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19 nov 2010

La doble "p" de Nigeria: petróleo y pobreza


Contaminación Ambiental en Nigeria

El libro del mundo al revés tiene un capítulo dramático en Nigeria, el mayor exportador de petróleo de África, donde el 70 por ciento de sus 150 millones de habitantes son paupérrimos.

Los caminos del subdesarrollo conducen al Delta del río Níger, de donde se extrae un 75 por ciento del crudo nigeriano, mientras la mayoría de sus 30 millones de pobladores carecen de electricidad, agua potable, hospitales y escuelas.

La región del sudeste del país, abarca 70 mil kilómetros cuadrados, de los cuales 31 mil pertenecen a las instalaciones de la transnacional anglo-holandesa Royal Dutch Shell.

Ante este desequilibrio mortal, protestaron etnias, que están al margen de los dividendos ganados por compañías del primer mundo como la Shell, la italiana AGIP, y las estadounidenses Chevron y Exxon Mobil.

El movimiento de los ogonis a inicios de los años 90

protagonizó manifestaciones pacíficas contra la destrucción ecológica ocasionada por la Shell, y conmocionaron a la opinión pública mundial tras la ejecución de su guía, el poeta Ken Saro-Wiwa, y ocho activistas.

Después, la etnia ijaws, que agrupa unos 10 millones de personas, proclamaron en la Declaración de Kaiama en diciembre de 1998 su propósito de luchar por sus derechos y tierra.

Casi todos los jóvenes ijaws sobrevivían de la pesca, cada vez más amenazada por la contaminación petrolera.

La conflagración entre rebeldes ijaws y el ejército nigeriano aumentó hasta que en 2006 surge el Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger (MEND, por sus siglas en inglés).

Los secuestros y sabotajes del MEND contra autoridades militares redujeron en 2009 la extracción petrolera de la zona en un 30 por ciento, lo cual presionó al Gobierno federal a negociar.

Este grupo armado sin presupuestos étnicos anunció el 15 de julio de ese año un alto al fuego por 60 días tras la liberación de su líder, Henry Okah, preso desde 2008.

Tal decisión permitió comenzar conversiones de paz con el gobierno del presidente Umaru YarÂ�Ardua, quien 20 días antes ofreció una amnistía a los rebeldes que depusieran las armas.

Unos 15 mil guerrilleros cesaron los combates con la esperanza de encontrar una salida política y social satisfactoria para sus demandas.

Sin embargo, la llegada al poder de Goodluck Jonathan el 6 de mayo último, tras el fallecimiento de Yar'Adua, no generó un cambio en la situación del Delta.

Para captar el respaldo de la opinión pública internacional, el Movimiento ha desarrollado una estrategia en cuatro años con ataques a militares, oleoductos, estaciones de bombeo, gasoductos, instalaciones de extracción, buques auxiliares y petroleros.

Según el Gobierno, entre 2006 y 2009, las exportaciones cayeron de 3,2 a 1,6 millones de barriles diarios, como consecuencia de las acciones de los insurgentes de esa organización.

Tanto esta como otras agrupaciones armadas han raptado a empleados de empresas petroleras, a quienes devuelven sanos y salvos días después del secuestro.

El diálogo entre el gobierno central y los rebeldes no se vislumbra, pues los miembros del MEND acaban de anunciar una ofensiva para incrementar aún más sus ataques a plataformas petroleras de empresas extranjeras en Nigeria.

Este 18 de novimebre militares nigerianos liberaron a 19 rehenes nigerianos, indonesios, estadounidenses y franceses raptados por el MEND durante un operativo realizado en el Delta del Níger, revelaron fuerzas de seguridad.

Asimismo el principal grupo armado de Nigeria, informó el secuestro de siete nigerianos al atacar la plataforma petrolera de Exxon Mobil radicada en costas del estado de Akwa Ibom, en el sudeste.

El asalto ocurrió una semana después del ataque a otra instalación de Exxon Mobil, en el campo petrolífero marino de Okoro, donde los guerrilleros raptaron a siete empleados extranjeros.

De su lado, las fuerzas armadas nigerianas comunicaron la detención desde fines de septiembre de 449 insurgentes, sin precisar a qué organizaciones pertenecían.

El país más poblado de África carga a sus espaldas con este dilema de la doble "p": petróleo y pobreza, en la base del conflicto que lo desgarra rumbo a la complicación.

Tomado: Prensa Latina

28 may 2010

La fiebre del petróleo que amenaza al Golfo de México y al planeta

El Hoyo 1946 Oleo sobre Lienzo La cuestión es clara: el drenaje masivo de petróleo del fondo del Golfo México podría consumar uno de los mayores desastres ecológicos de la historia de la humanidad. Lo peor es que es sólo un anticipo de lo que será la era del petróleo degradado, una época caracterizada por la creciente dependencia de fuentes de energía problemáticas y difíciles de conseguir. La partida se desarrolla en terreno peligroso, y lo que está en juego es el destino del planeta. Es posible que nunca se llegue a dar con la causa precisa de la explosión que destruyó la torre petrolífera de Deepwater Horizon el 20 de abril y mató a 11 de sus 126 trabajadores. Se ha hablado de fallos en una conexión submarina y en un aparato específicamente diseñado para prevenir explosiones. La falta de controles gubernamentales sobre los mecanismos de seguridad también tuvo su parte en el desastre, producido, seguramente, por una combinación de equipo defectuoso y errores humanos. En todo caso, aunque no se determine cuál fue el exacto disparador de la explosión, la razón de fondo está clara: la existencia de una empresa a la que el gobierno autorizó a explotar reservas de petróleo y gas natural en entornos remotos y bajo condiciones de operación altamente riesgosas. Los peligros de la nueva fiebre del petróleo Los Estados Unidos ingresaron en la era de los hidrocarburos con una de las principales reservas de petróleo y gas natural. La explotación de estos valiosos y versátiles recursos ha contribuido durante mucho tiempo a la riqueza y al poder del país, así como a la rentabilidad de gigantes de la energía como British Petroleum (BP) y Exxon. Este proceso, empero, condujo al agotamiento de la mayoría de reservas siutadas en tierra firme y sólo dejó algunas disponibles en áreas marítimas de difícil acceso en Alaska y el Ártico. Para mantener el suministro de energía, así como los ininterrumpidos beneficios de las grandes empresas del ramo, todos los gobiernos sin excepción han impulsado la explotación de fuentes energéticas remotas, con abierto desdén por los peligros humanos y ambientales que encierran estas operaciones. La búsqueda afanosa de gas y petróleo ha entrañado siempre un cierto grado de riesgo. Después de todo, la mayoría de las reservas energéticas se encuentran bajo tierra entre sucesivas capas de rocas. Cuando las perforadoras llegan hasta ellas, las probabilidades de erupciones explosivas son altas. Es lo que se conoce como efecto "géiser". En los intrépidos inicios de la industria del petróleo, este fenómeno -bien conocido gracias a películas como Pozos de ambición (There Will Be Blood, según el título original en inglés)- era causa frecuente de importantes accidentes humanos y ambientales. Con los años, las compañías petroleras consiguieron prevenir los daños causados a los trabajadores o al entorno de los pozos. Ahora, sin embargo, la compulsión por disponer de las remotas reservas de Alaska, el Ártico y las profundidades marinas se está reeditando una peculiar y peligrosa versión de los intrépidos inicios de la industria. Las empresas se encuentran con riesgos inesperados, y su tecnología -diseñada para escenarios más benignos- resulta a menudo incapaz de ofrecer una respuesta adecuada a los nuevos desafíos. En consecuencia, cuando el desastre se produce, el daño ambiental es exponencialmente mayor que cualquiera que haya podido registrarse en los anales de la industria a lo largo del siglo XIX o a inicios del XX. La operación Deepwater Horizon es un ejemplo de ello. BP, la empresa que gestionaba la torre petrolífera y tenía a su cargo la supervisión de la perforación, lleva años inmersa en una frenética búsqueda de petróleo en zonas profundas del Golfo de México. El pozo en cuestión, conocido como Mississippi Canyon 252, tenía una profundidad de 1,5 kilómetros y estaba situado a unos 80 kilómetros al sur de la costa de Luisiana. El perforador, por su parte, se extendía unos 4 kilómetros más bajo tierra. A semejante profundidad, cualquier operación en el fondo del océano debe realizarse a través de robots manejados por control remoto por técnicos situados en el pozo. El margen de error admisible en estas circunstancias es mínimo, sobre todo en cuestiones de perforación y corte de capas rocosas. Aparentemente, la operación Deepwater Horizon se caracterizó por una gran laxitud en materia de supervisión, de manera que cuando surgieron algunos problemas previsibles, fue imposible enviar técnicos que pudieran evaluar la situación y ofrecer una solución. Acometer perforaciones el Alaska y en el Ártico entraña peligros aún mayores, dadas las condiciones climáticas y ambientales extremas con las que es menester lidiar. Cualquier pozo marítimo siutado en los mares de Beaufort o de Chukchi está expuesto a eventuales choques con trozos de hielo, a temperaturas extremas y a poderosas tormentas. Por otra parte, siempre será más difícil, en semejantes parajes, lidiar con derrames de petróleo como los de BP, da igual que sean marítimos o terrestres. Es más, un flujo incontrolado de petróleo en esas condiciones representará, a no dudarlo, una amenaza letal para cualquier especie viva. Las grandes empresas de energía aseguran estar blindadas contra tales peligros. Sin embargo, tanto el desastre del Golfo como la propia historia han puesto en ridículo dicha pretensión. En 2006, por ejemplo, un oleoducto en mal estado de BP propició el derrame de más de un millón de litros de crudo en unas lomas del norte de Alaska frecuentadas por manadas migratorias de caribús (como el derrame tuvo lugar en invierno, los caribús aún no estaban allí, lo que hizo posible alejar el petróleo de los bancos de nieve; de haberse producido en verano, los riesgos para la manada hubieran sido considerables). Cuando hay petróleo de por medio, todo está permitido A pesar de los peligros evidentes y de la ausencia de mecanismos adecuados de seguridad, diferentes administraciones, incluida la de Barack Obama, han apoyado la política de las grandes empresas y han favorecido la explotación de reservas de gas y petróleo en aguas profundas del Golfo de México, así como de otras áeras ambientalmente sensibles. El gobierno ya asumió esta posición frente al tema con la Política de Energía Nacional (PEN), adoptada por el presidente George W. Bush en mayo de 2001. Liderados por el ex Director Ejecutivo de Halliburton, el vice presidente Dick Cheney, los diseñadores de esta política advirtieron que los Estados Unidos consideraron que la creciente dependencia de la importación de energía comportaba un auténtico peligro para la seguridad nacional. A resultas de ello, apostaron por un mayor aprovechamiento de las fuentes de energía locales, especialmente petróleo y gas natural. “Es un objetivo primordial de la Política de Energía Nacional diversificar las fuentes de aprovisionamiento” rezaba la declaración de principios de la PEN. “Y esto supone priorizar las fuentes locales de petróleo, gas y carbón”. No obstante, como la propia PEN dejaba claro, los Estados Unidos estaban perdiendo sus reservas de gas natural o de petróleo convencionales y de fácil acceso, tanto terrestres como marítimas. “Es probable -se decía en el documento- que la producción de petróleo en los Estados Unidos decaiga en las próximas dos década; [de manera que] la demanda local excederá las propias capacidades productivas”. La única solución, se afirmaba, era aumentar la explotación de reservas de energías no convencionales, como el petróleo o el gas situados en el fondo martímo del Golfo de México, más allá de los bancos de arena continentales, en Alaska, en el Ártico e incluso recurrir a formaciones geológicas complejas como el petróleo o el gas bituminosos. “La producción de gas y petróleo en áreas geológicamente estimulantes -continuaba el documento- es vital para todos los estadounidenses y para la seguridad energética nacional, siempre que resulte compatible con la protección del medioambiente” (esta última mención era un explícito añadido de la Casa Blanca dirigido a contrarrestar las acusaciones -desafortunadamente ciertas- en torno a la escasa sensibilidad gubernamental por las consecuencias ecológicas de su política energética). La primera recomendación de la PEN consistía en el desarrollo de un Refugio para la Vida Silvestre en el Ártico, una propuesta con amplio eco en los medios que se granjeó la inmediata desconfianza de los grupos ambientalistas. Sobre todo cuando se la veía acompañada por la apelación a una mayor exploración y explotación en las profundidades del Golfo y en los mares de Beufort y Cukchi, en el norte de Alaska. Aunque la perforación en el Refugio Nacional para la Vida Silvestre del Ártico fue finalmente bloqueada, la explotación en otras áreas se abrió camino con escasa oposición. En realidad, el Servicio de Gestión de Minerales (SGM), una agencia gubernamental probadamente corrupta, lleva años facilitando la concesión de licencias de exploración y perforación en el Golfo de México e ignorando de manera sistemática las regulaciones ambientales. Esta práctica, frecuente durante la era Bush, se mantuvo incólume con la llegada de Barack Obama a la presidencia. Obama, de hecho, autorizó con su firma el crecimiento masivo de las perforaciones marítimas, y apenas tres semanas antes del desastre de Deepwater Horizon, el 30 de marzo, anunció la realización de tareas de perforación, por primera vez, en vastas áreas del Atlántico, la zona oriental del Golfo de México y las aguas de Alaska. Además de acelarar las exploraciones en el Golfo de México, pasando por alto las advertencias de científicos y funcionarios gubernamentales, el SGM también aprobó perforaciones en los mares de Beaufort y Chukchi. Todo ello a pesar de la fuerte oposición de grupos ecologistas y de los propios pueblos nativos, que temían que las operaciones pusieran en riesgo la supervivencia de ballenas y otras especies fundamentales para mantener su modo de vida. En octubre, por ejemplo, el SGM otorgó a Shell Oil una autorización provisional para llevar a cabo perforaciones en dos bloques del mar de Beaufort. Los opositores al plan han señalado que cualquier derrame de petróleo generado por dichas actividades entrañaría severos riesgos para especies ya amenazadas. Como de constumbre, sin embargo, las advertencias han sido ignoradas (el 30 de abril, 10 días después de la explosión del Golfo, el presidente Obama otorgó al Plan un sorpresivo visto bueno, cuando aún algunas tareas de perforación aún estaban pendientes de revisión). El salón de la vergüenza de BP Las grandes compañías energéticas tienen sus propias razones para sumarse a la explotación de opciones remotas de energía. Para evitar la caída de sus acciones, cada año se ven obligadas reemplazar el petróleo extraído con el de nuevas reservas. La mayoría de los yacimientos tradicionales, sin embargo, está agotada y algunos de los más prometedores en Oriente Medio, en América Latina o en la ex Unión Soviética se encuentran bajo control de empresas estatales como la saudí Aramco, Pemex, en México, o PDVSA, en Venezuela. Este panorama deja a las empresas privadas con áreas cada vez más restringidas en las que reponer sus provisiones. Ello explica que lleven tiempo inmersas en una búsqueda enloquecida de petróleo en el África sub-sahariana, donde muchos países todavía permiten una cierta participación privada. Lo cierto, sin embargo, es que incluso en estos casos deben afrontar la feroz competencia de empresas chinas así como de otras compañías de propiedad estatal. Las únicas áreas en las que aún pueden operar con las manor prácticamente libres son el Ártico, el Golfo de México, el Atlántico Norte y el Mar del Norte. No es casual que sea aquí donde están concentrando sus esfuerzos, con escasa o nula preocupación por los peligros que ello pueda suponer para la humanidad o para el planeta. El ejemplo de BP es bastante elocuente. Originariamente conocida como Anglo-Persian Oil Company (más tarde, Anglo-Iranian Oil Company, y finalmente, British Petroleum), BP comenzó sus operaciones en el sudoeste de Irán, donde gozó durante un tiempo del monopolio en la producción de crudo. En 1951, sus propiedades fueron nacionalizadas por el gobierno democrático de Mohammed Mossadeq. La empresa regresó a Irán en 1953, tras el golpe apoyado por los Estados Unidos que puso al Shah en el poder, y fue expulsada nuevamente en 1979 tras la revolución islámica. La compañía todavía conserva un pie en la inestable aunque rica en petróleo Nigeria, una ex colonia británica, y en Azerbaijan. Sin embargo, desde su absorción de Amoco (en su momento, Standard Oil Company of Indiana) BP ha concentrado sus energías en la explotación de las reservas de Alaska y en algunos yacimientos de petróleo degradado en el Golfo de México y en las costas africanas. No por casualidad, el informe anual de BP de 2009 lleva por título "Operar en las fronteras de la Energía". Allí, de hecho, se señala con orgullo que “BP opera en las fronteras de la energía. Desde las profundidades marítimas a los entornos más complejos, desde remotas islas tropicales a la próxima generación de biocombustibles, una renovada BP trae consigo mayor eficiencia, un impulso sostenido y crecimiento empresarial. En el marco de esta declaración de principios, el Golfo de México ocupa un papel central. “BP es un operador líder en el Golfo de México”, señala el informe. “Somos el principal productor y proveedor en la zona, además de contar con el mayor área de exploración” […] Nuevos descubrimientos, emprendimientos exitosos, operaciones de alta eficacia y un amplio abanico de nuevos proyectos nos sitúan en inmejorable posición en el Golfo de México, tanto a corto como a largo plazo”. Está claro que los altos ejecutivos de BP pensaban que un rápido incremento de la producción en el Golfo resultaría fundamental para la salud financiera de la empresa a largo plazo (de hecho, unos pocos días después de la explosión en Deepwater Horizon, la compañía anunciaba que había conseguido unos 6.100 millones de dólares de beneficios sólo en el primer trimestre de 2010). Queda por determinar hasta qué punto la concepción empresarial defendida por BP contribuyó al accidente de Deepwater Horizon. En todo caso, existen inidicios de que la compañía estaba inmersa en una frenética operación de consolidación del pozo de Mississippi Canyon 252, un paso previo al eventual traslado de la plataforma alquilada a Transocean a unos 500.000 dólares diarios a algún otro sitio de perforación rentable. Si bien es probable que BP sea el principal villano en este caso, otras grandes empresas energéticas están implicadas en actuaciones similares, con cobertura del gobierno y de algunos de sus funcionarios. Estas empresas y sus aliados gubernamentales aseguran que, con las debidas precauciones, es seguro operar en estas condiciones. El incidente de Deepwater Horizon, sin embargo, revela que mientras más remota es el área de exploración, mayores son las posibilidades de que el asunto acabe en desastre. Se nos dirá que la explosión en Deepwater Horizon fue un accidente desafortunado, una desgraciada combinación de gestión inadecuada y equipo defectuoso. Que bastaría un control más estricto para disipar los riesgos de la perforación en aguas profundas. Pero el alegato no es de recibo. La falta de diligencia y los defectos técnicos pueden haber desempeñado un papel crucial en la catástrofe del Golfo. Sin embargo, la fuente última del desastre es la necesidad compulsiva de las grandes empresas de compensar el declive de las reservas convencionales de petróleo a través de la exploración en zonas altamente riesgosas. Mientras esta compulsión se mantenga, los desastres continuarán. Tenedlo por seguro. Michael T. Klare Profesor de estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College. Su último libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books). Traducción para www.sinpermiso.info: Gerardo Pisarello Ilustración y artículo. Tomado: Revista Sin Permiso

12 may 2010

Ahmadinejad dice “gracias América”

Las relaciones entre Irán y Estados Unidos han sido turbulentas durante hace casi 60 años. Antes de la Segunda Guerra Mundial el sha de Irán, Reza Shah Pahlevi, intentó maniobrar entre las demandas y las presiones externas de Gran Bretaña, la Unión Soviética y Alemania. Cuando estalló la guerra proclamó la neutralidad de Irán. Esto condujo a una invasión aliada soviética-británica en 1941. Los aliados forzaron al sha a abdicar en favor de su hijo. Las fuerzas soviéticas permanecieron en el norte de Irán y en 1946 exigieron contar con una concesión petrolera ahí. Los británicos consideraban que Irán era parte de su esfera de influencia y controlaban la muy rentable Anglo-Iranian Oil Company (AIOC). La Guerra Fría había comenzado y los británicos se negaron a admitir dicha demanda soviética. Las fuerzas soviéticas se retiraron de Irán, más o menos, como parte del acuerdo implícito en Yalta de que habría una división de esferas de influencia. Sin embargo, en 1951, Mohammed Mossadegh asumió el cargo de primer ministro, como cabeza del partido nacionalista, y nacionalizó la AIOC, una jugada a la que se opuso el sha, Mohammed Reza Pahlevi. En la lucha entre ambos, Mossadegh obtuvo el suficiente respaldo popular para marginar al sha y forzarlo a un exilio de facto. En ese momento los británicos, en efecto, estaban cediéndole su papel a Estados Unidos en todo Medio Oriente. Fue entonces que la CIA orquestó un golpe de Estado en Irán el 16 de agosto de 1953 e hizo arreglos para que el sha regresara a Teherán y asumiera de nuevo el control político pleno. La nacionalización del petróleo se canceló y se reinstaló la firma británica en Irán. El sha de Irán se volvió un firme aliado de Estados Unidos y suprimió toda oposición política. En ese entonces Estados Unidos no objetaba las ambiciones nucleares del sha y tampoco Israel lo hacía. El régimen del sha se hizo más y más opresivo y esto resultó eventualmente en una revolución nacionalista en 1979 encabezada por el ayatola Rojula Jomeini. Para los revolucionarios uno de los principales agravios era la subordinación de los intereses nacionales de Irán a las políticas estadunidenses, como las encarnaba el golpe orquestado por la CIA en 1953. El sha huyó y pronto, en noviembre de 1979, fue invadida la embajada estadunidense. Los diplomáticos que se hallaban en su interior fueron tomados como rehenes por el régimen iraní. Estuvieron como rehenes 444 días. Desde entonces han sido hostiles las relaciones entre ambos países. En 1980, el gobierno iraquí de Sadam Hussein atacó Iraq, con el respaldo material del gobierno estadunidense. La guerra fue larga y sangrienta y terminó ocho años después más o menos empatada. Poco después Iraq invadió Kuwait, en parte para aliviar los costos de la guerra. Iraq esperaba que Estados Unidos entendiera estas acciones, pero en cambio se halló inmerso en la primera Guerra del Golfo. Estados Unidos se encontró al mismo tiempo enfrentado con Iraq e Irán. Cuando al-Qaida lanzó su ataque el 11 de septiembre, el gobierno de Bush acusó a Iraq e Irán de colusión con al-Qaida aunque ésta era hostil hacia ambos regímenes. Estados Unidos invadió Afganistán en 2001 e Iraq en 2003 con la supuesta esperanza de lograr regímenes amigables en ambos países que le brindaran respaldo en su lucha continuada con Irán, que había emprendido serios esfuerzos por dotarse de armas nucleares. Así que, ¿dónde estamos hoy? Los iraquíes celebraron elecciones y están, al momento, negociando el futuro gobierno. Cuando los varios partidos de fuerte base chií quisieron llevar a cabo diálogos de negociación, fueron a Teherán. Una de las razones aducidas fue que no querían que Estados Unidos los oyera con sus dispositivos de escucha. Parece que no les preocupaba que los oyeran los dispositivos de escucha iraníes. El partido más grande, que tiene un fuerte respaldo en las áreas suníes, ha anunciado recientemente que también visitará Irán. Y el gobierno iraní ha urgido a los partidos chiíes a que incluyan a políticos suníes en cualquier gobierno que se forme. No se trata de que Irán esté controlando la política iraquí. Lejos está de eso, pero tras una prolongada ocupación estadunidense ser que Irán tiene más influencia en Iraq que Estados Unidos. Irán está especialmente agradecido a Estados Unidos por haber eliminado al enemigo más temible que tenía en Iraq: Sadam Hussein. En Afganistán, Estados Unidos instaló en el poder a Hamid Karzai. Desde el punto de vista estadounidense era la persona ideal, de hecho el único que tenía la posibilidad de resistir con éxito a los talibanes y mantener unido Afganistán. Él mismo procede de la etnia pastún y es alguien deseoso de hacer tratos con los varios señores de la guerra que dominan las zonas donde no hay pastunes. Después de las recientes elecciones hubo acusaciones de que Karzai había manipulado los resultados y que era muy tolerante con la corrupción y el cultivo de drogas. Estados Unidos le puso fuerte presión para que modificara algunas de sus políticas. ¿Qué fue lo que hizo? Invitó a Ahmadinejad a visitar Kabul, dijo que él mismo podría unirse a los talibanes, y abiertamente denunció a los militares estadounidenses por sus horribles matanzas de civiles. Debido a que Estados Unidos no tiene a nadie que pueda sustituirlo, tuvo que reconsiderar e intentar restablecer relaciones con Karzai. El general McChrystal, comandante de las fuerzas estadounidenses ahí, ha invertido mucho en lograr por lo menos una victoria parcial sobre los talibanes. Después de nueve años de presencia estadunidense (y de la OTAN) en Afganistán, su aliado más seguro juega la carta iraní contra Washington, y no parece que haya mucho que pueda hacer Estados Unidos al respecto. Entretanto Ahmadinejad enfrenta fuerte oposición al interior del país y ha estado trabajando duro para suprimirla. Y Estados Unidos está en una campaña importante para lograr sanciones contra Irán debido a su negativa a abandonar el desarrollo de reactores nucleares. ¿Cuáles son los resultados de la campaña de sanciones (y más) encabezada por Estados Unidos y respaldada con estruendo por parte de Israel? En Irán se ha fortalecido mucho la mano política de Ahmadinejad en lo interno, y le permite asumir la actitud de defensor de la soberanía iraní. Y pese a toda la presión que ha puesto Estados Unidos, parece dudoso que Rusia y China (en especial China) respalden sanciones serias (es decir, que no sean sólo nominales). Entretanto los israelíes expresan, correctamente, que el tiempo está del lado de Irán en su intento por convertirse una potencia nuclear. Treinta años de política exterior estadounidense frente a Irán han resultado contraproducentes. (O tal vez debamos hablar de casi 60 años). Irán es más fuerte hoy que nunca, en gran parte debido a las políticas estadounidenses. Si ustedes fueran Ahmadinejad, ¿no dirían, “gracias América?”. Immanuel Wallerstein Tomado: La Jornada

19 feb 2009

¿Propiedad de las palabras o palabras sobre la propiedad?

Ramón Pedregal Casanova Rebelión
Si quiere saber por qué los medios de comunicación defienden o atacan, pregúnteles qué sistema de producción, qué sistema de propiedad defienden y cuál atacan. Cuando dicen de Chaves que quiere perpetuarse en el poder están expresando su temor a que el sistema de producción que Chaves pretende se acabe de asentar, que el reparto social, que la eliminación de la miseria, que la enseñanza generalizada, que la propiedad de los medios de producción sea para beneficio de los trabajadores perduren, se ponga por encima del sistema que durante toda la Histeria ha sido el establecido: miseria generalizada, propiedad de de los medios de producción y de la riqueza que producen los trabajadores por parte de esa clase minoritaria, exclusiva y ajena a los intereses de la mayoría de la población, que sólo esa minoría tenga acceso a la enseñanza que conduce al control de los medios generales de producción.
El problema para estos, para la clase que histéricamente vive del robo de la plusvalía a los trabajadores es que, en el caso de Venezuela, el petróleo, principal fuente de riqueza, ya no esta en toda su medida en sus manos, en las manos de quienes viven a cuenta de la mayoría de los venezolanos. Cualquier persona o decisión popular que no lleve aparejada la apropiación por parte de esta clase exclusiva de ladrones y asesinos sobre la riqueza general será antidemocrática.
Disponen de la inmensa mayoría de los medios de propaganda en Venezuela, en España y en general en el mundo, pero ni aun así impiden que el pueblo de Venezuela elija otro modo, otra manera, otro modelo de propiedad de la riqueza, modelo que no les priva de lo que tienen si es productivo para el país, pero sí emplea la riqueza de Venezuela en el pueblo de Venezuela, emplea el fruto, la plusvalía del trabajo en los que nunca habían recibido nada de parte de esos ladrones de élite que robaban la riqueza.
Hablar de democracia siempre da para la ambigüedad. Hablar de la propiedad general de la riqueza de un país es más concreto. Hablar de la propiedad de los medios de producción es más concreto. Hablar de las leyes que emanan del sistema de producción, capitalista o socialista, también es concreto. Hablar de que lo que era perpetuo era el capitalismo y ha dejado de ser perpetuo es hablar del proceso histórico. Los defensores del antiguo régimen explotador de los trabajadores han perdido su hegemonía. Ahora escandalizan, ensucian el agua para que no podamos ver, para que no podamos sacar conclusiones, no quieren permitir que en la Historia se conozca la diferencia, quieren perpetuar lo que habían dicho siempre al pueblo: que su explotación era perpetua, que no pusiese esperanzas en ningún cambio de la propiedad privada a la propiedad social, que siempre tendría que trabajar y no disponer de medio alguno para escapar de la explotación a la que le sometían. Lo que queda claro en la Historia es que el capitalismo no es perpetuo, por eso lanzan a sus ejércitos mercenarios de publicistas contra el nuevo sistema de propiedad, la propiedad de los trabajadores, la propiedad socialista.
Se habían aprendido tanto la palabra “perpetuo” que cuando pierden llaman al mundo nuevo “perpetuo”, dicen que se quiere “perpetuar”. Para los antiguos propietarios lo principal en el lenguaje era tener la propiedad de las palabras. Para los trabajadores las palabras deben poner luz sobre la propiedad, sobre el modelo de producción, así lo veremos más claro.
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