Mostrando entradas con la etiqueta CIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CIA. Mostrar todas las entradas

31 mar 2012

Pornografía bélica: el nuevo sexo seguro


Versión muy abreviada de una conferencia en el XII Seminario de Solidaridad Política en la Universidad de Zaragoza, España, 27 de marzo de 2012.

Los principios del Siglo XXI son adictos a la pornografía bélica, el principal espectáculo deportivo consumido por el sillón global y las patatas digitales. La pornografía bélica se robó el centro de atención en la noche del 11 de septiembre de 2001, cuando el gobierno de Bush lanzó la Guerra Global contra el Terror (GWOT, por sus siglas en inglés), que fue interpretada por muchos de sus practicantes como una sutil legitimización del terror estatal de EE.UU. en particular contra los musulmanes.

También fue una guerra DE terror, una manifestación de terror estatal oponiendo el poder urbano de alta tecnología básicamente contra la astucia rural, de baja tecnología. EE.UU., por cierto, no ejerció ese monopolio; Pekín lo practicó en Xinjiang, su Lejano Oeste, y Rusia en Chechenia.

Como la pornografía convencional, la pornografía bélica no puede existir sin basarse en una mentira, una representación obscena. Pero a diferencia de la pornografía convencional, la bélica es auténtica; a diferencia de obscenas, baratas películas snuff, la gente en la pornografía bélica, muere realmente, en masa.

La mentira para rematar todas las mentiras en el centro de esta representación se estableció definitivamente con la filtración del memorando Downing Street de 2005, en el cual el jefe del MI6 británico confirmó que el gobierno de Bush quería eliminar a Sadam Hussein relacionando el terrorismo islámico con armas de destrucción masiva (inexistentes). Por lo tanto, como decía el memorando: “la información y los hechos se están amañando en torno a esa política”.

A fin de cuentas, George “estás con nosotros o contra nosotros” Bush fue la estrella de su propia snuff de proporciones históricas, que también al mismo tiempo tuvo la doble función de ser la invasión y destrucción del flanco oriental de la nación árabe.

La nueva Guernica

Irak se puede ver ciertamente como la Guerra de las Galaxias de la pornografía bélica, una apoteosis de secuelas. Por ejemplo la (segunda) ofensiva de Faluya a finales de 2004. Entonces la describí como la nueva Guernica. También me tomé la libertad de parafrasear los escritos de Sartre sobre la Guerra de Argelia; después de Faluya basta con que se reúnan dos estadounidenses para que haya entre ellos un cadáver. Citando Apocalipsis Ya, de Coppola, había cuerpos, cuerpos por doquier.

El Francisco Franco de Faluya fue Iyad Allawi, el primer ministro interino instalado por EE.UU. Fue Allawi el que “pidió” al Pentágono que bombardeara Faluya. En Guernica, como en Faluya, no hubo distinción entre civiles y combatientes: fue la regla de “¡Viva la muerte!”

Los mandos de los marines estadounidenses dijeron oficialmente que Faluya era la casa de Satán. Franco negó la masacre de Guernica y culpó a la población local, tal como Allawi y el Pentágono negaron las muertes de civiles e insistieron en que los culpables eran los “insurgentes”.
Redujeron Faluya a escombros, por lo menos 200.000 residentes se convirtieron en refugiados y mataron a miles de civiles con el fin de “salvarla” (ecos de Vietnam). Por cierto, en los medios corporativos occidentales nadie tuvo la valentía de decir que en realidad Faluya fue el Halabja estadounidense.

Quince años antes de Faluya, en Halabja, Washington era un proveedor entusiasta de armas químicas a Sadam Hussein, quien las utilizó para matar con gas a miles de kurdos. Entonces la CIA dijo que no fue Sadam; fue el Irán de Jomeini. Pero fue Sadam el que lo hizo, y deliberadamente, como EE.UU. en Faluya.

Los doctores de Faluya identificaron cadáveres hinchados y amarillentos sin ninguna herida, así como “cuerpos fundidos”, víctimas del napalm, el cóctel de poliestireno y combustible jet. Los residentes que lograron escapar hablaron de “gases venenosos” y “extrañas bombas que producían humo como nubes en forma de hongos… y que luego pequeños trozos caían del aire con largas colas de humo. Los trozos de esas extrañas bombas estallaban en grandes fuegos que queman la piel incluso cuando les arrojas agua”.

Es exactamente lo que sucede a la gente bombardeada con napalm o fósforo blanco. La ONU prohibió bombardear a los civiles con napalm en 1980. EE.UU. es el único país del mundo que sigue utilizando napalm.

Faluya también suministró un éxito de mini snuff; la ejecución sumaria de un iraquí herido e indefenso en una mezquita por un marine estadounidense. La ejecución, filmada y vista por millones en YouTube, representó gráficamente las reglas “especiales” de enfrentamiento. Los mandos de los marines estadounidenses de la época decían a sus soldados que “dispararan contra todo lo que se mueve y todo lo que no se mueve”; que dispararan “dos balas en cada cuerpo”; si veían a cualquier hombre de edad militar en las calles de Faluya, que "le derribaran" y que rociaran todas las casas con fuego de ametralladoras y de tanques antes de entrar en ellas.

Las reglas de enfrentamiento en Irak se codificaron en un manual de campo de 182 páginas distribuido a todos y cada uno de los soldados y publicado en octubre de 2004 por el Pentágono. Este manual de contrainsurgencia subrayó cinco reglas: “proteger a la población; establecer instituciones políticas locales; reforzar gobiernos locales; eliminar capacidades insurgentes y explotar información de fuentes locales”.

Ahora, de vuelta a la realidad. No se protegió a la población de Faluya; la expulsaron de la ciudad a fuerza de bombas y la convirtieron en una masa de miles de refugiados. Las instituciones políticas ya estaban establecidas: la Shura de Faluya dirigía la ciudad. Posiblemente ningún gobierno local puede gobernar un montón de escombros que tienen que recuperar ciudadanos enfurecidos, por no hablar de “reforzarlo”. Las “capacidades insurgentes” no se eliminaron; la resistencia se dispersó por otras 22 ciudades fuera del control de la ocupación estadounidense y se propagó al norte hasta llegar a Mosul; y los estadounidenses se quedaron sin información “de fuentes locales”, porque convirtieron en enemigos a todo corazón y mente posibles.

Mientras tanto, en EE.UU., la mayor parte de la población ya era inmune a la pornografía bélica. Cuando estalló el escándalo de Abu Ghraib, en la primavera de 2004, yo iba conduciendo por Texas, explorando Bushlandia. Prácticamente todas las personas con las que hable atribuían la humillación de los prisioneros iraquíes a “unas pocas manzanas podridas”, o la defendían por motivos patrióticos (“tenemos que impartir una lección a los ‘terroristas’”).

Adoro a un hombre en uniforme

Teóricamente, existe un mecanismo aprobado en el Siglo XXI para defender a los civiles de la pornografía bélica. Es la doctrina R2P “responsabilidad de proteger”. Se trata de una idea del gobierno canadiense y algunas fundaciones que ya circuló en 2001, pocas semanas después de que se lanzara la guerra contra el terror. La idea era que el concierto de las naciones tenía un “deber moral” de desplegar una intervención humanitaria en casos como Halabja, por no hablar de los Jemeres Rojos en Camboya a mediados de los años setenta o el genocidio de Ruanda a mediados de los noventa.

En 2004, un panel en la ONU codificó la idea, crucialmente con el pensamiento de que el Consejo de Seguridad pueda autorizar una “intervención militar” solo “como último recurso”. Entonces, en 2005, la Asamblea General de la ONU apoyó una resolución a favor de R2P y en 2006 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1674 sobre “la protección de civiles en un conflicto armado”; debían ser protegidos contra “genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica y crímenes contra la humanidad”.

Ahora aceleremos hasta fines de 2008, comienzos de 2009, cuando Israel –utilizando aviones caza estadounidenses para crear un verdadero infierno– desencadenó un ataque en gran escala contra la población civil de la Franja de Gaza.

¿Y la reacción oficial en EE.UU.?: “Obviamente Israel decidió protegerse y proteger a su pueblo”, dijo el presidente Bush. El Congreso de EE.UU. votó con abrumadores 390 contra 5 votos por reconocer “el derecho de Israel a defenderse de los ataques de Gaza”. El gobierno entrante de Obama guardó un estruendoso silencio. Solo la futura secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo: “apoyamos el derecho de Israel a la autodefensa”.

Por lo menos 1.300 civiles –incluidos numerosas mujeres y niños– fueron asesinados por el terrorismo de Estado en Gaza. Nadie invocó la R2P. Nadie apuntó a que Israel no cumplió con su “responsabilidad de proteger” a los palestinos. Nadie pidió una “intervención humanitaria” frente a Israel.

La simple noción de que una superpotencia –y otras potencias menores– tomen sus decisiones de política exterior con base en motivos humanitarios, como proteger a gente sitiada, es un chiste absoluto. Por lo tanto ya entonces aprendimos cómo se implementaría la R2P. No se aplicaba a EE.UU. en Irak o Afganistán. No se aplicaba a Israel en Palestina. Finalmente se aplicaría solo para entrampar a gobernantes “canallas” que no fueran “nuestros hijueputas”, como en el caso de Gadafi en Libia en 2011. Intervención “humanitaria” sí; pero solo para librarse de los “malos”. Y la belleza de R2P era que se podía aplicar al revés en todo momento. Bush llamó a "liberar" a los afganos que sufrían, especialmente a las mujeres vestidas con burkas, de los "malvados" talibanes, configurando en realidad la invasión de Afganistán como una intervención humanitaria. Y cuando se desenmascararon las afirmaciones engañosas sobre los vínculos entre al Qaida y las inexistentes armas de destrucción masiva, Washington comenzó a justificar la invasión, ocupación y destrucción de Irak mediante… R2P: “responsabilidad” de proteger a los iraquíes frente a Sadam y luego frente a sí mismos.

El asesino despertó al alba

El episodio más reciente de la serie de la pornografía bélica es la masacre de Kandahar cuando, según la versión (o encubrimiento) oficial del Pentágono un sargento del ejército estadounidense, francotirador y veterano de la guerra de Irak –un asesino altamente calificado– mató a tiros a 17 civiles afganos, incluidas nueve mujeres y cuatro niños, en dos aldeas a tres kilómetros de distancia, y quemó algunos de sus cuerpos.

Como en el caso de Abu Ghraib, hubo el acostumbrado torrente de desmentidos del Pentágono, como “no somos nosotros” o “no hacemos las cosas de esa manera”; para no mencionar un tsunami de historias en los medios corporativos estadounidenses humanizando al héroe-convertido-en-asesino masivo, como en “es un muchacho tan bueno, un hombre de familia”. Al contrario, ni una sola palabra sobre Los Otros, las víctimas afganas. No son personas; y nadie conoce sus nombres.

Una –seria– investigación afgana estableció que unos veinte soldados pudieron participar en la masacre, como en My Lai en Vietnam; y eso incluyó la violación de dos de las mujeres. Tiene sentido. La pornografía bélica es una subcultura letal y de grupo, junto con asesinatos selectivos, muertes por revancha, profanación de cuerpos, recolección de trofeos (dedos u orejas cortados), quema de Coranes y orinar sobre cadáveres. Esencialmente es un deporte colectivo.

“Equipos de asesinato” estadounidenses han ejecutado deliberadamente al azar a civiles afganos inocentes, sobre todo adolescentes, por deporte, colocaron las armas sobre sus cuerpos y luego posaron con sus cadáveres como trofeos. No es por accidente que hayan estado operando desde una base en la misma área de la masacre de Kandahar.

Y no debemos olvidar al antiguo máximo comandante de EE.UU. en Afganistán, el general Stanley McChrystal, quien el 10 de abril de 2010 admitió, brutalmente: “Hemos matado a una cantidad increíble de personas” que NO constituían una amenaza para EE.UU. o la civilización occidental.

El Pentágono sesga y publicita en Afganistán lo que ya mercadeó en Irak (e incluso mucho antes en Vietnam, en realidad); la idea es que se trata de una “contrainsurgencia centrada en la población”, o COIN, para “ganar corazones y mentes”, y que forma parte de un gran proyecto de construcción de una nación. Es una mentira monumental. La ‘oleada’ de Obama en Afganistán –basada en COIN– fue un fracaso total. Lo que la reemplazó fue una guerra dura, encubierta, tenebrosa, dirigida por “equipos de asesinato” de las Fuerzas Especiales. Eso implica una inflación de ataques aéreos e incursiones nocturnas. Para no hablar de ataques de aviones no tripulados, tanto en Afganistán como en las áreas tribales de Pakistán, cuyos objetivos preferidos parecen que son las bodas pastunas. A propósito, la CIA afirma que desde mayo de 2010, los aviones sin tripulación ultra-inteligentes han matado a más de 600 objetivos humanos “cuidadosamente seleccionados” y, milagrosamente, ni a un solo civil.

Pronto veréis este gran espectáculo de pornografía bélica celebrado en una orgía de próximos éxitos conjuntos del Pentágono y Hollywood. En la vida real, es amañado por gente como John Nagl, quien estuvo en el equipo del general David Petraeus en Irak y ahora dirige el think tank pro Pentágono Centro para la Nueva Seguridad Estadounidense.
Los nuevos súper machos estelares podrían ser los oficiales del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC). Pero se trata de una producción del Pentágono, que ha creado, según Nagl, “una máquina letal de contraterrorismo de dimensión industrial”. La realidad, sin embargo, es mucho más prosaica. Las técnicas de COIN, aplicadas por McChrystal, se basaban en solo tres componentes: vigilancia permanente por parte de aviones sin tripulación (drones); monitoreo de teléfonos móviles y localización de la ubicación física de los teléfonos por sus señales. Eso implica que cualquiera en un área vigilada por drones que utilice un teléfono celular era identificado como “terrorista”, o por lo menos como “simpatizante terrorista”. Y entonces el enfoque de las incursiones nocturnas en Afganistán pasó de “objetivos de alto valor” –miembros de alto nivel y mediano nivel de al Qaida y talibanes– a cualquiera marcado como colaborador de los talibanes.

En mayo de 2009, antes de la llegada de McChrystal, las Fuerzas Especiales de EE.UU. realizaban 20 incursiones mensuales. En noviembre eran 90 al mes. Al llegar la primavera de 2010, eran 250. Cuando despidieron a McChrystal –por un artículo en Rolling Stone (compitió con Lady Gaga por la portada y ganó Lady Gaga)– y Obama lo sustituyó por el general David Petraeus en el verano de 2010, eran 600 incursiones mensuales. En abril de 2011, llegaron a más de 1.000 al mes.

Así funcionan las cosas. No se te ocurra utilizar un teléfono celular en Kandahar y otras provincias afganas. De otra manera, los “ojos del cielo” acabarán contigo. En el mejor de los casos te enviarán a la cárcel, junto con otros miles de civiles marcados como “simpatizantes de terroristas”, y los analistas de los servicios de inteligencia utilizarán tus datos para compilar su “lista de muerte/captura” y capturarán aún más civiles.

En cuanto a los “daños colaterales” civiles de las incursiones nocturnas, siempre fueron presentado por el Pentágono como “terroristas”. Ejemplo: en una incursión en Gardez el 12 de febrero de 2010, mataron a dos hombres: un fiscal local del gobierno y un funcionario de los servicios de inteligencia afganos. Así como a tres mujeres (dos de ellas embarazadas). Los asesinos dijeron al comando de EE.UU./OTAN de Kabul que los dos hombres eran “terroristas” y que las mujeres habían sido halladas amordazadas y atadas. Luego el auténtico objetivo del asalto se entregó para que le interrogaran unos días después y le dejaron en libertad sin acusación alguna.

Y es solo el comienzo. El asesinato selectivo –tal como se practica en Afganistán– será la táctica preferida del Pentágono en todas las guerras futuras.

Pásame el condón, querido

Libia fue una importante exhibición de pornografía bélica completa con un ingenioso toque romano del derrotado jefe “bárbaro” sodomizado en las calles y luego ejecutado, directamente en YouTube.

Esto, a propósito, es exactamente lo que la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, en una visita relámpago a Trípoli, había anunciado menos de 48 horas antes del hecho. Había que "capturar o matar" a Gadafi. Cuando lo vio en la pantalla de su BlackBerry solo pudo reaccionar con el terremoto semántico “¡Wuau!”

Desde el instante en que una resolución de la ONU impuso una zona de exclusión aérea sobre Libia bajo la cobertura de R2P, se convirtió en una tarjeta verde para el cambio de régimen. El Plan A fue siempre capturar y matar a Gadafi, como en un asesinato selectivo al estilo afgano. Era la política oficial del gobierno de Barack Obama. No había un Plan B.

Obama dijo que la muerte de Gadafi significaba “la fuerza del liderazgo estadounidense en todo el mundo”. Fue tan parecido al “¡lo capturamos!" (ecos de Sadam capturado por el gobierno de Bush) como se podría imaginar.

Con una bonificación adicional. A pesar de que Washington pagó por lo menos un 80% de los costes operativos de esos tontos de capirote de la OTAN (unos 2.000 millones de dólares), era solo dinero de bolsillo. En todo caso, todavía era bochornoso “¡Lo hicimos!”, porque la Casa Blanca siempre dijo que no era una guerra, era algo “cinético”. Y no estaba al cargo.

Solo los ingenuos absolutos pueden haberse tragado la propaganda de las más de 40.000 bombas “humanitarias” que devastaron la infraestructura de Libia hasta devolverla a la Edad de Piedra como en una "Comoción y Pavor" a cámara lenta. Eso nunca tuvo nada que ver con R2P.

Fue tan R2P como el sexo seguro, y la “comunidad internacional” fue el condón. La “comunidad internacional”, como todos saben, está compuesta por Washington, unos pocos miembros arrastrados por la corriente de la OTAN y las democráticas potencias del Golfo Pérsico de Qatar, y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), más la Casa de Saud en la sombra. La UE, que poco antes acariciaba el borde de las túnicas de Gadafi, no tardó en excederse con los editoriales sobre los 42 años de reinado de un “bufón”.

En cuando al concepto del derecho internacional, quedó tirado en una alcantarilla tan sucia como aquella en la que se ocultó Gadafi. Sadam por lo menos tuvo un juicio amañado en un tribunal ilegítimo antes de enfrentarse al verdugo (también terminó en YouTube). A Osama bin Laden simplemente lo eliminaron, como en un asesinato, después de una invasión territorial de Pakistán (sin YouTube, de modo que muchos no lo creen). Gadafi lo superó, eliminado en una mezcla de guerra aérea y asesinato. Son las Tres Agraciadas Cabelleras de la Pornografía Bélica.

Dulce emoción

Siria es una declinación más de la narrativa de la pornografía bélica. Si no puedes emprender R2P, invéntala.

Y pensar que todo esto se codificó hace tanto tiempo. Ya en 1997, el War College Quarterly del Ejército de EE.UU. definió lo que llamó “el futuro de la guerra”. Lo describió como “el conflicto entre los maestros de la información y sus víctimas”.

Estaban seguros de que “ya somos los maestros de la guerra de la información…. Hollywood ‘prepara el campo de batalla’… La información destruye las tareas tradicionales y las culturas tradicionales; seduce, traiciona, pero sigue siendo invulnerable… Nuestra sofisticación en su manejo nos permitirá sobrevivir y funcionar mejor que todas las culturas jerárquicas… Las sociedades que temen o que no pueden administrar el flujo de información simplemente no serán competitivas. Podrán dominar los medios tecnológicos para ver los vídeos, pero nosotros escribiremos los guiones, los produciremos y cobraremos los royalties. Nuestra creatividad es devastadora”.

La guerra de la información que va más allá de todo, no tiene nada que ver con la geopolítica. Como el proverbial producto de Hollywood, tiene que ser “engendrada” de emociones en carne viva: “odio, celos y codicia, emociones, en lugar de estrategia”.

En Siria es exactamente el guión que han seguido los medios corporativos occidentales en toda la película; la tácticas de la “guerra de la información” de War College aplicadas a la práctica. El gobierno sirio nunca tuvo muchas posibilidades contra los que “escriben los guiones, los producen y cobran los royalties”.

Por ejemplo, la oposición armada, el denominado Ejército Libre Sirio (un desagradable cóctel de desertores, oportunistas, yihadistas y mercenarios extranjeros) llevó a los periodistas occidentales a Homs y luego insistió en extraerlos, en condiciones extremadamente peligrosas y con muertos a través del Líbano, en lugar de hacerlo mediante la Medialuna Roja. No estaban haciendo otra cosa que escribir el guión para que se abriera un “corredor humanitario” a Homs, impuesto desde el extranjero. Fue puro teatro, o pornografía bélica presentada como un drama hollywoodense.

El problema es que la opinión pública occidental depende ahora de este tipo de guerra de la información. Olvidad incluso la posibilidad de negociaciones de paz entre partes adultas. Lo que quedan son los binarios buenos contra la intriga de los muy malos, en la que hay que destruir al Gran Sujeto Malo a cualquier precio (¡y para colmo su esposa es una perra snob a la que le gusta ir de compras!)

Solo los ingenuos terminales pueden llegar a creer que los yihadistas –incluidos los rebeldes de la OTAN de Libia– financiados por el Club Contrarrevolucionario del Golfo, también conocido como Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) sean un montón de reformistas democráticos ardientes de buenas intenciones. Hasta Human Rights Watch se vio finalmente obligado a reconocer que esos “activistas” armados fueron responsables por “secuestros, detención y tortura”, después de recibir informes sobre “ejecuciones de miembros de las fuerzas de seguridad y civiles por parte de grupos armados de oposición”.

Lo que oculta finalmente esta narrativa de pornografía bélica (blanda y dura), es la verdadera tragedia siria: la imposibilidad de que el tan alabado “pueblo sirio” pueda librarse de todos esos pillos, el régimen de Asad, el Consejo Nacional Sirio controlado por la Hermandad Musulmana y el Ejército Libre Sirio infestado de mercenarios.

Escuchad el sonido del caos

Este catálogo –muy parcial– de aflicciones nos lleva inevitablemente al actual exitazo supremo de la pornografía bélica, el psicodrama iraní.

2012 es el nuevo 2002; Irán es el nuevo Irak, y sea cual sea la carretera, para evocar la nueva consigna neoconservadora, los hombres de verdad van a Teherán vía Damasco, o los hombres de verdad van a Teherán non-stop.
Es posible que solo bajo el agua del Ártico podamos escapar del cortejo cacofónico de los derechistas estadounidenses –y sus respectivos perros falderos europeos– salivando por sangre y desplegando el festival usual de falacias como “Irán quiere borrar a Israel del mapa”, “la diplomacia ha llegado al final”, “las sanciones son demasiado tardías”, o “Irán está a un año, 6 meses, una semana, un día, o un minuto de construir una bomba”. Por cierto esos perros de guerra no se preocuparían jamás de seguir lo que hace realmente el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), sin hablar de los Estudios Nacionales de Inteligencia publicados por las 17 agencias de inteligencia de EE.UU.
Porque ellos, en gran medida, “escriben los guiones, los producen y cobran los royalties” en términos de medios corporativos, pueden salirse con la suya con una fusión sorprendentemente tóxica de arrogancia e ignorancia, sobre Medio Oriente, sobre la cultura persa, sobre la integración asiática, sobre el problema nuclear, sobre la industria petrolera, sobre la economía global, sobre “el Resto” en comparación con “Occidente”.

Como en el caso de Irak en 2002, permanentemente se deshumaniza a Irán. La incesante, totalmente histérica, “narrativa” para inducir al miedo de “debemos bombardear ahora o debemos bombardear más tarde” siembre trata de bombas ¡oh tan inteligentes! revienta búnkeres y misiles de precisión que realizarán un trabajo ultra limpio de devastación a gran escala sin producir un solo “daño colateral”. Exactamente como el sexo seguro.

E incluso cuando la voz del propio establishment –el New York Times – admite que ni la inteligencia estadounidense ni la israelí creen que Irán haya decidido construir una bomba (un niño de 5 años podría llegar a la misma conclusión), la histeria sigue siendo inter-galáctica.

Por lo pronto, mientras se prepara -“todas las opciones están sobre la mesa” sigue repitiendo el propio Obama– para una guerra más en lo que solía denominarse “arco de inestabilidad”, el Pentágono también encontró el tiempo necesario para rediseñar la pornografía bélica. Solo requirió un vídeo de 60 segundos que ahora está en YouTube, titulado Toward the Sound of Chaos [Hacia el sonido del caos], presentado solo unos días después de la masacre de Kandahar. Basta con considerar su audiencia objetiva clave, el inmenso mercado de pobres, desocupados y políticamente muy ingenuos jóvenes estadounidenses.

Escuchemos la sobregrabación de la minicinta:

“Donde emerge el caos, emergen los Pocos. Los marines se mueven hacia los sonidos de la tiranía, la injusticia y la desesperación con el coraje y la resolución de silenciarlos. Al terminar el conflicto, imponer el orden y ayudar a los que no se pueden ayudar ellos mismos, los marines enfrentan las amenazas de nuestros tiempos”.

Tal vez, en este universo orwelliano, deberíamos pedir a los afganos muertos sobre los que orinaron los marines de EE.UU., o a los miles de muertos en Faluya, que escribieran una reseña de la película. Bueno, los muertos no escriben. Tal vez podamos pensar en el día en el que la OTAN imponga una zona de exclusión aérea sobre Arabia Saudí para proteger a los chiíes en la provincia oriental, mientras los drones del Pentágono lanzan una alfombra de misiles Hellfire sobre esos miles de arrogantes, medievales, corruptos, príncipes de la Casa de Saud. No, no sucederá.

Más de una década después del comienzo de la guerra contra el terror, el mundo se presenta como sigue: una audiencia perezosa, virtualmente mundial, hastiada, deslumbrada y entretenida de distracción en distracción, impotentemente adicta a la deshonrosa exhibición de atrocidades de la pornografía bélica.

Pepe Escobar / Rebelión

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Tomado: Rebelión.org

27 feb 2012

Una base de operaciones anticastrista


Gabriel Salvia y Hernán Alberro, presidente
 y director de programas de Cadal.
Cómo funciona en Buenos Aires el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina

La fundación Cadal se instaló en el país durante el gobierno de Duhalde y, según se denuncia, recibe financiamiento de entes ligados a la CIA. En sus cursos e intervenciones públicas se dedica a promover críticas a los gobiernos de Argentina y la región.

Cadal es la sigla con que se conoce al Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina. Una fundación que hizo pie en nuestro país el 26 de febrero de 2003 y quedó legalizada un par de meses después. Por la cantidad de eventos que realiza, esta organización se muestra tan activa como su presidente, Gabriel Constancio Salvia, un periodista itinerante de 47 años que también figura registrado como importador en Uruguay, donde la ONG tiene su segunda sede. Su currículum indica en la segunda línea que “desde 1992 se desempeña en la dirección de entidades sin fines de lucro”. También que se vinculó con “la actividad partidaria desde marzo de 1983”. Pero no menciona cuáles son las entidades ni aclara en qué fuerza política. De sus textos y ponencias se desprende un cerril anticomunismo que revelan sus análisis sobre el gobierno cubano. La ONG sintoniza muy bien con el pensamiento de su jefe: critica con dureza a los gobiernos de países como Venezuela, Bolivia, Ecuador y la Argentina. En un editorial previo a las últimas elecciones se quejaba “del absolutismo” de Cristina Kirchner y de que su modelo “es piantavotos y espanta inversores”.

Cadal se define en su nutrida página web como “una voz clara y constante en la promoción de la democracia, el fortalecimiento de las instituciones y el progreso económico y social de América latina”. Entre ese enunciado y otros datos que brinda deja evidencias de dónde viene y hacia dónde va. Su estrecha relación con dos entes como la Usaid (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y la NED (Fundación Nacional para la Democracia) que la financian, la aproximan demasiado al exilio anticastrista de Miami. Nueve de los dieciséis libros que publicó en sociedad con distintas fundaciones y editoriales tratan sobre temas cubanos. La secretaria de la fundación, María Teresa Reviriego, preside la Comisión Pro Derechos Humanos en Cuba con sede en la calle Tucumán 843, de la Capital Federal.

La NED, sigla en inglés de la National Endowment For Democracy, fue creada por Ronald Reagan y tiene entre sus integrantes a Terence Todman, el ex embajador de Estados Unidos en la Argentina durante el primer gobierno de Carlos Menem, y Francis Fukuyama, el politólogo norteamericano de origen japonés que vaticinó el fin de la historia y que veinte años después sigue jugando al augur: acaba de presagiar el final de la Eurozona. En 2011, la NED publicó en su página oficial que le aportó a Cadal 60 mil dólares. Sus fondos a discreción suelen promover todo tipo de iniciativas contra Cuba.

Cuando demanda recursos para sostenerse, organiza programas como Good bye Lenin (La experiencia socialista en Europa Central y Oriental, transiciones a la democracia y lecciones para América Latina) o presentar publicaciones de los cubanos anticastristas Huber Matos o Carlos Alberto Montaner, que visitaron Buenos Aires en 2005, Cadal propone cuatro alternativas para sus aportantes: la suscripción al programa de análisis político y económico regional; donaciones al fondo de becas emprendedoras de las ideas; la suscripción como miembro adherente o ser sponsor de los foros que convoca. Acepta cuotas desde cien pesos mensuales a mil anuales y quienes pagan reciben las publicaciones impresas de la fundación y son invitados especiales a sus foros en Buenos Aires, Rosario, Montevideo y Punta del Este.

Bodegas San Huberto, la empresa que preside Leonardo Spadone, hijo de Carlos, el conocido empresario teatral que se diversificó a otros rubros, es un auspiciante permanente de los eventos que desarrolla Cadal. Pero sus críticos señalan que recibe estímulos económicos por vías más informales: mencionan sin reservas a la CIA. Martha Lidia Ferreira, una uruguaya que es licenciada en Geopolítica e integrante de Blogueros y Corresponsales de la Revolución, asegura que “Cadal recibe su mayor porcentaje de dinero para sus acciones de manos de las sucursales de la CIA para la región: la fundación Atlas, la Fupad (Fundación Panamericana para el Desarrollo), la Usaid y la NED”, entre otras entidades.

Cadal sostiene que Latinoamérica “atraviesa por una etapa crítica en su desarrollo”. No obstante, elogia los avances de las instituciones en Brasil, Chile, México (un país que en seis años sufrió casi 50 mil homicidios en la lucha contra el narcotráfico), Colombia y Uruguay. En un segundo grupo que encuentra “grandes dificultades para lograr el desarrollo sostenido” incluye a Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y la Argentina porque, según la fundación, algunos de estos países registran “la ausencia de las libertades más básicas” y otros, “importantes atropellos a la propiedad privada que demoran el establecimiento de las condiciones para el progreso como lo es, por ejemplo, la confiscación de fondos de pensiones producida en Argentina”.

La fundación, cuyo número de inscripción en la Inspección General de Justicia (IGJ) es 1717869, presenta trámites con regularidad ante ese organismo como balances y declaraciones juradas. La última data del 29 de julio pasado. El ex inspector general designado por el gobierno de la Alianza, Guillermo Enrique Ragazzi, firmó la autorización para la funcionara durante la presidencia de Eduardo Duhalde, el 6 de mayo de 2003. Veinte días después, Fidel Castro daba un recordado discurso en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la UBA. A Salvia, como confesaría días más tarde, el viaje del líder cubano lo “tomó por sorpresa”. Una extraña coincidencia entre el nacimiento de Cadal y aquella histórica presencia en Buenos Aires.

Gustavo Veiga

Tomado: Página 12.com.ar

Artículo relacionado:
La cara visible

9 feb 2012

La CIA permanecerá en Irak y Afganistán


Funcionarios del Gobierno de Estados Unidos (EE.UU.) afirman que la nación tendrá una “presencia clandestina” en Afganistán e Irak, basada en una combinación de espías y fuerzas de operaciones especiales, tras la salida de las tropas convencionales de ambos países, según reseña este miércoles el diario The Washington Post.

De acuerdo con el rotativo, la medida forma parte de un plan del presidente Barack Obama con el que busca proteger sus intereses en países donde desató guerras en la última década.

Añade que las estaciones norteamericanas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Bagdad y Kabul seguirán siendo, durante los próximos años, los mayores puestos de la agencia en el extranjero.

El diario señala que la presencia de la CIA se dará aún cuando reduzca la dotación de su personal, como parte de los programas de Estados Unidos para desarrollar en esos países fuerzas militares, para enfrentar a grupos de la denominada insurgencia.

El comandante de Operaciones Especiales que dirigió el ataque donde fue asesinado Osama Bin Laden, William McRaven, afirmó que no tiene “dudas de que las fuerzas de Operaciones Especiales serán las últimas en abandonar Afganistán (…) Fuimos los primeros que entramos”.

De acuerdo con The Washington Post, funcionarios estadounidenses alegaron que en algunos casos los equipos de la CIA y de Operaciones Especiales podrían dividir el territorio para atacar sus objetivos.

“La retirada de las fuerzas militares estadounidenses de Irak en diciembre ha cambiado el énfasis de la CIA allí hacia el espionaje más tradicional: la vigilancia de los acontecimientos bajo un gobierno cada vez más antagonista, la supresión de los grupos afiliados a Al Qaeda y la contención de la influencia de Irán”, agregó el diario.

Fuerzas de la CIA fueron los primeros efectivos de Estados Unidos que entraron en Afganistán después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, antes de la llegada de las tropas convencionales en octubre de ese año.

La “presencia clandestina”, según el medio, de tropas norteamericanas continuará hasta 2014 luego de la retirada de todos los soldados estadounidenses.

La invasión militar estadounidense en Afganistán comenzó en octubre de 2001 bajo la excusa de proteger a la población civil atrapada en el conflicto y con el argumento de responder al atentado que recibieron las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington, el 11 de septiembre de ese mismo año.

Desde ese momento miles de civiles han muerto, así como también más de dos mil soldados estadounidenses han perdido sus vidas.

Por otra parte, en Irak al menos 162 mil personas fallecieron de forma violenta desde la invasión de Estados Unidos en marzo de 2003 hasta 2011. El pasado 18 de diciembre, EE.UU. declaró concluida la retirada de sus tropas de Irak, en cumplimiento del acuerdo firmado entre Washington y Bagdad en 2008, que estipulaba como fecha límite para la salida de las tropas finales de diciembre pasado.

teleSUR – Efe – Prensa Latina / sa – FC

Tomado: La República.es

Seymour Hersh: La propaganda que sirvió para preparar la guerra de Iraq está siendo reutilizada en Irán


Mientras Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá tienen previsto anunciar en estas fechas un conjunto coordinado de sanciones contra la industria del petróleo y petroquímica de Irán, el periodista de investigación de larga trayectoria, Seymour Hersh, cuestiona el creciente consenso sobre el supuesto programa iraní de armas nucleares.



La presión internacional ha ido en aumento contra Irán desde que la Agencia Internacional de Energía Atómica reveló en un informe las “posibles dimensiones militares” de las actividades nucleares de Irán, citando pruebas “creíbles” que “indican que Irán realizó actividades relacionadas con el desarrollo de un artefacto explosivo nuclear”. En su último artículo para el blog del The New Yorker, titulado “Irán y el OIEA” (1), Hersh afirma que el reciente informe es un “documento político”, no un estudio científico. "Ellos [el Comando Conjunto de Operaciones Especiales] no encontraron nada. Nada. No hay ninguna prueba del emplazamiento de armas", afirma Hersh. "En otras palabras, no hay pruebas de que exista un lugar donde puedan construir la bomba. Tienen instalaciones para enriquecimiento, pero no tienen otras instalaciones para construir una bomba. Esto es sencillamente así".
AMY GOODMAN: Hoy, Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá tienen previsto anunciar un conjunto coordinado de sanciones contra Irán. ABC News y el Wall Street Journal informan que las sanciones irán dirigidas contra la industria del petróleo y petroquímica de Irán. La semana pasada, el presidente Obama advirtió de que no se han excluido ningún tipo de opciones.


BARACK OBAMA: Las sanciones tendrán efectos drásticos y enorme alcance, y estamos construyendo una plataforma que ya ha sido establecida. La pregunta es, ¿existen medidas adicionales que podemos tomar? Vamos a explorar todas las vías para ver si podemos resolver este asunto diplomáticamente. He dicho muchas veces, y lo confirmo hoy, que no estamos excluyendo ninguna opción.

AMY GOODMAN: La presión internacional sobre Irán ha ido en aumento desde que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) reveló en un informe –cito textualmente – “las posibles dimensiones militares” de sus actividades nucleares. EL OIEA dijo que había pruebas “creíbles” e indicó [que] “Irán ha llevado a cabo actividades relacionadas con el desarrollo de un dispositivo nuclear explosivo.” Asimismo, el OIEA aprobó una resolución el pasado viernes, expresando su “creciente preocupación” por el programa nuclear de Irán de acuerdo con las conclusiones del informe.

El presidente del Parlamento de Irán, Alí Larijani, anunció ayer que Irán revisará sus relaciones con el OIEA como consecuencia del informe. Larijani indicó que podría resultar difícil para Irán seguir cooperando con el organismo de control nuclear.


ALÍ LARIJANI: Si este organismo actúa en el marco de la Carta lo aceptamos, como miembros de las Naciones Unidas, y cumpliremos con nuestras responsabilidades. Pero si la agencia pretende desviarse de sus responsabilidades, entonces no debe esperar cooperación de la otra parte.

AMY GOODMAN: Palabras del presidente del Parlamento iraní. Mientras tanto, algunos iraníes han expresado el deseo de una mayor cooperación con el OIEA.


SAÍD BAHRAMI: Teniendo en cuenta el hecho de que el gobierno ha hecho un montón de aclaraciones, sería mejor que aumentara su cooperación con el OIEA y que éste vea por sí mismo, de cerca; con lo que no habría pretexto para las grandes potencias.

AMY GOODMAN: La semana pasada, el Pentágono confirmó que ha recibido nuevas bombas anti-búnker –bunker-busting bombs- de alto poder destructivo, capaces de destruir sitios subterráneos, incluidas las instalaciones nucleares de Irán. Estas bombas, de cerca de quince toneladas de peso, tienen seis veces el tamaño del actual arsenal anti-búnker de la Fuerza Aérea.

Las nuevas sanciones contra Irán son también una continuación de las denuncias estadounidenses del mes pasado en el sentido de que funcionarios iraníes estuvieron involucrados en un frustrado complot para matar al embajador saudí en Washington. EE.UU. tiene previsto anunciar hoy que el sector financiero de Irán constituye una “preocupación de primer orden en materia de lavado de dinero.” Esta frase desencadena una disposición de la USA Patriot Act que advierte a las empresas europeas, asiáticas y latinoamericanas que se les podría impedir hacer negocios con Estados Unidos si continúan trabajando con Irán.

Así pues, para hablar más sobre las sanciones y las implicaciones del informe del OIEA, nos vamos a Washington, DC, para hablar con el periodista de investigación, ganador del Premio Pulitzer, Seymour Hersh, que ha estado informando sobre Irán desde hace una década. Su último trabajo para el blog del The New Yorker, se titula “Irán y el OIEA” y se puede leer en ese sitio (1).

Bienvenido a Democracy Now!, señor Hersh. Háblenos de lo que usted considera que debería saberse sobre lo que está pasando en Irán en este momento en lo que respecta al sector de la energía nuclear.

SEYMOUR HERSH: Bueno, usted ha mencionado Iraq. Es precisamente eso, casi el mismo tipo de… no sé si llamarlo “psicosis”, pero es una especie de mundo de fantasía que se está construyendo allí, como se construyó en Iraq, el mismo tipo de… se trata de lecciones no aprendidas, obviamente. Mire, he estado escribiendo sobre Irán y podría decirle que desde 2004, con George Bush, y en particular con su vicepresidente, Cheney, estábamos… Cheney estaba particularmente preocupado por que hubiera centros secretos de construcción de un arma atómica, lo que es muy diferente al simple enriquecimiento. Tenemos enriquecimiento de uranio en Irán. Ellos mismos lo han reconocido, tienen inspectores allí, hay cámaras allí, etc. Irán es un país signatario del Tratado de No Proliferación y nadie les está acusando de hacer trampas. De hecho, ese último informe que tanto ha conmocionado a todos dice también que, una vez más, no han encontrado ninguna evidencia de que Irán esté desviando el uranio que está enriqueciendo. Y también que lo está enriqueciendo básicamente a niveles muy bajos para fines pacíficos, según dicen, un 3,8 por ciento. Así pues, hay un pequeño porcentaje enriquecido al 20 por ciento para uso médico, pero eso es bastante pequeño y también está bajo las cámaras, bajo inspección.

Lo que tenemos es que en aquellos días, en los años 2004, 2005, 2006, 2007, hasta el final de su mandato, Cheney mantuvo su Mando conjunto de operaciones especiales (Joint Special Operations Command–JSOC) que envía equipos al interior de Irán. Trabajan con diferentes grupos de la disidencia –azeríes, kurdos, incluso jundallah, que es un grupo sunita de oposición muy fanático– y hacen todo lo posible para tratar de encontrar pruebas de una instalación subterránea no declarada. Monitoreamos todo, ejercimos una vigilancia increíble. En aquellos días, lo que hicimos entonces, podemos incluso mejorarlo hoy día. Y algunas de estas cosas son muy técnicas, muy secretas, pero te puedo asegurar que no hay muchas cosas que puedes hacerse en estos momentos en Irán sin que nos enteremos de alguna manera. No han encontrado nada. Nada. No hay evidencia alguna de armas. En otras palabras, no hay pruebas de que haya instalaciones para construir la bomba. Tienen instalaciones para enriquecer, pero no instalaciones separadas para construir una bomba. Esto es así, simplemente es un hecho. No lo hemos encontrado, si es que existe. Sigue siendo una fantasía. Todavía queremos pensar –mucha gente piensa en efecto– que exista.

El gran cambio, en las últimas semanas, fue que el OIEA salió con un nuevo informe. Y no es un informe científico, es un documento político. Recoge muchas de las viejas acusaciones que se han hecho en los últimos años, acusaciones que fueron examinadas por el OIEA, bajo la dirección de Mohamed El-Baradei, que dirigió el OIEA durante 12 años, el egipcio que ganó un Premio Nobel de la Paz por su trabajo, alguien muy escéptico respecto a Irán al principio y que fue haciéndose menos escéptico a medida que Irán se fue abriendo más y más. Sin embargo, hay ahora nuevo director del OIEA, un funcionario japonés llamado Amano, perteneciente a un partido japonés de derechas. Estoy seguro de que es un hombre honorable, que se cree lo que dice creer. Pero resulta que tenemos una serie de documentos que WikiLeaks consiguió de la embajada estadounidense en Viena, una de las embajadas en Viena, informando de lo maravilloso que era que Amano estuviese allí. Esto es del último año. Estos documentos fueron publicados por el grupo de Julian Assange y son muy importantes, porque lo que dicen los documentos es que Amano ha prometido lealtad a Estados Unidos. Tengo entendido que fue elegido siendo un candidato marginal. Los estadounidenses lo apoyamos mucho. Hicieron falta seis votaciones. Todo el mundo lo consideraba débil, pero nosotros seguimos apoyando su candidatura al puesto. Y conseguimos que lo pusieran allí. Él respondió dándonos las gracias y afirmando que comparte nuestros puntos de vista, que comparte nuestros puntos de vista sobre Irán. Él va a hacer… básicamente… era toda una expresión de amor. Él va a hacer lo que nosotros queramos.

Este nuevo informe no dice nada nuevo. Esto no lo digo yo. Está en el artículo que hice para el blog del New Yorker… tiene más información. Hablé con ex inspectores. Son voces distintas de las que se leen en el New York Times y el Washington Post. Hay otras personas de las que no se informa, que son mucho más escépticas sobre este informe pero que no los vemos en la cobertura de la noticia. Así que lo que estamos recibiendo, aquí en la prensa diaria mayoritaria, es una pequeñita porción del análisis de este informe. Hay un análisis completamente diferente, que se resume en estas palabras: muy poco de nuevo.

Y la forma en que funcionan estas cosas, Amy, es también vieja. Un informe que aparece en un periódico de Londres, que resulta ser falso, que resulta ser propaganda, lanzado por nosotros o por servicios secretos europeos, no está claro... Todo esto sucedió, si recordamos bien, con la historia de Ahmed Chalabi, durante la preparación para la guerra en Iraq, todo esto, ya sabes, los grandes arsenales grandes que existían en el interior de Iraq. El mismo tipo de propaganda que se está utilizando ahora se ha visto en los últimos años, en la última década, en varios periódicos. El OIEA lee estas cosas y decide que no es verdad… que es un montaje, o que al menos no está fundamentado en nada que ellos conozcan. Todos estos informes antiguos, creo que con la excepción de un nuevo estudio que fue puesto publicado el OIEA… había probablemente 30 ó 40 documentos antiguos, con sólo tres posteriores a 2008, todos los cuales son, según muchas personas dentro del OIEA, montajes que no merecen casi ninguna confianza. Así que ahí estamos.

AMY GOODMAN: Así que, Hersh, nos dice usted que no es información nueva. Que se trata de un nuevo jefe del OIEA, que es lo que hace la diferencia. ¿Puede hablarnos más sobre la infiltración de EE.UU. en Irán, el JSOC en Irán, la vigilancia sobre Irán?

SEYMOUR HERSH: Por supuesto. Es decir, el tipo de cosas que hacían. Te podría decir cosas que eran secretas ocho, nueve años atrás. Por ejemplo, si había una instalación subterránea que pensábamos que era… en la que veíamos movimientos de excavación, digamos, en una zona de montaña, poníamos en el camino, cuando había camiones arriba y abajo de la carretera, poníamos a lo largo de la carretera lo que aparentaban ser piedras. De hecho, eran sensores que podían medir el peso de los camiones que entraban y salían. Si un camión entraba ligero de peso y salía con carga se podía suponer que estaba saliendo con tierra, que estaban excavando. Hacíamos este tipo de control.

También hemos puesto todo tipo de contadores pasivos, de medidores de radiactividad. Uranio, incluso plutonio… la mayor parte del material que manejan es uranio enriquecido. No están fabricando plutonio. Sin embargo, se le puede seguir el rastro porque en un momento dado hay que moverlo. Una vez se saca y se empieza a transportar, se puede rastrear. Es fácil encontrar contadores Geiger, si se quiere, para usar ese término pasado de moda. Se puede medir la radiactividad y ver si hay aumento. En ocasiones, entrábamos en un edificio –nuestras tropas quiero decir, a veces incluso con estadounidenses–, un edificio en Teherán, donde se pensaba que había algo sospechoso en marcha, organizábamos un tumulto en la calle, mientras sacábamos unos cuantos ladrillos y colocábamos otros con un contador Geiger, si se quiere, o un dispositivo de medición para ver si en ese edificio se estaban haciendo algún tipo de enriquecimiento que no conociéramos.

Y también tenemos una capacidad increíble de buscar aberturas de ventilación desde el aire, desde los satélites. Si usted está construyendo una instalación subterránea, tiene que ventilarla. Tiene que conseguir que entre aire limpio. Que se elimine el aire contaminado y que entre aire fresco. Así que, tenemos chicos que son expertos, gente tremenda incrustada en la comunidad. Algunos de ellos se retiraron y crearon una empresa privada para llevar a cabo esta misión. Ellos monitorizan la vigilancia aérea en busca de aberturas de ventilación, a fin de encontrar un patrón, tratar de encontrar un patrón, de una instalación subterránea. Nada. No se encontró nada.

Y lo más importante es que nosotros y el OIEA, incluso también este nuevo informe, afirmamos que –permítanme hacer hincapié en esto– si no se está desviando uranio, si no está desapareciendo uranio de los libros y se está transportándolo a escondidas a otro lugar a fin de construir la bomba –y en este sentido el OIEA es absolutamente categórico– todo lo que se están enriqueciendo, cualquiera que sea el porcentaje al que lo enriquezcan, está bajo la vigilancia de las cámaras y la inspección de los inspectores. Todo está abierto, en virtud del Tratado, el tratado de salvaguardia. Nadie está acusando a Irán de violar el Tratado. Sólo los acusan de hacer trampas al margen, o de que hay alguna prueba de que las están haciendo. Y no ha habido evidencia de un desvío. Así que si usted va a hacer una bomba, va a tener que traer el uranio de otro lugar. Y teniendo en cuenta el tipo de vigilancia que tenemos, esto va a ser difícil de conseguir, importarlo de un tercer país, traer el uranio y enriquecerlo, o traer uranio enriquecido. Es sólo una posibilidad remota.

Y lo que tenemos es, como ya he dicho, una especie de histeria, la misma que había sobre Iraq que vuelve sobre Irán. Y esto no es un alegato en favor de Irán. Hay un montón de cosas que los iraníes hacen y que son inaceptables, la manera en que tratan a la disidencia, etc. etc. Así que sólo estoy hablando en el contexto de la algarabía que se está montando. Y en cuanto a las sanciones se refiere, disculpen pero hemos estado sancionando a Cuba durante 60 años, y Castro… ya sabes, puede que esté enfermo, pero todavía está allí. Las sanciones no van a dar resultado. Estamos ante un país que produce petróleo y gas, cada vez menos pero sigue habiendo mucho. Y tienen clientes en el Lejano Oriente. Los iraníes tienen compradores de su energía. Nosotros somos los perdedores en este asunto.

AMY GOODMAN: ¿Podemos comparar el gobierno de Obama con el de Bush en lo que respecta a Irán?

SEYMOUR HERSH: No puedo encontrar una comparación. Lo mismo, un poco menos belicoso, pero lo mismo… Tengo razones para creer que, a diferencia de Bush, el presidente Obama está realmente preocupado por un ataque. No quiere que los israelíes bombardeen Irán. Ese es el tipo de discurso que hemos estado leyendo en la prensa últimamente.

Y hay nuevos artilugios, como usted mencionó, bombas de 14.000 kg, construidas por Boeing, creo. El problema es que la mayoría de las instalaciones de Irán, las que conocemos, las instalaciones declaradas para ser inspeccionadas con cámaras, un lugar llamado Natanz, están a 20 ó 25 metros bajo tierra. Y tendríamos que lanzar un montón de bombas para hacerle algún daño de consideración. Por supuesto que podríamos dañarlo, pero el costo a nivel internacional sería tremendo. La justificación para ir y bombardear es tan vaga y tan nimia. Se han hecho estudios, estudios técnicos del MIT y otros lugares, que muestran que el gobierno israelí también ha participado con sus científicos en estos estudios, que muestran que sería muy difícil hacer un daño significativo dada la profundidad de las instalaciones subterráneas. Pero se sigue oyendo hablar de este asunto.

Además, mira, este presidente no ha dicho nada acerca de lo que está pasando otra vez en la plaza Tahrir. Estamos mudos. Ha estado mudo ante este tipo de belicosidad. Pero mi opinión, a partir de información interna, él comprende mejor estos asuntos. Creo que lo que hay ahora es un juego político para hacerlo aparecer como un duro. Ya sabes, todo el mundo va detrás del voto independiente. No sé por qué. No sé por qué es tan importante ir tras personas que no pueden decidir si son demócratas o republicanos, pero parecería que estamos jugando a eso.

AMY GOODMAN: Bueno, pasemos a la respuesta de Israel al informe del OIEA. Ayer, el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, dijo en una entrevista con la CNN ha llegado el momento para lidiar con Irán. Cuando se le preguntó concretamente si Israel atacaría a Irán, respondió así:


EHUD BARAK: No creo que sea un tema de debate público. Pero te puedo decir que el informe del OIEA ha tenido un impacto preocupante en muchas partes del mundo, en los líderes y la opinión pública. Y la gente entiende que ha llegado el momento. Amano reveló sin ambages lo que encontró, a diferencia de Baradei. Y se ha convertido en un problema importante, que creo que se ha convertido, correctamente, en un motivo importante de sanciones, de intensa actividad diplomática, con carácter de urgencia. La gente entiende ahora que Irán está decidido a conseguir armas nucleares. No hay otra explicación posible o concebible para lo que han estado haciendo. Y es preciso pararlo.

AMY GOODMAN: He aquí al ministro de Defensa israelí, Ehud Barak. ¿Su respuesta?

SEYMOUR HERSH: Bueno, lo que me pone nervioso es que Barak y Bibi, Bibi Netanyahu, estén de acuerdo en esto. Ellos no están siempre de acuerdo en muchas cosas. Ambos están de acuerdo, y esto es preocupante porque, de nuevo, es un tema político. El país se está derechizando rápidamente; Israel, por supuesto. Y yo sólo puedo decir que también he hablado, por desgracia, de que las reglas del juego están tan mal en Israel. No no lo puedo escribir, pero he hablado con gente de muy alto nivel en los servicios de inteligencia de Israel. Si te fijas, no se oye mucho sobre eso, pero el ex jefe del Mossad, Meir Dagan, que dejó su puesto –el hombre que orquestó los intentos de asesinato en Dubái, etc., es decir, no una paloma precisamente– ha afirmado con toda vehemencia la locura que significa atacar Irán, con el argumento de que no está claro lo que tienen. Están sin duda muy lejos de la bomba. Israel ha estado diciendo desde hace 20 años que están a seis meses de fabricar una bomba.

Pero te puedo decir que he hablado con altos funcionarios israelíes, en Israel, que me han dicho, que están al corriente de que Irán, tal como informaron los servicios de inteligencia estadounidenses, creo que fue en 2007, en su informe National Intelligence Estimate (Estimación de inteligencia nacional–NIE), dijo, en esencia, que Irán pretendió conseguir la una bomba. Irán sufrió una guerra de ocho años con Iraq, una guerra terrible, de 1980 a 1988, en la que, por cierto, Estados Unidos se puso del lado de Iraq, de Saddam Hussein en ese momento. Entonces Irán, en los años siguientes, comenzó a preocuparse por los rumores lanzados por Iraq sobre la construcción de un arma nuclear, lo que parecía viable en ese momento, digamos en 1987; pero de 1997 a 2003 nada de nada, según afirmó el NIE estadounidense en 2007, aumentado en 2011. Escribí sobre ello hace un año en The New Yorker, afirmando que sí, que Irán contempló la fabricación de una bomba, pero de ninguna manera –sabían que no podían– como disuasión ante Estados Unidos o Israel. No son tontos. La sociedad persa tiene ya alrededor de veinte siglos. No nos pueden disuadir. Tenemos demasiadas bombas. Ellos pensaron que quizás podían disuadir a Iraq. Después nuestra invasión y ocupación de Iraq en 2003 se detuvieron. Así que habían hecho algunos estudios. Estamos hablando de modelos de computadora, etc. no de edificios. Sin duda abrigaban la idea de conseguir una bomba o llegar al punto en el que tal pudieran fabricar una. Lo hicieron, pero se detuvieron en 2003.

Hasta ahí el consenso americano. Y los israelíes te dirán en privado, “Sí, estamos de acuerdo.” Abandonaron la mayor parte de su planificación, incluso sus estudios, en 2003. La posición israelí es que no se detuvieron porque vieran lo que hicimos en Iraq, sino porque –según me dijo un general israelí– lo poco que nos llevó destruir Iraq. Hicimos en tres semanas, lo que ellos no pudieron hacer en ocho años. Ellos pensaban que serían los próximos. Sin embargo, el consenso era que sí, que se detuvieron. Y además, si usted le pregunta a gente seria, israelíes inteligentes de los servicios secretos –y hay muchos– “¿de verdad cree que si consiguen la bomba –y no tienen una ahora– podrían atacar Tel Aviv?” la respuesta sería, “¿crees que están locos? Los incineraríamos. Por supuesto que no. Ellos llevan ahí 2.000 años. Eso no va a suceder”. Su temor es que les facilitasen la bomba a alguien más, etc.

Pero hay un elemento de racionalidad de la comunidad de inteligencia israelí que no está siendo expresado por sus dirigentes políticos. Es la misma locura que tenemos aquí. Hay un elemento de racionalidad en nuestra comunidad de inteligencia que dice –en 2007 y lo ha dicho de nuevo el año pasado– que no tienen la bomba. No la están fabricando. Está en la NIE, dieciséis organismos están de acuerdo, dieciséis a cero en una votación interna; antes de eso, hicieron una actualización en el año 2011 del estudio de 2007 y llegaron al mismo lugar. No hay nada. Eso no quiere decir que no tengan sueños. Esto no significa que los científicos no hagan estudios informatizados. Esto no quiere decir que los físicos de la Universidad de Teherán no hagan lo que a los físicos les gusta hacer, escribir artículos y hacer estudios. Pero simplemente no hay evidencia de ningún esfuerzo sistemático para pasar del enriquecimiento de uranio a la fabricación de una bomba. Es un proceso enorme, difícil. Usted tiene que tomar un gas muy caliente y convertirlo en metal y luego hacer de él un núcleo. Y usted tiene que hacer eso por control remoto, ya que no hay manera de acercarse a estos materiales. Te mataría. Así es de radiactivos.

Mira, yo soy una voz solitaria. Y sabes hasta qué punto es cuidadoso The New Yorker con lo que publica, incluso en una entrada de un blog. Ese artículo fue comprobado y vuelto a comprobar. Y cito a personas concretas, por ejemplo a Joe Cirincione, un estadounidense que ha estado involucrado en cuestiones de desarme durante muchos años. Son voces diferentes de las que estamos leyendo en los periódicos. A veces me ofende tener que leer siempre las mismas voces en el New York Times y el Washington Post. No leemos a persona con puntos de vista diferentes. Y las hay, no sólo dentro de la comunidad de inteligencia estadounidense sino también dentro del OIEA en Viena. Hay muchas personas que no pueden soportar lo que Amano está haciendo, y… Básicamente, recibo correos electrónicos. Además el artículo salió, se puso, creo, en fin de semana. Y me envían mensajes de correo electrónico, como locos, gente del interior que me dice: “¡Así se hace!” Estoy hablando de dentro del OIEA. Es una organización que no tiene tratos con la prensa, pero que en el interior están muy preocupados por la dirección que Amano está tomando.

No es un estudio científico, Amy. Es un documento político. Y es un documento político en el que Amano está jugando nuestro juego. Y es el mismo juego que los israelíes están utilizando, igual que los contrarios a Irán. Y me gustaría que pudiéramos separar nuestros sentimientos acerca de Irán y los mulás y lo que ocurrió con los estudiantes a partir de 1979 de la realidad, que es que creo que hay una posibilidad muy seria de que los iraníes seguramente nos darían el tipo de inspecciones que queremos, en a cambio de un poco de cariño: poner fin a las sanciones y ofrecer un respeto que ellos insisten en que quieren obtener de nosotros. Y no está sucediendo con este gobierno.

AMY GOODMAN: Seymour Hersh, quiero darle las gracias por estar con nosotros. Su último trabajo se halla en el blog de The New Yorker. Se titula “Iran and the IAEA” (Irán y el OIEA.)

Traducción por S. Seguí, www.rebelión.org

Amy Goodman

Tomado: Democracy Now.org

6 feb 2012

Diez razones por las que Estados Unidos ya no es la tierra de la libertad


Caricatura. J.Kalvellido
Traduzco un interesante artículo, publicado recientemente en The Washington Post y escrito por el jurista estadounidense Jonathan Turley. El texto incide en una idea ya expresada en este blog desde sus inicios, a saber, que constituye una estafa intelectual proponer a los gobiernos "occidentales" -o asimilados- como modelo de referencia indiscutible en materia de derechos humanos. Una percepción distorsionada que incide en el tratamiento dado por las propias organizaciones no gubernamentales en sus informes. Aquí Turley realiza un ejercicio de derecho comparado con respecto a países que habitualmente son objeto de críticas. Puede que sea discutible que elija como punto de partida el 11 de septiembre de 2001, pero las conclusiones son igualmente demoledoras:

"Cada año, el Departamento de Estado publica informes sobre los derechos individuales en otros países, controlando la adopción de leyes y regulaciones restrictivas por todo el mundo. A Irán, por ejemplo, se le ha criticado por negar juicios justos y públicos y por limitar la privacidad, mientras que a Rusia se le llama la atención por minar el derecho al debido proceso. Otros países han sido condenados por el uso de pruebas secretas y la tortura.

Incluso cuando emitimos juicios sobre países que consideramos que no son libres, los estadounidenses confían en que cualquier definición de lo que es una nación libre debe incluir a la suya: la tierra de la libertad. Sin embargo, las leyes y prácticas de esta tierra deberían sacudir esa confianza. En la década que siguió al 11 de septiembre de 2011, este país ha reducido de manera exhaustiva las libertades civiles en nombre de un expansivo estado de seguridad. El ejemplo más reciente de esto fue la Ley de Autorización de la Defensa Nacional, firmada el pasado 31 de diciembre, que permite la detención indefinida de ciudadanos. ¿Hasta qué punto la reducción de derechos individuales en nuestro país cambia cómo nos definimos a nosotros mismos?

Mientras cada nueva competencia nacional que Washington promulga en materia de seguridad provoca controversia en el momento de su aprobación, con frecuencia se discuten de manera aislada. Conforman un mosaico de poderes bajo los cuales nuestro país podría ser considerado, al menos en parte, como autoritario. Los estadounidenses proclaman a menudo que nuestra nación es un símbolo de libertad para el mundo, mientras desprecian a naciones como Cuba y China como categóricamente no libres. Sin embargo, objetivamente, puede que tengamos solo parte de razón. Esos países carecen de derechos individuales básicos como el debido proceso, situándoles fuera de cualquier definición razonable de "libre", pero los Estados Unidos ahora tienen mucho más en común con tales regímenes que lo que a cualquiera le gustaría poder admitir.

Estos países también tienen constituciones que pretenden garantizar libertades y derechos. Pero sus gobiernos tienen una amplia discreción a la hora de denegar esos derechos y los ciudadanos tienen pocas vías reales para desafiarla; precisamente el problema con las nuevas leyes en este país.

La lista de poderes que ha adquirido el gobierno estadounidense desde el 11S nos sitúa en una compañiía bastante incómoda.

Asesinato de ciudadanos estadounidenses

Como antes hiciera el Presidente George W. Bush, el Presidente Obama ha proclamado el derecho de ordenar el asesinato de cualquier ciudadano considerado como terrorista o cómplice de terrorismo. El año pasado aprobó el asesinato del ciudadano estadounidense Anwar al-Awlaqi y de otro ciudadano bajo las supuestas atribuciones inherentes a su autoridad. El mes pasado, funcionarios de la administración reafirmaron este poder, declarando que el presidente puede ordenar el asesinato de cualquier ciudadano que considere aliado con los terroristas (naciones como Nigeria, Irán y Siria suelen ser criticados por los asesinatos extrajudiciales de los enemigos del Estado).

Detención indefinida

De acuerdo con las leyes que se firmaron en diciembre, los sospechosos de terrorismo deberán pasar a custodia militar; el presidente tiene también la autoridad de detener indefinidamente ciudadanos acusados de terrorismo. Mientras que el senador Carl Levin insistió en que la propuesta seguía la legislación vigente “cualquiera que sea ésta”, el Senado rechazó específicamente una enmienda que hubiera eximido de aquélla a los ciudadanos [estadounidenses] y la administración se ha opuesto a los esfuerzos por desafiar tal autoridad ante los tribunales federales. La administración continúa reclamando el derecho de eliminar las protecciones legales de los ciudadanos sobre la base exclusiva de su discrecionalidad (China codificó recientemente una ley de detención más limitada para sus propios ciudadanos, mientras países como Camboya han sido señalados por los EE UU por su “detención prolongada”).

Justicia arbitraria

El presidente ahora decide si una persona puede ser procesada en tribunales federales o en un tribunal militar, un sistema que ha sido ridiculizado en todo el mundo por faltar a las protecciones más básicas de un proceso justo. Bush reclamó esta autoridad en 2001, y Obama ha continuado con esta práctica (Egipto y China han sido denunciados por mantener sistemas judiciales militares separados para determinados acusados, incluyendo civiles).

Investigaciones sin orden judicial

Hoy el presidente puede ordenar una vigilancia sin órdenes judiciales, incluyendo una nueva capacidad para obligar a las compañías y organizaciones a pasar información sobre las finanzas, comunicaciones y asociaciones de los ciudadanos. Bush adquirió este amplio poder con la Patriot Act en 2001, y en 2011 Obama lo extendió aún más, incluyendo la investigación de cualquier cosa, desde documentos empresariales a los archivos de las bibliotecas. El gobierno puede usar “cartas de seguridad nacional” para pedir, sin basarse en pruebas suficientes, que las organizaciones pasen información sobre los ciudadanos y ordenarles que no lo revelen a la parte afectada (Arabia Saudí y Paquistán operan bajo leyes que permiten al gobierno comprometerse en una vigilancia generalizada y discrecional).

Pruebas secretas

Actualmente el gobierno hace uso, de manera rutinaria, de pruebas secretas para detener individuos y emplea pruebas secretas en los tribunales federales y militares. También obliga que se desestimen demandas contra el gobierno de los Estados Unidos, simplemente rellenando declaraciones en las que se afirman que los casos harían que el gobierno revele información clasificada que podría dañar la seguridad nacional; un reclamo que se expresa en diversas demandas judiciales sobre privacidad y que ha sido ampliamente aceptado por los jueces federales sin que se cuestionen nada. Incluso las opiniones legales que se citan como base para las acciones del gobierno durante las administraciones Bush y Obama han sido clasificadas como secretas. Esto permite al gobierno invocar argumentos legales secretos para apoyar procesos secretos usando pruebas secretas. Además, algunos casos nunca llegan a los tribunales. Los tribunales federales suelen denegar demandas constitucionales a políticas y programas a partir de una definición estrecha de la capacidad para entablar acciones judiciales.

Crímenes de guerra

El mundo clamó para que se procesara a los responsables de torturas (waterboarding) de sospechosos de terrorismo durante la administración Bush, pero la administración Obama dijo en 2009 que no permitiría que los empleados de la CIA fueran investigados o perseguidos por tales acciones. Lo cual no solo vació de contenido las obligaciones previstas en los tratados internacionales sino los principios de Nuremberg de derecho internacional. Cuando los tribunales de países como España decidieron investigar a funcionarios de la administración Bush por crímenes de guerra, la administración Obama pidió a las autoridades de otros países que no permitieran que tales casos avancen, a pesar del hecho de que Estados Unidos hacía tiempo que había solicitado la misma autoridad con respecto a supuestos criminales de guerra de otros países (varios países han resistido investigaciones sobre funcionarios acusados de crímenes de guerra y tortura. Algunos, como Serbia y Chile, finalmente aceptaron cumplir con el derecho internacional; los países que han rechazado investigaciones independientes incluyen a Irán, Siria y China).

Tribunales secretos

El gobierno incrementó el uso de la secreta Corte de Vigilancia del Espionaje Exterior, que ha expandido sus órdenes judiciales secretas para incluir a individuos que se considera que están instigando o asistiendo a organizaciones o gobiernos extranjeros hostiles. En 2011, Obama renovó estos poderes, e incluso permitió las investigaciones secretas de individuos que no son parte de un grupo terrorista identificable. La administración reivindicó el derecho de ignorar los límites parlamentarios de dicha vigilancia (Pakistán sitúa el espionaje por la seguridad nacional bajo los poderes sin freno del ejército o de los servicios de inteligencia).

Inmunidad para la revisión judicial

Al igual que la administración Bush, la administración Obama ha presionado a favor de la inmunidad de las compañías que participan en la vigilancia de ciudadanos sin orden judicial, bloqueando la capacidad de los ciudadanos para oponerse a la violación de su privacidad (del mismo modo, China ha mantenido los reclamos de una amplia inmunidad tanto dentro como fuera del país y bloquea de manera rutinaria demandas contra las compañías privadas).

Vigilancia continua de los ciudadanos

La administración Obama ha defendido con éxito su reclamo de que puede usar dispositivos GPS para vigilar cada movimiento de ciudadanos específicos sin garantía de ninguna orden o supervisión judicial. Ahora está defendiendo este poder ante el Tribunal Supremo *, un poder descrito por el magistrado Anthony Kennedy como “orwelliano” (Arabia Saudí ha instalado sistemas públicos masivos de vigilancia, mientras Cuba es conocida por el control activo de determinados ciudadanos).

Entregas extraordinarias

El gobierno dispone ahora de la capacidad para transferir tanto ciudadanos estadounidenses como no ciudadanos a otro país mediante un sistema conocido como "entregas extraordinarias" [extraordinary renditions], denunciado por usar otros países como Siria, Arabia Saudí, Egipto y Pakistán para torturar sospechosos. La administración Obama dice que no continúan los abusos de esta práctica de la era Bush, pero insiste en que se le conceda un derecho ilimitado para ordenar dichas transferencias, incluyendo la posible transferencia de ciudadanos estadounidenses.

Estas nuevas leyes llegan con una infusión de dinero en un sistema expandido de seguridad a nivel estatal y federal, incluyendo más cámaras de vigilancia pública, decenas de miles de empleados de seguridad y una expansión masiva de la burocracia dedicada a la lucha antiterrorista.

Algunos políticos se desentienden y dicen que estos mayores poderes solo son una respuesta a los tiempos en que vivimos. Así, el senador republicano Lindsey Graham pudo declarar la pasada primavera en una entrevista, sin objeción alguna, que "la libertad de expresión es una gran idea, pero estamos en guerra." Por supuesto, el terrorismo nunca se "rendirá" y terminará esta peculiar "guerra".

Otros políticos racionalizan que, mientras tales poderes pueden existir, lo realmente importante es cómo se usan en la realidad. Esta es una respuesta común de los progresistas [liberals] que no pueden criticar a Obama como lo hicieron con Bush. El senador demócrata Carl Levin, por ejemplo, ha insistido que el Congreso no está tomando ninguna decisión sobre la detención indefinida: “Que es una decisión que dejamos donde pertenece, al ejecutivo”.

Y en la declaración que adjuntó a la firma de la Ley de Autorización de la Defensa Nacional, Obama dijo que no pretende usar los últimos poderes para encarcelar ciudadanos indefinidamente. Sin embargo, aceptaba tales poderes como si fuera un autócrata muy a su pesar.

Una nación autoritaria se define no solo por el uso de poderes autoritarios, sino por la capacidad de usarlos. Si un presidente puede arrebatarte tu libertad o tu vida con su exclusiva autoridad, todos los derechos acaban siendo poco más que una concesión discrecional sujetas a la voluntad del ejecutivo.

Los padres de la Constitución vivieron bajo un régimen autocrático y entendieron este peligro mejor que nosotros. James Madison es conocido por advertir que necesitábamos un sistema que no dependiera en las buenas intenciones o motivaciones de nuestros gobernantes: “si los hombres fueran ángeles, ningún gobierno sería necesario.”

Benjamin Franklin fue más directo. En 1787, una tal señorita Powel se enfrentó a Franklin tras la firma de la Constitución y le preguntó: “bueno, doctor, qué tenemos, ¿una república o una monarquía?”. Su respuesta fue un poco escalofriante: “una república, señora, si puede mantenerla.”

Desde el 11 de septiembre de 2011, hemos creado justamente el tipo de gobierno que los padres fundadores temían: un gobierno con amplios poderes, en gran parte sin control, con la esperanza de que sean usados de manera sabia.

La disposición que prevé la detención indefinida en la ley de autorización de defensa pareció, a ojos de muchos progresistas, una traición de Obama. Mientras el presidente había prometido vetar la ley por este motivo, Levin, promotor del proyecto de ley, desveló en el pleno del Senado que en realidad había sido la Casa Blanca la que aprobó la supresión de cualquier excepción para la detención indefinida de ciudadanos.

Para los estadounidenses, la deshonestidad de los políticos no supone una novedad. La cuestión real es si nos estamos mintiendo a nosotros mismos cuando llamamos a este país la tierra de la libertad."

Jonathan Turley

Fuente: Rebelión.org

Tomado: Telesurtv.net

5 feb 2012

Diálogos curiosos


El presidente afgano Hamid Karzai está algo desesperado: los talibán no quieren negociar con él, se aprestan a hacerlo con la Casa Blanca y para ese fin abrieron una oficina política en Qatar. El comando talibán confirmó su disposición a dialogar con Washington pero nunca con el gobierno “ilegal y sin autoridad” de Afganistán (www.dailytimes.com.pk, 1/2/12). Hace dos años que la administración Obama procura alcanzar algún tipo de acuerdo con los insurgentes para que cesen sus acciones militares y esto contradice el triunfalismo de que hace gala el Pentágono sobre el desarrollo de una guerra que dura ya más de una década. “A pesar de las incompatibilidades, se abre el camino para una interlocución EE.UU.-talibán”, titula el New York Times una nota sobre el tema (11/1/12).

El secretario de Defensa Leon Panetta declaró el miércoles que EE.UU. espera poner fin a sus misiones de combate a mediados del 2013, más de un año antes de lo planeado, para limitar su papel “al entrenamiento, asesoramiento y asistencia (aunque) esto no significa que no estaremos preparados para combatir... porque siempre debemos estar en condiciones de defendernos”, advirtió (www.washingtonpost.com, 2/1/12). Pareciera un deseo que la realidad cohíbe: el ejército y la policía de Afganistán, que se harían cargo de las tareas de seguridad en el 2014, han dado muestras de ineptitud, señales de corrupción y están eventualmente infiltradas por los insurgentes. La violencia sigue imperando en el país y aumenta el número de bajas, tanto afganas como estadounidenses.

Es cierto que las tropas de la OTAN dirigidas por EE.UU. han recuperado algunos territorios en poder del talibán, pero lo conseguido es insuficiente para garantizar la continuidad del gobierno de Karzai. Así lo afirma un documento top secret de los 16 organismos de inteligencia, el National Intelligence Estimate (NIE) más reciente, del que dieron cuenta medios británicos cono la BBC y el Times de Londres. Esta evaluación sobre el curso de la guerra en Afganistán concluye que se encuentra en punto muerto, que los insurgentes no han perdido capacidad de lucha y que el gobierno de Kabul, instalado por EE.UU., podría no sobrevivir a la retirada de las tropas invasoras (www.latimes.com, 11/1/12). El NIE contrasta de manera terminante con las afirmaciones optimistas del Pentágono y ha echado leña al fuego del debate entre la Casa Blanca y los mandos militares acerca del ritmo de la retirada de las tropas.

El vicepresidente Joe Biden, otros altos funcionarios y varios congresistas han manifestado su preocupación por el elevado costo de la guerra: el año pasado cayeron más de 400 efectivos estadounidenses y la inversión superó los 100.000 millones de dólares, hechos que, sumados a la crisis económica, la desocupación, los desalojos, tornan vidriosa la campaña por la reelección de Obama. Pujan, entonces, por una retirada rápida, pero las cien páginas del documento del Consejo de Seguridad Nacional aconsejarían lo contrario: “Muchos afganos se preparan para un eventual retorno del talibán. Los talibán consideran que, cuando desaparezca la OTAN, su victoria será inevitable”, subraya el NIE (www.guardian.co.uk, 3/2/12).

El diálogo que Washington intenta no ha salido aún de encuentros que exploran la posibilidad de establecer “medidas de confianza”, como la debatida liberación de cinco jefes talibán detenidos en Guantánamo. Este nuevo elemento estratégico entraña consecuencias significativas a nivel internacional para los esfuerzos de la Casa Blanca destinados a terminar un conflicto bélico que no gana. En el plano interior, “Obama pelea por su reelección en un clima de fuerte oposición a la guerra y de la exigencia de recortes del presupuesto federal” (www.kansascity.com, 11/1/12). En el fondo, esta tentativa de reconciliación revela en parte que Washington reconoce que la insurgencia talibán continuará después de la retirada de las tropas con vistas a la retoma del poder.

El ex embajador en Turquía Marc Grossman, enviado especial a Pakistán y Afganistán, encabeza esta difícil tarea asistido por funcionarios del Pentágono, el Departamento de Estado y la CIA. Hace un mes se reunieron en Bonn los representantes de decenas de países para impulsar una componenda política en Afganistán y la iniciativa agonizaba por el rechazo de Karzai hasta que la Casa Blanca doblegó su resistencia. “Dado que EE.UU. y la OTAN anunciaron ya que en el 2014 retirarían de Afganistán la mayoría de sus tropas, la búsqueda de algún tipo de acuerdo político entre el nuevo gobierno y los talibán se ha convertido en un imperativo para el gobierno (de Obama)” (www.nytimes.com, 11/1/12). Revive en la memoria un hecho que se considera histórico: desde los tiempos de Alejandro Magno, nadie ha podido ocupar Afganistán. Ni siquiera Alejandro Magno.

Juan Gelman.

Tomado: Página 12.com.ar

23 ene 2012

“La Agencia Internacional de Energía Atómica está involucrada en asesinato de científicos iraníes”


“Esta es una política que se repite constantemente. La AIEA está involucrada en el asesinato de los científicos nucleares iraníes, ya que es la única entidad que posee informaciones precisas y confidenciales en este sentido”, agregó Barakat.

En una entrevista concedida al canal de televisión egipcio Nile TV, Barakat ha señalado que si “Irán no da información a la agencia se crea un escándalo, y acusan a Irán de no ser transparente al respecto, y si da información, se realizan los asesinatos selectivos”.

Asimismo, Barakat explicó que el programa energético nuclear de Irán tiene fines pacíficos y pretende satisfacer las demandas internas del país; asimismo, el uso de la energía atómica es una necesidad permanente para un país que ha gastado mil millones de dólares en la construcción de instalaciones nucleares.

Barakat criticó el doble rasero de Washington sobre el programa energético nuclear de Irán, agregando que Estados Unidos y e Israel sí poseen un sinnúmero de armas nucleares.

Teherán sostiene que como miembro de la AIEA y país signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), tiene el derecho a utilizar la tecnología nuclear para usos pacíficos como la generación de electricidad e investigación médica.

Mientras tanto, Israel, poseedor de más de 200 ojivas atómicas, no permite que la AIEA inspeccione o supervise su controvertido programa nuclear.

El 11 de enero del año en curso, el catedrático iraní, Mostafa Ahmadi Roshan, fue asesinado en Teherán, la capital de Irán, tras explotar la bomba lapa colocada en su coche.

Ahmadi Roshan, es el cuarto científico iraní, vinculado con el programa nuclear pacífico iraní que ha sido asesinado durante los últimos dos años. Dariush Rezainejad (julio de 2011), Masud Ali Mohammadi (enero de 2010) y Mayid Shahriari (noviembre de 2010) perdieron la vida en atentados similares, mientras que Fereydun Abasi (noviembre de 2010) sufrió heridas.

EEUU y sus aliados tratan de vender que Irán es “una amenaza para el mundo” argumentando que su programa energético de carácter nuclear tiene “fines militares”. Sin embargo, el presidente Mahmud Ahmadineyad ha negado esas acusaciones en reiteradas ocasiones y ha invitado a Washington a mostrar pruebas firmes que confirmen dicha hipótesis.

Teherán denuncia que la verdadera razón por la que EEUU tiene a Irán como objetivo militar son sus recursos naturales. Las reservas de petróleo iraníes son las terceras más grandes del mundo con aproximadamente 136.000 millones de barriles. Irán es el cuarto mayor productor de petróleo y es el segundo productor de la OPEP después de Arabia Saudita.

Ante esta campaña mediática que busca criminalizar al Gobierno de Irán, el vicepresidente Mohammad Reza Rahimi, recomendó a la prensa occidental a hacer un ejercicio de memoria para recordar que en toda la historia de la humanidad tan solo ha habido una potencia que se ha atrevido a lanzar dos bombas atómicas causando la muerte de miles de civiles inocentes. “Para aquellos que anden cortos de memoria, ese país es Estados Unidos”, advirtió Reza Rahimi, haciendo referencia a las dos bombas que EEUU lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945 y que provocaron la muerte de más de 200.000 personas.

LibreRed.net / Hispan TV

Tomado: La República.es

Artículos relacionados:
Geopolítica en el Estrecho de Ormuz: ¿Podría Irán derrotar a la Marina de EEUU en el Golfo Pérsico?
Cómo aterrizó el drone espía estadounidense en Irán
Hobbes y la Doctrina de la Seguridad Nacional en EE.UU.

14 ene 2012

EE. UU. teme que Israel ataque a Irán unilateralmente


EE. UU. teme que Israel esté preparando una acción militar unilateral contra Irán y ante esta preocupación también elaborará un plan de protección de sus dependencias en la región, según la información difundida por el periódico The Wall Street Journal.

El diario señala además que el presidente Barack Obama y el secretario de Defensa de EE. UU., Leon Panetta, han mantenido supuestamente conversaciones con los dirigentes israelíes para discutir las consecuencias de un hipotético ataque aéreo. De hecho, Israel ya se está preparando para convivir con un Irán al que ve como potencia nuclear, según un informe del Instituto de Investigación para la Seguridad Nacional.

A pesar de sus preocupaciones, Washington también es considerado por algunos expertos como responsable del conflicto entre Irán y Occidente en torno al programa nuclear persa. Así, Panetta admitió que se contemplaba el uso de la fuerza por parte de EE. UU. y varios portaaviones norteamericanos ya se están aproximando a territorios cercanos a la República Islámica, en el mar Arábigo.

El peligro económico

Según el analista político Emilio Viano, en medio de una creciente tensión en el conflicto, Washington debería disminuir su presión contra Teherán, ya que la escalada del conflicto perjudica también a la economía mundial y sobre todo a Europa , que ya está viviendo una profunda crisis financiera.

En su entrevista a RT, Viano explicó que países como España, Italia o Grecia, así como EE. UU., “no necesitan la subida de los precios del petróleo” que provoca las sanciones contra Teherán que ya impuso Washington y que intenta convencer a sus socios para que también las adopten.

El problema es que Teherán reacciona de manera bastante intensa a dichas sanciones, amenazando con cerrar la arteria vital para el abastecimiento de petróleo mundial, el estrecho de Ormuz. Además, Irán acusa a Occidente e Israel de preparar un complot por el programa nuclear que, según Teherán, tiene carácter pacífico. En realidad, ni siquiera EE. UU. cree que el país persa pretenda crear armas nucleares, según el secretario de Defensa norteamericano.

Tomado: RT.com

Artículos y video relacionados:



Alí Jamenei: La CIA y el Mossad están detrás del 'cobarde' asesinato del científico iraní
Ex miembro del Mossad: “Israel y EE. UU. desarrollan una guerra secreta contra Irán"
Nubes racistas en el cielo israelí
Ahmadineyad en Cuba: Lo único que le queda al sistema capitalista es mata

11 ene 2012

En The New York Times hoy: Entreguemos Guantánamo a Cuba

Ilustración publicada con este
 artículo en The New York Times
En los 10 años transcurridos desde que el campo de detención de Guantánamo se abrió al debate angustioso de si se cierra la instalación o se mantiene de forma permanente, se ha ocultado un fracaso más profundo que se remonta a más de un siglo e implica a todos los estadounidenses, y tiene que ver con nuestra continua ocupación del propio territorio de Guantánamo. Ya es hora de devolver este enclave imperialista a Cuba.

Desde el momento en que el gobierno de los Estados Unidos obligó a Cuba a arrendar la bahía de Guantánamo como una base naval para nosotros, en junio de 1901, la presencia de Estados Unidos ha sido más que una piedra en el zapato de Cuba. Ha servido para recordar al mundo la larga historia del militarismo intervencionista de Estados Unidos. Pocos gestos tendrían un efecto más saludable en el sofocante callejón sin salida de las relaciones cubano-estadounidenses, que la devolución de esta pieza codiciada de tierra.

Las circunstancias por las que los Estados Unidos llegaron a ocupar Guantánamo son tan preocupantes como su última década de actividad allí. En abril de 1898, las fuerzas estadounidenses intervinieron durante tres años en Cuba, en el momento en que los cubanos luchaban por su independencia y tenían esta guerra casi ganada, de modo que convirtieron la Guerra por la Independencia de Cuba en lo que los estadounidenses siguen la costumbre de llamar “Guerra Hispano-Americana”. Los funcionarios estadounidenses luego excluyeron al Ejército de Cuba en el armisticio y les negaron un lugar a Cuba en la conferencia de paz de París.

“Hay tanta ira natural y angustia en toda la isla”, comentó el general cubano Máximo Gómez en enero de 1899, después de la firma de la paz, “porque el pueblo no ha podido celebrar realmente el triunfo tras el fin del poder de los antiguos gobernantes.”

Curiosamente, la declaración de los Estados Unidos en torno a la guerra con España incluye la garantía de que Estados Unidos no buscó intervenir “la soberanía, jurisdicción o control” sobre Cuba y que su intención era “dejar el gobierno y el control de la isla a su pueblo.”

Pero después de la guerra, los imperativos estratégicos primaron sobre la independencia de Cuba. Los Estados Unidos querían el dominio de Cuba, junto con las bases navales desde las cuales lo ejerce.

Introdujeron al general Leonard Wood, a quien el presidente William McKinley había nombrado gobernador militar de Cuba, y con él las disposiciones que se conocieron como la Enmienda Platt. Dos de estas disposiciones fueron particularmente odiosas: una garantía de que los Estados Unidos ejercerían el derecho de intervenir a voluntad en los asuntos cubanos, y la otra, que instituía para siempre la venta o arrendamiento de estaciones navales. Juan Gualberto Gómez, delegado principal de la Convención Constituyente de Cuba, dijo que la Enmienda haría de los cubanos “un pueblo vasallo”.

Presagio de la crisis de los misiles cubanos, proféticamente Juan Gualberto advirtió que las bases extranjeras en suelo cubano sólo traerán para Cuba “conflictos que no saldrán de nuestra propias decisiones y en los que no tenemos ningún interés”.

Pero era una oferta que Cuba no podía rechazar, como Wood informó a los delegados. La alternativa a la Enmienda fue la continuación de la ocupación. Los cubanos recibieron el mensaje. “Hay, por supuesto, poco o nada de la verdadera independencia, que se fue de Cuba con la Enmienda Platt”, comentó Wood al sucesor de McKinley, Theodore Roosevelt, en octubre de 1901, poco después de que la Enmienda Platt fuera incorporada a la Constitución cubana. “Los cubanos más sensibles comprenden esto y sienten que lo único consistente ahora es buscar la anexión.” Pero con Platt en su lugar, ¿quién necesitaba la anexión?

 Durante las próximas dos décadas, los Estados Unidos en repetidas ocasiones enviaron infantes de marina con sede en Guantánamo para “proteger sus intereses en Cuba” y la redistribución de tierras que habían sido bloqueadas. Entre 1900 y 1920, 44.000 norteamericanos se establecieron en Cuba, para impulsar la inversión de capital en la isla, que partió de unos 80 millones de dólares a un poco más de mil millones de dólares y llevó a un periodista a comentar que poco “a poco, la isla entera está pasando a manos de los ciudadanos estadounidenses”.

¿Cómo lucía esto desde la perspectiva de Cuba? Bueno, imagínese que al final de la Revolución Americana los franceses hubieran decidido permanecer aquí. Imagínese que los franceses se hubieran negado a permitir que Washington y su ejército asistieran a la tregua en Yorktown. Imagínese que negara en el Congreso Continental un asiento a los estadounidenses en el Tratado de París, que expropiaran los bienes de los ingleses, ocupado el puerto de Nueva York, enviara tropas para aplastar a los Shays y a otras rebeliones y luego emigrara a las colonias en masa, robándose lo más valioso de nuestras tierras.

Tal es el contexto en el que los Estados Unidos llegó a ocupar Guantánamo. Se trata de una historia excluida de los libros de texto estadounidenses y abandonados en los debates sobre el terrorismo, el derecho internacional y el alcance del poder ejecutivo. Pero es una historia conocida en Cuba (que motivó la Revolución de 1959) y en toda América Latina. Esto explica por qué Guantánamo sigue siendo un símbolo evidente de la hipocresía en todo el mundo. No hace falta siquiera hablar de la última década.

Si el presidente Obama reconoce esta historia y pone en marcha el proceso de devolución de Guantánamo a Cuba, podría comenzar a reparar los errores de los últimos 10 años que pesan sobre nosotros, por no hablar de cumplir con una promesa de campaña electoral. (Dada la intransigencia del Congreso, no hay mejor manera de cerrar el campo de detención que entregar ese territorio con la base naval incluida.) Rectificaría un agravio secular y sentaría las bases para nuevas relaciones con Cuba y con otros países en el hemisferio occidental y en todo el mundo. Por último, se enviaría un mensaje inequívoco de que la integridad, auto-control y transparencia no son una prueba de debilidad, sino los atributos indispensables de liderazgo en un mundo siempre cambiante.

Seguramente no hay manera más apropiada de observar este sombrío aniversario de hoy, que defender los principios que Guantánamo socavó hace más de un siglo.

JONATHAN M. HANSEN / Cambridge, Mass. /   The New York Times /
Traducido por Cubadebate

Jonathan M. Hansen, profesor de estudios sociales en Harvard, es el autor de “Guantánamo: Una Historia americana”

Tomado:CubaDebate.cu




Artículos relacionados:
Obama legitima el penal de la vergüenza a los diez años de su apertura
A diez años de Guantánamo
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...