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19 feb 2012
Las nueve vidas de la guerra de Afganistán
Ocho adolescentes que pastoreaban sus ovejas en los campos nevados de Afganistán fueron exterminados la semana pasada en un ataque aéreo de la OTAN en el distrito de Najrab, provincia de Kapisa, al este del país. La mayoría de los niños tenían entre 6 y 14 años de edad y habían buscado refugio cerca de una gran roca, donde hicieron una fogata para resguardarse del frío. En un principio, los oficiales de la OTAN afirmaron que se trataba de hombres armados. El gobierno afgano condenó el ataque y publicó fotos de algunas de las víctimas. El miércoles la OTAN expresó en un comunicado de prensa "sus sentidas condolencias a los familiares y allegados de varios adolescentes afganos que murieron durante el ataque aéreo el 8 de febrero en la provincia de Kapisa".
Los ocho niños asesinados no diferían mucho en edad del soldado Osbrany Montes de Oca que tenía 20 años, era de North Arlington, Nueva Jersey y murió en combate dos días después, el 10 de febrero en la provincia de Helmand en Afganistán. Estas nueve jóvenes vidas perdidas constituyen el incidente más reciente de la guerra más larga en la historia de Estados Unidos, una guerra que, según un valiente oficial del Ejército estadounidense que ha denunciado a dicha institución, se está perpetuando mediante “un patrón de engaño abierto y sustancial” por parte de “varios líderes militares estadounidenses de alto rango en Afganistán”.
Esas son las palabras escritas por el teniente coronel Danny Davis en su informe de 84 páginas denominado “Abandono de funciones II: La pérdida de integridad de los líderes militares de alto rango daña el esfuerzo de la guerra en Afganistán”. La revista Rolling Stone obtuvo un borrador de dicho informe de fecha 27 de enero de 2012, pero la oficina de Asuntos Públicos del Ejército de Estados Unidos no aprobó su publicación, a pesar de que Davis señala que los contenidos no son secretos. El teniente coronel presentó una versión confidencial a los miembros del Congreso. Davis es un veterano de guerra que cumple funciones en el Ejército desde hace 17 años. Tiene en su haber cuatro expediciones de combate, estuvo desplegado un año en Afganistán con la Fuerza de Equipamiento Rápido del Ejército (REF, por sus siglas en inglés) y recorrió más de 14.000 km a través de los sectores más operativos de la ocupación estadounidense, donde conoció directamente las necesidades más urgentes de los soldados.
En un artículo que escribió para la revista Armed Forces Journal (AFJ, por sus siglas en inglés) titulado “La verdad, las mentiras y Afganistán”, Davis escribió acerca de su experiencia: “Lo que vi no se parecía en nada a las floridas declaraciones oficiales de los líderes de las fuerzas estadounidenses sobre las condiciones en el campo de batalla”. Decir lo que se piensa es una conducta fuertemente desaconsejada en las fuerzas armadas de Estados Unidos, en particular si la opinión es en contra de un superior. Su informe fue publicado por el periódico New York Times y la revista Rolling Stone, cuyo periodista Michael Hastings me dijo: “La realidad es que estamos ante un veterano de guerra que estuvo 17 años en el Ejército, que fue desplegado cuatro veces (dos en Afganistán y dos en Irak) y decidió arriesgar su carrera (porque le quedan dos años y medio para jubilarse) porque siente que tiene la obligación moral de hacerlo”.
El Teniente Coronel Davis entrevistó a más de 250 personas (personal militar estadounidense y ciudadanos afganos) en su último año en la zona de guerra. Comparó sus testimonios con las proyecciones optimistas de oficiales como David Petraeus, ex director del Comando Central (CENTCOM, por sus siglas en inglés) y de las fuerzas estadounidenses en Afganistán y actual director de la CIA, que le dijo al Congreso el 15 de marzo de 2011 que “el impulso del Talibán en Afganistán ha disminuido desde 2005 en gran parte del país y se revirtió en muchas áreas importantes”.
En su artículo para la revista AFJ, Davis señala “En cambio, fui testigo de la ausencia de éxito en prácticamente todos los niveles. Los insurgentes controlaban prácticamente todas las zonas de Afganistán fuera del campo visual de las bases estadounidenses o de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad”.
Sus observaciones coinciden con la muerte de Osbrany Montes de Oca. Su novia, María Samaniego, le dijo al periódico New York Daily News que [Montes de Oca] “Estaba saliendo de la base cuando le dispararon de inmediato”.
Son casi dos mil los oficiales de las fuerzas estadounidenses muertos en Afganistán, casi la misma cantidad de civiles asesinados cada año en ese país. Nic Lee, director de la ONG independiente de Afganistán Safety Office, escribió en su informe anual de 2011: “Fue un año destacable por tratarse del año en que las fuerzas estadounidenses y de la OTAN finalmente reconocieron que es imposible ganar la guerra contra el Talibán”.
El Secretario de Defensa Leon Panetta sostuvo recientemente: “Esperamos que para el segundo semestre de 2013 podamos hacer la transición y pasar de la función de combate a la de entrenamiento, asesoramiento y asistencia”. Petraeus contradijo esta afirmación al declarar que Estados Unidos continúa comprometido a poner fin a la misión de combate para finales de 2014. Mientras tanto, salen a la luz imágenes de infantes de marina estadounidenses orinando sobre cadáveres afganos, o posando junto a la bandera nazi de la SS, y las muertes continúan. El teniente coronel Davis escribe: “Cuando tienen que decidir si continuar o no la guerra, si cambiar de objetivos o terminar una campaña que no se puede ganar a un precio razonable, nuestros oficiales de alto rango tienen la obligación de decir la pura verdad al Congreso y al pueblo estadounidense”.
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2012 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Tomado: Democracy Now.org
5 feb 2012
Diálogos curiosos
El presidente afgano Hamid Karzai está algo desesperado: los talibán no quieren negociar con él, se aprestan a hacerlo con la Casa Blanca y para ese fin abrieron una oficina política en Qatar. El comando talibán confirmó su disposición a dialogar con Washington pero nunca con el gobierno “ilegal y sin autoridad” de Afganistán (www.dailytimes.com.pk, 1/2/12). Hace dos años que la administración Obama procura alcanzar algún tipo de acuerdo con los insurgentes para que cesen sus acciones militares y esto contradice el triunfalismo de que hace gala el Pentágono sobre el desarrollo de una guerra que dura ya más de una década. “A pesar de las incompatibilidades, se abre el camino para una interlocución EE.UU.-talibán”, titula el New York Times una nota sobre el tema (11/1/12).
El secretario de Defensa Leon Panetta declaró el miércoles que EE.UU. espera poner fin a sus misiones de combate a mediados del 2013, más de un año antes de lo planeado, para limitar su papel “al entrenamiento, asesoramiento y asistencia (aunque) esto no significa que no estaremos preparados para combatir... porque siempre debemos estar en condiciones de defendernos”, advirtió (www.washingtonpost.com, 2/1/12). Pareciera un deseo que la realidad cohíbe: el ejército y la policía de Afganistán, que se harían cargo de las tareas de seguridad en el 2014, han dado muestras de ineptitud, señales de corrupción y están eventualmente infiltradas por los insurgentes. La violencia sigue imperando en el país y aumenta el número de bajas, tanto afganas como estadounidenses.
Es cierto que las tropas de la OTAN dirigidas por EE.UU. han recuperado algunos territorios en poder del talibán, pero lo conseguido es insuficiente para garantizar la continuidad del gobierno de Karzai. Así lo afirma un documento top secret de los 16 organismos de inteligencia, el National Intelligence Estimate (NIE) más reciente, del que dieron cuenta medios británicos cono la BBC y el Times de Londres. Esta evaluación sobre el curso de la guerra en Afganistán concluye que se encuentra en punto muerto, que los insurgentes no han perdido capacidad de lucha y que el gobierno de Kabul, instalado por EE.UU., podría no sobrevivir a la retirada de las tropas invasoras (www.latimes.com, 11/1/12). El NIE contrasta de manera terminante con las afirmaciones optimistas del Pentágono y ha echado leña al fuego del debate entre la Casa Blanca y los mandos militares acerca del ritmo de la retirada de las tropas.
El vicepresidente Joe Biden, otros altos funcionarios y varios congresistas han manifestado su preocupación por el elevado costo de la guerra: el año pasado cayeron más de 400 efectivos estadounidenses y la inversión superó los 100.000 millones de dólares, hechos que, sumados a la crisis económica, la desocupación, los desalojos, tornan vidriosa la campaña por la reelección de Obama. Pujan, entonces, por una retirada rápida, pero las cien páginas del documento del Consejo de Seguridad Nacional aconsejarían lo contrario: “Muchos afganos se preparan para un eventual retorno del talibán. Los talibán consideran que, cuando desaparezca la OTAN, su victoria será inevitable”, subraya el NIE (www.guardian.co.uk, 3/2/12).
El diálogo que Washington intenta no ha salido aún de encuentros que exploran la posibilidad de establecer “medidas de confianza”, como la debatida liberación de cinco jefes talibán detenidos en Guantánamo. Este nuevo elemento estratégico entraña consecuencias significativas a nivel internacional para los esfuerzos de la Casa Blanca destinados a terminar un conflicto bélico que no gana. En el plano interior, “Obama pelea por su reelección en un clima de fuerte oposición a la guerra y de la exigencia de recortes del presupuesto federal” (www.kansascity.com, 11/1/12). En el fondo, esta tentativa de reconciliación revela en parte que Washington reconoce que la insurgencia talibán continuará después de la retirada de las tropas con vistas a la retoma del poder.
El ex embajador en Turquía Marc Grossman, enviado especial a Pakistán y Afganistán, encabeza esta difícil tarea asistido por funcionarios del Pentágono, el Departamento de Estado y la CIA. Hace un mes se reunieron en Bonn los representantes de decenas de países para impulsar una componenda política en Afganistán y la iniciativa agonizaba por el rechazo de Karzai hasta que la Casa Blanca doblegó su resistencia. “Dado que EE.UU. y la OTAN anunciaron ya que en el 2014 retirarían de Afganistán la mayoría de sus tropas, la búsqueda de algún tipo de acuerdo político entre el nuevo gobierno y los talibán se ha convertido en un imperativo para el gobierno (de Obama)” (www.nytimes.com, 11/1/12). Revive en la memoria un hecho que se considera histórico: desde los tiempos de Alejandro Magno, nadie ha podido ocupar Afganistán. Ni siquiera Alejandro Magno.
Juan Gelman.
Tomado: Página 12.com.ar
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9 oct 2009
Se cumplen 8 años de guerra en Afganistán
Obama evalúa el envío de 40 mil soldados más
En el octavo aniversario de la invasión estadunidense a Afganistán, el presidente Barack Obama está ante una decisión que podría marcar el resto de su mandato –y, advierten algunos, hasta hundirlo– al evaluar si enviará otros 40 mil soldados para reforzar a los 68 mil que se encuentran allá, en una misión poco clara de reconstrucción de nación y de contrainsurgencia.
Ante una cada vez más amplia oposición pública, incluso de figuras políticas clave en su propio partido –senadores, ex generales, analistas– que advierten sobre un empantanamiento estadunidense en Afganistán, los asesores militares del presidente proponen incrementar la presencia estadunidense. El general Stanley McChrystal, comandante de esa campaña bélica, afirmó en su recomendación al gobernante demócrata que el éxito aún se puede alcanzar, pero sólo si hay un incremento de tropas.
La guerra de Estados Unidos en Afganistán es la tercera más larga en la historia en este país (96 meses) –la más larga fue Vietnam (102 meses) y la segunda la Revolución Americana (100 meses)– y ya lleva más del doble de duración de la participación estadunidense en la Segunda Guerra Mundial (45 meses).
Obama convocó hoy a su gabinete de seguridad nacional para evaluar qué hacer, mientras se desata un intenso debate entre la cúpula política sobre cómo proceder en un país que ha sido llamado el cementerio de los imperios.
El martes, el presidente se reunió con unos 30 legisladores de alto rango de ambos partidos para abordar el tema, donde señaló –según fuentes en la reunión citadas de manera anónima por algunos medios aquí– que no considera ningún retiro de tropas de Afganistán. Pero a la vez, algunos comentaron que tampoco considera un incremento masivo de tropas, y se especula que buscará alguna fórmula intermedia.
Pero se intensifica la preocupación –incluidos líderes demócratas de ambas cámaras– sobre incrementar la presencia estadunidense sin definir antes el plan de salida de ese conflicto. Por ahora, la mezcla de ocupación, contracción de nación y operaciones contrainsurgentes en ese país, no ofrecen resultados claros, y algunos advierten que justo las recomendaciones de McChrystal y otros promotores de una mayor presencia estadunidense, son muy parecidas a las que se presentaron al presidente Lyndon Johnson sobre Vietnam.
Se debate lo logrado en Afganistán desde la invasión en 2001, donde el entonces presidente, el republicano George W. Bush proclamó la victoria al derrocar el régimen talibán. Sin embargo, algunos expertos señalan que el talibán no fue destruido, sino simplemente se desplazó a diversas regiones. Aunque el gobierno de Obama afirma que el otro objetivo, la destrucción de la capacidad operativa de Al Qaeda, se ha logrado en gran medida, y que la presencia de ese grupo ha disminuido de manera significativa, el hecho es que su líder Osama bin Laden aún está libre, y que hay nuevas células de este grupo que, en combinación con otros, mantienen la tensión en toda la zona, especialmente en la fronteriza y dentro del país vecino, Pakistán.
Mientras tanto, las recientes elecciones en Afganistán demostraron la debilidad extrema de las instituciones políticas de ese país, con serias dudas sobre la efectividad del gobierno de Hamid Karzai, apoyado por Washington. Otro saldo de la guerra es que la producción de opio y el tráfico de heroína se han multiplicado desde la invasión estadunidense.
Obama, crítico de las políticas bélicas de su antecesor durante la campaña electoral, ha buscado una nueva estrategia para ese conflicto que heredó al llegar a la Casa Blanca. Pero enfrenta una decisión compleja ante una situación en deterioro –según sus analistas– en el terreno operativo, el cual ya ha costado casi 800 vidas de estadunidenses. A la vez, el apoyo de la opinión pública también se erosiona. Una encuesta de Ap-GfK divulgada hoy muestra sólo 40 por ciento de apoyo (reducción de cuatro puntos desde julio).
En tanto, se recuerda el dicho de los comandantes del talibán en Afganistán: ellos tienen los relojes, pero nosotros tenemos el tiempo.
Como dijo hace meses el cineasta Michael Moore en entrevista para televisión aquí, al comentar sobre la intención de Obama de ampliar la guerra en Afganistán: si quiere, le puedo pasar el teléfono de Mijail Gorbachov para que le platique qué le sucedió con Afganistán. Y si eso no lo convence, también le puedo pasar el de Gengis Khan, para lo mismo.
Vale recordar que fue justo durante la invasión soviética a Afganistán que Estados Unidos, vía la Agencia Central de Inteligencia (CIA), financió a la oposición armada, incluidos varios de los líderes que hoy día son calificados de terroristas antiestadunidenses. Las instalaciones construidas con esos fondos fueron las mismas que utilizó años después Bin Laden. En ese tiempo, el presidente Ronald Reagan, en una reunión con los mujaidines en la Casa Blanca, los definió como luchadores por la libertad, y dijo que eran el equivalente moral a los padres fundadores de Estados Unidos.
También vale recordar que hasta donde se sabe, ningún ciudadano de Afganistán, ni los del talibán, han sido acusados de participar en la planeación o la ejecución de los atentados del 11-S, justificación de la invasión a Afganistán, recuerda el periodista inglés Gwynne Dyer.
A la vez, es cada vez menos convincente argumentar que en Afganistán existe una causa noble y necesaria para Estados Unidos. A pesar del incesante reporte de muertos y heridos en Irak y Afganistán que pasa ya casi inadvertido por su rutina de años, esas guerras parecen distantes, y el deterioro en el apoyo público para la aventura en Afganistán no se traduce aún en protestas masivas en las calles. Hoy, varias agrupaciones antiguerra envían mensajes a Washington para exigir el fin de esa ocupación, mientras otros realizan plantones y vigilias en decenas de ciudades del país.
Por ahora, la decisión de Obama, sea cual sea, resultará en más sangre de afganos y estadunidenses. Para el periodista Dyer, todos los que mueren en este conflicto, mueren por nada, porque nada cambiará cuando las tropas extranjeras regresen a casa, como eventualmente harán.
“Odio cuando dicen: ‘él dio la vida por su país’. Nadie da su vida por algo. Nosotros les robamos la vida a estos jóvenes. Ellos no mueren por el honor y la gloria de su país. Nosotros los matamos”, afirmó hace años el almirante retirado Gene LaRocque en entrevista con Studs Terkel sobre las declaraciones de los políticos al promover las guerras.
David Brooks
Tomado de La Jornada Mx.
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