrocinadores en Washington han pensado para Colombia.
En enero de 2008 el presidente venezolano Chávez afirmó que Estados Unidos y su cliente colombiano "no quieren la paz en Colombia porque es la excusa perfecta para tener aquí a miles de soldados, a la CIA, las bases militares, aviones espías y quién sabe qué otras operaciones contra Venezuela". Y añadió: "Acuso al gobierno de Colombia de conspirar, de actuar de títere del imperio estadounidense, de planear una provocación contra Venezuela" [32].
El 1 de marzo de 2008 Colombia emprendió un ataque dentro de Ecuador y mató a 24 supuestos miembros de las FARC, incluyendo a la segunda persona al mando del grupo Raúl Reyes.
Un artículo titulado "Altos cargos colombianos afirman que la inteligencia estadounidense ayudó en el ataque contra los rebeldes" informaba de que "las fuerzas aéreas de Ecuador descubrieron que Colombia utilizó bombas de 500 libras similares a las usadas por el ejército estadounidense en Iraq, que no pueden ser transportadas por aviones colombianos. Las autoridades ecuatorianas también indicaron que horas antes del bombardeo aéreo colombiano había despegado de la base estadounidense de Manta, al sureste de Ecuador, un avión militar HC-130" [33].
Temiendo que la incursión armada dentro de Ecuador formara parte de una agresión más amplia Venezuela desplegó a unos 9.000 soldados en su frontera con Colombia. El día del ataque el presidente venezolano Chávez advirtió a su homólogo colombiano "ni piense en hacer eso aquí porque sería muy grave, sería motivo de guerra" [34].
Después del ataque el presidente ecuatoriano Rafael Correa rompió las relaciones diplomáticas con Colombia y cuando más tarde se descubrió que el bombardeo había matado a un ciudadano ecuatoriano advirtió de mayores consecuencias.
El 6 de marzo Venezuela decretó un estado general de alerta y envió a diez batallones, aviones y tanques a la frontera con Colombia.
El presidente estadounidense Bush declaró a los periodistas que "Estados Unidos seguirá estando al lado de Colombia" [35].
Tres semanas después Ecuador anunció que "instalaría un equipo de vigilancia electrónica y aumentaría su presencia militar en su frontera con Colombia" y el presidente Correa advirtió que su país "nunca más" permitiría un ataque extranjero contra su territorio[36].
Ejército estadounidense: después de Iraq, América Latina
También en abril de 2008 el director de operaciones de las Fuerzas Aéreas Estadounidenses del Sur, el coronel Jim Russell, defendió que las tropas que se estaban retirando de Iraq fueran redesplegadas en el Comando Sur del Pentágono que comprende América del Sur y Central, y el Caribe. En aquel momento declaró: "Creemos que mientras avanzamos veremos un mayor giro en la atención a la zona. Estamos viendo problemas a la misma entrada de América Central. Esta es la puerta de entrada a nuestra frontera sur" [37].
El 12 de julio de 2008 la marina estadounidense restableció a la Cuarta Flota, que abarca América del Sur y Central, y el Caribe lo mismo que el Comando Sur del Pentágono, después de que se retirara en 1950 tras la Segunda Guerra Mundial.
A principios de este año el jefe del Comando Sur, el almirante James Stavridis, se convirtió en Comandante Supremo Aliado de la OTAN y jefe del Comando Europeo del Pentágono. Tres de los últimos cinco altos comandantes militares de la OTAN (Stavridis, su predecesor Bantz John Craddock y Wesley Clark) fueron trasladados a la jefatura del Comando Sur.
Anticipando claramente lo que ha ocurrido esta semana, en mayo de 2008 Venezuela advirtió a Colombia que no permitiría una nueva base militar estadounidense en La Guajira cerca de la frontera con el noroeste de Venezuela. Chávez afirmó: "No permitiremos que el gobierno colombiano dé La Guajira al imperio. Colombia está lanzando una amenaza de guerra contra nosotros" [38].
Menos de una semana después un avión de guerra estadounidense penetró en el espacio aéreo de Venezuela en un vuelo desde las Antillas holandesas. El gobierno venezolano acusó a Estados Unidos de espiar en una base militar en la Isla de Orchila y "afirmó que Estados Unidos está probando la capacidad de Venezuela de detectar intrusos y que las fuerzas aéreas venezolanas estaba preparadas para interceptarlo de no haber vuelto el avión hacia la isla caribeña de Curaçao" [39].
El ministro [venezolano] de Defensa Gustavo Rangel afirmó que "éste es sólo el último paso de una serie de provocaciones en las que quieren implicar a nuestro país" [40].
En septiembre una sangrienta emboscada separatista mató a ocho personas en la provincia boliviana de Pando. El gobierno expulsó al embajador estadounidense Philip Goldberg, un veterano en apoyar violentos levantamientos separatistas anteriores en Bosnia y Kosovo. El jefe de las fuerzas armadas de la nación, el general Luis Trigo, advirtió que "la Fuerzas Armadas Bolivianas advirtieron el viernes que no tolerarán ninguna acción más de grupos radicales o interferencias extranjeras en los asuntos internos del país" [41].
A finales de 2008 Bolivia expulsó a los agentes de la agencia contra la droga estadounidense, la DEA, y más tarde anunció sus planes de comprar helicópteros rusos para operaciones anti-narcóticos.
El presidente boliviano Evo Morales declaró hoy [23 de julio]: "Tengo información de primera mano de que el imperio, por medio del Comando Sur estadounidense, realizó el golpe de Estado de Honduras" [42].
En octubre de 2008 Ecuador acusó a la CIA de infiltrarse en su ejército y reconoció el ataque colombiano a su territorio el mes de marzo anterior. El ministro de Defensa Javier Ponce declaró en los periódicos: "La CIA conoce perfectamente lo que está pasando en Angostura" [43].
Al mismo tiempo el ministro colombiano de Defensa Santos amplió la belicosidad de su nación dirigiéndola contra Rusia. Actuando completamente como la criatura de Washington y de su ejército que es, Santos afirmó: "Con sus 16.000 bombas nucleares Rusia tienen un enorme deseo de ser un actor clave en el mundo. Pero su presencia en la región promoverá una vuelta a la Guerra Fría" [44].
Santos aludía en particular a los recientes ejercicios navales ruso-venezolanos en el Caribe y al hecho de que Rusia ha suministrado a Caracas armas avanzadas, aviones de guerra y submarinos, lo que refleja una tendencia general entre las naciones de América Latina (incluyendo Bolivia, Ecuador, Argentina y Nicaragua) a aumentar sus relaciones militares con Rusia como contrapeso a la tradicional dominación estadounidense de sus fuerzas armadas y para ser capaces de defenderse contra ataques estadounidenses y por medio de intermediarios. Lo que Santos y sus patrocinadores estadounidenses temen es la desaparición real de casi doscientos años de Doctrina Monroe.
El pasado mes de marzo el presidente venezolano Chávez calificó al ministro colombiano de Defensa Santos de ser "una amenaza para la estabilidad regional" y "una amenaza para la estabilidad y soberanía de los países de la región" que "vuelve a demostrar su desprecio por el derecho internacional", en referencia a la defensa que hizo Santos del ataque dentro de Ecuador del año pasado [45].
Santos reiteró su intención de seguir atacando supuestos emplazamientos rebeldes en los países vecinos, lo que provocó está respuesta de Chavez pocos días después: "En caso de una provocación de parte de las fuerzas armadas de Colombia o de violaciones de la soberanía de Venezuela, daré orden de atacar con el avión Sukhoi y tanques. No permitiré a nadie ofender a Venezuela y su soberanía" [46].
En los últimos meses el Pentágono ha estado adiestrando a las fuerzas armadas de Guyana, el vecino del este de Venezuela, tanto dentro de ese país como en Estados Unidos. Ya hemos examinado el uso de posesiones francesas y alemanas en el Caribe para propósitos militares. Con la elección de Ricardo Martinelli como presidente de Panama el pasado mes de mayo, lo que supone la vuelta de este país a las filas de Estados Unidos, el lazo en torno a Venezuela se está estrechando.
Ecuador rechazó renovar un acuerdo con Estados Unidos para el uso de su base militar de Manta con lo que este mes Washington pierde sus derechos a usar la base. Con el correspondiente anuncio la semana pasada del presidente colombiano Uribe de que entregaba cinto bases más al Pentágono (tres campos de aviación y dos bases navales) el presidente Chávez estaba en lo cierto al considerar este paso "una amenaza contra nosotros" y advirtió que "están rodeando Venezuela con bases militares" [47].
Desde el derrocamiento del presiente hondureño Manuel Zelaya el 28 de junio, dirigido por comandantes militares adiestrados en la Escuela de las Americas, se han disparado las alarmas en América Latina y por todo el mundo de que el golpe, lejos de ser una aberración o un anacronismo, pueda establecer un precedente para más [golpes] en un futuro cercano.
Y exactamente igual que en los últimos meses de la presidencia de Bush y en los primeros siete meses de la actual presidencia, las operaciones militares en Afganistán, a las que durante cinco años se dio una importancia secundaria en relación a Iraq, se han intensificado hasta convertirse en el principal frente de guerra del mundo, así que puede que se esté planeando reavivar los planes de una agresión directa estadounidense en América Latina, planes latentes desde la invasión de Panamá en 1989.
Rick Rozoff
Periodista residente en Chicago. Director de «Stop NATO international».
Tomado de Red Voltaire
Notas
1) Russia Today, 18 enero de 2009
2) Ibid
3) STRATFOR, 14 enero 2000
4) Ibid
* N. de la t.: La expresión “flecha del parto” (“the parthian shot” en inglés) se refiere a una costumbre guerrera de los jinetes partos de la Antigüedad que simulaban huir a galope tendido y en un momento dado disparaban sus flechas hacia atrás y por encima del hombro, con lo que diezmaban a sus confiados perseguidores. La expresión se utiliza para describir ese metafórico disparo final –puede ser un gesto, una frase hiriente, una revelación penosa– que quiere lastimar irreparablemente en el momento de cerrarse una puerta que se supone definitiva.
5) Ottawa Citizen, 6 de septiembre 2000
6) Inter Press Service, 21 diciembre de 2000
7) Ibid
8) United Press International, 11 de abril de 2000
9) Tampa Bay Times, 12 de julio 2008
10) Ibid
11) Associated Press, 24 de mayo de 2007
12) Associated Press, 10 de marzo de 2007
13) Xinhua News Agency, 18 febrero de 2007
14) Xinhua News Agency, 16 de diciembre de 2006
15) Xinhua News Agency, 27 de diciembre de 2006
16) Xinhua News Agency, 20 enero de 2006
17) U.S. Department of Defense, 1 de febrero de 2007
18) Reuters, 29 enero 2007
19) Australian Associated Press, 4 de septiembre de 2005
20) Prensa Latina, 10 abril de 2006
21) The Daily Star, 24 de noviembre de 2007
22) BBC News, 8 julio de 2007
23) Agence France-Presse, 17 de enero de 2008
24) Reuters, 6 de marzo de 2009
25) Reuters, 5 de marzo de 2009
26) Reuters, 16 de octubre 2008
27) Ibid
28) Radio Netherlands, 30 de octubre de 2008
29) Russia Today, 18 de enero de 2009
30) Trend News Agency, 4 de noviembre de 2008
31) Russia Today, 18 de enero de 2009
32) Reuters, 25 enero de 2008
33) Focus News Agency, 24 de marzo de 2008
34) Associated Press, 1 de marzo de 2008
35) Reuters, March 4 de marzo de 2008
36) Associated Press, 22 de abril de 2008
37) Stars and Stripes, 27 de abril de 2008
38) Associated Press, 15 mayo de 2008
39) Bloomberg News, 21 de mayo 2008
40) Reuters, 19 mayo de 2008
41) Xinhua News Agency, 13 de septiembre de 2008
42) Agence France-Presse, 22 de julio de 2009
43) Reuters, 30 de octubre de 2008
44) Russian Information Agency Novosti, 4 de octubre de 2008
45) Trend News Agency, 4 de marzo de 2009
46) Russian Information Agency Novosti, 9 de marzo de 2009
47) Associated Press, 21 de julio de 2009
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