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9 mar 2012

Tensiones en el Sahara Occidental


Soldados del Frente Polisario, Sahara Occidental, 1981
 (Roger Viollet / AFP)
En el Sahara Occidental, último territorio no autónomo de África según la ONU, se ha radicalizado el conflicto entre los marroquíes y los saharauis, que rechazan la ocupación marroquí.

Wakala es uno de esos barrios que, surgidos de la nada en los dos o tres últimos años, le dieron a Dajla, en el extremo sur del Sahara Occidental y en los confines de Mauritania, un aspecto de ciudad en plena expansión. Aquí, como en el conjunto de este vasto territorio anexado por Marruecos desde 1975, pero reivindicado por el Frente Polisario (ver recuadro), es difícil desplazarse sin despertar sospechas. Policías de la Seguridad Nacional y elementos de las Fuerzas Armadas reales son omnipresentes. “¡Todas esas fuerzas de seguridad son la peste! Por cada policía uniformado, hay diez de civil”, se indigna un residente extranjero que, al igual que muchos de nuestros interlocutores, desea mantener el anonimato.

Un rápido recorrido en automóvil por Wakala permite comprobar que las huellas de los últimos episodios de violencia, que estallaron a fines de septiembre pasado, ya desaparecieron. “La wilaya [división administrativa] se apuró a limpiar todo, a despejar todo”, cuenta Sidi (1), un saharaui de unos cuarenta años. Las autoridades locales, que se someten a su estrategia de “normalización”, evocan en cada uno de sus comunicados una ciudad “apacible y serena”. Pero estos enfrentamientos, asegura Sidi, siguen presentes en la memoria de todos y en todas las discusiones.

El 25 de septiembre pasado, al término de un partido de fútbol, “se produjeron altercados entre hinchas de ambos equipos –cuenta el semanario marroquí TelQuel–. Un joven saharaui habría sido agredido por habitantes originarios del norte del país. (...) Jóvenes saharauis corrieron a buscar refuerzos al centro de la ciudad. Se subieron de a decenas a bordo de vehículos todo terreno y se dirigieron al barrio de Wakala” (2). Mohamed, a quien encontramos en el lugar a comienzos de diciembre, confirma esta versión y describe una verdadera batalla: “Los marroquíes eran muchos, probablemente varios cientos –confía, lejos de miradas y oídos indiscretos–. Se nos acercaron. Los policías los dejaron actuar”. Con lujo de detalles, reconstruye sobre el terreno el desarrollo de los enfrentamientos: “Fue como una batalla de otro siglo, con sables”. Él mismo reconoce tener uno y haberlo utilizado “para proteger [a su] familia”. Otra arma se vuelve aún más temible: las 4x4, que no dudan en arremeter contra el bando contrario. “Es el arma secreta de los saharauis, para atrapar a los marroquíes por detrás”, agrega, sonriente. Siete personas encontraron así la muerte, entre ellas dos policías. Sidi piensa en su vecino de unos treinta años que, como muchos otros, fue detenido los días siguientes simplemente por tener una 4x4. “Desde entonces, sigue preso en la cárcel de El Aaiún”, cuenta (3).

Los enfrentamientos se extendieron por toda la ciudad, pero se concentraron en Wakala y sus alrededores, en un vasto terreno cercano al aeropuerto. Este barrio es emblemático de tensiones exacerbadas entre marroquíes (los saharauis hablan más bien de “marroquíes del Norte”) y saharauis (los marroquíes, así como muchos saharauis con quienes nos encontramos, dicen “gente originaria de la región”, “saharianos”, incluso “autóctonos”). El editorialista de TelQuel, Karim Boukhari, califica este conflicto de “bomba Sahara” (4).

En estas casas viven familias que provienen de las villas miseria. Llegaron a comienzos de los años 90, poco después del alto el fuego firmado por el Frente Polisario, cuando se preparaba el referéndum de autodeterminación. Se trataba entonces de asegurar el control del territorio e inflar los padrones electorales para influir en el resultado del escrutinio. Se les dio dinero, así como el terreno y los materiales para construir una casa. “En pocas semanas, ¡las villas miseria habían desaparecido!”, recuerda un europeo.

Una población dividida

Esta política clientelista explica en parte las tensiones actuales. Una ayuda pecuniaria se otorga a los “adherentes” saharauis que abandonan los campamentos de refugiados instalados desde hace treinta y seis años cerca de la ciudad argelina de Tinduf para volver a la “madre patria”, según la terminología del poder marroquí. Se habla también de una “tarjeta de promoción nacional” otorgada a muchos saharauis a cambio de “tareas de interés general” de todo tipo. En resumen, el poder compra a unos y a otros. Pero, en este pequeño juego, la envidia supera la paz social buscada.

El Eldorado que miles de marroquíes encontraron –y que siguen viniendo a buscar– en estas tierras, gracias a la pesca de pulpo, las plantas de procesamiento de pescado, las fábricas de conservas de sardinas y las explotaciones hortícolas, como en esos gigantescos invernaderos que se observan alrededor de Dajla, o incluso en los fosfatos extraídos en Bu Craa, crea también divisiones en el seno de la población. Primero porque la emigración económica a veces se traduce en desengaños. Recientemente, frigoríficos encargados de procesar el pescado realizaron despidos. ¿La causa? La apertura de las aguas del Sahara Occidental, conocidas por su riqueza ictícola, a los inmensos buques europeos y rusos no favorece plenamente el desarrollo del sector (5). Las miles de toneladas pescadas en una sola jornada por la mayoría de los buques escapan totalmente a la industria local. El recurso desembarcado no es valorizado: muchos barcos optan por capturar un tonelaje máximo y transformar su pesca en... harina animal.

Por otra parte, la instalación en el Sahara Occidental de decenas de miles de marroquíes continúa a marcha forzada, dando lugar a la construcción de nuevos barrios en las inmediaciones de El Aaiún o Bojador, lo cual genera fuertes tensiones con la comunidad saharaui. Bachir cuenta: “Tuve que irme a Mauritania para ejercer mi oficio. Aquí, hay gente originaria (sic) y los marroquíes provenientes del norte. Y son estos últimos los que poseen las empresas”. Sidi se pregunta: “¿Por qué los saharauis deberían conformarse con ser simple mano de obra, trabajando doce horas por día por 2.000 dirhams (120 euros) por mes? Lo que quiere la gente de la región es poder explotar los recursos locales. ¿Por qué cualquier marroquí del Norte puede trabajar con los grandes barcos, y no puede hacerlo un saharaui?”. Y concluye: “Tengo la sensación de que Marruecos hace todo para radicalizarnos. Desde el momento en que uno pide explicaciones, en que reclama un derecho, ¡te tratan de separatista, de Polisario!”.

Seiscientos kilómetros al norte, en El Aaiún, el clima también se deterioró considerablemente este último año debido al cruce de esa famosa “línea amarilla” descripta por Sidi. Manifestar para protestar contra la marginación social y económica hace que se pase del estatuto de “buen” saharaui al de apestado. N’habouha ingresó en la segunda categoría desde la desaparición de sus dos hermanos, el 25 de diciembre de 2005. Con trece de sus compañeros habían decidido abandonar ese territorio donde, tras haber participado en manifestaciones saharauis pacíficas, vivían bajo una presión constante y la amenaza de detención. “Es una estrategia del Estado marroquí para incitar a los jóvenes saharauis a emigrar al norte del país –explica Ghalia Jimmi, vicepresidenta de una asociación saharaui de militantes de derechos humanos–. Si se niegan, las autoridades hacen todo lo posible para empujarlos a irse a las Islas Canarias. Lo que tuvieron que hacer seiscientos entre 2005 y 2010”.

Movilización saharaui

Así, el 10 de octubre de 2010, cuando comenzó a circular la información de que había comenzado a formarse un campamento de jaimas (carpas tradicionales nómadas) a unos quince kilómetros al este de El Aaiún, en Gdeim Izik, en medio del desierto, N’habouha, Kadija, Hadia y otras mujeres del grupo no dudaron en sumarse al movimiento, el más grande impulsado por saharauis desde la “marcha verde”, que marcó el comienzo de la anexión marroquí. Para estas mujeres, la voluntad de saber qué sucedió con sus hermanos o sus hijos se suma a un compromiso mayor por la dignidad. Gdeim Izik sería además apodado el “campamento de la dignidad” y considerado por algunos el verdadero punto de partida de la “Primavera Árabe”. Entre el 10 de octubre y el 8 de noviembre de 2010, esta movilización pacífica registraría alrededor de siete mil jaimas y reuniría a unas veinte mil personas. Con la marginación socioeconómica que denuncian los saharauis como telón de fondo.

Luego de unos días de entusiasmo, un importante despliegue de fuerzas de seguridad rodeó el campamento. Se mantuvo un único acceso para controlar mejor las entradas y salidas. El black out mediático y humanitario se organizaba. El 24 de octubre, un chico de 14 años fue asesinado por soldados marroquíes en un control militar. Y en la madrugada del 8 de noviembre se produjo el ataque. “Fue una confusión total, recuerda Leila. Los niños gritaban. Fuimos expulsados del sitio a palazos, con gases lacrimógenos y camiones hidrantes. Más tarde, de regreso a El Aaiún, fui detenida. Me golpearon, interrogaron y, luego de obligarme a decir: ‘¡Viva el rey, viva Marruecos!’, me liberaron el martes a última hora”.

El saldo oficial para los marroquíes arrojó once muertos entre las fuerzas del orden y dos muertos saharauis, confirmados por la Asociación Marroquí de Derechos Humanos. Según una fuente bien informada, ciento sesenta y ocho personas habrían sido detenidas el día de la destrucción del campamento y los subsiguientes. Fueron agredidas, incluso torturadas y luego liberadas sin que se las procesara ni se levantaran cargos en su contra. La misión de la ONU, limitada al control del alto el fuego, no pudo actuar. Estos últimos años, algunos miembros del Consejo de Seguridad, entre ellos Francia, rechazaron la extensión de su mandato a un “control de los derechos humanos”. A comienzos de enero, veintidós militantes saharauis detenidos alrededor del 8 de noviembre de 2010 aún permanecían presos en la cárcel militar de Salé, aunque fueran civiles. Interrumpieron luego de treinta y ocho días su huelga de hambre iniciada el 31 de octubre de 2011 para denunciar sus condiciones de detención (según sus abogados, la mayoría fueron torturados, varios fueron violados y dieciséis se encuentran en celdas de aislamiento), tras haber recibido la promesa de que su proceso se llevaría a cabo muy pronto por parte de las autoridades marroquíes. Éste debía haber tenido lugar el 18 de enero pasado, pero fue suspendido.

“Después de Gdeim Izik, las cosas nunca más serán como antes”, estima N’habouha. Fue en 1999 cuando, por primera vez, civiles marroquíes participaron de la represión contra los saharauis. El Comité de Coordinación de los trabajadores saharauis acababa de crearse, por iniciativa de los trabajadores saharauis de la mina de fosfatos de Bu Craa. “Habíamos organizado una manifestación, pero la policía intervino de manera muy violenta –recuerda un jubilado de la mina–. Los civiles marroquíes descendieron de camionetas y saquearon todo, los negocios y las casas de los saharauis. Pero, con Gdeim Izik, las cosas tomaron además otra dimensión”. Numerosos testimonios cuentan la manipulación de civiles, especialmente jóvenes, y las exacciones y actos de violencia cometidos por estos últimos en noviembre de 2010. “Desde hace un año, un odio y un espíritu de venganza nuevos surgieron entre las dos comunidades –continúa Jimmi, que estuvo “desaparecida” durante aproximadamente cuatro años–. Mi generación es pacífica, indulgente. Siempre perdonamos al pueblo marroquí; los queremos en el Estado. Pero esto ya no sucede con los jóvenes que ven que en otras partes la comunidad internacional interviene, pero no aquí. Pierden confianza y hoy creen en la violencia”.

Véase Khadija Finan, “Se actualiza un antiguo conflicto”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2006.

Olivier Quarante / Periodista (enviado especial).

Tomado: Eldipló.org

1. La mayoría de los nombres fueron modificados.

2. Driss Bennani, “Quand Dakhla s’embrase”, TelQuel, Casablanca, 7-10-11.

3. Véase Gaël Lombart y Julie Pichot, “Peur et silence à El-Ayoun”, Le Monde diplomatique, París, enero de 2006.

4. Karim Boukhari, “La bombe Sahara”, TelQuel, 2-10-11.

5. En febrero de 2007, Marruecos y la Unión Europea firmaron un acuerdo de pesca que incluye el Sahara Occidental. Prevé el desembarco de un porcentaje de los volúmenes pescados y el otorgamiento de licencias a los buques europeos a cambio de una subvención, que ascendía a más de 144 millones en los primeros cuatro años. En un primer momento, el acuerdo se prorrogó hasta febrero de 2012 a pesar de la oposición de siete Estados miembros. Pero el 14 de diciembre de 2011, el Parlamento europeo votó en contra de su prórroga. Quienes se oponen lo consideran ilegal mientras el conflicto no se resuelva y no se demuestre que la población saharaui obtiene un beneficio.

Un territorio en disputa

Colonia española desde 1884, el Sahara Occidental fue evacuado en 1975 y su territorio repartido entre Marruecos y Mauritania, que renunciaría a sus adquisiciones en 1979. Creado en 1973, el Frente Polisario proclamó la independencia del territorio en 1976, y fundó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), reconocida por la Organización para la Unidad Africana (OUA). Inmediatamente estalló la guerra entre Rabat y el Frente Polisario. Decenas de miles de saharauis huyeron de los bombardeos y se refugiaron en Argelia (apoyo del Polisario), en campamentos de la región de Tinduf. En 1991, se firmó un alto el fuego que debía abrir camino a un referéndum de autodeterminación.

A pesar del envío de una misión de la Organización de Naciones Unidas (ONU), aún en el lugar, el referéndum nunca se llevó a cabo (1). Sin embargo, el Consejo de Seguridad, en su Resolución 1783, adoptada el 31 de octubre de 2007, reafirma su “voluntad de ayudar a las partes a lograr una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable que permita la autodeterminación del pueblo del Sahara Occidental”.

El Frente Polisario considera que debe organizarse un referéndum con varias opciones, incluyendo la independencia, mientras que Marruecos aboga por un régimen de autonomía negociada y un referéndum de confirmación con una única opción. Hasta el momento, el Sahara Occidental es considerado por la ONU como el último territorio no autónomo de África, cuya descolonización aún no ha terminado.

31 ene 2011

El “regalo” de Monsanto a Haití. Una breve historia de violencia


Ilustración: Grosz Revista Sin Permiso

Déjalo arder
"Un gran regalo de pascua" comentó Elizabeth Vancil, directora de Monsanto de iniciativas de desarrollo. Casi 60.000 sacos de semillas híbridas de maíz y otros vegetales fueron donados por Monsanto a Haití post-terremoto. En observancia del Día Mundial del Ambiente, 4 de Junio 2010, cerca de 10.000 granjeros rurales haitianos se congregaron en Papaye para marchar siete kilómetros hasta Hinche para celebrar este regalo. Al llegar, tomaron sus canastas de pascua con más de 400 toneladas de vegetales y las quemaron. [i] "¡Larga vida a la semilla nativa de maíz!" cantaron al unísono. "¡El OGM [organismo genéticamente modificado] de Monsanto viola la agricultura campesina!"
De acuerdo con Chavannes Jean-Baptiste, coordinador del Movimiento Campesino de Papay (MCP) "actualmente hay una escasez de semilla de maíz en Haití ya que muchas familias utilizaron las suyas para alimentar refugiados"[ii] Como cualquier corporación capitalista de desastres, Monsanto le tendió una mano en un momento de crisis al 65 por ciento de la población que sobrevive a base de agricultura de subsistencia. Pero no tendieron cualquier mano, más bien ofrecieron un puñado de semillas. Este puñado de semillas de maíz, el cultivo tradicional de Haití, estaba tratado con el fungicida Maxim XO. Con la misma benevolencia, no regalaron cualquier semilla de tomate, regalaron semillas tratadas con Thiram, un químico tan tóxico que la EPA (Environmental Protection Agency, Agencia de Protección Ambiental) ha decidido que es demasiado tóxico para uso casero y ordenado que cualquier trabajador agrícola que lo utilice debe usar ropa protectora. [iii] ¡Felices Pascuas! El sitio web oficial de Monsanto explica este donativo tóxico de la siguiente manera: "los tratamientos fungicidas para semillas se aplican con frecuencia a las semillas antes de ser sembradas para prevenir enfermedades relacionadas con hongos que surgen en el suelo y limitan la capacidad de la planta para germinar y crecer. El tratamiento también previene ciertas enfermedades que pueden ser contraídas en la transferencia entre países."[iv] Sin embargo, de acuerdo con la Hoja de Datos sobre Substancias Departamento de Salud y Servicios para la Tercera Edad de Nueva Jersey "la exposición repetida [al Thiram] puede afectar riñones, hígado y la tiroides. Exposición prolongada o en altas dosis puede dañar los nervios".[v] ¿Por qué Monsanto estaba tan ansiosa de donar semillas que podían comprometer la salud de tanta gente hambrienta? "El gobierno haitiano está utilizando el terremoto para venderle el país a las multinacionales" dijo Jean-Baptiste. Bienvenidos al nuevo terremoto.
"Es un fuerte ataque contra la pequeña agricultura, contra los campesinos, contra la bio-diversidad, contra las semillas criollas... Y lo que queda del ambiente en Haití."- Chavannes Jean-Baptiste, director ejecutivo del MCP.

Una breve historia de violencia
Monsanto también es responsable de otras invenciones alteradoras de vidas, como el favorito de todos, el agente naranja. El gobierno vietnamita dice que este agente mató o dejó con discapacidad a 400.000 vietnamitas y que 500.000 niños nacieron con defectos debido a la exposición a este químico.[vi] Hasta el 2000, Monsanto era el principal fabricante de aspartame, el cual, según concluyeron investigadores en Europa "podría tener efectos carcinogénicos." En una rara demostración de justicia social, en el 2005 Monsanto fue encontrada culpable por el gobierno de Estados Unidos de sobornar a altos mandos de Indonesia para legalizar el algodón genéticamente modificado. Un año antes en Brasil, Monsanto vendió una granja a un senador por un tercio de su valor a cambio de su trabajo por legalizar el glyphosate, el herbicida de mayor uso en el mundo.[vii] En Colombia, Monsanto recibió 25 millones de dólares del gobierno de Estados Unidos por proveer su herbicida de marca, Roundup Ultra, en la fumigación anti-drogas del Plan Colombia. Roundup Ultra es una forma altamente concentrada del glyphosate de Monsanto, con ingredientes adicionales para incrementar su potencia. Comunidades colombianas y organizaciones de derechos humanos acusan que el herbicida destruyó cosechas, fuentes de agua y áreas protegidas, y que ha llevado a un aumento en el número de defectos de nacimiento y cáncer.
Con más de 117 mil millones en ventas en el 2009 y más de 650 patentes de biotecnología -en su mayoría relacionadas con algodón, maíz y soja- Monsanto es un poder económico. Nueve de cada diez semillas de soja en Estados Unidos están relacionadas con Monsanto. Junto con Syngenta, Dupont y Bayer, Monsanto controla la mitad de las semillas del mundo con ningún tipo de regulación confiable. Monsanto, una de las compañías más poderosas del mundo, se unió a United Parcel Service para entregar los más de 60.000 sacos de semillas híbridas a sus destinos en la Pascua del 2010 en su movida para gotear un poco de beneficios a la persona común. Distribuir las semillas de Monsanto fue una operación de $127 millones financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), llamado "Ganador", diseñado para promover "intensificación agrícola."[viii] De acuerdo con Monsanto, la decisión original para donar las semillas fue tomada en el World Economic Forum en Davos, Suiza,[ix] sin conocimiento por parte de Haití.

"Sin químicos, la vida misma sería imposible." Es el antiguo lema de Monsanto.
Las semillas modificadas genéticamente como aquellas que fueron donadas y posteriormente inmoladas no pueden ser guardadas entre años. Algunas semillas llamadas "semillas terminator" están modificadas para no producir semillas después de la cosecha y requieren que el granjero compre semillas de Monsanto el año siguiente, como parte de un acuerdo legal, en lugar de recolectar las semillas que naturalmente se habrían producido sin las modificaciones genéticas. Otras semillas modificadas que sí producen semillas no pueden ser sembradas de acuerdo a un contrato. Menos resultados, problemas de salud y prospectos debilitados para comprar las semillas de la próxima temporada en consecuencia de y combinada con el acuerdo legal con Monstanto han llevado a muchos granjeros campesinos a la pobreza y ha llevado a una racha subsecuente de suicidios de granjeros en la India. Desde 1997 más de 182,936 granjeros de la India se han suicidado, de acuerdo con un estudio reciente del National Crime Records Bureau.[x] "Conforme se previene el guardado de semillas por patentes y la creación de semillas no renovable, las semillas deben ser compradas por campesinos pobres para cada temporada. Un recurso que antes era gratuito se convierte en una comodidad que debe ser comprada cada año. Este aumento en la pobreza lleva a las deudas. Conforme las deudas aumentan y se tornan imposibles de pagar, los granjeros se ven hostigados a vender riñones o cometer suicidio" apuntó la Autora Hindú Vadana Shiva en su artículo del 2004 "The Suicide Economy Of Corporate Globalisation."[xi]
Los granjeros extranjeros no son los únicos afectados por estas características en los productos y las prácticas de negocios asociadas. Hasta el 2007, Monstanto había presentado 112 demandas contra granjeros estadounidenses por supuestas violaciones de tecnología de contrato en patentes de OGMs, involucrando a 372 granjeros y 49 pequeños negocios agrícolas en 27 estados. De ahí. Monsanto ganó más de $21,5 millones en juicios. En estimados basados en los propios documentos de Monsanto y en reportes de los medios, la corporación multinacional parece investigar a 500 granjeros al año.[xii] "Granjeros han sido demandados después de que su campo fue contaminado por polen o semillas de la cosecha genéticamente modificada de alguien más [o] cuando cuando semillas genéticamente modificadas de la cosecha anterior han germinado o "voluntariado" en campos donde se encontraban sembradas semillas no modificadas al año siguiente," dijeron Adrew Kimbrell y Joseph Mendelson del Center for Food Safety.[xiii] Una semilla de Monsanto frecuentemente aparece de manera mágica en un campo orgánico ordinario, dando a Monsanto pie para una costosa demanda que eventualmente llevará a la ocupación de la granja inocente.

Nada nuevo bajo el Sol del Caribe
Jean-Robert Estimé, quien fue Ministro de Asuntos Extranjeros durante la sangrientas dictaduras de Duvalier, es el representante de Monsanto en Haití,[xiv] y se reúsa a admitir su participación en empobrecer aún más a su gente. Sin embargo las intenciones "Destino Manifiesto" de Monsanto respecto a Haití no son nada nuevo. Muchos haitianos consideran los donativos de semillas de Monsanto parte de una estrategia económica e imperialista de Estados Unidos. El sector agrícola de Haití ya fue destruido una vez por la intervención de Estados Unidos. Jean Bertrande Aristide perdió el poder en un golpe de estado apoyado por el gobierno estadounidense en 1991. El banco mundial y el fondo monetario internacional decidieron que si regresase al poder, una condición a su llegada sería abrir el país al libre mercado. Poco después, los impuestos sobre el arroz cayó de 35% a 3%y el dinero reservado para desarrollo agrícola se destinó a pagar la deuda externa del país. Bajo la Casa Blanca de Clinton, el mercado Haitiano fue inundado por arroz subsidiado de Arkansas. Desde entonces, casi todo el arroz de Haití es importado y subsecuente, mucha de la experiencia local sobre como cultivar arroz se ha perdido.[xv]

Soberanía alimenticia, no esclavitud agrícola
Conforme el nuevo terremoto continua su movimiento, la aparentemente benévola donación de semillas vegetales cambiará por siempre el paradigma de la agricultura en Haití y llevará a una mayor dependencia de semillas que envenenan el suelo en el que crecen y los cuerpos que las consumen y que crean una dependencia financiera en la firma de biotecnología Monsanto. "Nuestra gente nunca será autónoma si Haití debe sufrir algo que se hace llamar generosidad pero que nos hace dependientes del control corporativo en la producción agrícola." dijo Catherin Thélémaque de Action SOS Haití en Montreal.[xvi] Los agroecologistas Ivette Perfecto y John Vandermeer, de la Universidad de Michigan, recientemente publicaron un estudio que muestra que la agricultura sustentable a pequeña escala es mejor que la agricultura industrial en preservar y aumentar la biodiversidad y los bosques.[xvii] Con menos del 1% de sus bosques originarios aún en pie, Haití no puede apostar con los desastrosos efectos ambientales de los monocultivos industriales para alimentar a su población hambrienta. "Si el gobierno estadounidense realmente quiere ayudar a Haití, debe ayudar a los Haitianos a crear una soberanía alimenticia y agricultura sustentable, basada en sus semillas nativas y con acceso a tierra y créditos. Esa es la forma de ayudad a Haití," dijo Dena Hoff, una granjera orgánica diversificada en Montana y miembro del Comité Internacional de Coordinación de Vía Campesina.

La tormenta que se avecina
En su historia de la colonización europea de 1780, Guillame Raynal apuntó que habían señales de "una tormenta venidera"[xviii] Esta tormenta explotó en forma de monzón el 22 de agosto de 1791, cuando Dutty Boukman hizo sonar la concha de mar y los esclavos de Saint Dominique se levantaron en revuelta contra los imperialistas franceses. Bajo el liderazgo de Touissant L'Overture y Jean-Jacques Dessalines, los esclavos rebeldes derrocaron a la ocupación imperialista de Napoleón Bonaparte y en 1804, Haití fue declarado como una república libre. Para no olvidar las lecciones de la historia, no podemos ignorar el poder de la unidad. Como Napoleón, una compañía tiránica como Monsanto exporta pobreza, mantendría a la gente como esclavos agrícolas y debe ser resistida. Es hora de que Boukman de nuevo haga sonar su concha: La liberté ou la mort!

Notas:

i. Bell, Beverly. "Haitian farmers commit to burning Monsanto hybrid seed." Huffington Post, 17 mayo, 2010.
ii. La Via Campesina, "Haitian peasants march against Monsanto Company for food and seed sovereignty," 16 de junio,2010.
iii. Extension Toxicology Network, Pesticide Information Project of the Cooperative Extension Offices of Cornell University, Michigan State University, Oregon State University and University of California at Davis.
iv. Veihman, Mica. "Five Answers on Monsanto's Haiti Seed Donation," Beyond the Rows, 20 de mayo, 2010.
v. New Jersey Department of Health and Senior Services. "Hazardous Substance Fact Sheet."
vi. MSNBC, "Study Finds Link Between Agent Orange, Cancer," 23 de enero, 2004, The Globe and Mail, "Last Ghost of the Vietnam War," 12 de junio, 2008.
vii. Kenfield, Isabella, "Monsanto's seed of corruption in Brazil." North American Congress on Latin America, 16 de octubre, 2010.
viii. PR Newswire. "Monsanto Company Donates Conventional Maizeand Vegetable Seed to Haitian Farmers to Help Address Food Security Needs," 13 Mayo, 2010.
ix. Monsanto Company, "Monsanto donates maizeand vegetable seed to Haiti." Monsanto Blog,13 mayo, 2010.
x. Shiva, Vandana, "The Suicide Economy Of Corporate Globalisation." ZNet, 19 de febrero, 2004.
xi. Chopra, Anuj, "Debt drives farmers to suicide." The National, 20 de enero, 2009.
xii. Center for Food Safety, "Monsanto vs. US Farmers," Noviembre. 2007.
xiii. Andrew Kimbrell and Joseph Mendelson, "Monsanto vs. US Farmers," Center for Food Safety, 2005.
xiv. Urfie, Fr. Jean-Yves, "A new earthquake hits Haiti: Monsanto's deadly gift of 475 tons of genetically-modified seed to Haitian farmers." Global Research. Canada. 11 de mayo, 2010.
xv. Holt-Gimenez, Eric. "Haiti: roots of liberty, roots of disaster." Huffington Post, 21 de enero 2010.
xvi. Organic Consumers Association. "Canadian Groups Support Haitian Rejection of Monsanto's Seed Donation," 3 de junio, 2010.
xvii. University of Michigan. "SNRE Professor Perfecto co-authors PNAS paper on family farms, biodiversity and food production." Ann Arbor, Michigan, 22 de febrero, 2010.
xviii. Center and Hunt, "Liberty, Equality and Fraternity," 119.


Ryan Stock. Escribe en Truth-out
Traducción para www.sinpermiso.info: Pablo Yanes Thomas

Tomado: SinPermiso.info

18 dic 2010

En pos de una verdadera república



La honra. Ver cómo siempre triunfa la verdad en la historia. Se podrá mentir, se podrá ocultar, se podrá disfrazar de héroes a los misioneros de la muerte, pero llega el tiempo que queda todo al desnudo y ahí está, el triunfo de la Etica sobre los intereses económicos, sobre el uso omnímodo del poder. La vida sobre la muerte. Y es lo que acaba de ocurrir en El Calafate, ese paraíso sureño. Allí, ante la tumba masiva de los peones fusilados por el Ejército Argentino en diciembre de 1921, se hizo un acto donde primó el calor popular y la sabiduría de la Historia. Un acto inolvidable. Del silencio de décadas, a ese concurrir del pueblo a recordar un hecho que nos tiene que avergonzar a todos los argentinos. Con el agravante de que ocurrió no bajo una dictadura militar sino durante el gobierno del presidente radical Hipólito Yrigoyen.

En el acto participaron historiadores locales, cantores populares, el cura del lugar, el intendente de El Calafate, maestros, estudiantes, representantes de los pobladores originarios y pueblo, auténtico pueblo. Hubo emoción cuando los oradores recordamos la crueldad con que actuó el 10 de Caballería contra las peonadas. Allí, enfrente del cenotafio, se extiende la estancia La Anita, de Federico Braun, donde se hallan las tumbas masivas. Al finalizar el acto se hizo un asado para el público y todos estuvimos conversando sobre la injusticia cometida hace noventa años. Con niños, con estudiantes, con docentes, con trabajadores rurales, con vecinos de El Calafate, de Río Gallegos, hasta llegó un grupo juvenil de investigación histórica de Puerto Deseado que ha iniciado un estudio profundo del pasado de ese lugar y las repercusiones de las huelgas del campo de 1921-22 en esa zona. Ahí se dieron a conocer los planes de la Comisión por la Memoria de El Calafate, y se piensa solicitar al estanciero Federico Braun que se permita que el monumento recordativo se sitúe directamente donde se hallan las tumbas masivas de los peones fusilados. Y hay más planes, cargados de imaginación reivindicativa.

Lo que se prohibió o se silenció durante tantas décadas ahora está allí, permanente, el recuerdo. Es un principio de llevar a cabo la historia justiciera, la verdad de los hechos, y resaltar el nombre de los culpables, de aquel congreso nacional cuya mayoría radical se calló la boca y no permitió ninguna investigación y de un ejército que pasó a ser de liberador de pueblos con el pensamiento de Mayo a fusilador de obreros y más tarde a desaparecedor de personas y autores del robo de niños.

Un paso adelante. Por eso, nos parece bien el recuerdo de la Vuelta de Obligado, pero también deberíase recordar oficialmente, en el orden nacional, esta fecha de diciembre. No para corrernos a las playas o a “descansar”, sino para preguntarnos “qué nos pasó a los argentinos” para, después de ese pensamiento de Mayo, llegar ciento diez años después a los despiadados fusilamientos de peones rurales que salieron a pedir un poco de dignidad frente a las explotación de los latifundistas.

Pero en nuestro país siguen ocurriendo sucesos que nos demuestran que hay personas a las que no les importan estas enseñanzas de la historia. Por ejemplo, nos avergüenza lo ocurrido en Villa Soldati, en Formosa, y en tantos otros lugares donde se reprimió salvajemente al pueblo sin tener en cuenta que a los problemas hay que resolverlos de raíz. Por ejemplo, mientras no haya techos dignos para las familias, siempre habrá problemas; mientras no haya trabajo para los desocupados, siempre habrá violencia. Y al fin y al cabo, los hechos nos están diciendo que sólo cuando hay violencia de abajo para llamar la atención a los dueños del poder, entonces sí, empiezan las conversaciones para solucionar esos problemas que hasta ese momento habían sido negados. No se soluciona diciendo que los bolivianos tienen la culpa. Basta ver cómo estaba el llamado Parque Indoamericano. Qué parque si no es más que un enorme terreno baldío con basura y pozos. ¿Qué hicieron hasta ahora las llamadas autoridades de la Ciudad de Buenos Aires? En el barrio de Belgrano, donde vivo, recuerdo lo que era la placita Alberti, una manzana entre las calles que antes se llamaban Guanacache y Nahuel Huapi. Cuando yo era pibe estaba todo lleno de flores, verdes plantas y un césped maravilloso. Era un lujo sentarse en esos bancos de plaza, correr por los senderos y mirar todo esos colores. Ahora, la plaza es pura tierra y polvo, ya no hay más césped ni plantas. No se gasta un céntimo en cuidar ese pulmón verde en medio del barrio. Para qué –se pregunta uno– están las llamadas autoridades de la ciudad sino para observar estos bienes comunes entre los que están los más sagrado de una democracia: el derecho a una vivienda digna principalmente de las familias con hijos, esos hijos que son el futuro y no deben jamás crecer en un clima de violencias. Ese es el deber primordial de la democracia. Esperemos que aprendan, luego de los hechos sangrientos que nos han conmovido a todos y de los cuales la Justicia tiene que juzgar a quiénes han sido los culpables de crear ese estado de cosas y los responsables de cuidar los sagrados derechos de todos los ciudadanos, sean ricos o pobres, bolivianos o paraguayos. Recordemos a nuestros Libertadores, señoras y señores autoridades, que marcharon a liberar a los pueblos americanos sin encerrarse en el egoísta racismo de los pequeños, los que creen en fronteras.

Y mencionamos a la Justicia. Acaba de ocurrir un hecho que nos llenó de alegría y orgullo. La actitud del juez Raúl Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema de la Nación, ante el preso político Roberto Martino, quien se hallaba en huelga de hambre en protesta por la más que injusta prisión por su protesta frente a la embajada de Israel. El juez Zaffaroni no miró despectivamente desde el trono jurídico al prisionero. Sino que fue a visitarlo a su celda carcelaria. Y le aseguró que cuando su causa llegue a la Corte Suprema hará todo lo que esté a su alcance para respetar los principios constitucionales que nos rigen. ¿Quién ha sido capaz de hacer esto en nuestro país? No, todos se refugian en la “importancia” de su cargo, o en los principios burocráticos de las cadenas de instituciones jurídicas para desentenderse del problema eminentemente humano de la causa “Martino” por la cual están luchando desde largo tiempo las organizaciones de derechos humanos. Hasta ahora, nuestra Justicia se comportó igual que la justicia de Estados Unidos con la prisión de los cinco cubanos, un hecho de una crueldad pocas veces vista en la historia de la justicia mundial. Y el juez Zaffaroni “bajó” hasta la humilde celda del preso político para darle la seguridad de que cuando a él le toque actuar hará sonar la voz de la honestidad, que debe ser el principio de esa palabra con mayúscula que se llama “Justicia”. Zaffaroni, un juez que nunca miró para otro lado, sino que estudió siempre a fondo cómo actuar en una sociedad que se dice democrática y justa pero que muestra síntomas graves de no haber aprendido todavía de la tortuosa historia de estos doscientos años argentinos. Vemos nuestra realidad: los políticos ladrones de la década del noventa, libres; pero un civil que hace uso de la protesta democrática en la calle, preso desde hace inmensos meses.

Este acto de este miembro de la Corte Suprema (vaya ese título de “suprema”) nos llena de optimismo. Mientras haya jueces con esa grandeza de sentimientos y ese coraje civil frente a cinismos o soluciones bizantinas que siempre favorecen al poderoso podemos tener fe en el futuro de nuestra República. Sí, lograr alguna vez poner en mayúscula ese término: República.

Y para terminar este deambular difícil, otra inmensa alegría. Que el docente Enrique Samar haya logrado triunfar en su lucha de años: que se haya cambiado el nombre de la plaza Virreyes por el del máximo libertador de la época colonial: Túpac Amaru. La dictadura de la desaparición de personas le había cambiado el nombre de Plaza Armenia por el de –nada menos– Plaza Virreyes. Un homenaje a los representantes del coloniaje con la esclavitud y la sumisión al “rey católico de España”. Samar, director de una escuela de esta capital, se jugó entero para terminar con esa ignominia. Y triunfó. Ahora la plaza recordará a quien sufrió la muerte más cruel en manos de los conquistadores europeos. Un paso más –esta vez simbólico pero pleno de fuerza– hacia la verdadera república.

Osvaldo Bayer

Tomado: Página 12
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