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1 may 2011

La elite del uno por ciento



“Los estadounidenses hemos estado observando las protestas contra regímenes opresivos en países donde una elite reducida concentra fabulosas fortunas. Sin embargo, en nuestra democracia, el uno por ciento de la población dispone de la cuarta parte de los ingresos de la nación, una desigualdad que hasta los más ricos acabarán por lamentar”.

Así lo advierte el Premio Nobel de Economía 2001, profesor y muy difundido analista económico estadounidense Joseph E. Stiglitz en un artículo que tituló “Desigualdad del 1%, por el 1%, para el 1%” publicado en la revista Vanity Fair el 13 de abril en curso. En nuestro país, el 1% de la población obtiene el 25% de los ingresos y controla el 40% de la riqueza del país. Ese 1% disfruta de lo mejor en viviendas, educación y estilo de vida, ignorando que su suerte está ligada a cómo vive el otro 99%, dice Stiglitz.

Hace 25 años, ese 1% percibía el 12% de los ingresos y controlaba el 33% de la riqueza. Esta elite ha incrementado sus ingresos en un 18% durante la pasada década y en igual medida se ha deteriorado la situación de las personas con un nivel medio de ingresos.

Según Stiglitz, mientras más dividida esté una sociedad en términos de riqueza, más rechazan los ricos gastar dinero en necesidades comunes.

Los ricos no necesitan depender del gobierno para parques, educación, atención médica o seguridad personal. Ellos pueden comprar todas estas cosas para sí. Y en este proceso, se distancian de la gente común y se pierde cualquier empatía si alguna vez existiera. Los ricos rechazan la idea de que haya un gobierno fuerte, capaz de usar sus poderes para redistribuir la riqueza y hacer las inversiones requeridas para el bienestar de todos.

Los economistas no logran explicar coherentemente el motivo del crecimiento de las desigualdades en Estados Unidos. Notan que la globalización crea un mercado laboral mundial que perjudica a los obreros no calificados del país frente a los peor pagados de otros países. A juicio de Stiglitz, la dinámica oferta-demanda influye en ello porque las tecnologías que ahorran mano de obra reducen la demanda de trabajadores de clase media, de cuello y corbata. Pero así mismo contribuye al problema la reducción del papel de los sindicatos, que alguna vez representaron a un tercio de los obreros de la nación y ahora apenas incluyen al 12% de éstos.

En última instancia, la razón básica es que tal es la voluntad de la elite, deduce el destacado economista quien cita el ejemplo de la política impositiva, en la que la reducción de impuestos sobre los beneficios del capital, vía por la que los ricos reciben la mayor parte de sus ingresos, es una manera de privilegiar a los más adinerados.

Los monopolios y los casi monopolios han sido siempre fuente de poder económico, desde John D. Rockefeller hasta Bill Gates, asegura Stiglitz. El pobre ejercicio de las leyes anti-trust, en especial durante las administraciones republicanas, ha sido una bendición para la elite.

Muchas de las desigualdades de hoy nacen de la manipulación del sistema financiero propiciada por cambios en sus reglas que han sido comprados y pagados por la industria financiera, que en ello ha hecho sus inversiones más efectivas de todos los tiempos. El gobierno presta dinero a las instituciones financieras casi al 0 % de interés y cuando fracasan les facilita generosos salvamentos.

Nadie se sorprende porque una ley de impuestos no pueda pasar por el Congreso sin que incluya recortes para los ricos si se conoce que las compañías farmacéuticas recientemente recibieron un regalo billonario por medio de una legislación que prohíbe al gobierno, principal comprador de medicamentos, discutir siquiera los precios de éstos.

Dice Stiglitz que virtualmente todos los Senadores y la mayoría de los Representantes en el Congreso integran el 1% al comenzar, se mantienen con los aportes del 1%, y saben que si sirven bien a la elite serán recompensados por el 1% cuando dejen sus escaños.

En la rama ejecutiva, los principales diseñadores de políticas comerciales y económicas son igualmente miembros de la elite. Las desigualdades en Estados Unidos distorsionan la sociedad en todas las formas concebibles: Provocan que las personas fuera de la elite practiquen un estilo de vida que sobrepasa sus medios; los miembros de la elite y sus familias rara vez sirven en el ejército porque es “voluntario” y lo que paga no atrae a los hijos del 1%.

A la elite no le preocupan las aventuras de guerra ya que, para las corporaciones y los contratistas, éstas solo significan ganancias.

Según Stiglitz, de los males que a la sociedad estadounidense le son impuestos por el 1%, quizás sea el mayor la erosión que provoca en el sentido de identidad en un país que ha presumido de ser una sociedad justa, con iguales oportunidades de desarrollo para todos y las estadísticas actuales revelan lo contrario.

Es esta percepción de que se vive en un sistema injusto y sin oportunidades, donde la riqueza crea poder y el poder crea más riqueza, la misma que ha provocado las conflagraciones en el Medio Oriente y puede provocarlas en otras partes del mundo.

Manuel E. Yepe

Tomado: CubaDebate.cu
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8 feb 2011

Austeridad y prosperidad en tiempos de crisis


« El público debe aprender a tolerar la desigualdad como medio para alcanzar una mayor prosperidad para todos. » Lord Griffiths, vicepresidente de Goldman Sachs, The Guardian, 21 de octubre de 2009
Los remedios capitalistas administrados en tiempos de crisis engendran fallos que desembocan en nuevas crisis, que estallan regularmente y con mayor frecuencia en todos los continentes. En México en 1982 y a finales de 1994, en Asia del Sudeste en 1997-1998, en Rusia en 1998, en Brasil en 1999, en Turquía en 2000, en Argentina en 1999-2001 o en Estados Unidos en 2000-2001, las crisis se fueron sucediendo unas a otras sin haber provocado ningún cambio estructural que permitiera explorar vías de actuación radicalmente diferentes. Muy a menudo, los capitales salían del país justo a tiempo para refugiarse en el exterior, y regresaban cuando se recuperaba la calma. Los principales tenedores de capitales salen ganando, mientras que las clases desfavorecidas sufren de lleno este azote.

En el verano de 2007, el barco comienza a hundirse y se desencadena una nueva crisis que todavía perdura. Pero esta crisis difiere en diversos aspectos de las anteriores. En primer lugar, su ubicación geográfica no es banal, ya que se produce en Estados Unidos, donde se deciden las grandes orientaciones económicas mundiales a través de instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI), con sede en Washington. Esto hizo que se tambaleara el «centro financiero» (en oposición a la «periferia» o «tercer mundo»), esto es, el punto neurálgico donde el principal mercado financiero del mundo fija, día a día, la tendencia al resto del planeta. Además, esta crisis es sistémica y multipolar |2|: comenzó como una crisis de superproducción en el sector inmobiliario residencial en Estados Unidos, que provocó la crisis de las «subprime» (hipotecas basura). Ésta trajo aparejada una crisis bancaria y financiera de gran envergadura, que a su vez afectó al conjunto de la producción de los países más industrializados. A partir de allí se produjo el retroceso más brutal registrado desde la segunda guerra mundial. Si bien las economías del tercer mundo no se vieron afectadas directamente por esta tormenta financiera, también sintieron sus efectos. Europa, golpeada de lleno, entró en una fase de crisis profunda. En muchos países, los gobiernos rescataron bancos y compañías de seguros, aumentando de esta manera la deuda pública. Sin embargo, todavía queda muy lejos el fin de la crisis económica. Por último, la crisis ecológica y climática confirma la incapacidad del capitalismo para conservar un planeta viable a corto y a largo plazo, no sólo para nuestros descendientes sino también para las generaciones actuales. Todo esto produce una crisis de confianza, existencial, que ilustra el fracaso del poder político, incapaz de enfrentarse a grandes retos como la eliminación de la pobreza o la resolución de los problemas ambientales y energéticos y los problemas derivados del agotamiento de los recursos. Por lo tanto, podemos hablar de una crisis de civilización, o sistémica, en tanto y en cuanto los fundamentos de la sociedad se quebrantan.

Las repercusiones de esta nueva crisis sistémica son colosales: aumento del desempleo, despidos masivos, recorte de la protección social, de los salarios y de las pensiones, explosión de la deuda… En Europa, la respuesta social no se hizo esperar y en países como Grecia, Rumania, España, Francia y Portugal estallaron huelgas y manifestaciones. En ocasiones muy radicalizados, estos movimientos sociales sufren una lamentable falta de unidad y de coordinación a escala europea e incluso a escala nacional, como en el caso de Rumania y Grecia. Efectivamente, para responder a un ataque de origen supranacional, que tiene como actores principales al FMI y a la Comisión Europea, convendría actuar de la forma más coordinada posible, para poder ofrecer una respuesta a la altura del ataque. Sólo un movimiento social decidido y de ámbito europeo podría encauzar el proceso de manera beneficiosa para las poblaciones |3| .

Ni siquiera un imperio edificado sobre mentiras —como la de hacer la guerra en nombre de la libertad—, puede resistir a la insurrección de los pueblos unidos por la cólera que suscita la injusticia capitalista. El totalitarismo de las firmas multinacionales erigido en sistema por el dogma del provecho y el mito del crecimiento ya no se sostiene. Aunque se repinte de verde, el capitalismo es destructor. Tomemos las cosas en serio y comencemos por arrancar el mal de manera radical (radical proviene del latín «radix» y éste del griego «rhiza», raíz), con el objetivo de repensar la economía al servicio del hombre y no de los mercados financieros.

Revisión rápida sobre el origen y la evolución de la crisis actual (2007-2010)

La crisis actual es la prolongación de una serie de crisis cuyo origen y epicentro se encuentra en Estados Unidos: Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal hasta 2006, aumentó el tipo de interés director de la Fed (que es el Banco Central de los Estados Unidos) del 1 %, tipo correspondiente al 25 de junio de 2003, al 4, 5 % el día de su partida, el 31 de enero de 2006 (se alcanzó un techo del 5, 25 % el 29 de junio de 2006) |4|. Las familias, que habían sido incitadas por bancos poco escrupulosos a endeudarse para lograr ser propietarios de sus viviendas se encontraron de pronto con la imposibilidad de pagar las cuotas de una hipoteca cuyos intereses se habían multiplicado. La crisis hipotecaria estalló en agosto de 2007 a raíz de la especulación en el sector inmobiliario y sus «subprime», dando por resultado la expulsión de miles de familias de sus viviendas puesto que ya no podían pagar sus hipotecas. Concretamente, en septiembre de 2009 se calculaba que los embargos inmobiliarios habían provocado el desalojo de 3 millones de familias en los Estados Unidos |5|.

Cuando el contribuyente paga el rescate de su banco, la deuda privada se convierte en pública


Arrastrado por el estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense, el sistema bancario se tambalea, ya que también había invertido ampliamente en estas «subprime» y en otros fondos especulativos. El plan Paulson, también llamado plan TARP (Troubled Asset Relief Programme), de 700.000 millones de dólares, aprobado por el Congreso estadounidense en octubre de 2008, sirvió fundamentalmente para inyectar fondos en el capital de los bancos, para reflotar la compañía de seguros American International Group (AIG) y para ayudar al sector automotriz. A fines de noviembre de 2009, se habían asignado ya 560.000 millones de dólares en el marco de este programa, que se prolongó hasta octubre de 2010, a pesar de que en principio debía expirar en diciembre de 2009. Tras los pasos de los Estados Unidos, la Unión Europea anunció que se disponía a inyectar 1,7 billones de euros para salvar el sistema bancario de la zona euro, y el Reino Unido, por su parte, iba a contribuir con 500.000 millones de libras. Desde ese momento, los gobiernos se empeñan en rescatar a los bancos utilizando el dinero público. El 13 de octubre de 2008, Francia aprobó un plan de rescate bancario por un monto de 360.000 millones de euros, de los que 21.000 millones fueron concedidos a los seis principales bancos privados |6|.

Como señala Frédéric Lordon: «La Organización de Cooperación y de Desarrollo Económicos (OCDE) evalúa en 11,4 billones de dólares las sumas movilizadas para el rescate. O sea, 1.676 dólares por cada ser humano…» |7|. De manera general, hemos asistido a la transferencia de la deuda privada hacia la deuda pública para salvar al sistema bancario. Y todo a costa del contribuyente. La población pobre, ya penalizada por una fiscalidad injusta (IVA, impuestos diversos…), es además la más vulnerable al desempleo, a la caída del poder adquisitivo y a los despidos. Pero, además de todo eso ¿es realmente necesario pedirle que pague de su bolsillo la puesta a flote de un sistema en quiebra?

Contrariamente a la publicitada voluntad de las instituciones, la deuda pública continúa aumentando y su pago ahonda el déficit. Los regalos concedidos por el Estado al sector bancario, a menudo responsable de la crisis, han agravado las cuentas de la deuda pública. Según los datos de Eurostat publicados el 22 de abril de 2010, la deuda pública de los 27 países miembros de la Unión Europea pasó del 58,8 % del PIB en 2007 al 73,6 % en 2009 |8|, lo que significa que pasó de 7,3 billones a 8,7 billones de euros. Eso representa un enorme aumento de 1,4 billones de euros en dos años, lo que más o menos equivale al stock de la deuda pública externa de todos los llamados países en desarrollo (1,5 billones de dólares), en donde habita las tres cuartas partes de la población mundial; por cierto, un monto comparable al stock de la deuda pública de Francia, que se aproxima a 1,5 billones de euros.

Por otro lado, se debe considerar el papel determinante que tiene la función especulativa de los agentes financieros. El mercado amenaza a los Estados especulando con su deuda. Después de haber desencadenado episodios terribles de hambre al influir sobre el aumento del precio de los cereales en 2008 —las rebeliones del hambre se extendieron por el mundo mientras se superaba la barrera de los 1.000 millones de seres humanos que sufren desnutrición—, los especuladores, desde entonces dispuestos a hacer tambalear a los Estados, se volcaron hacia un sector que ofrecía un mayor rendimiento de la inversión: la llamada deuda «soberana». Esta oligarquía capitalista, que se ampara en una fiscalidad laxista, puede entonces continuar su carrera hacia el lucro en un contexto de crisis que apenas la afecta y cuyo coste no deberá sufragar, puesto que, en primer lugar, las políticas de austeridad tienen su punto de mira en las clases desfavorecidas y la clase media.

En periodo de crisis los bancos y las aseguradoras reflotados por los contribuyentes se autootorgan beneficios escandalosos


La crisis del mercado hipotecario, o «subprime», que comenzó en el verano de 2007, rápidamente hizo caer a algunas instituciones de renombre, como Northen Rock (nacionalizado en el último minuto, sin duda antes de poder nuevamente privatizar sus futuros beneficios), Bear Sterns (que perdió 17.000 millones de dólares en menos de 48 horas), y otras entidades. Pero la crisis no afectó a todo el mundo de la misma forma y algunas multinacionales obtuvieron enormes ganancias. Exxon Mobil batió el récord registrando un beneficio neto anual de 41.000 millones de dólares en el año 2007, el más importante jamás obtenido por una empresa |9|.

Los grandes bancos quedaron muy expuestos a los montajes financieros dudosos (se habla de bonos basura, o «junk bonds»). A pesar de ello, en un contexto de crisis que afectaba sobre todo a los hogares humildes que ya no podían garantizar el pago de su vivienda, éstos ofrecieron primas astronómicas y otras ventajas a sus directivos. En octubre de 2007, en plena crisis de las «subprime», Merrill Lynch (en ese momento el tercer banco de negocios de Wall Street) decidió la salida anticipada de su presidente y consejero delegado, Stan O’Neal, y le concedió una indemnización de 160 millones de dólares (cerca de 30 millones en concepto de jubilación y 129 millones en stock options). Es así como Merril Lynch daba el ejemplo, agradeciéndole al presidente de un gran banco mundial por asumir personalmente la responsabilidad de las pérdidas ligadas a las hipotecas de riesgo («subprime»). Algunos días más tarde, en noviembre de 2007, fue el turno de Charles Prince, presidente de Citigroup, a quien reconocieron los servicios prestados con una prima de 12,5 millones de dólares. En 2007, el presidente y consejero delegado del banco Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, pulverizó el récord de primas concedidas al primer ejecutivo de un banco al verse recompensado con 68 millones de dólares. Dos años más tarde, en 2009, después de haber llevado a la empresa a la quiebra (con una pérdida récord de 99.000 millones de dólares en 2008), algunos ejecutivos de AIG (American Internacional Group) se embolsaron 165 millones de dólares en primas. Por supuesto, Edward Liddy, presidente de AIG, defendió la legalidad de esas primas cuando estalló el escándalo. Los directivos cobraron esas primas después de que el Estado federal hubiera inyectado más de 182.000 millones de dólares en fondos públicos, y rescatado el 80 % de la aseguradora.

Primas para los enterradores de Wall Street

Según una encuesta del Wall Street Journal, en 2007 las principales entidades financieras estadounidenses se embolsaron además 130.000 millones de dólares en concepto de remuneración (salarios más primas). Si sólo se contabilizan las primas, los banqueros y brókers de Wall Street percibieron 33.000 millones de dólares en 2007, lo que constituye una cifra astronómica en una época en la que los países industrializados se deslizan hacia una crisis profunda y duradera. Este importe sólo es moderadamente inferior al récord de 2006, cuando se autoconcedieron más de 34.000 millones de dólares, justo antes del inicio de la crisis. En 2008, un año después, las autoridades del Estado de Nueva York anunciaron que las mismas entidades de Wall Street que habían recortado 19.200 puestos de trabajo en 2008 (esto es, un recorte del 10,3% de la plantilla del sector financiero) pagaron 18.400 millones de dólares en primas a sus trabajadores ese mismo año: incluso si esa cifra es un 44% inferior a la del año anterior (33.000 millones), queda patente que los despidos de muchos se producen para mantener las primas exorbitantes de unos cuantos [véase el cuadro siguiente].

Primas y remuneración total (salarios más primas) de Wall Street entre 2006 y 2010:

. 2006 2007 2008 2009 2010 Primas Wall Street (en millones de dólares) 34 000 33 000 18 400 20 300 Variacion porcentual 34 % - 4 % - 44 % + 17 % Remuneración total(en millones de dólares) 130 000 117 000 139 000 144 000
Cuadro elaborado por Jérôme Duval, 2010. Fuentes: New York City Securities Industry Bonus Pool, Thomas P. DiNapoli’s Office estimates State Comptroller; Wall Street Journal

Así pues, esas prácticas se siguen aplicando incluso después de que las entidades financieras hubieran percibido las ayudas del Estado para salir a flote, en un momento en el que el desempleo y la precariedad campan a sus anchas en pleno apogeo de la crisis. El drástico incremento del desempleo es especialmente notable en los Estados Unidos, al igual que en Letonia o España, cuyos índices de desempleo son los más elevados de la Unión Europea. En su informe Perspectivas del empleo 2010, Superar la crisis de los empleos, la OCDE señala que, «del 5,6 % en 2007, su nivel más bajo en los últimos 25 años, la tasa de desempleo de la zona de la OCDE pasó al 8,3 % en junio de 2009, un nivel sin precedentes desde la guerra, con un aumento del número de desempleados cercano a los 15 millones». Un año después, el informe de 2010 de la OCDE indica que el número de desempleados había aumentado en 17 millones desde el principio de la crisis, en 2007. |10|

En los Estados Unidos, la tasa de desempleo oficial se duplicó en dos años, y pasó del 4,6 % en 2007 al 10 % de la población activa en el cuarto trimestre de 2009 (OCDE). Según Eurostat, en 2010 cerca del 20 % de los jóvenes menores de 25 años carecía de empleo (19,6 % en abril), y el país perdió más de 8,5 millones de empleos a partir de diciembre de 2007. Los 55,8 millones de estadounidenses que perciben una pensión de la seguridad social volverán a experimentar por segundo año consecutivo una congelación de éstas, sin que tengan derecho a una subida correlativa a la inflación.

Mientras tanto, según lo publicado por el Wall Street Journal el 11 de octubre de 2010 |11|; las remuneraciones totales de los directivos de Wall Street apuntan a un nuevo récord de 144.000 millones de dólares para 2010 y el mayor exportador de armas del mundo no deja de acrecentar su gasto militar, que entre 1998 y 2008 se incrementó en un 66,9 % para situarse en más de 607.000 millones de dólares en 2008 |12|. Inmune a las esperanzas que había despertado, y a pesar de la crisis financiera mundial, la administración Obama no logra atajar la tendencia belicosa de su antecesor (durante su presidencia, entre 2000 y 2008, Georges W. Bush consiguió aumentar el presupuesto militar en un 63 % |13|). Nada más llegar al poder, la administración Obama pactó un presupuesto militar de 661.000 millones de dólares para 2009, de los cuales 65.000 millones se destinaron a financiar la guerra de Afganistán, donde el Pentágono duplicó sus efectivos militares. Se prevé que ese presupuesto alcance 719.000 millones de dólares para 2010 y 739.000 millones para 2011. Durante la presidencia de Obama, esos gastos representaron en 2009 el 43 % del presupuesto militar mundial, frente al 41,5 % el año anterior. En proporción a la población, el presupuesto militar estadounidense superó los 2.000 dólares por ciudadano, ya que en un año pasó de 1.994 a 2.100 dólares por habitante en 2009. Más allá de llenar las arcas de las empresas armamentísticas multinacionales, la escalada bélica no hace sino alimentar el odio y poner en peligro las aspiraciones de lograr un mundo de paz; además, es una de las principales culpables del despegue del déficit público estadounidense. En el conjunto del planeta, el gasto militar mundial aumentó en términos reales un 5,9% con respecto a 2008 y un 49% desde 2000, para alcanzar un total estimado en 1,531 billones de dólares en 2009. |14|

Los gobiernos siguen perorando

Ahora bien, el 29 de enero de 2009 el flamante Presidente de los Estados Unidos no ocultó su enfado por las primas distribuidas por los grupos financieros estadounidenses a sus trabajadores en 2008: «Entre otras cosas, será necesario que la gente de Wall Street que está pidiendo ayuda muestre moderación, disciplina y un mayor sentido de la responsabilidad». A pesar de su llamada a la moderación, Obama no se pronunció sobre los 118 millones de dólares percibidos en concepto de salario, primas y acciones entre 1999 y 2008 por uno de sus asesores principales, el antiguo responsable de Citigroup, Robert Rubin |15|. Tampoco hizo referencia a aquel a quien nombró Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, cuando éste “defraudó al fisco al ocultar los ingresos que había percibido del FMI” |16|. Por último, los bonitos discursos sólo sirven para tranquilizar a la opinión pública y distraer su atención cuando hace falta.

En Europa, Nicolas Sarkozy tampoco se quedó corto en el discurso que pronunció en Tolón el 25 de septiembre de 2008, pero nadie pareció inmutarse. En referencia al bróker de la Société Générale Jérôme Kerviel, acusado por un fraude histórico por valor de 5.000 millones de euros, el Presidente francés censuraba entonces a las entidades financieras tratando – sin conseguirlo - de hacerse eco de las palabras de Georges Marchais|NdT| «demasiados abusos, demasiados escándalos»: «Este sistema, en el que los responsables de un desastre financiero se van a casa con indemnizaciones millonarias, en el que un bróker puede provocar pérdidas de cinco mil millones de euros a su banco sin que nadie se dé cuenta, en el que se exige a las empresas unos beneficios tres o cuatro veces superiores al crecimiento de la economía real, ha ahondado las desigualdades, ha desmoralizado a las clases medias y ha alimentado la especulación en los mercados». No cabe duda de que, en lo atinente a las desigualdades, y sin siquiera hacer referencia a esas indemnizaciones millonarias, había motivos para denunciar el “escándalo” que constituía el hecho de que, en 2007, la renta media anual de los franceses se situaba en 15.780 euros para las personas que vivían solas y en 23.664 euros para las parejas, cuando los ingresos medios de los directivos de las principales empresas que cotizaban en la Bolsa de París se aproximaban a los 5 millones de euros, según el Conseil de l’emploi, des revenus et de la cohésion sociale (CERCS, Consejo para el Empleo, la Renta y la Cohesión Social). Ahora bien, en 2007 Nicolas Sarkozy no vaciló en “ahondar las desigualdades y desmoralizar” a los franceses, incluidas las clases medias, al subirse el sueldo un 172 % de un plumazo. Cabe preguntarse si al Jefe del Estado le pudo parecer escandaloso que Patrick Kron, directivo de Alsthom, se hubiera embolsado 12,2 millones de euros en concepto de plusvalías resultantes de la transferencia de activos que la empresa efectuó entre el 1 de enero de 2008 y el 25 de marzo de 2009. Sea como fuere, esos bonitos discursos no le impidieron aceptar 4 millones de euros más unos meses más tarde, en noviembre de 2009, cuando Alsthom volvió a transferir activos. En ocasiones, el discurso político difundido por los principales medios de comunicación pone de manifiesto un control sorprendente, y probablemente no habrá sido tan fácil pasar de la prohibición de los paraísos fiscales, y de la imposición de diversos gravámenes al sistema financiero, a la austeridad presupuestaria. La cuestión es si los franceses estarán dispuestos a pasar por el aro.

La gula capitalista a la palestra pública

Al producirse la explosión del desempleo y la precariedad, la opinión pública se indigna ante las primas exorbitantes que cobran los directivos de las empresas que tuvieron que ser rescatadas con el dinero del contribuyente. A raíz de la presión mediática y del consiguiente escándalo, John Mack, el Presidente y consejero delegado del banco estadounidense Morgan Stanley renunció temporalmente a cobrar sus primas; Alex Miller, antiguo administrador delegado del banco franco-belga Dexia también renunció en octubre de 2008 a percibir una indemnización por cese que ascendía a 3,7 millones de euros. Después de haberse embolsado cerca de 14 millones de euros en 2007, en plena tormenta financiera, Josef Ackermann, directivo del primer banco alemán, el Deutsche Bank, también renunció en 2008 a sus primas «por motivos de solidaridad», con lo que su salario de ese año «quedó limitado» a 1,4 millones de euros. Dicho esto, esa austeridad «solidaria» no fue longeva, ya que en 2009 Ackermann cobró una prima de 8,2 millones de euros que, sumada a su sueldo de 1,3 millones de euros, le garantizó una remuneración de 9,55 millones de euros. En 2008, el Director del Royal Bank of Scotland, Fred Goodwin, provocó pérdidas por valor de 27.000 millones de euros (24.137 millones de libras), lo que obligó al Estado británico a reflotar el banco inyectando 22.000 millones de euros (20.000 millones de libras) para evitar su quiebra, y se vio obligado a reducir en 212.500 libras su pensión de jubilación, que inicialmente había negociado en 703.000 libras anuales (más de 800.000 euros). Aunque sólo tenía 50 años, Goodwin se negó categóricamente a rebajar la pensión que cobraba – y sigue cobrando - desde su cese, en octubre de 2008, lo que provocó la ira de la población y el consiguiente saqueo de su opulenta vivienda, situada en el elegante barrio de Morningside, en Edimburgo, en marzo de 2009. Sin embargo, el Estado acudió al rescate del banco, que nacionalizó en un 84%. Desde ese rescate, la entidad eliminó 27.000 puestos de trabajo, en su mayor parte en Gran Bretaña, y a finales de septiembre de 2010 anunció la supresión de otros 500 empleos en Londres (Les Echos, 29 de septiembre de 2010)

Si bien la lista de salarios, indemnizaciones por cese y primas satisfechos a la oligarquía capitalista en tiempos de crisis es interminable, en cuanto se evapora la atención mediática por las escandalosas remuneraciones de los directivos de la industria financiera éstos no tardan en reanudar con sus viejas costumbres. En la página 3 de su informe titulado Recuperación y crecimiento bajo el signo del trabajo decente, de junio de 2010, el chileno Juan Somavia, Director General de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) lo explica con claridad: «En 2009, los gobiernos rescataron a las instituciones financieras en las que nació ese riesgo sistémico, los famosos bancos «demasiado grandes para quebrar». Desde entonces, estas entidades se han recuperado, sus cotizaciones, beneficios y primas han aumentado, y en los mercados financieros reina un clima de vuelta a la rutina, como si no hubiera pasado nada».

Cuando, temerosas del escándalo, no pueden percibir primas demasiado abultadas, las entidades financieras compensan el lucro cesante de sus banqueros a través de un incremento significativo del salario fijo. Escudándose en el pretexto de una competencia feroz, cada banco trata de retener a los sujetos mejor cualificados mediante el aumento de los ingresos fijos o variables en función de la legislación y las cargas vigentes en el país en el que operan.

«Si el clima fuera un banco, ya lo habrían salvado»

Esa diligencia por salvar a los bancos resulta verdaderamente asombrosa. El frenesí de nuestros dirigentes políticos pasó bastante más desapercibido durante la crisis alimentaria de 2007-2008, cuando el número de personas hambrientas en el mundo aumentó en 150 millones y en 2008 estallaron disturbios por hambre en una veintena de países. Esa diligencia por salvar a los bancos contrasta además con la apatía de la que se hizo gala durante la cumbre de Copenhague, en diciembre de 2009, cuando las paredes de la ciudad y las pancartas de los manifestantes lucían esta inscripción, cuya veracidad resulta aterradora: «Si el clima fuera un banco, ya lo habrían salvado» |17|.

Jérôme Duval CADTM

Traducido del francés por Griselda Piñero y Maria Rodrigo Stinus.

NdT: Georges Marchais, político francés, Secretario General del Partido Comunista (PCF) entre 1970 y 1994.

notes articles:

|1| The Guardian, 21 de octubre de 2009, Public must learn to ’tolerate the inequality’ of bonuses, says Goldman Sachs vice-chairman, http://www.guardian.co.uk/business/...

|2| Véase sobre este tema el libro de Damien Millet y Eric Toussaint, La crise, quelles crises, Aden, 2010. Ediciones en castellano: La crisis global, El Viejo Topo, Mataró, 2010 ; La crisis global, Ediciones Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2010.

|3| Véanse las propuestas del CADTM: La deuda, maná del cielo para los acreedores y una tragedia para los pueblos, original en francés y traducido también al griego, alemán, inglés y polaco. Disponible en: http://www.cadtm.org/IMG/pdf/La_deu...

|4| Gilles Bonafi, Crise systémique: les USA au bord du gouffre, http://www.mondialisation.ca/index....

|5| Stéphanie Treillet, De la crise des subprime à la crise bancaire, http://www.npa2009.org/content/de-l...

|6| «Este préstamo comprende una suma de 40.000 millones de euros para recapitalizar los bancos que lo necesiten. El 20 de octubre de 2008, se concedió una primera partida de 10.500 millones de euros a los seis bancos privados franceses más grandes para reforzar sus fondos propios. El Estado prestaba este dinero a los bancos a un tipo de interés del 8 % y su reembolso se haría a medida que mejorara la situación económica». La parte siguiente figuraba en la web pero ha sido suprimida: «Pero la situación es bien distinta en lo que atañe a esos 40.000 millones previstos para la adquisición de participaciones, pues, ciertamente, esto afectará a la deuda. Para disponer de esos fondos, el Estado deberá pedir un préstamo, sin estar seguro de recuperarlos; una garantía de 320.000 millones de euros para proveer a los bancos de la liquidez necesaria para poder conceder créditos. También en este caso se trata de préstamos, que los bancos deberán devolver según los plazos previstos.» http://www.gouvernement.fr/gouverne...

|7| Frédéric Lordon, Et si on fermait la bourse, Le Monde Diplomatique, febrero de 2010. http://www.monde-diplomatique.fr/20...

|8| Eurostat, 22 de abril de 2010, http://epp.eurostat.ec.europa.eu/ca...

|9| Les Echos, 2-3 de mayo de 2008.

|10| «Del 5,6 % a finales de 2007, su nivel más bajo en los últimos 28 años, la tasa de desempleo de la zona OCDE alcanzó 8,5 % en el primer trimestre de 2010, lo que corresponde a 17 millones más de personas desempleadas, esto es, un incremento de la tasa de desempleo ligeramente superior al 50 % (…)» (versión completa sólo disponible en francés e inglés, resumen en español).

|11| Wall Street Pay : A Record $144 Billion, Wall Street Journal, 11 de octubre de 2010. http://online.wsj.com/article/SB100...

|12| Dépenses militaires, production et transferts d’armes, Compendium 2010, Groupe de recherche et d’information sur la paix et la sécurité, GRIP 2010

|13| Media Background—Military expenditure, SIPRI Yearbook 2010, pág. 2 : “US military expenditure rose by 63% in real terms between 2000, just before George W. Bush took office as president, to 2008, his last full year in office”http://www.sipri.org/media/pressrel...

|14| Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz, SIPRI Yearbook 2010, Estocolmo, junio de 2010. http://www.sipri.org/yearbook/yearb...

|15| Damien Millet y Eric Toussaint, La crise, quelles crises ?, Aden, 2010, pág. 59.

|16| Ibid, pág. 62.

|17| Hugo Chávez retomó este eslogan en varios de sus discursos. También se publicó en la prensa.

Tomado: Kaosenlared.net

7 dic 2010

O mandamos a los banqueros a la cárcel o la economía no se recuperará


Imagen: Revista Sin Permiso
Como no se han cansado de repetir el economista James Galbraith y el economista y penalista William Black, no podemos resolver la crisis económica a menos que metamos en la cárcel a los delincuentes que han cometido actos fraudulentos. Y el ganador del premio Nobel de economía George Akerlof ha demostrado que la negligencia en punto a castigar a los delincuentes de guante blanco, y a fortiori, el rescatarlos, crea incentivos para que se cometan más delitos económicos y se proceda a una ulterior destrucción de la economía en el futuro. El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz acaba de expresar la misma idea. El pasado 20 de noviembre declaró lo que sigue a Yahoo's Daily Finance:
Es un asunto realmente importante y nuestra sociedad debe comprender cabalmente. Se supone que el sistema jurídico es la codificación de nuestras normas y de nuestras creencias, de lo que tenemos que hacer para que nuestro sistema funcione. Si se percibe un carácter explotador en nuestro sistema jurídico, entonces la confianza en todo nuestro sistema comienza a erosionarse. Y ese es realmente el problema que tenemos ahora.

Una muchedumbre de prácticas predatorias están en vías de continuar como si nada en los créditos para la compra de automóviles. ¿Por qué están bien los malos préstamos en el sector automovilístico y no en el mercado hipotecario? ¿Hay alguna razón de principio? Todos sabemos la respuesta: no. No hay razones de principio, hay razones de dinero. Son las contribuciones a las campañas electorales, el cabildeo, las puertas giratorias entre la ñpolítica y los negocios, todas esas cosas.

El sistema está ahora mismo diseñado para estimular ese tipo de prácticas, aun a pesar de las multas [en referencia al antiguo ejecutivo de Countrywide, Angelo Mozillo, que acaba de pagar 10 millones de dólares de multa, una ínfima parte de lo que ganó fraudulentamente, porque ganó centenares de millones de dólares].

Conozco mucha gente que dice: es un escándalo que tuviéramos más supervisión, control y rendición de cuentas en los 80, cuando se dio la crisis de las cajas de crédito y ahorro, que ahora. Sí, les multamos, ¿y cuál es la gran lección que se saca de eso? Compórtate mal, y el gobierno de quitará un 5% o un 10% de los beneficios malhabidos, que estarás muy tranquilo en casita con varios centenares de millones de dólares que aún te quedarán luego de pagar unas multas que parecen enormes, pero que son en realidad muy pequeñas en relación con la cantidad de dinero que has conseguido embolsarte.

El sistema está configurado de tal modo, que aun si te pillan, el castigo es sólo una infima parte de lo que te llevas a casita. La multa es sólo un coste más del negocio. Es como una multa de estacionamiento. A veces decides estacionar mal sabiendo que te caerá una multa, porque empezar a dar vueltas en busca de estacionamiento lleva mucho tiempo.

Yo creo que deberíamos hacer lo que hicimos en los 80 con la crisis de las cajas de crédito y ahorro, y meter en la cárcel a un buen número de estos tipos. Lo creo absolutamente. No son sólo delitos de guante blanco o pequeños incidentes. Hay víctimas reales. Ese es el asunto. Hubo víctimas en el mundo entero.

¿O es que confiamos en que estos tipos que nos metieron en el lío actual han cambiado realmente de actitud? Todo lo contrario. He oído alguno discursos que decían: "En realidad, no se hizo nada realmente mal. No hicimos las cosas demasiado bien. Pero nuestra comprensión de estos asuntos es bastante razonable". Si de verdad piensan eso, estamos en un lío verdaderamente tremendo.

[En la disuasión del delito] hay distintos aspectos. Los economistas se centran por entero en la idea de los incentivos. A veces, la gente tiene incentivos para comportarse mal, porque pueden ganar más dinero si estafan o se meten en actividades fraudulentas. Si queremos que nuestro sistema económico funcione, tenemos que asegurarnos de que lo ganan cuando defraudan quede anulado por el sistema de castigos y multas.

Por eso, pongamos por caso, en nuestra legislación anti-oligopólica a menudo no detenemos a la gente cuando se comporta mal, sino cuando lo hace y podemos decir que hay daños constatables. Entonces pagan tres veces el daño que han causado. Es una forma muy radical de disuasión. Desgraciadamente, lo que estamos haciendo ahora en el caso de estos delitos financieros recientes son multas por fracciones --¡fracciones!— del daño directo causado, y una fracción aún más pequeña del daño social total. Es decir: el sector financiero llevó realmente al desplome de la economía global, y si incluyes todos los daños colaterales, estamos hablando ya realmente de billones de dólares.

Pero se puede hablar en un sentido aún más amplio de daño colateral y al que no se le ha prestado atención. Y es la confianza en nuestro sistema jurídico, en el imperio de la ley y el Estado de Derecho, en nuestro sistema de justicia. Cuando se hace el Juramento de Lealtad [constitucional en EEUU], se dice "justicia para todos". Pues bien; la gente no está segura de que tengamos justicia para todos. Algunos son detenidos por algún delito menor de droga, y dan con sus huesos en la cárcel por mucho tiempo; pero cuando se trata de esos llamados delitos de guante blanco, que no dejan de tener víctimas, casi ninguno de los gachós que los perpetran acaba entre rejas.

Se me permitirá otro ejemplo que ilustra hasta qué punto nuestro sistema jurídico ha descarrilado, contribuyendo a la crisis financiera.

En 2005 aprobamos una reforma del proceso de quiebra. Fue una reforma pretendida por los bancos. Estaba concebida para permitir legalmente el préstamo –el mal préstamo— a gentes que no entendían de qué iba el asunto, y básicamente destinada a estrangularlas. A expoliarlas. Y podríamos haberla llamado con justicia "la nueva ley de servidumbre permanente". Porque es lo que en realidad era.

Se me permitirá que cuente brevemente lo mala que era. No creo que los norteamericanos entiendan hsta qué punto era mala. Hace realmente muy difícil que las personas puedan librarse de la deuda. El principio básico en los EEUU del pasado era la gente tenía derecho a comenzar bien. La gente comete errores. Especialmente cuando son presa de expolio. Y entonces tienes derecho a volver a empezar bien. Borrón y cuenta nueva. Paga lo que puedas, y vuelve a empezar. Ahora, si lo haces una y otra vez, entonces es distinto. Pero al menos, cuando andan sueltos estos prestamistas predadores, deberías conservar el derecho a volver a empezar sin cargas.

Pero los bancos dicen: "No, no y no; no puedes librarte de la deuda", o no puedes librarte de ella tan fácilmente.

Eso es servidumbre permanente. Y criticamos a otros países por permitir ese tipo de servidumbre duradera, trabajo esclavo. Pero en Norteamérica lo hemos instituido en 2005 sin apenas debate público sobre las consecuencias. Lo que hizo esa ley fue animar a los bancos a realizar préstamos todavía peores.

Los bancos pretenden que creamos que no hicieron malos préstamos. Se niegan a aceptar la realidad. Es un hecho de alteraron los criterios contables, de modo que los préstamos dañados por la incapacidad de los prestatarios para devolver lo que deben se contabilizan igual que las hipotecas que se pagan a buen ritmo y sin mora.

De modo que toda la estrategia de los bancos ha consistido en esconder las pérdidas, seguir enredando y conseguir que el gobierno mantenga los tipos de interés realmente bajos.

Resultado: si toleramos esa estrategia, tendrá que pasar mucho tiempo antes de que la economía se recupere.

Joseph Stiglitz fue Premio Nobel de Economía en 2001

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella
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Tomado: Revista Sin Permiso

22 nov 2010

“Una crisis de gestión política internacional”


Eric Toussaint, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo
Toussaint señala que si bien la crisis afectó principalmente a los países del Norte, en China se produjeron burbujas financieras cuya explosión podría afectar a países emergentes, como la Argentina. Y denuncia que los organismos financieros internacionales como el FMI y BM mantienen las mismas políticas que llevaron a la crisis  

–¿Por qué cree que actualmente hay un entramado entre crisis económica y crisis financiera?

–Estamos enfrentando una crisis sistémica del capitalismo donde hay una interconexión entre varios aspectos: económico y financiero, pero también alimentario y climático. Podríamos también hablar de una crisis de gestión política internacional.

–¿De qué manera se manifiesta la crisis de gestión política?

–La manera de intentar gobernar a nivel mundial entró en una crisis muy importante, que quedó demostrado en la crisis del manejo internacional por parte del Grupo de los 8. En el plano económico, en general, la prensa financiera habla de una “crisis financiera”, que empezó por la crisis hipotecaria del 2007. Yo insisto en que empezó por la economía real, es decir, por una sobreproducción en el 2006 que desembocó en una crisis financiera, porque los bancos en Estados Unidos habían inventado nuevos productos derivados de deuda, basados en una especulación inmobiliaria en el mercado de los subprime. Este mercado de los subprime entró en crisis provocada por la reducción del valor de la vivienda. Y tres millones de familias, que no pudieron seguir pagando los empréstitos hipotecarios, fueron expulsadas de sus hogares en Estados Unidos.

–¿Por qué la crisis explotó en los países del Norte?

–La crisis de la deuda hipotecaria desembocó en una crisis global del sistema financiero estadounidense y del europeo porque los grandes bancos de inversión de Estados Unidos y los grandes bancos comerciales habían comprado o vendido CDOs, que tenían créditos hipotecarios integrados en esos productos estructurados. Y todo eso explotó. Esta crisis financiera, ligada a una burbuja de la deuda privada, se vio facilitada por la desregulación bancaria de final de los años ’90, que no ha sido obra de (George) Bush sino de (Bill) Clinton. Robert Rubin, secretario del Tesoro de Estados Unidos durante la gestión Clinton, en 1999 convenció al Congreso de aprobar una ley llamada Glass-Steagall, que impedía a los bancos de inversión mezclar sus actividades con bancos comerciales de depósito. Eso llevó a bancos de inversión como Lehman Brothers o Merrill Lynch a entrar directamente en el mercado hipotecario generando productos estructurados que explotaron en el 2007.

–¿Qué efectos tuvo la conversión de la deuda privada en deuda pública?

–Varios. Primero, una destrucción de valor, ya que en las cuentas de los bancos del Norte había una sobrevalorización de productos estructurados de deuda que inflaban los activos de los bancos. Debieron declarar nulos un montón de créditos porque eran créditos dudosos, imposibles de recuperar. Cuando explotó la crisis a partir del 2007, los bancos tuvieron que reconocer que en sus cuentas había un capital ficticio. Hablaban de activos tóxicos, pero es capital ficticio, ya que no cuentan con una contraparte real. Esto no sólo afectó al sistema de créditos sino también al sector industrial, porque muchas empresas no financieras en Estados Unidos habían invertido parte de sus activos en el sector financiero, como la General Motors o la General Electric. Por el contagio en la economía real, varias empresas industriales fueron declaradas en bancarrota, como la General Motors, que después fue totalmente reestructurada. Cuando el sector financiero volvió a una situación de saneamiento descubrimos que había sobreproducción en varios sectores, como el de viviendas o el automotor. Mientras que los países emergentes y, en general, los países en desarrollo lograron ser muy poco afectados por la crisis financiera y económica de los países más industrializados.

–¿A qué se debe?

–A China, que sigue con un crecimiento alto y compra materias primas –alimentos– a los países emergentes como Argentina o Brasil, que pueden mantener ingresos fiscales importantes. El segundo factor es que los bancos centrales de los países más industriales, la banca central de los Estados Unidos, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón, decidieron reducir de manera brutal la tasa de interés a partir del 2007. La consecuencia para los países emergentes es que el refinanciamiento de su deuda externa tiene un costo manejable porque la tasa de interés es baja. Y dado que tienen reservas en divisas –debido al alto precio de las materias primas– no tienen alto riesgo financiero. El tercer factor se relaciona con que los países del Norte y Europa occidental entraron en una crisis financiera con una política de rescate bancario por la cual los gobiernos y los bancos centrales inyectaron mucha liquidez sobre las cuentas de esos bancos.

–¿Qué efectos tuvo esa política sobre los países emergentes?

–Que esos bancos reciclaron una parte de la liquidez que provenía de los bancos centrales del Norte y lo invirtieron en la Bolsa de Valores de varios países emergentes. En Brasil, en la India y en China la capitalización aumentó. Así que hubo entrada de capital, pero son capitales golondrina, de manera que puede haber un reflujo rápido y cambiaría la situación. Claramente, las economías de los países emergentes no fueron afectadas de manera importante por la crisis del 2007 y 2008, pero eso no quiere decir que no se verán afectadas en el futuro.

–¿Cómo podrían verse afectados los países periféricos?

–Puede ocurrir que la economía China entre en una situación de crisis, porque allí se desarrollaron varias burbujas en los últimos años, inmobiliaria pero también de crédito bancario interno. Esas burbujas pueden reducir de manera brutal el crecimiento chino y –peor aún– producir una recesión. Si ocurre, esto tendrá un efecto inmediato sobre los precios de las materias primas y afectará inmediatamente a Argentina, a Brasil, a todas las economías que exportan a China.

–¿Qué otros factores hay?

–Dije que los bancos centrales otorgaron créditos a una tasa muy baja a los bancos privados del Norte para permitirles arreglar sus cuentas refinanciándose a una tasa muy baja. Pero en unos años, los bancos centrales tendrán que subir nuevamente las tasas de interés. En Estados Unidos es de 0,25%, en Europa, entre 1 y 2% y en Japón del 0%, eso no puede seguir durante varios años. Si aumentan las tasas de interés, el costo de refinanciación de la deuda de los países del Sur va a aumentar. Si esto se produce, cuando los precios de materia primas bajen habrá un problema de liquidez en los países del Sur. Además, el aumento de las tasas de interés por parte de los bancos centrales tendrá otro efecto.

–¿Cuál?

–Del crédito otorgado por los bancos centrales a los bancos privados del Norte, una gran parte –una liquidez enorme– no se invirtió en la economía real, son especulaciones sobre materia prima, bonos de la deuda y otro tipo de activos. El aumento de la tasa de interés generará una reducción de las actividades especulativas en el sector de materias primas y generará, por ende, una caída de los precios de las materias primas. Finalmente, cuando los bancos centrales aumenten sus tasas de interés, la liquidez se reducirá y habrá una presión para reorganizar un reflujo de las inversiones hechas en las Bolsas de Valores en el Sur. Y habrá un reflujo hacia el Norte, porque los bancos del Norte tendrán que repatriar una parte de las inversiones que tienen en el Sur. Estos factores, los precios de las materias primas, las tasas de interés y el reflujo de capital del Sur hacia al Norte pueden afectar en los años que vienen las economías de los países emergentes.

–¿La inminente crisis de la deuda a la que hace referencia tiene algún parangón con el pasado?

–La crisis de América latina de los años ’80, empezó en el ’82 con la colocación de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos al final del ’79. Hubo un aumento de la tasa de interés internacional en los años ’80 y ’81 y, a partir de entonces, una caída tremenda en los precios de las materias primas, empezando por el petróleo. México, que exportaba petróleo y había pedido muchos empréstitos a los bancos norteamericanos a tasas de interés variable, se encontró con una gran incapacidad de pago porque la deuda había variado por la decisión de la Reserva Federal y no tenía más ingresos fiscales para desembolsar la deuda.

–Como integrante de la Comisión de Auditoría de la Deuda de Ecuador, ¿qué irregularidades encontró en la forma de endeudamiento de algunos de los países de América del Sur, desde la década del ’70?

–En los años ’70, ’80 y ’90, las economías de América latina contrajeron mucha deuda bajo la forma de créditos bancarios. Hacia fines de los ’90 y en la primera década del 2000 se contrajeron, sobre todo, mediante emisión de bonos. En esto hay una característica común. Los bancos del Norte, para lograr colocar créditos en el Sur, convencieron a altos funcionarios de América latina, que aceptaron contratos que, en varios aspectos, contradicen la construcción de sus raíces. En Ecuador, varios altos funcionarios y ministros firmaron contratos con la banca privada norteamericana, en contradicción con la legalidad. Por eso, el fiscal de la República del Ecuador está enjuiciando a esos funcionarios de los años ’90. Eso ocurrió en Argentina de manera evidente durante la dictadura de (Jorge Rafael) Videla, pero también durante los ’90, hasta el Megacanje del 2001.

Caricatura: Página 12  Daniel Paz -  Rudy
–¿Qué otras similitudes puede mencionar?

–Que los préstamos del Banco Mundial y del Fondo Monetario no eran para proyectos productivos o para construir hospitales o escuelas, sino para remodelar el Estado.

–Los llamados procesos de “reforma del Estado”.

–Sí. Para privatizar, modificar leyes, desregular el mercado de trabajo, desregular el sistema financiero nacional. Eran préstamos que, en realidad, estaban destinados a destruir el Estado regulador, el Estado en sus aspectos benefactores. Estos créditos también pueden ser considerados ilegítimos.

–¿Por qué?

–No sirvieron al proyecto de la Nación: mejorar las condiciones de vida o el aparato productivo. Fue una acción dolosa de los prestamistas multilaterales para volver más débiles a los Estados de América latina y ponerlos en una condición de fragilidad tremenda frente a factores internacionales de crisis. Yo había trabajado mucho el tema del Banco Mundial, pero gracias al gobierno de Ecuador tuve acceso a documentos internos de los gobiernos anteriores, que estaban dialogando con el BM, documentos que no son accesibles al público.

–¿Y qué pudo ver en esos documentos?

–Pude darme cuenta hasta qué punto el BM y el FMI dictaban las políticas adoptadas por los gobiernos. Decían: “Si ustedes no logran en el Congreso la mayoría para aprobar tales leyes, no vamos a darles créditos”. Y decidieron en varias ocasiones no dar el crédito. Por ejemplo, había varios tramos de 150 millones de dólares, ya había sido otorgado el primero y con el segundo decían: “No lo otorgamos porque el Congreso no votó el cambio de tal ley”. Es decir, una intervención de instituciones multilaterales en la vida democrática de una sociedad, una inhibición –incluso– contraria a los estatutos de tales instituciones.

–¿En qué aspectos las contradecían?

–Los estatutos del BM y el FMI dicen que no pueden intervenir en los mecanismos de decisión de los países. Ese es un argumento para declarar ilegítima y repudiable esa deuda. Gran parte de la deuda actual de América latina es en bonos y descubrimos que, en las condiciones de emisión de bonos, también hay un montón de irregularidades.

–¿Cómo cuáles?

–Para la emisión de bonos, primero se negocia de manera confidencial con los posibles compradores –los grandes bancos– en Wall Street y ellos dictan condiciones en la emisión de bonos que les son favorables. En varios casos les pagan a ministros o altos funcionario importantes cantidades en cuentas bancarias de esos bancos. Es decir que no aparece en las cuentas bancarias del ministro en su país, sino en una cuenta bancaria en el banco que va a comprar los bonos o en una cuenta bancaria en un paraíso fiscal.

–¿Cómo descubrieron este mecanismo?

–Analizando contratos, descubrimos que en un intercambio de telegramas se mencionaba que tal suma estaba transferida del Citibank a una cuenta en un paraíso fiscal ligado a la firma de un contrato, y pudimos comprobar una relación evidente. Hay condiciones a partir de las cuales los bonos se emiten. Por ejemplo, un gobierno dice: “Voy a renunciar a cualquier pleito contra los tenedores de bonos”. Es una renuncia en nombre del país. El tipo que firma eso obliga al país a cumplir un contrato de carácter internacional, pero mediante el cual el país renuncia a sus derechos soberanos. Un gobierno puede decir: “Esto era anticonstitucional, el ministro que firmó en estas condiciones cometió un delito, lo vamos a enjuiciar en el país y no reconoceremos el contrato”.

–En Argentina hay un debate sobre el uso de las reservas del Banco Central en su financiamiento al Gobierno para hacer frente a la deuda externa.

–Pienso que es un error utilizar reservas para pagar deudas. Esas deudas primero tienen que ser auditadas para identificar la parte legítima y la ilegítima. Hay que utilizar las reservas para inversiones productivas y mejorar el presupuesto público y los gastos prioritarios. Mejorar la salud, la educación, la formación profesional y crear empleo. Si un gobierno utiliza sus reservas para esto, disminuye la necesidad de pedir créditos al exterior o al interior. Hay que mantener un nivel prudente de reservas, se considera que un Banco Central debe tener reservas equivalentes a tres meses de importación. Muchos países de América latina tienen reservas que corresponden a uno, dos, tres años de importaciones. La parte que sobra la podrían utilizar en inversiones y gasto público para limitar la necesidad del Estado de contraer nuevas deudas. Hay otra versión que apunta a no tener reservas a un nivel alto.

–¿Con qué argumentos?

–Que un Banco Central tenga un alto nivel de reservas tiene un efecto inflacionario en el país. Y los bancos centrales, para limitar el efecto inflacionario en el país, emiten deuda interna. A veces, un banco central pide prestado a los bancos nacionales. En realidad, el objetivo es reducir la liquidez monetaria en circulación en ese país tratando de reducir la inflación. Si bajas tu nivel de reserva a un nivel razonable, reduces también la necesidad de endeudarte como gobierno a nivel interno. He publicado un libro que se llama El Banco del Sur y la nueva crisis internacional, donde argumento –y critico– a los gobiernos y a los bancos centrales que siguen con un altísimo nivel de reservas. Y allí crítico también el hecho de utilizar reservas para pagar deudas.

–¿Qué alternativa propone usted?

–Un gobierno puede transferir una parte de sus reservas a un fondo soberano, lo hacen varios Estados: Singapur, Malasia, los Emiratos, los productores de petróleo del Golfo, Venezuela, que tiene un fondo de desarrollo nacional. Se mantiene un cierto nivel de reservas y la parte que sobra va a un fondo desarrollo que permite hacer inversiones de distinto tipo.

–Desde hace un tiempo se debate una propuesta alternativa de arquitectura financiera en América del Sur. ¿Qué opina sobre los aspectos que están puestos en discusión?

–El Banco del Sur es un proyecto excelente y me preocupa mucho el tiempo que se está perdiendo en su lanzamiento. El acto fundacional fue el último día del mandato de Néstor Kirchner, en diciembre de 2007, pero todavía el Banco del Sur no entró en actividad. Se está perdiendo mucho tiempo porque hay muchas presiones sobre los gobiernos y, sobre todo, hay mucha hesitación de varios gobiernos en potenciar realmente el Banco del Sur.

–En su último libro, La crisis global, usted plantea que no estamos en condiciones de alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio.

–La Agencia de Naciones Unidas del PNUD, la FAO y Unicef dicen claramente que la mayoría de los objetivos no estarán garantizados en el 2015, porque hubo una degradación evidente de las condiciones de vida en gran parte de los países durante los tres últimos años. A pesar de que la comunidad internacional adoptó objetivos que son demasiado modestos –se habla de reducción de la pobreza o el analfabetismo en 15 años, no de erradicarlos–, no logra concretarlos por varias razones.

–¿Como cuáles?

–El modelo dominante, el comportamiento del Banco Mundial y del FMI, el consenso que sigue dominando las decisiones de los gobiernos, el llamado Consenso de Washington. Tanto el BM como el FMI dicen que ya no siguen más con el Consenso de Washington porque es universalmente criticable. Pero si se analizan las medidas que recomiendan a los países que han enfrentado una crisis en los últimos años se puede ver que siguen con la misma lógica. En la Asamblea General de Naciones Unidas expliqué de manera polémica esta visión.

Natalia Aruguete

Tomado: Página 12

6 nov 2010

Sorpresón: los rumanos opinan ahora que el comunismo realmente existente era mejor que el capitalismo realmente existente


Diego Rivera:  El hombre en su encrucijada
De acuerdo con encuesta de opinión recientemente efectuada en Rumanía, la mayor parte de la población afirma que la vida era mejor con el partido comunista en el poder que en la actualidad bajo el capitalismo. El grueso de los encuestados daba una visión positiva del comunismo, y más del 60% lo consideraba una "buena idea" en principio. Los encuestadores observaron un incremento significativo de la afinidad con el ideario comunista en comparación con una encuesta similar realizada cuatro años antes.
Realizada entre agosto y septiembre del presente año por el instituto rumano de sondeso de opinión CSOP, la encuesta mostraba que más del 49% coincidía en que la vida era mejor bajo el gobierno del fallecido líder comunista Nicolae Ceausescu, mientras que sólo el 23% pensaba que la vida hoy es mejor. El resto daba una repuesta neutral o ns/nc.
Las razones ofrecidas para la evaluación positiva del período comunista eran principalmente económicas; un 62% mencionó la disponibilidad de puestos de trabajo, el 26% las condiciones de vida dignas y el 19% la vivienda universalmente garantizada.
La encuesta fue patrocinada por la organización IICMER (Instituto para la Investigación de los Crímenes del Comunismo y de la Memoria del Exilio Rumano), financiada públicamente con el fin de contribuir a la labor de "educar" a la población sobre los males del comunismo. Entre las decepciones más amargas que los resultados de la encuesta proporcionaron a esta organización se cuentan respuestas a la pregunta sobre si los encuestados o sus familias habían sufrido bajo el sistema comunista.
Sólo el 7% de los encuestados dijo haber sufrido bajo el comunismo, con un 6% adicional que, no habiendo sufrido daño personal, afirmaba que sí lo había experimentado algún miembro de su familia. También aquí las razones ofrecidas eran sobre todo económicas: la mayoría se refería a la escasez que se produjo en la década de 1980, cuando Rumanía puso en marcha un programa de austeridad con el fin de reembolsar la deuda exterior del país. Una pequeña parte de la minoría que había sufrido durante el período comunista opinaba que habían salido perjudicados al ser nacionalizadas sus propiedades, y un puñado (el 6% de los que recordaban malas experiencias bajo el comunismo) decían que mientras los comunistas estaban en el poder, ellos, o algún miembro de su familia, habían sido detenidos en algún momento.

Retorciendo a discreción el resultado de la encuesta, el IICMER señaló que las numerosos encuestados (el 41% y el 42%, respectivamente) estaban de acuerdo con la afirmación de que el régimen comunista era o criminal o ilegítimo. Unas minorías importantes (37% y 31%) estaba en desacuerdo de forma explícita con esas afirmaciones, y el resto se mostraban neutrales o no se pronunciaban.
Además, aunque la mayoría de los participantes valoraran positivamente el comunismo –sólo el 27% declaraba estar en desacuerdo de principios con él—, la mayoría de los que dieron una opinión definida también pensaban que las ideas comnunistas no habían llegado a ser puestas por obtra de la mejor manera antes del cambio de régimen en 1989. El 14% daba la respuesta inequívoca de que el comunismo era una buena idea y de se había llevado a la práctica de la mejor manera en Rumanía.
Así pues, una buena parte de los rumanos indecisos sobre si el comunismo fue o no una forma legal y legítima de gobierno y una gran mayoría de los que decían que el comunismo se llevó a la práctica de forma incorrecta eran, sin embargo, inequívocos cuando opinaban que el sistema puesto por obra por el Partido Comunista Rumano, con todos sus defectos, ofrecía una vida mejor para la gente que la que ofrece el capitalismo de nuestros días.

Logros comunistas

Antes de que los comunistas tomasen el poder en Rumania, la mayor parte de la población era analfabeta y no tenía acceso a la atención sanitaria. Únicamente una minoría de la población rural, que era la predominante, tenía acceso a la sanidad o disponía de corriente eléctrica. Las tasas de mortalidad infantil se encontraban entre las peores de Europa y el pronóstico de vida era inferior a los 40 años debido a la inanición y a otras enfermedades. El régimen de derecha rumano se alió con Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, y en el marco de esa alianza capitalista se envió a la mayoría de la población judía del país a los campos de exterminio nazis.
Aupados al poder tras la victoria soviética contra la Alemania nazi en 1945, los comunistas rumanos, hasta ese momento un grupo ilegal de lucha clandestina contra el gobierno rumano pro-fascista y los nazis, ascendían a unos pocos miles. A pesar de ello lograron movilizar el entusiasmo de la gente para reconstruir su país devastado por la guerra. Acabaron prácticamente con el analfabetismo, los servicios sanitarios mejoraron y se ampliaron de forma masiva, y -como los encuestados por el CSOP revelan— los puestos de trabajo, la vivienda y los niveles decentes de vida se hicieron accesibles para todos.
Animado por esos éxitos, el gobierno comunista dirigido por Nicolae Ceausescu se endeudó durante la década de los 70 con la compra de equipos industriales costosos a Occidente, a fin de aumentar la tasa de crecimiento económico del país, en la esperanza de que los países occidentales incrementarían sus importaciones de productos rumanos. Esa estrategia fracasó, y el programa de austeridad implantado entonces para poder pagar la deuda nacional dio lugar a un resentimiento creciente.
Nicolae Ceausescu y su esposa Elena fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento el día de Navidad de 1989. Su sentencia de muerte se dictó después de un juicio sumario ordenado por los nuevos dirigentes reformistas del país: fueron declarados culpables de crímenes contra el pueblo rumano.
Pero a pesar de esa condena, y aunque la opinión general que se refleja en los resultados de la encuesta CSOP es que el sistema comunista, tal como se aplicó en Rumania, fracasó, sólo una pequeña minoría de los consultados en la encuesta (15%) dice que el ex jefe comunista Nicolae Ceausescu fuera un mal líder. La mayoría se mostraron neutrales o indecisos al respecto, y el 25% afirma que el liderazgo de Ceausescu había sido bueno para el país.

En su valoración de los resultados de la encuesta, el IICMER observa que los rumanos están muy lejos de ser únicos en su valoración positiva del comunismo del pasado siglo. Según una encuesta realizada en varios países del Centro y el Este de Europa en 2009 por el Centro de Investigación estadounidense Pew, el porcentaje de población en países exsocialistas que considera la vida bajo el capitalismo peor de lo que fue durante el período comunista, es la siguiente:
Polonia: 35%

República Checa: 39%

Eslovaquia: 42%

Lituania: 42%

Rusia: 45%

Bulgaria: el 62%

Ucrania: 62%

Hungría: 72%

Particularmente significativo en los resultados de la encuesta CSOP/IICMER de 2010 en Rumania es que, a medida que adquieren más experiencia en la vida bajo la "economía de mercado", la gente se vuelve cada vez más negativa respecto del capitalismo y más positiva respecto del comunismo. En la encuesta anterior, realizada en 2006, el 53% expresaba una opinión favorable hacia el comunismo; en la de 2010 el procentaje favorable subía hasta el 61%.
Las conclusiones de la encuesta del CSOP no son resultan sorprendentes, si se recuerda lo sucedido desde que se reintrodijo el capitalismo: una pobreza creciente, un aumento de la tasa de desempleo y de la inseguridad. El sistema de salud rumano está actualmente en crisis, y los trabajodres del sector público han visto su sueldo recortado en un 25%. [1]

NOTA: [1] Información técnica sobre esta encuesta de opinión: 1.133 personas mayores de 15 años fueron entrevistados entre el 27 de agosto y 2 de septiembre de 2010. Las entrevistas se realizaron sobre la base de un cuestionario estandarizado, cara a cara en el hogar. Margen de error: 2,9%.

James Cross: Colaborador habitual de la revista electrónica redantliberationarmy.worpress.

Tomado: Revista Sin Permiso

6 sept 2010

¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos?

Caricatura: Pedro

Como es sabido, si ante una escalera que desciende uno hace los movimientos necesarios y, en cambio, para subir los peldaños pierde pie, se desbarranca y se rompe el cuello. Igualmente, en política, es esencial ver en qué fase estamos para determinar con realismo, qué deberemos enfrentar y qué podremos hacer.

La crisis actual del capitalismo es la más profunda y vasta jamás conocida, pero es también la primera en la que está ausente una fuerza que luche por una alternativa al sistema. Ésta es, en efecto, la primera gran crisis sin socialistas que enfrenta sólo luchas locales defensivas, desesperadas, en los países europeos. El valor y la persistencia de los trabajadores griegos no ha despertado solidaridades ni ha podido modificar las medidas draconianas que el capital financiero mundial impuso a la socialdemocracia griega, obediente y servil. No ha bastado tampoco que la desocupación juvenil en Italia y en Francia llegue al 40 por ciento para imponer movilizaciones y una huelga general, que las direcciones sindicales españolas "comunistas" y "socialistas" han postergado por meses para demostrar su voluntad de ceder todo lo que les sea posible. Por otra parte, en Estados Unidos el único movimiento de masas democrático y defensivo es el de los inmigrantes indocumentados. Y ni en Rusia ni en Europa oriental, a pesar de la caída de los ingresos y de los efectos sociales de la crisis (que ha potenciado, por ejemplo, la trata de blancas), ha habido movimientos sociales importantes.

Caricatura: Martirena

El capitalismo quiere salir de la crisis con su tasa de ganancia intacta aumentando la edad para jubilarse (aunque así cierre cada vez más el acceso al trabajo a los jóvenes y precarios), robando sus contribuciones a jubilados y pensionados, reduciendo los salarios reales (aunque eso disminuya también el consumo masivo y la construcción de viviendas), desplazando las empresas donde los salarios son menores y no hay resistencia sindical (como en China y en Europa ex "socialista"), implantando cada vez más leyes liberticidas y anulando conquistas históricas, como la jornada de ocho horas o la protección del trabajo femenino o infantil.

Como el capitalismo no cae por sí solo, está recomponiendo su equilibrio volviendo a finales del siglo XIX, porque no enfrenta gran resistencia y no tiene miedo a una explosión social, que nadie prevé ni prepara, ni está en la conciencia y en el orden del día de sus víctimas. Sus dos armas principales son la división étnica, cultural y nacional de los trabajadores, resultante de enormes migraciones, factor que traba una respuesta unificada al enemigo común, y las muy desprestigiadas pero aún existentes direcciones burocráticas sindicales, preocupadas por mantener sus privilegios y convencidas de que aún hay espacio para negociar con los capitalistas, que van a por todo.

Sin la presencia activa de los trabajadores de Europa y Estados Unidos la lucha contra el capital financiero adopta en algunos países sudamericanos (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Honduras) la forma de movimientos nacionales y nacionalistas policlasistas masivos, dirigidos por algunos sectores radicalizados de las clases medias. En esos movimientos que unen un proceso de descolonización, la búsqueda de la igualdad entre las etnias, el odio a la alianza entre la oligarquía local y el imperialismo, y un fuerte deseo de integración social y de modernización del país, la vaga e indefinida reivindicación del socialismo del siglo XXI expresa que nadie quiere repetir la experiencia burocrática totalitaria del estalinismo y por eso busca otro socialismo democrático y pluralista, pero también que nadie tiene claro qué entiende por socialismo, a no ser que eso signifique una política de independencia nacional, la extensión de los derechos democráticos y una redistribución de los ingresos estatales. Las grandes huelgas en Bangladesh, por su parte, son un inmenso ¡basta! a los sufrimientos de las textiles, pero no plantean ninguna reivindicación antisistémica.


Estamos, pues, en uno de los momentos más negros de la historia humana, sufriendo la iniciativa y la ofensiva del imperialismo debilitado, pero que quiere salir de su crisis y evitar una catástrofe social interna mediante una guerra contra los trabajadores y con la aplicación de medidas bélicas de envergadura que amenazan la existencia de la civilización y de sus bases naturales.

Como sostén para la esperanza contamos, sobre todo, con la posibilidad de que se extiendan y generalicen las huelgas en China, que han obtenido grandes aumentos de salarios y derechos para los obreros. La conquista de una posición de fuerza por los trabajadores de ese país, la creación de sindicatos independientes o de comités de fábrica podrían acabar con la superexplotación de la población y del ambiente. China podría dejar de ser productora de chatarra barata sobre la base de salarios de hambre y condiciones de trabajo infames. Eso repercutiría en todo el mundo. Pero, aunque hay que hacer todos los esfuerzos para que los trabajadores chinos comiencen a tener conciencia proletaria, este proceso sólo está en sus comienzos.

Mientras tanto, lo posible es unir y coordinar las luchas defensivas, desarrollar la solidaridad con ellas para crear conciencia colectiva y, sobre todo, hacer un balance de por qué el "socialismo real" no sólo no era socialismo sino que era antisocialista, y es indispensable recuperar todo lo que en el marxismo sigue siendo válido. Hay que elevar la lucha de ideas. No puede haber socialismo sin grandes movilizaciones y luchas, pero este sistema no es un mero producto de ellas sino de la comprobación, en la acción, por parte de grandes masas de trabajadores, de que el análisis del capitalismo y las propuestas programáticas socialistas son factibles.

Guillermo Almeyra

Tomado: Que Hacer

22 may 2010

El verdadero crimen: CAPITALISMO

Más allá del fraude de Goldman Sachs La Comisión de Bolsas y Valores (SEC en inglés), ha puesto demandas sensacionales por fraude a un costo de miles de millones de dólares contra la firma bancaria de inversiones Goldman Sachs. Que esto suceda justo cuando el banco reporta un incremento del 91 por ciento en sus ganancias durante el primer trimestre comparadas con las del año pasado, es seguro que inflame aún más la ira pública contra la institución de Wall Street. Lo que todo/a obrero/a con conciencia de clase debe tener en cuenta sin embargo, es que la SEC ha señalado sólo una limitada operación de una potencia financiera mundial ladrona, al tiempo que protege de la crítica al resto del sistema bancario y al capitalismo mismo. Goldman Sachs está siendo acusado de fraude por vender miles de millones de dólares en hipotecas incluidas en bonos, diseñados éstos para que fracasen, sin decírselo a sus clientes. A continuación, Goldman y los clientes para los cuales ha diseñado los bonos dieron la vuelta e hicieron dinero apostando en contra de los mismos bonos que ellos habían creado. La forma en que Goldman y sus clientes, en particular un fondo de especulación (hedge fund) multimillonario dirigido por John Paulson hicieron dinero, fue asegurando los bonos con el American International Group, obteniendo a continuación un desembolso cuando el valor de los bonos disminuyó. Paulson ganó mil millones de dólares en las transacciones. “De acuerdo a los documentos de la SEC”, escribe Mike Whitney, la firma bancaria “no reveló materialmente las Obligaciones de Deuda Colateralizada Sintéticas (CDO, en inglés) que vendieron a sus clientes. Estas CDO suicidas estaban diseñadas para que estallaran pocos meses después de ser construidas (y así sucedió). Según el ex regulador William Black, ‘Goldman no sólo retuvo la información, sino que le decía a la gente, “Oiga, las decisiones de inversión son realizadas por especialistas que escogen sólo material de buena calidad”, cuando en realidad, las cosas que se ponían fueron elegidas porque estaban consideradas como las más propensas a sufrir rebajas a corto plazo”. Así que engañaron deliberadamente a los inversionistas. Eso es fraude. Tampoco le dijeron a los inversionistas que los valores fueron seleccionados (en parte) por un prominente administrador de fondos de especulación, John Paulson, quien planeaba apostar en contra de la misma CDO”. (“Goldman Sachs’s Bloody Nose,” Counterpunch, 19 de abril) Un asesor lo describió como el comprar un seguro de incendio para la casa de otra persona, y luego quemar esa casa. Pelea entre ladrones Los titulares resuenan como si la SEC se preparara para una batalla épica contra Wall Street. Pero en cuanto a los/as trabajadores/as se refiere, esto es estrictamente una disputa entre ladrones. Sin duda, la lucha entre Goldman Sachs y la administración de Obama es bastante seria para ambos lados. El contexto es la lucha por la reforma de la regulación financiera, sobre la manera de estabilizar el sistema financiero capitalista. Ambos tienen mucho en juego. Pero los/as trabajadores/as deben fijarse en su propia lucha independiente para influenciar en cómo el sistema financiero les impacta. El New York Times del 20 de abril dejó en claro una buena parte de lo que se trata esta investigación. La acusación es “que Goldman ideó una inversión hipotecaria compleja diseñada para que se desmorone y luego la vendió a inversionistas ignorantes”. Así que los ladrones de Goldman Sachs engañaron a sus “inversionistas ignorantes”, quienes buscaban hacer dinero de las masas mediante el cobro de intereses de las hipotecas de alto riesgo (subprime). Mientras tanto, Goldman también estaba buscando hacer dinero jugando con la imposibilidad de las masas de poder pagar estas hipotecas exorbitantes. Y Goldman fue uno de los promotores más importantes de estas hipotecas tóxicas. De todos modos, Goldman ganó cientos de millones en tarifas por las transacciones. Desempleo en medio de fabulosas riquezas Todos los titulares se centran en los cargos de la SEC contra Goldman. Pero por lo que concierne a los/as trabajadores/as, las comunidades, la juventud y los/as estudiantes, hay un escándalo más apremiante. Goldman y los otros banqueros están rodeándose de riquezas, mientras que 30 millones de trabajadores/as necesitan empleos. Esto es un escándalo digno de investigación. La verdadera indignación en este momento es que Goldman Sachs obtuvo ganancias récord de $3,46 mil millones de dólares en el último trimestre, superando las $3,3 mil millones de dólares de JPMorganChase, pero todavía por detrás de las $4,4 mil millones en ganancias por Citigroup. Mientras tanto, las solicitudes semanales por primera vez para el seguro de desempleo aumentaron de 24.000 a 484.000 a mediados de abril. En la actualidad hay 6,4 millones de trabajadores/as que han estado sin empleo durante más de 27 semanas. Entre los otros escándalos que necesitan ser descubiertos es el de cómo Goldman Sachs y otros banqueros están extrayendo miles de millones de dólares en intereses de las ciudades. Ciudades y estados a través del país están pagando cientos de miles de millones de dólares en intereses a los bancos mientras que las escuelas, hospitales, programas contra el SIDA y del cuidado de salud (SCHIP) para la infancia se cortan, los/as trabajadores/as del gobierno quedan despedidos/as, y suceden muchas otras barbaridades. El gobierno capitalista en Washington no quiere iniciar una investigación de cómo los bancos están lanzando a millones de trabajadores/as fuera de sus hogares. Son los bancos los que están detrás de las millones de ejecuciones hipotecarias que han tenido lugar, incluyendo un récord de 250.000 en el primer trimestre de este año. Ellos obstinadamente se niegan a prestar ayuda a los/as propietarios/as, muchos/as de ellos desempleados/as, cuyos ingresos se ha reducido durante la crisis económica. Los banqueros hacen que los alguaciles echen a familias enteras a la calle mientras ellos se sientan cómodamente en sus oficinas y viven en el regazo del lujo. Los cargos del SEC no tienen sanciones penales. Si Washington estuviera realmente interesado en cómo los bancos atacan al pueblo, les pondría cargos penales a los banqueros por acciones tales como el cobro de exorbitantes intereses en las tarjetas de crédito y la cosecha de cerca de $40 mil millones en tarifas adicionales solo en el año pasado. Podría cancelar la deuda en el aumento de los préstamos estudiantiles que han convertido a una generación de estudiantes en sirvientes de los bancos durante años después de graduarse. Los bancos son legítimamente odiados por el pueblo. Ese odio debe ser dirigido no sólo a los bancos, sino a los bancos como la cumbre de todo el capitalismo. Es la explotación capitalista la base de los bancos, de las corporaciones y de todos los problemas de los/as trabajadores/as. Las ganancias de banqueros provienen de los/as trabajadores Las ganancias obtenidas por los bancos provienen de la riqueza creada por los/as trabajadores en primer lugar. Los intereses hipotecarios y el interés de las tarjetas de crédito no son más que un reclamo sobre los salarios de los/as trabajadores después de salir del lugar de trabajo donde son explotados/as por un patrón. Los impuestos utilizados para pagar los intereses de los banqueros en bonos estatales o municipales han sido tomados de los salarios de los/as trabajadores que vuelven a circular en las bóvedas de los bancos. Los impuestos que las empresas pagan al gobierno salen de los beneficios creados por los/as trabajadores. El fundamento de todos los beneficios es el trabajo no remunerado. Banca y capitalismo De hecho, los bancos dominan la industria y están integrados a las juntas y gerentes corporativos. Los bancos y casas financieras que flotan las acciones de las empresas se comunican por teléfono trimestralmente con los altos ejecutivos de las grandes corporaciones. Ellos quieren escuchar sólo cosas buenas acerca de las ganancias de sus inversiones. Los banqueros y financieros pueden obligar a las empresas a cerrar fábricas, bajar salarios, recortar la fuerza de trabajo y aplicar nueva tecnología que destruye puestos de trabajo. El sector bancario es inseparable del capitalismo. Esta verdad científica basada en un análisis marxista fue elaborada por V.I. Lenin en su obra “Imperialismo, fase superior del capitalismo”, escrito en 1916. Cuando los/as trabajadores de la empresa Republic Windows and Doors, miembros/as del sindicato United Electrical Workers Local 1110 en Chicago, lucharon para prevenir que la gerencia les abandonara sin pagarles sus beneficios e indemnización por despido, se reveló que era Bank of America quien sostenía las finanzas de la empresa. Sólo después de ocupar la fábrica fue posible que los/as trabajadores obtuvieran sus beneficios — del Bank of America. Cuando Enron colapsó en la mayor quiebra en la historia, destruyendo las pensiones y los ahorros de miles de personas porque los ejecutivos habían participado en una gran red de pirámide económica, los ejecutivos fueron enjuiciados y algunos incluso fueron a la cárcel. Pero tras bastidores, la financiación de esta empresa criminal era JPMorganChase, Bank of America, Morgan Stanley, USB y todos los mismos nombres que fueron conectados después con el colapso financiero y los fraudes hipotecarios de alto riesgo. ¡A juzgar patronos y banqueros! Es el capitalismo el que debería estar en juicio. Por ejemplo, fue el sistema de ganancias el culpable por el asesinato de 29 mineros en la mina Massey en West Branch, West Virginia. Los capitalistas de la industria minera son los dueños de las agencias reguladoras y de los miembros del Congreso que deban hacer cumplir los códigos de seguridad. Pero la producción y las ganancias van primero. El capitalismo está detrás de las muertes de miles de trabajadores/as indocumentados/as que tratan desesperadamente de cruzar el desierto para llegar a los Estados Unidos a causa del TLC-NA que benefició a la industria agrícola estadounidense pero destruyó la economía de México. Y es el sistema de ganancias que utiliza a trabajadores/as vulnerables sin documentos para exprimirles cada onza de trabajo barato. Ahora que no se necesita tanto su trabajo por la crisis económica, el capitalismo desata redadas del Departamento de Seguridad Nacional y su Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (SICA/ICE) para buscar y aterrorizar a los indocumentados/as y culparles por la crisis. Es el capitalismo y la búsqueda de ganancias que unen a las industrias petrolera, minera, de las utilidades y a los grandes industrialistas para parar los intentos de imponer límites en su derecho a contaminar el medio ambiente, la tierra, el agua y hasta el aire que necesitan los seres humanos para respirar. Las ganancias están amenazando al planeta. La investigación de Goldman Sachs es significativa políticamente para la administración de Obama y para la lucha dentro de la clase dominante que intentan hacer al sistema más estable. Pero en cuanto a reformar el sistema, no es nada más que un acto secundario. De hecho, el SEC debiera investigarse a sí mismo por negligencia de deberes, por cerrar los ojos mientras los financieros en Wall St. jugaban con un estimado total de $600 billones en derivados, vendiendo hipotecas tóxicas por el mundo, y trazando aún más esquemas creativos para estafar al público. Debe haber una investigación de Moody’s, Standard & Poor’s, y todas las agencias de evaluación que categorizaron a los bonos basuras como triple-A para que se pudieran vender. El Departamento del Tesoro y la Reserva Federal, incluyendo a Alan Greenspan, debían estar en la corte para responder a las acusaciones de ayudar y encubrir la especulación masiva que estalló y costó a millones de trabajadores/as sus casas y sus empleos. Además, Bill Clinton, Robert Rubin y Larry Summers — todos instrumentos de los bancos — debían ser enjuiciados por abrir las compuertas en 1999 a esta orgia de especulación cuando derogaron el Acta Glass-Steagal. Esta legislación del Programa New Deal fue creada para prevenir que los bancos comerciales que prestaban a corporaciones, comerciaran con acciones corporativas. Resumiendo, todo el establecimiento capitalista, el gobierno y los financieros estaban colaborando para estimular las llamas especulativas. El sistema entero se basa en la explotación de trabajadores/as quienes son los/as que crean toda la riqueza. La parte más grande de esa riqueza es tomada en ganancias por los dueños de la economía — de las fábricas, minas, campos, hospitales, tiendas, etc. Ellos las usan para crear más ganancias. Si hubiera una investigación de cómo la economía capitalista pudiera “recuperarse” por seis meses mientras la crisis se profundiza para los/as trabajadores/as y las comunidades, demostraría que el capitalismo es un sistema en bancarrota que no puede cumplir con las necesidades de la gran mayoría del pueblo. El resultado de una investigación hecha por los trabajadores/as solamente podría concluir que el sistema de ganancias debe ser eliminado. Los recursos y los modos de producción y servicios deberían estar tomados por las masas, ser propiedad social y administrados en forma planificada y organizada para distribuir la riqueza basada en las necesidades humanas y no en las ganancias. Esta es la fundación del verdadero socialismo. Fred Goldstein Tomado: Mundo Obrero

14 may 2010

Sepa lo que es el capitalismo

Para contrarrestar la proliferación de versiones idílicas acerca del capitalismo y su capacidad para promover el bienestar general examinemos datos oficiales obtenidos del sistema de la ONU. El capitalismo tiene legiones de apologistas. Muchos lo hacen de buena fe, producto de su ignorancia y por el hecho de que, como decía Marx, el sistema es opaco y su naturaleza explotadora y predatoria no es evidente ante los ojos de mujeres y hombres. Otros lo defienden porque son sus grandes beneficiarios y amasan enormes fortunas gracias a sus injusticias e inequidades. Hay además otros ("gurúes" financieros, "opinólogos", "periodistas especializados", académicos "bienpensantes" y los diversos exponentes del "pensamiento único") que conocen perfectamente bien los costos sociales que en términos de degradación humana y medioambiental impone el sistema. Pero están muy bien pagados para engañar a la gente y prosiguen incansablemente con su labor. Ellos saben muy bien, aprendieron muy bien, que la "batalla de ideas" a la cual nos ha convocado Fidel es absolutamente estratégica para la preservación del sistema, y no cejan en su empeño. Para contrarrestar la proliferación de versiones idílicas acerca del capitalismo y de su capacidad para promover el bienestar general examinemos algunos datos obtenidos de documentos oficiales del sistema de Naciones Unidas. Esto es sumamente didáctico cuando se escucha, máxime en el contexto de la crisis actual, que la solución a los problemas del capitalismo se logra con más capitalismo; o que el G-20, el FMI, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, arrepentidos de sus errores pasados, van a poder resolver los problemas que agobian a la humanidad. Todas estas instituciones son incorregibles e irreformables, y cualquier esperanza de cambio no es nada más que una ilusión. Siguen proponiendo lo mismo, sólo que con un discurso diferente y una estrategia de "relaciones públicas" diseñada para ocultar sus verdaderas intenciones. Quien tenga dudas mire lo que están proponiendo para "solucionar" la crisis en Grecia: ¡las mismas recetas que aplicaron y siguen aplicando en América Latina y África desde los años ochenta! A continuación, algunos datos (con sus respectivas fuentes) recientemente sistematizados por CROP, el Programa Internacional de Estudios Comparativos sobre la Pobreza radicado en la Universidad de Bergen, Noruega. CROP está haciendo un gran esfuerzo para, desde una perspectiva crítica, combatir el discurso oficial sobre la pobreza elaborado desde hace más de treinta años por el Banco Mundial y reproducido incansablemente por los grandes medios de comunicación, autoridades gubernamentales, académicos y "expertos" varios. Población mundial: 6800 millones, de los cuales 1020 millones son desnutridos crónicos (FAO, 2009) 2000 millones no tienen acceso a medicamentos (www.fic.nih.gov) 884 millones no tienen acceso a agua potable (OMS/UNICEF 2008) 924 millones “sin techo” o en viviendas precarias (UN Habitat 2003) 1600 millones no tienen electricidad (UN Habitat, “Urban Energy”) 2500 millones sin sistemas de dreanajes o cloacas (OMS/UNICEF 2008) 774 millones de adultos son analfabetos (www.uis.unesco.org) 18 millones de muertes por año debido a la pobreza, la mayoría de niños menores de 5 años. (OMS) 218 millones de niños, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006) Entre 1988 y 2002, el 25 % más pobre de la población mundial redujo su participación en el ingreso mundial desde el 1.16 por ciento al 0.92 porciento, mientras que el opulento 10 % más rico acrecentó sus fortunas pasando de disponer del 64,7 al 71.1 % de la riqueza mundial . El enriquecimiento de unos pocos tiene como su reverso el empobrecimiento de muchos. Ese solo 6.4 % de aumento de la riqueza de los más ricos sería suficiente para duplicar los ingresos del 70 % de la población mundial, salvando innumerables vidas y reduciendo las penurias y sufrimientos de los más pobres. Entiéndase bien: tal cosa se lograría si tan sólo se pudiera redistribuir el enriquecimiento adicional producido entre 1988 y 2002 del 10 % más rico de la población mundial, dejando intactas sus exorbitantes fortunas. Pero ni siquiera algo tan elemental como esto es aceptable para las clases dominantes del capitalismo mundial. Conclusión: si no se combate a la pobreza (¡ni se hable de erradicarla bajo el capitalismo!) es porque el sistema obedece a una lógica implacable centrada en la obtención del lucro, lo que concentra la riqueza y aumenta incesantemente la pobreza y la desigualdad económico-social. Después de cinco siglos de existencia esto es lo que el capitalismo tiene para ofrecer. ¿Qué esperamos para cambiar al sistema? Si la humanidad tiene futuro, será claramente socialista. Con el capitalismo, en cambio, no habrá futuro para nadie. Ni para los ricos ni para los pobres. La sentencia de Friedrich Engels, y también de Rosa Luxemburgo: "socialismo o barbarie", es hoy más actual y vigente que nunca. Ninguna sociedad sobrevive cuando su impulso vital reside en la búsqueda incesante del lucro, y su motor es la ganancia. Más temprano que tarde provoca la desintegración de la vida social, la destrucción del medio ambiente, la decadencia política y una crisis moral. Todavía estamos a tiempo, pero ya no queda demasiado. Dr. Atilio A. Boron Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales Tomado: Kaos en la Red
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