El cine es el mito integrado en una fábula. No es la industria del sueño, es la fábrica de mitos…a menudo me han reprochado ser un imitador, carecer de originalidad. ¿Imitador? ¿Quién no lo es? ¿Qué escritor, qué dramaturgo puede tener la audacia de afirmar que es un creador absoluto, que lo que escribe y lo que hace no hunde sus raíces en lo que ha leído, en lo que ha visto?…mi originalidad reside en mi manera de ver las cosas. Palabras de Sergio Leone, que convenientemente recordaré más tarde.
Siempre me ha fascinado la marca Chanel, tanto en sus perfumes como en su tan particular diseño de moda. Porque si todas las marcas sustentan un estilo propio, ésta en mayor medida. Y es que sus cortes rectos, puntillas, chaqueta bouclé mitificada por Jackie Onassis, cadenas, botones, mil collares, el tweed, el acolchado, el estilo marinero, y repito, su chaqueta! son símbolos. Trapos con un toque de genio. Genio en ambos sentidos, mal genio y genialidad, era lo que definía a Gabrielle Bonheur, mundialmente conocida como Coco Chanel, cuyo verdadero y curioso apellido no le hacía honor ¿o si? Quién sabe, quizá Coco/Gabrielle llegó a conseguir el bonheur a través de su independencia, su ambición y libertad, especialmente difícil en una época y situación social, humilde origen, que la marcarían con la dureza del diamante en bruto, estilizándola, con el tiempo e ingenio, en uno de los más refinados.
Decía Francis Scott Fitzgerald a través de sus personajes que no se puede ser libre y pobre a la vez, y que, puestos a elegir, prefería lo primero. Nítidamente desde su juventud, en el oeste de Francia, en tierras del Loira, Coco eligió con la observación que proporciona una penetrante y sombría mirada, tan bien escenificada por una “Amélie” hecha mujer, en una contextura llena de sutilezas, tenuidad y perspicacia, en la cual Audrey Tautou brilla con todo el esplendor de la Coco pre-leyenda. Es el hermoso film de Anne Fontaine, Coco avant Chanel, (Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel).
Si bien han achacado algunos críticos la excesiva exposición de Tautou a los rayos de los focos, no es menos comprensible, pues tenemos entre manos el biopic de un personaje mítico que marcó la moda del siglo XX, - aún hoy a pesar de las transformaciones y adaptaciones de la marca al nuevo siglo, sigue habiendo un vívido toque Coco en su legado conducido por Karl Lagerfeld- . Un icono que brilló, en algunos casos, por sus frases lapidarias, “la moda pronto pasa de moda”, y especialmente por el fichaje de sus peculiares amantes, todos ellos con poder, dinero y estatus. No está mal para una chiquilla abandonada por su padre en un orfanato, del que salió para hacer de modistilla, cantante mediocre de cabaret y probablemente, y a pesar de la cara amable que Fontaine le imprime a Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel, tuvo que hacer alguna que otro faena de meretriz, y agarrarse a la cuerda de las triviales y fútiles gentes de dinero.
Es aquí donde quiero volver a la cita de Sergio Leone, puesto que la guionista, actriz y realizadora Luxemburguesa cumple bien con la premisa del sueño del cine, mitifica utilizando la realidad, y mira al mito a su manera, un tanto endulzada en un romanticismo almibarado que parece mostrar el pasado que gustaba barnizar a la verdadera Coco. Sin embargo, yo descubro muchos hachazos reivindicativos en los silencios, miradas circulares, pensamientos analíticos proyectados desde la joven Coco, cierta actitud y mucha valentía (hacía falta agallas para enfrentarse al corsé y el pelo interminable del cambio de siglo anterior, metáforas de la opresión estética que inmovilizaba a las mujeres). Ráfagas que tan bien ha redirigido Fontaine en Tautou. Pero, el desequilibrio es evidente, desde el punto de vista de los que estamos más interesados en su proyección profesional, porque la realizadora se centra demasiado en el aura sentimental, en lugar de focalizar los procesos, descubrimientos, imaginaciones que poco a poco le llevaron a esta intrépida mujer a insertarse en el mundo de la moda y la empresa, a ser ella misma un modelo a imitar, una pionera. Hubiera requerido de una evolución más lenta en mostrar la minuciosidad de su camino y llegada a la fase (final en la película) de su primer y exitoso desfile, con un estilo ya muy definido. Hay un puente elíptico, importante para entender su carrera que pasa directamente de la muerte del que fuera, tal vez, su primer amor, hasta su puesta en escena como marca Chanel. Esto redefine el producto como una cinta sentimental que la convierte en más convencional de lo que debería haber sido. Cierto es que sus cuitas sentimentales fueran determinantes para su posterior actitud profesional, en las que los dos primeros amantes, tanto el magníficamente delineado Étienne Balsan (Benoît Poelvoorde), como el más vulgar “querido” Arthur Boy Capel (Alessandro Nivola), le encaminaron a concretarse, después de los cuales vendrían muchos más amantes, más poderosos y llamativos.
La puerta está abierta para una secuela, en la que hay cosas muy jugosas que explotar, la creación y elección de sus perfumes y marca (esas dos C entrelazadas), la puesta en marcha de su emporio, la caída del mismo con la Segunda Guerra Mundial, sus polémicos amoríos, como el de la Francia ocupada, su relación con Hollywood, con la aristocracia europea, pero sobre todo su constante trabajo y su clarividencia sobre lo volátil del vivir y del éxito. Nada como el mundo de la moda para ser consciente de ello. No está mal para un miserable comienzo que acabó en los apartamentos del Ritz con mirada a la plaza Vendome.
Blanca Vázquez
Tomado de La República Cultural
8 jun 2009
Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel
El cine es el mito integrado en una fábula. No es la industria del sueño, es la fábrica de mitos…a menudo me han reprochado ser un imitador, carecer de originalidad. ¿Imitador? ¿Quién no lo es? ¿Qué escritor, qué dramaturgo puede tener la audacia de afirmar que es un creador absoluto, que lo que escribe y lo que hace no hunde sus raíces en lo que ha leído, en lo que ha visto?…mi originalidad reside en mi manera de ver las cosas. Palabras de Sergio Leone, que convenientemente recordaré más tarde.
Siempre me ha fascinado la marca Chanel, tanto en sus perfumes como en su tan particular diseño de moda. Porque si todas las marcas sustentan un estilo propio, ésta en mayor medida. Y es que sus cortes rectos, puntillas, chaqueta bouclé mitificada por Jackie Onassis, cadenas, botones, mil collares, el tweed, el acolchado, el estilo marinero, y repito, su chaqueta! son símbolos. Trapos con un toque de genio. Genio en ambos sentidos, mal genio y genialidad, era lo que definía a Gabrielle Bonheur, mundialmente conocida como Coco Chanel, cuyo verdadero y curioso apellido no le hacía honor ¿o si? Quién sabe, quizá Coco/Gabrielle llegó a conseguir el bonheur a través de su independencia, su ambición y libertad, especialmente difícil en una época y situación social, humilde origen, que la marcarían con la dureza del diamante en bruto, estilizándola, con el tiempo e ingenio, en uno de los más refinados.
Decía Francis Scott Fitzgerald a través de sus personajes que no se puede ser libre y pobre a la vez, y que, puestos a elegir, prefería lo primero. Nítidamente desde su juventud, en el oeste de Francia, en tierras del Loira, Coco eligió con la observación que proporciona una penetrante y sombría mirada, tan bien escenificada por una “Amélie” hecha mujer, en una contextura llena de sutilezas, tenuidad y perspicacia, en la cual Audrey Tautou brilla con todo el esplendor de la Coco pre-leyenda. Es el hermoso film de Anne Fontaine, Coco avant Chanel, (Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel).
Si bien han achacado algunos críticos la excesiva exposición de Tautou a los rayos de los focos, no es menos comprensible, pues tenemos entre manos el biopic de un personaje mítico que marcó la moda del siglo XX, - aún hoy a pesar de las transformaciones y adaptaciones de la marca al nuevo siglo, sigue habiendo un vívido toque Coco en su legado conducido por Karl Lagerfeld- . Un icono que brilló, en algunos casos, por sus frases lapidarias, “la moda pronto pasa de moda”, y especialmente por el fichaje de sus peculiares amantes, todos ellos con poder, dinero y estatus. No está mal para una chiquilla abandonada por su padre en un orfanato, del que salió para hacer de modistilla, cantante mediocre de cabaret y probablemente, y a pesar de la cara amable que Fontaine le imprime a Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel, tuvo que hacer alguna que otro faena de meretriz, y agarrarse a la cuerda de las triviales y fútiles gentes de dinero.
Es aquí donde quiero volver a la cita de Sergio Leone, puesto que la guionista, actriz y realizadora Luxemburguesa cumple bien con la premisa del sueño del cine, mitifica utilizando la realidad, y mira al mito a su manera, un tanto endulzada en un romanticismo almibarado que parece mostrar el pasado que gustaba barnizar a la verdadera Coco. Sin embargo, yo descubro muchos hachazos reivindicativos en los silencios, miradas circulares, pensamientos analíticos proyectados desde la joven Coco, cierta actitud y mucha valentía (hacía falta agallas para enfrentarse al corsé y el pelo interminable del cambio de siglo anterior, metáforas de la opresión estética que inmovilizaba a las mujeres). Ráfagas que tan bien ha redirigido Fontaine en Tautou. Pero, el desequilibrio es evidente, desde el punto de vista de los que estamos más interesados en su proyección profesional, porque la realizadora se centra demasiado en el aura sentimental, en lugar de focalizar los procesos, descubrimientos, imaginaciones que poco a poco le llevaron a esta intrépida mujer a insertarse en el mundo de la moda y la empresa, a ser ella misma un modelo a imitar, una pionera. Hubiera requerido de una evolución más lenta en mostrar la minuciosidad de su camino y llegada a la fase (final en la película) de su primer y exitoso desfile, con un estilo ya muy definido. Hay un puente elíptico, importante para entender su carrera que pasa directamente de la muerte del que fuera, tal vez, su primer amor, hasta su puesta en escena como marca Chanel. Esto redefine el producto como una cinta sentimental que la convierte en más convencional de lo que debería haber sido. Cierto es que sus cuitas sentimentales fueran determinantes para su posterior actitud profesional, en las que los dos primeros amantes, tanto el magníficamente delineado Étienne Balsan (Benoît Poelvoorde), como el más vulgar “querido” Arthur Boy Capel (Alessandro Nivola), le encaminaron a concretarse, después de los cuales vendrían muchos más amantes, más poderosos y llamativos.
La puerta está abierta para una secuela, en la que hay cosas muy jugosas que explotar, la creación y elección de sus perfumes y marca (esas dos C entrelazadas), la puesta en marcha de su emporio, la caída del mismo con la Segunda Guerra Mundial, sus polémicos amoríos, como el de la Francia ocupada, su relación con Hollywood, con la aristocracia europea, pero sobre todo su constante trabajo y su clarividencia sobre lo volátil del vivir y del éxito. Nada como el mundo de la moda para ser consciente de ello. No está mal para un miserable comienzo que acabó en los apartamentos del Ritz con mirada a la plaza Vendome.
Blanca Vázquez
Tomado de La República Cultural
Etiquetas:
Coco Chanel
El salario de la arrogancia y la venganza
El futuro de Israel y la decadencia del imperio de EE.UU.
Israel está en las garras de una especie de esquizofrenia colectiva. No sólo sus gobernantes sino la mayoría de la población judía albergan falsas ilusiones tanto de grandeza como de persecución, que llevan a una distorsión de la realidad y a una conducta incongruente. Los judíos israelíes se ven y se representan como un pueblo elegido y parte de una civilización occidental superior. Se consideran más cerebrales, razonables, y dinámicos que árabes y musulmanes en general, y palestinos en particular. Al mismo tiempo se sienten como la máxima encarnación del singular sufrimiento del pueblo judío a través de los tiempos, víctimas todavía de constante inseguridad y desamparo ante la amenaza eterna de castigo extremo e inmerecido.
Una psique semejante lleva a la arrogancia y al ansia de venganza, esta última como reacción al perpetuo tormento judío que se dice habría culminado, como por un propósito directivo, en el Holocausto. Recordar la Shoah es el Undécimo Mandamiento de Israel y central en la religión civil y en la percepción del mundo de la nación. La familia, la escuela, la sinagoga, y la cultura oficial propagan su narrativa preceptiva, descontextualizada y cargada de etnocentrismo. La vuelta a memorizar de la victimización es ritualizada en Yom Ha Shoah [el Día del Holocausto] e institucionalizada en Yad Vashem.
Israel utiliza el Holocausto para conjurar el espectro de un peligro existencial eterno, utilizado a su vez para justificar su Estado bélico y su inflexible diplomacia. Al presentarse permanentemente como el David bíblico, imposiblemente vulnerable que enfrenta al Goliat islámico, Israel insiste en que todas sus guerras y operaciones punitivas a través de las fronteras son estrictamente defensivas, preventivas, o profilácticas. Sin embargo, sus dirigentes, muchos de ellos altos oficiales en retiro de las fuerzas armadas y de los servicios de inteligencia, atribuyen las hazañas de los militares a armas avanzadas, a estrategas ejemplares, y a soldados-ciudadanos singularmente imbuidos de principios de las formidables “Fuerzas de Defensa” del país, una de las más poderosas maquinarias bélicas del mundo.
Esta auto-congratulación omite la debilidad del “otro” enemigo mientras exagera ampliamente la innata fuerza de Israel hasta el punto de atrofiar el juicio y la acción. Sin el enorme y prácticamente incondicional apoyo financiero, militar y diplomático de EE.UU. y de la Unión Europea, Israel sería un pequeño Estado nación corriente de Oriente Próximo, no una anómala súper-potencia regional. A pesar de ese respaldo extranjero verdaderamente atípico (para no mencionar el de la diáspora global), el Estado judío logra sólo victorias pírricas, porque no puede realzar significativamente su posición estratégica y política en el Gran Oriente Próximo – excepto en el tiempo ganado para la ulterior consolidación y expansión de sus “hechos en el terreno” encarnizadamente disputados en Cisjordania, Jerusalén y en el Golán.
Aunque sus dirigentes evitan decirlo en público, Israel no quiere la paz, o un acuerdo global permanente, excepto si se basa en sus propias condiciones. No lo expresan en público, ya que supone la rendición incondicional del enemigo, incluso una sumisión permanente. En lugar de hacerlo siguen culpando a los palestinos por un estado de guerra crónico que conlleva que Israel se ponga continuamente en peligro y se militarice. La premisa estratégica subyacente de esa política es la necesidad de impedir todo cambio significativo en el equilibrio del poder en el Oeste de Asia.
Pero posiblemente haya otro motivo menos engañoso para su desdeño de toda acomodación o negociación: debido a su historia de exilio y deseo de autogobierno político, los judíos y sus sabios podrían ser insuficientemente conscientes de la teoría y práctica del arte del gobierno soberano. Hay que reconocer que después de 1945 los dirigentes de muchos de los nuevos Estados de los mundos post-coloniales sufrían la misma ignorancia. A diferencia de la mayoría, sin embargo, la clase política y los pensadores de Israel valoran su profunda conexión con Occidente, incluyendo su patrimonio filosófico e intelectual, hasta el punto de colocar la admisión a la Unión Europea por sobre el acercamiento al mundo árabe/musulmán. Sin embargo, no parecen ser versados en las ideas de personas como Maquiavelo y Clausewitz. Respectivamente teóricos de la política y de la guerra, ambos plantean enfáticamente la moderación por sobre el desenfreno. Maquiavelo coloca la ‘virtú’ al centro de su fórmula para el uso del poder y la fuerza. No la interpreta, sin embargo como un principio moral – como virtud – sino como una norma para la prudencia, la flexibilidad, y un sentido de límites sobrios en la política del poder.
Clausewitz teoriza la guerra limitada para objetivos bien definidos y negociables, la disposición al compromiso que varía en una ratio inversa a los objetivos y demandas del vencedor. Advierte sobre todo contra la guerra “absoluta” en la cual se dejan de lado el intelecto, la razón y el juicio. Aunque él y Maquiavelo toman en cuenta la interpretación de la interpenetración de la política interior e internacional, ambos las conciben como dos esferas distinguibles. En Israel, prevalece la política interior, con poca preocupación por la razón de la política internacional.
Estas perspectivas son particularmente relevantes para los Estados pequeños. Pero cegados por su exitoso desafío de los límites y las leyes, los dirigentes ven a su país de siete millones de habitantes (más de un 20% no judíos, en su mayoría árabes) como si fuera una gran potencia a fuerza de sus sobredimensionadas fuerzas armadas y su industria de armamentos. Se engañan al suponer que el apoyo del mundo occidental para sus hipertrofiadas fuerzas armadas sea irreversible. Pervirtiendo la ‘virtú’ lanzan expediciones militares casi absolutas contra la resistencia radical palestina. También consideran ataques al resurgente Irán con los aviones más modernos hechos y financiados por EE.UU., con pilotos israelíes certificados en EE.UU. Tampoco duda Tel Aviv al enviar misiones militares, técnicas y de “inteligencia” encubierta, así como armas, a numerosas naciones en Oriente Próximo, ex parte de la esfera soviética, África, Asia y Latinoamérica, frecuentemente de acuerdo con Washington.
El terror estatal forma parte integral de las últimas armas y tácticas con las que las fuerzas de Israel enfrentan a los combatientes de la resistencia palestina. Por supuesto estos últimos también recurren al terror, sello distintivo de la guerra asimétrica. Pero el que siembra el viento y cosecha la tempestad es Israel. Un interminable ciclo cruento de venganza, impulsado por choques de las fuerzas demasiado seguras de sí mismas, sofisticadas y regulares de Israel contra fuerzas paramilitares inexpertas e irregulares, intensifica aún más la desconfianza entre israelíes y palestinos, incluidos los árabes israelíes, en su mayoría musulmanes.
Aunque tienen el propósito de quebrantar la voluntad de las milicias armadas infligiendo un dolor insoportable a la sociedad anfitriona, como en el Líbano y en Gaza, el daño colateral de las campañas de “choque y pavor” de Israel sólo sirve para avivar la furia vengadora de los que carecen de poder.
Desde la fundación de Israel, el “gran pecado por omisión” del sionismo ha sido que no se haya buscado el entendimiento y la cooperación árabe-judía (Judah Magnes). En cada importante oportunidad desde 1947-1948, Israel ha tenido la ventaja en el conflicto con los palestinos con su predominio al mismo tiempo militar, diplomático y económico. Esa prepotencia se hizo especialmente pronunciada después de la Guerra de Seis Días de 1967. Hay que considerar las anexiones y asentamientos, la ocupación y la ley marcial, los pogromos y expropiaciones de los colonos, los cruces de fronteras y puntos de control, los muros y las carreteras segregadas. No menos mortificante para los palestinos ha sido la cantidad desproporcionadamente grande de civiles muertos y heridos, y los cerca de 10.000 que languidecen en prisiones israelíes.
A pesar de la reciente ignominia de la Operación Plomo Fundido en Gaza, la clase gobernante y dominante de Israel sigue mostrándose imperiosa. Sin embargo, crece la evidencia de que las fuerzas armadas del país están cada vez peor adaptadas a librar la actual guerra irregular descentralizada, mientras su política exterior es cada vez más incoherente y prisionera de las miras estrechas de políticas partidarias que compiten en su intransigencia. Geopolíticamente inestable en su relación con Washington es batida por los mismos fuertes vientos que ahora zarandean el centro y la periferia del imperio estadounidense.
A pesar de ello, envalentonados por armas de punta convencionales y no convencionales, los gobernantes de Israel, desdeñosos hacia la minúscula y comatosa oposición de izquierda en la Knesset [parlamento] y en el país en general, prometen que se aferrarán a la mayor parte del archipiélago de asentamientos y a todo Jerusalén. Prometen de la boca para afuera que están a favor de la solución de dos Estados, pero todo lo que están dispuestos a conceder a los palestinos es un pseudo-Estado abarrotado, con mínima soberanía y Gaza separada de Cisjordania. Si se les presiona podrían estar de acuerdo con un túnel de 50 kilómetros bajo tierra soberana israelí para establecer una contigüidad artificial entre Cisjordania fragmentada y la cercada Franja de Gaza. Pero se proponen controlar todas las fronteras terrestres y marítimas así como el espacio aéreo y las frecuencias electromagnéticas.
Mientras tanto Israel sigue aprovechando las divisiones mutuamente destructivas de la nación palestina y las discordias en el mundo árabe-musulmán. Sus dirigentes temen sobre todo una reconciliación de las dos principales facciones palestinas, Hamás y Fatah; un gobierno de unidad palestino; y una entente cordiale de los Estados árabes, cuyas propuestas de paz, iniciadas por Arabia Saudí en 2002, consideran destinadas a la ruina. El último espíritu maligno es el no-árabe y chií Irán. Si el poder político y la influencia ideológica de Teherán causaran temor en los así llamados Estados árabes en particular en Egipto, Arabia Saudí, y Siria, podrían unirse todos tras la traicionera propuesta de paz árabe. Es muy probable que un tal giro llevara a Irán a aumentar su apoyo al Islam político radical en todo el Gran Oriente Próximo, incluido Hezbolá en el Líbano, Hamás en toda Palestina, y a los talibanes y al Qaeda en Afganistán y Pakistán. Si Israel respondiera sólo con la acostumbrada truculencia, seguiría navegando peligrosamente entre los cada vez más inseguros y desorientados antiguos regímenes del mundo árabe/musulmán y un creciente malestar político cuyos impulsos son tanto seculares como religiosos.
Mientras el país se aferra a la seguridad nacional – y percibe a Irán como la última, e inminente, amenaza existencial – en otros sitios se percibe ampliamente que Israel se encuentra en rápida erosión de lo que queda de su particular capital moral y prestigio internacional. Hay más y más llamados a boicots, embargos, desinversiones, sanciones y procesamientos, mientras los medios otorgan finalmente más espacio y tiempo a voces analíticas y críticas. Dejar de lado o denunciar esta creciente censura de las políticas de Israel como si fuera una expresión del renacimiento del antiguo antisemitismo – supuestamente alentado y legitimado por los desvaríos de judíos que se odian a sí mismos – significa que los árboles no dejan ver el bosque. Lo mismo vale para la disposición de los dirigentes de Israel de estigmatizar a los principales dirigentes contrarios – Nasser, Arafat, Sadam Husein, Ahmadineyad – como si fueran Hitler redivivo.
Pero los viejos reflejos siguen existiendo, y la perspectiva de un Irán nuclear e islamista del que se dice que busca la hegemonía regional los mantiene vivos. Con una población de 70 millones y cerca de un 15% de las reservas probadas de petróleo y gas natural del mundo, Irán es, ciertamente, un Estado a considerar: tiene una larga historia, una fuerte conciencia nacional, y una creciente clase media educada. Sus misiles en dos etapas, con combustible sólido, son capaces de llevar ojivas convencionales y no convencionales a una distancia entre 1.500 y 2.000 kilómetros.
En lugar de sumarse a los que buscan caminos diplomáticos para reconfigurar el equilibrio del poder regional, Israel propugna un embargo económico generalizado de Irán respaldado por la amenaza de ataques aéreos. El objetivo de los partidarios de la línea dura: provocar un cambio de régimen mediante una revolución de color fomentada en secreto por EE.UU. e Israel. Advierten que Tel Aviv cumplirá su amenaza de ataques aéreos contra instalaciones nucleares de Irán para retardar o impedir su desarrollo del arma máxima. Incluso respetados políticos e intelectuales públicos juran que in extremis Israel atacará sin aprobación de Washington, confiado en que EE.UU. no tendrá otra alternativa que suministrar cobertura militar y diplomática, tanto más ahora cuando Israel puede utilizar cinco bases militares de EE.UU. en Tierra Santa como medio de chantaje.
En marzo de 2009, Barack Obama y Shimon Peres saludaron al pueblo y al gobierno iraníes en ocasión de Noruz, el comienzo del año nuevo persa. Obama subrayó la “humanidad común que nos une” e insistió en que es de interés para ambos países que “Irán tome el sitio que le corresponde en la comunidad de naciones.” Peres afectó una nota totalmente diferente. Instó a los iraníes a recuperar su “sitio digno entre las naciones del mundo ilustrado” mientras describía las condiciones en su país: “Hay mucho desempleo, corrupción, mucha droga, y descontento generalizado. No podéis alimentar a vuestros hijos con uranio enriquecido, necesitan un verdadero desayuno. No puede ser que el dinero se invierta en uranio enriquecido y que se diga a los niños que sigan estando un poco hambrientos, un poco ignorantes. Los niños de Irán sufren sólo porque “un puñado de fanáticos religiosos toman el peor camino posible.” En lugar de escuchar al presidente Ahmadineyad, quien en 2006 cuestionó el Holocausto, la ciudadanía debería “derrocar a esos dirigentes… quienes no sirven al pueblo.” Además, “aunque están destruyendo a su [propio] pueblo, no nos destruirán a nosotros.” Las acusaciones son abundantes. Incluso ahora la independencia del aparato judicial israelí está comprometida, el laicismo pierde terreno, la xenofobia es rampante y, todavía y siempre, la minoría palestina es reducida a ser una ciudadanía de segunda clase. Al blandir la amenaza iraní, la clase política, dividida en facciones pero consensual, de Israel, simplemente perpetúa su régimen mediante el miedo que, según Montesquieu, planta las semillas del despotismo.
Los israelíes tienen que preguntarse si hay un punto más allá del cual la cruzada sionista se hace contraproducente por peligrosa, corrompedora y degradante. Aunque el judeocidio marca el nadir de la historia del pueblo judío, no es su momento y experiencia definidores. El mitologizado exilio milenario del pueblo judío no fue otra cosa que un implacable período oscuro: hubo una vida judía vital antes de la Shoah, y se reinició con toda su fuerza después de 1945, tanto en Israel como en la diáspora. No es profanar el Holocausto ni desecrar la memoria de sus 5 a 6 millones de víctimas si se recuerda que forman parte de más de 70 millones muertos durante la Segunda Guerra Mundial, unos 45 millones de ellos civiles. Es simplemente señalar que la catástrofe judía estuvo inextricablemente ligada a la guerra más asesina y cruel de la historia de la humanidad, una guerra singularmente feroz por sus furias típicas de cruzadas, y no por una narrativa divina sobre los judíos.
El Gran Oriente Próximo es un caldero hirviente de conflictos internos e internacionales. Todas las naciones de ese espacio geopolítico eternamente disputado tendrán que ajustarse a la emergencia de un sistema mundial multipolar y a la consecuente decadencia del imperio estadounidense. Ese gran cambio en la política internacional que se acelera coincide con la globalización precipitada de la economía, las finanzas y la ciencia, que subvierte las economías nacionales mientras promueve simultáneamente un nuevo mercantilismo cuyos términos son fijados por un nuevo concierto de Grandes Potencias.
Los dirigentes de Israel se encuentran ante una encrucijada: o se mantienen firmes y son obligados a una realidad geopolítica reconfigurada que no pueden burlar mediante la astucia o dominar, o se deciden por su propia cuenta a calmar su arrogancia y frenar su tendencia a la venganza. ¿Qué debieran preferir en un momento en el que la sociedad israelí enfrenta una disminución de la inmigración judía, un aumento de la emigración judía e israelí, y un aumento en la evasión del servicio militar (para no hablar de cómo esta desilusión pueda estar afectando la fuerte tendencia a la asimilación y a los matrimonios mixtos en la diáspora)?
Para comenzar, los gobernadores y los intelectuales públicos de Israel deberían repensar las premisas, objetivos y estrategias fundamentales de las políticas seguidas desde 1948. Harían bien en recordar una de las primeras ideas de Teodoro Herzl: a cambio de una comunidad judía que sirviera como “un puesto avanzado de la civilización contra la barbarie” en Palestina, que era considerada como un vínculo en el “baluarte contra Asia de Europa,” las Grandes Potencias garantizarían su existencia como “Estado neutral.” Sin duda, incluso para la mayoría de los judíos israelíes, el tosco orientalismo de esta visión está pasado de moda. Pero la noción de un Estado neutral no debiera ser descartada a la ligera. El presente Estado guarnición no está a punto de convertirse, como imaginaba Herzl, en “una luz entre las naciones” y mucho menos de la diáspora.
Luego, podrían aceptar que las naciones pequeñas no tienen la prerrogativa de hablar fuerte y blandir un gran garrote, y que siguen tentando al destino al mantener obstinadamente el camino nuclear de Israel. Ese desafío sólo puede aumentar los peligros de proliferación nuclear en Oriente Próximo y Asia Central ante el cual Israel no será inmune. Arriesgar la seguridad y la supervivencia de un pequeño país sobre la base de una ventaja momentánea en tecnología avanzada en ojivas, aviones, drones teledirigidos, bombas de racimo y armas cibernéticas es, una vez más, una ilusión. Es inevitable que Irán y otros Estados desafíen su arrogancia, exponiendo al hacerlo a toda la región a la impensable doctrina de la destrucción mutuamente asegurada basada en que tanto atacante como defensor tengan un disuasivo infalible en la forma de una capacidad para un segundo golpe nuclear o químico-biológico. Pero Irán tiene dos bazas adicionales: un punto de apoyo cerca de la entrada norte al estrecho de Ormuz, el nudo energético más vital del mundo; y una proximidad geopolítica crítica a Iraq, Afganistán y Pakistán.
En lugar de encabezar la embestida nuclear y biológica regional, Israel debería hacer un llamado por un Oriente Próximo libre de armas nucleares, junto con el anuncio de una importante reducción de su propio sobredimensionado arsenal atómico y de su industria de armamentos, que son ambos contraproducentes y provocativos. Tangible y simbólica, una reducción semejante podría ser combinada con una señal de que Israel está dispuesto a discutir seriamente el problema de los refugiados palestinos. Podría tomar la forma de una expresión de remordimiento y de que se asuma una responsabilidad moral parcial por el éxodo de más de 700.000 palestinos árabes entre 1947 y 1949 y de que se establezca un esfuerzo internacional para reparar el daño en la forma de reparaciones en línea con la Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU (Artículo 11).
Después de la sangrienta y destructiva invasión, una conferencia de donantes reunió unos 4.500 millones de dólares para la ayuda y la reconstrucción de Gaza. Aunque la mayor parte de la ayuda fue prometida por los Estados árabes, encabezados por Arabia Saudí, EE.UU. comprometió 900 millones de dólares para la Autoridad Palestina y 300 millones de ayuda para Gaza. ¿Y si esas sumas hubieran sido reunidas anteriormente? Si hubiesen sido invertidas en reparaciones, destacadas como medida de desarrollo de confianza, la región podría haberse librado de las incursiones políticamente tóxicas y letales desde el punto de vista humano en el Líbano y Gaza.
Iniciativas de este tipo, secundadas por otras naciones, podrían ser pasos preliminares para que Israel finalmente especifique líneas de base para un acuerdo negociado de seguridad, fronteras, asentamientos, Jerusalén, lugares santos, y recursos acuáticos. Un cambio y una agenda semejantes significarían la renuncia al inveterado intento de llegar al río Jordán y de basarse en la estrategia de la Cortina de Hierro de los partidarios seculares y religiosos de la línea dura. La busca de la reconciliación y del ajuste con la inquieta clase política palestina, nerviosos regímenes árabes, y el turbulento mundo islámico significa abandonar el sionismo marcial y cerrado al estilo de Josué de Weizmann, Jabotinsky, Ben-Gurion, Begin, Netanyahu, y Barak. Necesitaría y posibilitaría una recuperación del reprimido sionismo humanista y abierto al estilo de Isaías de Ahad Haam, Martin Buber, Judah Magnes, Ernst Simon, y Yeshayahu Leibowitz sea para dos Estados desmilitarizados o para un solo Estado binacional de dos pueblos con fronteras abiertas, la separación de la religión y el Estado, derechos civiles y sociales universales, y una reciprocidad cultural ecuménicamente informada. La lechuza de Minerva extiende sus alas sólo al anochecer para protagonistas políticos así como para filósofos. Los dirigentes de Israel, al reflexionar de modo más crítico sobre la creencia de Herzl en un mecenas imperial, deben comprender las implicaciones de la incipiente decadencia del imperio estadounidense para el futuro de Israel. Paradójicamente, es probable que la disminución de la hegemonía de Washington en el Gran Oriente Próximo corrija el orgullo de Israel y dé nuevas esperanzas a un sionismo ilustrado y cosmopolita, por difícil que sea. Pero en la medida en que EE.UU. combata encarnizadamente su decadencia, es más probable que la elite del poder de Israel siga mostrándose implacable, con todos los riesgos y peligros que representa para su propio país y la diáspora.
Arno J. Mayer
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Tomado de Rebelión
5 jun 2009
"Para que Europa avance....
"Para que Europa avance, es preciso que el capital retroceda"
"¡Basta de rodeos !, hay que torear de cerca, "de verdad", para salir del capitalismo en crisis"
Hace mucho tiempo que esperaba que a la izquierda del Partido Socialista, se iniciase un proceso de unidad de fuerzas anticapitalistas, para recuperar a toda la izquierda y liberar un futuro secuestrado por el partido único “social-liberal”. La desaparición organizada del porvenir, desde hace más de veinte años, era totalitaria, desesperante. Enamorado de la tauromaquia, he decidido descender a la arena y “jugármela”. ¡Basta de rodeos ! Hay que torear de cerca, “de verdad”, para salir del capitalismo en crisis y asumir nuestro papel de revolucionarios del siglo XXI.
Hijo de la clase obrera del Tarn y del Aveyron, he visto desaparecer el textil, la minería, la siderurgia, la metalurgia… ya en nombre de la competencia libre y … no falseada, ya en nombre del Mercado común, luego de una Europa filibustera : corsé para los asalariados y fuente de riquezas para los financieros.
Hijo de rojo español, acogido en Francia en 1939 por un gobierno de centro izquierda en los campos llamados de “concentración” rodeados de alambradas, me sublevo ante los “centros de retención” para los sin-papeles. Son las mismas políticas, son vidas que se destrozan. Sin-papeles, “indeseables”, mi padre extranjero tomó las armas en Francia para continuar el combate antifascista contra Hitler, Franco y la burguesía francesa. El aire que se respira hoy tiene los hedores del petenismo, de la revancha de los poderosos.
Universitario en Pau, llevo más de veinte años en la lucha de clases en el movimiento sindical, social, asociativo y cultural, la mayoría de las veces entre la espada y la pared. Incorrecto, grito airado y rebelde : “¡No !, ¡tarjeta roja !, ¡basta !”. Pero reconozco los límites, es preciso iniciar sin tardanza, y so pena de desaparecer, la obra inventiva, de gestación, de un socialismo de hoy. Para que Europa avance, es preciso que el capital retroceda. ¿Cómo defender el servicio público de la enseñanza superior y de la investigación sin detener el proceso y las estrategias “social-neoliberales” llamadas de Bolonia y de Lisboa ; sin derogar la LRU, las leyes Darcos-Pécresse ?
Militante desde hace mucho tiempo en la solidaridad con los pueblos de América Latina, sé que un compromiso real necesita un internacionalismo renovado. ¿Cómo hablar de una “Europa solidaria” mientras la Unión Europea quiere establecer, con los EE.UU., bajo el paraguas de la OTAN, una iniciativa de recolonización bautizada como “Zona librecambio transatlántica” ? ¡Mentirosos ! España habla incluso de englobar la América Latina en un “nuevo Occidente”. El 12 de mayo, el periódico filo-socialista El País e histéricamente antichavista, titulaba : “España propone el modelo de la Unión Europea para la integración latino-americana. Una repetición del viejo sueño que Bush debió desechar en la cumbre de Mar del Plata, en noviembre de 2005, ante la oposición de los países de América Latina.
Este “nuevo eje estratégico” que propone Zapatero, con ocasión del bicentenario de las Independencias americanas, está destinado en realidad a oponerse al ALBA, establecido por Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua etc. La primera zona regional de cooperación justa y de integración, dotada de objetivos sociales y medioambientales ; la primera área de comercio justo fuera de los precios del mercado, de las reglas de la OMC, de los dictados del FMI. Un ejemplo concreto de voluntad política frente al neoliberalismo, ¡Sí, es posible ! Se pueden crear espacios de intercambio solidarios, no mercantilistas ; comenzar a “desmercantilizar”. En cambio, los acuerdos de “libre cambio” que propone la Unión Europea a América del Sur, son el matrimonio del tiburón y la sardina. Son acuerdos neocoloniales puros y duros que arruinan a los pequeños campesinos, la agricultura de base, destruyen la tierra, el agua, la selva… El Tratado de Lisboa lleva en sí mismo lógicas nefastas. ¡No, no, y no !
Jean Ortiz, candidato en las listas del Front de Gauche
Traducción: J.A. Pina
Tomado: L´Humanité
Etiquetas:
ALBA,
Anticapitalismo,
Europa,
FMI,
OMC
¿Cuba en la OEA?
Luego de 47 años la 39ª Asamblea General de la OEA selló ayer un acuerdo para derogar por unanimidad la exclusión de Cuba aprobada en 1962. La resolución no impone condiciones a Cuba, aunque establece mecanismos que deberían ponerse en marcha en (el improbable) caso de que La Habana expresara su deseo de retornar a la OEA. La noticia da pie a diversas consideraciones.
Primero, la resolución es un síntoma de los grandes cambios que han tenido lugar en el panorama sociopolítico de América Latina y el Caribe en los últimos años y cuyo signo distintivo es la persistente erosión de la hegemonía norteamericana en la región. La derogación de aquella ignominiosa resolución impuesta por la administración Kennedy revela la magnitud de las transformaciones en curso y que la Casa Blanca acepta a regañadientes. De este modo se repara –si bien tardía y parcialmente- una decisión de inmoralidad manifiesta y que ha pesado como un intolerable baldón sobre la OEA y sobre los gobiernos que con sus votos, o su abstención, facilitaron los planes del imperialismo norteamericano. Este, al no poder derrotar militarmente a la Revolución Cubana en Playa Girón optó por erigir un “cordón sanitario” para evitar que sus influjos emancipadores se contagiaran a los demás países del área. Intento que, por cierto, fracasó rotundamente.
Segundo, el debilitamiento de su hegemonía no significa que Estados Unidos renuncie a apoderarse, por otros medios, de los recursos y las riquezas de nuestros países o a tratar de controlar a nuestros gobiernos apelando a otros expedientes. Sería un error imperdonable pensar que debido a este declive de su capacidad de dirección política -e intelectual y moral a la vez- el imperialismo depondrá sus armas y comenzará a relacionarse con nuestros países en un pie de igualdad. Todo lo contrario: ante el declinar de su hegemonía su respuesta fue nada menos que la activación de la Cuarta Flota, con el propósito de lograr por la fuerza lo que en el pasado obtenía por la sumisión o complicidad de los gobiernos de la región. Y Obama no ha emitido la menor señal de que piensa cambiar esa política.
Tercero: Cuba, así como los demás países de Nuestra América, nada tienen que hacer en la OEA. Tal como lo hemos señalado en innumerables oportunidades, esta institución reflejó un momento especial en la evolución del sistema interamericano: el de la absoluta primacía de Estados Unidos. Esa etapa ya ha sido superada, y no tiene vuelta atrás. La maduración de la conciencia política de los pueblos de la región hizo que aún gobiernos muy afines a la Casa Blanca no tengan otra opción que enfrentarse a Estados Unidos en la condena al bloqueo de Cuba y, en San Pedro Sula, a derogar la decisión de 1962. Ante esta situación, la OEA está condenada por su larga historia como dócil instrumento del imperialismo: legitimó invasiones, asesinatos políticos, magnicidios, (algunos, como el de Orlando Letelier, perpetrados en Washington), golpes de estado y campañas de desestabilización contra gobiernos democráticos. Fue ciega, sorda y muda ante las atrocidades del “terrorismo de estado” auspiciado por Estados Unidos y ante políticas criminales como el Plan Cóndor. Cuando en Mayo del 2008 estalló la crisis en Bolivia el conflicto fue rápidamente solucionado por los países de América Latina sin que la OEA jugara papel alguno. No hizo falta. No hace más falta.
Cuarto: lo que sí hace falta es fortalecer y coherentizar sin más dilaciones los diversos proyectos de integración de los países de América Latina y el Caribe, como el ALBA o la UNASUR, iniciativas distintas pero que expresan la realidad contemporánea de la región. La OEA, en cambio, es una institución insanablemente anacrónica y por eso mismo inservible: representa un mundo que ya no existe sino en los delirios de los nostálgicos de la Guerra Fría y por eso no puede hacer ninguna contribución para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo. Después de haber derogado la resolución de 1962 le haría un gran servicio a la humanidad si decidiera disolverse.
Atilio Borón
Tomado: Rebelión
La montaña parió un ratón
.jpg)
Etiquetas:
Barack Obama,
Israel,
Palestina
3 jun 2009
Por una Unión Europea anticapitalista
Los países integrantes de la Unión Europea se preparan para elegir al nuevo parlamento de la comunidad y se predice una enorme abstención. Será quizás porque la UE está cada vez más alejada del pueblo y de las organizaciones que lo representan?
Pero cuál ha sido el desarrollo de estos países y sobre todo de los del ex campo socialista que la integran?
Las condiciones laborales se han ido deteriorando, siendo moneda corriente la inseguridad y los contratos temporales; como consecuencia, las condiciones de stress pasaron del 32% en 1991, al 44% en el 2005.
La UE impuso un tope en el presupuesto público que redundó en un desmejoramiento en áreas como salud, vivienda, educación, pensiones y demás sectores de protección social. En resumen, deterioro progresivo del llamado ”estado de bienestar social”, que favorecía fundamentalmente a las clases populares, y que se agravó aún más con las privatizaciones. Por el contrario, la tasa de crecimiento de las necesidades sociales ha ido en aumento.
La cobertura de los beneficios laborales y de los seguros de enfermedad, desempleo y discapacidad disminuyó; situación que es mucho más notoria en los países con gobiernos liberales o conservadores, como es el caso de Suecia. Las rentas que generan los salarios y el número de asalariados descendió, pese a que la cantidad de contratos es mayor, pasando de un 68% en 1975 a un 58% en el 2005, por la congelación de los salarios.
Al mismo tiempo, los beneficios de las grandes empresas en la zona euro, aumentaron entre 1999 y el 2006, un 36% y los costes laborales solo un 18%. Los grandes beneficiados con crisis o sin ella son los ricos a costa de las clases media y trabajadora, que han visto reducido su nivel de vida. Todo esta situación se ha visto favorecida por el Consenso de Bruselas y llevada a cabo por la Comisión Europea, encargada de que se cumpla el ”Pacto de Estabilidad”, responsable de la contención del gasto público (tope), y el Banco Central Europeo. Son los que han impuesto la desregularización de los mercados laborales (el dumping salarial) y del sistema financiero, son los responsables de la ”crisis”, de la reducción del gasto público y de los impuestos a los ricos.
La distancia entre los electores y las instituciones de la UE, además del déficit democrático evidente con la elección de su Presidente, se hacen más notorias . Con el Tratado de Lisboa la UE se transforma en un bloque económico, militar y político de carácter imperialista, que atenta contra los intereses de los trabajadores y los pueblos. La UE se compromete cada vez más en una Alianza Militar con EEUU y la OTAN, la carrera armamentista, el escudo antimisiles y se prepara para el ataque nuclear preventivo; apoya la política genocida de Israel contra Palestina y los planes de agresión contra África, Oriente Medio y Asia, poniendo en juego la paz mundial.
El descreimiento y la decepción generalizada se producen también porque no hay alternativas claras de sectores de centroizquierda, que están identificados con las políticas neoliberales.
Lo que se resuelve en la UE a través de su Parlamento y a espaldas de los pueblos, medidas que estos representantes no se atreverían a tomar en sus países, afecta gravemente el día a día de la ciudadanía europea. Medidas éstas que, cuando llegan a los estados miembros, son irrevocables porque se han decidido en Bruselas; medidas agresivas contra los derechos laborales y sindicales: propuesta de la jornada laboral de 65 horas, el derecho de huelga socavado, reduccción de la semana laboral y el salario y la nefasta ”Ley de la vergüenza” contra los inmigrantes.
Suecia, que ya está comprometida a través de la ISAF (Fuerza de Asistencia a la Seguridad Internacional) con la OTAN, no es ajena a este proceso y cada día nos vemos más afectados por todas estas medidas.
La radicalización de la “generación de los 600 y 1.000 euros“ -gente joven que ve su futuro en peligro- y una clase trabajadora que protesta a lo ancho y largo de Europa en defensa de sus derechos, abren nuevas perspectivas. La Confederación Europea de Sindicatos, a pesar de Wanja Wedin, se ha manifestado y exigido una Europa más social y que ponga en marcha un plan de defensa del empleo, mayor justicia social y seguridad laboral.
Aquí se discute muy poco acerca de lo que realmente significan estas elecciones. Se trata de votar el Parlamento de la UE, pero además de la profundización de un compromiso con la política militarista de EEUU y la OTAN, implica que vamos camino de entrar en la eurozona, y esto significaría un encarecimiento del costo de los productos esenciales.
Ante estas elecciones, las alternativas en Suecia no son muchas, dado que tampoco las hay dentro de los partidos, tanto de la Alianza como de la coalición roji-verde. No hay que dejarse engañar: NO quieren cambios profundos. No voy a hablar de la Alianza porque pienso que a estas alturas está más que vista cual es su posición.
Dentro de la coalición roji-verde, también está claro donde está la Socialdemocracia. El Partido de Izquierda, que si bien habla de defender los acuerdos que protegen el derecho de huelga, de los niños y sindicales, sigue comprometido en esta coalición y perdió la oportunidad histórica de perfilarse como una alternativa real. Este partido, en lugar de tomar posiciones claramente de izquierda, opuesto a toda esta política de privatizaciones y recortes, ha sido dirigido por Lars Olhy, para ser amable, hacia el centro-derecha. A no engañarse!!!
En Francia, donde han habido huelgas con la participación de miles de trabajadores, surge la Izquierda Anticapitalista, con el apoyo de los mineros y de Olivier Besancenot, dirigente del NPA, como rechazo a toda la política impuesta por la UE.
Estas protestas multitudinarias contra todo lo expresado anteriormente, se han dado en toda Europa y el NPA, recoge las exigencias y reivindicaciones de las mismas.
Estuvieron de visita en diferentes ciudades de Suecia y recogieron el apoyo de los trabajadores de las minas 4 y 12, con posibilidades concretas del apoyo de otros grupos de trabajadores, fuerzas de izquierda y movimientos sociales.
Toda la situación socio-laboral en este país tiende a agravarse. Es el momento de tomar una posición más definida y sin temor a los fantasmas de siempre, que nosotros bien conocemos: el miedo a la discusión ideológica y al término “comunista”, entre otros.
Pienso que Izquierda Anticapitalista (Arbetar Initiativet es su nombre en Suecia), es la mejor y más clara alternativa; la única que plantea el No a la OTAN y la defensa del salario y el trabajo digno. Es, en todo caso, la mejor alternativa para influir sobre las decisiones de las directivas de la UE.
El 7 de junio todos a votar; es una responsabilidad !!
Gloria
Etiquetas:
elecciones,
Parlamento,
UE
BARENBOIM
“Hay ciertas cosas que para mí son inaceptables: la ocupación de Palestina es inaceptable, y la construcción de asentamientos es algo que impide la paz. Es importante que en Israel la población entienda que no es suficiente decir que se quiere la paz. Hay que saber cuál es el precio de la paz. Y el precio de la paz es ver nuestra historia y todo con un sentido de justicia. Hay algo que no se puede olvidar, y es que el destino del pueblo palestino está unido al destino del Estado de Israel y por lo tanto no puede haber una solución que sea buena para unos y mala para los otros.”
(Del musico argentino-israelí Daniel Barenboim, en Viena.)
Tomado:Página 12
Etiquetas:
Daniel Barenboim,
Israel,
Palestina
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
