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5 may 2011

¿Es esto la instauración del asesinato extrajudicial?


Ruinas de la vivienda de Gadafi bombardeada por la OTAN.AGENCIAS
Matar en vez de juzgar en los tribunales, sin probar la culpabilidad, ya forma parte de los 'valores' de Occidente
La OTAN ataca dos viviendas del presidente libio, Muamar Gadafi, mata a uno de sus hijos y a tres de sus nietos, estos últimos menores de 12 años. Al igual que ante otros asesinatos extrajudiciales, los gobernantes europeos no abren la boca para condenar el acto. Apenas se ha generado debate. Puede que algunos consideren la muerte de niños inocentes como un precio que merece la pena pagar para garantizar la defensa de intereses políticos y económicos.

Al fin y al cabo, con esta trayectoria, los asesinatos extrajudiciales forman parte ya de los valores de Occidente: matar en vez de juzgar en los tribunales. Matar sin probar la culpabilidad. Asesinar sin tener la certeza de que no va a haber víctimas colaterales. Es más, asesinar sabiendo que es probable que las haya.

Ahora, Barack Obama llama justicia a la muerte de Osama Bin Laden. Es de suponer, por tanto, que también considera justo que con él hayan muerto uno de sus hijos y tres personas más. Y que su cadáver no haya sido entregado a su familia. Lo cierto es que la Justicia se ejerce en los tribunales, cumpliendo las leyes. La Justicia no se dicta a golpe de gatillo.

Europa guarda silencio o apoya operaciones que dan muerte a civiles

Hace ya algún tiempo se sobrepasaron los límites de lo legítimo y lo legal, de lo razonable, lo justo y lo moral, hasta el punto de que en la actualidad en Occidente no hay indignación colectiva cuando es asesinado un hijo de un dictador o de un talibán, o de un presunto terrorista iraquí o de un afgano sospechoso, o el hijo de un político de Hamás o el nieto de un palestino inocente que pasaba por allí.

No sólo nos están enseñando a asumir los asesinatos de presuntos enemigos como actos de justicia, sino que también estamos aprendiendo a digerir sin rechistar el asesinato de sus familiares.

Eso nos sitúa en un peligroso punto de no retorno, ya que la legitimidad de la que se pretende dotar a esos asesinatos puede ser empleada en el futuro por ejércitos que no sean los occidentales. ¿Aceptaríamos que el Ejército paquistaní atacara territorio europeo y matase a un presunto terrorista y a algún español inocente?

¿Consideraríamos legítimo entonces que en vez de arrestar, juzgar y encarcelar a terroristas europeos, los gobiernos occidentales lanzaran operaciones militares contra ellos, privándolos del derecho a defender su inocencia?

Ataques en Pakistán

Nada más llegar a la Presidencia de EEUU, en enero de 2009, Obama ordenó el lanzamiento de un ataque militar en Pakistán con aviones no tripulados: murieron al menos 22 personas, la mayoría civiles. Fue el pistoletazo de salida a una política militar consistente en desencadenar ataques continuados contra territorio paquistaní.

En octubre de ese mismo año EEUU ya había realizado en Pakistán tantas incursiones aéreas como en los últimos tres años de la Administración Bush, con la consecuencia de cientos de muertos y heridos. Ese mismo mes, Obama recibió el Premio Nobel de la Paz.

Como es lógico, el Gobierno de Pakistán, consciente de la frustración de la población ante estas operaciones militares, ha manifestado reiteradamente su repudia a las incursiones aéreas del Pentágono, que violan la soberanía de su país.

Pero en Europa nuestros gobiernos guardan silencio o apoyan este tipo de operaciones, en las que a veces (por ejemplo, en Afganistán) colaboran bajo el paraguas de la OTAN . Y de ese modo se ha institucionalizado el asesinato extrajudicial.

Israel lo sabe bien. Por eso cuando el Gobierno de Tel Aviv lanzó la operación Plomo Fundido contra Gaza (en la que murieron al menos 1.400 palestinos, la mayor parte civiles, entre ellos mujeres, niños) se defendió de las críticas recordando que EEUU y la OTAN practican operaciones preventivas similares.

El cadáver de Osama Bin Laden ha sido arrojado al mar, pero su fantasma vuelve a nosotros con más fuerza: EEUU ya ha elevado los niveles de alerta, Washington advierte de que Al Qaeda puede vengarse, Obama dice que puede haber "ataques violentos en todo el mundo". Así se atiza el miedo, enemigo fatal de la revolución y de la libertad; gran aliado de las armas, de quienes las fabrican y de quienes las venden.

Olga Rodríguez / Madrid

Tomado: Público.es

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20 sept 2010

Una guerra inflada

El Grito  Juan Kalvellido

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) dio a conocer la semana pasada su octavo examen estratégico global (www.iiss.org, 10/12-9-10).

El IISS está asentado en Londres y es el think-tank sobre cuestiones militares y de seguridad más importante del mundo. Lo integran experimentados especialistas en defensa, militares retirados y otros de alto rango y sus estudios abarcan el planeta entero.

Los informes del organismo suelen ser grises y aun aburridos, su lenguaje es prudente y hasta cauteloso, pero el de este año cambió bruscamente al referirse a Afganistán: calificó esa guerra de “largo y alargado desastre”. Señala que las potencias de Occidente “exageran” la amenaza que entrañan Al Qaida y el talibán. “Se ha inflado” el número de tropas estadounidenses en Afganistán –agrega– y no guarda proporción alguna con la misión de “desmantelar y derrotar a Al Qaida”, que Obama les confió. El estudio del IISS fue supervisado por Nigel Inskster, ex vicedirector del servicio de inteligencia británico o MI-6. Es interesante que además subraye que el peligro de Al Qaida es mínimo en todas partes, incluso en Somalia y Yemen, países en los que EE.UU. interviene, so capa de su seguridad, a ritmo cada vez mayor.

El director de la CIA, Leon Panetta, había ya informado que “el número estimado de terroristas de Al Qaida en Afganistán es de 50 a 100, tal vez menos” (www.huffingtonpost.com, 29-6-10). Aseveró que se concentran en zonas limítrofes de Pakistán y así justificó los constantes ataques que aviones no tripulados infligen a los civiles paquistaníes, niños y mujeres incluidos. Si esas cifras son correctas, un puñado de terroristas mantiene en jaque a casi 150.000 efectivos, 98.000 estadounidenses y el resto de los aliados de la OTAN. No es creíble.

Panetta no tuvo empacho en afirmar que EE.UU. progresa en Afganistán, “aunque es más duro y más lento de lo que se esperaba”. Así es: en los veintidós meses de gobierno de Obama cayeron más militares norteamericanos que en los ocho años de W. Bush. El general David Petraeus, comandante en jefe de las tropas ocupantes de Irak y Afganistán, no se muestra tan optimista como antes.

Obama anunció la retirada de Afganistán para agosto de 2011, pero el general tiene otra perspectiva: declaró en Bagdad que el proceso es a veces parecido a “ver cómo crece el pasto o se seca la pintura” (//abcnews.go.com, 14-9-10). Fue más lejos: estuvo de acuerdo con la periodista que lo entrevistaba en que “el éxito contra la insurgencia” podía llevar nueve o diez años más. Bastante antes el pasto crece y se seca la pintura. No es Al Qaida entonces, es el talibán.

Petraeus asumió oficialmente el mando de las tropas en Afganistán el 4 de julio y cambió algunos aspectos de las tácticas de su antecesor, el general Stanley A. McChrystal. Declaró que los bombardeos aéreos “matan afganos” y duplicó el número de allanamientos de domicilios particulares. Ahora no mueren menos: un alto porcentaje de los 1031 asesinados por las Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF, por sus siglas en inglés) en 3000 allanamientos e identificados como “insurgentes” eran vecinos que habían salido a la calle armados al escuchar el ruido de los procedimientos. Su intención no era atacar a los del SOF, sino defender a su familia ante un posible agresor, pero fueron ejecutados (Inter Press Service, 15-9-10).



El general Petraeus se jacta del elevado número de mandos insurgentes superiores y medios que las SOF han eliminado, herido y apresado, sólo que hasta altos mandos del ejército dudan de que todos sean talibán: el mayor general Douglas Stone, que supervisó las políticas de detención a comienzos de 2009, concluyó que no lo eran los dos tercios de los presos que EE.UU. retenía como tales en Afganistán (www.guardian.co.uk, 14-10-09). Otra inflación.

Los allanamientos nocturnos enojan a los afganos: trescientos civiles tomaron las calles de Wardak –un ejemplo– como respuesta al asesinato de tres hermanos que dormían en sus camas (www.worldcantwait.net, 12-8-10). El mando de la OTAN dijo que las víctimas eran sospechosos de pertenecer a la insurgencia. Hay sospechas que matan.

Los artefactos explosivos improvisados que los talibán plantan al borde de las rutas que recorren los vehículos ocupantes (IED por sus siglas en inglés) son responsables de la mayoría de las bajas estadounidenses, y el Pentágono ha creado una división especial para contrarrestar esa arma mortífera, la Organización para derrotar a los IED (Jieddo, por sus siglas en inglés). Sus estadísticas más recientes revelan dos cosas: la insurgencia ha aumentado “de manera alarmante” la colocación de esos dispositivos y la población civil denuncia cada vez menos dónde.

Algunas cifras proporcionadas por la Jieddo: en marzo de este año detonaron 434 IED causando la muerte de 23 efectivos de las tropas invasoras y 252 heridos; en abril, 475 provocaron 17 bajas y 230 heridos; en mayo, la explosión de 554 mató a 34 e hirió a 333 (//homeland securitynewswire.com, 29-7-10). Por otra parte, la proporción de IED que los vecinos notifican a las fuerzas ocupantes descendió del 4,5 por ciento de los “incidentes” en los primeros meses de 2009 al 2,1 por ciento en julio de este año. La exasperación de los ocupados crece más velozmente que el pasto.

Una pregunta: si los hombres de Al Qaida son un puñado frente al poderío militar más moderno y letal del mundo, ¿por qué la Casa Blanca insiste en la guerra y aumenta las tropas que envía a Afganistán? ¿Se trata de crear las mejores condiciones para atacar a Irán? ¿O de seguir alimentando las ganancias del complejo militar-industrial? ¿O las dos cosas?

Juan Gelman

Tomado: Página 12
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