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31 mar 2012
Pornografía bélica: el nuevo sexo seguro
Versión muy abreviada de una conferencia en el XII Seminario de Solidaridad Política en la Universidad de Zaragoza, España, 27 de marzo de 2012.
Los principios del Siglo XXI son adictos a la pornografía bélica, el principal espectáculo deportivo consumido por el sillón global y las patatas digitales. La pornografía bélica se robó el centro de atención en la noche del 11 de septiembre de 2001, cuando el gobierno de Bush lanzó la Guerra Global contra el Terror (GWOT, por sus siglas en inglés), que fue interpretada por muchos de sus practicantes como una sutil legitimización del terror estatal de EE.UU. en particular contra los musulmanes.
También fue una guerra DE terror, una manifestación de terror estatal oponiendo el poder urbano de alta tecnología básicamente contra la astucia rural, de baja tecnología. EE.UU., por cierto, no ejerció ese monopolio; Pekín lo practicó en Xinjiang, su Lejano Oeste, y Rusia en Chechenia.
Como la pornografía convencional, la pornografía bélica no puede existir sin basarse en una mentira, una representación obscena. Pero a diferencia de la pornografía convencional, la bélica es auténtica; a diferencia de obscenas, baratas películas snuff, la gente en la pornografía bélica, muere realmente, en masa.
La mentira para rematar todas las mentiras en el centro de esta representación se estableció definitivamente con la filtración del memorando Downing Street de 2005, en el cual el jefe del MI6 británico confirmó que el gobierno de Bush quería eliminar a Sadam Hussein relacionando el terrorismo islámico con armas de destrucción masiva (inexistentes). Por lo tanto, como decía el memorando: “la información y los hechos se están amañando en torno a esa política”.
A fin de cuentas, George “estás con nosotros o contra nosotros” Bush fue la estrella de su propia snuff de proporciones históricas, que también al mismo tiempo tuvo la doble función de ser la invasión y destrucción del flanco oriental de la nación árabe.
La nueva Guernica
Irak se puede ver ciertamente como la Guerra de las Galaxias de la pornografía bélica, una apoteosis de secuelas. Por ejemplo la (segunda) ofensiva de Faluya a finales de 2004. Entonces la describí como la nueva Guernica. También me tomé la libertad de parafrasear los escritos de Sartre sobre la Guerra de Argelia; después de Faluya basta con que se reúnan dos estadounidenses para que haya entre ellos un cadáver. Citando Apocalipsis Ya, de Coppola, había cuerpos, cuerpos por doquier.
El Francisco Franco de Faluya fue Iyad Allawi, el primer ministro interino instalado por EE.UU. Fue Allawi el que “pidió” al Pentágono que bombardeara Faluya. En Guernica, como en Faluya, no hubo distinción entre civiles y combatientes: fue la regla de “¡Viva la muerte!”
Los mandos de los marines estadounidenses dijeron oficialmente que Faluya era la casa de Satán. Franco negó la masacre de Guernica y culpó a la población local, tal como Allawi y el Pentágono negaron las muertes de civiles e insistieron en que los culpables eran los “insurgentes”.
Redujeron Faluya a escombros, por lo menos 200.000 residentes se convirtieron en refugiados y mataron a miles de civiles con el fin de “salvarla” (ecos de Vietnam). Por cierto, en los medios corporativos occidentales nadie tuvo la valentía de decir que en realidad Faluya fue el Halabja estadounidense.
Quince años antes de Faluya, en Halabja, Washington era un proveedor entusiasta de armas químicas a Sadam Hussein, quien las utilizó para matar con gas a miles de kurdos. Entonces la CIA dijo que no fue Sadam; fue el Irán de Jomeini. Pero fue Sadam el que lo hizo, y deliberadamente, como EE.UU. en Faluya.
Los doctores de Faluya identificaron cadáveres hinchados y amarillentos sin ninguna herida, así como “cuerpos fundidos”, víctimas del napalm, el cóctel de poliestireno y combustible jet. Los residentes que lograron escapar hablaron de “gases venenosos” y “extrañas bombas que producían humo como nubes en forma de hongos… y que luego pequeños trozos caían del aire con largas colas de humo. Los trozos de esas extrañas bombas estallaban en grandes fuegos que queman la piel incluso cuando les arrojas agua”.
Es exactamente lo que sucede a la gente bombardeada con napalm o fósforo blanco. La ONU prohibió bombardear a los civiles con napalm en 1980. EE.UU. es el único país del mundo que sigue utilizando napalm.
Faluya también suministró un éxito de mini snuff; la ejecución sumaria de un iraquí herido e indefenso en una mezquita por un marine estadounidense. La ejecución, filmada y vista por millones en YouTube, representó gráficamente las reglas “especiales” de enfrentamiento. Los mandos de los marines estadounidenses de la época decían a sus soldados que “dispararan contra todo lo que se mueve y todo lo que no se mueve”; que dispararan “dos balas en cada cuerpo”; si veían a cualquier hombre de edad militar en las calles de Faluya, que "le derribaran" y que rociaran todas las casas con fuego de ametralladoras y de tanques antes de entrar en ellas.
Las reglas de enfrentamiento en Irak se codificaron en un manual de campo de 182 páginas distribuido a todos y cada uno de los soldados y publicado en octubre de 2004 por el Pentágono. Este manual de contrainsurgencia subrayó cinco reglas: “proteger a la población; establecer instituciones políticas locales; reforzar gobiernos locales; eliminar capacidades insurgentes y explotar información de fuentes locales”.
Ahora, de vuelta a la realidad. No se protegió a la población de Faluya; la expulsaron de la ciudad a fuerza de bombas y la convirtieron en una masa de miles de refugiados. Las instituciones políticas ya estaban establecidas: la Shura de Faluya dirigía la ciudad. Posiblemente ningún gobierno local puede gobernar un montón de escombros que tienen que recuperar ciudadanos enfurecidos, por no hablar de “reforzarlo”. Las “capacidades insurgentes” no se eliminaron; la resistencia se dispersó por otras 22 ciudades fuera del control de la ocupación estadounidense y se propagó al norte hasta llegar a Mosul; y los estadounidenses se quedaron sin información “de fuentes locales”, porque convirtieron en enemigos a todo corazón y mente posibles.
Mientras tanto, en EE.UU., la mayor parte de la población ya era inmune a la pornografía bélica. Cuando estalló el escándalo de Abu Ghraib, en la primavera de 2004, yo iba conduciendo por Texas, explorando Bushlandia. Prácticamente todas las personas con las que hable atribuían la humillación de los prisioneros iraquíes a “unas pocas manzanas podridas”, o la defendían por motivos patrióticos (“tenemos que impartir una lección a los ‘terroristas’”).
Adoro a un hombre en uniforme
Teóricamente, existe un mecanismo aprobado en el Siglo XXI para defender a los civiles de la pornografía bélica. Es la doctrina R2P “responsabilidad de proteger”. Se trata de una idea del gobierno canadiense y algunas fundaciones que ya circuló en 2001, pocas semanas después de que se lanzara la guerra contra el terror. La idea era que el concierto de las naciones tenía un “deber moral” de desplegar una intervención humanitaria en casos como Halabja, por no hablar de los Jemeres Rojos en Camboya a mediados de los años setenta o el genocidio de Ruanda a mediados de los noventa.
En 2004, un panel en la ONU codificó la idea, crucialmente con el pensamiento de que el Consejo de Seguridad pueda autorizar una “intervención militar” solo “como último recurso”. Entonces, en 2005, la Asamblea General de la ONU apoyó una resolución a favor de R2P y en 2006 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1674 sobre “la protección de civiles en un conflicto armado”; debían ser protegidos contra “genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica y crímenes contra la humanidad”.
Ahora aceleremos hasta fines de 2008, comienzos de 2009, cuando Israel –utilizando aviones caza estadounidenses para crear un verdadero infierno– desencadenó un ataque en gran escala contra la población civil de la Franja de Gaza.
¿Y la reacción oficial en EE.UU.?: “Obviamente Israel decidió protegerse y proteger a su pueblo”, dijo el presidente Bush. El Congreso de EE.UU. votó con abrumadores 390 contra 5 votos por reconocer “el derecho de Israel a defenderse de los ataques de Gaza”. El gobierno entrante de Obama guardó un estruendoso silencio. Solo la futura secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo: “apoyamos el derecho de Israel a la autodefensa”.
Por lo menos 1.300 civiles –incluidos numerosas mujeres y niños– fueron asesinados por el terrorismo de Estado en Gaza. Nadie invocó la R2P. Nadie apuntó a que Israel no cumplió con su “responsabilidad de proteger” a los palestinos. Nadie pidió una “intervención humanitaria” frente a Israel.
La simple noción de que una superpotencia –y otras potencias menores– tomen sus decisiones de política exterior con base en motivos humanitarios, como proteger a gente sitiada, es un chiste absoluto. Por lo tanto ya entonces aprendimos cómo se implementaría la R2P. No se aplicaba a EE.UU. en Irak o Afganistán. No se aplicaba a Israel en Palestina. Finalmente se aplicaría solo para entrampar a gobernantes “canallas” que no fueran “nuestros hijueputas”, como en el caso de Gadafi en Libia en 2011. Intervención “humanitaria” sí; pero solo para librarse de los “malos”. Y la belleza de R2P era que se podía aplicar al revés en todo momento. Bush llamó a "liberar" a los afganos que sufrían, especialmente a las mujeres vestidas con burkas, de los "malvados" talibanes, configurando en realidad la invasión de Afganistán como una intervención humanitaria. Y cuando se desenmascararon las afirmaciones engañosas sobre los vínculos entre al Qaida y las inexistentes armas de destrucción masiva, Washington comenzó a justificar la invasión, ocupación y destrucción de Irak mediante… R2P: “responsabilidad” de proteger a los iraquíes frente a Sadam y luego frente a sí mismos.
El asesino despertó al alba
El episodio más reciente de la serie de la pornografía bélica es la masacre de Kandahar cuando, según la versión (o encubrimiento) oficial del Pentágono un sargento del ejército estadounidense, francotirador y veterano de la guerra de Irak –un asesino altamente calificado– mató a tiros a 17 civiles afganos, incluidas nueve mujeres y cuatro niños, en dos aldeas a tres kilómetros de distancia, y quemó algunos de sus cuerpos.
Como en el caso de Abu Ghraib, hubo el acostumbrado torrente de desmentidos del Pentágono, como “no somos nosotros” o “no hacemos las cosas de esa manera”; para no mencionar un tsunami de historias en los medios corporativos estadounidenses humanizando al héroe-convertido-en-asesino masivo, como en “es un muchacho tan bueno, un hombre de familia”. Al contrario, ni una sola palabra sobre Los Otros, las víctimas afganas. No son personas; y nadie conoce sus nombres.
Una –seria– investigación afgana estableció que unos veinte soldados pudieron participar en la masacre, como en My Lai en Vietnam; y eso incluyó la violación de dos de las mujeres. Tiene sentido. La pornografía bélica es una subcultura letal y de grupo, junto con asesinatos selectivos, muertes por revancha, profanación de cuerpos, recolección de trofeos (dedos u orejas cortados), quema de Coranes y orinar sobre cadáveres. Esencialmente es un deporte colectivo.
“Equipos de asesinato” estadounidenses han ejecutado deliberadamente al azar a civiles afganos inocentes, sobre todo adolescentes, por deporte, colocaron las armas sobre sus cuerpos y luego posaron con sus cadáveres como trofeos. No es por accidente que hayan estado operando desde una base en la misma área de la masacre de Kandahar.
Y no debemos olvidar al antiguo máximo comandante de EE.UU. en Afganistán, el general Stanley McChrystal, quien el 10 de abril de 2010 admitió, brutalmente: “Hemos matado a una cantidad increíble de personas” que NO constituían una amenaza para EE.UU. o la civilización occidental.
El Pentágono sesga y publicita en Afganistán lo que ya mercadeó en Irak (e incluso mucho antes en Vietnam, en realidad); la idea es que se trata de una “contrainsurgencia centrada en la población”, o COIN, para “ganar corazones y mentes”, y que forma parte de un gran proyecto de construcción de una nación. Es una mentira monumental. La ‘oleada’ de Obama en Afganistán –basada en COIN– fue un fracaso total. Lo que la reemplazó fue una guerra dura, encubierta, tenebrosa, dirigida por “equipos de asesinato” de las Fuerzas Especiales. Eso implica una inflación de ataques aéreos e incursiones nocturnas. Para no hablar de ataques de aviones no tripulados, tanto en Afganistán como en las áreas tribales de Pakistán, cuyos objetivos preferidos parecen que son las bodas pastunas. A propósito, la CIA afirma que desde mayo de 2010, los aviones sin tripulación ultra-inteligentes han matado a más de 600 objetivos humanos “cuidadosamente seleccionados” y, milagrosamente, ni a un solo civil.
Pronto veréis este gran espectáculo de pornografía bélica celebrado en una orgía de próximos éxitos conjuntos del Pentágono y Hollywood. En la vida real, es amañado por gente como John Nagl, quien estuvo en el equipo del general David Petraeus en Irak y ahora dirige el think tank pro Pentágono Centro para la Nueva Seguridad Estadounidense.
Los nuevos súper machos estelares podrían ser los oficiales del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC). Pero se trata de una producción del Pentágono, que ha creado, según Nagl, “una máquina letal de contraterrorismo de dimensión industrial”. La realidad, sin embargo, es mucho más prosaica. Las técnicas de COIN, aplicadas por McChrystal, se basaban en solo tres componentes: vigilancia permanente por parte de aviones sin tripulación (drones); monitoreo de teléfonos móviles y localización de la ubicación física de los teléfonos por sus señales. Eso implica que cualquiera en un área vigilada por drones que utilice un teléfono celular era identificado como “terrorista”, o por lo menos como “simpatizante terrorista”. Y entonces el enfoque de las incursiones nocturnas en Afganistán pasó de “objetivos de alto valor” –miembros de alto nivel y mediano nivel de al Qaida y talibanes– a cualquiera marcado como colaborador de los talibanes.
En mayo de 2009, antes de la llegada de McChrystal, las Fuerzas Especiales de EE.UU. realizaban 20 incursiones mensuales. En noviembre eran 90 al mes. Al llegar la primavera de 2010, eran 250. Cuando despidieron a McChrystal –por un artículo en Rolling Stone (compitió con Lady Gaga por la portada y ganó Lady Gaga)– y Obama lo sustituyó por el general David Petraeus en el verano de 2010, eran 600 incursiones mensuales. En abril de 2011, llegaron a más de 1.000 al mes.
Así funcionan las cosas. No se te ocurra utilizar un teléfono celular en Kandahar y otras provincias afganas. De otra manera, los “ojos del cielo” acabarán contigo. En el mejor de los casos te enviarán a la cárcel, junto con otros miles de civiles marcados como “simpatizantes de terroristas”, y los analistas de los servicios de inteligencia utilizarán tus datos para compilar su “lista de muerte/captura” y capturarán aún más civiles.
En cuanto a los “daños colaterales” civiles de las incursiones nocturnas, siempre fueron presentado por el Pentágono como “terroristas”. Ejemplo: en una incursión en Gardez el 12 de febrero de 2010, mataron a dos hombres: un fiscal local del gobierno y un funcionario de los servicios de inteligencia afganos. Así como a tres mujeres (dos de ellas embarazadas). Los asesinos dijeron al comando de EE.UU./OTAN de Kabul que los dos hombres eran “terroristas” y que las mujeres habían sido halladas amordazadas y atadas. Luego el auténtico objetivo del asalto se entregó para que le interrogaran unos días después y le dejaron en libertad sin acusación alguna.
Y es solo el comienzo. El asesinato selectivo –tal como se practica en Afganistán– será la táctica preferida del Pentágono en todas las guerras futuras.
Pásame el condón, querido
Libia fue una importante exhibición de pornografía bélica completa con un ingenioso toque romano del derrotado jefe “bárbaro” sodomizado en las calles y luego ejecutado, directamente en YouTube.
Esto, a propósito, es exactamente lo que la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, en una visita relámpago a Trípoli, había anunciado menos de 48 horas antes del hecho. Había que "capturar o matar" a Gadafi. Cuando lo vio en la pantalla de su BlackBerry solo pudo reaccionar con el terremoto semántico “¡Wuau!”
Desde el instante en que una resolución de la ONU impuso una zona de exclusión aérea sobre Libia bajo la cobertura de R2P, se convirtió en una tarjeta verde para el cambio de régimen. El Plan A fue siempre capturar y matar a Gadafi, como en un asesinato selectivo al estilo afgano. Era la política oficial del gobierno de Barack Obama. No había un Plan B.
Obama dijo que la muerte de Gadafi significaba “la fuerza del liderazgo estadounidense en todo el mundo”. Fue tan parecido al “¡lo capturamos!" (ecos de Sadam capturado por el gobierno de Bush) como se podría imaginar.
Con una bonificación adicional. A pesar de que Washington pagó por lo menos un 80% de los costes operativos de esos tontos de capirote de la OTAN (unos 2.000 millones de dólares), era solo dinero de bolsillo. En todo caso, todavía era bochornoso “¡Lo hicimos!”, porque la Casa Blanca siempre dijo que no era una guerra, era algo “cinético”. Y no estaba al cargo.
Solo los ingenuos absolutos pueden haberse tragado la propaganda de las más de 40.000 bombas “humanitarias” que devastaron la infraestructura de Libia hasta devolverla a la Edad de Piedra como en una "Comoción y Pavor" a cámara lenta. Eso nunca tuvo nada que ver con R2P.
Fue tan R2P como el sexo seguro, y la “comunidad internacional” fue el condón. La “comunidad internacional”, como todos saben, está compuesta por Washington, unos pocos miembros arrastrados por la corriente de la OTAN y las democráticas potencias del Golfo Pérsico de Qatar, y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), más la Casa de Saud en la sombra. La UE, que poco antes acariciaba el borde de las túnicas de Gadafi, no tardó en excederse con los editoriales sobre los 42 años de reinado de un “bufón”.
En cuando al concepto del derecho internacional, quedó tirado en una alcantarilla tan sucia como aquella en la que se ocultó Gadafi. Sadam por lo menos tuvo un juicio amañado en un tribunal ilegítimo antes de enfrentarse al verdugo (también terminó en YouTube). A Osama bin Laden simplemente lo eliminaron, como en un asesinato, después de una invasión territorial de Pakistán (sin YouTube, de modo que muchos no lo creen). Gadafi lo superó, eliminado en una mezcla de guerra aérea y asesinato. Son las Tres Agraciadas Cabelleras de la Pornografía Bélica.
Dulce emoción
Siria es una declinación más de la narrativa de la pornografía bélica. Si no puedes emprender R2P, invéntala.
Y pensar que todo esto se codificó hace tanto tiempo. Ya en 1997, el War College Quarterly del Ejército de EE.UU. definió lo que llamó “el futuro de la guerra”. Lo describió como “el conflicto entre los maestros de la información y sus víctimas”.
Estaban seguros de que “ya somos los maestros de la guerra de la información…. Hollywood ‘prepara el campo de batalla’… La información destruye las tareas tradicionales y las culturas tradicionales; seduce, traiciona, pero sigue siendo invulnerable… Nuestra sofisticación en su manejo nos permitirá sobrevivir y funcionar mejor que todas las culturas jerárquicas… Las sociedades que temen o que no pueden administrar el flujo de información simplemente no serán competitivas. Podrán dominar los medios tecnológicos para ver los vídeos, pero nosotros escribiremos los guiones, los produciremos y cobraremos los royalties. Nuestra creatividad es devastadora”.
La guerra de la información que va más allá de todo, no tiene nada que ver con la geopolítica. Como el proverbial producto de Hollywood, tiene que ser “engendrada” de emociones en carne viva: “odio, celos y codicia, emociones, en lugar de estrategia”.
En Siria es exactamente el guión que han seguido los medios corporativos occidentales en toda la película; la tácticas de la “guerra de la información” de War College aplicadas a la práctica. El gobierno sirio nunca tuvo muchas posibilidades contra los que “escriben los guiones, los producen y cobran los royalties”.
Por ejemplo, la oposición armada, el denominado Ejército Libre Sirio (un desagradable cóctel de desertores, oportunistas, yihadistas y mercenarios extranjeros) llevó a los periodistas occidentales a Homs y luego insistió en extraerlos, en condiciones extremadamente peligrosas y con muertos a través del Líbano, en lugar de hacerlo mediante la Medialuna Roja. No estaban haciendo otra cosa que escribir el guión para que se abriera un “corredor humanitario” a Homs, impuesto desde el extranjero. Fue puro teatro, o pornografía bélica presentada como un drama hollywoodense.
El problema es que la opinión pública occidental depende ahora de este tipo de guerra de la información. Olvidad incluso la posibilidad de negociaciones de paz entre partes adultas. Lo que quedan son los binarios buenos contra la intriga de los muy malos, en la que hay que destruir al Gran Sujeto Malo a cualquier precio (¡y para colmo su esposa es una perra snob a la que le gusta ir de compras!)
Solo los ingenuos terminales pueden llegar a creer que los yihadistas –incluidos los rebeldes de la OTAN de Libia– financiados por el Club Contrarrevolucionario del Golfo, también conocido como Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) sean un montón de reformistas democráticos ardientes de buenas intenciones. Hasta Human Rights Watch se vio finalmente obligado a reconocer que esos “activistas” armados fueron responsables por “secuestros, detención y tortura”, después de recibir informes sobre “ejecuciones de miembros de las fuerzas de seguridad y civiles por parte de grupos armados de oposición”.
Lo que oculta finalmente esta narrativa de pornografía bélica (blanda y dura), es la verdadera tragedia siria: la imposibilidad de que el tan alabado “pueblo sirio” pueda librarse de todos esos pillos, el régimen de Asad, el Consejo Nacional Sirio controlado por la Hermandad Musulmana y el Ejército Libre Sirio infestado de mercenarios.
Escuchad el sonido del caos
Este catálogo –muy parcial– de aflicciones nos lleva inevitablemente al actual exitazo supremo de la pornografía bélica, el psicodrama iraní.
2012 es el nuevo 2002; Irán es el nuevo Irak, y sea cual sea la carretera, para evocar la nueva consigna neoconservadora, los hombres de verdad van a Teherán vía Damasco, o los hombres de verdad van a Teherán non-stop.
Es posible que solo bajo el agua del Ártico podamos escapar del cortejo cacofónico de los derechistas estadounidenses –y sus respectivos perros falderos europeos– salivando por sangre y desplegando el festival usual de falacias como “Irán quiere borrar a Israel del mapa”, “la diplomacia ha llegado al final”, “las sanciones son demasiado tardías”, o “Irán está a un año, 6 meses, una semana, un día, o un minuto de construir una bomba”. Por cierto esos perros de guerra no se preocuparían jamás de seguir lo que hace realmente el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), sin hablar de los Estudios Nacionales de Inteligencia publicados por las 17 agencias de inteligencia de EE.UU.
Porque ellos, en gran medida, “escriben los guiones, los producen y cobran los royalties” en términos de medios corporativos, pueden salirse con la suya con una fusión sorprendentemente tóxica de arrogancia e ignorancia, sobre Medio Oriente, sobre la cultura persa, sobre la integración asiática, sobre el problema nuclear, sobre la industria petrolera, sobre la economía global, sobre “el Resto” en comparación con “Occidente”.
Como en el caso de Irak en 2002, permanentemente se deshumaniza a Irán. La incesante, totalmente histérica, “narrativa” para inducir al miedo de “debemos bombardear ahora o debemos bombardear más tarde” siembre trata de bombas ¡oh tan inteligentes! revienta búnkeres y misiles de precisión que realizarán un trabajo ultra limpio de devastación a gran escala sin producir un solo “daño colateral”. Exactamente como el sexo seguro.
E incluso cuando la voz del propio establishment –el New York Times – admite que ni la inteligencia estadounidense ni la israelí creen que Irán haya decidido construir una bomba (un niño de 5 años podría llegar a la misma conclusión), la histeria sigue siendo inter-galáctica.
Por lo pronto, mientras se prepara -“todas las opciones están sobre la mesa” sigue repitiendo el propio Obama– para una guerra más en lo que solía denominarse “arco de inestabilidad”, el Pentágono también encontró el tiempo necesario para rediseñar la pornografía bélica. Solo requirió un vídeo de 60 segundos que ahora está en YouTube, titulado Toward the Sound of Chaos [Hacia el sonido del caos], presentado solo unos días después de la masacre de Kandahar. Basta con considerar su audiencia objetiva clave, el inmenso mercado de pobres, desocupados y políticamente muy ingenuos jóvenes estadounidenses.
Escuchemos la sobregrabación de la minicinta:
“Donde emerge el caos, emergen los Pocos. Los marines se mueven hacia los sonidos de la tiranía, la injusticia y la desesperación con el coraje y la resolución de silenciarlos. Al terminar el conflicto, imponer el orden y ayudar a los que no se pueden ayudar ellos mismos, los marines enfrentan las amenazas de nuestros tiempos”.
Tal vez, en este universo orwelliano, deberíamos pedir a los afganos muertos sobre los que orinaron los marines de EE.UU., o a los miles de muertos en Faluya, que escribieran una reseña de la película. Bueno, los muertos no escriben. Tal vez podamos pensar en el día en el que la OTAN imponga una zona de exclusión aérea sobre Arabia Saudí para proteger a los chiíes en la provincia oriental, mientras los drones del Pentágono lanzan una alfombra de misiles Hellfire sobre esos miles de arrogantes, medievales, corruptos, príncipes de la Casa de Saud. No, no sucederá.
Más de una década después del comienzo de la guerra contra el terror, el mundo se presenta como sigue: una audiencia perezosa, virtualmente mundial, hastiada, deslumbrada y entretenida de distracción en distracción, impotentemente adicta a la deshonrosa exhibición de atrocidades de la pornografía bélica.
Pepe Escobar / Rebelión
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Tomado: Rebelión.org
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Stanley McChrystal
29 mar 2010
La década de los drones: asesinos aéreos de EE.UU.
Mediante y a través de sus pantallas, aviones sin piloto teledirigidos, más conocidos por el nombre de «drones» son controlados y manejados por especialistas militares de EEUU a miles de kilómetros del terreno donde se realizan sus mortíferas operaciones.
Imagen: Red Voltaire
Utilizando a Pakistán y Afganistán como terreno de experimentación y campo de batalla para sus aviones sin piloto, el complejo militaro-industrial de EEUU va afinando poco a poco, su más actual y sofisticada arma tecnológica en este XXI siglo. Al mismo tiempo su cruzada guerrera alcanza niveles de cinismo y manipulación de la opinión pública nunca antes visto en nuestras sociedades. Dichos aviones son controlados a partir de pantallas en el otro hemisferio, masacrando a poblaciones civiles que EEUU pretende salvar sus vidas. Obama consideró necesaria la guerra en Afganistán y su vice-presidente, Joe Binden, exige el envio de más robots asesinos para apoyar a las tropas US destacadas allí.
2010 es el décimo año de la primera década del nuevo siglo y del milenio y es el décimo año consecutivo de la guerra de EE.UU. en Afganistán y en el área de responsabilidad de 15 naciones abarcada bajo la Operación Libertad Duradera. A principios de marzo las muertes militares estadounidenses en el teatro de la Gran Guerra Afgana –Afganistán, Cuba (Guantánamo), Djibouti, Eritrea, Jordania, Kenia, Kirguistán, las Filipinas, Seychelles, Sudán, Tayikistán, Turquía, Uzbekistán y Yemen– sobrepasaron el límite de los 1.000. Este año es también el décimo año de la primera guerra terrestre y la primera guerra asiática librada por la OTAN, guerras realizadas desde, y no para proteger a, las naciones del Norte del Océano Atlántico.
2010 es el décimo y más letal año en el uso por Washington de vehículos aéreos sin tripulación (drones) para asesinatos selectivos y “daño colateral” sin objetivo.
Diseñados originalmente para la vigilancia del campo de batalla y reconocimiento, aunque a menudo para solicitar mortíferos ataques militares, los drones han sido empleados por EE.UU. desde 2001 para identificar y matar objetivos humanos.
El primer vehículo aéreo “cazador-asesino” sin tripulación, el Predator, fue utilizado por el Pentágono en Bosnia en 1995 y después en los 78 días de la guerra aérea contra Yugoslavia en 1999.
En 2001 los Predator fueron equipados con misiles Hellfire (fuego del infierno) y partieron desde Pakistán y Uzbekistán para lanzar ataques dentro de Afganistán. El año siguiente salieron de la base militar de EE.UU. en Camp Lemonnier en Djibouti con el mismo fin en Yemen.
El Predator y su sucesor, el Reaper, capaz de cargar quince veces más armamento y que vuela a tres veces su velocidad, han sido utilizados para ataques letales en Afganistán, Iraq, Yemen, Somalia, y con un efecto particularmente asesino en Pakistán, desde el otoño de 2008. Están equipados de cámaras conectadas por satélite a bases en EE.UU.
En octubre el vicealmirante Robert Moeller, comandante adjunto del Comando África de EE.UU. anunció que Reaper, “capaces de transportar una docena de bombas y misiles guiados,” [1] fueron enviados a Seychelles frente a la costa oriental del continente africano para patrullar el Océano Índico.
Radio Australia transmitió una historia el 8 de marzo que decía que “el presidente de EE.UU., Barack Obama, puede haber tardado en decidir su política afgana, pero ahora también se ha convertido en un mayor entusiasta por los ataques con misiles con drones que su predecesor. [2] En Afganistán y Pakistán así como en Yemen.
Discutiendo un informe de la New America Foundation, la emisora documentó que los mortíferos ataques con misiles a ambos lados de la frontera entre Afganistán y Pakistán han aumentado en un 50% desde que el gobierno de Obama se hizo cargo de la Casa Blanca hace un año, el 20 de enero.
Citando al think tank arriba mencionado, el informe de Radio Australia dijo que ha habido 64 ataques de drones en el Sur de Asia en los últimos catorce meses, en comparación con 45 bajo el gobierno de George W. Bush entre la invasión de Afganistán en octubre de 2001 y enero de 2009.
Bill Roggio, editor de Long War Journal, fue entrevistado y dijo “hay un promedio de cinco a siete ataques por mes aunque en enero fueron 11.”
Además se le citó describiendo la escalada cualitativa así como cuantitativa de la guerra estadounidense de drones en Afganistán y Pakistán: “El principal drone es el Predator que porta el misil antitanque Hellfire.
“Al Reaper, hermano mayor del Predator, lo adaptaron para que pueda cargar misiles Hellfire más grandes así como para que pueda llevar, también, las bombas guiadas de 227 kilos guiadas por GPS (sistema de posicionamiento global). De modo que están muy..., ya sabe, hay una especie de revolución en la guerra aérea.” [3]
El Reaper lleva 450 kilos de municiones y también está equipado para el misil aire-aire Sidewinder. Hay planes para agregar misiles aire-aire Stinger.
En términos del coste humano de la promesa electoral en 2008 sobre la campaña de la guerra afgana – “Si tenemos inteligencia que permita entrar en acción sobre objetivos de alto nivel de al-Qaida en la región fronteriza de Pakistán, debemos actuar si Pakistán no quiere o no puede hacerlo” –a comienzos de este año el influyente Dawn News de Pakistán publicó un informe sobre lo que esa política ha significado para los paquistaníes. En un artículo intitulado “Más de 700 muertos en 44 ataques con drones en 2009,” la fuente, citando estadísticas del gobierno paquistaní, escribió:
“De los 44 ataques de Predator realizados por drones de EE.UU. en áreas tribales de Pakistán durante los últimos 12 meses, sólo cinco han logrado alcanzar sus verdaderos objetivos, matando a cinco dirigentes clave de al-Qaida y de los talibanes, pero al coste de más de 700 civiles inocentes.”
Por cada presunto miembro de al-Qaida o de los talibanes muerto por misiles disparados desde drones de EE.UU. “también tuvieron que morir 140 inocentes paquistaníes. Más de un 90 por ciento de los muertos en los mortíferos ataques con misiles fueron civiles, afirman las autoridades… En promedio, 58 civiles muirieron cada mes en esos ataques, 12 personas cada semana y casi dos personas cada día.” [4]
Los muertos pueden haber estado armados o desarmados, hombres o mujeres, adultos o niños. Lo que tienen en común es que fueron atacados sobre la base de “inteligencia que permite entrar en acción” suministrada por alguien en el terreno, no necesariamente una parte desinteresada.
En octubre pasado, cuando la matanza había comenzado en serio, el Relator Especial de las Naciones Unidas para las Ejecuciones Extrajudiciales de las Naciones Unidas, Philip Alston señaló:
“Mi preocupación es que estos drones, estos Predator, están siendo operados en un marco que puede violar el derecho humanitario internacional y el derecho internacional de derechos humanos.
“El gobierno de EE.UU. es realmente responsable de revelar más sobre la forma en la que asegura que ejecuciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales, no son en realidad realizadas mediante el uso de estas armas.” [5]
Impávido, EE.UU. intensificó sustancialmente los ataques.
En enero de este año la Agencia de Noticias Xinhua de China entrevistó al analista político paquistaní Farrukh Saleem, quien dijo que los ataques con misiles por drones estadounidenses en las Áreas Tribales bajo Administración Federal de Pakistán han aumentado de 17 en 2008 a 43 en 2009 y que se espera que 70 sean realizados este año.
Se citó la advertencia de Saleem de que “tales ataques siempre provocan violencia, ataques suicidas y víctimas en Pakistán. Por lo tanto, más ataques de drones significan más violencia en Pakistán.” [6]
Ese mismo día el senador John McCain estuvo en la capital paquistaní, Islamabad, y elogió los ataques de drones como “una parte efectiva de la estrategia de EE.UU.” [7]
El pasado 17 de diciembre se informó de que un ataque de un drone estadounidense había matado por lo menos 20 personas en la Agencia de Waziristán del Norte de Pakistán y el 27 que 13 personas más personas murieron en la misma región.
Desde comienzos del Nuevo Año los ataques letales sólo se han intensificado. Lo que sigue no es un intento de presentar un informe exhaustivo, pero ha sido reunido de diversos informes de la prensa.
El 1 de enero se informó de que cinco personas resultaron y varias heridas por dos ataques de drones estadounidenses al este de la capital de Waziristán del Norte. En cuanto a las identidades de las víctimas, Reuters citó a un funcionario local de seguridad quien dijo: “Los cuerpos estaban quemados hasta ser irreconocibles. Estamos tratando de determinar su identidad.” [8] Durante la noche anterior dos más resultaron muertos y varios heridos en otro ataque.
Los informes continuaron, detallando ataques con misiles y muertes en las áreas tribales de la nación.
3 de enero: Cinco personas más murieron en Waziristán del Norte en un ataque de un drone.
7 de febrero: Por lo menos trece muertos y ocho heridos por dos ataques consecutivos con misiles. “Según Geo News de Pakistán, un presunto drone disparó dos misiles contra una casa en la región Datta Khel, matando a siete personas.
“Otro ataque ocurrió mientras gente del lugar comenzaba a recuperar cuerpos de los escombros de la casa, matando a cinco personas. No se conocía las identidades de los muertos en los ataques.” [9]
8 de enero: Cinco resultaron muertos en una aldea en Waziristán del Norte.
9 de enero: Un drone estadounidense disparó dos misiles contra una aldea, Ismail Khan, en Waziristán del Norte matando a cuatro personas.
13 de enero: Trece personas muerieron en la aldea de Tappi en la misma agencia. “Un alto responsable de la seguridad confirmó la cifra de muertos, y dijo que cuatro misiles fueron disparados desde aviones no tripulados en esa remota área.” [10]
15 de enero: Quince personas murieron en la aldea de Zannini en Waziristán del Norte. Seis fueron muertos en la aldea de Bichi.
17 de enero: Por lo menos veinte resultaron muertos en el área Shaktoi de Waziristán del Sur.
19 de enero: Seis personas murieron en la aldea de Booya en Waziristán del Norte según funcionarios de inteligencia paquistaníes.
24 de enero: Insurgentes paquistaníes afirmaron haber derribado un drone estadounidense en Waziristán del Norte, uno de ocho drones vistos volando sobre el área.
29 de enero: Entre seis y quince personas murieron en la ciudad de Muhammad Khel de Waziristán del Norte en un supuesto ataque contra la Red Haqqani por tres misiles estadounidenses.
2 de febrero: EE.UU. disparó hasta ocho misiles contra cuatro aldeas en Waziristán del Norte, matando a veintinueve personas.
14 de febrero: Cinco personas perecieron en un ataque de drones en la misma agencia. Por lo menos otras tres fueron heridas.
15 de febrero: Un ataque de drone supuestamente mató a un dirigente separatista uigur chino en el mismo distrito.
17 de febrero: Un ataque de misiles de EE.UU. mató a tres e hirió a dos víctimas en Waziristán del Norte.
18 de febrero: Cuatro personas resultaron muertas en un ataque con misiles contra un vehículo en la misma agencia.
24 de febrero: Por lo menos trece supuestos combatientes murieron en un ataque de drones de EE.UU. en el área de Dargah Mandi de Waziristán del Norte.
8 de marzo: Un drone estadounidense disparó cinco misiles contra una casa cerca de
Miranshah, capital de Waziristán del Norte, matando a por lo menos cinco personas e hiriendo a cuatro.
Este año han muerto aproximadamente 160 personas en ataques con misiles de drones en Pakistán en poco más de dos meses. Si se mantiene ese ritmo, 2010 será mucho más mortífero que el año antes: 960 en lugar de 700. Si, como parece más probable, la cantidad de ataques aumenta, la cantidad de muertes será aún superior que el aumento de casi 140% con el que amenaza la extrapolación mencionada.
Los ataques con misiles de drones se están convirtiendo cada vez más en el arma preferida de la CIA (como en Pakistán, Afganistán e Iraq), el Comando de Operaciones Especiales Conjuntas (Yemen) y la Fuerza Aérea, que el año pasado tenían 195 Predator y 28 Reaper.
Todo indica que pronto tendrán más.
Este año el gobierno de Obama ha pedido al Congreso 33.000 millones de dólares más para las guerras en Afganistán e Iraq “adicionalmente a una solicitud récord de 708.000 millones de dólares para el Departamento de Defensa el próximo año.” [11]
Según el nuevo Examen Cuatrienal de Defensa: “los drones sin piloto utilizados para misiones de vigilancia y de ataque en Afganistán y Pakistán son una prioridad, con el objetivo de acelerar la compra de nuevos drones Reaper y la expansión de los vuelos de drones Predator y Reaper hasta 2013.” [12]
Un artículo del 1 de febrero llamado “China, Irán impulsan plan de batalla aire-mar de EE.UU. en examen de estrategia,” reveló que correspondiendo al nuevo Examen Cuatrienal de Defensa un “plan conjunto de la Fuerza Aérea y de la Armada combinaría las fuerzas de ambos servicios para realizar ataques de largo alcance que podrían utilizar una nueva generación de bombarderos, un nuevo misil crucero y drones lanzados desde portaaviones.” [13]
Mientras EE.UU. expande masivamente su expansión militar en la isla Guam en el Pacífico: “El Ejército establece un sistema de defensa de misiles en la isla y la Fuerza Aérea agrega más drones.” [14]
A mediados de enero el destacado senador estadounidense Carl Lein instó a que “se usen drones para lanzar ataques aéreos” en Yemen, agregando la demanda de “todo desde acciones físicas que puedan ser realizadas en términos que van desde el uso de drones o ataques aéreos” a “acciones clandestinas.” [15]
Respecto al fortalecimiento de vínculos militares entre EE.UU. y Yemen, una fuente rusa de noticias reveló que “bajo un nuevo acuerdo confidencial de cooperación, EE.UU. podría hacer volar misiles cruceros, aviones de caza o drones armados no tripulados contra objetivos en el país, pero guardaría silencio en público sobre su papel en los ataques aéreos.” [16]
A fines de enero Wall Street Journal informó:
“La participación de los militares de EE.UU. en Yemen ya ha comenzado a aumentar… EE.UU. ha aumentado la cantidad de drones de vigilancia que vuelan sobre Yemen, así como la cantidad de aeronaves sin tripulación equipadas de misiles capaces de atacar objetivos en el terreno, según un alto funcionario de EE.UU. con conocimiento directo de las misiones.
“La mayoría de los drones que operan fuera de Iraq y Afganistán son controlados por la CIA, pero el funcionario dijo que los que operan sobre Yemen pertenecen al secreto Comando de Operaciones Especiales Conjuntas de las fuerzas armadas.” [17]
El comandante del Comando de Operaciones Especiales Conjuntas hasta 2008 fue el actual general Stanley McChrystal, principal comandante de lo que pronto serán 150.000 soldados de EE.UU. y de la OTAN en Afganistán.
Los asesinatos por misiles de drones y la matanza indiscriminada de civiles que frecuentemente los acompañan son un componente integral de la estrategia de contrainsurgencia en Asia del Sur. La escalada cualitativa de los ataques de drones en Pakistán y Afganistán comenzó cuando McChrystal reemplazó a David McKiernan en junio pasado como máximo comandante de la Fuerza Internacional de Ayuda en la Seguridad (ISAF) en Afganistán dirigida por EE.UU. y la OTAN.
En otras partes del mundo, el Pentágono contribuirá drones militares a las maniobras en las Costas del Norte en Finlandia en septiembre de este año, “el mayor ejercicio militar naval que haya sido visto en aguas territoriales finlandesas.” [18]
Mientras Stanley McChrystal era comandante del Comando Conjunto de Operaciones Especiales EE.UU. realizó once letales ataques de Predator en Iraq en abril de 2008. El secretario de defensa de aquel entonces “Robert Gates instó a la Fuerza Aérea a que hiciera más para enviar drones a la zona de guerra.”
Un periódico estadounidense informó entonces que “se espera que los comandantes se basen más en sistemas no tripulados cuando los 30.000 soldados enviados el año pasado se retiren. Las fuerzas armadas tienen docenas de Predator en Iraq y Afganistán. En total operan 5.000 drones, 25 veces más de los que tenía en 2001.” [19]
En diciembre pasado el gobierno de Venezuela llamó a la comunidad mundial a condenar incursiones en su espacio aéreo de drones militares estadounidenses que operaban desde Aruba y Curaçao en las Antillas Holandesas. El tipo de drones que voló durante varios días sobre territorio venezolano no fue identificado, pero bajo obligaciones militares tanto bilaterales como de la OTAN Holanda no rehusaría a EE.UU. el derecho a estacionar drones Predator y Reaper en bases en sus colonias en las islas del Caribe.
EE.UU. no sólo ha aumentado su arsenal de vehículos aéreos no tripulados en 25 veces durante la última década, también ha aumentado masivamente el alcance y la letalidad de sus drones cazadores-asesinos. Un reciente informe reveló que desde 2008 el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea comenzó a “construir el extremo robot asesino,” descrito como “un pequeño drone armado a ser utilizado por las fuerzas especiales de EE.UU. en la liquidación de ‘objetivos de alto valor.’” [20]
Antes se utilizaba equipos de las fuerzas de las fuerzas especiales o se disparaba misiles crucero para asesinar a las víctimas elegidas. En el caso de los segundos y frecuentemente de los primeros el riesgo era que no se podían utilizar más de una vez.
Los drones Predator y Reaper vuelven después de sus misiones y se recargan con misiles Hellfire para más ataques mortíferos.
Se han convertido en las armas preferidas de Washington en el Siglo XXI para perpetrar asesinatos internacionales.
Rick Rozoff
Periodista residente en Chicago. Director de Stop NATO international.
Tomado de Red Voltaire
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9 oct 2009
Se cumplen 8 años de guerra en Afganistán
Obama evalúa el envío de 40 mil soldados más
En el octavo aniversario de la invasión estadunidense a Afganistán, el presidente Barack Obama está ante una decisión que podría marcar el resto de su mandato –y, advierten algunos, hasta hundirlo– al evaluar si enviará otros 40 mil soldados para reforzar a los 68 mil que se encuentran allá, en una misión poco clara de reconstrucción de nación y de contrainsurgencia.
Ante una cada vez más amplia oposición pública, incluso de figuras políticas clave en su propio partido –senadores, ex generales, analistas– que advierten sobre un empantanamiento estadunidense en Afganistán, los asesores militares del presidente proponen incrementar la presencia estadunidense. El general Stanley McChrystal, comandante de esa campaña bélica, afirmó en su recomendación al gobernante demócrata que el éxito aún se puede alcanzar, pero sólo si hay un incremento de tropas.
La guerra de Estados Unidos en Afganistán es la tercera más larga en la historia en este país (96 meses) –la más larga fue Vietnam (102 meses) y la segunda la Revolución Americana (100 meses)– y ya lleva más del doble de duración de la participación estadunidense en la Segunda Guerra Mundial (45 meses).
Obama convocó hoy a su gabinete de seguridad nacional para evaluar qué hacer, mientras se desata un intenso debate entre la cúpula política sobre cómo proceder en un país que ha sido llamado el cementerio de los imperios.
El martes, el presidente se reunió con unos 30 legisladores de alto rango de ambos partidos para abordar el tema, donde señaló –según fuentes en la reunión citadas de manera anónima por algunos medios aquí– que no considera ningún retiro de tropas de Afganistán. Pero a la vez, algunos comentaron que tampoco considera un incremento masivo de tropas, y se especula que buscará alguna fórmula intermedia.
Pero se intensifica la preocupación –incluidos líderes demócratas de ambas cámaras– sobre incrementar la presencia estadunidense sin definir antes el plan de salida de ese conflicto. Por ahora, la mezcla de ocupación, contracción de nación y operaciones contrainsurgentes en ese país, no ofrecen resultados claros, y algunos advierten que justo las recomendaciones de McChrystal y otros promotores de una mayor presencia estadunidense, son muy parecidas a las que se presentaron al presidente Lyndon Johnson sobre Vietnam.
Se debate lo logrado en Afganistán desde la invasión en 2001, donde el entonces presidente, el republicano George W. Bush proclamó la victoria al derrocar el régimen talibán. Sin embargo, algunos expertos señalan que el talibán no fue destruido, sino simplemente se desplazó a diversas regiones. Aunque el gobierno de Obama afirma que el otro objetivo, la destrucción de la capacidad operativa de Al Qaeda, se ha logrado en gran medida, y que la presencia de ese grupo ha disminuido de manera significativa, el hecho es que su líder Osama bin Laden aún está libre, y que hay nuevas células de este grupo que, en combinación con otros, mantienen la tensión en toda la zona, especialmente en la fronteriza y dentro del país vecino, Pakistán.
Mientras tanto, las recientes elecciones en Afganistán demostraron la debilidad extrema de las instituciones políticas de ese país, con serias dudas sobre la efectividad del gobierno de Hamid Karzai, apoyado por Washington. Otro saldo de la guerra es que la producción de opio y el tráfico de heroína se han multiplicado desde la invasión estadunidense.
Obama, crítico de las políticas bélicas de su antecesor durante la campaña electoral, ha buscado una nueva estrategia para ese conflicto que heredó al llegar a la Casa Blanca. Pero enfrenta una decisión compleja ante una situación en deterioro –según sus analistas– en el terreno operativo, el cual ya ha costado casi 800 vidas de estadunidenses. A la vez, el apoyo de la opinión pública también se erosiona. Una encuesta de Ap-GfK divulgada hoy muestra sólo 40 por ciento de apoyo (reducción de cuatro puntos desde julio).
En tanto, se recuerda el dicho de los comandantes del talibán en Afganistán: ellos tienen los relojes, pero nosotros tenemos el tiempo.
Como dijo hace meses el cineasta Michael Moore en entrevista para televisión aquí, al comentar sobre la intención de Obama de ampliar la guerra en Afganistán: si quiere, le puedo pasar el teléfono de Mijail Gorbachov para que le platique qué le sucedió con Afganistán. Y si eso no lo convence, también le puedo pasar el de Gengis Khan, para lo mismo.
Vale recordar que fue justo durante la invasión soviética a Afganistán que Estados Unidos, vía la Agencia Central de Inteligencia (CIA), financió a la oposición armada, incluidos varios de los líderes que hoy día son calificados de terroristas antiestadunidenses. Las instalaciones construidas con esos fondos fueron las mismas que utilizó años después Bin Laden. En ese tiempo, el presidente Ronald Reagan, en una reunión con los mujaidines en la Casa Blanca, los definió como luchadores por la libertad, y dijo que eran el equivalente moral a los padres fundadores de Estados Unidos.
También vale recordar que hasta donde se sabe, ningún ciudadano de Afganistán, ni los del talibán, han sido acusados de participar en la planeación o la ejecución de los atentados del 11-S, justificación de la invasión a Afganistán, recuerda el periodista inglés Gwynne Dyer.
A la vez, es cada vez menos convincente argumentar que en Afganistán existe una causa noble y necesaria para Estados Unidos. A pesar del incesante reporte de muertos y heridos en Irak y Afganistán que pasa ya casi inadvertido por su rutina de años, esas guerras parecen distantes, y el deterioro en el apoyo público para la aventura en Afganistán no se traduce aún en protestas masivas en las calles. Hoy, varias agrupaciones antiguerra envían mensajes a Washington para exigir el fin de esa ocupación, mientras otros realizan plantones y vigilias en decenas de ciudades del país.
Por ahora, la decisión de Obama, sea cual sea, resultará en más sangre de afganos y estadunidenses. Para el periodista Dyer, todos los que mueren en este conflicto, mueren por nada, porque nada cambiará cuando las tropas extranjeras regresen a casa, como eventualmente harán.
“Odio cuando dicen: ‘él dio la vida por su país’. Nadie da su vida por algo. Nosotros les robamos la vida a estos jóvenes. Ellos no mueren por el honor y la gloria de su país. Nosotros los matamos”, afirmó hace años el almirante retirado Gene LaRocque en entrevista con Studs Terkel sobre las declaraciones de los políticos al promover las guerras.
David Brooks
Tomado de La Jornada Mx.
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7 sept 2009
La OTAN bombardea la estrategia de Obama
Imágen AFP
La muerte de cerca de cien personas, muchas de ellas civiles, en un ataque aéreo de la OTAN en Afganistán supone un nuevo revés para la estrategia que la Administración Obama quiere implantar en la zona. En un momento crítico para las fuerzas ocupantes, cada soldado o cada civil muerto tiene un efecto mucho mayor que cada combatiente enemigo aniquilado. Ese efecto se mide sobre todo en base a cómo oscila la balanza de apoyos de unos y otros. Así ha aparecido reflejado en diferentes encuestas. Por un lado, una vasta mayoría de los afganos y los paquistaníes consideran ahora mismo a las Fuerzas Armadas norteamericanas como el mayor riesgo para sus vidas y sus países. Por otro lado, la ocupación cada vez tiene menos apoyo dentro de la sociedad norteamericana, que empieza a encontrar cierto aire de familia entre esta guerra y otras anteriores en las que tuvieron que capitular, especialmente Vietnam.
Desde esa perspectiva, el nuevo jefe militar norteamericano para la zona, el general Stanley McChrystal, informó recientemente a sus superiores en Washington de la estrategia que pensaba adoptar para reconducir la situación. A pesar de que su informe no se ha hecho público, sí transcendió que, según él, la muerte de civiles en ataques aliados suponía un grave perjuicio para esa estrategia, sobre todo porque vuelve a la población contra las tropas y les empuja a ayudar a la resistencia. Y es que durante el último año se ha repetido demasiadas veces la escena de ayer, con el agravante de que los ataques se han dado a uno y otro lado de la frontera entre Afganistán y Pakistán. McChrystal asumía que son este tipo de hechos los que les están haciendo perder la guerra.
Otro problema añadido es que la espantada en Afganistán parece aún más complicada que en Irak. Y que los otros ejes de la estrategia de Obama, el político y el económico, están hipotecados por la decisiones de su antecesor. Sólo cabe revertir la situación abandonando la perspectiva imperial y escuchando propuestas que en este momento sólo defiende la izquierda local, sobre todo los grupos progresistas paquistaníes.
Tomado de Gara
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29 may 2009
La granja de los animales de Obama
Guerras mayores y más sanguinarias equivalen a justicia y paz
Estados Unidos ha forzado a su general David D. McKiernan a la renuncia por considerarlo incapaz de cumplir su misión y viene de nombrar como sucesor al general del ejército Stanley McChrystal, quien se convierte entonces en el nuevo comandante des las fuerzas armadas estadounidenes, de la OTAN y en Afganistán. De esta manera, Obama nombra a un militar que tiene un oscuro pasado reciente: Stanley McChrystal no sólo creó la JSOC (Joint Special Operations Command), un comando especial y secreto implicado en una serie de abusos y otras barbaridades, cómo las torturas en las prisiones en Irak, sino que este brutal militar es un ferviente seguidor de las doctrinas neoconservadoras de la era Bush. Todo esto promete más escalada militar en Afganistan y más guerra en la agenda imperialista.
«Los Deltas son unos psicópatas… Tienes que ser un psicópata acreditado para unirte a la Fuerza Delta...», me dijo en Fort Bragg, allá por los años ochenta, un coronel del ejército estadounidense.
Ahora, el Presidente Obama acaba de ascender al más infame de los psicópatas, el General Stanley McChrystal, a la jefatura del mando militar estadounidense y de la OTAN en Afganistán.
El ascenso de McChrystal para ese papel dirigente ha venido marcado por el papel fundamental desarrollado en la dirección de los equipos de operaciones especiales encargados de ejecutar asesinatos extrajudiciales, torturas sistemáticas, bombardeos de comunidades civiles y misiones de búsqueda y destrucción. Incardina totalmente la brutalidad y la afición a la sangre que acompaña la construcción del imperio dirigida por el ejército. Entre septiembre de 2003 y agosto de 2008, McChrystal estuvo al Mando de las Operaciones Especiales Conjuntas del Pentágono (JSO, por sus siglas en inglés) que se sirven de equipos especiales para perpetrar asesinatos en el exterior.
El punto a destacar de los equipos de «Operaciones Especiales» (SOT, por sus siglas en inglés) es que entre sus opositores no distinguen entre civiles y militares, entre activistas y sus simpatizantes y la resistencia armada. Los SOT están especializados en establecer escuadrones de la muerte y reclutar y entrenar fuerzas paramilitares para aterrorizar a las comunidades, barrios y movimientos sociales que se opongan a los regímenes clientelistas de EEUU. El “contraterrorismo” de los SOT es terrorismo al revés, dedicándose a perseguir a los grupos sociopolíticos existentes entre los apoderados de EEUU y la resistencia armada.
Los SOT de McCrystal seleccionaron como objetivos a los dirigentes de la resistencia nacional y local en Iraq, Afganistán y Pakistán, atacándoles a través de acciones de comandos y bombardeos aéreos. Durante los últimos cinco años del período Bush-Cheney-Rumsfeld, los SOT estuvieron profundamente implicados en las torturas a prisioneros políticos y sospechosos. McChrystal era especialmente el favorito de Rumsfeld y Cheney por estar encargado de las fuerzas de “acción directa” de las “Unidades de Misiones Especiales”.
Los operativos de “Acción Directa” están constituidos por torturadores y escuadrones de la muerte y el único deber que sienten para con la población local es el de desencadenar el terror, no el de hacer propaganda. Se comprometen en la “propaganda a partir de los muertos”, en los asesinatos de dirigentes locales con objeto de “enseñar” a la población local a obedecer y someterse a la ocupación. El nombramiento por Obama de McChrystal para el mando supremo refleja una grave y nueva escalada militar de su guerra de Afganistán frente a los avances de la resistencia por todo el país.
El deterioro de la posición de EEUU se pone de manifiesto en el endurecimiento del cerco alrededor de todas las carreteras que entran y salen de la capital afgana, Kabul, así como en la expansión del control e influencia talibán a través de la frontera entre Pakistán y Afganistán. La incapacidad de Obama para reclutar nuevos refuerzos por parte de la OTAN significa que la única oportunidad con que cuenta la Casa Blanca para progresar en su avance imperial militarista es aumentar el número de tropas estadounidenses e incrementar la ratio de muerte entre todos y cada uno de los supuestos sospechosos civiles en los territorios controlados por la resistencia armada afgana.
La Casa Blanca y el Pentágono afirman que el nombramiento de McCrystal se debe a las “complejidades” de la situación sobre el terreno y a la necesidad de “un cambio en la estrategia”. El término “complejidad” es un eufemismo para tratar de ocultar el incremento masivo de la oposición a EEUU, que complica las operaciones tradicionales de “barrido militar y bombardeos” en alfombra. La nueva estrategia practicada por McChrystal necesita de “operaciones especiales” a largo plazo y a gran escala para devastar las redes sociales locales y asesinar a sus dirigentes, que son quienes proporcionan el sistema de apoyos que necesita la resistencia armada.
La decisión de Obama de impedir la publicación de decenas de fotografías que documenta las torturas a los prisioneros llevadas a cabo por las tropas y los “interrogadores” estadounidenses (especialmente bajo el mando de las “Fuerzas Especiales”) está directamente relacionada con el nombramiento de McChrystal, cuyas fuerzas “SOT” están profundamente implicadas en las extensas prácticas de tortura ejecutadas por todo Iraq. De igual importancia es que bajo el mando de McChrystal, el DELTA, SEAL y los Equipos de Operaciones Especiales tendrán un papel mayor en la nueva “estrategia de contrainsurgencia”. La afirmación de Obama de que la publicación de esas fotos afectaría adversamente a las “tropas” tiene un significado especial: La exposición gráfica del modus operandi de McChrystal durante los últimos cinco últimos años del mandato del Presidente Bush minaría su eficacia a la hora de ejecutar idénticas operaciones bajo Obama.
La decisión de Obama de recuperar los “tribunales militares” secretos de los prisioneros políticos extranjeros que se establecieron en la prisión del campo de Guantánamo no es una simple repetición de las políticas de Bush-Cheney, que Obama había condenado y prometido eliminar durante su campaña presidencial, sino parte de su política más amplia de militarización y coincide con la aprobación de las mayores operaciones secretas de vigilancia policial desencadenadas contra ciudadanos estadounidenses.
Poner a McChrystal a cargo de las extendidas operaciones militares afgano-pakistaníes significa colocar a un tristemente célebre profesional del terrorismo militar –de la tortura y asesinato a cuantos se oponen a las políticas estadounidenses- en el centro de la política exterior de EEUU. La expansión cuantitativa y cualitativa de Obama de la guerra de EEUU en el Sur de Asia significan cifras masivas de refugiados escapando de la destrucción de sus campos, hogares y pueblos; decenas de miles de muertes de civiles y la erradicación de comunidades enteras. Todo esto es lo que se va a ver ejecutar a la administración Obama en su intento de “atrapar el pez (activistas e insurgencia armada) vaciando el lago (desplazar poblaciones enteras)”.
La restauración por Obama de todas las políticas más nefastas de la Era Bush y el nombramiento de su más brutal comandante se basan en su total abrazo de la ideología de construcción del imperio a través del ejército. Una vez que uno cree (como hace Obama) que el poder y la expansión estadounidense se basan en la contrainsurgencia y en las conquistas militares, cualquier otra consideración económica, moral, diplomática e ideológica estará subordinada al militarismo. Al centrar todos los recursos en conseguir triunfar en la conquista militar, apenas podrá prestarse atención a los costes soportados por los pueblos machacados por la conquista ni a las necesidades de la economía interna y del Tesoro estadounidenses. Esto ha quedado claro desde el principio: En medio de una importante recesión/depresión, con millones de estadounidenses perdiendo sus empleos y hogares, el Presidente Obama aumentó el presupuesto militar en un 4%, elevándolo por encima de los 800.000 millones de dólares.
El abrazo al militarismo de Obama quedó patente a partir de su decisión de ampliar la guerra en Afganistán a pesar del rechazo de los países de la OTAN a comprometerse enviando más tropas. Y resulta obvio ante la designación del General de las Fuerzas Especiales más duro e infame desde la era Bush-Cheney para encabezar un mando militar que tiene la misión de doblegar las zonas fronterizas de Pakistán.
Es lo mismo que George Orwell describía en su Granja de Animales: Los Cerdos demócratas están ahora embarcados en las mismas brutales políticas militaristas de sus predecesores, los porquerizos republicanos, sólo que ahora todo se hace en nombre de los pueblos y de la paz. Orwell podría parafrasear la política del Presidente Barack Obama diciendo: “Guerras mayores y más sanguinarias equivalen a justicia y paz”.
James Petras
James Petras es profesor emérito de sociología en la universidad de Binghamton (New York).
Tomado: Red Voltaire
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