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31 mar 2012
Pornografía bélica: el nuevo sexo seguro
Versión muy abreviada de una conferencia en el XII Seminario de Solidaridad Política en la Universidad de Zaragoza, España, 27 de marzo de 2012.
Los principios del Siglo XXI son adictos a la pornografía bélica, el principal espectáculo deportivo consumido por el sillón global y las patatas digitales. La pornografía bélica se robó el centro de atención en la noche del 11 de septiembre de 2001, cuando el gobierno de Bush lanzó la Guerra Global contra el Terror (GWOT, por sus siglas en inglés), que fue interpretada por muchos de sus practicantes como una sutil legitimización del terror estatal de EE.UU. en particular contra los musulmanes.
También fue una guerra DE terror, una manifestación de terror estatal oponiendo el poder urbano de alta tecnología básicamente contra la astucia rural, de baja tecnología. EE.UU., por cierto, no ejerció ese monopolio; Pekín lo practicó en Xinjiang, su Lejano Oeste, y Rusia en Chechenia.
Como la pornografía convencional, la pornografía bélica no puede existir sin basarse en una mentira, una representación obscena. Pero a diferencia de la pornografía convencional, la bélica es auténtica; a diferencia de obscenas, baratas películas snuff, la gente en la pornografía bélica, muere realmente, en masa.
La mentira para rematar todas las mentiras en el centro de esta representación se estableció definitivamente con la filtración del memorando Downing Street de 2005, en el cual el jefe del MI6 británico confirmó que el gobierno de Bush quería eliminar a Sadam Hussein relacionando el terrorismo islámico con armas de destrucción masiva (inexistentes). Por lo tanto, como decía el memorando: “la información y los hechos se están amañando en torno a esa política”.
A fin de cuentas, George “estás con nosotros o contra nosotros” Bush fue la estrella de su propia snuff de proporciones históricas, que también al mismo tiempo tuvo la doble función de ser la invasión y destrucción del flanco oriental de la nación árabe.
La nueva Guernica
Irak se puede ver ciertamente como la Guerra de las Galaxias de la pornografía bélica, una apoteosis de secuelas. Por ejemplo la (segunda) ofensiva de Faluya a finales de 2004. Entonces la describí como la nueva Guernica. También me tomé la libertad de parafrasear los escritos de Sartre sobre la Guerra de Argelia; después de Faluya basta con que se reúnan dos estadounidenses para que haya entre ellos un cadáver. Citando Apocalipsis Ya, de Coppola, había cuerpos, cuerpos por doquier.
El Francisco Franco de Faluya fue Iyad Allawi, el primer ministro interino instalado por EE.UU. Fue Allawi el que “pidió” al Pentágono que bombardeara Faluya. En Guernica, como en Faluya, no hubo distinción entre civiles y combatientes: fue la regla de “¡Viva la muerte!”
Los mandos de los marines estadounidenses dijeron oficialmente que Faluya era la casa de Satán. Franco negó la masacre de Guernica y culpó a la población local, tal como Allawi y el Pentágono negaron las muertes de civiles e insistieron en que los culpables eran los “insurgentes”.
Redujeron Faluya a escombros, por lo menos 200.000 residentes se convirtieron en refugiados y mataron a miles de civiles con el fin de “salvarla” (ecos de Vietnam). Por cierto, en los medios corporativos occidentales nadie tuvo la valentía de decir que en realidad Faluya fue el Halabja estadounidense.
Quince años antes de Faluya, en Halabja, Washington era un proveedor entusiasta de armas químicas a Sadam Hussein, quien las utilizó para matar con gas a miles de kurdos. Entonces la CIA dijo que no fue Sadam; fue el Irán de Jomeini. Pero fue Sadam el que lo hizo, y deliberadamente, como EE.UU. en Faluya.
Los doctores de Faluya identificaron cadáveres hinchados y amarillentos sin ninguna herida, así como “cuerpos fundidos”, víctimas del napalm, el cóctel de poliestireno y combustible jet. Los residentes que lograron escapar hablaron de “gases venenosos” y “extrañas bombas que producían humo como nubes en forma de hongos… y que luego pequeños trozos caían del aire con largas colas de humo. Los trozos de esas extrañas bombas estallaban en grandes fuegos que queman la piel incluso cuando les arrojas agua”.
Es exactamente lo que sucede a la gente bombardeada con napalm o fósforo blanco. La ONU prohibió bombardear a los civiles con napalm en 1980. EE.UU. es el único país del mundo que sigue utilizando napalm.
Faluya también suministró un éxito de mini snuff; la ejecución sumaria de un iraquí herido e indefenso en una mezquita por un marine estadounidense. La ejecución, filmada y vista por millones en YouTube, representó gráficamente las reglas “especiales” de enfrentamiento. Los mandos de los marines estadounidenses de la época decían a sus soldados que “dispararan contra todo lo que se mueve y todo lo que no se mueve”; que dispararan “dos balas en cada cuerpo”; si veían a cualquier hombre de edad militar en las calles de Faluya, que "le derribaran" y que rociaran todas las casas con fuego de ametralladoras y de tanques antes de entrar en ellas.
Las reglas de enfrentamiento en Irak se codificaron en un manual de campo de 182 páginas distribuido a todos y cada uno de los soldados y publicado en octubre de 2004 por el Pentágono. Este manual de contrainsurgencia subrayó cinco reglas: “proteger a la población; establecer instituciones políticas locales; reforzar gobiernos locales; eliminar capacidades insurgentes y explotar información de fuentes locales”.
Ahora, de vuelta a la realidad. No se protegió a la población de Faluya; la expulsaron de la ciudad a fuerza de bombas y la convirtieron en una masa de miles de refugiados. Las instituciones políticas ya estaban establecidas: la Shura de Faluya dirigía la ciudad. Posiblemente ningún gobierno local puede gobernar un montón de escombros que tienen que recuperar ciudadanos enfurecidos, por no hablar de “reforzarlo”. Las “capacidades insurgentes” no se eliminaron; la resistencia se dispersó por otras 22 ciudades fuera del control de la ocupación estadounidense y se propagó al norte hasta llegar a Mosul; y los estadounidenses se quedaron sin información “de fuentes locales”, porque convirtieron en enemigos a todo corazón y mente posibles.
Mientras tanto, en EE.UU., la mayor parte de la población ya era inmune a la pornografía bélica. Cuando estalló el escándalo de Abu Ghraib, en la primavera de 2004, yo iba conduciendo por Texas, explorando Bushlandia. Prácticamente todas las personas con las que hable atribuían la humillación de los prisioneros iraquíes a “unas pocas manzanas podridas”, o la defendían por motivos patrióticos (“tenemos que impartir una lección a los ‘terroristas’”).
Adoro a un hombre en uniforme
Teóricamente, existe un mecanismo aprobado en el Siglo XXI para defender a los civiles de la pornografía bélica. Es la doctrina R2P “responsabilidad de proteger”. Se trata de una idea del gobierno canadiense y algunas fundaciones que ya circuló en 2001, pocas semanas después de que se lanzara la guerra contra el terror. La idea era que el concierto de las naciones tenía un “deber moral” de desplegar una intervención humanitaria en casos como Halabja, por no hablar de los Jemeres Rojos en Camboya a mediados de los años setenta o el genocidio de Ruanda a mediados de los noventa.
En 2004, un panel en la ONU codificó la idea, crucialmente con el pensamiento de que el Consejo de Seguridad pueda autorizar una “intervención militar” solo “como último recurso”. Entonces, en 2005, la Asamblea General de la ONU apoyó una resolución a favor de R2P y en 2006 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1674 sobre “la protección de civiles en un conflicto armado”; debían ser protegidos contra “genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica y crímenes contra la humanidad”.
Ahora aceleremos hasta fines de 2008, comienzos de 2009, cuando Israel –utilizando aviones caza estadounidenses para crear un verdadero infierno– desencadenó un ataque en gran escala contra la población civil de la Franja de Gaza.
¿Y la reacción oficial en EE.UU.?: “Obviamente Israel decidió protegerse y proteger a su pueblo”, dijo el presidente Bush. El Congreso de EE.UU. votó con abrumadores 390 contra 5 votos por reconocer “el derecho de Israel a defenderse de los ataques de Gaza”. El gobierno entrante de Obama guardó un estruendoso silencio. Solo la futura secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo: “apoyamos el derecho de Israel a la autodefensa”.
Por lo menos 1.300 civiles –incluidos numerosas mujeres y niños– fueron asesinados por el terrorismo de Estado en Gaza. Nadie invocó la R2P. Nadie apuntó a que Israel no cumplió con su “responsabilidad de proteger” a los palestinos. Nadie pidió una “intervención humanitaria” frente a Israel.
La simple noción de que una superpotencia –y otras potencias menores– tomen sus decisiones de política exterior con base en motivos humanitarios, como proteger a gente sitiada, es un chiste absoluto. Por lo tanto ya entonces aprendimos cómo se implementaría la R2P. No se aplicaba a EE.UU. en Irak o Afganistán. No se aplicaba a Israel en Palestina. Finalmente se aplicaría solo para entrampar a gobernantes “canallas” que no fueran “nuestros hijueputas”, como en el caso de Gadafi en Libia en 2011. Intervención “humanitaria” sí; pero solo para librarse de los “malos”. Y la belleza de R2P era que se podía aplicar al revés en todo momento. Bush llamó a "liberar" a los afganos que sufrían, especialmente a las mujeres vestidas con burkas, de los "malvados" talibanes, configurando en realidad la invasión de Afganistán como una intervención humanitaria. Y cuando se desenmascararon las afirmaciones engañosas sobre los vínculos entre al Qaida y las inexistentes armas de destrucción masiva, Washington comenzó a justificar la invasión, ocupación y destrucción de Irak mediante… R2P: “responsabilidad” de proteger a los iraquíes frente a Sadam y luego frente a sí mismos.
El asesino despertó al alba
El episodio más reciente de la serie de la pornografía bélica es la masacre de Kandahar cuando, según la versión (o encubrimiento) oficial del Pentágono un sargento del ejército estadounidense, francotirador y veterano de la guerra de Irak –un asesino altamente calificado– mató a tiros a 17 civiles afganos, incluidas nueve mujeres y cuatro niños, en dos aldeas a tres kilómetros de distancia, y quemó algunos de sus cuerpos.
Como en el caso de Abu Ghraib, hubo el acostumbrado torrente de desmentidos del Pentágono, como “no somos nosotros” o “no hacemos las cosas de esa manera”; para no mencionar un tsunami de historias en los medios corporativos estadounidenses humanizando al héroe-convertido-en-asesino masivo, como en “es un muchacho tan bueno, un hombre de familia”. Al contrario, ni una sola palabra sobre Los Otros, las víctimas afganas. No son personas; y nadie conoce sus nombres.
Una –seria– investigación afgana estableció que unos veinte soldados pudieron participar en la masacre, como en My Lai en Vietnam; y eso incluyó la violación de dos de las mujeres. Tiene sentido. La pornografía bélica es una subcultura letal y de grupo, junto con asesinatos selectivos, muertes por revancha, profanación de cuerpos, recolección de trofeos (dedos u orejas cortados), quema de Coranes y orinar sobre cadáveres. Esencialmente es un deporte colectivo.
“Equipos de asesinato” estadounidenses han ejecutado deliberadamente al azar a civiles afganos inocentes, sobre todo adolescentes, por deporte, colocaron las armas sobre sus cuerpos y luego posaron con sus cadáveres como trofeos. No es por accidente que hayan estado operando desde una base en la misma área de la masacre de Kandahar.
Y no debemos olvidar al antiguo máximo comandante de EE.UU. en Afganistán, el general Stanley McChrystal, quien el 10 de abril de 2010 admitió, brutalmente: “Hemos matado a una cantidad increíble de personas” que NO constituían una amenaza para EE.UU. o la civilización occidental.
El Pentágono sesga y publicita en Afganistán lo que ya mercadeó en Irak (e incluso mucho antes en Vietnam, en realidad); la idea es que se trata de una “contrainsurgencia centrada en la población”, o COIN, para “ganar corazones y mentes”, y que forma parte de un gran proyecto de construcción de una nación. Es una mentira monumental. La ‘oleada’ de Obama en Afganistán –basada en COIN– fue un fracaso total. Lo que la reemplazó fue una guerra dura, encubierta, tenebrosa, dirigida por “equipos de asesinato” de las Fuerzas Especiales. Eso implica una inflación de ataques aéreos e incursiones nocturnas. Para no hablar de ataques de aviones no tripulados, tanto en Afganistán como en las áreas tribales de Pakistán, cuyos objetivos preferidos parecen que son las bodas pastunas. A propósito, la CIA afirma que desde mayo de 2010, los aviones sin tripulación ultra-inteligentes han matado a más de 600 objetivos humanos “cuidadosamente seleccionados” y, milagrosamente, ni a un solo civil.
Pronto veréis este gran espectáculo de pornografía bélica celebrado en una orgía de próximos éxitos conjuntos del Pentágono y Hollywood. En la vida real, es amañado por gente como John Nagl, quien estuvo en el equipo del general David Petraeus en Irak y ahora dirige el think tank pro Pentágono Centro para la Nueva Seguridad Estadounidense.
Los nuevos súper machos estelares podrían ser los oficiales del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC). Pero se trata de una producción del Pentágono, que ha creado, según Nagl, “una máquina letal de contraterrorismo de dimensión industrial”. La realidad, sin embargo, es mucho más prosaica. Las técnicas de COIN, aplicadas por McChrystal, se basaban en solo tres componentes: vigilancia permanente por parte de aviones sin tripulación (drones); monitoreo de teléfonos móviles y localización de la ubicación física de los teléfonos por sus señales. Eso implica que cualquiera en un área vigilada por drones que utilice un teléfono celular era identificado como “terrorista”, o por lo menos como “simpatizante terrorista”. Y entonces el enfoque de las incursiones nocturnas en Afganistán pasó de “objetivos de alto valor” –miembros de alto nivel y mediano nivel de al Qaida y talibanes– a cualquiera marcado como colaborador de los talibanes.
En mayo de 2009, antes de la llegada de McChrystal, las Fuerzas Especiales de EE.UU. realizaban 20 incursiones mensuales. En noviembre eran 90 al mes. Al llegar la primavera de 2010, eran 250. Cuando despidieron a McChrystal –por un artículo en Rolling Stone (compitió con Lady Gaga por la portada y ganó Lady Gaga)– y Obama lo sustituyó por el general David Petraeus en el verano de 2010, eran 600 incursiones mensuales. En abril de 2011, llegaron a más de 1.000 al mes.
Así funcionan las cosas. No se te ocurra utilizar un teléfono celular en Kandahar y otras provincias afganas. De otra manera, los “ojos del cielo” acabarán contigo. En el mejor de los casos te enviarán a la cárcel, junto con otros miles de civiles marcados como “simpatizantes de terroristas”, y los analistas de los servicios de inteligencia utilizarán tus datos para compilar su “lista de muerte/captura” y capturarán aún más civiles.
En cuanto a los “daños colaterales” civiles de las incursiones nocturnas, siempre fueron presentado por el Pentágono como “terroristas”. Ejemplo: en una incursión en Gardez el 12 de febrero de 2010, mataron a dos hombres: un fiscal local del gobierno y un funcionario de los servicios de inteligencia afganos. Así como a tres mujeres (dos de ellas embarazadas). Los asesinos dijeron al comando de EE.UU./OTAN de Kabul que los dos hombres eran “terroristas” y que las mujeres habían sido halladas amordazadas y atadas. Luego el auténtico objetivo del asalto se entregó para que le interrogaran unos días después y le dejaron en libertad sin acusación alguna.
Y es solo el comienzo. El asesinato selectivo –tal como se practica en Afganistán– será la táctica preferida del Pentágono en todas las guerras futuras.
Pásame el condón, querido
Libia fue una importante exhibición de pornografía bélica completa con un ingenioso toque romano del derrotado jefe “bárbaro” sodomizado en las calles y luego ejecutado, directamente en YouTube.
Esto, a propósito, es exactamente lo que la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, en una visita relámpago a Trípoli, había anunciado menos de 48 horas antes del hecho. Había que "capturar o matar" a Gadafi. Cuando lo vio en la pantalla de su BlackBerry solo pudo reaccionar con el terremoto semántico “¡Wuau!”
Desde el instante en que una resolución de la ONU impuso una zona de exclusión aérea sobre Libia bajo la cobertura de R2P, se convirtió en una tarjeta verde para el cambio de régimen. El Plan A fue siempre capturar y matar a Gadafi, como en un asesinato selectivo al estilo afgano. Era la política oficial del gobierno de Barack Obama. No había un Plan B.
Obama dijo que la muerte de Gadafi significaba “la fuerza del liderazgo estadounidense en todo el mundo”. Fue tan parecido al “¡lo capturamos!" (ecos de Sadam capturado por el gobierno de Bush) como se podría imaginar.
Con una bonificación adicional. A pesar de que Washington pagó por lo menos un 80% de los costes operativos de esos tontos de capirote de la OTAN (unos 2.000 millones de dólares), era solo dinero de bolsillo. En todo caso, todavía era bochornoso “¡Lo hicimos!”, porque la Casa Blanca siempre dijo que no era una guerra, era algo “cinético”. Y no estaba al cargo.
Solo los ingenuos absolutos pueden haberse tragado la propaganda de las más de 40.000 bombas “humanitarias” que devastaron la infraestructura de Libia hasta devolverla a la Edad de Piedra como en una "Comoción y Pavor" a cámara lenta. Eso nunca tuvo nada que ver con R2P.
Fue tan R2P como el sexo seguro, y la “comunidad internacional” fue el condón. La “comunidad internacional”, como todos saben, está compuesta por Washington, unos pocos miembros arrastrados por la corriente de la OTAN y las democráticas potencias del Golfo Pérsico de Qatar, y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), más la Casa de Saud en la sombra. La UE, que poco antes acariciaba el borde de las túnicas de Gadafi, no tardó en excederse con los editoriales sobre los 42 años de reinado de un “bufón”.
En cuando al concepto del derecho internacional, quedó tirado en una alcantarilla tan sucia como aquella en la que se ocultó Gadafi. Sadam por lo menos tuvo un juicio amañado en un tribunal ilegítimo antes de enfrentarse al verdugo (también terminó en YouTube). A Osama bin Laden simplemente lo eliminaron, como en un asesinato, después de una invasión territorial de Pakistán (sin YouTube, de modo que muchos no lo creen). Gadafi lo superó, eliminado en una mezcla de guerra aérea y asesinato. Son las Tres Agraciadas Cabelleras de la Pornografía Bélica.
Dulce emoción
Siria es una declinación más de la narrativa de la pornografía bélica. Si no puedes emprender R2P, invéntala.
Y pensar que todo esto se codificó hace tanto tiempo. Ya en 1997, el War College Quarterly del Ejército de EE.UU. definió lo que llamó “el futuro de la guerra”. Lo describió como “el conflicto entre los maestros de la información y sus víctimas”.
Estaban seguros de que “ya somos los maestros de la guerra de la información…. Hollywood ‘prepara el campo de batalla’… La información destruye las tareas tradicionales y las culturas tradicionales; seduce, traiciona, pero sigue siendo invulnerable… Nuestra sofisticación en su manejo nos permitirá sobrevivir y funcionar mejor que todas las culturas jerárquicas… Las sociedades que temen o que no pueden administrar el flujo de información simplemente no serán competitivas. Podrán dominar los medios tecnológicos para ver los vídeos, pero nosotros escribiremos los guiones, los produciremos y cobraremos los royalties. Nuestra creatividad es devastadora”.
La guerra de la información que va más allá de todo, no tiene nada que ver con la geopolítica. Como el proverbial producto de Hollywood, tiene que ser “engendrada” de emociones en carne viva: “odio, celos y codicia, emociones, en lugar de estrategia”.
En Siria es exactamente el guión que han seguido los medios corporativos occidentales en toda la película; la tácticas de la “guerra de la información” de War College aplicadas a la práctica. El gobierno sirio nunca tuvo muchas posibilidades contra los que “escriben los guiones, los producen y cobran los royalties”.
Por ejemplo, la oposición armada, el denominado Ejército Libre Sirio (un desagradable cóctel de desertores, oportunistas, yihadistas y mercenarios extranjeros) llevó a los periodistas occidentales a Homs y luego insistió en extraerlos, en condiciones extremadamente peligrosas y con muertos a través del Líbano, en lugar de hacerlo mediante la Medialuna Roja. No estaban haciendo otra cosa que escribir el guión para que se abriera un “corredor humanitario” a Homs, impuesto desde el extranjero. Fue puro teatro, o pornografía bélica presentada como un drama hollywoodense.
El problema es que la opinión pública occidental depende ahora de este tipo de guerra de la información. Olvidad incluso la posibilidad de negociaciones de paz entre partes adultas. Lo que quedan son los binarios buenos contra la intriga de los muy malos, en la que hay que destruir al Gran Sujeto Malo a cualquier precio (¡y para colmo su esposa es una perra snob a la que le gusta ir de compras!)
Solo los ingenuos terminales pueden llegar a creer que los yihadistas –incluidos los rebeldes de la OTAN de Libia– financiados por el Club Contrarrevolucionario del Golfo, también conocido como Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) sean un montón de reformistas democráticos ardientes de buenas intenciones. Hasta Human Rights Watch se vio finalmente obligado a reconocer que esos “activistas” armados fueron responsables por “secuestros, detención y tortura”, después de recibir informes sobre “ejecuciones de miembros de las fuerzas de seguridad y civiles por parte de grupos armados de oposición”.
Lo que oculta finalmente esta narrativa de pornografía bélica (blanda y dura), es la verdadera tragedia siria: la imposibilidad de que el tan alabado “pueblo sirio” pueda librarse de todos esos pillos, el régimen de Asad, el Consejo Nacional Sirio controlado por la Hermandad Musulmana y el Ejército Libre Sirio infestado de mercenarios.
Escuchad el sonido del caos
Este catálogo –muy parcial– de aflicciones nos lleva inevitablemente al actual exitazo supremo de la pornografía bélica, el psicodrama iraní.
2012 es el nuevo 2002; Irán es el nuevo Irak, y sea cual sea la carretera, para evocar la nueva consigna neoconservadora, los hombres de verdad van a Teherán vía Damasco, o los hombres de verdad van a Teherán non-stop.
Es posible que solo bajo el agua del Ártico podamos escapar del cortejo cacofónico de los derechistas estadounidenses –y sus respectivos perros falderos europeos– salivando por sangre y desplegando el festival usual de falacias como “Irán quiere borrar a Israel del mapa”, “la diplomacia ha llegado al final”, “las sanciones son demasiado tardías”, o “Irán está a un año, 6 meses, una semana, un día, o un minuto de construir una bomba”. Por cierto esos perros de guerra no se preocuparían jamás de seguir lo que hace realmente el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), sin hablar de los Estudios Nacionales de Inteligencia publicados por las 17 agencias de inteligencia de EE.UU.
Porque ellos, en gran medida, “escriben los guiones, los producen y cobran los royalties” en términos de medios corporativos, pueden salirse con la suya con una fusión sorprendentemente tóxica de arrogancia e ignorancia, sobre Medio Oriente, sobre la cultura persa, sobre la integración asiática, sobre el problema nuclear, sobre la industria petrolera, sobre la economía global, sobre “el Resto” en comparación con “Occidente”.
Como en el caso de Irak en 2002, permanentemente se deshumaniza a Irán. La incesante, totalmente histérica, “narrativa” para inducir al miedo de “debemos bombardear ahora o debemos bombardear más tarde” siembre trata de bombas ¡oh tan inteligentes! revienta búnkeres y misiles de precisión que realizarán un trabajo ultra limpio de devastación a gran escala sin producir un solo “daño colateral”. Exactamente como el sexo seguro.
E incluso cuando la voz del propio establishment –el New York Times – admite que ni la inteligencia estadounidense ni la israelí creen que Irán haya decidido construir una bomba (un niño de 5 años podría llegar a la misma conclusión), la histeria sigue siendo inter-galáctica.
Por lo pronto, mientras se prepara -“todas las opciones están sobre la mesa” sigue repitiendo el propio Obama– para una guerra más en lo que solía denominarse “arco de inestabilidad”, el Pentágono también encontró el tiempo necesario para rediseñar la pornografía bélica. Solo requirió un vídeo de 60 segundos que ahora está en YouTube, titulado Toward the Sound of Chaos [Hacia el sonido del caos], presentado solo unos días después de la masacre de Kandahar. Basta con considerar su audiencia objetiva clave, el inmenso mercado de pobres, desocupados y políticamente muy ingenuos jóvenes estadounidenses.
Escuchemos la sobregrabación de la minicinta:
“Donde emerge el caos, emergen los Pocos. Los marines se mueven hacia los sonidos de la tiranía, la injusticia y la desesperación con el coraje y la resolución de silenciarlos. Al terminar el conflicto, imponer el orden y ayudar a los que no se pueden ayudar ellos mismos, los marines enfrentan las amenazas de nuestros tiempos”.
Tal vez, en este universo orwelliano, deberíamos pedir a los afganos muertos sobre los que orinaron los marines de EE.UU., o a los miles de muertos en Faluya, que escribieran una reseña de la película. Bueno, los muertos no escriben. Tal vez podamos pensar en el día en el que la OTAN imponga una zona de exclusión aérea sobre Arabia Saudí para proteger a los chiíes en la provincia oriental, mientras los drones del Pentágono lanzan una alfombra de misiles Hellfire sobre esos miles de arrogantes, medievales, corruptos, príncipes de la Casa de Saud. No, no sucederá.
Más de una década después del comienzo de la guerra contra el terror, el mundo se presenta como sigue: una audiencia perezosa, virtualmente mundial, hastiada, deslumbrada y entretenida de distracción en distracción, impotentemente adicta a la deshonrosa exhibición de atrocidades de la pornografía bélica.
Pepe Escobar / Rebelión
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Tomado: Rebelión.org
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21 mar 2012
La cultura de un ejército
Esa cultura, ¿consiste sólo en la moral de combate? Pareciera que sí para las fuerzas armadas de EE.UU. Y para sus gobiernos: W. Bush autorizó la tortura y se recuerda cómo se aplicó en Abu Ghraib a ciudadanos inermes. Obama autorizó las ejecuciones extrajudiciales, que comandos especiales practican en Iraq, Irán, Afganistán y no sólo. No debiera sorprender entonces que efectivos estadounidenses hayan ejecutado el domingo que pasó -y porque sí, no en el campo de batalla- a diesiséis civiles afganos en la sureña provincia de Kandahar.
Entre las víctimas había nueve niños, uno de ellos de dos años de edad. “¿Era este niño un talibán?”, preguntó Gul Bashra, su madre. “Todavía no he visto a un talibán de dos años de edad. No hay talibán aquí. Ellos (los estadounidenses) siempre nos están amenazando con perros y con incursiones nocturnas de helicópteros”, subrayó (AP, 11-3-12). Varios pobladores de las dos aldeas donde se produjo la matanza atestiguaron que los soldados entraron borrachos, pero eso no explica todo. Además, el alcohol estaría acompañado por una sensación de impunidad.
Esto también se explica. El 19 de noviembre del 2005, un grupo de marines masacró a 24 iraquíes desarmados en Haditha, una ciudad de la provincia de Al Anbar del occidente de Irak, niños, mujeres y ancianos entre ellos. Una corte marcial desestimó los casos de siete de los ocho efectivos juzgados y el sargento Frank Muterich, el único bajo proceso, se declaró culpable de negligencia en el cumplimiento del deber y se descartó el cargo inicial de homicidio involuntario. Como el resto de los involucrados, el sargento no pasará un solo día en la cárcel, aunque haya reconocido que ordenó a sus hombres “tiren primero y pregunten después” (www.nyti mes.com/27-1-12).
Hay matanzas que ni siquiera pasan a la justicia militar. El New York Times informó que en el 2008 dos marines al frente de un pelotón se dedicaron a balacear indiscriminadamente a coches y pasantes afganos a lo largo de 16 kilómetros matando a 19 civiles e hiriendo a otros 50. Adujeron que habían sido tiroteados y que tuvieron que defenderse. Ninguno fue procesado. Un cable diplomático dirigido al Departamento de Estado que filtró Wikileaks revela que en el 2006, en Irak, efectivos estadounidenses allanaron varias casas y ejecutaron a un hombre, cuatro mujeres, dos niños y tres infantes no precisamente talibanes (//wikileaks.org/cable/2006/04/06). Nadie fue acusado, nadie fue condenado.
Estas matanzas se han repetido a lo largo de toda la ocupación de Afganistán y es notoria la benevolencia con la que el Pentágono acepta y aun confirma las falsas explicaciones de sus autores. Pero hay un caso diferente que de algún modo las sintetiza: el descubrimiento de un grupo de soldados que se juramentaron en secreto para matar civiles iraquíes y afganos por deporte. Se desconoce el número exacto de víctimas que tienen en su haber (www.nytimes.com, 3-10-10). Solían descuartizarlas, fotografiar sus restos y llevarse un dedo, algún diente, como trofeo (www.rollingstone.com, 27-3-11).
Los elementos del autobautizado “Kill Team” fueron procesados y recibieron penas relativamente menores en relación a sus crímenes; excepto el sargento Calvin Gibbs, jefe del grupo, que fue condenado a perpetua pero podrá salir en libertad bajo palabra en menos de diez años (www.guardian.co.uk, 11-11-11).
El presidente afgano Hamid Karzai calificó la masacre de Kandahar de “verdadero asesinato” y exigió una investigación a fondo. El general John Allen, jefe de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés) de los ocupantes, se apresuró a declarar su absoluta dedicación a “asegurar que todo aquel que sea hallado culpable sea considerado plenamente responsable” de los hechos (www.isaf.nato.int, 11312). El escándalo provocó otras manifestaciones de alto nivel.
El presidente Obama convirtió a la matanza en otra cosa: “El incidente -dijo- es trágico y horrible y no representa la índole excepcional de nuestros militares ni el respeto que tiene EE.UU. por el pueblo de Afganistán” y reiteró su voluntad de que se investiguen los hechos con rapidez (//uk.news.yahoo.com,
11-3-12). El secretario general de la ONU Ban Ki-moon expresó su tristeza y destacó: “Seguiremos urgiendo a todas las autoridades y al personal militar que están empeñados en estas operaciones que presten el máximo cuidado a la protección de la población civil” (Reuters, 14-3-12).
Se percibe “la índole excepcional” de la fuerzas armadas de EE.UU. y cómo cuidan a los civiles del país invadido. Porque las masacres cometidas son la lógica consecuencia del entrenamiento que reciben y del desprecio por el diferente, por el Otro, así como de algunas cosas más que pervierten la cultura social de la primera potencia del mundo.
Fuente: Página 12.com.ar
Tomado: CubaDebate.cu
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El Pentágono sitúa en Galicia su base europea de aviones no tripulados
Las coordenadas del municipio ourensano de Trasmiras están marcadas sobre la mesa del Pentágono para situar sobre ellas su base europea de aviones no tripulados. Así lo aseguran fuentes del Ejército del Aire conocedoras de un proyecto que se remonta a casi cuatro años atrás, y que habría recibido un nuevo impulso en el transcurso de la cumbre de ministros de Defensa de la OTAN celebrada hace 15 días en Bruselas.
Estas mismas fuentes se remiten a una conversación mantenida al margen de la agenda de la cumbre por el secretario de Defensa de EEUU., Leon Panetta, y el ministro español, Pedro Morenés, de la que habrían trascendido las preferencias del Pentágono por reemplazar su actual centro de pruebas, situado en Sigonella (Italia) y en dónde ya se han registrado varios accidentes por problemas de saturación del espacio, por Trasmiras, un emplazamiento que ya ha sido visitado en más de una ocasión por técnicos de Northrop Grumman Corporation, el fabricante del modelo de avión espía Global Hawk, considerado una de las arma estratégicas de la Defensa estadounidense.
¿Qué posibilidades reales tiene Galicia de convertirse en el epicentro europeo de la aeronáutica no tripulada? Según fuentes conocedoras del proyecto, el éxito de la operación depende de tres pilares básicos. El primero, que EEUU. tome la decisión de cerrar Sigonella, algo que no parece difícil dados los problemas de operatividad registrados en la base italiana durante la misión de Libia, el pasado año, y la paralización, desde entonces, de una inversión de 30 millones de euros para la ampliación de hangares.
El segundo pilar está en manos del Ministerio de Defensa español y no es ni más ni menos que la habilitación de una partida superior a los 6.000 millones de euros (sería solo para empezar) en la próxima ley de presupuestos.
Hay un tercer requisito, también dependiente del Gobierno, y es que la base de Trasmiras, para ser utilizada por EEUU., tendría que estar antes bajo el mando operativo del Ejército del Aire español, un problema que se solventaría con la adjudicación al emplazamiento ourensano del Centro de Excelencia de Aviones no Tripulados, al que desde un principio ha optado Galicia. Aunque entregado a Andalucía por la exministra de Defensa, Carmen Chacón, en el último Consejo de Ministros del Gobierno socialista, la decisión no ha llegado a ser publicada y, por lo tanto, no se considera una adjudicación oficial. Y, además, nunca ha contado con la aprobación del consorcio aeronáutico europeo EADS.
Una vieja aspiración
¿Cómo ha llegado el Pentágono a Trasmiras? Fuentes del Ejército del Aire explican que, antes que a esta comunidad, en los cuatro años transcurridos desde que EE.?UU. emprendió la búsqueda de un emplazamiento estratégico para el programa Bams (adjudicado a Northrop por la Marina estadounidense), sobre la mesa han estado otras localizaciones en Francia y Alemania, además de alguna otra ciudad española.
En aquel momento, Galicia ya figuraba sobre el mapa de la estrategia norteamericana, vinculada al Centro de Excelencia de aviones no tripulados de EADS en un proyecto firmado por la consultora aeronáutica Aertec que llegó a manos de la Xunta en el 2009. Según el documento, al que tuvo acceso La Voz, la instalación del complejo aeronáutico generaría 7.000 puestos de trabajo directos y 20.000 indirectos. En el horizonte de cinco años, la cifra se duplicaría.
Sobre los detalles de la base diseñada entonces, destaca el aeródromo, con 5 kilómetros de pista. El proyecto incluía un área dedicada a polígonos industriales, en el que se emplazarán empresas y proveedores, hangares, bases militares, una urbanización residencial ecológica y de diseño futurista, centros tecnológicos y un campus universitario
M. Sío Dopeso / La voz de Galicia
Tomado: CubaDebate.cu
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20 mar 2012
La masacre en Afganistán no fue locura
Empieza a cansarme este cuento del soldado demente”. Era predecible, por supuesto. No bien el sargento de 38 años que masacró el domingo pasado a 16 civiles afganos, entre ellos nueve niños, cerca de Kandahar, regresó a su base, ya los expertos en defensa y los chicos y chicas de los “centros de pensamiento” anunciaban que había “enloquecido”. No era un perverso terrorista sin entrañas –como sería, desde luego, si hubiera sido afgano, en especial talibán–, sino sólo un tipo que se volvió loco.
Esa misma tontería se usó para describir a los soldados estadunidenses homicidas que perpetraron una orgía de sangre en la ciudad iraquí de Haditha. Con la misma palabra se describió al soldado israelí Baruch Goldstein, quien masacró a 25 palestinos en Hebrón, algo que hice notar en este mismo periódico apenas unas horas antes de que el sargento “enloqueciera” de pronto en la provincia de Kandahar.
“Al parecer enloqueció”, anunciaron periodistas. Un hombre “que probablemente había sufrido algún colapso (The Guardian)”, un “soldado rufián” (Financial Times) cuyo “disturbio” (The New York Times) fue “sin duda (sic) perpetrado en un rapto de locura” (Le Figaro).
¿De veras? ¿Se supone que creamos eso? Claro, si hubiera estado loco por completo, nuestro sargento habría matado a 16 de sus compañeros estadunidenses. Habría asesinado a sus camaradas y después prendido fuego a los cuerpos. Pero no, no mató a estadunidenses; escogió matar a afganos. Hubo una elección. ¿Por qué, entonces, mató a afganos?
Existe una pista interesante en todo esto, la cual no hubiera aparecido en los informes de los medios. De hecho, la narración de los hechos ha sido curiosamente lobotomizada –censurada, incluso– por quienes han tratado de explicar la atroz masacre en Kandahar. Recordaron la quema de ejemplares del Corán –cuando soldados estadunidenses en Bagram los arrojaron a una hoguera– y las muertes de seis soldados de la OTAN, dos de ellos estadunidenses, que vinieron después. Pero vuélenme en pedazos si no olvidaron –y esto se aplica a todas las notas informativas sobre la reciente matanza– una declaración notable y sumamente significativa del comandante en jefe del ejército estadunidense en Afganistán, el general John Allen, hace exactamente 22 días. De hecho, fue una declaración tan inusitada que recorté las palabras en mi periódico matutino y puse el recorte en mi maletín para referencia futura.
Allen dijo a sus hombres: “Ésta no es la hora de la venganza por las muertes de los soldados estadunidenses muertos en los disturbios del jueves”. Les advirtió que debían “resistir cualquier urgencia que sientan de devolver el golpe”, luego de que un soldado afgano dio muerte a los dos estadunidenses. “Habrá momentos como éste en que estarán ustedes buscando el significado de estas muertes –continuó–. Momentos como éste, en que sus emociones serán gobernadas por la rabia y el deseo de desquite. Ésta no es la hora de la venganza; es la hora de mirar al fondo de su alma, de recordar su misión, recordar su disciplina, recordar quiénes son ustedes.”
Fue un llamado extraordinario, viniendo del comandante en jefe de Estados Unidos en Afganistán. El general se vio precisado a decir a su ejército, supuestamente bien disciplinado, profesional, de élite, que no “cobrara venganza” en los afganos a los que supuestamente está ayudando/protegiendo/educando/adiestrando, etc. Tuvo que decir a sus soldados que no cometieran asesinatos.
Sé que los generales decían esas cosas en Vietnam. Pero, ¿en Afganistán? ¿Han llegado las cosas a ese extremo? Me temo que sí. Porque, por mucho que me disgustan los generales, he tratado con muchos de ellos en persona y, en general, tienen una idea bastante acertada de lo que ocurre en sus filas. Y sospecho que el general John Allen ya había sido advertido por sus oficiales de que sus soldados estaban furiosos por las muertes que vinieron después de la quema de los ejemplares del Corán y tal vez habían decidido emprender una escalada de venganza. Por eso trató de un modo tan desesperado –en una declaración tan impactante como reveladora– de prevenir una masacre exactamente como la que ocurrió el domingo pasado.
Sin embargo, ese mensaje fue borrado por completo de la memoria de los “expertos” cuando analizaron esa matanza. No se permitió en sus relatos ninguna alusión a las palabras del general Allen, ninguna referencia, porque, desde luego, eso habría sacado a nuestro sargento del grupo de los “enloquecidos” y le habría dado un posible motivo para la masacre. Como de costumbre, los periodistas tuvieron que meterse a la cama con los militares para procrear un demente y no un asesino. Pobre tipo: andaba mal de la cabeza. No sabía lo que hacía. No es extraño que lo hayan sacado de Afganistán tan rápido.
Todos hemos tenido nuestras masacres. Ahí está My Lai, y nuestro propio My Lai británico, en una aldea malaya llamada Batang Kali, donde los guardias escoceses –envueltos en un conflicto contra despiadados insurgentes comunistas– asesinaron a 24 indefensos trabajadores del hule, en 1948. Claro, se puede aducir que los franceses en Argelia fueron peores que los estadunidenses en Afganistán –se dice que una unidad francesa de artillería “desapareció” a 2 mil argelinos en seis meses–, pero eso es tanto como decir que somos mejores que Saddam Hussein. Cierto, pero vaya parámetro de moralidad.
De eso se trata todo esto. Disciplina. Moralidad. Valor. El valor de no matar en venganza. Pero cuando uno va perdiendo una guerra que finge estar ganando –me refiero a Afganistán, por supuesto–, supongo que eso es esperar demasiado. Parece que el general Allen perdió su tiempo.
Robert Fisk / © The Independent
Traducción: Jorge Anaya
Tomado: La Jornada.unam.mx
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8 mar 2012
Un presidente arrinconado
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| Imagen: AFP |
“Un ataque a Irán no sólo podría afectar a Israel, sino a toda la región durante cien años”, opinó quien fuera director del Mossad hasta el 2002, Efraín Halevy. Meir Dagan, su sucesor al frente de estos servicios israelíes de Inteligencia y operaciones especiales hasta el 2009, también dijo lo suyo: “Un asalto militar dará a los iraníes la mejor excusa para continuar en la carrera nuclear”. Y calificó la posibilidad de un bombardeo aéreo a las instalaciones nucleares iraníes de “la cosa más estúpida que escuché en mi vida” (www.alternet.org, 6-3-12). Tal vez porque tanto los servicios de espionaje de EE.UU. como los de Israel saben que Irán está lejos de lograr una bomba nuclear.
El hecho insólito es que, quizá por primera vez, no es Washington el que decidirá la participación estadounidense en lo que seguiría al ataque a Irán que Israel viene anunciando, se vería arrastrado a hacerlo. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se jactó de haber logrado que la cuestión de Irán pasara al primer plano de las relaciones EE.UU./Israel. Tiene razón: la larga conversación que sostuvo con Obama el lunes pasado en la Casa Blanca no rozó siquiera el tema de las negociaciones de paz con los palestinos que tuvo hasta ahora precedencia en las reuniones de los dos mandatarios.
Obama insistió en el encuentro del lunes en que Netanyahu aguardara los efectos de las sanciones económicas impuestas a Irán y el resultado de posibles negociaciones con Teherán antes de emprender una acción militar. Pero en el encendido discurso que pronunció ante el Aipac luego de la reunión con Obama, el premier israelí subrayó: “Hemos esperado que la diplomacia funcionara, hemos esperado que las sanciones funcionaran; ninguno de nosotros puede esperar mucho tiempo más” (www.haaretz.com, 6-3-12). Hasta pareció burlarse del gobierno de Obama cuando manifestó su sorpresa porque algunas personas aún no creían que Irán estaba tratando de construir una bomba nuclear.
El general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas de EE.UU., provocó un duro rechazo del gobierno israelí cuando señaló que un ataque prematuro a Irán sería “desestabilizador e imprudente... no diría que lo hemos persuadido de que nuestro punto de vista es el correcto” (//articles.cnn.com;19-2-12). Netanyahu, su ministro de Defensa, Ehud Barak, y otros altos funcionarios se enojaron: esas declaraciones –dijeron– “sólo sirven a los iraníes” (www.haaretz.com, 21-2-12). Más enojados deben estar ahora: el mismo día de la reunión Obama/Netanyahu, The Washington Post publicó una solicitada a página entera firmada por cuatro generales (R), un coronel (R) y dos ex altos funcionarios de los servicios de Inteligencia. Se titula “Sr. Presidente, diga no a la guerra con Irán” (www.niacouncil.org, 5-3-12).
La solicitada, que propulsó el Consejo Nacional Estadounidense-Iraní, afirma que no todo desafío tiene una solución militar y que es prioridad de Obama “impedir que Irán tenga armas nucleares”, pero que “afortunadamente, la vía diplomática no está agotada y las soluciones pacíficas aún son posibles. A estas alturas, la acción militar no sólo es innecesaria, es peligrosa para EE.UU e Israel. Lo exhortamos a resistir las presiones a favor de una guerra con Irán”.
Las presiones son duras. Los precandidatos presidenciales republicanos no le ahorran palos en las ruedas al candidato demócrata. Según Mitt Romney, si Obama es reelecto, Irán tendrá su arma nuclear; para Newt Gingrich, no hay evidencias de que el mandatario esté preparado para frenar a Irán; Rick Santorum sugirió que la Casa Blanca está ayudando a Teherán a tener el arma. Se especula que Israel atacaría en julio/agosto, cuando la campaña electoral entre en su etapa más caliente, una forma de obligar a Obama a apoyar una intervención militar si no quiere perder la elección. Por lo demás, un ataque israelí sería respondido por Irán, lo cual torna muy probable la participación estadounidense.
Lo más grave es que grupos interesados como el Aipac, sectores neoconservadores y los medios más importantes están creando en EE.UU. un clima semejante al que imperó antes de la guerra de Irak. Pareciera que Obama ha impulsado un contragolpe a estas presiones: Catherine Ashton, encargada de las relaciones exteriores de la Unión Europa, anunció que Gran Bretaña, China, Francia, Alemania, Rusia y EE.UU. han acordado sentarse a una mesa con Irán a fin de iniciar conversaciones en torno de su programa nuclear (www.haaretz.com, 6-3-12).
Datos recientes muestran que esa posible guerra es impopular tanto en EE.UU. como en Israel. Una encuesta que el catedrático Shibley Telhami de la Universidad de Maryland realizó los días 22-26 de febrero reveló que sólo el 19 por ciento de los israelíes consultados se pronuncian por atacar a Irán aunque EE.UU. se oponga, el 40 por ciento estaría de acuerdo si EE.UU. participa y el 34 por ciento se opone a cualquier ataque, con o sin EE.UU. (www.politico.com, 28-2-12). Un encuesta de CNN/ORC, que se llevó a cabo del 10 al 13 de febrero, encontró que el 17 por ciento de los estadounidense está a favor de que EE.UU. ataque ya, un 60 por ciento se inclina por las sanciones sin una intervención militar por el momento y el 22 por ciento se manifestó en contra de que EE.UU. intervenga. Claro que gobernar, lo que se dice gobernar, no siempre entraña el respeto a la voluntad de las mayorías. Una vieja costumbre.
Juan Gelman
Tomado: Página 12.com.ar
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Socios peligrosos
28 feb 2012
El año de todos los peligros
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| Comandante de la Armada iraní, almirante Habibollah Sayari (Hamed Jafarnejad/AFP/Dachary) |
Será 2012 el año del fin del mundo? Es lo que vaticina una leyenda maya que incluso le pone fecha exacta al Apocalipsis: el 12 de diciembre próximo (12-12-12). En todo caso, en un contexto europeo de recesión económica y de grave crisis financiera y social, los riesgos no escasearán este año, que verá además elecciones decisivas en Estados Unidos, Rusia, Francia, México y Venezuela.
Pero el principal peligro geopolítico seguirá situándose en el Golfo Pérsico.¿Lanzarán Israel y Estados Unidos el anunciado ataque militar contra las instalaciones nucleares iraníes? El gobierno de Teherán reivindica su derecho a disponer de energía nuclear civil. Y el presidente Mahmud Ahmadinejad ha repetido que el objetivo de su programa no es en absoluto militar; que su finalidad es simplemente producir energía eléctrica de origen nuclear. También recuerda que Irán firmó y ratificó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), mientras que Israel nunca lo hizo.
Por su parte, las autoridades israelíes piensan que no se debe esperar más. Según ellas, se acerca peligrosamente el momento en que el régimen de los ayatolás dispondrá del arma atómica, y a partir de ese instante ya no se podrá hacer nada. El equilibrio de fuerzas en Medio Oriente se habrá roto, e Israel ya no gozará de una incontestable supremacía militar en la región. El gobierno de Benjamín Netanyahu estima que, en esas circunstancias, la existencia misma del Estado judío estaría amenazada.
Según los estrategas israelíes, el momento actual es tanto más propicio para golpear cuanto que Irán se encuentra debilitado. Tanto en el ámbito económico, a causa de las sanciones impuestas desde 2007 por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas –basadas en informes alarmantes de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AEIA)–, como en el contexto geopolítico regional, porque su principal aliado, Siria, a causa de la violenta insurrección interna, se halla imposibilitado de prestarle una eventual ayuda. Y esta incapacidad de Damasco repercute en otro socio local iraní, el Hezbollah libanés, cuyas líneas de aprovisionamiento militar desde Teherán han dejado de ser fiables.
Por estas razones, Israel desea que el ataque se lleve a cabo cuanto antes. En aras de preparar el bombardeo, ya hay infiltrados en Irán, efectivos de las fuerzas especiales. Y es muy probable que agentes israelíes hayan concebido los atentados que, estos dos últimos años, causaron la muerte de cinco importantes científicos nucleares iraníes.
Consecuencias militares y económicas
Aunque Washington también acusa a Teherán de estar llevando a cabo un programa nuclear clandestino para dotarse del arma atómica, su análisis a propósito de la oportunidad del ataque es diferente. Estados Unidos está saliendo de dos decenios de guerras en esa región, y el balance no es halagador. Irak ha sido un desastre y ha quedado finalmente en manos de la mayoría chiita, la cual simpatiza con Teherán... En cuanto al lodazal afgano, las fuerzas estadounidenses se han mostrado incapaces de vencer a los talibanes, con los cuales la diplomacia estadounidense ha tenido que resignarse a negociar antes de abandonar pronto el país a su destino.
Estos costosos conflictos han debilitado a Estados Unidos y revelado a los ojos del mundo los límites de su potencia y su incipiente declive histórico. No es hora de nuevas aventuras. Menos en un año electoral en el que el presidente saliente, Barack Obama, no tiene la certeza de ser reelegido. Y cuando todos los recursos están siendo movilizados para combatir la crisis y reducir el desempleo.
Por otra parte, Washington está tratando de cambiar su imagen en el mundo árabe-musulmán, sobre todo después de las insurrecciones de la “primavera árabe” del año pasado. De cómplice de dictadores –en particular del tunecino Zine el Abidine Ben Ali y del egipcio Hosni Mubarak–, desea ahora aparecer como mecenas de las nuevas democracias árabes. Una agresión militar contra Irán, en colaboración además con Israel, arruinaría esos esfuerzos y despertaría el antinorteamericanismo latente en muchos países. Sobre todo en aquellos cuyos nuevos gobiernos, precisamente surgidos de las revueltas populares, están dirigidos por islamistas moderados.
Una importante consideración complementaria: el ataque contra Irán tendría consecuencias no sólo militares (no se puede descartar que algunos misiles balísticos iraníes alcancen el territorio israelí o consigan golpear las bases estadounidenses de Kuwait, Bahrein u Omán) sino, sobre todo, económicas. La réplica mínima de Irán a un bombardeo de sus sitios nucleares consistiría, como sus responsables militares no cesan de prevenir, en el bloqueo del estrecho de Ormuz. Cerrojo del Golfo Pérsico, por él pasa un tercio del petróleo del mundo y unos 17 millones de barriles de crudo cada día. Sin ese aprovisionamiento, los precios de los hidrocarburos alcanzarían niveles insoportables, lo cual impediría la reactivación de la economía mundial y la salida de la recesión.
El Estado Mayor iraní afirma que “nada es más fácil de cerrar que ese estrecho”, y multiplica las maniobras navales en la zona para demostrar que está en condiciones de llevar a cabo sus amenazas. Washington ha respondido que el bloqueo de la vía estratégica de Ormuz sería considerado como una “causa de guerra”, y ha reforzado su V Flota, que navega por el Golfo.
Es muy improbable que Irán tome la iniciativa de ocluir el paso de Ormuz (aunque siempre podría intentarlo en represalias a una agresión). En primer lugar porque se daría un tiro en un pie, ya que exporta su propio petróleo por esa vía, y los recursos de esas exportaciones le son vitales. En segundo lugar, porque dañaría a algunos de sus principales socios, quienes lo apoyan en su conflicto con Estados Unidos. Fundamentalmente China, cuyas importaciones de petróleo, que alcanzan un 15%, proceden de Irán; su eventual interrupción paralizaría parte de su aparato productivo.
Las tensiones están pues al rojo vivo. Las cancillerías del mundo observan minuto a minuto una peligrosa escalada que puede desembocar en un gran conflicto regional. Se verían implicados en él no sólo Israel, Estados Unidos e Irán, sino también tres otras potencias de Medio Oriente: Turquía, cuyas ambiciones en la región vuelven a ser considerables; Arabia Saudita, que sueña desde hace decenios con ver destruido a su gran rival islámico chiita; e Irak, que podría romperse en dos partes, una chiita proiraní, y otra sunnita prooccidental.
Asimismo, un bombardeo de los sitios nucleares iraníes causaría una nube radiactiva nefasta para la salud de todas las poblaciones de la zona (incluidos los miles de militares estadounidenses y los habitantes de Israel). Todo ello conduce a pensar que si los belicistas están alzando con fuerza la voz, el tiempo de la diplomacia aún no ha terminado.
Ignacio Ramonet / Director de Le Monde diplomatique, edición española.
Tomado: Le Monde Diplomatique.org
19 feb 2012
Las nueve vidas de la guerra de Afganistán
Ocho adolescentes que pastoreaban sus ovejas en los campos nevados de Afganistán fueron exterminados la semana pasada en un ataque aéreo de la OTAN en el distrito de Najrab, provincia de Kapisa, al este del país. La mayoría de los niños tenían entre 6 y 14 años de edad y habían buscado refugio cerca de una gran roca, donde hicieron una fogata para resguardarse del frío. En un principio, los oficiales de la OTAN afirmaron que se trataba de hombres armados. El gobierno afgano condenó el ataque y publicó fotos de algunas de las víctimas. El miércoles la OTAN expresó en un comunicado de prensa "sus sentidas condolencias a los familiares y allegados de varios adolescentes afganos que murieron durante el ataque aéreo el 8 de febrero en la provincia de Kapisa".
Los ocho niños asesinados no diferían mucho en edad del soldado Osbrany Montes de Oca que tenía 20 años, era de North Arlington, Nueva Jersey y murió en combate dos días después, el 10 de febrero en la provincia de Helmand en Afganistán. Estas nueve jóvenes vidas perdidas constituyen el incidente más reciente de la guerra más larga en la historia de Estados Unidos, una guerra que, según un valiente oficial del Ejército estadounidense que ha denunciado a dicha institución, se está perpetuando mediante “un patrón de engaño abierto y sustancial” por parte de “varios líderes militares estadounidenses de alto rango en Afganistán”.
Esas son las palabras escritas por el teniente coronel Danny Davis en su informe de 84 páginas denominado “Abandono de funciones II: La pérdida de integridad de los líderes militares de alto rango daña el esfuerzo de la guerra en Afganistán”. La revista Rolling Stone obtuvo un borrador de dicho informe de fecha 27 de enero de 2012, pero la oficina de Asuntos Públicos del Ejército de Estados Unidos no aprobó su publicación, a pesar de que Davis señala que los contenidos no son secretos. El teniente coronel presentó una versión confidencial a los miembros del Congreso. Davis es un veterano de guerra que cumple funciones en el Ejército desde hace 17 años. Tiene en su haber cuatro expediciones de combate, estuvo desplegado un año en Afganistán con la Fuerza de Equipamiento Rápido del Ejército (REF, por sus siglas en inglés) y recorrió más de 14.000 km a través de los sectores más operativos de la ocupación estadounidense, donde conoció directamente las necesidades más urgentes de los soldados.
En un artículo que escribió para la revista Armed Forces Journal (AFJ, por sus siglas en inglés) titulado “La verdad, las mentiras y Afganistán”, Davis escribió acerca de su experiencia: “Lo que vi no se parecía en nada a las floridas declaraciones oficiales de los líderes de las fuerzas estadounidenses sobre las condiciones en el campo de batalla”. Decir lo que se piensa es una conducta fuertemente desaconsejada en las fuerzas armadas de Estados Unidos, en particular si la opinión es en contra de un superior. Su informe fue publicado por el periódico New York Times y la revista Rolling Stone, cuyo periodista Michael Hastings me dijo: “La realidad es que estamos ante un veterano de guerra que estuvo 17 años en el Ejército, que fue desplegado cuatro veces (dos en Afganistán y dos en Irak) y decidió arriesgar su carrera (porque le quedan dos años y medio para jubilarse) porque siente que tiene la obligación moral de hacerlo”.
El Teniente Coronel Davis entrevistó a más de 250 personas (personal militar estadounidense y ciudadanos afganos) en su último año en la zona de guerra. Comparó sus testimonios con las proyecciones optimistas de oficiales como David Petraeus, ex director del Comando Central (CENTCOM, por sus siglas en inglés) y de las fuerzas estadounidenses en Afganistán y actual director de la CIA, que le dijo al Congreso el 15 de marzo de 2011 que “el impulso del Talibán en Afganistán ha disminuido desde 2005 en gran parte del país y se revirtió en muchas áreas importantes”.
En su artículo para la revista AFJ, Davis señala “En cambio, fui testigo de la ausencia de éxito en prácticamente todos los niveles. Los insurgentes controlaban prácticamente todas las zonas de Afganistán fuera del campo visual de las bases estadounidenses o de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad”.
Sus observaciones coinciden con la muerte de Osbrany Montes de Oca. Su novia, María Samaniego, le dijo al periódico New York Daily News que [Montes de Oca] “Estaba saliendo de la base cuando le dispararon de inmediato”.
Son casi dos mil los oficiales de las fuerzas estadounidenses muertos en Afganistán, casi la misma cantidad de civiles asesinados cada año en ese país. Nic Lee, director de la ONG independiente de Afganistán Safety Office, escribió en su informe anual de 2011: “Fue un año destacable por tratarse del año en que las fuerzas estadounidenses y de la OTAN finalmente reconocieron que es imposible ganar la guerra contra el Talibán”.
El Secretario de Defensa Leon Panetta sostuvo recientemente: “Esperamos que para el segundo semestre de 2013 podamos hacer la transición y pasar de la función de combate a la de entrenamiento, asesoramiento y asistencia”. Petraeus contradijo esta afirmación al declarar que Estados Unidos continúa comprometido a poner fin a la misión de combate para finales de 2014. Mientras tanto, salen a la luz imágenes de infantes de marina estadounidenses orinando sobre cadáveres afganos, o posando junto a la bandera nazi de la SS, y las muertes continúan. El teniente coronel Davis escribe: “Cuando tienen que decidir si continuar o no la guerra, si cambiar de objetivos o terminar una campaña que no se puede ganar a un precio razonable, nuestros oficiales de alto rango tienen la obligación de decir la pura verdad al Congreso y al pueblo estadounidense”.
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2012 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Tomado: Democracy Now.org
17 feb 2012
Letra abierta para el deshonorable Ban Ki-Moon
Señor secretario general,
Escuchando su discurso, en Beirut, sobre la absoluta necesidad de proceder a reformas, " porque la llama de la libertad encendida en Túnez no se apagará más ", tuve en seguida un pensamiento para una personalidad sueca célebre por su integridad, su transparencia, y su credibilidad en materia de reformas. Quiero hablar de la Señora Inga-Britt Ahlenius, que fue secretario general adjunto de la ONU, responsable del « United Nations Office of Internal Oversight Services (OIOS) », oficina para vigilar el buen funcionamiento de los servicios de este " grueso chisme " particularmente en el sector de las finanzas, y que sirvió bajo vuestra autoridad.
Usted no esta sin saber, Sr. secretario general, que la Señora Ahlenius, cuyo itinerario profesional siempre fue irreprochable, en Suecia como en el aparato administrativo de la ONU, redactó un informe de una cincuentena de páginas sobre el estado de la organización en el sector de las finanzas, y sobre el uso de los fondos públicos en los presupuestos de los diferentes servicios.
Este informe lo señala a usted con el dedo, como principal responsable de las exacciones financieras cometidas sobre todo en vuestro servicio, le tiene por responsable de la falta de transparencia, y va hasta decir : " señor, vuestra acción es sin precedentes (…) Merece más que una condena "
Habilitada, de por su función a dirigir la guerra contra la corrupción en el seno de la ONU, y vigilar el buen funcionamiento de los servicios, la Señora Ahlenius escribe tener la certeza de vuestra implicación en el desorden financiero y la falta de transparencia que sumergió vuestra administración : " Vuestra acción -ella dice- faltó de transparencia y no respeto las reglas de la auditoría ", antes de concluir : " Lo siento tener que decir que el secretaría general entra en una fase de decadencia, se hunde completamente y me parece que no podra ser socorrido mas".
Frente a este informe usted observó un mutismo total, pero sin embargo aunque ignorandolo completamente, ordenó que desapareciera de la pagina Web de las Naciones Unidas en las 48 horas despues su puesta en línea [ Réseau Voltaire consiguió este documento para usted. Es descargable bajo esta página].
Si se tuvo eco de este informe, lo debemos a un puñado de periodistas que lo leyeron, aunque no lo acompañaron de la campaña mediática que merecía, ni mismo lo interrogaron a usted sobre el sujeto, de miedo posiblemente, de poner en marcha un proceso que podría abrir el expediente de la corrupción generalizada que se ha desarollado en el seno de su administración en detrimiento de los intereses de los pueblos del mundo.
Acuérdese, Señor secretario general, que la Señora Ahlenius, justo después volver en su país natal, y en respuesta a la publicación de este informe en agosto de 2010 que coronó su mandato de 5 años, le dedicó un libro escrito en común con el periodista sueco Nialas Ekdal.
En esta obra titulada Sr. Hasard, el deterioro de la ONU bajo la dirección de Ban Ki-moon [1], los autores detallaron la multitud de las exacciones, que privan la ONU del mínimo vital de credibilidad.
Lo cualifican a usted de incompetente y de corrupto, echando así el descrédito sobre toda vuestra actividad profesional.
Señor secretario general,
Naturalmente este libro, asi como el informe, tuvo su parte de ataques disimulados, que contribuyeron a asfixiárlo completamente sobre el plan mediatico. Usted no esta sin conozer las fuerzas ocultas que combaten la verdad defendida por la Señora Ahlenius ? Son las que lo protegen a usted, Señor secretario general.
Cómo un ladrón como usted se atreve a hablar de reformas ?
Es posible que usted no tenga la costumbre de ser el objeto de críticas tan directas, tan vivas, tan verdaderas, pero tendra que acostumbrarse. De un punto de vista moral, usted no tiene ninguna legitimidad para dar, de ninguna manera, lecciones de reformas a quienquiera. Esto sería divertido de aprovechar de vuestro discurso sobre de la necessidad de reformas para exigir la misma renovación, en primero, en la ONU. El primer paso en esta dirección podria ser vuestra convocatoria por una comisión de investigación, la cual podría traducirle delante un tribunal competente. El mundo necesita un nuevo Nuremberg para juzgar los crímenes de corrupción y el pillaje de los bienes de los pueblos. Que piensa usted de esto?
Los bienes públicos que según la Señora Ahlenius, usted hizo ilegalmente uso, pertenecen a los pueblos del mundo, cuyos gobiernos financian vuestra organización y pagan vuestro salario, a usted así como a todo el personal de la ONU.
Por otro lado es interesante de ver, que los gobiernos que pretenden constituir un bloque de resistencia contra el embargo de los Estados Unidos sobre la ONU, y que le acusan de actuar al sueldo de Washington, evitan pidir la formación de una comisión de investigación sobre las acusaciones llevadas contra vuestra persona por la Señora Ahlenius ! Y ahora, (es el colmo !), los papeles se encuentran invertidos cuando usted se permite prodigar lecciones sobre las reformas !
Señor secretario general,
Algunas horas antes de vuestra llegada en Beirut usted nos prometio nombrar a un nuevo Procurador general en el Tribunal Especial para Líbano (TSL) en la plaza del juez dimitido Daniel Bellemarre.
Díganos entonces, cuál sería la naturaleza de jueces nombrados por una persona tan controvertida como usted ? Que podemos esperar de una justicia administrada por jueces nombrados por una persona que fue cogida con las manos en la masa por su propio secretario general adjunto?
Es que es esto " el más alto grado de profesionalismo y de transparencia " que nos prometio fuego el presidente Antonio Cassese ?
Señor secretario general,
En nombre de cual sabiduría se ha callado usted, frente a las acusaciones formuladas por la Señora Ahlenius ? Fue porque usted cualifica de " crimen de honor " o " crimen político " el hecho de dilapidar el dinero que no nos pertenece ?
O por temor a exponer este expediente delante el mundo entero ?
Para una primavera de la ONU
Imaginemos a la inversa que algunos países se metan a exigir la formación de una comisión de investigación y que las pruebas de vuestra implicación sean confirmadas así como las de los otros dirigentes de las Naciones Unidas.
Entonces nos encontraríamos en el umbral de un período que justificaría la denominación " Primavera de las Naciones Unidas " ?
Terje Rød-Larsen ha sido forzado de dimitir de sus funciones ministeriales en Noruega porque había falsificado sus declaraciones demodo a no pagar impuestos desde hace 10 años. A la vista de sus calidades de falsificador, fue nombrado a las Naciones Unidas.
Terje Rød-Larsen el falsario
Señor,
Parece que vuestra fidelidad hacia vuestros protectores se manifestó por la presencia a vuestros lados en Beirut, del coordinador en Líbano, Señor Terje Rød-Larsen, el cual se niega a reconocer que Israel, que considera como su segunda patria, a acumulado con arrogancia delante el mundo entero, más de 10 000 violaciones flagrantes de las resoluciones sin embargo pertinentes, de vuestra ONU.
El señor Rød-Larsen se contenta con hablar " de incursiones " y no " de actos de guerra de agresión ". La diferencia entre los dos es enorme, fuendo que según la sentencia del Juicio de Nuremberg, la guerra de agresión representa " el crimen internacional supremo " y expone sus autores a persecuciónes para crimen de guerra ante el tribunal internacional.
Podria posiblemente usted ignorar, como el gobierno libanés y la delegación permanente de Líbano en la ONU, la diferencia entre "incursión" y " actos de guerra de agresión " ?
Su coordinador en Líbano, Señor Rød-Larsen ciertamente no lo ignora pero seguramente oculta esta realidad para evitar toda referencia al crimen internacional supremo, lo que tendría como consecuencia la prosecucíon de los dirigentes israelíes para crimenes de guerra agravados de reincidencia, por la razon que estos actos de " guerra de agresión " batieron todos los récords en los anales de las guerras y de los conflictos.
Me contentaré con esto, Señor secretario general, excusándome por no acabar mi letra con la presentación de mis respetos y de mi consideración, en la espera de los resultados de una investigación verdadera sobre el informe y la obra de la Señora Inga-Britt Ahlenius, a quien pido aceptar mi consideración muy alta y mi respeto profundo.
Hassan Hamade: Pensador y polemista libanés. Miembro del Consejo nacional de los medios audiovisuales de Líbano. Desde hace siete años, comienta cada semana la actualidad política sobre la cadena de televisión satelitaria NourSat con el filósofo P. Georges Rahme. Su emisión, Tribuna libre, reúne por término medio a 40 millones de telespectadores.
Fuente As-Safir (Líbano)
Tomado: Red Voltairenet.org
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10 feb 2012
De Libia a Siria: ¿cambio de paradigma o paradigma de cambio?
Con la caída del campo socialista en el este de Europa y la desintegración de la URSS, se inauguró una etapa en las relaciones internacionales que posibilitó el inicio del cambio de paradigma político, militar y geo estratégico de los vencederos. Estados Unidos recurrió a invasiones militares contra las “amenazas”: Panamá, el Golfo, Kosovo, Afganistán, Iraq y Libia.
Para agredir a un país, únicamente ha hecho falta imaginar que ese país es una amenaza para los intereses de las grandes transnacionales y los poderes del momento. Esto se ha revertido en: 1) el derecho a agredir a cualquier nación esgrimiendo el carácter preventivo, 2) la política de guerra sin cuartel; que desconoce la proporcionalidad y la limitación de las acciones y 3) la práctica de racionalidades absolutamente desequilibradas.
La guerra fue imponiendo nuevas tácticas, participantes e instrumentos. Muchas pueden ser las “nuevas” maneras y modos. Sin embargo, por los propósitos de este trabajo, merecen mencionarse: una mayor participación de los aliados, en este caso de la OTAN, y de los organismos e instituciones regionales, donde ha sobresalido la Liga Árabe, en el Medio Oriente. Los movimientos populares denominados Primavera Árabe han resultado un desafío para la política estadounidense, pero también han tratado de aprovechar las “oportunidades” para consolidar su paradigma.
En la práctica, los organismos internacionales se han manipulado y han “legitimado” las intervenciones. Desmontar el sistema establecido por el Derecho Internacional ha sido un objetivo -y práctica- en las guerras actuales. Las razones que se esgrimen y se demuestran pueden ir desde la lucha contra el terrorismo, hasta la lucha por los derechos humanos o la democracia, sin tener en cuenta las condiciones reales y los costos de las acciones.
La oligarquía dominante ha superado efectivamente la jurisdicción y la autoridad de la institucionalidad legalmente constituida. En la práctica, la OTAN y los Estados Unidos han ocupado las funciones que le correspondería al Derecho Internacional Público y sus instituciones.La utilización de los organismos de Naciones Unidas, incluyendo el Consejo de Seguridad, “legitiman” las intervenciones. En el caso de Libia, se aprobó una Resolución que fue citada continuamente, pero en la práctica se violó todo el tiempo. Por demás, la organización regional, léase la Liga Árabe, fue la solicitante más ferviente.
Libia: ¿cambio de paradigma?
Con la agresión a Libia parecía se afianzaba el éxito del nuevo paradigma: montaje de la situación, apoyo y petición de la Liga Árabe de intervención, aprobación de Resolución en el Consejo de Seguridad, la suplantación de las funciones de la ONU por la OTAN, apoyo a los rebeldes, que las propias potencias habían conformado, y a un gobierno de transición, establecimiento de un Gobierno Provisional y finalmente, el asesinato de Gadafi. El guión había sido impecable. Pero en el “juego”, las potencias habían hecho trampas.
La visión imperial y la práctica fueron completadas exitosamente: Operación internacional que reconoce su liderazgo, EEUU como pilar de la seguridad mundial y defensor de la libertad humana, por todos los medios, parece que el predilecto es la guerra.
La guerra en Libia confirmaba un formato que se venía implementando, con variaciones “perfeccionadas” desde los años 90s, lo más peligroso era que, aún no se había estabilizado el país y ya retumbaban los truenos dela ira imperial contra Siria, era el sabor del éxito, a lo que se unía el aumento del nivel del conflicto con Irán.
Siria y algo más
La primavera árabe se ha manifestado como un movimiento sin precedentes en la región, sobre todo por su cuantía, persistencia y composición. EEUU y sus aliados han utilizado un tratamiento diferenciado, que les ha permitido, utilizar la zanahoria y el garrote. En la práctica, desgraciadamente, ha predominado el último.
La guerra contra Libia marcó, como analizábamos anteriormente, una línea de continuidad en el accionar del imperio, que se ha ido perfeccionando.
En Siria se ha tratado de seguir la misma receta que en Libia: primero, desacreditar el régimen; segundo, movilizar y apoyar a sectores internos contra el gobierno (si no son suficientes, crearlos y-o introducir mercenarios); tercero, apoyar a la diáspora. Además,manipular los medios masivos de comunicación y convocar el apoyo internacional, (y a nivel regional, la Liga Árabe).
En Libia, después de todo este accionar, se logró la aprobación –cobertura- de las Naciones Unidas. Después, se desarrolló la operación militar.
La misma receta ha tratado de aplicarse a Siria. Sn embargo no han podido avanzar ni remotamente al mismo ritmo que en Libia, a pesar de contar con el apoyo reiterado de la Liga Árabe y de la entrada de mercenarios a través de las fronteras del país, obviando el apoyo de la población al gobierno y las reformas que este ha comenzado a implementar.
¿Qué no han conseguido? La aprobación –cobertura- de las Naciones Unidas, para después, desarrollar la operación militar.
Paradigma de cambio
Cuáles han sido los aspectos que no le han permitido a EEUU la aplicación de un paradigma intervencionista que parecía consolidado, tras la guerra contra Libia, o por lo menos lo ha retardado, pues no ha renunciado a él. Pueden ser muchos los factores, pero destaca la postura de Rusia, a la que se unió China. En varias declaraciones, tanto del Ministro de Relaciones Exteriores, como del Presidente y el nuevo candidato a la Presidencia de Rusia han declarado que no están de acuerdo en permitir que se aplique la fórmula Libia a Siria.
Con independencia de los intereses geopolíticos y de seguridad nacional que tengan Rusia (y también) China, las implicaciones de su postura, que culminó con el veto de ambos, respectivamente, en dos ocasiones, a la propuestas de Resolución presentada por EEUU ante el Consejo de Seguridad contra Siria, todo parece indicar que naceunparadigma de cambio.A ello hay que sumar, las diferencias de matices de las posicionesde Rusia y China en cuanto al conflicto EEUU-Irán.Si Siria cayera, Irán “estaría solo”. No se pueden desvincular ambos casos, aunque presenten connotaciones diferentes.
En septiembre de 2010, en un artículo publicado en esta misma página, señalé que Estados Unidos siempre tendrá un pretexto o excusa para enfrentarse a Irán, no precisamente porque considere que el país persa pueda construir el arma nuclear, sino por tres simples razones, pero también tres razones muy significativas para los intereses de EEUU: Irán ocupa un espacio de vital importancia en las relaciones de poder a nivel regional y mundial, que pasa por los factores geopolítico y energético, donde aparecen evidentes contrapartes que pudieran constituirse en dos eventuales bloques: EEUU y la Unión Europea frente a Rusia y China; el que controle al país persa domina la región de mayor tráfico petrolero en el Mundo (Mar Negro, Mar Caspio y Golfo Pérsico), además, ese país es esencial para los poderes del momento, pues proyecta una política contestataria (antiimperialista).
Las razones estadounidenses se mantienen invariables con respecto a Irán, mientras ha aprovechado el contexto de la Primavera Árabe para, eventualmente, imponer un gobierno títere en Siria.
¿Cambio de paradigma o paradigma de cambio?
Mientras en Siria, por una parte, continúan las manifestaciones de apoyo al gobierno y, por otra, las acciones desestabilizadoras; Rusia apuesta por el diálogo, mientras la Liga Árabe y los países occidentales mantienen, o más bien, vociferan, su postura de intervención.
Paralelamente, EEUU y sus aliados continúan planteando que implementarán las sanciones contra Irán y aumentan su presencia militar en el Golfo Pérsico, por demás, el área está rodeada de bases militares estadounidenses, mientras Irán mantiene maniobras en el Golfo Pérsico.
La situación actual parece definitoria y su impacto en las relaciones internacionales trascendentales. EEUU no puede ceder, es el líder del mundo occidental, ceder implica retroceder; Rusia, tampoco puede ceder, pues implicaría una inmensa pérdida de credibilidad.
¿Logrará EEUU consolidar su paradigma, o es el inicio de un cambio?
María Elena Álvarez Acosta
Tomado: CubaDebate.cu
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9 feb 2012
El Pentágono analiza el potencial militar sirio y prepara una nueva guerra
El Pentágono está analizando el potencial del Ejército sirio con el objetivo de preparar una operación militar contra este país.
Según revela la cadena estadounidense CNN, el Departamento de Defensa de EE. UU. busca desarrollar una lista completa de todas las Fuerzas Armadas de Siria y averiguar tanto las tareas como objetivos concretos que tiene el ejército sirio, así como los riesgos que correrían las tropas norteamericanas en caso de que Washington decida desatar un nuevo conflicto armado.
“El Ministerio de Defensa está observando muy atentamente el desarrollo de la situación en Siria. Ninguna operación puede empezarse sin una planificación previa”, explicó a la cadena una fuente no revelada del Pentágono, al subrayar al mismo tiempo, que todas las investigaciones tienen un carácter previo y que todavía no se ha tomado una decisión final respecto a un posible ataque militar contra Siria.
Actualmente Siria, que padece desde hace casi un año un conflicto interno, se encuentra bajo una presión internacional que no deja de aumentar.
Hace tan solo unos días Hillary Clinton calificó el veto, impuesto a la nueva resolución sobre Siria por parte de Rusia y China en el seno del Consejo de Seguridad, de “una parodia” y reiteró que EE. UU. seguirá presionando al presidente sirio Bashar al Assad para que dimita.
A principios de febrero la Casa Blanca anunció el cierre de su embajada en Damasco, lo que hizo que varios países occidentales y del Golfo Pérsico también llamaran a sus embajadores a consultas.
Assad, por su parte, sigue asegurando que no piensa abandonar su cargo y continuará luchando contra “las bandas terroristas” que siembran la violencia y la muerte en su país.
Tomado: CubaDebate.cu
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5 feb 2012
Diálogos curiosos
El presidente afgano Hamid Karzai está algo desesperado: los talibán no quieren negociar con él, se aprestan a hacerlo con la Casa Blanca y para ese fin abrieron una oficina política en Qatar. El comando talibán confirmó su disposición a dialogar con Washington pero nunca con el gobierno “ilegal y sin autoridad” de Afganistán (www.dailytimes.com.pk, 1/2/12). Hace dos años que la administración Obama procura alcanzar algún tipo de acuerdo con los insurgentes para que cesen sus acciones militares y esto contradice el triunfalismo de que hace gala el Pentágono sobre el desarrollo de una guerra que dura ya más de una década. “A pesar de las incompatibilidades, se abre el camino para una interlocución EE.UU.-talibán”, titula el New York Times una nota sobre el tema (11/1/12).
El secretario de Defensa Leon Panetta declaró el miércoles que EE.UU. espera poner fin a sus misiones de combate a mediados del 2013, más de un año antes de lo planeado, para limitar su papel “al entrenamiento, asesoramiento y asistencia (aunque) esto no significa que no estaremos preparados para combatir... porque siempre debemos estar en condiciones de defendernos”, advirtió (www.washingtonpost.com, 2/1/12). Pareciera un deseo que la realidad cohíbe: el ejército y la policía de Afganistán, que se harían cargo de las tareas de seguridad en el 2014, han dado muestras de ineptitud, señales de corrupción y están eventualmente infiltradas por los insurgentes. La violencia sigue imperando en el país y aumenta el número de bajas, tanto afganas como estadounidenses.
Es cierto que las tropas de la OTAN dirigidas por EE.UU. han recuperado algunos territorios en poder del talibán, pero lo conseguido es insuficiente para garantizar la continuidad del gobierno de Karzai. Así lo afirma un documento top secret de los 16 organismos de inteligencia, el National Intelligence Estimate (NIE) más reciente, del que dieron cuenta medios británicos cono la BBC y el Times de Londres. Esta evaluación sobre el curso de la guerra en Afganistán concluye que se encuentra en punto muerto, que los insurgentes no han perdido capacidad de lucha y que el gobierno de Kabul, instalado por EE.UU., podría no sobrevivir a la retirada de las tropas invasoras (www.latimes.com, 11/1/12). El NIE contrasta de manera terminante con las afirmaciones optimistas del Pentágono y ha echado leña al fuego del debate entre la Casa Blanca y los mandos militares acerca del ritmo de la retirada de las tropas.
El vicepresidente Joe Biden, otros altos funcionarios y varios congresistas han manifestado su preocupación por el elevado costo de la guerra: el año pasado cayeron más de 400 efectivos estadounidenses y la inversión superó los 100.000 millones de dólares, hechos que, sumados a la crisis económica, la desocupación, los desalojos, tornan vidriosa la campaña por la reelección de Obama. Pujan, entonces, por una retirada rápida, pero las cien páginas del documento del Consejo de Seguridad Nacional aconsejarían lo contrario: “Muchos afganos se preparan para un eventual retorno del talibán. Los talibán consideran que, cuando desaparezca la OTAN, su victoria será inevitable”, subraya el NIE (www.guardian.co.uk, 3/2/12).
El diálogo que Washington intenta no ha salido aún de encuentros que exploran la posibilidad de establecer “medidas de confianza”, como la debatida liberación de cinco jefes talibán detenidos en Guantánamo. Este nuevo elemento estratégico entraña consecuencias significativas a nivel internacional para los esfuerzos de la Casa Blanca destinados a terminar un conflicto bélico que no gana. En el plano interior, “Obama pelea por su reelección en un clima de fuerte oposición a la guerra y de la exigencia de recortes del presupuesto federal” (www.kansascity.com, 11/1/12). En el fondo, esta tentativa de reconciliación revela en parte que Washington reconoce que la insurgencia talibán continuará después de la retirada de las tropas con vistas a la retoma del poder.
El ex embajador en Turquía Marc Grossman, enviado especial a Pakistán y Afganistán, encabeza esta difícil tarea asistido por funcionarios del Pentágono, el Departamento de Estado y la CIA. Hace un mes se reunieron en Bonn los representantes de decenas de países para impulsar una componenda política en Afganistán y la iniciativa agonizaba por el rechazo de Karzai hasta que la Casa Blanca doblegó su resistencia. “Dado que EE.UU. y la OTAN anunciaron ya que en el 2014 retirarían de Afganistán la mayoría de sus tropas, la búsqueda de algún tipo de acuerdo político entre el nuevo gobierno y los talibán se ha convertido en un imperativo para el gobierno (de Obama)” (www.nytimes.com, 11/1/12). Revive en la memoria un hecho que se considera histórico: desde los tiempos de Alejandro Magno, nadie ha podido ocupar Afganistán. Ni siquiera Alejandro Magno.
Juan Gelman.
Tomado: Página 12.com.ar
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