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31 mar 2012
Pornografía bélica: el nuevo sexo seguro
Versión muy abreviada de una conferencia en el XII Seminario de Solidaridad Política en la Universidad de Zaragoza, España, 27 de marzo de 2012.
Los principios del Siglo XXI son adictos a la pornografía bélica, el principal espectáculo deportivo consumido por el sillón global y las patatas digitales. La pornografía bélica se robó el centro de atención en la noche del 11 de septiembre de 2001, cuando el gobierno de Bush lanzó la Guerra Global contra el Terror (GWOT, por sus siglas en inglés), que fue interpretada por muchos de sus practicantes como una sutil legitimización del terror estatal de EE.UU. en particular contra los musulmanes.
También fue una guerra DE terror, una manifestación de terror estatal oponiendo el poder urbano de alta tecnología básicamente contra la astucia rural, de baja tecnología. EE.UU., por cierto, no ejerció ese monopolio; Pekín lo practicó en Xinjiang, su Lejano Oeste, y Rusia en Chechenia.
Como la pornografía convencional, la pornografía bélica no puede existir sin basarse en una mentira, una representación obscena. Pero a diferencia de la pornografía convencional, la bélica es auténtica; a diferencia de obscenas, baratas películas snuff, la gente en la pornografía bélica, muere realmente, en masa.
La mentira para rematar todas las mentiras en el centro de esta representación se estableció definitivamente con la filtración del memorando Downing Street de 2005, en el cual el jefe del MI6 británico confirmó que el gobierno de Bush quería eliminar a Sadam Hussein relacionando el terrorismo islámico con armas de destrucción masiva (inexistentes). Por lo tanto, como decía el memorando: “la información y los hechos se están amañando en torno a esa política”.
A fin de cuentas, George “estás con nosotros o contra nosotros” Bush fue la estrella de su propia snuff de proporciones históricas, que también al mismo tiempo tuvo la doble función de ser la invasión y destrucción del flanco oriental de la nación árabe.
La nueva Guernica
Irak se puede ver ciertamente como la Guerra de las Galaxias de la pornografía bélica, una apoteosis de secuelas. Por ejemplo la (segunda) ofensiva de Faluya a finales de 2004. Entonces la describí como la nueva Guernica. También me tomé la libertad de parafrasear los escritos de Sartre sobre la Guerra de Argelia; después de Faluya basta con que se reúnan dos estadounidenses para que haya entre ellos un cadáver. Citando Apocalipsis Ya, de Coppola, había cuerpos, cuerpos por doquier.
El Francisco Franco de Faluya fue Iyad Allawi, el primer ministro interino instalado por EE.UU. Fue Allawi el que “pidió” al Pentágono que bombardeara Faluya. En Guernica, como en Faluya, no hubo distinción entre civiles y combatientes: fue la regla de “¡Viva la muerte!”
Los mandos de los marines estadounidenses dijeron oficialmente que Faluya era la casa de Satán. Franco negó la masacre de Guernica y culpó a la población local, tal como Allawi y el Pentágono negaron las muertes de civiles e insistieron en que los culpables eran los “insurgentes”.
Redujeron Faluya a escombros, por lo menos 200.000 residentes se convirtieron en refugiados y mataron a miles de civiles con el fin de “salvarla” (ecos de Vietnam). Por cierto, en los medios corporativos occidentales nadie tuvo la valentía de decir que en realidad Faluya fue el Halabja estadounidense.
Quince años antes de Faluya, en Halabja, Washington era un proveedor entusiasta de armas químicas a Sadam Hussein, quien las utilizó para matar con gas a miles de kurdos. Entonces la CIA dijo que no fue Sadam; fue el Irán de Jomeini. Pero fue Sadam el que lo hizo, y deliberadamente, como EE.UU. en Faluya.
Los doctores de Faluya identificaron cadáveres hinchados y amarillentos sin ninguna herida, así como “cuerpos fundidos”, víctimas del napalm, el cóctel de poliestireno y combustible jet. Los residentes que lograron escapar hablaron de “gases venenosos” y “extrañas bombas que producían humo como nubes en forma de hongos… y que luego pequeños trozos caían del aire con largas colas de humo. Los trozos de esas extrañas bombas estallaban en grandes fuegos que queman la piel incluso cuando les arrojas agua”.
Es exactamente lo que sucede a la gente bombardeada con napalm o fósforo blanco. La ONU prohibió bombardear a los civiles con napalm en 1980. EE.UU. es el único país del mundo que sigue utilizando napalm.
Faluya también suministró un éxito de mini snuff; la ejecución sumaria de un iraquí herido e indefenso en una mezquita por un marine estadounidense. La ejecución, filmada y vista por millones en YouTube, representó gráficamente las reglas “especiales” de enfrentamiento. Los mandos de los marines estadounidenses de la época decían a sus soldados que “dispararan contra todo lo que se mueve y todo lo que no se mueve”; que dispararan “dos balas en cada cuerpo”; si veían a cualquier hombre de edad militar en las calles de Faluya, que "le derribaran" y que rociaran todas las casas con fuego de ametralladoras y de tanques antes de entrar en ellas.
Las reglas de enfrentamiento en Irak se codificaron en un manual de campo de 182 páginas distribuido a todos y cada uno de los soldados y publicado en octubre de 2004 por el Pentágono. Este manual de contrainsurgencia subrayó cinco reglas: “proteger a la población; establecer instituciones políticas locales; reforzar gobiernos locales; eliminar capacidades insurgentes y explotar información de fuentes locales”.
Ahora, de vuelta a la realidad. No se protegió a la población de Faluya; la expulsaron de la ciudad a fuerza de bombas y la convirtieron en una masa de miles de refugiados. Las instituciones políticas ya estaban establecidas: la Shura de Faluya dirigía la ciudad. Posiblemente ningún gobierno local puede gobernar un montón de escombros que tienen que recuperar ciudadanos enfurecidos, por no hablar de “reforzarlo”. Las “capacidades insurgentes” no se eliminaron; la resistencia se dispersó por otras 22 ciudades fuera del control de la ocupación estadounidense y se propagó al norte hasta llegar a Mosul; y los estadounidenses se quedaron sin información “de fuentes locales”, porque convirtieron en enemigos a todo corazón y mente posibles.
Mientras tanto, en EE.UU., la mayor parte de la población ya era inmune a la pornografía bélica. Cuando estalló el escándalo de Abu Ghraib, en la primavera de 2004, yo iba conduciendo por Texas, explorando Bushlandia. Prácticamente todas las personas con las que hable atribuían la humillación de los prisioneros iraquíes a “unas pocas manzanas podridas”, o la defendían por motivos patrióticos (“tenemos que impartir una lección a los ‘terroristas’”).
Adoro a un hombre en uniforme
Teóricamente, existe un mecanismo aprobado en el Siglo XXI para defender a los civiles de la pornografía bélica. Es la doctrina R2P “responsabilidad de proteger”. Se trata de una idea del gobierno canadiense y algunas fundaciones que ya circuló en 2001, pocas semanas después de que se lanzara la guerra contra el terror. La idea era que el concierto de las naciones tenía un “deber moral” de desplegar una intervención humanitaria en casos como Halabja, por no hablar de los Jemeres Rojos en Camboya a mediados de los años setenta o el genocidio de Ruanda a mediados de los noventa.
En 2004, un panel en la ONU codificó la idea, crucialmente con el pensamiento de que el Consejo de Seguridad pueda autorizar una “intervención militar” solo “como último recurso”. Entonces, en 2005, la Asamblea General de la ONU apoyó una resolución a favor de R2P y en 2006 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1674 sobre “la protección de civiles en un conflicto armado”; debían ser protegidos contra “genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica y crímenes contra la humanidad”.
Ahora aceleremos hasta fines de 2008, comienzos de 2009, cuando Israel –utilizando aviones caza estadounidenses para crear un verdadero infierno– desencadenó un ataque en gran escala contra la población civil de la Franja de Gaza.
¿Y la reacción oficial en EE.UU.?: “Obviamente Israel decidió protegerse y proteger a su pueblo”, dijo el presidente Bush. El Congreso de EE.UU. votó con abrumadores 390 contra 5 votos por reconocer “el derecho de Israel a defenderse de los ataques de Gaza”. El gobierno entrante de Obama guardó un estruendoso silencio. Solo la futura secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo: “apoyamos el derecho de Israel a la autodefensa”.
Por lo menos 1.300 civiles –incluidos numerosas mujeres y niños– fueron asesinados por el terrorismo de Estado en Gaza. Nadie invocó la R2P. Nadie apuntó a que Israel no cumplió con su “responsabilidad de proteger” a los palestinos. Nadie pidió una “intervención humanitaria” frente a Israel.
La simple noción de que una superpotencia –y otras potencias menores– tomen sus decisiones de política exterior con base en motivos humanitarios, como proteger a gente sitiada, es un chiste absoluto. Por lo tanto ya entonces aprendimos cómo se implementaría la R2P. No se aplicaba a EE.UU. en Irak o Afganistán. No se aplicaba a Israel en Palestina. Finalmente se aplicaría solo para entrampar a gobernantes “canallas” que no fueran “nuestros hijueputas”, como en el caso de Gadafi en Libia en 2011. Intervención “humanitaria” sí; pero solo para librarse de los “malos”. Y la belleza de R2P era que se podía aplicar al revés en todo momento. Bush llamó a "liberar" a los afganos que sufrían, especialmente a las mujeres vestidas con burkas, de los "malvados" talibanes, configurando en realidad la invasión de Afganistán como una intervención humanitaria. Y cuando se desenmascararon las afirmaciones engañosas sobre los vínculos entre al Qaida y las inexistentes armas de destrucción masiva, Washington comenzó a justificar la invasión, ocupación y destrucción de Irak mediante… R2P: “responsabilidad” de proteger a los iraquíes frente a Sadam y luego frente a sí mismos.
El asesino despertó al alba
El episodio más reciente de la serie de la pornografía bélica es la masacre de Kandahar cuando, según la versión (o encubrimiento) oficial del Pentágono un sargento del ejército estadounidense, francotirador y veterano de la guerra de Irak –un asesino altamente calificado– mató a tiros a 17 civiles afganos, incluidas nueve mujeres y cuatro niños, en dos aldeas a tres kilómetros de distancia, y quemó algunos de sus cuerpos.
Como en el caso de Abu Ghraib, hubo el acostumbrado torrente de desmentidos del Pentágono, como “no somos nosotros” o “no hacemos las cosas de esa manera”; para no mencionar un tsunami de historias en los medios corporativos estadounidenses humanizando al héroe-convertido-en-asesino masivo, como en “es un muchacho tan bueno, un hombre de familia”. Al contrario, ni una sola palabra sobre Los Otros, las víctimas afganas. No son personas; y nadie conoce sus nombres.
Una –seria– investigación afgana estableció que unos veinte soldados pudieron participar en la masacre, como en My Lai en Vietnam; y eso incluyó la violación de dos de las mujeres. Tiene sentido. La pornografía bélica es una subcultura letal y de grupo, junto con asesinatos selectivos, muertes por revancha, profanación de cuerpos, recolección de trofeos (dedos u orejas cortados), quema de Coranes y orinar sobre cadáveres. Esencialmente es un deporte colectivo.
“Equipos de asesinato” estadounidenses han ejecutado deliberadamente al azar a civiles afganos inocentes, sobre todo adolescentes, por deporte, colocaron las armas sobre sus cuerpos y luego posaron con sus cadáveres como trofeos. No es por accidente que hayan estado operando desde una base en la misma área de la masacre de Kandahar.
Y no debemos olvidar al antiguo máximo comandante de EE.UU. en Afganistán, el general Stanley McChrystal, quien el 10 de abril de 2010 admitió, brutalmente: “Hemos matado a una cantidad increíble de personas” que NO constituían una amenaza para EE.UU. o la civilización occidental.
El Pentágono sesga y publicita en Afganistán lo que ya mercadeó en Irak (e incluso mucho antes en Vietnam, en realidad); la idea es que se trata de una “contrainsurgencia centrada en la población”, o COIN, para “ganar corazones y mentes”, y que forma parte de un gran proyecto de construcción de una nación. Es una mentira monumental. La ‘oleada’ de Obama en Afganistán –basada en COIN– fue un fracaso total. Lo que la reemplazó fue una guerra dura, encubierta, tenebrosa, dirigida por “equipos de asesinato” de las Fuerzas Especiales. Eso implica una inflación de ataques aéreos e incursiones nocturnas. Para no hablar de ataques de aviones no tripulados, tanto en Afganistán como en las áreas tribales de Pakistán, cuyos objetivos preferidos parecen que son las bodas pastunas. A propósito, la CIA afirma que desde mayo de 2010, los aviones sin tripulación ultra-inteligentes han matado a más de 600 objetivos humanos “cuidadosamente seleccionados” y, milagrosamente, ni a un solo civil.
Pronto veréis este gran espectáculo de pornografía bélica celebrado en una orgía de próximos éxitos conjuntos del Pentágono y Hollywood. En la vida real, es amañado por gente como John Nagl, quien estuvo en el equipo del general David Petraeus en Irak y ahora dirige el think tank pro Pentágono Centro para la Nueva Seguridad Estadounidense.
Los nuevos súper machos estelares podrían ser los oficiales del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC). Pero se trata de una producción del Pentágono, que ha creado, según Nagl, “una máquina letal de contraterrorismo de dimensión industrial”. La realidad, sin embargo, es mucho más prosaica. Las técnicas de COIN, aplicadas por McChrystal, se basaban en solo tres componentes: vigilancia permanente por parte de aviones sin tripulación (drones); monitoreo de teléfonos móviles y localización de la ubicación física de los teléfonos por sus señales. Eso implica que cualquiera en un área vigilada por drones que utilice un teléfono celular era identificado como “terrorista”, o por lo menos como “simpatizante terrorista”. Y entonces el enfoque de las incursiones nocturnas en Afganistán pasó de “objetivos de alto valor” –miembros de alto nivel y mediano nivel de al Qaida y talibanes– a cualquiera marcado como colaborador de los talibanes.
En mayo de 2009, antes de la llegada de McChrystal, las Fuerzas Especiales de EE.UU. realizaban 20 incursiones mensuales. En noviembre eran 90 al mes. Al llegar la primavera de 2010, eran 250. Cuando despidieron a McChrystal –por un artículo en Rolling Stone (compitió con Lady Gaga por la portada y ganó Lady Gaga)– y Obama lo sustituyó por el general David Petraeus en el verano de 2010, eran 600 incursiones mensuales. En abril de 2011, llegaron a más de 1.000 al mes.
Así funcionan las cosas. No se te ocurra utilizar un teléfono celular en Kandahar y otras provincias afganas. De otra manera, los “ojos del cielo” acabarán contigo. En el mejor de los casos te enviarán a la cárcel, junto con otros miles de civiles marcados como “simpatizantes de terroristas”, y los analistas de los servicios de inteligencia utilizarán tus datos para compilar su “lista de muerte/captura” y capturarán aún más civiles.
En cuanto a los “daños colaterales” civiles de las incursiones nocturnas, siempre fueron presentado por el Pentágono como “terroristas”. Ejemplo: en una incursión en Gardez el 12 de febrero de 2010, mataron a dos hombres: un fiscal local del gobierno y un funcionario de los servicios de inteligencia afganos. Así como a tres mujeres (dos de ellas embarazadas). Los asesinos dijeron al comando de EE.UU./OTAN de Kabul que los dos hombres eran “terroristas” y que las mujeres habían sido halladas amordazadas y atadas. Luego el auténtico objetivo del asalto se entregó para que le interrogaran unos días después y le dejaron en libertad sin acusación alguna.
Y es solo el comienzo. El asesinato selectivo –tal como se practica en Afganistán– será la táctica preferida del Pentágono en todas las guerras futuras.
Pásame el condón, querido
Libia fue una importante exhibición de pornografía bélica completa con un ingenioso toque romano del derrotado jefe “bárbaro” sodomizado en las calles y luego ejecutado, directamente en YouTube.
Esto, a propósito, es exactamente lo que la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, en una visita relámpago a Trípoli, había anunciado menos de 48 horas antes del hecho. Había que "capturar o matar" a Gadafi. Cuando lo vio en la pantalla de su BlackBerry solo pudo reaccionar con el terremoto semántico “¡Wuau!”
Desde el instante en que una resolución de la ONU impuso una zona de exclusión aérea sobre Libia bajo la cobertura de R2P, se convirtió en una tarjeta verde para el cambio de régimen. El Plan A fue siempre capturar y matar a Gadafi, como en un asesinato selectivo al estilo afgano. Era la política oficial del gobierno de Barack Obama. No había un Plan B.
Obama dijo que la muerte de Gadafi significaba “la fuerza del liderazgo estadounidense en todo el mundo”. Fue tan parecido al “¡lo capturamos!" (ecos de Sadam capturado por el gobierno de Bush) como se podría imaginar.
Con una bonificación adicional. A pesar de que Washington pagó por lo menos un 80% de los costes operativos de esos tontos de capirote de la OTAN (unos 2.000 millones de dólares), era solo dinero de bolsillo. En todo caso, todavía era bochornoso “¡Lo hicimos!”, porque la Casa Blanca siempre dijo que no era una guerra, era algo “cinético”. Y no estaba al cargo.
Solo los ingenuos absolutos pueden haberse tragado la propaganda de las más de 40.000 bombas “humanitarias” que devastaron la infraestructura de Libia hasta devolverla a la Edad de Piedra como en una "Comoción y Pavor" a cámara lenta. Eso nunca tuvo nada que ver con R2P.
Fue tan R2P como el sexo seguro, y la “comunidad internacional” fue el condón. La “comunidad internacional”, como todos saben, está compuesta por Washington, unos pocos miembros arrastrados por la corriente de la OTAN y las democráticas potencias del Golfo Pérsico de Qatar, y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), más la Casa de Saud en la sombra. La UE, que poco antes acariciaba el borde de las túnicas de Gadafi, no tardó en excederse con los editoriales sobre los 42 años de reinado de un “bufón”.
En cuando al concepto del derecho internacional, quedó tirado en una alcantarilla tan sucia como aquella en la que se ocultó Gadafi. Sadam por lo menos tuvo un juicio amañado en un tribunal ilegítimo antes de enfrentarse al verdugo (también terminó en YouTube). A Osama bin Laden simplemente lo eliminaron, como en un asesinato, después de una invasión territorial de Pakistán (sin YouTube, de modo que muchos no lo creen). Gadafi lo superó, eliminado en una mezcla de guerra aérea y asesinato. Son las Tres Agraciadas Cabelleras de la Pornografía Bélica.
Dulce emoción
Siria es una declinación más de la narrativa de la pornografía bélica. Si no puedes emprender R2P, invéntala.
Y pensar que todo esto se codificó hace tanto tiempo. Ya en 1997, el War College Quarterly del Ejército de EE.UU. definió lo que llamó “el futuro de la guerra”. Lo describió como “el conflicto entre los maestros de la información y sus víctimas”.
Estaban seguros de que “ya somos los maestros de la guerra de la información…. Hollywood ‘prepara el campo de batalla’… La información destruye las tareas tradicionales y las culturas tradicionales; seduce, traiciona, pero sigue siendo invulnerable… Nuestra sofisticación en su manejo nos permitirá sobrevivir y funcionar mejor que todas las culturas jerárquicas… Las sociedades que temen o que no pueden administrar el flujo de información simplemente no serán competitivas. Podrán dominar los medios tecnológicos para ver los vídeos, pero nosotros escribiremos los guiones, los produciremos y cobraremos los royalties. Nuestra creatividad es devastadora”.
La guerra de la información que va más allá de todo, no tiene nada que ver con la geopolítica. Como el proverbial producto de Hollywood, tiene que ser “engendrada” de emociones en carne viva: “odio, celos y codicia, emociones, en lugar de estrategia”.
En Siria es exactamente el guión que han seguido los medios corporativos occidentales en toda la película; la tácticas de la “guerra de la información” de War College aplicadas a la práctica. El gobierno sirio nunca tuvo muchas posibilidades contra los que “escriben los guiones, los producen y cobran los royalties”.
Por ejemplo, la oposición armada, el denominado Ejército Libre Sirio (un desagradable cóctel de desertores, oportunistas, yihadistas y mercenarios extranjeros) llevó a los periodistas occidentales a Homs y luego insistió en extraerlos, en condiciones extremadamente peligrosas y con muertos a través del Líbano, en lugar de hacerlo mediante la Medialuna Roja. No estaban haciendo otra cosa que escribir el guión para que se abriera un “corredor humanitario” a Homs, impuesto desde el extranjero. Fue puro teatro, o pornografía bélica presentada como un drama hollywoodense.
El problema es que la opinión pública occidental depende ahora de este tipo de guerra de la información. Olvidad incluso la posibilidad de negociaciones de paz entre partes adultas. Lo que quedan son los binarios buenos contra la intriga de los muy malos, en la que hay que destruir al Gran Sujeto Malo a cualquier precio (¡y para colmo su esposa es una perra snob a la que le gusta ir de compras!)
Solo los ingenuos terminales pueden llegar a creer que los yihadistas –incluidos los rebeldes de la OTAN de Libia– financiados por el Club Contrarrevolucionario del Golfo, también conocido como Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) sean un montón de reformistas democráticos ardientes de buenas intenciones. Hasta Human Rights Watch se vio finalmente obligado a reconocer que esos “activistas” armados fueron responsables por “secuestros, detención y tortura”, después de recibir informes sobre “ejecuciones de miembros de las fuerzas de seguridad y civiles por parte de grupos armados de oposición”.
Lo que oculta finalmente esta narrativa de pornografía bélica (blanda y dura), es la verdadera tragedia siria: la imposibilidad de que el tan alabado “pueblo sirio” pueda librarse de todos esos pillos, el régimen de Asad, el Consejo Nacional Sirio controlado por la Hermandad Musulmana y el Ejército Libre Sirio infestado de mercenarios.
Escuchad el sonido del caos
Este catálogo –muy parcial– de aflicciones nos lleva inevitablemente al actual exitazo supremo de la pornografía bélica, el psicodrama iraní.
2012 es el nuevo 2002; Irán es el nuevo Irak, y sea cual sea la carretera, para evocar la nueva consigna neoconservadora, los hombres de verdad van a Teherán vía Damasco, o los hombres de verdad van a Teherán non-stop.
Es posible que solo bajo el agua del Ártico podamos escapar del cortejo cacofónico de los derechistas estadounidenses –y sus respectivos perros falderos europeos– salivando por sangre y desplegando el festival usual de falacias como “Irán quiere borrar a Israel del mapa”, “la diplomacia ha llegado al final”, “las sanciones son demasiado tardías”, o “Irán está a un año, 6 meses, una semana, un día, o un minuto de construir una bomba”. Por cierto esos perros de guerra no se preocuparían jamás de seguir lo que hace realmente el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), sin hablar de los Estudios Nacionales de Inteligencia publicados por las 17 agencias de inteligencia de EE.UU.
Porque ellos, en gran medida, “escriben los guiones, los producen y cobran los royalties” en términos de medios corporativos, pueden salirse con la suya con una fusión sorprendentemente tóxica de arrogancia e ignorancia, sobre Medio Oriente, sobre la cultura persa, sobre la integración asiática, sobre el problema nuclear, sobre la industria petrolera, sobre la economía global, sobre “el Resto” en comparación con “Occidente”.
Como en el caso de Irak en 2002, permanentemente se deshumaniza a Irán. La incesante, totalmente histérica, “narrativa” para inducir al miedo de “debemos bombardear ahora o debemos bombardear más tarde” siembre trata de bombas ¡oh tan inteligentes! revienta búnkeres y misiles de precisión que realizarán un trabajo ultra limpio de devastación a gran escala sin producir un solo “daño colateral”. Exactamente como el sexo seguro.
E incluso cuando la voz del propio establishment –el New York Times – admite que ni la inteligencia estadounidense ni la israelí creen que Irán haya decidido construir una bomba (un niño de 5 años podría llegar a la misma conclusión), la histeria sigue siendo inter-galáctica.
Por lo pronto, mientras se prepara -“todas las opciones están sobre la mesa” sigue repitiendo el propio Obama– para una guerra más en lo que solía denominarse “arco de inestabilidad”, el Pentágono también encontró el tiempo necesario para rediseñar la pornografía bélica. Solo requirió un vídeo de 60 segundos que ahora está en YouTube, titulado Toward the Sound of Chaos [Hacia el sonido del caos], presentado solo unos días después de la masacre de Kandahar. Basta con considerar su audiencia objetiva clave, el inmenso mercado de pobres, desocupados y políticamente muy ingenuos jóvenes estadounidenses.
Escuchemos la sobregrabación de la minicinta:
“Donde emerge el caos, emergen los Pocos. Los marines se mueven hacia los sonidos de la tiranía, la injusticia y la desesperación con el coraje y la resolución de silenciarlos. Al terminar el conflicto, imponer el orden y ayudar a los que no se pueden ayudar ellos mismos, los marines enfrentan las amenazas de nuestros tiempos”.
Tal vez, en este universo orwelliano, deberíamos pedir a los afganos muertos sobre los que orinaron los marines de EE.UU., o a los miles de muertos en Faluya, que escribieran una reseña de la película. Bueno, los muertos no escriben. Tal vez podamos pensar en el día en el que la OTAN imponga una zona de exclusión aérea sobre Arabia Saudí para proteger a los chiíes en la provincia oriental, mientras los drones del Pentágono lanzan una alfombra de misiles Hellfire sobre esos miles de arrogantes, medievales, corruptos, príncipes de la Casa de Saud. No, no sucederá.
Más de una década después del comienzo de la guerra contra el terror, el mundo se presenta como sigue: una audiencia perezosa, virtualmente mundial, hastiada, deslumbrada y entretenida de distracción en distracción, impotentemente adicta a la deshonrosa exhibición de atrocidades de la pornografía bélica.
Pepe Escobar / Rebelión
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Tomado: Rebelión.org
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10 feb 2012
De Libia a Siria: ¿cambio de paradigma o paradigma de cambio?
Con la caída del campo socialista en el este de Europa y la desintegración de la URSS, se inauguró una etapa en las relaciones internacionales que posibilitó el inicio del cambio de paradigma político, militar y geo estratégico de los vencederos. Estados Unidos recurrió a invasiones militares contra las “amenazas”: Panamá, el Golfo, Kosovo, Afganistán, Iraq y Libia.
Para agredir a un país, únicamente ha hecho falta imaginar que ese país es una amenaza para los intereses de las grandes transnacionales y los poderes del momento. Esto se ha revertido en: 1) el derecho a agredir a cualquier nación esgrimiendo el carácter preventivo, 2) la política de guerra sin cuartel; que desconoce la proporcionalidad y la limitación de las acciones y 3) la práctica de racionalidades absolutamente desequilibradas.
La guerra fue imponiendo nuevas tácticas, participantes e instrumentos. Muchas pueden ser las “nuevas” maneras y modos. Sin embargo, por los propósitos de este trabajo, merecen mencionarse: una mayor participación de los aliados, en este caso de la OTAN, y de los organismos e instituciones regionales, donde ha sobresalido la Liga Árabe, en el Medio Oriente. Los movimientos populares denominados Primavera Árabe han resultado un desafío para la política estadounidense, pero también han tratado de aprovechar las “oportunidades” para consolidar su paradigma.
En la práctica, los organismos internacionales se han manipulado y han “legitimado” las intervenciones. Desmontar el sistema establecido por el Derecho Internacional ha sido un objetivo -y práctica- en las guerras actuales. Las razones que se esgrimen y se demuestran pueden ir desde la lucha contra el terrorismo, hasta la lucha por los derechos humanos o la democracia, sin tener en cuenta las condiciones reales y los costos de las acciones.
La oligarquía dominante ha superado efectivamente la jurisdicción y la autoridad de la institucionalidad legalmente constituida. En la práctica, la OTAN y los Estados Unidos han ocupado las funciones que le correspondería al Derecho Internacional Público y sus instituciones.La utilización de los organismos de Naciones Unidas, incluyendo el Consejo de Seguridad, “legitiman” las intervenciones. En el caso de Libia, se aprobó una Resolución que fue citada continuamente, pero en la práctica se violó todo el tiempo. Por demás, la organización regional, léase la Liga Árabe, fue la solicitante más ferviente.
Libia: ¿cambio de paradigma?
Con la agresión a Libia parecía se afianzaba el éxito del nuevo paradigma: montaje de la situación, apoyo y petición de la Liga Árabe de intervención, aprobación de Resolución en el Consejo de Seguridad, la suplantación de las funciones de la ONU por la OTAN, apoyo a los rebeldes, que las propias potencias habían conformado, y a un gobierno de transición, establecimiento de un Gobierno Provisional y finalmente, el asesinato de Gadafi. El guión había sido impecable. Pero en el “juego”, las potencias habían hecho trampas.
La visión imperial y la práctica fueron completadas exitosamente: Operación internacional que reconoce su liderazgo, EEUU como pilar de la seguridad mundial y defensor de la libertad humana, por todos los medios, parece que el predilecto es la guerra.
La guerra en Libia confirmaba un formato que se venía implementando, con variaciones “perfeccionadas” desde los años 90s, lo más peligroso era que, aún no se había estabilizado el país y ya retumbaban los truenos dela ira imperial contra Siria, era el sabor del éxito, a lo que se unía el aumento del nivel del conflicto con Irán.
Siria y algo más
La primavera árabe se ha manifestado como un movimiento sin precedentes en la región, sobre todo por su cuantía, persistencia y composición. EEUU y sus aliados han utilizado un tratamiento diferenciado, que les ha permitido, utilizar la zanahoria y el garrote. En la práctica, desgraciadamente, ha predominado el último.
La guerra contra Libia marcó, como analizábamos anteriormente, una línea de continuidad en el accionar del imperio, que se ha ido perfeccionando.
En Siria se ha tratado de seguir la misma receta que en Libia: primero, desacreditar el régimen; segundo, movilizar y apoyar a sectores internos contra el gobierno (si no son suficientes, crearlos y-o introducir mercenarios); tercero, apoyar a la diáspora. Además,manipular los medios masivos de comunicación y convocar el apoyo internacional, (y a nivel regional, la Liga Árabe).
En Libia, después de todo este accionar, se logró la aprobación –cobertura- de las Naciones Unidas. Después, se desarrolló la operación militar.
La misma receta ha tratado de aplicarse a Siria. Sn embargo no han podido avanzar ni remotamente al mismo ritmo que en Libia, a pesar de contar con el apoyo reiterado de la Liga Árabe y de la entrada de mercenarios a través de las fronteras del país, obviando el apoyo de la población al gobierno y las reformas que este ha comenzado a implementar.
¿Qué no han conseguido? La aprobación –cobertura- de las Naciones Unidas, para después, desarrollar la operación militar.
Paradigma de cambio
Cuáles han sido los aspectos que no le han permitido a EEUU la aplicación de un paradigma intervencionista que parecía consolidado, tras la guerra contra Libia, o por lo menos lo ha retardado, pues no ha renunciado a él. Pueden ser muchos los factores, pero destaca la postura de Rusia, a la que se unió China. En varias declaraciones, tanto del Ministro de Relaciones Exteriores, como del Presidente y el nuevo candidato a la Presidencia de Rusia han declarado que no están de acuerdo en permitir que se aplique la fórmula Libia a Siria.
Con independencia de los intereses geopolíticos y de seguridad nacional que tengan Rusia (y también) China, las implicaciones de su postura, que culminó con el veto de ambos, respectivamente, en dos ocasiones, a la propuestas de Resolución presentada por EEUU ante el Consejo de Seguridad contra Siria, todo parece indicar que naceunparadigma de cambio.A ello hay que sumar, las diferencias de matices de las posicionesde Rusia y China en cuanto al conflicto EEUU-Irán.Si Siria cayera, Irán “estaría solo”. No se pueden desvincular ambos casos, aunque presenten connotaciones diferentes.
En septiembre de 2010, en un artículo publicado en esta misma página, señalé que Estados Unidos siempre tendrá un pretexto o excusa para enfrentarse a Irán, no precisamente porque considere que el país persa pueda construir el arma nuclear, sino por tres simples razones, pero también tres razones muy significativas para los intereses de EEUU: Irán ocupa un espacio de vital importancia en las relaciones de poder a nivel regional y mundial, que pasa por los factores geopolítico y energético, donde aparecen evidentes contrapartes que pudieran constituirse en dos eventuales bloques: EEUU y la Unión Europea frente a Rusia y China; el que controle al país persa domina la región de mayor tráfico petrolero en el Mundo (Mar Negro, Mar Caspio y Golfo Pérsico), además, ese país es esencial para los poderes del momento, pues proyecta una política contestataria (antiimperialista).
Las razones estadounidenses se mantienen invariables con respecto a Irán, mientras ha aprovechado el contexto de la Primavera Árabe para, eventualmente, imponer un gobierno títere en Siria.
¿Cambio de paradigma o paradigma de cambio?
Mientras en Siria, por una parte, continúan las manifestaciones de apoyo al gobierno y, por otra, las acciones desestabilizadoras; Rusia apuesta por el diálogo, mientras la Liga Árabe y los países occidentales mantienen, o más bien, vociferan, su postura de intervención.
Paralelamente, EEUU y sus aliados continúan planteando que implementarán las sanciones contra Irán y aumentan su presencia militar en el Golfo Pérsico, por demás, el área está rodeada de bases militares estadounidenses, mientras Irán mantiene maniobras en el Golfo Pérsico.
La situación actual parece definitoria y su impacto en las relaciones internacionales trascendentales. EEUU no puede ceder, es el líder del mundo occidental, ceder implica retroceder; Rusia, tampoco puede ceder, pues implicaría una inmensa pérdida de credibilidad.
¿Logrará EEUU consolidar su paradigma, o es el inicio de un cambio?
María Elena Álvarez Acosta
Tomado: CubaDebate.cu
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5 feb 2012
Activista: La OTAN mató a civiles en Libia, pero el pueblo estuvo contento con sus ataques
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Imagen: AFP / Imed Lamloum |
"Estoy segura de que los civiles resultaron afectados por los ataques de la OTAN en Libia, pero el pueblo libio estuvo contento de estos golpes de la OTAN. Francamente dicho, no veo grandes problemas en la manera de actuar de la OTAN", dijo sinceramente la defensora de derechos humanos a la agencia Interfax.
"¿Quién provocó la guerra? La guerra fue provocada por Gaddafi, que asesinaba a su pueblo. Los libios querían que la OTAN actuara impecablemente, que cada una de sus bombas acertara al objetivo necesario, pero ellos entendían que se tratara de una guerra", dijo la activista.
"Además, Gaddafi usó 'escudos vivos' y otras tácticas sucias que violaban todas las leyes de guerra y aumentaban el riesgo de muerte de los civiles", precisó Brancaforte.
Según la defensora de derechos humanos, "la única crítica de las acciones de la OTAN por los libios fueron sus exigencias para que la alianza actuara más rápido".
Moscú: La OTAN cree que ya es una página pasada, y que no hay razones para volver a este tema
En junio pasado Trípoli denunció que en el período del 19 al 26 de mayo murieron 718 personas y 4.067 resultaron heridas a consecuencia de los misiles y bombas de la OTAN. Estos datos no han sido comprobados y la cantidad exacta de víctimas mortales causadas por la alianza se desconoce. En enero pasado el diario The New York Times realizó una investigación e informó de que al menos 40 civiles fallecieron en bombardeos de la OTAN y que esa cifra podría elevarse a más de 70.
Rusia y China, por su parte, exigen una investigación más detallada de la operación de la OTAN en Libia.
"Por desgracia, la administración de la OTAN afirma que supuestamente entre los civiles libios no hubo víctimas, y en el caso de haberlos fue por casualidad y sus cantidades son mínimas. Sabemos por los medios, entre otras fuentes, que sí hubo víctimas y que la cantidad es bastante grande. Lo que ocurrió en Libia exige una investigación más seria. Creemos que esta investigación es imprescindible", sentenció el viceministro ruso de Exteriores, Guennadi Gatílov.
"En esta iniciativa nos apoyaron los aliados de los BRICS y algunos otros miembros del Consejo de Seguridad. Como era de esperar, esto provocó una reacción más negativa por parte de los miembros occidentales del Consejo de Seguridad. Creen que ya es una página pasada y que no hay razones para volver a este tema y hay que mirar adelante, al futuro de Libia", dijo.
"Es necesario para hacerse una imagen objetiva de lo ocurrido, de cómo fue cumplido el mandato del Consejo de Seguridad de la OTAN. Según nuestra opinión, esta [la operación] se excedió de los límites del mandato aprobado", concluyó Gatílov.
En junio de 2011 el equipo de RT en Trípoli logró filmar un impactante vídeo que muestra los cuerpos desmembrados de varios niños por los recientes ataques aéreos realizados por la Alianza. ¡Cuidado, las siguientes imágenes pueden herir su sensibilidad!
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, admitió que el "cumplimiento de nuestras obligaciones colectivas no siempre fue ideal". Sin embargo, Ban había declarado en reiteradas ocasiones que la operación en Libia se realizó en rigurosa conformidad a la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU.
Una comisión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU debe presentar el próximo 9 de marzo su informe final sobre las violaciones cometidas en Libia.
Tomado: RT.com
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5 may 2011
¿Es esto la instauración del asesinato extrajudicial?
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| Ruinas de la vivienda de Gadafi bombardeada por la OTAN.AGENCIAS Matar en vez de juzgar en los tribunales, sin probar la culpabilidad, ya forma parte de los 'valores' de Occidente |
Al fin y al cabo, con esta trayectoria, los asesinatos extrajudiciales forman parte ya de los valores de Occidente: matar en vez de juzgar en los tribunales. Matar sin probar la culpabilidad. Asesinar sin tener la certeza de que no va a haber víctimas colaterales. Es más, asesinar sabiendo que es probable que las haya.
Ahora, Barack Obama llama justicia a la muerte de Osama Bin Laden. Es de suponer, por tanto, que también considera justo que con él hayan muerto uno de sus hijos y tres personas más. Y que su cadáver no haya sido entregado a su familia. Lo cierto es que la Justicia se ejerce en los tribunales, cumpliendo las leyes. La Justicia no se dicta a golpe de gatillo.
Europa guarda silencio o apoya operaciones que dan muerte a civiles
Hace ya algún tiempo se sobrepasaron los límites de lo legítimo y lo legal, de lo razonable, lo justo y lo moral, hasta el punto de que en la actualidad en Occidente no hay indignación colectiva cuando es asesinado un hijo de un dictador o de un talibán, o de un presunto terrorista iraquí o de un afgano sospechoso, o el hijo de un político de Hamás o el nieto de un palestino inocente que pasaba por allí.
No sólo nos están enseñando a asumir los asesinatos de presuntos enemigos como actos de justicia, sino que también estamos aprendiendo a digerir sin rechistar el asesinato de sus familiares.
Eso nos sitúa en un peligroso punto de no retorno, ya que la legitimidad de la que se pretende dotar a esos asesinatos puede ser empleada en el futuro por ejércitos que no sean los occidentales. ¿Aceptaríamos que el Ejército paquistaní atacara territorio europeo y matase a un presunto terrorista y a algún español inocente?
¿Consideraríamos legítimo entonces que en vez de arrestar, juzgar y encarcelar a terroristas europeos, los gobiernos occidentales lanzaran operaciones militares contra ellos, privándolos del derecho a defender su inocencia?
Ataques en Pakistán
Nada más llegar a la Presidencia de EEUU, en enero de 2009, Obama ordenó el lanzamiento de un ataque militar en Pakistán con aviones no tripulados: murieron al menos 22 personas, la mayoría civiles. Fue el pistoletazo de salida a una política militar consistente en desencadenar ataques continuados contra territorio paquistaní.
En octubre de ese mismo año EEUU ya había realizado en Pakistán tantas incursiones aéreas como en los últimos tres años de la Administración Bush, con la consecuencia de cientos de muertos y heridos. Ese mismo mes, Obama recibió el Premio Nobel de la Paz.
Como es lógico, el Gobierno de Pakistán, consciente de la frustración de la población ante estas operaciones militares, ha manifestado reiteradamente su repudia a las incursiones aéreas del Pentágono, que violan la soberanía de su país.
Pero en Europa nuestros gobiernos guardan silencio o apoyan este tipo de operaciones, en las que a veces (por ejemplo, en Afganistán) colaboran bajo el paraguas de la OTAN . Y de ese modo se ha institucionalizado el asesinato extrajudicial.
Israel lo sabe bien. Por eso cuando el Gobierno de Tel Aviv lanzó la operación Plomo Fundido contra Gaza (en la que murieron al menos 1.400 palestinos, la mayor parte civiles, entre ellos mujeres, niños) se defendió de las críticas recordando que EEUU y la OTAN practican operaciones preventivas similares.
El cadáver de Osama Bin Laden ha sido arrojado al mar, pero su fantasma vuelve a nosotros con más fuerza: EEUU ya ha elevado los niveles de alerta, Washington advierte de que Al Qaeda puede vengarse, Obama dice que puede haber "ataques violentos en todo el mundo". Así se atiza el miedo, enemigo fatal de la revolución y de la libertad; gran aliado de las armas, de quienes las fabrican y de quienes las venden.
Olga Rodríguez / Madrid
Tomado: Público.es
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27 feb 2011
Gaddafi resiste cruelmente, pero esta revolución árabe democrática dista de haber concluido
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| Pintura: Paul Klee |
El mundo tiene aún que fijar un término convenido para los grandes acontecimientos que se desarrollan por todo Oriente Medio. Andaba yo en lo profundo de la campiña francesa, perdido y con el Servicio Internacional de la BBC que se iba y venía en la radio tarde por la noche y temprano por la mañana durante su ultimísima e impresionante fase egipcia. Pero pronto me persuadí de que la designación que le adjudicó en un artículo de Le Monde Gilles Kepel, el conocido especialista en fundamentalismo islámico, se demostraría tan capaz de compendiarla con precisión como la mejor. Él la denominó la "revolución democrática árabe".
Es indudablemente, globalmente árabe. En el momento en que en un país árabe, Túnez, prendió la chispa, se encendió un fuego, un contagio, en el que todos los árabes al instante depositaron su esperanza –y sus engendradores misteriosos en su origen parecen haberlo comprendido o incluso planeado- de que se extendiera a toda la "nación árabe". Todos se reconocieron en las aspiraciones del pueblo tunecino, y la mayoría parecían verse poseídos por la creencia de que si un pueblo árabe podía alcanzar lo que todos habían ansiado durante largo tiempo, también podrían los demás.
Va de suyo que es evidentemente democrática. A buen seguro, otros factores, sobre todo los socioeconómicos, la han avivado enormemente, pero la concentración en este aspecto singular, la práctica ausencia de otros lemas de facción o ideológicos ha sido llamativa. Ciertamente, tan llamativa que dicen ahora algunos, este surgimiento de la democracia como ideal y fuerza políticamente movilizadota equivale nada menos que a una "tercera vía" en la historia árabe moderna. La primera fue la del nacionalismo, nutrida por la experiencia del dominio colonial europeo y todo su legado, desde el desgüazamiento de la "nación árabe" a la creación de Israel, y la continuada voluntad posterior de Occidente de dominar y configurar la región. La segunda, que consiguió verdadero poder sólo en el Irán no árabe, fue el "Islam político", nutrido por el fracaso del nacionalismo.
Y es doblemente revolucionaria. Primero, en la conducta misma de la propia revolución y la absoluta novedad y creatividad de una juventud apolítica y con estudios, la cual, merced a disponer de la Red como herramienta, la encendió. En segundo lugar, y más convencionalmente, en la profundidad, la escala y lo repentino de la transformación dentro de un vasto orden existente que parece manifiestamente destinado a quebrarse.
Árabe, sí, pero no el sentido de que los árabes vayan otra vez por su lado. Todo lo contrario. Ningún otro conjunto político ha hecho alarde durante tanto tiempo de una colección tal de dinosaurios, esos empedernidos supervivientes de una era anterior, totalitaria, ningún otro se perdió las oleadas de "poder del pueblo" que barrieron el imperio soviético y los despotismos de América Latina, Asia y África. Al congregarse por fin en torno a este valor hoy universal pero esencialmente occidental llamado democracia, se reincorporan de hecho al mundo, poniéndose al día con la historia que les había dejado atrás.
Si fue en Túnez donde la celebrada "calle árabe" se movió primero, el país que -aparte del que a cada uno le es propio- esperaban los árabes de todas partes que se moviera a continuación fue Egipto. Eso sería equivalente a una garantía virtual de que terminaría por llegarles a ellos. Pues, siendo el más fundamental, populoso y prestigioso de los estados árabes, Egipto fue siempre un modelo, a veces un gran agente del cambio, para toda la región. Durante la época nacionalista, después de que el presidente Nasser derribara la monarquía en 1952, fue cuando desempeñó de un modo más espectacular ese papel. Pero en un plazo más largo y tranquilo, fue también progenitor principal, gracias a la creación de los Hermanos Musulmanes, del "Islam político" que hoy conocemos, incluida – tanto en su base teórica como substancialmente en su personal– la yijad global y Al Qaeda que iban a convertirse en sus descendientes pervertidos y fanáticos.
Pero en tercer lugar, y con la máxima actualidad, fue también el primer y más influyente ejemplo de aquello de lo que, casi sesenta años más tarde, trata la revolución democrática árabe. Nasser buscaba la "auténtica democracia", que juzgaba la más indicada para las metas de su revolución. Pero, a despecho de todos sus arreos democráticos, la suya fue en realidad una autocracia dirigida por los militares, si bien populista, desde sus mismos inicios; con los años sufrió enormes cambios de ideología, política y reputación, pero reteniendo siempre sus estructuras básicas, degeneró a un ritmo constante en esa versión empeorada, artrítica, profundamente opresiva e inmensamente corrupta de su yo original que presidía Hosni Mubarak. Con variantes locales, el sistema se repetía en la mayoría de las autocracias árabes, especialmente en aquellas antaño revolucionarias como la suya, pero también en las monarquías tradicionales más antiguas.
Y efectivamente, la "calle" de Egipto se movió con presteza y de un modo en nada parecido a la forma salvaje y violenta que siempre tienden a imaginar las mentes preocupadas. Como expresión amplia y manifiestamente auténtica de la voluntad popular, cumplió un primer estadio crucial de lo que seguramente figura como uno de los alzamientos más ejemplares y civilizados de la historia. Los egipcios se sienten renacidos, el mundo árabe tiene de nuevo a Egipto, "madre del mundo", en la más alta estima. Y finalmente – después de muchas astutas evasivas mientras esperaban a ver si el faraón, pilar máximo durante treinta años de su Oriente Medio, había caído de verdad – el presidente Obama y otros les otorgaron el tributo oficial de Occidente.
Estos aplausos suscitan la gran pregunta: si los árabes se reincorporan ahora al mundo, ¿qué significa esto para el mundo? La adopción de un valor fundamentalmente occidental, ¿los hará naturalmente receptivos a las políticas o recomendaciones occidentales? Probablemente no. La democracia misma, por no hablar del resentimiento árabe por el prolongado historial de sostén de Occidente al viejo orden despótico, influirán en su contra.
Hablando en términos prácticos, la "tercera vía" de los árabes sólo significa que la democracia, un concepto político neutral en si mismo, servirá a partir de ahora de entrada para la conducción de su política. No significa suplantar a las primeras dos vías. Pues las políticas de estas dos no pueden sino persistir en la tercera. El islamismo, gran pesadilla de Occidente, seguirá ahí. Un orden democrático encontrará que es imposible, por si mismo o en nombre de otros, hacer lo que hizo Nasser en el orden despótico: ejecutar a algunos dirigentes de los Hermanos Musulmanes y reprimir severamente a sus partidarios. Está destinado a darles acomodo, cediéndoles abierta y electoralmente su verdadero peso en los asuntos árabes, junto al de otros movimientos que compitan con ellos.
El nacionalismo, antaño la otra pesadilla de Occidente, será uno de ellos, y muy probablemente, dado el papel no precisamente glorioso de los Hermanos Musulmanesen la rebelión, ganará algo del terreno que comenzó a perder seriamente frente a los islamistas tras la demoledora derrota árabe de 1967.
Un elemento clave, quizás el elemento clave de las estrategias norteamericanas en Oriente Medio, profundamente dañadas, se ha centrado siempre en el conflicto árabe-israelí. Disponiendo islamismo y nacionalismo, por no mencionar a otras fuerzas políticas, de libertad de expresión, la democracia egipcia no querrá, no puede seguir desempeñando el papel, –absolutamente servil, si no francamente propio de traición, para muchos ojos árabes – que Mubarak llevó a cabo en nombre de EE.UU. e Israel. Queda por ver todavía qué importancia tendrá esta particular divergencia egipcio-norteamericana. Pero la mayoría de los israelíes lo consideran ya una calamidad en proceso de formación, con la irónica consecuencia de que "la "única democracia de Oriente Medio" a su manera es ahora la que encabeza alos que proclaman que nunca debería haber habido democracias para los árabes,
Pero todo esto es mirar al futuro. De momento, las cuestiones candentes se centrarán en dónde va a brotar la siguiente revolución árabe. Aunque la Europa de 1989 es el precedente más obvio, puede que los reyes y presidentes no caigan como el dominó que acabó con los Honecker y Ceausescu. Y tras Ben Ali y Mubarak, puede que no caigan otros de un modo tan fácil o tan bonito. Eso resulta ya patente en los dos últimos episodios, los más dramáticos, de la incesante turbulencia prodemocrática que ya agita a una buena media docena de países árabes. La monarquía de Bahrein, de doscientos años de antigüedad, puede que haya dado marcha atrás en un intento de diálogo y reconciliación, pero este régimen de minoría suní, que forma una piña, ya ha demostrado de qué tenacidad y dureza puede hacer gala frente a un levantamiento de su mayoría chií. Por lo que respecta a Libia, no puede haber muchas dudas de que, enfrentado a un levantamiento en su contra, el coronel Gadafi, el más cruel y caprichoso de los dictadores árabes, intentara hacer, a lo grande, lo que ha proclamado siempre que haría con cualquier opositor a su Gran Estado de las Masas Árabe Libio Socialista del Pueblo, (que ha durado 42 años) que consiste en "cortarlos en pedazos".
Pero la mayoría de los regímenes son candidatos. Entre las pocas excepciones probables, quizás la más importante, y desde luego la más apta, se cuenta el Líbano, al que ahora he regresado. Siempre turbulento, siempre el más expuesto de los árabes a las consecuencias de lo que hacen otros árabes, podría parecer que está lógicamente destinado a ser el primero en desaparecer. Pero no es el caso: sobre todo porque, ejemplo único en la región, ha sido siempre una suerte de democracia.
David Hirst ha sido uno de los grandes corresponsales británicos y europeos en Oriente Medio, al estilo de Robert Fisk para The Independent de Londres o Tomás Alcoverro para La Vanguardia de Barcelona. Jubilado en la actualidad, trabajó en la región para The Guardian entre 1963 y 1997. Es autor de varios libros sobre el mundo árabe, como The Gun and the Olive Branch y Beware of Small States: Lebanon, Battleground of the Middle East.
David Hirst. Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
Tomado: Revista Sin Permiso.info
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«Hermano» Gadafi, te estás cayendo
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«Ahora estoy emitiendo una fatua para matar a [Muammar] Gadafi. A todo soldado, a todo hombre que pueda apretar el gatillo y matar a ese hombre, que lo haga”, y luego ora en directo en al-Yazira, por el fin del dictador libio («Oh Dios, salva a los libios de este faraón». Cuando termina, el presentador de al-Yazira dice «Amén»).
Sabes que las campanas están doblando cuando tu «Brigada Abu Omar», responsable de tu protección, sigue desatando una violencia asesina; pero tus embajadores de todo el mundo desertan en masa; tu propio embajador adjunto en las Naciones Unidas, Ibrahim Omar al-Dabashi, dice que tu gobierno está perpetrando un genocidio; tus pilotos de cazabombarderos se niegan a bombardear tus ciudades; tus oficiales militares, en una declaración, llaman a todos los miembros del ejército a dirigirse a Trípoli para deponerte; una coalición de dirigentes islámicos dice a todos los musulmanes que su deber es rebelarse contra ti debido a tus «sanguinarios crímenes contra la humanidad»; y para rematar, la gente llama a una «marcha de un millón», siguiendo el modelo egipcio.
¿Y qué pasa con los Halcones Malteses? En un día de volcánica actividad, cuesta superar la espectacular deserción de dos coroneles de la Fuerza Aérea Libia, que volaron en sus Mirages a Malta. Se habían negado a bombardear a los manifestantes en Bengasi y dijeron a las autoridades maltesas que habían llegado tan cerca de cumplir con su misión que pudieron ver a la multitud en tierra. También entregaron información «clasificada» sobre lo que han estado haciendo los militares libios.
Y todo esto en un solo día, lunes.
No bastó con enviar a mercenarios «africanos negros» a disparar a matar en Bengasi. Ya el domingo, el Jeque Faraj al-Zuway, líder de la crucial tribu al-Zuwayya en el este de Libia, había amenazado con cortar las exportaciones de petróleo a Occidente en 24 horas a menos de que se detuviera lo que llamó «opresión de manifestantes» en Bengasi.
Akram Al-Warfalli, líder de la tribu al-Warfalla, una de las mayores de Libia, en el sur de Trípoli, había dicho a al-Yazira que Gadafi «ya no es un hermano, le decimos que abandone el país».
Los 500.000 bereberes, tuaregs, del desierto meridional, también están contra él. Cuando cuatro tribus cruciales –la espina dorsal de tu sistema– marchan sobre Trípoli para librarse de tu persona, más vale que pongas cuidado.
Es posible que la historia termine por registrar cómo el horrible régimen de 41 años de Gadafi en Libia (ya estaba en el poder cuando «Truculento» Richard Nixon era presidente de EE.UU.) se derrumbó virtualmente en sólo 24 horas. Habrá sangre –mucha sangre-; pero el «hermano» va a caer.
«Ríos de sangre correrán por Libia»
El comienzo del fin fue típico de un dictador árabe; Saif al-Islam al-Gadafi, que parecía un gorila elegante con traje y corbata, apareció en la televisión estatal libia el domingo por la noche en lugar de su padre para pronunciar un discurso amenazador/repelente/patético que sólo enfureció aún más a las masas libias después de seis días de protestas en la histórica región Cirenaica.
Después de amenazar con «erradicar los focos de sedición» (ecos de dirigentes iraníes erradicando protestas la semana pasada), el hijo «modernizador» de Gadafi dijo que los libios corren el riesgo de poner en marcha una guerra civil en la que «se quemará» la riqueza petrolera de Libia.
En 2009 Said recibió un doctorado en la Escuela de Economía de Londres (LSE) con una tesis titulada «El papel de la sociedad civil en la democratización de instituciones de gobierno global: del ‘poder blando’ a la toma colectiva de decisiones». El año pasado pronunció una conferencia al respecto en la LSE.
¿No es maravilloso que los dictadores más horrendos del mundo puedan enviar a sus vástagos a las mejores escuelas del mundo donde pueden apaciguar la falsa conciencia de Occidente, mientras en casa amenazan abiertamente a su propio pueblo y utilizan disparos de francotiradores, armas automáticas y artillería pesada contra sus compatriotas desarmados?
Es dudoso que la LSE haya enseñado a Saif cómo iniciar una guerra civil relámpago con sólo una diatriba. Pero es lo que logró.
El escritor libio Faouzi Abdelhamid –comparando el nombre Saif al-Islam («espada del Islam») con Saif al-I’dam («espada de ejecución»)- surgió a toda máquina, calificando a todo el clan Gadafi de criminales y ladrones: «Ni siquiera tenéis derecho a vivir entre nosotros como ciudadanos comunes, porque sois culpables de alta traición».
Para cuando Saif estaba lanzando sus amenazas, la ciudad oriental de Bengasi ya había caído en manos de los manifestantes. Trípoli era la siguiente, el lunes. Mientras el régimen bloqueaba todas las líneas telefónicas, ocasionales twits frenéticos transmitieron el lunes toda clase de rumores y hechos aterradores –inevitablemente eclipsados por el sonido aciago de munición de guerra-. Los helicópteros descargaban balas sobre la gente en las calles. Los cazabombarderos lanzaban ataques. Los francotiradores disparaban desde los tejados.
Escuelas, oficinas gubernamentales y la mayoría de los negocios de Trípoli estaban cerrados, y «Comités Revolucionarios», es decir matones del régimen, patrullaban las calles a la caza de manifestantes en la ciudad vieja de Trípoli. Según Salem Gnan, portavoz basado en Londres del Frente Nacional por la Salvación de Libia, 80 personas pueden haber muerto cuando los manifestantes rodearon la residencia de Gadafi y les dispararon desde el interior del complejo.
Mientras la Sala del Pueblo –donde el parlamento se reúne cuando sesiona en Trípoli– era incendiada y todas las ciudades al sur de Trípoli iban siendo progresivamente «liberadas», al-Yazira logró rastrear la fuente del bloqueo de la frecuencia de su satélite Arabsat hasta un edificio de los servicios de inteligencia libios al sur de la capital.
Ahmed Elgazir, investigador de derechos humanos del Centro Noticioso Libio (LNC) en Ginebra, dijo posteriormente a al-Yazira que recibió un pedido de ayuda por teléfono satelital de una mujer que presenciaba una matanza. Testigos presenciales informaron a Agence France-Presse de otra «masacre» en los distritos Fashloum y Tajoura de Trípoli. La noche del lunes la cantidad (no confirmada) de muertos sólo en Trípoli había llegado por lo menos a 250.
Entre los libios toda la información del país se transmitía y se sigue transmitiendo, virtualmente, de boca en boca. Pero los twits que llegaron a al-Yazira o a la BBC también subrayaron un profundo disgusto por el silencio ensordecedor de la «comunidad internacional» («¿Sólo vale la pena mencionarnos cuando tiene que ver con petróleo o terrorismo?»)
Resumen de las condenas motivadas por el petróleo
Ciertamente, la denominada «comunidad internacional» comenzó a darse cuenta de la situación cuando el periódico The Libyan Quryna informó de que habían comenzado protestas en la ciudad norteña de Ras Lanuf, cuya refinería de petróleo procesa 220.000 barriles de petróleo diarios.
Sí, aparte de las bufonadas de Gadafi, Libia influye en Occidente porque exporta 1,7 millones de barriles de petróleo al día. Su producto interno bruto es de 77.000 millones de dólares –número 62 en el ranking mundial-; en teoría eso implica un ingreso per cápita de más de 12.000 dólares al año, más, por ejemplo, que Brasil, miembro del BRIC. Pero la norma es una profunda desigualdad: aproximadamente un 35% de los libios vive bajo la línea de pobreza y el desempleo asciende a un insoportable 30%. La riqueza petrolera se queda en Tripolitania. Libia este -Cirenaica– donde comenzó la revolución contra Gadafi, es terriblemente pobre.
En el frente del alto riesgo, la Autoridad Libia de Inversión (LIA) –también propietaria de un fondo de alto riesgo basado en Londres– ha invertido más de 70.000 millones de dólares en todo el mundo. Es un importante accionista, por ejemplo, del Financial Times, Fiat y de uno de los principales equipos de fútbol italianos, Juventus. LIA invierte –y tiene intención de invertir– miles de millones en Gran Bretaña.
Pasemos a los ministros de exteriores de la Unión Europea (UE), que emiten la usual condena insulsa y burocrática. Por lo menos el primer ministro italiano, ídolo del «bunga bunga» y estrecho compinche de Gadafi, Silvio Berlusconi, quien primero había dicho que no quería «molestar» a su amigo, tuvo que calificar de “inaceptable” la masacre de civiles y afirmar que estaba «alarmado». Para ver a Berlusconi besando literalmente las manos de Gadafi, haga clic aquí. Como mínimo el 32% de las exportaciones de petróleo de Libia va a Italia.
Y luego tenemos otro ejemplo clásico, el silencio ensordecedor de Washington. La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, emitió la acostumbrada condena insípida. El científico y activista libio-estadounidense Naeem Gheriany dijo al Institute for Public Accuracy que el gobierno de Barack Obama «dice que está ‘preocupado’ por la situación, pero no hay una verdadera condena a pesar de la terrible situación. Están masacrando a centenares de personas. Se informa de que Gadafi utiliza cañones antiaéreos para disparar a la gente. Aparentemente, en unos pocos días han matado a más gente en Libia que en semanas en Irán, Túnez, Bahréin, Yemen, e incluso Egipto (que tiene una población mucho mayor)… Ni siquiera el petróleo puede justificar este silencio.»
Sobra mencionar que Washington y Gadafi han sido los mejores compinches en la «guerra contra el terror». El agente capturado de al-Qaida, Ibn al-Sheikh al-Libi, objeto de una «entrega» de la CIA al ex presidente egipcio Hosni Mubarak y a Omar «Jeque al-Tortura» Suleimán, quienes lo torturaron debidamente para que confesara una conexión inexistente entre Sadam y al-Qaida con las armas de destrucción masiva y que utilizó el entonces secretario de Estado Colin Powell como «inteligencia» en su discurso en las Naciones Unidas en febrero de 2003, fue posteriormente rastreado en Libia por Human Rights Watch antes de terminar su vida en un supuesto «suicidio».
¿Villa en Milán o en La Haya?
El escritor opositor libio Ashour Shamis ha señalado: «Para Gadafi es una cuestión de matar o morir». La familia dijo al periódico saudí al-Sharq al-Awsat: ¡Todos moriremos en suelo libio! Eso significa Gadafi y una serie de vástagos odiados.
Su hijo Khamis –comandante de una unidad de elite de fuerzas especiales, entrenado en Rusia– es el cerebro de la represión en Bengasi. Su hijo Saadi, también está, o estaba, allí, junto con el jefe de la inteligencia militar Abdullah al-Senussi.
Su hijo Muatassim es el consejero de seguridad nacional de Gadafi y, hasta ahora, su posible sucesor. En 2009 trató de establecer su propia unidad de fuerzas especiales para debilitar el poder de Khamis.
Su hijo Said, el «modernizador» con un diploma de la LSE, no se lleva bien con la vieja guardia del régimen y los temidos «Comités Revolucionarios».
Su hijo Saadi es básicamente un matón al que le gusta formar escándalos en los clubes nocturnos en Europa. Lo mismo vale para su hijo Hannibal.
Todo parece y suena como una película barata de gángsteres salpicada de sangre. ¿Y qué pensar de la extraña aparición de 20 segundos de Gadafi en la televisión estatal el martes («Estoy en Trípoli, no en Venezuela»), empuñando un paraguas, sentado dentro de furgón color crema y llevando un sombrero de invierno con orejeras, sin la menor idea de lo que estaba sucediendo? (Después de todo apoyó hasta el final a sus amigos, Zine el-Abidine Ben Alí, de Túnez, y Mubarak). Calificó de «perros» a los canales de televisión –como al-Yazira- (En los años ochenta ya utilizó grupos de sicarios para matar a «perros callejeros» exiliados que cuestionaban su revolución).
A pesar de todo no hay que subestimar a Gadafi. Controla toda la infraestructura –defensa, seguridad, asuntos exteriores-. Más a todos esos mercenarios/exterminadores «africanos negros» pagados con oro. Ali Abdullah Saleh de Yemen dijo que su país no es Egipto o Túnez. Gadafi dijo que Libia no es Egipto o Túnez. Mubarak dijo que Egipto no es Túnez.
Todos se equivocaban: todo el mundo árabe es ahora Túnez. Las masas libias odian a «su» líder. Incluso otros dictadores árabes –con la excepción de la Casa de Saud– lo odian. Tiene pocas opciones para expatriarse. Hugo Chávez de Venezuela tendría que estar loco para ofrecerle asilo y así destruir para siempre su credibilidad de «campeón de los pobres».
Bueno, todavía queda Berlusconi. Una hermosa villa cerca de Milán, excelente pasta y puede colocar su carpa de beduino en los lujuriosos jardines. Y si a Berlusconi lo mandan a la cárcel en abril en su juicio por el «Rubygate», Gadafi incluso podría mudarse a la residencia principal. Pero después de bombardear desde el aire a sus propios ciudadanos, de contratar a mercenarios para que los maten, sólo queda un destino de primera calidad: el Tribunal Penal Internacional en La Haya.
Pepe Escobar
Correspondent for Asia Times and an analyst for the Real News.
Tomado: Red Voltaire.org
Ruídos de guerra imperialista: OTAN anuncia que está "preparada" para atacar Libia
La OTAN está lista para emprender una intervención militar en Libia, país gobernado por el presidente Muammar al-Gaddafi.
Hoy, el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Anders Fogh Rasmussen, aseguró que la alianza está “preparada” para invadir el país africano.
“El Consejo del Atlántico Norte se reunió esta tarde para analizar la grave situación en Libia, que afecta la seguridad e integridad de miles de ciudadanos, entre ellos de países aliados de la OTAN”, comentó el danés al finalizar la reunión.
Rasmussen señaló que la OTAN actuará en estrecha colaboración con la comunidad internacional, en especial de las Naciones Unidas y mantendrá consultas para monitorear la crisis.
En ese sentido, el funcionario no excluyó que la alianza pueda, previa autorización de la onU, establecer un bloqueo en el espacio aéreo de Libia lo que impediría el vuelo de aviones militares y de esa manera apuntalar a los mercenarios de Washington.
La OTAN tiene un largo historial de asesinatos de ciudadanos de que no son integrantes de su organización, en tiempos recientes se recuerdan los bombardeos a Serbia y las invasiónes de Irák y Afganistán que han arrojado un saldo de casi dos millones de muertos.
Los imanes advierten en Bengasi que no aceptarán la intervención de otros países en la guerra contra Gadafi
El nuevo orden empieza a dibujarse en Bengasi, en el este del país. La revolución ha consolidado el control de la segunda ciudad libia y sus protagonistas intentan afianzar la nueva situación. Mientras los disparos todavía son los protagonistas en la capital, Trípoli, en Bengasi los imanes han tomado la palabra. En un acto celebrado en la plaza de los Mártires, decenas de miles de personas han escuchado el mensaje y la línea a seguir en el futuro. "No aceptaremos ninguna intervención del exterior, ningún país árabe, ningún país occidental debe entrar en nuestro país", ha dicho el imán a los congregados. "I Alá", ha terminado (por Alá). El funeral de tres personas fallecidas durante los enfrentamientos de los últimos días se ha incluido en el acto, tres mártires más en un cambio que parece imparable.
La sede del Libro verde de Gadafi de Bengasi ha sido quemada durante la revuelta. El manual de política de tres volúmenes escrito por el dictador Muamar el Gaddafi entre 1975 y 1979 expone las ideas del pensamiento político del régimen, de un modo similar a como lo hizo Mao Tse Tung con su Libro rojo. Las cenizas del edificio son ahora el símbolo de una revolución que pretende acabar con la forma de gobierno actual, la Yamahiriya, la república de comités populares de Gadafi. Lo que vendrá después todavía es una incógnita. Una pancarta colgada en las ruinas del edificio del Libro verde es clara: "El sistema tiene que caer desde Gadafi".
Volver para luchar
Muchas esperanzas se han abierto para los libios que apoyan ahora la revolución. Suleimán es uno de ellos. Asegura que estudió Ingeniería en la universidad en 1996, pero que tuvo que abandonar la carrera obligado por el régimen. Ahora está dispuesto a todo para conseguir un cambio para su país. Ayman Naas ha llegado desde Alemania dispuesto a participar en primera línea de la revolución. No es el único. Mientras algunos huyen del país, otros han decidido volver desde otros países para luchar por el nuevo orden y contribuir a la reconstrucción del país.
La labor de los periodistas internacionales ha cambiado radicalmente en la zona controlada por los revolucionarios. El número de enviados especiales ha aumentado y la gente en general ayuda en todo lo que puede a los recién llegados. Una de las consignas de la revolución es que el mundo debe conocer lo que sucede y el triunfo que supone que la mitad del país (la población se concentra en la zona costera) haya conseguido alzarse contra Gadafi y sentar las bases para facilitar la salida del dictador del país.
Kaos. Internacional | Prensa |Bruselas
Tomado: Kaos en la Red.net
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Preparados-Masacrar- Imperialismo
24 feb 2011
Danza macabra de cinismo
La política de saqueo impuesta por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en el Oriente Medio entró en crisis. Esta se desató inevitablemente con el alto costo de los cereales, cuyos efectos se hacen sentir con más fuerza en los países árabes donde a pesar de sus enormes recursos petroleros, la escasez de agua, las áreas desérticas y la pobreza generalizada del pueblo contrastan con los enormes recursos derivados del petróleo que poseen los sectores privilegiados.
Mientras los precios de los alimentos se triplican, las fortunas inmobiliarias y los tesoros de la minoría aristocrática se elevan a millones de millones de dólares.
El mundo arábigo, de cultura y creencia musulmana, se ha visto humillado adicionalmente por la imposición a sangre y fuego de un Estado que no fue capaz de cumplir las obligaciones elementales que le dieron origen, a partir del orden colonial existente hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, en virtud del cual las potencias victoriosas crearon la ONU e impusieron el comercio y la economía mundiales.
Gracias a la traición de Mubarak en Camp David el Estado árabe palestino no ha podido existir, pese a los acuerdos de la ONU de noviembre de 1947, e Israel se convirtió en una fuerte potencia nuclear aliada a Estados Unidos y la OTAN.
El Complejo Militar Industrial de Estados Unidos suministró decenas de miles de millones de dólares cada año a Israel y a los propios estados árabes sometidos y humillados por éste.
El genio ha salido de la botella y la OTAN no sabe cómo controlarlo.
Van a tratar de sacarle el máximo provecho a los lamentables sucesos de Libia. Nadie sería capaz de saber en este momento lo que allí está ocurriendo. Todas las cifras y versiones, hasta las más inverosímiles, han sido divulgadas por el imperio a través de los medios masivos, sembrando el caos y la desinformación.
Es evidente que dentro de Libia se desarrolla una guerra civil. ¿Por qué y cómo se desató la misma? ¿Quiénes pagarán las consecuencias? La agencia Reuters, haciéndose eco del criterio de un conocido banco de Japón, el Nomura, expresó que el precio del petróleo podría sobrepasar cualquier límite:
“‘Si Libia y Argelia suspenden la producción petrolera, los precios podrían llegar a un máximo por encima de 220 dólares por barril y la capacidad ociosa de la OPEP sería reducida a 2,1 millones de barriles por día, similar a los niveles vistos durante la guerra del Golfo y cuando los valores tocaron los 147 dólares por barril en el 2008′, aseveró el banco en una nota.”
¿Quiénes podrían pagar hoy ese precio? ¿Cuáles serían las consecuencias en medio de la crisis alimentaria?
Los líderes principales de la OTAN están exaltados. El Primer Ministro británico, David Cameron, informó ANSA, “…admitió en un discurso en Kuwait que los países occidentales se equivocaron en apoyar gobiernos no democráticos en el mundo árabe.” Se le debe felicitar por la franqueza.
Su colega francés Nicolás Sarkozy declaró: “La prolongada represión brutal y sangrienta de la población civil libia es repugnante”.
El canciller italiano Franco Frattini declaró “‘creíble’ la cifra de mil muertos en Trípoli [...] ‘la cifra trágica será un baño de sangre’.”
Hillary Clinton declaró: “…el ‘baño de sangre’ es ‘completamente inaceptable’ y ‘tiene que parar’…”
Ban Ki-moon habló: “‘Es absolutamente inaceptable el uso de la violencia que hay en el país’.”
“…’el Consejo de Seguridad actuará de acuerdo a lo que decida la comunidad internacional’.”
“‘Estamos considerando una serie de opciones’.”
Lo que Ban Ki-moon espera realmente es que Obama diga la última palabra.
El Presidente de Estados Unidos habló en la tarde de este miércoles y expresó que la Secretaria de Estado saldría para Europa a fin de acordar con sus aliados de la OTAN las medidas a tomar. En su cara se apreciaba la oportunidad de lidiar con el senador de la extrema derecha de los republicanos John McCain; el senador pro israelita de Connecticut, Joseph Lieberman y los líderes del Tea Party, para garantizar su postulación por el partido demócrata.
Los medios masivos del imperio han preparado el terreno para actuar. Nada tendría de extraño la intervención militar en Libia, con lo cual, además, garantizaría a Europa los casi dos millones de barriles diarios de petróleo ligero, si antes no ocurren sucesos que pongan fin a la jefatura o la vida de Gaddafi.
De cualquier forma, el papel de Obama es bastante complicado. ¿Cuál será la reacción del mundo árabe y musulmán si la sangre en ese país se derrama en abundancia con esa aventura? ¿Detendrá una intervención de la OTAN en Libia la ola revolucionaria desatada en Egipto?
En Iraq se derramó la sangre inocente de más de un millón de ciudadanos árabes, cuando el país fue invadido con falsos pretextos. ¡Misión cumplida! proclamó George W. Bush.
Nadie en el mundo estará nunca de acuerdo con la muerte de civiles indefensos en Libia o cualquier otra parte. Y me pregunto: ¿aplicarán Estados Unidos y la OTAN ese principio a los civiles indefensos que los aviones sin piloto yankis y los soldados de esa organización matan todos los días en Afganistán y Pakistán?
Es una danza macabra de cinismo.
Fidel Castro Ruz
Tomado:CubaDebate.cu
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Reflexiones de Fidel
23 feb 2011
“Sólo abandonaré mi país al morir como mártir”
Después de una semana de rebelión, represión y matanza, el primer ministro de Libia, Muammar Khadafi, le habló al pueblo. Mejor dicho, lo amenazó. “Muammar Khadafi es el líder de la revolución. No soy un presidente que pueda renunciar a su puesto. Este es mi país y sólo lo abandonaré cuando me muera, como mártir. Todavía no ordené el uso de la fuerza ni el disparo de una sola bala. Pero cuando lo haga... todo Libia arderá en llamas”, blasfemó a los gritos, en un discurso ofrecido a través de la televisión pública. El monólogo fue mucho más extenso que el del lunes, cuando sólo desmintió su huida a Venezuela, y desató la furia de los manifestantes que en las calles siguieron reclamando el fin su régimen, de más de cuarenta años de existencia. Las fuerzas de seguridad públicas, al igual que los días pasados, reanudaron la represión. Más tarde, el hijo menor de Khadafi reconoció que los muertos son 300, aunque circulan versiones que empujan esa cifra a mil. La comunidad internacional volvió a condenar la violencia del gobierno libio y la Liga Arabe expulsó al país hasta que el conflicto se solucione.
El autoproclamado “Hermano y líder de la revolución libia” habló desde el frente de un edificio bombardeado en 1986 por Estados Unidos. Acusó a la oposición en el exilio de haber instigado la ola de protestas que sacude al país y afirmó que personas que están en otros países, como Túnez, dieron drogas y armas a jóvenes libios para sembrar el caos. Según él, los manifestantes, a quienes calificó de “pandillas, son como las ratas, no representan a nadie” y de “unos alucinados, una minoría terrorista”, quieren hacer del país un emirato islámico conducido por Osama bin Laden y dar, así, “un pretexto a Estados Unidos para intervenir”. Además de descartar el abandono de su puesto, el líder libio pidió a sus compatriotas que “salgan todos a las calles” a manifestarse en favor del régimen y ataquen a los que se manifiestan en contra. “La revolución significa el sacrificio continuo hasta el final. Ustedes, hombres y mujeres que aman a Khadafi, salgan de sus casas y atáquenlos (a quienes piden el fin de su gobierno). Golpéenlos en sus guaridas.”
Los instó a formar “comités de seguridad popular” que, de a grupos, “limpiarán de desertores casa por casa”. Subrayó que quienes se levantaron contra su autoridad volverán arrepentidos a pedir perdón, pero que no habrá para ellos indulgencia y serán sometidos a la pena capital.
Dirigiéndose a los jóvenes, eje clave de la revuelta, Khadafi prometió un nuevo Estado, con prensa libre, derecho a Internet y blogs, una nueva Constitución y sistema jurídico. Apuntó que las administraciones serán ampliadas y que creará una nueva “yamahiria” (un término creado él mismo que significa “gobierno por el pueblo”).
Cerca de la medianoche, un vocero del Ministerio del Interior libio reconoció que 300 personas murieron hasta ayer: 189 civiles y 111 militares. Según esas cifras oficiales, la mayoría de las víctimas se registró en Benghazi; en Al Baida fallecieron 18 civiles y 63 militares y en Derna 29 civiles y 36 militares. Por su parte, desde París, la Federación Internacional por los Derechos Humanos ubicó la cifra de muertos entre 300 y 400. Human Rights Watch ayer sólo difundió que, desde el domingo, registró 61 muertes en Trípoli, la capital libia. El domingo había difundido un registro de 233 muertos. En tanto, los testimonios de testigos difundidos por señales de televisión internacionales, y en su mayoría anónimos, empujaron la cantidad a un millar.
El primer ministro libio también atacó a los medios de comunicación, a los que llamó “retrógrados y traidores que intentan tergiversar (lo ocurrido)”. También arremetió contra los “servicios (de seguridad) traidores árabes hermanos que nos han engañado y traicionado y están dañando vuestra imagen”. Y responsabilizó a Estados Unidos e Italia de haber “distribuido a los jóvenes de Benghazi” misiles Rpg.
Está claro que las palabras de Khadafi no buscaron pacificar los ánimos en Libia. Lejos de eso, echaron más leña al fuego. Las protestas continuaron en Trípoli y en las principales ciudades de frontera. En Benghazi, uno de los territorios tomados por los manifestantes y bombardeado por el gobierno el lunes, decenas de cadáveres yacían en las calles y el pueblo estaba aterrorizado: “Volverán a atacarnos. Pero ya no podrán frenarnos”, afirmó un joven que participó de las revueltas contra Khadafi.
Al discurso sobrevino, por lo pronto, la renuncia de su más fiel colaborador por fuera de su círculo familiar e íntimo, el hasta ayer ministro del Interior y general del ejército, Abdul Fatah Yunis. El hombre, además, instó a las fuerzas armadas a unirse al pueblo en su lucha por sus legítimas demandas. El ex funcionario grabó un comunicado que emitió la cadena árabe de noticias Al Jazeera, en el que explicó sus razones. “El bombardeo contra la población civil es lo que hizo que me uniera a la Revolución del 17 de febrero. Nunca imaginé que íbamos a llegar a disparar contra la gente.”
Yunis aseguró que la Libia del líder Khadafi “se desmoronó” y que el régimen “traicionó a la revolución”. Yunis formaba parte del movimiento de los entonces coroneles que, junto al líder libio, llevaron a cabo un golpe de Estado para acceder al poder en 1969.
Su camino fue seguido por ocho embajadores libios en diferentes países del mundo. “Están haciendo cosas terribles contra la gente. Khadafi debe renunciar para que se pare este baño de sangre. ya no tiene ninguna legitimidad”, explicó el ahora ex embajador en India Ali el Essawi, ante un corresponsal de Al Jazeera. Como él, también se despegaron del régimen los jefes de las misiones libias en Estados Unidos, Polonia, Indonesia, Australia, Malasia, Australia y el embajador ante la Liga Arabe, con sede en la capital egipcia.
Tomado:Página 12.com.ar
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22 feb 2011
El plan de la OTAN es ocupar Libia
El petróleo se convirtió en la principal riqueza en manos de las grandes transnacionales yankis; a través de esa fuente de energía dispusieron de un instrumento que acrecentó considerablemente su poder político en el mundo. Fue su principal arma cuando decidieron liquidar fácilmente a la Revolución Cubana tan pronto se promulgaron las primeras leyes justas y soberanas en nuestra Patria: privarla de petróleo.
Sobre esa fuente de energía se desarrolló la civilización actual. Venezuela fue la nación de este hemisferio que mayor precio pagó. Estados Unidos se hizo dueño de los enormes yacimientos con que la naturaleza dotó a ese hermano país.
Al finalizar la última Guerra Mundial comenzó a extraer de los yacimientos de Irán, así como de los de Arabia Saudita, Iraq y los países árabes situados alrededor de ellos, mayores cantidades de petróleo. Estos pasaron a ser los principales suministradores. El consumo mundial se elevó progresivamente a la fabulosa cifra de aproximadamente 80 millones de barriles diarios, incluidos los que se extraen en el territorio de Estados Unidos, a los que ulteriormente se sumaron el gas, la energía hidráulica y la nuclear. Hasta inicios del siglo XX el carbón había sido la fuente fundamental de energía que hizo posible el desarrollo industrial, antes de que se produjeran miles de millones de automóviles y motores consumidores de combustible líquido.
El derroche del petróleo y el gas está asociado a una de las mayores tragedias, no resuelta en absoluto, que sufre la humanidad: el cambio climático.
Cuando nuestra Revolución surgió, Argelia, Libia y Egipto no eran todavía productores de petróleo, y gran parte de las cuantiosas reservas de Arabia Saudita, Iraq, Irán y los Emiratos Árabes Unidos estaban por descubrirse.
En diciembre de 1951, Libia se convierte en el primer país africano en alcanzar su independencia después de la Segunda Guerra Mundial, en la que su territorio fue escenario de importantes combates entre tropas alemanas y del Reino Unido, que dieron fama a los generales Erwin Rommel y Bernard L. Montgomery.
El 95 % de su territorio es totalmente desértico. La tecnología permitió descubrir importantes yacimientos de petróleo ligero de excelente calidad que hoy alcanzan un millón 800 mil barriles diarios y abundantes depósitos de gas natural. Tal riqueza le permitió alcanzar una perspectiva de vida que alcanza casi los 75 años, y el más alto ingreso per cápita de África. Su riguroso desierto está ubicado sobre un enorme lago de agua fósil, equivalente a más de tres veces la superficie de Cuba, lo cual le ha hecho posible construir una amplia red de conductoras de agua dulce que se extiende por todo el país.
Libia, que tenía un millón de habitantes al alcanzar su independencia, cuenta hoy con algo más de 6 millones.
La Revolución Libia tuvo lugar en el mes de septiembre del año 1969. Su principal dirigente fue Muammar al-Gaddafi, militar de origen beduino, quien en su más temprana juventud se inspiró en las ideas del líder egipcio Gamal Abdel Nasser. Sin duda que muchas de sus decisiones están asociadas a los cambios que se produjeron cuando, al igual que en Egipto, una monarquía débil y corrupta fue derrocada en Libia.
Los habitantes de ese país tienen milenarias tradiciones guerreras. Se dice que los antiguos libios formaron parte del ejército de Aníbal cuando estuvo a punto de liquidar a la Antigua Roma con la fuerza que cruzó los Alpes.
Se podrá estar o no de acuerdo con el Gaddafi. El mundo ha sido invadido con todo tipo de noticias, empleando especialmente los medios masivos de información. Habrá que esperar el tiempo necesario para conocer con rigor cuánto hay de verdad o mentira, o una mezcla de hechos de todo tipo que, en medio del caos, se produjeron en Libia. Lo que para mí es absolutamente evidente es que al Gobierno de Estados Unidos no le preocupa en absoluto la paz en Libia, y no vacilará en dar a la OTAN la orden de invadir ese rico país, tal vez en cuestión de horas o muy breves días.
Los que con pérfidas intenciones inventaron la mentira de que Gaddafi se dirigía a Venezuela, igual que lo hicieron en la tarde de ayer domingo 20 de febrero, recibieron hoy una digna respuesta del Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Nicolás Maduro, cuando expresó textualmente que hacía “votos porque el pueblo libio encuentre, en ejercicio de su soberanía, una solución pacífica a sus dificultades, que preserve la integridad del pueblo y la nación Libia, sin la injerencia del imperialismo…”
Por mi parte, no imagino al dirigente libio abandonando el país, eludiendo las responsabilidades que se le imputan, sean o no falsas en parte o en su totalidad.
Una persona honesta estará siempre contra cualquier injusticia que se cometa con cualquier pueblo del mundo, y la peor de ellas, en este instante, sería guardar silencio ante el crimen que la OTAN se prepara a cometer contra el pueblo libio.
A la jefatura de esa organización belicista le urge hacerlo. ¡Hay que denunciarlo!
Fidel Castro Ruz
Tomado:CubaDebate.cu
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