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10 feb 2011

El franquismo, verdadero lastre de España



El Partido Popular de España ha criticado duramente la serie televisiva “La República” a la que califican de socialista, sectaria, revisionista y anticuada.

 Recientemente, el Partido Popular de España ha criticado duramente la serie televisiva “La República” a la que califican de socialista, sectaria, revisionista y anticuada. “Una televisión pública moderna –dicen- debería desembarazarse de todos los fantasmas, de clichés ideológicos, de caspa revisionista y de formol monotemático”. La serie en cuestión, que no tiene aspiraciones historiográficas, se desarrolla en torno a una familia de la burguesía aristocrática madrileña que rechaza activamente al nuevo régimen, una de las muchas que con esas mismas características declararon la guerra a la II República antes incluso de que se instaurara porque para ellas derechos, lo que se dicen derechos sólo existían los suyos, es decir los que da la cuna, el dinero y la comunión católica. Es natural que ese partido critique un serial televisivo que no cuenta exactamente lo que ellos quieren que cuente, como es natural que no hayan condenado todavía el franquismo y se sientan muy a gusto con los programas televisivos y radiofónicos que hacen apología del genocidio franquista, que son muy abundantes en nuestro panorama mediático.

Pero no se trata ahora de hacer un análisis exhaustivo de la ideología que propagan los medios más escuchados, vistos y leídos. Eso lo dejaremos para otra ocasión y quizá para otro formato. De lo que se trata es de intentar explicar algo tan sencillo como la razón que lleva a los directores del principal partido de la oposición a hacer gala una y otra vez de su admiración, o cuando menos comprensión, hacia el régimen fascista español dirigido por Franco y la Iglesia católica, un régimen que sumió a España en la edad media, que mató y desapareció a cientos de miles de personas, que fomentó el robo de niños, humilló a todo el país y le hizo retornar a periodos olvidados por la mayoría de los países de nuestro entorno. La verdad es que no ha sido difícil e imagino que la mayoría de los lectores sabrán antes de seguir leyendo este artículo cual es la dificultad insalvable que tienen los líderes del Partido Popular de España para condenar el franquismo y por qué la facilidad desmesurada para criticar cualquier aproximación a aquel terrible periodo que se salga de los catecismos propalados por Pío Moa, Jiménez Losantos, Zavala, César Vidal o San Ricardo de la Cierva, ministro que fue de la extinta UCD. Sencillamente, quienes fundaron, dirigieron y dirigen el Partido Popular son franquistas, pero no sólo franquistas, admiradores del régimen criminal instaurado por Franco, sino que de no haberse instaurado la democracia monárquica en España, ellos mismos habrían sido los herederos naturales y exclusivos de Carrero Blanco, Arias Navarro, López Bravo, Silva Muñoz, López rodó, José Solís, Manuel Aznar, Blas Pérez, Esteban Bilbao o Manuel Fraga Iribarne.

Y ahí está el problema, en España, al contrario de lo que ocurre en el resto de Europa, no existe una derecha desligada de los regímenes fascistas que ocuparon los gobiernos europeos entre 1919 y 1945, sino una derecha hija de un régimen detestable que se acomodó a la democracia por necesidad, para poder seguir estando en la primera línea de fuego: En la Vieja Europa los partidos o los individuos que niegan las barbaridades nazi-fascistas son condenados por los jueces, por el contrario, en nuestro país son procesados quienes intentan esclarecer los crímenes de nuestro fascismo doméstico.

Veamos un ejemplo que estimamos esclarecedor, José María Aznar, hijo y nieto de franquistas muy comprometidos con el régimen, nombró como presidente de ENDESA a Manuel Pizarro, nieto a su vez de Manuel Pizarro, general de la Guardia Civil y al igual que los ascendientes de Aznar, amigo íntimo del caudillo de España. Es justo reconocer que los hijos no tienen que responder de los actos de sus padres y mucho menos de los abuelos, pero si en ningún momento de su vida son capaces de reconocer las atrocidades cometidas por ellos y las ensalzan, justifican, comprenden, tergiversan o ignoran, ya no estamos hablando de la responsabilidad de los ancestros, sino de la de ellos mismos, y es entonces cuando es preciso recordar algunas cosas: Manuel Pizarro Cenjor, siendo Gobernador Civil de Teruel, recibió en 1947 el encargo del generalísimo de todos los ejércitos imperiales de acabar como fuese con el maquis de la provincia bajo su mando. Pizarro se empeñó con tal celo en la misión que no dudó en aplicar la ley de fugas, en torturar, en desalojar pueblos enteros, en poner en práctica una estrategia de tierra quemada que al final logró eliminar a la guerrilla por falta de apoyos en los pueblos aterrorizados. Pues bien, en España, en la España heredera del general Pizarro, los maquis siguen siendo equiparados a delincuentes, ninguna ley ha reconocido su sacrificio ni su heroicidad al oponerse a pecho descubierto al fascismo: En Francia, los maquis que volaron trenes enteros cargados de nazis, que hicieron explotar bombas en cualquier lugar dónde hubiese “boches”, son héroes nacionales y Caballeros de la Legión de Honor, entre ellos muchos republicanos españoles que contribuyeron de modo sobresaliente a la liberación. Esa es, pues, una de las diferencias fundamentales, ¿cómo van a condenar el franquismo gente con Manuel Fraga, Manuel Pizarro o José María Aznar si ellos, sus padres y abuelos fueron colaboradore del tirano, si su ideología proviene de las hazañas familiares, de las obras completas de José Antonio Primo de Rivera y de la Formación del Espíritu Nacional?

Empero, la cosa no para ahí, los franquistas y sus descendientes que no hubiesen condenado expresamente la tiranía genocida debieron haber sido expulsados de la vida política española, tal como se hizo en el resto de Europa y tal como piden ahora los ciudadanos de los países árabes del Norte de África. Ya se sabe, Franco murió en la cama y no colgado de una farola gracias al apoyo de Gran Bretaña y Estados Unidos, pero los modos de esos personajes no afectan únicamente a la política, a la historia, y a la cultura, sino que también afectan de forma fundamental al sistema productivo del país que en buena parte sigue los paradigmas franquistas basados en el enchufismo, el clientelismo, el amiguismo, la especulación, el dinero fácil, la explotación del consumidor, la información privilegiada y la corrupción, lo que sin duda es una de las rémoras más pesadas de nuestra economía, un carga tremenda y urgente de remediar que no ha sido recogida en ningún pacto social ni se espera sea abordada en los próximos siglos, puesto que la mayor parte de las grandes fortunas patrias nacieron o se fortalecieron bajo el paraguas de San Francisco Franco Bahamonde, patrón de los liberticidas.

Recientemente, el Partido Popular de España ha criticado duramente la serie televisiva “La República” a la que califican de socialista, sectaria, revisionista y anticuada. “Una televisión pública moderna –dicen- debería desembarazarse de todos los fantasmas, de clichés ideológicos, de caspa revisionista y de formol monotemático”. La serie en cuestión, que no tiene aspiraciones historiográficas, se desarrolla en torno a una familia de la burguesía aristocrática madrileña que rechaza activamente al nuevo régimen, una de las muchas que con esas mismas características declararon la guerra a la II República antes incluso de que se instaurara porque para ellas derechos, lo que se dicen derechos sólo existían los suyos, es decir los que da la cuna, el dinero y la comunión católica. Es natural que ese partido critique un serial televisivo que no cuenta exactamente lo que ellos quieren que cuente, como es natural que no hayan condenado todavía el franquismo y se sientan muy a gusto con los programas televisivos y radiofónicos que hacen apología del genocidio franquista, que son muy abundantes en nuestro panorama mediático.

Pero no se trata ahora de hacer un análisis exhaustivo de la ideología que propagan los medios más escuchados, vistos y leídos. Eso lo dejaremos para otra ocasión y quizá para otro formato. De lo que se trata es de intentar explicar algo tan sencillo como la razón que lleva a los directores del principal partido de la oposición a hacer gala una y otra vez de su admiración, o cuando menos comprensión, hacia el régimen fascista español dirigido por Franco y la Iglesia católica, un régimen que sumió a España en la edad media, que mató y desapareció a cientos de miles de personas, que fomentó el robo de niños, humilló a todo el país y le hizo retornar a periodos olvidados por la mayoría de los países de nuestro entorno. La verdad es que no ha sido difícil e imagino que la mayoría de los lectores sabrán antes de seguir leyendo este artículo cual es la dificultad insalvable que tienen los líderes del Partido Popular de España para condenar el franquismo y por qué la facilidad desmesurada para criticar cualquier aproximación a aquel terrible periodo que se salga de los catecismos propalados por Pío Moa, Jiménez Losantos, Zavala, César Vidal o San Ricardo de la Cierva, ministro que fue de la extinta UCD. Sencillamente, quienes fundaron, dirigieron y dirigen el Partido Popular son franquistas, pero no sólo franquistas, admiradores del régimen criminal instaurado por Franco, sino que de no haberse instaurado la democracia monárquica en España, ellos mismos habrían sido los herederos naturales y exclusivos de Carrero Blanco, Arias Navarro, López Bravo, Silva Muñoz, López rodó, José Solís, Manuel Aznar, Blas Pérez, Esteban Bilbao o Manuel Fraga Iribarne.

Y ahí está el problema, en España, al contrario de lo que ocurre en el resto de Europa, no existe una derecha desligada de los regímenes fascistas que ocuparon los gobiernos europeos entre 1919 y 1945, sino una derecha hija de un régimen detestable que se acomodó a la democracia por necesidad, para poder seguir estando en la primera línea de fuego: En la Vieja Europa los partidos o los individuos que niegan las barbaridades nazi-fascistas son condenados por los jueces, por el contrario, en nuestro país son procesados quienes intentan esclarecer los crímenes de nuestro fascismo doméstico.

Veamos un ejemplo que estimamos esclarecedor, José María Aznar, hijo y nieto de franquistas muy comprometidos con el régimen, nombró como presidente de ENDESA a Manuel Pizarro, nieto a su vez de Manuel Pizarro, general de la Guardia Civil y al igual que los ascendientes de Aznar, amigo íntimo del caudillo de España. Es justo reconocer que los hijos no tienen que responder de los actos de sus padres y mucho menos de los abuelos, pero si en ningún momento de su vida son capaces de reconocer las atrocidades cometidas por ellos y las ensalzan, justifican, comprenden, tergiversan o ignoran, ya no estamos hablando de la responsabilidad de los ancestros, sino de la de ellos mismos, y es entonces cuando es preciso recordar algunas cosas: Manuel Pizarro Cenjor, siendo Gobernador Civil de Teruel, recibió en 1947 el encargo del generalísimo de todos los ejércitos imperiales de acabar como fuese con el maquis de la provincia bajo su mando. Pizarro se empeñó con tal celo en la misión que no dudó en aplicar la ley de fugas, en torturar, en desalojar pueblos enteros, en poner en práctica una estrategia de tierra quemada que al final logró eliminar a la guerrilla por falta de apoyos en los pueblos aterrorizados. Pues bien, en España, en la España heredera del general Pizarro, los maquis siguen siendo equiparados a delincuentes, ninguna ley ha reconocido su sacrificio ni su heroicidad al oponerse a pecho descubierto al fascismo: En Francia, los maquis que volaron trenes enteros cargados de nazis, que hicieron explotar bombas en cualquier lugar dónde hubiese “boches”, son héroes nacionales y Caballeros de la Legión de Honor, entre ellos muchos republicanos españoles que contribuyeron de modo sobresaliente a la liberación. Esa es, pues, una de las diferencias fundamentales, ¿cómo van a condenar el franquismo gente con Manuel Fraga, Manuel Pizarro o José María Aznar si ellos, sus padres y abuelos fueron colaboradore del tirano, si su ideología proviene de las hazañas familiares, de las obras completas de José Antonio Primo de Rivera y de la Formación del Espíritu Nacional?

Empero, la cosa no para ahí, los franquistas y sus descendientes que no hubiesen condenado expresamente la tiranía genocida debieron haber sido expulsados de la vida política española, tal como se hizo en el resto de Europa y tal como piden ahora los ciudadanos de los países árabes del Norte de África. Ya se sabe, Franco murió en la cama y no colgado de una farola gracias al apoyo de Gran Bretaña y Estados Unidos, pero los modos de esos personajes no afectan únicamente a la política, a la historia, y a la cultura, sino que también afectan de forma fundamental al sistema productivo del país que en buena parte sigue los paradigmas franquistas basados en el enchufismo, el clientelismo, el amiguismo, la especulación, el dinero fácil, la explotación del consumidor, la información privilegiada y la corrupción, lo que sin duda es una de las rémoras más pesadas de nuestra economía, un carga tremenda y urgente de remediar que no ha sido recogida en ningún pacto social ni se espera sea abordada en los próximos siglos, puesto que la mayor parte de las grandes fortunas patrias nacieron o se fortalecieron bajo el paraguas de San Francisco Franco Bahamonde, patrón de los liberticidas.

Pedro Luis Angosto

Tomado: Nueva Tribuna.es

28 nov 2010

Julio Anguita: "Sin la República, no habrá solución a la crisis ni hoy ni mañana"


Julio Anguita, en el estudio de su casa, en la calle de Alfonso XII de Córdoba, el pasado lunes 22 de noviembre.LAURA LEÓN

El ex coordinador de IU y ex secretario general del PCE, ponente de la Conferencia Republicana que hoy celebra el PCE, defiende un nuevo "proceso constituyente"

Es un “antisistema”. Un dirigente “clásico” que ama la palabra y desdeña el “maridaje perverso de política y medios de comunicación”, que reduce el debate al show, “a las candilejas”.

Julio Anguita González (Málaga, 1941), ex líder de Izquierda Unida (1989-2000) y del Partido Comunista de España (1988-1998), diserta sobre su “desencanto” de la política y sus ganas de cambiarla en torno a los posos de un café en la cervecería Cruz Verde de Córdoba, para luego trasladar la charla unos metros más allá, a su casa, a su estudio poblado de libros y frente a su ordenador. Cae la noche en la ciudad. Son las horas en las que concentra su trabajo, después de su sesión diaria en el gimnasio (hace natación), la compra, la partida de dominó, la siesta. Escribe artículos, participa en debates en televisión y prepara dos libros. Uno sobre IU. Otro sobre la Tercera República, el tema que le ha devuelto a la actualidad. El secretario general del PCE, José Luis Centella, le encargó que dirigiese la ponencia de la Conferencia Republicana. Lo hizo. Y hoy sábado se discutirá su texto en Madrid.

En estos años, Anguita apenas ha cambiado. Físicamente, sigue ágil. Y, como se ve en la segunda parte de esta entrevista, en su mensaje político emerge sin tapujos su teoría de las dos orillas, aquella con la que imprimió la línea de IU en los noventa, en plena debacle del socialismo y que, a la postre, llevaría a la federación a una terrible derrota en 1999 y en 2000 –ya con Francisco Frutos de candidato–, cuando cayó de 21 diputados a sólo ocho. Ahora se encuentra embarcado en su proyecto de República, la única valla que podría parar esta "obra sin sentido de la política actual, con las instituciones deshilachadas" y una sociedad "anómica". Hay que acabar con la "trinidad del capitalismo", insiste unay otra vez: el mercado, la competitividad y el crecimiento sostenido.

Cuando usted y el líder del PCE presentaron el 4 de noviembre en Madrid la Conferencia Republicana, insistían en que ahora hay que hablar de República, “con la que está cayendo”.

Justo con esta crisis, ¿cómo van a entender los ciudadanos que se hable de ella?

"Faltan millones de republicanos que para el saneamiento moral y político de la sociedad"
En un primer impacto, con todos los problemas que hay, sí podría sonar extraño. Pero yo ya en la fiesta del PCE de septiembre de 1996 ya advertía de que la Constitución no se había cumplido. Y según ha pasado el tiempo, la ruptura es más clara. El partido ha visto que había que dar contenido a ese revival republicano: la memoria histórica, la búsqueda de alternativas, el recuerdo de la II República. ¿Por qué? La Transición se ha agotado víctima de sus fracasos, devino en lo que en principio fue, una Restauración borbónica, exactamente igual a cuando Antonio Cánovas, en 1874, propicia la vuelta de Alfonso XII. La Transición no fue más que la Restauración de la monarquía expulsada por segunda vez en España.

Hoy la Constitución suena a cachondeo. Ni los partidos se la creen. Hay que dar respuestas a lo que llamo crisis de civilización, que no es sólo económica y financiera, sino medioambiental, alimentaria, ética, política, total. Y sólo es posible si la ciudadanía participa en política a través de un proyecto que la implica. España necesita a millones de hombres y mujeres republicanos que asuman esa tarea de saneamiento político y moral de la sociedad, que ejerzan de ciudadanos, con derechos y deberes. Ahora, hemos vertebrado el mensaje republicano en dos ideas –la declaración de Derechos Humanos de la ONU y la Carta de la Tierra de 2000– y una pregunta: ¿la economía está dentro de la biosfera o a la inversa? La respuesta republicana es que está dentro de la biosfera y se tiene que supeditar a la defensa de los equilibrios del planeta y al interés general. La economía no puede proyectar una sociedad, no es una ciencia de fines, ha de obedecer los objetivos que le marque el colectivo. Es como cuando a un arquitecto le encargas una casa: él la hace, pero tú le dices por dónde ha de hacerla. Claro que lo que digo va en contra de lo que existe. Obviamente.

¿Es una revolución?

"Hoy la Constitución suena a cachondeo. Ni los partidos se la creen ya"
La palabra revolución no me da miedo. A la gente hay que explicarle que en España hemos hecho muchas revoluciones y no nos hemos dado cuenta: la libertad en la elección de pareja, las bodas homosexuales... Ahora hay que llegar a la madre de todas las revoluciones: la igualdad, y se ha de partir de la igualdad económica. No me interesa una República que no haga que la riqueza esté al alcance de todos y cumpla los derechos humanos. Luego está la cuestión del rey. Se merece críticas durísimas, pero es algo secundario. Si no tenemos en cuenta lo anterior, tendríamos una República coronada, y eso es lo mismo.

Insisto, ¿la República es lo que necesita una España en crisis?

La pregunta es sencilla. Ustedes, compatriotas, ¿creen que esto tiene solución? No, no la tiene en absoluto. Ni hoy, ni mañana, ni pasado. Esto es un proceso de decadencia sin solución. Es un problema de estructura. ¿Y cómo se llega a la República? ¿Podemos llegar a ella desde lo que tenemos, de una forma suave? No, no lo veo. Hablamos de un proceso constituyente...

Pero la Constitución habla de un consenso previo, después la disolución de las Cortes, elecciones, un referéndum...

¿Quién dice que la Constitución tenga que permitir o no? ¡Si para mí es como si no existiera! El proceso ha de fluir de abajo arriba, donde la ciudadanía sea portadora y co-creadora del proyecto, que la gente sepa qué ejes contendrá esa futura Constitución que luego redactarán los diputados: los derechos humanos, la paz, la federalidad, la laicidad... Se trata de crear República. El general Prim decía, con la Revolución de 1868, que no había republicanos en España. Pues bien, éste es el momento de hacer republicanos, de hacerlos para esta concepción de República. Tenemos por delante casi la eternidad.

¿Cómo se construye ese proyecto sin pasar por las instituciones?

Si se hace de abajo arriba, si se crea esa identidad, llegará un momento en el que aumentará el voto en blanco, o se exija un referéndum, o se actúe en los ayuntamientos. Acabará invalidándose la actual legislación.

¿Acaso existe ya esa ebullición?

No, en absoluto. Por eso el PCE pretende ponerlo en marcha. Debe ser desde ya la actividad del partido, y no una más. Porque no descarto que en 15 ó 20 años nos hallásemos con una República conservadora, distinta a ésta...

"Llegará un día en el que crezca el voto en blanco, se exija un referéndum... y la legislación quedará invalidada"

Luego su modelo sí es una República de izquierdas, aunque se nieguen a darle ese adjetivo.

Desde la Revolución Francesa, la cosa está muy clara: la radicalida democrática estuvo del lado de los jacobinos. La etapa thermidoriana [1794-1795] fue más conservadora. Nosotros planteamos una República democrática. Y democracia es igualdad, pleno empleo... ¿Eso es de izquierdas? No, es democracia consecuente. Si se hubiera aplicado íntegra la carta de Derechos Humanos, el mundo habría cambiado. Igual que la Constitución.

¿No excluyen a la derecha?


Es el proyecto que objetivamente conviene a la mayoría, pero esto se resuelve votando. Pero no estoy de acuerdo con una República en la que una minoría la vacíe de contenido. Ésta es una condición sine qua non para nuestro proyecto. Por otro lado, ya la derecha ganó unos comicios en la II República [los de 1933]. Este país ya ha tenido demasiados consensos, y hay aspectos en los que es imposible un consenso. No vamos a repetir los vicios de la Transición.

Quitar al rey, dice, es secundario. Inevitablemente, cuando uno piensa en República, piensa en la caída del monarca. ¿Cómo hacerla? Haría falta un consenso PSOE-PP...

!No vamos por ahí, no entramos en ese camino! El mecanismo previsto en la Constitución no me interesa. Si se plantease llegar a la República por esa vía, sería un suicidio.

"Con un proceso de abajo arriba, el rey cae. Pero el antimonarquismo no es en sí republicano"

¿Cómo hacerlo entonces?

Con un proceso de abajo arriba, el monarca cae. El rey Juan Carlos no es un dechado de perfecciones, aunque la prensa le haya protegido en exceso, culpablemente. No hablo de referéndum. Hablo de un proceso constituyente de la sociedad, totalmente al margen –no digo contra– del aparato del Estado. Pero República no es que en vez de rey haya un presidente. Para mí el concepto República está ligado a un contenido: igualdad social, democracia, ética, libertad, y eso es incompatible con la presencia de un soberano.

El antimonarquismo no es en sí republicano. Y decir que uno es republicano, pero juancarlista, es una estafa intelectual, producto de un miedo vergonzante. Si esto fuese un juego de ajedrez, no empezaría buscando el jaque al rey. Eso vendría después.

Por tanto, ¿no hay modelo fuera en el que fijarse? Francia o Alemania son repúblicas, y ambas sufren crisis.

En Francia hubo una revolución que nunca hubo aquí. Somos un país que nunca ha hecho las transformaciones, porque todos los cambios económicos y sociales los han promocionado las minorías. Se nos han regalado las libertades, no las hemos conquistado. Las dos repúblicas se las tuvieron que ver con los poderes fácticos de la España eterna: capitalismo, oligarquíe e Iglesia. Ambas se vieron presas de una tenaza: la gente quería que se resolvieran de inmediato los problemas sociales que venían de la noche de los tiempos. Ambas eran débiles. Por eso el PCE se basa en las lecciones de la historia y promueve un proceso constituyente, para que la República debe ser querida, asumida y traída por los ciudadanos.

"La República debe ser querida, asumida y traída por los ciudadanos"

¿La influencia del movimiento de la memoria histórica ha sido positiva?


Está abigarrado, atomizado. Está muy bien recordar la II República como referente, pero hay que hablar de una República para el siglo XXI, justo para que la sangre de los que murieron por la República tenga sentido. Ya está bien de nostalgias. Y ahora, discutamos qué República queremos. Yo propongo esta definición de democracia: un convenio permanente entrer seres libres e iguales para convenir permanentemente.

Para que esa sangre de los que murieron tenga sentido, ¿de qué errores de la II República hay que aprender hoy, en 2010?

Muchas cosas. No subestimar al adversario, al Ejército, a la Iglesia, que hoy está en una relación fuera de toda ética política desde 1979, viviendo de los Presupuestos del Estado de forma indecorosa.

No se marca un horizonte temporal, pero en la presentación de la Conferencia apuntaba que el proceso sería difícil y largo.


"Cuando los Pactos de la Moncloa no se cumplieron, debimos haber salido a la calle, a la tensión"
Esto es un proceso en una pizarra, pero yo sé que la historia pega saltos, que cayó Grecia, cayó Irlanda y la situación del euro es muy difícil... No sé qué va a pasar, porque aquí la contestación social no tiene mucho que ver como la vista en Francia. Pero se está llegando a situaciones en la que gente tendrá que responder o hacer como los numantinos, matarse.

¿Hasta cuándo van a aguantar los ciudadanos?
También comentó que no era el tiempo de echar la vista atrás. Pero, ¿fue un error que el PCE, liderado entonces por Santiago Carrillo, aceptase la Corona en 1977?

No me gusta hacer suposiciones sobre situaciones que no viví directamente, porque yo era en aquellos años un dirigente provincial del partido. Pero, evidentemente, nos sorprendió mucho esa decisión de que el PCE aceptara la Corona. Sin embargo, una vez que se rompió la unidad de la izquierda –y no la provocó el PCE–, todos los partidos actuaron con oportunismo, al grito de sálvese quien pueda. El PSOE, cuando le legalizaron, no puso como condición que legalizaran al PCE. Y nosotros también tuvimos que poner como condición que legalizaran a otros partidos que supuestamente estaban a nuestra izquierda.

Puedo entender esa cesión, pero cuando no se cumplieron los Pactos de la Moncloa [de 1977], debimos haber salido a la calle, haber retomado el camino de tensión social. El Ejército, sin Franco y sin una Guerra Civil, no era el problema, como se vio después [el 23-F]. Sé que durante dos meses pudo haber sido el problema, pero los militares habrían acabado cuadrándose ante los banqueros. Nosotros hicimos virtud de la necesidad, pero al final nos convertimos en un monasterio de virtuosos. Nos pasamos.

-Julio Anguita: IU, el PCE y la situación de la izquierda (segunda parte de la entrevista)

Tomado: La República.es

5 ago 2009

70 aniversario del fusilamiento de las 13 Rosas!

La cita de este verano en las viejas tapias del cementerio del Este corresponde con el 70 aniversario de los fusilamientos de los 56 hombres y mujeres de la JSU que aquella fatídica fecha sintieron en ellas perder su vida por la asesina mano de la dictadura y la de sus mentores. Hoy, 70 años después, estos crímenes siguen impunes. No fueron los únicos; antes y después de este día, en este mismo cementerio serían asesinados decenas y decenas de ciudadanos, hombres y mujeres, que, como las 13 Rosas y sus 43 compañeros, aspiraban a un mundo más justo y libre para ellos y para sus hijos, para nosotros, defendiendo los valores democráticos que la república había traído a todos. Como Antonia Torres Llera, la que pudo ser la 14 rosa y no lo fue porque su sentencia se cumplió el siguiente febrero. Casi tres mil asesinatos perpetrados en estas tapias y muchos miles más en otras tapias como estas, en barrancos, puentes o fortines. Y también estos crímenes siguen impunes. En un comunicado del PCE, asegura que seguirá trabajando para que se anulen todas las sentencias de aquellos tribunales ilegales que juzgaron a los españoles hasta bien entrada la llamada Transición, para que el sistema judicial español entre de oficio en la investigación sobre los crímenes cometidos por el franquismo: desapariciones, muerte, exilio, inhabilitaciones, secuestro de niños… y la aplicación correcta de los acuerdos internacionales de la imprescriptibilidad de los crímenes contra la paz y de los delitos de lesa humanidad que se sucedieron durante los años de la dictadura, condenados ya desde los juicios de Nuremberg y no aplicados en España. Y como todos los años, señalan los comunistas, "públicamente nos reconocemos en el ejemplo de las Trece muchachas y del resto de jóvenes de esta saca de agosto. Con la vida pagaron el precio de su dignidad y de la nuestra". "Ellos, los muchachos de la JSU asesinados esa noche, todos y cada unos de los muertos y los resistentes del franquismo se merecen, al menos, que los españoles de hoy, y los de mañana, sepan la verdad, la de su lucha, la de su por qué y contra quién se enfrentaron. Es imprescindible conocer la historia de los demócratas de este país, historia que comenzó en 1931 e inmediatamente fue, primero segada y luego manipulada desde 1939, -ya van 70 años también de antipedagogía de nuestra memoria- y que nuestra sociedad actual, que aspira a ser de derecho y en la que hoy decimos convivir, parece no interesarse el recuperarla como parte de nuestro acervo cultural, social y político", señala el comunicado del PCE, quien finaliza el texto agradeciendo "a todas ellas y a todos ellos por su nobleza y generosidad". Tomado de pce.es / La República.es
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