12 ene 2012

Aparecen nuevas víctimas del pinochetismo


Cientos de familias chilenas todavía buscan
 los cuerpos de sus consanguíneos
 muertos durante la dictadura.
Imagen: AFP
El Profesor John Dinges asegura tener documentados 151 nuevos casos de violación a los derechos humanos.


Caos en la morgue de entonces y errores sobre el real destino de los ejecutados políticos chilenos. Sobre esas pistas investigaron John Dinges y Pascale Bonnefoy, para ArchivosChile, y el resultado se plasmó en una serie de documentos.

El electricista Rubén Orta tenía 34 años cuando efectivos de la Central de Inteligencia Nacional (CNI) –uno de los organismos represivos de Pinochet– lo acribillaron a balazos junto al obrero Juan Olivares (37) en plena dictadura. Según la declaración oficial de la policía, ambos miembros del Movimiento Izquierda Revolucionario (MIR) fueron interceptados cuando presumiblemente intentaban atacar un cuartel arriba de una destartalada citroneta del ’59. Testigos y familiares, sin embargo, sostienen que ellos no se conocían y que fueron detenidos con mucha anterioridad a su fusilamiento. Sus restos con las huellas indelebles de la tortura así lo acreditaron. Refutan, además, la posibilidad de que los dos quisieran atacar un cuartel en un vehículo que apenas se movía. Rubén fue reconocido por su familia y entregado al día siguiente de su muerte. En cambio, el cuerpo de Juan se mantuvo durante 15 días en el Instituto Médico Legal por problemas administrativos a causa del desorden reinante. Finalmente, fue devuelto a sus seres queridos, quienes le dieron una sepultura digna. Cientos de familias aún no tienen ese privilegio.

Aportar a ese proceso es lo que pretenden John Dinges, profesor de la Universidad de Columbia, y Pascale Bonnefoy, investigadora de ArchivosChile, con su trabajo “Ejecuciones en Chile, septiembre-diciembre 1973: el circuito burocrático de la muerte”, documentación online (www.archivochile.com) que fue presentada anoche en Santiago como proyecto del Centro de Investigación e Información (Ciinfo) y del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile.

Se trata de una serie de reportajes que rescatan información original de la época. Lo novedoso es que la documentación se obtuvo a través de la Ley de Transparencia –que regula el derecho de acceso a la información de los órganos del Estado–, del Servicio Médico Legal, el Registro Civil, el Cementerio General y el Segundo Juzgado Militar, por lo que se convierte en un potente archivo que entregará nuevas hebras de investigación.

En conversación con Página/12, John Dinges, que fue corresponsal de The Washington Post entre 1972 y 1978 en Chile, explica que se publicarán 10 capítulos. Entre ellos, un reportaje sobre el enlace existente entre el Registro Civil y la morgue. “Como había tanto caos en la morgue, el procedimiento normal fue sobrepasado. Logramos identificar gente que hasta hoy no había sido calificada por las comisiones oficiales, pero, según sus características de muerte, podría tratarse de ejecuciones políticas.

En ese sentido, asegura tener documentados 151 nuevos casos de violación a los Derechos Humanos que no figuraban en la comisiones de verdad y reparación. “De ellos, 84 son NN. Esos cadáveres pueden estar enterrados sin identificación y esto es una pista para reabrir investigaciones”, sostiene el investigador estadounidense. Esto debido a la errónea identificación de cuerpos, el paso por la morgue de personas que hoy permanecen como detenidos-desaparecidos y errores sobre el real destino de muchos ejecutados, supuestamente enterrados o incinerados en el Cementerio General.

Junto a ello, ArchivosChile habilitará un mapa interactivo que mostrará todas las ubicaciones de los cuerpos encontrados en Santiago desde el 11 de septiembre de 1973, día del golpe de Estado, hasta diciembre de ese año. “Al pinchar en el sitio web, se encuentran cuerpos día a día hasta que queda negra la pantalla. Es una herramienta de concientización que donaremos también al Museo de la Memoria”, explica.

Otro capítulo clave es el relato de la morgue por dentro y el desorden provocado por la avalancha de cuerpos ejecutados que llegaban. En base a entrevistas y la revisión del libro de ingreso de todos los muertos, la investigación reconstruye lo que pasó hora tras hora en la morgue de Santiago. “Llegaban los camiones con 10 a 15 cadáveres diarios y se les descargaba”, cuenta el investigador norteamericano. En este proceso, hubo irregularidades en la cadena de custodia de los cuerpos, la identificación de cadáveres y cuerpos que desaparecieron luego de estar en la morgue. La documentación permitió desentrañar la burocracia detrás de las ejecuciones masivas y se hizo un seguimiento a los cuerpos de los fallecidos desde que ingresaron a la morgue hasta su entierro.

La tercera parte apunta a la negligencia del Juzgado Militar. Según los registros, el 90 por ciento de los casos de ejecutados por bala fueron tomados por la Fiscalía Militar, en contraposición con lo legal que indica que los jueces del lugar donde se encuentra la víctima se debe encargar con la investigación y ordena la autopsia.

“El mismo 11 de septiembre, a las 20, llegaron los primeros ejecutados políticos. Hubo una llamada de la guarnición militar que ordena la autopsia. Desde ese momento, en casi todos los ejecutados, esta designada la fiscalía militar como encargada del caso. Ningún juez civil investigó”, relata Dinges a Página/12.

La investigación chequeó en las fiscalías y determinó que no hubo ninguna investigación criminal en los casos de violaciones a los Derechos Humanos. “Eso no sorprende porque los militares no se acusarían entre ellos. Pero hemos confirmado que montaron un sistema donde se tomaron la jurisdicción e ignoraron la responsabilidad jurídica chilena. Eso es gravísimo”, concluye Dinges.

Christian Palma / Desde Santiago

Tomado: Página 12.com.ar

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11 ene 2012

En The New York Times hoy: Entreguemos Guantánamo a Cuba

Ilustración publicada con este
 artículo en The New York Times
En los 10 años transcurridos desde que el campo de detención de Guantánamo se abrió al debate angustioso de si se cierra la instalación o se mantiene de forma permanente, se ha ocultado un fracaso más profundo que se remonta a más de un siglo e implica a todos los estadounidenses, y tiene que ver con nuestra continua ocupación del propio territorio de Guantánamo. Ya es hora de devolver este enclave imperialista a Cuba.

Desde el momento en que el gobierno de los Estados Unidos obligó a Cuba a arrendar la bahía de Guantánamo como una base naval para nosotros, en junio de 1901, la presencia de Estados Unidos ha sido más que una piedra en el zapato de Cuba. Ha servido para recordar al mundo la larga historia del militarismo intervencionista de Estados Unidos. Pocos gestos tendrían un efecto más saludable en el sofocante callejón sin salida de las relaciones cubano-estadounidenses, que la devolución de esta pieza codiciada de tierra.

Las circunstancias por las que los Estados Unidos llegaron a ocupar Guantánamo son tan preocupantes como su última década de actividad allí. En abril de 1898, las fuerzas estadounidenses intervinieron durante tres años en Cuba, en el momento en que los cubanos luchaban por su independencia y tenían esta guerra casi ganada, de modo que convirtieron la Guerra por la Independencia de Cuba en lo que los estadounidenses siguen la costumbre de llamar “Guerra Hispano-Americana”. Los funcionarios estadounidenses luego excluyeron al Ejército de Cuba en el armisticio y les negaron un lugar a Cuba en la conferencia de paz de París.

“Hay tanta ira natural y angustia en toda la isla”, comentó el general cubano Máximo Gómez en enero de 1899, después de la firma de la paz, “porque el pueblo no ha podido celebrar realmente el triunfo tras el fin del poder de los antiguos gobernantes.”

Curiosamente, la declaración de los Estados Unidos en torno a la guerra con España incluye la garantía de que Estados Unidos no buscó intervenir “la soberanía, jurisdicción o control” sobre Cuba y que su intención era “dejar el gobierno y el control de la isla a su pueblo.”

Pero después de la guerra, los imperativos estratégicos primaron sobre la independencia de Cuba. Los Estados Unidos querían el dominio de Cuba, junto con las bases navales desde las cuales lo ejerce.

Introdujeron al general Leonard Wood, a quien el presidente William McKinley había nombrado gobernador militar de Cuba, y con él las disposiciones que se conocieron como la Enmienda Platt. Dos de estas disposiciones fueron particularmente odiosas: una garantía de que los Estados Unidos ejercerían el derecho de intervenir a voluntad en los asuntos cubanos, y la otra, que instituía para siempre la venta o arrendamiento de estaciones navales. Juan Gualberto Gómez, delegado principal de la Convención Constituyente de Cuba, dijo que la Enmienda haría de los cubanos “un pueblo vasallo”.

Presagio de la crisis de los misiles cubanos, proféticamente Juan Gualberto advirtió que las bases extranjeras en suelo cubano sólo traerán para Cuba “conflictos que no saldrán de nuestra propias decisiones y en los que no tenemos ningún interés”.

Pero era una oferta que Cuba no podía rechazar, como Wood informó a los delegados. La alternativa a la Enmienda fue la continuación de la ocupación. Los cubanos recibieron el mensaje. “Hay, por supuesto, poco o nada de la verdadera independencia, que se fue de Cuba con la Enmienda Platt”, comentó Wood al sucesor de McKinley, Theodore Roosevelt, en octubre de 1901, poco después de que la Enmienda Platt fuera incorporada a la Constitución cubana. “Los cubanos más sensibles comprenden esto y sienten que lo único consistente ahora es buscar la anexión.” Pero con Platt en su lugar, ¿quién necesitaba la anexión?

 Durante las próximas dos décadas, los Estados Unidos en repetidas ocasiones enviaron infantes de marina con sede en Guantánamo para “proteger sus intereses en Cuba” y la redistribución de tierras que habían sido bloqueadas. Entre 1900 y 1920, 44.000 norteamericanos se establecieron en Cuba, para impulsar la inversión de capital en la isla, que partió de unos 80 millones de dólares a un poco más de mil millones de dólares y llevó a un periodista a comentar que poco “a poco, la isla entera está pasando a manos de los ciudadanos estadounidenses”.

¿Cómo lucía esto desde la perspectiva de Cuba? Bueno, imagínese que al final de la Revolución Americana los franceses hubieran decidido permanecer aquí. Imagínese que los franceses se hubieran negado a permitir que Washington y su ejército asistieran a la tregua en Yorktown. Imagínese que negara en el Congreso Continental un asiento a los estadounidenses en el Tratado de París, que expropiaran los bienes de los ingleses, ocupado el puerto de Nueva York, enviara tropas para aplastar a los Shays y a otras rebeliones y luego emigrara a las colonias en masa, robándose lo más valioso de nuestras tierras.

Tal es el contexto en el que los Estados Unidos llegó a ocupar Guantánamo. Se trata de una historia excluida de los libros de texto estadounidenses y abandonados en los debates sobre el terrorismo, el derecho internacional y el alcance del poder ejecutivo. Pero es una historia conocida en Cuba (que motivó la Revolución de 1959) y en toda América Latina. Esto explica por qué Guantánamo sigue siendo un símbolo evidente de la hipocresía en todo el mundo. No hace falta siquiera hablar de la última década.

Si el presidente Obama reconoce esta historia y pone en marcha el proceso de devolución de Guantánamo a Cuba, podría comenzar a reparar los errores de los últimos 10 años que pesan sobre nosotros, por no hablar de cumplir con una promesa de campaña electoral. (Dada la intransigencia del Congreso, no hay mejor manera de cerrar el campo de detención que entregar ese territorio con la base naval incluida.) Rectificaría un agravio secular y sentaría las bases para nuevas relaciones con Cuba y con otros países en el hemisferio occidental y en todo el mundo. Por último, se enviaría un mensaje inequívoco de que la integridad, auto-control y transparencia no son una prueba de debilidad, sino los atributos indispensables de liderazgo en un mundo siempre cambiante.

Seguramente no hay manera más apropiada de observar este sombrío aniversario de hoy, que defender los principios que Guantánamo socavó hace más de un siglo.

JONATHAN M. HANSEN / Cambridge, Mass. /   The New York Times /
Traducido por Cubadebate

Jonathan M. Hansen, profesor de estudios sociales en Harvard, es el autor de “Guantánamo: Una Historia americana”

Tomado:CubaDebate.cu




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“Está en juego la libertad”



Mientras en Estados Unidos avanza el proyecto de ley conocido como SOPA, un grupo local de activistas y militantes vinculados con las nuevas tecnologías se juntó para “generar un debate, formar parte, involucrarse”.

En Estados Unidos avanza el proyecto de ley conocido como SOPA (Stop Online Piracy Act) y en España se aprobó la controvertida Ley Sinde. Quienes se oponen alertan sobre el incremento de la condición policíaca de control, poniendo en riesgo la libertad de expresión, cuando no la privacidad de los usuarios y hasta el crecimiento económico de la web y sus derivados. Hay quienes hablan también del choque de una industria vieja contra una naciente. Por su parte, los gigantes Facebook, Google, Yahoo! y Wikipedia, entre otros, anunciaron la posibilidad de un apagón el 23 de enero a manera de protesta. Dentro de este contexto –que llegó a la Argentina para quedarse con las causas legales aún no resueltas que involucran a los sitios Taringa y Cuevana y el conflictivo proyecto de Canon Digital que este año Diputados finalmente desestimó–, Ihara Dutra, Pablo Moyano y Pablo D’Amico empezaron el año trabajando con urgencia para armar el encuentro Gobierno de la Web http://www.gobiernodelaweb.com.ar), que se llevó a cabo el lunes en el Centro Cultural de la Cooperación.

“Sentí que había que hacer algo”, dice Dutra –organizadora de eventos tecnológicos y fundadora de Geek Provider (not a human resource company)– a Página/12 en una pausa del encuentro. A la hora de inaugurar la jornada que contó con siete oradores –uno de los cuales fue D’Amico, cineasta e impulsor de la Biblioteca Utopía del CCC– dejó clara la consigna: “Generar un debate, formar parte, involucrarse”. Varias de las charlas fueron transmitidas en vivo online (se puede acceder al video a través de http://www.gobiernodelaweb.com.ar/video/ y en unos días el clip será reemplazado por otro de mejor calidad más los videos de las charlas que no fueron transmitidas), para responder, según Moyano –analista de sistemas y docente–, al reclamo de que abunda material audiovisual del tema en inglés, pero no tanto en español. Es que, de Napster en adelante, la problemática de la propiedad intelectual y los derechos de autor ha ido ocupando cada vez más espacio.

El debate se abordó tanto desde la cuestión legal como apuntando a miradas más amplias y también a la necesidad de historización. Esto último porque el conflicto es el de un sistema que tiene trescientos años de existencia, como remarcó José Massón –socio de GCoop-Cooperativa de Software Libre (http://www.gcoop.coop/)– en su charla “Copyright, una ingeniosa manera de saquear el dominio público”, partiendo del Estatuto de la Reina Ana en la Inglaterra de 1710, que otorgaba a los autores potestad para decidir cómo explotar su obra por 14 años, renovables si el autor seguía vivo. Ese esquema fue modificándose con el paso del tiempo pero, con el avance de nuevas tecnologías, para el siglo XX fue dejando de buscar “regular la publicación, para pasar a regular la copia” a su vez extendiendo los plazos temporales abarcados por la ley. En su exposición, Massón señaló a la cultura como una construcción colectiva. Destacó que, por eso, es necesario preguntarse con respecto a las leyes mencionadas “a quién se protege y de qué se lo protege”.

“Si olvidamos la historia cometemos muchas veces errores”, sumó Beatriz Busaniche –coordinadora de proyectos en la Fundación Vía Libre, Public Leader en Creative Commons y directora ejecutiva y miembro fundador de Wikimedia Argentina– en otro momento del encuentro, que transcurrió a lo largo de una tarde en la que el calor amenazaba con derretir el asfalto. Busaniche (http://www.bea.org.ar/) comenzó su presentación, titulada “Libertad en la web: Stallman tenía razón”, apuntando al hecho de que las tensiones actuales sobre los niveles de vigilancia y restricción, sobre redes abiertas (que apuntan a facilitar el flujo de información), frente a redes privativas (donde hay una posibilidad mayor de selección y control sobre los usuarios y su acceso a contenidos; para Busaniche, Facebook y Twitter, por ejemplo, pertenecen a este grupo) estuvieron presentes desde sus inicios, pasando por diferentes fases. Siendo que la red actual era una posible entre otras visiones a construir, Busaniche puso el acento en que la que se desarrolló y creció fue siempre la que propició la apertura y la “lógica generativa”, que apunta a dejar ir el trabajo, confiando en que otro vendrá luego para completarlo o enriquecerlo; “seguir jugando sobre aquello que otro inició” es la lógica “que debemos defender”, porque entre otras cosas permite decir “quizá no es posible hoy, pero mañana...”. Dentro de ese esquema de tensiones, Busaniche identificó un énfasis en generar miedo planteando a la web como “tierra de nadie”. También, analizando el conflicto por el sistema de derechos de autor como parte de una lucha más amplia por la vigilancia y el control, concluyo que “es la libertad la que está en juego”.

Cerrando el día llegó el turno del artista, programador, investigador y productor de Nuevas Tecnologías Iván Ivanoff (http://www.i2off.org/) con “Mamá, estoy grande, no quiero más SOPA”, que prefirió hacer una puesta en común con el público presente. En el intercambio de opiniones, se dieron los planteos de la necesidad de un Estado de Derecho que habilite la discusión o incluso la protesta así como lo legal entendido como el resultado de tensiones, consensos y disensos dentro de las sociedades. Ivanoff, que también es uno de los fundadores del colectivo Clandestina Weekend Nerd, apuntó que “mi arma es la insurrección”, buscando de esa manera invertir el pensamiento que ubica el lugar de las grandes decisiones exclusivamente en las grandes corporaciones, el político de turno o el Estado. “Si me ponen la ley SOPA, sacamos la Internet paralela”, dijo Ivanoff en referencia a que “el que tiene el poder es el que sabe hacer” –entendiendo que el conocimiento solo no alcanza–. “Para mí, es necesario el debate, es necesario el conflicto, y el conflicto –más allá de que es divertido y está bueno que charlemos acá– es en el barro, es en la calle, peleándola.”

Diego Braude

Tomado: Página 12.com.ar

La estigmatización



Para Roberto Samar la estigmatización sigue presente en los medios de comunicación y como respuesta es necesario generar prácticas y discursos inclusivos que contribuyan al fortalecimiento del tejido social.

En los medios masivos de comunicación y con un fuerte anclaje en el imaginario colectivo, circula un discurso que estigmatiza a los jóvenes pobres como peligrosos. El pibe que responde a ese estereotipo es mirado con miedo cuando camina, es demorado con frecuencia por la policía por averiguación de antecedentes y está más expuesto a ser detenido por ser el primer sospechoso frente a un delito.

A modo de ejemplo de cómo la estigmatización atraviesa a los medios de comunicación, el monitoreo de niñez y adolescencia en la prensa argentina del año 2008, desarrollado por Periodismo Social, señala que, “los artículos que se refieren concretamente a medidas de privación de libertad de los adolescentes sospechosos de delinquir incluyeron términos peyorativos en el 65 por ciento de los casos”.

Asimismo, es ilustrativo cómo muchas veces, cuando se habla de inseguridad, se menciona como parte de una acción preventiva el famoso “olfato policial”, que no es más que una serie de prejuicios y estereotipos sobre los cuales se selecciona cierto modelo de delincuente. El “olfato policial” es la metáfora simpática para justiciar el accionar de la policía sin suficientes elementos probatorios. Es como si la falaz teoría criminológica de Cesare Lombroso –quien asociaba las causas de la criminalidad de acuerdo con la forma, características físicas y biológicas como por ejemplo el tamaño del cráneo– se actualizara pero bajo otros patrones estéticos y sin ningún fundamento teórico.

Tomemos unos ejemplos de repercusión mediática. El diario Clarín del 13/9/05 afirma que un “joven fue requisado sin que exista un motivo justificado, sólo basándose en el ‘olfato’ de los policías que lo realizaron”. En el mismo sentido, en el diario La Nación del 26/1/09 “...Integrantes de la Sala Séptima del Tribunal admitieron el denominado ‘olfato policial’ para requisar o detener a sospechosos en la vía pública sin que exista un estado predelictual o elementos ‘objetivos’ que avalen esas medidas cautelares”.

En el mismo orden, para el informe del año 2010 de la Defensoría del Pueblo porteña “existen estereotipos creados por la policía, como el ‘olfato policial’ o la ‘actitud sospechosa’, que caen siempre sobre determinados sectores vulnerables de la población. Estereotipos que, a pesar del bloqueo constitucional y legal en vigor, continúan existiendo de hecho en el proceder de la institución”. Esta discriminación se basa en asociar ciertas características como la vestimenta, el color de piel o un tipo de barrio con cierto imaginario de “delincuente”, que no es necesariamente real.

 Lo que sí es real es la discriminación y arbitrariedad que sufre la persona que responde a ese modelo. En ese sentido, el juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni entiende que la estigmatización de un sector social no es un fenómeno local, considera que hay una criminología mediática mundial que baja de los Estados Unidos y se expande por el mundo con una exaltación de la venganza. Dicho fenómeno toma como chivo expiatorio a un grupo social: en los Estados Unidos son los negros; en Europa son los inmigrantes, los turcos en Alemania o los islámicos en Francia. Acá son los jóvenes de los barrios más vulnerables.

Como conclusión, hay que tener presente que la construcción de una sociedad más segura para todos requiere generar prácticas y discursos inclusivos que tiendan puentes y que rompan estereotipos y estigmatizaciones. Es decir que colabore en el fortalecimiento del tejido social.

Roberto Samar / Licenciado en Comunicación Social. Docente de Filosofía Política Moderna UNLZ.

Tomado: Página 12.com.ar

8 ene 2012

La marcha hacia el abismo


No es cuestión de optimismo o pesimismo, saber o ignorar cosas elementales, ser responsables o no de los acontecimientos. Los que pretenden considerarse políticos debieran ser lanzados al basurero de la historia cuando, como es norma, en esa actividad ignoran todo o casi todo lo que se relaciona con ella.

No hablo por supuesto de los que a lo largo de varios milenios convirtieron los asuntos públicos en instrumentos de poder y riquezas para las clases privilegiadas, actividad en la que verdaderos récords de crueldad han sido impuestos durante los últimos ocho o diez mil años sobre los que se tienen vestigios ciertos de la conducta social de nuestra especie, cuya existencia como seres pensantes, según los científicos, apenas rebasa los 180 mil años.

No es mi propósito enfrascarme en tales temas que seguramente aburrirían a casi el ciento por ciento de las personas continuamente bombardeadas con noticias a través de medios, que van desde la palabra escrita hasta las imágenes tridimensionales que comienzan a exhibirse en costosos cines, y no está lejano el día en que también predominen en la ya de por sí fabulosas imágenes de la televisión. No es casual que la llamada industria de la recreación tenga su sede en el corazón del imperio que a todos tiraniza.

Lo que pretendo es situarme en el punto de partida actual de nuestra especie para hablar de la marcha hacia el abismo. Podría incluso hablar de una marcha “inexorable” y estaría seguramente más cerca de la realidad. La idea de un juicio final está implícita en las doctrinas religiosas más extendidas entre los habitantes del planeta, sin que nadie las califique por ello de pesimistas. Considero, por el contrario, deber elemental de todas las personas serias y cuerdas, que son millones, luchar para posponer y, tal vez impedir, ese dramático y cercano acontecimiento en el mundo actual.

Numerosos peligros nos amenazan, pero dos de ellos, la guerra nuclear y el cambio climático, son decisivos y ambos están cada vez más lejos de aproximarse a una solución.

La palabrería demagógica, las declaraciones y los discursos de la tiranía impuesta al mundo por Estados Unidos y sus poderosos e incondicionales aliados, en ambos temas, no admiten la menor duda al respecto.

El primero de enero de 2012, año nuevo occidental y cristiano, coincide con el aniversario del triunfo de la Revolución en Cuba y el año en que se cumple el 50 Aniversario de la Crisis de Octubre de 1962, que puso al mundo al borde de la guerra mundial nuclear, lo que me obliga a escribir estas líneas.

Carecerían de sentido mis palabras si tuviesen como objetivo imputar alguna culpa al pueblo norteamericano, o al de cualquier otro país aliado de Estados Unidos en la insólita aventura; ellos, como los demás pueblos del mundo, serían las víctimas inevitables de la tragedia. Hechos recientes ocurridos en Europa y otros puntos muestran las indignaciones masivas de aquellos a los que el desempleo, la carestía, las reducciones de sus ingresos, las deudas, la discriminación, las mentiras y la politiquería, conducen a las protestas y a las brutales represiones de los guardianes del orden establecido.

Con frecuencia creciente se habla de tecnologías militares que afectan la totalidad del planeta, único satélite habitable conocido a cientos de años luz de otro que tal vez resulte adecuado si nos movemos a la velocidad de la luz, trescientos mil kilómetros por segundo.

No debemos ignorar que si nuestra maravillosa especie pensante desapareciera transcurrirían muchos millones de años antes de que surja nuevamente otra capaz de pensar, en virtud de los principios naturales que rigen como consecuencia de la evolución de las especies, descubierta por Darwin en 1859 y que hoy reconocen todos los científicos serios, creyentes o no creyentes.

Ninguna otra época de la historia del hombre conoció los actuales peligros que afronta la humanidad. Personas como yo, con 85 años cumplidos, habíamos arribado a los 18 con el título de bachiller antes de que concluyera la elaboración de la primera bomba atómica.

Hoy los artefactos de ese carácter listos para su empleo ─incomparablemente más poderosos que los que produjeron el calor del sol sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki─ suman miles.

Las armas de ese tipo que se guardan adicionalmente en los depósitos, añadidas a las ya desplegadas en virtud de acuerdos, alcanzan cifras que superan los veinte mil proyectiles nucleares.

El empleo de apenas un centenar de esas armas sería suficiente para crear un invierno nuclear que provocaría una muerte espantosa en breve tiempo a todos los seres humanos que habitan el planeta, como ha explicado brillantemente y con datos computarizados el científico norteamericano y profesor de la Universidad de Rutgers, New Jersey, Alan Robock.

Los que acostumbran a leer las noticias y análisis internacionales serios, conocen cómo los riesgos del estallido de una guerra con empleo de armas nucleares se incrementan a medida que la tensión crece en el Cercano Oriente, donde en manos del gobierno israelita se acumulan cientos de armas nucleares en plena disposición combativa, y cuyo carácter de fuerte potencia nuclear ni se admite ni se niega. Crece igualmente la tensión en torno a Rusia, país de incuestionable capacidad de respuesta, amenazada por un supuesto escudo nuclear europeo.

Mueve a risas la afirmación yanki de que el escudo nuclear europeo es para proteger también a Rusia de Irán y Corea del Norte. Tan endeble es la posición yanqui en este delicado asunto, que su aliado Israel ni siquiera se toma la molestia de garantizar consultas previas sobre medidas que puedan desatar la guerra.

La humanidad, en cambio, no goza de garantía alguna. El espacio cósmico, en las proximidades de nuestro planeta, está saturado de satélites de Estados Unidos destinados a espiar lo que ocurre hasta en las azoteas de las viviendas de cualquier nación del mundo. La vida y costumbres de cada persona o familia pasó a ser objeto de espionaje; la escucha de cientos de millones de celulares, y el tema de las conversaciones que aborde cualquier usuario en cualquier parte del mundo deja de ser privado para convertirse en material de información para los servicios secretos de Estados Unidos.

Ese es el derecho que va quedando a los ciudadanos de nuestro mundo en virtud de los actos de un gobierno cuya constitución, aprobada en el Congreso de Filadelfia en 1776, establecía que todavía los hombres nacían libres e iguales y a todos les concedía el Creador determinados derechos, de los cuales no les quedan ya, ni a los propios norteamericanos ni a ciudadano alguno del mundo siquiera el de comunicar por teléfono a familiares y amigos sus sentimientos más íntimos.

La guerra, sin embargo, es una tragedia que puede ocurrir, y es muy probable que ocurra; más, si la humanidad fuese capaz de retrasarla un tiempo indefinido, otro hecho igualmente dramático está ocurriendo ya con creciente ritmo: el cambio climático. Me limitaré a señalar lo que eminentes científicos y expositores de relieve mundial han explicado a través de documentos y filmes que nadie cuestiona.

Es bien conocido que el gobierno de Estados Unidos se opuso a los acuerdos de Kyoto sobre el medio ambiente, una línea de conducta que ni siquiera concilió con sus más cercanos aliados, cuyos territorios sufrirían tremendamente y algunos de los cuales, como Holanda, desaparecerían casi por entero.

El planeta marcha hoy sin política sobre este grave problema, mientras los niveles del mar se elevan, las enormes capas de hielo que cubren la Antártida y Groenlandia, donde se acumula más del 90% del agua dulce del mundo, se derriten con creciente ritmo, y ya la humanidad, el pasado 30 de noviembre de 2011, alcanzó oficialmente la cifra de 7 mil millones de habitantes que en las áreas más pobres del mundo crece de forma sostenida e inevitable. ¿Es que acaso los que se han dedicado a bombardear países y matar millones de personas durante los últimos 50 años se pueden preocupar por el destino de los demás pueblos?

Estados Unidos es hoy no solo el promotor de esas guerras, sino también el mayor productor y exportador de armas en el mundo.

Como es conocido, ese poderoso país ha suscrito un convenio para suministrar 60 mil millones de dólares en los próximos años al reino de Arabia Saudita, donde las transnacionales de Estados Unidos y sus aliados extraen cada día 10 millones de barriles de petróleo ligero, es decir, mil millones de dólares en combustible. ¿Qué será de ese país y de la región cuando esas reservas de energía se agoten? No es posible que nuestro mundo globalizado acepte sin chistar el colosal derroche de recursos energéticos que la naturaleza tardó cientos de millones de años en crear, y cuya dilapidación encarece los costos esenciales. No sería en absoluto digno del carácter inteligente atribuido a nuestra especie.

En los últimos 12 meses tal situación se agravó considerablemente a partir de nuevos avances tecnológicos que, lejos de aliviar la tragedia proveniente del derroche de los combustibles fósiles, la agrava considerablemente.

Científicos e investigadores de prestigio mundial venían señalando las consecuencias dramáticas del cambio climático.

En un excelente documental fílmico del director francés Yann Arthus-Bertrand, titulado Home, y elaborado con la colaboración de prestigiosas y bien informadas personalidades internacionales, publicado a mediados del año 2009, este advirtió al mundo con datos irrebatibles lo que estaba ocurriendo. Con sólidos argumentos exponía las consecuencias nefastas de consumir, en menos de dos siglos, los recursos energéticos creados por la naturaleza en cientos de millones de años; pero lo peor no era el colosal derroche, sino las consecuencias suicidas que para la especie humana tendría. Refiriéndose a la propia existencia de la vida, le reprochaba a la especie humana: “…Te beneficias de un fabuloso legado de 4 000 millones de años suministrado por la Tierra. Solamente tienes 200 000 años, pero ya has cambiado la faz del mundo.”

No culpaba ni podía culpar a nadie hasta ese minuto, señalaba simplemente una realidad objetiva. Sin embargo, hoy tenemos que culparnos todos de que lo sepamos y nada hagamos por tratar de remediarlo.

En sus imágenes y conceptos, los autores de esa obra incluyen memorias, datos e ideas que estamos en el deber de conocer y tomar en cuenta.

En meses recientes, otro fabuloso material fílmico exhibido fue Océanos, elaborado por dos realizadores franceses, considerado el mejor film del año en Cuba; tal vez, a mi juicio, el mejor de esta época.

Es un material que asombra por la precisión y belleza de las imágenes nunca antes filmadas por cámara alguna: 8 años y 50 millones de euros fueron invertidos en ella. La humanidad tendrá que agradecer esa prueba de la forma en que se expresan los principios de la naturaleza adulterados por el hombre. Los actores no son seres humanos: son los pobladores de los mares del mundo. ¡Un Oscar para ellos!

Lo que motivó para mí el deber de escribir estas líneas no surgió de los hechos referidos hasta aquí, que de una forma u otra he comentado anteriormente, sino de otros que, manejados por intereses de las transnacionales, han estado saliendo a la luz dosificadamente en los últimos meses y sirven a mi juicio como prueba definitiva de la confusión y el caos político que impera en el mundo.

Hace apenas unos meses leí por primera vez algunas noticias sobre la existencia del gas de esquisto. Se afirmaba que Estados Unidos disponía de reservas para suplir sus necesidades de este combustible durante 100 años. Como dispongo en la actualidad de tiempo para indagar sobre temas políticos, económicos y científicos que pueden ser realmente útiles a nuestros pueblos, me comuniqué discretamente con varias personas que residen en Cuba o en el exterior de nuestro país. Curiosamente, ninguna de ellas había escuchado una palabra sobre el asunto. No era desde luego la primera vez que eso sucedía. Uno se asombra de hechos importantes de por sí que se ocultan en un verdadero mar de informaciones, mezcladas con cientos o miles de noticias que circulan por el planeta.

Persistí, no obstante, en mi interés sobre el tema. Han transcurrido solo varios meses y el gas de esquisto no es ya noticia. En vísperas del nuevo año se conocían ya suficientes datos para ver con toda claridad la marcha inexorable del mundo hacia el abismo, amenazado por riesgos tan extremadamente graves como la guerra nuclear y el cambio climático. Del primero, ya hablé; del segundo, en aras de la brevedad, me limitaré a exponer datos conocidos y algunos por conocer que ningún cuadro político o persona sensata debe ignorar.

No vacilo en afirmar que observo ambos hechos con la serenidad de los años vividos, en esta espectacular fase de la historia humana, que han contribuido a la educación de nuestro pueblo valiente y heroico.

El gas se mide en TCF, los cuales pueden referirse a pies cúbicos o metros cúbicos ─no siempre se explica si se trata de uno o de otro─ depende del sistema de medidas que se aplique en un determinado país. Por otro lado, cuando se habla de billones suelen referirse al billón español que significa un millón de millones; tal cifra en inglés se califica como trillón lo cual debe tenerse en cuenta cuando se analizan las referidas al gas que suelen ser voluminosas. Trataré de señalarlo cuando sea necesario.

El analista norteamericano Daniel Yergin, autor de un voluminoso clásico de historia del petróleo afirmó, según la agencia de noticias IPS, que ya un tercio de todo el gas que se produce en Estados Unidos es gas de esquisto.

“…la explotación de una plataforma con seis pozos puede consumir 170.000 metros cúbicos de agua e incluso provocar efectos dañinos como influir en movimientos sísmicos, contaminar aguas subterráneas y superficiales, y afectar el paisaje.”

El grupo británico BP informa por su parte que “Las reservas probadas de gas convencional o tradicional en el planeta suman 6.608 billones -millón de millones- de pies cúbicos, unos 187 billones de metros cúbicos, [...] y los depósitos más grandes están en Rusia (1.580 TCF), Irán (1.045), Qatar (894), y Arabia Saudita y Turkmenistán, con 283 TCF cada uno”. Se trata del gas que se venía produciendo y comercializando.

“Un estudio de la EIA -una agencia gubernamental de Estados Unidos sobre energía- publicado en abril de 2011 encontró prácticamente el mismo volumen (6.620 TCF o 187,4 billones de metros cúbicos) de shale gas recuperable en apenas 32 países, y los gigantes son: China (1.275 TCF), Estados Unidos (862), Argentina (774), México (681), Sudáfrica (485) y Australia (396 TCF)”. Shale gas es gas de esquisto. Obsérvese que de acuerdo a lo que se conoce Argentina y México poseen casi tanto como Estados Unidos. China, con los mayores yacimientos, posee reservas que equivalen a casi el doble de aquellos y un 40% más que Estados Unidos.

“…países secularmente dependientes de proveedores extranjeros contarían con una ingente base de recursos en relación con su consumo, como Francia y Polonia, que importan 98 y 64 por ciento, respectivamente, del gas que consumen, y que tendrían en rocas de esquistos o lutitas reservas superiores a 180 TCF cada uno”.

“Para extraerlo de las lutitas -señala IPS- se apela a un método bautizado ‘fracking’ (fractura hidráulica), con la inyección de grandes cantidades de agua más arenas y aditivos químicos. La huella de carbono (proporción de dióxido de carbono que libera a la atmósfera) es mucho mayor que la generada con la producción de gas convencional.

“Como se trata de bombardear capas de la corteza terrestre con agua y otras sustancias, se incrementa el riesgo de dañar subsuelo, suelos, napas hídricas subterráneas y superficiales, el paisaje y las vías de comunicación si las instalaciones para extraer y transportar la nueva riqueza presentan defectos o errores de manejo.”

Baste señalar que entre las numerosas sustancias químicas que se inyectan con el agua para extraer este gas se encuentran el benceno y el tolueno, que son sustancias terriblemente cancerígenas

La experta Lourdes Melgar, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, opina que:

“‘Es una tecnología que genera mucho debate y son recursos ubicados en zonas donde no hay agua’…”.

“Las lutitas gasíferas -expresa IPS- son canteras de hidrocarburos no convencionales, encalladas en rocas que las guarecen, por lo que se aplica la fractura hidráulica (conocida en inglés como ‘fracking’) para liberarlas a gran escala.”

“La generación de gas shale involucra altos volúmenes de agua y la excavación y fractura generan grandes cantidades de residuos líquidos, que pueden contener químicos disueltos y otros contaminantes que requieren tratamiento antes de su desecho.”

“La producción de esquisto saltó de 11.037 millones de metros cúbicos en 2000 a 135.840 millones en 2010. En caso de seguir a este ritmo la expansión, en 2035 llegará a cubrir 45 por ciento de la demanda de gas general, según la EIA.

“Investigaciones científicas recientes han alertado del perfil ambiental negativo del gas lutita.

“Los académicos Robert Howarth, Renee Santoro y Anthony Ingraffea, de la estadounidense Universidad de Cornell, concluyeron que ese hidrocarburo es más contaminante que el petróleo y el gas, según su estudio ‘Metano y la huella de gases de efecto invernadero del gas natural proveniente de formaciones de shale’, difundido en abril pasado en la revista Climatic Change.

“‘La huella carbónica es mayor que la del gas convencional o el petróleo, vistos en cualquier horizonte temporal, pero particularmente en un lapso de 20 años. Comparada con el carbón, es al menos 20 por ciento mayor y tal vez más del doble en 20 años’, resaltó el informe.”

“El metano es uno de los gases de efecto invernadero más contaminantes, responsables del aumento de la temperatura del planeta.”

“‘En áreas activas de extracción (uno o más pozos en un kilómetro), las concentraciones promedio y máximas de metano en pozos de agua potable se incrementaron con proximidad al pozo gasífero más cercano y fueron un peligro de explosión potencial’, cita el texto escrito por Stephen Osborn, Avner Vengosh, Nathaniel Warner y Robert Jackson, de la estatal Universidad de Duke.

“Estos indicadores cuestionan el argumento de la industria de que el esquisto puede sustituir al carbón en la generación eléctrica y, por lo tanto, un recurso para mitigar el cambio climático.

“‘Es una aventura demasiado prematura y riesgosa’.”

“En abril de 2010, el Departamento de Estado de Estados Unidos puso en marcha la Iniciativa Global de Gas Shale para ayudar a los países que buscan aprovechar ese recurso para identificarlo y desarrollarlo, con un eventual beneficio económico para las transnacionales de esa nación.”

He sido inevitablemente extenso, no tenía otra opción. Redacto estas líneas para el sitio web Cubadebate y para Telesur, una de las emisoras de noticias más serias y honestas de nuestro sufrido mundo.

Para abordar el tema dejé transcurrir los días festivos del viejo y el nuevo año.

Fidel Castro Ruz.

Tomado: CubaDebate.cu

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7 ene 2012

A la búsqueda de un Dios benevolente


“Se puede ser o demócrata o religioso.” Estas profundas y valientes palabras las acaba de pronunciar el escritor israelí Yoram Kaniuk. O una cosa o la otra. Al pronunciarlas, el sabio hombre de letras lo aplicó a su país, Israel, y su estado actual, después de miles de años de experiencia. Vayamos al análisis de las religiones. ¿Qué han logrado en el mundo? ¿Cuántas guerras religiosas devastaron las presuntas civilizaciones? El odio nacido entre las religiones existentes pero también entre las distintas disidencias dentro de una misma religión, ¿cuántas vidas ha costado? Vayamos por ejemplo a la “quema de brujas” que hizo el catolicismo durante décadas.

Justamente aquí, en Alemania, ha causado tremenda impresión la publicación de documentación fidedigna de cómo el Arzobispado católico de Köln (Colonia) durante el gobierno nazi de Hitler aprovechó a los trabajadores esclavos traídos desde Rusia y Polonia para hacerlos trabajar en sus instalaciones. La historiadora Anne Ostermann, quien estuvo a cargo de esa investigación, lo explicó en una rueda de prensa. Allí señaló que “la Iglesia Católica aprovechó sin ningún escrúpulo esa situación”. Debieron trabajar esos prisioneros civiles en hospitales, en las chacras de la Iglesia, en orfanatos y en escuelas católicas, llevando a cabo siempre las tareas más inferiores, como las de limpieza, sin respeto de horarios. En esa zona se emplearon esas fuerzas de trabajo en 96 instalaciones. Cuando los hospitales, por ejemplo, necesitaban personal, las monjas o los sacerdotes se dirigían a las oficinas oficiales a pedir hombres o mujeres. Se traía entonces ese número pedido en camiones o vagones ferroviarios desde Polonia o Rusia, personas que se tomaban directamente de las calles y se las transportaba sin decirles el destino.

Entre los prisioneros se encontraban muchas madres que así se vieron alejadas de sus hijos y trasladadas a centenares de kilómetros de sus hogares. La autora señaló que en 1944 había 180.000 trabajadores esclavos en el Arzobispado de Köln (Colonia). Se los hacía trabajar entre 12 y 13 horas diarias. Una de las prisioneras, Nina de nombre, ucraniana, declaró: “Fui llevada a los 15 años como esclava. Los nazis destruyeron mi juventud. Yo quería estudiar, pero me llevaron prisionera desde mi ciudad a Alemania y me pasé esos años juveniles haciendo limpieza en un hospital”.

Pero, claro, para qué hablar del comportamiento de la Santa Sede frente al nazismo y al fascismo italiano si los argentinos tenemos para recordar la actitud de las autoridades máximas de la Iglesia Católica Argentina con respecto a la dictadura de la desaparición de personas, pese a la valiente excepción de algunos obispos y sacerdotes, como Angelelli y De Nevares.

La Historia está para aprender y los pueblos al parecer están aprendiendo. Por ejemplo, en la ciudad alemana de Rheinbach, entre 1631 y 1636 fueron quemadas vivas setenta “brujas” por orden de los llamados “comisarios de brujas”. El partido ecológico Verde ha presentado ahora una moción para rehabilitar la memoria de esas setenta mujeres. En principio, el alcalde señaló que esa tarea le corresponde hacerla a la Iglesia Católica porque los procesos contra esas mujeres fueron llevados a cabo por esa Iglesia. Finalmente se aprobó y se realizará un acto recordativo, y el alcalde declaró: “No podemos librarnos de la vergüenza por lo cometido hace casi cuatrocientos años, pero por lo menos podemos aprender a no hacer discriminaciones contra grupos o personas”. Aprender de la Historia.

Pero, salvo estos casos aislados de reacción contra lo irracional, hasta ahora hay poco eco en las religiones. Hemos visto en la Iglesia Católica que cada vez más salen a la luz casos de pedofilia cometidos por curas y los llamados hermanos en escuelas religiosas e iglesias en cursos de doctrina. En Holanda acaba de revelarse un nuevo escándalo sexual. Siempre, cuando salía a la luz un caso de pedofilia, en el catolicismo se respondía “No sabíamos nada”. Ahora ya no se puede responder así. Los curas recomendaban, cuando se conocían casos parecidos: “Rezar, rezar y mirar hacia adelante”. Lo de Holanda lo dice todo. El ministro Wim Deetmanm, presidente de la comisión independiente que ha investigado esos casos de abuso sexual por los sacerdotes católicos, ha escrito: “Desde 1945, en las instalaciones católicas han ocurrido más de diez mil casos de abuso sexual con menores. En todos los sectores de la Iglesia Católica se supo eso, pero todos callaron”. Ante esa declaración irrefutable, por primera vez los obispos católicos holandeses hicieron una declaración en la que señalan: “Estamos profundamente avergonzados porque los responsables dentro de la Iglesia no fueron capaces de tomar las medidas necesarias”. El arzobispo Simonis no respondió y fue defendido por el arzobispo Wim Eljk, así: “El obispo Simonis no se enteró de los abusos sexuales en los internados de alumnos”. De acuerdo al estudio realizado entre 34.000 holandeses, el 9,7 por ciento de ellos fueron abusados sexualmente. La Iglesia respondió que se trata de un problema de toda la sociedad. El obispo respondió a eso: “Fue un error callar y también la actitud de sólo trasladar de colegio a los responsables del delito. La inocencia de los niños tiene una importancia fundamental para la sociedad toda”. Los diarios holandeses comentaron que la Iglesia Católica de ese país este año vivió una Navidad nada agradable.

Es que el problema no está sólo en la denuncia. La Iglesia Católica tiene que rever aquello de la castidad y el celibato para sus sacerdotes y monjas y terminar para siempre con el mito de que María, la madre de Jesucristo, fue siempre virgen. El amor no puede ser nunca pecado salvo, sí, cuando hay violación.

Aquí, en Alemania, acaba de ocurrir un nuevo caso de abuso sexual por un sacerdote católico. Ocurrió en Würzburg, cuando un cura de 59 años reconoció haber tenido contactos sexuales con un menor de edad. El cura fue de inmediato pasado a retiro. Por lo menos eso se ha logrado.

Lo mismo ocurre con lo que es practicado por muchas otras religiones: ver el cuerpo de mujer como un objeto de pecado. Acaba de ocurrir en Israel, cuando la judía Tanja Rosenblit se sentó en la primera fila de asientos de un ómnibus para ultraortodoxos judíos. ¡Para qué! Los ultraortodoxos judíos se levantaron y trataron de desalojarla por la fuerza, ya que para ellos las mujeres sólo pueden sentarse en los asientos de atrás. El hecho trascendió, y ahora Tanja es una feminista heroica para sus congéneres que van a luchar para terminar con esa discriminación. Y ya se han movilizado grupos de israelíes que van a ocupar esos medios de transporte y defender a las mujeres que se sientan adelante. Pero hay preocupación en Israel porque los ultraortodoxos religiosos van ganando cada vez más poder. Cada vez más ultrareligiosos se retiran de sus ghettos y van a ocupar casas en los barrios llamados modernos de Tel Aviv. Hace pocos días, una niña de apenas ocho años fue escupida por ultraortodoxos porque su cuerpo no estaba totalmente cubierto con su vestido. Es increíble, en esa tierra que por sus experiencias y persecuciones debería ser habitada por sabios, todavía hoy se encuentran sectas –cada vez más numerosas– con esos principios absolutamente irracionales.

Para no hablar de los pueblos árabes y musulmanes y sus ultrarreligiosos, con su increíble limitación de la libertad de la mujer y sus atentados contra los que piensan distinto. Por eso, lo que acaba de suceder en Arabia Saudita es una verdadera revolución. Sí, es llamada “la revolución de los corpiños”. Por primera vez se ha permitido que las mujeres sean atendidas por mujeres en la compra de su ropa interior. Hasta ahora sólo estaba permitido a vendedores hombres aceptar el pedido de ropa interior femenina para mujeres. Pero, en una medida revolucionaria, el rey Abdullah aprobó la ley por la cual las ventas de ropa femenina y productos cosméticos puedan ser atendidas también por mujeres. Y ha habido una reacción inmediata: ya se han anotado 28.000 mujeres para ocupar esos puestos de trabajo.

Increíble el ser humano. Increíbles sus religiones. Ninguna de ellas ha conseguido eliminar las guerras entre los pueblos. Ninguna de ellas ha solucionado los problemas económicos del mundo entero. Ninguna de ellas inició nunca un diálogo con otras religiones para llegar a un consenso de sentimientos, dar pasos positivos y solucionar, por lo menos, el hambre de los niños en el mundo. En vez de esclarecer se aplica la palabra “pecado” como explicación de todo. Un trabajo para los congresos de psicólogos sería: ¿por qué el ser humano inventó tales religiones? En vez del diálogo racional, no, “eso es pecado”, “Dios lo dispuso así”, “el ser humano es malo por naturaleza”, donde cabe la racional pregunta: entonces, ¿por qué Dios lo creó así?

La única salida es la búsqueda a través de la Ciencia. Ciencia y no guerras. Ciencia y no countries para unos y villas miseria para otros. Ciencia, pero por sobre todo, el ser humano tiene la Etica como camino. La defensa de la vida. Ahí no puede haber dudas.

Osvaldo Bayer / Desde Bonn, Alemania

Tomado: Página 12.com.ar

Escuadrones de la muerte. La escuela francesa (Video)


Primeras víctimas del Escuadrón de la Muerte en Uruguay.
El escribano Luis Martirena  y su esposa Ivette.
Pruebas, diálogos insólitos con los genocidas latinoamericanos y "asesores" del resto del mundo que, creyendo ingenuamente hablar con una historiadora de derecha, se descargan y exponen en toda su magnitud, van diseñando un mapa del horror y la hipocresía, dejando también en claro que en lo que se refiere a los años de plomo todavía queda mucha tela por cortar.

"Escuadrones de la muerte: la escuela francesa" se titula la espectacular película de la realizadora Marie-Monique Robin acerca de las formas galas de tortura que será estrenada en Buenos Aires.

Robin, viajó especialmente para presentar su documental, en el que militares argentinos reconocen haber aplicado durante 'La operación Cóndor', técnicas de tortura y desaparición importadas de Francia.

La operación Cóndor fue creado por la CIA estadounidense en la era Nixon-Kissinger, con la colaboración de las dictaduras militares latinoamericanas para la eliminación física de toda la izquierda política.

El filme de Marie-Monique Robin tiene como antecedente el excelente fresco la batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo en el que se mostró por primera vez en la historia que la civilizada Francia no respetaba los derechos humanos y torturó y martirizó a los patriotas argelinos que luchaban por su independencia.

Escuadrones de la muerte: la escuela francesa que ya fue presentado en septiembre de 2003 por la cadena de televisión francesa Canal Plus, sostiene mediante entrevistas, imágenes de archivo y documentos, que los franceses formaron a militares de América Latina y Estados Unidos en métodos utilizados Argelia e Indochina.
'Los militares franceses descubrieron que había que sacar información de la población. Esto demandaba la tortura. Luego, a los torturados los hacían desaparecer', dijo Robin.

Según la cineasta estos métodos a los cuales se les bautizó como 'doctrina francesa', fueron exportados después y en Argentina hubo una misión permanente de militares franceses entre 1957 y 1981.

Un dato desconocido y que revela el consenso y la cooperación de las más grandes potencias del mundo entre si, es el que asegura que expertos franceses enseñaron también las técnicas de la guerra contrarrevolucionaria a una generación de militares latinoamericanos en la Escuela de las Américas, en Panamá.

Esta inefable institución conocida como 'la escuela de los dictadores', le sirvió de 'universidad' a los aspirantes a torturadores estadounidenses que luego la aplicaron en Vietnam, Bolivia, Guatemala, Perú, Chile, Venezuela, Salvador, Nicaragua y Uruguay entre otros países.

Resalta particularmente la Operación Phoenix, en la que murieron 20 mil civiles survietnamitas.

La periodista francesa entrevistó a los generales retirados argentinos Ramón Díaz Bessone -con cámara oculta-, Reynaldo Bignone y Albano Harguindeguy.

Estos verdugos justificaron en el documental los crímenes cometidos durante el régimen militar, en el que, según organismos de derechos humanos, desaparecieron unas 30 mil personas.

'La entrevista que más me impactó fue la de Díaz Bessone porque me habló fríamente de las desapariciones como los daños colaterales de la guerra antisubversiva. Cuando le agradecí la nota y el camarógrafo prendió la cámara oculta el tipo se transformó y me dio miedo', contó Robin.

Según la realizadora Díaz Bessone le dijo 'que no se podía sacar información sin torturar y justificó la desaparición como arma de la guerra antisubversiva'.

El documental demandó dos años de trabajo y 300 mil dólares de presupuesto.

La cineasta francesa concluyó sus palabras con este agudo señalamiento: 'Haciendo esta investigación entendí el peso de la ideología. Lo que tenían en común los militares argentinos, franceses, chilenos y estadounidenses era un anticomunismo feroz'.

Robin afirmó que en Francia dos partidos, los Verdes y los Socialistas, pidieron la creación de una comisión de investigación parlamentaria, pero fue rechazada. Algunos especialistas recomendaron exhibir el documental en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra.

Marie-Monique Robin



Tomado: Rebelión.org
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