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28 feb 2012

El año de todos los peligros


Comandante de la Armada iraní, almirante Habibollah
Sayari (Hamed Jafarnejad/AFP/Dachary)
Una peligrosa escalada belicista coloca al Golfo Pérsico como principal amenaza geopolítico del año. Un ataque contra Irán derivaría en un conflicto regional.


Será 2012 el año del fin del mundo? Es lo que vaticina una leyenda maya que incluso le pone fecha exacta al Apocalipsis: el 12 de diciembre próximo (12-12-12). En todo caso, en un contexto europeo de recesión económica y de grave crisis financiera y social, los riesgos no escasearán este año, que verá además elecciones decisivas en Estados Unidos, Rusia, Francia, México y Venezuela.
Pero el principal peligro geopolítico seguirá situándose en el Golfo Pérsico.¿Lanzarán Israel y Estados Unidos el anunciado ataque militar contra las instalaciones nucleares iraníes? El gobierno de Teherán reivindica su derecho a disponer de energía nuclear civil. Y el presidente Mahmud Ahmadinejad ha repetido que el objetivo de su programa no es en absoluto militar; que su finalidad es simplemente producir energía eléctrica de origen nuclear. También recuerda que Irán firmó y ratificó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), mientras que Israel nunca lo hizo.
Por su parte, las autoridades israelíes piensan que no se debe esperar más. Según ellas, se acerca peligrosamente el momento en que el régimen de los ayatolás dispondrá del arma atómica, y a partir de ese instante ya no se podrá hacer nada. El equilibrio de fuerzas en Medio Oriente se habrá roto, e Israel ya no gozará de una incontestable supremacía militar en la región. El gobierno de Benjamín Netanyahu estima que, en esas circunstancias, la existencia misma del Estado judío estaría amenazada.
Según los estrategas israelíes, el momento actual es tanto más propicio para golpear cuanto que Irán se encuentra debilitado. Tanto en el ámbito económico, a causa de las sanciones impuestas desde 2007 por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas –basadas en informes alarmantes de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AEIA)–, como en el contexto geopolítico regional, porque su principal aliado, Siria, a causa de la violenta insurrección interna, se halla imposibilitado de prestarle una eventual ayuda. Y esta incapacidad de Damasco repercute en otro socio local iraní, el Hezbollah libanés, cuyas líneas de aprovisionamiento militar desde Teherán han dejado de ser fiables.
Por estas razones, Israel desea que el ataque se lleve a cabo cuanto antes. En aras de preparar el bombardeo, ya hay infiltrados en Irán, efectivos de las fuerzas especiales. Y es muy probable que agentes israelíes hayan concebido los atentados que, estos dos últimos años, causaron la muerte de cinco importantes científicos nucleares iraníes.

Consecuencias militares y económicas

Aunque Washington también acusa a Teherán de estar llevando a cabo un programa nuclear clandestino para dotarse del arma atómica, su análisis a propósito de la oportunidad del ataque es diferente. Estados Unidos está saliendo de dos decenios de guerras en esa región, y el balance no es halagador. Irak ha sido un desastre y ha quedado finalmente en manos de la mayoría chiita, la cual simpatiza con Teherán... En cuanto al lodazal afgano, las fuerzas estadounidenses se han mostrado incapaces de vencer a los talibanes, con los cuales la diplomacia estadounidense ha tenido que resignarse a negociar antes de abandonar pronto el país a su destino.
Estos costosos conflictos han debilitado a Estados Unidos y revelado a los ojos del mundo los límites de su potencia y su incipiente declive histórico. No es hora de nuevas aventuras. Menos en un año electoral en el que el presidente saliente, Barack Obama, no tiene la certeza de ser reelegido. Y cuando todos los recursos están siendo movilizados para combatir la crisis y reducir el desempleo.
Por otra parte, Washington está tratando de cambiar su imagen en el mundo árabe-musulmán, sobre todo después de las insurrecciones de la “primavera árabe” del año pasado. De cómplice de dictadores –en particular del tunecino Zine el Abidine Ben Ali y del egipcio Hosni Mubarak–, desea ahora aparecer como mecenas de las nuevas democracias árabes. Una agresión militar contra Irán, en colaboración además con Israel, arruinaría esos esfuerzos y despertaría el antinorteamericanismo latente en muchos países. Sobre todo en aquellos cuyos nuevos gobiernos, precisamente surgidos de las revueltas populares, están dirigidos por islamistas moderados.
Una importante consideración complementaria: el ataque contra Irán tendría consecuencias no sólo militares (no se puede descartar que algunos misiles balísticos iraníes alcancen el territorio israelí o consigan golpear las bases estadounidenses de Kuwait, Bahrein u Omán) sino, sobre todo, económicas. La réplica mínima de Irán a un bombardeo de sus sitios nucleares consistiría, como sus responsables militares no cesan de prevenir, en el bloqueo del estrecho de Ormuz. Cerrojo del Golfo Pérsico, por él pasa un tercio del petróleo del mundo y unos 17 millones de barriles de crudo cada día. Sin ese aprovisionamiento, los precios de los hidrocarburos alcanzarían niveles insoportables, lo cual impediría la reactivación de la economía mundial y la salida de la recesión.
El Estado Mayor iraní afirma que “nada es más fácil de cerrar que ese estrecho”, y multiplica las maniobras navales en la zona para demostrar que está en condiciones de llevar a cabo sus amenazas. Washington ha respondido que el bloqueo de la vía estratégica de Ormuz sería considerado como una “causa de guerra”, y ha reforzado su V Flota, que navega por el Golfo.
Es muy improbable que Irán tome la iniciativa de ocluir el paso de Ormuz (aunque siempre podría intentarlo en represalias a una agresión). En primer lugar porque se daría un tiro en un pie, ya que exporta su propio petróleo por esa vía, y los recursos de esas exportaciones le son vitales. En segundo lugar, porque dañaría a algunos de sus principales socios, quienes lo apoyan en su conflicto con Estados Unidos. Fundamentalmente China, cuyas importaciones de petróleo, que alcanzan un 15%, proceden de Irán; su eventual interrupción paralizaría parte de su aparato productivo.
Las tensiones están pues al rojo vivo. Las cancillerías del mundo observan minuto a minuto una peligrosa escalada que puede desembocar en un gran conflicto regional. Se verían implicados en él no sólo Israel, Estados Unidos e Irán, sino también tres otras potencias de Medio Oriente: Turquía, cuyas ambiciones en la región vuelven a ser considerables; Arabia Saudita, que sueña desde hace decenios con ver destruido a su gran rival islámico chiita; e Irak, que podría romperse en dos partes, una chiita proiraní, y otra sunnita prooccidental.
Asimismo, un bombardeo de los sitios nucleares iraníes causaría una nube radiactiva nefasta para la salud de todas las poblaciones de la zona (incluidos los miles de militares estadounidenses y los habitantes de Israel). Todo ello conduce a pensar que si los belicistas están alzando con fuerza la voz, el tiempo de la diplomacia aún no ha terminado.

Ignacio Ramonet / Director de Le Monde diplomatique, edición española.

Tomado: Le Monde Diplomatique.org

23 ene 2012

“La Agencia Internacional de Energía Atómica está involucrada en asesinato de científicos iraníes”


“Esta es una política que se repite constantemente. La AIEA está involucrada en el asesinato de los científicos nucleares iraníes, ya que es la única entidad que posee informaciones precisas y confidenciales en este sentido”, agregó Barakat.

En una entrevista concedida al canal de televisión egipcio Nile TV, Barakat ha señalado que si “Irán no da información a la agencia se crea un escándalo, y acusan a Irán de no ser transparente al respecto, y si da información, se realizan los asesinatos selectivos”.

Asimismo, Barakat explicó que el programa energético nuclear de Irán tiene fines pacíficos y pretende satisfacer las demandas internas del país; asimismo, el uso de la energía atómica es una necesidad permanente para un país que ha gastado mil millones de dólares en la construcción de instalaciones nucleares.

Barakat criticó el doble rasero de Washington sobre el programa energético nuclear de Irán, agregando que Estados Unidos y e Israel sí poseen un sinnúmero de armas nucleares.

Teherán sostiene que como miembro de la AIEA y país signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), tiene el derecho a utilizar la tecnología nuclear para usos pacíficos como la generación de electricidad e investigación médica.

Mientras tanto, Israel, poseedor de más de 200 ojivas atómicas, no permite que la AIEA inspeccione o supervise su controvertido programa nuclear.

El 11 de enero del año en curso, el catedrático iraní, Mostafa Ahmadi Roshan, fue asesinado en Teherán, la capital de Irán, tras explotar la bomba lapa colocada en su coche.

Ahmadi Roshan, es el cuarto científico iraní, vinculado con el programa nuclear pacífico iraní que ha sido asesinado durante los últimos dos años. Dariush Rezainejad (julio de 2011), Masud Ali Mohammadi (enero de 2010) y Mayid Shahriari (noviembre de 2010) perdieron la vida en atentados similares, mientras que Fereydun Abasi (noviembre de 2010) sufrió heridas.

EEUU y sus aliados tratan de vender que Irán es “una amenaza para el mundo” argumentando que su programa energético de carácter nuclear tiene “fines militares”. Sin embargo, el presidente Mahmud Ahmadineyad ha negado esas acusaciones en reiteradas ocasiones y ha invitado a Washington a mostrar pruebas firmes que confirmen dicha hipótesis.

Teherán denuncia que la verdadera razón por la que EEUU tiene a Irán como objetivo militar son sus recursos naturales. Las reservas de petróleo iraníes son las terceras más grandes del mundo con aproximadamente 136.000 millones de barriles. Irán es el cuarto mayor productor de petróleo y es el segundo productor de la OPEP después de Arabia Saudita.

Ante esta campaña mediática que busca criminalizar al Gobierno de Irán, el vicepresidente Mohammad Reza Rahimi, recomendó a la prensa occidental a hacer un ejercicio de memoria para recordar que en toda la historia de la humanidad tan solo ha habido una potencia que se ha atrevido a lanzar dos bombas atómicas causando la muerte de miles de civiles inocentes. “Para aquellos que anden cortos de memoria, ese país es Estados Unidos”, advirtió Reza Rahimi, haciendo referencia a las dos bombas que EEUU lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945 y que provocaron la muerte de más de 200.000 personas.

LibreRed.net / Hispan TV

Tomado: La República.es

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9 sept 2010

La paja en el ojo ajeno


Israel denuncia el propósito iraní de construir un arsenal atómico y jamás habla del propio, que comenzó a edificar en 1960. Amenaza con bombardear la planta nuclear de Busheir, pero Tel Aviv nunca ha firmado ni adherido al Tratado de no Proliferación Nuclear (TNP) de las Naciones Unidas del que son Estados parte casi 190 países. No quiere.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) trató, primera vez en sus 53 años de existencia, el caso de Israel a principios de este mes en Viena y le solicitó que adhiera al TNP, que impide el uso de ese tipo de energía con propósitos militares. (www.kuna.net.kw, 3-9-10). El ministro de Relaciones Exteriores israelí, Avigdor Lieberman, calificó esa propuesta de “injustificada y carente de base política y legal” (www.businessweek.com, 3-9-10). Injustificada, quién sabe: el nuevo director general de la OIEA, Yukiya Amamo, informó en un comunicado que los inspectores de la OIEA enviados a Israel chocaron con restricciones para examinar las instalaciones nucleares de Tel Aviv en Dimona. Tal vez porque ya en 1999 almacenaba en sus depósitos unos 400 artefactos termonucleares y nucleares, según estimó el Centro de No Proliferación Nuclear de la fuerza aérea de EE.UU. (www.au.af.mil, septiembre de 1999). A saber cuántos ahora.

Tel Aviv no niega ni afirma que posee un arsenal atómico y supone que esa posición “opaca” es una ventaja estratégica. Casi no hay experto internacional que dude de que lo tenga: el alcance del programa nuclear israelí es el secreto público mejor guardado del mundo. A Obama no le parece mal, más bien al contrario. Al finalizar el encuentro del 6 de julio con el premier Benjamin Netanyahu, declaró en la Oficina Oval: “Creemos firmemente que Israel, en razón de su territorio, su historia, la región en que se encuentra... tiene requerimientos de seguridad únicos en su género. Debe contar con capacidad para responder a las amenazas... y EE.UU. jamás pedirá a Israel que adopte medidas que debiliten su seguridad” (Foreign Affairs, número de septiembre-octubre 2010, vol. 5). Al mismo tiempo, Barack empuja la adopción de sanciones internacionales contra Irán por su programa nuclear.

Aparecieron, en mayo de este año, evidencias de que Tel Aviv posee nomás armas atómicas. El investigador judeo-estadounidense Sasha Polakow-Suransky logró la desclasificación de documentos que reunió en su libro The Unspoken Alliance: Israel’s Secret Relationship with Apartheid South Africa (Pantheon Books, Nueva York, 2010). La documentación, liberada por los servicios de inteligencia del Ministerio de Defensa sudafricano, revela que en pleno imperio del régimen de apartheid y del bloqueo impuesto por la comunidad internacional al sistema racista, Tel Aviv propuso a Pretoria la compra de armas atómicas “de tres tamaños”.

El diario británico The Guardian publicó fotocopias de algunos registros de estas negociaciones (www.guardian.co.uk, 24519), firmados por P. W. Botha, entonces ministro de Defensa de Sudáfrica, y por su homólogo Shimon Peres, hoy presidente de Israel. En la reunión que las dos partes sostuvieron el 31 de marzo de 1975, Tel Aviv “ofreció formalmente a Sudáfrica venderle misiles Jericho de su arsenal habilitados para cargas nucleares”. En los documentos se insiste con la necesidad de mantener en secreto “los términos o contenidos de cualquier acuerdo de esta naturaleza... (que) entrará en vigor por un período de tiempo indefinido y no podrá ser cancelado o desconocido unilateralmente”.

Un documento registra la reunión que se realizó el 30 de junio de 1975 en la Casa de Huéspedes del gobierno sudafricano, en la que “el ministro Peres ofreció la venta de la mitad de la producción israelí de un nuevo tanque... que comenzaría en enero de 1976 a razón de diez unidades mensuales”. Además, Polakow-Suransky asegura que el valor de las exportaciones militares de Tel Aviv a Pretoria ascendió a 600 millones de dólares anuales durante 1974/1993, el período del apartheid. Israel se convirtió en el tercer abastecedor de armas a Sudáfrica después de EE.UU. y Gran Bretaña.

¿Los derechos humanos son menos importantes que las transacciones económicas? Un informe de Maestros contra la Ocupación, ONG que agrupa a educadores de diferentes partes del mundo para bregar contra las guerras, señala que las exportaciones israelíes de armamentos pasaron de 70 millones de dólares anuales en 1972 a mil millones en 1980 (www.teachersagainstoccupation.org, septiembre de 2008). El gobierno israelí vendió armas a la dictadura militar argentina aunque más de mil judíos figuran en las listas oficiales de “desaparecidos”. Las no oficiales triplican la cifra.

La publicación de los documentos top secret sobre los tratos Tel Aviv/Pretoria provocó un duro comunicado de la oficina presidencial israelí: “Israel nunca negoció el intercambio de armas nucleares con Sudáfrica. No hay documentos israelíes o una firma israelí en un documento que refrende que tales negociaciones tuvieron lugar” (www.guardian.co.uk, 24-5-2010). Pero la documentación desclasificada incluye una carta con membrete del Ministerio de Defensa de Israel firmada por su titular, Shimon Peres, y fechada en Tel Aviv el 22 de noviembre de 1974. Fue dirigida al Dr. E.M. Rhoodie, secretario de Información del régimen racista, y el actual presidente israelí le escribe: “La cooperación (entre ambos países) se basa no sólo en nuestro intereses comunes y en la determinación de resistir a nuestros enemigos, sino también en los cimientos inconmovibles de nuestro odio común a la injusticia y nuestro rechazo a someternos a ella”. Bueno.

Juan Gelman

Tomado: Página 12
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